Ellos [y nosotros]

La primera ley de Newton apunta que un objeto siempre tiende a estar o bien en reposo o bien en un movimiento uniforme y rectilíneo, a menos que una fuerza externa le obligue a alterar su estado. Por este motivo, si una fuerza centrípeta actúa sobre este objeto, este se verá atrapado por una fuerza invisible llamada central. De este modo, el objeto verá alterado su movimiento, modificada su inercia y se le complicará volver a su estadio físico original.

 

El economista e historiador aragonés José Larraz López, miembro destacado de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, escribió el 1943 un interesante libro de economía titulado “La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700)”. Por quien fue procurador a las Cortes franquistas y ministro de Franco el 1939, apenas acababa la guerra civil —por lo tanto, hombre comprometido hasta el muelle del hueso con la dictadura franquista— a la hora de referirse a la unidad de España argumentaba que aquella realidad política —entre los siglos XV y el XVIII— había estado muy diferente respecto a la de su tiempo. En consecuencia, no era posible hablar de la existencia de un mismo Estado unitario —España— durando todas aquellas centurias, cosa que sí qué pasaría a partir de la llegada de Borbones.

El hecho es que tanto Galicia, Asturias, Cantabria, León y Castilla —el núcleo primitivo del reino— como las tres provincias vascas —Álava, Guipúzcoa y Vizcaya—, más Extremadura, Andalucía y Murcia acabarán formando parte de un mismo cuerpo integrado. De este modo, la parte central de la península Ibérica —el espacio que va desde el litoral cantábrico hasta el estrecho de Gibraltar— acabará compartiendo una misma frontera, y los territorios serán legislados por unas mismas Cortes —las castellanas— que utilizarán una misma moneda y todos juntos seguirán una misma política económica y fiscal. Perdón, menos las tres provincias vascas que, ya desde el siglo XIV, quedarán exentas de todas las cargas impositivas castellanas. Por lo tanto, queda patente que el resto de territorios peninsulares —Portugal y la Confederación Catalanoaragonesa— nunca formaron parte de esta matriz castellana.

Ciertamente, a mediados de siglo XV, la península Ibérica estaba dividida en cinco bloques políticos de importancia desigual: Portugal, los territorios de la corona de Castilla, el reino de Navarra, la Confederación Catalanoaragonesa y el emirato musulmán de Granada. De hecho, a mediados de siglo XV, cada uno de aquellos conjuntos de territorios acabarán para adquirir una personalidad muy diferenciada, y se constituirán en sociedades originales, con sus costumbres, sus particularidades jurídicas, sus propias instituciones y, incluso, con su propia lengua.

Que un historiador de la época más oscura de la dictadura —como es José Larraz López— sirva para combatir la colosal desinformación o ignorancia querida por el españolismo actual. Esto tendría que avergonzar una parte de la clase política, los medios de comunicación —incluidos los “influencers” escondidos detrás las redes— que una y otra vez, desde sus supremas tribunas no se han cansado ni se cansarán nunca de proclamar la existencia de una España unitaria desde hace más quinientos años.

La oligarquía castellana —desde hace demasiado tiempo y aunque hablando catalán en la intimidad— repite una y otra vez el mismo error cuando hablan de España como realidad política ya desde el siglo XV, refiriéndose como “la nación más antigua de Europa”. Si entendieran de una vez por todas que desde el siglo XV hasta principios del XVIII, Castilla llevó a cabo una política de nula de integración del mundo mediterráneo —y portugués—, y que esta solo sería posible gracias al uso de la fuerza. Esta debería ser combinada con una represión persistente y a un expolio constante de los recursos económicos a fin de modular sus legítimas aspiraciones, seguramente los ayudaría a entender muchas cuestiones que nos suceden hoy en día como Estado. Y más concretamente, los ayudaría a entender que el proyecto de España —tal como está planteado desde la llegada de Borbones— es del todo insostenible.

“A mediados de siglo XV, la península Ibérica estaba dividida en cinco bloques políticos de importancia desigual: Portugal, los territorios de la corona de Castilla, el reino de Navarra, la Confederación Catalanoaragonesa y el emirato musulmán de Granada.”

El inicio de las divergencias hispánicas

Después de las Navas de Tolosa, Castilla se adentró definitivamente por el interior de la Meseta inferior, cosa que le provocó una etapa de extrema euforia viendo las posibilidades que le ofrecía el nuevo territorio. Pero pronto se dio cuenta de que, a pesar de tener mucha voluntad, tropezaba con el mismo problema qué había topado León a finales del siglo XII. Después de la Concordia de Benavent —acuerdo de compra del reino de León por parte de Castilla— fue cuando Castilla —excepto el territorio nazarí— adquirió prácticamente el perímetro actual.

La Meseta inferior, con un terreno montañoso y abrupta —sobre todo en las zonas más próximas al sistema Central— disponía de unas tierras poco aptas para la agricultura —excepto el valle del Guadalquivir—, con escasez y poca calidad de los pastos, que sumadas a la fuerte variabilidad climática entre verano e invierno, acontecían factores demasiado adversos para poder tomar el control rápidamente. Además, hay que añadir tres elementos todavía más determinantes como son la baja natalidad de la población del norte, la nula movilidad de habitantes del norte hacia el sur —a pesar de fomentar las “presuras” o repartos territoriales— y las consecuencias de aplicar una política excesivamente represiva contra la población autóctona —argumentando tonterías— que culminará con la expulsión de los moriscos andaluces.

Todos estos factores repercutirán muy negativamente en la economía castellana porque se partirá de raíz cualquier actividad manufacturera y comercial, como por ejemplo el comercio con Oriente o África a través del estrecho. En cualquier caso, la Monarquía —a fin de prolongar su política expansiva —continuó necesitando aumentar sus ingresos regulares, cosa que contribuyó a una situación de extrema inflación, que repercutió en una alteración monetaria y generó un déficit permanente en su balanza comercial.

Como solución, la Monarquía ejerció una fuerte presión fiscal sobre algunos sectores de la población —como por ejemplo los judíos—, pero sobre todo hacia las grandes manadas trashumantes de la Meseta superior, justo en el momento que tanto Flandes como el norte de Italia se convertían en los grandes compradores de la lana castellana. Este tráfico llanero había catapultado Burgos hacia la primera línea de ciudades de Europa y convirtió el cantábrico como un importante eje marítimo verso Europa, cosa que estimuló el nacimiento de una industria textil. Pero todo se desvaneció en el momento que los intereses de la nobleza —propietaria de las tierras, fundamentada en antiguos derechos de conquista— prevalecieron por encima de cualquier iniciativa privada de los llaneros, cosa que imposibilitó el florecimiento económico de los siglos posteriores.

Ante el ahogo económico, la Monarquía —a fin de dinamizar la economía— recurrió al crédito que ofrecían las comunidades judías, asentadas en las principales ciudades hispanas. Así fue, antes que tarde, que tanto reyes, nobles como órdenes militares, comunidades eclesiásticas o “concejos” —e incluso particulares o “situados”, como se los conocía en la época— acabaron abusando del crédito, lo cual aconteció a la larga un verdadero problema interno. Ante el fuerte endeudamiento del tesoro público castellano, la Monarquía —a consecuencia de la generalización de impagos— inició una reforma de su sistema financiero, aunque el verdadero desencadenante fue la promulgación del Edicto de Granada —también conocido como Decreto de la Alhambra— por el cual los Reyes Católicos decretaban la expulsión de todos los judíos de los territorios hispanos, cosa que supuso obtener grandes bienes para la Monarquía a corto plazo.

En cuanto al resto de territorios peninsulares —sobre todo el mundo mediterráneo y el mundo atlántico portugués—, supieron encontrar en el mar una palanca de crecimiento que los permitió continuar con sus políticas expansivas. Por ejemplo, la burguesía comercial catalana supo aprovechar las consecuencias de la guerra con Francia —la famosa cruzada de Felipe Ardid— para potenciar su industria manufacturera. La creación de los Consulados de Mar y la ampliación de antiguas rutas marítimas —comenzadas en el siglo X— fueron los mecanismos de penetración que aprovechó la Confederación Catalanoaragonesa para satisfacer la demanda que tenían sus productos —trapos, herramientas de hierro, corales, cueros, especies o esclavos— tanto en los mercados peninsulares —Lisboa, Donosti, Bilbao o Sevilla— como en los mercados extranjeros de Cerdeña, Sicilia, Brujas, Constantinopla, Túnez o Alejandría.

 

Un territorio formado por “personas libres”

Desde el inicio de la expansión feudal —a inicios del siglo IX—, los territorios del noroeste peninsular se configuraron bajo la fórmula jurídica administrativa del “dominium”, fundamentada en el derecho romano, cosa que significaba que el titular de la propiedad de la tierra era un “dominus” o señor. Por lo tanto, el rey o el conde —máxima figura en la pirámide social— desde el principio aconteció el propietario final —directamente o indirecta— de todas aquellas tierras que se fueran expropiante.

Tenemos que tener presente que ningún señor tendría el menor interés a poseer tierras, aguas, manadas o molinos si no hubiera campesinos capaces de organizar procesos de trabajo estables que propiciaran la conversión del esfuerzo en una renta. Por lo tanto, con la creación de la Extremadura a partir del siglo IX, la política expansiva castellanoleonesa se ejecutó por medio de las comunidades de “villa y tierra”, las cuales acontecerían el elemento clave de organización político-jurídica dentro de los “nuevos territorios expropiados”. De este modo, el paisaje de la Meseta fue articulado a partir de la fundación de una serie de villas mayores —amuralladas y con representación a las Cortes castellanas— de las cuales dependían seis u ocho aldeas sin muralla situados alrededor de la villa principal.

Para los señores, el verdadero peligro pivotaba en la existencia —dentro de aquel vasto territorio— de comunidades campesinas libres que escaparan de aquella nueva jurisdicción. Por este motivo, crearon mecanismos que supusieran un endeudamiento brutal de aquellas comunidades de “villa y tierra” a través de las famosas cartas de poblamiento o “asentamientos” y de los contratos de “presura”, con el fin de que perdieran toda posible movilidad, quedaran adscritos en la tierra y, de este modo, aseguraran el retorno de las deudas contraídas.

Y como que la vida del rey era tan “sacrificada” —todavía hoy lo es cuando se permiten el lujo de ir a cazar elefantes— estos acababan cediendo las tierras por los servicios prestados a otros señores, entidades eclesiásticas o monasterios. Por lo tanto, dependía de quién era el rentista final —o sea, el propietario— que las tierras eran conocidas como realengas, si era del rey; si era de un abad o de un obispo; de solariego, si era de un noble o una orden militar; o de behetría, si eran los mismos aldeanos quienes escogían el señor. A la larga, toda esta tipología de propiedades contribuirá a la formación de los grandes latifundios mesetarios —conocido como el proceso de señorarización— que a partir del siglo XIV propiciará la concentración de mucho de poder, tanto económico como territorial, en una parte muy ínfima de la población castellana.

“A partir del siglo IX, la política expansiva castellanoleonesa se ejecutó por medio de las comunidades de “villa y tierra”, las cuales acontecerían el elemento clave de organización político-jurídica dentro de los “nuevos territorios expropiados.

Hacia una nueva concepción del Estado

A finales del siglo XV, el mundo castellanoleonés acabará “expropiando” unos 385.000 km² de tierras —entre la Meseta superior y la inferior—, en las cuales vivirán cerca de cuatro millones y medio de personas, incluida la población nazarí. Y al resto de la península, la población estará repartida de la siguiente manera: en los territorios de la Confederación Catalanoaragonesa vivirán cerca de novecientas mil personas en unos 110.000 km²; unos ciento veinte mil personas vivirán en 11.000 km² a Navarra; y en Portugal un millón de personas vivirán en 88.000 km².

Castilla, aunque era el territorio con más extensión de la península Ibérica, continuó experimentando continuos problemas económicos y demográficos, principalmente empujado por el proceso de consolidación del señorío, en detrimento de la agotada economía expansiva, la cual se había basado en la expropiación indiscriminada de tierras y la reasignación de propiedades a través de la coerción física.

Entonces, durante la segunda mitad del siglo XV, la Monarquía castellana inició un proceso de transformación económica a través de una reforma monetaria y fiscal, cosa que le provocó un importante desajuste social, hasta el punto que acabó repercutiendo directamente en los intereses nobiliarios. De este modo estallarán importantes disturbios por todo el reino y, al verse incapaz de calmar los ánimos, la Monarquía aplicará una política de satisfacción señorial a través del ofrecimiento de más tierras, más derechos y más pensiones vitalicias a expensas del erario público y financiado mediante un impuesto especial sobre la población de las ciudades comuneras. Y para remachar el clavo, a principios del siglo XVI, las principales Comunidades de Castilla se vieron obligadas a asumir un considerable impuesto para cubrir la compra del título Imperial —por parte de la familia de los Habsburgo— cosa que desembocó en la famosa Revuelta de los Comuneros.

Aun así, esta política tuvo un impacto insuficiente a la hora de aplacar las ambiciones señoriales, cosa que hizo aflorar la existencia de una división encara mucho más profunda en el seno de la aristocracia castellana. Pronto se palpó la existencia de dos facciones políticamente antagónicas: por un lado, encontramos las familias de los Pacheco, Villena o Girón, los cuales eran partidarios de tomar parte más activa en las grandes decisiones políticas del reino y, por lo tanto, veían necesario debilitar la Monarquía para controlarla. Y por la otra, había los Santillana o los Mendoza, que entendían que había llegado el momento de abstenerse del poder, porque la Monarquía era quien tenía que garantizar la estabilidad del reino a fin de asegurar sus privilegios señoriales… “in saecula saeculorum”.

Después de la Guerra Civil castellana (1475-1479), los dos territorios más extensos de la península Ibérica —el reino de Castilla y la Confederación Catalanoaragonesa— crearon plegados una nueva entidad política conocida con el nombre de Monarquía Hispánica, a la cual pronto le sumarían Granada (1492), Portugal (1497) y Navarra (1512). Aquel nuevo estado dinástico fue configurado con la unión de solo dos elementos clave: el ejército y la política exterior. Para el resto de elementos que configurarán el Estado moderno, como por ejemplo fronteras, monedas, leyes e instituciones, permanecerán totalmente separados.

De este modo, la configuración y reparto del poder —acordado a la Concordia de Segovia por ambas partes— se estructuró de la siguiente manera: mientras Castilla se articulará según la autoridad sacralizada de la reina y siempre por encima de la nobleza y la iglesia —gracias a una eficaz política de adormecimiento de las Cortes—, la Confederación Catalanoaragonesa se organizó alrededor de la Constitución de la Observancia, la cual obligará siempre al rey a gobernar y pactar de acuerdo con las leyes del Principado.

A la larga, Castilla ofrecerá menos resistencia a los monarcas hispanos, cosa que no pasará dentro de la Confederación Catalanoaragonesa, la cual respetando todas sus realidades jurídico-políticas, acabarán limitando las iniciativas no pactadas entre los diferentes brazos —conde-rey, nobleza, clero y ciudadanos honrados— que representarán parte de la sociedad confederada. El historiador John Elliott en su famoso libro “Imperial Spain (1469-1716)” muy acertadamente lo definió de la siguiente manera: los soberanos españoles (castellanos) eran reyes absolutos en Castilla y monarcas constitucionales en Aragón (Cataluña).

“Los soberanos españoles (castellanos) eran reyes absolutos en Castilla y monarcas constitucionales en Aragón (Cataluña).”

