África: expulsando al colonialismo occidental

Cada vez son más las naciones africanas que echan a los Estados Unidos y Francia del continente mientras dan la bienvenida a China y Rusia. El uso de la coerción y el poder militar que caracteriza a la doctrina imperialista occidental están siendo sustituidas por un nuevo modelo de cooperación que busca el beneficio mutuo en vez de la hegemonía de una de las partes.

 

La lucha del pueblo africano en todo el continente, y en particular en el Sahel, no es un hecho aislado. En todo el continente africano se están levantando. Todo el continente está quemando en estos momentos. Así que no hemos visto lo último de las masas populares africanas derrocando gobiernos. Solo hemos visto el principio. Están echando a Francia, y Estados Unidos será el próximo”, declaraba el 19 septiembre de 2023 Eugene Puryear, periodista y activista, durante las protestas contra el imperialismo y belicismo estadounidense y francés en el Sahel que tuvieron lugar en la jornada inaugural de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

En países de África Occidental como Níger, Mali, Guinea, Burkina Faso y Chad proliferaban las protestas contra el colonialismo francés y los golpes de Estado contra los gobiernos clientelares occidentales, de los que surgían nuevas administraciones que anunciaban una nueva vía hacia la autodeterminación y soberanismo.

Arikana Chihombori-Quao, ex-representante permanente de la Unión Africana en los Estados Unidos, afirmaba que los recientes golpes militares en Níger, Mali, Burkina Faso y Guinea formaban parte de las primeras fases de una “revolución africana” contra el neocolonialismo occidental. Y añadía que esta oleada de intervenciones militares es una reacción al actual “saqueo de los recursos naturales del continente” por parte de Occidente.

 

Estados Unidos retirará sus tropas de Chad y Níger

Francia estaba en el punto de mira, pero como vaticinaba Puryear, los Estados Unidos no tardarían a seguir el mismo camino de vuelta para casa. Pocos meses después, el gobierno estadounidense ha anunciado que retirará sus tropas de Chad y Níger al cuestionar los países africanos su papel en la lucha antiterrorista.

A principios de abril, el secretario de Prensa del Pentágono, Patrick Ryder, declaró que AFRICOM está teniendo conversaciones con funcionarios chadianos sobre un plan para “reposicionar algunas fuerzas militares estadounidenses desde Chad,” pero que “se trata de una medida temporal en el marco de una revisión en curso de nuestra cooperación en seguridad, que se retomará después de las elecciones presidenciales del 6 de mayo en Chad.”

Níger alberga una importante base aérea estadounidense en la ciudad de Agadez que se usa para diversas operaciones militares, incluyendo vuelos de vigilancia tripulados y no tripulados. En cuanto al Chad, Estados Unidos tiene tropas de las Fuerzas de Operaciones Especiales estacionadas a la base militar francesa.

 

Un cambio de paradigma de la coerción a la cooperación

El modelo colonialista o neocolonialista occidental se ha caracterizado por el uso de la coerción y el poder militar para conseguir sus objetivos e imponer sus agendas políticas y económicas bajo los pretextos de garantizar la estabilidad política y la lucha contra el terrorismo, a menudo en detrimento de los intereses y la soberanía de los países receptores de este patrón de “democracia”.

En este contexto, estamos presenciando como muchos países, no solo africanos, están optando por establecer nuevas relaciones con otros actores internacionales como China y Rusia que, a diferencia de los países occidentales, ofrecen una alternativa basada en la cooperación mutua y el respeto por su soberanía.

China, en particular, ha establecido una presencia significativa en todo el continente africano mediante inversiones masivas en infraestructuras, recursos naturales y desarrollo económico a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Inversiones que se hacen a cambio de facilitar sus exportaciones de productos y de tener acceso a las materias primas necesarias para el crecimiento de su economía.

De manera similar, Rusia ha buscado establecer alianzas en ámbitos como la seguridad, la energía y los recursos naturales. A través de la cooperación en materia de defensa y la inversión en el sector energético. Tal como ha pasado en Níger, donde después de echar a las tropas francesas y estadounidenses, la nueva junta gubernamental ha recurrido a Rusia en busca de seguridad.

Por otro lado, la pérdida de credibilidad de Occidente en materia de derechos humanos y derecho internacional a raíz de las guerras impuestas al continente africano y en el Oriente Medio para mantener su hegemonía económica escudándose en la lucha contra el terrorismo, o su apoyo incondicional al genocidio en Gaza, no hacen más acelerar un proceso de cambio hacia un mundo multipolar que, por ahora, parece imparable.

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La Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha aprobado otro paquete de ayuda de 57.000 millones de euros para Ucrania y unos 24.700 millones más para Israel. ¿Pero quiénes serán los beneficiarios de este dinero? ¿Los pueblos que están sufriendo una catástrofe humanitaria o la industria armamentística?

 

Después de meses de bloqueo de un grupo de legisladores republicanos, en una excepcional sesión de fin de semana, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobaba este sábado un paquete adicional de unos 89.000 millones de euros en asistencia para Ucrania, Israel y Taiwán.

Las tres partidas de ayuda exterior se votaron de manera independiente y aportarán 57.000 millones de euros para Ucrania, 24.700 millones para Israel y 7.600 millones para la seguridad de la región de la Indo-Pacífico, incluyendo miles de millones para Taiwán. El paquete también incluye la prohibición, hasta marzo de 2025, de la financiación a la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), que proporciona asistencia vital en Gaza.

La mayor parte de esta ayuda se destinará al apoyo armamentístico, incluyendo nuevos sistemas de armamento para el ejército ucraniano e israelí directamente de contratistas de defensa estadounidenses, así como para el reabastecimiento de los arsenales de armamento de los Estados Unidos y sus aliados. Recordemos que la administración Biden está a punto de aprobar la venta a Israel de hasta 50 cazas de combate F-15 en un acuerdo que se espera que supere los 18.000 millones de dólares.

Según la retórica oficial del gobierno del presidente Joe Biden, este dinero es un sacrificio urgente y necesario en un momento en que los aliados de los Estados Unidos están asediados por amenazas y guerras. Los opositores Republicanos del proyecto de ley argumentaban que estas partidas presupuestarias tendrían que estar ligadas a hacer frente a los problemas de seguridad de las fronteras nacionales y a la creciente carga de la deuda del país, advirtiendo contra el gasto de más fondos, que en gran medida se canalizan directamente a la industria armamentística.

