Los microplásticos llegan a la sangre

Una investigación científica ha demostrado por primera vez que los microplásticos ya corren por nuestro torrente sanguíneo, que viene a ser el río de la vida en nuestro organismo. El siguiente paso será comprobar hasta qué punto se depositan en órganos como el cerebro y cuál es su efecto.

 

Se habían encontrado microplásticos en lugares remotos como el Himalaya y el glaciar Vatnajokull, la mayor capa de hielo de Europa. Incluso se habían hallado restos de plástico en la placenta humana. Pero todavía no había evidencia científica de que los microplásticos corrieran por nuestras venas. Hasta ahora.

Un estudio dirigido por Heather Leslie y Marja Lamoree, de la Universidad Libre de Ámsterdam, ha constatado por primera vez que minúsculos trozos de plástico provenientes de nuestro entorno pueden ser absorbidos por el torrente sanguíneo humano. Los resultados de su investigación se publicaron a finales de marzo en la revista científica ‘Environment International’.

 

Tres de cada cuatro

El equipo investigador analizó la sangre de 22 personas para detectar la presencia de cinco polímeros diferentes, que son los componentes básicos del plástico. El resultado indica que tres cuartas partes de los sujetos examinados presentaban nanoplásticos o microplásticos en su torrente sanguíneo, es decir, partículas de plástico de menos de cinco milímetros. Solo uno de cada cuatro participantes en el estudio estaba libre de cantidades detectables de plástico.

El tereftalato de polietileno (PET), el polietileno y los polímeros de estireno eran los más abundantes en las muestras de sangre, seguidos del polimetilmetacrilato. En cuanto al polipropileno, las concentraciones eran demasiado bajas para una medición precisa.

El PET se utiliza mucho en los envases de bebidas y comidas, así como en la industria textil; el polietileno se emplea, entre muchas otras cosas, en las bolsas de los supermercados; los polímeros de estireno están presentes en envases ligeros, y el polimetilmetacrilato se utiliza mayoritariamente en medicina.

 

¿De la sangre a los órganos?

La investigadora principal, Heather Leslie, ha declarado que este estudio demuestra que “nuestro torrente sanguíneo, nuestro río de la vida, por así decirlo, tiene plástico”. El siguiente paso sería conocer en qué medida esas partículas pasan del torrente sanguíneo a los tejidos y a órganos como el cerebro. Así se podrá determinar mejor en qué grado la exposición a las partículas de plástico supone una amenaza para la salud pública. 

Esta investigación ha sido financiada por la ONG Common Seas y el programa ZonMw Microplásticos y Salud, cuyo objetivo es determinar los efectos de las partículas de plástico sobre nuestra salud. Se trata de una de las múltiples iniciativas europeas que quieren establecer hasta qué punto la exposición a los microplásticos resulta nociva para la salud humana. En este marco, un grupo de científicos italianos publicó a principios de año una investigación que también constataba la presencia de microplásticos en la placenta humana.

 

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El impuesto al sol era una tasa obligatoria para los usuarios que tenían autoabastecimiento de energía fotovoltaica, a los que se les hacía pagar un impuesto para mantener la red eléctrica. El gobierno español eliminó este impuesto en 2018 y cada vez son más las personas que instalan placas solares en sus hogares.

 

Nueva normativa

Con el adiós al impuesto al sol en 2018, entró en vigor la nueva ley de autoconsumo de energía fotovoltaica  15/2018

¿Y qué hace esta ley para facilitar la instalación de paneles solares en tu hogar? Según el Colectivo Solar, el movimiento social para promover la energía solar en la sociedad, con el fin del impuesto y la entrada en vigor de la nueva ley:

  • tenemos la posibilidad de inyectar energía sobrante en red,
  • podemos hacer autoconsumo compartido de energía,
  • se elimina el límite de 10 kW/hogar: si es hasta 15 kW, no hace falta permiso de la compañía eléctrica (eso sí, hace falta un certificado eléctrico de baja tensión),
  • se suprime la obligatoriedad de un contador de salida,
  • se permite también el uso de más potencia solar que la contratada,
  • el titular que tiene la instalación no tiene que ser el mismo que el que la consume,
  • se puede contratar la potencia que se desee (siempre múltiples de 100 W),
  • se crea el registro de administración por el autoconsumo simplificado,
  • y se racionalizan las sanciones por autoconsumo.

Aumento de instalaciones de autoconsumo fotovoltaico

Este cambio ha provocado que el número de instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo se dispare en Cataluña, especialmente desde 2019 con la aprobación de la nueva ley de autoconsumo. Según datos del Institut Català d’Energia, hasta septiembre de 2020, hay 6.377 instalaciones inscritas en viviendas catalanas con autoconsumo fotovoltaico en funcionamiento, que tienen una potencia total de 68,57 MW. También encontramos un aumento en las instalaciones el pasado año 2020, casi el doble que en 2019. Además, son instalaciones más pequeñas, lo que nos dice que hay un auge en las instalaciones para el autoconsumo doméstico.

El municipio con mayor número de instalaciones de autoconsumo en Cataluña es Sant Cugat del Vallès, seguido de Barcelona, Vallirana, Sabadell, Terrassa, Santa Eulàlia de Ronçana, Alella, Castelldefels y Lleida. 

