La vivienda: resolviendo el dilema de los jóvenes

Solamente el 15,8% de la población joven está emancipada, el peor dato en décadas. El paro juvenil y los precios de la vivienda son los dos grandes motivos. Ahora, la administración intenta dar solución a través de una nueva ley de la vivienda. ¿Pero será suficiente? Hablamos con los expertos.

 

En España, cerca de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 29 años que viven en una vivienda independiente lo hacen en un alquiler compartido. Si se quiere vivir solo, el precio a pagar supone el 91,6% del salario y, si se quiere contratar una hipoteca, es necesario reservar al menos el 55,1% del sueldo. Aunque aparentemente, la compra de una vivienda puede parecer más asequible, la realidad es que los jóvenes tienen vetado al mercado hipotecario. Ni tienen ahorros suficientes para cubrir el gasto inicial ni tienen estabilidad laboral. Así lo constata el Consejo de la Juventud de España en el estudio anual de 2020.

La vivienda sigue siendo el gran quebradero de cabeza de los jóvenes que quieren emanciparse. Por eso, para intentar afrontar este escenario, el gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado una nueva Ley de la vivienda, que debería limitar los precios de los alquileres y favorecer el acceso de los jóvenes a una vivienda digna. En 11Onze hemos analizado la propuesta de normativa con el Sindicato de Inquilinos y el presidente del Consell Nacional de Joventut de Catalunya (CNJC), Guillermo Chirino. 

 

Cuando la ley se queda corta

En una situación de emergencia como la actual, en la que la tasa de emancipación juvenil ha alcanzado mínimos históricos, Chirino considera que “la acción política no puede esperar”. Sin embargo, alerta de que, si la ley tarda 12 o 18 meses en aprobarse, como es habitual, esto da margen a los propietarios para subir los precios del alquiler y, por tanto, la eficacia de la medida se queda corta. El presidente del CNJC también avisa de que el gobierno ya ha apuntado que las ayudas de la ley estarían limitadas a esos jóvenes que trabajan. “Solo esto ya descarta a más del 50% de jóvenes”, se lamenta Chirino. Además, los políticos declararon que las ayudas llegarían a unos 50.000 jóvenes, es decir, a solo el 1% de los jóvenes del Estado.

Obviamente, esta ley no resolverá nada ni facilitará la emancipación de los jóvenes”, critican fuentes del Sindicato de Aldeas, que añaden que no son favorables a financiar el pago de las viviendas de los jóvenes con ayudas. “Permite que el arrendador piense que, si los jóvenes pueden pagar más, entonces no es necesario bajar el precio, sino que, incluso, puede subirlo”, argumentan.

 

La inspiración del modelo catalán

Por lo que respecta a la regulación de los alquileres, la propuesta se inspira en la norma catalana, la única propuesta legislativa vigente que existe en el Estado. Así lo explican en el Sindicato de Inquilinas, que con el Sindicato de Inquilinas, han trabajado intensamente en la ley catalana y han luchado por llevarla al ámbito estatal. Sin embargo, en el Sindicato de Alquiladoras advierten que las diferencias entre la propuesta del gobierno español y la catalana son sustanciales y ponen en riesgo la eficacia de la medida en el conjunto del Estado.

Para empezar, la ley catalana establece un índice de precios de alquiler, que asegura a los inquilinos que, de firmar o renovar un contrato, el precio se mantiene igual que en el contrato anterior. Además, si el precio está por encima de este índice de referencia, deberá bajarse. El índice se calcula a partir de la media de los precios del alquiler, para viviendas con características similares y dentro de una zona concreta. En cambio, en la propuesta del gobierno español únicamente los propietarios jurídicos, es decir, aquellas empresas con más de diez inmuebles en propiedad, estarían obligados a realizar una rebaja en el precio del alquiler.

 

“En ciudades como Barcelona, ​​la concentración de la propiedad es muy alta, pero solo el 30% de las viviendas de alquiler son de propiedad jurídica. La mayoría son propiedad de personas físicas que, a pesar de tener más de diez viviendas, no estarían obligadas a rebajar el alquiler”, alertan en el Sindicat de Llogaters. En el resto de municipios catalanes, donde la concentración de la propiedad es más baja, esta medida queda, en su opinión, “totalmente descafeinada”.

Por otra parte, la aplicación de la rebaja parece que será discrecional, dejando que cada autonomía e incluso cada municipio decida. Por el contrario, Chirino defiende que, si es una medida pública, “debería ser vinculante para todos, ya que de otra forma puede generar desigualdad e inequidad territorial.”

 

Una vida digna para la juventud

Más allá de las regulaciones en el precio del alquiler, la nueva ley debe poner al alcance de los jóvenes una serie de ayudas. Pero las dificultades para emanciparse no parecen tener solución definitiva. De entrada, aunque para asegurar una vida digna la vivienda no debería suponer más del 30% del salario, la realidad se topa con precios disparados y sueldos demasiado bajos.

De esta forma, si el salario medio de los jóvenes ocupados en el Estado es de 969 euros, el importe que debería destinarse a la vivienda no debería superar los 290 euros mensuales. Sin embargo, el precio medio de alquiler es de 880 euros al mes y, en ciertas zonas del Estado, como Barcelona y su área metropolitana, la cifra supera los 1.000 euros. Así las cosas, ¿cómo ayudar a los jóvenes a emanciparse?

En el Sindicato de Alquiladoras creen que, para facilitar la emancipación, hay que ir a la raíz del problema: “Hay que garantizar que todas las viviendas de alquiler bajen el precio y faciliten el acceso a colectivos vulnerables. En Cataluña, muchos colectivos de vivienda reclaman un parque de vivienda pública de alquiler con precios asequibles. No se trata de construir más, sino de recuperar viviendas y asegurar que los grandes propietarios destinan parte al alquiler social”, defienden.

