¿Quieres saber cuánto vale tu casa?

Valorar de manera correcta un piso o una casa es imprescindible para determinar cuál es el precio de la propiedad, pero antes de nada hemos de tener claro cuál es el objetivo de la valoración, puesto que el valor de la vivienda puede diferir mucho entre el valor de mercado, el valor catastral y el valor de reconstrucción. Te explicamos las diferencias.

 

Determinar el valor de un inmueble, ya sea una vivienda, una finca, o un local, puede ser necesario por varios motivos. Tanto si queremos financiar la compra de una casa, contratar un seguro, o saber qué impuestos tendremos que pagar a Hacienda o al Ayuntamiento, tendremos que certificar el valor de la propiedad. Aun así, en cada uno de estos casos la valoración del inmueble serán específica al uso que se haga de la valoración.

A continuación te explicamos los tipos de valoraciones que hay, y los factores a tener en cuenta a la hora de valorar -o tasar- un inmueble:

 

Vender o comprar una vivienda

Si te estás planteando vender o comprar un inmueble, es fundamental que participes activamente en la tasación, y no lo dejes todo en manos de la inmobiliaria. Por otro lado, la heterogeneidad del mercado inmobiliario impide obtener un registro unificado que refleje de manera clara la compraventa, especialmente si nos referimos al mercado de segunda mano, por lo tanto, no hay datos fiables que se puedan utilizar a nivel generalizado.

Una tasación hecha por un profesional homologado garantiza, tanto al comprador como al vendedor, que lo que se está pidiendo por esta vivienda está dentro del precio de mercado en el momento de la tasación. Esto es importante porque el valor de la propiedad puede variar significativamente en pocos meses y no ajustarse al precio que se pedía por el inmueble cuando se puso a la venta.

Así mismo, si somos compradores y requerimos financiación a través de una hipoteca, la entidad financiera se tiene que asegurar, mediante una tasación inmobiliaria hecha por un tasador homologado, del valor real del inmueble en el mercado para poder garantizarse que, en caso de impago, podrá cubrir la deuda. El coste de la tasación lo asume el cliente, independientemente de que se formalice el préstamo, y, también servirá para establecer el porcentaje máximo que el banco podrá financiar.

 

El valor catastral del inmueble

El valor catastral es un valor administrativo que se da a cada bien inmueble a partir de los datos que figuran en el catastro inmobiliario, dependiendo de los criterios de valoración escogidos por cada ayuntamiento. Se trata de una cantidad fija, pero que se actualiza de acuerdo con los coeficientes anuales aprobados por la Ley de presupuestos generales del Estado.

Sobre la base del valor catastral se establece la cuantía de diferentes impuestos municipales, como el IRPF, el IBI, impuestos sobre el Patrimonio y Transmisiones Patrimoniales, etc. Incide de manera directa a la hora de calcular la cantidad que tenemos que pagar por el impuesto de la plusvalía municipal, que calcula el incremento de valor de un inmueble, si queremos vender el inmueble. Y al vender nuestra propiedad, tenemos que tener en cuenta que, por norma general, el precio de venta nunca podrá ser inferior al precio reflejado en el catastro.

Si quieres saber el valor catastral de un inmueble, puedes solicitar esta información a la sede electrónica del Catastro, a la Gerencia del Catastro, o llamando por teléfono a tu oficina del Catastro. Sin embargo, el alcance de los datos que podremos consultar dependerá de si somos titulares del inmueble.

 

Valorar el coste de reconstrucción

Hacer una estimación del valor de nuestra vivienda es un requisito imprescindible si queremos contratar una póliza de seguro del hogar, pero en este caso el valor del inmueble no equivale a su precio de mercado. Las compañías aseguradoras calculan el precio de la póliza en función de la cantidad de dinero necesaria para reconstruir la propiedad, en caso de siniestro o destrucción total.

Hay que tener en cuenta que la Estimación del Valor de Reconstrucción (ECR) incluye únicamente lo relacionado con la estructura física del edificio, pero no contempla lo referente al terreno, ni al contenido, como pueden ser muebles o electrodomésticos. Aun así, es importante que te asegures que el importe de la cobertura de la vivienda es igual a la estimación del coste de reconstrucción, para evitar tener que añadir la diferencia de tu bolsillo en caso de siniestro.

 

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Con una inflación rampante y una crisis que parece levantar la cabeza, es fundamental saber mover el dinero que tenemos ahorrado para sacarle el máximo provecho. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cuál es el truco para invertir con tino? Una de las claves es la diversificación.

