SWIFT: uso y abuso de una combinación alfanumérica
El conflicto en Ucrania es el último ejemplo que ha puesto de manifiesto la creciente importancia de las sanciones económicas como instrumentos de coacción en las relaciones geopolíticas internacionales. Analizamos como el SWIFT, un protocolo de comunicación entre bancos, se ha convertido en una arma estratégica de Occidente.
El origen de las telecomunicaciones entre las redes bancarias globales se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el recientemente desarrollado telégrafo eléctrico permitió unas comunicaciones más ágiles entre mercados bursátiles. El telégrafo establecía un sistema de negociación continuo, de casi tiempo real, que reducía las diferencias entre los precios de los valores de mercados separados por grandes distancias geográficas.
El año 1872, la Western Union usó su red telegráfica existente para lanzar el primer servicio de transferencias electrónicas que fue ampliamente utilizado. Un remitente pagaba dinero a una oficina telegráfica, y el operador transmitía un mensaje para permitir la transferencia de dinero a otra oficina, que mediante contraseñas y libros de códigos era verificada para que los fondos fueran librados a un destinatario.
A principios del siglo XX el telégrafo fue lentamente sustituido por las máquinas de teletipo o télex, un sistema desarrollado por Alemania que aprovechaba las líneas telegráficas y permitía a los usuarios escribir un mensaje en algún lugar e imprimirlo en el otro lado del mundo. A pesar de que el télex proporcionó al sector bancario una plataforma básica para los negocios, y un medio operativo a través del cual podían empezar a expandirse, la necesidad de asegurarse que los mensajes fueran seguros y precisos añadía mucha complejidad al sistema, que pronto se vio incapaz de asumir la presión de un mundo financiero cada vez más globalizado.
A medida que el incremento de transacciones hizo evidente que los límites de este sistema de comunicación suponían una restricción para la expansión del negocio bancario, los bancos, especialmente los europeos, decidieron explorar otras opciones. Una decisión espoleada por un subsidiario del banco americano, el First National City Bank (FNCB), que quería obligar los otros bancos a usar su sistema de télex patentado. Un ultimátum que horrorizó los bancos europeos, que veían como se pasaba de un sistema basado en la cooperación entre rivales a un monopolio a manos del socio americano.
Los bancos de 15 países crearon una empresa privada, SWIFT, las siglas en inglés de Society for Worldwide Interbank Telecommunication o Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales, con sede en Bruselas, y dirigida como una empresa cooperativa global. SWIFT simplificó los procedimientos y minimizó los errores usando un formato estandarizado de mensajería que fue adoptado globalmente.
Redes de comunicación y la coerción estatal
El tira y afloja entre el nuevo y viejo continente por el control de un sistema global de comunicaciones interbancarias puso de manifiesto un fenómeno que ya se había visto con la aparición del telégrafo durante la época colonial. Mientras que estos sistemas de comunicación no se crearon pensando en la geopolítica, era inevitable que los grandes actores de la economía global los utilizaran como herramientas para controlar, espiar y castigar otros estados que compiten por los mismos intereses.
Un hecho que no deja de ser irónico en el caso de SWIFT, creado por Europa para mantener su soberanía respecto de los Estados Unidos, pero que finalmente ha estado incapaz de resistirse a obedecer las órdenes de Washington, incluso cuando van en contra de intereses europeos, como pasó cuando el presidente Donald Trump abandonó unilateralmente el acuerdo nuclear con Irán.
Los politólogos Henry Farrell i Abraham Newman lo definen como interdependencia armada, “weaponized interdependence”. En cuanto al SWIFT, explican: “En este mundo, las redes que permiten la interdependencia global ya no sirven como medios neutrales de transmisión de información o dinero. Por el contrario, se están convirtiendo en las herramientas de proyección de poder de los grandes estados”.
El uso de sanciones por parte del gobierno americano, contra enemigos y aliados, puramente por intereses económicos y geopolíticos, no empezó con la administración del presidente Donald Trump, pero es cierto que Trump hizo una expansión sin precedentes de las medidas económicas punitivas para promover la agenda de su administración. Un abuso de una posición de privilegio que inicialmente da buenos resultados, pero que es contraproducente a largo plazo cuando otros estados cuestionan las alianzas con los Estados Unidos, y buscan alternativas a las herramientas monetarias ligadas al poder hegemónico de este país.
Sistemas alternativos y las criptomonedas
Las últimas sanciones económicas a Rusia, y la exclusión de algunos de sus bancos del sistema SWIFT, siguen la misma tendencia de los últimos años, y no hacen más que consolidar los esfuerzos por parte de China, Rusia, e incluso la Unión Europea, para buscar sistemas alternativos que puedan blindar sus economías. Un nuevo golpe al sistema que podría desencadenar una reacción de cambio en cadena.
El 2017, Rusia puso en funcionamiento el Financial Messaging System of the Bank of Russia (SPFS), equivalente al SWIFT, y el 2015, China lanzó un sistema parecido llamado The Cross-Border Interbank Payment System (CIPS). Dos sistemas alternativos que todavía quedan lejos de poder sustituir totalmente al SWIFT, pero que cuando menos ayudan a reducir la efectividad de las posibles sanciones impuestas a bancos de estos dos países para dejarlos fuera del protocolo de comunicación interbancaria establecido por los bancos occidentales.
Por otro lado, la revolución de las criptomonedas basadas en las cadenas de bloques son otra herramienta que países como Corea del Norte e Irán ya han utilizado para eludir sanciones económicas, y la exclusión de sus bancos del ecosistema del SWIFT. El rublo digital es solo una de las varias herramientas digitales mediante las cuales el gobierno ruso puede impulsar el comercio bilateral con países aliados, tal como ya ha hecho China con el yuan digital.
No obstante, es indudable que el uso de sanciones económicas tendrán un impacto significativo en la economía de Rusia, y en menor medida en la de la Unión Europea. Aun así, también es evidente que el abuso de esta herramienta de persuasión o castigo está reduciendo su efectividad y promoviendo la creación de sistemas alternativos, que en última instancia son inevitables en un escenario geopolítico global multipolar, que ya no se conforma en estar sometido a las imposiciones e intereses de un solo país.