En el CNJC también han creado talleres de autodefensa inquilina para detectar las dificultades en las que se encuentran los jóvenes y tratar de encontrar respuestas. “En Cataluña tenemos ya una ley de regulación de precios del alquiler que ha sido increíblemente efectiva. Ha reducido los precios del alquiler en aquellas zonas en las que se ha aplicado y, además, ha mejorado la confianza en los alquileres”, defienden. Ahora, consideran, lo que hace falta es mejorar esta regulación catalana y ampliarla para todo el territorio. “Todavía nos queda mucho camino por recorrer”, se espolean.

 

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Los engranajes económicos chirrían cada vez más. El aumento del precio de la energía está disparando los costes de producción, mientras que la inflación desbocada está frenando el consumo y el incremento de los tipos de interés encarece los créditos para empresas y familias.

 

Agosto fue el mes con la electricidad más cara de la historia en Cataluña, ya que el precio medio en el mercado mayorista fue de 307,80 euros/MWh, según datos del Operador del Mercado Ibérico de la Electricidad (OMIE). Y eso a pesar de aplicarse la “excepción ibérica” desde junio en España y Portugal, que ha desacoplado el gas del mercado mayorista de la electricidad para reducir su precio. En definitiva, en un año la electricidad se ha encarecido un 190 % y el precio ha subido un 585 % respecto a dos años atrás.

Los precios de todos los combustibles se han disparado por la guerra en Ucrania y países como Alemania o Países Bajos ya han tenido que recurrir al carbón para compensar en parte los problemas con el suministro de gas y petróleo.

El encarecimiento de la energía hace que los costes de producción de las empresas crezcan exponencialmente en toda Europa. El Índice de Precios Industriales (IPRI), que mide la evolución de los precios de los productos fabricados en el Estado español y vendidos en el mercado interior en la primera etapa de su comercialización, indica que en julio de 2022 fueron un 40 % más caros que el año anterior. De ese incremento, más de la mitad se debe directamente al aumento del precio de la energía. Y, en Alemania, los datos de agosto reflejan un encarecimiento del 45 % en los precios industriales respecto al mismo mes de 2021.

En esta situación, las empresas se encuentran ante la disyuntiva de trasladar el aumento de costes al consumidor final, con lo cual corren el riesgo de perder ventas, o reducir sus márgenes, con lo cual también salen perdiendo. En definitiva, no hay una decisión buena, la decisión óptima es la menos mala.

 

Una inflación de dos dígitos

Un segundo problema que atenaza la economía es la inflación desbocada. En Cataluña, la variación interanual se situó en agosto en el 10,2 %, con lo que alcanzaba por segundo mes consecutivo un incremento de doble dígito.

Además de la energía, los precios de los alimentos también se han disparado, sobre todo por los costes de los combustibles y los fertilizantes, que podrían aumentar este año hasta un 70 %. Globalmente, se prevé que los precios de las materias primas agrícolas aumenten un 18 % en 2022. Y los incrementos están afectando especialmente a productos de primera necesidad como los tomates, la carne, el aceite o la leche.

La escasez sostenida de alimentos y sus elevados precios podrían llevar a millones de personas a problemas de desnutrición y generar revueltas populares. De hecho, en Sri Lanka y Perú ya se han producido disturbios y países como Turquía o Egipto podrían seguir sus pasos.

Sin embargo, no toda la responsabilidad del aumento de la inflación corresponde a los alimentos y la energía, que son los productos con valores más volátiles: la inflación subyacente, que no tiene en cuenta estas categorías de productos, ya roza el 6 % en Cataluña.

Por descontado, además de devaluar nuestros ahorros, el incremento de la inflación supone una pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos, lo cual lastra el consumo y estrangula un poco más el mercado para las empresas. Así, una segunda losa cae sobre el tejido productivo.

 

Tipos de interés al alza

Ante la escalada inflacionaria, la mayoría de bancos centrales se han visto obligados a subir los tipos de interés para enfriar la economía, empujados por la agresiva política monetaria de Estados Unidos, que acaba de subirlos un 0,75 % por tercera vez este año. Y eso tradicionalmente ha llevado asociadas más dificultades en Europa y crisis financieras en los mercados emergentes y las economías en desarrollo.

De momento, el Banco Central Europeo ha subido los tipos de interés un 1,25 % en poco más de dos meses y se espera que siga incrementándolos en sus próximas reuniones. Esta subida de los tipos de interés asfixia todavía más a la economía, ya que encarece tanto los créditos que necesitan las empresas para invertir e innovar como los créditos al consumo, imprescindibles para dinamizar determinados mercados. 

En definitiva, con la subida de los tipos, una tercera losa cae sobre los engranajes de la economía. Por ello no es de extrañar que en agosto desaparecieran en el Estado español unas 20.000 pymes y que hasta 90.000 se encuentren en quiebra técnica, como indica el último barómetro del Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos de España. Y las previsiones para los próximos meses no son optimistas, ya que unas 700.000 tienen problemas de liquidez.

 

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La elevada inflación ha obligado al Banco Central Europeo a incrementar los tipos de interés por encima de lo previsto. Y se dan por seguras más subidas para los próximos meses. La cuestión es cuánto aumentarán y en qué medida afectará a la marcha económica de la eurozona.

 

Hoy entran en vigor los nuevos tipos de interés aprobados la semana pasada por el Banco Central Europeo. Aunque la previsión era que el incremento fuera de un 0,25 %, la entidad que preside Christine Lagarde sorprendió a los mercados con una subida del 0,50 %. Se trata del primer aumento en 11 años y el mayor desde el año 2000.

