Riesgos geopolíticos y la cotización del oro

Los precedentes históricos nos han enseñado que el oro tiene tendencia a subir de precio frente a las tensiones geopolíticas. Aun así, la cotización del oro es multifacética y raramente responde a un solo detonante, si no que se rige por varios factores. ¿Qué riesgos geopolíticos hay que tener en cuenta en el contexto actual?

 

A pesar de que experimentó algunas fluctuaciones a lo largo del año, el precio del oro subió un 15% el 2023 hasta lograr su máximo histórico de 2.130,20 dólares la onza. La crisis bancaria estadounidense, las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos y la postura de la Reserva Federal de los Estados Unidos de mantener los tipos de interés fueron algunos de los principales factores que contribuyeron al hecho que el oro continuara siendo un valor refugio para los inversores.

Este año, más allá de los conflictos bélicos y geopolíticos, la falta de claridad en torno al calendario del ciclo de relajación de la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense y la creciente popularidad de la candidatura de Donald Trump, pueden tener un impacto sustancial en las elecciones de 2024, el panorama geopolítico y la revalorización del oro. Pero centrémonos en la geopolítica.

 

Desdolarització y diversificación de reservas

En cuanto a las sanciones económicas contra Rusia a raíz de la guerra en Ucrania, estas dispararon los precios de los hidrocarburos y otras materias primas, al mismo tiempo que socavaban la credibilidad del sistema financiero global al militarizar el dólar y al confiscar las reservas rusas, provocando un incremento de la demanda de oro por parte de los bancos centrales.

Una encuesta hecha por Invesco, empresa global de gestión de activos, a 85 fondos soberanos y 57 bancos centrales, mostraba que casi el 60% de las entidades consultadas están preocupadas por el precedente de las sanciones contra Rusia y consideran que estos hechos han provocado que el oro sea un activo más atractivo, mientras que el 68% mantiene las reservas en sus arcas en comparación con el 50% del 2020.

En este contexto, la creciente tendencia a la desdolarització no da señales de pararse. Según el FMI, la cuota de mercado del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial ha caído del 66% del 2003 al 58,4% a finales del cuarto trimestre del 2023. Un hecho que parece confirmar que el sistema financiero internacional se encuentra ante un proceso de transformación imparable, alentado por las grandes economías emergentes que forman parte del grupo de los BRICS.

 

Aumento de las tensiones en Oriente Medio

El conflicto bélico desencadenado entre Israel y Palestina el pasado 7 de octubre hacía subir el precio del oro más de un 10%, logrando un máximo por encima de los 1.900 euros la onza. Esta subida del precio del oro venía dada no tanto por el conflicto armado entre estos dos actores, como por las posibles ramificaciones que podía tener si se involucraban otros países de la región y de la esfera occidental.

Mientras que el tira y afloja bélico entre Hezbollah e Israel a consecuencia de la masacre en Gaza corría peligro de descontrolarse, Ansar Al·lah, la resistencia islamista más conocida como hutíes y que opera en el Yemen, también se solidarizaba con Palestina atacando a los barcos que transitan por el mar Rojo con destino a Israel y a otros países que siguen alimentando el genocidio.

Este hecho disparó exponencialmente los costes del transporte marítimo y el riesgo de reavivar la llama de la guerra en el Yemen después del último alto el fuego, espoleando al alza el precio del oro. La respuesta de los Estados Unidos y algunos de sus estados clientelares no se hizo esperar y los bombardeos en el Yemen continúan a día de hoy.

En cuanto a la ocupación ilegal de Siria por parte del ejército de los Estados Unidos, esta continúa provocando una respuesta a cargo de grupos de resistencia armada. El ataque a una de las bases militares estadounidenses ha sido seguido por un incremento de los bombardeos de los EE. UU. en Siria y en Irak, contra objetivos militares que Washington liga al gobierno iraní.

En este contexto, las amenazas de los EE. UU. contra Irán, acusándolo de apoyar a Siria, Yemen y Palestina, son un claro intento de ampliar el conflicto actual. Lo cual también tendría ramificaciones para la economía global, los mercados financieros y el valor del oro como activo refugio para los inversores.

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El precio del oro está a punto de marcar su mayor caída semanal desde el 8 de diciembre gracias a la desescalada de las tensiones geopolíticas y a las pocas perspectivas de un recorte inmediato de los tipos de interés de la Fed. ¿Se trata tan solo de una corrección temporal después de un largo periodo de máximos históricos?

 

Aunque se ha recuperado ligeramente este viernes por segundo día consecutivo hasta lograr los 2.182 euros la onza, el oro parece que marcará su mayor pérdida de valor semanal desde el 8 de diciembre de 2023. Esta corrección a la baja se ha visto impulsada por una menor demanda de activos refugio a medida que han disminuido las tensiones en el Oriente Medio entre Irán e Israel.

Los precedentes históricos nos han enseñado que las subidas o bajadas del precio del oro frente a tensiones geopolíticas o delante del estallido de un conflicto armado a menudo responden a la percepción de riesgo que tienen los mercados bursátiles y gobiernos.

