Riesgos geopolíticos y la cotización del oro

Los precedentes históricos nos han enseñado que el oro tiene tendencia a subir de precio frente a las tensiones geopolíticas. Aun así, la cotización del oro es multifacética y raramente responde a un solo detonante, si no que se rige por varios factores. ¿Qué riesgos geopolíticos hay que tener en cuenta en el contexto actual?

 

A pesar de que experimentó algunas fluctuaciones a lo largo del año, el precio del oro subió un 15% el 2023 hasta lograr su máximo histórico de 2.130,20 dólares la onza. La crisis bancaria estadounidense, las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos y la postura de la Reserva Federal de los Estados Unidos de mantener los tipos de interés fueron algunos de los principales factores que contribuyeron al hecho que el oro continuara siendo un valor refugio para los inversores.

Este año, más allá de los conflictos bélicos y geopolíticos, la falta de claridad en torno al calendario del ciclo de relajación de la política monetaria de la Reserva Federal estadounidense y la creciente popularidad de la candidatura de Donald Trump, pueden tener un impacto sustancial en las elecciones de 2024, el panorama geopolítico y la revalorización del oro. Pero centrémonos en la geopolítica.

 

Desdolarització y diversificación de reservas

En cuanto a las sanciones económicas contra Rusia a raíz de la guerra en Ucrania, estas dispararon los precios de los hidrocarburos y otras materias primas, al mismo tiempo que socavaban la credibilidad del sistema financiero global al militarizar el dólar y al confiscar las reservas rusas, provocando un incremento de la demanda de oro por parte de los bancos centrales.

Una encuesta hecha por Invesco, empresa global de gestión de activos, a 85 fondos soberanos y 57 bancos centrales, mostraba que casi el 60% de las entidades consultadas están preocupadas por el precedente de las sanciones contra Rusia y consideran que estos hechos han provocado que el oro sea un activo más atractivo, mientras que el 68% mantiene las reservas en sus arcas en comparación con el 50% del 2020.

En este contexto, la creciente tendencia a la desdolarització no da señales de pararse. Según el FMI, la cuota de mercado del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial ha caído del 66% del 2003 al 58,4% a finales del cuarto trimestre del 2023. Un hecho que parece confirmar que el sistema financiero internacional se encuentra ante un proceso de transformación imparable, alentado por las grandes economías emergentes que forman parte del grupo de los BRICS.

 

Aumento de las tensiones en Oriente Medio

El conflicto bélico desencadenado entre Israel y Palestina el pasado 7 de octubre hacía subir el precio del oro más de un 10%, logrando un máximo por encima de los 1.900 euros la onza. Esta subida del precio del oro venía dada no tanto por el conflicto armado entre estos dos actores, como por las posibles ramificaciones que podía tener si se involucraban otros países de la región y de la esfera occidental.

Mientras que el tira y afloja bélico entre Hezbollah e Israel a consecuencia de la masacre en Gaza corría peligro de descontrolarse, Ansar Al·lah, la resistencia islamista más conocida como hutíes y que opera en el Yemen, también se solidarizaba con Palestina atacando a los barcos que transitan por el mar Rojo con destino a Israel y a otros países que siguen alimentando el genocidio.

Este hecho disparó exponencialmente los costes del transporte marítimo y el riesgo de reavivar la llama de la guerra en el Yemen después del último alto el fuego, espoleando al alza el precio del oro. La respuesta de los Estados Unidos y algunos de sus estados clientelares no se hizo esperar y los bombardeos en el Yemen continúan a día de hoy.

En cuanto a la ocupación ilegal de Siria por parte del ejército de los Estados Unidos, esta continúa provocando una respuesta a cargo de grupos de resistencia armada. El ataque a una de las bases militares estadounidenses ha sido seguido por un incremento de los bombardeos de los EE. UU. en Siria y en Irak, contra objetivos militares que Washington liga al gobierno iraní.

En este contexto, las amenazas de los EE. UU. contra Irán, acusándolo de apoyar a Siria, Yemen y Palestina, son un claro intento de ampliar el conflicto actual. Lo cual también tendría ramificaciones para la economía global, los mercados financieros y el valor del oro como activo refugio para los inversores.

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En tiempos de incertidumbre, los ahorradores buscan refugio. Tradicionalmente, los bonos soberanos se consideraron un activo seguro, garantía de los estados. Pero hoy, con guerras que amenazan la estabilidad global, inflación persistente y niveles de deuda pública muy elevados, muchos se preguntan: ¿siguen siendo los bonos del Estado la mejor opción?

 

Durante décadas, los bonos del Estado han sido sinónimo de seguridad. Cuando un gobierno emitía deuda, el mensaje implícito estaba claro: “siempre pagaremos” Esta percepción les convertía en el refugio natural de los ahorradores en tiempo de incertidumbre. Pero el mundo ha cambiado. Con deudas públicas disparadas, inflación persistente y tensiones geopolíticas crecientes, muchos se preguntan si los bonos siguen siendo esa apuesta segura que parecían.

