¿De la hiperinflación a las monedas digitales?

Pese a la elevada inflación, todavía estamos lejos de vivir una situación de hiperinflación. Ese escenario multiplicaría los efectos de la crisis y podría abrir las puertas a la sustitución del dinero físico por monedas digitales controladas por los bancos centrales.

 

La inflación anual se situó en septiembre en el 8,9 %, tras tres meses consecutivos por encima del 10 %, un porcentaje que no se había registrado en casi cuatro décadas. Con los limitados incrementos salariales, se calcula que la capacidad de compra en el último año ha descendido un 7,5 % en el Estado español y un 6,2 % en el conjunto de la zona euro.

Aunque la situación de cada país presenta matices, hay una serie de factores comunes que han contribuido al aumento de la inflación. La energía y los combustibles son los principales culpables. Y los secundarios de lujo en este drama serían los alimentos y las materias primas, cuyos precios también se han disparado.

Un reciente informe del Foro Económico Mundial indica que a la elevada inflación debemos sumar que los salarios reales y la confianza de los consumidores están en caída libre, lo que añade vientos en contra al crecimiento e incluso aumenta la perspectiva de malestar social. Como deja claro la encuesta de este organismo entre reputados economistas, “se avecinan meses dolorosos”.

A ello contribuirán también el efecto de la subida de los tipos de interés en las cuotas de las hipotecas y que la economía mundial todavía está convaleciente de la pandemia, así que la tormenta perfecta está servida. 

 

La amenaza de la hiperinflación

A pesar de la gravedad de las tasas de inflación experimentadas hasta ahora, la actual crisis no puede considerarse más que un pequeño contratiempo si la comparamos con la que se produciría en caso de darse una espiral inflacionaria.

En general, se habla de hiperinflación cuando los precios se incrementan como mínimo un 50 % al mes. Esto suele suceder cuando los bancos centrales imprimen mucho dinero para hacer frente a sus deudas o para contrarrestar los efectos de una depresión, como ha sucedido en los últimos años, y ese dinero adicional no se compensa con el correspondiente crecimiento económico. Al poner en circulación mucho más dinero, el valor real de la moneda puede caer en picado.

También puede producirse hiperinflación cuando los individuos pierden la confianza en la moneda utilizada por la inestabilidad política o cuando la demanda de bienes y servicios supera muy ampliamente a la oferta. 

 

Un círculo vicioso

Como explicamos en otro artículo, quizá el ejemplo más conocido de hiperinflación se produjo en la década de 1920. Después de la Primera guerra mundial, Alemania llegó a sufrir una tasa de inflación mensual cercana al 30.000 %.

En esas situaciones, el valor de los ahorros se esfuma y la gente tiende a gastar el dinero con rapidez porque se deprecia a gran velocidad. Esto último obliga al banco central a poner más billetes en circulación, con lo cual se entra en un círculo vicioso que acelera todavía más el alza de precios.

El impacto en la vida de las personas es devastador. El poder adquisitivo cae en picado y cada vez resulta más difícil acceder a bienes de primera necesidad: los precios de los productos esenciales como el pan pueden subir a diario. Además, se puede generar escasez, ya que parte de la población tiende a acaparar bienes básicos ante el temor de nuevos aumentos de precio. 

 

¿Un paso hacia las monedas digitales?

En el pasado se han aplicado diversos remedios para hacer frente a la hiperinflación, que van desde la aplicación de drásticas reformas fiscales y recortes del gasto público hasta la introducción de nuevas monedas.

De ahí que ya haya quien advierta que el plausible escenario de hiperinflación podría facilitar el despliegue de las monedas digitales promovidas por diversos bancos centrales. Ante la crisis de confianza que generaría el dinero fiat entre la población por su acelerada devaluación, la receptividad ante una nueva moneda podría ser mayor.

Como explicamos en otro artículo, diversos bancos centrales están trabajando en el desarrollo de monedas digitales. Un país como China tiene el proceso de pruebas muy avanzado y más de 200 millones de personas ya han utilizado el yuan digital.

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) está acelerando el desarrollo de su propia moneda electrónica. La idea inicial es que el euro digital no sustituya al dinero en efectivo, sino que lo complemente, aunque el planteamiento podría cambiar según las circunstancias. La fase de estudio debería acabar en octubre de 2023 y la moneda podría entrar en funcionamiento en 2025.

Países como Estados Unidos, Suecia y Uruguay también están experimentando con monedas digitales centralizadas. Es una tendencia que gana fuerza ante el riesgo de que su moneda física pierda terreno si la hiperinflación dispara la desconfianza hacia el dinero fiat. Por eso muchos bancos centrales se plantean emitir una moneda digital más estable que regenere la confianza perdida entre la población.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  2. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Gràcies per mantenir-nos informats en tot moment

  3. Lluís MarchLluís March says:
    Lluís

    Com sempre gràcies per l’informació i per posar-nos al corrent de l’actualitat econòmica internacional i del que pot arribar a passar. Al final l’informació a temps es poder.

    • Xavier Vinolas EscodaXavier Vinolas Escoda says:
      Xavier

      Tu ho has dit Lluís, el coneixement ens empodera. Gràcies, pel teu comentari.

      Hace 1 mes
  4. Carles MarsalCarles Marsal says:
    Carles

    👌 molt interessant

  5. Jordi MorenoJordi Moreno says:
    Jordi

    Nous conceptes, «monedes digitals» per al 2025, moltes gràcies per mantenir-nos informats!👍

    • Xavier Vinolas EscodaXavier Vinolas Escoda says:
      Xavier

      No és fàcil mantenir-se al dia en el context d’una ràpida i constant evolució de les noves tecnologies digitals de l’ecosistema macroeconòmic, però és un esforç necessari si ens volem empoderar financerament. Gràcies, Jordi.

      Hace 1 mes
  6. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    El poble és el convidat de pedra d’un àpat que s’ha cuinat en un soterrani. Menges tant si t’agrada com si no, o te’n vas a casa amb
    l’estómac buit. Conèixer qui són els cuiners, què i com cuinen és un primer pas per veure-les venir.
    Gràcies.

    • Xavier Vinolas EscodaXavier Vinolas Escoda says:
      Xavier

      Totalment d’acord. Malauradament, el poble no sempre és conscient de la força que té per canviar els cuiners i decidir què es cuina.

      Hace 1 mes

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