Como actuar ante los desastres naturales

El incremento de acontecimientos climáticos extremos supone un reto para los gobiernos y la población. ¿Cuáles son las consecuencias económicas del cambio climático? ¿Cómo nos podemos preparar para los desastres naturales que afectan nuestro territorio? Hablamos de ello con Gemma Vallet, directora de 11Onze District y Carolina Rafales, del equipo de producto.

 

Se prevé que el verano de este año sea uno de los más calurosos de la serie histórica, se trata de una previsión que parece repetirse año tras año. Una entrada de verano marcada por un tiempo inestable y tormentas. Cada vez más a menudo, los meteorólogos avisan que viene una nueva DANA (depresión aislada a niveles altos), más conocida como gota fría, que puede provocar precipitaciones intensas durante horas o días.

Los efectos del cambio climático son cada vez más palpables y no nos queda más remedio que adaptarnos y tomar las medidas necesarias para paliar los efectos económicos y sociales que acompañan a estos acontecimientos climáticos extremos. Cómo explica Carolina Rafales, “Estos fenómenos meteorológicos pueden presentar tormentas violentas y granizadas, por eso hay que estar preparados”.

Como hacer frente a una DANA

Este fenómeno meteorológico se caracteriza por las precipitaciones torrenciales, a menudo violentas y acompañadas de fuertes vientos, que pueden producir inundaciones. El hecho de que estas precipitaciones se produzcan en poco tiempo y en zonas muy localizadas hace que puedan causar de años a las infraestructuras y edificios ya se hace difícil canalizar tanta cantidad de agua.

Si la región donde vivimos puede ser afectada por una gota fría, “es esencial estar informados del desarrollo de la tormenta y evitar salir de casa a pie o en coche”, apunta Rafales.

Así mismo, nos recuerda que “hay que asegurarse que las cañerías y desagües de nuestra casa están libres de obstrucciones”.

Del mismo modo, no estaría de más prepararnos por si se va la luz, uno de los efectos negativos que a menudo acompañan estas tormentas. Rafales nos aconseja tener siempre los móviles cargados, o baterías externas auxiliares. En casos de inundaciones extremas tendremos que abandonar el área afectada y buscar refugio en una zona alta, por lo cual es aconsejable tener reparado un kit de emergencias que incluya ropa de repuesto, linternas, una radio, un botiquín y provisiones.

 

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La economía sostenible busca aumentar el bienestar social a la vez que promueve un consumo sostenible a través de un sistema financiero basado en empresas verdes. Ya sea a través de la transformación de las que ya existen o creando nuevos negocios. Tiene como objetivo reducir la pobreza y garantizar un desarrollo de calidad a las generaciones presentes y futuras, sin comprometer la salud del planeta, es decir sin consumir más de lo que genera la naturaleza.

 

El desarrollo de una economía sostenible en cualquier territorio pasa por políticas dirigidas a promover la utilización de fuentes de energía sostenibles, fomentar la competitividad en actividades sostenibles e invertir en la innovación y educación. Según la Llei d’Economia Sostenible del 2011 entendemos economía sostenible como “un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca puestos de trabajo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantiza el respeto por el medio ambiente y el uso racional de los recursos naturales de forma que permite satisfacer las necesidades”.

¿Por qué es necesaria una economía sostenible?

Los defensores de la economía sostenible se basan en las previsiones medioambientales para las próximas décadas, que según los expertos no son muy positivas. En este sentido los datos que se tienen en relación con la huella ecológica de cara al futuro se presentan poco halagüeños. Los que promueven la economía sostenible abogan por utilizar energías renovables como la eólica, solar, hidráulica y geotérmica, para alargar la vida de los productos que consumimos, compras de segunda mano, alquiler de objetos de un solo uso, etc. Preservar los recursos del planeta, consumir solo alimentos de temporada, reciclar, evitar los plásticos, la contaminación, etc. De esta forma se podrá garantizar la supervivencia de las generaciones futuras y, además, al ser un modelo de ciudades sostenibles.

Pero también tenemos detractores, que son aquellos que se sienten cómodos o bien están acostumbrados a un sistema económico capitalista, que es por el que occidente se rige actualmente, que consideran poco realista el planteamiento de la economía sostenible. Opinan que es un modelo de producción que está abocado al fracaso desde el principio, por la incapacidad de abastecer todas las necesidades de la población mundial actual.

 

Características de la economía sostenible

El desarrollo de una economía sostenible en cualquier territorio pasa por el desarrollo de políticas dirigidas a promocionar la utilización de fuentes de energía sostenibles, fomentar la competitividad de empresas verdes e invertir en innovación y desarrollo.

