La seguridad de los depósitos en bancos españoles

Tener un depósito en un banco español actualmente no solo significa obtener un bajo rendimiento por nuestros ahorros, dados los bajos intereses, sino estar cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos. Actualmente, el FGD dispone de unos 4.200 millones de euros, contra los 958.900 millones de euros que los clientes tienen en depósito.

 

El 2021, de acuerdo con los datos ofrecidos por el Banco de España, el nivel acumulado en depósitos llegaba a los 958.900 millones de euros a finales de 2021, un nuevo máximo histórico. Aun así, hay que resaltar que el nivel de recursos financieros acumulados por el Fondo de Garantía de Depósitos, y disponibles en los sistemas de garantía de depósitos, ascendían a 4.191 millones de euros en 2020, lo que representa un 0,5% de los depósitos garantizados a esta fecha.

Evidentemente, por lo tanto, el FGD no está en condiciones de afrontar quiebras bancarias. La monstruosa desproporción entre dinero depositado y garantía, está empujando muchos ahorradores a buscar opciones más seguras. Más aún cuando el beneficio que se obtiene por tener dinero en un banco español es ínfimo, tal como analizamos en este artículo. Teóricamente, los Fondos de Garantía de Depósitos tendrían que garantizar hasta 100.000 euros por persona física o jurídica, pero resulta matemáticamente imposible que puedan asumirlo porque las reservas de dinero son exactamente la mitad de lo que tendrían que ser. Por este motivo, dado el contexto de inflación que muerde los ahorros y viendo la poca rentabilidad y seguridad que ofrece la banca tradicional, se hace necesario buscar opciones más seguras para nuestro dinero.

 

Los Fondos Garantizados garantizan el 100% del capital

Los fondos de inversión garantizados pueden ser una buena opción si queremos diversificar nuestros ahorros y, a la vez, asegurar cierta rentabilidad. Cómo dice su nombre, nos garantizan de manera total o parcial el capital invertido, así como una rentabilidad prefijada para un periodo de tiempo. Normalmente, se trata de fondos que disponen de un seguro que garantiza la totalidad del dinero independientemente del importe.

Por lo tanto, la pregunta que hay que hacerse es: ¿existe algún fondo que genere rentabilidades altas y garantice el 100% de la inversión y de los rendimientos? Si quieres conocer opciones superiores para rentabilizar tu dinero, entra en Fondos Garantizados. Desde 11Onze Recomienda te proponemos las mejores opciones.

 

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En el extraño mundo de la regulación bancaria global, una revolución silenciosa está en marcha. No implica piquetes ni marchas de protesta, sino cámaras acorazadas—concretamente, las cámaras acorazadas de las instituciones financieras más poderosas del mundo. La implementación de las fases finales de los acuerdos de Basilea III ha consolidado un cambio profundo en la manera en que los reguladores perciben el oro, elevándolo a su estatus más exaltado en una generación. Reclasificar el oro como activo de nivel 1 establece una Nueva Regla de Oro de la Banca.

 

James Sène, Presidente de 11Onze

riqueza exige mirar más allá del horizonte, esto no es solo una noticia financiera; es una recalibración fundamental del paisaje monetario. Pero más que eso, exige una nueva mentalidad. El consejo habitual de “sé tu propio banco” ya no es suficiente. En 11Onze, creemos que debes aspirar a más: debes convertirte en el gobernador de tu propio banco central.

Durante décadas, el oro ocupaba una posición algo ambigua en los balances de los bancos. Tratado con cierto escepticismo por la teoría financiera moderna, a menudo era relegado a un nivel secundario, con una reducción significativa de su valor a efectos de adecuación de capital. Bajo las normas anteriores, el oro físico era frecuentemente clasificado como activo de “Nivel 3”, sometido a una penalización del 50% sobre su valor de mercado al calcular la reserva de capital básico de un banco.

Esa era ha terminado.

 

La promoción del oro: de Tier 3 a Tier 1

Con el despliegue completo del Basel III Endgame —con fechas clave de entrada en vigor consolidándose en 2025 y 2026 en las principales jurisdicciones— el oro ha sido oficialmente promovido, ya que ahora está clasificado como activo de Tier 1. Este es el nivel más alto de los activos financieros, una categoría reservada para las formas de capital más seguras y con mayor capacidad de absorción de pérdidas, hasta ahora dominada por el efectivo y los bonos gubernamentales de alta calificación.