 

Al fin y al cabo, diversificar los ahorros significa no poner todos los huevos en una misma cesta. Pero, ¿cuáles son estas cinco cestas? ¿Dónde tengo que poner los huevos? A pesar de que gran parte de nuestro dinero seguro que lo tenemos bien guardado en una cuenta de ahorro, es interesante que una parte esté repartida en diferentes productos financieros. Esto nos permitirá diversificar la inversión y, con paciencia, obtener un mejor rendimiento de nuestros ahorros. Si eres inversor principiante, ¡toma nota!

  1. Diversificación temporal. Es importante que invirtamos en diferentes productos con una duración en el tiempo diferente, es decir, a corto, medio y largo plazo a la vez. Esta diversificación temporal nos tiene que permitir recoger beneficios en diferentes momentos de la vida. 
  2. Diversificación entre títulos. Una vez hemos establecido el horizonte temporal de nuestras inversiones, tenemos que analizar bien en qué invertimos. Diversificar entre títulos implica, por lo tanto, invertir en diferentes tipos de productos: acciones, bonos de inversión, paquetes ETF… En definitiva, invertir un poco en todo, para que el riesgo sea menor.
  3. Diversificación geográfica y sectorial. Además, no solo tenemos que procurar invertir de forma variada y con plazos diversos, sino que tenemos que procurar invertir en zonas geográficas y en sectores diferentes. Intenta invertir por todo el mundo, porque, si lo haces, obtendrás mejores resultados. ¡No te quedes únicamente en tu territorio!
  4. Diversificación por potencial de crecimiento. Además de invertir en zonas geográficas y sectores que ya están consolidados, procura destinar una parte de la inversión a países y sectores emergentes. En este caso, buscaremos cierto componente de volatilidad, es decir, la fluctuación del mercado, que nos puede dar un beneficio inesperado a corto plazo.
  5. Diversificación por tipología de producto. Si hasta ahora habíamos hablado de acciones, bonos o paquetes ETF, ahora añadimos otros productos de inversión, de menor o mayor riesgo, como son los planes de ahorro, los planes de jubilación, los bienes inmovilizados como la vivienda, los metales preciosos o las criptomonedas. ¡Así completamos el ciclo entero de la inversión!

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Compartir cuenta corriente con otras personas, ya sean familiares, compañeros de piso o socios, tiene implicaciones tanto para la organización de nuestras finanzas como para nuestra fiscalidad. Mireia Cano, responsable de agentes de 11Onze, explica las diferentes fórmulas para constar en una cuenta y las responsabilidades fiscales que comportan.

 

Un primer elemento que se debe considerar cuando queremos compartir una cuenta corriente es el rol de cada persona, puesto que se puede constar como titular, persona autorizada o representante legal.

Los titulares de una cuenta son responsables del dinero a partes iguales a no ser que algún documento oficial acredite lo contrario. Además, los titulares “pueden tener firma indistinta, es decir, que cualquiera puede hacer operaciones, o bien firma mancomundada, es decir, que hace falta la firma de todos ellos para operar”, como explica Mireia Cano.

Otra opción es que alguien conste en una cuenta como autorizado o firma reconocida. En este caso el titular es quien tiene el poder sobre el dinero y quien responderá a nivel fiscal, pero autoriza a otra persona para hacer determinadas acciones, como hacer transferencias o sacar dinero. Eso sí, una persona autorizada nunca podrá crear o cancelar contratos de cuentas corrientes o de tarjetas vinculadas.

Un tercer rol es el de representante legal, que se utiliza, por ejemplo, en las cuentas de menores y de personas dependientes. Los representantes legales tienen la potestad sobre el dinero de la cuenta a pesar de no ser titulares.

Cuando compartimos una cuenta corriente, es indispensable tener en cuenta cómo nos puede afectar cada una de nuestras acciones y del resto de personas que participan. Por lo tanto, es muy recomendable que, antes de abrir la cuenta, definamos para qué la utilizaremos y tengamos claro qué implicará para cada persona y qué responsabilidades estamos asumiendo en términos legales y tributarios.

 

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¿Qué son las compras a futuro? ¿Qué ventajas e inconvenientes plantean para compradores y vendedores en un contexto de inflación? Te explicamos cómo funcionan las operaciones de los mercados de futuros, un tipo de compraventas que ya se utilizaban en el Antiguo Egipto.

 

En el sector financiero, una operación a futuro no es más que “una compraventa que se hará en el futuro, pero de la cual pactamos el precio hoy”, como explica Mireia Cano, responsable de agentes de 11Onze. Civilizaciones antiguas como los egipcios y los romanos ya utilizaban este tipo de acuerdo para comprar materias primas o productos agrícolas antes de la cosecha. En la actualidad, en los mercados de futuros se pueden comprar y vender muchos tipos de productos, desde materias primas a divisas.

