La FED: ¿preparándose para el dólar digital?
La Reserva Federal de los Estados Unidos lanzará este verano un sistema de pagos en tiempo real pensado para agilizar las transacciones entre cuentas bancarias. Este avance es visto por algunos críticos como un nuevo paso hacia un dólar digital para contrarrestar las criptomonedas y eliminar el dinero en efectivo.
En un mundo cada vez más digital e interconectado, los sistemas de pago están evolucionando para adaptarse a las necesidades de empresas y consumidores que piden tener acceso a servicios de pago rápidos para hacer gestiones de manera más eficaz y poder controlar mejor su tesorería. El sector privado ha sido la punta de lanza de esta evolución, pero los gobiernos también quieren tomar partido.
Para satisfacer estas necesidades, la Reserva Federal de los Estados Unidos tiene previsto introducir en julio de este año un nuevo sistema de pagos conocido cómo lo FedNow. Esta nueva plataforma de pagos instantáneos está diseñada para hacer posibles pagos seguros y eficientes en tiempo real, las 24 horas del día y los 365 días del año.
Esto supone una gran ventaja para empresas y consumidores, puesto que no tendrán que depender de los plazos de procesamiento tradicionales, que ahora pueden ser de varios días hábiles. El nuevo sistema permitirá que los fondos se transfieran inmediatamente entre las cuentas bancarias participantes, y al tratarse de una organización gubernamental sin ánimo de lucro podrá ofrecer precios más competitivos.
Por otro lado, la adopción del FedNow por los bancos, las empresas y las principales instituciones financieras de los Estados Unidos podría provocar que otras entidades extranjeras se vieran forzadas a utilizar el servicio. Esto es significativo porque podría ayudar al dólar, también en formato digital, a perpetuar su reinado en las transacciones transfronterizas internacionales. Este escenario no se puede descartar frente a la creciente desdolarización y el anuncio del lanzamiento de una nueva moneda por parte del grupo de los BRICS.
¿Un nuevo sistema de pagos relacionado con el dólar digital?
Paralelamente al lanzamiento del FedNow, la Reserva Federal está estudiando la posibilidad de introducir el dólar digital. Como ya han hecho otros países, se trataría de poner en circulación una moneda digital vinculada al banco central (CBDC). Esta propuesta ha generado críticas por el hecho de que podría afectar las libertades fundamentales de la ciudadanía, aumentando la capacidad de los gobiernos para rastrear y controlar a la población.
En este sentido, el gobernador del estado de Florida Ron DeSantis y el candidato presidencial Robert Kennedy Jr, cuestionan los motivos que hay detrás de la posible introducción del dólar digital y del nuevo sistema de pagos de la FedNow. Concretamente, Robert Kennedy Jr manifestó que la emisión de un dólar digital servirá como un mecanismo para controlar a los ciudadanos estadounidenses, igual que el sistema de pagos FedNow, afirmando que “la distinción entre el FedNow y una CBDC es importante desde un punto de vista técnico, pero no desde el punto de vista de las libertades civiles”.
A raíz de estas declaraciones que pretenden vincular las dos propuestas, se ha desatado la polémica en redes sociales, en las cuales circulan contenidos que afirman que la Reserva Federal lanzará este julio una moneda digital de banco central llamada FedNow, que dará más poder al Gobierno para ratificar la esclavitud financiera y la tiranía política.
Una desinformación que se ha viralizado hasta el punto que la Reserva Federal ha visto necesario desmentirla oficialmente, apuntando que “FedNow no está relacionado con una moneda digital. FedNow es un servicio de pagos que la Reserva Federal pone a disposición de bancos y cooperativas de crédito para transferir fondos. El servicio FedNow no es una forma de moneda ni un paso hacia la eliminación de ninguna forma de pago, incluido el efectivo.”
Adicionalmente, Jerome Powell y Lael Brainard, presidente y exvicepresidenta de la Reserva Federal, señalaban que todavía podrían faltar años para ver un dólar digital convertirse en realidad, pero que el FedNow se podría perfilar como una mejor alternativa a una CBDC. Sea como sea, la controversia está servida, y es probable que impulse todavía más el argumento a favor de las criptomonedas, como monedas digitales descentralizadas que pueden servir como una defensa contra las CBDC u otras alternativas monetarias apoyadas por el Estado.
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En los últimos años se ha extendido el mito de que nuestra mala gestión del correo electrónico es sumamente dañina para el medio ambiente. Las últimas investigaciones relativizan su impacto y apuntan a otros hábitos digitales como responsables de una parte apreciable del calentamiento global.
El libro ‘How Bad Are Bananas? The Carbon Footprint of Everything’, publicado en 2010, ha popularizado la idea de que los correos electrónicos provocan una gran huella de carbono. Su autor estimaba que cada mensaje, aunque solo sea para responder “gracias”, genera un mínimo de 0,3 gramos de CO₂ por el consumo energético asociado a nuestros dispositivos y, sobre todo, a los grandes centros de datos. Y hay que tener en cuenta que cada día se envían entre 150.000 y 300.000 millones de correos electrónicos en el mundo, aunque la mayoría son ‘spam’.
