El fraude global que no se inspecciona
Mientras el 1 % oculta un 10 % del PIB mundial en paraísos fiscales, los Estados siguen persiguiendo a autónomos y pymes como si fueran los culpables del agujero. Un desequilibrio estructural que revela la quiebra moral, económica y política del sistema fiscal actual.
A escala global, cerca del 10% del PIB del planeta se oculta en jurisdicciones opacas. Son billones de euros que escapan al fisco, distorsionan las economías y perpetúan la desigualdad. A pesar de ello, las inspecciones fiscales siguen centradas en autónomos y pymes. Una paradoja que revela la naturaleza extractiva y clientelar de nuestro sistema económico.
La sombra del dinero global
Según estimaciones de Tax Justice Network, cerca de 10 billones de dólares —una décima parte del PIB mundial— están ocultos en paraísos fiscales. Luxemburgo, las Islas Caimán, Bermudas o Suiza actúan como puertos seguros para capitales que huyen de la fiscalidad, la regulación o la responsabilidad social. Grandes fortunas, multinacionales y fondos de inversión depositan allí beneficios que no tributan donde se han generado.
Estas prácticas son legales en muchos casos, pero éticamente indefendibles. Y, sobre todo, representan una sangría colosal para las arcas públicas: según la OCDE, los estados pierden cada año más de 400.000 millones de euros en ingresos fiscales. Dinero que podría financiar servicios públicos, reducir la deuda o impulsar la innovación productiva.
Fiscalidad para los de siempre
En cambio, en el otro lado de la balanza, trabajadores, autónomos y pymes sufren una presión fiscal récord. En Cataluña, según datos de la Agencia Tributaria, se paga hasta un 12,5% más de IRPF que en Madrid. Una carga que recae principalmente sobre las rentas medias y bajas, mientras los grandes patrimonios optimizan su tributación mediante estructuras internacionales.
Esta dinámica es la esencia de lo que 11Onze ha descrito a menudo como capitalismo clientelar y sistema extractivo: un modelo donde el poder político y económico cooperan para mantener el flujo de riqueza de abajo hacia arriba, socializando pérdidas y privatizando beneficios. Los grandes defraudadores no necesitan maletines, sino despachos legales.
El capitalismo clientelar: la corrupción legal
La mayor parte de este fraude no es obra de mafias, sino de despachos de abogados, auditoras y lobbies que aprovechan las grietas legales hechas a medida. Es lo que llamamos capitalismo de amiguetes: un ecosistema donde las leyes se redactan para proteger intereses particulares y donde la línea entre el poder público y privado se vuelve difusa.
El resultado es que, mientras se criminaliza al pequeño contribuyente, la gran evasión se convierte en un servicio financiero más, ofrecido con total impunidad. Los mismos estados que rescatan bancos o empresas con dinero público miran hacia otro lado ante los flujos de dinero que escapan a Delaware o Luxemburgo.
El círculo vicioso de la desigualdad
Lo más perverso de este mecanismo es su efecto multiplicador. Cuando los más ricos dejan de pagar impuestos, los gobiernos compensan la pérdida aumentando la carga sobre el consumo y las rentas medias. Es decir, sube el IVA, se deterioran los servicios públicos y crece la desigualdad.
Esta espiral erosiona la confianza ciudadana y pone en cuestión el contrato social. ¿Por qué cumplir con Hacienda, si quienes más tienen no lo hacen?
Un sistema que se protege a sí mismo
El mensaje implícito es claro: no todos juegan con las mismas reglas. La persecución de los pequeños contribuyentes es rentable —estadística y políticamente—, mientras que la lucha contra la evasión internacional es compleja y amenaza intereses poderosos. Así, el sistema se defiende a sí mismo, como ya explicaba el artículo La actualidad del sistema extractivo: los mecanismos de poder están diseñados para garantizar estabilidad, no justicia.
La solución no es solo técnica, sino política. Hace falta voluntad para afrontar los grandes flujos de capital y establecer una fiscalidad internacional que impida la competencia a la baja entre países. Iniciativas como el tipo mínimo del 15% para multinacionales aprobado por el G20 son un paso tímido, pero insuficiente. El verdadero reto es hacer que el dinero trabaje para la sociedad, no al revés.
Mientras el 10% del PIB mundial permanezca oculto, el discurso oficial seguirá hablando de “lucha contra el fraude” a golpe de inspección sobre un autónomo que factura 2.000 euros al mes. Pero el verdadero fraude es estructural. Si queremos un futuro sostenible y justo, debemos exigir transparencia, soberanía y rendición de cuentas. La fiscalidad no debería ser un instrumento de sumisión, sino una herramienta de redistribución.
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Cuando recibes la nómina y ves que te han recortado casi cien euros cada mes, es normal preguntarse: ¿a dónde va ese dinero y por qué aumenta si no han subido los impuestos?
La respuesta es menos visible de lo que parece. Se llama “progresividad en frío”, y es la subida silenciosa que el Estado aplica cuando no actualiza los tramos del IRPF con la inflación.