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L’economia ha estat una de les grans protagonistes de la relació entre Catalunya i Espanya. Tot realitzant un exercici de síntesi, recollim nou d’aquests moments claus de la nostra història. Potser no són els més coneguts, però, sens dubte, sí que són els que han marcat un abans i un després. Un rere l’altre, ofereixen una cronologia dels encontres i desencontres.
“Mentre Espanya no comprengui el fet català,
Espanya estarà sotmesa a tots els infortunis.”
Américo Castro, 1924
1479. La construcció d’un Estat dinàstic
Després de la Guerra Civil castellana, els dos regnes més extensos de la península Ibèrica (Castella i la Confederació Catalana) van crear plegats una nova entitat política coneguda amb el nom de Monarquia Hispànica. Aquest Estat dinàstic es va configurar a partir de la unió de només dos elements clau: l’exèrcit i la política exterior. Per a la resta d’elements que configuren un Estat modern, com ara fronteres, monedes, lleis i institucions, van romandre totalment separats. Així, pel que fa a la configuració i repartiment del poder, cal tenir present que, mentre Castella s’articulava segons l’autoritat de la reina (Isabel), sempre per sobre de la noblesa i l’església, en canvi, la Confederació Catalana es va organitzar al voltant de la Constitució de l’Observança, que obligava el rei (Ferran) a governar i pactar d’acord amb les lleis del Principat. Vet aquí una primera diferència en el sistema d’organització polític i econòmic entre Espanya i Catalunya.
1556. La deriva de la història
A la mort de la reina castellana (Isabel), l’Estat dinàstic peninsular va estar a punt de desfer-se. Després de vicissituds familiars, el tron l’acabarà ocupant el net, per incapacitat de la filla (Joana) i per la mort del gendre (Felip). D’aquesta manera, la unió dinàstica entre els dos regnes va quedar confirmada definitivament en les persones de Carles (futur emperador) i els seus successors. Durant anys, l’emperador Carles va buscar consolidar la idea d’una monarquia universal que fos políglota i oberta per a tot el territori de l’imperi dels Habsburg. La política de l’emperador va anar encaminada a canviar el rumb de la història europea. De res li va servir creure que era possible la convivència entre els drets de les ciutats i els de les regions amb l’estructura imperial, atès que la idea de l’Estat Nació s’estava imposant, empesa en gran part per la Reforma. Tampoc no va aconseguir mai crear les complicitats necessàries entre castellans i catalans per forjar un país comú.
1585. La perversitat del sistema
La tardor de 1585, el rei Felip II de Castella va presidir la celebració de les Corts Generals de la Confederació Catalana a Montsó. Seguint la tradició instaurada pel seu pare (Carles), Felip II reconeixia així la dualitat de poder en el territori peninsular que conformaven les corones de Castella i Catalunya. El sistema parlamentari sempre comporta tensions —perquè el debat ho té—, però semblava que s’arribaria a un acord. El problema va sorgir quan els oficials reials van intentar boicotejar descaradament les resolucions de les Corts. I encara és més pervers quan la Monarquia —de manera unilateral— decideix manipular i tornar a redactar els acords presos per les Corts Catalanes per afavorir els seus interessos. Entre les alteracions més destacades i que van afectar de ple tota la Confederació Catalana, hi havia aquelles relatives al control del comerç, a l’augment de la despesa de la Reial Audiència en territori de la confederació i que van diluir el control que la Diputació del General (la Generalitat) pogués tenir sobre el Sant Ofici (la Inquisició), el braç repressor de la monarquia.
1626. Cap a una unitat centralitzada única
El març del 1626, Barcelona rep el rei de Castella, Felip IV, que havia arribat a la ciutat per jurar les Constitucions catalanes. El motiu no fou altre que poder desencallar l’ambiciós pla del ministre del rei, el comte duc d’Olivares. El projecte, conegut com la «Unión de Armas», pretenia que cada regne que formava part de Castella —o sigui, principalment la Confederació Catalana— aportés un nombre determinat de diners i soldats. Però el que no van calibrar bé les oligarquies castellanes va ser que si Felip IV jurava les Constitucions catalanes, certament se li atorgava automàticament el títol de comte de Barcelona, cosa que l’obligava a fiscalitzar els seus recursos. Per tant, els catalans estaven més interessats que s’aprovessin les seves propostes de noves Constitucions catalanes i que s’atenguessin els greuges, que no pas a participar en guerres absurdes. Curiosament, dues dècades més tard, el territori nord-català serà extirpat del cos principal de manera deshonesta. I no serà fins quaranta anys més tard que Castella notificarà oficialment a la Generalitat la pèrdua del territori nord-català.
1760. Les regles del joc canvien
Des de feia unes dècades, una nova família d’origen francès ostentava el tron de Castella, els Borbons. Enrere havia quedat la disputa oberta sobre aquell ascens, fins al punt que s’havia hagut de dirimir en el camp de batalla. Passades quatre dècades del Decret de Nova Planta, el rei Carles III va convocar les Corts generals a Madrid. En aquell nou paradigma polític sorgit del camp de batalla, els representants dels antics territoris de la Confederació Catalana —format per Catalunya, Aragó, València i Mallorca— van presentar plegats un memorial que contenia una crítica frontal al sistema borbònic vigent. Simplificant molt, el document conegut com el “Memorial de Greuges” defensava que el nou Estat havia de vetllar per la pluralitat territorial i havia d’allunyar-se d’estructures centralistes i unificadores.
1810. La construcció d’una nova realitat política
En un context de guerra europea, arribaren fins a Cadis més de 240 diputats d’arreu del territori convençuts que anaven a fer història, atès que s’anava a redactar una moderna Constitució. El rei Carles IV d’Espanya havia estat deposat per absolutista, després de l’ocupació francesa del territori peninsular. A les Corts de Cadis es va establir que el poder residia en el conjunt dels ciutadans, representats a les Corts. Però Cadis també va suposar —per primera vegada— l’oportunitat real per la qual els polítics catalans van ser cridats a participar activament en el nou sistema polític espanyol que s’estava creant. En aquell revolucionari context, la delegació catalana va defensar obertament la proposta de modernitzar Espanya d’acord amb el projecte austriacista liquidat feia menys d’un segle. Per tant, calia fonamentar el desenvolupament econòmic i social d’acord amb la industrialització dels territoris. Però pel Tractat de Valençay es va restituir en el tron a Ferran VII com a monarca absolut, i va frustrar totes aquelles idees modernes sorgides de les Corts de Cadis i de la seva revolucionària Constitució, que havia sacsejat Espanya.