 

Se disparan los beneficios de la industria armamentística

El paquete de asistencia militar aprobado este pasado fin de semana es el último de todo un seguido de importantes subvenciones o reciclaje de impuestos hacia el sector armamentístico que se han producido desde que estalló la guerra en Ucrania, y que se han convertido en una mina de oro para la industrial militar estadounidense y europea. Se trata de un hecho que se repite en cada conflicto armado y que, por lo tanto, no nos tendría que sorprender.

Según un estudio realizado por GlobalTimes, los contratistas de armas de los Estados Unidos recibieron casi la mitad —400.000 millones de dólares— de los 858.000 millones destinados en el presupuesto de defensa de 2023. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, las mayores empresas del sector que cotizan en Wall Street han acumulado subidas en su cotización por valor de 24.000 millones de euros.

Además, las ventas de armas estadounidenses al extranjero aumentaron considerablemente el año pasado, alcanzando la cifra récord de 223.000 millones de euros, un 56% más que en 2022, según datos del Departamento de Estado.

En cuanto al resto de la OTAN, la decisión de los principales miembros de aumentar su inversión en defensa a causa de la presión de los Estados Unidos ha disparado la proyección de crecimiento de muchas multinacionales de la industria armamentística que, en algunos casos, han registrado alzas de hasta 150% en bolsa y ganancias por encima del 300% respecto al año anterior, como es el caso de la alemana Rheinmetall.

En el caso de España, está experimentando el incremento más grande en gasto militar de los últimos 40 años. El presupuesto en defensa ya representa un 23% más respecto al pasado 2022, siendo esta la partida con mayor crecimiento del gasto estatal. Empresas del sector de la defensa, como Indra, Navantia o Santa Bàrbara de Sistemas, han sacado grandes beneficios.

Teniendo en cuenta el genocidio en Gaza y que la guerra en Ucrania hace meses que es bastante evidente que está más que perdida, cuesta entender como estas nuevas partidas de armamento beneficien a alguien, más allá de la industria de defensa y a los bolsillos de los políticos que están ligados ella. Pero como dijo Serge Varlay, trabajador de BlackRock: los políticos son fáciles de comprar y la guerra es buena para los negocios.

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A principios de año, Arabia Saudí “amenazó” de vender deuda europea como represalia si el G-7 confiscaba los 300.000 millones de dólares en activos rusos congelados por la Unión Europea y los Estados Unidos, según fuentes consultadas por Bloomberg.

 

No es ningún secreto que los países que se encuentran fuera de la esfera occidental hace tiempo que están observando atentamente el uso de sanciones económicas contra Rusia, en medio de la preocupación que estas mismas herramientas de guerra económica puedan ser utilizadas contra ellos.

Se trata de un asedio económico ideado para atacar a la economía rusa en todos los frentes –castrando su capacidad de financiación y requisando las reservas extranjeras– que se ha convertido en el ejemplo más evidente de cómo el sistema económico global dirigido por los Estados Unidos se utiliza para aislar y castigar a cualquier país que suponga una amenaza para la hegemonía estadounidense.

Este hecho está provocando que muchos estados no solo cuestionen esta hegemonía, sino que tomen medidas para crear un sistema financiero multilateral para blindar sus economías. Así mismo, está impulsando un proceso de desdolarización para desvincular sus economías de la dependencia del dólar.

 

La importancia de la deuda

Más allá de la desdolarización, el principal motivo por el cual el dólar está en peligro es debido al gran déficit fiscal que sufren los Estados Unidos. Esto ha generado un endeudamiento masivo, el cual es sostenible mientras el mundo continúe confiando en la capacidad de los Estados Unidos para pagar sus obligaciones.

Si esta confianza se pierde, los inversores y los países que ahora compran su deuda a través de Bonos del Tesoro podrían buscar otras alternativas para diversificar sus reservas monetarias, provocando el colapso de la economía de los EE. UU. De aquí viene la alarma que se generó a raíz de la posibilidad que Arabia Saudí diera la espalda al petrodólar.

Los países de la Unión Europea se encuentran en una situación todavía peor porque, a diferencia de los Estados Unidos, no tienen el ‘su’ petrodólar y, por lo tanto, no pueden imprimir dinero sin consecuencias. Dicho de otra manera, los Estados Unidos tienen el equivalente de una “tarjeta black” con la que, al menos mientras se siga vendiendo el petróleo en dólares, pueden mantener un nivel de endeudamiento que sería insostenible para la Unión Europea.

 

Arabia Saudí mueve ficha

Dejando de lado la posible ilegalidad de confiscar las reservas rusas, utilizar estos fondos, no solo sería ilegal, sino que puede generar una mayor crisis de confianza en el sistema bancario internacional dominado por occidente, que no va precisamente sobrado de credibilidad. Si los países que se sienten amenazados retiran sus reservas, se produciría un cambio de paradigma de consecuencias globales.

En este contexto, no es sorprendente que el artículo publicado ayer por Bloomberg saque a la luz que el ministro de Finanzas de Arabia Saudí comunicó a sus homólogos del G7 (Alemania, Canadá, EE. UU., Francia, Italia y Japón) que el Reinado vendería parte de su deuda europea como represalia si se confiscaban los 300.000 millones de dólares en activos rusos congelados por la Unión Europea y los Estados Unidos. La postura saudí se consideró como una “amenaza velada”, apuntan las fuentes anónimas consultadas por Bloomberg.

Según Bloomberg, es probable que el aviso de Arabia Saudí haya galvanizado la oposición de algunos estados miembros de la UE en contra de un enfoque más contundente, a pesar de las presiones de los Estados Unidos y el Reino Unido a favor de una confiscación directa. En todo caso, parece que la advertencia funcionó, aguando las peticiones iniciales de adoptar medidas más contundentes.

Por su parte, un representante de Riad ha negado los hechos descritos por las fuentes anónimas, declarando en Bloomberg que no era el estilo de su Gobierno hacer tales amenazas. Aun así, explicando que posiblemente se indicó a los países del G7 el probable impacto de cualquier confiscación contra Rusia.

 

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La clase política occidental y sus medios de comunicación han afirmado repetidamente que las sanciones pondrían a Rusia contra las cuerdas, pero el asalto económico occidental se ha mostrado mayoritariamente ineficaz y contraproducente. Mientras que la economía rusa y su maquinaria bélica prosperan, las principales economías europeas se han hundido. ¿Qué ha fallado?