El imperio inconsciente

Solo el azar y los alisios condujeron a los primeros navegantes de la Confederación Catalanoaragonesa a la zona más poblada del continente americano. Desde el principio de los viajes hacia el oeste, los primeros navegantes tuvieron la certeza y la conciencia que allí donde habían llegado no eran las Indias Orientales, sino que se trataba de un territorio completamente diferente. Y al darse cuenta de este hecho, la Monarquía castellana desplegó toda su moderna maquinaria jurídica y administrativa para poseerlo legítimamente. Sin encomendarse a nadie y por derecho de conquista, la Monarquía volvió a adjudicarse la propiedad de aquellos territorios, ignorando la población autóctona.

El descubrimiento de importantes yacimientos de metales preciosos —entre México y Perú— propiciará la fundación o refundación de importantes ciudades americanas, las cuales adquirirán otro rol territorial a fin de asegurar considerables flujos regulares de riqueza hacia Castilla. Por lo tanto, actuando como nuevos ricos, Castilla gastará una cantidad indecente de recursos económicos para construir su concepto de civilización, fundamentada en el catolicismo. Esta obsesión —a veces incontrolada— los llevará a embarcarse en infinidad de conflictos de todo tipo, como por ejemplo: disputas teológicas, conflictos familiares, asuntos comerciales o fastuosas construcciones megalómanas.

Pero a principios del XVII, las minas americanas empezaron a mostrar signos de agotamiento, cosa que se acentuará a medida que avanza el siglo. Ante esta desaceleración, y a fin de mantener el mismo ritmo de gasto, la Monarquía recurrirá al préstamo de bancos alemanes —los Fugger o los Welser— y la banca genovesa de los Spínola, Centurione, Balbi, Strata y, sobre todo, Gio Luca Pallavicino. Entonces, se verá obligada a subir los impuestos y a ejercer una presión fiscal sobre el conjunto de toda la sociedad hispánica. Recordamos la famosa “Unión de Armas” de la Cuenta-Duque de Olivares. Ante una avalancha generalizada de impagos, el Estado entrará en un proceso de sucesivas bancarrotas (1627, 1647, 1652 y 1662), cosa que contribuirá a proyectarle una imagen muy desfavorable ante el resto de cancillerías europeas.

La historia de España todavía hoy continúa estigmatizada por una “leyenda negra” concebida entre los siglos XVI y XVII —tanto por los luteranos de Wittenberg como por los holandeses de Dillenburg—, la cual buscaba desmenuzar su hegemonía en el mundo. Posteriormente, con el fin de controlar las materias primas de las colonias castellanas y portuguesas, los ingleses amplificarán la propaganda protestante, como elemento clave de desprestigio ante las élites coloniales, cosa que los ayudaría a iniciar y financiar los procesos de independencia de las colonias hispanas a lo largo del siglo XIX.

La deriva borbónica

De manera reiterada, Castilla —y después España— se ha encontrado siempre ante un peligroso círculo vicioso, en el cual el gasto contraído por el Estado ha estado excesivo, y ha necesitado aumentar continuamente los impuestos para equilibrar los ingresos, cosa que lo ha llevado —de manera prolongada en el tiempo— a una desmesurada presión fiscal sobre el conjunto de la población.

Con la entrada de los Borbones —después de una larga campaña de desprestigio contra los Austrias— los problemas económicos se agraviaron cuando, a través de la utilización de continuos préstamos, représtamos, negociaciones y renegociaciones, estos solo sirvieron para satisfacer su “grandeur” personal, en detrimento de la modernización de la sociedad de acuerdo con el espíritu ilustrado que imperaba en todo Europa.

Los Borbones siempre fueron conscientes de que la única manera de sustentar económicamente todo el reino hispánico era anexionando todos los territorios peninsulares y, de este modo, configurar un nuevo hexágono geopolítico. Pero esto no fue posible porque desde finales del XVII Portugal ya no formaba parte de la Monarquía Hispánica, aunque se intentará anexionarlo en tres ocasiones durante el XIX y XX. Por lo tanto, los esfuerzos solo se pudieron centrar sobre los territorios del Levante peninsular que, primero con la guerra de Sucesión y después con los Decretos de Nueva Planta, permitió a Borbones vincular sectores productivos —maestros, artesanos y mercaderes— al nuevo sistema centralista. Como consecuencia, esta fidelización hacia Borbones les permitió —a los afines al nuevo régimen— acceder a los grandes contratos públicos, cosa que los abocó hacia una dependencia absoluta del nuevo sistema centralista la cual acabará tejiendo una red de corrupción generalizada en todos los niveles de la gestión pública.

De ejemplos no faltan, como cuando a principios del siglo XIX la reina María Cristina —viuda de Fernando VII— libró el poder a los liberales españoles, que a la vez pactaron con la burguesía industrial catalana para forjar una interesada alianza política y sociobiológica que se materializaría con la institución de un sistema proteccionista. De este modo se dilapidaba la tradición mercantil catalana y se traicionaba el espíritu del 1705, porque la negativa borbónica hacia el libre mercado del Principado con Inglaterra y los Países Bajos —sus principales socios comerciales— inició todo el proceso que convergería en el 11 de septiembre de 1714.

Tampoco con la instauración del “régimen democrático del 78” la cosa mejoró por los intereses del Levante peninsular. De hecho, sus consecuencias las sufrimos diariamente los catalanes, valencianos y baleares cuando año tras año aportamos cifras monstruosas de nuestros PIB a las arcas del Estado en pro de una “centralidad solidaria” y recordémoslo, con el visto bueno de políticos, industriales y banqueros. Y la historia continúa hasta la actualidad, cuando después de una década políticamente y social intensa, el Estado acaba de proponerle a Cataluña —pronto también se lo propondrá a València y a las Islas— una financiación singular, seguramente condicionada por una gran solidaridad. ¡En fin!

La historia ya advirtió Felipe II cuando visitó por última vez a su padre, el emperador Carlos de Habsburgo, en el monasterio de Yuste cuando le aconsejó que si quería aumentar el imperio, era necesario que situara la capital en Lisboa, porque esto significaría ligarla con el Nuevo Mundo; si quería conservarlo, la situara en Barcelona, es decir, entroncarla con la tradición clásica; y que si quería perderlo, situara la capital en Madrid. Y, efectivamente, Madrid fue la capital más mal comunicada de Europa hasta comienzos del siglo XX, cuando, gracias al desarrollo de las líneas aéreas y la construcción de los pantanos, se consiguió dinamizar aquella soledad en medio de la Meseta castellana.

Volvemos a Newton. Y ¿cómo pasaremos de una fuerza centrípeta hacia una fuerza centrífuga? Pues esta solo será posible si existe una aceleración tangencial que permita variar el módulo de velocidad del objeto y, de este modo, podrá volver a su estadio físico original. Por lo tanto, ¿será la innovación tecnológica quien provocará una aceleración del movimiento económico que aprovechándose de “el Open Banking” y “el Embedded Finance” acontezcan la fuerza tangencial que posibilite devolver a nuestro estadio original? ¡Conseguirlo está en nuestras manos!

11Onze es la fintech comunitaria de Cataluña. Abre una cuenta descargando la app El Canut para Android o iOS. ¡Únete a la revolución!

Si quieres profundizar en este tema, te recomendamos:

Cultura

Nosotros [y ellos]

20min lectura

Desde tiempos inmemoriales, aquello que los geógrafos griegos definieron como...

Cultura

Desencuentros Cataluña-España

20min lectura

La economía ha sido una de las grandes protagonistas...

Cultura

¿Quién ganó con el 11 de septiembre de 1714?

20min lectura

Y el día siguiente, nada volvió a ser igual. El estado...



Durante siglos, el poder no se ha definido solo por la fuerza, la bandera o la ley. Se ha definido, sobre todo, por una pregunta mucho más elemental: quién recauda, quién administra y quién decide. La política puede vestirse de grandes palabras, pero su arquitectura real suele encontrarse en un lugar mucho menos retórico: la caja.

 

Cataluña lo sabe bastante bien. Cada vez que el debate sobre la financiación vuelve al centro de la vida pública, reaparece una cuestión de fondo que a menudo queda tapada por la niebla del tacticismo: no se trata solo de cuánto dinero llega, sino de quién tiene la capacidad efectiva de decidir sobre ese dinero. La diferencia es sustancial. Una cosa es disponer de los propios recursos; otra, muy distinta, es esperar que te sean devueltos en forma de promesa, inversión o compromiso plurianual.

La Generalitat defiende que el nuevo modelo de financiación comportaría 4.686 millones de euros adicionales para Cataluña y reforzaría la autonomía financiera del país. Pero, al mismo tiempo, el debate continúa rodeado de matices, calendarios, reformas legales y negociaciones pendientes. La misma discusión sobre la recaudación del IRPF ha ido apareciendo y reconfigurándose en medio de acuerdos políticos, aplazamientos y propuestas de aplicación progresiva.

Mientras tanto, sobre la mesa pública aparecen grandes inversiones de impacto inmediato. Corredores ferroviarios, infraestructuras estratégicas, modernizaciones pendientes, planes plurianuales y compromisos que a menudo se presentan como históricos. La línea orbital ferroviaria, planteada con un coste aproximado de 5.200 millones de euros y un horizonte de ejecución hasta 2040, es un ejemplo reciente y elocuente. La infraestructura puede ser necesaria, incluso urgente. Pero la pregunta política no es solo si hay que hacerla. La pregunta decisiva es otra: ¿quién decide, quién paga, quién ejecuta y quién administra el calendario?

 

Cuando la inversión sustituye a la soberanía

Una inversión millonaria puede parecer una victoria. Puede generar titulares, fotografías, ruedas de prensa y esa sensación tan contemporánea de que algo se mueve. Pero si esa inversión depende del calendario del Estado, de la fuerza negociadora del momento y de la bilateralidad política, entonces no es poder propio. Es asignación condicionada.

Y toda asignación condicionada tiene una naturaleza frágil: puede acelerarse, retrasarse, fragmentarse o reinterpretarse.

La inversión no es soberanía. Puede ser útil, puede ser justa, puede ser imprescindible. Pero no equivale a tener la llave de la caja. Una administración que recauda, gestiona y decide directamente sobre sus recursos puede planificar con responsabilidad. Puede establecer prioridades. Puede equivocarse, naturalmente, pero el error es suyo y la decisión también. En cambio, cuando un territorio aporta, espera y negocia, entra en una lógica diferente. Ya no actúa plenamente como sujeto fiscal, sino como demandante ante un centro que conserva la capacidad de conceder. Y la concesión, incluso cuando es abundante, no deja de ser concesión.

 

Un país nuevo con infraestructuras viejas

Este debate se vuelve todavía más urgente cuando se observa el estado material del país. Cataluña ha cambiado de dimensión, pero muchas de sus infraestructuras continúan pensadas para una sociedad anterior. No es solo que sean viejas; es que a menudo responden a una escala demográfica que ya no existe. El país de los seis millones ha quedado atrás. Cataluña ya supera los 8,2 millones de habitantes, según las estimaciones provisionales del Idescat a 1 de enero de 2026, y en solo un cuarto de siglo ha crecido cerca de dos millones de personas. Este dato no es una curiosidad estadística. Es una advertencia política.

Un país que crece de esta manera necesita trenes, carreteras, vivienda, energía, agua, hospitales, escuelas, aeropuertos y polígonos dimensionados para la realidad presente y para el horizonte futuro. Aunque las proyecciones oficiales puedan oscilar según escenarios demográficos, la planificación pública debería asumir una pregunta exigente: ¿qué pasa si tenemos que gobernar un país de más de nueve millones o, en términos de presión real sobre servicios y movilidad, una Cataluña que debe pensar ya en el escenario de los diez millones? Planificar no es esperar a que la realidad llame a la puerta. Planificar es abrirla antes de que la gente se acumule en el rellano.

Y aquí es donde la trampa de las inversiones se vuelve más evidente. Porque cuando una infraestructura es necesaria hoy, pero se promete para dentro de quince o veinte años, el país no está planificando: está administrando el retraso. Una obra prevista para resolver un problema presente puede acabar inaugurándose cuando el problema ya ha cambiado de escala. Entonces, la inversión llega tarde, cara y a menudo insuficiente.

 

El calendario como instrumento de poder

Cataluña conoce demasiado bien esta liturgia del retraso. La línea 9 del metro de Barcelona empezó las obras en 2002 y la conexión completa se ha situado en el horizonte de 2031, casi tres décadas después del inicio de los trabajos. La Sagrera acumula años de demora: debía estar operativa en 2012 y las previsiones la han desplazado hacia 2027 o más allá, según los calendarios y las fases del proyecto. La ampliación del aeropuerto de El Prat, por su parte, reaparece cíclicamente como una promesa estratégica, rodeada de desacuerdos institucionales, condicionantes ambientales y calendarios políticos que parecen avanzar siempre más lentamente que las necesidades del país. Esto no es solo mala gestión. Es una forma de estructura.

Cuando las grandes decisiones dependen de ciclos políticos largos, de administraciones superpuestas y de una capacidad fiscal limitada, el tiempo deja de ser una variable técnica y se convierte en un instrumento de poder. Quien puede prometer también puede aplazar. Quien puede aplazar también puede condicionar. Y quien condiciona el calendario acaba condicionando el desarrollo.

El problema, por tanto, no es que lleguen inversiones. Cataluña necesita infraestructuras, modernización ferroviaria, ejecución presupuestaria y una corrección evidente de déficits acumulados. El problema es confundir inversión con autonomía. Recibir más dinero no significa necesariamente decidir mejor. Y disponer de más compromisos no significa tener más poder si la decisión última continúa situada fuera del propio marco institucional.

Esta es la gran sustitución psicológica: dejar de preguntar “¿cómo gestionamos nuestros recursos?” y empezar a preguntar “¿qué nos prometerán?”. Es un cambio sutil, pero profundo. El centro del debate se desplaza de la responsabilidad a la expectativa; de la capacidad fiscal al anuncio; de la soberanía económica a la negociación permanente.

 

El BOE, el crédito y la dependencia invisible

Ningún Estado moderno renuncia fácilmente a las herramientas que le permiten modular el territorio. La inversión pública es una de las más eficaces porque opera con apariencia de neutralidad técnica. No hace falta imaginar conspiraciones oscuras. El mecanismo es mucho más simple y mucho más antiguo: quien controla el flujo de los recursos controla también una parte del comportamiento institucional de quienes dependen de ellos. La política de la zanahoria no necesita grandes discursos. Le basta con calendarios.

Pero esta modulación no afecta solo a las instituciones. También penetra en la sociedad civil y, sobre todo, en el tejido empresarial. Cuando el BOE, las licitaciones, las subvenciones, los PERTE, los fondos europeos o los grandes contratos públicos pasan por filtros administrativos controlados desde el centro, muchas empresas catalanas quedan atrapadas en una telaraña sutil: no están formalmente obligadas a nada, pero aprenden rápidamente qué conviene decir, qué conviene callar y hasta dónde conviene llegar. La dependencia económica produce prudencia política; y la prudencia, cuando se convierte en hábito, acaba fabricando silencio.

El Estado no necesita imponer una consigna explícita si puede administrar los incentivos. Le basta con convertir el acceso a los recursos en una gramática de comportamiento. Así, una parte de la sociedad catalana deja de pensar en términos de proyecto colectivo y empieza a pensar en términos de expediente, convocatoria y resolución favorable. No es represión, sino que más bien es domesticación administrativa. Y quizá por eso es tan eficaz. Al final, esta dependencia moderna rara vez lleva uniforme y sí formularios.