Las operaciones a futuro se negocian en un mercado organizado y controlado. Para minimizar el riesgo de la operación, las dos partes “aportan un depósito que los compromete a llevar a cabo la operación, o bien a asumir la penalización si no es así”, según Cano.

En términos financieros, se dice que la parte vendedora tiene una posición corta y la parte compradora tiene una posición larga. El acuerdo entre ambas partes debe especificar el activo, es decir, el producto o materia que se está negociando; la cantidad de este activo; el precio y la forma en que se liquidará el contrato; el lugar y las condiciones de entrega, así como la fecha de vencimiento de la operación.

Los beneficios de las operaciones a futuro

Obviamente, el precio de mercado del producto pactado puede subir o bajar entre el momento en que formalizamos la operación con un precio cerrado y la fecha de vencimiento. Según la evolución de los precios, puede ser la parte compradora o la vendedora quien se beneficie económicamente de la operación. “Por lo tanto, las compras a futuro son una cuestión de tiempo y de riesgo”, indica Mireia Cano.

En cualquier caso, ambas partes salen beneficiadas en este tipo de operaciones en el sentido que se protegen contra la volatilidad del mercado y se garantizan una compra o una venta necesaria para ellos. Estas certidumbres son especialmente importantes en el caso de personas o empresas que compren o vendan un gran volumen de producto, puesto que los precios pueden cambiar mucho, especialmente en un contexto tan inflacionario.

Otro punto a favor de los compradores es que el coste de ejecución, es decir, el margen que negocian y avanzan al vendedor en la etapa de negociación, acostumbra a ser bajo y está bastante estandarizado, excepto cuando el activo subyacente tiene una alta volatilidad. Además, el mercado de futuros ofrece “una gran liquidez porque, al funcionar diariamente, hay muchas facilidades para poder hacer pedidos cada día y con cierta rapidez”, explica la responsable de agentes de 11Onze.

 

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Los 294 euros de cuota fija mínima en la cotización de autónomos dejarán paso a partir de 2023 a un sistema progresivo de 13 tramos en función de las ganancias, cuyas cuotas variarán cada año hasta 2025. Así lo han acordado el Gobierno español con las principales asociaciones de autónomos ATA, UPTA y UATAE.

 

La cuota de autónomos en 2023 oscilará entre los 230 y los 500 euros, en función del rendimiento anual de cada autónomo. La horquilla se irá ampliando en los dos años siguientes. Los grandes beneficiados por la reforma serán aquellos autónomos con menos ingresos.

El acuerdo contempla que los autónomos que ganen menos de 670 euros mensuales pasen a pagar 230 euros de cuota al mes en 2023, lo que les supondrá un ahorro de 767 euros en el conjunto del año; 225 euros en 2024, con lo que se ahorrarán 827 euros; y 200 euros en 2025, con lo que dejarán de pagar 1.127 euros.

En el extremo opuesto de la tabla se encuentran los autónomos con unas ganancias superiores a los 6.000 euros mensuales, el tramo con una cotización más elevada. En ese caso, la cuota será de 500 euros en 2023, 530 euros en 2024 y 590 euros en 2025.

Un cálculo sencillo

Para determinar la cuota, los autónomos deberán calcular los rendimientos netos anuales, restando los gastos deducibles a los ingresos netos, y posteriormente sumar la cuota a la Seguridad Social y restar un 7 %, que es el porcentaje estimado para los gastos imposibles de justificar (para los societarios, ese porcentaje será del 3 %). A partir de ahí, hay que dividirlo entre los 12 meses del año para comprobar el tramo y la cuota que se debe pagar a la Seguridad Social. El importe se podrá modificar hasta seis veces al año en función de la evolución de los ingresos.

La reforma de la cuota de autónomos era uno de los compromisos adquiridos por el Gobierno español para recibir el siguiente tramo de los fondos Next Generation y todavía debe superar el trámite parlamentario. Con el nuevo Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, los trabajadores por cuenta propia pasarán a cotizar por lo que ganan, al igual que los asalariados.

Las asociaciones de autónomos han valorado positivamente el cambio de un sistema con una cuota mínima de 294 euros, que hasta ahora se podía incrementar voluntariamente para mejorar las prestaciones, a este sistema progresivo, que establece las cuotas en función de los rendimientos netos. En la actualidad, nueve de cada diez autónomos pagan la cuota mínima.

Una de los pocos inconvenientes del nuevo sistema por tramos es que podría incentivar la economía sumergida, ya que algunos autónomos podrían ocultar parte de los ingresos para no saltar de tramo.