En cuanto a los municipios con mayor potencia instalada, encontramos que Barcelona encabeza la lista, seguida de Sant Cugat del Vallès, Balenyà, Granollers, Reus, Vic, Lleida y Terrassa. 

Como curiosidad, el municipio que dispone de más instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo en Cataluña, según el número de habitantes del municipio, es Santa Eulàlia de Ronçana, un pequeño municipio de unos 7.200 habitantes, de la comarca del Vallès Oriental. 

Ahora que sabemos más, ¿ya os habéis decidido a hacer una instalación para generar energía solar en vuestro hogar? El Ayuntamiento de Barcelona dispone de una guía práctica con todo lo que necesitamos si queremos instalar placas fotovoltaicas en nuestra casa, con una guía sobre costes, seguridad, cuestiones legales o dudas que nos pueden surgir si vivimos en un edificio residencial. 11Onze os quería dar cuatro pinceladas de lo que es la energía fotovoltaica y de la posibilidad actual de hacer estas instalaciones en nuestra casa. Eso sí, eres tú quien tiene que decidir cómo aprovechar la luz solar en tu hogar.

 

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Un estudio demuestra que los beneficios de la biodiversidad equivale al doble del PIB mundial. 

 

Ningún país ha conseguido los objetivos marcados en términos de diversidad fijados en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, con fecha límite de 2020. Ahora, nos enfrentamos a un déficit de financiación de más de 700 mil millones de dólares hasta el año 2030, ha advertido el secretario general de la ONU. 

Por eso, 2021 debía de ser el año para la reconciliación entre la humanidad y la naturaleza. Hasta ahora hemos estado destruyendo nuestro planeta, hemos abusado de él como si tuviésemos uno de repuesto, nuestro consumo de recursos actuales requiere casi dos planetas, pero solo tenemos uno. Si comparamos la historia de la tierra con un año natural, hemos usado un tercio de esos recursos naturales en los últimos 0.2 segundos.  

Acciones como la contaminación del aire, la tierra y el agua han provocado un contraataque por parte de la naturaleza que se evidencia en temperaturas récord, el colapso de la diversidad, la propagación de los desiertos y en los numerosos y cada vez más peligrosos fenómenos extremos como incendios, inundaciones y huracanes.

Un planeta para la biodiversidad 

La biodiversidad o diversidad biológica es, según el Convenio Internacional sobre la
Diversidad Biológica
, el término por el que se hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y lo que sucede con los patrones naturales que la conforman. Son el resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales y también de la influencia creciente de las actividades del ser humano. La biodiversidad comprende igualmente la variedad de ecosistemas y las diferencias genéticas dentro de cada especie que permiten la combinación de múltiples formas de vida y cuyas mutuas interacciones con el resto del entorno fundamentan el sustento de la vida sobre el mundo.

La biodiversidad es una base esencial de nuestro bienestar económico. Si bien la actividad empresarial es actualmente una de las principales causas de las presiones sobre la biodiversidad, como el uso de la tierra, la sobreexplotación o la contaminación, las empresas de todos los sectores también pueden ser las principales promotoras de la conservación de la biodiversidad. Ahora es necesario que todas las partes interesadas colaboren para integrar el valor de la biodiversidad en nuestra toma de decisiones y desarrollar soluciones que armonicen la naturaleza y el crecimiento económico.

Biodiversidad en la empresa 

Muchas empresas no están dispuestas a que el crecimiento de la compañía sea a costa de las personas y del planeta. Por esta razón, se están cambiando la forma en que se hacen los negocios. Por ello, se han creado planes internos, para ayudar a crear un mundo en el que todos podamos vivir bien dentro de los límites naturales del planeta. Mediante el uso de recursos para abordar problemas como la salud y la higiene, la igualdad de género, el cambio climático y los desechos de envases plásticos, se están generando beneficios a largo plazo y a corto plazo para la sociedad. 

Hay compañías que empezaron en 2010 a tener conciencia sostenible y el impacto que han hecho todos estos cambios es muy significativo: se han disminuido costes y también riesgos, y por supuesto uno de los valores más importantes es generar la confianza con el consumidor. 

Danone, por ejemplo, actúa contra el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de agua. Así, está reduciendo su huella de carbono con la finalidad de lograr ser cero emisiones en 2050. Más allá de sus centros productivos, trabaja estos objetivos en áreas en las que comparte responsabilidad, especialmente en la agricultura; a la vez que impulsa la agricultura regenerativa, buscando la protección del suelo, el agua y la biodiversidad, promoviendo el bienestar animal y empoderando a una nueva generación de agricultores.

También tiene políticas y herramientas propias que tienen como objetivo el fomento de la biodiversidad:

  • Ejemplo de ello es su política forestal, en la que hace una declaración de intenciones para eliminar la deforestación de su cadena de suministro y contribuir a la reforestación.
  • O el fondo dedicado a impulsar sus ecosistemas locales, el Fondo Danone Ecosystem, que apoya a proyectos de la compañía que tengan, además, una finalidad social. Este es el caso de Renueva, un sistema de gestión y revalorización de residuos de Danone Aguas que, junto con otros colaboradores, trabajan para el reciclaje de los envases de consumo fuera del hogar, y cuentan con una planta en Barcelona Montcada i Reixac.

