Dos mujeres ignoradas por los libros de historia

A lo largo de nuestra educación hemos aprendido grandes referentes que han marcado la historia por sus hallazgos o investigaciones. La gran mayoría de ellos, nombres de hombres que han logrado el éxito. Lo que no te cuentan los libros, es que muchos de estos referentes han trabajado conjuntamente con mujeres sin las cuales su hazaña no hubiera sido posible.

 

En todos los sectores laborales encontramos a mujeres que han sido invisibilizadas simplemente por el hecho de ser mujeres. Incluso, en muchos de los casos, su trabajo ha sido atribuido a la figura de un hombre que se ha llevado todo el reconocimiento y el mundo de la economía no es una excepción. Queremos dar luz a estas mujeres que han quedado a la sombra y reivindicar su aportación a la historia.

 

Beatrice Webb, ideas revolucionarias

Desde muy pequeña, Beatrice tenía muchas inquietudes intelectuales y se mostró muy interesada por las ideas socialistas fruto de las ideas revolucionarias que corrían en ese momento. Nació en 1858 en Gloucester (Inglaterra), una época en la que el sector obrero de la Revolución Industrial sufría la explotación indiscriminada de la patronal y las familias vivían en la miseria. Impulsada por este contexto y su delicada salud, Beatrice llevó a cabo una educación prácticamente autodidacta muy enfocada en la filosofía, las ciencias y las letras.

En 1890 conoció al intelectual socialista Sidney Webb quien luego se convirtió en su marido. Juntos comenzaron a trabajar en nuevas teorías celebrando reuniones con otros simpatizantes del socialismo donde discutían durante horas sobre diferentes temáticas. En 1897 publicaron lo que sería el trabajo más importante de sus vidas y un instrumento clave para entender la revolución socialista no marxista de Inglaterra, ‘Democracia Industrial’.

A ellos se les atribuye la idea de un Estado que garantice una vida digna a sus ciudadanos, un término que ella misma denominó ‘house – keeping state’. Pese a conformar un perfecto tándem y haber trabajado juntos en diferentes publicaciones, solo el nombre de su marido, Sydney Webb, pasó a la historia como uno de los reformistas sociales más importantes en Inglaterra.

 

Anna Schwartz, esencial para la teoría monetarista

Si mencionamos el apellido Friedman, es probable que hayamos oído hablar de él o incluso, le reconozcamos como el padre de la teoría monetarista. Y, ciertamente, él contribuyó en la creación de su reputación pero contó con la ayuda de Anna Schwartz, una investigadora que quedó a la sombra del prestigio de Friedman.

Nacida en Nueva York en 1915, pasó gran parte de sus años de vida trabajando en la National Bureau of Economic Research de su ciudad natal. En 1963, sin embargo, su carrera hace un salto gracias a la publicación de ‘Una historia monetaria de Estados Unidos, desde 1867 hasta 1960’ (‘A Monetary History of the United States, 1867 a 1960’), un trabajo que vio la luz gracias a la investigación conjunta de Schwartz y Milton Friedman. La obra marcó la historia de la economía estadounidense y aún hoy en día es un referente sobre la buena gestión de la economía y cómo evitar fluctuaciones en el ámbito nacional.

Friedman fue nombrado como el padre fundador de la teoría monetarista, relegando a Schwartz a un segundo lugar. En 1976 recibió el Nobel de Economía gracias a la obra fruto del trabajo conjunto con Schwartz, pero ella no recibió ninguna mención en el comité ni tampoco en la esfera pública. Años después, críticos británicos destacaron la investigación de Schwartz reclamando su importancia en el desarrollo de la teoría, sin embargo, no obtuvo su reconocimiento.

Ellas son sólo dos ejemplos de referentes femeninos que han contribuido a la historia pero que por el hecho de ser mujeres, han quedado relegadas en un segundo plano, a las sombras. Ahora, con más recursos de los que contaban antes y una mirada más crítica, podemos desempolvar aquellas figuras que a pesar de haber aportado su granito de arena, han quedado excluidas de los libros de historia.

 

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Cataluña es un país con una sólida tradición publicitaria. De Barcelona han surgido agencias de publicidad de renombre internacional, que han sido reconocidas por su creatividad. La publicidad catalana arranca hace más de 150 años. En 11Onze repasamos los mejores momentos de nuestra historia.

 

La primera empresa dedicada a la publicidad del Estado español nace en Cataluña de la mano de Rafael Roldós (1846-1918). Su familia estaba vinculada al mundo de la impresión y él empezó su trayectoria profesional como corredor de anuncios para el ‘Diari de Barcelona’ y bien pronto fundó Roldós y Compañía en 1872. La exposición ‘Publicitat a Catalunya 1857-1957. Roldós i els pioners’, que se mostró en el Palau Robert, recoge todo este legado.

Actualmente, Roldós S.A es una de las empresas de publicidad más antiguas del mundo y durante más de 100 años fue el ejemplo a seguir por el resto de agencias de publicidad catalanas. A la experiencia de Roldós se sumaron otras agencias publicitarias, como las de Pere Prat Gaballí, Rafael Bori, Joan Aubeyzon, José Gardó o Malcolm Thomson, que ayudaron a consolidar la profesión que hace de mediador entre los anunciantes y los medios de comunicación. En un primer momento, está claro, las publicidades no tenían casi ilustraciones y los textos eran directos. “Lavado de cabello”, “Chollo, de verdad”, “Aviso al público”, “Gran surtido” eran los eslóganes comunes para llamar la atención de los lectores.

 

El ascenso del cartelismo

Sin embargo, poco a poco las ilustraciones ganan peso. Y también es Cataluña el primer lugar del Estado español donde aparece el cartel moderno. La industrialización y la burguesía fueron los grandes impulsores del Modernismo, estilo cargado y preciosista, donde también se incorporó la publicidad, siempre a la última moda. Sobre todo a raíz de la Exposición Universal de 1888, el cartelismo se extendió en todo el territorio, donde se convocaron incluso concursos. El libro que mejor recoge esta historia es, sin duda, la obra dirigida por Carolina Serra, ‘Història de la publicitat de Catalunya’, donde se reivindica la importancia de este sector.

Así, el primer cartel modernista es de Alexandre de Riquer para una marca de fotografía en 1895. Y pronto se sumarán otros de Llorenç Brunet, Modest de Casademunt, Ramon Casas, Joan Llaverías o Francisco de Cidón. Posiblemente el cartel más reconocido de la época es ‘4 gats. Pere Romeu’ de Casas, en el que vemos a Romeu en la barra del famoso restaurante barcelonés Els Quatre Gats mirando directamente al lector. Pero hay otros, como los del Anís del Mono o los de Codorniu.

 

Guerra y represión: la aparición de nuevos formatos

Con la difusión de la radio, a finales de los 20 del siglo XX, aparecen nuevos formatos publicitarios que hacen cambiar toda su fisonomía. La publicidad se incorpora al mundo educativo y los profesionales se empiezan a organizar en asociaciones. El cartelismo, además, toma una estética racionalista y, sobre todo durante la Guerra Civil, triunfarán los mensajes políticos y las proclamas. Entonces, destaca el trabajo del Comisariado de Propaganda de la Generalitat republicana para luchar contra el fascismo, con Jaume Miravitlles al frente. De esta época son las reconocidas fotografías-cartel de Pere Català i Pic o la campaña transmedia “El més petit de tots”.