 

Desde el inicio del conflicto armado en Ucrania en 2014, los Estados Unidos y sus países clientelares impusieron sanciones y restricciones comerciales sin precedentes contra Rusia. Con estas medidas se pretendía hundir la economía rusa, desmantelar su maquinaria bélica y limitar su capacidad para financiar la guerra.

Las sanciones actuales contra Rusia van mucho más allá de las sanciones tradicionales que han utilizado los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial para “castigar” a cualquier país que amenace su hegemonía en el tablero de ajedrez geopolítico mundial y que, históricamente, se han dirigido especialmente contra el sistema bancario y las élites. Aun así, se han convertido en el ejemplo más evidente del fracaso en el uso de sanciones económicas para conseguir los resultados deseados.

Este asedio económico occidental estaba pensado para atacar la economía rusa en todos los frentes. Por un lado, castrar su capacidad de financiación, requisando la mitad de las reservas extranjeras de divisas y de oro, cerca de 400.000 millones de euros, así como imposibilitar que pueda pagar su deuda exterior en dólares, todo y su voluntad y capacidad de hacerlo, para forzar una suspensión de pagos.

Además, el control que los Estados Unidos ejercen sobre SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), así como del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), sumado a la hegemonía del petrodólar, les permitía aislar a Rusia del sistema económico global dirigido por el Occidente, tal como hicieron anteriormente contra Irán cuando los Estados Unidos abandonaron unilateralmente el acuerdo nuclear después de incumplirlo desde el primer día en que entró en vigor.

Por otro lado, se querían frenar sus exportaciones de hidrocarburos y así limitar su capacidad para financiar la guerra. Sin embargo, mientras que las economías de la Europa Occidental se hundían e incluso entraban en recesión, la economía rusa creció un 3,6% durante el 2023 y se prevé que crezca otro 2,6% el 2024, según datos del FMI.

Del mismo modo, a pesar de que la propaganda mediática occidental no se ha cansado de repetir constantemente que Rusia se quedaba sin munición y otro material bélico, la capacidad industrial militar combinada de todo el bloque occidental y algunos de sus súbditos como Corea del Sur, Japón e Israel, sigue siendo muy inferior a la rusa. De hecho, ni siquiera pueden mantener la producción necesaria para alimentar la guerra subsidiaría de los Estados Unidos en Ucrania, ni hablar de producir suficiente munición para una confrontación directa contra Rusia.

 

La supuesta comunidad internacional

La retórica propagandística occidental también nos quiere hacer creer que la comunidad internacional apoya a las sanciones contra Rusia, pero hay que tener en cuenta que esta supuesta “comunidad internacional” solo engloba en los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, la Unión Europea, y quizás Australia, Japón y alguna isla de la Micronesia. Por lo tanto, no incluye a la gran parte de la comunidad internacional que, o bien, está en contra de las sanciones o prefiere mantenerse neutral.

Este hecho se ha visto reflejado en el fracaso del seguimiento de las sanciones impuestas por Occidente por parte de la comunidad internacional “real”, que incluye a China y a la India y, que han sido claves a la hora de mantener las exportaciones del petróleo ruso. Incluso hacia la Unión Europea y en los Estados Unidos, con pleno conocimiento de causa de los dos actores occidentales y consolidando la hipocresía del “haz lo que digo, no lo que hago”.

La misma Unión Europea que ha seguido comprando directamente volúmenes récord de gas natural licuado (GNL) procedente de Rusia. Mientras que los Estados Unidos se enriquecían triplicando sus exportaciones de GNL en la UE, que vienen a “precio de oro”, y convirtiéndose en el exportador más grande de GNL del mundo. Todo gracias a las sanciones económicas y al sabotaje de los gasoductos Norte Stream.

 

Un nuevo paradigma comercial y monetario

Aparte de las relacionadas con el sector energético, las razones más evidentes por el fracaso de las sanciones comerciales a Rusia se centran en cuestiones relativas a su aplicación. Las complejas cadenas de suministro, las lagunas en las exportaciones de bienes de doble uso y la reticencia de las empresas a interrumpir por completo sus negocios con el mercado ruso, que han establecido corredores comerciales alternativos a través de países fronterizos y afines en Rusia.

En el ámbito monetario, la convertibilidad temporal del rublo al oro a un precio fijo no significó una vuelta al “patrón oro”, pero aconteció una herramienta clave para recuperar y estabilizar el valor del rublo después de la caída experimentada por las sanciones. Una revalorización del rublo en relación con el dólar que incluso permitió al Banco Central de Rusia bajar los tipos de interés para evitar una excesiva apreciación de la moneda estatal.

Después de que una gran parte de los gobiernos occidentales prohibieran las importaciones de oro ruso, China empezó a comprar este metal precioso ruso en cifras récord. Solo en julio del 2022 ya había importado oro por un valor de 109 millones de euros, un aumento del 750% respecto al mes anterior y de un 4.800% en comparación al mismo periodo del 2021.

Así mismo, durante la pasada década, Rusia y China han iniciado programas y han firmado acuerdos de desdolarització, a la vez que han puesto en funcionamiento sistemas de protocolos de comunicación interbancaria alternativos al SWIFT y han creado monedas digitales vinculadas a sus bancos centrales (CBDC).

 

Occidente ha perdido toda su credibilidad

Dejando de lado la hipocresía de las sanciones económicas y el trasfondo del golpe de Estado orquestado por Victoria Nuland en Kiev el 2014 i detonante del actual conflicto armado en Ucrania, hace décadas que Occidente ha perdido cualquier verosimilitud de ser una autoridad moral, si es que nunca lo ha sido.

Sin querer hacer una recopilación de todas las guerras impuestas por los Estados Unidos y sus “aliados” durante las últimas décadas bajo justificaciones basadas en una sarta de mentiras, no podemos obviar la ocupación militar ilegal actual de países como Siria e Irak por parte de los Estados Unidos, o el mismo caso de Israel también con Siria o el Líbano y Palestina. Es bastante evidente que el derecho internacional y la soberanía de los pueblos solo son relevantes y respetados cuando conviene a Occidente.

Si alguien todavía tenía alguna duda, el apoyo político y militar al genocidio en curso en Gaza ha evaporizado la última pizca de integridad que le quedaba a la brújula moral occidental. La complicidad de Occidente al facilitar esta masacre es una acción criminal digna de los juicios de Núremberg. Clare Daly, eurodiputada por Irlanda, ha sido una de las pocas palomas blancas en un Parlamento Europeo lleno de halcones de la guerra al tildar a Ursula von der Leyen como «Frau Genocide«.