 

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Digital Banking o banca digital es un término que se refiere a la digitalización de todas las actividades y servicios tradicionales de la banca analógica, aquellas que en el pasado eran sólo accesibles para los clientes cuando estos se desplazaban hasta una sucursal. Un proceso de cambio que lleva años realizándose, pero que se ha acelerado enormemente desde los últimos años, sobre todo debido al cambio generacional que está sufriendo el mercado.

 

Cada año la generación millennial está alcanzando cotas más altas de consumo de productos financieros, de hecho, ya son la generación que más los consume. Por lo tanto, el mercado se ha tenido que adaptar poco a poco a las necesidades y preferencias diferenciadas de los millennials los cuales demandan agilidad, rapidez y accesibilidad. El logro de este proceso de digitalización está creando nuevas oportunidades para las entidades financieras, pero sobre todo para la gente, permitiendo llegar directamente a personas que viven en todo tipo de realidades y situaciones diferentes.

 

Banca digital y banca en línea: ¿son lo mismo?

Como punto de inicio, hay una diferencia primordial entre los términos digital banking y online banking que habría que saber distinguir. La banca online se refiere a la evolución que han hecho muchas entidades financieras tradicionales en el mundo online: es un proceso de digitalización que se centra en ofrecer en línea ciertos servicios y productos básicos de su catálogo como pueden ser las transferencias de dinero o la gestión básica de las cuentas corrientes. Para otras cuestiones, sin embargo, sigue siendo necesario acudir a la sucursal.

El digital banking, por el contrario, se refiere a la intención de ofrecer todas las actividades y servicios de la banca tradicional, pero trasladado al ámbito digital para poder llegar directamente al consumidor, reduciendo al máximo los intermediarios y agilizando todo el proceso. Así, aparte de poder realizar transferencias o controlar los movimientos de nuestra cuenta, también podemos solicitar un crédito o pedir una hipoteca sin necesidad de desplazarse a las oficinas bancarias.

La transición de la banca analógica a la digital

En un principio, la banca era analógica. Se ofrecían servicios tan básicos como transferencias, gestión de cuentas corrientes, cheques, tarjetas de crédito o de débito, retirada e ingreso de efectivo así como ofrecimiento de préstamos e hipotecas. Eso sí, era necesario desplazarse a la sucursal para realizar la mayoría de las operaciones.

Más adelante, sobre todo a partir de los años 2000, comenzaron a aparecer nuevas formas de gestionar operaciones financieras sin necesidad de estar presencialmente en la oficina bancaria: había nacido la banca en línea. Esto permitió que poco a poco se utilizase más el comercio online, aunque en aquella época todavía era un poco rudimentario y aún no se había popularizado del todo entre la población. Es precisamente en esta época cuando nacieron métodos de pago como PayPal, para dar salida a una nueva necesidad de los consumidores inexistente hasta entonces: poder pagar con seguridad a un desconocido para un producto en línea.

Sobre el año 2010, sin embargo, el inesperado éxito de los primeros modelos de iPhones y smartphones impulsó a la sociedad poco a poco hacia una nueva innovación: la banca móvil. Se empezaron a diseñar las actualmente tan conocidas aplicaciones o apps por parte de los bancos tradicionales con el objetivo de poder tener acceso a los servicios bancarios de nuestro banco de toda la vida desde la palma de la mano. Esta nueva revolución tecnológica permitió también la aparición de los pagos contactless o sin contacto, facilitando la vida a millones de personas. 

Finalmente, el uso masivo y la popularización en amplios segmentos de la sociedad, no sólo en millennials y en jóvenes sino también en la gran mayoría de adultos y gente de más edad, ha conducido recientemente a la creación y popularización de la banca digital, convirtiéndose en lo que es ahora su cara más visible, neobancos. Así, con estas nuevas Fintech y aplicaciones que nada tienen que ver con las del pasado, se puede navegar y solicitar cualquiera de los servicios financieros tradicionales de forma rápida e intuitiva, reduciendo las barreras de información por los consumidores.

 

El auge de los neobancos

Desde los últimos años han sido los neobancos los que han llevado la batuta en cuanto a la digitalización de los servicios financieros, tomando las máximas ventajas de sus capacidades digitales: aprovechar las plataformas online y el análisis de datos para generar interacción social, suministrar tarjetas digitales al instante, ofrecer información y asistencia personalizada a los clientes, etc.

En un comienzo se habían dirigido sobre todo a un público nativo digital como son la generación Z y los millennials, pero poco a poco, han ido atrayendo muchos otros segmentos de población más diversos y de ámbitos diferentes. Esto ha sido gracias a dos factores principales. El primero, la reducción de costes que han sido capaces de ofrecer en sus servicios debido a la falta de oficinas, en contraposición con la banca tradicional, que tiene que pagar unos alquileres muy elevados y, habitualmente, sufre muchos sobrecostes.

