Coches de hidrógeno, ¿la alternativa definitiva?

¿Es posible que un coche no solo no contamine, sino que purifique el ambiente? Los vehículos eléctricos dominan la transición hacia el transporte sostenible, pero ¿en qué posición han quedado los coches de hidrógeno? Analicemos qué ventajas supone este “combustible verde”.

 

Marcas líderes a nivel mundial como Toyota o Hyundai están apostando decididamente por los coches de hidrógeno. Actualmente todavía son demasiado caros, pero prometen revolucionar la movilidad mundial. Se trata de vehículos alimentados con hidrógeno (el elemento más abundante en la Tierra), que se extrae del agua marina mediante un proceso de electrólisis. Así pues, para circular, el vehículo se alimenta de hidrógeno y aire, un aire que, sin embargo, debe ser puro, motivo por el cual el motor lleva un exigente sistema de filtraje de partículas. Es de este modo como el motor retiene las partículas contaminantes y aquello que acaba saliendo por el tubo de escape es vapor de agua, con un oxígeno más puro que el que había entrado. ¿Esta tecnología es una quimera o es el futuro?

La tecnología del coche de hidrógeno es innovadora en muchos sentidos y supone un reto para la ingeniería. Generalmente diferenciamos dos tipos de motores de hidrógeno: el de combustión y el de conversión. Así, mientras los motores de combustión queman el hidrógeno del motor de una manera parecida a cómo lo hacen los motores de gasolina, con la única diferencia que aquello que expulsan por el tubo de escape es vapor de agua, en lugar de humo contaminante, los motores de conversión convierten este hidrógeno en electricidad, gracias a una pila de combustible, para mover el motor eléctrico del coche.

Una pila de combustible (fuel cell) es, por lo tanto, un dispositivo basado en la electroquímica, es decir, que genera energía eléctrica a partir de energía química. Lo hace siempre con el apoyo de un combustible y un oxidante. En este caso, en uno de los polos de la batería (el ánodo) está el hidrógeno y, en el otro, (el cátodo), el oxígeno. La ventaja de este tipo de pilas es que no se tienen que recargar y funcionan continuamente, por lo tanto, los usuarios disponemos de un flujo y consumo de reactivos constante, y esto lo diferencia de las baterías convencionales. 

 

Coches eléctricos vs. coches de hidrógeno

Precisamente esta autonomía en la recarga es la ventaja que podría hacer que el coche de hidrógeno acabara abanderando la transición ecológica, desbancando incluso al coche eléctrico. De hecho, según el Departamento de Materiales Avanzados por la energía del Instituto de Investigación de Energía de Cataluña (IREC), el coche eléctrico es considerado un medio de transporte limpio porque no consume combustibles fósiles. Aun así, el inconveniente de los coches eléctricos, según IREC, es que la batería necesita ser recargada con electricidad de la red, y muchos conocen de primera mano lo que esto supone en cuanto a gasto, además del tiempo que se necesita para recargar. A pesar de ser considerado un método de transporte no contaminante, para que sea verdaderamente verde hace falta que el modo de producción de electricidad que requiere también lo sea. Inconveniente, que, de momento, también presenta la pila de combustible del motor de hidrógeno, dado que para obtener el hidrógeno, a través de la electrólisis del agua, se requiere, todavía, mucha energía.

En cambio, los coches que se basan en pilas de combustible, como los coches de hidrógeno, combinan la autonomía de los coches convencionales (gasolina) con los beneficios recreativos y medioambientales de los coches eléctricos. Por lo tanto, la ventaja más evidente es la inexistencia de emisiones nocivas y de gases tóxicos. Llenar el depósito de hidrógeno no requiere más de cinco minutos, a diferencia de las largas recargas de los eléctricos, que pueden durar horas. Y en cuanto a la autonomía, el hidrógeno también toma ventaja, llegando a recorrer hasta 500 kilómetros.

 

Los puntos de recarga, el gran problema

El 1839, el físico galés William Grove inventó la pila de combustible, sin mucho revuelo. No fue hasta los años sesenta que esta tecnología se popularizó, porque alimentaba la sonda espacial Gemine de la NASA, que funcionaba exclusivamente con pilas de combustible. En vehículos a ruedas llegaría todavía más tarde, concretamente en 2008 y de la mano de la marca automovilística Honda.

Hoy en día, la oferta ha aumentado ligeramente, y el portal AutoBild establece que los mejores coches de hidrógeno son el Toyota-Mirai y el Hyundai-Nexo, a la espera que salgan al mercado este mismo año el deportivo Hyperion XP-1 y el SUV BMW-Hydrogen Next.

En 2019 los vehículos de hidrógeno vendidos a escala mundial eran 7.500, mientras que los eléctricos llegaban a 2,1 millones de ventas. Vehículos de transporte urbano y de mercancías se suman al combustible eléctrico y crecen también los puntos de recarga. En el caso del hidrógeno, en el Estado español solo existen tres puntos. Un pez que se muerde la cola, pocos puntos de recarga y  baja demanda de los clientes, que sitúa al sector en un punto de difícil avance y que sigue poniendo el foco en las empresas energéticas. En países como Alemania ya se han unido fabricantes y productores de hidrógeno para trazar un plan que finalizará con 130 puntos de recarga y 60.000 coches de hidrógeno en circulación en 2022. 

