El belenismo, el arte efímero más catalán

Llegan las fiestas de Navidad y en toda la geografía catalana encontramos belenes, expresiones plásticas y vivas del nacimiento de Jesús. Estas representaciones también se continúan instalando en muchos hogares, sea por tradición cultural o por fe. Según la tradición catalana, el belén se montaba el día 6 (San Nicolás), el 8 (La Purísima) o el 13 (Santa Llúcia) hasta el día 2 de febrero, festividad de la Candelera.

 

Montar el belén es una tradición centenaria. Hay familias que guardan como un tesoro las figuras, que han ido pasando de generación en generación, y que, al acercarse Navidad, pasean por mercados y ferias con el objetivo de descubrir algún elemento nuevo. Montar el belén se convierte para muchas familias en una actividad compartida y festiva: es un preludio de toda la actividad navideña que les espera. 

Sin embargo, existe en Cataluña y en otros lugares del mundo la figura del belenista, la persona que hace belenes como actividad artística. El belenista es un artista multidisciplinario que un par de meses antes de las fiestas de Navidad ya empieza a trabajar en el diorama o belén que querrá exponer. El belenismo está considerado un arte efímero, dado que, cada año, una vez pasada la época navideña, se acostumbra a destruir su obra.  

Una tradición de 800 años de historia

La palabra pesebre [‘pessebre’, en catalán], según el diccionario etimológico, proviene de la palabra latina ‘praesepium’, que quiere decir establo o lugar donde se guardan los animales. Según la tradición cristiana, Jesús nació en un establo y, por eso, en catalán se emplea dicha palabra para referirse a la representación. En cambio, en castellano se usa el nombre de la ciudad palestina, Belén, donde se dice que nació Jesús. 

Según dice la leyenda, Francisco de Asís (1182-1226) hizo el primer pesebre la nochebuena del año 1223, en una cueva de la localidad de Greccio (Italia). Con un buey y una mula vivos y un comedero lleno de paja representó el nacimiento de Jesús ante los vecinos que había convocado. A partir de entonces, representar el nacimiento de Jesús, mediante pesebres vivientes o con figuras escultóricas, en conventos, iglesias y, más adelante, en las casas particulares, se convirtió en una tradición. El pesebre llegó de Italia a Cataluña en el siglo XVIII y se ha convertido en el arte efímero espiritual, cultural y tradicional más extendido en nuestra comunidad.

En Cataluña hay una larga tradición belenista. A pesar de que esta afición artística tiene cada vez menos adeptos, el movimiento belenista sigue muy vivo. Sin ir más lejos, en 2018 se inauguró el Museu del Pessebre de Catalunya, situado en la villa medieval de Montblanc. En 1985 se creó la Federació Catalana de Pessebristes, de la cual forman parte 66 asociaciones de Cataluña y las Islas Baleares y 17.000 socios. Y desde 1969 se celebra un encuentro anual de belenistas, en el que la federación y las asociaciones organizan cursos, charlas y encuentros. 

Además, el movimiento belenista de Cataluña es tan potente que en 1952 constituyó en Barcelona la única federación internacional del belenismo, la Universalis Foederatio Praesepistica (UN-FOE-PRAE), de la que actualmente forman parte 20 organizaciones belenistas de Europa, Estados Unidos, Argentina y Brasil. Los belenistas de Cataluña son reconocidos en todo el mundo gracias al hecho de que introdujeron, a principios del siglo XX, el yeso como material de construcción. Por otro lado, Cataluña ha tenido y tiene escultores de figuras de belén mundialmente reconocidos.

El arte de esculpir el nacimiento de Jesús 

El trabajo de los belenistas es realmente una obra de arte. El belenista y director del Museu del Pessebre de Catalunya, Ismael Porta, explica que hacer un pesebre representa entre dos y tres meses de trabajo. “Depende de la medida y detalles que quieras poner. Porque crear un belén artesanal no es trabajo que ocupe unas horas de la tarde de un domingo, sino que necesita horas de planificación y construcción”, relata. 

Para Porta, tantas horas de dedicación hace que cueste encontrar relevo generacional. “Los jóvenes prefieren dedicar sus horas de ocio a otras cosas, que pasarse dos meses construyendo un belén”, lamenta. Además de las horas de dedicación, también es necesario que el belenista tenga conocimientos sobre diferentes disciplinas, y eso no siempre es fácil de encontrar. “Un belenista tiene que tener conocimientos artísticos: dibujo, perspectiva, iluminación, paisajismo, pintura, mecánica… Todo depende de la sofisticación del diorama”, relata el experto. 

