La demanda de oro logra máximos históricos

Las compras de oro de los bancos centrales se disparan hasta una cifra récord de casi 400 toneladas en el tercer trimestre de 2022. Una tendencia al alza reflejada en el sector de la joyería y la demanda de lingotes y monedas de oro por parte de los consumidores.

 

Según informa el Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés) en un estudio publicado el 1 de noviembre, en el tercer trimestre del año los bancos centrales compraron un total de 400 toneladas de oro. Esta cifra casi dobla el anterior récord conseguido en el 2018, cuando se registraba un volumen de compras de 241 toneladas.

La entidad también señala que esto supone el octavo trimestre consecutivo de compras limpias de oro por parte de los bancos centrales, elevando el total interanual desde que empezó el 2022 hasta 673 toneladas, cuatro veces más que los datos reflejados en el mismo periodo del 2021, y el volumen más alto desde 1967.

Los bancos centrales de países como Turquía, Uzbekistán, Qatar y la India, son algunos de los que más oro compraron en el tercer trimestre de 2022, según el informe del WGC, pero hay que tener en cuenta que grandes compradores de oro, como China o Rusia, no publican datos de sus reservas y compras de metales preciosos.

Del mismo modo, la elevada inflación espoleó la demanda de lingotes y monedas de oro por parte de inversores comerciales, hasta unos máximos que no se habían visto en seis trimestres. En este sentido, destaca China, donde la compra de lingotes y monedas casi se duplicó hasta las 70 toneladas respecto al trimestre anterior.

 

Pero el precio sigue bajo. ¿Por qué?

Desde principio de año, el precio del oro ha caído alrededor de un 6%, logrando mínimos no muy distantes de los que se vieron a comienzos de la crisis sanitaria el 2020, antes de que se disparara su valor a finales de aquel mismo año. De hecho, el precio del oro no se ha recuperado mucho después de perder un 20% de su valor desde el pico logrado el pasado mes de marzo, a pesar de que la semana pasada subió un 6,25%, un 5,85% respecto al mes anterior.

Esta aparente incongruencia, dado el incremento de demanda, tiene varias posibles explicaciones. Por un lado, la subida de los tipos de interés en los Estados Unidos y Europa, así como la fortaleza del dólar, y de los bonos gubernamentales, que generan un mayor rendimiento para los inversores y también son considerados un valor refugio, explican parte de la caída del precio del oro.

Por otro lado, muchos inversores financieros vendieron acciones en ETF respaldadas por oro, a medida que subían las tasas de intereses. La subsecuente venta de lingotes de oro por parte de los ETF provocó una caída del precio del oro físico de hasta el 8% en el tercer trimestre, a la vez que estimulaba la demanda del oro de joyería.

Aun así, la mayoría de analistas financieros coinciden en pronosticar que el precio del oro volverá a subir significativamente en el 2023, después de la posible caída del valor del dólar y de los rendimientos de los bonos del tesoro, continuando la tendencia prevalente en los últimos cinco años, en los que el oro ha visto aumentado su valor en un 37%.

 

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En el último año se acumulan las noticias negativas en el mercado de los criptoactivos. Tras la quiebra de la plataforma de criptoactivos FTX y la pérdida de casi tres cuartos del valor del bitcóin en un año, el futuro de las criptomonedas parece más en entredicho que nunca.

 

La Super Bowl es el escaparate publicitario más caro del mundo. En su última edición, celebrada en febrero, se llegaron a pagar cerca de 7 millones de dólares por un anuncio de 30 segundos, algo al alcance de muy pocas empresas. Una de ellas fue FTX, la tercera plataforma de criptoactivos más importante del mundo en aquel momento. Su anuncio comparaba las criptomonedas con algunos de los grandes inventos de la humanidad, presentaba a la compañía como “una forma segura y fácil” de acceder a este mercado y ridiculizaba a los escépticos.

Tan solo unos meses después, FTX se ha declarado en quiebra y amenaza con dejar a más de un millón de damnificados en todo el mundo. El imperio de Sam Bankman-Fried, su fundador, se ha venido abajo en apenas una semana.

Tras la repentina caída en el precio del token de FTX en los primeros días de noviembre, Bankman-Fried solicitó un rescate a Binance, la mayor plataforma de intercambio de activos digitales del mundo. Aunque en un primer momento Binance accedió a ayudarle, unas horas después se echó atrás alegando una mala gestión de fondos y otras irregularidades. El 11 de noviembre a FTX no le quedaba más remedio que anunciar en un tuit la solicitud del proceso de quiebra y la dimisión de Sam Bankman-Fried como director general.

 

Posibles contagios

Como ocurre con muchas empresas de criptomonedas, el castillo de naipes de FTX se basaba en las expectativas de revalorización. Cuando la confianza de los inversores se desmorona, nada puede detener una catastrófica espiral que acaba llevándose por delante a la compañía, que en el caso de FTX había alcanzado a principios de año una valoración de 32.000 millones de dólares.

