¿Por qué España tiene los sueldos tan bajos?

A pesar de tener el sueldo medio más alto de la historia, el salario medio español es casi 450 euros más bajo que la media de la Unión Europea, y continúa teniendo una de las tasas más altas de precariedad laboral de Europa.

 

La inflación se ha comido los incrementos salariales y ha reducido el poder adquisitivo de los ciudadanos hasta un punto no visto desde hace trece años. Este fregado económico no es exclusivo del Estado español, pero se ve exacerbado por el bajo nivel salarial de España, un mal endémico que se arrastra de hace décadas.

Todo y que la última subida sin precedentes del SMI ha reducido la brecha, tanto el salario medio bruto (1.126 euros) como el salario mínimo interprofesional español (1.751 euros) son de los más bajos de la Unión Europea, un 20,2% menos que sus socios europeos.

Dentro del bloque occidental, con una media de salarios por encima de los 2.500 euros mensuales, España está a la cola, seguida de Portugal (1.106 euros) y Grecia (1.034 euros). Se observan amplias diferencias con países como Francia (2.446 euros), Bélgica (2.830 euros), Holanda (2.883 euros), Alemania (3.303 euros). El Estado español solo sale bien parado cuando lo comparamos con los países menos desarrollados del Este de Europa.

 

Salario mínimo UE

Salario medio UE

Baja productividad y elevada desocupación

La precariedad laboral de una gran parte de la población frente al mundo empresarial es un mal endémico histórico en España. La inseguridad creada por el miedo a la desocupación hace que los trabajadores acepten sueldos bajos y condiciones de trabajo que serían impensables en otros países desarrollados.

Cuando después de la pandemia sanitaria los medios de información hablaban de “La Gran Renuncia”, en referencia al hecho que en muchos países occidentales una gran cantidad de trabajadores se replanteaban sus prioridades, renunciando a sus trabajos de siempre para conseguir otros mejores, desde aquí, con más de tres millones de parados y sueldos equivalentes a una China de la Europa occidental, lo mirábamos cómo si hablaran de otro planeta.

La elevada cantidad de trabajadores a tiempo parcial y con contratos temporales de jornada completa hace que muchos empleados no reciban una formación como es debido, ni mantengan una carrera profesional, lo cual afecta negativamente la productividad. Un hecho que se agravia a causa del gran peso que tiene para la economía española el sector de los servicios, de poco valor añadido, con bajos salarios, y propensa a la externalización de la actividad laboral. La composición de nuestro tejido productivo ha sufrido un gradual deterioro de sectores que históricamente contaban con mejores remuneraciones.

Y esto se le añade otra tendencia prevalente en Cataluña y en el Estado, pero que no se observa en el bloque europeo desarrollado, la enorme brecha salarial entre los trabajadores más jóvenes y los más veteranos. Los bajos salarios percibidos por los empleados más jóvenes, que tendrán que sustentar la economía el día de mañana, hacen peligrar el sostén económico del país y un sistema de pensiones solidario.

 

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Con más de 4.000 entidades, la banca comunitaria mantiene un peso específico en la financiación del tejido productivo de Estados Unidos y sigue siendo un ejemplo de buenas prácticas. Su arraigo en las comunidades locales donde opera le sigue otorgando una ventaja competitiva fundamental respecto a la gran banca.

 

Se estima que en Estados Unidos la banca comunitaria es la responsable del 60 % de los préstamos a pequeñas empresas, más del 80 % de los préstamos agrícolas y el 43% de los concedidos por Internet. 

Estoas bancos suelen concentrar su actividad en una pequeña zona geográfica y, a diferencia de las grandes entidades financieras, siguen centrando su actividad en las funciones básicas de la banca: la captación de depósitos y la concesión de hipotecas, préstamos y líneas de crédito a empresas. 

Al ser más pequeños, los bancos comunitarios no pueden ofrecer la gama de productos o las redes de sucursales de la gran banca. Por contra, gracias a su profundo conocimiento de la comunidad local, son capaces de conceder préstamos a empresas y particulares que en ocasiones no cumplen los criterios de calificación impersonales de los grandes bancos. Además, los bancos comunitarios también tienden a ofrecer mejores tipos de interés por los depósitos que los grandes bancos, como muestra un estudio de DepositAccounts. 

 

Una banca cercana y ágil

Está claro que la estrecha relación de los empleados de los bancos comunitarios con los clientes supone una ventaja competitiva para estas entidades. El propio Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, llegó a reconocer la ventaja que supone la cercanía de estas pequeñas entidades respecto a las comunidades a las que sirven, ya que “sus altos cargos corporativos viven en los mismos barrios que sus clientes”. Por ello, según el directivo del mayor banco de Estados Unidos, “son capaces de forjar relaciones profundas y duraderas” y aportar “un profundo conocimiento de la economía y la cultura locales”, lo cual les permite “ofrecer servicios bancarios especializados y de alto nivel”.

Otra ventaja de la banca comunitaria es la agilidad. Según la Independent Community Bankers of America, estas entidades suelen tomar decisiones de préstamo más rápidas que los grandes bancos regionales o nacionales. No es de extrañar si tenemos en cuenta que las decisiones en el caso de los primeros se toman localmente, mientras que las entidades más grandes a menudo deben convocar a comités de aprobación cuyos miembros se encuentran lejos y desconocen por completo a los solicitantes.