17 objetivos para transformar el mundo

Naciones Unidas ha creado 17 objetivos para transformar nuestro mundo. Los objetivos de desarrollo sostenible son el plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos. Se interrelacionan entre sí e incorporan los desafíos globales a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, la paz y la justicia. 

Para no dejar a nadie atrás, es importante que logremos cumplir con cada uno de estos objetivos para 2030:

  1. Fin de la pobreza,
  2.  Hambre cero, 
  3. Salud y bienestar,  
  4.  Educación de calidad, 
  5. Igualdad de género, 
  6. Agua limpia y saneamiento, 
  7. Energía asequible y no contaminante, 
  8. Trabajo decente y crecimiento económico, 
  9. Industria, innovación e infraestructuras, 
  10. Reducción de las desigualdades, 
  11. Ciudades y comunidades sostenibles, 
  12. Producción y consumo responsables, 
  13. Acción por el clima, 
  14. Vida submarina, 
  15. Vida de ecosistemas terrestres, 
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas, 
  17. Alianzas para lograr los objetivos.

Y este es nuestro objetivo diario y el de las empresas. Probablemente, habrá muchas compañías que lo pondrán en práctica de forma anónima, en otras aparecerá en su página web los planes de desarrollo y todos estos cambios que han hecho y que están realizando. Algunos ejemplos son: Cepsa, Decathlon, Ferrovial, San Miguel Mahou, Iberdrola, Unilever, Danone, entre otras. 

La biodiversidad forma parte del progreso

Tenemos que conseguir desmitificar que la biodiversidad es sinónimo de agrandar los gastos, si no todo lo contrario, y que junto con la economía van cogidos de la mano. Gracias a estos gestos y a estos cambios, no solo vamos a conseguir disminuir los costes, sino que también tendremos una vida más sana, duradera y mejor para las próximas generaciones. 

Un documental para no perderse es “David Attenborough: Una vida en nuestro planeta”, en que el prestigioso naturalista reflexiona tanto sobre los momentos decisivos de su vida como sobre los cambios devastadores que ha presenciado. La película está disponible en la plataforma Netflix y aborda algunos de los retos de la vida en nuestro planeta. Constata todo el terreno que ha perdido la naturaleza global en menos de un siglo, atestigua el cambio que ha visto en la naturaleza en sus más de 50 años de trabajo y constata que el mundo es una maravilla única y espectacular. Además, Attenborough lanza un mensaje de esperanza a las generaciones futuras cuando revela las soluciones para salvar a nuestro planeta del desastre.

Podemos empezar por las famosas 7 R’s: Reciclar, Reutilizar, Reducir, Rediseñar, Reparar, Renovar y Recuperar. Entre todos, podemos conseguirlo, ¿Quieres formar parte de este cambio? 


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L’última edició de Statistical Review of World Energy 2024 fa una anàlisi exhaustiva de l’estat actual del sector energètic global, proporcionant dades clau sobre la producció, el consum i les emissions, així com del progrés en la transició energètica cap a un model més sostenible.

 

2023 va ser l’any més càlid des que es tenen registres i l’impacte del canvi climàtic es va deixar notar en tots els continents. L’últim Informe de Riscos Globals 2024 del Fòrum Econòmic Mundial constata que els esdeveniments meteorològics extrems, la pèrdua de biodiversitat, el col·lapse dels ecosistemes i l’escassetat de recursos naturals suposen el risc més gran per la humanitat durant la pròxima dècada. La causa principal és la crema de combustibles fòssils, que ha anat augmentant a mesura que ho ha fet la població humana. 

En aquest context, l’Statistical Review of World Energy 2024 és un informe elaborat per l’Energy Institute que ofereix una visió detallada de la producció i el consum mundial d’hidrocarburs i d’energies renovables, així com de les emissions de diòxid de carboni i sobre el progrés en la transició cap a un model energètic menys depenent dels combustibles fòssils, impulsat per una explotació cada vegada més competitiva de l’energia eòlica i solar.

L’anàlisi feta per l’Energy Institute confirma que el consum mundial d’energia primària durant el 2023 va augmentar un 2% respecte a l’any anterior, assolint un nou rècord per segon any consecutiu, amb els països no pertanyents a l’OCDE dominant tant la quota com les taxes de creixement anual. Es van observar màxims històrics en el consum de combustibles fòssils i emissions, però també en la generació d’energies renovables. 

Aquest augment del consum energètic reflecteix l’expansió econòmica, especialment en regions en vies de desenvolupament com l’Àsia, on països com la Xina i l’Índia continuen depenent dels combustibles fòssils, que continuen sent la base del seu desenvolupament per alimentar el creixement industrial. 

L’increment del consum energètic va venir acompanyat d’un augment del 2,1% en les emissions de diòxid de carboni, superant per primera vegada els 40.000 milions de tones mètriques de CO₂. La crema en torxa i els processos industrials van ser els principals causants de l’augment rècord d’emissions.