Los números hablan por sí solos. Según Eurostat, España acumula una deuda pública cercana al 102% del PIB, Francia ya supera el 110% e Italia roza el 137%. En Estados Unidos, la deuda federal ha sobrepasado los 34 billones de dólares. Estas cifras obligan a los gobiernos a refinanciar constantemente su pasivo, dependiendo de los mercados financieros para mantener su solvencia.

El problema es que el coste de esa deuda ha aumentado notablemente. Tras la subida de tipos de interés entre 2022 y 2023, mantenerlo se ha convertido en una enorme carga presupuestaria. Aunque BCE y Fed han empezado a moderar la política monetaria, los tipos reales siguen siendo elevados y la presión fiscal sobre los ciudadanos no afloja. En este contexto, los bonos ya no son un refugio absoluto, sino un activo expuesto a tensiones presupuestarias y exigencias de austeridad, como las que actualmente sufre Francia bajo la supervisión de Bruselas.

 

Cuando el bono no protege el ahorro

La seguridad de los bonos también es relativa si tenemos en cuenta la inflación. Un bono puede ofrecer un 3% de interés anual, pero si la inflación es del 2,5%, la ganancia real es casi nula. Y si la inflación sube por encima del cupón, el inversor pierde poder adquisitivo.

Este escenario no es teórico: en 2022 y 2023 lo vivimos en directo. Con inflaciones disparadas a causa de la guerra de Ucrania, la crisis energética y los cuellos de botella en las cadenas de suministro, los bonos generaron pérdidas reales importantes. Hoy la inflación se ha moderado —en la zona euro ronda el 2,4% y en Estados Unidos el 2,8%—, pero sigue siendo una amenaza latente.

Además, los gobiernos tienen un incentivo perverso: cuando los precios suben, el valor real de la deuda se reduce. La inflación actúa como alivio para las arcas públicas, pero erosiona el ahorro de los ciudadanos.

 

El oro: milenios de estabilidad

En este escenario, el oro se reafirma como refugio por excelencia. A diferencia de los bonos, no depende de ningún gobierno ni banco central. Nadie puede imprimir más oro, y esa escasez natural le convierte en un activo tangible, universal y de confianza.

Su trayectoria histórica es incontestable. Cuando los sistemas económicos se tambalean, el oro recupera protagonismo. Ocurrió durante la crisis de la deuda europea de 2012, en la crisis financiera global de 2008 y también durante la pandemia de 2020. Y vuelve a ocurrir ahora, con conflictos abiertos en Ucrania y Oriente Medio.

Los datos del World Gold Council lo dejan claro: el precio del oro se ha revalorizado cerca de un 85% en los últimos cuatro años y más de un 40% en la última década. En 2024 y 2025 se han alcanzado máximos históricos gracias a la compra de más de 1.000 toneladas anuales por parte de los bancos centrales, especialmente China, que busca reducir su dependencia del dólar.

 

Geopolítica y desdolarización

La multipolaridad mundial juega también a favor del metal amarillo. China, India o Rusia impulsan iniciativas para reducir la hegemonía del dólar y reforzar alternativas monetarias. Aunque el dólar sigue dominando, este proceso ha aumentado la demanda de oro como cobertura neutral. Si incluso los gobiernos utilizan el oro para protegerse de la volatilidad financiera, tiene sentido que los ahorradores particulares consideren lo mismo.

El análisis comparativo es claro. En la última década, muchos buenos soberanos han ofrecido rendimientos reales negativos, mientras que el oro ha mantenido una trayectoria ascendente. Los bonos dependen de la solvencia de los estados y de las oscilaciones de los tipos de interés; el oro es independiente y universalmente convertible en cualquier mercado.

En alta inflación, los bonos pierden valor, mientras que el oro actúa como protección. Y, en términos de confianza, mientras los bonos se basan en la promesa de pago de un estado, el oro se fundamenta en su escasez y en milenios de reconocimiento como reserva de valor.

¿Y para el ahorrador?

Para un pequeño inversor, la diferencia es decisiva. Los bonos pueden parecer seguros, pero esconden riesgos de pérdida de poder adquisitivo y pérdidas si se venden antes del vencimiento. Por el contrario, el oro no ofrece ganancias espectaculares a corto plazo, pero sí lo que muchos buscan: estabilidad y seguridad.

En un mundo de inflación recurrente, deudas crecientes e incertidumbre geopolítica, confiar ciegamente en los bonos es arriesgado. El oro, en cambio, ha resistido todas las crisis conocidas y sigue consolidándose como el activo refugio por excelencia.

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El Forex o mercado de divisas es un mercado global y descentralizado en el cual se negocian divisas. Núria Rambla, CEO Executive Assistant de 11Onze, nos explica el funcionamiento del mercado que mueve el volumen más grande de inversiones.

 

Forex, de la unión de las palabras Foreign y Exchange, también es conocido como FX o mercado de divisas, y es el mercado financiero más grande del mundo. Es un mercado global para el comercio de divisas donde se pueden negociar las principales divisas mundiales las 24 horas del día, de lunes a viernes. Pero como apunta Rambla, “no tenemos que confundir el mercado de divisas con el mercado de la bolsa, son diferentes”.