Para un banco que mantiene oro físico asignado en sus propias cámaras acorazadas, este activo ahora tiene una ponderación de riesgo del 0%. En términos prácticos, esto significa que el oro cuenta íntegramente, al 100% de su valor de mercado, dentro de las reservas de capital básico del banco sin exigir que la entidad mantenga capital adicional costoso contra él. La distinción es crítica: el oro ya no se trata como una simple materia prima con riesgo de fluctuación, sino como un activo monetario fundamental, al mismo nivel que el efectivo.

 

La verdad sobre la demanda del mercado privado

Según el World Gold Council, existen aproximadamente 201.296 toneladas de oro por encima del nivel del suelo, con un valor superior a 12,2 billones de dólares estadounidenses. El sector oficial posee 34.211 toneladas (17%), mientras que los lingotes y las monedas representan 40.621 toneladas (20%). Cabe destacar que los datos del Consejo incluyen una categoría denominada “Otros y no contabilizado” que suma 29.448 toneladas (15%), una admisión reveladora de que las estadísticas oficiales no pueden captar la totalidad del panorama.

Pero en 11Onze operamos en primera línea del mercado privado, y conocemos la verdad: el volumen de oro comprado y vendido privadamente es miles de veces superior a las cifras reportadas por organismos autorizados. Las transacciones que presenciamos—mandatos, asignaciones de family offices, compras físicas de alto patrimonio—son genuinamente mucho más importantes de lo que aparece en la prensa.

Esta realidad está siendo validada por grandes instituciones financieras. Un informe de Goldman Sachs de enero de 2026 confirma que “los compradores del sector privado —no solo los bancos centrales— están convirtiéndose en una fuerza estructural en la formación de precios”. El banco destaca explícitamente “las compras físicas de familias de alto patrimonio” y “canales más difíciles de medir” como motores de la sorpresa alcista en los precios del oro. A diferencia de las coberturas relacionadas con elecciones o el posicionamiento especulativo a corto plazo, estos flujos están vinculados a preocupaciones más amplias sobre sostenibilidad fiscal, credibilidad monetaria y devaluación de divisas. Son estructuralmente diferentes—y mucho más persistentes.

El analista de Goldman, Daan Struyven, señala que “la percepción de estos riesgos macro de política parece más persistente”, lo que significa que estos compradores privados no liquidan sus posiciones en 2026, elevando efectivamente el punto de partida de las previsiones de precio. La vieja regla de mercado de que “los precios altos curan los precios altos” no se aplica al oro, porque la producción minera anual representa solo aproximadamente el 1% del total de oro existente sobre el suelo, dejando poco margen para que la oferta aumente incluso tras fuertes subidas.

 

Un “cambio sísmico” para la estabilidad financiera

Expertos del sector han descrito este cambio como “sísmico”, un reconocimiento largamente esperado de una verdad que los inversores prudentes siempre han sabido: el oro es dinero. 

La lógica es impecable. En una era de deuda soberana desbocada, devaluación agresiva de divisas e incertidumbre geopolítica persistente, un activo que no es pasivo de nadie tiene un valor incalculable. A diferencia de un bono gubernamental, el oro no tiene riesgo de impago.  No puede ser impreso hasta el agotamiento por la decisión discrecional de un banco central.

Esta validación regulatoria ya está enviando señales poderosas a través del sistema financiero. Los bancos centrales, siempre los primeros en moverse ante cambios estructurales, han liderado la tendencia. JPMorgan proyecta compras del sector oficial de 800 toneladas en 2026, mientras que Metals Focus espera entre 700 y 800 toneladas—niveles que continúan siendo estructuralmente favorables.

 

La urgencia: por qué debes actuar ahora

Una caída del mercado está en el horizonte. La confluencia de tensiones geopolíticas, niveles de deuda insostenibles y sistemas bancarios frágiles apunta a una conclusión inevitable: aquellos que no trasladen sus activos hacia liquidez y oro quedarán expuestos.

Pero aquí está el desafío crítico: si intentas comprar oro ahora, probablemente encontrarás un mercado absolutamente saturado de demanda y muy poca oferta con descuento. Las compras con prima son la nueva realidad. Aunque pagar una prima pueda parecer una pérdida a medio plazo, en realidad es una victoria.

 

La simulación de compra con prima de septiembre de 2025

Demostrémoslo con una simulación real. Imaginemos un inversor que compró oro físico en septiembre de 2025 con una prima del +4% sobre el segundo precio de la London Bullion Market Association (LBMA).