Aquí la telaraña se completa. El Estado puede administrar la inversión, el BOE puede ordenar los incentivos y la banca puede capturar una parte de las plusvalías generadas por el propio tejido productivo. Muchas empresas catalanas crean valor, pero ese valor no siempre se transforma en capacidad expansiva propia. A menudo queda absorbido por pólizas de crédito, refinanciaciones, avales, productos financieros, comisiones y una relación permanente de dependencia con la entidad bancaria.

El banco no solo presta dinero: administra el margen de maniobra. Decide ritmos, riesgos, garantías y condiciones. Y cuando la empresa vive pendiente del crédito, su libertad estratégica se estrecha. Puede facturar más, crecer más y exportar más, pero continuar atrapada en una economía donde el oxígeno financiero no le pertenece del todo.

Es la forma más sofisticada de dependencia: producir riqueza sin controlar plenamente su destino. El Estado promete, el BOE filtra, la subvención orienta y el banco retiene. La telaraña perfecta no encarcela con muros; encarcela con calendarios, expedientes y deuda.

Esto no quiere decir que toda subvención sea nociva, que toda inversión sea una trampa o que todo crédito sea una forma de sumisión. La realidad es más compleja, y precisamente por eso hay que mirarla sin consignas. Las subvenciones pueden impulsar proyectos necesarios. El crédito puede permitir crecer. La inversión pública puede corregir déficits históricos. Pero cuando estos tres mecanismos se convierten en sustitutos de la capacidad propia de decidir, entonces dejan de ser instrumentos y pasan a ser dependencias.

Una economía sana utiliza el crédito, pero no vive arrodillada ante él. Una empresa fuerte puede acceder a ayudas, pero no debe depender de ellas para orientar su estrategia. Un país maduro puede recibir inversiones, pero no puede construir su futuro esperando a que alguien más decida cuándo toca modernizarlo.

Cuando una obra estratégica depende de un acuerdo político, de una comisión bilateral o de una mayoría parlamentaria concreta, la infraestructura deja de ser solo infraestructura. Se convierte también en mensaje. Dice quién puede prometer, quién puede esperar, quién puede presionar y quién debe agradecer. Y en política, el agradecimiento institucional es a menudo la forma más elegante de la dependencia.

Esto no invalida ninguna inversión concreta. La línea orbital puede ser necesaria. La L9 es imprescindible. La Sagrera puede transformar la movilidad metropolitana. El aeropuerto requiere un debate serio, riguroso y no propagandístico. El refuerzo de la financiación puede ser positivo. La llegada de más recursos puede aliviar tensiones reales en servicios públicos, movilidad y administración. Pero nada de esto resuelve automáticamente la cuestión central: ¿Cataluña quiere más promesas o quiere más capacidad de decisión?

 

Decidir o esperar

Una economía madura no puede basar su futuro en promesas plurianuales administradas políticamente. Necesita capacidad fiscal, estabilidad normativa, ejecución presupuestaria y responsabilidad directa. Necesita poder vincular aquello que aporta con aquello que decide. Necesita, en definitiva, dejar de vivir pendiente de si la inversión llega, cuándo llega y bajo qué condiciones llega.

Porque el debate de fondo no es contable. Es político en el sentido más profundo del término. ¿Quién decide el ritmo de tu desarrollo? ¿Quién ordena las prioridades de tu territorio? ¿Quién transforma tus impuestos en escuelas, trenes, hospitales, vivienda o investigación? ¿Tú? ¿O aquel que primero concentra los recursos y después administra su retorno?

La respuesta a esta pregunta define la calidad real del autogobierno. Por eso, la trampa de las inversiones consiste en hacer pasar por poder aquello que a menudo solo es retorno condicionado. Consiste en convertir una promesa en horizonte, un calendario en esperanza y una asignación presupuestaria en sustituto de la soberanía fiscal. No es lo mismo disponer de tus recursos que esperar a que te los devuelvan.

Y un país que ha pasado de los seis a los ocho millones de habitantes no puede continuar gobernándose con infraestructuras pensadas para el pasado, calendarios que llegan tarde, empresas pendientes del BOE y un sistema productivo demasiado a menudo obligado a negociar su propio oxígeno financiero. Porque la dependencia, aunque llegue en alta velocidad, envuelta en cifras históricas o disfrazada de producto bancario, continúa siendo dependencia. Y la libertad económica de un país no empieza cuando le prometen inversiones, sino cuando puede decidir qué hacer con la riqueza que él mismo genera.

Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad y, ahora, se amplía el abanico de productos. Por eso, ante la volatilidad, la todavía alta inflación y la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Or Semilla en Preciosos 11Onze.

Si quieres profundizar en este tema, te recomendamos:

Cultura

Nosotros [y ellos]

12min lectura

Desde tiempos inmemoriales, aquello que los geógrafos griegos definieron como Península...

Cultura

Ellos [y nosotros]

12min lectura

La primera ley de Newton apunta que un objeto siempre tiende a estar o bien...

Cultura

La Constitución: un corsé demasiado asfixiante

12min lectura

Dicen que la Constitución de 1978 es el pilar de la democracia...



La exuberancia económica de finales del siglo XVII hará creer a las monarquías europeas que la riqueza del mundo es estática y que solo hay que repartirla. La constante entrada de oro y de plata dentro de la economía les permitirá universalizar su idea de civilización, y se aprovecharán de la maravilla causada en aquellas culturas con prácticas y creencias ancestrales. De los 700 millones de personas que habitarán el mundo, casi 120 millones vivirán en Europa, dado que la mundialización —iniciada dos siglos antes— les posibilitará una variedad alimentaria que les permitirá alargar su esperanza de vida.

 

Al finalizar el siglo, los europeos habrán verificado empíricamente toda la tierra, lo cual les permitirá generar una cartografía basada en la observación de la realidad. Lejos quedará aquella geografía imaginaria fundamentada en las supersticiones dogmáticas. De este modo, aparecerán infinitud de descripciones sobre civilizaciones exóticas dentro del imaginario europeo, el cual dibujará un cambio en los gustos —más orientalizados— y suscitará una progresiva actitud crítica ante las creencias que los europeos tienen sobre el mundo. Este sentimiento de universalidad cultural se irá diluyendo a medida que el europeo entienda que el mundo también está habitado por una multitud de culturas y civilizaciones, las cuales son diferentes de las descripciones contenidas a la Biblia.

Por lo tanto, la adopción del pensamiento crítico comportará la codificación enciclopédica de la naturaleza a través del revolucionario método científico, el cual se basará en la observación, la experimentación y la especulación empírica. La física —escrita con lenguaje matemático— describirá las formas y las medidas de los cuerpos celestes, mediante el uso de la recientemente creada geometría analítica. Y a partir de este momento, la ciencia será un corpus de conocimiento diferenciado de la filosofía y la religión. Todo ello desembocará en una percepción de la realidad que provocará que las élites intelectuales europeas se cuestionen conceptos tan básicos como la propiedad, la justicia, el poder y, por encima de todo, la religión.

“La adopción del pensamiento crítico comportará la codificación enciclopédica de la naturaleza a través del revolucionario método científico, el cual se basará en la observación, la experimentación y la especulación empírica.”

El cuestionamiento de la divinización del poder

De manera clara, la Iglesia — tanto la católica como la protestante— tendrá que hacer frente a multitud de voces discordantes que dudarán sobre el origen divino de los textos sagrados, dado que se cuestionará la autoría divina de las Sagradas Escrituras. Entonces, la religión se convertirá en un asunto individual y privado entre el hombre o la mujer con Dios. Y en virtud de esta privatización, los europeos progresivamente se liberarán de depender obligatoriamente de las disciplinas dogmáticas impuestas por la Iglesia desde el siglo X.

El hecho de cuestionar el cimiento sagrado que justificaba la existencia de los Estados cristianos, agrietará la legitimidad confesional de la autoridad política representada por el monarca. Con la toma de conciencia del propio yo —a través del principio racional “cogito ergo sum”— se inaugurará la filosofía moderna que llevará a los sabios ilustrados a cuestionar abiertamente la divinización del poder real

Este innovador pensamiento racional provocará un choque frontal entre los partidarios del poder absoluto —en manos de una sola persona y defendido enconadamente por todas las monarquías europeas— contra los defensores del estado natural del ser humano, los cuales argumentarán que “ningún hombre no puede ser sometido a la voluntad arbitraria de otro hombre, ni puede ser obligado a obedecer leyes que otro hombre no seguiría como él.” Este pensamiento provocará una profunda crisis de la conciencia europea, la cual abrirá el camino hacia la invención de la libertad y la reclamación de la igualdad social.

El poder absoluto y el mercantilismo

Los teóricos del poder monárquico —como Jean Bodin o Thomas Hobbes— justificarán el absolutismo como la forma más perfecta de gobierno y la única capaz de gestionar la gran acumulación de riquezas que se extraen de las colonias. El alto funcionariado —designado por el mismo rey— desarrollará mecanismos cada vez más eficaces para organizar meticulosamente las finanzas del Estado, dado que sus ganancias no solo se conseguirán por medio de la introducción de gran cantidad de oro y de plata dentro del sistema económico, sino que también se maximizarán las exportaciones y minimizarán las importaciones con la ayuda de estratégicos aranceles.

Convencidos de que la riqueza del mundo era estática porque solo había que cogerla, intercambiarla o robarla, las monarquías absolutistas perseguirán cualquier intromisión o iniciativa privada que desestabilice el sistema del comercio internacional, como por ejemplo la persecución sistemática de la piratería. En cambio, la multitud de conflictos bélicos entre las diferentes monarquías europeas —a lo largo del XVII y XVIII— serán vistos como un intercambio necesario de riquezas, territorios o personas en que todas saldrán ganando o perdiendo, y de este modo se mantendrá el sistema económico vive, el cual siempre tendrá que sumar cero.

Las monarquías europeas —anonadadas por la abundancia— se olvidarán completamente de la vida de sus súbditos. Maravilladas por la situación, serán incapaces de aplicar mejoras sociales y económicas y pronto toparán con el grave problema de la pobreza colectiva dentro de sus sociedades. Y en un contexto de un incipiente conflicto social —como será el de principios del siglo XVIII—, los economistas de la época, Colbert, Mun, Serra o Misselden, defenderán la aplicación de una política de salarios bajos como única vía para conseguir la competitividad en el comercio internacional, seguido del perverso argumento que “si la población dispone de salarios superiores al nivel de subsistencia, estos serán los causantes de la reducción en el esfuerzo laboral.”

La riqueza extraída de las colonias, no solo se acumulará o se transformará en los recursos productivos que la economía requiere, sino que sobre todo se utilizará para ser exhibida a través de las artes —arquitectura, pintura y escultura—, las ciencias y la cultura. Y todo ello desembocará en una paradoja cuando las principales monarquías absolutistas —francesa, austríaca, rusa o castellana— serán capaces de vivir dentro de sus fastuosos palacios, en la más exquisita y refinada opulencia, sin importarles la escasez de recursos con los cuales vivían la mayoría de sus súbditos. Aun así, esta dinámica estructural se desmenuzará con la irrupción del racionalismo ilustrado dentro del pensamiento europeo, que contribuirá a la rotura definitiva del statu quo de siglos de excesos monárquicos. El despotismo ilustrado le atribuirá al monarca la misión de llevar el progreso económico y el bienestar social a todos sus súbditos, cosa que producirá infinitud de conflictos sociales. Y en este punto, no todas las monarquías europeas abordarán el problema de redistribuir la riqueza del mismo modo.

“Las principales monarquías absolutistas serán capaces de vivir dentro de sus fastuosos palacios, en la más exquisita y refinada opulencia, sin importarles la escasez de recursos con los cuales vivían la mayoría de sus súbditos.”

Dos soluciones para un mismo problema

Una de las respuestas la dará la Corona de Castilla a través de sus políticas económicas, las cuales todavía le permitirán ostentar una relativa predominancia internacional. A pesar de todo, la extracción masiva de metales preciosos del “Nuevo Mundo” —que le había permitido obcecarse con su particular idea de universalización cultural— le había provocado una miopía y una nula adaptabilidad a los movimientos cambiantes de la economía. Por lo tanto, ante el reto de redistribuir la prosperidad entre sus súbditos, se encontrará atrapada entre una deuda gigantesca y una sociedad poco dinámica que dependerá mayoritariamente de las decisiones reales y de los recursos que llegan de las colonias. Todo ello pondrá de manifiesto la existencia de una pirámide social parasitaria que provocará que un solo campesino —condicionado por el sistema de censos y de fueros— esté obligado a alimentar a treinta no-productores.

Por lo tanto, la estrategia que seguirá la Corona de Castilla —a través de los ‘válidos’ del rey, los famosos duque de Lerma, el conde-duque de Olivares o el padre Nithard— será la de ejercer una fuerte presión fiscal mediante el incremento o creación de nuevos impuestos sobre las frágiles economías campesinas, o sobre las clases urbanas por medio de constantes subidas de precios y bajadas de salarios. Este programa económico buscará obtener los máximos recursos para continuar sustentando la idea de Imperio, dado que hasta entonces los había permitido disfrutar de una balanza comercial positiva. En contraposición, se situarán la nobleza y el clero, los cuales quedarán totalmente exentos de todas estas cargas fiscales, aparte de permitirles incrementar el cobro de sus rentas. Al final, todo desembocará en un importante empobrecimiento de la sociedad castellana, con consecuencias tan desastrosas sobre la natalidad y el despoblamiento de grandes territorios de la Meseta, y que no se recuperará totalmente hasta principios del siglo XX. Y para remachar el clavo, la sociedad será secuestrada por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, la cual velará —a través de la censura, la crema de libros “prohibidos” y un integrismo misógino— para que no germine ningún pensamiento crítico que rehúya de la línea oficialista.

Por otro lado, encontramos la respuesta de los territorios del norte de Europa —como son la Corona inglesa y las diecisiete Provincias Unidas— la cual supondrá introducir con firmeza las ideas ilustradas dentro de la sociedad, la política y la economía. Mientras Inglaterra acabará constituyéndose en una monarquía parlamentaria, a través de un proceso político que limitará el poder del monarca y la separación de poderes, la unión militar de Utrecht —constituida por las diecisiete Provincias Unidas— combatirá enérgicamente hasta la Paz de Münster la ocupación de la Corona de Castilla por devenir la república de las Provincias Unidas del Norte. Ambos territorios adoptarán una nueva mirada sobre el comercio que provocará la mutación del sistema económico y adoptará una lógica de libre mercado sin restricciones ni protecciones estatales. La generación de riqueza ya no se hará a través de la sangre, sino que será por medio de la habilidad que tenga el individuo en la acumulación de capitales cosa que hará aparecer la plusvalía, origen de la nueva conflictividad. Y en este nuevo paradigma económico, el Estado ya no tendrá cabida dado que los elementos básicos e irreducibles que impulsarán esta nueva mentalidad será —tanto para empresas como para individuos— bajo el imperativo económico de maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas.

“En contraposición, se situarán la nobleza y el clero, los cuales quedarán totalmente exentos de todas estas cargas fiscales, aparte de permitirles incrementar el cobro de las sus rentas.”