Algunas investigaciones recientes relativizan ese supuesto perjuicio medioambiental de nuestros mensajes. Aparte de liberar algo de espacio en los servidores que los alojan, no hay pruebas de que se reduzca sustancialmente el consumo energético de la infraestructura digital si evitamos nuestros correos prescindibles y borramos los innecesarios.
Muy rara vez encendemos un móvil u ordenador solo para enviar un correo electrónico y tanto los sistemas de almacenamiento como los de transmisión de datos funcionan sin descanso, incluso cuando no los utilizamos, por lo que el consumo de energía se mantiene bastante estable.
Una perspectiva actualizada
Con las nuevas estimaciones, se calcula que calentar agua en una tetera requiere más electricidad que el envío y almacenaje de mil correos electrónicos. Y eliminar ese millar de mensajes de nuestra bandeja tendría un beneficio de carbono de unos cinco gramos de CO₂, lo mínimo que generaría nuestro ordenador en media hora si lo mantenemos encendido para borrarlos. Aunque cueste asimilarlo, borrar manualmente los correos electrónicos puede tener un mayor impacto en las emisiones de carbono que almacenarlos.
En realidad, una primera medida eficaz para limitar la huella de carbono del correo electrónico es reducir en la medida de lo posible el número de dispositivos electrónicos que compramos para gestionarlo y conservarlos el mayor tiempo posible, ya que su fabricación genera una huella de carbono importante.
Pero, sobre todo, salvaguardar el medio ambiente pasa por utilizar dispositivos que ofrezcan una buena eficiencia energética y racionalizar el tiempo en que los mantenemos encendidos: no hay que olvidar que una parte de la electricidad con la que alimentamos esos dispositivos tiene su origen en combustibles fósiles.
El origen de un tráfico excesivo
Obviamente, evitar correos innecesarios, escribir de forma concisa, incluir hipervínculos a archivos en lugar de adjuntarlos, limitar el número de destinatarios, vaciar regularmente la carpeta de ‘spam’ y darse de baja de boletines que realmente no nos interesan son buenas prácticas que reducirán el tráfico de Internet. Pero, si realmente queremos contribuir con nuestros hábitos digitales a la buena salud del planeta, deberíamos mirar más allá de nuestro correo electrónico.
Los intercambios de ‘e-mails’ solo representan el 1% del tráfico de Internet, lo cual es una minucia si lo comparamos con los servicios de ‘streaming’ de vídeo, que ya suponen más del 80% de lo que transita por la red. Y eso sí supone una cantidad apreciable de toneladas de CO₂.
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La automatización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando la manera en que vivimos y trabajamos. Estos adelantos tecnológicos mejoran la productividad, pero también plantean retos y preguntas sobre cómo afectarán a los trabajadores y a la economía en general.
La evolución de la duración de la jornada laboral ha mantenido una tendencia decreciente en las últimas cuatro décadas. Según un informe publicado en el Boletín Económico del Banco de España, la media de la jornada laboral en el Estado entre 1987 y 2019, se ha reducido de 37 a 31,8 horas semanales.
Este estudio analiza el conjunto de cambios estructurales de la economía que han contribuido a la reducción de la jornada laboral y las perspectivas que se mantenga esta tendencia en un futuro. Señala el aumento del peso del sector servicios, el impulso a la parcialidad laboral y el progreso de la tecnología como principales factores contribuyentes al descenso de la media de jornada laboral.
Los avances tecnológicos en automatización, robótica y digitalización de la información y la comunicación, han modificado la naturaleza de muchas tareas laborales y posibilitado una reducción de la carga de trabajo sin disminuir la productividad. Una reducción de la jornada laboral que facilita la conciliación entre la vida laboral y personal, reduce el estrés y mejora de la salud y el bienestar de los trabajadores.
Aun así, y a pesar de que es cierto que la tecnología comporta beneficios personales y contribuye a aumentar la productividad y la eficiencia a las empresas, también puede tener un impacto negativo en los trabajadores al reemplazar algunos trabajos con la automatización o reducir las horas de trabajo disponibles.
Invertir en educación y formación
El informe señala que la inversión en capital humano y la innovación son factores clave en la mejora de la productividad. Es decir, las regiones que invierten en educación y formación tienen una fuerza laboral más preparada para la adopción de nuevas tecnologías y para aprovechar las oportunidades de esta revolución ocupacional.
Según el estudio de Randstad, ‘Flexibility at work, abrazando lo cambio’, en el Estado español el 52% de los puestos de trabajo actuales corre el riesgo de automatizarse, parcialmente o totalmente, en la próxima década. Aun así, hay que tener en cuenta que cuando hablamos de pérdida de puestos de trabajo, son las tareas que requieren menos competencias, y no las profesiones en sí mismas, las que la tecnología está automatizando.