  • Contexto de septiembre de 2025: El oro ya se encontraba en máximos históricos. En la India, por ejemplo, el oro físico (pureza 999) cotizaba cerca de ₹1,09,140 por 10 gramos a comienzos de septiembre de 2025. A nivel global, el oro había superado los 3.500 dólares por onza.
  • La compra con prima: Nuestro inversor adquiere oro físico a 3.640 dólares por onza (asumiendo una prima del 4% sobre un precio spot de 3.500 dólares).
  • El resultado hoy (marzo de 2026): Tras la volatilidad histórica del oro —incluyendo una corrección pronunciada de 5.600 a 4.600 dólares— el precio spot hoy se sitúa en torno a los 4.800–5.000 dólares por onza. Incluso vendiendo en el tramo inferior del rango spot actual (4.800 dólares), el inversor obtiene una ganancia aproximada del 31,8%, pese a haber pagado una prima en el punto álgido de la euforia del mercado.

Por tanto, esta simulación demuestra un principio crucial: en un mercado alcista estructural impulsado por demanda privada persistente y acumulación de los bancos centrales, la prima pagada en la entrada se vuelve irrelevante con el tiempo. El único riesgo real es no poseer el activo en absoluto.

 

Más allá del oro: el deber del gobernador de diversificar en sectores esenciales

Un gobernador de un banco central, si hace bien su trabajo, debe colocar los activos del banco en sectores esenciales para sostener el valor de la moneda en el país. La misma lógica se aplica a tus finanzas personales. Debes invertir no solo en oro, sino también en otros sectores con probabilidad de crecer en caso de crisis global.

En 11Onze, nuestro consejo personal es claro: ALIMENTACIÓN.

Los mercados agrícolas globales afrontan otro año de incertidumbre en 2026. El cambio climático, las tensiones geopolíticas y los flujos comerciales cambiantes hacen que los precios de productos clave como el maíz, la soja y el trigo ya no experimenten fluctuaciones temporales. La volatilidad se ha convertido en una característica estructural del mercado.

Chris Trant, jefe de Agricultura de EE. UU. en Hedgepoint, dibuja un panorama preocupante: “Después de años de cosechas abundantes, los agricultores están bajo presión por precios bajos y crecientes costes de préstamos, semillas, fertilizantes y transporte. Esto podría conducir a menos inversión y menor producción en 2026.” Sudamérica sigue siendo la principal fuente de incertidumbre, con La Niña potencialmente trayendo condiciones más secas a Brasil y Argentina—principales exportadores de soja y maíz.

Mientras tanto, están surgiendo modelos de financiación innovadores para llenar el vacío dejado por los bancos tradicionales. El “medio perdido” de la infraestructura alimentaria —molinos, procesadores, instalaciones de almacenamiento— es demasiado intensivo en capital para subvenciones, demasiado estable para el capital riesgo y demasiado arriesgado para el crédito bancario tradicional. Sin embargo, estos activos son esenciales para dar a los agricultores acceso a mercados de mayor valor y una alternativa a los sistemas basados en materias primas.

 

La iniciativa 11Onze: financiar el ecosistema alimentario

En 11Onze, estamos pasando a la acción. Estamos estudiando la creación de Vehículos con Propósito Especial (SPVs) para ayudar a financiar agricultores locales y todo el ecosistema que depende de ellos.

Es crucial aprovechar la oportunidad que dejan los bancos y los grandes capitales. La ALIMENTACIÓN se volverá escasa y cara. Debemos trabajar con nuestros agricultores locales para mantenerla abundante y rentable para toda la comunidad. Tal como demuestran proyectos como Blue Mountain Mill —que aseguró más de 50 millones de dólares en financiación mediante propiedad tribal, prestamistas alineados con la misión e inversores comunitarios— el “medio destacable” de la infraestructura alimentaria es viable cuando el capital se alinea en torno a objetivos a largo plazo.

 

Un llamamiento a la acción: únete al movimiento

En un mundo financiero cada vez más definido por la complejidad, el apalancamiento y el riesgo de contraparte, la nueva regla de oro de Basilea III es un retorno a los primeros principios: seguridad, estabilidad y el valor no impreso del dinero real. Para la comunidad 11Onze, es una regla que vale la pena seguir.

Pero debemos ir más allá. Debemos construir resiliencia en nuestras comunidades.