 

L’impuls de les renovables

La bona notícia és que les energies renovables van créixer a un ritme sis vegades superior al de l’energia primària total, representant el 14,6% del consum total. Això no obstant, els combustibles fòssils continuen dominant, constituint el 81,5% del consum d’energia primària.

La producció d’electricitat va créixer un 2,5%, amb una contribució de les energies renovables al 30% de la producció total. L’energia eòlica i solar van representar el 74% de tota la nova capacitat de generació elèctrica instal·lada, experimentant un creixement sense precedents gràcies a les importants addicions des de la Xina i Europa. En l’àmbit regional, l’Amèrica Central i del Sud van registrar la contribució més gran al creixement d’energies renovables, amb un 72%.

Amb més de 115 GW, les noves instal·lacions de producció d’energia eòlica van protagonitzar un any rècord. Gairebé el 66% d’aquesta nova capacitat afegida correspon a la Xina, que equival a la de Nord-amèrica i Europa juntes, tot i que Europa té la proporció més gran d’energia eòlica marina (12%). Quant a l’energia solar, va representar el 75% (346 GW) de la capacitat afegida, sent la Xina responsable del voltant d’una quarta part del creixement.

Tot i això, l’informe conclou que, si es volen complir els objectius climàtics i reduir les emissions de carboni, cal accelerar la transició cap a fonts d’energia més netes, al mateix temps que reconeix la diversitat de reptes en les diferents regions, reconeixent els marcats contrastos entre els hemisferis nord i sud.

 

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Los fabricantes de automóviles dan marcha atrás con el coche eléctrico frente a una ralentización de la demanda global y alargan la fecha que tenían programada para poner fin a la producción de vehículos con motor de combustión. Los altos precios, el recorte de los incentivos y la falta de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores.

 

Desde que en febrero de 2023 la Unión Europea ratificase la legislación que prohibiría, a partir de 2035, la venta y matriculación de todo vehículo que emitiera emisiones de CO₂, como pilar central del Pacto Verde Europeo, la realidad del mercado del automóvil eléctrico está forzando un cambio de rumbo que pone en entredicho la estrategia establecida para lograr los objetivos de reducción de emisiones.

Los coches eléctricos se siguen vendiendo, pero no se venden en los volúmenes que se tenían previstos. El último informe del Observatorio de Combustibles Alternativos de la Comisión Europea (EAFO) apunta que la penetración del coche eléctrico en la Unión Europea continúa siendo muy baja. Los vehículos ligeros con motores eléctricos e híbridos solo representan un 6,15% de la flota total, es decir, unos 18 millones sobre los casi 290 millones de vehículos que circulan por el territorio europeo.

Además, las matriculaciones de vehículos eléctricos están perdiendo peso en el conjunto de la Unión Europea. En el primer semestre del año, los vehículos puramente eléctricos representaron el 12,5% de las matriculaciones, mientras que el año anterior se quedaron en un 12,9%, según los datos de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA). Por otro lado, los vehículos híbridos enchufables han perdido 0,5 décimas de cuota de mercado, del 7,4% logrado durante el mismo periodo de 2023, han pasado al 6,9% de este año.

Los datos de ventas de coches eléctricos del mes de junio siguen esta tendencia, perdiendo un 1% de su cuota de mercado, mientras que las matriculaciones de vehículos híbridos enchufables cayeron hasta un 19,9%. Se trata de una ralentización significativa del mercado del vehículo eléctrico cuando teniendo en cuenta que el total de las matriculaciones —vehículos eléctricos y de combustión— durante este mes aumentó un 4,3%, y un 4,6% en el conjunto de los primeros seis meses del año, respecto al mismo periodo del año anterior.

Las ventas de vehículos eléctricos no solo han caído de forma generalizada en toda Europa. En el primer trimestre de 2024, los Estados Unidos experimentaron un descenso del 7,3% en las ventas totales de coches eléctricos en comparación con el cuarto trimestre de 2023. Solo el continuo crecimiento del mercado automovilístico de China, que representa el 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos, está invirtiendo esta tendencia a la baja.

Cuando no salen los números

Después de invertir miles de millones de euros en el desarrollo de nuevas plataformas eléctricas, marcas como Ford, General Motors, Mercedes-Benz, Volkswagen y el grupo Stellantis han alertado que han experimentado un descenso significativo de los pedidos de vehículos eléctricos.

La respuesta de la industria del automóvil no se ha hecho esperar, y ya hace meses que están anunciando recortes de producción, cierres de fábricas y un replanteamiento de su objetivo de convertirse en fabricantes de vehículos puramente eléctricos antes del final de esta década.

En este contexto, el Grupo Volkswagen ha desestimado la posibilidad de abrir una nueva planta en los alrededores de Wolfsburg, como estaba previsto, y ha avisado del posible cierre de la fábrica de coches eléctricos de Audi en Bruselas. Mercedes ha cancelado el desarrollo de una nueva plataforma eléctrica para concentrar sus esfuerzos en nuevos vehículos más asequibles y con motor de combustión.

