La mala gestión tecnológica de la banca europea

El Banc Central Europeu detecta deficiències fonamentals en la manera en què els bancs de l’eurozona aborden la ciberseguretat i avisa que estan perdent milions d’euros per culpa del cibercrim, sistemes de gestió antiquats i la baixa qualitat dels serveis tecnològics externalitzats.

 

El sector bancari ha introduït importants canvis tecnològics en els últims anys, especialment arran de la necessitat d’actualitzar-se davant del canvi de paradigma en la gestió de les finances que han esperonat les fintech. La inversió en tecnologies de la informació a la banca ha estat notablement superior a la de la majoria d’indústries, però aquesta transició cap a la digitalització de les finances per a millorar l’eficiència bancària no ha estat fàcil.

En aquest context, el Banc Central Europeu (BCE) ha realitzat una enquesta entre els bancs de l’eurozona que supervisa i ha dut a terme 22 inspeccions des de 2020 per a comprovar fins a quin punt estan preparats per a fer front al cibercrim. L’estudi del BCE deixa una imatge preocupant sobre la preparació del sector bancari europeu, arribant a la conclusió que els problemes són “més greus i generalitzats” del que es preveia.

Pel que fa a l’incompliment dels contractes per part dels serveis tecnològics externalitzats, l’enquesta feta per la institució de la UE indica que això ha comportat un cost addicional de 148 milions d’euros als bancs el 2022, un augment del 360% respecte a l’any anterior.

Tot i que el BCE explicava que aquestes pèrdues es deuen principalment per la manca de disponibilitat o mala qualitat dels serveis subcontractats, aquestes “es van concentrar en unes poques entitats significatives i, per tant, no indiquen una tendència sectorial”. Així mateix, constatava que “els acords de subcontractació dels bancs sovint no abordaven prou els requisits de seguretat informàtica”.

 

Es dupliquen les operacions fraudulentes a la banca espanyola

Segons l’últim informe del Banc d’Espanya, corresponent a 2022, les reclamacions per operacions fraudulentes han augmentat un 109,1%, duplicant-se des de l’any anterior. Concretament, es van tramitar 34.146 reclamacions en el Departament de Conducta d’Entitats del Banc d’Espanya.

La pràctica del phishing en destaca com una de les principals causes (10.361 de les denúncies) que hi ha al darrere de l’increment d’aquestes reclamacions sobre targetes i transferències, motivades per operacions presumptament fraudulentes. Recordem que el phishing consisteix a crear una pàgina web molt semblant a alguna que tu utilitzes normalment, per fer-t’hi entrar i robar-te certa informació.

A més, cal tenir en compte que durant el 2022 encara no hi havia peticions de clients sobre el nou Codi de Bones Pràctiques, que es va aprovar a la fi de l’exercici, i que ha fet augmentar les reclamacions en el 2023. Per entitats, CaixaBank, BBVA i Banc Santander són les que més reclamacions reben, gràcies a la seva major quota de mercat. En tot cas, en el conjunt europeu, el BCE avisa que aquests resultats “plantegen serioses preocupacions de supervisió que confirmen la necessitat de continuar les inspeccions in situ juntament amb converses entre bancs i supervisors”.

 

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Las estafas en línea son un problema frecuente que afecta a muchas personas que usan Internet. Los estafadores utilizan técnicas sofisticadas para engañar a las víctimas y obtener dinero o información personal. Joan Benedicto, agente de 11Onze, nos detalla cuáles son y como evitar las estafas más comunes en el mundo cibernético.

 

La comodidad, rapidez, bajos precios y gran cantidad de opciones disponibles han hecho que las compras y gestiones por Internet se multipliquen de manera exponencial año tras año. No obstante, el comercio en línea también aumenta las posibilidades de que seamos víctimas de fraudes digitales.

Para protegernos contra estas estafas, es importante no compartir información personal o financiera en línea que no sea estrictamente necesaria, o cuando lo hacemos, no hacer clic en enlaces sospechosos y verificar la autenticidad del sitio web antes de proporcionar información personal o financiera.

Phishing y compras en línea

Ante todo, tendrías que evitar conectarte a internet a través de una red de wifi abierta al público. Cafeterías, hoteles o cualquier otro local con conexiones wifi disponibles sin contraseña son más vulnerables que redes protegidas con contraseña. Cómo explica Benedicto, “una persona con suficientes conocimientos, podría crear una red wifi abierta y acceder a cualquier ordenador que se conecte”.