Así pues, a pesar de que la apuesta actual de muchos gobiernos y marcas se encamina hacia el vehículo híbrido, las exigencias medioambientales dejan la puerta abierta a los vehículos de hidrógeno, que esperan la unión de fabricantes, energéticas y administraciones para vivir su momento de expansión.

 

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Ante desastres naturales (o pandémicos) la sociedad se ve obligada a cambiar y evolucionar. No existe la opción de no hacer nada. Las circunstancias no controlables obligan a crear comunidades resistentes a los cambios.

 

El calentamiento de la tierra y el cambio climático nos hacen más vulnerables a los desastres naturales. La responsable de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres, Mami Mizutori, alertaba que en los próximos veinte años el número de desastres o catástrofes se duplicará, y la causa para el 90% de estos estará relacionada con el cambio climático.

Se suman factores como la pobreza, la contaminación atmosférica, el aumento demográfico o la urbanización incontrolada o de riesgo. El resultado: más zonas peligrosas y más personas expuestas. Nuestro presente y futuro estará marcado por los cambios constantes, sean naturales, tecnológicos, políticos o sociales.

Estamos condenados a convivir en un mundo cambiante, pero ¿estamos preparados para hacerlo? Analizamos como la adaptación, una característica intrínseca en el ser humano, será clave en la construcción de las sociedades resilientes del futuro.

 

¿Evitar los cambios o prevenirlos?

Ante un desastre, o una situación de cambio general, lo peor que podemos hacer es no hacer nada. Por ello, Margareta Wahlström, secretaria adjunta de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, destaca la importancia de actuar para minimizar los desastres. Algunos, como los relacionados con el cambio climático, tenemos la capacidad de contribuir a evitarlos. Pero para todos aquellos que no podamos evitar hay que construir sociedades resistentes a los cambios, y la urgencia es hacerlo antes de que tenga lugar el próximo desastre, como describe Wahlström en su artículo.

Enseñar esto es imprescindible en todos los ámbitos. Cada euro invertido en la prevención puede ahorrar hasta siete en la recuperación. Y en este punto la capacidad de adaptación de la población es un factor clave. Hay que entrenar nuestra mente para hacerla más resiliente a los cambios, y dejar atrás la visión tradicional que vincula los cambios con el miedo y la negativa de evolucionar.

 

Volver al punto de equilibrio

La adaptación a los cambios es una característica más en el ser humano, incluso desde un punto de vista biológico. Es lo que se conoce como homeostasis, concepto creado en 1865 por el médico Claude Bernard, y que hace referencia a la tendencia general por la que un organismo restablece el equilibrio y la estabilidad interna. Desde el punto de vista psicológico la lectura es que ante situaciones de cambio, las personas tendemos a encontrar el equilibrio de nuevo, es decir, que tanto el cambio como la estabilización son dos constantes innegables en la vida humana.

Por su parte, Darwin también se acercaba a esta idea en su proceso de la evolución, defendiendo que evolucionar no es más que tener la capacidad de adaptarse a nuevos entornos.

 

En el cambio está la evolución

El psicólogo Jean Piaget teorizaba que la principal característica y, por tanto, rasgo diferencial de los seres vivos, es justamente esta capacidad para autorregularse. Nuestro sistema, desde la parte más biológica hasta la psicológica, es capaz de recuperar o restablecer las estructuras dañadas. Por lo tanto, un ser vivo es dinámico y activo por naturaleza, y cambiar no es más que la respuesta de supervivencia de nuestro cuerpo en un intento de adaptarse al entorno.

Piaget diferenciaba dos formas de adaptación: la asimilación, que consiste en incluir las novedades en nuestros esquemas ya definidos. Y la acomodación, que modifica los esquemas para adaptarlos a las nuevas demandas. Pasando la teoría a la práctica, en la era de la pandemia podemos habernos sentido identificados con un sistema u otro según nuestro comportamiento: ¿hemos incorporado los nuevos hábitos a nuestra rutina diaria o la hemos modificado para crear una nueva rutina basada en el momento actual?

Sea cual sea nuestra forma de posicionarnos ante los cambios, lo importante es haber realizado el proceso de adaptación. Esto es lo que nos puede salvar de los cambios constantes: la acción, huir de la negación y el estancamiento y abrir la posibilidad a que cada cambio nos suponga un nuevo escenario suficientemente retador para obligarnos a replanteárnoslo todo, sin más alternativa que evolucionar.

 

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Denuncian las malas prácticas de las grandes distribuidoras del sector alimentario, que ajustan los precios de la materia prima hasta el punto que, a los mismos productores, ya no les sale a cuenta producir.

 

El clamor de Unió de Pagesos está claro: precios justos para los productores. Una problemática que en los últimos meses ha afectado especialmente al negocio vacuno de leche, pero que se extiende a otros muchos sectores de la agricultura y la ganadería. En la raíz del problema sitúan las malas prácticas de las grandes distribuidoras, y a partir de aquí surgen nuevas problemáticas que describen la crítica situación de este sector en nuestro país.

La agricultura aporta 2.307 millones de euros al PIB de Cataluña (2020), siendo el sector económico con menos impacto al PIB, y muy lejos de los 153.039 millones que genera el sector de los servicios. Aun así, no deja de ser un sector estratégico para el conjunto de la sociedad, y solo por el hecho de ofrecer la materia prima de los principales alimentos, se convierte en uno de los principales que hay que mantener y desarrollar. La cuestión, pero, es qué precio estamos dispuestos a pagar para mantenerlo, o mejor dicho, cuál sería el precio justo que habría que pagar.