Estos factores redundan en una mayor satisfacción de los clientes de la banca comunitaria. Según una encuesta, el 76 % de las pequeñas empresas que recibieron algún préstamo por parte de estas entidades se declararon satisfechas con su experiencia general, mientras que este porcentaje baja al 62 % en el caso de los grandes bancos.

 

Muy arraigada en el territorio

El arraigo de los bancos comunitarios en su entorno hace que reinviertan gran parte de sus beneficios en la comunidad, contribuyendo al crecimiento de las pequeñas empresas y la creación de puestos de trabajo locales. En el fondo, son conscientes que solo prosperan cuando sus clientes y comunidades también lo hacen.

A diferencia de lo que sucede en las grandes entidades financieras, los directivos de los bancos comunitarios no tienen que regirse por los intereses de grandes accionistas que se encuentran a miles de kilómetros. Y esto supone una diferencia fundamental, ya que, como indica la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) estadounidense, permite a los bancos comunitarios “sopesar los intereses de los accionistas, los clientes, los empleados y la comunidad local de forma diferente a como lo haría una institución más grande con mayores vínculos con los mercados de capitales”.

 

¿Un declive forzado?

Los cambios normativos favorables a los grandes bancos y las fusiones han reducido considerablemente el número de bancos comunitarios en las últimas décadas. En 2021 había 4.490 bancos comunitarios asegurados por la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC), frente a los 7.442 de 2008 y los 14.323 de finales de 1988. 

A pesar de este retroceso, la banca comunitaria estadounidense sigue siendo un ejemplo de buenas prácticas en la financiación de la economía productiva. Como reconocía hace unos años Ben Bernanke, entonces presidente de la Reserva Federal estadounidense, “los bancos comunitarios desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la vitalidad y el crecimiento de sus economías locales”. 

No hay que olvidar que la capacidad demostrada por estas entidades para captar depósitos a corto plazo que permitan financiar inversiones a más largo plazo es fundamental en cualquier economía. Y, como apunta un artículo de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), los bancos comunitarios pueden seguir siendo “disruptores de los bancos de mayor tamaño, bien como aliados de empresas de fintech, bien a través de sus propias innovaciones”. 

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Las dos grandes potencias mundiales, China y Estados Unidos, saben que tendrán que afrontar una inminente crisis global de deuda, pero cada una ha decidido tomar caminos opuestos. Mientras que Pekín necesita continuar estimulando la economía de los países emergentes, Washington considera que hay que subir los tipos de interés para controlar la inflación. Detrás de estas dos estrategias divergentes, hay motivos geopolíticos de peso. En 11Onze hacemos una radiografía de ello.

 

Entre las bambalinas de la economía se esconden siempre motivos políticos que a menudo desconocemos. Si Xi Jinping y Joe Biden quieren que las condiciones económicas se estabilicen es, no solo para salvaguardar la economía de sus países respectivos, sino porque los dos tendrán que encarar en otoño de 2022 reválidas a su liderazgo político. Para conseguirlo, saben que se deben tomar decisiones importantes en cuanto a los tipos de interés. Aun así, cada uno afronta este reto desde perspectivas y estrategias muy diferentes.

Mientras que Estados Unidos (EE. UU.) —como también le pasa a Inglaterra y la Unión Europea— está preocupado por una economía presionada por el alta inflación y las limitaciones en los suministros, que ha disparado los precios y ha hecho caer en picado el poder adquisitivo de la ciudadanía; a China la inquieta que una subida de los tipos de interés perjudique la deuda soberana de las economías emergentes con quienes tiene tratos comerciales —y no son pocas, como veremos—, hecho que podría desencadenar una crisis mundial sin precedentes. ¿Cuál de las dos economías hegemónicas saldrá vencedora de este pulso?

 

Estados Unidos: controlar la inflación para aguantar el embate

Así es como, en una punta del planeta, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tendrá que afrontar en noviembre las elecciones para renovar el Congreso. Si esta contienda no favorece a los demócratas, perderá capacidad para gestionar la crisis inflacionista, en un contexto en que su popularidad no deja de caer. Por eso, Biden está convencido de que hay que contentar la opinión pública atacando el incremento desmesurado de los precios de los productos básicos de consumo por culpa de la inflación.

En este sentido, y haciendo caso a los movimientos clásicos de la economía, considera una estrategia imprescindible subir los tipos de interés. Y esta tarea, está claro, recae en la Reserva Federal de Estados Unidos. De hecho, los principales analistas económicos dan por seguro que la Reserva Federal quiere empezar a subir los tipos de interés en marzo.

Además, EE. UU. no está solo a la hora de abordar este incremento desmesurado de la inflación. La decisión está en sintonía con lo que quiere hacer el Banco de Inglaterra. Y, así mismo, está para ver qué decisión tomará finalmente el Banco Central Europeo, que ha decidido, de momento, dejar los tipos de interés al 0%. A pesar de ello, cada vez está más presionado para que los aumente al menos al 0,5% para demostrar que la eurozona también tiene suficiente determinación.