La decisión del Consejo de Gobierno del BCE afecta a los tres tipos de interés clave, con lo que el de las operaciones principales de financiación se sitúa en el 0,50 %, el de la facilidad marginal de crédito pasa a ser del 0,75 % y el de la facilidad de depósito abandona el interés negativo para quedar en el 0,00 %.

Con esta decisión, el BCE se suma a la mayoría de bancos centrales del mundo, que en los últimos meses ya han dado el paso de incrementar sus tasas de interés para combatir la escalada de precios. Los pésimos datos sobre la inflación, que en junio alcanzó el 8,6 % en la eurozona, han empujado al BCE a realizar una subida mayor de la prevista. También la fuerte subida de los tipos de interés en países como Estados Unidos, que ha aumentado los tipos tres veces desde mayo, y la debilidad del euro han influido en la decisión.

 

¿Cómo evolucionarán los tipos de interés?

Todo indica que los tipos de interés seguirán subiendo en los próximos meses, aunque el porcentaje se irá decidiendo “reunión a reunión”, según el regulador bancario europeo. El objetivo es recuperar tasas del “2 % de inflación a medio plazo”.

Los analistas especulan que la horquilla de los tipos de interés podría situarse el año que viene entre el 1 % y el 3 %. Como referencia, el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, estimaba recientemente que podría ser de entre el 1% y el 2%.

En cualquier caso, el BCE parece decidido a priorizar la contención de la inflación, aunque la subida de intereses acabe generando una recesión en algunos países de la zona euro. De hecho, ya hay quien considera que provocar una recesión es la única fórmula realista para devolver la inflación a niveles razonables.

Se debe tener en cuenta que la subida de tipos encarecerá tanto los préstamos tanto de particulares (hipotecas incluidas) como de empresas. Por tanto, debería reducir el consumo privado y las inversiones corporativas, lo cual enfriará la economía.

De momento, todo indica que la próxima subida de tipos se producirá en septiembre, cuando se vuelva a reunir el Consejo de Gobierno del BCE. Más allá de esa fecha, Lagarde solo indicaba que, “si vemos que la inflación se estabiliza en un 2% a medio plazo, será apropiada una mayor normalización progresiva de los tipos de interés hacia una tasa neutral”. 

 

Primas de riesgo bajo vigilancia

Las primeras damnificadas por la subida de los tipos de interés son las primas de riesgo de la deuda de los países de la eurozona con una situación más vulnerable: Grecia, Italia, España y Portugal. Ante la posibilidad de una recesión económica provocada por el aumento de tipos, los inversores son cada vez más reacios a adquirir deuda de los países con una economía más frágil.

Por eso, el BCE ha acompañado el anuncio de la subida de tipos con el de la creación del TPI [siglas en inglés del Instrumento para la Protección de la Transmisión de la política monetaria], un mecanismo para evitar que se disparen las primas de riesgo de los países periféricos y se produzca una fragmentación financiera de la zona euro. No se puede olvidar la situación de inestabilidad que vive Italia, por ejemplo, con la dimisión días atrás de Mario Draghi como primer ministro y la convocatoria de elecciones.

En su comunicado, el BCE indica que este TPI “será un complemento del conjunto de instrumentos del consejo de gobierno, y puede activarse para contrarrestar una dinámica de mercado desordenada e injustificada que suponga una grave amenaza para la transmisión de la política monetaria en toda la zona del euro. Y añade que la magnitud de las compras del TPI dependerá “de la gravedad de los riesgos que afectan a la transmisión de la política monetaria”. En cualquier caso, el BCE pretende que esta herramienta sea el último recurso, ya que la primera línea de defensa será la reinversión “flexible” de los bonos soberanos que ahora tiene en cartera. 

Además, esta intervención no estará exenta de condiciones, ya que los países “rescatados” deberán cumplir los compromisos y reformas que fija el Fondo de Recuperación y las diferentes recomendaciones de la UE.

 

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A lo largo de la humanidad, se han derrumbado imperios, muchos sistemas económicos han quebrado y se han producido decenas de colapsos de divisas. Sin embargo, el oro siempre ha sido el valor refugio en el que escudarse para proteger patrimonios y riquezas. En 11Onze hacemos un repaso de la historia del valor del oro.

 

Esta historia de las riquezas y del oro comienza hace cerca del año 3000 a. Los egipcios antiguos fueron los primeros en crear joyas con este metal precioso. Sin embargo, no fue hasta el siglo VI a. cuando el oro empezó a utilizarse como moneda de cambio. Fue de la mano de los comerciantes, que buscaban un modelo que les permitiera estandarizar sus transacciones.

Este modelo que utilizaba el oro se hizo hegemónico en el mundo conocido, tanto en Europa como en África, Asia o América. El oro se convirtió en un verdadero símbolo de riqueza y patrimonio. Y, poco a poco, se buscaron formas de refinar ese sistema. La primera vez que se estandarizó el valor de una moneda que todavía continúa en circulación por representar al gobierno de un país fue en Gran Bretaña cerca de 1066. Así se dio nombre a la libra esterlina.

Y fue precisamente sobre la libra esterlina que se estableció por primera vez el patrón oro. Pero no fue hasta muchos siglos más tarde, según los historiadores. Así, en 1717 se establece el primer estándar basado en el oro, y lo hace de la mano, nada menos, que de Isaac Newton. Es el científico quien, en un ensayo sobre el sistema monetario, establece una proporción de oro a plata que define una relación entre las monedas de oro y el penique de plata que debería ser la unidad de cuenta estándar en la Ley de la Reina Ana de Gran Bretaña.

Sin embargo, un verdadero patrón oro pide que haya una fuente de billetes y monedas de curso legal, y que esta fuente esté sostenida por la convertibilidad en el oro. Y esto no sucedió en Inglaterra hasta que David Hume desarrolla el sistema de patrón oro en 1752. A partir de entonces, este patrón oro fue extendiéndose al resto de países y será el sistema monetario característico del siglo XIX.