En un contexto de crisis económica y ante la incapacidad de muchas empresas para aumentar los salarios significativamente, la reducción de horas de trabajo, manteniendo los salarios y la productividad, puede ser un factor determinante en la hora de captar talento. En todo caso, el proceso de adaptación por parte de la sociedad a esta nueva realidad laboral requerirá la colaboración del tejido empresarial y la administración pública porque nadie se quede atrás.
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Europa podría volver a hablar de racionamiento de alimentos. No es un titular alarmista: es una advertencia directa del corazón del sistema financiero. La pregunta no es solo si pasará, sino qué implica realmente este escenario. Sobre todo, qué dice sobre la fragilidad del modelo económico actual y nuestra dependencia de factores que no controlamos. Y, aún más importante, qué consecuencias puede tener en la vida cotidiana de millones de ciudadanos europeos.
Cuando Christine Lagarde habla, los mercados escuchan. Pero esta vez el mensaje va más allá de la política monetaria. La presidenta del Banco Central Europeo ha abierto la puerta a medidas extremas como el racionamiento de alimentos si las tensiones geopolíticas y energéticas se mantienen. No es el escenario central, pero tampoco se puede descartar en un contexto cada vez más volátil.
Para entender el alcance de la advertencia hay que mirar el contexto global: una economía todavía tocada por la pandemia, tensionada por la guerra de Ucrania y sometida a una inflación persistente. Ahora, el foco se desplaza hacia Oriente Medio y hacia puntos críticos como el estrecho de Ormuz. Si esta vía clave se ve interrumpida, el mundo podría perder hasta un 13% del suministro diario de petróleo, con un impacto que iría mucho más allá del combustible y acabaría afectando a toda la cadena económica.
Energía, escasez y control: el retorno de un viejo fantasma
La energía es el sistema circulatorio de la economía. Cuando falla, todo se ve afectado. No es solo una cuestión de carburante o electricidad: es la raíz de toda actividad productiva. Cuando el coste energético sube, se encarece todo lo que depende de él, desde la industria hasta los servicios más básicos.
Fertilizantes más caros. Transporte más caro. Producción más cara. El resultado es inevitable: alimentos más caros. Ya lo hemos vivido recientemente. Después de la COVID y la guerra de Ucrania, el coste de la vida se disparó mientras los salarios quedaban atrás, provocando una pérdida sostenida de poder adquisitivo. Y eso en un escenario sin disrupciones extremas de suministro.
El problema es que esta vez podría ir más allá. No hablamos solo de inflación, sino de posibles interrupciones físicas en las cadenas de suministro. Cuando no hay suficientes recursos para todos, la lógica del mercado deja paso a la gestión política de la escasez. Y es en este punto cuando el racionamiento deja de ser un recuerdo del pasado para convertirse en una opción real.
CBDC: la pieza que encaja demasiado bien
En paralelo a estas advertencias, los bancos centrales aceleran el despliegue de las monedas digitales —CBDC—. Sobre el papel, se presentan como una evolución natural del sistema financiero: más eficientes, más rápidas y con menos costes de transacción. Una adaptación lógica a una economía cada vez más digitalizada.
Pero esta innovación incorpora un elemento diferencial que no se puede ignorar: el control. Tal como se ha analizado en 11Onze en varios artículos, las CBDC permiten una trazabilidad total de las transacciones y abren la puerta a mecanismos de supervisión directa sobre los ciudadanos. No es solo una nueva forma de pagar, sino una herramienta que podría redefinir la relación entre el Estado y el dinero.
A diferencia del efectivo, estas monedas podrían:
- Limitar qué puedes comprar
- Determinar dónde puedes gastar
- Imponer fechas de caducidad al dinero
- Aplicar tipos de interés negativos de forma directa
- Bloquear cuentas en tiempo real
Es decir, un sistema en el que la política económica deja de ser una herramienta indirecta y pasa a actuar en tiempo real sobre la ciudadanía. Las decisiones ya no se limitan a tipos de interés o impuestos, sino que pueden afectar directamente cómo, cuándo y en qué se puede utilizar el dinero. Un cambio de paradigma que transforma la gestión económica en un mecanismo de control inmediato.
Crisis y control: la lógica del sistema
Esta combinación —crisis sistémica y aumento del control— no es nueva. El modelo económico actual se ha ido construyendo, en gran parte, a partir de grandes shocks: guerras, crisis financieras o emergencias globales. Son momentos excepcionales que permiten aplicar medidas que, en condiciones normales, generarían un fuerte rechazo social.
Es lo que algunos economistas —como Naomi Klein— definen como la “doctrina del shock”. Cuando el miedo y la incertidumbre dominan, el margen de maniobra de los gobiernos se amplía. La ciudadanía, buscando estabilidad, acepta cambios profundos que transforman las reglas del juego económico y social.