Pero los equilibrios de la economía son precarios: si se actúa para bajar la inflación en un momento en que la mayoría de países, sobre todo de los mercados emergentes, tienen una deuda soberana fuera de límite, esto puede provocar una crisis de deuda de dimensiones bíblicas. Tal y como hemos explicado en 11Onze, analistas como Bill Dudley en ‘Bloomberg’ alertan que, a medida que la Reserva Federal empiece a endurecer su política monetaria, “los costes de financiación aumentarán y habrá menos crédito disponible”. Esto es así porque los tipos de interés reducen el incentivo de los inversores a la hora de buscar el tipo de rentabilidad que ofrecen estos países emergentes.

Y todo ello tiene que suceder al mismo tiempo que se acaba la moratoria del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial pactada con los países del G-20 durante la pandemia. Dudley propone que el FMI deje el grifo abierto de las ayudas, para que los países emergentes puedan asumir su deuda soberana y no continúen subyugados a los prestamistas privados y a los grandes prestamistas como China.

China: los riesgos de colonizar el mercado emergente

En la otra punta del mundo, Xi Jinping necesita que la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo continúen su política monetaria blanda, que ha estimulado la economía mundial durante toda la pandemia. Y lo necesita, primero, porque quiere llegar a la Asamblea Popular Nacional de otoño por la puerta grande, puesto que es el acontecimiento político que tiene que refrendar su liderazgo para un tercer mandato de cinco años. Y, segundo, porque la economía colonizadora del gigante asiático se tambalea.

“Si las principales economías frenan su trayectoria o dan un giro de 180 grados a sus políticas monetarias, se producirán graves repercusiones negativas y supondrán un reto para la estabilidad económica y financiera mundial. Los países emergentes se llevarán la peor parte”, aseguraba el líder chino en la pasada conferencia de Davos.

De hecho, si el PIB de China ha mostrado síntomas de recuperación después de la pandemia, ha sido solo gracias a las exportaciones, que han aumentado un 30% durante todo el 2021. En cambio, las ventas mayoristas y minoristas dentro del mismo país no superan el 1,7% y el 3,9% respectivamente, en relación con el 2020, año en que se paró de golpe el crecimiento del líder asiático por los efectos de la Covid-19.

Así las cosas, a China le interesa mucho más seguir exportando sin problemas que controlar la inflación. Y tiene razones de peso para quererlo. Según un informe elaborado por la Universidad William & Mary, China ha colonizado literalmente el mercado emergente los últimos años. Como muestra la gráfica de arriba, cerca de 70 países en vías de desarrollo han contraído deudas con China que superan el 5% de su PIB.

Si una acción combinada de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra incrementa los tipos de interés, esto amenaza la solidez de estas economías emergentes, que se verán con serios problemas para devolver la deuda soberana, tal y como explica Dudley. En este contexto, quién saldrá perdiendo es principalmente China, que ha concedido muchas de estas deudas.

 

Una crisis en cadena de dimensiones desconocidas

Los expertos avisan que los primeros efectos de esta crisis de deuda en cadena arrastrarán a todo el sector inmobiliario chino, que ya ha dado buenas muestras de tensión los últimos meses con la quiebra del segundo gran grupo inmobiliario del país, Evergrande, por unas políticas financieras dudosas que han dado alas a la deuda soberana —y, ahora, la ponen en riesgo.

Según vaticina el Banco Mundial, “los riesgos y costes potenciales de un contagio por el fuerte descalabro de las grandes empresas, especialmente en el sector inmobiliario —con pasivos dentro y fuera de las fronteras que ascienden a casi el 30% del PIB y con fuertes vínculos con varias partes de la economía mundial—, superan con creces cualquier daño potencial derivado de la quiebra de una gran empresa industrial típica”. 

Sea como fuere, y siempre que se confirmen las decisiones de política monetaria del Occidente capitalista, vienen meses complicados, tanto para las economías emergentes como para el gigante asiático —y, por ende, para todo el planeta—. Si las predicciones más pesimistas se cumplen, tendremos que empezar a tomar medidas para afrontar esta crisis de deuda que ya parece inevitable.

 

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Ahora que llega el Black Friday y Navidad, más vale que nos preparemos para no caer en la llamada oniomanía.

 

¿Cuántas veces has salido de una tienda con un carro lleno de cosas que no necesitas? Según la Associació Centre Català per les Addiccions Socials (ACENCAS), las compras por impulso han aumentado un 20% durante la pandemia. Las compras por impulso son aquellas que se realizan de forma espontánea y son la antítesis de las compras rutinarias. El diseño de los supermercados y los grandes almacenes, las estrategias de marketing y la publicidad han sobresalido en el arte de ponernos trampas para que compremos, pero los expertos alertan que estas compras impulsivas pueden ocasionar problemas graves a la economía doméstica.

Cuando este impulso se convierte en obsesión, entonces hablamos de oniomanía o compra compulsiva, término que fue empleado por primera vez por el psiquiatra alemán Emil Kraepelin, y que describe el deseo irrefrenable de comprar. La compra compulsiva genera, tal como señalan los psiquiatras, una satisfacción inmediata que nos llena de sentido y con la cual conseguimos borrar los problemas temporalmente. Por eso, a menudo las personas que compran de forma compulsiva hasta el punto de considerar que tienen un trastorno, esconden los objetos que han comprado avergonzados y se muestran irascibles o deprimidos. Este sentimiento de culpa lo compensan con una nueva compra. Es un pez que se muerde la cola.