La retención del IRPF es la parte de tu salario que la empresa paga directamente a Hacienda en tu nombre. No es un impuesto nuevo, sino un pago a cuenta de lo que acabarás declarando en la renta. Es decir, cada mes adelantas dinero al Estado que después, según tu situación personal, te puede devolver o no. Ese dinero no se destina específicamente a las pensiones ni a ningún servicio concreto: va a la caja general del Estado, desde donde se reparte para financiar todos los gastos públicos —incluidas, entre muchas otras partidas, las pensiones.
Todo correcto hasta aquí. El problema llega cuando tu sueldo sube para compensar la inflación —por ejemplo, un 4 %— y, de golpe, tu retención también aumenta. No es que seas más rico: es que el sistema fiscal no está ajustado a la realidad de los precios.
IRPF: un impuesto progresivo… congelado en el tiempo
El IRPF es progresivo, sí: cuanto más cobras, mayor porcentaje pagas. Pero esa progresividad se distorsiona cuando los tramos no se actualizan con la inflación. Así, un aumento nominal del sueldo —sin ganar poder adquisitivo— te hace saltar de tramo y pagar más por cobrar lo mismo o incluso menos.
Según la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), no ajustar los tramos del IRPF a la inflación cuesta 736 € anuales a una familia media. Y la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) calcula que la mitad del aumento recaudatorio del IRPF entre 2019 y 2023 proviene de este efecto de la inflación sobre salarios que, en términos reales, no han mejorado. En otras palabras: tu sueldo sube un 4 %, los precios un 4 %, pero tú pagas un 6 % más a Hacienda. La trampa perfecta.
La inflación, la aliada silenciosa de Hacienda
Cuando los precios suben, también lo hacen los ingresos fiscales. El IVA, por ejemplo, se aplica sobre precios más altos: si una compra pasa de 100 € a 110 €, el IVA del 21 % también aumenta. Y eso ocurre con millones de transacciones cada día.
Según datos de la Agencia Tributaria, en 2022 la recaudación total batió récords con 255.463 millones de euros, un 14 % más que el año anterior. Sin nuevos impuestos, sin subidas de tipos, solo con la inflación. Es lo que algunos economistas llaman “impuesto invisible de la inflación”: un mecanismo que recauda más sin que nadie apruebe nada en el Congreso.
Salario real vs. salario nominal: la pérdida de poder adquisitivo
Muchos trabajadores han visto cómo sus sueldos subían un 3 % o 4 %, pero si la inflación es del 5 %, el resultado real es negativo. Cobras más, pero puedes comprar menos.
Según el INE, el poder adquisitivo medio en España ha caído un 6,7 % desde 2020, mientras que la recaudación por IRPF ha crecido más de un 20 %. En otras palabras: tu sueldo sube un 4 %, los precios un 4 %, pero tú pagas un 6 % más a Hacienda.
Esta combinación es devastadora, porque demuestra que los españoles tienen menos capacidad de compra, más impuestos y menos ahorro familiar. Una fórmula que castiga especialmente a las clases medias y trabajadoras.
En La Plaça d’11Onze ya explicamos que un salario mínimo digno en el área de Barcelona debería ser de unos 1.322 € mensuales, muy por encima del SMI estatal. Esta brecha salarial explica por qué la inflación golpea con más fuerza a los hogares trabajadores y reduce drásticamente su capacidad de ahorro.
Europa: tres modelos, tres resultados
En Europa hay tres enfoques distintos:
- Francia y Austria ajustan automáticamente los tramos a la inflación: los contribuyentes no pierden poder adquisitivo fiscal.
- Portugal lo hace parcialmente, revisando mínimos y deducciones cada año.
- España no lo hace desde 2008, pese a una inflación acumulada del 26 % en quince años.
El resultado, según Eurostat, es claro: España tiene una presión fiscal del 42,2 % del PIB, la más alta de su historia y superior a la media europea (41,4 %). Pero, paradójicamente, los servicios públicos no reflejan este incremento.
¿Quién paga más? Siempre la clase media
Los grandes patrimonios encuentran vías legales para optimizar; las rentas más bajas reciben ayudas y bonificaciones. Pero las rentas entre 20.000 € y 40.000 € anuales soportan el grueso de la carga fiscal. Es el corazón de la “progresividad en frío”: un sistema que se vuelve regresivo con la inflación.
Los expertos coinciden:
- Hay que indexar tramos y mínimos del IRPF a la inflación.
- Reducir retenciones para rentas inferiores a 30.000 €.
- Revisar deducciones familiares y de dependencia.
- Hacer más transparente la información sobre la retención real.
Estas medidas preservarían la verdadera progresividad sin reducir la recaudación estructural.
Ningún gobierno anuncia esta subida. No aparece en los presupuestos ni en las ruedas de prensa, pero cada año que no se ajustan los tramos fiscales, el Estado recauda más y los trabajadores cobran menos. La inflación es inevitable. El abuso fiscal, no. Entender qué te retienen es el primer paso para defender tu salario real.
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Los mercados financieros ven con preocupación el creciente déficit fiscal de los gobiernos de los países occidentales, que corren el riesgo de entrar en un círculo vicioso que dispare el endeudamiento en una espiral ascendente incontrolada, poniendo en peligro la credibilidad de sus divisas.