1870. La història sempre ofereix una segona oportunitat
Aquell estiu del 1870 a París, Maria Isabel Lluïsa de Borbó i Borbó-Dues Sicílies, reina d’Espanya, abdicà. Aquesta renúncia del poder —igual que l’emperador Carles— era la conseqüència d’un intens debat polític sobre com s’havia d’articular la modernitat d’Espanya. La disputa entre carlins i liberals s’havia dirimit en els camps de batalla durant les darreres tres dècades. Però durant les dècades següents l’atzucac continuaria. Espanya havia entrat en un laberint del qual trigarà cent anys a sortir. La modernitat va comportar una profunda transformació estructural, inclòs el repartiment del poder. La historiografia ha abordat aquest període des de la perspectiva de la primera crisi del capitalisme espanyol. Però, en realitat, a l’origen del problema econòmic de tot plegat hi ha la corrupció.
Polítics, militars i nobles van especular tant en les companyies ferroviàries com en la construcció, fins al punt que a finals de la dècada hi va haver un crac borsari de dimensions bíbliques. La Guerra Civil dels Estats Units va provocar un augment dels preus de la matèria primera —el cotó—, motor de la indústria tèxtil catalana, que —per manca de previsió de l’Estat— va provocar la ruïna de molts empresaris d’aquest sector. I un període perllongat de males collites va provocar un augment estrepitós del preu dels aliments bàsics, que va afectar negativament les classes més populars. En aquest context tan difícil i atès que l’Estat estava tan endeutat, es van aportar dues solucions: per una banda, augmentar la pressió fiscal sobre les classes populars i, per l’altra, embolicar-se en una aventura colonial com va ser la Guerra de les Illes Xinxa, davant les costes del Perú.
1931. La muntanya és un bon lloc per pensar
Aquella primavera del 1931, Espanya va optar per gestionar el poder seguint una fórmula fracassada en el passat. La corrupció havia esgotat el sistema de la Restauració borbònica i, per tant, calia buscar una nova relació amb el poder. La pregunta que es plantejava llavors —i encara avui— era si Espanya podia ser una federació de nacions. Calia provar-ho! En aquest context, s’instal·laren al Santuari de Núria els diputats del recentment creat Govern de la Generalitat de Catalunya, encarregats de redactar una proposta de relació entre Catalunya i Espanya. Tothom tenia la certesa d’estar davant d’un moment històric.
El resultat fou un text constitucional que responia a la voluntat de Catalunya i al seu legítim dret d’exercir l’autodeterminació. S’estava proposant una situació d’igualtat jurídica i política respecte als altres pobles de l’Estat. Es plantejava ampliar la mirada. Davant del text, l’Estat es va posar nerviós. Un any més tard, les Corts espanyoles van aprovar un Estatut que ja no tenia res a veure amb el que havia refrendat mesos enrere el poble de Catalunya. Es rebutjava la fórmula federal, es reduïen competències de la Generalitat i s’instaurava la cooficialitat del català i el castellà en un model bilingüe. Catalunya quedava reduïda a una “regió autònoma dins l’Estat espanyol”. Va ser aleshores quan a la llunyania començaren a sentir-se remors de sabres que obligaven Espanya a tornar al camp de batalla.
2004. Cap a un nou paradigma històric
Amb la ressaca dels esdeveniments de la darrera dècada del segle passat, tothom va creure que Espanya havia optat per reconèixer la seva diversitat. La llengua catalana era —fins i tot— parlada en els cercles més íntims de l’oligarquia castellana. En un clima de puixança econòmica, estabilitat social i de reconeixement mutu, Catalunya va creure que podia tornar a plantejar la seva relació amb Espanya. Era possible? L’escrupolositat de l’escomesa —igual que en el passat—, en l’elaboració d’un nou marc constitucional com fou el nou Estatut de Catalunya, va suposar un important esforç per trobar un punt d’encontre on hi fossin representades tots els espectres socials. La continuació és sabuda per tothom. L’1 d’octubre de 2017 és la constatació de la impossibilitat del diàleg i la necessitat de tornar a l’inici de tot: a molt abans de la Guerra Civil castellana de 1479.
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La hegemonía del dólar como moneda de referencia en el comercio global y como instrumento de liquidez monetaria ha aforado poder y privilegios en EE.UU. durante décadas, pero los últimos años se ha evidenciado un proceso por el que un número creciente de países están desvinculando sus economías de esta dependencia con el dólar. Analizamos los motivos que hay detrás de la desdolarización.
El pasado 15 de agosto se cumplieron 50 años desde que el presidente Richard Nixon reunió a su equipo a Camp David para anunciar que suspendía la convertibilidad del dólar con el oro. El principio del fin de los Acuerdos de Bretton Woods, hecho efectivo el año siguiente cuando Nixon la formalizó como una decisión permanente.
El dólar pasó de ser una moneda que basaba su valor en la existencia de una contrapartida en oro, a ser una moneda fiduciaria, dinero fiado, con un valor que deriva de la relación entre la oferta y la demanda y la estabilidad del gobierno emisor. Un valor que, a diferencia de la moneda garantizada, está basado en la fe de la gente en la moneda, y que corre el riesgo de perder este valor debido a la inflación, o incluso convertirse en inoperante en caso de hiperinflación.
Un nuevo marco monetario que sustituyó el valor intrínseco otorgado por la demanda de oro, principalmente del sector de la joyería, con la creación del sistema de petrodólar, ergo estableciendo el dólar como, de facto, moneda de transacción del petróleo, y forzando a cualquier país que quisiera comprar petróleo, a convertir su moneda en dólares. Un sistema que crea excedentes de dólares que deben ser reciclados, en gran parte, invirtiendo en la compra de bonos y letras del tesoro del gobierno estadounidense, y consecuentemente, creando una demanda de deuda del país emisor casi ilimitada, que permite a los Estados Unidos imprimir gran cantidad de dinero sin consecuencias. Lo que viene a ser una tarjeta black gubernamental.
