Economía azul: el sector estratégico del futuro
El 70% de la superficie del planeta está cubierta por agua, y el volumen de negocio que esto puede generar convierte el ecosistema marino en un sector estratégico para desarrollar una economía sostenible.
La economía azul describe todas aquellas actividades económicas vinculadas al mar y a ecosistemas marinos. Incluye actividades portuarias y de logística, la pesca, la industria naval, la producción energética, el deporte, la ciencia y actividades tecnológicas. La principal premisa es la sostenibilidad, ya que de ello dependerá el futuro tanto de este sector económico como del planeta en general.
Objetivo 2050: el 35% de la energía se producirá en el mar
La Comisión Europea señala la economía azul como agente clave en el European Green Deal (el trato verde europeo), que promueve el desarrollo sostenible de todos los países miembros. El océano actúa de regulador del clima, es indispensable en la producción de oxígeno y ofrece energía, alimentos y otros recursos sin los cuales no podríamos vivir.
Es, por lo tanto, un sector estratégico en la lucha contra el cambio climático que, hoy en día, pone el foco en dos grandes objetivos: desarrollar energía renovable en alta mar, hasta lograr el 35 % de producción energética en 2050 y, por otro lado, hacer más sostenibles los puertos y los transportes, procurando limitar las emisiones de carbono y reducir la huella ecológica de los puertos.
Cataluña cuenta con un proyecto que podría alcanzar el objetivo energético, el llamado Parque Tramuntana. Con la intención de convertirse en un punto de referencia contra el cambio climático, el Empordà presenta esta propuesta para crear un parque eólico marino y flotante en el Golfo de Roses. El proyecto entraría en funcionamiento en 2026 y podría suministrar el 45% de la energía de la provincia de Girona, además de crear 5000 puestos de trabajo y contribuir a la preservación y regeneración de ecosistemas marinos.
¿Qué es el European Green Deal? El European Research Council lo explica en este vídeo.
La Cataluña azul, líder en Europa
En Cataluña, en 2018 se iniciaba el plan para promover la economía azul en el territorio. Desde entonces, el sector ha generado más de 200.000 puestos de trabajo y 35.500 millones de euros de facturación. Una cifra que sitúa Cataluña al frente de los países europeos donde la economía marítima tiene mayor peso interno. La siguen Portugal, Estonia, Grecia, Malta y Chipre.
El peso que tiene es innegable, y la implicación empresarial catalana lo corrobora. Por ejemplo, desde el Puerto de Barcelona se ha impulsado un proyecto para convertirlo en un hub de economía azul, que actúe de punto estratégico para empresas relacionadas con el sector de forma directa o indirecta.
También este año, se ha creado en las tierras del Ebro el Clúster de Empresas de Economía Azul, una iniciativa abierta a todas las empresas de la zona que quieran sumar esfuerzos por la preservación medioambiental del Delta y su actividad económica, mayoritariamente marítima.
Un desarrollo económico sostenible implica aprovechar de forma eficiente los recursos disponibles, y en este sentido Cataluña tiene que aprovechar y utilizar conscientemente todo lo que el mar puede ofrecer. El objetivo será el progreso económico y social, pero con el mismo grado de importancia lo será la preservación medioambiental, porque tal como avisan desde la Comisión Europea, «no puede haber verde sin azul.»
La inteligencia artificial facilita el cumplimiento del 79% de los objetivos de desarrollo sostenible marcados mundialmente a la Agenda 2030. Analizamos el estudio de Nature Communications para desgranar el porqué de esta cifra y desde qué ámbitos se logrará.
¿Qué se entiende por inteligencia artificial (IA)?
A pesar de que no existe una sola manera de describirlo, una forma certera es la que describe Britannica, entendiendo la IA como la capacidad de un ordenador digital o robot para desarrollar tareas que requieren inteligencia humana. Es decir, aprovechar las herramientas tecnológicas para optimizar tareas humanas y, al mismo tiempo, lograr retos que hasta ahora parecían imposibles. El desarrollo social y económico no se entiende sin estos mecanismos de IA que, hoy en día, ya marcan nuestra vida cotidiana. Reconocimiento facial, dactilar, por voz, predicción meteorológica, comunicación interactiva con máquinas, extracción automática de conocimiento o razonamiento lógico son algunos de los logros que, sin duda, marcarán el siglo. El foco, y el reto, está en crear y utilizar esta tecnología para contribuir a un desarrollo sostenible a escala global.
Los tres pilares del desarrollo sostenible
Sociedad, economía y medio ambiente conforman la base para entender el mundo actual y, por lo tanto, son los puntos clave para desarrollar acciones estratégicas. Desde estos tres grandes bloques se han creado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 17 objetivos y 169 metas conforman los retos presentes y futuros a escala mundial para mantener a raya los adelantos tecnológicos y asegurar que cada paso contribuye positivamente al progreso social.