Por su tamaño, se espera que las réplicas del colapso de FTX sean prolongadas y devastadoras. La primera víctima podría ser la plataforma Crypto.com, que en los últimos meses ya había realizado despidos masivos por la turbulenta situación del mercado de criptoactivos. Su token cronos ha llegado a perder más de la mitad de su valor en menos de una semana.

Algunas fuentes indican que esta plataforma depositó más de 1.000 millones de dólares en FTX, de los cuales solo habría podido recuperar unos 100 millones. Sin embargo, el CEO de Crypto.com lo ha negado en Twitter, asegurando que la exposición a FTX es inferior a 10 millones de dólares. Lo cierto es que su mensaje no ha logrado calmar a los mercados, que siguen temiendo la caída de esta plataforma.

 

El riesgo de un nuevo “criptoinvierno”

El colapso de FTX y la crisis de Crypto.com se producen en un contexto de dudas sobre el futuro de las criptomonedas. Tras alcanzar una valoración de 58.358 euros en noviembre de 2021, las sucesivas caídas de lo que se conoció como el “criptoinvierno” y la incertidumbre de los últimos días han situado al bitcóin por debajo de los 16.000 euros en la actualidad, con lo que ha perdido casi tres cuartos de su valor en un año.

Como explicábamos en el artículo “Las criptomonedas, un activo altamente volátil”, el bitcoin no es una excepción. La volatilidad también ha afectado a otras criptomonedas en los últimos meses. Por ejemplo, ether perdió dos tercios de su valor entre abril y junio, al pasar de más de 3.000 euros a menos de 1.000, para volver a superar los 1.900 a mediados de agosto y descender por debajo de los 1.200 en los últimos días.

Terra luna, el caso más sonado hasta la debacle de FTX, pasó de valer más de 80 euros a principios de mayo a quedarse prácticamente sin valor en poco más de una semana. Y eso que se trataba de una ‘stablecoin’, es decir, una criptodivisa cuyo valor está vinculado al de otra moneda, materia prima o instrumento financiero, lo cual debería aportar más estabilidad.

Aunque los criptoactivos siguen contando con muchos incondicionales, cada vez más gestores de carteras de inversión asumen que la estructura de este mercado es demasiado arriesgada y las pérdidas resultan demasiado grandes. La noción del bitcóin como el nuevo oro digital, un refugio seguro en tiempos turbulentos, se ha esfumado. Como resultado, muchos inversores institucionales están dando la espalda a los criptoactivos para aumentar su participación en mercados teóricamente más seguros, como el de los metales preciosos.

En cualquier caso, la actual crisis del mercado de las criptomonedas nos recuerda la importancia de contar con una cartera diversificada para protegernos de caídas abruptas en la valoración de alguno de nuestros activos.

 

Sesión sobre criptoeconomía

Si quieres conocer mejor el mercado de los criptoactivos, el próximo 22 de noviembre contaremos en La Plaça con Susana Rodríguez Urgel, fundadora de The Digital Advisory Board, que hablará de criptoeconomía en directo en el segundo capítulo de la serie “Que no faltin!”. 

Esta experta en criptografía y una de las responsables de “la transformación comercial y digital de Telefónica” hace más de una década, como destacaba James Sène, presidente de 11Onze, promete una sesión provocadora y abierta al debate. Si estás interesado en participar en directo para plantear tus dudas y preguntas, puedes escribir a [email protected]

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El oro es considerado tradicionalmente como el mejor activo para protegerse de la inflación, una medida fiable de cobertura contra el riesgo de perder poder adquisitivo. Aun así, algunos inversores consideran los bonos gubernamentales como una alternativa más segura donde invertir nuestro dinero ante la incertidumbre de los mercados. Analizamos las ventajas y desventajas de estas dos opciones.

 

Las compras de oro durante los últimos tres años han tenido un rendimiento estelar con máximos históricos para los inversores y han visto una subida del 40% de su valor. La condición de activo refugio, generalmente atribuida al oro, se ha confirmado gracias a la incertidumbre causada por la pandemia y a la subsecuente inflación, que ha penalizado la rentabilidad otros activos. Una vez más, el oro ha proporcionado una valiosa cobertura frente a un futuro incierto.

Algunos economistas argumentan que el oro solo aumenta en valor cuando una moneda se devalúa o en un contexto de inflación elevada, y que no ofrece retornos adecuados en otros escenarios de mercado. Mientras que es cierto que el oro tiende a aumentar de valor en épocas de inestabilidad financiera o de devaluación de la moneda, no son los únicos factores que incrementan su valoración por encima de la media. Por ejemplo, en el periodo desde el 2013 hasta el 2020, la inflación fue muy baja, y los efectos más nocivos de la crisis y la inestabilidad económica ya se habían superado en gran parte del mundo, no obstante, el valor del oro aumentó de manera constante.