Dada la flagrante hipocresía de Occidente en materia de derechos humanos y derecho internacional, no es de extrañar que algunas de sus empresas simplemente pretendan cumplir con las sanciones de cara a la galería, mientras que, a puerta cerrada, están haciendo todo lo que pueden para eludirlas. Así mismo, tampoco sería lógico esperar que la comunidad internacional siga las órdenes del equivalente geopolítico de un acosador escolar que cada día pierde más fuerza ante un mundo multipolar.

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A medida que se alarga la esperanza de vida de la población mundial y se reduce la tasa de natalidad, son necesarios nuevos planteamientos para hacer frente a los retos sociales y económicos. Un estudio del Foro Económico Mundial detalla los principios a seguir para garantizar el bienestar y la prosperidad de la sociedad en medio de este cambio de paradigma demográfico.

 

El éxito del desarrollo socioeconómico compuerta el envejecimiento de la población. A las mejoras en nutrición, medicina, saneamiento, educación y bienestar económico que alargan la esperanza de vida de la población, se añade una reducción de la tasa de natalidad, ya sea por el éxodo de la población rural a las grandes ciudades o porque la gente tiene otras prioridades.

El caso es que el mundo está envejeciendo a gran velocidad. Las personas de más de 60 años ya representan el 11% de la población mundial y, de aquí a 2050, esta cifra aumentará hasta el 22%. En España, se prevé que en esta fecha haya 23,3 millones de personas de más de 50 años, la mitad de la población.

Esto tendrá un importante impacto económico y social. A medida que se alarga la esperanza de vida, se incrementa la proporción de población más grande que tiene una dependencia económica, al mismo tiempo que hay menos personas que puedan contribuir a pagar las pensiones de una población envejecida.

Es decir, se hace difícil garantizar el bienestar de esta población envejecida. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, mientras que la esperanza de vida se ha incrementado en más de 6 años del 2000 al 2019, la esperanza de vida saludable lo ha hecho en poco más de 5 años.

Por lo tanto, se hace necesario implementar nuevas medidas para garantizar que la economía de la longevidad no esté reñida con el bienestar de toda la población y tenga un impacto positivo en medio del cambiante panorama demográfico mundial.

 

Los 6 principios de la economía de la longevidad

El informe presentado por el Foro Económico Mundial reconoce que no es fácil abordar los problemas de la longevidad en el ámbito mundial, puesto que cada país tiene una realidad diferente: varios sistemas de pensiones y jubilación, edades de jubilación divergentes y diferentes opciones por género o profesión. No obstante, propone un conjunto de seis principios a los cuales se pueden subscribir las empresas, los gobiernos y las sociedades.

  1. Asegurar la estabilidad financiera ante acontecimientos clave de la vida. Casi el 40% de la población mundial enfrenta inestabilidad financiera a causa de interrupciones no planificadas de su carrera profesional, enfermedades o jubilaciones inesperadas y los resultaría imposible o muy difícil acceder a dinero de emergencia en un plazo de 30 días. A dos terceras partes de la población les preocupa no tener suficiente dinero para los gastos mensuales normales y la mitad se quedaría sin ahorros en un mes si perdiera sus ingresos, mientras que una tercera parte lo haría en una semana.

    Por lo tanto, hay que fomentar la colaboración público-privada para diseñar políticas y programas que protejan las personas de caer en la pobreza a consecuencia de acontecimientos vitales clave y facilitar a los trabajadores el acceso a vehículos de ahorro financiero y de seguros, de manera que exista una almohada financiera y no haya el peligro de sobrevivir a los ahorros.

  2. Proporcionar acceso universal en educación financiera. Solo el 33% de la población mundial tiene conocimientos financieros suficientes, lo cual contribuye a las desigualdades económicas que están fuertemente correlacionadas con las desigualdades de esperanza de vida. En otras palabras, una gran parte de la ciudadanía no tiene la capacidad necesaria para gestionar sus finanzas de una manera eficaz.

    La educación financiera es una competencia necesaria esencial en el día a día de la ciudadanía. Es complicado tomar las decisiones acertadas en la gestión del hogar, la planificación del ahorro, la solicitud de un crédito o la contratación de una hipoteca si no tenemos unos conocimientos financieros mínimos. En consecuencia, es necesaria una educación financiera completa e imparcial que capacite a las personas para tomar decisiones financieras con conocimiento de causa.

  3. Priorizar el envejecimiento saludable como base para la economía de la longevidad. La principal razón por la cual las personas mayores dejan su trabajo antes de conseguir la edad de jubilación es el deterioro de su salud. El 80% de los adultos de los países en vías de desarrollo están preocupados por el coste de los gastos médicos y sufren una enfermedad durante una quinta parte de su vida.

    Se tiene que poner el foco en el acceso equitativo a los servicios sanitarios que puedan facilitar el bienestar tanto del individuo como de la sociedad en general a través de la prevención y la atención médica. Procurando retrasar o evitar el surgimiento de enfermedades, sobre todo de tipo crónico, y accidentes a causa del impacto financiero que suponen por el individuo y la sociedad.

  4. Evolucionar las ocupaciones y el desarrollo de habilidades a lo largo de la vida para promover una bastante laboral multigeneracional. En el ámbito global, hasta el 25% de las personas de 55 años o más desean trabajar, pero no pueden porque tienen dificultades para encontrar oportunidades. El edadismo o la barrera tecnológica son algunos de los impedimentos con que se encuentran y que provocan que sean expulsados por el sistema por más que deseen continuar trabajando.

    Los cambios demográficos y las innovaciones tecnológicas exigen que las ocupaciones y la capacitación se adapten y evolucionen, permitiendo a las personas prolongar sus años de trabajo como deseen. La formación continua y la actualización permanente tendrían que ser habituales para las personas y para las empresas, y ser secundadas o promovidas por el gobierno y las organizaciones.

  5. Diseñar sistemas y entornos para la conexión social y el propósito. El estudio recalca la importancia de la conexión social. La gente mayor socialmente aislada tiene un mayor riesgo de sufrir una enfermedad y una muerte prematura. De hecho, son numerosos los estudios que han podido comprobar científicamente la correlación entre soledad y enfermedad.