De esta forma, en el patrón oro se establece que la moneda de un país es totalmente convertible en gramos de oro, es decir, se estandariza qué proporción de oro hay en cada una de las monedas troqueladas en circulación. De hecho, los bancos centrales tenían la obligación de cambiar divisas en oro si un ciudadano lo pedía. Y, además, existía la libre circulación de capital, es decir, que los individuos podían exportar e importar capitales en oro, representados a menudo en papel moneda más que en metálico.

Aunque el dólar ya era una moneda española en circulación en las Américas, no fue hasta 20 años después de su fundación, en 1792, que Estados Unidos también adoptó el patrón oro para acuñar al dólar americano y, al hacerlo, fue ganando protagonismo en el mundo monetario. Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial y del crack de 1929 y la Gran Depresión, muchos países decidieron abandonar el patrón oro para poder devaluar sus monedas y recuperar una economía que iba de mal borrar.

 

El fin del patrón oro

La conferencia de Bretton Woods de 1944 marcó el camino: se acordó que se vincularían a todas las divisas al dólar, con la condición de mantener el dólar a un tipo de cambio fijo con el precio del oro. Sin embargo, el modelo duró unos escasos 30 años, hasta 1971, cuando el presidente Richard Nixon puso fin al patrón oro para poder reflotar la economía americana durante la guerra de Vietnam, al igual que lo habían hecho antes otros gobiernos por el crack de 1929.

A partir de ese momento, el dólar y el resto de divisas que hay en el mundo, incluidas las criptomonedas como el bitcoin, son lo que se llama monedas ‘fiat’, es decir, que dependen completamente de la confianza que les damos, como ha explicado en La Plaça el responsable de producto de 11Onze, Jordi Sánchez. Por tanto, no están avaladas por metales preciosos y esto hace que sean más inestables.

De hecho, el fin del patrón oro es, para muchos expertos, el inicio de la perversión de todo el sistema monetario, que imprime billetes cuando le conviene, y que hace que, actualmente, el valor del dólar esté sobredimensionado y ocasione turbulencias en la economía que pueden desencadenar una crisis global de deuda. Por eso el oro vuelve a ser el valor seguro que da protección a los inversores.

 

Protegerse y evitar las burbujas de oro

El oro nunca ha dejado de tener importancia en la economía mundial. Sin ir más lejos, los balances de los bancos centrales europeos, como el Banco Central Europeo (BCE), la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra, y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) deben mantener aproximadamente la quinta parte de las reservas mundiales del metal precioso. Así se evitan burbujas del oro y se controla su cotización.

Además, en contextos convulsos como el que vivimos, los gobiernos protegen las reservas del país comprando oro, como están haciendo China e India actualmente, tal y como desgranaba el ex secretario general de Cecot, David Garrofé, en uno de los últimos episodios del podcast “Ens Interessa”. Precisamente para que la ciudadanía corriente también tenga la oportunidad de proteger su patrimonio de la inflación rampante, 11Onze ha lanzado Preciosos 11Onze.

 

El material que florece de la tierra

Hay que tener presente que el oro es un material precioso limitado, por lo que es difícil que pierda su valor, y se encuentra en la naturaleza en estado puro, en trocitos alargados o en partículas pequeñas. A finales de 2006, se estimaba que el oro que se había minado a lo largo de la historia equivalía a 158.000 toneladas, lo que representa solamente un cubo de 20 metros de lado.

El oro como elemento, aparte de su color amarillo metálico inigualable, destaca entre el resto de metales por ser el más maleable y dúctil que se conoce. Los científicos valoran su densidad y su alto punto de fusión. También la alta afinidad electrónica, que le hace un buen conductor del calor y la electricidad. Además, no le afecta el aire ni la mayoría de agentes químicos. En economía, el oro es también así confiable.

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Un estudio demuestra que los beneficios de la biodiversidad equivale al doble del PIB mundial. 

 

Ningún país ha conseguido los objetivos marcados en términos de diversidad fijados en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, con fecha límite de 2020. Ahora, nos enfrentamos a un déficit de financiación de más de 700 mil millones de dólares hasta el año 2030, ha advertido el secretario general de la ONU. 

Por eso, 2021 debía de ser el año para la reconciliación entre la humanidad y la naturaleza. Hasta ahora hemos estado destruyendo nuestro planeta, hemos abusado de él como si tuviésemos uno de repuesto, nuestro consumo de recursos actuales requiere casi dos planetas, pero solo tenemos uno. Si comparamos la historia de la tierra con un año natural, hemos usado un tercio de esos recursos naturales en los últimos 0.2 segundos.  

Acciones como la contaminación del aire, la tierra y el agua han provocado un contraataque por parte de la naturaleza que se evidencia en temperaturas récord, el colapso de la diversidad, la propagación de los desiertos y en los numerosos y cada vez más peligrosos fenómenos extremos como incendios, inundaciones y huracanes.

Un planeta para la biodiversidad 

La biodiversidad o diversidad biológica es, según el Convenio Internacional sobre la
Diversidad Biológica
, el término por el que se hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y lo que sucede con los patrones naturales que la conforman. Son el resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales y también de la influencia creciente de las actividades del ser humano. La biodiversidad comprende igualmente la variedad de ecosistemas y las diferencias genéticas dentro de cada especie que permiten la combinación de múltiples formas de vida y cuyas mutuas interacciones con el resto del entorno fundamentan el sustento de la vida sobre el mundo.