Aun así, tenemos que tener en cuenta que, si nos decantamos por invertir en oro a través de un fondo de inversión o ETF, no tendremos posesión del metal precioso, hecho por el cual pierde gran parte de su valor intrínseco, y es un modelo que da más versatilidad, pero exige unos conocimientos bursátiles básicos que requieren intermediarios profesionales del sector. Cuando compras oro físico, eres propietario del metal, mientras que invirtiendo en oro digital lo que tienes es un derecho o una opción. Además, como que no se trata de un apunte contable, no puede suspender pagos. A diferencia otros activos financieros, el oro siempre lo podemos tener a mano.

 

Bonos gubernamentales

El atractivo más grande de comprar bonos gubernamentales es que tenemos asegurada cierta rentabilidad, positiva o negativa, de la inversión. Esto puede parecer contradictorio, porque de toda la vida, cuando alguien le presta dinero a otra persona, le cobra un interés y, por lo tanto, a priori puede costar de entender que algunos bonos coticen con rentabilidad negativa.

Esta aparente incoherencia es debida al hecho que algunos grandes inversores buscan seguridad en valores refugio, como los bonos gubernamentales, durante épocas de turbulencia de los mercados financieros. La crisis del 2008, con la quiebra de Lehman Brothers y otros bancos, puso de manifiesto que el Fondo de Garantía de Depósitos, que en España cubre 100.000 euros por cliente y entidad, no es nada más que un premio de consolación, si hablamos de depósitos de millones de euros.

Por lo tanto, cuando hablamos de grupos de inversión con grandes cantidades de dinero puede ser preferible comprar bonos de países con la máxima calificación crediticia (AAA), incluso cuando ofrecen una rentabilidad negativa, puesto que, a diferencia de los bancos, esto nos garantiza la gran totalidad de nuestro activo. Aun así, puede haber un motivo especulativo: comprar deuda con rentabilidad negativa esperando que esta rentabilidad baje todavía más, de forma que el precio de los bonos suba.

Este es un escenario poco aplicable al inversor mediano o pequeño, que tiende a comprar títulos emitidos con un valor nominal y que paga un interés determinado explícito sobre la inversión, trimestralmente, semestralmente o al vencimiento. Y que, aun así, también pueden cotizar al mercado bursátil para ofrecer a los inversores la posibilidad de vender o comprar antes de su plazo.

 

Seguridad y rentabilidad

Antes de invertir hay muchos factores que tenemos que tener en cuenta en la hora de decidir qué activo financiero es el más adecuado para nosotros. Y es vital evaluar el riesgo que estamos dispuestos a asumir y definir claramente los objetivos de inversión. Por norma general, cuanto más rentabilidad tiene una inversión, más riesgo comportará. Y a la inversa: si queremos una inversión muy segura, tendremos una baja rentabilidad.

Los metales preciosos, especialmente el oro, rompen un poco esta norma, con rentabilidades muy elevadas en tiempos de crisis económica, atendida su condición de valores refugio, y con precios relativamente estables cuando hay menos demanda en épocas de crecimiento económico. Pero siempre manteniendo una tendencia al alza a largo plazo, que también viene acompañada de una gran liquidez gracias a su valor intrínseco.

Por otro lado, el binomio rentabilidad-riesgo es evidente si hablamos de bonos gubernamentales. Unos valores de renta fija emitidos por gobiernos, y que son considerados libres de riesgo siempre que estemos hablando de países desarrollados con economías seguras y solventes, y con una probabilidad prácticamente inexistente que dejen de pagar a sus acreedores. Aun así, siempre acompañados de rentabilidades relativamente bajas o incluso negativas en el caso de Alemania.

Esta baja rentabilidad se puede ver afectada por la inflación, si tenemos en cuenta que los cupones que pagan la renta fija son nominales en el tiempo. Por lo tanto, ante un aumento de la inflación, baja su valor real y la rentabilidad de esta renta fija también es menor. Este es un escenario donde la compra de oro nos ofrece una mejor protección inflacionaria, gracias a una más elevada rentabilidad, manteniendo una alta seguridad y liquidez.

 

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¿Cómo preservar el valor de tus inversiones cuando todo parece desmoronarse? El oro resulta un ingrediente indispensable en cualquier cartera de inversión diversificada por su rentabilidad a largo plazo y su liquidez.

 

El oro es el metal precioso por excelencia. Escaso y muy apreciado, durante miles de años se ha utilizado para preservar la riqueza. Y es algo que no ha cambiado en el siglo XXI, ya que se ha revalorizado en 16 de los últimos 20 años, como indica Statista.

Tres características fundamentales lo convierten en un activo atractivo para cualquier cartera de inversión: la rentabilidad a largo plazo, ya que los datos son positivos si analizamos su revalorización en las últimas décadas; su papel para diversificar y reducir el riesgo global de nuestras inversiones; y su gran liquidez al poder comprarse y venderse con facilidad, incluso cuando las condiciones de otros mercados son difíciles.