Abusando de una posición de privilegio
Esta demanda del dólar otorga a los Estados Unidos la capacidad de asumir una deuda perpetua gracias a que los déficits de cuenta corriente no son un problema, debido a la facilidad para refinanciar con la seguridad de que los inversores seguirán comprando unos activos que se consideran seguros.
Sin embargo, el control que EE.UU. tiene del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), dos organismos nacidos del Acuerdo de Bretton Woods, así como de SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), sumado a la hegemonía del petrodólar, les confieren un poder de negociación, intimidación y castigo que es a menudo utilizado por intereses económicos propios y a expensas de los intereses de otros países.
La extensa aplicación de sanciones económicas por parte de administraciones americanas, especialmente bajo el mandato de Trump, no son solo contra países considerados enemigos de los intereses de EE.UU., sino también en países aliados que se niegan a obedecer las órdenes provenientes de Washington. Esto está provocando que muchos estados no solo cuestionen esta hegemonía, sino que tomen medidas para crear un sistema financiero multilateral para blindar sus economías.
Rusia y China se desmarcan del dólar
Durante la pasada década, Rusia y China han iniciado programas y firmado acuerdos de desdolarización para proteger y blindar sus economías ante las sanciones del gobierno de los EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el año 2020 menos de la mitad de las transacciones comerciales bilaterales entre estos dos países se hicieron con dólares, y este año Rusia ha anunciado que todos sus Fondos Nacionales de Inversión dejarán el dólar, por denominaciones en euro u oro.
No es de extrañar que otros países como Venezuela, Turquía, Pakistán o Irán también estén en proceso de desdolarización, pero quizás no era tan previsible que la Unión Europea firmara acuerdos comerciales similares y promoviera, como estos países, su propia moneda digital para diversificar sus opciones y disminuir el riesgo ante un posible cambio de paradigma.
El dólar no está en peligro de perder su estatus como divisa mundial, pero su supremacía como divisa comercial, y como herramienta de negociación, puede ser seriamente erosionada si Estados Unidos sigue abusando de su posición de poder.
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Sigui quin sigui el futur dels diners, sembla que les monedes digitals emeses pels bancs centrals no acaben d’arrencar. Tots els projectes pilot per implementar CBDC han fracassat o estan estancats. Els governs argumenten que són una eina per a fer la nostra vida més fàcil, mentre obvien esmentar que també augmenten la seva capacitat de rastrejar, controlar i castigar la ciutadania.
La tecnologia blockchain ha revolucionat la manera en què les persones interactuen amb els diners i els sistemes financers. Amb l’arribada de les criptomonedes s’han creat nous sistemes monetaris descentralitzats que no estan controlats per cap entitat governamental o financera.
Tot i la seva volatilitat, la popularitat de monedes digitals com el bitcoin suposen una amenaça pel sistema financer tradicional, un canvi de paradigma que fa trontollar la posició privilegiada dels governs a l’hora d’exercir control sobre la ciutadania a través de les finances.
Davant d’aquest escenari, els bancs centrals d’arreu del món han començat a explorar la possibilitat d’emetre monedes digitals recolzades pel govern, conegudes com a CBDC (Central Bank Digital Currency). Aquestes monedes serien emeses i regulades pel banc central d’un país, i el seu valor estaria lligat a la moneda del país, o dit d’altra manera, basat en la confiança en el govern que l’emet.
Es tracta d’un model similar a les stablecoins o monedes estables, un tipus de criptomoneda vinculada al valor d’una moneda fiduciària, com el dòlar estatunidenc. Això significa que el seu valor no fluctua tant com el d’altres criptomonedes, la qual cosa les fa més atractives per al seu ús en pagaments digitals. Però a diferència de les CBDC, les stablecoins estan descentralitzades, és a dir, no són monedes digitals emeses, regulades i controlades pels bancs centrals de cada país.
En defensa de les CBDC
Les monedes digitals emeses pels bancs centrals podrien millorar significativament l’eficiència i la seguretat de les transaccions financeres. Les transaccions amb CBDC serien instantànies i podrien reduir els costos de processament de pagaments per a empreses i consumidors, que ara mateix pertany al duopoli gairebé universal que tenen Visa i Mastercard. Així mateix, no és cap secret que el control d’aquestes multinacionals per part del govern dels Estats Units, suposa una amenaça per la sobirania de qualsevol país no-alineat amb els interessos geopolítics i econòmics del gegant americà.
Per altra banda, les CBDC podrien ajudar a reduir l’economia submergida, ja que serien més difícils d’amagar que els diners en efectiu i menys anònimes que les criptomonedes. Concretament, la completa traçabilitat sobre les transaccions financeres facilitaria l’establiment de mecanismes de control, la qual cosa disminuiria el risc de frau.
Addicionalment, fomentarien la inclusió financera, facilitant un accés fàcil i segur als diners a les poblacions sense accés bancari o amb accés limitat. A més, podrien ser una alternativa als diners en efectiu en situacions extremes, com ara catàstrofes en les quals no es tingui accés a l’efectiu i quan els mitjans de pagament tradicionals, com els TPV, no funcionin.
Una solució a un problema inexistent?
Algú podria pensar que, en termes pràctics, les monedes digitals estatals ja fa anys que existeixen, perquè, de fet, la majoria de països ja tenen versions digitals de la seva moneda que els ciutadans fan servir diàriament en les transaccions bancàries i el comerç. Per tant, quines motivacions que hi ha darrere de la pressa que tenen els bancs centrals per implantar una nou model de moneda digital pròpia?
A mesura que avancem cap a la total implementació dels diners digitals, la llibertat de fer el que vulguem amb els nostres diners, de manera anònima o sense el control de l’Estat, cada vegada és més limitada. En aquest context, les criptomonedes ofereixen una alternativa a l’statu quo, democratitzant la creació de moneda mentre dilueixen el monopoli bancari tradicional.