 

El sector primario decae en los últimos años

El sector de la alimentación ha visto, en los últimos años, un cambio irreversible en el modelo de negocio: las cadenas multinacionales llenan de grandes superficies los pueblos y ciudades de Cataluña, con unos precios tan bajos que dejan fuera del mercado a centenares de pequeños y medianos negocios. Una situación que ha afectado de forma directa y significativa al estado de salud del sector agricultor, que tal y como denuncian sindicatos, patronales y ayuntamientos, vive una situación crítica histórica. El año 2020, Cataluña registraba un total de 454 explotaciones de vacuno de leche. Para hacernos una idea, en 2010 estas cifras se situaban en 813 explotaciones y, todavía más atrás, en el 1991 se encontraban 4.329.

Actualmente, la media que se paga es de 33,28 céntimos de euro el litro. Esta es la cantidad que llega al productor, una cifra alejada del umbral de rentabilidad que se sitúa a unos 37,31 céntimos de euro el litro, y en algunos casos incluso más. No se cubren, por lo tanto, los gastos mínimos de producción, y esto sitúa a los productores en una situación económica crítica que explicaría la disminución de explotaciones.

 

En riesgo la soberanía alimentaria de Cataluña

Se entiende como soberanía alimentaria el derecho de los pueblos y países a crear políticas que les permitan producir alimentos según sus características y necesidades. Incluye, por lo tanto, no solo el derecho a la alimentación, sino el derecho a producir alimentos y que esta producción sirva para mantener el conjunto de la comunidad. Así lo recoge la Declaración política del Foro de ONG/OSCO para la Soberanía Alimentaria.

Cataluña podría ver afectada su soberanía alimentaria en caso de que no mejore la situación económica de los ganaderos. Si no pueden competir con los precios de las distribuidoras, y tal como alerta la Unió de Pagesos, no pueden ganarse la vida, muchos de ellos finalizarán su actividad, que en los últimos años ha disminuido de forma progresiva pero sustancial. La afectación a la sociedad se acabaría palpando en casi todos los ámbitos.

 

Una problemática donde cada acción cuenta

Una pérdida de actividad en el sector primario conduciría a una demanda de importaciones mucho más elevada, cosa que podría afectar tanto a la calidad como al precio de los productos básicos. Por otro lado, una falta de producción conduciría a los consumidores a renunciar a los productos de kilómetro cero y de proximidad, que al disminuir la oferta podrían, también, ver encarecidos sus precios.

Para que la situación se pueda llegar a controlar, y antes de llegar a un punto de difícil retorno, la principal problemática que hay que abordar pasa por pagar un precio justo a los productores. Así pues, el apoyo de la administración será clave en este proceso, y la gestión de las distribuidoras será clave para determinar el futuro del sector primario. Más allá, el consumidor final también tiene en sus manos el poder de contribuir al cambio, en su caso escogiendo. El reto será que, conscientes de la situación, esta elección se haga de acuerdo con criterios sostenibles y que avalen un precio justo para toda la cadena de producción.

 

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Es en verano cuando más personas nos acercamos al mar y a la montaña, e inconscientemente nos ponemos nuevamente a prueba como sociedad en cuanto a la manera de relacionarnos con la naturaleza. Analizar nuestro civismo nos ayudará a mantener el espíritu autocrítico necesario para crecer en clave personal y colectiva. Si la naturaleza lo es todo, el civismo también.

 

Sea por prácticas de ocio o por actividad industrial, en Cataluña en las últimas décadas han desaparecido un 54% de especies que viven en ríos y lagos, un 30% de zonas agrícolas y prados y un 10% de bosques y matorrales. Las conclusiones de este estudio, realizado por el Departament de Territori i Sostenibilidat, señalan actuaciones humanas como la alteración de los hábitats naturales, la explotación del suelo y el cambio climático, pero la realidad es que todos podemos contribuir si llevamos a cabo comportamientos incívicos o irrespetuosos al visitar espacios naturales.

 

La huella del ser humano

Sea de vacaciones o paseando por nuestro entorno, seguramente todos habremos presenciado comportamientos incívicos que ponen en riesgo el medio natural e, incluso, la seguridad de las personas. Nos referimos a actitudes como hacer ruido, ensuciar el entorno, dejar residuos, molestar o perjudicar a la fauna, estorbar la tranquilidad otras personas, y especialmente de los residentes locales, o comportamientos de riesgo como fumar o encender fuego en zonas con riesgo de incendio.

Nuestro deseo, como turistas, es buscar lugares de tranquilidad y donde disfrutar de la naturaleza, pero no siempre irá de acuerdo con las intenciones del resto de visitantes. Y si bien cada cual puede tener conceptos diferentes de excursión, de pícnic o de tranquilidad, hay límites como los residuos o el ruido que cruzan la línea del civismo en estos espacios.