Una de las estafas más comunes en Internet es el ‘’phishing, que “consiste en crear una página web muy parecida a alguna que tú utilizas normalmente, para hacerte entrar y robarte cierta información”, apunta el agente de 11Onze. También se puede hacer mediante un correo electrónico falsificado que parezca de una compañía legítima, como por ejemplo un banco, para obtener información personal o acceder a una cuenta bancaria.

 

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Compramos, trabajamos, nos informamos y pagamos a través de plataformas digitales. Son cómodas, rápidas y eficientes. Pero también invisibles, opacas e imprescindibles. La pregunta ya no es si vivimos conectados, sino si seguimos siendo libres en un sistema gobernado por algoritmos que deciden por nosotros sin pedir permiso.

 

La digitalización ha simplificado la vida cotidiana. Pero también ha creado nuevas formas de dependencia estructural. En este nuevo escenario, quien controla los datos controla el poder económico, el consumo y, cada vez más, las decisiones individuales. Y esto tiene consecuencias que van mucho más allá de la tecnología.

Durante años, hemos hablado de los servicios digitales como si fueran una capa adicional de confort. Una herramienta más. Hoy, esto ya no es cierto. Plataformas tecnológicas y sistemas digitales se han convertido en canales casi únicos de acceso a servicios básicos: trabajar, cobrar, pagar, comunicarse, informarse o incluso relacionarse con la administración.

La dependencia de la nube, de los sistemas operativos dominantes y de los ecosistemas cerrados hace que un fallo técnico ya no sea solo un problema informático. Es un fallo económico. Cuando cae un sistema de pagos, cuando una plataforma bloquea una cuenta o cuando un servicio deja de funcionar, el impacto es inmediato y real.

La comparación es clara: energía, agua, sistema financiero y ahora infraestructura digital. Los cuatro comparten una característica clave: cuando se vuelven imprescindibles, dejan de ser neutrales. Y quien los controla acumula poder.

 

Los datos: el recurso estratégico del siglo XXI

Este inmenso volumen de datos no se acumula de manera pasiva. Es procesado, cruzado e interpretado constantemente. Los datos son la materia prima; el valor real nace cuando se transforman en conocimiento accionable. Quien tiene la capacidad de analizarlos no solo entiende el comportamiento humano, sino que puede anticiparlo y orientarlo. En este punto, la información deja de ser descriptiva para convertirse en poder.

Es aquí donde entran en juego los algoritmos. Sistemas diseñados para ordenar el caos informativo, pero también para priorizar, filtrar y decidir. A partir de los datos que generamos, los algoritmos construyen perfiles, asignan probabilidades y toman decisiones automáticas que afectan a nuestro consumo, la información que recibimos y las oportunidades que se nos ofrecen. No actúan en el vacío: operan sobre modelos económicos que buscan maximizar rendimiento, eficiencia y control.

El resultado es un desplazamiento silencioso de la toma de decisiones. Lo que antes era una elección consciente, hoy a menudo es una respuesta inducida. No porque alguien nos obligue, sino porque el sistema nos presenta una única opción como la más lógica, la más barata o la más conveniente. Cuando las decisiones se delegan en procesos opacos que no entendemos ni podemos cuestionar, la frontera entre recomendación y condicionamiento se diluye. Y con ella, una parte esencial de nuestra libertad.

 

Dependencia digital y libertad económica

Esta dependencia digital no es solo una cuestión de hábitos, sino de poder económico. Cuando los pagos, el acceso a los servicios y la gestión del dinero pasan por infraestructuras digitales centralizadas, la libertad financiera deja de ser solo una cuestión de renta. Se convierte en una cuestión de acceso. Quien controla la infraestructura puede autorizar, limitar o bloquear la actividad económica de una persona sin necesidad de coerción directa. Basta con un clic.

A medida que el sistema se digitaliza, también lo hace la exclusión. Quedar fuera de una plataforma, perder el acceso a una cuenta o no encajar en los criterios de un sistema automatizado puede significar quedar fuera del circuito económico. El debate sobre las monedas digitales de banco central se inscribe plenamente en este contexto: mayor eficiencia operativa, sí, pero también una capacidad de control sin precedentes. El dilema no es tecnológico. Es político y de soberanía personal.