Por otro lado, los inversores no prevén un recorte de los tipos de interés por parte de la Fed durante los meses de junio y julio de este año, lo cual hace pensar que no nos encontramos ante una posible desaceleración económica que históricamente acostumbran a espolear la demanda del metal dorado.

Así mismo, una demora en la rebaja de los tipos de interés del banco central de los Estados Unidos en comparación a los bancos centrales de otras economías del grupo del G7 favorece el rendimiento de los activos estadounidenses con tipos de interés bajos, como por ejemplo los bonos del Tesoro, en detrimento de activos que no generan rendimientos fijos, como es el caso de los metales preciosos.

Se mantienen las previsiones al alza para el 2024

El precio del oro ha subido un 25% desde el estallido del último conflicto armado en Palestina y un 15% en lo que va de año. Unas cifras han contribuido en la subida meteórica del metal dorado en los últimos cinco años, en los cuales se ha revalorado un 80%.

Las fluctuaciones o correcciones temporales del precio del oro experimentadas durante las últimas dos semanas después de este largo periodo de máximos históricos no tendrían que afectar las previsiones, su valor se mantendrá elevado a lo largo del año.

El creciente proceso de desdolarización de los países que quieren blindar sus economías de las sanciones occidentales, la continuada compra de oro por parte de los bancos centrales de economías emergentes, la volatilidad de las tensiones geopolíticas en el Oriente Medio y la incertidumbre sobre una posible escalada de la guerra en Ucrania han solidificado la popularidad del oro como activo refugio. Además, este se podría ver impulsado por las varias elecciones presidenciales que tendrán lugar este año, especialmente las estadounidenses de noviembre, en las que no se descarta otra victoria de Donald Trump.

 

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La crisis energética y la incertidumbre económica global ha disparado la compra de metales preciosos como el oro y la plata. La campaña para presentar la declaración de la renta empieza el 6 de abril, por eso es un buen momento para recordar cómo son considerados desde el punto de vista fiscal los metales preciosos.

 

Los bancos centrales de varios países están incrementando de manera exponencial sus reservas de oro, pero también ha aumentado la demanda de este valor refugio por parte de la gente que quiere proteger sus ahorros ante un escenario económico inflacionario que no tiene freno. Aun así, cada vez son más los inversores que incluyen metales preciosos en sus carteras de valores con el fin de diversificar beneficios.

Sin embargo, antes de invertir en oro o en cualquier otro metal precioso, hay que tener en cuenta qué impuestos se tienen que pagar al comprar o vender estas materias primas tan apreciadas en tiempos de crisis. La tributación puede variar en función de si se trata de una compra en oro físico u oro digital, el nivel de pureza del metal, y otros factores que tenemos que considerar en la hora de valorar los posibles beneficios de nuestras inversiones.

 

Lingotes y monedas de oro de inversión

En primer lugar, tenemos que tener claro que no estamos hablando de metales preciosos ordinarios, como los de los sectores de la joyería o industria, sino de metales preciosos de inversión. Esta distinción es importante porque según el decreto 77/388/CEE de la Unión Europea, el oro de inversión no paga IVA ni en la compra ni en la venta.

La Agencia Tributaria define este régimen especial del oro de inversión como “un régimen obligatorio, sin perjuicio de la posibilidad de renuncia por cada operación, aplicable a las operaciones con oro de inversión donde las mismas están generalmente exentas del IVA, con limitación parcial del derecho a la deducción.” Es decir, la Ley del IVA vigente establece ciertos requisitos para que se pueda considerar oro de inversión.

Por lo tanto, el oro de inversión quedará exento de pagar el IVA siempre que se trate de oro físico, esto es, lingotes o monedas de oro, como el que ofrecemos a través de Preciosos 11Onze. Además, este oro tiene que cumplir unos mínimos requisitos de pureza: 99,5% en el caso de los lingotes, y de un 80% en las monedas. Los lingotes y monedas que no alcancen esta pureza, tendrán que pagar el IVA del 21%, el mismo tipo que se aplica por la compra del resto de metales preciosos.

 

Impuesto sobre la renta

La plata y otros metales preciosos pagan IVA como cualquier otro producto, y cada país aplica su propia tasa impositiva, un 21% en el caso de España. Por lo tanto, como inversores, tenemos que tener en cuenta que se trata de inversiones diferentes del oro y a menudo más especulativas.

En cuanto al impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), cualquier venta de oro, o de cualquier otro metal precioso por parte del contribuyente, tiene que ser incluida en la declaración de la renta, y tributará en función de las plusvalías o minusvalías generadas por la operación, como ganancias o pérdidas patrimoniales según la base imponible del ahorro.

De este modo, si se ha conseguido una plusvalía con la operación, será necesario reflejarlo teniendo en cuenta el precio de compra, incluyendo los gastos, y el de venta, excluyendo los gastos, con tipos aplicables dependientes de la cuantía.

 

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La estrecha relación entre el crimen organizado y el sector bancario se remonta casi a los orígenes de estos dos conceptos, aun así, no fue hasta principios del siglo XX cuando la interpretación contemporánea de lo que entendemos por banca y mafia se consolidó y extendió a lo largo del mundo.