El senador republicano Rand Paul no podía ser más contundente cuando en una entrevista en Fox News el pasado domingo afirmaba que “es un gasto descontrolado, y estamos amenazando la existencia misma de nuestra moneda, y quizás de nuestro país, con este gasto loco y malversador”.
No es la primera ni la única voz que avisa sobre el peligro del excesivo gasto público. El millonario Jeffrey Gundlach, conocido en los Estados Unidos como el rey de los bonos, “Bond-King”, avisa que “el futuro del dólar estadounidense y la posible inflación descontrolada dependen del hecho que se controlen el presupuesto y el gasto”. Y lo que es más preocupante, advierte que es probable que el gobierno federal gaste agresivamente durante la próxima recesión económica y se lleve a sí mismo al borde del colapso financiero, “La respuesta a la próxima recesión será un completo desastre en relación con nuestra posición fiscal, y esta será la llamada de atención con que nos damos cuenta de que los Estados Unidos está en quiebra, que no podemos hacer frente a nuestros pasivos”.
No es ningún secreto que frente a crisis económicas llegan las grandes expansiones fiscales, pero el consiguiente aumento de la deuda soberana y de los tipos de interés pueden limitar la disponibilidad de préstamos por parte de las empresas, disminuir la inversión y debilitar las divisas nacionales. El presidente Joe Biden está pidiendo al Congreso 100.000 millones de dólares, en nueva ayuda exterior y gasto en seguridad, en un momento en que se ha disparado el déficit presupuestario de los Estados Unidos a un nivel que no se veía desde la pandemia de la Covid-19.
Un déficit de casi 1,7 billones de dólares el año fiscal 2023 —un aumento del 23% respecto al año anterior— a causa de la caída de los ingresos y un aumento de los gastos que, una vez más, ha hecho aflorar el debate sobre la sostenibilidad de la deuda y pose en cuestión las políticas fiscales de la administración vigente.
Europa a remolque de los Estados Unidos, pero peor
Si bien es cierto que desvincular la política monetaria de los Estados Unidos de las políticas monetarias, otros bancos centrales de Occidente podría aliviar el riesgo de recesiones mundiales, en la práctica, pero, políticas monetarias concertadas entre países de un mismo bloque geopolítico siguen siendo la norma, facilitando el efecto contagio global de las crisis económicas.
Dicho esto, la divergencia entre las economías de la Unión Europea y la de los Estados Unidos es significativa. Después de la pandemia, la economía de los EE. UU. se recuperó mucho mejor que la de la UE, y esta disonancia se ha ampliado todavía más en los últimos meses. Mientras la economía de los EE. UU. se acelera a un ritmo saludable y crece un 4,9% el tercer trimestre, media Europa está estancada o en contracción económica y el PIB de los países de la eurozona ha caído un 0,1% en el tercer trimestre del año, dejándolos cerca de una recesión.
En este sentido, los bancos de Wall Street prevén que la subida de los precios de la energía y el débil crecimiento de la eurozona arrastren al euro a la baja hasta el punto de paridad con el dólar. JPMorgan ha revisado a la baja su previsión para el euro hasta 1 dólar a finales de año, mientras que Citibank espera que llegue a la paridad “en un plazo de seis meses”, dada su “opinión actual que la recesión europea está mucho por ante la estadounidense”.
Ante este panorama económico tan poco alentador y la poca fiabilidad de estas dos divisas, no es sorprendente que bancos centrales e inversores privados sigan comprando oro de manera masiva, cuando menos, para asegurarse una alternativa a un sistema monetario occidental que parece estar agonizando y en caída libre.
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Los magnates estadounidenses —Bezos, Dimon, Buffett, Ellison— venden acciones en pleno momento de euforia bursátil. ¿Qué saben que el resto ignoramos? Cuando quienes tienen acceso a información privilegiada huyen de los mercados que ellos mismos crearon, quizá no hablamos de conspiraciones, sino de una señal clara: el sistema empieza a chirriar desde dentro.
A primera vista, todo parece ir bien. El S&P 500 marca máximos históricos, el Nasdaq se ha recuperado del golpe de 2022 y las grandes tecnológicas lideran la fiesta. Los medios hablan de un “nuevo ciclo de innovación”. Pero bajo esta superficie radiante, algo se mueve.
Según datos públicos, Bezos vendió cerca de 737 millones de dólares en acciones de Amazon a finales de junio de 2025. Jamie Dimon vendió unos 31,5 millones de dólares en acciones de JPMorgan este mismo año —la primera vez que vendía desde el inicio de su mandato como CEO—; Brian Chesky (CEO de Airbnb Inc.) vendió 190.301 acciones el 12 de febrero de 2025, por un importe aproximado de 26,7 millones de dólares.
La University of Melbourne lo resume así: “Mientras los inversores institucionales venden, los pequeños compran.” Los minoristas, impulsados por el optimismo mediático, entran al mercado justo cuando los que mejor conocen los fundamentos salen por la puerta de atrás.