  1. No compres nunca con hambre. Ya lo hemos apuntado unas líneas más arriba: los supermercados y los grandes almacenes están organizados con una cura milimétrica para despertar todos los instintos más bajos. Clasifican los productos, establecen relaciones entre las marcas, dejan el espacio necesario para que observes las estanterías, iluminan el espacio para que focalices la mirada en una dirección concreta, colocan los productos poco buscados cerca de las cajas o dejan muy expuestas las ofertas, entre otros muchos trucos. Por eso, un buen consejo cuando vayamos a comprar es hacerlo con la barriga vacía. Cuando uno tiene hambre, es más fácil caer en la tentación de comprar un deseo.
  2. Lleva la lista de la compra de casa. Otra manera de evitar las tentaciones de última hora es hacer una lista en casa con aquello que necesitas. Con la lista en la mano, puedes estar seguro que no compras de más y, si lo haces, serás muy consciente de ello.
  3. Evita las ofertas 2×1. Hay que evitar tanto como sea posible todas aquellas ofertas que solo hacen que nos vayamos a casa con productos de más. ¿Para qué necesitas tres cepillos de dientes si vives solo? Si necesitas una camisa, ¿para qué tienes que comprar dos? Es importante no dejarse llevar por la sensación de que comprar ofertas nos permite ahorrar, porque no es verdad.
  4. Si las compras impulsivas se vuelven compulsivas, consulta a tu médico. Si las compras te producen malestar, baja autoestima, vacío emocional o miedo, pero no las puedes evitar, quizás es hora de que hables con un médico. La psicoterapia es necesaria para superar este trastorno, sin el cual la compra compulsiva puede persistir toda una vida e, incluso, provocar la ruina financiera de la persona afectada y su entorno más cercano.

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La falta de lluvias lleva a reducir el suministro de agua en muchos municipios de nuestro territorio. Restricciones que afectan directamente a la agricultura, y en consecuencia, a la ganadería. El incremento de los costes de producción y la pérdida de cosechas por falta de agua tienen un impacto significativo en el aumento de la inflación. Nos lo explica Sílvia Garriga, agente 11Onze.

 

El calentamiento del planeta provocado por la actividad humana ha agudizado la sequía, un mal endémico de los países mediterráneos. Un hecho que queda patente en el estado de las reservas de agua de acuíferos y pantanos de nuestro territorio. Cataluña acumula meses de sequía y las reserves agua han disminuido hasta el 33%, casi a la mitad del año pasado.

Las lluvias y reservas hídricas son capitales para la producción agrícola, y tienen un impacto directo en los precios que pagamos por productos en el supermercado. Esta relación entre sequía e inflación no siempre es evidente. Cómo apunta Garriga, “muchos de nosotros no hemos sido conscientes de los incrementos de costes de producción provocados por la sequía”.

A la subida de costes de la electricidad, combustible, fertilizantes, y piensos, se suma la pérdida de cultivos por la falta de agua, que dejan al sector agrícola sin margen de beneficio. “Si se pierden cosechas por la carencia de agua, la demanda no disminuye, y se tiene que importar producto que acabará saliendo más caro para el consumidor”, explica Garriga.

Más de 500 municipios con restricciones en el consumo de agua

Cataluña está sufriendo la sequía más grave desde el 2008, cuando las reservas de agua de los embalses y cuencas internas cayeron hasta el 20%. Ante esta situación, la Agencia Catalana del Agua (ACA) se ha visto obligada a decretar la alerta por sequía en varias zonas del territorio, aprobando limitaciones en el consumo de agua a más de 500 municipios.

A los 301 que ya se encontraban en fase de alerta, este martes se sumaron los más de 100 municipios de las comarcas del Alt Penedès, la Anoia, el Baix Llobregat, el Barcelonès, el Garraf, el Maresme, la Selva, el Vallès Oriental y el Vallès Occidental, que suministra la cuenca del Ter-Llobregat, y también a los afectados por el ámbito de influencia del embalse Darnius-Boadella.

Aunque no se prevé que la situación se agravie tanto como para llegar al escenario de excepcionalidad, momento en el cual las reservas bajan del 25%, todo dependerá de las lluvias que puedan entrar durante el que queda de otoño. Los mapas de previsión meteorológica a largo plazo hacen pensar que, de noviembre a enero, caerá más lluvia de la normal en el litoral y en las comarcas de Girona, pero menos precipitaciones de las habituales en el Pirineo occidental.

 

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Algunos conceptos son fundamentales para entender por qué estamos al borde de una recesión, hacia dónde se encamina el nuevo orden económico mundial y quiénes serán sus grandes protagonistas. 

 

El “Gran Reinicio” es el nombre de una iniciativa del Foro Económico Mundial que pretendía repensar el modelo económico capitalista una vez superados los estragos provocados por la pandemia. La realidad es que a la crisis sanitaria se han sumado una crisis de deuda y una crisis inflacionaria que nos han situado al borde de la recesión.