  • Si eres un agricultor que necesita apoyo financiero, ponte en contacto con nosotros a través de aquí. Queremos ayudarte a acceder al capital que necesitas para sostener y hacer crecer tu actividad.
  • Si eres miembro de 11Onze interesado en inversiones en seguridad alimentaria, por favor completa este formulario. Únete a nosotros para construir una cartera que alimente nuestra comunidad mientras preserva la riqueza.

Como dijo acertadamente un observador experimentado del mercado, el viejo consejo era “sé tu propio banco.” En 11Onze elevamos este mandato: sé el gobernador de tu propio banco central. Asigna al oro para la estabilidad monetaria. Asigna a la alimentación para la supervivencia física. Ambos juntos forman el fundamento de la verdadera soberanía de la riqueza.

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Són 17 metalls, de la família dels lantànids, i estan sent cabdals en la fabricació de noves tecnologies. Se’ls coneix com a terres rares. I perquè són un bé difícil d’extraure de la natura, el seu valor no ha deixat de créixer. Per això, són productes susceptibles de convertir-se en la nova tendència d’inversió. Ens ho explica l’agent 11Onze Sergi Colell.

 

Segons l’Agència Internacional de l’Energia, es preveu que la demanda de terres rares augmenti un 7,3% el seu volum l’any 2040. “Les terres rares no són difícils de trobar a la natura, però sí que ho és la seva extracció. Quan es troba un jaciment d’un d’aquests metalls, el material només hi és present en el 2% del conglomerat. I, per tant, costa molts diners extraure’l de la roca”, il·lustra Colell.

L’agent explica que, si són tan importants aquests 17 metalls, és perquè s’estan fent servir per a la fabricació de noves tecnologies d’economia verda. “Per exemple, el neodimi es fa servir en la construcció d’imants per als cotxes elèctrics que estan sortint darrerament al mercat. També el tuli, que es fa servir en aerogeneradors i plaques fotovoltaiques. O l’europi, que és imprescindible per a la tecnologia led i la indústria armamentística”, relata Colell. 

La majoria d’aquests materials, concretament el 75%, es troben a la Xina, país que també controla la cadena de subministraments. Al darrere, com sempre, hi ha interessos geopolítics. Com ha acabat la Xina controlant aquests metalls tan necessaris per al desenvolupament del món tal com el coneixem? Acaba de veure el vídeo de sota i descobreix-ho de la mà de l’agent Sergi Colell!

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Mientras el foco mediático baila al ritmo del precio del oro y la plata, otra batalla se libra en silencio. No aparece en los gráficos con velas japonesas ni alimenta euforias cripto. Se decide en comités técnicos, en anexos regulatorios y en siglas que parecen anodinas.

 

Aquí no hay promesas de rentabilidades explosivas. Hay ratios. Hay letra pequeña. Y hay un concepto que puede sonar aburrido, pero que explica muchas cosas: la Net Stable Funding Ratio (NSFR). Porque cuando la regulación toca la palanca de la financiación bancaria, el mercado se adapta, y a menudo lo hace más rápido de lo que parece.

Cuando se habla de Basilea, mucha gente imagina la bonita ciudad suiza de gran recuerdo futbolístico para algunos, pero sin un poder ejecutivo global porque la ciudad de Basilea no gobierna, sino que lo hace el Banco de Pagos Internacionales (BIS) —con sede en la ciudad—, el cual se dedica a diseñar estándares prudenciales. De hecho, el BIS desarrolla recomendaciones que luego cada jurisdicción adapta —o matiza— a su ritmo político y económico.

Este es el primer punto que a menudo se distorsiona en el relato viral: un estándar global no es un decreto mundial que entra en vigor de manera simultánea. La regulación financiera no funciona con interruptores, sino más bien con calendarios, interpretaciones y adaptaciones nacionales.

Y es precisamente en este terreno técnico, lejos del ruido, donde se juega una parte importante del futuro del “paper gold”.

 

NSFR: la norma que penaliza el corto plazo

En Estados Unidos, cuando se habla del “Basel III Endgame”, el debate se centra sobre todo en capital y ponderaciones de riesgo para las grandes entidades. Pero el calendario no es homogéneo y el desarrollo normativo está sometido a tensiones políticas y presiones del sector financiero.

La regulación no es un interruptor que se enciende de un día para otro, sino que hace referencia a un mosaico de decisiones técnicas, adaptaciones nacionales y equilibrios de poder. Y en ese mosaico, la pieza clave que afecta directamente al mercado de metales es el Net Stable Funding Ratio (NSFR).