Y por otra parte, su crecimiento también se debe al Covid-19, ya que muchos consumidores de edad más avanzada han querido buscar una forma de poder seguir llevando a cabo sus actividades financieras habituales sin necesidad de salir de casa. Es precisamente en este ámbito en el que los neobancos tienen una ventaja comparativa con el resto de entidades financieras porque se mueven como pez en el agua en el área digital y tienen mucha más experiencia.

 

La banca directa: llegar a toda la sociedad

La popularización de estos servicios digitales ha supuesto la aparición del concepto direct banking o banca directa. Es decir, la posibilidad y la voluntad de poder llegar a todos los clientes, sean de donde sean y de cualquier segmento existente. Se pueden ofrecer nuevos productos y servicios a segmentos específicos de clientes sin sufrir por las limitaciones geográficas. Se puede llegar a consumidores de diferentes niveles educativos, de diferentes rentas económicas, se puede dar atención personalizada a millones de personas que, de otra manera, no tendrían a quién dirigirse, ni siquiera las entidades tradicionales podrían atender como desearían debido a las limitaciones físicas.

En definitiva, en un mundo cada vez más rápido e interconectado donde la combinación de la tecnología actual con las nuevas preferencias de agilidad y accesibilidad permite a los neobancos y a la banca digital poder situar a los clientes en el centro.

 

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El dinero forma parte de nuestra vida desde pequeños. Con las primeras monedas que ponemos en la hucha, el dinero que nos dan los abuelos para el cumpleaños, el primer trabajo de verano, la ayuda de los padres para comprarnos los primeros caprichos … Y de repente, llega la mayoría de edad y, entre muchos otros cambios, por primera vez tenemos el control sobre nuestro dinero. ¿Pero realmente nos han enseñado a gestionarlos? ¿Seremos capaces de independizarnos, de llegar a fin de mes? La respuesta es que, sin duda, si, controlar todo eso está en nuestras manos, y solo hace falta un poco de organización para sacar el máximo rendimiento.

 

¿Por qué necesito dinero?

El primer estereotipo que tenemos que romper respecto al dinero es compararnos con los demás. Calcular lo que tenemos o ganamos en función de lo que tiene la gente de nuestro entorno no es ni objetivo ni realista. Cada uno nace y crece con unas condiciones determinadas sobre las que raramente ha podido influir. Si estás estudiando y empezando a definir lo que será tu vida, quítate la presión de encima porque nada está escrito, y lo importante no es donde empiezas sino cómo acabarás. Así pues, lo primero que tendremos que hacer es analizar la situación actual y determinar nuestro objetivo a medio plazo, no será lo mismo vivir en casa de los padres y centrarnos en los estudios que tener la voluntad de independizarse, aunque para ello tengamos que invertir parte de nuestro tiempo a trabajar. Determinar esto nos llevará a la siguiente pregunta: ¿cuánto necesito para vivir?

En este punto ya podemos empezar a jugar con nuestras finanzas y diferenciar los gastos fijos de los variables, igual como hacen las empresas. Los fijos serán todos aquellos que tenemos que asumir cada mes, como el alquiler del piso, el gimnasio, el precio de la tarjeta de transporte o una suscripción a Spotify. En el caso de los gastos variables, serán todos aquellos en los que el importe puede variar de un mes a otro en función de nuestras necesidades. Por ejemplo, aunque la comida es imprescindible, no gastaremos lo mismo un mes que otro, y justamente es uno de los puntos donde podemos recortar gastos. Con esto no nos referimos a dejar de comer o comprar los productos más económicos del mercado, independientemente de su calidad. Más bien nos referimos a todo lo contrario: apostar por un consumo responsable.

¿Cómo puedo reducir el gasto mensual?

Basta con mirar el entorno actual para ver que las tendencias de consumo, es decir, el tipo de compra que hace la mayor parte de la sociedad, está cambiando y cada vez son más las personas que en vez de comprar en grandes superficies industrializadas buscan el producto de proximidad, más calidad y menos cantidad. Estos pequeños cambios nos permitirán hacer una compra con conciencia, priorizando solo los productos que necesitamos y cuidando al mismo tiempo nuestra salud y economía. Algún ejemplo que podemos aplicar a nuestra vida diaria podría ser beber agua en envases reutilizables (botellas de cristal o metálicas) y evitar así la compra diaria de botellas de agua, sustituyéndolo por garrafas que son más económicas y nos durarán más tiempo.