Normas de convivencia en los Parques Nacionales

En los últimos años, prácticamente todos los parques naturales de Cataluña han creado códigos de conducta o recomendaciones cívicas que todos los visitantes tienen que cumplir con un solo objetivo: preservar el territorio. Es el caso del Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, que acoge anualmente a más de medio millón de visitantes. Un número tan elevado de visitantes puede poner en riesgo la biodiversidad de la zona, e incluso la misma seguridad de los excursionistas, si no se toman las medidas correctas. Así pues, ¿qué hay que tener en cuenta?

 

Antes de la excursión

  • En primer lugar informarnos de donde vayamos, como es la zona, qué temperatura hará o qué recorrido queremos seguir. Llevar el equipo adecuado será clave para disfrutar de una buena experiencia.
  • Preparar las comidas en función de la durada de la excursión y siempre teniendo en cuenta los residuos que podremos generar, puesto que los tendremos que llevar con nosotros hasta que podamos reciclarlos adecuadamente.
  • Si llevamos animales, llevarlos atados y cuidar su hidratación.
  • Si accedemos hasta el parque con vehículo propio, respetamos los límites de velocidad y sin hacer más ruido de la cuenta. A la hora de aparcar, procuramos hacerlo en las zonas habilitadas y señalizadas.
  • Utilizar transporte público para acceder al parque siempre que sea posible.

Durante la excursión

  • No salir del recorrido marcado, así evitaremos perdernos, pero sobre todo, evitaremos pisar zonas que no están pensadas para visitantes y que pueden afectar a la fauna y la flora.
  • Mantener la distancia de seguridad, tanto entre peatones como entre ciclistas.
  • No está permitido bañarse en ríos y estaños, puesto que a pesar de parecer una actividad de lo más natural, la realidad es que puede alterar y contaminar las aguas.
  • Comer en las zonas habilitadas. Y si el recorrido no lo permite, procurar hacerlo sin dejar residuos.
  • Prohibido encender fuego. Una medida que se extrema en ciertas zonas o periodos de sequía, pero que es aplicable a todas las zonas naturales. Por lo tanto, ni gas combustible, ni encender cigarrillos está permitido.
  • No llevarnos nada que no nos corresponda. Ni piedras, ni plantas, ni mucho menos hacer actividades de caza. Si visitamos el espacio, es para disfrutar de tal como es.

Ética y civismo, una apuesta personal

En definitiva, cumplir los estándares previamente descritos no es más que un acto de civismo que, en caso de no salir de un mismo, se tendrá que cumplir para acatar la regulación vigente. Os recomendamos leer “Educar la convivència. La pràctica del civisme” del filósofo Francesc Torralba, un documento breve que profundiza y nos hace reflexionar sobre la relación entre civismo y ética.

 

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Te presentamos una recopilación de diferentes apps para vender o comprar todo tipo de productos de segunda mano. La moda sostenible de comprar productos de segunda mano ha llegado para quedarse.

 

El mundo está en constante evolución, al mismo tiempo que también cambia la manera de consumir de las personas. De aquí nace la tendencia Recommerce: La venta de artículos de segunda mano, basánda en la economía circular: Reducir, reutilizar y reciclar. Esto hace que al reducir el consumo de productos nuevos, las personas ahorren dinero a la vez que se minimiza el impacto medioambiental. Esta predisposición a comprar productos de segunda mano se ha extendido mucho entre las personas preocupadas por la sostenibilidad, donde su responsabilidad a la hora de consumir les lleva más allá de buscar el producto más económico. Hoy queremos invitaros a descubrir el mundo del recommerce, con diferentes apps donde podéis encontrar todo tipo de productos de segunda mano, desde bicicletas, ropa y coches hasta productos tecnológicos. Bienvenidos a la nueva era de la economía sostenible:

  • Backmarket: Esta aplicación está haciendo mucho ruido en la red. En esta app podéis comprar productos tecnológicos reacondicionados por profesionales con descuentos de hasta un 70% de su precio original. Smartphones, aparatos informáticos, televisores, cámaras fotográficas, drones, pequeños electrodomésticos. La aplicación también ejerce de garantía, además de hacer de conector entre vendedores y clientes.
  • Letgo: Aplicación para vender todo aquello que ya no necesitas, o para comprar aquello que quieres, de una manera muy sencilla y cómoda. La diferencia de esta app con las otras de compra y venta de artículos de segunda mano, es que esta aplicación tiene reconocimiento de imagen e inteligencia artificial para poder etiquetar y catalogar los artículos que se ponen a la venta. En esta aplicación puedes vender y comprar libros, coches, material deportivo, moda, artículos para el hogar…
  • Wallapop: Es, sin duda, la aplicación por excelencia de compraventa de productos de segunda mano, con más de 15 millones de usuarios. También del estilo de Letgo, donde puedes comprar todo tipo de productos. Un punto de encuentro entre vendedores y compradores, donde por medio de una conversación, se formaliza la compraventa del producto.
  • Coches: En esta app se pueden comprar y vender coches de segunda mano, de Km0, e incluso también nuevos. Más de la mitad de sus vehículos en venta ofrecen garantía, y puedes encontrar autocaravanas, coches sin carné o furgonetas. En definitiva, la aplicación líder del motor.
  • Vinted: Una comunidad para vender ropa de segunda mano, por medio de videos o de imágenes que suben los vendedores para ofrecer sus prendas de ropa. Una manera sostenible y divertida, tanto para hacer un hueco en nuestro armario como también para renovarlo.
  • Milanuncios: Catalogada como de las más veteranas, esta aplicación nunca pasa de moda. Con un diseño sencillo, desde su creación en 2005 siempre ha sabido mantenerse al frente de los anuncios clasificados. Aquí puedes encontrar desde trabajo, ropa, y muebles, hasta alquiler y venta de pisos…
  • Bkie: Con el ciclismo tan de moda, no podía faltar una aplicación de compraventa de bicicletas y de productos del mundo del ciclismo. Una aplicación de compraventa como cualquier otra, pero con la particularidad de que está enfocada en la comunidad ciclista.