En paralelo, la presión sobre las clases medias no deja de crecer. La inflación no solo encarece el coste de la vida, sino que también incrementa la recaudación fiscal de manera silenciosa, haciendo que los ciudadanos paguen más sin que haya una subida explícita de impuestos. El resultado es un escenario delicado: menos poder adquisitivo, más carga fiscal y una dependencia creciente de subsidios públicos que, en un entorno de moneda digital programable, podrían acabar condicionando también cómo y en qué se pueden gastar.
Y mientras todo esto pasa… el oro vuelve al centro
En un contexto de incertidumbre creciente, los bancos centrales refuerzan sus reservas con este metal precioso, recuperando un patrón de comportamiento que se ha repetido a lo largo de la historia. No es una decisión casual, sino una respuesta a la desconfianza hacia un sistema cada vez más tensionado.
El oro no depende de ningún gobierno, no se puede crear de la nada ni manipular con facilidad. Es tangible, limitado y universalmente aceptado. En este sentido, representa casi la antítesis de las monedas digitales emitidas por los bancos centrales. Por eso, mientras el dinero se digitaliza, crece también el interés por los activos físicos. Al final, todo se reduce a una cuestión de confianza.
Pero el debate de fondo no es tecnológico, sino político y social. La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por la estabilidad? Si las crisis energéticas y alimentarias se consolidan, las medidas excepcionales pueden dejar de ser temporales. Y aquello que hoy se presenta como una solución de emergencia puede acabar definiendo las reglas del juego a largo plazo.
Tenemos todos los ingredientes de una tormenta perfecta: tensiones geopolíticas, dependencia energética, inflación estructural, endeudamiento elevado y una digitalización acelerada del sistema monetario. Entender este escenario no es alarmismo, sino más bien responsabilidad. El sistema está cambiando rápidamente. Y solo quien entienda qué está pasando podrá proteger su patrimonio y su libertad económica.
Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad y, ahora, se amplía el abanico de productos. Por eso, ante la volatilidad, la todavía alta inflación y la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Or Semilla en Preciosos 11Onze.
Seguro que últimamente has oído mucho hablar de los tokens, sobre todo relacionados con las criptomonedas, el blocchain y el metaverso. ¿Pero qué son exactamente? ¿Para qué sirven? En nuestro día a día ya estamos rodeados de tokens, aunque no somos suficientemente conscientes de ello. Nos da todas las pistas la asistente ejecutiva de 11Onze, Núria Rambla.
“Un token” es una ficha, un símbolo, un código. Los tokens son objetos similares a una moneda, pero no de curso legal”, detalla Rambla. Esto significa que solamente tienen valor dentro del mercado donde se ha establecido que se utilizarán y únicamente para la finalidad para la que han sido creados. Ya llevan muchos años existiendo los tokens y el ejemplo más claro son las fichas del casino o de las ferias, esas monedas de plástico que únicamente sirven para jugar a las tragaperras o al póquer o para subir al tren de la bruja oa los autos de choque.
¿Y qué caracteriza a los tokens? “No tienen valor, son emitidos por instituciones o compañías privadas, están hechos con materiales de poco valor, tienen un sistema de control y son seguros y no se pueden falsificar”, desgrana el asistente ejecutiva. En el mundo digital, los tokens utilizan la infraestructura de las criptomonedas, el llamado blocchain, para circular. Podríamos decir, de hecho, que una criptomoneda es un token, aunque un token no es exactamente una criptomoneda.
“Mientras que la criptomoneda tiene su cadena de ‘blockchain’, un ‘token’ siempre aprovecha una cadena ya existente, por lo que a las plataformas digitales les sale más económico”, argumenta Rambla.
En el mundo virtual, los ‘tokens’ tienen infinitas aplicaciones: pueden servir como códigos de seguridad que se validan cuando entramos en una web, como puntos canjeables en videojuegos, como millas voladas por los aviones en las compañías aéreas… En el mundo de las finanzas, también se utilizan en las llamadas ‘tokenizaciones’, es decir, para proteger nuestros datos cuando realizamos pagos online, a través de un código que valida la operación con total seguridad. Y en cuanto a las inversiones, están los ‘security tokens’, es decir, títulos de inversión en ‘tokens’. ¿Quieres saber más? ¡Acaba de ver el vídeo de abajo!
Más allá de su popularidad en el sector de la joyería y como depósito de valor para los inversores y ahorradores, el oro es un metal precioso que gracias a sus propiedades físicas tiene un amplio abanico de aplicaciones industriales que van desde la electrónica a la medicina.
A lo largo de la historia, el oro ha sido considerado como el depósito de valor por antonomasia, lo cual lo ha convertido en un activo esencial para las personas que quieren proteger sus ahorros y para los inversores que quieren diversificar sus carteras en momentos de incertidumbre económica.