La biodiversidad es una base esencial de nuestro bienestar económico. Si bien la actividad empresarial es actualmente una de las principales causas de las presiones sobre la biodiversidad, como el uso de la tierra, la sobreexplotación o la contaminación, las empresas de todos los sectores también pueden ser las principales promotoras de la conservación de la biodiversidad. Ahora es necesario que todas las partes interesadas colaboren para integrar el valor de la biodiversidad en nuestra toma de decisiones y desarrollar soluciones que armonicen la naturaleza y el crecimiento económico.

Biodiversidad en la empresa 

Muchas empresas no están dispuestas a que el crecimiento de la compañía sea a costa de las personas y del planeta. Por esta razón, se están cambiando la forma en que se hacen los negocios. Por ello, se han creado planes internos, para ayudar a crear un mundo en el que todos podamos vivir bien dentro de los límites naturales del planeta. Mediante el uso de recursos para abordar problemas como la salud y la higiene, la igualdad de género, el cambio climático y los desechos de envases plásticos, se están generando beneficios a largo plazo y a corto plazo para la sociedad. 

Hay compañías que empezaron en 2010 a tener conciencia sostenible y el impacto que han hecho todos estos cambios es muy significativo: se han disminuido costes y también riesgos, y por supuesto uno de los valores más importantes es generar la confianza con el consumidor. 

Danone, por ejemplo, actúa contra el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de agua. Así, está reduciendo su huella de carbono con la finalidad de lograr ser cero emisiones en 2050. Más allá de sus centros productivos, trabaja estos objetivos en áreas en las que comparte responsabilidad, especialmente en la agricultura; a la vez que impulsa la agricultura regenerativa, buscando la protección del suelo, el agua y la biodiversidad, promoviendo el bienestar animal y empoderando a una nueva generación de agricultores.

También tiene políticas y herramientas propias que tienen como objetivo el fomento de la biodiversidad:

  • Ejemplo de ello es su política forestal, en la que hace una declaración de intenciones para eliminar la deforestación de su cadena de suministro y contribuir a la reforestación.
  • O el fondo dedicado a impulsar sus ecosistemas locales, el Fondo Danone Ecosystem, que apoya a proyectos de la compañía que tengan, además, una finalidad social. Este es el caso de Renueva, un sistema de gestión y revalorización de residuos de Danone Aguas que, junto con otros colaboradores, trabajan para el reciclaje de los envases de consumo fuera del hogar, y cuentan con una planta en Barcelona Montcada i Reixac.

17 objetivos para transformar el mundo

Naciones Unidas ha creado 17 objetivos para transformar nuestro mundo. Los objetivos de desarrollo sostenible son el plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos. Se interrelacionan entre sí e incorporan los desafíos globales a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, la paz y la justicia. 

Para no dejar a nadie atrás, es importante que logremos cumplir con cada uno de estos objetivos para 2030:

  1. Fin de la pobreza,
  2.  Hambre cero, 
  3. Salud y bienestar,  
  4.  Educación de calidad, 
  5. Igualdad de género, 
  6. Agua limpia y saneamiento, 
  7. Energía asequible y no contaminante, 
  8. Trabajo decente y crecimiento económico, 
  9. Industria, innovación e infraestructuras, 
  10. Reducción de las desigualdades, 
  11. Ciudades y comunidades sostenibles, 
  12. Producción y consumo responsables, 
  13. Acción por el clima, 
  14. Vida submarina, 
  15. Vida de ecosistemas terrestres, 
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas, 
  17. Alianzas para lograr los objetivos.

Y este es nuestro objetivo diario y el de las empresas. Probablemente, habrá muchas compañías que lo pondrán en práctica de forma anónima, en otras aparecerá en su página web los planes de desarrollo y todos estos cambios que han hecho y que están realizando. Algunos ejemplos son: Cepsa, Decathlon, Ferrovial, San Miguel Mahou, Iberdrola, Unilever, Danone, entre otras. 

La biodiversidad forma parte del progreso

Tenemos que conseguir desmitificar que la biodiversidad es sinónimo de agrandar los gastos, si no todo lo contrario, y que junto con la economía van cogidos de la mano. Gracias a estos gestos y a estos cambios, no solo vamos a conseguir disminuir los costes, sino que también tendremos una vida más sana, duradera y mejor para las próximas generaciones. 

Un documental para no perderse es “David Attenborough: Una vida en nuestro planeta”, en que el prestigioso naturalista reflexiona tanto sobre los momentos decisivos de su vida como sobre los cambios devastadores que ha presenciado. La película está disponible en la plataforma Netflix y aborda algunos de los retos de la vida en nuestro planeta. Constata todo el terreno que ha perdido la naturaleza global en menos de un siglo, atestigua el cambio que ha visto en la naturaleza en sus más de 50 años de trabajo y constata que el mundo es una maravilla única y espectacular. Además, Attenborough lanza un mensaje de esperanza a las generaciones futuras cuando revela las soluciones para salvar a nuestro planeta del desastre.

Podemos empezar por las famosas 7 R’s: Reciclar, Reutilizar, Reducir, Rediseñar, Reparar, Renovar y Recuperar. Entre todos, podemos conseguirlo, ¿Quieres formar parte de este cambio? 


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Los 28 catalanes entre las 100 fortunas más grandes de España aumentan el valor de su patrimonio en un 4,2%, hasta los 27.200 millones de euros, manteniendo a Cataluña como el segundo territorio del Estado con más fortunas en la lista de Forbes.

 

El ranking anual de los 100 españoles más ricos que elabora la edición española de la revista Forbes publicado este martes muestra que el número de catalanes que aparecen a la lista ha disminuido respecto a la edición del año pasado, pero los que los incluidos han aumentado su fortuna.

Según el ranking Forbes, Cataluña cuenta con 28 millonarios entre los 100 más ricos de España que han visto aumentada su fortuna en un 4,2%, acumulando un patrimonio de hasta 27.200 millones de euros. El Principado se mantiene como el segundo territorio de España que más grandes fortunas acumula, por detrás de Madrid.