Cambio de paradigma económico

La universalidad cultural que había imperado hasta entonces será sustituida por nuevos razonamientos basados en “si se puede demostrar que el rendimiento económico que toda la producción industrial del mundo tiene que estar concentrada en Madagascar o en las islas Fiyi o que toda la población de África negra se tiene que trasladar al Nuevo Mundo para trabajar en las plantaciones de algodón o de la caña de azúcar, no existe ningún argumento económico que pueda parar estas iniciativas.” Y de este modo, el capitalismo impondrá una globalización cada vez más extensa y llegará a regiones cada vez más remotas, las cuales serán transformadas de manera más profunda.

El mundo se dividirá en parcelas productivas siguiendo criterios globales como “no tiene ningún sentido producir plátanos en Noruega porque su producción es mucho más barata en Honduras”. Por lo tanto, cuando los terratenientes argentinos solo produzcan carne o los granjeros australianos solo serán expertos productores de lana, será el momento en que habrán abandonado su propia producción agrícola, puesto que les resultará más beneficioso comprar las producciones cereales para el autoconsumo en el exterior. De este modo, estas transacciones les permitirá especular y sacar más rendimiento económico a sus inversiones.

Y en este sentido, tanto Inglaterra como Holanda serán los únicos exportadores de capitales y servicios financieros a las colonias americanas o asiáticas con el fin de desestabilizar los antiguos imperios —Castilla y Portugal— y de este modo asegurarse las materias primeras para la incipiente revolución industrial. Las bolsas de Londres o Amberes —fundadas a finales del XVII— se convertirán las capitales comerciales de la nueva economía que se basará sobre las expectativas de un dinamismo especulativo, las cuales serán participadas principalmente por los descendentes de aquellos judíos sefardíes expulsados por la Monarquía Hispánica a finales de los XV.

Desde el principio, tanto Inglaterra como Holanda tuvieron la certeza que para desarrollar el nuevo paradigma económico había que poner en marcha un proceso de concentración de la actividad económica por medio de la urbanización de las zonas costeras, cosa que les posibilitó el impulso de la construcción naval y el desarrollo de manufacturas próximas a los puertos. Esto les permitió convertir sus litorales en espacios económicamente muy dinámicos y potentes. Un hecho similar sucederá en la costa peninsular mediterránea, la cual pasará a ser uno de los territorios con un crecimiento económico similar al de los territorios del norte de Europa. Será entonces cuando Cataluña adquirirá la cohesión territorial sobre las bases de un sistema urbano estrechamente entrelazado con Barcelona —como centro comercial y político— a la vez que se desarrollará la industria para los pueblos próximos —Sants y San Martín de Provenzales— y la actividad mercantil se reorientará hacia el Atlántico y el interior peninsular.

11Onze es la fintech comunitaria de Cataluña. Abre una cuenta descargando la super app El Canut para Android o iOS. ¡Únete a la revolución!

Si te ha gustado este artículo, te recomendamos:

Cultura

Los fundamentos del sistema extractivo

8min lectura

El mapa político de la Europa de finales del siglo XV se...

Cultura

El despliegue del sistema extractivo

11min lectura

El arco cronológico que va desde el Tratado de Tordesillas...

Cultura

La industrialización que hicimos en un siglo

3min lectura

En nuestra memoria perdura intensamente la fecha de 1714...



La Unió Europea s’enfronta al seu declivi polític, econòmic i militar en el món. Els interessos particulars dels diferents Estats li priven d’una veu forta en el context internacional, on habitualment actua supeditada als desitjos dels Estats Units. En aquest context, la sobirania real d’Europa és gairebé una utopia.

 

S’apropen temps convulsos a Europa. La guerra d’Ucraïna ha disparat la tensió amb Rússia, que cada vegada estreta més els seus llaços amb la Xina. El conflicte ha portat els governs europeus a reforçar la seva aliança amb els Estats Units i replantejar-se les seves polítiques de defensa i energia. A més, la guerra ha provocat tensions en el propi si de la Unió Europea, que probablement aniran en augment.

On podem arribar? És difícil de dir. Europa ha recorregut un llarg camí des del pla Schuman de 1950 i el Tractat de Roma de 1957, que l’ha convertit en la segona major democràcia i la tercera major economia del món. Però, després del somni d’unió i prosperitat europea que va generar la caiguda del bloc comunista l’any 1989, l’idealisme europeu s’ha anat fonent com un terròs de sucre. Ho ha fet en un “desordre internacional” tutelat pels Estats Units i marcat per crisis econòmiques, pandèmies, un procés de desglobalització parcial i conflictes entre les grans potències.

Mai com ara la Unió Europea havia hagut de fer front a una situació internacional que avança cap a la multipolaritat i està plagada de crisi que plantegen nombroses amenaces i reptes. I ni tan sols ha estat capaç de desenvolupar la tan anhelada Política Exterior i de Seguretat Comuna (PESC).

Una certesa: la política exterior continua encara és un dels elements menys integrats de la UE. Així ho va demostrar, per exemple, el canceller alemany Olaf Scholz en un viatge a la Xina a principis de novembre de 2022. Aquesta visita va rebre una pluja de crítiques per part dels socis europeus perquè denotava un unilateralisme descarnat, ja que els interessos d’Alemanya xocaven amb els de la resta dels membres de la Unió Europea.

 

La desunió europea

No és cap secret que cada país defensa els seus interessos. Com advertia recentment Martin Wolf, responsable d’economia del ‘Financial Times’, alguns dels principals problemes als quals s’enfronta la UE tenen el seu origen en el fet que no es tracta d’un Estat, sinó d’una confederació d’Estats. D’aquí es deriven les dificultats de gestionar economies divergents dins d’una unió monetària en la qual el Banc Central Europeu exerceix un paper essencialment polític per evitar desequilibris insalvables entre les diferents economies.

Falta una veritable integració. La realitat és que el mercat únic europeu no està integrat com ho està el dels Estats Units, per exemple. La falta de dinamisme en un sector crucial en l’actualitat, com ho és el de les tecnologies de la informació i la comunicació, s’explica en gran manera per aquest fet. És simptomàtic que només una empresa europea, ASML, figuri entre les deu empreses tecnològiques més valuoses del món.

Res convida a l’optimisme. En un context internacional més fragmentat i amb majors pulsions nacionalistes, fins i tot Alemanya, que és l’autèntic motor d’Europa, cada vegada té més dificultats per trobar mercats que absorbeixin la seva producció. Els elevats costos energètics són una amenaça per a la seva indústria pesant. I s’afegeix l’embranzida de la Xina i els avenços dels Estats Units cap a una política intervencionista i proteccionista.

Aquesta situació fa que es trobi a faltar una veritable política europea comuna, llastrada pels interessos nacionals particulars, que fins i tot amenacen l’existència del mercat únic.

 

El rol d’Europa en el món

Una qüestió vital per a Europa, com assenyala Wolf, és definir el paper que vol exercir en el món, si desitja continuar sent un aliat “servil” dels Estats Units, convertir-se en un pont entre blocs o recuperar l’estatus de potència. La primera opció sembla la més plausible, ja que per tornar a convertir-se en una potència necessitaria una unió política i fiscal molt més profunda, a més de superar les desconfiances internes.

L’ascens de la Xina, l’Índia, Rússia i altres països com a potències econòmiques i militars obliga la Unió Europea a ser un actor amb una única veu en assumptes d’importància global si aspira a ser un dels “pols” rellevants en el futur multipolar. Però, com més activa i independent vulgui ser la Unió Europea, més crucial serà aprofundir en el seu federalisme, un procés plagat d’espines per les reticències nacionalistes.

 

L’auge populista

L’avanç dels moviments populistes a Europa des de la crisi financera de 2008 i la crisi migratòria de 2016 suposa una amenaça en aquest sentit. La majoria es caracteritzen pel seu euroescepticisme, ja que consideren que l’arrel dels problemes socioeconòmics a Europa és la integració europea i la presa de decisions de Brussel·les.

No estem davant un moviment marginal: un estudi del Pew Research Center mostra que els partits euroescèptics ja ocupen el 29% dels escons del Parlament Europeu, la xifra més alta de la història. Per tant, una part important dels qui prenen les grans decisions sobre el futur de la Unió Europea són també els qui s’oposen a una major integració. I, sense aquesta integració, és difícil que Europa recuperi un paper protagonista en el panorama internacional.

 

Escassos avenços

La Unió Europea va establir diverses prioritats per al període 2019-2024, entre elles la protecció i la llibertat dels ciutadans, el desenvolupament d’una economia forta, la sostenibilitat a Europa i la promoció dels valors i interessos europeus a escala mundial. Per desgràcia, els avenços en aquests àmbits han estat escassos.

Vivim en un món caracteritzat pel desordre, el creixent proteccionisme i els conflictes entre grans potències. Sens dubte, no és el món amb el qual somiaven els fundadors de la Unió Europea. Però si els seus dirigents actuals desitgen preservar alguna cosa de l’esperit original, haurien d’enfortir les bases del projecte i avançar cap a una sobirania real d’Europa. Per a això seria imprescindible frenar la desindustrialització, impulsar la transformació digital, aprofundir en la integració i establir una veu única en el món.

 

11Onze és la fintech comunitària de Catalunya. Obre un compte descarregant l’app El Canut per Android o iOS. Uneix-te a la revolució!

Si t'ha agradat aquest article, et recomanem:

Economia

Està Europa a la vora del col·lapse?

4min lectura

L’elevada inflació, la crisi energètica i la pujada...

Cultura

L’actualitat del sistema extractiu

14min lectura

Com ja havia succeït amb la resolució de passats...

Tecnologia

És factible la sobirania digital d’Europa?

4min lectura

En l’àmbit de les tecnologies i la revolució digital...



A mesura que el segle XXI ha deixat enrere el bel·ligerant segle XX, el sistema econòmic s’ha anat fent cada vegada més complex. Pel camí, algunes crisis han estat terriblement violentes i de conseqüències devastadores; altres, anecdòtiques. Finalitzem aquesta radiografia sobre les grans crisis de la història de la humanitat.    

 

Malgrat que el segle XX és un segle curt, les seves conseqüències afecten encara el nostre dia a dia. La historiografia considera que el seu arc cronològic va des del final de la Primera Guerra Mundial (1918) fins a la caiguda del mur de Berlín (1989), tot i que es podria allargar fins a l’atac de les torres bessones de Nova York (2001). La intensitat dels esdeveniments és de tal magnitud que ens obliga a reflexionar cap on anem. Per això, el segle XXI l’hem iniciat amb un munt de preguntes transcendentals a respondre: la crisi climàtica, el model productiu, el consum, l’habitatge, la relació amb els diners, la tecnologia, la llibertat… Sabrem trobar respostes que beneficiïn el conjunt de les societats?

 

1929: El megacrac

Hi ha fets històrics… i després hi ha EL FET històric. I, per al món contemporani, aquest l’és. És la frontissa que marca un abans i un després. Una concatenació de decisions polítiques, econòmiques i socials que acabarien portant el món a l’abisme. Les seves causes i conseqüències han estat estudiades per totes les disciplines de les ciències socials. I, encara avui, es pren com la referència per definir si una crisi econòmica tindrà un impacte més o menys gran. Parlem del crac borsari americà de l’octubre de 1929.

L’economia americana de principis dels anys 20 del segle XX es va assentar seguint un esquema purament especulatiu, la qual cosa va provocar un important desfasament entre l’economia real i l’activitat borsària, que s’aniria agreujant i agreujant cada cop més.

Davant del tancament dels mercats europeus i del descens dels preus agraris, el govern americà i els bancs van intentar contrarestar-ho amb l’oferta d’un volum considerable de crèdits. Aquestes mesures van donar lloc a una gran abundància de capitals a curt termini i a l’especulació, especialment a partir del 1926. Per a més desgràcia, les autoritats monetàries no van actuar a temps per posar fre a aquest lucre malaltís.

Així va ser que, en començar l’octubre del 1929, es van produir tendències a l’alça de les inversions. Però quan la venda d’accions es va disparar, el 24 d’octubre es va desfermar el pànic, i el mateix va succeir el dimarts 29 d’octubre. La caiguda de la borsa va ser inevitable a causa de la nul·la demanda d’accions i es va desencadenar una crisi global de dimensions bíbliques. Apocalíptica. Molt pitjor que la crisi anglesa de 1720, atès que va afectar el món sencer.

Fins al 1932, uns 5.096 bancs es van declarar en suspensió de pagaments. El seu esfondrament va arrossegar a la fallida moltes empreses, que veien com s’acumulaven els estocs de mercaderies, cosa que va comportar un important descens dels preus, especialment en el sector agrari. Finalment, el descens de l’activitat econòmica va provocar un augment desbocat de l’atur. 

Per frenar l’hemorràgia del sistema financer, a partir de 1931, la repatriació massiva de capitals nord-americans d’Europa —que havien ajudat a finançar la postguerra de la Primera Guerra Mundial— va provocar les fallides dels bancs europeus, principalment austríacs i alemanys. A partir d’aquí, la història és coneguda. El món sencer es veié abocat a una llarga nit apocalíptica.

“El crac borsari americà de l’octubre del 1929 és la frontissa que marca un abans i un després. Encara avui, es pren com la referència per definir si una crisi econòmica tindrà un impacte més o menys gran”

1945: Després de l’Apocalipsi

60 milions de morts. Aquest és el cost total en vides que va haver de pagar la humanitat per la Segona Guerra Mundial. La destrucció de ciutats, pobles, infraestructures, paisatges, béns materials, indústria… fou gegantí. Descomunal. La despesa econòmica ha estat xifrada en 200.000 milions de dòlars del 1947, la qual cosa equivaldria actualment a uns tres bilions de dòlars. La devastació d’Europa i parts de l’extrem asiàtic, com ara el Japó, va ser de tal magnitud que el món sencer va experimentar una profunda i dolorosa postguerra. Calia començar a escriure la història de nou amb urgència. Però, quines opcions hi havia?

Igual que havia succeït en el passat en la resolució de conflictes bèl·lics, com ara al Congrés de Viena per redibuixar el mapa d’Europa després de la derrota napoleònica o al Tractat de Versalles després de la Primera Guerra Mundial, la trobada entre vencedors era un fet imminent. Calia projectar el futur i, per aquest motiu, els aliats es van reunir a la ciutat alemanya de Potsdam, l’estiu de 1945.

Els acords van tenir una resolució relativa, perquè es van anar configurant en les següents dècades. Tanmateix, els vencedors van actuar més com a notaris de la nova situació geopolítica que no pas com a cervells de la nova reordenació mundial. Per tant, la Conferència de Potsdam va visualitzar amb claredat la divisió del món en dos blocs. Dos models polítics, socials i econòmics que provocarien diversos conflictes armats de baixa intensitat al llarg de les següents quatre dècades.

L’avenç tecnològic que va suposar la Segona Guerra Mundial portaria la humanitat a sortir a l’espai exterior, a la Lluna i més enllà, però també va suposar el desenvolupament de la bomba atòmica com a arma de destrucció massiva. Aquesta amenaça ha estat emprada des d’aleshores com a instrument de pressió política.

 

1973: Si jugues amb foc, et pots cremar

Acabada la Segona Guerra Mundial, el model de creixement que va adoptar el món occidental, inclòs el Japó, es va basar en el consum massiu de petroli. D’aleshores ençà, l’economia d’Occident ha tingut una forta dependència d’aquest recurs limitat. I és ben sabut que, si vols que la teva economia funcioni correctament, has de saber quines són les teves amistats i ser conseqüent amb els teus actes.