Después de la Guerra Civil, el aislamiento internacional y la represión harán desaparecer completamente el catalán en la publicidad. Y no será hasta principios de los años 50 que la sociedad catalana volverá a mostrar interés por el consumo. De esa época son anuncios como Potax o Cerebrino Mandri. Pero será en 1956 el año que marcará un antes y un después, porque es cuando Televisión Española inicia sus primeras emisiones y aparecen nuevas agencias de publicidad que cambiarán para siempre los formatos publicitarios.

 

Los Juegos Olímpicos y el auge del audiovisual

Es durante la década de los 60, 70 y 80 que se perfeccionará la producción, el arte y el cine publicitarios. Se exploran nuevas ideas, se crea, se innova y, finalmente, se vende. Hay que entender que, en aquella época, los equipos de publicistas no habían estudiado ningún grado universitario: construyen la profesión a medida que la practican. Así es como se conformaron equipos multidisciplinarios, con cineastas, grafistas, fotógrafos, directores de arte, productores y comerciales.

De los mensajes sencillos de los 60, como el “OMO lava más blanco”, a los rodajes pasarán tan solo unas pocas décadas. Con el boom publicitario de Estados Unidos y Reino Unido, triunfan las fotografías y montajes psicodélicos de Leopoldo Pomés. El más famoso posiblemente es del coñac Terry con el eslogan “Terry me va”. También destacan nombres como el de Jaime de la Peña o Pepe Fons, de Group Films. Peña se llevó el León de Oro en el Festival Internacional de Cine Publicitario de Cannes por el anuncio “I Feel Lois”, de 1979. Y también entonces adquieren renombre los hermanos Moro, que extienden el uso del ‘jingle’. De ellos son el “Está como nunca” de Fundador (1960) o el anuncio de Gallina Blanca del mismo año, donde una gallina hace un ‘striptease’ a cámara.

Pero es a partir de los 80 que todo toma una nueva dimensión, que culminará con una imagen nueva para Cataluña y Barcelona con los Juegos Olímpicos del 1992, y la realización de la película olímpica por parte de las productoras Ovideo, Group Films y Lolafilms. Entonces, el arte underground de fanzines y revistas culturales tendrá una influencia capital de la mano de ilustradores como Mariscal o Nazario. A Group Films se suman otras agencias como MMLB o RCP o Bassat & Asociados, y Barcelona se convierte en la fábrica de anuncios de todo el Estado español. Nenuco, Cruz Roja, Byly, Trex… Hacia la década de los 90, se incorporan los efectos especiales y la animación digital, y hasta hoy.

La publicidad forma parte de nuestra memoria colectiva. Por eso, todavía recordamos la canción de la campaña por la lengua “Parla sense vergonya”, aquella otra de “Envàs, on vas?” o la sensación de paz del anuncio de Audi con el eslogan “¿Te gusta conducir?”. Hemos organizado incluso redadas vecinales para conseguir el cartel de La Mercè de este año o el de la ilustradora Paula Bonet. Y esperamos con entusiasmo cada verano el anuncio “Mediterràniament” de Estrella Damm; y cada Navidad, el de La Grossa y el de Campofrío. La publicidad, queramos o no, nos explica y nos hace.

 

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La Revolución Francesa, además de aportar los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, también aportó el inicio de la homogeneización de la métrica de los sistemas de pesos y medidas a escala mundial. Hasta entonces, cada territorio tenía sus propios sistemas y, cada uno, a su manera, había intentado unificarlos. En 11Onze hacemos un repaso de esta evolución.

 

Francia fue, en 1791, el primer Estado en aprobar el sistema métrico decimal basado en el metro y el gramo. A partir de entonces, el uso del gramo y el metro se fue extendiendo en todo el mundo. Pero su aceptación como sistema métrico estándar no se aprobó hasta 1960, cuando fue reconocido internacionalmente el Sistema Internacional de Unidades (SI).

Hay que tener presente que la necesidad de medir las cosas ha sido una constante humana desde tiempos inmemoriales. Desde que la humanidad ha tenido que intercambiar productos, ha usado sistemas de medición, de los cuales se tienen constancia desde hace más de 5.000 años. A lo largo de los años, los pueblos han ido utilizando medidas adaptadas a sus circunstancias. Por eso mismo, se han ido proponiendo diferentes sistemas únicos de pesos y medidas.

 

La convención del metro

Ponerse de acuerdo con un sistema de medidas ha sido un trabajo arduo. Su aceptación por parte de algunos territorios no ha cumplido todavía 150 años de historia. El 20 de mayo de 1875 en París se celebró la Convención del Metro, donde 17 países firmaron un tratado internacional que tenía como objetivo crear una autoridad mundial en el campo de la metrología, la ciencia que estudia los sistemas de pesos y medidas.

A partir de ese tratado se crearon tres organismos que todavía son vigentes hoy en día: la Conferencia General de Pesos y Medidas (CGPM), el Comité Internacional de Pesos y Medidas (CIMP) y la Oficina Internacional de Pesos y Medidas (BIPM). La misión de estos organismos fue y es determinar un sistema de medición estandarizado. En la 11.ª Conferencia General de Pesas y Medidas de 1960 se aprobó el conocido SI, que determinaba seis unidades de base. Y en la 14.ª conferencia general se aprobó incorporar la séptima magnitud base: el mol. 

El BIPM, en la revisión que hizo en el 2018 del SI, modificó las definiciones de cuatro de las unidades básicas: el kilogramo, el amperio, el kelvin y el mol, Las nuevas definiciones se han basado en el valor numérico fijo de la constante de Planck (h), la carga elemental (e), la constante de Boltzmann (k) y la constante de Avogadro (NA), respectivamente. Este hecho nos indica que los valores están en constante revisión y que este sistema se redefine y precisa con el objetivo de facilitar la producción industrial, la investigación científica y el intercambio comercial.

El metro, Barcelona y las islas Baleares

De todas las medidas, el metro es una de las dos unidades que se estandarizó desde el primer momento. Y Barcelona, como tantas otras veces en la historia, jugó un papel capital. En 1799, cuando se hizo su primera definición, el metro equivalía a la diez millonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre. Esta medida se determinó después de que se midiera la fracción del meridiano de París, entre Dunkerque y Barcelona, en 1718. Después, entre 1792 y 1798, se alargaron las triangulaciones geodésicas hasta las islas Baleares. En los trabajos de la segunda parte de la medición tuvo un papel importante el rosellonés Francesc Aragó.

Así, en 1889 la definición de metro era la longitud del prototipo internacional de platino-iridio, que fue sustituida en 1960 por la definición basada en la longitud de onda de la radiación correspondiente a una transición particular en el criptón 86. Este cambio se adoptó para mejorar la precisión con la cual se podía definir el metro, hecho que se consiguió utilizando un interferómetro con un microscopio viajero para medir la diferencia de camino óptico a medida que se contaban las franjas. Pero en 1983 la definición volvió a cambiar y, desde entonces, el metro se define como la distancia que recorre la luz en el vacío en un intervalo de tiempo determinado.

 

Los diversos sistemas provocan errores de cálculos

La complejidad a la hora de definir cada una de las medidas tiene muchos motivos, pero el principal son, sin duda, los errores de cálculo. La historia está llena de malentendidos, rifirrafes y desastres por no haber un sistema de pesos y medidas estandarizados. La historia contemporánea no se escapa de ello, a pesar de que casi todos los países han aceptado el SI —excepto los Estados Unidos, Liberia y Birmania— y tiene episodios que continúan reivindicando la necesidad de usar un único sistema, sobre todo en un mundo tan globalizado como el que vivimos.