Los que ven antes que nosotros
No se trata de una conspiración, sino de una asimetría de información. Los grandes capitales disponen de sistemas de análisis y acceso a datos que les permiten detectar, con meses de antelación, los síntomas de una crisis latente. Los indicadores que observan son invisibles para el ciudadano corriente: tensiones en el mercado de deuda, caídas en la productividad real o señales de agotamiento en la política monetaria expansiva de la Reserva Federal.
Cuando estas alertas se acumulan, el capital inteligente se mueve. Los ricos no venden porque necesiten liquidez, sino porque quieren huir antes de que la confianza colectiva se rompa. Es el mismo instinto que hace que los bancos centrales acumulen oro mientras aseguran que la inflación es “transitoria”.
El economista turco Nouriel Roubini es conocido por su capacidad para anticipar grandes crisis financieras. Profesor en la Stern School of Business de la New York University, ganó notoriedad mundial tras predecir con precisión la crisis financiera de 2008, motivo por el cual muchos medios lo apodaron “Doctor Doom”. En sus palabras: “La confianza en el sistema financiero no cae de un día para otro; se deshilacha como una media.” Los movimientos de los magnates son precisamente esos primeros hilos que se rompen.
El miedo al nuevo orden financiero
Hay otro factor que inquieta a las grandes fortunas: el cambio estructural del sistema monetario global. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) confirma que más de 130 países trabajan ya en proyectos de monedas digitales de bancos centrales (CBDC). A primera vista, parecen una evolución tecnológica natural del dinero. Pero en la práctica, permiten un control total de las transacciones y del patrimonio individual.
Bloomberg advertía recientemente que las CBDC podrían plantear serios desafíos de privacidad y control, dado que los gobiernos podrían acceder directamente a los datos de transacción y condicionar su uso o restricciones sobre estos instrumentos.
A la vez, la desdolarización avanza. Rusia, China, India y Brasil impulsan acuerdos comerciales bilaterales sin el dólar, mientras los bancos centrales acumulan oro en cifras récord. Según el World Gold Council, en 2024 se compraron más de 1.000 toneladas netas de oro —el volumen más alto en medio siglo—. Los grandes capitales privados siguen la misma dirección. No confían en el sistema que ellos mismos diseñaron.
El divorcio entre el mercado y el mundo real
Mientras tanto, la distancia entre el valor de los mercados y la economía real se amplía. Los beneficios empresariales no crecen al ritmo de las cotizaciones, y la deuda pública de Estados Unidos supera ya el 125% del PIB.
Los precios de las acciones reflejan una ficción de prosperidad sostenida por recompras masivas y emisión de dinero. La Reserva Federal ha inyectado más liquidez en la última década que en todo el siglo XX. Pero el dinero barato ha creado una economía artificial, donde la riqueza no se genera, sino que se multiplica por reflejo.
Este modelo se parece cada vez más a una pirámide: mientras haya nuevos inversores dispuestos a comprar, el sistema se sostiene. Cuando los de arriba empiezan a vender, el mecanismo entra en cuenta atrás.
El retorno a los activos reales
Cuando el aire del sistema se vuelve tóxico, los ricos vuelven a respirar donde siempre hay oxígeno: en los activos tangibles. El oro, la plata, las tierras agrícolas, la energía e incluso el arte físico se convierten en refugios de valor ante la inestabilidad monetaria.
El oro marca récords diarios, y es el ejemplo más claro. Mientras los mercados celebran las nuevas tecnologías o los ETF digitales, las élites financieras compran metal físico. El Wall Street Journal señala que, mientras las empresas vinculadas al oro crecen, el metal físico sigue siendo el único refugio real —un testimonio de que la confianza se ha digitalizado, pero el miedo sigue siendo de oro macizo.
La lógica es simple: un activo que no depende de la promesa de un gobierno ni del rendimiento de una empresa es el único que puede resistir una tormenta sistémica.
Cuando la huida es una advertencia para todos
Que los ricos huyan no es una anécdota, sino una metáfora del final de ciclo. El capitalismo financiero, tal como lo conocemos, está llegando a su saturación, debido principalmente al endeudamiento ilimitado, la concentración de riqueza, los mercados desconectados de la realidad y una confianza que ya no es ciega, sino forzada.
Sin embargo, esta huida también puede ser una oportunidad. Si quienes controlan el sistema se desmarcan, es el momento de que los ciudadanos recuperen poder financiero real: aprender cómo funciona el dinero, proteger los ahorros, diversificar e invertir con sentido común.
Como recuerda Raymond Thomas Dalio, uno de los inversores más influyentes del mundo y fundador de Bridgewater Associates: “Cuando las cosas que parecen permanentes dejan de serlo, quienes entienden el cambio sobreviven; los demás lo padecen.”
Quizá no haga falta ver conspiraciones donde hay prudencia, pero tampoco podemos ignorar que cuando los que más saben de dinero abandonan el tablero, el juego está a punto de cambiar. Los ricos huyen de su propio sistema porque saben que la confianza es finita y que la próxima crisis no será solo financiera, sino de legitimidad.