Esperamos que el concepto de recommerce, seguido de las apps que te hemos sugerido, te hayan gustado. Y no dudes en poner en práctica las tres R de la economía circular: Reducir, Reutilizar y Reciclar, también en tus compras.

 

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Per la Mar Viva es una organización sin ánimo de lucro de origen menorquín con un objetivo claro: velar por el buen estado de salud del mar.

 

«El mensaje está muy claro, por todas partes esparzamos, salvemos los mares y océanos y a ningún precio los vendamos.» El dúo menorquín Cala Joia resume así el propósito de Per la Mar Viva, que busca concienciar empresas, administración, organizaciones y personas —empezando por las más jóvenes— para reducir cualquier vertido de basura en las aguas de Menorca, así como sobresalir en la gestión de los residuos y contribuir a la reducción de los plásticos que van a parar al mar y al litoral costero.

Per la Mar Viva nace en 2017, después de años de investigación y observación sobre la cantidad de plásticos que acababa en el puerto de Ciutadella y en el litoral menorquín. Su fundador, Carlos Salord, un fisioterapeuta local, se ha movilizado para promover esta organización sin ánimo de lucro, después de años de observar la indiferencia de la sociedad para cambiar la situación.

 

El estudio inicial: ¿qué cantidad de plásticos se recoge en un día?

Carlos Salord, presidente de la Asociación Per la Mar Viva, decidió poner en marcha un estudio comparativo: por un lado, la cantidad de plásticos que recogían las embarcaciones que el Gobierno Balear usa para limpiar el litoral de Menorca, y por otro, la cantidad de plásticos que él mismo fue capaz de recoger, intentando simular el trabajo que realizan estas mismas embarcaciones, durante nueve jornadas laborales.

Los resultados mostraban que las embarcaciones del Gobierno Balear recogían una media de 11,34 kg al día. Salord, con su zódiac semirrígida y tres tamices, fue capaz de sacar del agua una media de 70,33 kg por jornada.

 

Primer paso: la concienciación social

El objetivo, para ver cambios reales en la salud del mar, es la concienciación social, y por ello Per la Mar Viva ha acercado el proyecto tanto a ciudadanos como administración. En cada organismo se han propuesto soluciones específicas, según responsabilidades e involucración, para conseguir implicar a todo el mundo y que los resultados sean reales y prolongados en el tiempo. 

El reto principal, sin embargo, sigue siendo la responsabilidad y el comportamiento humano. Y por eso realizan charlas y actos en escuelas e institutos de las Islas, para educar a sus ciudadanos desde pequeños en la buena gestión marítima. Una acción que ha tenido muy buena acogida, incluso en preescolar, y que sin duda es lo que puede marcar a las generaciones futuras.

El objetivo es pasar de la indiferencia del «esto no va conmigo» a la concienciación de «realmente tenemos un problema» y, de aquí, a la proactividad de «¿qué puedo hacer yo?».

 

Segundo paso: la implicación real

La difusión es imprescindible para conseguir una implicación real, y por ello artistas locales, como Dos Sipiots & Orgànic y Cala Joia, difunden por todas partes esta concienciación a través de su música. En Ferreries, en mayo de 2019 se inauguró la exposición La mar de plàstics, que con más de 8.000 visitantes alcanzó el objetivo de dar voz al mar y despertar conciencias a partir de objetos rescatados del litoral menorquín. 

Más allá de la propia asociación, Per la Mar Viva se ha convertido en una iniciativa popular que se extiende por la isla de Menorca y que resuena mar adentro. La intención, ahora, es expandir su efecto al resto de islas y a Cataluña. De momento, ha impulsado en las redes la campaña #GobiernoDesplastificanosYA dirigida al Gobierno de España y pidiendo su implicación.

Hasta ahora, los humanos hemos convertido los océanos en el vertedero final de nuestra basura. Es el momento de rehacer esta idea y trabajar juntos para lograr que el mar siga vivo durante muchos años, tal como cantan Cala Joia:

 

«Que el mar deje de ser

un inmenso vertedero,

juntos estamos a tiempo,

juntos lo podemos hacer.»

 

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El 70% de la superficie del planeta está cubierta por agua, y el volumen de negocio que esto puede generar convierte el ecosistema marino en un sector estratégico para desarrollar una economía sostenible.

 

La economía azul describe todas aquellas actividades económicas vinculadas al mar y a ecosistemas marinos. Incluye actividades portuarias y de logística, la pesca, la industria naval, la producción energética, el deporte, la ciencia y actividades tecnológicas. La principal premisa es la sostenibilidad, ya que de ello dependerá el futuro tanto de este sector económico como del planeta en general. 