Traducido a lenguaje llano, el NSFR busca evitar que los bancos financien activos a largo plazo o menos líquidos con dinero volátil y a corto plazo. Es una lección aprendida en 2008 cuando el problema no era solo la calidad de los activos, sino la fragilidad de la financiación. Y aquí es donde el oro entra en escena. 

Según el World Gold Council, determinadas exposiciones a oro dentro del balance pueden requerir un 85% de Required Stable Funding en el cálculo del ratio. Dicho de otra manera: mantener ciertas posiciones en oro exige financiación estable, y la financiación estable tiene un coste.

Esto no prohíbe el oro, pero cambia su economía. Si antes determinadas operativas con “metal en papel” eran eficientes porque la financiación era barata, ahora pueden resultar menos atractivas desde un punto de vista regulatorio.

Y aquí aparece el debate real: el oro asignado —lingotes identificados, con propiedad clara— frente al oro no asignado —un derecho de crédito contra una entidad—. Entonces, la diferencia no es ideológica, es estructural. Cuando una norma como el NSFR encarece el riesgo de transformación, el sistema tiende a premiar lo que es más transparente y menos dependiente de palancas de financiación. La regulación no destruye una práctica de un día para otro, pero sí modifica sus incentivos. Y cuando cambian los incentivos, cambia el mercado.

 

El espejismo del “Tier 1”

Una de las trampas más recurrentes en este debate es la idea de que “el oro pasa a ser Tier 1 como el cash o los bonos del Tesoro”. La frase es impactante, pero técnicamente imprecisa. Aquí conviene separar tres cajas que a menudo se mezclan interesadamente:

  • El capital regulatorio Tier 1 (CET1 o AT1), que es capital propio del banco. 
  • Los activos líquidos de alta calidad (HQLA) utilizados para el cálculo del LCR.
  • Y las ponderaciones de riesgo que determinan requerimientos de capital.

No son lo mismo. Que el oro tenga un determinado tratamiento prudencial no lo convierte automáticamente en capital bancario de máxima calidad. Por eso, cuando alguien afirma que “ya es como los Treasuries”, la pregunta no es si te gusta el oro, sino: ¿en qué ratio, en qué país y según qué texto legal?

Dicho esto, hay consecuencias reales. Si sostener determinadas posiciones resulta más caro desde el punto de vista regulatorio, el mercado ajusta comportamientos. Puede haber menos interés bancario en productos no asignados, mayor exigencia de colateralización, revisión de comisiones o ajustes en servicios de clearing y préstamo de metal. No es una conspiración ni un “portazo” repentino. Es gestión de balance. La regulación prudencial no destruye mercados, pero redistribuye costes. Y cuando el coste cambia, el comportamiento cambia.

Para el ahorrador, el debate deja de ser técnico y se vuelve práctico. Si tienes exposición a “oro” a través de un producto financiero, la pregunta esencial es muy simple: ¿qué tienes exactamente? ¿Metal físico asignado o un derecho de cobro contra una entidad?

La diferencia no es filosófica, es jurídica. En un entorno donde ciertas estructuras pueden resultar más costosas para la banca, las condiciones contractuales pueden cambiar, los precios pueden ajustarse o algunas líneas pueden reducirse. No es apocalipsis. Es adaptación. Pero es también una lección de educación financiera: lo que parece barato y líquido “porque sí” a menudo implica un riesgo que no vemos.

Finalmente, conviene evitar comparaciones grandilocuentes. 1971 supuso un cambio estructural del sistema monetario global. El NSFR es regulación prudencial, pero ni de lejos es el mismo nivel de ruptura.

Ahora bien, que los bancos centrales refuercen reservas de oro en un contexto de deuda elevada y tensiones geopolíticas indica algo claro: el oro actúa como termómetro del sistema, no como detonante de un complot. La regulación no te dice qué comprar, pero sí qué promesas resultan más caras de mantener. Y en un mundo de productos complejos y balances inflados, el verdadero lujo es la claridad: saber qué tienes, cómo está custodiado y qué riesgo jurídico asumes.

 

Controlar el activo, no la promesa

Si este debate sirve para algo, es para recordar un principio elemental que con demasiada frecuencia olvidamos: poseer no es lo mismo que tener un apunte contable. En un entorno donde la regulación redefine costes e incentivos, la diferencia entre activo real y promesa financiera se vuelve central.