Se trata de un mercado con mucha liquidez donde operan un gran número de agentes e inversores de todo el mundo, como por ejemplo bancos, instituciones financieras y empresas que gestionan fondos de inversión. Por lo tanto, representa una gran oportunidad para todo tipo de inversores que se ve reflejada en el volumen de inversión, “cada día se negocian 2,9 billones de dólares y 1,1 billones de euros”, detalla Rambla.

Negociar el tipo de cambio entre dos divisas

El objetivo de los inversores es el de obtener beneficios con la diferencia de precios entre las diferentes divisas que cotizan en el mercado. Hay que tener en cuenta que el valor de una divisa puede variar dependiente de numerosos factores. La situación económica actual con una inflación desbocada puede jugar un papel determinante en la demanda, pero existen otras circunstancias que pueden hacer subir o bajar el valor de una divisa.

Los inversores compran y venden divisas basándose en su previsión que un par de divisas experimentarán un movimiento al alza o a la baja en relación con su valor inicial. En este sentido, Rambla apunta que el mercado de Forex “nos permite pactar precios y cubrir riesgos, lo que se conoce como opciones y futuros”.

 

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Si ya operas con criptomonedas a través de la plataforma Bitvavo que 11Onze Recomienda, te ofrecemos 6 trucos para aumentar la seguridad de tu cuenta. Aprovecha los consejos y las promociones de Bitvavo y aprende como funciona el mundo de las criptomonedas.

 

Durante este mes de julio, Bitvavo está ofreciendo dos promociones para aquellos usuarios que se den de alta en la plataforma. Pero no solo esto, también nos da ideas para mejorar la seguridad de nuestra cuenta. Te lo explicamos a continuación:

  1. Habilitar la autenticación de dos factores. El primer paso para proteger la cuenta de Bitvavo es activar la autenticación de dos factores (2FA). Así se añade una capa extra de seguridad de una manera muy sencilla: requiriendo un código único generado por una aplicación de autenticación. Esto dificulta notablemente el acceso no autorizado, por lo tanto, es una magnífica barrera contra los hackers. 
    Otra cosa, si utilizas una aplicación de autenticación, de aquellas que te reconoce en todos los dispositivos, no sincronices los códigos de Bitvavo con tu cuenta personal. Guárdalos solo en el dispositivo.
  2. Utiliza una contraseña segura. ¿Cómo puedes crear una contraseña fuerte? Pues no es complicado y evita usar palabras comunes, frases o información personal que pueda ser fácilmente adivinada. Siempre se recomienda hacer una combinación de letras mayúsculas y minúsculas, números y caracteres especiales. Pero, haz el favor, ¡apúntala en algún lugar para que no se te olvide!
  3. Mantén la privacidad de la información de tu cuenta. Es una obviedad, pero merece la pena recordarla y nunca compartas los detalles de tu cuenta Bitvavo con nadie. Esto incluye tu contraseña, la pregunta de seguridad y las claves API. Además, ten cuidado con las estafas de phishing y los correos electrónicos falsos que pueden intentar robar tu información personal. Recuerda, ni Bitvavo ni 11Onze te pedirán nunca información de tu cuenta a través de correo electrónico o de una llamada telefónica.
  4. Asegura tu correo electrónico. Tu correo está vinculado a Bitvavo, por lo tanto, sería buena idea que también mejoraras la seguridad. Por eso puedes activar la autenticación de dos factores y comprobar regularmente si hay filtraciones de cuentas. Hay herramientas para comprobarlo cómo haveibeenpwned.com. También, otra opción, es crear un correo electrónico solo para tus gestiones con Bitvavo.
  5. Utiliza el código anti-phishing. Si activas el código anti-phishing, se incluirá en todos los correos electrónicos generados automáticamente enviados por Bitvavo. Con este código, puedes verificar si el correo electrónico procede realmente de Bitvavo. Podéis cambiar vuestro código anti-phishing siguiendo las instrucciones aquí. O mirando el video que os enlazamos aquí abajo.
  6. Intenta mantenerte informado. Consulta regularmente tus cuentas, los blogs oficiales y La Plaça. Esto te ayudará a mantenerte informado sobre cualquier problema de seguridad o actualización en la plataforma.
  7. EXTRA: Bloqueando la retirada de fondo. Bitvavo también permite bloquear absolutamente las retiradas de dinero. De este modo solo se puede operar en criptomonedas, pero nunca se puede sacar el dinero en euros. Esto evita la posibilidad de que alguien pueda suplantar el usuario y descargar el dinero. La plataforma neerlandesa explica en este artículo como bloquear la retirada de depósitos y como volverla a activar cuando sea necesario.

Como utilizar el código anti-phising.

 

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¿Cuánto nos gastamos en productos de belleza? ¿Cuál es la incidencia de la cosmética natural en este sector? Hablamos de todo esto y más con Esther Vallès, cofundadora de El Mirall Blau Perruquers, y con Gemma Vallet, directora de 11Onze District, en un nuevo episodio de La Plaça de Territori 17.

 

Se consolida la recuperación de sector de la perfumería y la cosmética después del freno que supuso la pandemia sanitaria. El año pasado se facturaron 9.205 millones de euros, un 11,3% más que en el ejercicio anterior, según datos del Associación Nacional de Perfumería y Cosmética (STANPA).