 

En el transcurso de la historia, el crimen organizado se ha aprovechado de la promiscua relación entre política, negocios y el sistema financiero para tejer una compleja trama de poder y corrupción no solo para servir sus propios intereses, sino de la cual se han beneficiado todos estos actores.

La mafia y la banca comparten el mismo gusto por la riqueza, el riesgo y el dinero fácil, mientras ambos tienen estrechas conexiones con gobiernos corruptos. Su colaboración se hizo especialmente patente gracias a la expansión de las familias del crimen organizado desde región italiana de Sicilia en los Estados Unidos a principios del siglo XX, y durante la política del gansterismo en la China nacionalista a lo largo de la etapa final del comercio del opio.

Estas alianzas proporcionaron a la mafia el acceso a recursos financieros y una apariencia de legitimación en su expansión a nuevos mercados a través de negocios ilícitos, al mismo tiempo que la banca sacaba beneficios económicos derivados de financiar operaciones ilegales, facilitar transacciones de dinero y el blanqueo de capital.

 

Los gánsteres del alcohol

Durante los trece años que duró la Ley Seca en los Estados Unidos, el crimen organizado y el alcohol inundaron el mercado negro, dejando un reguero de cadáveres acribillados a disparos. Las destilerías clandestinas donde servían licores eran controladas por gánsteres como Meyer Lansky, Lucky Luciano, Dutch Schultz o Al Capone, que sobornaban a policías, políticos y jueces.

Los márgenes de beneficios de la importación y venta ilegal de alcohol eran equivalentes a lo que años más tarde comportó el mercado de la droga. Millones de cajas de alcohol entraban en los EE. UU. cada semana, las cuales se tenían que procesar y repartir por todo el territorio. Esto requería la colaboración de varios actores, incluyendo el sector bancario.

Nueva York era el punto de entrada de la mayor parte del contrabando de alcohol que llegaba al país, pero también era el lugar de convergencia del capital financiero y la influencia política en los Estados Unidos. El colaboracionismo en el blanqueo de dinero proveniente de la venta ilegal de alcohol continuó hasta el procesamiento judicial de Al Capone, por evasión de impuestos, y el fin del periodo de la prohibición.

El contable de la mafia

La detención de Al Capone inspiró a Meyer Lansky, contable, mafioso judío, y socio de Lucky Luciano, a no cometer el mismo error y estructurar elaborados conglomerados financieros internacionales en paraísos fiscales para esconder el dinero proveniente de los negocios ilícitos. De hecho, Lansky llegó a comprar un banco en Suiza que usó para blanquear dinero a través de una red de sociedades ficticias.

A finales de la II Guerra Mundial, Luciano controlaba, con la colaboración de Fulgencio Batista, presidente de Cuba, un gran número de los casinos de La Habana. Lansky fue instrumental al orquestar toda la operación y facilitó el desembarco del dinero de la mafia italiana en Cuba. Aun así, sus negocios en casinos se entendían en Las Vegas, las Bahamas y Londres.

Al estallar la Revolución Cubana del 1959, el nuevo gobierno de Fidel Castro expropió todos los casinos y hoteles, forzando a los mafiosos a huir en desbandada. Lansky no aceptó las condiciones de Fidel para continuar invirtiendo en la isla y salió del país por siempre jamás, dejando a su espalda buena parte de su patrimonio de millones de dólares.

El banquero de Dios

Michele Sindona, conocido en como “El Tiburón”, fue una figura destacada en el mundo financiero del siglo XX, pero su carrera estuvo rodeada de controversia, escándalo y crimen. Nacido el 8 de mayo de 1920 en Patti, en la región de Sicilia. Estudió derecho en la Universidad de Mesina y empezó su carrera como abogado, pero pronto cambió de rumbo hacia el mundo de la banca.

Se trasladó a Milà, donde trabajó como abogado fiscal para italianos ricos que querían eludir el pago de impuestos. En poco tiempo ganó reconocimiento de la mafia italiana como experto en finanzas y ascendió rápidamente en el sector de la banca internacional.

A principios de los años 50 viajó a Nueva York y conoció a la familia Gambino, la cual lo contrató para gestionar sus beneficios de la venta de heroína. Al mismo tiempo, Sindona había adquirido, a través de su holding Fasco, varios bancos italianos, estableciendo vínculos estrechos con el Vaticano y ganándose la reputación de ser un intermediario financiero de confianza para la Iglesia católica.

Su progreso continuó hasta el inicio de su asociación con el Banco Vaticano el 1969, cuando grandes cantidades de dinero pasaron de los bancos de Sindona a través del Vaticano a bancos suizos. Estos hechos le otorgaron el sobrenombre de “el banquero de Dios”.

Como banquero del Vaticano, jugó un papel clave en el colapso del Banco Ambrosiano —del cual el Banco Vaticano era el principal accionista—, en uno de los acontecimientos más escandalosos del mundo financiero de la década de 1970. Sindona manipuló las cuentas del banco, para ocultar pérdidas masivas y financiar sus propias empresas.

