Los fundamentos del sistema extractivo

El mapa político de la Europa de finales del siglo XV se configura después de infinidad de acontecimientos sociales, políticos y económicos de carácter conflictivo ocurridos durante el siglo anterior y con una población reducida a menos del 50% a causa de la Peste Negra. La nueva geografía política surgida de este proceso mostrará una gran variedad de formas institucionales del poder. Junto a las dos herencias del Bajo Imperio cristiano —el Sacro Imperio y el Papado—, las monarquías feudales saldrán ampliamente reforzadas de todo este callejón sin salida estructural, lo cual las legitimará para gobernar de una manera diferente y las llevará a construir un nuevo concepto de Estado.

 

Para sustentar toda esta nueva concepción del Estado, las monarquías europeas buscarán los mecanismos básicos que les permita consolidar nuevas estructuras estatales con un carácter marcadamente centralizador y unipersonal. Por este motivo, primero combatirán enérgicamente contra todas aquellas familias poderosas —los Armagnac, los Lancaster, los Braganza, los Mèdici o los Paloma— que tengan la capacidad de disputar sus decisiones. El combate no siempre será por medio del uso de la violencia, sino que se empezarán a crear complots para deslegitimarlos o se les aplicará una milimétrica política matrimonial de antropofagia territorial a fin de ampliar las propiedades estatales de forma permanente, sin la necesidad de un derrame de sangre.

La nueva concepción política llevará a cabo un claro arrinconamiento de los órganos más representativos de la ciudadanía —como por ejemplo las Cortes, los Estados Generales o las Dietas— los cuales serán sustituidos por un potente consejo del rey, mucho más especializado. De este modo, el Estado multiplicará su presencia en el territorio a través de la creación de una potente red administrativa vinculada a las diferentes actividades del nuevo sistema de gestión. En poco tiempo, aparecerá el funcionariado, con carácter vitalicio al finalizar el siglo y que permitirá a un segmento de la población enriquecerse ilimitadamente por el solo hecho de trabajar cerca del poder.

Hasta este momento, las monarquías se habían financiado con sus propios recursos a través de rentas ordinarias vinculadas a los derechos señoriales o los beneficios producidos por sus posesiones, ya fuera por la explotación de los bosques, el troquelado de monedas o el tráfico de esclavos. Pero ahora esto ya no sería suficiente.

“La nueva concepción política llevará a cabo un claro arrinconamiento de los órganos más representativos de la ciudadanía —como por ejemplo las Cortes, los Estados Generales o las Dietas— los cuales serán sustituidos por un potente consejo del rey, mucho más especializado.”

Un cambio de paradigma económico

Las monarquías europeas calmarán su ambición a través de la imposición de una triple estrategia: primero, convertirán aquellos suministros del sistema feudal en regulares y en abundantes, lo cual hará aparecer infinidad de fondos de financiación extraordinarios sobre las personas y los bienes, como por ejemplo las tasas sobre los intercambios, la famosa gabela sobre la sal o los impuestos sobre las viviendas, los fuegos, entre otros; segundo, crearán la necesidad de consumo, como por ejemplo nuevos hábitos alimentarios o la introducción de la moda en la necesidad de vestir; y tercero, forzarán liberarse de la necesidad habitual de tener que pedir consentimiento a sus súbditos, los cuales —todavía representados en órganos institucionales— toparán con el argumento que “en tiempo de paz esta petición es del todo innecesaria”. Pero el elemento clave y fundamental que permitirá que todo este nuevo engranaje funcione a la perfección será la creación de un ejército permanente, orientado a controlar el interior —entre amenazas y persuasiones— y a proyectar el poder del monarca hacia el exterior.

El oro continuará siendo el principal problema de la economía europea dado que todavía será del todo necesario para los intercambios. Desde la Antigüedad, la relación Oriente-Occidente había pasado por infinitud de altibajos, pero su balanza comercial siempre había sido deficitaria —respecto al oro— dado que el continente asiático era pobre en yacimientos del preciado metal precioso. El único oro que llegaba con cierta regularidad a Europa —desde el siglo X— era el oro sudanés, pero este nunca llegará a satisfacer las necesidades de la economía feudal.

“El elemento clave y fundamental que permitirá que todo este nuevo engranaje funcione a la perfección será la creación de un ejército permanente, orientado a controlar el interior —entre amenazas y persuasiones— y a proyectar el poder del monarca hacia el exterior.”

El estudio y valoración de los clásicos grecolatinos

La atmósfera de un fuerte dinamismo económico impregnará todo este periodo, el cual obligará a las monarquías europeas a buscar nuevos campos de acción y nuevas fuentes de beneficios que permitan mantener las nuevas y costosísimas estructuras de Estado. Europa representará un espacio demasiado pequeño para satisfacer la ‘grandeur’ de los nacientes Estados modernos, pero sobre todo testimoniará un déficit de materias primeras. Entonces será cuando aparecerá el verdadero deseo de acercarse hasta el origen de las fuentes del oro africano o las especies orientales.