Así pues, este sistema socioeconómico se rige por los siguientes ejes fundamentales:

  • Protección del medio ambiente: preservar la biodiversidad del planeta, reduciendo al máximo el impacto de la contaminación y luchando contra el cambio climático.
  • Utilización de energías renovables: promover el uso de energías alternativas que no contaminen y minimicen el impacto en el entorno.
  • Apostar por la eficiencia: aprovechar al máximo los recursos que tenemos y cuidar aquellos escasos, como el agua, lo que nos permitirá alcanzar otro de los pilares de la sostenibilidad económica, que es la eficiencia.
  • Fomento del reciclaje: establecer un modelo de economía circular en las que los desechos generados sirvan para crear nuevos productos, reduciendo así la huella ecológica del sistema de producción actual.
  • Limitación del consumo: limitar el uso de los recursos renovables con el fin de que estos no se utilicen a un ritmo superior a su generación. Además, los recursos no renovables deben ser sustituidos progresivamente por recursos renovables.
  • Mejorar el nivel de vida social: fomentar, a través de la educación y la innovación, la igualdad entre las personas de todos los territorios.

Entre las medidas que pueden poner en marcha los organismos públicos, podemos encontrar las primas y subvenciones a los nuevos sectores económicos sostenibles como las energías limpias, o el apoyo a modelos de negocio ecológicos. Además se debe promover el reciclaje de todo tipo de desechos, la aplicación de técnicas de eficiencia y ahorro energético en todos los ámbitos de la economía y la promoción de la economía circular así como de nuevos modelos de ciudades más sostenibles.

La sociedad actual es insostenible, ya que consume recursos a un ritmo superior al que genera la naturaleza, por eso la relación entre economía y sostenibilidad es muy estrecha, si la energía necesaria para una sociedad bien de recursos que no son sostenibles, cada vez serán más caros debido a su escasez y pueden llegar a provocar desequilibrios geopolíticos y económicos a medio y largo plazo.

En Cataluña y concretamente en Manresa se celebra cada año la feria Ecoviure que muestra las novedades de la economía sostenible.

Esta feria nació en 1997 con la intención de servir de punto de encuentro a las personas y profesionales que, desde diferentes ámbitos, trabajan por la sostenibilidad ambiental, social y económica del planeta. La feria tiene una duración de tres días y se dan cita comerciantes, técnicos en sostenibilidad, empresarios y representantes de administraciones interesadas ​​en conocer las novedades de la economía verde.

Se pueden encontrar stands de productos de alimentación, de energías renovables, de productos para el hogar, tratamientos de agua o productos textiles.

También hacen una edición para público infantil y familiar, con el objetivo de difundir los valores de la ecología y la sostenibilidad, con actividades para experimentar, jugar y aprender. También se encuentran diversos talleres y propuestas para los más pequeños. Es necesario que tomen conciencia de que hay que ir hacia una sociedad más solidaria, justa y respetuosa con el medio ambiente.

 

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Las reivindicaciones de los campesinos y agricultores, que se enmarcan en un malestar a nivel europeo, ponen al país ante un reto colosal. El de decidir si Cataluña debe ser soberana alimentariamente o debe renegar de su propia tierra. En 11Onze lo tenemos claro: con la comida no se juega.

 

Que el sector primario es esencial lo sabe todo el mundo, pero parece que a veces se nos olvida. Por eso los agricultores catalanes, al igual que los europeos, están en pie de guerra. Las demandas son simples y podrían resumirse en una: tener algo de respeto por un sector que pone el plato en la mesa para la Cataluña de los 8 millones.

El exceso de burocracia, la asfixia económica y la presión regulatoria son los caballos de batalla de unos campesinos que ven que las malas condiciones de su sector desincentivan el posible relevo generacional. Actualmente, el campesino es un romántico con tractor. Gente que ama la tierra y la trabaja aunque no se gana la vida. Las quejas de tener que vender por debajo del coste de producción son endémicas, y desde hace tiempo se añaden la desprotección de los agricultores frente a los intermediarios, las grandes cadenas y la importación de productos de otros países, que muy a menudo no cumplen la exigentísima normativa que se pide a los agricultores y ganaderos europeos.

 

El gris europeo

La soberanía alimentaria catalana está en cuestión, en parte, por la lacra regulatoria europea. La UE, gobernada desde la gris Bruselas, empuja su enrevesada normativa hacia abajo. El laberinto burocrático se lanza hacia el escalón inmediatamente inferior de la cadena y va bajando por las administraciones hasta que cae de bruces ante unos campesinos incapaces de gestionar la absurda retahíla de dimes y diretes. Se pide a las personas más sabias del mundo, las que saben crear comida, que además sean oficinistas y recopilen datos y llenen formularios sin fin para que suban de nuevo la cadena y satisfagan la sed de papeleo de un burócrata de Bruselas.

En diciembre de 2022, el agricultor y diputado de Junts, Salvador Vergés, leía en el Parlament una lista de las gestiones que se exigen a los campesinos. La retahíla se ha vuelto a hacer viral estos días a raíz de las protestas y, si no fuera que trata un tema tan serio, haría reír.