    Es necesario fomentar el diseño y la promoción de sistemas y entornos para la conexión social puede mitigar estos efectos. Al mismo tiempo, se tiene que luchar contra el edadismo y así evitar esta doble discriminación que aísla las personas de más 50 años de la sociedad y que puede llegar a conducirlas a la pobreza.

  6. Abordar las desigualdades de longevidad, incluyendo diferencias de género, raza y clase. Las pensiones no se distribuyen equitativamente, las mujeres reciben, de media, un 26% menos de pensión por jubilación que los hombres. Dentro de un mismo país, hay situaciones de desigualdad en la esperanza de vida en función al nivel de ingresos de los ciudadanos, o su etnia.

    La defensa de la igualdad salarial y de pensiones, así como el apoyo a los cuidadores informales, son algunos de los elementos cruciales para garantizar que la seguridad financiera y los beneficios de la longevidad puedan ser más accesibles para todos.

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El producte interior brut (PIB) és la mètrica principal que es far servir per mesurar el rendiment econòmic d’un país. No obstant això, aquest indicador presenta limitacions significatives i sovint no reflecteix el benestar real de les persones. Per analitzar l’economia en termes de benestar econòmic i social efectiu, diversos organismes han proposat algunes alternatives que poden ajudar a guiar les polítiques públiques cap a unes economies més sostenibles i que ofereixin una millor qualitat de vida.

 

El PIB representa el valor total de tots els béns i serveis produïts en un país durant un període de temps determinat i es va establir com el mètode principal per mesurar l’èxit econòmic d’un país a partir de la dècada del 1950. Generalment, es calcula trimestralment, però la dada que s’utilitza per mesurar la mida d’una economia i fer comparacions entre països és el PIB anual. 

Hi ha diverses maneres de calcular el PIB, però el mètode més utilitzat pels bancs centrals i instituts nacionals d’estadística mesura tres components principals: consum, inversió i despesa governamental, més la diferència entre exportacions i importacions. Això és útil per obtenir una visió general de l’activitat econòmica, però també té algunes limitacions importants.

Per una banda, no mostra com està distribuïda la riquesa dins d’un país ni té en compte el benestar social. Per tant, no reflecteix la desigualtat que pot ser causada per una riquesa concentrada en un petit percentatge de la població i no pren en consideració factors com la salut, l’educació, la seguretat o la qualitat de vida de la població.

Per l’altra, no contempla la sostenibilitat ni l’impacte negatiu en el medi ambient d’algunes activitats econòmiques. Així mateix, tampoc comptabilitza l’economia submergida ni el treball domèstic no remunerat que representen una gran part de l’activitat econòmica de molts països.

Per abordar aquestes limitacions, s’han desenvolupat diverses alternatives que van més enllà del paradigma econòmic dominant amb l’objectiu d’analitzar l’economia i presentar una imatge més real en termes del benestar econòmic i social del conjunt de la població.

 

Mesurant una economia més humana

Diversos organismes locals i internacionals defensen que és necessari adoptar una actitud reflexiva en vers les normatives que determinen els models i indicadors usats per analitzar el creixement econòmic i així millorar la fiabilitat de la informació que es fa servir en la presa de decisions. Amb aquest objectiu, han sorgit diverses propostes alternatives per a mesurar la qualitat de vida, com són:

  • Índex de Desenvolupament Humà (IDH). Creat per les Nacions Unides, combina indicadors de tipus econòmic, com per exemple els ingressos per càpita ajustats per la paritat de poder adquisitiu, amb altres variables de salut com poden ser l’esperança de vida i l’educació. D’aquesta manera s’ofereix una visió més holística del desenvolupament humà que facilita l’anàlisi de les diferències en la qualitat de vida entre països.
  • Índex de Progrés Genuí (IPG). De la mateixa manera que l’IDH, té en compte factors com la distribució de la riquesa, la degradació ambiental i el treball no remunerat, però comptabilitza a la baixa els costos derivats de la degradació ambiental i la pèrdua de recursos naturals, les desigualtats de renda, el deute extern i la delinqüència.
  • Índex de Benestar Econòmic Sostenible (IBES). Similar a l’IPG, l’índex de benestar econòmic sostenible valora el treball domèstic no remunerat i té en compte la degradació ambiental, la desigualtat de renda i les despeses relacionades amb el crim i l’atur per comptabilitzar factors que no es mesuren en el PIB. 
  • Índex de Felicitat Nacional Bruta (FNB). Desenvolupat a Bhutan, l’índex FNB posa l’èmfasi en la importància del benestar emocional i social. Es basa en nou factors per mesurar la prosperitat de la població: benestar psicològic, salut, educació, ús del temps, diversitat cultural, bon govern, vitalitat comunitària, ecologia i nivell de vida. 

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Brussel·les proposa els pilars legals per garantir l’acceptació de l’euro digital i la seva coexistència amb els diners en efectiu. Els bancs comercials seran els encarregats de distribuir i limitar les quantitats d’aquesta divisa digital. Però respectaran la privacitat i l’anonimat dels ciutadans?

 

La Comissió Europea i el Banc Central Europeu han presentat un paquet de propostes legislatives per convèncer al Parlament Europeu i al Consell de la UE de donar suport al llançament de l’euro digital. Les autoritats europees justifiquen la necessitat d’una CBDC  perquè cada vegada hi ha més ciutadans -un 55% segons les seves enquestes- que prefereixen pagar a través de mètodes electrònics.

Es tracta d’un conjunt de mesures que busquen oferir un mètode de pagament alternatiu i complementari als diners en efectiu per als ciutadans i les empreses. El Banc Central Europeu decidiria qui podrà fer servir l’euro digital, com es farà servir internacionalment, i els bancs comercials s’encarregarien de distribuir i limitar les quantitats d’aquesta nova divisa digital. 

Per una banda, es vol garantir que els euros en efectiu continuïn sent accessibles i àmpliament acceptats per totes les persones i negocis de tota la zona euro i, per l’altra, s’estableix el marc legal per a un possible euro digital com a complement dels bitllets i monedes en euros, que serà d’acceptació obligatòria en els comerços de l’eurozona, “excepte entre comerciants molt petits que optin per no acceptar pagaments digitals”.