El consumo per cápita marca un nuevo récord, aproximándose a los 185 euros por persona y año. Aun así, Esther Vallès piensa que la cifra real es mucho más elevada, superior a los 250 euros: “Creo que nos gastamos un poquito más, porque cada vez somos más conscientes que nos tenemos que poner productos de calidad en nuestra piel.” De hecho, los datos muestran que todas las categorías de producto han crecido y superado los niveles prepandemia por segundo año consecutivo.

La cosmética natural gana espacio en el mercado

 

La gente ha tomado conciencia de las ventajas de los productos cosméticos naturales. Cada vez son más las personas que se suman a la tendencia a comprar cosméticos elaborados de manera artesanal y con ingredientes menos perjudiciales para el medio ambiente y nuestra piel.

Cómo explica Vallès: “Si usas un tipo de cosmético que lleve parabenos y siliconas, lo que te arregla por un lado, te lo desarregla por otro.” Además, se trata de productos que son más sostenibles porque están elaborados con ingredientes de origen vegetal, de manera que no generan residuos químicos agresivos para el medio ambiente.

Más allá de los posibles beneficios de la cosmética natural, la cofundadora de El Mirall Blau apunta que los clientes valoran, sobre todo, la honestidad y que los beneficios del producto sean palpables. “Muchas veces, los cosméticos modernos pueden dar buenos resultados inmediatos, pero a la larga te están perjudicando el cabello”.

 

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Es consideren dipòsits de valor aquells actius, divises i mercaderies que no es devaluen amb el temps. L’or i altres metalls preciosos han estat històricament els dipòsits de valor per excel·lència, mentre que en les últimes dècades s’han fet evidents les grans deficiències de les monedes fiduciàries.

 

Com indica la Investopedia, «un dipòsit de valor és essencialment un actiu, mercaderia o divisa que pot guardar-se, recuperar-se i intercanviar-se en el futur sense que es deteriori el seu valor» quan l’intercanviem per productes o serveis: si avui equival a deu pomes, passat un temps haurem de poder intercanviar-lo per, com a mínim, deu pomes també.

L’or i altres metalls preciosos han estat considerats al llarg de la història els dipòsits de valor per antonomàsia perquè la seva vida útil és pràcticament il·limitada. I, si comprovem l’evolució del preu de l’or en les últimes dècades, veurem que una unça ha passat de cotitzar per sota dels 300 dòlars quan va entrar en circulació l’euro l’any 2002 a superar els 1.900 dòlars en l’actualitat.

En l’altre extrem, productes peribles com les pomes són pèssims dipòsits de valor perquè en pocs dies es descomponen i perden tot el seu valor. Tot i que determinats productes bàsics com els aliments poden pujar de preu temporalment en funció de la situació del mercat, el seu caràcter perible impedeix considerar-los dipòsits de valor.

 

Els diners moderns suspenen com a dipòsit de valor

Òbviament, l’euro i la resta de les monedes fiduciàries són dipòsits de valor molt deficients perquè no es revaloren al mateix ritme que els productes i serveis que permeten adquirir. Encara que les nostres monedes haurien de ser un dipòsit de valor raonablement estable, la inflació fa que el cafè que fa uns anys compràvem en un bar per un euro avui dia ens costi bastant més. Els nostres diners es deprecien dia rere dia.

Richard Nixon va posar fi al patró or l’any 1971, que fins llavors obligava als països del Fons Monetari Internacional (FMI) a mantenir un tipus de canvi fix respecte al dòlar i a la Reserva Federal dels Estats Units a recolzar la seva divisa amb or. Des de llavors, utilitzem monedes fiduciàries, és a dir, monedes que són de curs legal però que no estan recolzades per cap bé valuós. Tots els bancs centrals poden fabricar diners segons la seva conveniència i el seu únic aval és la confiança dels ciutadans.

Com és lògic, si la quantitat de diners en circulació augmenta a un ritme més elevat que els béns i serveis que es poden adquirir amb ells, el desequilibri entre l’oferta i la demanda fa que s’apugin els preus. Per tant, els nostres diners es devaluen.

Una moneda raonablement estable és essencial per a la salut de l’economia. Una unitat monetària que funciona malament com a dipòsit de valor desincentiva l’estalvi i dificulta el comerç. Els seus efectes nefastos són evidents si donem un cop d’ull als casos d’hiperinflació que han viscut alguns països al llarg de la història.

 

Els metalls preciosos com a valor refugi

Al llarg de més de dos mil·lennis, moltes economies han utilitzat l’or i altres metalls preciosos com a moneda de canvi per la seva durabilitat, relativa escassetat i fàcil transport. A més, en les últimes dècades l’or ha tingut un paper important com a valor refugi. La seva demanda ha tendit a disparar-se en moments d’incertesa econòmica, com demostren les dades de l’any passat, el de major demanda des de 2011. La llarga experiència amb l’or permet avalar la seva capacitat per exercir com a dipòsit de valor a llarg termini.