Porque un diorama recoge una escena de un momento determinado de la vida del pueblo, que tiene como tema central la vida de Jesús. Por lo tanto, en él se pueden ver espacios interiores de una casa, calles y paisaje natural. Las representaciones, igual que las figuras, tienen dos temáticas: la hebrea, que representa la tierra donde nació Jesús; y la popular, que representa la vida cotidiana del pueblo catalán. Así pues, podemos encontrar belenes con figuras vestidas con faja, ‘barretina’, delantales y pañuelos en la cabeza, o bien con vestimenta de estilo oriental. 

Los materiales que se usan para hacer un diorama son el corcho, el cartón, el musgo, el polietileno y el yeso, entre otros. Los catalanes fueron los primeros en introducir el yeso en el belén, hecho que revolucionó el mundo del belenismo y que pronto fue imitado. Y en los últimos años se ha introducido el polietileno. “El polietileno —explica Porta— se emplea bastante, porque es un material más ligero, que permite hacer construcciones más grandes, pero es menos manejable. El yeso es más agradecido de trabajar, porque te da más opciones. En cambio, pesa más”. Se debe tener en cuenta que la base de un diorama puede hacer entre un metro y un metro y medio y su transporte se complica cuando pesa mucho. 

Eso sí, el coste del pesebre no es muy elevado. “No representa una inversión en material demasiado elevada, puesto que un saco de yeso es barato y el polietileno acostumbra a ser reutilizado, ya que se acostumbran a recoger restos de edificios en construcción”, argumenta Porta. Y añade: “Todo depende de lo que uno quiera gastar. Si se quiere poner un motor para hacer correr agua o hacer viento, la iluminación… Sin duda, lo más caro, si quieres que el belén luzca, son las figuras”. 

El belenista diseña y construye un paisaje, hace calles, hace casas, añade vegetación, iluminación y lo llena de personajes. Figuras de barro, de plástico, incluso, de Playmobil. “A veces te encuentras con dioramas que son verdaderas obras de arte. Aun así, se ven desmejorados por las figuras que se han colocado. Y es que el tema de las figuras es un mundo aparte”, dice Porta. El experto lamenta que cada vez hay menos artesanos de figuras. “En Barcelona quedan pocos talleres de artesanos de figuras. Uno de los más conocidos, el taller de los hermanos Castells, que son la tercera generación, tendrá que cerrar porque no tienen relevo generacional”.

Porta explica que muchos belenistas crean sus propias figuras, como es su caso y el de otra belenista de Montblanc, que cada jueves van a Barcelona a aprender a hacer figuras con los hermanos Castells. “Ante el hecho de que cada vez hay menos artesanos de figuras, llegamos a un acuerdo con ellos y hace cuatro años que nos enseñan a hacer figuras”. 

Un oficio que depende del voluntarismo

A pesar de que parece que el mundo del belenismo está en receso, porque cuesta encontrar relevo generacional, es un mundo vivo gracias a los belenistas que sienten la necesidad de compartir la obra de arte efímero que hacen cada año. Un ejemplo claro de este voluntarismo es el Museu del Pessebre de Catalunya, que funciona gracias al impulso de la Associació de Pessebristes de Montblanc con la colaboración de la Federació Catalana de Pessebristes. 

Hay que decir, también, que este mundo plenamente masculinizado ya cuenta con las primeras mujeres artistas. Además, mediante las numerosas exposiciones que podemos visitar en todo el territorio, y gracias al entusiasmo desinteresado de gente que dedica horas a hacer cursos, charlas y actividades varias, todavía hay jóvenes que se apuntan a esta tradición. ¡Larga vida al belenismo!

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Joaquin Lopez ArandaJoaquin Lopez Aranda says:
    Joaquin

    Molt interessant.

  2. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Gràcies per l’article. N’hi ha q son autèntiques obres d’art

    • Mònica CornudellaMònica Cornudella says:
      Mònica

      Cert Manuel! La veritat que n’hi ha de molt bonics i creatius, però tots tenen la seva màgia. Gràcies pel teu comentari i Bones Festes!🎄

      Hace 7 meses
  3. Francesc Estafanell PujolFrancesc Estafanell Pujol says:
    Francesc

    Conèixer les tradicions és conèixer el país.

  4. alicia Coiduras Charlesalicia Coiduras Charles says:
    alicia

    Bona informació gràcies

  5. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  6. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    Bon article divulgatiu, al menys si s’acaben els pessebristes que en quedi constància d’aquesta tradició tan catalana. Una llàstima. Tal com diu el pessebrista i director del Museu del Pessebre de Catalunya, Ismael Porta, fer un pessebre de guix es un art multidisciplinari i dóna molta satisfacció a qui el practica, no necessàriament una persona creient. Una feina lenta, minuciosa, que inclús proporciona repòs mental.

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Realment, cal preservar aquesta tradició d’alguna manera perquè forma part de nosaltres i de la nostra cultura. Gràcies pel teu comentari, Mercè! Sempre tan activa. Ens veiem per La Plaça.

      Hace 8 meses

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