Isak Andic, fundador de Mango, y Sol Daurella, presidenta de Coca Cola Europacific Partners, mantienen su posición como las dos personas más ricas de Cataluña con unos patrimonios de 4.500 millones de euros (+1800 M€) y 3.000 millones (+1000 M€) respectivamente. En tercera posición los sigue José María Serra Farré, accionista mayoritario del Grupo Catalana Occidente, con 1.700 millones de euros (+200 M€).

El cuarto catalán más rico del 2024 es el empresario Simó Barceló, propietario de la cadena hoteles Barceló, con una fortuna de 1.600 millones de euros. También hay que destacar la entrada en la posición 90 del ranking global de Joan Font Fabregó, fundador y presidente de la cadena de supermercados Bonpreu, que acumula 400 millones de euros, así como la salida de la familia Grífols, habitual durante años a la lista de Forbes.

 

El fundador de Inditex continúa siendo el hombre más rico del Estado

En cuanto al conjunto de España, la suma de las 100 fortunas españolas asciende a los 250.400 millones de euros, un incremento del 27,7% respecto al pasado año. Amancio Ortega, fundador de Inditex, repite como el empresario más rico del Estado con un patrimonio de 120.200 millones de euros (+38.000 M€) y ya hace una década que encabeza la lista española.

En segundo lugar, encontramos a su hija, Sandra Ortega, con un patrimonio que ha crecido hasta los 10.400 millones de euros (+3.300 M€). A continuación hay del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, que completa el podio con una fortuna valorada en 7.100 millones de euros (+1.200 M€).

Les sigue el presidente de Mercadona, Juan Roig, que asciende a la cuarta posición con una riqueza de 5.800 millones de euros (+1.900 M€). Roig posee aproximadamente un 51% de participación de esta empresa que no cotiza a bolsa, y su mujer, Hortensia Herrero, es propietaria del 28%, sumando entre los dos casi el 80% (descontando la autocartera).

El ascenso más importante dentro de la lista de Forbes lo ha protagonizado Vicente Boluda, presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios, que ha saltado de la posición 35 a la 95 desde la edición del año pasado con un patrimonio de 1.200 millones de euros. Finalmente, en cuanto a las nuevas entradas al listado destaca Jesús Núñez de Gesbolsa Inversiones que se coloca en el vigésimo tercero lugar con una fortuna de 1.500 millones de euros.

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La crisis de la vivienda en España no solo ha creado una coyuntura de desigualdad y precariedad que golpea especialmente las clases medias y bajas, sino que también puede castrar la recuperación económica del país, convirtiéndose en un lastre para el crecimiento del PIB.

 

El coste de la vivienda, tanto en régimen de propiedad como de alquiler, sigue por las nubes. Según datos del Banco de España, durante el 2023, los hogares españoles destinaron de media un 39,2% de su renta para hacer frente al coste de la vivienda, un 15% más que el 2022, y necesitan 7 años y medio de salario bruto para adquirir una vivienda, el esfuerzo más grande que se registra desde finales de 2011.

El Colegio de Registradores constata que el precio de la vivienda se ha encarecido un 2,9% en el segundo trimestre del año en relación con el primero, acelerando su ritmo de subida, que se había incrementado un 0,8% entre enero y marzo. El precio medio ya ha superado los 2.000 euros por metro cuadrado, situándose en los 2.057 euros, frente a los 1.998 del trimestre anterior.

En cuanto a la capacidad de emanciparse por parte de los jóvenes de entre 16 y 29 años, España sigue a la cola de las economías avanzadas. Solo el 16,3% de los jóvenes españoles están emancipados, lejos del 31,9% de media de la Unión Europea, y estos, tienen que destinar el 92,1% de su salario a la vivienda, tal como se desprende del último informe sobre el Balance General del Observatorio de Emancipación Juvenil que hace un seguimiento periódico de las opciones de acceso al mercado laboral y al mercado de la vivienda de las personas jóvenes.

 

El punto débil de la recuperación económica

La crisis de la vivienda no solo afecta al individuo, sino que también tiene repercusiones socioeconómicas en el ámbito colectivo. El incremento de los precios recorta la renta disponible de las familias, contribuyendo a la expulsión de las clases medias y bajas de los centros urbanos hacia las periferias, a la vez que disminuye el consumo agregado de la economía y limita el crecimiento.

Lo advirtió hace unas semanas el Consejo Económico y Social (CES) en su Memoria sobre la situación económica y laboral de España: “La extrema escasez de vivienda de alquiler social y asequible existente en España, además de ser un problema social de primera magnitud que limita la emancipación de los jóvenes, la creación de hogares y el aumento de la natalidad, puede convertirse en un cuello de botella estrangulador del crecimiento.”

El gobierno del presidente Sánchez reconoce el problema y lo quiere convertir en un tema destacado de su legislatura, “en un contexto de crecimiento económico tan dinámico y equilibrado tenemos que evitar que la vivienda se convierta en un cuello de botella”, dijo a principios de agosto. Mientras que su homólogo en Cataluña, Salvador Isla, se ha comprometido a hacer adelantos en esta materia a cambio de ser investido.

La gran preocupación de algunos economistas es que la escasez de oferta, agraviada por el déficit de mano de obra y el incremento de demanda prevista para los próximos años, todavía empeorará más el problema, convirtiéndose en un lastre para el crecimiento económico.

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La crisis entre Israel e Irán ha vuelto a situar el estrecho de Ormuz en el centro de la actualidad. Pero, para entender por qué los mercados reaccionan con tanta preocupación ante cualquier amenaza en esta región, es necesario ir mucho más allá de los titulares y descubrir la historia de uno de los puntos más estratégicos del planeta.