El 6 d’octubre de 1973, el dia del Iom Kippur o Dia de l’Expiació del Pecat, la festivitat més important pels jueus, tropes d’Egipte i de Síria van llançar una gran ofensiva contra Israel per tal recuperar el Sinaí i els Alts del Golan perduts el 1967. Després de tres setmanes de combats, els israelians, amb el suport dels Estats Units, van aconseguir restablir la seva hegemonia a la zona.

Aleshores, els països àrabs de l’OPEP, és a dir, els que controlaven el petroli, no contents amb la situació, van decidir embargar el petroli a tots els països occidentals com a represàlia vers els qui havien donat suport al conflicte. La mesura va provocar un increment desorbitat del preu del petroli —es va passar de pagar 2,90 dòlars a 11,90— cosa que va provocar un fort augment de la inflació a escala mundial.

Per a l’economia nord-americana, principal motor econòmic d’Occident, l’embargament va suposar una desacceleració dràstica de l’economia, amb el consegüent augment de l’atur. De fet, ja feia mesos que el mercat havia començat a mostrar símptomes preocupants de desacceleració, als quals se sumava la decisió del president Nixon de deslligar el dòlar del patró or. Així va ser com, amb la fi del sistema pactat en els acords de Bretton Woods, es va abocar l’economia a l’abisme.

L’embargament va durar sis mesos i va generar importants problemes de subministrament energètic, així com una etapa de baix creixement econòmic generalitzat a escala mundial. Alguns països, com França, van buscar altres fonts energètiques, com l’energia nuclear, mentre que els Estats Units i el Canadà van optar per la crema de residus de fusta. 

Precisament, el nostre present ens obliga a plantejar-nos si aquest model de consum energètic desbocat, que ha estat durant dècades la principal font de creixement per al món occidental, es pot continuar mantenint. La crisi climàtica és una realitat ben palpable i cal treballar de valent per trobar solucions reals que promoguin un canvi de model productiu i de consum molt més sostenible.

“El nostre present ens obliga a plantejar-nos si aquest model de consum energètic desbocat, que ha estat durant dècades la principal font de creixement per al món occidental, es pot continuar mantenint. La crisi climàtica és una realitat ben palpable”

1988: El sistema va col·lapsar

Si volien sobreviure, havien de fer un pas endavant. Per no col·lapsar, calia fer una reforma molt rellevant, i mil·limètricament calculada, del sistema implementat el 1917. L’encarregat de dur a terme aquest repte gegantí va ser un jove advocat, escollit primer secretari del Partit Comunista tres anys abans, i sobre el qual la vella guàrdia tenia dipositades totes les esperances. A principis de la dècada dels 80 del segle XX, l’URSS estava davant d’una cruïlla històrica important. Com era possible que, essent la segona potència industrial del món, no fos capaç de produir prou béns de consum i aliments per satisfer les necessitats de la seva població?

La situació s’havia fet més que evident a partir dels 70, quan el sistema soviètic s’havia mostrat ineficaç pel que feia a planificació central. I a això s’hi sumava el pes descomunal de la despesa militar, un endarreriment tecnològic brutal i una deficient qualitat del treball a causa d’una mà d’obra desmotivada. A més, tot això era gestionat per un partit únic conformat per velles glòries!

Les reformes econòmiques i polítiques promogudes a partir del 1988 pel primer secretari del Partit Comunista rus, Mikhaïl Gorbatxov, anaven encaminades a reajustar el sistema sense destruir-lo. Aquest reajustament implicava una liberalització del mercat i una obertura del comerç exterior. No obstant això, tard o d’hora, se sabia que ambdues opcions desembocarien en una democratització de la societat. L’acceptació explícita de la transició d’una economia centralitzada i planificada cap a l’economia de mercat posava fi a més de 70 anys d’experiment soviètic, iniciat en aquella llunyana Revolució d’Octubre del 1917.

Malgrat totes les mesures dutes a terme, la Perestroika va fracassar. El debilitament del poder central, la reactivació dels nacionalismes i l’aparició d’importants conflictes interns va accelerar el final de la Unió de Repúbliques Socialistes Soviètiques en menys de tres anys. Després d’això, li va seguir un període de fortes crisis als antics territoris de l’URSS, molts dels quals encara perduren avui en dia, com demostra el que passa a Ucraïna, on es barregen motius històrics i interessos geopolítics derivats de la guerra freda.       

 

2001: ‘Corralito’, quan els diners es van volatilitzar

I van voler tocar el cel. A principis dels 90, l’Argentina havia posat en marxa el Pla de Convertibilitat, que consistia a mantenir un canvi fix d’un peso per un dòlar (1:1). Aquesta mesura pretenia acabar amb la hiperinflació i estabilitzar els preus a través del creixement econòmic. D’aquesta manera, es buscava reduir el dèficit fiscal després d’un període de recessió amb el consegüent endeutament de l’Estat.

A principis del 2000, el deute extern argentí provocat per la convertibilitat va començar a ser cada vegada més important, cosa que va propiciar un augment exponencial del dèficit fiscal. Tot plegat, va començar a generar desconfiança entre els inversors, tant interns com externs, que, moguts pel rumor d’una possible suspensió de pagaments de l’Estat, van iniciar una fugida massiva de capitals.

El drama de tot plegat va començar un fatídic 3 de desembre de 2001, quan l’Argentina es va enfrontar a una limitació de la llibertat dels titulars dels comptes per disposar de diners en efectiu dipositats a les entitats bancàries. Aquest ‘corralito’ va ser decretat pel president de la República per estabilitzar l’economia, la qual cosa va provocar l’efecte contrari.

Què havia fet l’Estat davant d’una situació extrema? Doncs demanar un préstec de 40.000 milions de dòlars al Fons Monetari Internacional (FMI) l’any 2000. I quan se li van acabar, què va fer? Doncs tornar a demanar un altre préstec de 30.000 milions de dòlars a l’FMI el 2001. D’aquesta manera, el novembre del 2001, el deute públic de la República Argentina es va situar a prop dels 145.000 milions de dòlars. O sigui, un 150% del seu PIB. Per tenir una equivalència i ser conscients de la magnitud de la tragèdia, les economies occidentals d’aquell període estaven a prop del 50% d’endeutament del seu PIB. Un any més tard, l’Argentina abandonava la convertibilitat [1:1,45], devaluava la seva moneda i es declarava en bancarrota.  

La taxa d’atur s’havia situat a prop del 35%, la prima de risc s’elevà per sobre dels 5.000 punts, la inflació se situà en el 52% i el 60% de la població esdevindria pobre en els següents anys. Davant d’aquesta situació tan dramàtica, esclataren importants aldarulls a les principals ciutats argentines. I quina va ser la reacció de l’Estat? Una contundent i indiscriminada repressió. Les seqüeles d’aquella crisi perduren en la societat argentina i la por d’un altre ‘corralito’ continua existint en la seva memòria. Es calcula que en 11 mesos, quasi 25.000 milions es van volatilitzar. El 2010, Grècia va viure una situació similar al ‘corralito’ d’Argentina.

“A partir del 2008, la realitat va ser una altra: un veritable desastre. El sistema financer havia desenvolupat i comercialitzat productes com les hipoteques ‘subprime’, les preferents o els futurs, i acabaria engolit per la seva cobdícia”

2008: Una hipoteca dona tant?

Segur que aquesta història et sona: “Tenia un piset que em van deixar els meus pares en herència. El vaig vendre. Amb l’import obtingut, vaig comprar un terreny que vaig hipotecar per construir la casa dels meus somnis, perquè sempre havia volgut viure fora de la ciutat. D’aquesta operació financera em van quedar uns estalvis.

Un bon dia, vaig rebre la trucada del meu assessor, el del banc de tota la vida, el qual m’oferia invertir els meus estalvis en la promoció d’una luxosa urbanització de cases unifamiliars a prop del mar. Semblava una inversió segura. Com que estava avalada pel mateix banc, hi vaig confiar. Llavors, el meu assessor em va comentar, sense estar signat enlloc, que amb aquesta operació podria viure despreocupadament dels diners la resta de la meva vida.

Aleshores, va ser quan em vaig engrescar. Per la confiança que em generava l’operació, per la gestió personalitzada de tants anys plegats i, per dir-ho clar i català, per guanyar més diners, vaig sumar als estalvis una ampliació de la hipoteca de la casa. També vaig demanar una mica més per construir-me una piscina, renovar-me el cotxe i, fins i tot, vaig anar de vacances a les Illes Fiji.

Però un dilluns fatídic em va trucar l’assessor per comentar-me que la promoció havia estat un fracàs i que, per tant, ho havia perdut tot. A partir d’aquell moment, la quota mensual de la meva hipoteca se’m va incrementar un 800%”.

Aquesta va ser la il·lusió amb què el sistema financer, encapçalat principalment pels bancs, va fer creure a molta gent que era possible viure en un món feliç. Tanmateix, a partir del 2008, la realitat va ser una altra: un veritable desastre que, sumat a altres productes que el sistema financer va desenvolupar i comercialitzar, com les hipoteques ‘subprime’, les preferents o els futurs, acabaria engolint la cobdícia d’aquest mateix sistema.

Infinitat d’estudis, articles, entrevistes, reportatges, documentals o pel·lícules han explicat fins a l’avorriment la crisi financera global del 2008, que va tenir el seu origen en la comercialització d’un conjunt de bons d’habitatges col·locats al mercat pels principals bancs als Estats Units. En un principi, aquests bons immobiliaris oferien a l’inversor un alt rendiment amb un risc baix. Aviat, això va propiciar que aquests productes es convertissin en l’instrument de moda i els preferits pels bancs.

Els bons estaven sustentats per un conjunt d’habitatges hipotecats, amb pagaments regulars al corrent per part dels propietaris. En aquesta fase, la taxa d’interès es mantenia baixa. Fins aquí, un producte normal del 2000 que oferien els bancs. Però la cosa va començar a canviar a partir del 2006, quan algun espavilat va trobar la manera de mantenir el flux constant de capital que aquests bons generaven.

Per tant, la clau de volta radicava en ampliar el mercat i començar a oferir crèdits hipotecaris a tort i a dret, sense comprovar ni ingressos regulars ni l’historial creditici de qui l’anava a adquirir. Segurament, l’espavilat d’abans ja sabia que això tenia un límit, perquè les cases són finites i els pagadors regulars, també. Perquè, què passa quan un no paga? El sistema ho pot assumir. I què passa quan dos no paguen? El sistema encara pot assumir-ho. I què passa quan molts no paguen? Aquí és quan apareix el problema. Tot s’esfondra. La resta és sabut. 

A mitjans dels anys 80, l’economia japonesa ja havia passat per un procés similar de revalorització d’actius financers i immobiliaris, que els experts havien considerat com una de les majors bombolles especulatives de la història moderna. El 2006 ningú va mirar al passat. Només uns pocs se’n van adonar. Si t’interessa saber com s’ho van fer, no et pots perdre la pel·lícula ‘The Big Short’ (2015).

“Serà de vital importància preparar-se, construir una cultura financera sòlida, en comunitat i amb llibertat, per no tornar a caure en l’abisme, pel que vindrà”

2022: Cap a una simbiosi amigable

Potser va ser massa agosarat i el temps ha demostrat que es va equivocar. Va ser en el context de la caiguda del mur de Berlín, l’any 1989, quan el politòleg nord-americà Francis Fukuyama va publicar el seu cèlebre i polèmic article sobre “el final de la història”.

La tesi plantejava que, amb el final de la guerra freda, la història havia arribat a la seva fi, perquè s’havia arribat a una uniformitat ideològica global. Aquesta afirmació se sustentava sobre la idea que havia estat la democràcia liberal, representada pel capitalisme occidental, la que havia estat capaç de fer caure el comunisme del bloc soviètic i, per tant, seria capaç de frenar en el futur altres guerres i revolucions. Però realment la història s’havia acabat?

La realitat del nostre present ens obliga a mirar cap al passat per entendre el que ens està succeint. I el debat actual pivota sobre l’enfrontament de dos models, a priori antagònics, que busquen una simbiosi amigable, i que troben la seva hipèrbole en dues novel·les distòpiques escrites precisament al segle XX.

D’una banda, tenim el model que tan bé va descriure l’escriptor Aldous Huxley a la distopia ‘Un món feliç’ (1932), en què descriu un món on les persones són controlades per mitjà de l’entreteniment, les drogues i unes relacions afectives deformades. De l’altra, el model que va descriure George Orwell a la també distòpica novel·la ‘1984’ (1949), on planteja un món dirigit per una elit que, per mitjà del llenguatge i de la manipulació de la ment, ens vigila i castiga amb violència.

Serà la quarta revolució industrial, amb tota aquesta hiperconnectivitat, la que possibilitarà la coexistència d’‘Un món feliç’ i de ‘1984’ en una mateixa matriu? Són Rússia i la Xina la concreció d’aquesta simbiosi? Què passarà amb Occident, que s’encamina més aviat cap a un ‘Don’t look up!’ (No miris amunt!), com a la pel·lícula que porta el mateix nom?

Arribem al final d’aquesta radiografia econòmica, on hem analitzat les crisis dels darrers segles a partir de moments concrets. I, a mesura que ens hem apropat al present, hem abandonat l’anàlisi històrica amb què les ciències socials interpreten l’esdevenir de les generacions per convertir-nos en opinadors de l’actualitat. Com més a prop som del que ens passa, més perdem la perspectiva necessària per comprendre amb mirada crítica el que succeeix. Encara no som capaços de percebre la multidimensionalitat del present històric, perquè ens manca el pòsit temporal. 

Molts dels esdeveniments actuals encara estan en marxa i molts altres ni tan sols han començat. Quin futur ens espera? No ho sabem. Sí que sabem què va succeir en el passat, sí que sabem que hi ha preguntes que la història ens ajuda a respondre. I, sobretot, sí que sabem que serà de vital importància preparar-se, construir una cultura financera sòlida, en comunitat i amb llibertat, per no tornar a caure en l’abisme, pel que vindrà.

 

11Onze és la fintech comunitària de Catalunya. Obre un compte descarregant la super app El Canut per Android o iOS. Uneix-te a la revolució!

Si t'ha agradat aquesta notícia, et recomanem:

Cultura

Història de les crisis: l’antic món cau (1/2)

15min lectura

D’ençà que l’ésser humà va deixar el nomadisme...

Cultura

L’actualitat del sistema extractiu

14min lectura

Com ja havia succeït amb la resolució de passats...

Cultura

Existeix una alternativa al sistema extractiu?

9min lectura

La teoria evolutiva és molt més complexa que una...



Existe un hilo dorado que atraviesa toda la historia de la humanidad. No se encuentra en los libros, ni tampoco en las fronteras de los antiguos imperios, pero es tan real como las piedras de los templos o la sangre de las conquistas. Ese hilo es el oro. No como simple metal, sino como símbolo cargado de significado: divinidad, poder, belleza, riqueza y control.

 

Desde el momento en que el ser humano descubre la capacidad de trabajar el metal noble, este se convierte en un espejo donde cada civilización proyecta sus sueños y sus miedos. Para los egipcios, el oro era la carne de los dioses; para los romanos, la clave del dominio mundial; para la Iglesia medieval, la materialización de la gloria divina; y para los Estados modernos, la base para controlar la economía global.