El problema se agrava cuando esta dependencia se combina con una creciente centralización. Cuanto más concentramos datos, servicios y decisiones en pocas infraestructuras digitales, más vulnerable se vuelve el conjunto. Ciberataques, apagones, errores sistémicos o tensiones geopolíticas pueden paralizar de golpe la actividad económica cotidiana. La tecnología nos ofrece confort inmediato, pero también crea fragilidades invisibles. Y entonces, la pregunta deja de ser teórica: ¿qué pasa con tu vida económica cuando el sistema del que dependes deja de funcionar?

 

Tecnología sí, dependencia, no

La tecnología puede empoderar o someter. La diferencia no es técnica. Es de control, de criterio y de soberanía. En un mundo gobernado por algoritmos, la libertad económica no se pierde de golpe, sino de manera gradual, cuando dejamos de entender cómo funcionan los sistemas que condicionan nuestras decisiones y delegamos el control en infraestructuras opacas que no cuestionamos.

Preservar esta libertad pasa, primero, por tomar conciencia. Saber qué cedemos cuando utilizamos una plataforma, qué datos generamos y cómo pueden usarse. Pero también por diversificar riesgos, evitar dependencias absolutas y no confiarlo todo a un único intermediario digital. La comodidad inmediata no puede justificar una pérdida estructural de autonomía.

En 11Onze, creemos que el futuro no es renunciar a la tecnología, sino utilizarla con criterio. Recuperar el control sobre lo que es esencial: nuestros datos, nuestro dinero y nuestras decisiones. Porque la verdadera innovación no es delegarlo todo a un algoritmo, sino construir herramientas que refuercen la soberanía personal y nos permitan seguir decidiendo en un entorno cada vez más automatizado.

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La NASA es planteja enviar una missió tripulada a Mart en les pròximes dècades. Per a això serà necessari crear oxigen a partir del diòxid de carboni present en l’aire del planeta vermell. Part del dispositiu que ho fa possible és d’or.

 

Per les seves propietats, l’or ha tingut i continua tenint un paper fonamental en l’exploració espacial. Per posar un exemple, aquest metall noble ja va ser bàsic en el primer passeig espacial de la NASA l’any 1965. El cable que unia al coronel Ed White a la Gemini 4 estava recobert d’or per assegurar la seva subjecció i la visera del seu vestit també estava revestida d’or per protegir els seus ulls de la radiació solar.

La durabilitat i estabilitat de l’or, així com el fet que no s’oxidi i sigui un bon conductor de l’electricitat i de la calor, han portat als responsables de múltiples projectes espacials a utilitzar-lo amb finalitats molt diverses.

 

Missió a Mart

Una de les grans aspiracions de la NASA per a les pròximes dècades és enviar una missió tripulada a Mart. I serà necessària una gran quantitat d’oxigen, tant per fer cremar el combustible de la nau com per mantenir vius als astronautes.

La millor opció per no haver de transportar tot aquest oxigen des de la Terra és crear-lo en el mateix planeta vermell. I es pot aconseguir a partir del diòxid de carboni que constitueix la major part de l’aire marcià. Per això, el vehicle robotitzat Perseverance, que va arribar a Mart el febrer de 2021, incorpora un instrument anomenat MOXIE que produeix oxigen a partir del diòxid de carboni.

Com explica el Dr. Michael Hecht, investigador principal d’aquest projecte, “l’or és fonamental per al funcionament de MOXIE”, que pesa 17 quilograms i té una grandària similar al d’una bateria de cotxe. La carcassa de MOXIE està feta d’or perquè aquest metall “és extraordinàriament estable, no s’oxida ni es corroeix amb facilitat i és un excel·lent conductor de la calor”, segons Hecht. Aquesta última propietat és crucial, ja que en alguns moments del dia la temperatura és massa alta perquè pugui funcionar aquest dispositiu.

 

 

Un assaig a petita escala

Quan MOXIE està en marxa, el Perseverance roman pràcticament inactiu, ja que es requereix molta energia per separar les molècules de CO₂. Per això, MOXIE no funciona molt sovint, només una vegada al mes o cada dos mesos.

MOXIE triga unes dues hores a estar operatiu perquè una de les peces necessàries per al procés ha d’escalfar-se fins a assolir els 800 °C. Després, la càrrega de les bateries del vehicle permet produir oxigen durant una hora, en la qual a vegades els responsables del projecte canvien el voltatge o la velocitat del compressor per aprendre més sobre l’instrument.