 

Cuando estalla una crisis en Oriente Medio, hay un nombre que suele aparecer inmediatamente en los titulares económicos: el estrecho de Ormuz. Los analistas alertan sobre posibles interrupciones del tráfico marítimo, los precios del petróleo reaccionan y las grandes potencias siguen los acontecimientos con una atención casi obsesiva.

Para muchas personas, esta preocupación puede parecer exagerada. Al fin y al cabo, se trata simplemente de un paso marítimo situado entre Irán y Omán. Pero esta percepción cambia cuando se entiende una de las grandes lecciones de la geopolítica: la geografía sigue determinando buena parte de la economía mundial.

El estrecho de Ormuz es una estrecha vía de navegación que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Desde un punto de vista geográfico es relativamente pequeño, pero su ubicación lo ha convertido, durante siglos, en una pieza fundamental del comercio internacional. Mucho antes de que existiera el petróleo, estas aguas ya eran transitadas por mercaderes que transportaban especias, seda, metales preciosos y otros productos entre Oriente y Occidente. Persas, árabes, portugueses y británicos compitieron por su control porque entendían una realidad muy simple: quien domina las grandes rutas comerciales acumula riqueza e influencia.

Los portugueses fueron los primeros europeos en darse cuenta de su importancia estratégica cuando ocuparon la isla de Ormuz en el siglo XVI. Más tarde, el Imperio Británico convertiría el golfo Pérsico en una de sus principales zonas de influencia para proteger las comunicaciones con la India. Durante siglos, el valor de este corredor marítimo estuvo asociado al comercio. Pero todo cambiaría con la llegada del petróleo.

El descubrimiento de los grandes yacimientos de petróleo de Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Irak y los Emiratos Árabes Unidos transformó completamente la región durante el siglo XX. Aquel paso marítimo que había servido para transportar mercancías se convertía ahora en la principal puerta de salida de una de las materias primas más importantes del mundo. Desde entonces, el estrecho de Ormuz ha pasado a ser una de las arterias energéticas más importantes del planeta.

Actualmente, cerca de una quinta parte del petróleo consumido en el mundo atraviesa estas aguas. También circula por ellas una parte significativa del comercio mundial de gas natural licuado. Países como China, India, Japón o Corea del Sur dependen enormemente de la seguridad de esta ruta marítima para alimentar sus economías. Esto explica por qué cualquier incidente genera inquietud. Si el flujo de petróleo se viera alterado de manera significativa, los efectos se notarían rápidamente en los mercados energéticos. El precio del petróleo aumentaría, el transporte se encarecería y la inflación podría volver a presionar a las economías de todo el mundo. Sin embargo, la importancia de Ormuz va todavía más allá de la energía: cuando el petróleo se convirtió en poder monetario.

 

El final del vínculo con el oro

En 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar en oro, cerrando definitivamente la etapa iniciada con los Acuerdos de Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese momento, Estados Unidos necesitaba reforzar la confianza internacional en su moneda. La respuesta llegaría pocos años después con los acuerdos establecidos con Arabia Saudí y otros productores de petróleo.

El mecanismo era sencillo pero extraordinariamente efectivo: el petróleo se comercializaría principalmente en dólares. Esto significaba que cualquier país que quisiera comprar energía necesitaba disponer previamente de moneda estadounidense.

De este modo nacía el sistema conocido como petrodólar. El control de las grandes rutas energéticas quedaba estrechamente vinculado a la hegemonía financiera de Estados Unidos.A medida que el petróleo se convertía en el motor de la economía mundial, la seguridad del golfo Pérsico se transformaba en una cuestión estratégica para Washington. Esta realidad quedó formalmente plasmada en enero de 1980, cuando el presidente Jimmy Carter pronunció el discurso que daría origen a la conocida Doctrina Carter.

En plena Guerra Fría, después de la Revolución Islámica de Irán y de la invasión soviética de Afganistán, Carter advirtió que cualquier intento de una potencia extranjera de controlar la región del golfo Pérsico sería considerado una amenaza directa para los intereses vitales de Estados Unidos y sería rechazado utilizando todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar. 

La Doctrina Carter convertía la protección del golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz en un objetivo permanente de la política exterior estadounidense, evidenciando hasta qué punto el control de los flujos energéticos era considerado esencial para preservar el orden económico internacional liderado por Estados Unidos. Durante décadas, esta arquitectura energética y financiera contribuyó a consolidar la posición dominante del dólar y a reforzar la influencia global estadounidense.

 

El proceso de desdolarización actual

La crisis actual entre Israel e Irán llega en un momento especialmente delicado. El mundo está experimentando profundas transformaciones geopolíticas. China gana peso económico, Rusia intenta reducir su dependencia del sistema financiero occidental y los BRICS exploran alternativas para incrementar el uso de sus propias monedas en el comercio internacional.

Irán participa activamente en esta tendencia. De hecho, su incorporación a los BRICS  simboliza la voluntad de construir un orden económico menos dependiente del dólar. Por ello, cuando los inversores observan las tensiones en el estrecho de Ormuz, no solo ven una posible alteración del suministro energético. También ven uno de los escenarios donde se manifiesta la competencia entre diferentes visiones del orden mundial.

Esto no significa que el dólar esté a punto de perder su papel dominante. Sigue siendo, con diferencia, la principal moneda internacional. Pero sí indica que la desdolarización se ha convertido en una de las grandes tendencias geopolíticas del siglo XXI.

El estrecho de Ormuz nos recuerda una realidad a menudo olvidada: detrás de los grandes movimientos de la economía mundial existen factores geográficos, energéticos y políticos que siguen condicionando nuestra vida cotidiana. Cuando hablamos de petróleo, inflación o tipos de interés, también estamos hablando de geopolítica. Por eso es tan importante entender qué ocurre en puntos estratégicos como Ormuz. Porque el mundo es cada vez más global, pero las consecuencias de sus crisis siguen llegando hasta nuestro bolsillo.