En general, altres actius com els béns immobles, les obres d’art, les antiguitats o alguns objectes de col·lecció també han demostrat que poden tenir aquest rol. Tot i que el seu valor pot caure en moments puntuals, tendeixen a revaloritzar-se a llarg termini gràcies a una demanda més o menys constant i una oferta molt limitada.

El seu gran inconvenient respecte a l’or és que es tracta d’actius molt poc líquids: és difícil vendre’ls de manera immediata si volem fer-ho per un preu raonable. A més, aquests mercats exigeixen un bon coneixement i es ressenten especialment en les crisis econòmiques, quan més es tendeix a recórrer als dipòsits de valor.

 

I els criptoactius?

Més difícil és valorar si els criptoactius arribaran a considerar-se algun dia com a dipòsits de valor, ja que són massa recents. És cert que el bitcoin es basa en el principi d’escassetat, una característica pròpia dels dipòsits de valor: cada any es genera un número limitat de bitcoins i existeix un topall predeterminat. No obstant això, com tants altres criptoactius, el seu gran inconvenient és que manca d’un valor intrínsec. Gairebé tot el seu valor és ara com ara subjectiu, la qual cosa és terreny adobat per a la volatilitat.

Això sí, en la mesura que el bitcoin sigui acceptat de manera massiva com a mitjà de pagament i s’empri en un nombre creixent de transaccions, el seu valor s’enfortirà i augmentaran les probabilitats que arribi a ser un dipòsit de valor a llarg termini, més enllà de volatilitats puntuals.

 

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En un moment d’elevada incertesa econòmica, amb tensions geopolítiques globals, inflació persistent i una confiança minvant en les monedes fiduciàries, molts estalviadors es pregunten com protegir el seu patrimoni. I cada cop més, la resposta apunta en una direcció molt concreta: l’or.

 

Aquest metall preciós, amb milers d’anys d’història com a reserva de valor, torna a ocupar un lloc central en les estratègies de protecció financera. I no és casualitat. Més enllà del seu simbolisme, l’or ofereix una sèrie de característiques que el fan únic en temps d’incerteses.

L’or no és un actiu financer convencional. No depèn de cap emissor, no comporta risc de crèdit i no es pot crear arbitràriament, com sí que passa amb les divises. És un actiu tangible, escàs i universalment reconegut. Aquestes qualitats el converteixen en un refugi natural davant la inflació, la incertesa i els cicles econòmics adversos.

Quan les borses cauen, quan els bancs centrals imprimeixen diners a gran escala o quan el valor dels diners es dilueix, l’or manté —i sovint incrementa— el seu valor. I això és exactament el que està passant.

El moment actual

Durant els darrers quatre anys, el preu de l’or s’ha revalorat prop d’un 85 %, i només en el darrer any ha pujat més d’un 30 %. Es tracta d’una tendència clara i contundent, impulsada per la debilitat estructural del dòlar, la previsió de recessió als Estats Units i una inflació global que no s’ha pogut contenir del tot. Aquestes xifres no són promeses de futur: són fets que han cridat l’atenció tant d’inversors institucionals com de particulars.

Amb data d’agost de 2025, l’or cotitza prop dels 3.380 dòlars per unça, assolint màxims històrics. Paral·lelament, els bancs centrals —especialment el de la Xina— acumulen or mes rere mes, amb nou mesos consecutius de compres, en una clara estratègia per reduir la seva exposició al dòlar i blindar el seu sistema monetari.

També la demanda individual es manté elevada: a l’Índia, tot i el preu elevat, la compra de joies d’or continua sent massiva, reafirmant el metall com una reserva de valor familiar per excel·lència.

 

I què diuen les previsions?

Les principals entitats financeres internacionals apunten cap a una continuïtat de la tendència alcista en el valor de l’or durant els pròxims mesos i anys:

  • HSBC preveu una mitjana de 3.215 $ l’unça el 2025, amb pics de fins a 3.600 $.
  • Goldman Sachs va més enllà i estima que, si s’agreuja la recessió, podríem veure valors superiors als 3.800 $.
  • J.P. Morgan apunta a una mitjana de 3.675 $ al quart trimestre d’aquest any, amb possibilitats reals de superar els 4.000 $ el 2026.
  • D’altres informes, com el de WisdomTree, arriben a estimar un escenari extrem que podria portar l’or fins als 5.000 $ per unça si es desencadenen nous xocs inflacionaris o polítics a escala mundial.

Tot plegat dibuixa un escenari on l’or consolida el seu paper com a actiu estratègic per preservar valor i oferir estabilitat en carteres cada cop més exposades a riscos sistèmics.

 

I per als petits inversors?

Avui, invertir en or ja no és patrimoni exclusiu de grans fortunes ni de bancs centrals. Qualsevol inversor amb criteri i visió pot accedir-hi de manera segura i transparent, sense necessitat d’intermediaris opacs ni productes financers complicats.

Existeixen opcions accessibles per a tots els perfils: des de la compra directa de lingots o monedes, fins a la inversió fraccionada amb custòdia professional, o sistemes híbrids que permeten gestionar el teu or com un actiu patrimonial real, físic i assignat.