Això, evidentment, no agrada a tothom, especialment als estats i a les institucions financeres. Christine Lagarde, presidenta del Banc Central Europeu, deixava clar que no li agrada veure un nou període de «banca lliure» gràcies a les criptomonedes, i que les CBDC són necessàries per a mantenir el paper dels bancs centrals.
Un sistema monetari fàcilment controlable
I és precisament aquí on es concentren les crítiques a les CBDC, s’elimina la privacitat que ara tenim amb els diners físics i les criptodivises. Amb la implantació de les seves monedes digitals, els governs tindran un control sobre els nostres diners sense precedents, sabent exactament com els gastem i amb la capacitat de parar pagaments o confiscar-los.
Es tractaria d’un sistema monetari completament programable, per la qual cosa també pot parar pagaments a unes certes àrees o grups de persones. Serveixi d’exemple com va actuar el govern canadenc davant les protestes dels camioners durant el “comboi de la llibertat”, bloquejant els comptes corrent de més de 200 simpatitzants de les protestes.
Així mateix, es pot limitar el seu període de validesa, proporcionant un incentiu per al consum, en lloc d’estar limitat per un llindar zero en els tipus d’interès, els governs podrien imposar tipus negatius als comptes digitals per a controlar el creixement econòmic. Les possibilitats són infinites, especialment si s’asseguren que no hi ha una alternativa.
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La democràcia representativa és el sistema més estès als països capitalistes de lliure mercat. Com encaixa amb el concepte clàssic de democràcia? Com hauria de funcionar la democràcia directa?
Els partits polítics celebren congressos que la major part de la ciutadania, que no n’és militant, mira amb estranyesa. Allà es decideixen les línies i objectius d’aquell partit polític. A partir d’aleshores, aquells polítics intentaran servir els objectius que s’han marcat, sempre adaptant-se a la situació del moment i intentant, per damunt de tot, salvaguardar el partit.
Això passa amb tots els partits, siguin del color que siguin, i la bunquerització partidista sovint acaba diluint el mandat representatiu inicial d’aquells polítics. Perquè, la idea original de la democràcia actual era aquesta: una democràcia representativa en la qual els electors escullen uns polítics que han de representar els seus ideals (els dels electors). Sobre el paper té sentit, però la realitat és més complexa. Els representants formen en realitat part d’un engranatge ple d’interessos de lobbies i del mateix partit, fet que fa que l’ideal representatiu quedi cada vegada més lluny.
Històricament hi ha hagut altres formes de democràcia. La democràcia directa que s’aplicava a l’antiga Grècia i durant quatre segles a la República de Roma n’és la més coneguda, i permetia a la ciutadania proposar o revocar lleis. Actualment, el més similar a aquest model són els casos de Suïssa, Liechtenstein o alguns estats dels Estats Units com Califòrnia.
És possible, per tant, gestionar la cosa pública d’una altra manera? Es pot millorar o, com deia Churchill, ens hem de conformar amb el menys dolent dels sistemes possibles? Al capítol 9 d’El Diner, repassem el concepte clàssic de democràcia i les principals formes de govern, així com l’evolució històrica del model democràtic. Et convidem a recuperar-lo.
¿Cuáles son las funciones del Banco Central Europeo? ¿De qué herramientas dispone el organismo que dirige Christine Lagarde? ¿Cómo se organiza? Lara de Castro, HR Business Partner de 11Onze, ofrece todas las claves en un curso sobre una de las instituciones más importantes de la Unión Europea.
El Banco Central Europeo (BCE), que tiene su sede en la ciudad alemana de Frankfurt, es el responsable de la política monetaria de los países que forman la eurozona y tienen el euro como moneda única.
Como explica Lara de Castro, se constituyó unos meses antes de que 11 estados de la UE adoptaran el euro como moneda única el 1 de enero de 1999: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. Hasta hoy, la lista de países de la eurozona se ha ampliado hasta 19, con Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Grecia, Letonia, Lituania, Malta y Chipre.
El BCE y los bancos centrales nacionales de los estados miembros de la eurozona constituyen el Eurosistema. Este no se tiene que confundir con el sistema europeo de bancos centrales, que también integra a los bancos centrales de los países de la UE que no tienen el euro como moneda propia.
Además, hay territorios que usan el euro, pero, como puntualiza De Castro, no pertenecen a la eurozona y, por lo tanto, “no participan de ninguna forma de la política monetaria del BCE”. Es el caso de San Marino, Ciudad del Vaticano, Mónaco, Kosovo, Montenegro y Andorra, el único que “tiene euros con el texto en catalán”.
Como explica De Castro, la puesta en marcha del BCE “se pareció a la de una sociedad anónima” en el sentido que tiene acciones y capital social. De hecho, su capital social actual es de más de 10.800 millones de euros, que “están en manos de los bancos centrales de los estados miembros, que actúan como accionistas”. La asignación de capital inicial se basó en la población y el PIB de los estados fundadores, y ha sido modificada en seis ocasiones.
El pilar de la unión monetaria
“El objetivo primordial del BCE es el mantenimiento del valor del euro”, como indica Lara de Castro. Y con este objetivo intenta mantener estables los precios y que la inflación en el conjunto de la zona euro no supere el 2 % anual. En este sentido, es el responsable de fijar las grandes líneas de la política monetaria y ejecutarla.
Además, “es el banco superior en todos los bancos centrales y privados que operan en la zona euro” y, para garantizar que todo el sistema funcione, tiene el derecho exclusivo sobre la emisión de moneda y supervisa las reservas de los estados miembros y su estado financiero, explica la HP Business Partner de 11Onze. También puede adquirir deuda de los estados de la UE con el fin de impulsar la economía, como ha hecho de forma masiva durante los últimos años.
¿Cuáles son las herramientas de política monetaria que tiene a su alcance el Banco Central Europeo? Para empezar, están las operaciones de mercado abierto, que son de cuatro tipos y sirven para controlar el tipo de interés y gestionar la liquidez del mercado. Además, están las “facilidades permanentes”, disponibles para los bancos del Eurosistema tanto para créditos como para depósitos. Y también hay que mencionar lo que se conoce como “mantenimiento de unas reservas mínimas”, que obliga a los bancos privados de la zona euro a depositar una parte de los depósitos en el banco central de su país.