En 11Onze hace tiempo que insistimos en esta idea: transparencia, trazabilidad y control sobre lo que realmente es tuyo. El ruido viral pasará, pero los ratios seguirán condicionando el sistema. Proteger los ahorros no es creer en mitos, sino entender la fontanería financiera y decidir con criterio.

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A pesar de la reducción de un 10% del precio de las materias primas, el IPC de los alimentos en Cataluña sube hasta el 4,7%. Los expertos señalan que el sector en Europa está aprovechando para repercutir parte de los aumentos de costes de los últimos años y otras partes de la cadena podrían estar ampliando márgenes. 

 

Los alimentos en Cataluña son hoy un 4,7% más caros que hace un año, según datos del Índice de precios de consumo de febrero. Los datos del Instituto Nacional de Estadística para el conjunto del Estado español son aún peores, pues el aumento de los precios de los alimentos durante el mes de febrero llegaron al 5,3% respecte al mismo mes del año anterior. 

Según el INE, los últimos doce meses, los alimentos que más han subido a España son el aceite de oliva (67%), los zumos de frutas y vegetales (18,8%), las patatas (11,6%), la carne de cerdo (11%), productos de confitería (10,8%), chocolate (10%), frutas frescas o refrigerada (9,1%), sal, especies y hierbas cocina (8,8%), carne de ovino y cabrío (8,1%) y, finalmente, los helados 7,9%.

 

¿Menos oferta?

El Gobierno español achaca parte de esta subida de precios a una reducción puntual de la oferta por las “condiciones climáticas desfavorables” en numerosos países comunitarios, que está reduciendo la producción. De hecho, como indicamos en otro artículo, Cataluña está sufriendo la sequía más grave desde 2008. Y es cierto que este invierno se han cerrado invernaderos en diversos países europeos porque el precio del gas los hace deficitarios. 

Sin embargo, este argumento es poco sólido a la hora de justificar los elevados precios si tenemos en cuenta que el índice de precios de los alimentos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) se situó el febrero de 2024 en 117,3 puntos, es decir, 0,9 puntos (un 0,7%) por debajo de su nivel revisado de enero, y 14 puntos por debajo de los niveles de 131 que marcaba el febrero de 2023. 

 

Repercusión de los costes

Muchos analistas apuntan que las subidas de precios han servido para enjuagar una parte del aumento de costes de producción que ha sufrido el sector agroalimentario en los últimos años. Estos afectan a partidas tan importantes como las semillas, los fertilizantes, los piensos y la energía. 

Los fertilizantes llegaron a triplicar su precio, aunque posteriormente se abarataron un 40% a partir de primavera, cuando alcanzaron su precio más elevado; se calcula que los piensos han subido más de un 80% desde 2019; y, en cuanto a la energía, el precio del megavatio-hora llegó a superar los 300 euros y el barril de petróleo Brent, los 120 euros. 

De todas formas, no está claro que la escalada de precios de los alimentos se traduzca siempre en mayores ingresos para los productores. En este sentido, existe un amplio debate sobre qué actores de la cadena alimentaria están aprovechando la situación para ampliar sus márgenes. Lo cierto es que incluso el presidente de Mercadona, Juan Roig, acaba de reconocer que su cadena ha subido los precios “una burrada”.

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Todos los índices de previsión económica indican que nos encaminamos hacia una crisis financiera global. Hace al menos un año que economistas reputados, como Nouriel Roubini, Robert Kiyosaki y Mervyn King, advierten que la deuda de los Estados está creciendo demasiado. Esta deuda desbocada se suma, ahora, a una inflación rampante y una crisis energética galopante. En 11Onze resumimos las claves para entender la inevitable crisis global de deuda.

 

Incertidumbre, incertidumbre, incertidumbre. Posiblemente es la palabra más repetida desde que hemos empezado 2022. Coinciden en ello los periódicos económicos de referencia, los economistas e inversores de prestigio y los analistas económicos: se aproxima una crisis financiera sin precedentes —“una crisis histórica”, en palabras de Kiyosaki— y hay varios indicadores que, combinados, son una auténtica bomba de relojería: deuda, inflación y precios alcistas de los combustibles fósiles.