Pero la industria europea juega contra reloj, 2035 es la fecha tope para vender vehículos de combustión y, hasta hoy, esta prohibición sigue en vigor. Sin embargo, esta normativa se enfrenta a la resistencia de varios frentes que cuestionan la viabilidad y el impacto de tal medida. La Eurocámara acordó una excepción hasta finales de 2035 para los fabricantes con pequeños volúmenes de producción anual y en cuanto a los combustibles sintéticos.

Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo (PPE), ha tildado “de error» la prohibición, después de las elecciones en el Parlamento Europeo y ha prometido que el partido debatiría su revocación «en los próximos días». No es la única voz entre los eurócratas que abogan por un acuerdo menos restrictivo y, en última instancia, en 2027 se decidirá si realmente se hace efectiva esta legislación.

De la teoría a la realidad

Los altos precios, el recorte de los incentivos y la carencia de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) apunta a algunos de estos factores como principales obstáculos para la adopción masiva de vehículos eléctricos en el Estado español. Según el organismo, el uso de vehículos eléctricos es impracticable sin un lugar donde se pueda recargar diariamente a un precio económico, sea en casa o en el puesto de trabajo.

Por otro lado, los precios desorbitados de los vehículos eléctricos excluyen a los compradores con menor poder adquisitivo, es decir, a la mayoría de la población de nuestro país y de gran parte de Europa, que piden vehículos más asequibles. Por lo tanto, no es de extrañar, que el Dacia Sandero haya sido el coche más vendido en la UE durante el primer semestre del año, en detrimento del Tesla Model Y, que ha pasado de ocupar la primera posición en 2023 a la octava este año, con una caída del 26% de las ventas.

Otra fuente de problemas para el sector del vehículo eléctrico tiene que ver con las denuncias de obsolescencia programada. Desde baterías que, por su alto coste, no son ni reparables ni reemplazables, hasta actualizaciones de software que dan un control total a los fabricantes en detrimento de los talleres independientes y de los propietarios, limitan la vida útil de los coches eléctricos, dejan escarmentados a los usuarios y ponen en duda las credenciales ecológicas de este tipo de vehículo.

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El número de personas que viven en condiciones de esclavitud no ha parado de crecer desde 2016 y no es ningún secreto que la producción en masa de productos baratos a menudo depende de fábricas en países en desarrollo donde se trabaja en condiciones infrahumanas. Entonces, ¿por qué lo seguimos ignorando como consumidores?

 

Las últimas estimaciones del informe anual de Global Slavery Index indican que 50 millones de personas en el mundo son víctimas de la esclavitud moderna y que casi 10 millones más de hombres, mujeres, niñas y niños han sido forzados a trabajar o casarse desde 2016.

A pesar de que la esclavitud moderna puede adoptar muchas formas, en el mundo laboral, nos referimos a aquella condición de explotación según la cual, en la actualidad, una persona es obligada a trabajar en condiciones infrahumanas sin que pueda negarse a causa de la coerción, las amenazas o el abuso de poder, entre otros.

Tragedias como la de Bangladesh en 2013, cuando el edificio Rana Plaza se desplomó causando 1134 muertos y 2500 heridos, o el incendio de la fábrica de bolsas escolares el 2019, en Delhi, donde murieron decenas de trabajadores que producían artículos y prendas de vestir para marcas de ropa occidentales, ponían a cuerpo descubierto el rol de la industria de la moda en la esclavitud moderna.

Se trata de un secreto que hace años que se oculta a plena vista. Desde las materias primas hasta la fabricación, pasando por el embalaje y la entrega, la esclavitud moderna está incrustada en las cadenas de suministro de la industria mundial de la confección que satisface la demanda de los consumidores en Europa, los Estados Unidos y en otras economías desarrolladas.

 

El coste humano de la moda rápida

El modelo de negocio de moda rápida o “fasto fashion”, inicialmente popularizado por las grandes cadenas como Zara y H&M y al que recientemente se han apuntado otras marcas como Shein o Temu, se basa en una producción y consumo masivo que se incrementan a la misma velocidad que los cambios de tendencias. Los consumidores compran ropa de última moda pero de baja calidad y abajo coste.

Las marcas que ofrecen este tipo de artículos, no solo cambian sus productos con frecuencia, sino que para maximizar beneficios, llevan a cabo una política de deslocalización fabricándolos en países en vías de desarrollo, pagando a los trabajadores salarios muy bajos e incluso ignorando las carencias en cuanto a seguridad o condiciones laborales.

Se trata de un modelo de producción que no solo es muy agresivo con el medio ambiente y que ha llevado la industria textil a convertirse en la segunda más contaminante del mundo, pero que también crea cadenas de suministro complejas y opacas, muchas de ellas empañadas por el trabajo forzado.

 

Nuestra responsabilidad como consumidores

Es verdad que las cadenas de suministro globalizadas de hoy en día hacen que sea casi imposible evitar que los bienes o servicios que consumimos estén libres de la lacra, de la explotación o incluso de la esclavitud. Aun así, esto no puede ser la excusa para eludir nuestra responsabilidad como consumidores a la hora de informarnos de cómo se fabrica un producto, en vez de simplemente elegir el más barato.