El 1980 fue declarado culpable y encarcelado en los Estados Unidos por varios cargos relacionados con el fraude y el blanqueo de capital. El septiembre de 1984 fue extraditado en Italia, donde fue encerrado en Voghera. Dos años después lo condenaron a cadena perpetua como instigador del asesinato del comisario Giorgio Ambrosoli y, pocos días después, murió envenenado con cianuro abocado en una taza de café, se cree que por él mismo.

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Los ETF son unos productos financieros que aquí se conocen como fondos de inversión cotizados. Se trata de unos activos financieros híbridos, entre los fondos de inversión tradicionales y las acciones, que siguen la evolución de un determinado índice de referencia.

 

ETF (del inglés exchange traded funds) o fondos de inversión cotizados, son unos fondos de inversión que cotizan en los mercados de valores. La característica principal de estos productos financieros es que combinan la diversificación que ofrece una cartera de un fondo de inversión con la flexibilidad de la compraventa de acciones.

Su política de inversión consiste en replicar un índice bursátil: de renta fija, de materias primas, de un sector, etc., cosa que los hace muy atractivos. De este modo son un producto muy utilizado para invertir por tendencias o temáticas porque, una vez agrupados los activos de una tendencia en un índice, los ETF replican su comportamiento.

Operativa de los fondos cotizados

En cuanto a su operativa, es igual que la de las acciones, ya que cotizan durante toda la sesión bursátil y tienen un valor liquidativo que se publica al cierre de la sesión. Es decir, su valor real no se conoce hasta el final de la jornada bursátil.

Pueden invertir en fondos cotizados todo tipo de inversores, tanto institucionales como particulares, los cuales pueden comprar un ETF a tiempo real, al precio que fije el mercado en cada momento. La cotización podrá variar a lo largo de una sesión bursátil en función de la oferta y la demanda, como pasa con cualquier otro valor cotizado, cosa que facilita una gran transparencia para los inversores.

Tipos de ETF

Aunque todos los ETF replican el comportamiento de un índice de referencia, esto se puede llevar a cabo de diferentes maneras:

  • ETF de renta fija: se comportan del mismo modo que los títulos o bonos de deuda, tanto públicos como privados. 
  • ETF de activos monetarios: representan a activos de deuda a corto plazo y activos monetarios negociados en el mercado interbancario.
  • ETF según capitalización: puede ser pequeño, medio o grande según la capitalización de las empresas que lo conforman.
  • ETF sectorial: replican índices de inversión de un determinado sector.
  • ETF según el estilo de gestión: fondos que invierten en empresas con cierto valor o con expectativas de un buen crecimiento a medio o largo plazo.
  • ETF sobre divisas: existen productos que replican la evolución de las cotizaciones del mercado de Forex.

Los riesgos que comportan los ETF

A pesar de que hay ETF específicos con cobertura para minimizar el riesgo de divisa, es importante tener en cuenta que los ETF no disfrutan de ninguna garantía: cómo en el caso de cualquier inversión en renta variable o fija, hay un riesgo de pérdida del capital invertido inicialmente.

Invertir ETF implica asumir un nivel de riesgo determinado que dependerá de la composición del ETF, de las fluctuaciones del mercado y otros factores asociados a la inversión en valores. Estos activos de inversión acostumbran a ser fondos de renta variable, excepto los que replican índices de renta fija, por lo cual, en general, presentan una volatilidad elevada.

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Se consideran depósitos de valor aquellos activos, divisas y mercancías que no se devalúan con el tiempo. El oro y otros metales preciosos han sido históricamente los depósitos de valor por excelencia, mientras que en las últimas décadas se han hecho evidentes las grandes deficiencias de las monedas fiduciarias.

 

Como indica la Investopedia, “un depósito de valor es esencialmente un activo, mercancía o divisa que puede guardarse, recuperarse e intercambiarse en el futuro sin que se deteriore su valor” cuando lo intercambiamos por productos o servicios: si hoy equivale a diez manzanas, pasado un tiempo deberemos poder intercambiarlo por, como mínimo, diez manzanas también. 

El oro y otros metales preciosos han sido considerados a lo largo de la historia los depósitos de valor por antonomasia porque su vida útil es prácticamente ilimitada. Y, si comprobamos la evolución del precio del oro en las últimas décadas, veremos que una onza ha pasado de cotizar por debajo de los 300 dólares cuando entró en circulación el euro en 2002 a superar los 1.900 dólares en la actualidad. 

En el otro extremo, productos perecederos como las manzanas son pésimos depósitos de valor porque en pocos días se descomponen y pierden todo su valor. Aunque determinadas ‘commodities’, como las del sector alimentario, pueden subir de precio temporalmente en función de la situación del mercado, su carácter perecedero impide considerarlas depósitos de valor.

 

El dinero moderno suspende como depósito de valor

Obviamente, el euro y el resto de las monedas fiduciarias son depósitos de valor muy deficientes porque no se revalorizan al mismo ritmo que los productos y servicios que permiten adquirir. Aunque nuestras monedas deberían ser un depósito de valor razonablemente estable, la inflación hace que el café que hace unos años comprábamos en un bar por un euro hoy en día nos cueste bastante más. Nuestro dinero se deprecia día tras día.

