¿Cómo ganan dinero las aseguradoras?

Todos estamos familiarizados con los conceptos básicos de los seguros. Pero, ¿sabes cómo funciona este sector, cuál es su regulación y de dónde provienen sus beneficios?

 

Los seguros no son más que herramientas financieras que permiten cubrir determinados riesgos. Lo vienen haciendo desde hace miles de años. El Código de Hammurabi, un compendio de leyes de la antigua Babilonia, ya regulaba los préstamos a la gruesa ventura, que hacían posible a prestamistas y navieros compartir los riesgos y los beneficios del comercio marítimo.

A todos nos suenan más o menos los conceptos básicos de los seguros. Una póliza no es más que un contrato entre el asegurado y la compañía de seguros mediante la cual, a cambio de una prima (precio del seguro), la entidad aseguradora se compromete a indemnizar por un daño producido o a satisfacer un capital, renta u otra prestación en caso de producirse un siniestro contemplado en las coberturas de dicho contrato.

Todos los detalles de la cobertura del seguro y otras condiciones están recogidos en la póliza, que establece los derechos y obligaciones de ambas partes. El tomador, que es la persona o empresa que contrata el seguro y paga la prima; el asegurado, que es quien está expuesto al riesgo cubierto por el seguro, y el beneficiario, que es quien tiene derecho a recibir la contraprestación convenida en la póliza, pueden coincidir o ser distintas personas o entidades.

Es probable que estos conceptos nos resulten familiares. Pero, ¿sabemos cómo funciona el sector asegurador? Repasamos cómo se regula y de dónde provienen sus beneficios.

 

El marco regulatorio

Existen diferentes tipos de entidades aseguradoras en función de su constitución jurídica: sociedades anónimas, mutuas, cooperativas y mutualidades de previsión social. Además, cada una de ellas puede operar en uno o en múltiples ámbitos (automóvil, hogar, responsabilidad civil…), pero siempre requieren la autorización del organismo regulador.

Para garantizar el correcto funcionamiento del sector, están regulados tanto las características como el funcionamiento de estas entidades, estableciendo límites a su actividad e imponiendo unos mínimos de solvencia o cierta formación para sus empleados.

El 1 de enero de 2016 entró en vigor Solvencia II, la directiva europea por la que todas las aseguradoras europeas estiman su solidez financiera de la misma manera. Esta directiva obliga a calcular la cantidad de recursos que debe tener un asegurador para afrontar posibles escenarios negativos relacionados con el negocio (que haya más percances de lo esperado o que las indemnizaciones sean de mayor cuantía), con las inversiones (una caída de la Bolsa, por ejemplo) o de otros tipos. El asegurador debe tener fondos propios suficientes como para cubrir ese eventual agujero.

Solvencia II se sustenta en tres pilares. El primero determina los recursos propios mínimos requeridos a cada aseguradora en función de los riesgos asumidos. El segundo plantea la valoración cualitativa de los riesgos, que son identificados, medidos, monitorizados y administrados según el apetito al riesgo de cada compañía, y establece un control interno de estos riesgos a través del gobierno corporativo para mejorar la eficiencia y la rentabilidad de las entidades. El tercer pilar busca una mayor transparencia de las empresas aseguradoras gracias a los informes periódicos que deben presentar.

Esta directiva europea se complementa con la Ley de ordenación, supervisión y solvencia de las entidades aseguradoras y reaseguradoras, que regula el sector en el Estado español. 

 

Una primera fuente de ingresos

Según datos del Fondo Monetario Internacional, el volumen de primas emitidas en el mundo alcanzaba en 2016 los 24 billones de euros, de los cuales el 85% pertenecían a seguros de vida.

En el caso de los seguros de vida, el principal canal de comercialización es el bancario, con una cuota de mercado algo superior al 70%, mientras que los agentes y corredores de seguros presentan una cuota de mercado ligeramente por encima del 20%.