A través de las 169 metas se tratan todos los ámbitos, como por ejemplo la pobreza, la educación de calidad, el acceso a la alimentación, salud y agua para la población, la energía limpia y asequible o la creación de ciudades sostenibles. El estudio de Nature Communications, basado en más de sesenta fuentes, determina que un correcto desarrollo de la IA puede tener un impacto positivo en 134 de estas metas, el 79%. Los usos de la IA son múltiples y los encontramos representados en aquellas acciones más cotidianas.
IA para reducir las desigualdades sociales
La tecnología se abre para llegar a todos los bolsillos, también desde el punto de vista económico. Actualmente, utilizar IA a través de nuestros smartphones forma parte de nuestra rutina. Reconocimiento de voz, táctil y de impronta, localización de dispositivo, conectividad… las herramientas IA se incorporan a toda velocidad para simplificar la experiencia de los usuarios y conseguir que todo el mundo tenga acceso a la tecnología. El objetivo es reducir, así, la brecha digital.
Pero la IA va más allá y busca crear mecanismos de inclusión para ciertos colectivos. Un ejemplo son las herramientas como Google Lookout o Microsoft Seeing AI que facilitan la percepción del entorno para las personas ciegas gracias a la identificación de objetos, personas o texto.
En casa nuestra, aplicaciones como el Localizador de la Fundació Arrels utilizan la tecnología como mecanismo de atención a colectivos en riesgo, en este caso enfocado a apoyar a personas sin hogar. Otro ejemplo es Refugee Aid App que pone al alcance de personas migrantes la localización de ONG, centros sociales y de ayuda humanitaria donde pueden ser atendidos.
Este es uno de los puntos clave de la IA, favorecer el interconexionado entre usuarios de todo el mundo y facilitar la creación de espacios de encuentro desde donde afrontar, de forma colectiva, un desarrollo social, igualitario e inclusivo. La tecnología pone la plataforma, pero son los ciudadanos quienes tienen que pasar a la acción.
IA para una economía circular
En clave de desarrollo sostenible, aparece el concepto de economía circular en que la producción va alineada con el ciclo de vida de los productos y se aleja del sistema tradicional basado al comprar, utilizar y tirar. La IA incentiva este sistema a partir de las acciones cotidianas más sencillas. Más allá de conectar marcas y consumidores, las plataformas digitales incentivan el intercambio de productos de segunda mano y se ha creado, desde el entorno digital, una tendencia basada en reutilizar productos y promocionar el DIY.
La industria también se apunta a la producción basada en las 7R, y lo hace de formas muy diversas. Las máquinas se ponen al servicio del medio ambiente para llevar a cabo una producción basada en materiales reciclados, desde neumáticos para hacer carreteras hasta prendas de ropa. La tecnología también llega a los métodos de transporte, que cada vez son más sostenibles y fomentan la cooperación por encima de la propiedad privada.
En el ámbito de generación de riqueza, la IA también es clave en el sector empresarial en términos de eficiencia y optimización de procesos, así como en el proceso de selección. Desde unir empresas y buscadores de trabajo hasta crear procesos automatizados de selección de talento. En la misma línea, empresas de inversión como Circularity Capital conectan, a partir de aplicaciones, inversión y proyectos sostenibles. El tejido empresarial se adapta a las necesidades medioambientales con la tecnología como principal aliado.
IA en el medio ambiente: tecnología para entender el mundo
Con voluntad de preservación medioambiental, se han creado plataformas que utilizan el análisis de datos para identificar especies en riesgo de extinción, evitar la desertificación en zonas de riesgo o favorecer el mantenimiento de los bosques. Para un uso más cotidiano, aparecen aplicaciones que incentivan el consumo de alimentos de temporada, promueven el comercio de proximidad o incentivan el consumo de pescado de forma sostenible, sin olvidar la predicción meteorológica que acontece clave en el ámbito marítimo o de montaña.
Al mismo tiempo, desde nuestro móvil y gracias a la IA, podemos calcular la calidad del aire a tiempo real, las emisiones de gases de efecto invernadero o la huella de carbono que generamos diariamente. Todo de facilidades que demuestran que llevar un estilo de vida sostenible está solo a un clic.
La tecnología nos permite entender y saber qué está pasando en todo el planeta, e incluso en otros planetas. Las aplicaciones creadas a través de IA se extienden a todos los ámbitos y la lectura global es positiva: se está consiguiendo crear un tipo de tecnología que facilita la vida a los humanos y, sobre todo, que procura su desarrollo sostenible, pensando en clave comunitaria. El auténtico reto en esta cuestión, y en el que hace énfasis el estudio, es conseguir que la creación y el mantenimiento de esta tecnología no genere un impacto negativo al planeta. La IA puede favorecer al desarrollo sostenible, pero solo se conseguirá si el proceso hasta lograrlo también es respetuoso con el medio ambiente.