 

Tranquil·litzar als bancs i als ciutadans

 

Segons les autoritats europees, les propostes presentades permetrien als ciutadans emmagatzemar fins a 3.000 euros digitals en moneders segurs que garantiran la privacitat. «Tenir un moneder digital en euros recarregat en el telèfon -o un altre dispositiu- serà el mateix que tenir monedes i bitllets en la butxaca. Podràs pagar amb la mateixa facilitat. Ni tan sols serà necessari tenir connexió a Internet«, apuntava durant la roda de premsa Valdis Dombrovskis, vicepresident executiu de la Comissió, però afegia que “la quantitat estaria subjecta a un límit màxim com a manera de protegir l’estabilitat financera i evitar sortides substancials de diners dels bancs».

En aquest context, la protecció de la privacitat és una de les qüestions que més preocupen a l’Eurocambra, a les associacions de consumidors i als ciutadans que van deixar comentaris durant el període de consulta pública del projecte. El vicepresident de la Comissió afirma que no hem de patir per la nostra privacitat i protecció de dades que “les dades personals estarien totalment protegides. Els bancs, ni tan sols el BCE, no veurien ni podrien rastrejar les dades o detalls personals de la gent. Els pagaments sense connexió oferirien un nivell de privacitat similar al que ofereix avui els diners en efectiu».

Això, però, és un punt contenciós entre els proponents i crítics d’aquestes mesures legislatives. Mentre que possibilitar pagaments fora de línia per a petits imports, en els quals no quedin registrats les dades del pagador i el beneficiari, pot garantir un cert nivell de privacitat, la tecnologia permet reconstruir aquestes transaccions si les autoritats pertinents ho requereixen

De la mateixa manera, no es pot garantir l’anonimat que ofereixen les transaccions en efectiu. Com admetia Christine Lagarde, presidenta del Banc Central Europeu, «L’anonimat total -com el que ofereix els diners en efectiu- no sembla una opció viable. Contravindria altres objectius de política pública, com garantir el compliment de les normes contra el blanqueig de capitals i lluitar contra el finançament del terrorisme. I també faria pràcticament impossible limitar l’ús de l’euro digital com a vehicle d’inversió».

 

Centralització vs. descentralització

 

Tot i que l’euro digital podria ajudar a reduir l’economia submergida i el risc de frau gràcies a la completa traçabilitat sobre la major part de les transaccions, els governs tindrien un control sobre els nostres diners sense precedents. La qual cosa els permetria saber exactament com els gastem i els atorgaria la capacitat de parar pagaments o confiscar-los, com va passar amb les protestes dels camioners contra el govern canadenc. 

En aquest context, les criptomonedes ofereixen una alternativa a la banca centralitzada controlada per l’Estat, democratitzant la creació de moneda mentre dilueixen el monopoli bancari tradicional. A més, en termes pràctics, la introducció de les CBDC no acaba de ser entesa del tot per una ciutadania que, de fet, ja fa transaccions digitals bancàries i en el comerç diàriament a través dels mètodes de pagament existents.

I és precisament en aquest punt, on la suposada necessitat d’introduir un nou mètode de pagament, o encara més important, on els conceptes de privacitat, anonimat i llibertat que ara tenim amb els diners físics i les criptodivises poden ser decisius en determinar si la proposta d’un euro digital no és res més que una solució a la recerca d’un problema -almenys pel que pertoca als interessos dels ciutadans- que està destinada al fracàs a no ser que sigui imposada per la força.

 

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En los primeros dos meses del año, las familias retiraron 18.000 millones en depósitos de los bancos españoles buscando una mejor rentabilidad por su dinero. Todo y la subida de los tipos de interés del BCE, los clientes de la gran banca reciben con cuentagotas la mejora de la remuneración del ahorro.

 

Según datos publicados por el Banco Central Europeo (BCE), de los 19 países de la zona euro, los bancos de España y Chipre fueron los únicos que empezaron el año reduciendo la remuneración que pagan por los depósitos a sus clientes particulares. Mientras que en el conjunto de la eurozona los bancos subían los tipos de los nuevos depósitos hasta una media de un 1,65%, la banca española pasaba de una remuneración del 0,64% el diciembre del 2022 a un 0,59% el enero de este año.

La reacción no se hizo esperar, las familias españolas hicieron frente en la subida de precios y a la baja rentabilidad de los depósitos retirando 13.000 millones de los bancos en enero, y 5.000 millones más en febrero. El saldo se quedaba en 986.200 millones, con una reducción de un 1,8% en los dos primeros meses del año. El subsecuente descalabro bursátil de la banca española provocado por la quiebra del Silicon Valley Bank y el colapso de Credit Suisse no ha hecho más que agraviar la pérdida de confianza en la liquidez de la banca tradicional y su capacidad para rentabilizar el dinero de la ciudadanía.

 

La tímida reacción de la banca española

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, animaba a los clientes de los bancos a acudir a sus entidades para reclamar un aumento de los intereses: “Los clientes bancarios tienen que tener esta conversación con los banqueros y los banqueros tienen que ser sensatos si quieren mantener sus clientes.”

Pues parece que después de las conversaciones, a pesar de que hay algunos bancos que han reaccionado de manera discreta y con campañas puntuales para mejorar la rentabilidad de los depósitos y evitar la fuga de clientes, estos depósitos siguen sin ofrecer rentabilidades superiores a las de las Letras del Tesoro u otros productos.

De hecho, a pesar de que el BCE no afloja y de que la subida de los tipos de interés ya está en el 3,5% en la zona euro, la remuneración mediana de los nuevos depósitos de la banca española todavía se mantiene lejos de los tipos ofrecidos por otros países europeos. Y es probable que esta situación se mantenga así en un futuro próximo, puesto que según cálculos elaborados por fuentes financieras de elEconomista, la banca española solo podría llegar a pagar por sus depósitos un máximo del 1,15% en los próximos doce meses sin dejar de ser rentable.

 

Los hogares diversifican los ahorros

Todo y la reapertura gradual de la economía, el encarecimiento del coste de la vida ha hecho evaporar una buena parte del colchón de ahorro acumulado por las familias durante la crisis sanitaria. A este contexto de precariedad se le suma la poca rentabilidad que los bancos ofrecen por los depósitos, por lo tanto, no es nada sorprendente que la gente busque productos de inversión más rentables o alternativas que permitan proteger sus ahorros ante la presión inflacionaria.

El stock de activos financieros de los hogares se ha visto reducido en 53.431 millones de euros, o un -2%, una caída que no se había visto desde principios de 2020. Aun así, la compra de valores seguros como los metales preciosos, concretamente el oro, sigue en pleno auge. Y es que en este contexto, la compra de oro ya no se ve solo como una inversión o un instrumento de especulación, sino como una de las pocas opciones que tiene la gente para salvaguardar su dinero.

