“Necesitamos una revolución de la función pública”

David Garrofé tiene un conocimiento profundo de las necesidades de los empresarios catalanes y las pymes. Durante más de 30 años ha sido secretario general de la Cecot. Dejó el cargo el junio pasado y, ahora, es un empresario más abriéndose camino en la era de la Covid-19. Con esta experiencia a las espaldas, hace una radiografía compleja del contexto económico que le ha tocado vivir a Cataluña, con un déficit fiscal sin precedentes y una inminente crisis global de deuda. 

 

“La vida del empresario es apasionante. Pero, es cierto, echo de menos la vida pública, un espacio muy agradecido y también sacrificado. Vivimos inmersos en algunas inercias que hacen difíciles los cambios”, apunta Garrofé solo empezar. Reconoce que, hoy por hoy, vive con el riesgo empresarial en el cuerpo, en un contexto que lo apasiona. Y, aun así, cree firmemente que la sociedad civil no puede renunciar a intervenir en el desarrollo de las políticas públicas.

Pero, ¿cómo puede hacerlo, cómo puede ofrecer soluciones a la política? “Bien es verdad que hay un punto de decepción, pero algún día la tienes que asumir, también. Hay tantas cosas que parecen tan lógicas de cambiar, que solo hace falta cierto concierto y liderazgo interno. Y entonces te preguntas: ¿tanto cuesta? Por eso soy un enamorado de la capacidad de la sociedad civil para cambiar las cosas”, afirma el empresario.

 

El consenso por la meritocracia

En la medida en que la sociedad civil se organiza, dice Garrofé, es capaz de hacer cosas muy grandes. “Sin embargo, venimos de una tradición cultural en que las administraciones se han situado en un papel de superioridad y baja escucha. Escuchan poco y tienden a ir por libre. Y se pierde ese principio que dice que el político es un servidor público”, se queja el empresario, que considera que se ha creado un aparato administrativo “muy pesado e inflexible”.

“Demasiadas veces tenemos al frente responsables políticos que quieren seguir viviendo muchos años de la política. Por lo tanto, sus análisis están más fundamentados por el ‘¿Qué puedo hacer para continuar en el cargo?’ en lugar de ‘¿Qué puedo hacer para transformar las cosas?’”, se lamenta. Este es el gran mal que afecta Cataluña, pero que también limita a otros países del mundo globalizado. En este sentido, Garrofé considera que lo que transforma verdaderamente las cosas son los marcos normativos y legislativos que nos amparan: “Y nosotros partimos de un marco, la Transición, que quiso ser democratizante, pero que arrastra muchos vicios históricos”.

Por eso, considera imprescindible “cambiar el marco”. “Necesitamos una revolución en la función pública. En otros países, está profesionalizada, y no hay cambios. A partir de cierto grado, son los mejores técnicos que tiene el Estado, y no políticos que bajan a hacer funciones para las cuales no están capacitados. Y, además, hay un gran rendimiento de cuentas”, argumenta Garrofé. “Tiene que haber una reforma consensuada por parte de la sociedad para prestigiar la función pública, para que sea más meritocrática”, defiende.

El lastre del déficit fiscal

Garrofé está convencido que, en general, sí valoramos el motor que es Cataluña, pero considera que existe un riesgo más que evidente de quedar atrás en la carrera global. “Nuestra competencia no es Madrid o Málaga, sino China, Vietnam o Estados Unidos. ¡Estados Unidos genera una gran cantidad de patentes! Invierten cuatro veces más que nosotros en I+D”, señala el empresario.

En Cataluña se invierte poco en investigación, lamenta Garrofé, porque la administración no es suficientemente consciente de que, de hecho, las grandes empresas tecnológicas mundiales, como Facebook o Google, crecen y se consolidan gracias a la financiación de los fondos públicos. “¿Es normal que Cataluña, que es la principal potencia en todo el Estado, con un 25% de las exportaciones, tenga el presupuesto de la Generalitat de Empresa más pequeño que el de Cultura? ¿Y no quiere decir que el de Cultura sea alto… ¿Así se quiere transformar un país?”, se queja el empresario.