Su valor intrínseco viene dado por su durabilidad y relativa escasez. Pero también por una gran demanda continuada en el tiempo que proviene de varios ámbitos, desde bancos centrales e inversores privados, que acumulan lingotes y monedas de este metal precioso, hasta el sector de la joyería. Así mismo, sus propiedades físicas le otorgan una gran versatilidad para ser utilizado en varias aplicaciones industriales, como por ejemplo:
- El sector de la electrónica. El oro tiene una excelente cualidad como conductor de electricidad, así como muy buena resistencia a la corrosión y a la oxidación. Esto hace que sea un metal ideal para ser utilizado en componentes electrónicos, como por ejemplo los conectores, chips y circuitos integrados que podemos encontrar en ordenadores y teléfonos móviles. Se calcula que unas 300 toneladas de oro al año se utilizan en componentes electrónicos y que el 7% del oro mundial se encuentra en este tipo de dispositivos.
- El sector de la automoción. Aparte de ser utilizado en componentes electrónicos, la industria automovilística se aprovecha de la excelente calidad del oro como aislamiento térmico para evitar que las altas temperaturas puedan dañar la mecánica de los monoplazas de F1 y de superdeportivos de marcas como McLaren y Koenigsegg.
- El sector de la industria aeroespacial. Del mismo modo que es apreciado en la automoción por su protección térmica y, más allá de su uso en componentes electrónicos, la industria aeroespacial utiliza el pan de oro para recubrir partes de motores de aviones, satélites y cápsulas espaciales para protegerlos contra las temperaturas extremas y la radiación. Así mismo, el oro se usa como un componente del revestimiento de los parabrisas de los aviones que ayuda a reflejar la radiación infrarroja.
- El sector de la medicina. Gracias a que no es reactivo ni tóxico, el oro se utiliza en prótesis y dispositivos médicos implantables, como por ejemplo marcapasos. Por otro lado, las nanopartículas de oro se usan en la biomedicina en técnicas de diagnóstico para la detección de células cancerosas. Así como para el tratamiento de la artritis reumatoide y el dolor muscular.
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Pagos instantáneos, apps bancarias, dinero digital. Todo parece cómodo. Pero detrás de la tecnología financiera hay decisiones políticas y de poder.
La tecnología financiera se ha integrado en la vida cotidiana con una rapidez sorprendente. Pagamos con el móvil, enviamos dinero en segundos, contratamos servicios financieros con dos clics. Todo es más ágil, más eficiente, más “user-friendly”. Pero esta comodidad tiene un reverso que a menudo pasa desapercibido: la tecnología financiera no es neutral. Nunca lo ha sido.
Cada infraestructura digital incorpora una visión del mundo. Y, en el caso del dinero, esta visión tiene consecuencias profundas sobre la libertad económica, la privacidad y el poder de decisión de los ciudadanos.
El fin del dinero anónimo
Durante siglos, el dinero en efectivo ha permitido algo fundamental: anonimato. Comprar, vender o ahorrar sin dejar rastro. No como un privilegio criminal, sino como una expresión básica de libertad individual.
La digitalización total del sistema financiero cambia radicalmente este paradigma. Pagos electrónicos, tarjetas, apps bancarias y proyectos de moneda digital implican trazabilidad absoluta. Cada transacción queda registrada. Quién paga, cuánto, dónde y cuándo.
Lo que a menudo se presenta como eficiencia y lucha contra el fraude también abre la puerta a un nivel de control inédito. No solo por parte de las entidades financieras, sino también de los estados. En este contexto, iniciativas como las monedas digitales de banco central —impulsadas, entre otros, por el Banco Central Europeo— generan un debate legítimo: ¿hasta dónde llega la comodidad y dónde empieza la vigilancia?
Eliminar el efectivo no es solo un cambio tecnológico. Es un cambio de contrato social.
Cuando cada gesto deja huella
En un sistema completamente digitalizado, el dinero deja de ser solo un medio de intercambio para convertirse en datos… y los datos tienen valor.
Hábitos de consumo, frecuencia de pagos, tipos de comercios, localización geográfica. Todo puede ser analizado, cruzado y explotado. No necesariamente con malas intenciones, pero sí con incentivos claros: control de riesgo, segmentación de clientes, optimización de beneficios.
El problema no es solamente quién recoge estos datos, sino quién decide cómo se utilizan. Y aquí el ciudadano a menudo queda en una posición pasiva, con poco margen de maniobra y escasa capacidad de supervisión.
Algoritmos que deciden por ti
Crédito concedido o denegado. Límites de gasto. Primas de seguro. Condiciones de financiación. Cada vez más decisiones financieras pasan por sistemas automatizados.
Estos algoritmos no son objetivos por definición. Son modelos diseñados por humanos, entrenados con datos históricos y orientados a maximizar determinados resultados. A menudo, la eficiencia y la reducción del riesgo para la entidad, no necesariamente el bienestar del cliente.