Y en ese escenario, el ciudadano común solo tiene una opción: entender el sistema para dejar de ser su víctima. Empezar a pensar como los que se marchan —no para imitarlos, sino para anticiparse. Porque la verdadera libertad económica nace del conocimiento, no de la fe en un sistema que hace aguas.
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Alguns conceptes són bàsics per a entendre per què estem a la vora d’una recessió, cap a on s’encamina el nou ordre econòmic mundial i quins seran els seus protagonistes.
El “Gran Reinici” és el nom d’una iniciativa del Fòrum Econòmic Mundial que pretenia repensar el model econòmic capitalista una vegada superats els estralls provocats per la pandèmia. La realitat és que a la crisi sanitària s’han sumat una crisi de deute i una crisi inflacionària que ens han situat a la vora de la recessió.
En el context actual, el “gran reinici del capitalisme” que reclamava aquest organisme internacional es fa més necessari que mai. Repassem alguns conceptes clau per entendre com hem arribat a una situació pròxima al col·lapse i quins factors condicionaran el futur pròxim de l’economia.
Àsia
L’eix de l’economia global s’està desplaçant d’Europa i els Estats Units cap a Àsia. Segons un estudi de la consultora McKinsey, l’any 2040 el continent asiàtic suposarà més de la meitat del producte interior brut mundial i un 40 % del consum. La pèrdua de protagonisme d’Europa és evident i l’FMI preveu que almenys la meitat dels països de l’eurozona entraran en recessió en els pròxims mesos.
Canvi climàtic
L’escalfament global ha obligat a deixar enrere la idea d’un creixement il·limitat a costa d’esgotar els recursos naturals i ha donat pas a la idea de l’economia circular, amb oportunitats en el camp de l’economia “verda”. Com ha posat de manifest la COP27, ara falta definir fins a quin punt els països industrialitzats assumiran el cost econòmic del canvi climàtic que han generat i quines mesures estan disposats a adoptar per alentir l’escalfament en un context de crisi econòmica.
Descentralització
Les noves tecnologies estan permetent l’aparició de productes i serveis que escapen al control dels Estats i les grans corporacions. Com apuntava James Sène, president d’11Onze, en una sessió de Fintech Talks, ens trobem davant una “transició del model antic, totalment dominat per uns pocs, a un nou model que arriba a més gent i està descentralitzat”. La descentralització de la creació monetària, per exemple, ha estat un dels grans pilars de les criptomonedes.
Desigualtat
Les dades de l’informe “World Inequality Report 2022” mostren que el 10 % de la població més rica del planeta ha acumulat des de mitjan anys noranta el 76 % de la riquesa generada al món. De fet, el 38 % es va concentrar a les mans de l’1 % de la població mundial. I la meitat de la població més pobra s’ha hagut de conformar amb les engrunes: el 2% de la riquesa generada durant aquestes últimes dècades. Per desgràcia, aquesta escletxa entre els superrics i el comú dels mortals no ha fet més que eixamplar-se durant la pandèmia. I els experts coincideixen que aquesta creixent desigualtat suposa un fre per al desenvolupament econòmic mundial.
Deute públic
El deute públic en el món s’ha disparat en els últims anys i limita el creixement econòmic. Tot i que el límit que estableix el Tractat de Maastricht per als Estats de la Unió Europea és del 60 % del seu PIB, el conjunt de països de la zona euro ja porta més d’un any per sobre del 100 %, segons dades d’Eurostat. La situació fora d’Europa no és millor, ja que el Fons Monetari Internacional estima que, a la fi de 2021, el deute públic global també representava el 100 % del PIB mundial. A més, els nivells de deute podrien empitjorar si la crisi s’accentua.
Estagflació
Des de març de 2021, els preus han pujat amb força i de forma gairebé ininterrompuda. La inflació a Catalunya, que va arribar a superar a l’estiu el 10 % interanual, es va situar a l’octubre prop del 7 %. La situació més enllà de les nostres fronteres no és millor, ja que la inflació d’aquest mateix mes en el conjunt de la zona euro va arribar al 10,7 %. S’espera que les successives pujades dels tipus d’interès contribueixin a controlar uns nivells d’inflació desconeguts des dels anys vuitanta del segle passat. El preu a pagar serà un major estancament de l’economia, que portarà a la recessió de les grans economies.
Impressió de moneda fiat
S’estima que el total de diners en circulació en el món, incloent-hi bitllets, monedes, xecs i pagarés, supera els 60 bilions d’euros. El problema és que una part considerable d’aquests bitllets s’han posat en circulació en els últims anys. Per exemple, només l’any 2020 l’oferta monetària dels Estats Units va augmentar un 24 %. La majoria dels bancs centrals s’han dedicat a imprimir moneda per fer front a un deute públic galopant. I aquest augment de moneda fiat ha estat el principal responsable de l’actual inflació.