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Apple ha publicado este noviembre un comunicado donde anuncia que pondrá al alcance de los usuarios manuales, herramientas y piezas de repuesto para que puedan hacer sus propias reparaciones. Así, los consumidores podrán reparar sus móviles y ordenadores a principios del 2022 en los Estados Unidos, y a finales de año en la Unión Europea.
El programa de autoservicio de reparación anunciado por Apple llega después de años de presión por parte de la Federal Trade Comission de los Estados Unidos, la Unión Europea, y de la plataforma Por el Derecho a Reparar. La noticia ha sido celebrada como una pequeña victoria para el consumidor. Aun así, como explican los responsables de iFixit, el portal de manuales de reparación de productos electrónicos y uno de los principales proponentes del derecho a reparar, nos tenemos que fijar en los detalles del comunicado para entender que no todo es de color de rosa.
“Apple está modelando este servicio de autorreparación siguiendo las líneas de su restrictivo programa Independiente Repair Provider (IRP)”, alerta iFixit. Es decir, solo se pueden comprar recambios nuevos directamente en Apple, a los precios de Apple, y no se permite emplear componentes de otros aparatos o proveedores, y, por lo tanto, elimina cualquier incentivo a la hora de reparar estos dispositivos fuera de los servicios oficiales de Apple.
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6min lecturaLa legislación de la UE obliga a las empresas a proporcionar...
La subida del precio de la luz ha disparado el interés por el autoconsumo fotovoltaico, que se establece como la mejor opción para esquivar los elevados costes energéticos. En este episodio de La Plaça, hablamos del aumento de la demanda en la instalación de paneles solares con Raúl Rodríguez, director general de la Federación de Gremios de Instaladores de Cataluña (FEGICAT).
La creciente tendencia de particulares y empresas en generar su propia electricidad mediante paneles solares ha hecho que la potencia instalada se duplicara en los últimos 12 meses. Este incremento de la demanda ha sido impulsado principalmente por dos factores: por un lado, el descenso de los costes de las tecnologías fotovoltaicas y, por la otra, la inflación que ha afectado especialmente los precios de la energía.
El gran interés para instalar paneles solares, reduciendo la dependencia en el sistema de suministro eléctrico tradicional, ha provocado que las empresas del sector no puedan hacer frente a toda la demanda. La falta de personal cualificado agravia la situación, como explica Rodríguez, “el colectivo de empresas instaladoras está en disposición de incorporar, de forma inmediata, a 18.000 trabajadores”.
Encajar la oferta con la demanda laboral
El reto de la transición energética y de lograr la neutralidad de carbono en 2050, como pide la Unión Europea, significa que en Cataluña “necesitaremos 170.000 trabajadores en el sector”, apunta Rodríguez, y continúa, “estamos hablando de salarios mínimos de 1.500 euros al mes en 14 pagas, y con una proyección de futuro impresionante”.
“Se trata de una oportunidad competitiva de país, siempre que la sepamos aprovechar”, el director general de FEGICAT advierte de la necesidad de equilibrar el mercado con mano de obra cualificada, impulsando la formación de nuevos profesionales. Una oportunidad de país en la que la administración pública ha de jugar un papel fundamental, evitando las trabas administrativas, fomentando la formación, e incrementando los incentivos fiscales.
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Si et preocupa la qualitat de l’aigua que beu la teva família, probablement carreteges grans quantitats de garrafes o d’ampolles d’aigua mineral que al cap de l’any et costen més de 1.000 euros. Amb un filtre a la teva aixeta pots continuar gaudint d’aigua de qualitat, reduir per 15 la teva despesa, ajudar el planeta i estalviar-te maldecaps i d’esquena.
Estalviar no significa necessàriament privar-se de moltes coses. Sovint significa evitar sobrecostos innecessaris en productes essencials. Per això neix Imprescindibles 11Onze, perquè puguis reduir despeses en productes dels quals no pots prescindir.
El primer d’aquests productes disponibles a la web d’11Onze està relacionat amb l’aigua, el líquid essencial per a la vida. Hem de beure’n dos litres diaris i el més habitual és que acabem comprant un munt d’ampolles o garrafes de plàstic, amb el consegüent impacte mediambiental del plàstic que comporten.
Una família de quatre membres hauria de beure una mitjana de 2.920 litres d’aigua a l’any. Això equival a una despesa mínima de 1.196 euros si comprovem els preus de les ampolles d’1,5 litres més populars als principals supermercats d’Espanya i fem la mitjana.
En termes mediambientals, aquest consum suposa més de 60 kg de plàstic abocats al planeta i una quantitat de CO₂ similar emès a l’atmosfera durant la seva fabricació i transport.