Además, recuerda que el gobierno español no ha financiado nunca a Cataluña, que está en una posición geoestratégica privilegiada, como se merece. “Incluso ellos lo reconocen, y cada vez es más grave. Ha sido un lastre para Cataluña. Además, está la falta de inversión en infraestructuras. Estamos hablando de 200.000 millones de euros de carencia acumulada”, detalla Garrofé, que se queja de que llueve sobre mojado. “Las diferencias reales acumuladas son espectaculares”, añade. Por eso, considera que hay que forzar a los gobiernos a tomar decisiones valientes.

 

La crisis de deuda, ¿un crac histórico?

Sobre la gestión de las finanzas públicas pone el grito en el cielo, sobre todo en un contexto como ha sido la pandemia, que ha provocado una incertidumbre que, admite, “ha venido para quedarse” y tendremos que saber afrontar. “Los últimos diez años se ha emitido tanto dinero público como en todo el agregado de la historia de la humanidad”, explica. Y recuerda que la inflación es la consecuencia de imprimir tantos billetes.

“Los materiales sólidos, como el aluminio, el agua, el papel, los ‘hard assets’, que dicen, valen algo, ¿pero los billetes? Solo son papelitos impresos que no valen nada”, se exclama. Y recuerda que, si la crisis de deuda que han acumulado potencias como Estados Unidos estalla, puede impactar en todo el mundo sin remedio. “¿Y qué están haciendo los bancos centrales de China o India? Están comprando oro, sin hacer ruido, poco a poco”, revela.

Las consecuencias más evidentes, según Garrofé, irán sumándose en cadena. La primera, la inflación. “Ya lo estamos viviendo, y dicen que es temporal, pero tenemos para años. La inflación es la miseria de los pobres, porque a los ricos más ricos no los afecta tanto. Ahora hemos acumulado un 6% y, si este año acumulamos una cifra similar, ya habremos perdido un 12% de poder adquisitivo. Y, ¿cómo repercute esto en un convenio colectivo?”, se pregunta. 

Garrofé es pesimista y cree, como otros muchos analistas económicos, que viene un crac bursátil sin precedentes, porque el valor del dinero está sobredimensionado. Así que, ¿cómo puede la gente corriente combatir esta crisis histórica que parece inevitable y proteger sus ahorros? Uno de los productos que ofrecerá 11Onze es la compra de oro y otros metales preciosos, no en inversión, sino en lingotes. “La moneda se irá devaluando… Y, por lo tanto, ¿qué mantendrá el valor de nuestros ahorros? Los activos de toda la vida, los clásicos. Ofrecer oro es un buen servicio, y tanto”, concluye.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Gerard Forcada i FerranGerard Forcada i Ferran says:
  2. Laura León AmatLaura León Amat says:
    Laura

    Hem de fer molts canvis. No val estar aturats mirant com succeeixen les coses i no passar a l’acció: participar, actuar, exigir, ser critic i actuar amb responsabilitat

    • Elisabet Porqueras Garcia says:

      Tenim molta feina a fer Laura, però entre tots ens en sortirem!

      Hace 6 meses
  3. Daniela SimónDaniela Simón says:
  4. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  5. Pere SorianoPere Soriano says:
    Pere

    Molt entenedor. Veiem que al davant de les institucions, en global, no estan els més capacitats sinó els més vividors i la gent els vota, els recolza, quan serem prou intel·ligents per posar ordre i pensar en comunitat.

  6. Josep RuaixJosep Ruaix says:
  7. alicia Coiduras Charlesalicia Coiduras Charles says:
    alicia

    Gràcies David aquestes reflexions teves ajuden en aquells que no hem estat al món empresa
    rial 👍👍
    La reforma la funció pública és quelcom algo que
    sempre he pensat que hauria de ser així i que fora bo per tots

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Realment són unes afirmacions molt encertades, Alícia. Seguim a La Plaça!

      Hace 6 meses
  8. Natàlia Cugueró-EscofetNatàlia Cugueró-Escofet says:
    Natàlia

    Molt bones reflexions David!

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