Uno de los casos más sonados es el del Orbitador de Marte, el primer satélite meteorológico, que la NASA envió a este planeta, pero que no pudo nunca culminar su trabajo porque en 1999, al llegar a la órbita de Marte, se perdió. Las causas no se conocen exactamente. Sin embargo, se tiene constancia que hubo un error de cálculo. La NASA utilizó el sistema imperial o anglosajón, que emplea medidas como las pulgadas, las millas o los galones, mientras que uno de los contratistas usó el sistema métrico decimal, que usa medidas como el metro, el kilogramo y el litro. Una de las investigaciones hechas para aclarar el caso determinó que la causa de la pérdida del satélite fue un error en “la conversión de las unidades”.

 

Magnitudes tradicionales catalanas

Más allá del protagonismo que tiene Barcelona en la definición del metro, la historia de la métrica de Cataluña es amplia y llena de matices. Los territorios habían creado sus propios sistemas de medición, basados en la herencia que nos dejó el imperio romano. De hecho, hasta no hace demasiados años, la gente todavía empleaba en su argot comercial las onzas, las libras, la carga, el ‘petricó’ y el jornal, entre otros.

En Cataluña, la voluntad de unificar el sistema de metrología arranca del siglo XIII. El primer acuerdo en firme, pero, se tomó en las Cortes de Monzón celebradas en 1585, donde se planteó la unificación de los sistemas en torno a las unidades de medida que se empleaban en la ciudad de Barcelona. 

La unificación no fue fácil: solo establecer la metodología ya tardó dos años. La reducción de pesos y medidas empezó a la Veguería de Barcelona en 1587 y se acabó a la Veguería de Tortosa el 1594. Este laborioso trabajo se ha conservado en gran parte gracias a las actas recogidas en cinco volúmenes que se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón. Los estudiosos de la metrología catalana es donde tienen su referente. Y tú, ¿todavía empleas alguna medida antigua?

Medidas y pesos más usuales a la tradición catalana:

Onza. El peso catalán es igual a la doceava parte de una libra. Peso empleado en joyería, igual a cuatro cuartos o en la octava parte de un marco, que equivale a 33,54 gramos. Peso equivalente a nueve dracmas. En la Edad Moderna, moneda de ocho escudos de oro emitida a la península y en los territorios americanos que pesaba una onza, equivaliendo a 27 gramos. 

Libra. La libra era la moneda de cuenta junto con los sueldos y el dinero en el sistema monetario tradicional de Cataluña desde Carlomagno. Unidad de peso catalana, dividida en 12 onzas, que equivalía a 400 gramos en el Principado, a 407 gramos en las Islas y a 355 gramos en el País Valenciano. Además de la libra común, existían diferentes tipos de libras especiales, entre las cuales destacan: la libra del pescado fresco, que equivalía a 30 onzas; la libra carnicera, que equivalía a 36 onzas o tres terceros, y la libra gorda, que equivalía a 18 onzas. También es la unidad de medida de peso que se emplea en los países anglosajones, de valor variable según el sistema de unidades que se usa. La libra como medida de capacidad para líquidos se empleaba, entre otros, para medir el vino y el aceite.

Petricó. Medida de capacidad para líquidos, que equivale a la cuarta parte de un porrón. 

Carga. Peso equivalente a tres quintales o a 312 libras. Medida de capacidad de valor variable según el objeto mesurado y según las comarcas. La carga de vino equivale a 128 porrones, es decir, a 121,60 litros. Cantidad de uva que se pone dentro de las portadoras, que equivale generalmente a 12 arrobas.

Cana. Medida propia de Cataluña, las islas Baleares y la Cataluña del Norte, que equivale a ocho palmos, o a seis pies, o a dos pasos, y, en Barcelona, es igual a 1,555 metros.

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A 11Onze ens hem engrescat i hem recopilat alguns dels llibres que s’han escrit en català sobre l’avarícia. Com s’ha construït aquesta mala fama que diu que els catalans tenim un desig excessiu d’adquirir riqueses per guardar-les?

 

A través de tots aquests personatges avars, patètics, miserables i egòlatres, els escriptors catalans han retratat, no només la gasiveria de la burgesia catalana i la mesquinesa del ‘lumpen’ que malda per sobreviure, sinó la societat del seu temps en conjunt, tan patològicament malalta com tots aquells que l’habiten