 

Un escudo frente a la inflación

El oro genera una rentabilidad relativamente sólida en todos los ciclos económicos. Como indica el World Gold Council, en los últimos 50 años el precio de este metal ha aumentado casi un 11% anual de media. Se trata de un porcentaje comparable al de la renta variable de Estados Unidos y considerablemente mejor que el de los bonos estadounidenses.

El oro ofrece una buena rentabilidad en tiempos de bonanza, cuando aumenta la demanda de oro en joyería y tecnología. Pero su poder de atracción crece especialmente en tiempos de dificultades al ser considerado como un valor refugio.

El World Gold Council destaca que el oro ha experimentado una revalorización de más del 20 % de media en los periodos con una inflación superior al 5 %. Según datos de este organismo, casi la mitad (47 %) de la demanda de oro en 2021 fue para inversión y más del 7 % fue a parar a las cajas fuertes de los bancos centrales.

 

La necesidad de diversificar

Una regla de oro, nunca mejor dicho, para cualquier inversor es no poner todos los huevos en la misma cesta. Dicho de otro modo, destinar todos nuestros ahorros a un único tipo de activo es muy arriesgado porque nos expone a los vaivenes de un solo mercado. Por eso se recomienda diversificar la inversión e incluir diversos tipos de activos en las carteras de inversión, de forma que las ganancias de unos activos puedan compensar las pérdidas inesperadas de otros.

De ahí el gran atractivo del oro como complemento de otros activos, especialmente en momentos en que la renta variable y otras inversiones de mayor riesgo están bajo presión. Las carteras que incluyen este metal tienen menos probabilidades de experimentar subidas y bajadas extremas.

Por otra parte, si comparamos la evolución del precio del oro con el dólar estadounidense y otras monedas que se han utilizado como valores refugio, comprobamos que en el siglo XXI las principales divisas se han depreciado más del 90 % frente al oro. Y si ampliamos la mirada, se observa que en los últimos 100 años las principales monedas han perdido el 99 % de su valor en comparación con este metal. 

 

Sin problemas de liquidez

Una tercera ventaja del oro es que se trata de un mercado global y muy líquido. El valor de los lingotes de oro está estrechamente vinculado al precio del mercado mundial de metales no refinados, que se actualiza las 24 horas del día y es accesible a compradores y vendedores en todo momento.

Los inversores pueden comprar y vender oro siempre que lo deseen, incluso en períodos de extrema tensión en los mercados financieros. Y, obviamente, no sucede lo mismo con mercados como el del arte o las antigüedades, por ejemplo.

Teniendo en cuenta todos estos factores, no sorprende que el análisis del World Gold Council haya concluido que añadir entre un 6 % y un 10 % de oro en las carteras medias de los inversores estadounidenses suponga una mejora tangible de sus resultados, con un buen rendimiento a largo plazo.

 

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Las monedas digitales son cada vez más habituales, pero todavía es bastante desconocido qué son y cómo funcionan. Tratamos de aclarar, de manera sencilla y en cinco puntos, sus características fundamentales.

 

Un poco de historia de las criptomonedas

Debemos retroceder hasta principios de los años ochenta del siglo pasado para encontrar los primeros pasos en la idea de una moneda virtual protegida por la criptografía, de la mano de David Chaum y la creación del eCash. El impulso definitivo llega en 2008, cuando se publica a nombre del misterioso Satoshi Nakamoto el documento que desarrolla el Bitcoin.

Con Bitcoin, cuyas primeras unidades se pusieron en circulación el 3 de enero de 2009, se considera que nacen definitivamente las criptomonedas. Sus creadores lo describieron como “un sistema de efectivo de igual a igual” y sin regulación ni control de gobiernos ni instituciones.

 

Cómo funcionan las criptomonedas

La encriptación, para darle seguridad, se sustenta en la tecnología de cadena de bloques, blockchain, una estructura de almacenamiento de datos siguiendo algoritmos, casi imposible de falsificar, abierta a todos los usuarios que quieran, y que funciona como un libro de registro electrónico del Bitcoin y otras criptomonedas.

De este modo se crea una moneda digital, sin forma física, pero de la cual se puede asegurar la titularidad, la integridad en las transacciones y controlar la creación de nuevas unidades. Esto otorga a las criptomonedas la garantía para usarlas como dinero a quien quiera: hacer intercambios, compras o ahorrarlas.

El dinero de curso legal está bajo la garantía de los estados, sus gobiernos y las instituciones financieras, que lo crean y regulan. Esta es la base de la confianza que hace que los ciudadanos lo usen, además de convertirlo en imprescindible. Las criptomonedas, en cambio, no dependen ni están reguladas por ninguna administración. De este modo, su valor nace de la confianza depositada por los usuarios, de la ley de la oferta y la demanda.