Richard Nixon puso fin al patrón oro en 1971, que hasta entonces obligaba a los países del Fondo Monetario Internacional (FMI) a mantener un tipo de cambio fijo respecto al dólar y al banco central estadounidense a respaldar su divisa con oro. Desde entonces, utilizamos monedas fiduciarias, es decir, monedas que son de curso legal, pero que no está respaldada por ningún bien valioso. Todos los bancos centrales pueden fabricar dinero según su conveniencia y su único aval es la confianza de los ciudadanos

Como es lógico, si la cantidad de dinero en circulación aumenta a un ritmo más elevado que los bienes y servicios que se pueden adquirir con él, el desequilibrio entre la oferta y la demanda hace que suban los precios. Por tanto, nuestro dinero se devalúa.

Una moneda razonablemente estable es esencial para la salud de la economía. Una unidad monetaria que funciona mal como depósito de valor desincentiva el ahorro y dificulta el comercio. Sus efectos nefastos son evidentes si echamos un vistazo a los casos de hiperinflación que han vivido algunos países a lo largo de la historia.

 

Los metales preciosos como valor refugio

A lo largo de más de dos milenios, muchas economías han utilizado el oro y otros metales preciosos como moneda de cambio por su durabilidad, relativa escasez y fácil transporte. Además, en las últimas décadas el oro ha tenido un papel importante como valor refugio. Su demanda ha tendido a dispararse en momentos de incertidumbre económica, como demuestran los datos del año pasado, el de mayor demanda desde 2011. La larga experiencia con el oro permite avalar su capacidad para ejercer como depósito de valor a largo plazo

En general, otros activos como los bienes inmuebles, las obras de arte, las antigüedades o algunos objetos de colección también han demostrado que pueden tener este rol. Aunque su valor puede caer en momentos puntuales, tienden a revalorizarse a largo plazo gracias a una demanda más o menos constante y una oferta muy limitada. 

Su gran inconveniente respecto al oro es que se trata de activos muy poco líquidos: es difícil venderlos de forma inmediata si queremos hacerlo por un precio razonable. Además, estos mercados exigen un buen conocimiento y se resienten especialmente en las crisis económicas, cuando más se tiende a recurrir a los depósitos de valor.

 

¿Y los criptoactivos?

Más difícil es valorar si los criptoactivos llegarán a considerarse algún día como depósitos de valor, ya que son demasiado recientes. Es cierto que el bitcóin se basa en el principio de escasez, una característica propia de los depósitos de valor: cada año se genera un número limitado de bitcóins y existe un tope predeterminado. Sin embargo, como tantos otros criptoactivos, su gran inconveniente es que carece de un valor intrínseco. Casi todo su valor es hoy por hoy subjetivo, lo cual es terreno abonado para la volatilidad. 

Eso sí, en la medida que el bitcóin sea aceptado de forma masiva como medio de pago y se emplee en un número creciente de transacciones, su valor se fortalecerá y aumentarán las probabilidades de que llegue a ser un depósito de valor a largo plazo, más allá de volatilidades puntuales.

 

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¿Cómo preservar el valor de tus inversiones cuando todo parece desmoronarse? El oro resulta un ingrediente indispensable en cualquier cartera de inversión diversificada por su rentabilidad a largo plazo y su liquidez.

 

El oro es el metal precioso por excelencia. Escaso y muy apreciado, durante miles de años se ha utilizado para preservar la riqueza. Y es algo que no ha cambiado en el siglo XXI, ya que se ha revalorizado en 16 de los últimos 20 años, como indica Statista.

Tres características fundamentales lo convierten en un activo atractivo para cualquier cartera de inversión: la rentabilidad a largo plazo, ya que los datos son positivos si analizamos su revalorización en las últimas décadas; su papel para diversificar y reducir el riesgo global de nuestras inversiones; y su gran liquidez al poder comprarse y venderse con facilidad, incluso cuando las condiciones de otros mercados son difíciles.

 

Un escudo frente a la inflación

El oro genera una rentabilidad relativamente sólida en todos los ciclos económicos. Como indica el World Gold Council, en los últimos 50 años el precio de este metal ha aumentado casi un 11% anual de media. Se trata de un porcentaje comparable al de la renta variable de Estados Unidos y considerablemente mejor que el de los bonos estadounidenses.

El oro ofrece una buena rentabilidad en tiempos de bonanza, cuando aumenta la demanda de oro en joyería y tecnología. Pero su poder de atracción crece especialmente en tiempos de dificultades al ser considerado como un valor refugio.

El World Gold Council destaca que el oro ha experimentado una revalorización de más del 20 % de media en los periodos con una inflación superior al 5 %. Según datos de este organismo, casi la mitad (47 %) de la demanda de oro en 2021 fue para inversión y más del 7 % fue a parar a las cajas fuertes de los bancos centrales.

La necesidad de diversificar

Una regla de oro, nunca mejor dicho, para cualquier inversor es no poner todos los huevos en la misma cesta. Dicho de otro modo, destinar todos nuestros ahorros a un único tipo de activo es muy arriesgado porque nos expone a los vaivenes de un solo mercado. Por eso se recomienda diversificar la inversión e incluir diversos tipos de activos en las carteras de inversión, de forma que las ganancias de unos activos puedan compensar las pérdidas inesperadas de otros.