En el contexto actual, el “gran reinicio del capitalismo” que reclamaba este organismo internacional se hace más necesario que nunca. Repasamos algunos conceptos clave para entender cómo hemos llegado a una situación cercana al colapso y qué factores condicionarán el futuro próximo de la economía. 

 

Asia

El eje de la economía global se está desplazando de Europa y Estados Unidos hacia Asia. Según un estudio de la consultora McKinsey, en 2040 el continente asiático supondrá más de la mitad del producto interior bruto mundial y un 40 % del consumo. La pérdida de protagonismo de Europa es evidente y el FMI prevé que al menos la mitad de los países de la eurozona entrarán en recesión en los próximos meses.

 

Cambio climático

El calentamiento global ha obligado a dejar atrás la idea de un crecimiento ilimitado a expensas de agotar los recursos naturales y ha dado paso a la idea de la economía circular, con oportunidades en el campo de la economía “verde”. Como ha puesto de manifiesto la COP27, ahora falta definir hasta qué punto los países industrializados van a asumir el coste económico del cambio climático que han generado y qué medidas están dispuestos a adoptar para ralentizar el calentamiento en un contexto de crisis económica.

 

Descentralización

Las nuevas tecnologías están permitiendo la aparición de productos y servicios que escapan al control de los Estados y las grandes corporaciones. Como apuntaba James Sène, presidente de 11Onze, en una sesión de Fintech Talks, nos encontramos ante una “transición del modelo antiguo, totalmente dominado por unos pocos, a un nuevo modelo que llega a más gente y está descentralizado”. La descentralización de la creación monetaria, por ejemplo, ha sido uno de los grandes pilares de las criptomonedas. 

 

Desigualdad

Los datos del informe “World Inequality Report 2022” muestran que el 10 % de la población más rica del planeta ha acumulado desde mediados de los años noventa el 76 % de la riqueza generada en el mundo. De hecho, el 38 % se concentró en las manos del 1 % de la población mundial. Y la mitad de la población más pobre se ha tenido que conformar con las migajas: apenas el 2 % de la riqueza generada durante estas últimas décadas. Por desgracia, esta brecha entre los superricos y el común de los mortales no ha hecho más que ensancharse durante la pandemia. Y los expertos coinciden en que esa creciente desigualdad supone un freno para el desarrollo económico mundial.

 

Deuda pública

La deuda pública en el mundo se ha disparado en los últimos años y estrangula el crecimiento económico. Aunque el límite que establece el Tratado de Maastricht para los Estados de la Unión Europea es del 60 % de su PIB, el conjunto de países de la zona euro ya lleva más de un año por encima del 100 %, según datos de Eurostat. La situación fuera de Europa no es mejor, ya que el Fondo Monetario Internacional estima que, a finales de 2021, la deuda pública global también representaba el 100 % del PIB mundial. Además, los niveles de deuda podrían empeorar si la crisis se acentúa.

 

Estanflación

Desde marzo de 2021, los precios han subido con fuerza y de forma casi ininterrumpida. La inflación en Cataluña, que llegó a superar en verano el 10 % interanual, se situó en octubre cerca del 7 %. La situación más allá de nuestras fronteras no es mejor, ya que la inflación de ese mismo mes en el conjunto de la zona euro alcanzó el 10,7 %. Se espera que las sucesivas subidas de los tipos de interés contribuyan a controlar unos niveles de inflación desconocidos desde los años ochenta del siglo pasado. El precio a pagar será un mayor estancamiento de la economía, que llevará a la recesión de las grandes economías.

 

Impresión de moneda fiat

Se estima que el total de dinero en circulación en el mundo, incluyendo billetes, monedas, cheques y pagarés, supera los 60 billones de euros. El problema es que una parte considerable de esos billetes se han puesto en circulación en los últimos años. Por ejemplo, solo en 2020 la oferta monetaria de Estados Unidos aumentó un 24 %. La mayoría de los bancos centrales se han dedicado a imprimir moneda para hacer frente a una deuda pública galopante. Y ese aumento de moneda fiat ha sido el principal responsable de la actual inflación.

 

Monedas digitales

Ante el avance de las criptodivisas, que plantean un modelo monetario totalmente descentralizado, los Estados trabajan a contrarreloj en el desarrollo de monedas digitales controladas por los bancos centrales (CBDC) para mantener un sistema financiero centralizado. En China, más de 260 millones de personas ya han utilizado el yuan digital (e-CNY). En Europa, la Comisión Europea prevé que la regulación sobre el euro digital esté lista a principios de 2023 y que esta moneda digital entre en funcionamiento en 2025. El objetivo en un primer momento es que el euro digital, gestionado y supervisado por el Banco Central Europeo, no sustituya al dinero en efectivo, sino que lo complemente. 

 

Poder corporativo 

Las grandes multinacionales tienen un poder creciente frente a la menguante capacidad de influencia de los Estados. Muchas de estas corporaciones supervisan enormes cadenas de suministro, venden sus productos en todo el mundo y tienen unos ingresos superiores a los de muchos gobiernos. De hecho, si fuera un país, Walmart sería el décimo por nivel de ingresos. La globalización ha invertido las relaciones de poder y en muchos casos las grandes corporaciones se permiten eludir el pago de impuestos con total impunidad.