 

Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad y, ahora, se amplía el abanico de productos. Por eso, ante la volatilidad, la todavía alta inflación y la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Or Semilla en Preciosos 11Onze.

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El sector vinícola de Cataluña factura más de 3.200 millones de euros y da trabajo a casi 10.500 personas. El volumen de negocio de esta cadena de valor se ha duplicado desde el año 2016, erigiéndose en un referente global en cuanto a calidad vitivinícola, cultivo, elaboración y distribución.

 

Cataluña cuenta con una rica tradición vitivinícola que se refleja en sus doce denominaciones de origen (DO): Alella, Cataluña, Cava, Conca de Barberà, Costers del Segre, Empordà, Montsant, Penedès, Plan de Bages, Priorat, Tarragona y Terra Alta. Estos territorios son reconocidos tanto en el ámbito nacional como internacional por la producción de vinos de calidad y forman parte de un ecosistema vinícola que sigue creciendo en todas sus especialidades.

Esto es el que se desprende del último estudio sobre la cadena de valor vitivinícola en Cataluña, elaborado por el Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat a través de ACCIÓ, la Agencia para la Competitividad de la Empresa, que analiza el estado de salud del sector de los vinos y cavas de Cataluña.

Según este informe, el volumen de negocio de este sector se ha duplicado desde el año 2016, cuando se analizó este ámbito por última vez, con un 62% más de empresas que facturan 3.267 millones de euros anuales (un incremento del 104%), equivalente al 1,2% del PIB, y que dan trabajo a 10.460 personas.

Se trata de un tejido empresarial plenamente consolidado, donde la mayoría de las empresas, el 81,2%, tienen más de 10 años de vida. El documento también apunta que el 95,7% de las empresas catalanas de este sector son pymes con menos de 50 M€ de facturación. El Alt Penedès, Priorat, Barcelonès, Vallès Occidental y Baix Llobregat son las comarcas que concentran más empresas relacionadas con la cadena de valor vitivinícola, destacando la zona de Barcelona, con el 55,6% del total.

Cataluña, un referente exportador

El informe apunta que casi la mitad (49,5%) de las empresas del sector vitivinícola son exportadoras y más de un tercio (35,4%) son exportadoras regulares, haciendo de Cataluña la región con más exportadores regulares de productos vitivinícolas. Solo el año pasado, las exportaciones de vinos y cavas desde el Principado sumaron 615 millones de euros, cinco veces más que el volumen de importación de estos productos.

A lo largo de los últimos 10 años, las empresas catalanas han concentrado el 21,1% del total de ventas de vino y cava del Estado español al exterior, consolidándose como territorio líder tanto en número de empresas que hacen negocio internacional como por volumen de negocio generado. Así mismo, es la región líder en exportadores regulares de productos vitivinícolas, equivaliendo al 30,6% del total de España.

El documento también destaca que el sector vitivinícola catalán es un referente global en cuanto a calidad vitivinícola, cultivo, elaboración y distribución. En este sentido, recalca la importancia de la distinción de Vi de Finca Qualificada (VFQ), que es el máximo reconocimiento que puede recibir un vino catalán por parte del Gobierno de la Generalitat y una herramienta de gran utilidad para mejorar el posicionamiento de estos productores en mercados clave de todo el mundo.

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Cuando se habla de ciclo económico se hace referencia a las fluctuaciones de la actividad económica que se suceden a lo largo de un determinado periodo de tiempo y que responden a cuatro etapas: recuperación, auge, contracción y depresión. Te explicamos las diferentes fases y sus características.

 

A pesar de que históricamente las economías de mercado siguen una tendencia creciente, no acostumbran a hacerlo de una manera estable, sino que se producen altibajos. Estas variaciones son cíclicas, es decir, siguen unas fases de expansión, contracción, expansión, contracción… y así sucesivamente. Por lo tanto, las fluctuaciones de la actividad económica que se repiten a lo largo del tiempo son inherentes a las economías capitalistas y se conocen como ciclo económico.

El ciclo económico se puede dividir en cuatro fases que describen las oscilaciones de la actividad económica y determinan la evolución del PIB. Estas cuatro etapas a menudo tienen una intensidad y duración variables en cada ciclo, pero siguen siempre un mismo patrón.

  1. Recuperación o expansión. Es la fase ascendente del ciclo, después de que la economía ha tocado fondo. Se caracteriza por el optimismo del mercado y de los consumidores que aumentan las inversiones y el gasto. De este modo se produce un incremento en la producción, el comercio y la ocupación. Es decir, todas las variables económicas tienen un movimiento ascendente.
  2. Auge o pico. La economía llega a su punto máximo de crecimiento. Esto se refleja en una baja tasa de desocupación y una elevada producción. Aun así, la actividad económica empieza a mostrar señales de agotamiento o se produce un sobrecalentamiento de la economía a consecuencia de la falta de mano de obra o escasez de materias primas, lo cual puede hacer aumentar los costes. Este es el punto de transición entre la expansión y la recesión.
  3. Contracción o recesión. Se trata de la fase descendente del ciclo. Esta fase se caracteriza por una reducción generalizada de la actividad económica: se contrae el PIB, cae la producción y aumenta el paro. Las empresas recortan las inversiones y los consumidores reducen el gasto a causa de la incertidumbre sobre el futuro económico.
  4. Depresión. La economía llega a su punto más bajo del ciclo. Es la fase de mayor escasez de recursos, en la cual la actividad económica está bajo mínimos y empeora la calidad de vida de la población, registrándose una alta tasa de desocupación. Durante esta fase los precios bajan o se mantienen estables.

 

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