El problema es la opacidad. Cuando una decisión la toma una persona, se puede preguntar, negociar o recurrir. Cuando la toma un algoritmo, la respuesta suele ser un “no cumple los criterios”. Sin explicaciones claras. Sin contexto. Sin derecho real a réplica.
Esto genera una nueva asimetría de poder: sistemas que deciden sobre la vida económica de las personas sin que estas entiendan cómo ni por qué.
Automatización y dependencia
La tecnología financiera promete autonomía, pero puede generar dependencia. Dependencia de plataformas, de infraestructuras privadas y de criterios que no controlamos.
Cuando todo pasa por apps y sistemas digitales, quedar excluido —por edad, conocimiento, recursos o decisión personal— implica una marginación real. El acceso al dinero deja de ser universal para convertirse en condicional.
Además, la concentración tecnológica en pocas manos refuerza dinámicas de poder difíciles de revertir. El sistema se vuelve eficiente, sí. Pero también más frágil y menos plural.
Tecnología sí, pero con espíritu crítico
La tecnología no es buena ni mala por sí misma. Depende de quién la diseñe, con qué incentivos y bajo qué reglas. Aceptarla acríticamente es tan ingenuo como rechazarla en bloque.
El reto no es frenar la innovación, sino gobernarla. Garantizar que la digitalización financiera respete derechos fundamentales como la privacidad, la libertad de decisión y el acceso universal. Hay que asegurar que la tecnología esté al servicio de la ciudadanía, y no solo del sistema financiero o del control institucional.
Esto exige regulación, transparencia y, sobre todo, ciudadanos informados. Sin conocimiento, no hay capacidad de elegir. Y sin capacidad de elegir, la libertad se diluye.
El conocimiento como defensa
Entender cómo funcionan los sistemas financieros digitales no es una cuestión técnica reservada a expertos. Es una herramienta de soberanía personal.
Saber qué implica pagar sin efectivo. Comprender cómo se toman las decisiones automatizadas. Cuestionar qué datos cedemos y a cambio de qué. Todo ello forma parte de una nueva alfabetización imprescindible.
En un mundo donde el dinero es cada vez más digital, la ignorancia ya no es neutral. Juega en contra. Entender la tecnología financiera es esencial para preservar la libertad económica.
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Brussel·les proposa els pilars legals per garantir l’acceptació de l’euro digital i la seva coexistència amb els diners en efectiu. Els bancs comercials seran els encarregats de distribuir i limitar les quantitats d’aquesta divisa digital. Però respectaran la privacitat i l’anonimat dels ciutadans?
La Comissió Europea i el Banc Central Europeu han presentat un paquet de propostes legislatives per convèncer al Parlament Europeu i al Consell de la UE de donar suport al llançament de l’euro digital. Les autoritats europees justifiquen la necessitat d’una CBDC perquè cada vegada hi ha més ciutadans -un 55% segons les seves enquestes- que prefereixen pagar a través de mètodes electrònics.
Es tracta d’un conjunt de mesures que busquen oferir un mètode de pagament alternatiu i complementari als diners en efectiu per als ciutadans i les empreses. El Banc Central Europeu decidiria qui podrà fer servir l’euro digital, com es farà servir internacionalment, i els bancs comercials s’encarregarien de distribuir i limitar les quantitats d’aquesta nova divisa digital.
Per una banda, es vol garantir que els euros en efectiu continuïn sent accessibles i àmpliament acceptats per totes les persones i negocis de tota la zona euro i, per l’altra, s’estableix el marc legal per a un possible euro digital com a complement dels bitllets i monedes en euros, que serà d’acceptació obligatòria en els comerços de l’eurozona, “excepte entre comerciants molt petits que optin per no acceptar pagaments digitals”.
Tranquil·litzar als bancs i als ciutadans
Segons les autoritats europees, les propostes presentades permetrien als ciutadans emmagatzemar fins a 3.000 euros digitals en moneders segurs que garantiran la privacitat. «Tenir un moneder digital en euros recarregat en el telèfon -o un altre dispositiu- serà el mateix que tenir monedes i bitllets en la butxaca. Podràs pagar amb la mateixa facilitat. Ni tan sols serà necessari tenir connexió a Internet«, apuntava durant la roda de premsa Valdis Dombrovskis, vicepresident executiu de la Comissió, però afegia que “la quantitat estaria subjecta a un límit màxim com a manera de protegir l’estabilitat financera i evitar sortides substancials de diners dels bancs».
En aquest context, la protecció de la privacitat és una de les qüestions que més preocupen a l’Eurocambra, a les associacions de consumidors i als ciutadans que van deixar comentaris durant el període de consulta pública del projecte. El vicepresident de la Comissió afirma que no hem de patir per la nostra privacitat i protecció de dades que “les dades personals estarien totalment protegides. Els bancs, ni tan sols el BCE, no veurien ni podrien rastrejar les dades o detalls personals de la gent. Els pagaments sense connexió oferirien un nivell de privacitat similar al que ofereix avui els diners en efectiu».