Més de mil euros d’estalvi
És possible beure aigua de bona qualitat, amb bon sabor, estalviar i ajudar a preservar el planeta? La resposta és sí. Tan senzill com substituir el consum d’aigua envasada per aigua filtrada. El filtre Tappwater, que està fet en un 70 % de closca de coco, captura fins a 100 substàncies que podem trobar a l’aigua corrent, metalls pesants inclosos.
Pel que fa a l’estalvi econòmic, la senzilla instal·lació d’aquest filtre, que no requereix cap eina, equival a un estalvi de més de 1.100 euros a l’any per a una família de quatre membres. De gairebé 1.200 euros que suposa la compra d’aigua envasada es passa a menys de 90 euros en total.
El kit amb el filtre i els recanvis necessaris per al consum anual costen 79,99 euros. I a això només s’han de sumar menys de 10 euros de consum d’aigua de l’aixeta, tenint en compte que el preu mitjà a Espanya és d’aproximadament 0,0019 euros per litre i que amb el paquet anual de Tappwater es poden filtrar fins a 4.800 litres.
El planeta també s’estalvia plàstic i CO₂
Addicionalment, el medi ambient s’estalvia unes 1.947 ampolles de plàstic que no hauràs de carregar fins a casa i 63 kg de CO₂. I també t’assegures que l’aigua està lliure dels microplàstics que poden desprendre els envasos de plàstic quan es degraden per l’escalfor, i que ja s’ha demostrat que arriben al nostre torrent sanguini.
Tots els productes de Tappwater passen estrictes proves de qualitat abans de ser enviats als clients, i per això ofereixen una garantia d’un any.
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Los acontecimientos meteorológicos extremos suponen el riesgo más grande para la humanidad durante la próxima década, según constata el último Informe de Riesgos Globales 2024 del Foro Económico Mundial. Aun así, la desinformación y la incertidumbre económica representan las principales preocupaciones a corto plazo.
El informe anual sobre Riesgos Globales elaborado por el Foro Económico Mundial analiza los principales retos a que se enfrenta el mundo a dos y diez años vista. Así mismo, examina posibles cooperaciones y diferentes enfoques para hacer frente a estos riesgos mundiales.
En la elaboración del informe de 2024 se han encuestado 1.490 expertos del mundo académico, la empresa, la administración, la comunidad internacional y la sociedad civil. Como complemento a estos datos, se ha añadido la Encuesta de Opinión Ejecutiva (EOS) hecha a 11.000 líderes empresariales en 113 economías, para identificar los riesgos que suponen la amenaza más grave para cada país.
Se analizan un total de 34 riesgos globales, entre los cuales se encuentran factores de carácter tecnológico y económico, así como riesgos sociales y geopolíticos. Como riesgo global se entiende la posibilidad que se produzca un acontecimiento o condición que afectaría negativamente una proporción significativa del PIB mundial, la población o los recursos naturales.
Los principales riesgos globales están vinculados al cambio climático
Los cambios relacionados con la emergencia climática, como por ejemplo los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad, el colapso de los ecosistemas o la escasez de recursos naturales, representan la amenaza más grande por la humanidad en los próximos diez años.
Dos tercios de los encuestados están preocupados por los acontecimientos meteorológicos extremos durante la próxima década, un factor que también ocupa el segundo lugar en cuanto a riesgo en los próximos dos años. En este caso, 5 de los 10 principales riesgos globales están relacionados con el medio ambiente y el cambio climático.
Entre los responsables de organizaciones de la sociedad civil, Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional, avisaba que “a menos que tomemos medidas urgentes, la amenaza solo se intensificará y nos acercará a infligir daños irreversibles a la sociedad y a los ecosistemas”. De hecho, hay estudios que muestran que en la década de 2030 podrían producirse cambios potencialmente irreversibles en el planeta si las temperaturas continúan aumentando.
Aumenta el riesgo de desinformación y polarización social
La desinformación, incluida la generada por la inteligencia artificial, y la polarización social y política ocupan el segundo y tercer lugar en el ranking de preocupaciones. Las sociedades polarizadas son más propensas a fiarse de información (verdadera o falsa) que confirme sus sesgos. A corto plazo, la desinformación puede afectar a 4.000 millones de personas que votarán en 60 países durante 2024.
Al informe se avisa que los mismos gobiernos estarán cada vez más en condiciones de determinar qué relato es considerado como “la verdad”, lo cual podría permitir a los partidos políticos monopolizar el discurso público y suprimir las voces discrepantes. Por lo tanto, se prevé que la desinformación continúe siendo utilizada por actores nacionales y extranjeros para ampliar las divisiones sociopolíticas.
En este contexto, la polarización social emerge como uno de los principales riesgos que están interconectados con la recesión económica y la falta de oportunidades. Además, las tensiones geopolíticas y los conflictos armados están afectando gravemente a la subsistencia de millones de personas, e incrementan la posibilidad que estalle una guerra de consecuencias globales.