El més important no és només adquirir or, sinó com i amb qui ho fas. Els inversors més exigents busquen:

  • Transparència contractual i preus clars.
  • Or físic 100 % assignat, no paper ni promeses. 
  • Custòdia segura i auditada, amb accés immediat al teu actiu si el necessites.
  • Tracte personalitzat, amb acompanyament expert, no simples processos automàtics.

Invertir en or avui significa protegir el valor dels teus diners en un entorn on tot fluctua… menys el que és real. És una forma de diversificar amb seny, de refugiar-se sense renunciar al control, i de construir un futur sòlid sobre un actiu que ha resistit totes les crisis conegudes. L’or no canvia. Però la manera d’accedir-hi sí. I això ho canvia tot.

 

Un tancament amb perspectiva

Invertir en or no és cap moda passatgera ni una resposta impulsiva davant la por. És una decisió estratègica, arrelada en la història i avalada pels fets. En un món on la confiança en les institucions financeres es veu sacsejada, on les polítiques monetàries són cada cop més intervencionistes i on el valor dels diners es dilueix any rere any, l’or emergeix com una de les poques certeses tangibles que queden.

Aquest metall no promet rendiments espectaculars a curt termini. No ven la il·lusió d’un enriquiment ràpid. El que ofereix, però, és una forma sòlida de conservar valor, de garantir independència financera i de resistir els embats que ja estan transformant el sistema econòmic global.

Mantenir una part del teu patrimoni en or no és una aposta, és una assegurança. És blindar els teus estalvis davant escenaris que escapen al teu control: inflació desbocada, caigudes borsàries, crisi de deute sobirà, pèrdua de poder adquisitiu o canvis geopolítics imprevisibles.

A més, fer-ho ara, en un moment en què els bancs centrals acumulen reserves i el mercat consolida una tendència alcista, és actuar amb anticipació. No quan tot s’enfonsa, sinó quan encara tens marge per decidir.

Per això, si estàs pensant en com protegir el que has guanyat amb esforç, si no vols deixar els teus estalvis exposats a riscos sistèmics i vols començar a construir una estratègia patrimonial amb cara i ulls, l’or mereix un espai al teu horitzó. No és una resposta per a tothom. Però potser sí que és la resposta que tu estaves buscant.

 

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En un contexto económico cada vez más volátil e inflacionario, las operaciones de futuro vuelven a ganar protagonismo. Aunque parece un instrumento moderno y complejo, las compras a futuro son un mecanismo comercial con miles de años de historia. Civilizaciones como la egipcia o la romana ya pactaban precios para mercancías antes de la cosecha, protegiéndose así de futuras fluctuaciones.

 

Hoy en día, este sistema sigue plenamente vigente y sofisticado, especialmente en los mercados organizados de futuros, como el Chicago Mercantile Exchange (CME) o el Euronext. En estos mercados, se pueden intercambiar todo tipo de activos: materias primas agrícolas (como trigo, café, azúcar o algodón), metales preciosos (como el oro, la plata o el cobre), fuentes de energía (como el petróleo, el gas natural o la electricidad), divisas internacionales (dólar, euro, yen) así como índices bursátiles y otros productos financieros derivados.

La variedad de activos negociables y su estandarización hacen de estos mercados una herramienta fundamental para empresas, inversores institucionales y gobiernos que desean protegerse contra riesgos de precio, diversificar carteras o asegurar el suministro de recursos estratégicos.

Pero, ¿qué es exactamente una compra a futuro?

Una compra a futuro es un contrato entre dos partes que pactan, en el presente, el precio de un producto o activo que será entregado o liquidado en fecha futura. A diferencia de la compra inmediata, la entrega física o el pago no se realiza en el momento de la firma, sino más adelante, según el calendario acordado.

Este tipo de operaciones se llevan a cabo en mercados regulados, con normas estandarizadas que garantizan la seguridad jurídica y financiera de ambas partes. Para proteger el acuerdo, ambas deben depositar una garantía inicial (llamada ‘margen’ o ‘margin’) que sirve como compromiso de ejecución.

Posiciones largas y posiciones cortas

Dentro de la jerga financiera, los términos posición larga y posición corta son fundamentales para entender cómo funcionan las operaciones a futuro. Adoptar una posición larga significa comprometerse a comprar un activo en una fecha futura determinada; en cambio, tener una posición corta significa comprometerse a vender ese activo en ese momento. Estas posiciones no implican necesariamente la tenencia física del producto —de hecho, muchas veces el contrato se liquida antes de la fecha de vencimiento mediante compensación económica.

Este mecanismo permite que, tanto los productores —que quieren asegurar el precio de venta— como los compradores industriales o distribuidores —que quieren garantizar un precio de adquisición estable— puedan protegerse frente a la incertidumbre de mercado.

El contrato a futuro debe incluir toda la información esencial para ser ejecutable:

  • El activo o producto negociado (por ejemplo, 1.000 barriles de petróleo bruto).
  • La cantidad concreta.
  • El precio pactado (fijado en el momento de la firma).
  • La fecha de vencimiento o ejecución.
  • La forma de liquidación (puede ser por entrega física o por diferencia de precio).
  • El lugar y condiciones de entrega, en caso de que exista intercambio físico de mercancía.