 

Objetivo 2050: el 35% de la energía se producirá en el mar

La Comisión Europea señala la economía azul como agente clave en el European Green Deal (el trato verde europeo), que promueve el desarrollo sostenible de todos los países miembros. El océano actúa de regulador del clima, es indispensable en la producción de oxígeno y ofrece energía, alimentos y otros recursos sin los cuales no podríamos vivir.

Es, por lo tanto, un sector estratégico en la lucha contra el cambio climático que, hoy en día, pone el foco en dos grandes objetivos: desarrollar energía renovable en alta mar, hasta lograr el 35 % de producción energética en 2050 y, por otro lado, hacer más sostenibles los puertos y los transportes, procurando limitar las emisiones de carbono y reducir la huella ecológica de los puertos.

Cataluña cuenta con un proyecto que podría alcanzar el objetivo energético, el llamado Parque Tramuntana. Con la intención de convertirse en un punto de referencia contra el cambio climático, el Empordà presenta esta propuesta para crear un parque eólico marino y flotante en el Golfo de Roses. El proyecto entraría en funcionamiento en 2026 y podría suministrar el 45% de la energía de la provincia de Girona, además de crear 5000 puestos de trabajo y contribuir a la preservación y regeneración de ecosistemas marinos.

 

¿Qué es el European Green Deal? El European Research Council lo explica en este vídeo.

 

La Cataluña azul, líder en Europa

En Cataluña, en 2018 se iniciaba el plan para promover la economía azul en el territorio. Desde entonces, el sector ha generado más de 200.000 puestos de trabajo y 35.500 millones de euros de facturación. Una cifra que sitúa Cataluña al frente de los países europeos donde la economía marítima tiene mayor peso interno. La siguen Portugal, Estonia, Grecia, Malta y Chipre.

El peso que tiene es innegable, y la implicación empresarial catalana lo corrobora. Por ejemplo, desde el Puerto de Barcelona se ha impulsado un proyecto para convertirlo en un hub de economía azul, que actúe de punto estratégico para empresas relacionadas con el sector de forma directa o indirecta.

También este año, se ha creado en las tierras del Ebro el Clúster de Empresas de Economía Azul, una iniciativa abierta a todas las empresas de la zona que quieran sumar esfuerzos por la preservación medioambiental del Delta y su actividad económica, mayoritariamente marítima.

Un desarrollo económico sostenible implica aprovechar de forma eficiente los recursos disponibles, y en este sentido Cataluña tiene que aprovechar y utilizar conscientemente todo lo que el mar puede ofrecer. El objetivo será el progreso económico y social, pero con el mismo grado de importancia lo será la preservación medioambiental, porque tal como avisan desde la Comisión Europea, «no puede haber verde sin azul.»

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Siempre que hay incendios forestales empieza el debate sobre cómo se pueden evitar estas catástrofes y, una vez más, nos damos cuenta de que es una situación complicada que necesita un planteamiento serio y contundente. Un replanteamiento de modelo de país.

 

Los incendios forestales son desgraciadamente noticia cada verano. Este 2021 ya han quemado más de 2.000 hectáreas y el riesgo de incendios continúa muy vigente, dado que el abandono de los cultivos, la deficitaria gestión de los bosques y el cambio climático complican la conservación del paisaje que tenemos.

Cataluña tiene un clima mediterráneo, y esto quiere decir veranos calurosos y secos, situación que hoy en día con los efectos del cambio climático se agravia. Según el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC) el clima de mediados de siglo podría tener casi treinta días más de verano y la temperatura, en nuestro país, podría llegar a subir tres grados de media.

 

Economía y paisaje

Marc Garfella, ingeniero técnico forestal, de Bosquerols, cooperativa que se dedica a la gestión y planificación de bosques, nos explica que la situación actual es debida, en parte, al abandono de los campos de cultivo (en los años cincuenta del siglo pasado los bosques ocupaban un 35% de Cataluña, y hoy en día ocupan un 70%), al cambio climático, y a que el sector primario no se puede ganar bien la vida.

Según Garfella, el sector primario tiene un papel muy importante en la gestión del paisaje y en el mantenimiento de este y, por lo tanto, en la prevención de incendios forestales: «Pero hace años que la gestión del bosque no es rentable». Sabe de qué habla porque la cooperativa, además de trabajar para la administración, trabaja para clientes que son propietarios de bosques: «Nuestros clientes propietarios rurales saben que la madera en estos momentos vale muy poco y que no es el momento de talar grandes cantidades de árboles. Ahora se talan árboles para permitir que el bosque tenga una estructura más diversa, más resistente al cambio climático y más resistente a los incendios». Añade que la no rentabilidad de los bosques es un problema general que tiene el sector primario: «hoy, quien se dedica a la gestión forestal, a la agricultura y a la ganadería, sin ayudas no puede vivir». Y el abandono de cultivos es un elemento que contribuye al hecho que la masa forestal vaya creciendo sin gestión, ni control. Y que la explotación del bosque no sea rentable hace que los propietarios no inviertan, ni en su planificación ni gestión.

Estamos ante un cambio de paradigma, dice Marc Garfella: «El campo se ha ido abandonando y el cambio climático se ha ido acentuando. Y este hecho no es exclusivo de nuestro país. En todo el mundo hay incendios (Argentina, EE. UU., Bolivia, Australia, Canadá…). El cambio climático está cambiando el paisaje y un incendio te lo puede modificar en pocas horas. Hace falta una reflexión profunda sobre la gestión del territorio».