El relativismo cultural o la trivialización del concepto del esclavismo nos pueden ayudar a aminorar nuestro sentido de culpabilidad, pero esta gimnasia semántica no nos puede hacer olvidar que, como consumidores, podemos jugar un papel importante en fomentar la conciencia colectiva comprando de manera responsable y exigiendo a las grandes marcas más acciones concretas para hacer frente a un problema sistémico que todos hemos perpetuado.

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En los últimos años se ha extendido el mito de que nuestra mala gestión del correo electrónico es sumamente dañina para el medio ambiente. Las últimas investigaciones relativizan su impacto y apuntan a otros hábitos digitales como responsables de una parte apreciable del calentamiento global.

 

El libro ‘How Bad Are Bananas? The Carbon Footprint of Everything’, publicado en 2010, ha popularizado la idea de que los correos electrónicos provocan una gran huella de carbono. Su autor estimaba que cada mensaje, aunque solo sea para responder “gracias”, genera un mínimo de 0,3 gramos de CO₂ por el consumo energético asociado a nuestros dispositivos y, sobre todo, a los grandes centros de datos. Y hay que tener en cuenta que cada día se envían entre 150.000 y 300.000 millones de correos electrónicos en el mundo, aunque la mayoría son ‘spam’.

Algunas investigaciones recientes relativizan ese supuesto perjuicio medioambiental de nuestros mensajes. Aparte de liberar algo de espacio en los servidores que los alojan, no hay pruebas de que se reduzca sustancialmente el consumo energético de la infraestructura digital si evitamos nuestros correos prescindibles y borramos los innecesarios. 

Muy rara vez encendemos un móvil u ordenador solo para enviar un correo electrónico y tanto los sistemas de almacenamiento como los de transmisión de datos funcionan sin descanso, incluso cuando no los utilizamos, por lo que el consumo de energía se mantiene bastante estable.

Una perspectiva actualizada

Con las nuevas estimaciones, se calcula que calentar agua en una tetera requiere más electricidad que el envío y almacenaje de mil correos electrónicos. Y eliminar ese millar de mensajes de nuestra bandeja tendría un beneficio de carbono de unos cinco gramos de CO₂, lo mínimo que generaría nuestro ordenador en media hora si lo mantenemos encendido para borrarlos. Aunque cueste asimilarlo, borrar manualmente los correos electrónicos puede tener un mayor impacto en las emisiones de carbono que almacenarlos.

En realidad, una primera medida eficaz para limitar la huella de carbono del correo electrónico es reducir en la medida de lo posible el número de dispositivos electrónicos que compramos para gestionarlo y conservarlos el mayor tiempo posible, ya que su fabricación genera una huella de carbono importante. 

Pero, sobre todo, salvaguardar el medio ambiente pasa por utilizar dispositivos que ofrezcan una buena eficiencia energética y racionalizar el tiempo en que los mantenemos encendidos: no hay que olvidar que una parte de la electricidad con la que alimentamos esos dispositivos tiene su origen en combustibles fósiles.

El origen de un tráfico excesivo

Obviamente, evitar correos innecesarios, escribir de forma concisa, incluir hipervínculos a archivos en lugar de adjuntarlos, limitar el número de destinatarios, vaciar regularmente la carpeta de ‘spam’ y darse de baja de boletines que realmente no nos interesan son buenas prácticas que reducirán el tráfico de Internet. Pero, si realmente queremos contribuir con nuestros hábitos digitales a la buena salud del planeta, deberíamos mirar más allá de nuestro correo electrónico. 

Los intercambios de ‘e-mails’ solo representan el 1% del tráfico de Internet, lo cual es una minucia si lo comparamos con los servicios de ‘streaming’ de vídeo, que ya suponen más del 80% de lo que transita por la red. Y eso sí supone una cantidad apreciable de toneladas de CO₂.

 

Si quieres lavar la ropa sin ensuciar el planeta, 11Onze Recomienda Natulim.

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Podemos cambiar el mundo? Cuál es nuestra capacidad real...



Ninguna economía es soberana si no controla su energía. Y ningún ciudadano es realmente libre si depende de infraestructuras que no puede influir ni comprender. La soberanía no es un concepto abstracto: es una cuestión de energía y dinero.

 

Durante años, asumimos que la globalización era sinónimo de eficiencia. Producir lejos reducía costes, importar energía parecía una decisión racional y delegar la política monetaria se percibía como una garantía de estabilidad. Este modelo se construyó sobre la idea de que los flujos globales serían constantes y que los grandes centros de poder actuarían como pilares sólidos y previsibles.

Pero las crisis han roto este relato con contundencia. La guerra de Ucrania puso al descubierto la fragilidad energética de Europa, mientras que la inflación de 2022 evidenció cómo cualquier tensión en los mercados energéticos se traslada inmediatamente al coste de la vida. A esto se suma una deuda global que supera el 330% del PIB mundial, un indicador claro de la tensión estructural del sistema financiero.

La conclusión es cada vez más evidente: dependencia energética y dependencia financiera no son fenómenos separados, sino dos caras de una misma vulnerabilidad. Cuando una falla, la otra se ve afectada, y el conjunto del sistema queda expuesto. Entender esta relación es clave para interpretar el presente y anticipar los cambios que ya se están produciendo.