La sequía y las prioridades

A todos los problemas habituales del campesinado, este año además se añade el de la sequía que vive todo el país. Los agricultores, por decisión del gobierno catalán, fueron de los primeros en recibir las estocadas de los recortes en el consumo de agua. Mientras debían asistir, asombrados, a una campaña turística de verano sin limitaciones. Y deben continuar bien sorprendidos, aún, viendo el verdor de los campos de golf, observando las ingentes fugas de agua declaradas por la ACA y dándose cuenta de que las empresas envasadoras de agua siguen extrayendo agua de los ríos. Los supermercados siguen llenos de botellas de plástico llenas de agua, aunque producir botellas de plástico contamina y obliga a un consumo extra de agua. Todo para comercializar un bien esencial que a otros les es negado. ¿Es normal, pues, que los campesinos se pregunten hasta cuándo va a durar la broma?

Soberanía desoladora

Todo ello deja un panorama desalentador: el de un país incapaz de establecer y gestionar sus prioridades básicas. Si no somos capaces de garantizar la producción alimentaria y el agua, ¿qué aspiramos a ser? Por este motivo, los agricultores redoblan su presión, aunque ya los recibiera el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. El presidente a menudo cuelga en sus redes vídeos donde se le ve haciendo recetas de cocina. Es una forma distendida de mostrarse delante del público, pero ¿de dónde salen los huevos que el Muy Honorable utiliza para hacer el bizcocho? ¿De dónde vienen la harina, la mantequilla, la leche, la carne, las manzanas o las alcachofas? La respuesta de un político urbanita sería simple: del supermercado.

En una época en que parece que Europa haya dado la espalda al sector primario para obsesionarse con la economía de guerra, mirando a Rusia, desde 11Onze queremos ponernos al lado del campesinado recordando, una vez más, el riesgo de crisis alimentaria al que nos enfrentamos.

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És a l’estiu quan més persones ens apropem al mar i a la muntanya, i inconscientment ens posem novament a prova com a societat pel que fa a la manera de relacionar-nos amb la natura. Analitzar el nostre civisme ens ajudarà a mantenir l’esperit autocrític necessari per créixer en clau personal i col·lectiva. Si la natura ho és tot, el civisme també.

 

Sigui per pràctiques d’oci o per activitat industrial, a Catalunya en les darreres dècades han desaparegut un 54% d’espècies que viuen en rius i llacs, un 30% en zones agrícoles i prats i un 10% en boscos i matollars. Les conclusions d’aquest estudi, realitzat pel Departament de Territori i Sostenibilitat, assenyalen actuacions humanes com l’alteració dels hàbitats naturals, l’explotació del sòl i el canvi climàtic, però la realitat és que tots podem contribuir-hi si duem a terme comportaments incívics o irrespectuosos en visitar espais naturals. 

 

La petjada de l’ésser humà

Sigui de vacances o passejant pel nostre entorn, segurament tots haurem presenciat comportaments incívics que posen en risc la mateixa natura i, fins i tot, la seguretat de les persones. Ens referim a actituds com fer soroll, embrutar l’entorn, deixar residus, molestar o perjudicar a la fauna, destorbar la tranquil·litat d’altres persones, i especialment dels residents locals, o comportaments de risc com fumar o encendre foc en zones amb risc d’incendi.

El nostre desig, com a turistes, és buscar llocs de tranquil·litat i on gaudir de la natura, però no sempre anirà d’acord amb les intencions de la resta de visitants. I si bé cadascú pot tenir conceptes diferents d’excursió, de pícnic o de tranquil·litat, hi ha límits com els residus o el soroll que travessen la línia del civisme en aquests espais.

Normes de convivència als Parcs Nacionals

En els darrers anys, pràcticament tots els parcs naturals de Catalunya han creat codis de conducta o recomanacions cíviques que tots els visitants han de complir amb un sol objectiu: preservar el territori. És el cas del Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, que acull anualment més de mig milió de visitants. Un nombre tan elevat de visitants pot posar en risc la biodiversitat de la zona, i fins i tot la mateixa seguretat dels excursionistes, si no es prenen les mesures correctes. Així doncs, què cal tenir en compte?

 

Abans de l’excursió

  • En primer lloc informar-nos d’on anem, com és la zona, quina temperatura farà o quin recorregut volem seguir. Portar l’equip adequat serà clau per gaudir d’una bona experiència.
  • Preparar els àpats en funció de la durada de l’excursió i sempre tenint en compte els residus que podrem generar, ja que els haurem de portar amb nosaltres fins que puguem reciclar-los adequadament.
  • Si portem animals, dur-los lligats i cuidar la seva hidratació.
  • Si accedim fins al parc amb vehicle propi, respectar els límits de velocitat i sense fer més soroll del compte. A l’hora d’aparcar, procurem fer-ho a les zones habilitades i senyalitzades.
  • Utilitzar transport públic per accedir al parc sempre que sigui possible.