Lo mismo podemos hacer cuando vayamos a hacer la compra, llevando nuestra bolsa para evitar comprar bolsas de plástico. Otro truco útil puede ser organizar nuestro menú semanal, para saber qué comeremos cada día y, por lo tanto, qué necesitamos comprar. Ni más ni menos. En cuanto a productos de higiene podemos optar por paquetes familiares, donde viene más cantidad por menos precio, o bien alternativas como las pastillas de jabón o las copas menstruales que más allá de ser económicas, no generan residuos. También existen tiendas a granel donde puedes comprar solo la cantidad que necesitas, sea de productos alimenticios o de limpieza del hogar. Investiga tu zona y busca la opción que más se adapte a tu bolsillo, recordando siempre que lo que se ha hecho siempre, o lo que hace la mayoría, no siempre es la mejor opción para ti.

En cuanto al transporte, también hay que buscar este equilibrio y valorar alternativas al transporte privado, que suponen un coste más elevado si sumamos gasolina, impuestos, seguro y reparaciones. El transporte público o la bicicleta son dos opciones económicas que nos pueden ayudar a controlar nuestros gastos a la vez que cuidamos el medio ambiente. Incluso en el momento de salir de fiesta podemos recortar gastos si actuamos con conciencia. Reservar con antelación, aprovechar ofertas y descuentos o marcarnos la cantidad que queremos gastar antes de empezar la noche nos ayudará a mantener un cierto control. Si esta última parte es la más difícil, un truco puede ser llevar en efectivo el importe que queremos gastar. De esta manera no habrá margen de pasarnos de presupuesto y esto nos permitirá gestionar mejor nuestras salidas, sin gastar ni un euro más de lo previsto.

 

 Controla tu situación económica desde el móvil

Estas son algunas de las recomendaciones que nos ayudarán a mantener el control de nuestros ahorros, pero la tarea importante es analizar nuestra situación particular y hacernos las siguientes preguntas: ¿de qué ingresos dispongo? ¿Qué cantidad debo destinar a gastos fijos? ¿Qué me queda por destinar al ocio? ¿Necesito ahorrar para el futuro?

Si algo tenemos a favor los jóvenes es que actualmente existen aplicaciones para casi todo. Controlar nuestras finanzas nunca ha sido tan fácil. La mayoría de bancos se están reinventando desde hace años para que la experiencia del nuevo cliente digital sea intuitiva y ágil, que en un solo clic tengamos a nuestra disposición toda la información que deseamos, desde el saldo total de la cuenta (el dinero que disponemos), hasta los gastos que hemos realizado con la tarjeta, viendo de manera gráfica donde estamos destinando la mayor parte de nuestro dinero. Esto nos permitirá hacernos una idea de nuestra situación actual y hacia dónde debemos dirigir los esfuerzos futuros.

 

Trabajar y ahorrar, los dos grandes aliados para tener dinero

Una herramienta clave para gestionar nuestros ahorros son las huchas digitales, un espacio en la cuenta donde pondremos el dinero que queremos destinar a una actividad concreta. El funcionamiento es sencillo, hay que proponerse un objetivo, bien sea un viaje o algo que queremos comprar, y a partir de ahí calculamos qué importe debemos ingresar cada mes para conseguirlo. Se debe buscar el equilibrio entre lo que deseamos y nuestros recursos actuales. Si queremos más dinero, tendremos que trabajar más. Si no podemos trabajar más, lo tendremos que gestionar de forma más eficiente. Pero sea cual sea nuestra situación, tomar el control de nuestras finanzas y saber en todo momento qué está pasando en nuestra cuenta corriente es indispensable.

El último consejo es no perder de vista que nunca caminamos solos. Tenemos padres, familiares y mucha gente alrededor que nos puede ayudar a entender qué significa todo lo que tiene que ver con el dinero que, al fin y al cabo, es entender cómo funciona el mundo actual. Tener su apoyo y seguir sus consejos serán un pilar indispensable para que este primer contacto con el mundo de las finanzas sea claro y comprensible. Cuando tomamos el control de nuestro dinero, tomamos el control de nuestra vida.

 

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Buscar financiación ya no es sinónimo de ir al banco. Actualmente, existen otras opciones muy diversas que pueden ser una alternativa y que hay que conocer.

 

Porque el desconocimiento sobre la existencia de proveedores de crédito diferentes de los bancos todavía es el principal obstáculo: solo una de cada tres empresas conoce la existencia de Fintech o de plataformas digitales de financiación, y solo un 20% manifiestan haber usado. Son datos que se extraen del barómetro empresarial de fintech y financiación alternativa, creado por el Institut d’Estudis Financers (IEF) con colaboración con Altria Corpo y presentado el pasado 2 de febrero.