  1. L’escanyapobres (1884) de Narcís Oller (1846-1930) ha deixat a la literatura catalana algunes obres mestres, com ara aquesta, sovint lectura obligatòria de batxillerat la qual abandona el romanticisme i se submergeix de ple en el realisme i el naturalisme. La novel·la narra les desventures de l’Oleguer, l’avar que viu a la masia de la Coma i que, per culpa del seu caràcter esquerp, es baralla amb tots els pagesos de la contrada. Oleguer sempre mostra dues cares: de cara enfora, l’home treballador que manté la masia; però, de cara endins, l’home obsessionat amb els diners que humilia els seus subalterns. De l’autor és obligatori esmentar La febre d’or (1890-1892), perquè és la gran novel·la de la Barcelona del segle XIX, on la burgesia creix sense aturador gràcies a una especulació malsana. L’obra és un retrat d’un moment crucial de la història de Catalunya.
  2. Terra Baixa (1897) d’Àngel Guimerà (1845 -1924). A Catalunya, sobretot durant les primeres dècades del segle XX, hem estat molt dels drames rurals i l’obra teatral d’en Guimerà és possiblement qui millor ho exemplifica. Aquesta obra mostra de forma descarnada el conflicte entre unes imaginàries terra alta i terra baixa. A partir d’una història d’amor possessiva, el drama tracta sobre les misèries de la vida al camp, les penúries de les llars catalanes de l’època i l’estructura jeràrquica de les societats rurals. 
  3. Drames rurals (1904) de Víctor Català (1869-1966), pseudònim de Caterina Albert, també narra els drames rurals de la Catalunya de principis de segle XX. El Club Editor recopila en tres volums els contes d’aquesta gran autora catalana, que representa amb una sensibilitat sense precedents la cara més fosca de la vida rural, i que sovint s’acarnissa amb les dones. 
  4. La Xava (1910) de Juli Vallmitjana (1873-1937), rescatat de l’oblit no fa massa, l’autor va saber retratar els ambients més pobres de la Barcelona de principis del segle XX, com també ho va fer a l’obra De la ciutat vella (1907) les quals parlen del carrer als barris de sota de Montjuïc. Narra la lluita descarnada per sobreviure i com els senyorets de Barcelona, avars i narcisistes, feien servir la pobresa més negra per construir la seva bohèmia d’or. Les seves obres, plenes d’històries petites, narren també els grans esdeveniments col·lectius de l’època, i el combat de les classes proletàries i la burgesia. 
  5. L’auca del senyor Esteve (1907) de Santiago Rusiñol (1861-1931), també de principis del segle XX, narra la confrontació i la reconciliació entre el senyor Esteve, un comerciant arquetípic de la petita burgesia, i el seu fill, un artista modernista que no vol heretar el negoci familiar. L’obra va resseguint la vida del protagonista, un home prudent i pràctic, que ja de petit vol dedicar-se exclusivament a la seva botiga de vetes i fils, La Puntual, i que es casa amb Tomaseta, una dona del mateix tarannà. De fons, s’hi endevina Barcelona com una ciutat en procés de modernització. 
  6. Vida Privada (1932) de Josep Maria de Sagarra (1894-1961). Després d’anys de prosperitat de la burgesia catalana a costa de l’explotació dels més pobres, qui narra com ningú la seva decadència és aquest autor. Ho fa a través de la història familiar dels Lloberola, que veu com s’esvaeix tot el seu patrimoni en mans dels més joves de la casa. Sagarra retrata amb ironia el procés de degradació social i moral de la família i fa un retrat de l’alta i la baixa societat, a través de les reunions en salons, sales de juntes i bordells. De Sagarra també cal esmentar altres obres seves, com La rambla de les floristes (1935), El cafè de la Marina (1933) o L’hostal de la Glòria (1931), perquè fan un retrat calidoscòpic dels avars i els miserables que poblen la història de Catalunya del segle XX
  7. El carrer de les Camèlies (1966) de Mercè Rodoreda (1908-1983) és qui retrata els anys de la Guerra Civil i la postguerra a la perfecció. La novel·la ressegueix la vida de Cecília, una supervivent, que comença la seva vida miserable a La Rambla. Després, viu engabiada en un pis de l’Eixample i acaba venent-se en unes barraques del Carmel. Rodoreda retrata una societat consumida per l’avarícia dels anys anteriors, un viatge cap a la foscor. Aquesta tristor grisa serà una constant en les obres de Rodoreda, com ara a Aloma (1936) o a la famosa La plaça del diamant (1962). També retrà comptes amb el passat a la novel·la Mirall trencat (1974), un retrat de la decadència burgesa a l’estil de Sagarra.
  8. Feliçment soc una dona (1969) de Maria Aurèlia de Capmany (1918-1991). Com ho fa Rodoreda a El carrer de les Camèlies, Capmany retrata la societat del seu temps a través del personatge de la Carola, que ha viscut intensament i ha estat víctima dels clarobscurs d’una ciutat avara que creix de manera desordenada. La protagonista enceta, al principi, un viatge a la recerca de la felicitat, però agafa el camí equivocat que li farà perdre tota la innocència. Capmany també retrata aquesta ciutat vençuda pels anys avars a Betúlia (1974). 
  9. Benzina (1983) de Quim Monzó. L’efervescència avariciosa dels feliços anys vuitanta del segle XX la retrata Monzó a través de la història de l’Heribert. El personatge, que ha triomfat al món de l’art després d’una conquesta àrdua, viu una vida condescendent i avorrida fins que s’adona que els seus amors l’enganyen amb homes extravagants. 
  10. El cau del conill (2011) de Cristian Segura. Ja al segle XXI, Segura retrata la plàcida existència de l’empresari Amadeu Conill: les partides de tenis al migdia, les demostracions de popularitat a la tribuna del Barça, els vermuts al Turó Park o les tardes de compres a l’Illa Diagonal. L’autor relata les tribulacions d’un prohom de la burgesia barcelonina en caiguda lliure i el relleu generacional d’una classe social en una decadència feliçment aconseguida en ple món globalitzat. 
  11. Tsunami (2020) d’Albert Pijuan. Finalment, hi trobem els tres cosins de Pijuan, fills dels tres germans fundadors d’un grup turístic amb hotels arreu del món. Als divuit anys, gaudeixen com mai i com ningú durant la inauguració del nou hotel a Sri Lanka: festes, alcohol, submarinisme, paisatges exòtics, luxe asiàtic… Però les coses canviaran dràsticament quan una alerta de tsunami s’escampa per tots els racons de l’oceà Índic.

 

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Si hi ha un moment clau en la història d’Espanya, aquest és l’arribada a Amèrica i el posterior saqueig. Aquella riquesa va ser la llavor del que s’anomenaria Imperi Espanyol i que, tal com explica l’historiador d’11Onze Oriol Garcia Farré, no va ser res més que la presa de pèl a uns catalans.

 

Toni Mata, director de continguts i mitjans d’11Onze

 

El 12 d’octubre és la data preferida del nacionalisme espanyol. La celebren a mà alçada els feixistes a Montjuïc i rememora, amb nostàlgia, aquell Dia de la Raça de l’època franquista que, al seu torn, s’emmirallava en “el Imperio Español donde nunca se ponía el sol”. Quin mal de panxa els agafaria si sabessin que el ‘descobriment’ va ser cosa dels catalans. La cursiva de ‘descobriment’ es deu, efectivament, a què a les terres americanes ja hi vivia gent i que tant xinesos com vikings ja hi havien arribat. Però els espanyols van ser els que es van decidir a espoliar riqueses i esclavitzar indígenes. Per tant, en aquest sentit sí, la primícia és 100% europea. Des d’aleshores, aquests fets duen el malnom de “colonització”. 

 

Colom era català? Va home, va

Però anem al que ens ocupa: si dieu en veu alta “Colom era català”, us caurà al damunt una allau de desqualificacions que us titllaran de fanàtic, il·luminat, supremacista o ves a saber què. I, per tal d’evitar el soroll, qualsevol català dirà “deixem-ho estar”. Ara bé, els historiadors tenen l’obligació d’analitzar els fets i això és el que hem demanat a l’historiador Oriol Garcia Farré. Mirant-ho amb una mica de detall, tal com podeu llegir en aquest article, costa de sostenir el relat espanyol.

Per què? Vegem-ho. El 1492 Espanya no existia. Era la unió de dues corones: la Corona de Castella i la Corona catalanoaragonesa. El tan estimat (a Espanya) Ferran el Catòlic, era el rei català, però això no vol dir que fos gaire estimat a Catalunya. Era de la família Trastàmara, que havia accedit al tron després de l’extinció del llinatge dels comtes de Barcelona amb la mort de Martí l’Humà, i que en aquella època tenia força contestació social a Catalunya. De fet, el pare de Ferran, Joan II d’Aragó, va protagonitzar la Guerra Civil catalana contra les institucions catalanes per obtenir el control polític. També es va enfrontar amb els pagesos, en les famoses guerres remences que encara recordem amb el crit de “Via fora!”.

Des d’aleshores no eren la dinastia més estimada de la història de Catalunya. És més, el 7 de desembre de 1492, al Palau Reial de Barcelona un remença del Maresme va intentar assassinar Ferran el Catòlic. El magnicidi va estar a punt de culminar-se, i, si hi voleu aprofundir, ho podeu fer amb aquest capítol d’El Lloc dels Fets que vaig escriure fa uns anys per TV3.

Per tant, el casament de Ferran el Catòlic amb Isabel de Castella era pels Trastàmara, allò que ara diuen els ‘influencers’, escriptors o cantants catalans que treballen en castellà: buscaven més públic. L’ampliació de la corona cap a Castella era la millor opció per mantenir-se en el poder, per als Trastàmara. I un bon dia, un senyor anomenat Cristòfor Colom els proposa una idea boja: anar a descobrir les terres de l’altre cantó de l’oceà Atlàntic. Com sabem que aquesta era una empresa catalana? Fent servir les dades i la lògica.

D’una banda, la Corona catalanoaragonesa era una potència naval, mentre que a Castella no devien saber ni si la mar era salada. Penseu que estem al segle XV i que les distàncies no eren les mateixes. Catalunya, en canvi, havia dominat el Mediterrani i havia impulsat el Llibre del Consolat de Mar, que regulava el dret marítim internacional des del segle XIV.