Sin embargo, las criptomonedas buscan lograr esta confianza necesaria con el usuario, por ejemplo, replicando las características esenciales del dinero: que sean fungibles o puedan intercambiarse; que se puedan dividir en unidades; que se puedan almacenar y transportar; y que su flujo de creación o suministro esté controlado y limitado.

El mercado que van creando los propios usuarios, pues, es lo que marca su aceptación y, de rebote, su valor. Lo que hemos conocido hasta ahora es que, desde unos inicios, cuando solo algunos expertos o aficionados tecnológicos las adquirían, el interés por tener criptomonedas ha experimentado un crecimiento muy elevado, hasta llegar a cambiar un Bitcoin por 40.000 €.

 

Para qué sirven las criptomonedas

Como hemos podido deducir, la inversión se ha vuelto una de las grandes motivaciones para poseer criptomonedas. Incluso se han creado bolsas especializadas que trabajan las 24 horas, los 365 días del año, comprando y vendiendo sin parar. Los inversores se ven atraídos a estos mercados por la expectativa de las ganancias. Pero hay que tener cuidado y estar dispuesto a aceptar el riesgo de la alta volatilidad de las criptomonedas: su cotización sube y baja en miles de euros con mucha facilidad.

Las criptomonedas también se pueden usar para hacer compras, siempre que el vendedor acepte este medio de pago. Todavía no se puede decir que sea una opción ni mucho menos generalizada, pero cada vez son más las empresas que lo permiten y abren pasarelas para que se les paguen servicios o productos en criptomonedas. Los pagos rápidos, de hecho, son otro de los usos y de las ventajas de las monedas digitales, puesto que las transferencias, en todo el mundo, son inmediatas.

 

Comprar y guardar criptomonedas

Ya hemos dicho que la inversión en criptomonedas es en estos momentos altamente especulativa y arriesgada. Las más rentables, como el Bitcoin o el Ethereum, son a la vez consideradas las de mayor riesgo. Aun así, cualquier persona puede acceder a tener si las compra, las acepta en pago o, incluso, creando o desencriptando nuevas.

Lo más frecuente es que esta última opción, la creación o desencriptado, quede en manos de grandes equipos informáticos dedicados a ello, a menudo controlados por grupos económicos, en lo que se conoce como minar criptomonedas: generarlas descifrando el algoritmo o problema matemático bajo el que se esconden.

El particular podrá acceder más fácilmente a través de las plataformas de compra o los intermediarios financieros, así como desde cajeros automáticos que se han creado exclusivamente para ofrecer y canjear criptomonedas, y que ya se encuentran en zonas comerciales, por ejemplo. También existen aplicaciones digitales, como por ejemplo Coinbase o Binance.

Una vez compradas, se les asignará una contraseña única y personal, que conviene tener en lugar seguro y no perder, porque es toda la garantía que tenemos de que aquellas criptomonedas nos pertenecen. Para hacerlo, existen los wallets o monederos digitales, un software o aplicación donde es posible almacenar criptomonedas.

 

La regulación de las criptomonedas

En 2015, la Unión Europea (UE) estableció la misma validez del euro para el Bitcoin y otras criptomonedas similares como medio de pago, respondiendo al aumento de su presencia y de las inversiones relacionadas. 

Ahora bien, recordemos que las criptomonedas nacen libres de la regulación y el control de las administraciones y que, en consecuencia, estas las ven con cierta reticencia y las consideran como un activo muy especulativo y poco adecuado, si no es para el inversor experto. Cuando decidimos comprar criptomonedas, tenemos que saber que no habrá servicios de regulación y supervisión tradicionales que nos garanticen la custodia.

Para terminar, recordemos que el Estado español obliga a incluir en la declaración de la Renta cualquier gasto o ingreso derivado de operaciones de compraventa con criptomonedas. Además, el octubre de 2020 se publicó el Proyecto de Ley de Medidas de Prevención y Lucha contra el Fraude Fiscal, introduciendo la obligación de suministrar información sobre los saldos y los titulares de las criptomonedas y de las operaciones de compra, cobros, pagos y transferencias, entre otras transacciones.

 

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Si algo caracteriza el mercado de las criptomonedas es la gran volatilidad. Al ser un mercado relativamente pequeño y en el que gran parte de las criptomonedas se concentran en pocas manos, la especulación de los grandes inversores suele generar grandes fluctuaciones por su poder de arrastre y el valor poco tangible de los criptoactivos.

 

La crisis financiera de 2007-2008 llevó a Satoshi Nakamoto a crear una criptomoneda que escapara del sistema financiero tradicional: el bitcoin. En la primera transacción, que se produjo a principios de 2009, su valor era residual: solo 0,00076 dólares.