Según la misma encuesta, el 40% de las empresas consideran que el acceso al crédito bancario se ha endurecido en los últimos 12 meses y, aun así, el 50% cree que necesitarán tener acceso en los próximos 12. Se hace evidente por qué la financiación alternativa va en aumento. Uno de sus motores y atractivos es pues, la accesibilidad más sencilla que en el caso de los bancos. Sus costes son igualmente realistas: los intereses con los cuales nos encontraremos suelen estar ajustados al mercado, para poder ser competitivos, a la vez que permiten no temer sorpresas o grandes alzas inesperadas.

 

Ahora bien; ¿cuáles son estas “otras formas de financiación”?

Las empresas que ya las están usando optan principalmente por el factoraje, el renting y el leasing (representan el 25% del total). Otras opciones como el crowdlending o el micromecenazgo son más comunes en el mundo de las start-ups. Pero conozcamos que hay detrás de estos anglicismos:

  • El factoraje (o factoring) sirve a las empresas para avanzar los cobros: tan simple como que el proveedor de este servicio nos pagará en efectivo la factura que tenemos pendiente con un cliente (a crédito) y se encargará de la gestión posterior. Estaremos sujetos a un interés y, posiblemente, a comisión por los gastos. Existen varias modalidades, según la asunción del riesgo de impago. También hay que hablar del confirming, la opción inversa, donde el proveedor nos asumirá el pago de facturas y nos las convertirá en crédito.
  • El renting permite el alquiler de bienes muebles, como vehículos, equipaciones ofimáticas o informáticas, por periodos superiores a un año. Se establecerán unas cuotas fijas como pago, que a menudo incluyen el mantenimiento, seguros, etc. Disfrutaremos de un bien mueble nuevo y en perfecto estado, sin tener que hacer un gasto inicial importante. La diferencia primordial con el leasing es que, en este caso, incorpora una opción de compra cuando se acaba el contrato.
  • El crowdlending es una modalidad de préstamo por parte de inversores, con un retorno bajo intereses, sin la necesidad de ir al banco. Podemos encontrar proveedores como Ecrowd!, dedicada especialmente a proyectos tecnológicos, que ofrecen esta opción de financiación.
  • El micromecenazgo (crowdfunding), ampliamente extendido en las start-ups, se fundamenta en obtener el interés de otras personas en nuestro proyecto y captar fondos a cambio de ofrecer una ventaja o privilegio posterior; muy orientado al lanzamiento de productos, la preferencia o el descuento en la compra podría ser un ejemplo de contraprestación. Nos será bastante sencillo encontrar muchas plataformas de micromecenazgo para empezar.
  • Inversiones de carácter más profesional son conocidas como crowdinvesting o business angels, donde la financiación se recibe de empresas o actores del sector y que normalmente pedirán a cambio un porcentaje de los futuros beneficios.

Cómo hemos visto, la orientación de la financiación alternativa a los bancos suele ser hacia la inversión en proyectos de negocio más que de particulares, a pesar de que opciones como el renting o el leasing pueden ser útiles en este último caso, si pensamos por ejemplo en el caso de un comercial que quiere disfrutar de un vehículo sin los altos costes del desgaste y la compra de uno nuevo cada cierto periodo. En ambos casos, no tenemos que olvidar ni descartar la financiación pública por medio de subvenciones o ayudas, como las que ofrecen la Generalitat, los ayuntamientos, como el de Barcelona, o las Cámaras. Muchas de estas ayudas se han creado o aumentado específicamente para paliar los efectos negativos de la pandemia y solo hay que estar atentos a las diferentes convocatorias.

 

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Nuestra relación con las entidades financieras ha



El Gobierno español finalmente ha aprobado la reforma de la Ley de Seguridad Nacional, pero la gran potestad que se otorga a los poderes públicos para afrontar situaciones de crisis muy poco definidas genera una gran inquietud por cómo puede afectar nuestros derechos fundamentales. Miriam Frias, asistenta financiera de 11Onze, analiza la noticia.

 

Oficialmente, la Ley de Seguridad Nacional del 2015 pretende garantizar que el Estado pueda disponer de los recursos estratégicos necesarios para hacer frente a situaciones de crisis, riesgos y amenazas que afecten a la seguridad nacional. El nuevo texto no afecta el contenido esencial de la ley, aun así, centraliza más competencias y concreta algunas actuaciones a realizar en situaciones de crisis para garantizar que en tales escenarios el país contará con los recursos básicos.