Però si anem als fets, la cosa és encara pitjor. En la comptabilitat de la corona castellana de l’època no hi consta cap inversió per l’expedició de Colom. Recordem que es tracta de dues corones i només consten pagaments en ducats, que és la moneda que s’utilitzava a la Corona catalanoaragonesa. Què ens diu això? Ras i curt que l’expedició la van pagar els catalans. I si la van pagar és perquè tenien experiència en el comerç marítim i confiaven que aquell tal Colom duria riqueses. Per cert, Colón costa força de trobar com a cognom espanyol. Sembla, més aviat, una apropiació castellana. De fet, el mateix que va passar amb tot el que va comportar el ‘descobriment’ d’Amèrica.

Quan a Castella es van adonar que el negoci era massa lucratiu per deixar-lo en mans catalanes, van canviar els acords amb Colom, el van acusar de traïció (sedició no era un terme utilitzat a l’època!) i la família va caure en desgràcia. Vaja, que tot plegat havia de servir a la glòria d’Espanya. Això explica també la destrucció de documentació de tots aquells fets. Resulta evident que es va voler esborrar la petjada catalana de la més gran fita espanyola de tota la història.

Colom potser va ser, doncs, el primer català entabanat pel projecte espanyol. S’encetava així la tradició catalana de contribuir al projecte espanyol, quedar-ne apartat de les bones notícies i maleir-se per haver-hi contribuït. Una tradició que ha seguit vigent fins als nostres dies amb una bonhomia aclaparadora.

 

No m’ho acabo de creure

És normal no creure’s aquesta història perquè estem tan avesats a la història oficial (adoctrinats, se’n diu), que l’impuls és pensar que tot plegat és una invenció. Però cal fer revisar els fets de manera crítica i tan freda com sigui possible. Quin port tenia Palos de la Frontera al segle XIV? I quin port tenia Pals a la mateixa època? És important informar-se, veure els estudis de restes arqueològiques i lligar caps. I els famosos germans Pinçon? Valencians que tenien els seus negocis a terres gironines, molt a prop de Pals. En propers articles, l’Oriol Garcia aprofundirà sobre aquestes proves esborrades per la historiografia espanyola. La veritat, però, sembla òbvia. La presa de pèl potser va començar el 1492.

 

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Acusada por haberse comido una manzana. Estigmatizada por el pecado del hombre. Controlada por los confesores. Purificada a través del fuego redentor. Atacada por la misoginia. La historia de la mujer plantea un panorama poco esperanzador, dado que ha tenido que acatar una realidad impuesta por el género masculino. Emprendemos un recorrido por la historia con el primero de seis artículos sobre la lucha de la mujer contemporánea para lograr la plena igualdad.

 

A principios del siglo XX, Cataluña hizo el salto definitivo hacia la modernidad. La generación del 1900 trabajó intensamente para modernizar la sociedad catalana hasta conseguir transformar todos los ámbitos de la vida cotidiana. Desde la cultura hasta la política serán redefinidas y, aun hoy, perduran intensamente todos aquellos cambios tan profundos dentro de nuestra memoria colectiva.

La modernidad anhelaba cambiar los esquemas anteriores por medio de la cultura, la ciencia y la educación, y fue en este último ámbito donde topó con la Iglesia, la cual ostentaba -desde hacía siglos- el monopolio de la educación. Entonces, el debate se articuló sobre sí para ser modernos había que transitar absolutamente hacia una sociedad plenamente laica o existía otra opción.

La sociedad catalana conservadora de la época esperaba que la esposa de una de las personalidades más relevantes del panorama político del momento -como era el abogado y miembro fundador de la Liga Regionalista, Narcís Verdaguer y Callís- se mantendría al margen de toda la efervescencia social y cultural del país.

El modelo social de entonces entendía que la mujer -con suficientes recursos económicos- tenía que tener una actividad limitada a las funciones de ama de casa y a actas sociales que incluían obras de caridad en el ámbito parroquial. Por lo tanto, cuanto más blanca era su piel, más importante era su estatus social.

La realidad fue otra, cuando Francesca Bonnemaison y Farriols (1872-1949) -de profundas convicciones religiosas, transmitidas por línea materna- inició un proyecto revolucionario que lo cambiaría todo. Sin darse cuenta, haría tambalear los cimientos más conservadores de la sociedad catalana.

 

Democratizando el acceso en la educación

Reunidas alrededor de la parroquia de Santa Anna de Barcelona, las conocidas como ‘damas cooperadoras’ se reunieron un viernes de mayo del 1909 en las dependencias de la vicaría. Lejos quedaban las acaloradas discusiones de cuál era la opción más idónea para constituir la nueva entidad dentro de la parroquia: o bien se creaba una obra social para la juventud femenina adinerada, o bien se fundaba un círculo literario exclusivo para mujeres del alta sociedad. Pero nada de esto sucedió.

Con el aval de en padre Gatell, se impuso la opción sugerida por la señora Bonnemaison. A partir de aquel viernes 28 de mayo de 1909 se ponía en marcha la primera biblioteca pública para mujeres de Barcelona. Sí, para todas las mujeres de la ciudad y abierta, tanto a mujeres acomodadas como mujeres trabajadoras.

De este modo, se ponía en práctica el ideario renacentista que defendía Francesca Bonnemaison, el cual creía imprescindible acercar la cultura a la mujer, la regeneración social y el desarrollo económico del país. Un año más tarde se fundaba lo lnstitut de Cultura de la Dona y de este modo se ponían las bases para formar mujeres de todas las capas sociales, que caminaran hacia su liberación personal, el reconocimiento de algunos derechos básicos y la igualdad de oportunidades laborales.

El ideario que desplegó la nueva institución -tan revolucionaria en su tiempo- se fundamentaba en tres pilares esenciales: El primero se articulaba en el fomento de la lectura y la práctica sensata de la doctrina cristiana. El segundo entendía que el aprendizaje intelectual adquirido por la mujer -a través de la educación- era necesario para ayudar al hombre y no para competir con él. Y el tercero pivotaba sobre el entendimiento que la mujer tenía que ser una buena gestora doméstica que pudiera colaborar en el sostenimiento económico familiar y en la transmisión de conocimientos a los hijos.

La puesta en marcha del lnstitut de Cultura y la Biblioteca Popular de la Dona fue un éxito sin precedentes, como constatan los libros de registros de lectoras que se reunían cada domingo después de misa y el fuerte incremento de la demanda docente. Rápidamente, tuvieron que abandonar la parroquia para instalarse primero en la calle Elisabets y después en la actual calle Sant Pere Més Baix de Barcelona. Está documentado que hasta julio del 1936, la biblioteca disponía de un fondo con más de 23.000 volúmenes y el Instituto impartía docencia a unas 6.200 alumnas.

 

El exilio forzado y cambio de paradigma político

Francesca Bonnemaison creyó que la historia le ofrecía una segunda oportunidad para amplificar su ideal de mujer y empezó a hacer campañas después de la proclamación de la Segunda República. Por este motivo, constituyó -aconsejada por Francesc Cambó- la sección femenina de la conservadora Liga Regionalista. Desde entonces, trabajaría incansablemente para difundir su modelo de mujer, basado en la religión, el conocimiento y la familia.

Pero todo cambió a partir de julio de 1936. Después del fallido golpe de estado y el consiguiente estallido de la Guerra Civil, todo se polarizó. Miembros de la Liga Regionalista -recordémoslo, un partido conservador catalanista- serían colaboracionistas del fascismo a través del espionaje interno y de oficinas de prensa en el exterior -como la de París-, que se dedicarían a elaborar contenidos para explicar el nuevo relato franquista al mundo.