Ante este cambio de paradigma, Garfella hace una pregunta a la sociedad en general y nos pide qué país queremos: «La ciudadanía es la que tiene que decir qué modelo de país quiere y esto lo tiene que hacer de una manera no solo teórica, sino también activa, es decir, siendo consciente que las acciones que hace cada día influyen en la definición de país, porque la economía es la que acaba definiendo el paisaje».

 

Producto con impacto

El 80% de la dieta humana es vegetal y la agricultura representa un recurso económico y un medio de desarrollo importante para los pueblos. Todos somos conscientes de que los bosques acogen a millones de especies, son fuente importante de aire limpio y de agua, y también son fundamentales para combatir el cambio climático.

Y ¿qué podemos hacer entre todos juntos para mantener el paisaje? Pues, para Marc Garfella, hay que ser una persona consciente de los productos que consumimos: «Al final, cuando se compra producto del país, ya sea vino, aceite, carne de cordero, madera, fruta, también acabas pagando por el mantenimiento del paisaje. Si el campesino, el ganadero y el forestal pueden ganarse la vida de manera digna, no abandonarán las tierras y mantendrán el paisaje. Cuando consumimos producto de proximidad estamos consumiendo producto que tiene un impacto».

Los campesinos, los forestales y los ganaderos, además de abastecernos de alimentos y de energía, también hacen de gestores y planificadores del territorio. En nuestras manos queda que puedan continuar su trabajo de preservación del paisaje.

 

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La comida es una parte esencial de cualquier viaje, tanto por lo que descubres en el lugar de llegada, como por lo que te llevas de casa. Repasemos lo básico para viajar con comida.

 

La importancia de la comida, sea por la base cultural o por la necesidad energética, hace que cuando viajamos nos enfrentemos a varios dilemas, como por ejemplo: ¿dónde comer? ¿Qué comer? ¿Comer en un restaurante o llevar la comida en una fiambrera, hecha en casa? ¿Comer antes de salir de casa o hacerlo cuando llegamos al destino?

Lo que hay que saber es que, elijamos la opción que elijamos, lo mejor que podemos hacer es viajar sin hambre. Es necesario que, antes de iniciar un viaje, salgamos de casa con el estómago lleno, puesto que esto nos hará estar optimistas y nos hará encarar cualquier problema que pueda surgir con más energía y positividad.

Me quiero llevar la comida. ¿Cómo lo tengo que hacer?

Una vez he decidido que me quiero llevar la comida, hace falta que sepa que, en función del medio de transporte que use, la tendré que transportar de diferente manera. Por ejemplo, si voy en avión desde un país de la Unión Europea hacia otro, no suelen existir restricciones a la hora de llevar alimentos en el avión. Podemos viajar con productos de origen animal, ya que se supone que los Estados miembros cumplen las normas veterinarias comunitarias. Si el viaje es fuera de la Unión Europea, será necesario consultar la normativa de cada país para saber si nos dejarán introducir o no nuestra comida y cómo hacerlo. 

En cambio, si viajamos en coche, lo que nos debe preocupar más es qué alimentos poner en la fiambrera para que una vez cocinados o elaborados mantengan sus propiedades, tanto de conservación como de sabor. Así pues, hay que mantener la fiambrera a la temperatura adecuada, siendo esta de un máximo de 5 ° para los alimentos fríos y de alrededor de 65 ° para los alimentos calientes. En caso de que no se pueda mantener el calor, es mejor refrigerar los alimentos y calentarlos antes de consumirlos. También hay que tener en cuenta recomendaciones como la conveniencia de utilizar preferentemente alimentos higienizados, curados en caso de los lácteos, y evitar preparaciones que contengan huevo crudo.

Somos lo que comemos

Tal como concluye el documento de la Fundació Alícia, La dieta Mediterrània un estil de vida actual, «la necesidad de recuperar la dieta mediterránea se ha convertido desde hace décadas en una reivindicación constante. Las diferentes investigaciones realizadas sobre las pautas alimenticias que caracterizan las sociedades desarrolladas de nuestro tiempo llevan a conclusiones sorprendentes: no nos alimentamos bien, tenemos acceso ilimitado a ciertos productos alimenticios, y en nuestra sociedad se detectan cada vez más estados de malnutrición importantes. Patologías propias de nuestro entorno —sobrepeso y obesidad, anemia, decalcificación y osteoporosis, caries, dolencias cardiovasculares, diabetes, retinopatías y degeneración macular, estreñimiento y trastornos digestivos y dolencias degenerativas como Alzheimer o cáncer— guardan, en muchos casos, relación con la alimentación que el paciente ha seguido a lo largo de su vida. Y la dieta puede ser, si no la causa, sí el detonante que desencadena el mal funcionamiento del organismo […]».

La cultura mediterránea

Los panellets, las castañas y los boniatos que se consumen por las festividades de Todos los Santos y del Día de los Difuntos; los turrones de Navidad; las tortillas y otras preparaciones propias del jueves lardero; los buñuelos de Cuaresma; los roscones de Reyes; la crema de Sant Josep; las cocas de las verbenas de San Juan y San Pedro; las monas de Pascua…

La historia de nuestra tierra va estrechamente ligada a la cultura mediterránea. Los mediterráneos compartimos características similares, una de las cuales es el hecho de disfrutar de la vida social alrededor de una mesa mientras disfrutamos de los platos y guisos que son presentados para ser degustados, cotorreando y haciendo jolgorio.