Monedes digitals
Davant l’avanç de les criptodivises, que plantegen un model monetari totalment descentralitzat, els Estats treballen a contrarellotge en el desenvolupament de monedes digitals controlades pels bancs centrals (CBDC) per mantenir un sistema financer centralitzat. A la Xina, més de 260 milions de persones ja han utilitzat el iuan digital (e-CNY). A Europa, la Comissió Europea preveu que la regulació sobre l’euro digital estigui llesta a principis de 2023 i que aquesta moneda digital entri en funcionament l’any 2025. L’objectiu en un primer moment és que l’euro digital, gestionat i supervisat pel Banc Central Europeu, no substitueixi els diners en efectiu, sinó que els complementi.
Poder corporatiu
Les grans multinacionals tenen un poder creixent enfront de la minvant capacitat d’influència dels Estats. Moltes d’aquestes corporacions supervisen enormes cadenes de subministrament, venen els seus productes a tot el món i tenen uns ingressos superiors als de molts governs. De fet, si fos un país, Walmart seria el desè per nivell d’ingressos. La globalització ha capgirat les relacions de poder i en molts casos les grans corporacions es permeten eludir el pagament d’impostos amb total impunitat.
Subscripció
Com assenyalàvem en un article de La Plaça, està sorgint un nou model mutualista, més comunitari i basat en la compartició de béns i serveis, com a alternativa al model de compra i ús individual. En els models de negoci de subscripció cada client paga quotes que li permeten l’accés prolongat a un bé o servei en lloc de realitzar un gran pagament per endavant per posseir aquest bé o servei. Aquest model de negoci cada vegada és més freqüent en la indústria informàtica, de l’entreteniment o de l’automoció.
Tipus d’interès creixents
Després d’11 anys sense augments, el Banc Central Europeu va iniciar al juliol l’escalada dels tipus d’interès a Europa. De moment, ja han arribat al 2 % i la previsió és que continuïn incrementant-se en els propers mesos per refredar encara més l’economia i frenar la inflació. El BCE s’ha alineat amb la majoria de bancs centrals del món, que també estan incrementant les seves taxes d’interès per combatre l’escalada de preus. Aquesta mesura repercutirà directament en la butxaca de molts ciutadans, ja que les quotes de les hipoteques i dels préstecs amb interès variable resultaran cada vegada més elevades.
Virtualitat
No vivim en un món virtual, però sí virtualitzat, ja que “el que passa en el món digital té un impacte real en la nostra vida”, com advertia James Sène en una sessió sobre l’actual situació econòmica. En aquest sentit, el president d’11Onze vaticinava que el metavers, l’economia del qual depèn de l’autenticació de les propietats digitals, jugarà un paper clau a l’hora de digitalitzar les nostres identitats.
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Es probable que, más pronto que tarde, la banca tradicional acabe desapareciendo. Y las herramientas de seguridad, como la biométrica o la criptografía, nos ayudarán a protegernos de los fraudes.
El mundo de las finanzas está cambiando muy deprisa. Las fintech están desbancando a las entidades financieras tradicionales, sobre todo, porque han apostado para combinar tecnología y atención al cliente. Todo con el objetivo de que los nuevos adelantos tecnológicos permitan operaciones cada vez más sencillas, pero más seguras. ¡Lo vemos!
- Los servicios, en la nube. Cada vez más, las entidades financieras organizarán sus servicios a través de internet. Por eso, las aplicaciones financieras no dejan de innovar: buscan que cada vez más operaciones se puedan hacer desde la nube.
- La inteligencia artificial, una herramienta imprescindible. Esta tecnología es mucho más sofisticada e influye de manera capital en el internet de las cosas, en la gestión del ‘big data’, en el reconocimiento facial y óptico y en el ‘blockchain’, que es la estructura con la cual trabajarán las nuevas entidades financieras.
- Las finanzas en el móvil, más sencillas. El sistema de la llamada ‘banca móvil’ no es nuevo, pero será cada vez más fácil de usar: dará más accesibilidad e incorporará pagos con un solo clic de cliente a cliente. Además, el sistema de ‘banca digital’ de cliente a empresa ya no dependerá de las contraseñas.
- Más ‘blockchain’. Los comerciantes de software de ‘blockchain’ atraerán el interés de las organizaciones que quieren acelerar sus prestaciones. Con el ‘blockchain’ conseguirán operaciones más rentables.
- Cajeros automáticos de última generación. Se espera que, en un futuro no muy lejano, operemos con los cajeros automáticos sin tener que usar ninguna tarjeta, directamente con el móvil. Algunos cajeros automáticos del mundo, de hecho, ya incorporan la autenticación biométrica o el reconocimiento del iris.
- Seguridad, seguridad, seguridad. Es una preocupación constante de las entidades financieras, que buscarán como incluir nuevos servicios de protección para sus clientes. Para acceder a los datos financieros será habitual usar la biométrica.
- Vínculos entre entidades financieras. Los expertos se han dado cuenta de que las entidades financieras pueden reducir costes y facilitar los servicios a los clientes si se asocian entre ellas. Trabajar colectivamente hace que la innovación progrese y se establezca una cooperación más sana.
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¿Te cuesta entender todos los conceptos de una nómina? No eres el único. Es importante saber cómo se desglosan los pagos de nuestro salario, pero no siempre es fácil interpretar las diferentes partes de este documento. Mireia Cano, Sales Lead B2C de 11Onze, explica los puntos clave para que no se te escape nada.