 

Energía: la raíz de toda economía

Sin energía no hay producción. Y sin producción, no hay riqueza. El modelo del siglo XX, basado en grandes infraestructuras centralizadas, ha generado eficiencia, pero también concentración de poder. Hoy, más del 80% del consumo energético mundial sigue dependiendo de los combustibles fósiles, con tres consecuencias claras: vulnerabilidad geopolítica, volatilidad de precios y transferencia constante de renta hacia grandes corporaciones.

Pero el modelo está cambiando. La caída del coste de las renovables ha abierto la puerta a una producción distribuida: comunidades energéticas, autoconsumo compartido, microredes y generación local. No es teoría. Cuando una comunidad produce energía, reduce dependencias. Cuando una empresa se autogenera, estabiliza costes. Cuando una ciudad despliega microredes, gana resiliencia. La descentralización no sustituye al sistema global, pero lo hace menos frágil.

 

Energía y dinero: el vínculo clave

La energía siempre ha estado ligada al poder monetario. El petrodólar consolidó el dominio del dólar durante décadas, pero este equilibrio se está transformando con acuerdos comerciales fuera de su circuito. Cuando cambia el mapa energético, también lo hace el monetario.

En paralelo, en un entorno de inflación y deuda elevada, los inversores vuelven a los activos reales. El oro es el ejemplo clásico, pero la capacidad de producción energética es otro activo a menudo ignorado. Generar energía propia no es solo sostenibilidad: es protección financiera. Frente a esto, muchos modelos digitales dependen exclusivamente de confianza sistémica. La diferencia es clara: los activos reales tienen valor propio; las promesas dependen de un emisor.

 

Soberanía práctica

La soberanía no es una cuestión ideológica, sino una forma de gestionar el riesgo en un entorno incierto. En el ámbito energético, implica producir una parte de lo que consumimos y diversificar las fuentes para reducir la dependencia de factores externos. No se trata de autosuficiencia absoluta, sino de ganar capacidad de respuesta ante posibles disrupciones.

En el ámbito financiero, la soberanía pasa por entender dónde invertimos, diversificar riesgos y evitar depender de un único sistema monetario o institucional. La descentralización, en este contexto, no es aislarse del mundo, sino construir un equilibrio que permita participar en él con mayor autonomía y menor vulnerabilidad.

 

Lo que ya está pasando

Los datos lo confirman con cada vez más contundencia: crece el autoconsumo doméstico, se expanden las comunidades energéticas por toda Europa, los bancos centrales incrementan reservas de oro y se multiplican los acuerdos comerciales fuera del circuito del dólar. No son fenómenos aislados, sino señales convergentes de un mismo cambio de fondo. No estamos ante una revolución ideológica, sino ante una adaptación sistémica frente a un entorno cada vez más volátil, incierto e interdependiente. Ante este escenario, las economías —y también los ciudadanos— buscan una cosa muy concreta: resiliencia.

La lección es clara y cada vez más difícil de ignorar: quien controla la energía controla el margen de maniobra económico, y quien condiciona el sistema monetario determina la capacidad de respuesta financiera. La tecnología ya ha resuelto gran parte de las limitaciones que lo hacían inviable hace apenas unas décadas. La pregunta, por tanto, ya no es técnica, sino cultural y estratégica: ¿estamos dispuestos a reducir dependencias y asumir más control?

En 11Onze entendemos que proteger el patrimonio no es solo escoger productos financieros, sino comprender el sistema en el que operamos y las fuerzas que lo mueven. Energía y dinero son sus pilares invisibles, y entender cómo interactúan es esencial para tomar decisiones con criterio, visión y autonomía. Construir soberanía real implica diversificar, anticipar riesgos y actuar con conciencia.

Porque el futuro descentralizado no es una promesa lejana ni un relato teórico. Es una infraestructura que ya se está desplegando —de forma silenciosa pero imparable— y que redefinirá la manera en que entendemos el poder, la economía y la libertad.

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¿Cómo podemos reducir la cantidad de plástico que cada año acaba en nuestros océanos? Hay medidas que dependen de los Gobiernos, pero también hay acciones cotidianas que pueden reducir nuestro impacto en el entorno.

 

Como advierte la agente de 11Onze Mònica Cornudella, muchos peces mueren ahogados cada año porque confunden una bolsa de plástico con una medusa e intentan comérsela, o porque quedan atrapados a las anillas de plástico de los packs de latas de refrescos.

El vertido de plásticos a mares y océanos es un problema que perdurará porque son productos que tardan mucho tiempo en degradarse. Por ejemplo, una bolsa de plástico tarda entre 20 y 50 años, pero, como indica Cornudella, las temidas botellas de plástico “necesitan cerca de 500 años” y un neumático que haya ido a parar al mar puede tardar “hasta 1.000 años”.

Se calcula que en 2050 “habrá más plásticos que peces en nuestros mares y océanos” porque cada año se vierten al mar “entre 8 y 15 millones de toneladas de residuos plásticos”, como explica la agente de 11Onze. En términos económicos, el vertido de los plásticos al mar genera daños a los ecosistemas marinos por valor de 11.800 millones de euros, según el programa medioambiental de las Naciones Unidas.