De ahí el gran atractivo del oro como complemento de otros activos, especialmente en momentos en que la renta variable y otras inversiones de mayor riesgo están bajo presión. Las carteras que incluyen este metal tienen menos probabilidades de experimentar subidas y bajadas extremas.

Por otra parte, si comparamos la evolución del precio del oro con el dólar estadounidense y otras monedas que se han utilizado como valores refugio, comprobamos que en el siglo XXI las principales divisas se han depreciado más del 90 % frente al oro. Y si ampliamos la mirada, se observa que en los últimos 100 años las principales monedas han perdido el 99 % de su valor en comparación con este metal. 

 

Sin problemas de liquidez

Una tercera ventaja del oro es que se trata de un mercado global y muy líquido. El valor de los lingotes de oro está estrechamente vinculado al precio del mercado mundial de metales no refinados, que se actualiza las 24 horas del día y es accesible a compradores y vendedores en todo momento.

Los inversores pueden comprar y vender oro siempre que lo deseen, incluso en períodos de extrema tensión en los mercados financieros. Y, obviamente, no sucede lo mismo con mercados como el del arte o las antigüedades, por ejemplo.

Teniendo en cuenta todos estos factores, no sorprende que el análisis del World Gold Council haya concluido que añadir entre un 6 % y un 10 % de oro en las carteras medias de los inversores estadounidenses suponga una mejora tangible de sus resultados, con un buen rendimiento a largo plazo.

 

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Hong Kong se desmarca de las restricciones que el gobierno de China mantiene sobre el sector de las criptomonedas y fomenta la adopción de la tecnología blockchain con el objetivo de convertirse en el centro mundial de la industria y comercio de criptoactivos.

 

Hong Kong, oficialmente Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China, tiene una economía de libre mercado muy dependiente del comercio y las finanzas internacionales. Conocida por la innovación y promoción de las nuevas tecnologías, en los últimos meses ha introducido nuevas regulaciones para promover y facilitar la adopción de las criptomonedas.

El pasado 1 de junio entraba en vigor un nuevo régimen de licencias para las plataformas de cambio de criptomonedas que abrirán el acceso de los inversores minoristas al comercio con criptomonedas, que hasta ahora tenían prohibido. Esto permitirá que estas plataformas presten servicios de manera regulada en su territorio.

Más de 80 empresas que se dedican al intercambio de criptomonedas y al desarrollo de este ecosistema de blockchain ya han hecho solicitudes en Hong Kong para tener presencia en el territorio. Muchas de estas empresas ya tienen negocios en la parte continental de China, pero otras provienen de Singapur, la Unión Europea, los Estados Unidos, el Canadá, el Reino Unido y otras regiones del mundo.

Además, los bancos centrales de Hong Kong y de los Emiratos Árabes Unidos han anunciado que coordinarán su normativa sobre criptoactivos para facilitar la liquidación de operaciones transfronterizas, abriendo la posibilidad de usar sus monedas digitales (CBDC). Esto pasa poco tiempo después de que la autoridad monetaria de la región administrativa diera a conocer el lanzamiento de una versión digital del dólar de Hong Kong.

 

¿Cambiará China su postura en contra de las cripto?

En el contexto de las duras restricciones que el gobierno chino históricamente ha impuesto al comercio con criptoactivos -hasta el punto de declarar ilícitas todas las actividades relacionadas con las criptomonedas– la nueva política reguladora que Hong Kong en el sector de las criptodivisas hace pensar en un posible cambio de paradigma en la postura de China sobre las criptomonedas.

Especialmente, si tenemos en cuenta que Pekín recientemente publicaba un libro blanco mostrando el camino a seguir para liderar la innovación y desarrollo de la Web 3.0 y que podría establecer las bases para el renacimiento de la industria de los criptoactivos en China.

Mientras tanto, el gobierno de los Estados Unidos, escarmentado por la quiebra de FTX -la tercera plataforma de criptoactivos más importante del mundo en aquel momento- excluía a Binance del sector bancario después de una demanda del regulador, mientras considera la aplicación de políticas más restrictivas en el sector de las criptomonedas. Unos acontecimientos que contrastan con la posición del gobierno de Hong Kong, que está presionando a los grandes bancos para que acepten plataformas de criptomonedas como clientes.

La posibilidad que se confirme este nuevo enfoque normativo incitaba a Brian Armstrong, director ejecutivo de Coinbase, a avisar que la aplicación de políticas más restrictivas en el sector de los criptoactivos en los Estados Unidos beneficia a China: “Teniendo en cuenta estos movimientos y la estrategia de China de aprovechar la tecnología financiera para proteger sus propios intereses nacionales, no nos debería sorprender que Hong Kong se esté posicionando como un centro mundial de criptomonedas”.

 

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Si algo caracteriza el mercado de las criptomonedas es la gran volatilidad. Al ser un mercado relativamente pequeño y en el que gran parte de las criptomonedas se concentran en pocas manos, la especulación de los grandes inversores suele generar grandes fluctuaciones por su poder de arrastre y el valor poco tangible de los criptoactivos.