A lo largo de los siglos, el oro ha cambiado de forma, pero no de función. Ha sido idolatrado y saqueado, enterrado y desenterrado, convertido en moneda, en relicario o en joya de Estado. Ha construido palacios, pero también ha destruido imperios. Ha simbolizado tanto la eternidad como la decadencia.

El oro en Egipto, reflejo de la divinidad solar y la eternidad faraónica

En el antiguo Egipto, el oro no era solo un recurso valioso. Era, literalmente, la carne de los dioses. Esta concepción simbólica se recoge en múltiples textos sagrados como el “Libro de los Muertos”, donde se describe la relación entre el dios Ra —la divinidad solar suprema— y el metal precioso. El oro, inmutable ante la corrosión y el tiempo, se convertía en el símbolo perfecto de la eternidad divina.

Los faraones, concebidos como encarnaciones vivas de Horus e hijos de Ra, usaban el oro para legitimar y perpetuar su poder. No solo decoraban tumbas y templos con este metal: muchos objetos rituales, sarcófagos, máscaras y joyas litúrgicas estaban trabajados en oro puro, como la famosa máscara funeraria de Tutankamón (siglo XIV a.C.), que por sí misma es una exaltación del oro como soporte de la inmortalidad.

El oro en Roma, moneda de conquista y dominio imperial

Si para los egipcios el oro era carne divina, para los romanos se convirtió en el motor de un imperio. Con Roma, el metal noble se desdiviniza y se transforma en herramienta de poder terrenal: el fundamento de un sistema monetario, la recompensa de un legionario, la clave de un soborno y el símbolo de la grandeza imperial.

El primer gran paso lo da Julio César, que entre los años 46 y 44 a.C. acuña grandes cantidades de aureus para financiar su ambiciosa expansión militar. El aureus, una moneda de oro de altísima pureza, equivalía a 25 denarios de plata y simbolizaba no solo riqueza sino autoridad.


El oro en el mundo carolingio: sacralización del poder y renovación del Imperio

Con la caída de Roma, el mundo occidental entra en una larga transición. Pero el oro no desaparece: cambia de manos y de sentido. Será Carlomagno, rey de los francos y primer emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien reformule el papel del oro como herramienta de legitimidad política y religiosa.

Su reinado acaecido entre el 742 y el 814, marca un punto de inflexión. En Aquisgrán, capital simbólica de su poder, se construye una capilla palatina monumental, inspirada en el modelo bizantino de San Vital de Rávena. Cúpulas, mosaicos y reliquias enmarcadas en oro muestran que la nueva Roma no será una ciudad, sino una idea: la Renovatio Imperii Romanorum. El propio Carlomagno es coronado por sorpresa por el papa León III en el año 800, en una ceremonia llena de liturgia dorada que busca consolidar la alianza entre el trono y el altar.

La Renovatio Imperii Romanorum se fundamenta, pues, en un retorno al orden, a la ley, a la fe. El oro, en este contexto, no es moneda de circulación habitual —pues la economía franca es esencialmente rural—, sino símbolo de jerarquía, de lo sagrado y de la misión. Es la aureola del poder encarnado.


El oro andalusí: esplendor, refinamiento y sabiduría

Paralelamente, en la península ibérica florece otra visión del oro. Con Abd al-Rahman III, el Califato de Córdoba alcanza su máximo esplendor, convirtiéndose en uno de los centros culturales más brillantes de la Edad Media. Aquí, el oro no es solo poder: es refinamiento, es ciencia, es belleza.

La Mezquita de Córdoba, ampliada y embellecida durante su reinado, hace un uso magistral del oro en su decoración interior. Mosaicos bizantinos, importados directamente de Constantinopla, recubren el mihrab con dorados sutiles que captan la luz y elevan el espacio. A diferencia de la monumentalidad cristiana, aquí el oro no impone: seduce.

El Califato acuña el dinar, moneda de oro con inscripciones coránicas, que circula por todo al-Ándalus y el Magreb, demostrando el dinamismo comercial y político del islam peninsular. Pero no es solo una cuestión económica: el dinar actúa también como carta de presentación del poder musulmán, en una época en la que la caligrafía sustituye a la iconografía como expresión de fe.

La corte cordobesa se convierte, además, en centro de traducción, astronomía, medicina y filosofía. El oro financia bibliotecas, escuelas y jardines. De hecho, los cordobeses entienden la riqueza de otra manera: no como acumulación, sino como fertilidad cultural. Así, mientras los carolingios refuerzan la sacralización del poder con oro litúrgico, los omeyas de Córdoba lo ven como vía para proyectar sofisticación y liderazgo intelectual. Dos formas de brillar en una misma época.

La Renovatio Imperii Romanorum se fundamenta, pues, en un retorno al orden, a la ley, a la fe. El oro, en este contexto, no es moneda de circulación habitual —pues la economía franca es esencialmente rural—, sino símbolo de jerarquía, de lo sagrado y de la misión.

El oro feudal: financiar iglesias, castillos y cruzadas

La Edad Media europea es un mundo fragmentado, rural y teocrático. En este contexto, el oro —más escaso que en épocas anteriores— adquiere un valor redoblado: no es solo riqueza, sino medio para acceder a la gracia divina o proyectar autoridad feudal.

Con el inicio de las Cruzadas — el siglo XI—  ve cómo este metal vuelve a moverse a gran escala. La expedición de las monarquías europeas hacia Jerusalén no se entiende sin el apoyo financiero de los señores feudales, que hipotecan tierras, venden títulos e incluso ceden castillos para obtener oro. Bajo el pretexto religioso, el verdadero objetivo será la posesión de territorios en Tierra Santa, como botín de guerra y control de las rutas comerciales entre oriente y occidente.

Así, el oro medieval no es moneda cotidiana —la plata domina las transacciones menores—, pero sí instrumento privilegiado para conectar tierra, fe y espada. Su presencia en las reliquias, los retablos y las cruces procesionales testimonia un valor que trasciende la economía: el oro como lenguaje visual de la trascendencia.

El oro de Mali: esplendor africano e impacto global

Mientras Europa ara campos y construye catedrales, en el corazón de África florece un imperio de riqueza desconcertante: el Imperio de Mali. Y su soberano más emblemático, Mansa Musa I, ha pasado a la historia —no solo por su devoción— sino por ser la persona más rica que la humanidad ha conocido jamás.

Su viaje a La Meca, en 1324, es legendario. Según el historiador árabe Ibn Fadlallah al-Umari, Musa repartió tantos kilos de oro en los mercados de El Cairo que el precio del metal se desplomó durante una década. Llevaba miles de esclavos, caballos y camellos cargados con oro puro de las minas de Bambouk y Bure, en la actual Mali. Este episodio no es una exageración romántica: está documentado por diversas fuentes e incluso aparece en el famoso Atlas Catalán (1375), donde Mansa Musa figura dibujado con una esfera de oro en la mano.

Su reinado supuso una explosión cultural y arquitectónica: se funda la gran mezquita de Djenné, y la ciudad de Tombuctú se convierte en centro de saber, donde se copian manuscritos y se preserva el conocimiento greco-árabe. El oro de Mali no sirve para conquistar: sirve para educar, comerciar y establecer relaciones con el mundo islámico y mediterráneo.

El oro de México: símbolo sagrado y sudor del sol

Cuando los conquistadores españoles pusieron el pie en Tenochtitlán en 1519, quedaron tan impresionados por el orden, la simetría y la monumentalidad de la ciudad que el propio Cortés la comparó con Venecia. Pero hubo un elemento que eclipsó a todos los demás: el oro.

En el universo religioso de los aztecas, el oro no era moneda ni bien acumulable. Era, literalmente, el sudor del sol —teocuitlatl—, una materia sagrada que solo podía ser trabajada por artesanos especializados, los toltecas. Con él se elaboraban máscaras, discos ceremoniales, ornamentos para los dioses y objetos rituales. Su función era simbólica y espiritual, no mercantil. A diferencia de Europa, aquí no existían monedas de oro ni sistemas bancarios, sino una economía basada en el tributo y el trueque, con el cacao como medio de pago más habitual.

Moctezuma II, emperador de los aztecas, mantenía una corte refinada donde el oro formaba parte del culto divino y del ceremonial de Estado. Las fuentes —como las Cartas de Relación de Cortés o la Verdadera historia de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo— describen las riquezas del palacio imperial con fascinación y codicia: “Tenían tantas piezas de oro, tan bellas y misteriosas, que ningún rey cristiano poseía otras iguales.”

Pero ese mismo oro, que en la lógica azteca era sagrado, para los europeos era capital. La incomprensión entre ambas visiones fue absoluta. Los aztecas ofrecieron oro a Cortés como señal de respeto y hospitalidad. Él lo interpretó como sumisión. A partir de ahí, comenzó el expolio.

El oro en Castilla: de la codicia a la decadencia imperial

Con la conquista de América, la monarquía hispánica —bajo los Reyes Católicos primero, y sobre todo con Carlos I y Felipe II después— accede a cantidades de oro y plata hasta entonces impensables. Solo entre 1503 y 1660, se calcula que llegaron a Sevilla más de 180 toneladas de oro y 16.000 de plata procedentes de las colonias, especialmente de Perú y México. Este flujo, conocido como el “oro de Indias”, se convirtió en la columna vertebral del poder imperial castellano.

Pero ese tesoro —lejos de consolidar un imperio estable— envenenó la economía peninsular. El oro permitía mantener guerras continuas en Flandes o Italia, pero no se reinvertía en estructuras productivas. A diferencia de Inglaterra u Holanda, Castilla optó por el gasto militar y la importación, provocando inflación galopante y dependencia exterior. La metáfora es clara: un imperio rico… pero pobre.

Felipe II simboliza esta paradoja. Bajo su reinado se construye El Escorial, un palacio-monasterio-fortaleza que quiere ser a la vez centro religioso y administrativo del Imperio. Su arquitectura es severa, hierática, casi antimundana, pero cargada de símbolos de poder. El oro no brilla como en Versalles: pesa. Es el recuerdo material de un imperio que aspira a dominar el mundo desde un desierto de piedra.

El oro papal: del lujo al arte eterno

En Roma, en cambio, el oro adopta otra función. Con el Renacimiento, la Iglesia católica impulsa una renovación artística y espiritual… y el oro se convierte en el pigmento preferido de Dios. El papa Julio II , conocido como “el papa guerrero”, entiende que para reafirmar el poder espiritual de Roma es necesario dominar el lenguaje de la belleza. Y el oro es el canal perfecto.

Durante su pontificado, contrata a los mejores artistas del momento: Miguel Ángel, Rafael, Bramante… e impulsa la construcción de la nueva Basílica de San Pedro, con una cúpula que aún hoy define el horizonte romano. El oro recubre altares, cúpulas, frescos, objetos litúrgicos y retablos. Pero aquí no es solo creencia: es catequesis visual. El mensaje es claro: la gloria de Dios debe ser tangible. En una Europa dividida por las primeras críticas protestantes, Roma habla a través del arte. Y el oro se convierte en lenguaje de fe.

El oro en Francia: escenografía del poder absoluto

Si en Roma el oro es arte sagrado, en Francia se convierte en teatro del poder absoluto. Con Luis XIV —el Rey Sol— Versalles se transforma en una escenografía monumental donde cada cornisa, cada espejo y cada adorno dorado comunica una única idea: todo gira en torno al rey.

El oro de Versalles no sirve para pagar guerras —que habrá unas cuantas, pues es la base del mercantilismo— ni para convencer al pueblo —que pasa hambre—, sino para proyectar el mito del monarca omnipotente. En palabras del propio Luis XIV: “El Estado soy yo.”

Eso significa que el oro no se reparte: se concentra. En la Galería de los Espejos, con más de 350 espejos frente a 17 ventanas doradas, el reflejo múltiple del rey crea una ilusión de infinito. Es la teatralización del poder hecha palacio.

Solo entre 1503 y 1660, se calcula que llegaron a Sevilla más de 180 toneladas de oro y 16.000 de plata procedentes de las colonias, especialmente de Perú y México. Este flujo, conocido como el “oro de Indias”, se convirtió en la columna vertebral del poder imperial castellano.

El oro en Inglaterra: regulación, confianza y un imperio invisible

Con la llegada de la Revolución Industrial y el desarrollo del sistema bancario moderno, el oro ya no circula en sacos ni en carrozas. Ahora, se guarda en cámaras de seguridad y fundamenta el valor de la moneda. Es la era del patrón oro.

Inglaterra, pionera en la banca centralizada, establece el patrón oro a partir de 1717 con la reforma del sistema monetario liderada por Isaac Newton, entonces director de la Royal Mint. Newton fija oficialmente el valor de la libra esterlina en función de una cantidad concreta de oro. Con ello, se pone en marcha una nueva relación: oro = confianza.

La Goldsmiths’ Company de Londres, fundada en 1327, se convierte en una de las instituciones clave en el desarrollo de este sistema. Inicialmente, era el gremio de orfebres que con el tiempo evolucionará hacia un organismo regulador y garante del peso y la pureza del oro, creando estándares que aún hoy rigen el mercado (Good Delivery List).

Con el patrón oro, las grandes potencias industriales estabilizan sus monedas y generan confianza internacional. El oro no es necesario verlo, basta con saber que está ahí. Y así se construye un imperio invisible, con bancos centrales que custodian toneladas de oro —como el Bank of England o la Federal Reserve Bank de Nueva York—, haciendo del metal un pilar silencioso del orden mundial.

El oro se convierte en dólar. Y el mundo se dolariza

Tras dos guerras mundiales, los estados europeos están arruinados, pero Estados Unidos conserva reservas masivas de oro. Así, en julio de 1944, en Bretton Woods (New Hampshire), se decide un nuevo sistema monetario internacional: todas las monedas se vincularán al dólar, y este a su vez al oro: 35 $ por una onza de oro.

Así, el dólar se convierte en el nuevo oro, y Estados Unidos en su gestor. Esta decisión transforma el mundo: el comercio internacional, las finanzas, las relaciones diplomáticas… todo empieza a girar en torno al dólar. Es una hegemonía monetaria con base dorada.

Pero al mismo tiempo comienza la gran contradicción: EE.UU. imprime más dólares de los que puede garantizar con oro. Europa y Japón crecen, la guerra de Vietnam se vuelve carísima, y la confianza tambalea. De repente, el oro pesa demasiado… o demasiado poco.

El dólar abandona el patrón oro. El mundo se desajusta

El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon anuncia unilateralmente la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro. El sistema de Bretton Woods se derrumba. Por primera vez, el dinero deja de tener una referencia física objetiva. Ahora, su valor se basa únicamente en la confianza y en la gestión de los bancos centrales.

Es el inicio de la era del dinero fiduciario, del dinero “fiat”, en el que los billetes y los ceros digitales tienen valor porque… así lo decidimos. Esto abre la puerta a la expansión de la deuda, la liberalización financiera y las burbujas especulativas.

Mientras tanto, el oro —expulsado del sistema— vuelve a crecer como activo refugio. Las crisis del petróleo (1973 y 1979), la inflación desbocada de los años ochenta, la caída del muro de Berlín y las crisis financieras del siglo XXI (2008, 2020…) hacen que el oro vuelva a ser considerado un seguro contra la incertidumbre.

Cuando todo tambalea, el oro permanece

Hoy, en pleno siglo XXI, cuando las criptomonedas bailan, cuando la deuda pública alcanza cifras astronómicas y cuando la desconfianza hacia las instituciones se vuelve crónica, el oro persiste como una referencia silenciosa pero poderosa.