En cambio, el resto de seguros se comercializan principalmente a través de agentes y corredores de seguros, quienes alcanzan una cuota de mercado del 60 % aproximadamente, seguidos por la venta directa (19 %) y el canal bancario (13 %).

Una primera vía por la que las compañías de seguros ganan dinero es evaluando cuidadosamente el riesgo de cada una de estas pólizas para que los ingresos por primas superen a las reclamaciones que deban abonar. 

 

La verdadera naturaleza del negocio

Sin embargo, las aseguradoras son sobre todo gestoras de los recursos que sus clientes les confían a través de las primas, ya que utilizan parte de esos ingresos para invertir. De hecho, se calcula que el 12% de los activos mundiales están en manos de compañías de seguros.

Eso sí, a partir de la gran crisis financiera, la legislación establece unos límites prudenciales estrictos a la hora de invertir. Hasta 2007 el sector asegurador vivió un idílico periodo de tranquilidad. Pero la gran crisis financiera, que se llevó por delante al gigante de los seguros estadounidense AIG, afloró la estrecha relación de las aseguradoras con las entidades bancarias, tanto por la participación en su capital social como en sus emisiones de renta fija y variable.

Según Unespa, que aglutina a cerca de 200 aseguradoras del Estado español, estas invierten principalmente en deuda pública y, en menor medida, en fondos y acciones privadas: por cada euro invertido en estos últimos se dedican seis a la deuda pública. Además, esta asociación aclara que, en épocas de bonanza económica “las aseguradoras han llegado a tener una capacidad de inversión equivalente al 2 % del PIB”.

 

Los reaseguros, un negocio en auge

Una tercera vía de ingresos son los reaseguros. Se trata de acuerdos mediante los cuales un asegurador, denominado cedente, transfiere a otro asegurador, denominado reasegurador, la totalidad o una parte de sus riesgos a cambio de una parte de la prima. Esto permite al cedente protegerse de grandes pérdidas potenciales en situaciones de excesiva exposición.

El cambio climático y la pandemia de COVID-19 están impulsando esta área de negocio, cuyo volumen se espera que supere los 500.000 millones de euros en 2025.

 

Grandes cambios en el horizonte

Muchas señales indican que el sector asegurador se prepara para una época de cambios trascendentales. En este sentido, se espera que se formen ecosistemas en los cuales proveedores de distintas industrias interactuarán para crear valor a partir de datos compartidos. Por tanto, no se venderán tanto productos y servicios aislados como experiencias creadas gracias a una multitud de actores.

El 67% de los líderes del sector asegurador consideran que los modelos de negocio actuales serán irreconocibles en los próximos cinco años y que estos ecosistemas serán el principal agente de cambio, según datos de Accenture Research. Además, el 58% de las compañías aseguradoras aseguran buscar ya de manera activa ecosistemas en los que integrarse y tres de cada cuatro prevén que al menos la mitad de sus beneficios procederán de esos ecosistemas en los próximos cinco años.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    👍 Gràcies per aquest article.

    • Laura Bunyol BartrinaLaura Bunyol Bartrina says:
      Laura

      A tu Manuel, ara ja saps on llegir el contracte per poder comparar bé a l’hora de contractar!

      Hace 1 mes
  2. Jordi MorenoJordi Moreno says:
    Jordi

    Moltes gràcies per la informació, efectivament les reaseguranses s’emporten sempre un bon troç del pastís, segurament acabaré fent-me l’assegurança de llar d’onze, ja que te un bon descompte de 2 mesos i a més a més permet la periodicitat tant mensual com anual👌

    • Laura Bunyol BartrinaLaura Bunyol Bartrina says:
      Laura

      Bona elecció Jordi, ja saps que pots fer la teva estimació des de l’enllaç i que no comporta cap cost ni compromís. Totalment lliure per comparar. Si tens algun dubte pots contactar amb nosaltres sense problemes!!
      Salut!

      Hace 1 mes

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