Això, però, és un punt contenciós entre els proponents i crítics d’aquestes mesures legislatives. Mentre que possibilitar pagaments fora de línia per a petits imports, en els quals no quedin registrats les dades del pagador i el beneficiari, pot garantir un cert nivell de privacitat, la tecnologia permet reconstruir aquestes transaccions si les autoritats pertinents ho requereixen.
De la mateixa manera, no es pot garantir l’anonimat que ofereixen les transaccions en efectiu. Com admetia Christine Lagarde, presidenta del Banc Central Europeu, «L’anonimat total -com el que ofereix els diners en efectiu- no sembla una opció viable. Contravindria altres objectius de política pública, com garantir el compliment de les normes contra el blanqueig de capitals i lluitar contra el finançament del terrorisme. I també faria pràcticament impossible limitar l’ús de l’euro digital com a vehicle d’inversió».
Centralització vs. descentralització
Tot i que l’euro digital podria ajudar a reduir l’economia submergida i el risc de frau gràcies a la completa traçabilitat sobre la major part de les transaccions, els governs tindrien un control sobre els nostres diners sense precedents. La qual cosa els permetria saber exactament com els gastem i els atorgaria la capacitat de parar pagaments o confiscar-los, com va passar amb les protestes dels camioners contra el govern canadenc.
En aquest context, les criptomonedes ofereixen una alternativa a la banca centralitzada controlada per l’Estat, democratitzant la creació de moneda mentre dilueixen el monopoli bancari tradicional. A més, en termes pràctics, la introducció de les CBDC no acaba de ser entesa del tot per una ciutadania que, de fet, ja fa transaccions digitals bancàries i en el comerç diàriament a través dels mètodes de pagament existents.
I és precisament en aquest punt, on la suposada necessitat d’introduir un nou mètode de pagament, o encara més important, on els conceptes de privacitat, anonimat i llibertat que ara tenim amb els diners físics i les criptodivises poden ser decisius en determinar si la proposta d’un euro digital no és res més que una solució a la recerca d’un problema -almenys pel que pertoca als interessos dels ciutadans- que està destinada al fracàs a no ser que sigui imposada per la força.
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El ecosistema startup de Cataluña, mayoritariamente ubicado en el área metropolitana de Barcelona, sigue creciendo y consolidando a la ciudad condal como uno de los principales hubs tecnológicos de innovación y emprendimiento digital de Europa.
El desarrollo del ecosistema digital de empresas emergentes en Cataluña ha convertido en Barcelona en un centro tecnológico de primer orden que atrae algunas de las principales empresas globales. La sinergia entre administración pública, universidades, instituciones y emprendedores ha posicionado a la capital catalana como el principal clúster tecnológico del sur de Europa.
El último informe sobre el ecosistema de empresas emergentes en Cataluña hecho por ACCIÓ identificaba un total de 1.902 startups el 2021 – un crecimiento del 11,4% respecto al año anterior – que facturan 1.710 millones de euros y dan trabajo a 19.300 personas. Estas cifras confirman la tendencia al alza vista en los últimos años de un ecosistema digital que vive de la capacidad para atraer talento e inversores, y que el Gobierno aspira que llegue a las 4.000 empresas emergentes él 2030.
La madurez del sector tecnológico catalán se hace patente con el estudio recientemente publicado por CaixaBank y la IESE, confirmando el liderazgo de Cataluña, que concentra el 18% de las startups de todo el Estado, la mayoría de estas en las comarcas del Barcelonès y el Vallès Occidental.
Un sector internacional y multicultural
Numerosos estudios confirman que la diversidad cultural tiene un impacto positivo en la innovación, por lo tanto, no es de extrañar que el éxito de muchas startups esté estrechamente ligado a su capacidad para atraer talento internacional donde emprendedores y trabajadores de varios orígenes trabajan en equipos pequeños impulsados por un mismo objetivo estratégico.
En este sentido, un 26% de los trabajadores y un 17% de los fundadores de las startups en territorio catalán son extranjeros. Una tendencia que se prevé irá en aumento teniendo en cuenta que el 73% de estas startups cuentan con clientes internacionales, representando casi la mitad de su facturación.
El apoyo al emprendimiento digital, la situación privilegiada de Barcelona, el ecosistema tecnológico de Cataluña, y el espíritu emprendedor de la cultura catalana han facilitado que las empresas emergentes cada día ganen más puntos para apoderarse de una gran parte del tejido empresarial del país, convirtiendo a Barcelona en el segundo hub de la Unión Europea preferido para crear una startup.
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Desde que el 2021 la Comisión Europea pidiera un estudio de viabilidad a propósito de crear un registro patrimonial de todos los ciudadanos, se repiten periódicamente los mensajes alarmistas en la prensa alternativa y en las redes sociales sobre la inevitable aplicación de este registro de activos para tener un control absoluto sobre la población. ¿Cuáles son los hechos, más allá del sensacionalismo mediático?