Tal y como ha explicado Nouriel Roubini, profesor de economía de la Universidad de Nueva York y uno de los pocos economistas que avanzó la crisis de 2007, el escenario actual suma peores ingredientes que los que dieron lugar a la crisis inflacionaria de los años 70 y la crisis de deuda de 2007. El resultado, ha advertido, puede ser una crisis que acabe mutando en una depresión económica que puede durar años.

 

La deuda pública hace saltar las alarmas

De entrada, dice Roubini, hay unos niveles récord de deuda privada y, sobre todo, pública. Además, explica que el contexto de estanflación, es decir, un escenario de alta inflación, un índice de crecimiento económico que se ralentiza, y una tasa de desempleo elevada, junto con unas políticas fiscales y monetarias sin precedentes todavía está incrementando más esta deuda de los Estados. Y argumenta por qué esta crisis de deuda, sumada a la inflación y a los precios alcistas, no se ha dado nunca antes.

El economista afirma que, durante la crisis de inflación de los años 70, las economías avanzadas y la mayoría de mercados emergentes tenían una deuda pública mucho más baja que la de ahora. En cualquier caso, aquella inflación no tuvo un impacto negativo en la deuda, porque “la inflación de los años 70 aniquiló el valor real de las deudas nominales de tasas fijas, reduciendo así las cargas de deuda pública de muchas economías avanzadas”. En cambio, ahora, para rebajar la deuda, los Estados necesitan unos niveles de inflación tan altos, que pueden llegar a ser inasumibles para la ciudadanía, en cuanto que puede perder valor adquisitivo y, por lo tanto, empobrecerse.

Si tomamos como referencia la crisis financiera de 2007, Roubini recuerda que los niveles de deuda pública y privada provocaron una gran crisis global de deuda, que se agravó por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, la recesión que siguió a aquella crisis de deuda condujo a una inflación baja, casi deflación. Por el contrario, hoy en día la crisis descontrolada de deuda coincide con una estanflación que empieza a ser alarmante.

La hipótesis de Roubini coincide con la opinión del ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, que a principios del año pasado alertaba de una posible crisis financiera de la eurozona. Ya entonces afirmaba con contundencia en una entrevista en ‘El País’: “Se avecina una nueva crisis del endeudamiento, y será pronto”.

En aquella conversación, King argumentaba que la deuda global, efectivamente, está por encima de los niveles de 2007, una deuda que no ha dejado de crecer con la pandemia. “Cuando se retiren las muletas del Estado habrá quiebras de empresas, y muy probablemente crisis de deuda soberana en los países emergentes”, afirmaba. Y alertaba que el hecho de que todo esto pase a la vez puede causar un “problema serio”. “Es imposible saber cuándo y dónde sucederá, por la incertidumbre radical en que nos encontramos, pero el sistema chirría por el lado de la deuda”, aseveraba.

 

La quiebra de los mercados emergentes

Hace tan solo unos días, el analista económico Bill Dudley hacía en ‘Bloomberg’ la misma previsión que King. El experto alerta de la posible quiebra de los países emergentes, por la imposibilidad de asumir su deuda pública. Aun así, señala algunas salidas. Dudley considera muy probable que 2022 sea un año “muy difícil” para los países de bajos ingresos y mercados emergentes, porque han sido los grandes prestatarios en el mercado de la deuda soberana.

“Una serie de crisis concentradas en estos países parecen prácticamente inevitables”, asegura. Y avanza que, a medida que la Reserva Federal de los Estados Unidos empiece a endurecer su política monetaria, los costes de financiación aumentarán y habrá menos crédito disponible, porque los tipos de interés reducen el incentivo de los inversores para buscar el tipo de rentabilidad que ofrecen estos países.

A esta situación se suma que, próximamente finalizará la moratoria de la deuda pactada durante la pandemia por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial con los países del G-20. Y esto hará que estos países emergentes necesiten endeudarse de nuevo. Por eso, Dudley propone que el FMI aumente las ayudas, pero también admite que la medida solo “pospone el día del juicio final” y subordina a estos mercados emergentes a “prestamistas privados” y a los grandes prestamistas estatales, como lo es China.

Así las cosas, Dudley considera que lo mejor que se puede hacer es una reforma de gran alcance sobre el régimen de deuda soberana, para que sea más sólido y resistente al contexto adverso de la economía. Y reclama mucha más transparencia. “En muchos casos, es imposible saber cuál es la cantidad de las obligaciones de los prestatarios, cuándo vencerán, cuál es el coste del interés y otros términos y condiciones, incluida la garantía que se ha desembolsado para poder asegurar el préstamo”, denuncia el analista.