Este sistema permite fijar condiciones con mucha antelación, algo especialmente valioso en sectores donde los precios pueden cambiar radicalmente en pocos días.

Las ventajas de las compras a futuro

  1. Estabilidad en tiempo de inflación. En épocas de inflación o escasez, las compras a futuro son una herramienta de protección contra la volatilidad de los precios. Empresas agrícolas, fabricantes, distribuidores o incluso inversores pueden asegurar hoy el precio de un producto que van a necesitar mañana. 
  2. Planificación más confiable. Poder anticipar costes o ingresos facilita la planificación financiera y logística, reduciendo el riesgo de imprevistos que pueden afectar a toda una cadena de suministro.
  3. Acceso ágil y coste moderado. El funcionamiento diario de los mercados de futuros asegura una alta liquidez y cierta facilidad para operar o deshacer posiciones. Además, el coste inicial de entrada (la garantía) suele ser relativamente bajo en comparación con el valor total del contrato, lo que permite mover grandes volúmenes con menor capital.

Pero también conllevan riesgos

A pesar de los beneficios evidentes, las compras a futuro no son una fórmula mágica y conllevan riesgos significativos que deben tenerse muy presentes antes de realizar cualquier movimiento:

  • Riesgo de mercado: Si el precio real del activo en la fecha de vencimiento resulta inferior al precio pactado, el comprador deberá pagar más del valor actual, asumiendo una pérdida. Y viceversa, si el precio sube y eres vendedor, puedes estar obligado a vender por debajo del precio de mercado. Esto puede afectar de forma directa a la rentabilidad de la operación y, en casos graves, desestabilizar el presupuesto de una empresa.
  • Compromiso contractual firme: Los contratos de futuros no pueden romperse sin consecuencias. Una vez formalizados, son vinculantes, e incumplirlos puede acarrear sanciones económicas importantes o pérdidas de la garantía depositada. Por eso es fundamental evaluar muy bien la capacidad de cumplir con las condiciones pactadas antes de firmar nada.
  • Complejidad técnica: Los mercados de futuros son entornos muy especializados. Entender cómo funcionan los mecanismos de liquidación, apalancamiento, garantías y ajustes diarios requiere una formación previa sólida. Operar sin conocimiento puede derivar fácilmente en decisiones erróneas o precipitadas, especialmente si se confunden con operaciones especulativas a corto plazo.
  • Volatilidad y apalancamiento: En algunos casos, los futuros se utilizan con apalancamiento, es decir, operando con dinero prestado o con una garantía pequeña por un volumen grande, lo que puede amplificar tanto las ganancias como las pérdidas. Una pequeña variación en el precio puede tener un impacto muy grande sobre el resultado final de la operación.

Un ejemplo sencillo

Imagínate una empresa de tostadores de café que necesita grandes cantidades de grano cada mes. Si teme una subida de precios por culpa de fenómenos climáticos o inestabilidad geopolítica, puede optar por comprar café a futuro. Pacta el precio ahora, asegura el stock y evita sorpresas desagradables en tres meses.

Este mismo sistema se utiliza en todo el mundo con trigo, petróleo, azúcar, gas, oro o incluso energía eléctrica.

Una estrategia, no una apuesta

Las compras a futuro son mucho más que una herramienta financiera: son una estrategia de gestión del riesgo con gran potencial para proteger la estabilidad económica de una empresa o sector. En manos bien formadas, permiten anticipar escenarios adversos, proteger los márgenes comerciales, asegurar el suministro y reducir la dependencia de los vaivenes del mercado.

Cuando los precios fluctúan con fuerza — causas como la inflación, tensiones geopolíticas, desajustes logísticos o sequías—, este tipo de operación puede marcar la diferencia entre sobrevivir o perder el control de los costes. Por eso, muchas grandes empresas utilizan los futuros como elemento habitual dentro de su plan de previsión financiera.

Sin embargo, cabe recordar que no son una apuesta ni un juego especulativo para quien no domine el terreno. Son una estrategia compleja que exige conocimiento, rigor y disciplina. Y como toda buena estrategia, no debe aplicarse a ciegas. Es necesario entenderla, dimensionarla y adaptarla a las necesidades reales de cada negocio u operación.

Al fin y al cabo, los mercados de futuros no ofrecen garantías absolutas, pero sí algo muy valioso: la capacidad de anticipar, gestionar y mitigar el riesgo en un mundo cada vez más impredecible.

 

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Cuando hablamos de oro, hablamos de valor. Pero no todo el oro es igual: lo que realmente determina su precio y su uso es el grado de pureza. Y aquí es donde entran en juego dos formas de medirlo: los quilates (K) y las milésimas (‰).

 

Aunque en las tiendas de joyería oímos hablar de oro de 18 o 24 quilates, en el mundo de la inversión y la compraventa internacional, el sistema más habitual es el de las milésimas, una medida mucho más precisa.

¿Qué significa la pureza del oro?

La pureza del oro indica la proporción de oro puro presente en una prenda respecto al total de su peso. El oro puro — decir, sin mezcla con otros metales— es químicamente conocido como Au y pertenece a la familia de los metales nobles. Esto significa que no se oxida ni degrada con el tiempo, no reacciona fácilmente con otros elementos y tiene una resistencia excepcional a los ácidos.

