La industria textil es la segunda más contaminante

El concepto de “moda rápida” ha disparado el consumo de ropa en el último cuarto de siglo. Se trata de un modelo muy agresivo con el medio ambiente, que ha llevado a la industria textil a convertirse en la segunda más contaminante del mundo. La situación empieza a cambiar, pero la pretendida circularidad todavía queda muy lejos.

 

Si planeas un viaje a Chile para este verano y tienes previsto visitar el impresionante desierto de Atacama, te sorprenderá una atracción indeseada. Miles de toneladas de desechos textiles se acumulan en lo que se ha convertido en el mayor vertedero de ropa usada del mundo.

Por desgracia, no es el único. Como denuncia un informe de Greenpeace, cada año una enorme cantidad de ropa acaba en vertederos de lugares recónditos. Y este problema es tan solo la punta del iceberg del daño que genera el sector textil al medio ambiente.

En el último cuarto de siglo, el modelo de “moda rápida” que han impulsado gigantes como Inditex, basado en una elevada rotación de prendas baratas y de poca calidad, ha disparado el consumo de ropa. En la Unión Europea, por ejemplo, la cantidad de ropa comprada por persona ha aumentado un 40 % desde 1996. Cada año los europeos consumimos 26 kg de textiles y nos desprendemos de 11 kg, que mayoritariamente son incinerados o acaban en vertederos. Solamente se recicla una ínfima cantidad de prendas. 

 

La segunda industria más contaminante

La pretendida circularidad de la industria de la moda todavía queda lejos. Como advertía la ONU en 2019, se trata del segundo sector más contaminante del mundo en diversos ámbitos, después del petrolero. Y los datos del Parlamento Europeo apuntan en la misma dirección.

Para empezar, los tintes y productos de acabado son los responsables del 20 % de la contaminación mundial de agua potable. Parte de las sustancias utilizadas para dar color a la ropa acaban en los ríos, con el consiguiente impacto en su flora y fauna. Un caso paradigmático es el de Bangladés, donde ríos como el Buriganga han ido cambiando periódicamente de color por los cientos de curtidurías instaladas en sus orillas.

Otra cuestión es la ingente cantidad de recursos hídricos que requiere la industria textil: para elaborar una sola camiseta de algodón se necesitan 2.700 litros de agua, lo mismo que bebe una persona en varios años. Y es que el cultivo de algodón es uno de los que más agua requiere.

La situación no mejora en el caso de fibras sintéticas como el poliéster y el nilón. Si bien en estos casos el gasto de agua es menor, su huella de carbono aumenta al ser derivados del petróleo. En total, se calcula que la industria de la moda genera el 10 % de las emisiones mundiales de CO₂.

Por otra parte, el lavado de la ropa sintética, que no es biodegradable, libera cada año medio millón de toneladas de microfibras. Se trata del 35 % de los microplásticos primarios que acaban en los océanos, según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

 

Hacia un sector más circular

Desde organizaciones ecologistas reclaman un cambio de paradigma en la industria textil para hacerla más sostenible y un acuerdo internacional que prohíba la exportación de desechos textiles.

La Unión Europea ya ha instado a los gobiernos a establecer leyes más estrictas sobre la producción y el reciclaje de la ropa para reducir su huella ecológica. De hecho, los países de la UE están obligados a realizar una recogida separada de los textiles antes de 2025 y el plan de acción para la economía circular aspira a una economía totalmente neutra en carbono para 2050.

La estrategia europea incluye nuevos requisitos de diseño ecológico para los productos textiles, una información más clara para el consumidor y un pasaporte digital para las prendas. La idea es que los fabricantes se responsabilicen de sus productos a lo largo de toda la cadena de valor y que los consumidores lo tengan más fácil a la hora de elegir ropa más sostenible gracias a la etiqueta ecológica.

Más allá del marco regulatorio, es fundamental la concienciación individual. En este sentido, una reciente encuesta de la OCU da argumentos para el optimismo, ya que el 36 % de los encuestados ya evita las marcas de “moda rápida”, el 84 % afirma no comprar más ropa de la necesaria y un 89 % dona o recicla su ropa. Si la tendencia se consolida, quizás el desierto de Atacama pueda seguir siendo solo eso: un desierto.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Jana RomanJana Roman says:
    Jana

    Molt interessant!

    • Silvia GranadoSilvia Granado says:
      Silvia

      Ens alegrem Jana que t’hagi semblat interessant. Seguim!

      Hace 1 mes
  2. Pere Maria EstremPere Maria Estrem says:
    Pere Maria

    Desitjo que el desert d’Atacama continuï sent només un desert.

  3. Laura CarlúsLaura Carlús says:
    Laura

    Important mencionar que la histrionica producció conseqüència d’aquesta moda ràpida, de múltiples col·leccions anuals, està implicant unes condicions laborals del tot alienadores per a moltes treballadores de les empreses subcontractades a Àsia que fabriquen per aquestes marques populars.

  4. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:

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