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Los agricultores europeos están en pie de guerra. El aumento de costes, la supresión de subsidios, las nuevas medidas medioambientales y los recortes para financiar la guerra en Ucrania, estrangulan a un sector esencial para la soberanía alimentaria del continente que se ha convertido en la cabeza de turco de los eurócratas.
Después de ver las imágenes de media Alemania bloqueada por la avalancha de tractores dirigiéndose hacia la puerta de Brandeburgo, alguien podría pensar que quien siembra vientos, recoge tempestades. Y es que la clase política europea hace tiempo que fomenta la discordia contra el sector agrario y solo era una cuestión de tiempo que un día u otro pagara las consecuencias.
Estas protestas son las últimas de una serie de manifestaciones de agricultores que se han producido en todo Europa. Anteriormente, se han podido ver manifestaciones similares en los Países Bajos, Bélgica, Francia, España y otros estados europeos, donde los agricultores también han salido a la calle para expresar su malestar por los efectos de las reformas medioambientales previstas y los elevados costes de producción.
El casus belli de la revuelta agraria alemana
Aunque es tentador agrupar todas las manifestaciones bajo un denominador común, estas se han desencadenado principalmente por situaciones nacionales específicas. El sector agrario alemán se opone a los recortes propuestos en las subvenciones a los combustibles utilizados en la agricultura. Una política de austeridad que el Gobierno alemán argumenta que se hizo necesaria después de que un veredicto del Tribunal Constitucional prohibiera a la coalición de gobierno el traspaso de 60.000 millones de euros de crédito para paliar los efectos de la pandemia en la lucha contra el cambio climático.
Con los recortes se querían eliminar las ventajas fiscales existentes para el diésel y la exención del impuesto de circulación para los vehículos agrícolas y forestales. Esto habría permitido en el Gobierno federal registrar casi 1.000 millones de euros en ingresos adicionales a restar del montante oficial que tiene que ahorrar durante el ejercicio del 2024 -pendiente todavía de aprobación parlamentaria- de unos 17.000 millones de euros sobre un presupuesto de 450.000 millones.
Esto pasa en el contexto de la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia. Un conflicto bélico instigado y perpetuado por los Estados Unidos y sus estados clientelares en Europa, que ha sido devastador para la economía y el sector industrial alemán. Aun así, Berlín se ha comprometido aportar más de 17.100 millones de euros en ayuda militar a Ucrania desde el 24 de enero de 2022, la misma cantidad que tendría que ahorrar con recortes durante el 2024.
Pero está claro, estos miles de millones de euros en «ayuda» militar se reciclan hacia la industria armamentística alemana que, como la de los Estados Unidos, está haciendo el agosto con esta guerra, cortesía de los contribuyentes y campesinos que sufren los recortes porque no hay dinero y de los ucranianos que sirven de carne de cañón de los intereses corporativos que hay detrás de estos conflictos. Como no se cansa de repetir el presidente Biden para evitar que se cierre el grifo, el dinero que se destina a “Ucrania” es una buena inversión.
Objetivos climáticos vs. soberanía alimentaria
A pesar de que se han perdido más de 5 millones de explotaciones agrarias desde el 2005, un descenso del 37%, Europa es en general autosuficiente en la mayoría de alimentos. No obstante, las ayudas a los agricultores que proporciona la Política Agrícola Común son esenciales al asegurar la continuidad de granjas y cultivos en la UE. Especialmente, desde el incremento de costes causado por la crisis sanitaria, el embudo logístico y la guerra en Ucrania.
Los eurócratas de Bruselas ven con nerviosismo la revuelta agraria en el continente. La Unión Europea se ha fijado el objetivo global de conseguir emisiones cero en 2050 y a sus funcionarios les preocupa el retroceso que esta avalancha de protestas puede provocar en los ambiciosos objetivos climáticos plasmados por la Comisión Europea.
Según Greenpeace, el sistema actual, que empuja a los agricultores a gestionar grandes explotaciones intensivamente industrializadas, está roto y protestar para que las cosas sigan igual no servirá de nada. En cualquier caso, la situación de abandono político en que se encuentra el mundo rural es claramente insostenible y la transición hacia un modelo más sostenible tiene que garantizar mucho más que la mera supervivencia del sector.
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El 24 de octubre se conmemora el Día Internacional contra el Cambio Climático para concienciar sobre uno de los principales desafíos que afronta la humanidad. Se estima que las actividades humanas han provocado el aumento de 1 °C en la temperatura del planeta respecto a la era preindustrial. Y el calentamiento global podría alcanzar 1,5 °C adicionales entre 2030 y 2052 si no se toman medidas drásticas.