El concepto no es ninguna novedad, y tanto España como otros países tienen leyes pensadas para garantizar recursos críticos, instando a la colaboración empresarial y estatal, durante un contexto de crisis extrema, como sufrimos durante la pandemia de la Covid-19. Aun así, y como explica Miriam Frias, “se han hecho modificaciones que no han llegado al público y que no dejan de ser una incógnita”.

El balance entre derechos y deberes

La ambigüedad y carencia de concreción del texto permiten una interpretación jurídica demasiada amplia que genera desconfianza entre la población. “Es un as en la manga que puede utilizar el gobierno cuando considere necesario”, afirma Frias. Esto quiere decir que el Estado “podría obligar a cualquier persona mayor de edad a realizar prestaciones personales y a cumplir las órdenes que las autoridades impartieran”.

La reforma de la ley también ha hecho saltar las alarmas entre las empresas que ven con preocupación como el Estado podría requisar sus bienes, parar su actividad o, incluso, ocuparlas de manera transitoria. Como detalla Frias, “empresas y entidades jurídicas también tendrían que realizar prestaciones personales o materiales. El Estado tendría el derecho de poder confiscar, requisar o expropiar todo tipo de bienes”

Después de la experiencia del abuso y alcance en la aplicación del artículo 155, es como mínimo preocupante, que una ley de seguridad nacional, que a priori tiene que ser más eficaz y rápida en su aplicación que este artículo de la Constitución, no garantice que no habrá un abuso de autoridad por parte de los representantes del poder ejecutivo del Estado. “Esperamos que estas situaciones y estos ejemplos nunca se lleguen a materializar, pero no está de más ser conscientes de ellos, porque nada es imposible”, concluye Frias.

 

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El enero pasado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló el Modelo 720, y esta semana el Supremo ha obligado a Hacienda a devolver una multa por bienes en el extranjero, tumbando definitivamente sus efectos en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF).

 

Recordamos que el Modelo 720 se introdujo en 2012, justo después de implementar la amnistía fiscal, cuando el entonces ministro de Hacienda del Partido Popular, Cristóbal Montoro, quiso aumentar la recaudación del Estado en plena crisis financiera, asegurándose de que no se escapaba ni un solo euro. El tiempo ha demostrado que no fue una medida efectiva por los afines a su partido o parte de la realeza española.

La normativa exigía a los ciudadanos residentes en España a informar sobre sus bienes en el extranjero que superaran los 50.000 euros. Asimismo, establecía elevadas multas que podían llegar hasta el 150% del importe a declarar, si esta información se presentaba fuera de plazo ante la Agencia Tributaria.

 

Varapalo de la justicia europea

El enero de 2022, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) tumbó la normativa al completo, tanto el mecanismo de fondo, como las elevadas multas, al considerar que las restricciones a la libre circulación de capitales implantadas por el Modelo 720 eran desproporcionadas.

Por otro lado, la sentencia anulaba la práctica de la no prescripción, que Hacienda venía imputando de manera sistemática a todos los bienes declarados, sin valorar si los hechos habían prescrito por el plazo de prescripción en el ámbito fiscal, actualmente establecido en 4 años, de forma que se determinaban cuotas a ingresar.

De este modo, la sentencia concluye que los contribuyentes que habían declarado bienes en el extranjero mediante el Modelo 720 no tienen que ingresar las deudas de los ejercicios prescritos, y que las sanciones aplicadas son ilegales. Es precisamente en este punto, con el que el Tribunal Supremo se ha basado para impedir a Hacienda imputar como ganancia patrimonial no justificado los bienes en el extranjero contenidos en la declaración por no tener plazo de prescripción.

 

El Supremo aplica la sentencia del TJUE

Así se ha visto reflejado en una sentencia del pasado 20 de junio en la sala del contencioso, que estima el recurso presentado por dos contribuyentes contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura que los condenaba por declarar, fuera de plazo, bienes inmuebles en el extranjero. Un hecho significativo porque anula, por primera vez, una sanción del Modelo 720, por desproporcionada.

Por lo tanto, la Sección Segunda de la Sala Contenciosa Administrativa da la razón a los particulares, y anula la resolución del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, ordenando que les devuelvan el dinero, más los intereses correspondientes. El tribunal pretende, así, establecer la proporcionalidad entre la gravedad del hecho cometido y el saldo de las cuentas corrientes no declarados por el contribuyente.

Con esta sentencia, se abre la puerta a todos aquellos contribuyentes sancionados que, no estando conformes con las desproporcionadas sanciones impuestas por la Agencia Tributaria, han recorrido de manera sistemática la aplicación de las mismas y que ahora podrían ver reducido su importe de manera significativa.

 

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