Tres grandes órganos de dirección
La estructura administrativa del BCE se articula en torno a tres grandes órganos: el Consejo de Gobierno, el Comité Ejecutivo y el Consejo General.
El poder de decisión en materia de política monetaria para la eurozona recae en el Consejo de Gobierno, integrado por seis miembros del comité ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales de los Estados de la eurozona. Su función es definir la política monetaria, “mediante la fijación de los tipos de interés al cual los bancos comerciales pueden obtener dinero del banco central”, como indica Lara de Castro.
El Comité Ejecutivo está formado por el presidente y el vicepresidente del BCE y otros cuatro miembros nombrados por el Consejo Europeo. Su función es aplicar la política monetaria definida por el Consejo de Gobierno y dar las instrucciones necesarias en los bancos centrales nacionales.
En cuanto al Consejo General, incluye al presidente y al vicepresidente del BCE, junto con los gobernadores de los bancos nacionales de los estados miembros de la Unión Europea. Como especifica De Castro, presta su apoyo en tareas de consulta y coordinación, y ayuda “en la preparación de la ampliación de la eurozona”.
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Quan som petits, reforçar allò que fem bé, es considera bàsic, i tots els pares i mares ho intentem fer amb els nostres fills. Però ens anem fent grans, i anem entrant en una societat i unes empreses on elogiar, de vegades, s’observa amb certa distància i suspicàcia. Per què hem creat aquest vincle malaltís entre l’elogi i la manca de sinceritat?
“– Què vol de mi, que m’afalaga tant? Segur que em vol demanar alguna cosa”. Sembla que hem creat un divorci entre dues paraules: elogi i sinceritat. Si et dic “cul d’olla” soc sincer, però si et comento que ho has fet molt bé, em mires amb cara de sospita. Mirat així, com podem girar la truita? Una veritat universal (o quasi universal, sempre hi ha gustos per tot), és que ens agrada que ens elogiïn. Una altra veritat universal és que ens agrada més la sinceritat que la hipocresia. Una altra constatació empírica és que l’elogi crea en la persona que el rep la sensació que tot pot anar millor. El fa creure en ell, el fa sentir optimista. Però, i pel que fa a les empreses? Es pot utilitzar de la mateixa manera?
L’elogi com a feina que fomenta la productivitat
M’agradaria centrar-me en certs estudis que han mostrat resultats contundents, trobant que l’elogi fa que el treballador estigui més content i sigui més productiu. Quina novetat! Això ja ho sabíem. El problema és veure perquè el vinculem amb la hipocresia. A conseqüència d’aquesta troballa organitzativa, algunes empreses aconsellen als directius dir als treballadors que són bons. Imaginem un cas en què després d’elogiar a tort i a dret a tothom, enviem a un cert grup de treballadors un fred e-mail, comunicant que els acomiadem. Com lliga això amb l’elogi anterior? És aquesta la manera d’acomiadar a qui valorem? Encara que reduir la plantilla es trobés justificat, algú valorat de debò, segurament mereix un altre tracte. Aquest treballador i els que es quedin, després d’aquesta experiència, es prendran els elogis de manera diferent. De fet, promoure receptes empresarials a curt termini, com ho és voler aconseguir que els treballadors estiguin contents i produeixin més, dient-los elogis, perquè sí, i no perquè se’ls mereixen, porta lligada la hipocresia. I reforça la idea que quan se’m diuen coses bones és perquè es vol quelcom de mi.
Més important que discutir les bonances de l’elogi “sí” o l’elogi “no”, seria bo entrar en un debat de productivitat a llarg termini: elogi com i elogi quan. Que les bones paraules proliferin tant se val si toca o no, agreuja el problema de què en general a qui les diu se’l veu com un hipòcrita. I ens allunya del benestar real que produeix rebre elogis. Només ens dispensa una minsa alegria a curt termini, però si arribat el moment, els fets ens fan notar que tot era fals, ens tornarem sarcàstics i malfiats d’aquelles bones paraules que tant necessitàvem.
Elogiar no és igual a “perdre autoritat”
Quan a algú li donen un càrrec de responsabilitat per primera vegada i en cas que tingui persones a càrrec seu, el dubte que li sorgeix és com pot aconseguir que les persones se’l prenguin seriosament i implicar-los en el projecte. Alguns opten per pensar que són de massa bona fe, i per tant que els caldrà mostrar una cara artificial i dura cap als seus subordinats. D’altres opten per a ser tot el contrari, deixar fer tot allò que el treballador vulgui i ser un cap “bonàs”. El què amaguen les dues opcions és una manca d’experiència, una manca d’acceptació i maduresa de com som i de com portem el fet de manar i ser manats. Dirigir equips de persones vol disciplina personal i haver aprofundit i voler continuar aprofundint en l’autoconeixement de cadascú i en l’empatia cap als altres. I això implica saber valorar la qualitat del teu equip humà i quan cal reconèixer una bona feina feta.
Per aconseguir un bon clima i treballadors motivats, les empreses necessiten promocionar l’elogi, però per motius no instrumentals. I més ara, que moltes persones que tenen feina, tenen por de perdre-la, i poden perdre-la, tot i no merèixer-ho. Darrere l’elogi, a sobre i a sota, hi hauria d’haver sinceritat i autenticitat. Les persones notaríem que es creu en nosaltres. I això com es fa? Doncs vinculant aquest elogi a coses concretes, que siguin constatables. I no contradir-lo amb fets que maltractin als treballadors. I complementar-lo amb altres fets que el sostinguin.
Ser humà vol dir necessitar rebre bones notícies dels que ens envolten, sobre les nostres qualitats i resultats, i notar que aquestes persones creuen de veritat en nosaltres. Que no volen merament instrumentalitzar-nos, per ser una eina més al servei dels seus objectius. Tots hi guanyaríem i aprendríem des d’una actitud més propera a la nostra naturalesa humana, tan necessària de fomentar en temps de xarxes socials.