La nómina es un recibo del pago que justifica la liquidación y abono de tu salario. A la vez, sirve de justificante de la contribución a la Seguridad Social, así como de las retenciones que te han practicado por anticipado del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF).
Antes que nada, a la hora de interpretar la nómina tenemos que tener en cuenta que su estructura siempre es la misma. De arriba abajo, en el encabezamiento encontraremos los datos de la empresa, los datos del trabajador y el periodo de liquidación, o como apunta Cano, “los días a los cuales corresponde la nómina”.
Percepciones salariales y no salariales
Conocido como los devengos, tenemos que distinguir entre las diferentes contraprestaciones que recibimos por hacer nuestro trabajo, por lo tanto, encontramos dos grandes bloques.
- Ingresos salariales: salario base, complementos y prorrata de pagas extras.
- Ingresos no salariales: indemnizaciones, gastos como pueden ser dietas, o si cobramos un plus.
Cómo explica Cano, hay que tener presente que “los ingresos salariales tienen deducciones de IRPF y cotizan a la Seguridad Social, mientras que los ingresos no salariales no tienen deducciones”. Pero, ¿qué son las deducciones? ¿Y las contingencias comunes o profesionales? Si no lo tienes claro, mira el video de más arriba para entender el resto de conceptos.
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Cuando el oro y la bolsa suben a la vez, algo grande se cuece. El “dinero inteligente” ya se ha movido, y el mercado es mucho más frágil de lo que parece. El oro es el refugio del miedo. Las acciones, el reflejo del optimismo. Por eso, cuando ambos activos suben a la vez, los analistas encienden todas las alarmas. Históricamente, esta combinación es rara y suele preceder a momentos de gran volatilidad en los mercados. Y esto es exactamente lo que está pasando ahora.
Este otoño de 2025, tanto el precio del oro como los principales índices bursátiles —S&P 500, Nasdaq y Euro Stoxx— han alcanzado máximos históricos simultáneamente. Según datos del World Gold Council, el oro alcanza ya los 3.380 dólares por onza, con una revalorización del 20% en menos de dos meses.
Mientras, las acciones siguen marcando récords, a pesar de un contexto de inflación persistente y de tipos de interés todavía elevados. Es una contradicción total que el activo del miedo y el activo de la esperanza apuntando hacia arriba a la vez. Este fenómeno no es inédito. En 2020, pocos meses antes del estallido de la pandemia, se dio la misma combinación: oro y bolsa en máximos. Poco después, el mercado se desplomó. Quizás la historia no se repite exactamente, pero a menudo rima.
Cuando el oro sube, algo se cuece
De mayo a agosto, el precio del oro se había mantenido estable, casi dormido. Pero a finales de verano ocurrió algo. En pocos días, el precioso metal comenzó una escalada vertical, con una subida del 20% en menos de ocho semanas. Un movimiento de esa magnitud no se explica sólo por la inflación o por los tipos de interés. Detrás hay algo más profundo.
Según Bloomberg Markets, las compras de oro por parte de inversores institucionales —fondos de pensiones, aseguradoras y bancos centrales— aumentaron un 35% en el tercer trimestre del año. El World Gold Council confirma que, entre julio y septiembre, los bancos centrales sumaron más de 300 toneladas de oro a sus reservas.
En total, acumulan ya más de 1.100 toneladas en doce meses, la cifra más alta registrada desde el final del patrón oro. Estos datos muestran que el movimiento no es casual: los grandes actores del sistema se están protegiendo.
El dinero inteligente ya se ha ido
Cuando los pequeños inversores compran con euforia, los mayores suelen hacer lo contrario. Esta es una de las leyes no escritas de los mercados. Y si queremos saber qué hacen el “dinero inteligente” —los grandes capitales institucionales, como los fondos de pensiones, cobertura, soberanos, aseguradoras, de inversión global y bancos centrales—, hay que mirar un indicador llamado DIX o “Dark Index”. Elaborado por la empresa SqueezeMetrics, el DIX mide el flujo de compras y ventas en los dark pools, mercados privados donde se realizan grandes transacciones lejos de la mirada pública.
Lo que muestran los datos es inquietante. Mientras el S&P 500 rompía récords a finales de agosto, el DIX se desplomaba hasta los valores más bajos de todo el año. Esto significa que mientras el público compraba acciones con entusiasmo, los grandes inversores estaban vendiendo en silencio. El dinero salía de la bolsa para buscar refugio en otro sitio. Y las fechas no mienten: justo cuando el DIX cae, el precio del oro despega.
Según el informe trimestral de JP Morgan Asset Management, durante este período los fondos institucionales han reducido un 12% su exposición a renta variable y han aumentado un 18% su posición en oro físico y ETF apoyados por oro. Es decir, el dinero inteligente ha dejado la fiesta mientras los demás todavía bailan.
Un mercado hipersensible y lleno de pólvora
El segundo indicador clave es el GEX o “Gamma Exposure”, que mide la sensibilidad del mercado frente a pequeños cambios de precio. Cuando el GEX es muy alto, cualquier noticia puede provocar movimientos exagerados —hacia arriba o hacia abajo—.