Durant l’excursió

  • No sortir del recorregut marcat, així evitarem perdre’ns, però sobretot, evitarem trepitjar zones que no estan pensades per a visitants i que poden afectar a la fauna i la flora.
  • Mantenir la distància de seguretat, tant entre vianants com entre ciclistes.
  • No està permès banyar-se en rius i estanys, ja que tot i semblar-nos una activitat d’allò més natural, la realitat és que pot alterar i contaminar les aigües.
  • Menjar a les zones habilitades. I si el recorregut no ho permet, procurar fer-ho sense deixar residus.
  • Prohibit encendre foc. Una mesura que s’extrema en certes zones o períodes de sequera, però que és aplicable a totes les zones naturals. Per tant, ni gas combustible, ni encendre cigarretes està permès.
  • No endur-nos res que no ens pertoqui. Ni pedres, ni plantes, ni molt menys fer activitats de caça. Si visitem l’espai, és per gaudir-ne tal com és.

Ètica i civisme, una aposta personal

En definitiva, complir els estàndards prèviament descrits no és més que un acte de civisme que, en cas de no sortir d’un mateix, s’haurà de complir per acatar la regulació vigent. Us recomanem llegir “Educar la convivència. La pràctica del civisme” del filòsof Francesc Torralba, un document breu que aprofundeix i ens fa reflexionar sobre la relació entre civisme i ètica.

 

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Los acontecimientos meteorológicos extremos suponen el riesgo más grande para la humanidad durante la próxima década, según constata el último Informe de Riesgos Globales 2024 del Foro Económico Mundial. Aun así, la desinformación y la incertidumbre económica representan las principales preocupaciones a corto plazo.

 

El informe anual sobre Riesgos Globales elaborado por el Foro Económico Mundial analiza los principales retos a que se enfrenta el mundo a dos y diez años vista. Así mismo, examina posibles cooperaciones y diferentes enfoques para hacer frente a estos riesgos mundiales.

En la elaboración del informe de 2024 se han encuestado 1.490 expertos del mundo académico, la empresa, la administración, la comunidad internacional y la sociedad civil. Como complemento a estos datos, se ha añadido la Encuesta de Opinión Ejecutiva (EOS) hecha a 11.000 líderes empresariales en 113 economías, para identificar los riesgos que suponen la amenaza más grave para cada país.

Se analizan un total de 34 riesgos globales, entre los cuales se encuentran factores de carácter tecnológico y económico, así como riesgos sociales y geopolíticos. Como riesgo global se entiende la posibilidad que se produzca un acontecimiento o condición que afectaría negativamente una proporción significativa del PIB mundial, la población o los recursos naturales.

 

Los principales riesgos globales están vinculados al cambio climático

Los cambios relacionados con la emergencia climática, como por ejemplo los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad, el colapso de los ecosistemas o la escasez de recursos naturales, representan la amenaza más grande por la humanidad en los próximos diez años.

Dos tercios de los encuestados están preocupados por los acontecimientos meteorológicos extremos durante la próxima década, un factor que también ocupa el segundo lugar en cuanto a riesgo en los próximos dos años. En este caso, 5 de los 10 principales riesgos globales están relacionados con el medio ambiente y el cambio climático.

Entre los responsables de organizaciones de la sociedad civil, Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional, avisaba que “a menos que tomemos medidas urgentes, la amenaza solo se intensificará y nos acercará a infligir daños irreversibles a la sociedad y a los ecosistemas. De hecho, hay estudios que muestran que en la década de 2030 podrían producirse cambios potencialmente irreversibles en el planeta si las temperaturas continúan aumentando.

 

Aumenta el riesgo de desinformación y polarización social

La desinformación, incluida la generada por la inteligencia artificial, y la polarización social y política ocupan el segundo y tercer lugar en el ranking de preocupaciones. Las sociedades polarizadas son más propensas a fiarse de información (verdadera o falsa) que confirme sus sesgos. A corto plazo, la desinformación puede afectar a 4.000 millones de personas que votarán en 60 países durante 2024. 

Al informe se avisa que los mismos gobiernos estarán cada vez más en condiciones de determinar qué relato es considerado como “la verdad”, lo cual podría permitir a los partidos políticos monopolizar el discurso público y suprimir las voces discrepantes. Por lo tanto, se prevé que la desinformación continúe siendo utilizada por actores nacionales y extranjeros para ampliar las divisiones sociopolíticas.

En este contexto, la polarización social emerge como uno de los principales riesgos que están interconectados con la recesión económica y la falta de oportunidades. Además, las tensiones geopolíticas y los conflictos armados están afectando gravemente a la subsistencia de millones de personas, e incrementan la posibilidad que estalle una guerra de consecuencias globales.

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Tras una reducción temporal provocada por la pandemia, la huella de carbono vuelve a crecer y el cambio climático se acelera. Individuos, empresas y reguladores pueden contribuir a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Veamos cómo está evolucionando y qué medidas contribuirían a mitigarla.