 

La crisis financiera de 2007-2008 llevó a Satoshi Nakamoto a crear una criptomoneda que escapara del sistema financiero tradicional: el bitcoin. En la primera transacción, que se produjo a principios de 2009, su valor era residual: solo 0,00076 dólares. 

Desde entonces, el precio del bitcoin se ha disparado, aunque con una volatilidad enorme. Si analizamos su evolución de los dos últimos años, comprobamos que pasó de menos de 10.000 euros en septiembre de 2020 a más de 50.000 medio año después, para volver a caer por debajo de los 30.000 cuatro meses más tarde. Y, tras nuevos repuntes, que la llevaron a una valoración en noviembre de 2021 de 58.358 euros, su máximo histórico, las sucesivas caídas del “criptoinvierno” la han situado en torno a los 20.000 en la actualidad, prácticamente un tercio de su valor máximo. 

El bitcoin no es una excepción. La volatilidad también afecta al resto de criptomonedas. Por ejemplo, ether perdió dos tercios de su valor entre abril y junio, al pasar de más de 3.000 euros a menos de 1.000, para volver a superar los 1.900 a mediados de agosto y descender por debajo de los 1.400 a partir de mediados de septiembre. 

Terra luna, el caso más sonado, pasó de valer más de 80 euros a principios de mayo a quedarse prácticamente sin valor en poco más de una semana. Y eso que se trataba de una ‘stablecoin’, es decir, una criptodivisa cuyo valor está vinculado al de otra moneda, materia prima o instrumento financiero, lo cual debería aportar más estabilidad. 

Un valor poco tangible

Las criptomonedas han ganado mucho protagonismo en el mundo financiero en los últimos años. Un informe del Banco de España calcula que el mercado de criptoactivos alcanzó una capitalización en 2021 de 2,8 billones de dólares, aproximadamente un 1 % de los activos financieros globales. 

Aun así, siguen sin tener la aceptación de activos tradicionales como la renta variable o el oro. Economistas como Paul Krugman y líderes empresariales como Warren Buffett incluso las han calificado de “espejismo” y han llegado a augurar su desaparición.

Es cierto que los mercados del oro o de la renta variable tampoco son ajenos a la especulación, pero el oro o las empresas que cotizan en bolsa tienen un valor intrínseco más evidente. El oro se ha utilizado como medio de intercambio durante mucho tiempo y es una mercancía razonablemente estable en cuanto a precio, demanda y oferta. Por su parte, las empresas cotizadas cuentan con propiedades, clientes, flujos de caja y cuentas de resultados que les otorgan un valor más tangible.

Aunque nadie puede negar que ‘blockchain’ proporciona beneficios como la seguridad, la descentralización, la reducción de costes y la velocidad, todavía es difícil especificar el valor real que las criptomonedas aportan a sus propietarios. Y eso es terreno abonado para la volatilidad. 

Un mercado poco regulado

Tampoco ayuda a la estabilidad el hecho de carecer de un organismo de gobierno o control, como sucede con la moneda fiduciaria, las acciones o los bonos. En este sentido, el aumento progresivo de la regulación podría contribuir a una mayor adopción, aunque un exceso regulatorio podría ser contraproducente.

De ahí que la Unión Europea haya publicado una propuesta de normativa que afecta a los emisores de criptoactivos, a las plataformas de intercambio y a las billeteras de monedas digitales. Esta regulación pretende facilitar la supervisión del sector y evitar la manipulación del mercado.

El poder de las “ballenas”

Sin un valor real claro, las criptomonedas son activos muy especulativos, así que resultan mucho más sensibles a los movimientos puntuales de los grandes inversores, que provocan reacciones en cadena hacia arriba o hacia abajo. 

Hay que tener en cuenta que el mercado de criptomonedas es aún muy pequeño comparado con los de otros activos y que una parte considerable está en manos de pocos inversores, conocidos como “ballenas”. Per Wimmer, fundador de Wimmer Financial LLP, ha llegado a advertir que el mercado de las criptomonedas está dominado por diez ballenas.

Esta afirmación quizás sea exagerada, pero lo cierto es que, según la Oficina Nacional de Investigación Económica estadounidense, a finales de 2020 un tercio de todos los bitcoins estaban en manos de solo 10.000 inversores. Esta concentración hace que sus decisiones puedan desestabilizar con más facilidad el mercado, ya que su peso relativo es mucho mayor. 

Maniobras especulativas

Para enriquecerse, hay ballenas que empiezan a vender un gran volumen de criptomonedas a un precio por debajo del mercado. Así se desencadena el pánico y se disparan las ventas de los pequeños inversores. Una vez el precio toca fondo, las ballenas aprovechan para volver a comprar más criptomonedas.

Por tanto, una adopción masiva de las criptomonedas que rebajara el peso relativo de los grandes inversores ayudaría a estabilizar el mercado. Para ello sería necesario que se equiparasen a las monedas fiduciarias, de forma que se percibieran como un valor estable y se pudieran intercambiar por productos y servicios con mayor facilidad. La utilidad es un elemento clave a la hora de establecer el valor de un activo y el potencial de las criptodivisas todavía se está explorando.