La “proletarización” llevada a cabo por la insurrección anarquista a principios del conflicto de la Biblioteca y del lnstitut de Cultura hizo entender a Bonnemaison que su vida corría peligro. Aquella inseguridad la llevó hasta París, donde fue la secretaria personal de en Francesc Cambó. En el extranjero trabajó incansablemente para difundir los ideales de los insurrectos, dado que confiaba que estos volverían a garantizar la orden y la estabilidad social, con los que su ideal de mujer encajaba perfectamente.

Al volver a Barcelona en 1941, se dio cuenta de que la dictadura franquista había articulado la sociedad a partir de la familia y siguiendo las pautas católicas, pero la mayoría de mujeres habían sido obligadas a abandonar sus trabajos para dedicarse exclusivamente a las tareas domésticas y familiares. De este modo, la mujer pasaba a ser considerada inferior al hombre y no tendría ningún tipo de autonomía.

Descubrir que los vencedores practicaban este sectarismo ideológico, sumado a una agresividad sin precedentes frente a todo aquello que fuera catalán, la hizo caer en una profunda depresión de la cual ya no se recuperó nunca. Y más aún cuando el lnstitut de Cultura y la Biblioteca de la Dona fueron controlados por la Falange y esta se dedicó a tergiversar completamente el espíritu fundacional de aquel viernes de 1909.

Si bien es cierto que el ideal de mujer de Francesca Bonnemaison era de inspiración conservadora y paternalista, no tenemos que olvidar nunca que dio alas a miles de barcelonesas con la creación de sus instituciones, y mucho antes de las míticas ‘Fawcett Library’ de Londres o la ‘Biblioteque Marguerite Durand’ de París. Francesca Bonnemaison fue una pionera en su tiempo, creando los elementos necesarios para empoderar a la mujer, paso primordial hacia la igualdad social.

 

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La bodega Recaredo, Corpinnat, se encuentra en el núcleo antiguo de Sant Sadurní d’Anoia. Es la única cava que continúa haciendo todo el proceso de vinificación en el centro de la villa y lo hace desde principios del siglo XX. Todo lo que se produce en Recaredo se hace desde la conciencia.

 

Ton Mata, tercera generación de la bodega Recaredo, hace 25 años que decidió formar parte del negocio familiar. Después de haber estudiado ingeniería aeronáutica, cuando volvió a casa tuvo una larga conversación con su padre y decidió estudiar ingeniería técnica agrícola y entrar a formar parte de la empresa familiar. Ha sido director técnico, director general y, ahora, es consejero delegado. Junto con dos primos más gestionan la empresa bajo la dirección de una persona externa de la familia.

Hacer lo que te gusta

La historia de la bodega es curiosa, dado que todo el Corpinnat que sale de la empresa es fruto de las cosechas propias. “Nosotros venimos de una familia que no tenía viñas —explica Ton Mata—. Mi abuelo, cuando empezó, no tenía ni una sola viña y en estos momentos tenemos 80 hectáreas en propiedad, de las cuales sale la producción de Recaredo 100%, Corpinnat”. Para hacer la producción de vino tranquilo, necesitan comprar uva.

El abuelo de Ton Mata era hijo de una familia de artesanos de la cerámica que hacía las típicas piezas para la construcción. “Mi bisabuela envió al abuelo, cuando era muy jovencito, a trabajar a unas cavas. Y aquí es donde empezó todo”, explica. Allí, el abuelo aprendió el oficio de la segunda fermentación, de todo lo que pasa dentro de la botella (crianza, pupitre, segunda fermentación, degüelle) “y se convirtió en un experto en el arte del degüello manual”. “Entonces se planta para él solo y, poco a poco, transforma el tejar familiar en unas cavas”, amplía. De hecho, la bodega todavía conserva una parte del antiguo tejar.

“Mi abuelo —explica Ton Mata— se da cuenta de que, si quiere hacer un buen vino, necesita una buena viña. Y es así como empezamos la integración vertical, pero en vez de hacerlo de la viña hacia delante, lo hacemos hacia atrás”. La tercera generación está recogiendo los frutos del trabajo hecho por el abuelo. Ton Mata dice que esta herencia les permite hacer “un camino de ensueño”: “Hacer lo que realmente nos gusta y queremos hacer. Procuramos ser libres, no tener ningún vínculo, es decir, que no sea el mercado quien nos marque el camino. Afortunadamente, hasta ahora, hemos encontrado la complicidad de personas que les ha gustado lo que hacemos”.

El ‘terroir’ que acoge a las viñas

Ton Mata explica que la bodega se ha ido transformando y ha pasado de la agricultura tradicional a la agricultura ecológica y, después, a la agricultura biodinámica. “Este proceso nos ha hecho más fuertes en nuestras convicciones, que son: hacer espumosos solo brut nature, hacer vinos que realmente sean capaces de representar un paisaje, un territorio, con todas las consecuencias y no solo de bla, bla, bla; hacer crianzas mucho más largas…”.

Recaredo tiene una producción de 280.000 botellas. Exporta fuera del Estado español un 15%, en el Estado otro 15% y su mercado principal es Cataluña, con un 70%. Ton Mata considera que son una bodega pequeña. A pesar de que mira el sector con preocupación, considera positivo el nacimiento de nuevas empresas que desde la viña sacan al mercado sus productos. Cree que el sector vitivinícola del Penedès se debe atomizar, si se quiere mantener el prestigio de la zona. “Es interesante que haya empresas pequeñas, cada una con su estilo y su personalidad. Es bueno para mantener el equilibrio”, argumenta.

Sin embargo, se manifiesta preocupado por el territorio, el paisaje y el entorno. “Está tan amenazado que me hace sufrir. Corpinnat vamos a contracorriente. Es muy difícil hacer vinos que representen un paisaje si no tienes paisaje de calidad. Las amenazas de infraestructuras como la MAT, polígonos como Can Vies y, sobre todo, los desechos que dejamos en la tierra como los herbicidas o los insecticidas… Está claro que no ayudan a mantener un paisaje de calidad. Este tipo de agricultura no tiene futuro y no es sostenible. Impide hacer vinos que representen un paisaje porque lo que hace es destrozar este paisaje y los vinos acaban enseñando este paisaje destrozado”, se lamenta.

Para Ton Mata practicar agricultura biodinámica hace que sus vinos reflejen el suelo donde han sido cultivados, el ‘terroir’. “Ofrecemos un espumoso que representa la transparencia: de una cosecha, una añada, un ‘terroir’, unas personas y un equipo. Un brut nature es el que da la transparencia más grande, y con esta obsesión de representar el ‘terroir’ te das cuenta de que el paisaje sepultado está muy dañado”, explica.

Preservar el paisaje

Para Mata, practicar la agricultura biodinámica quiere decir trabajar para preservar el paisaje, trabajar con la naturaleza y no contra la naturaleza. “Nosotros implantamos la parte más racional de la biodinámica en 2006. Nos hemos ido abriendo a la biodinámica, no solo a la parte racional y biológica, sino también a la parte más filosófica y más de conciencia, la de estar más atento a lo que haces y por qué lo haces. Esto es un reto, porque, cuando mandas hacer un trabajo, este no tiene que ser solo de ejecución mecánica, sino que tiene que implicar una conciencia de cómo se está haciendo y por qué se está haciendo así”, detalla. Para Mata, trabajar desde la conciencia tiene una consecuencia sobre el resultado del vino.