 

Suscripción

Como señalábamos en un artículo de La Plaça, está surgiendo un nuevo modelo mutualista, más comunitario y basado en la compartición de bienes y servicios, como alternativa al modelo de compra y uso individual. En los modelos de negocio de suscripción cada cliente paga cuotas que le permiten el acceso prolongado a un bien o servicio en lugar de realizar un gran pago por adelantado para poseer ese bien o servicio. Este modelo de negocio cada vez es más frecuente en la industria informática, el entretenimiento o la automoción.

 

Tipos de interés elevados

Tras 11 años sin aumentos, el Banco Central Europeo inició en julio la escalada de los tipos de interés en Europa. De momento, ya alcanzan el 2 % y la previsión es que sigan incrementándose en los próximos meses para enfriar aún más la economía y frenar la inflación. El BCE se ha alineado con la mayoría de bancos centrales del mundo, que también están incrementando sus tasas de interés para combatir la escalada de precios. Esta medida repercutirá directamente en el bolsillo de muchos ciudadanos, ya que las cuotas de las hipotecas y de los préstamos con interés variable resultarán cada vez más elevadas.

 

Virtualidad

No vivimos en un mundo virtual, pero sí virtualizado, ya que “lo que pasa en el mundo digital tiene un impacto real en nuestra vida”, como advertía James Sène en una sesión sobre la actual situación económica. En este sentido, el presidente de 11Onze vaticinaba que el metaverso, cuya economía depende de la autentificación de las propiedades digitales, jugará un papel clave a la hora de digitalizar nuestras identidades.

 

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El pasado mes de septiembre el Pleno del Congreso de los Diputados aprobaba de manera definitiva la nueva normativa dentro del Plan de Recuperación que pretende impulsar la creación de empresas, eliminar los obstáculos reguladores y luchar contra la morosidad.

 

No es ningún secreto que un exceso de burocracia, impuestos elevados y morosidad frenan el emprendimiento y el crecimiento empresarial. Aunque en los últimos años el proceso de constituir una empresa se ha simplificado y abaratado significativamente, reducir los costes y tiempos requeridos para los trámites, autorizaciones y licencias, así como recortar la tasa de morosidad, sigue siendo una asignatura pendiente.

Un informe del Banco Mundial del 2020, que hacía un ranking sobre el coste de abrir un negocio en diferentes países del mundo, situaba en España a la media de Europa, pero duplicando los costes de Francia o Polonia, y triplicando los de Portugal. En cuanto a la facilidad para hacer negocios, ubicaba en España en el lugar 30 de 190 estados analizados, mucho por detrás del peso que tiene su economía al mundo.

En este contexto, y en un momento en el cual emprender es más complicado que nunca debido a la situación económica actual, la nueva Ley de Creación y Crecimiento de empresas, más conocida como Ley “Crea y Crece”, que fue aprobada el pasado 15 de septiembre de forma definitiva en el Congreso de los Diputados, quiere dirigir y hacer desaparecer algunos de estos problemas facilitando el proceso de creación de empresas, reduciendo costes y luchando contra la morosidad.

Nuevas medidas para reducir la morosidad

La norma, que ha contado con un amplio apoyo en el Congreso de los Diputados, incluye medidas propuestas por PIMEC, la patronal que representa las micro, pequeñas y medianas empresas y autónomos de Cataluña, y la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad (PMcM), para evitar la morosidad en las operaciones comerciales, que es una de las causas que más incidencia tiene en la liquidez y rentabilidad de las empresas.

En este sentido, se extiende la obligación de expedir y remitir facturas electrónicas en todo tipo de relaciones comerciales entre empresas y autónomos. Por otro lado, se quiere garantizar un mayor control de los pagos y evitar los largos plazos, obligando a los contratistas a especificar en sus certificaciones de obra que los pagos efectuados a sus subcontratistas se ajustan a los plazos de pago legales.

Así mismo, se crea un Observatorio Estatal de la Morosidad Privada para hacer un seguimiento de los datos de los plazos de pago y publicar anualmente un listado de empresas morosas. A pesar de que la nueva normativa deja fuera del acceso a subvenciones públicas a aquellas empresas que no cumplan con la Ley de Morosidad, no incluirá un régimen sancionador para las empresas que incumplan los plazos legales de pago, como se había pedido desde algunos grupos políticos.

 

Eliminar burocracia y facilitar la financiación

Con el objetivo de reducir los costes económicos, simplificar los trámites de constitución de una empresa y favorecer el emprendimiento, se contempla la posibilidad de crear una Sociedad de Responsabilidad Limitada con un capital social de solo un euro, en vez de los 3.000 euros necesarios hasta ahora.

En cuanto a los trámites, se reducen los costes notariales y los plazos para la constitución telemática de una empresa, a través de la ventanilla única del Centro de Información y Red de Creación de Empresas (CIRCE). Así mismo, se modifica la ley de medidas de liberalización del comercio, ampliando el número de actividades económicas exentas de licencia.

Además, la ley introduce más flexibilidad en el ámbito de la financiación colectiva, ‘crowdfunding’, adaptándose a la normativa europea y ampliando el tipo de empresas en las cuales pueden invertir estas entidades, incluyendo empresas financieras como 11Onze, con un alto componente tecnológico.