Así mismo, frente a unas previsiones de crecimiento económico deprimentes, la raquítica rentabilidad de los depósitos y la posibilidad de una nueva crisis bancaria, productos que aseguren el poder adquisitivo a corto plazo de los inversores con el objetivo de conseguir unas ganancias muy por encima de la inflación media en España, parecen cada vez más atractivos.

 

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La demanda de oro alcanzaba máximos históricos a lo largo del año pasado y no da señales de decaer en 2023. Las compras de oro por parte de los bancos centrales registran el mejor comienzo de año en más de una década.

 

La preocupación por el contagio de la crisis bancaria en los Estados Unidos, la volatilidad de los mercados financieros y la incertidumbre geopolítica han acentuado todavía más el interés por el oro, considerado como un valor seguro frente a cualquier incertidumbre económica. Una tendencia al alza reflejada por consumidores, inversores privados, gobiernos y bancos centrales.

Según los últimos datos publicados por el Consejo Mundial del Oro (WGC), en términos interanuales, los bancos centrales han registrado unas compras netas de 125 toneladas de oro a finales de febrero de este año. Se trata de una cifra que no se veía desde al menos el 2010 y que sigue la tendencia al alza experimentada durante el 2022, acabando el año con una cantidad récord de 1.136 toneladas de oro vendidas.

Por lo tanto, se confirma que el mercado del oro continúa recibiendo el apoyo de los bancos centrales de países que quieren diversificar sus reservas para blindar sus economías, lo cual hace prever que el precio del oro seguirá aumentando significativamente a lo largo de este año. El precio del oro ha subido un 9,2% en el primer trimestre del año, una revalorización que se ajusta a la previsión del Bank of America de un 10% de aumento del precio del oro para el cómputo del 2023.

Los grandes compradores de oro

El aumento de las compras de oro se ha visto impulsado en gran parte por la incesante demanda del banco central de China y el banco central turco, con 25 y 22 toneladas añadidas respectivamente el mes de febrero, para un total acumulado de 2,050 y 587 toneladas que representan el 3,7% y 33% de sus reservas internacionales.

Por otro lado, todo y la prohibición de vender oro ruso en los mercados occidentales, el Banco Central de Rusia sigue incrementando sus reservas de oro a un buen ritmo. Aunque no mujer datos concretos sobre su calendario de compras, ha publicado que a finales de febrero de 2023 tenía 2.330 toneladas en reservas de oro, 31 toneladas más que a finales de enero de 2022, representando el 24% de las reservas internacionales rusas.

Las compras de oro por parte de bancos centrales de países como Uzbekistán(8 t.), Singapur (7 t.) o India (3 t.) se añadían a la cifra de compras netas de febrero. El banco central de Kazajistán representaba la excepción, reduciendo sus reservas de oro en 13 toneladas hasta un total de 342 toneladas. Una desviación de la tendencia seguida por los otros bancos que no tiene por qué ser significativa, dado que los bancos centrales que adquieren oro de fuentes locales a menudo son vendedores frecuentes de oro.

Tanto si el oro se está acumulando como activo de reserva ante el aumento de hostilidades en la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, las sanciones contra Rusia o la inestabilidad del sector bancario occidental, el fuerte incremento en la compra no ha pasado desapercibido por los analistas geopolíticos. ¿Podría ser esta acumulación de oro una señal de un cambio en el sistema monetario internacional? ¿De un retorno al patrón oro? ¿De una nueva crisis global? Sea como sea, los bancos centrales tienen claro que cuando las cosas van mal, no hay nada tan seguro como el oro.

 

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 Las guerras modernas rara vez se explican solo por disputas territoriales o ideológicas. Si observamos con perspectiva el mapa de los conflictos actuales —Ucrania, Oriente Medio, Venezuela o incluso el creciente interés por el Ártico— aparece un patrón recurrente: energía, recursos naturales y poder monetario. 

 

En un sistema económico global dominado por el dólar y por el comercio de hidrocarburos, el control del petróleo y el gas sigue siendo determinante. Pero en los últimos años se ha añadido un nuevo factor: la competencia por los recursos tangibles, como el oro, los minerales estratégicos o incluso los alimentos. En este contexto, la geopolítica y la economía vuelven a caminar de la mano.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Woods situaron el dólar en el centro del sistema monetario internacional. Inicialmente, la moneda norteamericana estaba vinculada al oro, pero este sistema se rompió en 1971 cuando Estados Unidos suspendió la convertibilidad del dólar en metal precioso.

A partir de ese momento, el sistema monetario global se reorganizó en torno a otro elemento fundamental: el petróleoCon el nacimiento del sistema del petrodólar, el comercio internacional de hidrocarburos empezó a denominarse mayoritariamente en dólares. Esto significaba que cualquier país que quisiera comprar petróleo debía disponer de reservas en esta moneda.

Este mecanismo generó una demanda estructural de dólares en todo el planeta y consolidó la hegemonía financiera de Estados Unidos. El sistema permitía a Washington financiar grandes déficits y deuda pública, mientras el mundo continuaba utilizando su moneda para comprar energía. En este sentido, la energía se convirtió en uno de los pilares invisibles del poder monetario global.

La desdolarización: una amenaza emergente

Durante décadas este sistema funcionó con relativa estabilidad, pero en los últimos años han aparecido movimientos que cuestionan esta arquitectura financiera. Países como China, Rusia o India han empezado a impulsar acuerdos comerciales bilaterales que reducen la dependencia del dólar. Este proceso, conocido como desdolarización, busca crear un sistema económico más multipolar.

Las sanciones económicas impulsadas por Estados Unidos también han acelerado esta tendencia. Cuando un país puede ser expulsado del sistema financiero internacional o bloqueado del sistema SWIFT, muchos gobiernos empiezan a buscar alternativas para proteger su soberanía económica.

En este contexto, el control de la energía se vuelve aún más relevante. Si el petróleo o el gas comenzaran a comercializarse masivamente en otras divisas, el papel dominante del dólar podría verse erosionado.

Ucrania: energía y geopolítica en Europa

La guerra de Ucrania ha evidenciado hasta qué punto la energía sigue siendo un elemento central de la política internacional.

Antes del conflicto, Europa dependía en gran medida del gas ruso para alimentar su industria y garantizar el suministro energético. La invasión rusa y las sanciones occidentales rompieron este equilibrio y provocaron una reconfiguración profunda de los flujos energéticos globales.