 

Solo las necesidades energéticas de la actividad humana generaron 36.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) en 2021, según la Agencia Internacional de la Energía. ¿Una referencia para asimilar la magnitud de esta cifra? Basta decir que toda la población mundial puesta en una balanza no alcanzaría los 400 millones de toneladas. Es decir, el CO₂ que emitimos en solo un año multiplica por cien el peso de toda la humanidad.

El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero más abundante y que más ha contribuido al calentamiento global en las últimas décadas. Las emisiones directas e indirectas de este gas, junto al metano, el óxido de nitrógeno, el hexafluoruro de azufre, los hidrofluorocarburos y los perfluorocarburos, conforman lo que se conoce como “huella de carbono”. Se trata de un indicador ambiental acuñado en los años noventa para medir la contribución de la actividad humana al calentamiento del planeta.

La realidad es que estamos muy lejos de los objetivos marcados para detener el cambio climático. Los científicos advierten que las emisiones netas de CO₂ deberían reducirse a cero en 2050 si queremos evitar sus catastróficas consecuencias. El aumento de temperatura global lleva aparejados fenómenos meteorológicos extremos y una subida del nivel del mar a causa del deshielo.

Emergencia climática

La ONU estima que desde 1990 las emisiones de dióxido de carbono se han incrementado casi un 50 por ciento. De hecho, la Organización Meteorológica Mundial apunta que los niveles actuales de CO₂ en la atmósfera son similares a los de hace tres millones de años, cuando la temperatura media de la Tierra era 3°C más elevada y el nivel del mar se situaba muy por encima del actual.

Por ello, es lógico que uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU incida en la necesidad de frenar el cambio climático. La fórmula pasa por tomar medidas que en los próximos años nos lleven a una economía baja en dióxido de carbono.

De hecho, la inmensa mayoría de países del mundo firmaron en 2015 el Acuerdo de París, un tratado internacional que pretende limitar el calentamiento global. Aun así, nuestra huella de carbono ha seguido creciendo. Las emisiones de gases de efecto invernadero solo se redujeron en 2020. Y la razón fue el parón económico que provocó la pandemia.

El informe Climate Transparecy Report estima que las emisiones de los países del G-20, responsables del 75% de los gases de efecto invernadero, volvieron a crecer un cuatro por ciento en 2022. China, India, Indonesia y Argentina ya están en niveles superiores a los de 2019.

Por zonas geográficas, China, Estados Unidos, la Unión Europea e India suman más de la mitad de los gases emitidos en la última década. En cuanto a actividades, las que producen más CO₂ son la generación de energía y calor (40%), el transporte de bienes y personas (20%) y la actividad industrial (20%).

Calcula tu huella de carbono personal

La cantidad de gases de efecto invernadero que genera cada individuo en su vida cotidiana al desplazarse, alimentarse y consumir recursos se conoce como huella de carbono personal. Para evitar un aumento de temperatura global superior a los 2ºC, The Nature Conservancy, una ONG medioambiental, calcula que deberíamos reducirla a la mitad antes de 2050.

Existen numerosas herramientas para calcular la huella de carbono personal. En concreto, la calculadora de la ONU tiene en cuenta aspectos como las características de nuestro hogar, el consumo de energía, el tipo de transporte que utilizamos diariamente, la cantidad de vuelos que realizamos, nuestros hábitos alimentarios y cuánto reciclamos.

Algunas medidas para reducir nuestra huella de carbono personal son apostar por un consumo responsable, moverse de forma más sostenible, moderar el gasto energético y rebajar la cantidad de residuos que generamos.

El peso de las empresas

Bastante superior a la huella de carbono personal es la que dejan las empresas en procesos como la fabricación o el transporte de mercancías. Es lo que se conoce como huella de carbono corporativa. De ahí la importancia de incidir en este apartado para reducir el calentamiento global.

Las compañías pueden reducir su impacto medioambiental mejorando su eficiencia energética o incrementando el porcentaje de energía renovable que consumen. También pueden recurrir a herramientas de compensación, como la inversión en proyectos medioambientales, el pago de impuestos verdes o la compra de derechos de emisión de CO₂.

Una tendencia en auge

Miles de empresas ya publican su huella de carbono, pero no todas la calculan igual. La mayor parte de las grandes multinacionales obvian las emisiones indirectas, aquellas que forman parte de su cadena de valor, pero no dependen directamente de ellas.

Un ejemplo paradigmático es el de Amazon. La presión de activistas e inversores llevó a este gigante del comercio online a hacer pública su huella de carbono por primera vez el año pasado. Sin embargo, se acaba de conocer que en su informe solo contabilizaba una pequeña parte de las emisiones generadas con sus ventas.

A diferencia de otros comercios, Amazon solamente contabilizaba el impacto medioambiental total de los productos propios, que suponen únicamente el 1% de sus ventas. La compañía no asume las emisiones generadas por el uso de un producto de otra marca una vez que sus repartidores lo entregan al cliente.