Desde 11Onze, también queremos ayudar a las empresas a reducir gastos ofreciendo una cuenta que permita automatizar procesos de manera simple y efectiva, gestionando su capital o cambiando divisas al mejor precio.

 

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La digitalización de la economía ha espoleado la popularidad de las criptomonedas en los últimos años. Una revolución del sistema financiero que ha propiciado que los bancos centrales de algunos gobiernos, inicialmente poco partidarios de implantarlas, empiecen a emitir sus propias monedas digitales. Analizamos los motivos que hay detrás de este cambio de mentalidad.

 

La capitalización de los mercados financieros por parte de las divisas digitales, especialmente criptomonedas como el bitcoin, sigue aumentando año tras año. La automatización tecnológica y la desconfianza hacia las entidades bancarias tradicionales a causa de los abusos bancarios han propiciado la aparición de criptodivisas basadas en tecnología ‘blockchain’ (cadena de bloques), que las hace más seguras que las monedas físicas, y que no dependen de un banco central.

Precisamente esta descentralización de la creación monetaria, que caracteriza a las criptomonedas, ha sido la punta de lanza de su popularidad. Es decir, democratizan la creación de moneda mientras diluyen el monopolio bancario, hasta ahora exclusivo de gobiernos y bancos centrales. Este cambio de paradigma es una amenaza para aquellos que han tenido siempre el poder económico, y uno de los cambios más evidentes al statu quo que ha facilitado la entrada de las monedas digitales a la economía global.

Esto, evidentemente, no gusta a todo el mundo, especialmente a los estados y a las instituciones financieras a su servicio, que ven diluido su poder de coerción y control de la población. Por lo tanto, no es de extrañar que gobiernos, bancos centrales, e instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial, que mostraban su oposición a las criptomonedas descentralizadas, muestren una actitud más optimista cuando se trata de divisas digitales bajo su control, las llamadas monedas digitales de bancos centrales (MDBC).

 

Si no puedes con tu enemigo, únete a él

Varios Bancos Centrales están trabajando en el desarrollo de monedas digitales, pero algunos países, como China, tienen el proceso de pruebas muy avanzado. El gigante asiático ya tiene 261 millones de personas que hacen uso del yuan digital, e-CNY, con el que se efectuaron pagos de más de 280.000 euros diarios durante los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín.

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) no se quiere quedar atrás y está desarrollando su propia moneda electrónica. El euro digital, gestionado y supervisado por el BCE, lo podrán utilizar tan ciudadanos como empresas, pero no sustituirá al dinero en efectivo, si no que los complementará. La Comisión Europea prevé que la regulación esté lista a principios del 2023 y que la moneda entre en funcionamiento el 2025.

Otros países como Suecia, Uruguay y los Estados Unidos también están experimentando con monedas digitales centralizadas. Una tendencia que gana fuerza porque muchos bancos centrales se plantean emitir una moneda digital propia para evitar que su moneda física pierda terreno.

Aun así, al potencial que tienen las monedas digitales para impulsar la innovación de nuevos productos, procesos y servicios que se pueden incorporar a los modelos de negocios, se suma la vertiente económica y geopolítica. Es decir, todo un conjunto de intereses de varios actores que hacen fácil de predecir que el auge de las monedas digitales ha llegado para quedarse.

 

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Los medios de pago digitales, las criptomonedes, las divisas digitales impulsadas por los propios bancos centrales… Todo ello está arrinconando cada vez más el dinero físico como herramienta de intercambio de bienes y servicios. Te ofrecemos algunas claves de cómo está cambiando el sistema monetario internacional.

 

La covid-19 hizo que en 2020 las tarjetas desbancaran por primera vez al efectivo como medio de pago preferido por los ciudadanos de muchos países. En el Reino Unido, por ejemplo, el uso del efectivo se redujo en la mitad.

El sistema monetario está en pleno proceso de transformación con la irrupción de las criptomonedas e incluso la creación de monedas digitales impulsadas por los propios bancos centrales. En este contexto, la moneda física parece tener los días contados.

A pesar de que el dinero en efectivo se resiste a dejar de ser la principal herramienta para comprar y vender, se calcula que actualmente el dinero físico solo supone entre un 5% y un 8% de todo el dinero que existen nominalmente en el planeta. En pocos años los mercados financieros se han llenado de nuevos productos, divisas y activos de todo tipo.

Del mismo modo que las primeras monedas acuñadas por los orfebres cambiaron los sistemas económicos de las sociedades antiguas, el dinero electrónico cambiará la economía tal y como la conocemos hoy. Como explica el agente de 11Onze Laura Buñol, en esta nueva etapa de la globalización, parece que “el sistema quiere hacer cambios estructurales”.

Hacia las divisas digitales

La popularización de Internet y la telefonía móvil junto con el auge de las criptodivisas nos empujan hacia un mundo de dinero digital que supondrá “la muerte del dinero físico”. De hecho, como explica Laura Buñol, en 2019 el entonces gobernador del Banco de Inglaterra “ya planteó la creación de una moneda digital global, apoyada por diversos bancos centrales”, que sustituyera al dólar como moneda de referencia mundial.