Desde entonces, el precio del bitcoin se ha disparado, aunque con una volatilidad enorme. Si analizamos su evolución de los dos últimos años, comprobamos que pasó de menos de 10.000 euros en septiembre de 2020 a más de 50.000 medio año después, para volver a caer por debajo de los 30.000 cuatro meses más tarde. Y, tras nuevos repuntes, que la llevaron a una valoración en noviembre de 2021 de 58.358 euros, su máximo histórico, las sucesivas caídas del “criptoinvierno” la han situado en torno a los 20.000 en la actualidad, prácticamente un tercio de su valor máximo.

El bitcoin no es una excepción. La volatilidad también afecta al resto de criptomonedas. Por ejemplo, ether perdió dos tercios de su valor entre abril y junio, al pasar de más de 3.000 euros a menos de 1.000, para volver a superar los 1.900 a mediados de agosto y descender por debajo de los 1.400 a partir de mediados de septiembre.

Terra luna, el caso más sonado, pasó de valer más de 80 euros a principios de mayo a quedarse prácticamente sin valor en poco más de una semana. Y eso que se trataba de una ‘stablecoin’, es decir, una criptodivisa cuyo valor está vinculado al de otra moneda, materia prima o instrumento financiero, lo cual debería aportar más estabilidad. 

 

Un valor poco tangible

Las criptomonedas han ganado mucho protagonismo en el mundo financiero en los últimos años. Un informe del Banco de España calcula que el mercado de criptoactivos alcanzó una capitalización en 2021 de 2,8 billones de dólares, aproximadamente un 1 % de los activos financieros globales.

Aun así, siguen sin tener la aceptación de activos tradicionales como la renta variable o el oro. Economistas como Paul Krugman y líderes empresariales como Warren Buffett incluso las han calificado de «espejismo» y han llegado a augurar su desaparición.

Es cierto que los mercados del oro o de la renta variable tampoco son ajenos a la especulación, pero el oro o las empresas que cotizan en bolsa tienen un valor intrínseco más evidente. El oro se ha utilizado como medio de intercambio durante mucho tiempo y es una mercancía razonablemente estable en cuanto a precio, demanda y oferta. Por su parte, las empresas cotizadas cuentan con propiedades, clientes, flujos de caja y cuentas de resultados que les otorgan un valor más tangible.

Aunque nadie puede negar que ‘blockchain’ proporciona beneficios como la seguridad, la descentralización, la reducción de costes y la velocidad, todavía es difícil especificar el valor real que las criptomonedas aportan a sus propietarios. Y eso es terreno abonado para la volatilidad. 

 

Un mercado poco regulado

Tampoco ayuda a la estabilidad el hecho de carecer de un organismo de gobierno o control, como sucede con la moneda fiduciaria, las acciones o los bonos. En este sentido, el aumento progresivo de la regulación podría contribuir a una mayor adopción, aunque un exceso regulatorio podría ser contraproducente.

De ahí que la Unión Europea haya publicado una propuesta de normativa que afecta a los emisores de criptoactivos, a las plataformas de intercambio y a las billeteras de monedas digitales. Esta regulación pretende facilitar la supervisión del sector y evitar la manipulación del mercado.

 

El poder de las “ballenas”

Sin un valor real claro, las criptomonedas son activos muy especulativos, así que resultan mucho más sensibles a los movimientos puntuales de los grandes inversores, que provocan reacciones en cadena hacia arriba o hacia abajo.

Hay que tener en cuenta que el mercado de criptomonedas es aún muy pequeño comparado con los de otros activos y que una parte considerable está en manos de pocos inversores, conocidos como “ballenas”. Per Wimmer, fundador de Wimmer Financial LLP, ha llegado a advertir que el mercado de las criptomonedas está dominado por diez ballenas.

Esta afirmación quizás sea exagerada, pero lo cierto es que, según la Oficina Nacional de Investigación Económica estadounidense, a finales de 2020 un tercio de todos los bitcoins estaban en manos de solo 10.000 inversores. Esta concentración hace que sus decisiones puedan desestabilizar con más facilidad el mercado, ya que su peso relativo es mucho mayor. 

 

Maniobras especulativas

Para enriquecerse, hay ballenas que empiezan a vender un gran volumen de criptomonedas a un precio por debajo del mercado. Así se desencadena el pánico y se disparan las ventas de los pequeños inversores. Una vez el precio toca fondo, las ballenas aprovechan para volver a comprar más criptomonedas.

Por tanto, una adopción masiva de las criptomonedas que rebajara el peso relativo de los grandes inversores ayudaría a estabilizar el mercado. Para ello sería necesario que se equiparasen a las monedas fiduciarias, de forma que se percibieran como un valor estable y se pudieran intercambiar por productos y servicios con mayor facilidad. La utilidad es un elemento clave a la hora de establecer el valor de un activo y el potencial de las criptodivisas todavía se está explorando.