Un incentivo para la sostenibilidad

El gran impacto de la actividad empresarial en el medio ambiente ha hecho que cada vez más voces reclamen la obligatoriedad para las compañías de publicar su huella de carbono en los informes anuales.

Tanto es así que la Securities and Exchange Commission, el regulador bursátil de Estados Unidos, acaba de proponer que las empresas cotizadas en ese país tengan que revelar sus emisiones de gases de efecto invernadero. Y, muy importante también, que lo hagan siguiendo unos mismos criterios.

Según muchos expertos, obligar a las empresas a publicar su huella de carbono puede contribuir decisivamente a acortar el camino hacia una economía libre de emisiones contaminantes. Cada vez más inversores valoran las cuestiones medioambientales en sus decisiones de inversión.

 

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Los agricultores europeos están en pie de guerra. El aumento de costes, la supresión de subsidios, las nuevas medidas medioambientales y los recortes para financiar la guerra en Ucrania, estrangulan a un sector esencial para la soberanía alimentaria del continente que se ha convertido en la cabeza de turco de los eurócratas.

 

Después de ver las imágenes de media Alemania bloqueada por la avalancha de tractores dirigiéndose hacia la puerta de Brandeburgo, alguien podría pensar que quien siembra vientos, recoge tempestades. Y es que la clase política europea hace tiempo que fomenta la discordia contra el sector agrario y solo era una cuestión de tiempo que un día u otro pagara las consecuencias.

Estas protestas son las últimas de una serie de manifestaciones de agricultores que se han producido en todo Europa. Anteriormente, se han podido ver manifestaciones similares en los Países Bajos, Bélgica, Francia, España y otros estados europeos, donde los agricultores también han salido a la calle para expresar su malestar por los efectos de las reformas medioambientales previstas y los elevados costes de producción.

 

El casus belli de la revuelta agraria alemana

Aunque es tentador agrupar todas las manifestaciones bajo un denominador común, estas se han desencadenado principalmente por situaciones nacionales específicas. El sector agrario alemán se opone a los recortes propuestos en las subvenciones a los combustibles utilizados en la agricultura. Una política de austeridad que el Gobierno alemán argumenta que se hizo necesaria después de que un veredicto del Tribunal Constitucional prohibiera a la coalición de gobierno el traspaso de 60.000 millones de euros de crédito para paliar los efectos de la pandemia en la lucha contra el cambio climático.

Con los recortes se querían eliminar las ventajas fiscales existentes para el diésel y la exención del impuesto de circulación para los vehículos agrícolas y forestales. Esto habría permitido en el Gobierno federal registrar casi 1.000 millones de euros en ingresos adicionales a restar del montante oficial que tiene que ahorrar durante el ejercicio del 2024 -pendiente todavía de aprobación parlamentaria- de unos 17.000 millones de euros sobre un presupuesto de 450.000 millones.

Esto pasa en el contexto de la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia. Un conflicto bélico instigado y perpetuado por los Estados Unidos y sus estados clientelares en Europa, que ha sido devastador para la economía y el sector industrial alemán. Aun así, Berlín se ha comprometido aportar más de 17.100 millones de euros en ayuda militar a Ucrania desde el 24 de enero de 2022, la misma cantidad que tendría que ahorrar con recortes durante el 2024.

Pero está claro, estos miles de millones de euros en “ayuda” militar se reciclan hacia la industria armamentística alemana que, como la de los Estados Unidos, está haciendo el agosto con esta guerra, cortesía de los contribuyentes y campesinos que sufren los recortes porque no hay dinero y de los ucranianos que sirven de carne de cañón de los intereses corporativos que hay detrás de estos conflictos. Como no se cansa de repetir el presidente Biden para evitar que se cierre el grifo, el dinero que se destina a “Ucrania” es una buena inversión.

 

Objetivos climáticos vs. soberanía alimentaria

A pesar de que se han perdido más de 5 millones de explotaciones agrarias desde el 2005, un descenso del 37%, Europa es en general autosuficiente en la mayoría de alimentos. No obstante, las ayudas a los agricultores que proporciona la Política Agrícola Común son esenciales al asegurar la continuidad de granjas y cultivos en la UE. Especialmente, desde el incremento de costes causado por la crisis sanitaria, el embudo logístico y la guerra en Ucrania.

Los eurócratas de Bruselas ven con nerviosismo la revuelta agraria en el continente. La Unión Europea se ha fijado el objetivo global de conseguir emisiones cero en 2050 y a sus funcionarios les preocupa el retroceso que esta avalancha de protestas puede provocar en los ambiciosos objetivos climáticos plasmados por la Comisión Europea.

Según Greenpeace, el sistema actual, que empuja a los agricultores a gestionar grandes explotaciones intensivamente industrializadas, está roto y protestar para que las cosas sigan igual no servirá de nada. En cualquier caso, la situación de abandono político en que se encuentra el mundo rural es claramente insostenible y la transición hacia un modelo más sostenible tiene que garantizar mucho más que la mera supervivencia del sector.