En aquest temps MOXIE pot produir entre 6 i 10 grams d’oxigen. Es tracta d’una quantitat molt petita tenint en compte que cadascun de nosaltres consumim entre 10 i 20 grams d’oxigen cada hora, però permet a la NASA comprovar que aquesta tecnologia crítica funciona de manera adequada sobre el terreny.

De fet, el principal objectiu de MOXIE és demostrar que es pot confiar en aquesta tecnologia per nodrir d’oxigen a futures tripulacions d’astronautes i retornar-los a casa sans i estalvis. També aprendre molts detalls tècnics sobre com construir un futur sistema MOXIE molt més gran.

 

Dos viatges per a una missió

Tenint en compte les òrbites de la Terra i de Mart, el moment òptim per afrontar un viatge entre tots dos planetes es produeix cada vint-i-sis mesos. Una de les idees que es plantegen per dur a terme una missió tripulada és enviar primer tot el material necessari, tant el lloc on viurien els astronautes a Mart com els vehicles d’exploració, una central elèctrica i potser un “gran” MOXIE, i vint-i-sis mesos després enviar als astronautes.

D’aquesta manera, la base estaria instal·lada uns vint mesos abans del viatge dels astronautes. Aquest “gran” MOXIE hauria de generar i emmagatzemar una part important de l’oxigen que els astronautes i el seu coet necessitarien en la missió. Això significa que el dispositiu hauria de produir entre 2.000 i 3.000 grams d’oxigen per hora, enfront dels 6-10 grams que produeix el MOXIE actual. I hauria de fer-ho gairebé sense parar.

Cal tenir en compte que el coet d’ascens per marxar de Mart requeriria entre 25 i 30 tones d’oxigen i que els astronautes podrien respirar entre 2 i 3 tones durant la seva estada de divuit mesos al planeta vermell fins que arribés el moment òptim per tornar.

El primer capítol de la sèrie The Golden Thread, que aborda la importància que ha tingut i té l’or en diferents àmbits de la nostra vida, incideix en el paper fonamental que ha jugat aquest metall preciós en l’exploració de l’espai.

 

 

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La inteligencia artificial facilita el cumplimiento del 79% de los objetivos de desarrollo sostenible marcados mundialmente a la Agenda 2030. Analizamos el estudio de Nature Communications para desgranar el porqué de esta cifra y desde qué ámbitos se logrará.

 

¿Qué se entiende por inteligencia artificial (IA)?

A pesar de que no existe una sola manera de describirlo, una forma certera es la que describe Britannica, entendiendo la IA como la capacidad de un ordenador digital o robot para desarrollar tareas que requieren inteligencia humana. Es decir, aprovechar las herramientas tecnológicas para optimizar tareas humanas y, al mismo tiempo, lograr retos que hasta ahora parecían imposibles. El desarrollo social y económico no se entiende sin estos mecanismos de IA que, hoy en día, ya marcan nuestra vida cotidiana. Reconocimiento facial, dactilar, por voz, predicción meteorológica, comunicación interactiva con máquinas, extracción automática de conocimiento o razonamiento lógico son algunos de los logros que, sin duda, marcarán el siglo. El foco, y el reto, está en crear y utilizar esta tecnología para contribuir a un desarrollo sostenible a escala global.

 

Los tres pilares del desarrollo sostenible

Sociedad, economía y medio ambiente conforman la base para entender el mundo actual y, por lo tanto, son los puntos clave para desarrollar acciones estratégicas. Desde estos tres grandes bloques se han creado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 17 objetivos y 169 metas conforman los retos presentes y futuros a escala mundial para mantener a raya los adelantos tecnológicos y asegurar que cada paso contribuye positivamente al progreso social.

A través de las 169 metas se tratan todos los ámbitos, como por ejemplo la pobreza, la educación de calidad, el acceso a la alimentación, salud y agua para la población, la energía limpia y asequible o la creación de ciudades sostenibles. El estudio de Nature Communications, basado en más de sesenta fuentes, determina que un correcto desarrollo de la IA puede tener un impacto positivo en 134 de estas metas, el 79%. Los usos de la IA son múltiples y los encontramos representados en aquellas acciones más cotidianas.