Recaredo forma parte del grupo Corpinnat (marca colectiva de la Unión Europea) junto con diez bodegas más. Su compromiso con el territorio queda reflejado en los principios de esta marca.

 

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El confinamiento a raíz de la pandemia popularizó el teletrabajo. Una tendencia que ha difuminado la frontera entre la oficina y nuestra vida personal. Workation es una nueva modalidad de trabajo a distancia que fusiona trabajo y vacaciones.

 

Para cualquier persona que tenga la opción de trabajar a distancia, los beneficios de tomarse un workation, la suma de ‘work’ (trabajo) y ‘vacation’ (vacaciones), son difíciles de dejar pasar. Hasta el 2019, la imagen de trabajar desde un ordenador portátil con una vista panorámica de fondo se asociaba casi exclusivamente con un estilo de vida nómada digital, pero, gracias a la crisis sanitaria, se popularizó el trabajo a distancia de una manera exponencial.

Esta nueva modalidad de teletrabajo no está pensada para trabajar durante las vacaciones, sino para trabajar como si estuviéramos de vacaciones. Montar nuestra oficina en un lugar que normalmente solo visitaríamos cuando estamos de vacaciones puede tener bastantes beneficios, más allá de las vistas.

Seguirás teniendo todo lo esencial a lo que estabas acostumbrado en la oficina y muchos lujos a los que no

 

Muchos hoteles ofrecen una gran variedad de espacios hábilmente diseñados por los que puedes moverte en función de tu estado de ánimo y tus preferencias, desde puestos de trabajo pensados para pasar horas tecleando en tu portátil, acceso a salas de conferencias disponibles cuando lo necesites, y una potente conexión wifi que no se interrumpe.

En muchos sentidos, los hoteles fueron la versión original de los espacios de coworking: era habitual ver a gente trajeada con el portátil abierto mientras disfrutaba de una comida en el restaurante. Hoy en día, es más probable ver a alguien con bermudas y chanclas.

 

Incrementarás tu productividad

Como los nómadas digitales son un 13% más productivos que sus homólogos que trabajan en la oficina, resulta que los empresarios también ven las ventajas de que sus empleados trabajen desde el extranjero. Poder trabajar en un espacio adaptado a las necesidades y preferencias individuales, así como disponer de bloques de tiempo ininterrumpidos durante el día. Esto significa que las personas no solo son más productivas y están más cómodas en el trabajo, sino que también están mucho más dispuestas a hacer horas extra de vez en cuando.

 

Tu salud mental te lo agradecerá

¿Sientes que se acerca el trastorno afectivo estacional? ¿Te sientes abrumado por el trabajo o te cuesta seguir las normas de la oficina? Tal vez te vendría bien un cambio de rutina que le recuerde que la vida es para vivirla, y no solamente para trabajar y perder tu tiempo desplazándote de casa al trabajo.

 

Te relajarás sin tener que ausentarte del trabajo

Muchos hoteles disponen de servicios que, admitámoslo, la mayoría de nosotros no tenemos en el trabajo o en casa. Olvídate de la ducha compartida, la mesa de billar y los sillones de masaje rígidos y opta por la piscina, el baño turco y la sauna, donde podrás relajarte después de un duro día de trabajo sin ni siquiera salir a la calle. Cuanto más aproveches esas valiosas horas después del trabajo para desconectar y recargar pilas, más satisfecho, renovado y concentrado te sentirás en tu jornada laboral.

 

Descubrirás nuevos lugares 

Cambia los monótonos desplazamientos al trabajo por largos paseos por una ciudad desconocida; explora distintos barrios y descubre nuevos restaurantes; disfruta de la fotografía de ocio o amplía tus horizontes conociendo a lugareños y profundizando en la cultura local. Hazte amigo del camarero de esa cafetería que frecuentas a diario, o planea dónde ir y qué ver desde tu nueva ubicación.

 

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La festividad de los Reyes Magos es la celebración más conocida del ciclo navideño. Y, en cambio, solo el evangelio de San Mateo da noticias específicas de estos prohombres, pero de manera bastante enigmática. Ni siquiera concreta los nombres, el número o la procedencia exacta. Entonces, ¿cuál es la historia verdadera de los Reyes Magos? 

 

Empecemos fijándonos bien en cómo San Mateo introduce a los Reyes Magos en su evangelio. Primero, asegura que Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes y, después, relata la aparición de los magos de la siguiente manera: “Poco después llegaron a Jerusalén unos magos que venían de Oriente y que preguntaron ‘¿Dónde es el rey de los judíos, que acaba de nacer? Hemos visto allá en Oriente su estrella y venimos a postrarnos ante él’”.

De hecho, la noticia, nos dice San Mateo en el evangelio, “turbó mucho al rey Herodes, y con él a toda Jerusalén”. Es así que Herodes deja ir a los magos, pero les pide que, antes de volver a sus pueblos, le informen del lugar exacto dónde ha nacido el niño, de forma que también él pueda ir a adorarlo. Pero los magos parece que no cumplieron con la palabra dada a Herodes…

El evangelio dice que los prohombres continúan su camino, siempre siguiendo la estrella, hasta que justo se para en el punto donde se encuentra Jesús. Entonces, San Mateo narra: “Y entraron en la casa, vieron al niño con María, […] se postraron ante él y abrieron los cofres que llevaban para ofrecerle presentes de oro, incienso y mirra. Y como un sueño les advirtió que no tenían que volver a ver a Herodes, volvieron a su país por otro camino”. Después de esto, no se vuelve a hablar nunca más de ellos.

La maraña que envuelve la historia

Si analizamos cuidadosamente la narración evangélica de San Mateo, rápidamente nos damos cuenta de que en ningún momento se nos dice que fueran tres personajes, pero, en cambio, sí que nos dice que “unos magos” dejaron tres regalos (el oro, el incienso y la mirra). Tampoco se nos concreta el punto exacto del encuentro. Y lo más sorprendente de todo: en ningún momento se nos especifica el estatus de rey de estos personajes.

Si buscamos más información canónica —la oficial— sobre estos personajes, en ninguna parte encontramos más contenido. Aun así, si vamos al otro evangelio que narra el nacimiento y la infancia de Jesús, el de San Lucas, en ninguna parte se citan los magos, ni la matanza de inocentes, ni la huída a Egipto. En cambio, San Lucas sí aporta detalles sobre la anunciación, el traslado de José y María embarazada en Belén, para inscribirse en el censo ordenado por el emperador romano Augusto, la adoración de los pastores y el nacimiento de Jesús en un establo. 

Por lo tanto, el Nuevo Testamento ofrece versiones de Navidad muy diferentes que, con la maduración del paso de los siglos, con aportaciones intencionadas e interpretaciones sesgadas, han acabado configurando el fantástico y trenzado relato que conocemos. No tenemos que perder de vista que por el camino también se le fueron añadiendo nuevos personajes, como el buey y la mula, que el papa Benedicto XVI ha rechazado públicamente, o el cuarto rey mago y otras invenciones.

“Si la palabra original en griego fue traducida de una palabra del persa antiguo, ‘maguusha’, entonces el significado sería: sacerdote. ¡La más probable!”

¿Magos quiere decir mágicos?

La pregunta, pues, que nos sugiere el relato inicial es: ¿por qué Mateo hace aparecer a estos curiosos personajes? El hecho importante y a tener muy presente es que el evangelio original de San Mateo fue escrito en griego, manuscrito del cual no nos ha llegado hasta nuestros días. Solo disponemos de la versión traducida al latín por San Jerónimo, pero ya en el siglo IV.