Medidas para frenar el desastre ecológico

Ante esta situación, Mònica Cornudella plantea la acción institucional en tres grandes ámbitos para parar, o al menos reducir, la magnitud del problema.

Una primera medida sería impulsar “la educación ambiental” para formar a los niños en el compromiso con el entorno, puesto que “los hábitos adquiridos desde pequeños perduran siempre en la vida adulta”. Y en este sentido, Cornudella propone “incrementar la sostenibilidad de los centros escolares”.

Otro ámbito es el fomento del “voluntariado” para colaborar con iniciativas que se llevan a cabo en múltiples lugares para proteger el entorno. Como ejemplos, Cornudella cita la limpieza de playas, bosques y lugares públicos, que en algunas ocasiones están muy degradados.

La tercera cuestión que plantea la agente de 11Onze es el marco legal. “Hay que dar un paso atrás y volver a utilizar las botellas de vidrio, las cajas de cartón y la madera”. Frente a un lobby de fabricantes de envases y plásticos muy poderoso, “se necesitaría contar con unas leyes que prohibieran y regularan el uso excesivo y sin medida del plástico”.

 

La importancia de las acciones cotidianas

Más allá de estas cuestiones genéricas, también las “pequeñas acciones diarias” pueden ayudar a proteger la salud de nuestros océanos. En esta línea, Cornudella recomienda “practicar las tres erres, sobre las que se basa la economía circular: reducir, reutilizar y reciclar”. Además de reducir los plásticos que generamos, esto nos permitirá “reducir la huella de carbono y a la vez combatir el cambio climático”. Y, en la era del ciberactivismo, Mònica Cornudella insiste en “compartir iniciativas en las redes sociales”.

“Implantar la economía circular y proteger la flora y fauna marinas ante el cambio climático” tendrían que ser, según la agente de 11Onze, un objetivo común para la humanidad. “Cada acción, por pequeña que sea, nos ayuda a conseguir un planeta más sano y a proteger los mares y océanos”, concluye Cornudella.

 

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¿Cómo afecta la gestión ganadera al medio ambiente? Dos asociaciones ganaderas del Segrià (Lleida) han convertido el problema de los purines en una solución. Han creado una planta de compostaje pionera en el Estado. Hemos hablado de ello en un nuevo episodio de Personas, con Miquel Serra, uno de los impulsores del proyecto.

 

Con no más de 10.000 habitantes, Alcarràs es el municipio de Europa con más densidad de granjas por kilómetro cuadrado. En total, reúne 45.000 cabezas de novillo, 35.000 madres de porcino y unas 250.000 plazas de engorde. Por eso, para los vecinos, la gestión del nitrógeno que provocan los purines era importantísima para cumplir con los estándares europeos. Así es como nació el proyecto de la planta de compostaje, impulsada por las dos grandes entidades ganaderas del municipio, para convertir los purines en abono.

Y lo hicieron de manera colectiva, tal como recuerda Serra. El proyecto les ha costado 1,5 millones de euros. “El estiércol de vacuno es de mejor gestión. Y en las granjas de porcino, donde tenemos separadores de estiércol sólido y líquido, nos interesaba poder gestionar el estiércol sólido. La planta de compostaje nos tenía que permitir hacer una gestión separada entre ambos estiércoles, porque el producto de vacuno está catalogado como producción ecológica; y el de porcino, no, a pesar de que sí que se puede usar para agricultura convencional”, detalla Serra, que es miembro de la entidad impulsora en Alcarràs Bioproductors.

Un caso excepcional

¿Y por qué no hay más plantas de compostaje como la de Alcarràs en todo el territorio? “Hasta ahora, todas las plantas de compostaje las ha montado gente que quería hacer negocio. Y una manera era hacer gestión otros subproductos que son de difícil tratamiento y por la cual las empresas pagaban a las plantas de compostaje. Esto es lo que las hacía viables”, explica Serra.

Por otra parte, en Alcarràs querían una planta de compostaje de estiércol y purines, sin buscar primero la rentabilidad, sino el beneficio medioambiental y la continuidad de sus granjas, y esto la convierte en un caso único en el Estado. “Hay que pensar que nuestro negocio es el de producir carne”, argumenta el impulsor, que explica que, no obstante, ya hay tres multinacionales que se han interesado para comprar el compostaje que producirán. “Al final estamos convencidos de que lo conseguiremos hacer viable”, reconoce.

Sobre la financiación, todavía no se han planteado la ayuda de los fondos europeos, porque la iniciativa nació antes, pero Serra explica que se sienten muy acompañados por el Departament d’Agricultura y la Diputació de Lleida. “A través del proyecto BioHub Km 0, pensado para reactivar la economía de la zona, hemos podido gestionar una pequeña subvención que nos permite ser más ambiciosos”, explica Serra. De hecho, la planta de compostaje es solo el primer paso para un proyecto más grande de economía circular y sostenible. Se trata de generar una alternativa que permita conservar y valorar el talento del territorio. Convertir purines en abono puede ser la solución sostenible definitiva, pero siguen investigando más usos. Por ejemplo, del estiércol se puede extraer celulosa que se podría utilizar para hacer tejidos. Quizás el futuro de la moda sostenible será llevar ropa hecha con tejidos de purines.

 

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