 

IA para reducir las desigualdades sociales

La tecnología se abre para llegar a todos los bolsillos, también desde el punto de vista económico. Actualmente, utilizar IA a través de nuestros smartphones forma parte de nuestra rutina. Reconocimiento de voz, táctil y de impronta, localización de dispositivo, conectividad… las herramientas IA se incorporan a toda velocidad para simplificar la experiencia de los usuarios y conseguir que todo el mundo tenga acceso a la tecnología. El objetivo es reducir, así, la brecha digital.

Pero la IA va más allá y busca crear mecanismos de inclusión para ciertos colectivos. Un ejemplo son las herramientas como Google Lookout o Microsoft Seeing AI que facilitan la percepción del entorno para las personas ciegas gracias a la identificación de objetos, personas o texto.

En casa nuestra, aplicaciones como el Localizador de la Fundació Arrels utilizan la tecnología como mecanismo de atención a colectivos en riesgo, en este caso enfocado a apoyar a personas sin hogar. Otro ejemplo es Refugee Aid App que pone al alcance de personas migrantes la localización de ONG, centros sociales y de ayuda humanitaria donde pueden ser atendidos.

Este es uno de los puntos clave de la IA, favorecer el interconexionado entre usuarios de todo el mundo y facilitar la creación de espacios de encuentro desde donde afrontar, de forma colectiva, un desarrollo social, igualitario e inclusivo. La tecnología pone la plataforma, pero son los ciudadanos quienes tienen que pasar a la acción.

 

IA para una economía circular

En clave de desarrollo sostenible, aparece el concepto de economía circular en que la producción va alineada con el ciclo de vida de los productos y se aleja del sistema tradicional basado al comprar, utilizar y tirar. La IA incentiva este sistema a partir de las acciones cotidianas más sencillas. Más allá de conectar marcas y consumidores, las plataformas digitales incentivan el intercambio de productos de segunda mano y se ha creado, desde el entorno digital, una tendencia basada en reutilizar productos y promocionar el DIY.

La industria también se apunta a la producción basada en las 7R, y lo hace de formas muy diversas. Las máquinas se ponen al servicio del medio ambiente para llevar a cabo una producción basada en materiales reciclados, desde neumáticos para hacer carreteras hasta prendas de ropa. La tecnología también llega a los métodos de transporte, que cada vez son más sostenibles y fomentan la cooperación por encima de la propiedad privada.

En el ámbito de generación de riqueza, la IA también es clave en el sector empresarial en términos de eficiencia y optimización de procesos, así como en el proceso de selección. Desde unir empresas y buscadores de trabajo hasta crear procesos automatizados de selección de talento. En la misma línea, empresas de inversión como Circularity Capital conectan, a partir de aplicaciones, inversión y proyectos sostenibles. El tejido empresarial se adapta a las necesidades medioambientales con la tecnología como principal aliado.

 

IA en el medio ambiente: tecnología para entender el mundo

Con voluntad de preservación medioambiental, se han creado plataformas que utilizan el análisis de datos para identificar especies en riesgo de extinción, evitar la desertificación en zonas de riesgo o favorecer el mantenimiento de los bosques. Para un uso más cotidiano, aparecen aplicaciones que incentivan el consumo de alimentos de temporada, promueven el comercio de proximidad o incentivan el consumo de pescado de forma sostenible, sin olvidar la predicción meteorológica que acontece clave en el ámbito marítimo o de montaña.

Al mismo tiempo, desde nuestro móvil y gracias a la IA, podemos calcular la calidad del aire a tiempo real, las emisiones de gases de efecto invernadero o la huella de carbono que generamos diariamente. Todo de facilidades que demuestran que llevar un estilo de vida sostenible está solo a un clic.

La tecnología nos permite entender y saber qué está pasando en todo el planeta, e incluso en otros planetas. Las aplicaciones creadas a través de IA se extienden a todos los ámbitos y la lectura global es positiva: se está consiguiendo crear un tipo de tecnología que facilita la vida a los humanos y, sobre todo, que procura su desarrollo sostenible, pensando en clave comunitaria. El auténtico reto en esta cuestión, y en el que hace énfasis el estudio, es conseguir que la creación y el mantenimiento de esta tecnología no genere un impacto negativo al planeta. La IA puede favorecer al desarrollo sostenible, pero solo se conseguirá si el proceso hasta lograrlo también es respetuoso con el medio ambiente.

 

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