El ruido mediático

El valor subjetivo de las criptomonedas hace que también sean muy sensibles al ruido mediático. Por ejemplo, cuando Tesla anunció que las criptodivisas no serían aceptadas como modo de pago, el valor del bitcoin se desplomó, mientras que bastó con que Elon Musk mostrara su apoyo a dogecoin en Twitter para que el valor de esta criptodivisa se disparara. 

Si las noticias en torno a una criptodivisa son positivas o algún ‘influencer’ genera un sentimiento positivo hacia ella, la demanda y el precio aumentan. Y ocurre lo contrario cuando las noticias o el sentimiento generado son negativos.

Todavía es pronto para saber si se estabilizarán los mercados en el futuro y podrán negociarse las criptomonedas igual que las monedas fiduciarias. Lo que está claro es que el volumen de capital invertido en criptomonedas tendría que crecer mucho para que se reduzca la volatilidad. 

 

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Un año más, el sorteo de ‘La Grossa de Cap d’Any’ repartirá miles de euros en premios en toda Cataluña. Te detallamos qué premios puedes ganar, como cobrarlos, y cuántos impuestos se queda el Estado.

 

Desde 2013, cada 31 de diciembre se hace el sorteo de ‘La Grossa de Cap d’Any’. Un sorteo creado por Loteries de Catalunya con el objetivo de aprovechar la popularidad del Sorteo Extraordinario de Navidad que se celebra en todo el Estado español, para tener una rifa catalana, la primera comunidad autónoma en tener una lotería navideña, que beneficie en nuestro territorio.

Cada año se ponen a la venta 100.000 números, del 0 al 99999, con un total de 50 series, cinco de las cuales en formato electrónico. El precio por billete es de 10 euros, y se pueden comprar en los puntos de venta habituales de Loteries de Catalunya o en algunos supermercados. El sorteo se retransmite en directo por TV3, alrededor de las 12:55 h.

Los premios

La ‘Grossa’ de 2023 mantiene el habitual reparto de 5 grandes premios, con las siguientes retribuciones por ganadores:

  • Un primer premio de 200.000 € por billete, 20.000 € por euro jugado.
  • Un segundo premio de 65.000 € por billete, 6.500 € por euro jugado.
  • Un tercer premio de 30.000 € por billete, 3.000 € por euro jugado.
  • Dos cuartos premios de 10.000 € por billete, 1.000 € por euro jugado.
  • Tres quintos premios de 5.000 € por billete, 500 € por euro jugado.

Los premios caducan al cabo de 90 días de la fecha del sorteo correspondiente y están sujetos a la criba de los impuestos habituales a las ganancias por premios de lotería. En este caso, los premios que superen los 40.000 € se tienen que tributar, cantidad a partir de la cual se tiene que pagar el 20% del importe recibido.

Puedes cobrar los premios de hasta 120 € en cualquier establecimiento autorizado a vender esta lotería que disponga de terminal, aunque de manera opcional estos puntos de venta pueden pagar premios de hasta 1.999,99 €. Así mismo, a partir de 50 €, puedes cobrar los premios al contado o con una transferencia bancaria en las sucursales de CaixaBank o en la Oficina de Atención, Información y Pago de Premios de Loteries de Catalunya, en la calle Enric Granados, 33 de Barcelona.

Como invertir el dinero

Dependiendo de la cantidad del premio y de nuestra situación económica, las ganancias pueden servir para cubrir algún agujero y poca cosa más, pero si tenemos la suerte de tener una economía personal saneada tenemos diferentes opciones de inversión.

Teniendo en cuenta los niveles de inflación de los últimos meses y la poca rentabilidad que nos dan los bancos por nuestros depósitos, puede ser tentador elegir opciones de inversión que nos den más rentabilidad. Aun así, hay que tener en cuenta que cuanto más rentabilidad, más riesgo tendremos que asumir.

Actualmente, los depósitos bancarios ofrecen poca rentabilidad, pero los Fondos Garantizados pueden rentabilizar el dinero ganado de manera fácil y segura. Cómo dice su nombre, los fondos garantizados garantizan de manera total o parcial el capital invertido, así como una rentabilidad prefijada para un periodo de tiempo.

Si te preocupa la más que posible recesión que nos espera el próximo año, invertir en metales preciosos puede ser la mejor opción si quieres evitar la devaluación de tu dinero. El valor de los metales preciosos es mucho más estable en momentos de crisis como el actual, y el oro es considerado el valor refugio por excelencia.

Invertir en una vivienda es una de las opciones más populares, pero la compra de un inmueble como inversión requiere unos mínimos conocimientos del sector inmobiliario. Por otro lado, es importante tener en cuenta los gastos de mantenimiento, especialmente en periodos en que no podamos rentabilizar la inversión a través de un alquiler.

En cualquier caso, tanto si tienes pensado invertir el dinero ganado, como si te los quieres gastar en una cosa que te haga ilusión, hay que analizar fríamente el que harás con el premio antes precipitarte a tomar una decisión espoleada por el momento de alegría apenas acabar de destapar el cava.

 

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