 

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La manca de pluges porta a reduir el subministrament d’aigua a molts municipis del nostre territori. Restriccions que afecten directament a l’agricultura, i en conseqüència, al bestiar. L’increment dels costos de producció i la pèrdua de collites per falta d’aigua tenen un impacte significatiu en l’augment de la inflació. Ens ho explica Sílvia Garriga, agent 11Onze.

 

L’escalfament del planeta provocat per l’activitat humana ha aguditzat la sequera, un mal endèmic dels països mediterranis. Un fet que queda palès en l’estat de les reserves d’aigua d’aqüífers i pantans del nostre territori. Catalunya acumula mesos de sequera i les reserves aigua han disminuït fins al 33%, gairebé a la meitat de l’any passat.

Les pluges i reserves hídriques són cabdals per a la producció agrícola, i tenen un impacte directe en els preus que paguem per productes al supermercat. Aquesta relació entre sequera i inflació no sempre és evident. Com apunta Garriga, “molts de nosaltres no hem estat conscients dels increments de costos de producció provocats per la sequera”.

A la pujada de costos de l’electricitat, combustible, fertilitzants, i pinsos, s’hi suma la pèrdua de conreus per la falta d’aigua, que deixen al sector agrícola sense marge de benefici. “Si es perden collites per la manca d’aigua, la demanda no disminueix, i s’ha d’importar producte que acabarà sortint més car per al consumidor”, explica Garriga.

Més de 500 municipis amb restriccions en el consum d’aigua

Catalunya està patint la sequera més greu des del 2008, quan les reserves d’aigua dels embasaments i conques internes van caure fins al 20%. Davant d’aquesta situació, l’Agència Catalana de l’Aigua (ACA) s’ha vist obligada a decretar l’alerta per sequera a diverses zones del territori, aprovant limitacions en el consum d’aigua a més de 500 municipis. 

Als 301 que ja es trobaven en fase d’alerta, aquest dimarts s’hi van sumar els més de 100 municipis de les comarques de l’Alt Penedès, l’Anoia, el Baix Llobregat, el Barcelonès, el Garraf, el Maresme, la Selva, el Vallès Oriental i el Vallès Occidental, que subministra la conca del Ter-Llobregat, i també als afectats per l’àmbit d’influència de l’embassament Darnius-Boadella.

Encara que no es preveu que la situació s’agreugi tant com per arribar a l’escenari d’excepcionalitat, moment en el qual les reserves baixen del 25%, tot dependrà de les pluges que puguin entrar durant el que queda de tardor. Els mapes de previsió meteorològica a llarg termini fan pensar que, de novembre a gener, hi haurà més pluja de la normal al litoral i a les comarques de Girona, però menys precipitacions de les habituals al Pirineu occidental.

 

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El Parlamento Europeo da luz verde a una ley sobre el derecho a reparar reforzada con el objetivo de reducir los residuos, facilitar las reparaciones y ahorrar dinero a los consumidores. La nueva normativa obligará los fabricantes a arreglar un producto, incluso si se ha agotado la garantía legal.

 

Finalmente, el Parlamento Europeo aprobó el 23 de abril, por mayoría absoluta con 584 votos a favor, 3 en contra y 14 abstenciones, la directiva sobre el derecho a reparar que había puesto en marcha en noviembre del 2020. Aun así, hay un plazo de 24 meses para aplicarla, por lo cual no se hará efectiva de manera inmediata en nuestro país y se prevé que se incorpore en la futura Ley de Consumo Sostenible.

La nueva normativa tiene como objetivo reducir los residuos, extender la vida útil de los productos y facilitar sus reparaciones con el fin de avanzar hacia una economía circular y ahorrar dinero a los consumidores. En este sentido, obligará los fabricantes a arreglar un producto, incluso si ha agotado la garantía legal.

Además, los fabricantes tendrán que ofrecer recambios y herramientas a un precio razonable y se prohíbe el uso de cláusulas contractuales o prácticas informáticas para obstaculizar las reparaciones. Concretamente, no podrán impedir el uso de recambios de segunda mano o impresos en 3D por talleres de reparación independientes, ni negarse a reparar un producto únicamente por razones de coste o porque anteriormente fue reparado por terceros.

Facilitar las reparaciones a un precio asequible

Una de las principales novedades es que el fabricante estará obligado a llevar a cabo la reparación por un precio y en un plazo razonables, incluso después del fin del periodo de la garantía, a fin de incentivar los consumidores a optar por reparar el producto en vez de comprar uno de nuevo.

En este sentido, se introduce el concepto de “garantía de calidad”, según el cual se extiende la garantía legal en 12 meses si el consumidor decide que se repare el producto. De este modo, una vez expirada la garantía legal, el fabricante seguirá obligado a reparar productos domésticos comunes y técnicamente reparables, como por ejemplo lavadoras, aspiradoras y smartphones.