El calentamiento global provocado por la acción humana se está intensificando. Se calcula que la temperatura de la Tierra había aumentado 0,08 °C por década desde 1880, aunque el ritmo desde 1981 se ha doblado. La temperatura está subiendo actualmente a un ritmo de casi 0,2 °C cada década, aunque en regiones como el Ártico el ritmo es hasta dos o tres veces mayor. Y lo peor es que podría subir 1,5 ºC más entre 2030 y 2052, según un informe de la ONU.
La mayor parte del calentamiento se ha producido en los últimos 40 años. De hecho, los nueve años comprendidos entre 2013 y 2021 se encuentran entre los diez años más cálidos desde que se tienen registros, según las mediciones de la Administración estadounidense. Y se estima que 2016 y 2020 han sido los más cálidos de la historia.
En busca de responsables
Fenómenos naturales como la actividad volcánica o las variaciones en la órbita de la Tierra influyen en el calentamiento global, pero los cambios observados en el clima del planeta desde mediados del siglo XX se deben fundamentalmente a la actividad humana.
La causa principal es la quema de combustibles fósiles, que ha ido aumentando a medida que lo ha hecho la población humana. Su combustión genera gases de efecto invernadero que atrapan los rayos del Sol en la atmósfera terrestre, elevando la temperatura media de la superficie de la Tierra.
Los gases que más contribuyen al problema son el dióxido de carbono, los clorofluorocarbonos, el vapor de agua, el metano y el óxido nitroso. Sus concentraciones en la atmósfera están en los niveles más altos de los últimos dos millones de años.
Los bloques de hielo extraídos de Groenlandia, la Antártida y algunos glaciares revelan que el ritmo de calentamiento actual es diez veces superior al que se produjo inmediatamente después de la última glaciación. El dióxido de carbono procedente de las actividades humanas está aumentando unas 250 veces más rápido que el procedente de fuentes naturales.
No todos los países contribuyen por igual al calentamiento global: los 100 países que menos emiten generan el 3 % de las emisiones totales, mientras que los diez con mayores emisiones generan el 68 %.
El impacto en los océanos
El nivel global del mar ha aumentado unos 20 centímetros en el último siglo. Sin embargo, el ritmo de las dos últimas décadas casi dobla el del siglo pasado y se acelera ligeramente cada año. No es de extrañar. Según la NASA, Groenlandia perdió una media de 279.000 millones de toneladas de hielo al año entre 1993 y 2019, mientras que la Antártida perdió unos 148.000 millones de toneladas al año.
Además, se estima que, desde el comienzo de la Revolución Industrial, la acidez de las aguas superficiales del océano ha aumentado un 30 % por el aumento de las emisiones de dióxido de carbono. El océano ha absorbido entre el 20 % y el 30 % de las emisiones generadas por la humanidad en las últimas décadas y los 100 metros superiores muestran un calentamiento de más de 0,3 ºC desde 1969.
Efectos persistentes
Una mala noticia es que el calentamiento provocado por las emisiones de origen humano desde el periodo preindustrial hasta el presente persistirá durante siglos o milenios y seguirá provocando nuevos cambios a largo plazo en el clima.
De todas formas, los riesgos futuros relacionados con el clima dependerán del ritmo, el pico y la duración del calentamiento. En conjunto, serán mayores si el calentamiento global supera los 1,5 °C en las próximas décadas. Y, por desgracia, se prevé que el calentamiento global alcance unos 3,2 ºC a finales de siglo.
Aunque cada vez más países se están comprometiendo a lograr un nivel de emisiones de gases de efecto invernadero cero para 2050, es necesario que la mitad de estas reducciones se produzcan antes de 2030 para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 ºC. De hecho, la producción de combustibles fósiles debería disminuir aproximadamente un 6 % al año entre 2020 y 2030.
El calentamiento global ya está provocando cambios en los patrones meteorológicos y supone una grave amenaza por los fenómenos extremos que desencadena: intensas sequías, graves incendios, tormentas catastróficas y una seria disminución de la biodiversidad.
Podemos pagar la factura del cambio energético ahora o pagar la del cambio climático en las próximas décadas.
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Cada vez se va estableciendo un consenso más general en nuestra sociedad que acepta que el crecimiento económico tiene que respetar unas normas de sostenibilidad y que debate cómo aunar ecología y economía.
El crecimiento económico, como pilar del sistema capitalista, se ha asociado a menudo a la condición urbana, al crecimiento de las ciudades y a la ampliación, sin muchas limitaciones, de sus áreas metropolitanas. Y tanto los servicios como las infraestructuras que hacen falta han ido extendiéndose, modificando el territorio y, como consecuencia, han dejado al margen el entorno natural y las consecuencias de su alteración.