Estas propiedades hacen del oro un metal especialmente valioso, escaso y duradero, pero también demasiado blando para algunos usos prácticos, como la fabricación de joyas o monedas de circulación. Por eso a menudo se combina con otros metales como el cobre, la plata o el paladio, para aumentar su resistencia o alterar su color.

Quilates: la medida tradicional en joyería

El sistema de los quilates divide la pureza en 24 partes. Así:

  • 24 quilates (24 k): oro puro (100%)
  • 22 quilates (22 k): 91,6% de oro + 8,4% de otros metales
  • 18 quilates (18 k): 75% de oro + 25% de otros metales
  • 14 quilates (14 k): 58,5% de oro
  • 9 quilates (9 k): 37,5% de oro

El oro de 18 quilates es el más habitual en joyería en Europa, puesto que ofrece un buen equilibrio entre calidad, durabilidad y coste. En cambio, en países como India o Emiratos Árabes Unidos, el oro de 22 quilates es más común, especialmente por piezas tradicionales.

Milésimas: la medida estándar en la inversión en oro

En el ámbito de la inversión y la industria, se utiliza un sistema decimal mucho más certero: las milésimas, que expresan la cantidad de oro puro por cada 1.000 partes.

  • 999,9‰ (o “cuatro nuevas”): oro de altísima pureza, usado en lingotes y monedas de inversión. Es el más cercano al oro puro real.
  • 995‰: estándar mínimo para considerar un lingote como “de inversión” según las directrices internacionales.
  • 916‰: equivale aproximadamente al oro de 22 quilates.
  • 750‰: equivale a 18 quilates.
  • 585‰: equivale a 14 quilates.

En 999,9‰ ya se considera oro puro en los mercados internacionales. Es lo que encontramos en lingotes, monedas bullion y otros productos de inversión reconocidos.

¿Cómo se presenta el oro de inversión?

El oro de inversión se comercializa principalmente en lingotes y monedas. Los lingotes pueden pesar desde 1 gramo hasta 1 kg o más, aunque los formatos más habituales en el ámbito minorista son de 2,5 g, 5 g, 10 g, 20 g, 50 g y 100 g.

Las monedas bullion son emitidas por bancos centrales o casas de la moneda oficiales, y combinan valor de mercado con cierta coleccionabilidad. Ejemplos conocidos:

  • Krugerrand (Sudáfrica): 1 onza (31,1 g) de oro de 22 k
  • Maple Leaf (Canadá): oro puro 999,9‰
  • Philharmoniker (Austria): 999,9‰
  • American Eagle (EE.UU.): 22 k con peso total de una onza
  • Britannia (Reino Unido): 999,9‰ desde 2013

Todas estas monedas deben llevar grabadas el peso y la pureza exactas, lo que garantiza su aceptación en el mercado global.

¿Y cómo se consigue el oro puro?

El oro no se encuentra en la naturaleza en estado puro, sino en forma de granitos, vetas o mezclas con otros materiales. Para convertirlo en oro de inversión o de alta calidad, es necesario pasarlo por procesos de refinamiento que pueden incluir fundición a altas temperaturas, procesos químicos con ácidos y posterior purificación.

Este oro puro es el que se utiliza para fabricar lingotes y monedas de alto valor. Pero en joyería, como ya hemos dicho, la pureza a menudo se reduce expresamente por motivos técnicos o estéticos.

¿Por qué es importante conocer la pureza del oro?

Saber si estamos ante un oro de 18 k, 22 k o 999,9‰ no es solo una cuestión técnica, sino una garantía de valor, transparencia y seguridad. Tanto si lo compramos como inversión, como si se trata de una joya o herencia familiar, identificar correctamente la pureza nos ayuda a tomar decisiones informadas.

Además, en un mundo en el que el oro vuelve a ganar protagonismo como refugio ante la incertidumbre económica, conocer su valor real es más relevante que nunca.

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¿Es seguro comprar oro? ¿Por qué los inversores deciden comprarlo? En épocas de inestabilidad económica, en las que el sistema financiero y la economía mundial tambalean, la compra de oro tiene más sentido que cualquier otro activo. Nos explica por qué Sara Casals, del equipo de producto de 11Onze.

 

El oro continúa siendo la apuesta más segura para proteger nuestros ahorros e, incluso, para obtener alguna ganancia”, afirma Sara Casals. Esto explica, según la experta del equipo de producto, por qué el oro representa una parte importantísima de las reservas estratégicas de los bancos centrales desde hace muchos años. “Hay que dejar claro que cuando hablamos de seguridad en la compra de oro, hablamos del oro físico, y no como inversión en fondos digitales o mediante fondos o acciones en el sector de la minería”, aclara Casals.

El oro físico, dice, siempre tendrá valor y sobrevivirá al paso del tiempo. “El oro es un valor refugio, debido a su capacidad de preservar la riqueza”, asevera la miembro del equipo de producto. Por lo tanto, cuando se prevé una subida de la inflación, uno de los activos preferidos es el oro, que, además, tiene una gran liquidez. ¿Quieres saber más sobre ello? Acaba de ver el video de abajo.

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