Nuestra cultura culinaria tiene sus orígenes en la época medieval. En Cataluña tenemos uno de los primeros recetarios y manuales de gastronomía y vinos de Europa, el Llibre de Sent Soví, del siglo XIII, que es un recetario medieval de autor anónimo. También, en palabras de Josep Pla, tenemos el primer best-seller del mundo culinario: es el Llibre del coch del siglo XVI, del maestro Robert de Nola, cocinero del rey Fernando de Nápoles. Hoy en día la cocina catalana es conocida y reconocida internacionalmente.

¿Cuál es el valor energético de un alimento?

El valor energético de un alimento es proporcional a la energía que se libera cuando este alimento se quema, en presencia de oxígeno. Esta energía liberada se mide en calorías.

Una caloría es la cantidad de calor necesaria para elevar un grado centígrado la temperatura de un gramo de agua. Es una unidad muy pequeña y, por esta razón, para los alimentos se acostumbra a usar un múltiplo, la kilocaloría (1 kcal = 1.000 calorías).

El cuerpo humano, cuando se encuentra en un estado de reposo absoluto y mantiene la temperatura corporal constante, consume una determinada cantidad de energía. Esta cantidad de energía se denomina tasa de metabolismo basal (TMB), y es la necesaria para mantener las constantes vitales. Para calcular la tasa diaria de metabolismo basal se utilizan las siguientes fórmulas:

  • Mujeres: TMB = 655 + 9,6 · P + 1,8 · T – 4,7 · E 
  • Hombres: TMB = 66 + 13,7 · P + 5 · T –  6,8 · E 

En estas fórmulas, P es el peso en kilogramos, T es la talla medida en centímetros y E es la edad en años.

 

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¿A quién no le gusta el verano? Los días tienen muchas horas de luz, hace buen tiempo para ir a la playa, a la montaña… Pero, qué pasa cuando hace tanto calor que hasta las piedras queman y las casas parecen hornos? Cómo podemos disfrutar de un hogar fresco sin tener que abusar de aparatos de aire acondicionado y que la factura de la luz nos cueste un dineral?

 

Cada vez hace más calor. El Servicio Meteorológico de Cataluña  (SMC) ha predicho que el clima de mediados de siglo podría tener casi treinta días más de verano que el de hace dos décadas y la temperatura en Cataluña podría llegar a subir tres grados de media, hecho que comportaría también un aumento del número de días con más de 30 grados

Plantas que refrescan el ambiente

Ante este escenario de aumento de las temperaturas, ¿cómo podemos mantener la casa fresca, siendo al mismo tiempo respetuosos con el medio ambiente y contribuyendo a frenar el cambio climático?

Pues, además de hacer cosas como correr las cortinas, bajar las persianas, abrir y cerrar las ventanas para aprovechar el aire corriente, no poner el horno y evitar usar al máximo los aparatos que desprenden calor, hay una manera sencilla y económica para conseguir un ambiente más refrescante: poner unas determinadas plantas de interior.

Según publicó el profesor Dr. Leonard Perry —profesor emérito de Horticultura de la Universidad de Vermont, Estados Unidos— en su artículo Benefits of Using Plants Indoors  (Beneficios de las plantas de interior) hay unos estudios realizados por el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) en los que se dice que, entre otros beneficios, como el de purificar el aire, algunas plantas de interior también ayudan a combatir el calor.

Las seis plantas más refrescantes

Las plantas de interior aportan una serie de beneficios, como la purificación del aire y la mejora del ánimo de las personas. Y, según estudios llevados a cabo por la NASA sobre los efectos de la transpiración de las plantas, éstas también nos aportan frescura. El trabajo explica que, cuando se calienta el ambiente, las plantas liberan humedad extra (transpiran), y es así como refrescan el ambiente.

Hay seis plantas que destacan por su efecto purificador y refrescante:

  • Helecho de Boston. La NASA descubrió que esta planta es una purificadora natural del aire (elimina contaminantes orgánicos volátiles como el formaldehído) y es una excelente humidificadora.
  • Aloe vera. Esta planta tiene un alto contenido de agua y es muy famosa por sus propiedades medicinales. Ahora también la conoceremos por sus propiedades refrescantes del ambiente.
  • Sansevieria o lengua de la suegra. También contiene mucha agua y, por lo tanto, humidifica el aire. Además, colocando unas cuantas delante de la ventana -puesto que tolera muy bien el sol directo- se puede evitar el impacto del calor.
  • Lirio de la paz. Esta bonita planta de interior consigue un mejor efecto refrescante si tiene grandes y exuberantes hojas verdes, las cuales liberan una gran cantidad de oxígeno y humedad.
  • Ficus elástico o planta de caucho. Cuanto más grandes sean sus hojas, mayor será el poder de refrigeración.
  • Potos. Es una planta muy conocida y presente en muchos hogares. Tiene unas grandes cualidades humidificadoras y purificadoras. 

Esta nueva característica de las plantas de interior hace que, además de ser un elemento decorativo, también sean purificadoras y refrescantes, y que nos ayuden a tener un entorno más saludable, fresco, bonito y sostenible.

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