Suecia ya cuenta con una e-corona en fase de pruebas, que se utiliza para algunas transacciones. Y tanto en Estados Unidos como Europa se están realizando estudios relacionados con la implementación de las monedas digitales. De hecho, ya existe el proyecto de un euro digital, como explicamos en el artículo “El euro digital, ¿el final del dinero físico?”.

Todavía existen muchas incógnitas sobre cómo serán las divisas digitales, pero parece que, como las criptomonedes, también se basarán en la cadena de bloques o ‘blockchain’ para garantizar la seguridad. De todas formas, el cifrado de sus códigos no será diseñado para quedar fuera de la vigilancia de los bancos centrales. Y parece que será un recurso útil para los gobiernos para acabar con la economía sumergida.

 

El papel de los bancos centrales

Los bancos centrales no pueden obviar la progresión de las criptomonedas, así que se tienen que adaptar a los nuevos tiempos o perderán los sienta sentido y “a la larga dejarían de existir”, como apunta Laura Buñol. Los Estados no se pueden permitir el lujo de perder el control de las políticas monetarias.

De hecho, el sistema financiero tradicional se está esforzando de lo lindo para regular e incorporar las criptodivisas a su lógica de funcionamiento. El ’establishment’ sabe que, de no hacerlo, corre el riesgo de acabar arrinconado en el panorama económico mundial.

Todo apunta que, como indica Buñol, probablemente en un futuro no muy lejano tengamos que buscar fórmulas alternativas al cara o cruz o al actual sistema de desbloqueo de los carros de los supermercados.

 

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El elevado aumento que experimenta el precio y la rentabilidad de las criptomonedas, con el Bitcoin al frente, ha originado una auténtica fiebre del oro. Pero en este caso, las minas son de moneda digital.

 

A diferencia del sistema monetario tradicional, donde los Gobiernos imprimen dinero en función de sus necesidades, en el caso de los Bitcoin, la creación monetaria está limitada. Cada diez minutos se ponen en circulación bitcoins y aproximadamente cada cuatro años, el software disminuye a la mitad los bloques de moneda emitidos, en un proceso conocido como “halving”. Se prevé que hacia 2140 se habrán puesto en circulación un total de 21 millones de *Bitcoin.

 

Cómo funcionan las “minas” de Bitcoin

Los bitcoins no se emiten y quedan disponibles para quien quiera o quien llegue primero a cogerlos. No, se ponen en circulación en bloques encriptados que tienen que ser descifrados. Y aquí es donde entra el concepto de la minería de las criptomonedas: con cada emisión, cada diez minutos, los mineros conectados a la red reciben un nuevo algoritmo para resolver, un problema matemático que una vez solucionado, les da la recompensa de nuevos bitcoins o de comisiones para la transacción; los mineros validan el bloque y lo añaden a la cadena de blockchain.

La competencia cada vez más fuerte por hacer este trabajo ha llevado a la creación de las Granjas Bitcoin en todo el mundo, donde se dice que se cultivan las criptomonedas. Estas granjas responden a la necesidad de construir auténticos superordenadores añadiendo a la red unos a otros, que sean capaces de descifrar los algoritmos cada vez más complicados, lo más rápido posible, para hacerlo antes que los incontables competidores.

Estas estructuras generan un consumo de electricidad tan elevado que lo más frecuente es que se instalen en países donde esta energía es más económica y con climatologías frías, que permitan evitar el sobrecalentamiento de ordenadores y equipos. Pero también han llevado a la demanda intensiva de componentes informáticos imprescindibles para crear estas redes, como las tarjetas gráficas, hasta el punto de que algunas cadenas de venta en línea las han sacado de su catálogo abierto para evitar que se agoten.

En Cataluña, un problema de consumo eléctrico

En Cataluña la implantación de Granjas Bitcoin no es ilegal, pero topa principalmente con el elevado coste de la energía que sufrimos los consumidores en general, y que en el caso de estas instalaciones, pone la factura eléctrica por las nubes. Esto ha llevado a que, en algunos casos, sus propietarios optasen por pinchar la luz o conectarse fraudulentamente. Las consiguientes denuncias han llevado a los Mossos a abrir investigaciones, en la mayoría de los casos con la sospecha errónea de que se trataba de plantaciones de marihuana.

Es de este modo, han ido saliendo a la luz casos como el conocido de Cambrils en 2018, una gran “mina” en un hotel en remodelación de esta localidad costera, o esta misma semana, el descubrimiento en un piso de Sant Adrià de Besòs a la que antes nos referíamos. De momento son casos más bien aislados y semi clandestinos, pero que todo indica que pueden ir aumentando, a la vez que aumenta la rentabilidad de las criptomonedas y la fiebre de sus mineros por obtenerlas.

Por eso, de vez en cuando van apareciendo noticias como  cobreixen, per error, una mina de criptomonedes a… El consum elevat d’electricitat havia fet obrir una investigació…”. Las Granjas Bitcoin y el afán por las presumibles ganancias también han llegado a Cataluña.

Pisos, sótanos o almacenes semi clandestinos, llenos de ordenadores conectados a la red “cultivando criptomonedas” o “minando bitcoins”, expresiones utilizadas para definir la extracción y obtención de monedas digitales. Puede parecer difícil de entender, pero todo esto tiene un sentido dentro de su sistema de emisión.

 

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