 

El ruido mediático

El valor subjetivo de las criptomonedas hace que también sean muy sensibles al ruido mediático. Por ejemplo, cuando Tesla anunció que las criptodivisas no serían aceptadas como modo de pago, el valor del bitcoin se desplomó, mientras que bastó con que Elon Musk mostrara su apoyo a dogecoin en Twitter para que el valor de esta criptodivisa se disparara.

Si las noticias en torno a una criptodivisa son positivas o algún ‘influencer’ genera un sentimiento positivo hacia ella, la demanda y el precio aumentan. Y ocurre lo contrario cuando las noticias o el sentimiento generado son negativos.

Todavía es pronto para saber si se estabilizarán los mercados en el futuro y podrán negociarse las criptomonedas igual que las monedas fiduciarias. Lo que está claro es que el volumen de capital invertido en criptomonedas tendría que crecer mucho para que se reduzca la volatilidad.

 

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Ante la situación excepcional en que nos encontramos, cada vez más inversores intentan lanzarse a la compra de oro para proteger sus ahorros de la inestabilidad y la inflación. ¿Pero esto implica que acabemos teniendo lingotes de oro guardados en casa? ¿Hay alternativas al oro físico? Nos hace un resumen el agente 11Onze Amadeu Vilaginés.

 

Históricamente, el oro ha jugado un papel muy importante en las economías de muchas naciones. A pesar de que ya no es una forma primaria de moneda, la compra de oro y otros metales preciosos continúa siendo una inversión sólida a largo plazo. Seguro que has oído hablar de personas que compran lingotes de oro y los esconden bajo la cama o en una caja fuerte. Pero, más allá de esta imagen tan cinematográfica, ¿merece la pena guardar el oro en casa?

“Estos miedos no nos tendría que suponer ningún impedimento, puesto que en la actualidad hay muchas empresas que se encargan de almacenar y custodiar el oro de los particulares”, detalla Vilaginés. Sus cámaras acorazadas, mucho más modernas y seguras que las cajas fuertes que podamos tener en casa, nos aseguran una mejor protección. “También podemos comprar monedas de oro, en lugar de lingotes, que son más fáciles de esconder. Y sobre todo, es importante no dejar todo el oro en un solo lugar”, defiende el agente 11Onze.

 

Similitudes y diferencias

Si no nos vemos con fuerzas de comprar oro físico, hay alternativas. “El oro físico es tangible, mientras que el oro digital no deja de ser un activo financiero que refleja la cotización del precio del oro”, resume Vilaginés. Normalmente, dice, se trata de un ETF, es decir, un fondo cotizado: si el precio del oro sube, entonces el valor del ETF sube, y a la inversa.

En esencia, viene a ser lo mismo el oro físico que el digital. Es decir, yo puedo comprar un lingote de oro el 2020 y, si el 2022 ha subido de precio, lo puedo vender y conseguir la plusvalía. También habría podido, por el contrario, comprar una participación el 2020 en un ETF ligado al precio del oro y el 2022 venderlo y obtener los beneficios”, argumenta.

Así pues, ¿cuáles son las diferencias entre el oro físico y el digital? “Para empezar, la propiedad. Cuando compras oro físico, eres propietario del metal, mientras que invirtiendo en un ETF lo que tienes es un derecho o una opción”, desgrana el agente. Además, el valor del oro es intrínseco y no puede suspender pagos, mientras que los activos financieros sí que pueden. 

Hay también el problema del almacenamiento y la liquidez. “El oro digital no necesita ningún tipo de almacenamiento y, una vez decidimos venderlo, es tan sencillo como pulsar un botón. El inconveniente del oro físico es que puede presentar más dificultades de liquidez que el activo financiero, puesto que tienes que encontrar un comprador para tu lingote y, además, tendremos que tener en cuenta los costes de almacenamiento”, detalla Vilaginés. Acaba de ver el video de debajo para saberlo todo sobre el oro físico y el digital.

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El Forex o mercado de divisas es un mercado global y descentralizado en el cual se negocian divisas. Núria Rambla, CEO Executive Assistant de 11Onze, nos explica el funcionamiento del mercado que mueve el volumen más grande de inversiones.

 

Forex, de la unión de las palabras Foreign y Exchange, también es conocido como FX o mercado de divisas, y es el mercado financiero más grande del mundo. Es un mercado global para el comercio de divisas donde se pueden negociar las principales divisas mundiales las 24 horas del día, de lunes a viernes. Pero como apunta Rambla, “no tenemos que confundir el mercado de divisas con el mercado de la bolsa, son diferentes”.

Se trata de un mercado con mucha liquidez donde operan un gran número de agentes e inversores de todo el mundo, como por ejemplo bancos, instituciones financieras y empresas que gestionan fondos de inversión. Por lo tanto, representa una gran oportunidad para todo tipo de inversores que se ve reflejada en el volumen de inversión, “cada día se negocian 2,9 billones de dólares y 1,1 billones de euros”, detalla Rambla.