Y ahora mismo, según la empresa SpotGamma, el GEX global es uno de los más elevados desde 2022. Esto significa que el mercado está en una situación de tensión extrema, como un castillo de naipes a punto de caer. La combinación de un DIX muy bajo —dinero institucional saliente— y un GEX muy alto —mercado nervioso— es explosiva. Porque, históricamente, este patrón ha precedido correcciones importantes. Ocurre cuando el mercado parece más fuerte que nunca… justo antes de la sacudida.
Los bancos centrales mueven ficha
El movimiento hacia el oro no es solo de los inversores privados. Los bancos centrales se han convertido en grandes compradores netos de oro en los últimos años. Por ejemplo, China, Rusia, Turquía e India lideran este cambio de paradigma, con compras mensuales constantes, en una clara estrategia para reducir la dependencia del dólar y reforzar su soberanía monetaria.
El oro, una vez más, se consolida como el activo de confianza universal cuando las monedas fiduciarias —como el dólar o el euro— pierden credibilidad. Esta tendencia refleja también un mensaje geopolítico. Según el FMI, el peso del dólar en las reservas globales ha descendido del 71% en 1999 al 58% actual, mientras que las reservas en oro han aumentado hasta representar cerca del 20% del total mundial.
El mundo se desdolariza poco a poco, siendo el oro el protagonista de esta nueva era monetaria.
J.P. Morgan ya ha mostrado las cartas
Entre las grandes instituciones financieras, algunas ya han dejado entrever cómo interpretan esta situación. Porque según documentos internos filtrados por Market Watch, J.P. Morgan ha apostado por qué el mercado caerá hasta los 5.310 puntos, situando su punto óptimo de beneficio en un escenario claramente bajista.
Es una forma diplomática de decir que el banco no espera más subidas y que considera que el riesgo supera la recompensa.
Marko Kolanovic, estratega jefe del banco, lo expresó con claridad en su último informe trimestral: “Los mercados están más vulnerables de lo que muestran los índices. El riesgo de una repentina corrección es alto, y los inversores institucionales se están reubicando en activos seguros como el oro o los bonos soberanos”.
El farol de los mercados
Si unimos todas las piezas, el relato está claro. El dinero inteligente ha vendido acciones en silencio, se ha refugiado en oro y ha dejado un mercado lleno de inversores pequeños, eufóricos y expuestos. Esto es lo que muchos llaman “el farol de los mercados”: una subida aparentemente sólida, pero sin apoyo real detrás.
Cuando los mayores ya se han ido, la fiesta solamente se mantiene viva por la inercia de los últimos que llegan. Y cuando el primero de ellos apaga las luces, quienes salieron antes vuelven a comprar a precios de saldo. Es un juego repetitivo, conocido y, sin embargo, eternamente efectivo. Los mercados, al final, son un reflejo del comportamiento humano: miedo y avaricia alternándose como las estaciones.
Con los indicadores de volatilidad altos, los bancos centrales acumulando oro y los grandes inversores fuera de bolsa, el escenario parece preparado para un giro brusco. La verdadera pregunta ya no es si va a pasar algo, sino que va a encender la mecha. Puede ser una crisis geopolítica, un banco en apuros o un resultado electoral inesperado. Pero el terreno está seco y lleno de pólvora. El oro no miente. Cuando el dinero más prudente vuelve, es porque algo se acerca. Y como siempre, cuando los mercados parecen más tranquilos, es cuando es necesario vigilar más.
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Si tenim uns diners estalviats, i estem pagant una hipoteca, ens pot sorgir el dubte de si surt a compte retornar el préstec hipotecari abans del termini establert. Coral Santacruz, de l’equip de producte d’11Onze, detalla els avantatges i inconvenients de dur a terme una amortització anticipada.
La cancel·lació o amortització parcial o total del préstec hipotecari consisteix a reduir o pagar totalment el deute que tens pendent amb l’entitat financera abans del termini establert en el contracte. És a dir, fer servir els teus estalvis per a cancel·lar o pagar part del deute amb el banc.
Tot i que a priori pot semblar una bona idea aprofitar diners estalviats per retornar o reduir un préstec hipotecari abans de temps, tot dependrà de les condicions d’amortització que s’hagin signat en el contracte de la hipoteca.
Reduir quota o termini d’amortització
Si ens decidim per fer una amortització parcial, podem reduir l’import de la quota (en referència al capital i interessos), o el termini (el temps que es tardarà a tornar el préstec). Per tant, “s’ha de valorar quina de les dues opcions és la més viable per a nosaltres, depenent de si volem acabar de pagar abans, o pagar menys cada mes”, apunta Santacruz.
Independentment de quina opció triem, haurem de comunicar a l’entitat financera la voluntat d’amortitzar la hipoteca i explicar la tipologia que volem aplicar. Hem de tenir en compte que aplicar aquest procés té un cost, com explica Santacruz, “és la comissió d’amortització anticipada, i a l’hora de signar la hipoteca ens haurem de fixar quines condicions ens ofereix l’entitat financera en aquest aspecte”.
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