La cosmovisión de la sociedad medieval estaba condicionada por la religión, las leyendas imaginarias y el desconocimiento geográfico, pero esto cambiará radicalmente a partir del Quattrocento con la recuperación de manuscritos griegos ignorados por la Iglesia —que controlaba la cultura— dado que eran considerados textos paganos. Con la introducción de las reglas básicas sobre la correcta traducción latina —promovida por Petrarca y Boccaccio— se conseguirá transcribir correctamente estos manuscritos que cobrarán un nuevo sentido. Las relecturas de gran cantidad de textos clásicos —como por ejemplo Euclides, Pitágoras, Ptolomeo, Eratóstenes y muchos otros— permitirán construir un nuevo pensamiento crítico que conducirá a los sabios humanistas a querer verificar cuánta certeza contienen los textos antiguos sobre el mundo.

Este humanismo favorecerá la rotura definitiva con la tradición medieval y exaltará las calidades propias de la naturaleza humana. Permitirá descubrir el yo humano y le dará un sentido racional a su existencia. Este antropocentrismo desatará el ser de la maravilla metafísica y lo situará ante las puertas de la curiosidad empírica. La divulgación de este pensamiento innovador será posible gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles. Pero este cambio mental también facilitará que un reducido grupo de personas —instaladas tanto a Sagres como Núremberg— empiecen a experimentar y aplicar métodos científicos modernos basados en las matemáticas y la astronomía, los cuales alterarán la cosmovisión universal.

“La cosmovisión de la sociedad medieval estaba condicionada por la religión, las leyendas imaginarias y el desconocimiento geográfico, pero esto cambiará radicalmente a partir del Quattrocento con la recuperación de manuscritos griegos ignorados por la Iglesia —que controlaba la cultura— dado que eran considerados textos paganos.”

La conquista y explotación colonial

Todo ello posibilitará que ambiciosos hombres de negocios se lancen a la búsqueda de rutas marítimas que los conduzcan a nuevos territorios donde encontrar abundantes productos que les permitan satisfacer la creciente demanda de los mercados europeos. Y en este contexto, el Estado favorecerá esta economía expansiva participante —de forma indirecta— en las aventuras comerciales de estos atrevidos emprendedores que mostrarán mucha audacia pero poca experiencia atlántica.

El azar y los alisios condujeron a los primeros navegantes a la zona más poblada del continente americano. La superficie terrestre del “Nuevo Mundo” —sumando tanto el norte como el sur— supone una área de 42,5 millones de km². Antes de la llegada de los europeos, se estima que vivían en todo el continente unos 100 millones de personas, en contraposición a los 1.000 millones que viven actualmente. Y de estos, unos 80 millones de personas vivían en la franja que va entre México y Perú. Por otro lado, en el progresivo descenso hacia el sur del continente africano, los europeos descubrieron que el mundo musulmán había penetrado mucho más allá de lo que pensaban. Más allá de la línea del ecuador se adentraron por un mundo totalmente desconocido y descubrieron el África negra. Con una área de 32 millones de km², las estimaciones actuales hablan de unos 60 millones de personas que podrían vivir en todo el continente africano a finales del siglo XV.

Desde el principio de los viajes hacia el oeste, los primeros navegantes tuvieron la certeza y la conciencia que donde habían llegado no eran las Indias Orientales, sino que se trataba de un territorio completamente diferente. Y al adornarse de este hecho, el Estado desplegó toda su moderna maquinaria jurídica y administrativa para poseerlo legítimamente. Sin encomendarse a nadie y por derecho de conquista, las monarquías europeas empezaron a adjudicarse la propiedad de aquellos territorios ignorando la población autóctona. En este punto, la religión jugó un papel clave para justificar la destrucción, aniquilación y exterminio de las culturas ancestrales que vivían armónicamente. Un camino similar seguirá el continente africano, aunque este proceso se iniciará unos ciento años más tarde.

A medida que los recién llegados —ya en nombre de la Corona— fueron adentrándose por estos nuevos territorios, descubrirían que los metales preciosos no eran la única fuente de riqueza. En menos de cincuenta años, los mercados europeos serán abastecidos, en cantidades impensables hasta entonces, de infinidad de productos tropicales, como por ejemplo la pimienta, el azúcar, el algodón o el tabaco. La fachada atlántica verá crecer una importante red portuaria que irá desde Cádiz hasta Amberes y vertebrará un nuevo espacio económico. ¡Y entonces, la Corona se autodefinirá Imperio, siempre, con un sol radiante!

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Oriol Garcia Farré Oriol Garcia Farré
  1. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  2. Jordi MorenoJordi Moreno says:
    Jordi

    Moltes gràcies! S’agraeixen molt aquestes lliçons d’història enmig de tot el cacau econòmic👏👏👏👌

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Jordi! Sempre és un plaer llegir aquests comentaris. Seguim a La Plaça!

      Hace 12 meses
  3. Carles SantacruzCarles Santacruz says:
    Carles

    Gràcies Oriol, una exposició magnífica.
    👏👏👏👏

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Carles pel teu comentari. Seguim a La Plaça!

      Hace 12 meses
  4. Josep Grifoll SauríJosep Grifoll Saurí says:
    Josep

    Molt bon article, mercès.

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Josep per seguir-nos i per llegir-nos. Seguim a La Plaça.

      Hace 12 meses
  5. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    Gràcies, Si el sistema educatiu expliqués la història d’aquesta manera analítica agradaria i enganxaria els alumnes. Es una assignatura que per agradar ha d’ apassionar.

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Mercè pel comentari. Sempre és gratificant el teu interès sobre aquesta tipologia d’articles. Continuarem aportant coneixement a La Plaça.

      Hace 12 meses

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