Ahora es evidente que esto ha provocado una emergencia ecológica y muchas conciencias han cambiado. Se añade a esta visión que la economía no puede olvidarse de la naturaleza, una idea cada vez más asumida. Fuera del entramado más puramente urbano es, seguramente, donde más pasos se hacen en esta dirección, movidos por la sensibilidad de la conservación del paisaje y del patrimonio natural.
Siguiendo este objetivo de protección y valoración del patrimonio, el mundo local creó las Cartas del paisaje. Desde 2006 el Decreto 343 de la Generalitat desarrolla la Ley 8/2005 para la protección, gestión y ordenación del paisaje, a pesar de que algunas comarcas como el Alt Penedès ya disponían de la suya propia desde 2002.
El ensamblaje sostenible de la economía
La promoción de aquellos sectores que se adaptan mejor a la naturaleza y el territorio, como por ejemplo, el vitivinícola, son una de las apuestas más frecuentes. Un tipo de industria que encaja agricultura y turismo, aportando beneficios en la comarca por al menos dos vías y potenciando el paisaje. Algunos estudios demuestran que las ventas aumentan cuando el comprador las asocia a un entorno.
Sin embargo, mantener esta sostenibilidad, a veces, no es tan sencillo. La primera cuestión es relativa al turismo, del cual hemos hablado, y de la protección del paisaje como un escenario exclusivo para su masificación. Esto puede incidir, de hecho, en la comodidad y el día a día de los propios habitantes. En segundo término, podríamos volver a todo aquello que requiere la industria, que finalmente dará trabajo y aportará ganancias en forma de impuestos, como por ejemplo, la creación de polígonos.
Una cuestión de movilidad y energía
Las infraestructuras para la movilidad y el transporte, por un lado, y la generación de la energía que hace falta para moverlo todo, por otro, son quizás los dos factores donde la economía encuentra más dificultades para ser sostenible. El mundo local ha respondido con mucha cautela y preocupación a los planes, cada vez más inminentes, de la creación de parques eólicos o fotovoltaicos que, si bien parecen encaminarse a la generación de una energía más limpia, también podrían chocar de pleno con la conservación del paisaje.
Uno de los argumentos del territorio es que si las zonas urbanas son las grandes consumidoras de energía, deberían ser ellas las que recibiesen el impacto de generarlas (y se han hecho propuestas, como cubrir los techos de las zonas industriales con placas solares). Ahora bien, la paralización de las decisiones por este debate – en Cataluña sólo se ha instalado un molino de viento generador en doce años-, no detiene lo que pueden hacer otros, ya que hay quien piensa que se pierden oportunidades. Recientemente, por ejemplo, se presentó un proyecto de parque eólico en Aragón para nutrir de energía renovable a nuestro país.
Pero las grandes ciudades tienen más debates abiertos entre crecer o garantizar unos mínimos ecológicos y, como hemos comentado, el transporte es fundamental. Recientemente, ha vuelto a primera línea la propuesta de ampliación del aeropuerto del Prat, un proyecto que desde un sector empresarial se considera patriótico, imprescindible para situar a Barcelona y Cataluña como un punto atractivo y accesible para los negocios, mientras que muchos ciudadanos y colectivos lo ven del todo insostenible, pidiendo una discusión mucho más profunda sobre cómo y cuánto queremos crecer. Seguramente esta última es la clave del debate que debemos afrontar pronto.
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Després d’una reducció temporal provocada per la pandèmia, la petjada de carboni torna a créixer i el canvi climàtic s’accelera. Individus, empreses i reguladors poden contribuir a minorar l’emissió de gasos d’efecte d’hivernacle. Vegem com està evolucionant i quines mesures contribuirien a mitigar-la.
Només les necessitats energètiques de l’activitat humana van generar 36.000 milions de tones de diòxid de carboni (CO₂) el 2021, segons l’Agència Internacional de l’Energia. Una referència per a assimilar la magnitud d’aquesta xifra? Pensa que tota la població mundial posada en una balança no arribaria als 400 milions de tones. És a dir, el CO₂ que emetem en només un any multiplica per cent el pes de tota la humanitat.
El diòxid de carboni és el gas d’efecte hivernacle més abundant i que més ha contribuït a l’escalfament global en les últimes dècades. Les emissions directes i indirectes d’aquest gas, juntament amb el metà, l’òxid de nitrogen, l’hexafluorur de sofre, els hidrofluorocarburs i els perfluorocarburs, conformen el que es coneix com a “petjada de carboni”. Es tracta d’un indicador ambiental encunyat als anys noranta per a mesurar la contribució de l’activitat humana a l’escalfament del planeta.
La realitat és que estem molt lluny dels objectius marcats per a aturar el canvi climàtic. Els científics adverteixen que les emissions netes de CO₂ haurien de reduir-se a zero d’ara el 2050 si volem evitar les seves conseqüències catastròfiques. L’augment de temperatura global porta aparellats fenòmens meteorològics extrems i una pujada del nivell del mar a causa del desglaç.