Así mismo, la directiva fija que la reparación se tiene que efectuar de manera gratuita o bien “a un precio razonable”, así como en un tiempo determinado. Incluso prevé que el fabricante pueda ofrecer en préstamo un aparato sustitutorio mientras dura la reparación. Además, los fabricantes estarán obligados a proporcionar recambios durante un mínimo de siete a diez años, según el producto.

Estas medidas pretenden evitar que la reparación de un producto no sea factible, ya sea por la imposibilidad de obtener recambios o por el elevado coste de estas. Adicionalmente, están pensadas para dar un empujón al mercado de los productos reacondicionados como una alternativa a los nuevos productos.

 

¿Cuándo se empezará a aplicar en Cataluña?

Una vez que Consejo adopte formalmente la directiva y se haya publicado en el Diario Oficial de la UE, los estados miembros dispondrán de 24 meses para incorporarla a su legislación nacional. Se prevé que en España se incorpore en la futura Ley de Consumo Sostenible, en la cual ya trabaja el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.

En el caso de Cataluña, ya hace dos años que la ley general de defensa de los consumidores incluye medidas para proteger el derecho a reparar de los consumidores. Por ejemplo, se amplió de dos a tres años la garantía que cubre cualquier defecto de fábrica.

Por otro lado, los servicios digitales (como por ejemplo suscripciones a servicios de reproducción de contenidos audiovisuales por internet, servicios de almacenamiento en la nube, etc.) y los contenidos digitales (por ejemplo, archivos de música, videojuegos, etc. descargados digitalmente), tienen una garantía legal de 2 años desde la fecha de suministro.

 

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En los últimos años se ha extendido el mito de que nuestra mala gestión del correo electrónico es sumamente dañina para el medio ambiente. Las últimas investigaciones relativizan su impacto y apuntan a otros hábitos digitales como responsables de una parte apreciable del calentamiento global.

 

El libro ‘How Bad Are Bananas? The Carbon Footprint of Everything’, publicado en 2010, ha popularizado la idea de que los correos electrónicos provocan una gran huella de carbono. Su autor estimaba que cada mensaje, aunque solo sea para responder “gracias”, genera un mínimo de 0,3 gramos de CO₂ por el consumo energético asociado a nuestros dispositivos y, sobre todo, a los grandes centros de datos. Y hay que tener en cuenta que cada día se envían entre 150.000 y 300.000 millones de correos electrónicos en el mundo, aunque la mayoría son ‘spam’.

Algunas investigaciones recientes relativizan ese supuesto perjuicio medioambiental de nuestros mensajes. Aparte de liberar algo de espacio en los servidores que los alojan, no hay pruebas de que se reduzca sustancialmente el consumo energético de la infraestructura digital si evitamos nuestros correos prescindibles y borramos los innecesarios. 

Muy rara vez encendemos un móvil u ordenador solo para enviar un correo electrónico y tanto los sistemas de almacenamiento como los de transmisión de datos funcionan sin descanso, incluso cuando no los utilizamos, por lo que el consumo de energía se mantiene bastante estable.

Una perspectiva actualizada

Con las nuevas estimaciones, se calcula que calentar agua en una tetera requiere más electricidad que el envío y almacenaje de mil correos electrónicos. Y eliminar ese millar de mensajes de nuestra bandeja tendría un beneficio de carbono de unos cinco gramos de CO₂, lo mínimo que generaría nuestro ordenador en media hora si lo mantenemos encendido para borrarlos. Aunque cueste asimilarlo, borrar manualmente los correos electrónicos puede tener un mayor impacto en las emisiones de carbono que almacenarlos.

En realidad, una primera medida eficaz para limitar la huella de carbono del correo electrónico es reducir en la medida de lo posible el número de dispositivos electrónicos que compramos para gestionarlo y conservarlos el mayor tiempo posible, ya que su fabricación genera una huella de carbono importante. 

Pero, sobre todo, salvaguardar el medio ambiente pasa por utilizar dispositivos que ofrezcan una buena eficiencia energética y racionalizar el tiempo en que los mantenemos encendidos: no hay que olvidar que una parte de la electricidad con la que alimentamos esos dispositivos tiene su origen en combustibles fósiles.

El origen de un tráfico excesivo

Obviamente, evitar correos innecesarios, escribir de forma concisa, incluir hipervínculos a archivos en lugar de adjuntarlos, limitar el número de destinatarios, vaciar regularmente la carpeta de ‘spam’ y darse de baja de boletines que realmente no nos interesan son buenas prácticas que reducirán el tráfico de Internet. Pero, si realmente queremos contribuir con nuestros hábitos digitales a la buena salud del planeta, deberíamos mirar más allá de nuestro correo electrónico. 

Los intercambios de ‘e-mails’ solo representan el 1% del tráfico de Internet, lo cual es una minucia si lo comparamos con los servicios de ‘streaming’ de vídeo, que ya suponen más del 80% de lo que transita por la red. Y eso sí supone una cantidad apreciable de toneladas de CO₂.

 

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