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Seguro que has oído hablar de la economía colaborativa, es decir, todas aquellas actividades que suponen un intercambio de bienes y servicios entre personas. ¿Pero qué caracteriza exactamente este modelo? ¿Cómo ponerlo en práctica en la era digital?
Antes de que la economía colaborativa fuera tendencia, su consumo se limitaba al círculo más cercano. Todo quedaba en casa, tenía una escalera casi familiar. Sin embargo, gracias a Internet, es posible conectar con personas de todo el mundo con intereses comunes. La digitalización de la sociedad y la crisis económica han favorecido el desarrollo de nuevos modelos de negocio y nuevas formas de consumo.
La economía colaborativa tiene varias ventajas. Lo primero, y más importante, es que permite optimizar los recursos, porque podemos dar mayor utilidad a nuestros productos. Además, también ofrece al consumidor final mayor variedad. Asimismo, es un buen modelo para ahorrar porque los clientes pueden comprar bienes y servicios de segunda mano a un precio inferior al de mercado. Todo ello genera un ecosistema basado en el compromiso, la solidaridad y la generación de ideas, a menudo de la mano de emprendedores con nuevos negocios, que generan empleo, riqueza e innovación.
Por otro lado, también hay que tener presente que la economía colaborativa, al tratarse de un modelo entre particulares, no tiene un mercado regulado legalmente y la competencia es bastante desleal. Por eso, es un sector que da lugar a quejas y protestas de los sectores afectados, lo que puede desproteger al consumidor.
Economía compartida, un abanico de posibilidades
Dentro de este modelo de economía colaborativa, que a menudo también se llama “economía compartida”, existen muchos tipos diferentes, con diferentes funciones, que varían en función de las necesidades y los productos. Existen, por ejemplo, los negocios de consumo colaborativo, que utilizan plataformas digitales a través de las cuales los usuarios se ponen en contacto para intercambiar bienes o artículos, como el transporte colaborativo, el alojamiento colaborativo y el comercio colaborativo de segunda mano, entre otros.
También están las empresas de conocimiento abierto, es decir, todos aquellos negocios que promueven la difusión del conocimiento sin barreras legales o administrativas. Pueden presentarse en el día a día a través de plataformas informáticas a las que acuden usuarios con necesidades. Asimismo, encontramos el modelo de producción colaborativa, es decir, redes de interacción digital que promueven la difusión de proyectos o servicios de todo tipo. La diferencia con los dos modelos anteriores es que lo que se ofrece también se produce en el seno de estas plataformas.
Finalmente, encontramos las iniciativas de finanzas colaborativas. Microcréditos, préstamos, ahorros, donaciones y vías de financiación se incluyen en este subgrupo, donde los usuarios se ponen en contacto para satisfacer necesidades en cualquiera de estos aspectos. El mejor ejemplo lo vemos en las plataformas de “crowdfunding”, un modelo de financiación para aquellos que desean hacer donaciones por iniciativas concretas.
Las cuatro características del modelo
A pesar de la heterogeneidad de los negocios e industrias que se engloban dentro de este modelo, las empresas de la economía colaborativa pueden describirse a través de cuatro características:
- Emplean tecnologías de la información (TIC), disponibles a través de plataformas basadas en la web, como las “aplicaciones” móviles en dispositivos con acceso a Internet, para facilitar las transacciones entre dos partes.
- Confían en los sistemas de calificación basados en el usuario, para el control de calidad, lo que garantiza un nivel de confianza entre los consumidores y los proveedores de servicios que no se han encontrado previamente.
- Ofrecen a los trabajadores flexibilidad porque este equipo a menudo brinda sus servicios a través de plataformas de correspondencia digital.
- El equipo dispone de sus propias herramientas. En la medida en que las herramientas y los activos son necesarios para proporcionar un servicio, las empresas de correspondencia digital confían en que los trabajadores usen los suyos.
En definitiva, el modelo de economía colaborativa puede ayudar a crecer nuestros negocios, porque permite a los consumidores ahorrar, porque apuesta por el desarrollo sostenible, porque impulsa una nueva gestión de los recursos, porque hay más oferta y porque, al final, todo ello supone un beneficio medioambiental.
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En el mercado inmobiliario, y concretamente en el del alquiler, nos podemos encontrar con situaciones muy diversas y que pueden suponer abusos e incumplimientos de la normativa vigente en cada momento. ¿Pero todos los abusos los sufre el inquilino? ¿O el propietario también se puede ver indefenso?
El septiembre pasado entró en vigor la nueva Ley de contención de precios del alquiler (Ley 11/2020 de 18 de septiembre) con el objetivo de frenar la ingente subida de precios que se estaba viviendo, especialmente en Barcelona y su área metropolitana. Con esta ley se rebaja y congela el precio de los nuevos contratos de alquiler en zonas con alta demanda de vivienda. Se ha conseguido una reducción del 4,12% de media.
Con estas medidas, parece que los políticos responden a las demandas de plataformas y sindicatos, en favor de una vivienda a precios asequibles o, cuando menos, regulados. Incluso se ha publicado una Guía Rápida para conocer el alcance de la nueva normativa.
¿Cuáles son los abusos?
Es evidente que era insostenible mantener el modelo alcista en los precios del alquiler, tal como ha estado pasando los últimos años. Los inquilinos tienen unos derechos básicos que a veces se ven vulnerados y que tendrían que denunciar en caso de encontrarse en alguna de estas situaciones de abuso:
- Al firmar el contrato de alquiler, el propietario tiene que entregar la cédula de habitabilidad y el certificado energético. La obtención de estos documentos tiene un coste, por lo cual, algunos propietarios pueden intentar alquilar la vivienda sin tenerlos, a pesar de ser obligatorios. Para el alquiler de locales solo es obligatorio el certificado energético.
- Hacer un uso pacífico de la vivienda, sin que el propietario lo pueda perturbar. Muchas veces se produce el llamado bullying (acoso) inmobiliario, que consiste en hacer la vida imposible al inquilino para que se marche y así poder especular con la vivienda. Estas acciones las suelen llevar a cabo los grandes tenedores, como, por ejemplo, los fondos de inversión.