Los bancos centrales de países como China, Rusia, Turquía o la India compran toneladas de oro para desdolarizar sus reservas. Los inversores institucionales lo consideran un seguro frente a la inflación y la volatilidad. Y cada vez más ciudadanos lo ven como una forma de soberanía personal, fuera del sistema bancario.

El oro no da intereses. No promete rentabilidad. Pero no miente. Es tangible, finito, universalmente reconocido. Cuando todo tambalea —cuando las bolsas caen, cuando los gobiernos dudan, cuando las monedas fluctúan—, el oro permanece. Y por eso, después de milenios, sigue siendo el reflejo eterno de las civilizaciones.

Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad y, ahora, se amplía el abanico de productos. Por eso, ante la volatilidad, de la todavía alta inflación y de la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Oro Semilla en Preciosos 11Onze.

Si quieres profundizar en este tema, te recomendamos:

Cultura

¿Qué aporta la industria del oro a la sociedad?

16min lectura

Actualmente, hay 238 minas de oro activas repartidas en...

Cultura

El oro se mantiene en máximos históricos

16min lectura

Impulsado por el inicio de los recortes de tipos de interés...

Cultura

La actualidad del sistema extractivo

16min lectura

Como ya había sucedido con la resolución de pasados...



L’arc cronològic que va des del Tractat de Tordesillas fins a la declaració d’independència dels Estats Unitats d’Amèrica suposa el primer procés —a escala mundial— del repartiment i explotació de tot el món, per part de les monarquies europees. Durant aquest període, es passarà dels suculents ingressos produïts pels botins de guerra o pels saquejos indiscriminats de les poblacions autòctones a una borratxera d’or i de plata —sense precedents— introduïda dins l’economia europea. Per aquest motiu, la construcció dels primers imperis colonials es basaran en una economia mercantil que els permetrà estar a l’altura de les expectatives.

 

Des de l’inici, les monarquies europees tingueren la convicció que tots els territoris del món els pertanyien per dret de conquesta. D’aquesta manera, la cartografia els va permetre anar ampliant i posseint la propietat d’una terra, sobre la qual es van autolegitimar com a possessors per imposar —no sempre a través de la força— el seu model de civilització per sobre les societats nadiues.

Aquest procés de supremacia cultural es fonamentà sobre la certesa religiosa de qüestionar la veritable naturalesa humana dels nadius. I la ferma creença en aquest raonament motivarà les monarquies europees a projectar una geografia de grans espais per a cristianitzar. La cobdícia dels nouvinguts donarà lloc a nombrosos abusos i genocidis, però també suposarà una catàstrofe demogràfica sense precedents en quant els territoris del nou món veuran reduïda a un 80% de la seva població nadiua.

El progressiu desenvolupament de les tècniques marítimes —com ara, la millora de la brúixola, la construcció de les caravel·les o l’actualització dels mapamundis— permetrà als europeus ser capaços de navegar per tots els mars i oceans que configuren el planeta en pocs anys. Aquesta gesta tindrà com a conseqüència la divisió del món en dues meitats, dues línies geogràfiques que, traçades entre els dos pols, els atorgarà la potestat rubricada per l’autoritat papal a repartir-se el món per zones de navegació, de pesca i de conquesta. La primera línia se situarà a 370 llegües a l’oest de les Illes del Cap Verd, mentre que la segona es fixarà a 297,5 llegües a l’est de les illes Moluques.

El descobriment d’importants jaciments de metalls preciosos a Amèrica —entre Mèxic i el Perú— o l’arribada a les illes de les espècies del sud-est asiàtic, propicià la fundació o refundació d’importants ciutats americanes, africanes o asiàtiques, les quals adquiriran un altre rol territorial a fi d’assegurar importants fluxos de riquesa vers Europa regularment. D’aquesta manera, les monarquies europees començaren a controlar tot el comerç que passarà pels seus territoris, amb la voluntat de protegir els seus guanys econòmics.

Des de principis del segle XVI fins a mitjan segle XVIII, els primers imperis colonials mantindran un estricte monopoli mercantilista amb les seves colònies, i es prohibirà comerciar amb persones o empreses que no siguin súbdits o afins a la Corona. Castella, per exemple, considerarà els anglesos, holandesos o francesos, no pas com a competidors sinó com enemics, causants de pràctiques corsàries i instigadors d’actes de pirateria.

 

El sistema mercantilista colonial

El comerç amb les colònies es fonamentarà sota la premissa que els colons hauran de vendre les seves matèries primeres —a baix cost i amb alts impostos— exclusivament a empreses designades per la Corona. Alhora, els colons només podran comprar els productes de consum manufacturats per aquest selecte grup d’empresaris. D’aquesta manera, les monarquies afavoriran l’enriquiment il·limitat d’empreses i individus propers a l’Estat, atès que se’ls anul·larà la competència. Aquest sistema mercantilista crearà necessitats inútils per als nadius i buscarà el manteniment perpetu del subdesenvolupament de les colònies —tant americanes, africanes com asiàtiques— amb el propòsit d’anul·lar possibles competidors directes amb la metròpolis.

I per reblar el clau, l’alt funcionariat proper al consell del rei també hi jugarà un paper molt destacat en aquest innovador sistema econòmic, ja que disposava de la capacitat d’agilitzar o endarrerir tràmits burocràtics per afavorir uns o altres. Per tant, serà inevitable l’aparició d’un comerç il·lícit i paral·lel entre colònies i propiciarà que molts empresaris, tant grans com petits, cerquin la manera de burlar-se dels controls burocràtics imposats per la mateixa Corona. 

Actuant com a nou-rics, els primers imperis colonials —principalment Castella— gastaran una quantitat indecent de recursos econòmics per a construir el seu concepte de civilització. Aquesta obsessió —de vegades incontrolada— els portarà a embarcar-se en infinitat de conflictes de tota mena, com ara: disputes teològiques, conflictes familiars, afers comercials o fastuoses construccions megalòmanes.      

“Aquest sistema mercantilista crearà necessitats inútils per als nadius i buscarà el manteniment perpetu del subdesenvolupament de les colònies —tant americanes, africanes com asiàtiques— amb el propòsit d’anul·lar possibles competidors directes amb la metròpolis.”

Finançant l’imperi amb metalls preciosos

Coincidint amb el moment de major extracció econòmica de les colònies americanes —entre finals XVI i principis del XVII— Castella destinarà més de 7 milions de ducats al manteniment de la seva flota al Mediterrani durant la famosa batalla de Lepant. En uns set anys aproximadament, es gastarà la barbaritat d’11,7 milions de ducats per a finançar les innumerables campanyes de Flandes.

Per commemorar la victòria a la batalla de Saint-Quentin contra les tropes franceses, es destinaran prop més de 6,5 milions de ducats per a construir el fastuós Reial Monestir de Sant Llorenç de l’Escorial. Gràcies a la construcció i posada en marxa de la Grande y Felicísima Armada, la conegudíssima Armada invencible pels seus adversaris, enviaran 9 milions de ducats directament al fons del mar. I com no podia ser d’una altra manera, aquesta civilització catòlica i universal necessitarà la construcció d’una nova capital a la riba del riu Manzanares. Per al lector que tingui curiositat per la conversió, el ducat del segle XVI i de començaments del segle XVII tindria actualment una equivalència d’uns 167,1 euros. Cert, les xifres són… esfereïdores!

Per tant, entre el 1500 i el 1650, la monarquia castellana —i per proximitat, la resta de monarquies europees— viurà dins d’una veritable bombolla econòmica generada per l’entrada massiva dels metalls preciosos. Els darrers estudis estimen que la Corona castellana hauria extret de les colònies americanes unes 17.000 tones de plata i unes 70 tones d’or. Aquesta borratxera de metalls conduirà a l’Estat a tenir una visió tergiversada de l’economia real.

La paradoxa es produirà quan, malgrat la ingent entrada d’or i de plata i el cobrament d’impostos elevats, no arribaran a cobrir totes les despeses produïdes per l’Estat. Tinguem present que la Corona castellana només utilitzarà aquesta extraordinària riquesa per a finançar tots els deliris de grandesa de les elits castellanes, que en la majoria de les vegades toparà directament amb les necessitats reals de la població. Per aquest motiu, quan les oligarquies d’un país estan més interessades a treballar per la fastuositat que no pas per les possibilitats reals que ofereix la reinversió de capitals, tot plegat condueix a la destrucció del propi teixit productiu. 

 

Endeutament de la Corona castellana

A mitjan segle XVII, la Corona castellana arribarà a tenir un deute econòmic de més de 100 milions de ducats. Aquest deute gegantí els obligarà a declarar successives suspensions de pagaments. Per a tapar aquest forat, la Corona es veurà obligada a emetre gran quantitat de deute públic que anirà a parar a mans dels principals bancs europeus, com ara la banca alemanya —els Fugger o els Welser— i la banca genovesa dels Spínola, Centurione, Balbi, Strata i, sobretot, Gio Luca Pallavicino. La Corona pagarà els Welser a través de la concessió de l’explotació de les mines de Mèxic i el dret de conquesta sobre extensos territoris a les actuals Veneçuela i Colòmbia. Per la seva banda, els Fugger aconseguiran totes les concessions comercials sobre els territoris de Xile i el Perú. Actualment, són unes de les famílies més poderoses del continent. I, tots els luxosos palaus de l’strada nuova de Gènova, artèria del luxe de la ciutat, encara avui constitueixen la concentració més gran de residències aristocràtiques de tota Europa.

Davant les successives crisis financeres que la Corona castellana començarà a patir, molts empresaris europeus residents a les colònies americanes preferiran no embarcar els seus metalls preciosos cap als ports castellans —monopoli concedit a Cadis i Sevilla— per por a les massives confiscacions decretades per la Corona. Per això, buscaran invertir els seus actius en altres sectors emergents de l’economia colonial de finals del segle XVII, com seran l’agricultura, la ramaderia i la producció de manufactures. 

Per tant, la Corona castellana es veurà obligada a cercar noves fonts regulars d’ingressos. Per aquest motiu, posarà en marxa l’ambiciós pla del ministre del rei —el comte duc d’Olivares— conegut com la Unión de Armas, el qual pretendrà que cada regne que formi part de la Monarquia Hispànica —o sigui, principalment Portugal i la Corona d’Aragó— aportin un nombre determinat de diners i soldats.

“A mitjan segle XVII, la Corona castellana arribarà a tenir un deute econòmic de més de 100 milions de ducats. Aquest deute gegantí els obligarà a declarar successives suspensions de pagaments.”

Flexibilitzant el monopoli comercial

Portugal, que formava part de la Monarquia Hispànica des de finals del segle XVI, es negarà a concedir qualsevol aportació econòmica de més, donat que Castella explota les seves colònies, la qual cosa acabarà amb un conflicte bèl·lic que durarà més de 28 anys. Finalment, amb el suport econòmic d’Anglaterra i Holanda, Portugal aconseguirà deslligar-se del control dels Àustries, però el preu que haurà de pagar comportarà la cessió d’importants territoris del Brasil i el canvi de titularitat sobre les colònies de Ceilan —actual Sri Lanka—, Ciutat del Cap, Goa, Bombai, Macau i Nagasaki, entre d’altres.

Pel que fa a la Corona d’Aragó, l’oligarquia castellana no calibrarà la situació correctament quan accepti que el rei Felip IV juri les constitucions catalanes, condició sine qua non per obtenir els fons desitjats. La ignorància sobre les lleis que regulaven les funcions del rei dins dels territoris catalans serà el focus d’importants discussions institucionals, puix el rei —dins del Principat— estava obligat per llei a donar explicacions sobre la utilització dels recursos concedits. Per la seva banda, els catalans estaven més interessats a aprovar les seves propostes de noves constitucions catalanes i que s’atenguessin els greuges, que no pas a participar en guerres absurdes.

Però a la gènesi del debat institucional —entre Castella i el Principat— hi trobem un problema molt més profund. Si des de finals del segle XVI, Castella havia transitat cap a un sistema polític de caràcter absolutista, on el poder només resideix en una sola persona, la qual decideix sense haver de rendir comptes a cap parlament, al Principat passava el contrari, on les Corts Generals de Catalunya havien esdevingut l’òrgan legislatiu que representava tots els estaments de la societat, inclòs el rei.

L’entrada constant de metalls preciosos dins l’economia castellana es mantindrà estable fins a mitjan segle XVIII, però només un percentatge molt ínfim restarà dins del sistema econòmic castellà, atès que la resta continuarà utilitzant-se per a eixugar el monstruós deute de l’Estat. La historiografia estima que fins a l’any 1820, l’Estat espanyol no es recuperarà d’aquesta grandiosa despesa i serà —en gran part— pel fet d’haver-se annexionat l’economia productiva de tota la franja mediterrània peninsular a principis del segle XVIII. 

El sistema de privilegis i monopolis desenvolupats per la política comercial borbònica continuarà fent aigües i es veurà en la necessitat d’introduir nous agents per a garantir la viabilitat del comerç amb Amèrica. Per tant, amb el Reial decret de Lliure Comerç del 2 de febrer de 1778 trencarà definitivament el monopoli de Cadis i Sevilla i afavorirà el comerç directe de Catalunya amb Amèrica, que aportarà una nova manera de fer. Actualment, i curiosament, el 34% del PIB de l’Estat espanyol el continua aportant l’economia productiva de tota la franja mediterrània peninsular. Doncs, res és casual…

11Onze és la fintech comunitària de Catalunya. Obre un compte descarregant la super app El Canut per Android o iOS. Uneix-te a la revolució!

Si t'ha agradat aquest article, et recomanem:

Cultura

L’establiment del feudalisme

2min lectura

Va ser a finals del segle XI quan el feudalisme finalment...

Cultura

Els fonaments del sistema extractiu

8min lectura

El mapa polític de l’Europa de finals del segle XV...

Cultura

Història de les crisis: l’antic món cau (1/2)

15min lectura

D’ençà que l’ésser humà va deixar el nomadisme per...



Se acaban de cumplir veinte años de la independencia de Timor Oriental, el primer territorio que logró independizarse en el siglo XXI. Hasta ahora le han seguido otros cinco: Montenegro en 2006; Kosovo, Abjasia y Osetia del Sur en 2008, y Sudán del Sur en 2011. 

 

El 20 de mayo de 2002 se hacía efectiva la independencia de Timor Oriental tras una cruel ocupación indonesia y una transición tutelada por la ONU. Le siguieron Montenegro en 2006 y Kosovo en 2008, tras más de una década de conflictos en los Balcanes. También en 2008 unos pocos países reconocieron la independencia de Abjasia y Osetia del Sur en su conflicto con Georgia. El último país en independizarse en lo que llevamos de siglo XXI ha sido Sudán del Sur en 2011. 

  

Timor Oriental (2002)

El 20 de mayo de 2002 alcanzaba la plena independencia este enclave ubicado en la mitad oriental de la isla de Timor. Lo hacía después de una transición de más de dos años bajo control de la ONU. Le habían precedido siglos de colonización portuguesa y una brutal ocupación indonesia. El nuevo país, emplazado entre Australia e Indonesia, era en aquel momento el más pobre de Asia.

La descolonización de Timor Oriental guarda ciertos paralelismos con la del Sáhara Occidental. Al igual que la retirada de España de la colonia africana propició la ocupación de Marruecos, la retirada portuguesa en 1975 fue aprovechada por Indonesia para invadir el territorio e iniciar una cruel represión, que provocó entre 100.000 y 250.000 muertos. 