Europa ha intentado sustituir el gas ruso por gas natural licuado procedente de Estados Unidos, Qatar u otros productores. Este cambio ha tenido consecuencias económicas importantes, con un notable aumento de los costes energéticos para la industria europea. La guerra de Ucrania es, por tanto, mucho más que un conflicto territorial: es también un episodio clave en la reorganización del mapa energético mundial.

Oriente Medio: el centro energético del planeta

El Próximo Oriente sigue siendo una de las regiones más sensibles del mundo por una razón evidente: concentra una parte muy significativa de las reservas mundiales de petróleo y gas, lo que lo convierte en un epicentro energético global y en un territorio clave para los equilibrios económicos internacionales.

Cualquier escalada militar en la región —ya sea entre Israel y Palestina, con Irán o en el Líbano— tiene un impacto inmediato sobre los mercados energéticos globales, tensionando los precios y generando incertidumbre en las economías dependientes de los hidrocarburos.

En este contexto, lejos del relato mediático centrado en el conflicto político y humanitario gazatí, emerge un factor estructural a menudo silenciado: los importantes yacimientos de gas natural descubiertos frente a la costa de Gaza. Esta bolsa energética, conocida desde hace décadas, podría alterar el equilibrio energético de la región y reducir dependencias externas. El control de estos recursos no es solo una cuestión económica, sino una pieza clave en la disputa geopolítica por el dominio energético del Mediterráneo oriental. Así, el conflicto adquiere una dimensión estratégica que va mucho más allá de las fronteras y las identidades nacionales.

Además, puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz o el canal de Suez son esenciales para el transporte de petróleo y gas hacia Europa y Asia, consolidándose como auténticos cuellos de botella del comercio energético mundial. El control de estas rutas comerciales es, por tanto, un elemento central de la geopolítica internacional y una fuente constante de tensión entre potencias.

 

Venezuela: petróleo, sanciones y poder

Otro ejemplo claro es Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo del mundo, con cerca de 300.000 millones de barriles certificados. Esta abundancia energética, lejos de garantizar estabilidad, ha convertido al país en un actor central dentro del tablero geopolítico global, a menudo sometido a presiones externas y a una fuerte dependencia de su propio modelo extractivo.

Durante las últimas décadas, el país sudamericano ha sido objeto de sanciones económicas y tensiones geopolíticas que han afectado profundamente a su industria petrolera, limitando inversiones, deteriorando infraestructuras y reduciendo la producción. El control de la producción energética venezolana y el acceso a sus recursos siguen siendo factores determinantes en las relaciones entre Caracas, Washington y otros actores internacionales, evidenciando hasta qué punto la energía es una herramienta de poder global.

 

El retorno de los activos tangibles

Sin embargo, la geopolítica actual ya no gira exclusivamente en torno al petróleo. Durante décadas, la economía global ha funcionado sobre una arquitectura financiera basada en la deuda, los mercados financieros y la confianza en las monedas fiduciarias, un sistema sostenido más por expectativas que por valor real. Pero en los últimos años se ha iniciado un giro progresivo que cuestiona este modelo.

Este cambio apunta hacia la recuperación del valor de los activos tangibles, es decir, aquellos recursos físicos con valor intrínseco que no dependen únicamente de la confianza del mercado. Hablamos de energía, metales preciosos, minerales estratégicos o alimentos: elementos esenciales para el funcionamiento de la economía real y cada vez más determinantes en un contexto de tensiones geopolíticas y escasez de recursos.

Entre estos activos destaca el oro, que durante milenios ha sido una reserva de valor universal y que sigue desempeñando un papel clave en el sistema monetario global. A pesar del fin del patrón oro, los bancos centrales continúan acumulando este metal como activo estratégico para reforzar sus reservas, especialmente en los países emergentes, que buscan reducir su dependencia del dólar y ganar soberanía financiera en un mundo cada vez más incierto.

Pero el oro no es el único recurso crítico. La guerra de Ucrania evidenció hasta qué punto los alimentos y los fertilizantes son piezas clave para la estabilidad global, convirtiéndose en una nueva arma geopolítica. Rusia y Ucrania, grandes exportadores de cereales, vieron cómo el conflicto interrumpía las cadenas de suministro y tensionaba los mercados alimentarios internacionales, provocando aumentos de precios y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de muchos países dependientes de estas importaciones.

 

Groenlandia y el Ártico: el futuro de los recursos

En este nuevo escenario geopolítico, territorios que hasta hace poco parecían periféricos han adquirido una importancia creciente. Groenlandia y el Ártico concentran reservas potenciales de petróleo, gas y minerales estratégicos, incluidas tierras raras indispensables para la industria tecnológica y para la transición energética, lo que los sitúa en el centro de las nuevas dinámicas de poder global.

Además, el deshielo progresivo del Ártico está abriendo nuevas rutas comerciales que podrían transformar profundamente el comercio marítimo mundial, reduciendo distancias entre continentes y alterando los flujos logísticos tradicionales. No es casualidad que potencias como Estados Unidos, Rusia o China hayan intensificado su interés por esta región, conscientes de que el control de los recursos y de las nuevas rutas será clave en la economía del futuro.

Un mundo que vuelve a los recursos reales

La geopolítica del siglo XXI parece avanzar hacia un modelo en el que los recursos físicos vuelven a ocupar un lugar central. Energía, metales, minerales estratégicos y alimentos se están convirtiendo en pilares fundamentales de la seguridad económica de los estados, en un contexto marcado por la incertidumbre y la creciente competencia global. Cada vez más, el poder no se mide solo en términos de capital financiero o divisas, sino en la capacidad de controlar los recursos que sostienen la economía real.

En este escenario, muchos analistas apuntan a un cambio de paradigma: el paso de una economía dominada por el capital financiero hacia otra más vinculada a los activos tangibles. Las guerras modernas raramente tienen una sola causa, pero si superponemos el mapa de los conflictos actuales con el de los recursos energéticos y minerales del planeta, las coincidencias son demasiado evidentes para ser casuales. Energía, dólar y recursos naturales forman parte de una misma ecuación de poder que define las relaciones internacionales.

Entender esta relación es clave para interpretar la geopolítica actual y anticipar los movimientos de los estados en un mundo cada vez más tenso. En un contexto de tensiones geopolíticas, inflación persistente y transformación del sistema monetario internacional, comprender el papel de los recursos estratégicos es más importante que nunca.

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