Emergència climàtica
L’ONU estima que des de 1990 les emissions de diòxid de carboni s’han incrementat gairebé un 50 %. De fet, l’Organització Meteorològica Mundial apunta que els nivells actuals de CO₂ a l’atmosfera són similars als de fa tres milions d’anys, quan la temperatura mitjana de la Terra era 3 °C més elevada i el nivell del mar se situava molt per sobre de l’actual.
Per això, és lògic que un dels Objectius de Desenvolupament Sostenible establerts per l’ONU incideixi en la necessitat d’aturar el canvi climàtic. La fórmula demana prendre mesures que en els pròxims anys ens portin a una economia baixa en diòxid de carboni.
De fet, la immensa majoria de països del món van signar el 2015 l’Acord de París, un tractat internacional que pretén limitar l’escalfament global. Així i tot, la nostra petjada de carboni ha continuat creixent. Les emissions de gasos d’efecte hivernacle només es van reduir el 2020. I la raó va ser l’aturada econòmica que va provocar la pandèmia.
L’informe Climate Transparecy Report calcula que les emissions dels països del G-20, responsables del 75% dels gasos d’efecte hivernacle, van tornar a créixer un quatre per cent el 2022. La Xina, l’Índia, Indonèsia i l’Argentina ja estan en nivells superiors als de 2019.
Per zones geogràfiques, la Xina, els Estats Units, la Unió Europea i l’Índia sumen més de la meitat dels gasos emesos a l’última dècada. Quant a activitats, les que produeixen més CO₂ són la generació d’energia i calor (40%), el transport de béns i persones (20%) i l’activitat industrial (20%).
Calcula la teva petjada de carboni personal
La quantitat de gasos d’efecte hivernacle que genera cada individu a la seva vida quotidiana en desplaçar-se, alimentar-se i consumir recursos es coneix com a petjada de carboni personal. Per a evitar un augment de temperatura global superior als 2 °C, The Nature Conservancy, una ONG mediambiental, calcula que hauríem de reduir-la a la meitat abans de 2050.
Existeixen nombroses eines per a calcular la petjada de carboni personal. En concret, la calculadora de l’ONU té en compte aspectes com les característiques de la nostra llar, el consum d’energia, el tipus de transport que utilitzem diàriament, la quantitat de vols que realitzem, els nostres hàbits alimentaris i quant reciclem.
Algunes mesures per a reduir la nostra petjada de carboni personal són apostar per un consum responsable, moure’s de forma més sostenible, moderar la despesa energètica i rebaixar la quantitat de residus que generem.
El pes de les empreses
Bastant superior a la petjada de carboni personal és la que deixen les empreses en processos com la fabricació o el transport de mercaderies. És el que es coneix com a petjada de carboni corporativa. D’aquí la importància d’incidir en aquest apartat per a reduir l’escalfament global.
Les companyies poden reduir el seu impacte mediambiental millorant la seva eficiència energètica o incrementant el percentatge d’energia renovable que consumeixen. També poden recórrer a eines de compensació, com la inversió en projectes mediambientals, el pagament d’impostos verds o la compra de drets d’emissió de CO₂.
Una tendència a l’alça
Milers d’empreses ja publiquen la seva petjada de carboni, però no totes la calculen igual. La major part de les grans multinacionals obvien les emissions indirectes, aquelles que formen part de la seva cadena de valor, però que no depenen directament d’elles.
Un exemple paradigmàtic és el d’Amazon. La pressió d’activistes i inversors va portar a aquest gegant del comerç en línia a fer pública la seva petjada de carboni per primera vegada l’any passat. No obstant això, s’acaba de conèixer que en el seu informe només comptabilitzava una petita part de les emissions generades amb les seves vendes.
A diferència d’altres comerços, Amazon només comptabilitzava l’impacte mediambiental total dels productes propis, que suposen únicament l’1% de les seves vendes. La companyia no assumeix les emissions generades per l’ús d’un producte d’una altra marca una vegada que els seus repartidors el lliuren al client.
Un incentiu per a la sostenibilitat
El gran impacte de l’activitat empresarial en el medi ambient ha fet que cada vegada més veus reclamin l’obligatorietat per a les companyies de publicar la seva petjada de carboni als informes anuals.
Tant és així que la Securities and Exchange Commission, el regulador borsari dels Estats Units, acaba de proposar que les empreses cotitzades en aquest país hagin de revelar les seves emissions de gasos d’efecte d’hivernacle. I, molt important també, que ho facin seguint uns mateixos criteris.
Segons molts experts, obligar les empreses a publicar la seva petjada de carboni pot contribuir decisivament a escurçar el camí cap a una economia lliure d’emissions contaminants. Cada cop més inversors valoren les qüestions mediambientals en les seves decisions d’inversió.
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