Si seguimos analizando el texto, la clave de todo reside en la palabra “mago”. ¿Es esta la palabra empleada en el texto original escrito en griego? Y entonces nos asalta otra pregunta bastante inquietante: ¿qué significaba ser un mago en el contexto en el cual se escribe el evangelio?

La etimología histórica nos ofrece dos posibilidades. Si la palabra original escrita fuera en griego “μάγο”, sería usada con una connotación peyorativa. Una expresión dirigida a definir brujos, interpretadores de sueños, encantadores, practicantes de ritos oscuros e, incluso, charlatanes. ¡Parece que no es el caso! En cambio, si la palabra original en griego fue traducida de una palabra del persa antiguo, “maguusha”, entonces el significado sería: sacerdote. ¡Seguramente, la más probable!

Por lo tanto, si seguimos por este camino etimológico, encontramos en el pasado babilónico una casta religiosa de sacerdotes persas conocidos como “magos” con un reconocido prestigio en conocimientos astrológicos y seguidores de la religión zoroástrica. Para entender todavía mejor la etimología histórica, hay que tener presente que la presencia judía en Persia fue muy notable desde la época de Nabucodonosor (siglo VI a. C.), cuando el gobernante babilónico conquistó Judá y esclavizó a los judíos. 

Estas comunidades hebreas, que esperaban al Mesías, seguramente habrían influido en la tradición astrológica persa. En el siglo VI d. C., estos magos —ahora sí, con nombre y número— fueron representados al estilo persa —principalmente por su indumentaria— en el conocido mosaico de San Apolinar el Nuevo de la basílica de Rávena (Italia).

“El análisis textual nos sitúa ante un relato puramente propagandístico: demostrar que el cristianismo era amplio, integrador de culturas y universal”

La leyenda se consolida con el canon bíblico

Tanto si la visita de los Reyes Magos sucedió como si no, llegamos al Concilio de Nicea del 325, cuando el discurso oficial de la Iglesia queda institucionalizado y se acuerda que serán solo cuatro los evangelios oficiales —Mateo, Lucas, Juan y Marcos—, que marcarán el discurso del dogma. El resto de textos, más de 70, serán considerados apócrifos, es decir, poco fiables, dado que se basan en suposiciones que no se pueden contrastar.

Es curioso porque todos estos textos fueron escritos a la misma época que los cuatro evangelios canónicos. Lo que resulta evidente es que, con el paso de los siglos, se fue forjando la teología, la liturgia y la tradición cristiana, complementadas con otros escritos que llenan los vacíos que habían dejado los textos oficiales. Fue en este proceso que fue tomando forma el relato de los magos persas.

Si rehuimos de lo fantástico y somos absolutamente racionales, el análisis textual nos sitúa ante un relato puramente propagandístico. El incipiente y moderno discurso cristiano surgido de Nicea tuvo la necesidad de demostrar que su radio de acción era amplio, integrador de culturas y dotado de una dimensión universal. El relato de los Reyes Magos cumplía con este mensaje y —no menos importante— permitía enlazar las profecías del Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento, dado que demostraba que las sagradas escrituras no se equivocaban en el hecho que “todos los reyes venidos de todas partes se postrarán ante él”.

Tampoco es casual que se fijara en tres el número de los magos: porque es el número de la divinidad por excelencia, de la Santísima Trinidad; porque es el reflejo de las tres edades del ser humano, la juventud, la madurez y la vejez; porque son los tres continentes conocidos en aquel momento, Europa, Asia y África; y porque son las tres dimensiones del tiempo, pasado, presente y futuro.

Los pedazos que construyen la historia

Fue a partir de entonces que se empezó a crear una iconografía especial, con significados diversos. Pronto dejó de ser relevante la auténtica realidad de los personajes de Oriente y tomó importancia el simbolismo ritual de la edad media. El mundo Carolingio los convirtió en reyes. La historia dice que Federico I Barbarroja, durante la Tercera Cruzada, encontró los cuerpos de los tres reyes magos en Constantinopla y los llevó hasta Alemania. Actualmente, la catedral de Colonia conserva las reliquias de los Reyes Magos. Las órdenes mendicantes del siglo XIII aportaron a la tradición de hacer el pesebre y, la epifanía tiene un lugar destacado. El Renacimiento aportó la negrura al rey Baltasar

La larga noche del tiempo fue fijando y generando nuevos detalles sobre los Reyes Magos, los cuales impregnaron la tradición cultural europea por siempre jamás. La historia de los Reyes Magos es una historia construida a pedazos, que ha cambiado generación tras generación y que ha llegado hasta nuestros días convertida en espectáculo comercial. Y, como toda buena historia, está hecha a fuego lento.

 

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En nuestra memoria perdura intensamente la fecha de 1714. Poco o mucho, todo el mundo sabría explicar qué significó para Cataluña. Aun así, este periodo oscuro de la historia empieza a cambiar con el Real Decreto de libre comercio con América. Este texto normativo será la grieta que propiciará la industrialización en nuestro país. Lo descubrimos de la mano del agente Oriol Garcia Farré.

 

Después de la guerra de 1714 a Cataluña se le había prohibido el comercio directo con las colonias americanas, lo cual supuso un empobrecimiento brutal. A partir de la década de 1750 esto empezó a cambiar. El sistema de privilegios de la política comercial borbónica hacía aguas y los poderes fácticos se vieron obligados a introducir nuevos agentes para garantizar la viabilidad del comercio con América. 

De este modo, en 1756 la Corona permite de nuevo a los barcos salir de los puertos catalanes hacia el nuevo continente y el 1778 Carlos III firma el Real Decreto de libre comercio y pone fin al monopolio de Cádiz y Sevilla y favorece de nuevo el comercio de Cataluña. Así se iniciará una relevante exportación de productos agrícolas, como el vino, el aguardiente, los frutos secos o el papel, que permite que la balanza comercial de Cataluña aumente de forma espectacular. Este hecho es la verdadera génesis de la industrialización de Cataluña.

Comerciantes e indianos, crónica de unos emprendedores

Los comerciantes serán los impulsores necesarios de esta modernización del país. Las compañías comerciales del siglo XVIII serán el modelo a seguir durante más de un siglo para organizar las exportaciones e importaciones. El comercio del algodón con las colonias será importantísimo para que Cataluña inicie un proceso de mecanización, que propiciará el principio de la revolución industrial.

Pocos años después, una generación de emprendedores sacudirán y transformarán las estructuras económicas y sociales de Cataluña. Los primeros en hacerlo fueron Josep Bonaplata, Joan Vilaregut y Joan Rull, los tres vinculados a la fabricación textil. El 1832 crearon la primera industria textil movida por la fuerza del vapor de todo el Estado español, la Fábrica Bonaplata.

La idea supondrá un antes y un después, el paso definitivo hacia la modernidad. La innovación tecnológica que supone la mecanización les permitirá ser líderes en su sector, e impulsar toda la industria textil en Cataluña. La inquietud, la transformación y la mejora que caracterizaron aquella época están todavía en el ADN del comercio catalán.

El vapor, clave de la industrialización del país 

La economía surgida de la utilización del vapor conllevó la obligatoriedad de moverse a una mayor velocidad. A la innovación tecnológica y al emprendimiento había que darles de un nuevo sistema de transporte. El ferrocarril fue quien propició la intercomunicación de los principales centros productivos del textil del país hacia el puerto de Barcelona, vertebrando así todo el territorio.

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