- El propietario se tiene que hacer cargo de las reparaciones necesarias y de conservación. El inquilino puede hacer estas reparaciones si son urgentes, previo aviso, y se le podrá descontar del precio, pero a veces no se aceptan estas reparaciones como necesarias y no hay retorno del coste.
- Puede resolver el contrato y recuperar la fianza, pero hay propietarios que no la quieren devolver, y podría ser que este dinero no se hubiera depositado en el INCASÒL, tal como es preceptivo. Esto puede significar que no se haya registrado el contrato de alquiler y, por ello, podríamos tener más dificultades para recuperar la fianza.
Ahora bien, el derecho al retorno de la fianza se pierde si se deja la vivienda con desperfectos que puedan suponer un coste de reparación.
Protección de los propietarios
Aun así, nos podemos encontrar que el propietario no sea el culpable de una relación conflictiva con el arrendador. Por ejemplo, puede pasar que la vivienda no haya sido alquilada legalmente, sino que alguien haya decidido entrar a vivir sin permiso; o que haya impagos de la renta acordada; o, incluso, que haya un mal comportamiento del inquilino.
La nueva ley no resuelve ninguna de estas situaciones en las que un propietario se puede encontrar y que, como ciudadano, también tiene derecho a disponer de herramientas para resolverlas. La única previsión que se hace es de cara a los pequeños tenedores que puedan estar en situación de vulnerabilidad, a los que se les permite una subida del 5% del alquiler, por encima de los máximos establecidos.
El propietario se puede encontrar en situación de indefensión con facilidad, puesto que se considera que es la parte fuerte del contrato. Pero lo cierto es que puede ver cómo un inquilino deja de pagarle o destroza la vivienda, y que la solución al problema siempre tiene que pasar por los juzgados, hecho que supone un alto coste de tiempo y de dinero.
La cuestión es que esta problemática afecta del mismo modo a los fondos de inversión que a pequeños tenedores. Con las nuevas regulaciones parece que esta situación empieza a revertirse, puesto que tienen en cuenta la diversidad de propietarios y resuelven de manera más equitativa el reparto de responsabilidades en esta locura que es el mercado inmobiliario.
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Últimament, es parla molt de les start-ups i de les possibilitats de futur que generen. Aquestes estan envoltades d’idees creatives, innovadores i amb un fort component tecnològic fent que siguin les grans competidores de les empreses tradicionals. Ara bé, també requereixen certes directrius per tal que puguin arribar a tenir un lloc al mercat.
Els sistemes de control són totalment necessaris per poder tenir certa informació de l’empresa, de com s’estan utilitzant els recursos i de com s’estan assolint els objectius. Sense una mínima informació que diagnostiqui com està anant el negoci, difícilment es podran prendre decisions. Assignar responsabilitats i fer un petit organigrama d’aquestes és bàsic. Normalment, això tothom ho veu clar, i els socis, que acostumen a ser els primers promotors de la idea, de manera informal ja es distribueixen les responsabilitats segons els seus perfils i preferències. Aquest fet és clau, i normalment es fa de manera informal.
Passat un cert temps, això fins i tot pot requerir una certa formalització per evitar problemes amb les persones que es puguin anar incorporant. Però més enllà de tenir aquesta mínima formalització dels rols, funcions i responsabilitats, moltes empreses que comencen no es plantegen formalitzar massa el control de gestió. Si a més aquestes empreses es plantegen anar creixent de manera més orgànica i progressiva, moltes vegades no existeix un control formal fins que comencen a venir determinats problemes. Aleshores es comença a veure la necessitat de formalitzar el seguiment d’objectius, fer un pressupost o pla i fer-ne el seguiment i ulteriors ajustos. El què passa és que aleshores, aquest creixement que ha portat a la necessitat de formalització porta a una formalització excessiva, perquè es dona la responsabilitat de tot el que no va bé a la falta de control formal.
Suposa el control una pèrdua de l’ADN de l’start-up?
Cal en aquests casos ser curosos, i anar incorporant els controls formals i revisant els informals a la vegada. Només cal afegir l’estrictament necessari, donat que el control informal ha anat creant una cultura organitzativa i una organització informal que no es poden menystenir i que cal només variar quan creï problemes. Tot allò que les persones fan més enllà del control i que ha portat també a l’èxit, cal continuar-ho fent. Els canvis bruscs no es trobarien justificats quan una part del sentiment de pertinença a l’organització és el que ha ajudat a fer-la funcionar tot i tenir mancances en els controls formals.
Les start-ups es plantegen creixements molt elevats. Des dels inicis aquests creixements s’han de finançar moltes vegades amb recursos externs, i precisament són aquests inversors qui demanaran com està anant la seva inversió i si dona els resultats esperats. Per tant, aquestes start-up, des dels seus començaments ja incorporen professionals experts en la recerca de finançament i també en el control de com estan anant les inversions. Això porta al fet que calgui formalitzar aquest seguiment amb determinats documents, que mostrin a persones externes a l’empresa, com progressa i si es van complint els objectius. Si en aquest moment la start-up entén la importància d’un cert control formal, és probable que les probabilitats de funcionar correctament siguin molt superiors. És un bon moment per aprofitar i fer un pressupost, un seguiment, complementar el control informal existent amb un cert control formal, o fins i tot incorporar algun gestor extern expert.
És molt important ser conscient que les empreses tenen més garanties d’èxit, i encara més en empreses com les start-ups amb creixement ambiciós, si incorporen certs controls formals des del començament. Això sí, tenint en compte tres aspectes molt importants:
- El control formal ha de ser el mínim necessari i mai ha d’anar en contra dels controls informals o la manera de ser dels emprenedors.
- El control formal sempre ha de donar valor afegit a la gestió, perquè un mal control formal sempre és pitjor que no tenir control.
- Ser conscient que a mesura que l’empresa vagi creixent, la tendència a resoldre els problemes incrementant la formalització és elevada.
En realitat els problemes importants se solucionen mirant als sistemes de control informals. De fet, l’infern és aquell lloc ple de lleis que mai es poden complir, i hem d’evitar convertir la nostra empresa en un infern per les persones que hi treballen.
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