Negociar el tipo de cambio entre dos divisas

El objetivo de los inversores es el de obtener beneficios con la diferencia de precios entre las diferentes divisas que cotizan en el mercado. Hay que tener en cuenta que el valor de una divisa puede variar dependiente de numerosos factores. La situación económica actual con una inflación desbocada puede jugar un papel determinante en la demanda, pero existen otras circunstancias que pueden hacer subir o bajar el valor de una divisa.

Los inversores compran y venden divisas basándose en su previsión que un par de divisas experimentarán un movimiento al alza o a la baja en relación con su valor inicial. En este sentido, Rambla apunta que el mercado de Forex “nos permite pactar precios y cubrir riesgos, lo que se conoce como opciones y futuros”.

 

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Numerosos informes y estudios de entidades como el Mobile World Congress, la Agència per la Competitivitat de l’Empresa o la Fundación de Estudios de Economía Aplicada no solo confirman que efectivamente los catalanes hacemos cosas, sino que las hacemos bastante bien. Y así, año tras año, Cataluña ocupa las mejores posiciones en rankings de innovación.

 

El informe de la Agència per la Competitivitat de l’Empresa (ACCIÓ) es concluyente: “Cataluña lidera el ránking de empresas innovadoras en el Estado español, con el 22% del total. Cataluña lidera tanto en producto como en proceso de negocio”. Unas cifras que no son producto de la casualidad, sino de una apuesta consciente y proactiva, tanto del tejido empresarial como de la administración pública. ¿Otro dato? Según el mismo estudio, ha habido un crecimiento del 10,7% de las empresas innovadoras en el trienio anterior al informe.

Esta innovación siempre va ligada al gasto en investigación y desarrollo (I+D). Y, en este punto, los datos también muestran un crecimiento del 2,4% en 2019 respecto al año anterior, tercer año de crecimiento consecutivo y la cifra más alta de la serie histórica. Sin embargo, aún se encuentra por debajo del total del Estado español (4,2%) y de la Unión Europea (4,5%).

No hay ninguna duda que los catalanes tenemos el talento, la ciencia, el tejido industrial y el espíritu emprendedor, pero quizás nos falta una estrategia de país que sepa coordinar academia con industria. Tenemos que poder evitar la fuga del talento que tanto nos ha costado formar. Y para eso es necesario más financiación.

 

Inversión extranjera y financiación

Según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y de la Empresa Nacional de Innovación (ENISA), el 36% de las pequeñas y medianas empresas catalanas han recibido préstamos participativos del Estado, mucho por encima de la media española y a la cabeza del ránking con bastante diferencia.

Hay que destacar que, por ámbito de actividad, las pymes del sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) reúnen la mayoría de esta financiación. Un tejido empresarial que parece ser inmune a la pandemia y sigue creciendo con cifras de ocupación que son la envidia del sector. 

Así lo confirma un estudio realizado por el gabinete de estudios económicos de la Cambra de Comerç de Barcelona y el Laboratorio de Transferencia de Análisis Cuantitativo Regional de la Universitat de Barcelona (AQR-Lab), que muestra que el sector de las TIC ha dado trabajo a 128.700 personas el tercer trimestre de 2020, un 19,1% más comparado con el mismo periodo de 2019 y un máximo histórico. 

En cuanto a la inversión extranjera, la Cambra de Comerç de Barcelona ratifica que Cataluña también lidera la inversión productiva por valor de activos. Unos datos especialmente significativos, porque no están basadas en datos trimestrales o anuales propensos a la volatilidad, sino en la inversión limpia acumulada en periodos de más de diez años y que, por lo tanto, permiten identificar tendencias.

En definitiva, todos estos informes, estudios y análisis confirman que cuando hablamos de innovación no es suficiente con hacer cosas, y a hacerlas bien, sino que tienen que ir acompañadas de una visión de país que les dé apoyo.

 

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La incertidumbre económica persistente y una inflación que no afloja han creado un escenario donde sacar rentabilidad de nuestros ahorros no es trabajo fácil. Ante este contexto de incertidumbre los metales preciosos se consideran una inversión de poco riesgo, y el oro el valor refugio por excelencia. La agente de 11Onze, Carol Santacruz, nos lo explica brevemente.

 

La protección inflacionista que ofrecen los metales preciosos está basada en su valor intrínseco, que no comporta riesgo de crédito y no puede hincharse. Una característica única y que los hace especialmente atractivos a la hora de diversificar nuestras inversiones en tiempos de crisis.

De la misma manera, la tendencia del oro a revalorizarse cuando hay incertidumbre en los mercados explica el continuado incremento de su cotización durante los últimos tres años, y lo confirma como el valor refugio más popular ante la posibilidad de una nueva crisis financiera el 2022.

La agente Coral Santacruz nos explica en este video el valor de los metales preciosos como inversión y qué factores tenemos que tener en cuenta.

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