En el referéndum promovido por la ONU en 1999 ganó la opción de la independencia, que se hizo efectiva en 2002. Sin embargo, la inestabilidad política y social continuó hasta 2012, año en que la misión de la ONU abandonó definitivamente el país.

Timor Oriental, con una extensión que no llega a la mitad de Cataluña y una población de más de un millón de habitantes, cuenta con una constitución inspirada en la portuguesa. Su producto interior bruto (PIB) ha pasado de menos de 500 millones de dólares en 2002 a superar los 1.800 millones en 2020.

 

Montenegro (2006)

El territorio de Montenegro estuvo a lo largo de dos milenios bajo control de romanos, bizantinos, serbios y otomanos, con algunos intervalos de autonomía. En 1878 se convirtió en un principado, pero, a raíz de la Primera Guerra Mundial, se integró en lo que después acabaría siendo Yugoslavia, junto a Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina. 

Las tensiones nacionales entre las diferentes repúblicas se mantuvieron tras la Segunda Guerra Mundial, con Yugoslavia en la órbita comunista. Para aplacarlas, se aprobó en 1974 una nueva Constitución que garantizaba la autodeterminación de cada una de las seis repúblicas yugoslavas. 

El conflicto étnico estalló en la década de 1990. Yugoslavia se desmembró y solo Montenegro se mantuvo unida a Serbia, aunque un referéndum el 21 de mayo de 2006 estableció también la división de ambos países. La independencia fue aprobada con más del 55 % de los votos, la condición que había establecido la Unión Europea para aceptar al nuevo Estado. 

Desde su independencia, el PIB de Montenegro ha pasado de 2.722 millones de dólares en 2006 a 4.779 millones en 2020. La Unión Europea ha otorgado al país balcánico el estatus de candidato a la adhesión.

 

Kosovo (2008)

Al igual que Montenegro, Kosovo pasó por la dominación de múltiples imperios y reinos antes de acabar integrada en Yugoslavia. Además, los enfrentamientos étnicos han marcado su historia desde la Edad Media.

En 1990 la asamblea de la región proclamó la República de Kosovo dentro de Yugoslavia y dos años más tarde se declaró independiente, aunque Serbia no reconoció esa decisión. La guerra que enfrentó a serbios y albaneses entre 1998 y 1999 concluyó con la intervención de la OTAN y el establecimiento de un protectorado de la ONU. 

El Parlamento de Kosovo proclamó su independencia de forma unilateral el 17 de febrero de 2008, aunque siguió bajo la tutela internacional durante cuatro años. Un centenar de países y organismos multilaterales han reconocido a la nueva república, aunque algunos Estados, entre los que se encuentra España, siguen sin aceptar su independencia.

El PIB de Kosovo, con una población de casi dos millones de personas, ha pasado de 5.690 millones de dólares en 2008 a 7.610 millones en 2020.

 

Abjasia y Osetia del Sur (2008)

La situación de Abjasia y Osetia del Sur recuerda un poco a la de las provincias separatistas de Ucrania. Estos dos territorios prorrusos del Cáucaso proclamaron su independencia de Georgia un año después de la desmembración de la URSS, pero ningún país reconoció oficialmente a los dos nuevos estados hasta 2008.

La guerra en 2008 entre Georgia y estas dos provincias separatistas motivó la participación de Rusia, que decantó la balanza a favor de Abjasia y Osetia del Sur. Rusia y otros cuatro países reconocieron entonces su independencia, aunque la mayoría de la comunidad internacional sigue considerándolas parte de Georgia.

El territorio de Abjasia ocupa 8.665 km², mientras que el de Osetia del Sur no llega a los 4.000 km². En cuanto a la población, la de la primera no alcanza el cuarto de millón de habitantes, mientras que la segunda apenas supera los 50.000. Se estima que en 2020 el PIB de Abjasia no alcanzaba los 500 millones de dólares y el de Osetia del Sur estaba en torno a los 100 millones. La economía de ambos territorios depende en gran medida de Rusia.

 

Sudán del Sur (2011)

Ubicado al sur del desierto del Sahara, en África Central, Sudán fue dominado en la antigüedad por los nubios. Tras siglos de independencia, a principios del siglo XIX quedó bajo control turco. Y, tras un nuevo periodo de independencia, en 1899 fue invadido por Egipto, que por entonces era un protectorado de Reino Unido. 

Sudán dejó de ser una colonia británica en 1956, pero las diferencias étnicas y religiosas lo sumieron en una guerra civil hasta 1972 entre el norte, donde predominan los musulmanes, y el sur, donde son mayoría cristiana y animista.

El conflicto volvió a estallar en 1983 y se prolongó hasta 2005. En enero de ese año se firmó un acuerdo de paz que garantizaba un periodo de seis años de autonomía para la región del sur, tras el cual se celebraría un referéndum de independencia.

En el plebiscito, celebrado a principios de 2011, la independencia obtuvo un apoyo superior al 98 % de los votos. La independencia del estado meridional fue proclamada oficialmente el 9 de julio de ese año, con lo que el país quedó dividido entre Sudán y Sudán del Sur.

Con un territorio casi tan grande como el de Francia, su población ronda los 13 millones de personas y su PIB supera ligeramente los 3.000 millones de dólares.

 

11Onze es la comunidad fintech de Cataluña. Abre una cuenta descargando la super app El Canut para Android o iOS. ¡Únete a la revolución!

Si te ha gustado este artículo, te recomendamos:

Cultura

Cataluña, uno de los motores de Europa

4min lectura

Cataluña es una de las regiones de la red “Cuatro motores para

Economía

Independencia económica

6min lectura

“Independencia económica es que no dependes de nadie ni de

Cultura

¿Cómo nos afecta el conflicto en Ucrania?

8min lectura

El aventurismo geopolítico entre Estados Unidos y Rusia en



La nueva guerra fría entre los Estados Unidos y Rusia se ha visto espoleada por el conflicto en Ucrania. Las sanciones económicas impuestas por el bloque occidental controlado por el gigante americano están castigando la economía rusa, pero también la de la Unión Europea. Rusia ha tomado medidas para contrarrestar la amenaza americana y el oro juega un papel clave que puede desencadenar un cambio de paradigma en el orden económico internacional.

 

El uso de sanciones económicas por parte de los Estados Unidos y de sus estados clientelistas como instrumento de coacción no es nuevo. En las últimas décadas ha acontecido una doctrina que se ha aplicado extensamente desde la administración americana. Tanto demócratas como republicanos las han utilizado contra cualquier país que se oponga a los intereses económicos o políticos norteamericanos.

A lo largo de la historia se ha demostrado que la aplicación de sanciones no es efectiva a la hora de forzar un cambio de comportamiento. Aun así, puede ser una herramienta útil cuando se quiere castigar económicamente a un país, especialmente a la clase trabajadora, o debilitar su capacidad defensiva en preparación para un golpe de estado o una intervención militar. Aun así, la aplicación de estas medidas de coerción económica también tiene una contrapartida.

Mientras que países con poca capacidad militar o influencia económica global no tienen más remedio que recurrir al mercado negro o a acuerdos comerciales con estados no aliados a Occidente a fin de eludir las sanciones económicas, grandes actores globales como China o Rusia están creando un sistema económico alternativo o multilateral para blindar sus economías, así como su capacidad tecnológica y militar.

 

Alternativas a la interdependencia occidental

Como en tantos conflictos internacionales, la retórica aplicada por los medios de información y políticos occidentales cuando repiten constantemente que la “comunidad internacional” han decidido según qué cosas o que condenan las acciones de según qué países, no podemos olvidar que esta supuesta “comunidad internacional” solo engloba a los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, la Unión Europea, y quizás Australia, Japón y alguna isla de la Micronesia, pero deja fuera de juego a gran parte de la comunidad internacional que o bien es contraria a esta retórica o prefiere mantenerse neutral.

Por lo tanto, tenemos que tener presente este mundo multilateral a la hora de entender que, si bien la mal llamada “comunidad internacional” incluye una parte muy significativa de los actores globales más influyentes, hay otros bloques económicos importantes como el asiático, encabezado por China, bastante relevantes y que están aumentando su influencia global año tras año.

Dicho esto, es cierto que el poder de influencia del que presume Occidente gracias a su dominio de las herramientas de interconexión del sistema financiero mundial va más allá de su miópica definición de comunidad internacional. La hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial, el protocolo Swift de comunicaciones entre bancos, transacciones bancarias a través de Visa o Mastercard, junto con el control del Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, otorgan a Occidente, especialmente a los Estados Unidos, una capacidad de persuasión sin parangón.

En este sentido, tanto Rusia como China ya han creado sistemas alternativos que han entrado en funcionamiento en los últimos años y que en mayor o menor medida están menguando los efectos negativos de las sanciones impuestas por parte de Occidente en las últimas décadas, y más recientemente debido al conflicto en Ucrania. El dinero digital nacional o sistemas de pagos entre comerciantes, como UnionPay y Mir, ven incrementada su popularidad más allá de las fronteras de estos dos países.

 

La nueva fiebre del oro nos acerca al patrón

No es ningún secreto que países fuera de la esfera occidental hace años que están comprando grandes cantidades de oro, pero quizás no es tan conocido que bancos centrales de otros estados están haciendo lo mismo. El valor refugio de este metal precioso en tiempo de crisis está más que establecido, pero el incremento del interés en la compra de oro transciende la preocupación por la burbuja de la deuda soberana de los estados o una inflación desbocada.

Cómo se vio el mes pasado desde Rusia, también puede servir para estabilizar un sistema monetario según el cual el valor de las divisas esté sostenido por su convertibilidad al oro. Lo que se conoce como el “patrón oro”. Así, pues, el Gobierno ruso anunció la convertibilidad, temporal, del rublo al oro a un precio fijo, lo cual estabilizó el valor del rublo, recuperándose de la caída ante el dólar.

Aun así, queda por ver qué estrategia final se quiere seguir y las consecuencias para el sistema monetario internacional. El anuncio por parte del Gobierno ruso que países que aplicaran las sanciones impuestas por los Estados Unidos tendrían que comprar petróleo y gas natural pagando en rublos o en oro podría provocar que gran parte del comercio mundial de energía se aleje del dólar, rompiendo el statu quo establecido.

Aunque, como informó el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, las sanciones occidentales han congelado la mitad de las reservas de divisas y de oro del país, cerca de 300.000 millones de dólares, Rusia sigue siendo el segundo productor de oro mundial, después de China, y tiene reservas por un valor de 140.000 millones de dólares. La dificultad intrínseca de hacer un seguimiento de las compras o ventas hechas con metales preciosos pone en entredicho la efectividad de las sanciones.

La viabilidad de que Rusia mantenga el rublo ligado al oro está estrechamente relacionada con la demanda de energía rusa. La interdependencia con países de la Unión Europea menguará, a pesar de que países como Hungría y Alemania ya han anunciado que seguirán comprando gas a Rusia pagando en rublos, o euros convertidos a rublos, a través de la cuenta bancaria de Gazprom.

Aun así, teniendo en cuenta la multi-polaridad del poder global y la respuesta de la comunidad internacional (real), no se puede subestimar la habilidad de Moscú para dar un movimiento ganador en esta partida de juego de ajedrez geopolítico internacional.

 

Si quieres descubrir la mejor opción para proteger tus ahorros, entra en Preciosos 11Onze. Te ayudaremos a comprar al mejor precio el valor refugio por excelencia: el oro físico.

Si te ha gustado este artículo, te recomendamos:

Economía

¿Estamos volviendo al patrón oro?

2min lectura

Países fuera de la esfera occidental están comprando

Cultura

SWIFT

6min lectura

El conflicto en Ucrania es el último ejemplo que ha puesto de manifiesto la creciente

Economía

Desdolarización

5min lectura

La hegemonía del dólar como moneda de referencia en el comercio global y como



El mundo evoluciona constantemente, pero la información no siempre se mueve al mismo ritmo. Wikipedia recoge esta necesidad y la hace su fortaleza: todo lo que necesitas saber, lo tienes a un clic. Hablamos con Pau Colominas, wikipedista y uno de los responsables de redes sociales de la versión en lengua catalana de esta enciclopedia.

 

En un mundo donde todo avanza a un ritmo acelerado, mantener la información actualizada al momento es prácticamente un lujo exclusivo de las redes sociales. Con un filtro de objetividad (en más o menos medida) y bajo códigos deontológicos, se suman los medios de comunicación para explicar los acontecimientos diarios que suceden por todas partes. Pero, ¿dónde queda recogida toda esta información? Sean hechos, personas, conceptos o fechas, el alcance de información desde internet es tan compleja que llega a ser difusa y, incluso, poco fiable.

En un nuevo episodio de Personas, hablamos con Pau Colominas sobre la Wikipedia, una enciclopedia libre donde un gran número de voluntarios recogen y difunden todo tipo de contenidos en nuestra lengua. Todo lo que encontraríamos en una enciclopedia impresa, está. Con un matiz importante: la información se puede actualizar al momento. Un hito que solo se puede conseguir gracias a la digitalización y al esfuerzo de centenares de wikipedistas que dedican tiempo a difundir conocimiento en catalán para la comunidad catalana e internacional.

 

Búsquedas en catalán y de calidad

Pau Colominas pone sobre la mesa un dato crucial: “el catalán fue la segunda lengua en colgar contenidos a la plataforma, por detrás del inglés”. Desde entonces, la creación de contenidos en nuestra lengua ha ido en aumento, hasta llegar a los 700.000 artículos que encontramos actualmente. El impacto de nuestra lengua en la plataforma es relevante, y Colominas destaca especialmente la calidad de este contenido, que, a menudo, comenta, “es hasta superior al de otras lenguas”.

El foco del problema, pero, se mantiene a la hora de hacer las búsquedas, y nos remarca que “incluso los catalanes nativos suelen hacer búsquedas a internet en lengua castellana”. Entre los motivos, Colominas identifica la configuración de los ordenadores y buscadores, y el imaginario de tiempos pasados en que la presencia del catalán en internet era baja y con contenidos de menor calidad.

La implicación de toda una comunidad para difundir conocimiento

Un gran equipo de voluntarios hace posible que la misión de la Wikipedia llegue a buen puerto. Nos explica Colominas que no hace falta ser un erudito en ninguno de las materias, sino tener la voluntad de dedicar tiempo. Remarca que la difusión de conocimiento no parte del contenido , sino de las fuentes: “la garantía de la Wikipedia es la garantía de las fuentes que usas”.

Toda la información que recoge la Wikipedia se caracteriza porque ha sido publicada con anterioridad, y esto por sí solo ya reduce el margen para la inventiva. Además, un equipo de wikipedistas como el Pau filtran e identifican cualquier contenido que pueda atentar contra personas o colectivos o bien que pueda suponer un conflicto de intereses.

 

11Onze es la comunidad fintech de Cataluña. Abre una cuenta descargando la super app El Canut en Android y Apple. ¡Únete a la revolución!

Si te ha gustado este artículo, te recomendamos:

Finanzas

Pioneros en educación financiera a Europa

4min lectura

La Comisión Europea y la Red Internacional de Educación

Cultura

La vacuna contra la desinformación

4min lectura

Todos hemos sido víctimas e, incluso, contribuímos a ello sin

11Check

11Onze Check

4min lectura

Una de nuestras funciones principales es dar a nuestros miembros las herramientas para



App Store Google Play