En el contexto de la lucha contra el blanqueo de capitales y la evasión fiscal, en julio de 2021, la Comisión Europea hizo una licitación sobre un estudio de viabilidad para un registro europeo centralizado de los activos de todos sus ciudadanos.
Este proyecto tenía como finalidad analizar la viabilidad de establecer un registro patrimonial que más tarde se pudiera debatir como una futura iniciativa política. Su objetivo era estudiar como recopilar y vincular la información disponible de varias fuentes y Estados miembros sobre la propiedad de activos y analizar el diseño, el alcance y los retos de este registro de activos de la UE.
Además, la Comisión pedía que el estudio tuviera en cuenta “la posibilidad de incluir en el registro, datos relativos a la propiedad de otros activos, como por ejemplo criptomonedas, obras de arte, bienes inmuebles y oro.” La intención era obtener una visión general de los posibles recursos que serían necesarios para llevar a cabo un registro de este tipo, así como los retos operativos e informáticos, y la viabilidad política y jurídica de la propuesta.
El llamamiento a la resistencia civil
Tan pronto como se hizo pública la licitación surgieron duras críticas en contra de la propuesta, argumentando que representaba un peligro por la libertad y los derechos civiles de la ciudadanía europea. Que estas nuevas medidas se prescribieron sin sentido ni comprensión y por pura codicia de poder de la casta política.
Este hecho espoleó una avalancha de preguntas en el Parlamento Europeo: ¿Sobre qué base jurídica tiene previsto la Comisión crear este registro central de activos? ¿Puede excluir la Comisión la posibilidad que en el futuro se introduzcan impuestos adicionales sobre los ciudadanos de la UE a través de este registro? ¿Se plantea la Comisión adaptar el registro a la legislación sobre protección de datos?
Rolf von Hohenhau, presidente de la Asociación de Contribuyentes Europeos (TAE), avisaba que “Si los ciudadanos dan su apoyo, perderán todos sus derechos personales por una puerta trasera burocrática. Con el pretexto de impedir el blanqueo de dinero, todos seremos investigados.” E instigaba en la población a “tomar las calles como los chalecos amarillos en Francia.”
La abogada holandesa Ellen Timmer hacía un análisis de la iniciativa y apuntaba que “No se explica por qué los registros de activos en poder de las autoridades fiscales no son suficientes y qué valor adicional hay que esperar del nuevo registro de activos.” Al mismo tiempo, las redes sociales explotaban con contenidos que se hacían virales alertando sobre el plan de la Comisión Europea.
Por otro lado, un portavoz de la Comisión afirmaba que “El estudio de viabilidad no es de ninguna forma indicativo de ningún plan para establecer un registro de la propiedad a escala de la UE”, en declaraciones a EURACTIV, añadiendo que este registro no figuraba en el paquete de propuestas legislativas de la Comisión para luchar contra el blanqueo de capitales.
Las sanciones contra Rusia
El 17 de marzo de 2022, la Comisión Europea puso en marcha la “Freeze and Seize Taskforce”, que viene a ser un grupo operativo para facilitar la coordinación entre las autoridades de los Estados miembros a la hora de implementar las sanciones contra los oligarcas rusos y bielorrusos.
En este contexto, Theresa Neef, Gabriel Zucman y Thomas Piketty, del Observatorio Fiscal de la UE y del Laboratorio Mundial de Desigualdad, presentaron una propuesta de Registro Europeo de Activos que conectaría la información sobre la propiedad de los activos europeos en toda la UE. Es decir, apoyando al proyecto de la Comisión Europea bajo la justificación de reforzar las sanciones contra Rusia.
Por otro lado, el partido de los Verdes/Alianza Libre Europea (Los Verdes/ALE), se posicionaba claramente a favor de esta nueva normativa: “Todos los países de la UE tendrían que crear registros con información sobre la titularidad real que incluya todos estos tipos de activos. Estos registros tendrían que estar interconexionados y ser de libre acceso a través de un punto de acceso único europeo.”
Las conclusiones del estudio
El marzo del 2024 se presentaban las conclusiones del estudio solicitado por la Comisión Europea: “La creación de registros completos que denoten la propiedad y el valor de los activos, que sean exhaustivos y completos, resultó en su mayoría inviable desde el punto de vista operativo para este grupo de activos.”
Previamente, el portavoz de la Comisión Europea, Eric Mamer, ya había aclarado que: «La Comisión Europea no tiene ninguna intención de establecer una base de datos central sobre los activos de los ciudadanos de la UE. Es cierto que actualmente la Comisión está llevando a cabo un estudio a petición del Parlamento Europeo en orden a la practicidad de registrar patrimonios a los Estados miembros de la UE. Este estudio general solo muestra qué mecanismos hay en los 27 Estados miembros. La Comisión no está planificando ninguna actividad basada en los resultados de este estudio.”
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