 

El año de la gran crisis, cómo prepararnos

El presidente de 11Onze, James Sène, coincidía en este análisis. En una conversación que podéis revisitar en 11Onze Podcast, detallaba cómo afrontar comunitariamente el embate de una crisis de deuda a escala internacional. La deuda pública y la inflación, explicaba, hacen imprescindible buscar refugio para los ahorros de la gente, para que no vuelva a ser la ciudadanía quien pague el pato de una crisis económica.

 

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Los precios de los alimentos siguen disparados y han crecido un 15,4% aunque el global de la inflación haya descendido. ¿Es posible comer bien y bien de precio? En 11Onze te proponemos 11 platos para sacarle el máximo rendimiento a tu presupuesto.

 

Los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) revelan un hecho que la gente ya había notado, seguro, al hacer la compra: que los precios de los alimentos no paran de subir. Esto ha provocado, según la OCU, que el 90% de los ciudadanos modifiquen sus hábitos de compra, que compren un 23% menos de comida, que hayan reducido en un 18% la compra de fruta y verduras y que 3 de cada 10 hayan limitado la compra de carne y pescado.

Esto puede provocar que la dieta de las familias bascule hacia compras más baratas y quizás menos saludables. Revisando los datos, existen productos básicos como la leche que han subido un 33,4%, los huevos un 22,9% o las patatas un 18,9%. Las carnes subieron entre un 13% y un 25%, mientras que las legumbres y verduras subieron entre el 11% y el 15%. La fruta ha subido un 4%, pero hay que tener en cuenta que es uno de los productos habitualmente más caros.

 

Congelar, el gran aliado

¿Qué hacer, pues? Existe el riesgo de tender a una alimentación basada en alimentos procesados, pastas y harinas, que tienen mejores precios pero son peores para nuestra salud. Por eso, lo recomendable de entrada es aprovechar las ofertas para comprar al por mayor, lo que permite reducir el coste por unidad y congelar el sobrante. Evidentemente, es necesario aprovechar las ofertas de carnes y pescados frescos con descuento por fecha de caducidad cercana, porque los podemos congelar directamente. Pero esto también puede hacerse con otros productos. Quesos como el cheddar o la mozzarela se pueden congelar si los piensas utilizar para fundir. También se puede congelar la mantequilla, o huevos hervidos. Y en lo que se refiere a la fruta, lo más recomendable es aprovecharla para hacer compota o pasteles que se pueden congelar.

 

Recetas tradicionales contra la inflación

Si no desea renunciar a los sabores tradicionales ni a la cocina saludable, puede hacer una inmersión en el Corpus del Patrimonio Culinario Catalán. Encontrará recetas que sacan el máximo rendimiento a los ingredientes más costosos. Hemos seleccionado 11.

  • Tortilla con jugo. Una tortilla rellena de legumbres o patatas y acompañada de sofrito. Un plato sencillo, para mojar pan.
  • Pollo con chanfaina. Una de las carnes menos caras y saludables, acompañada por uno de los recursos más habituales de la cocina catalana.
  • Garbanzos con bacalao y espinacas. Las legumbres son el producto base, el bacalao y las espinacas las complementan.
  • Sopa de cebolla. Una buena forma de aprovechar el pan seco y hacer una sopa sabrosa.
  • Butifarra con peras. Con unas peras maduras podemos preparar un plato de contraste de sabores con uno de los clásicos de la carne en Cataluña.
  • Escudella de calabaza y judías. Poca carne y un buen plato de cuchara.
  • Escudella Montserrat. El congrio (o similar) y la coliflor son las estrellas de este plato que también lleva arroz, garbanzos y fideos.
  • Arroz en la cazuela. Un clásico de la cocina catalana y una buena forma de servir muy buenos platos con una inversión modesta.
  • Arroz de recortes. Si compra un pollo entero para asarlo, aproveche los recortes para hacer este plato de aprovechamiento.
  • Arroz a la Piula. Con una base de anchoas, un buen arroz caldoso con un sabor marinero.
  • Sardinas con patatas y huevos estrellados. Si te gustan los famosos huevos estrellados aquí tienes una versión nostrada con sardinas.

Ésta es sólo una elección de los miles de recetas del Corpus Culinario del Patrimonio Catalán. Muy a menudo, nuestros antepasados cocinaban sacando mucho rendimiento a una pequeña porción de carne o pescado. Acompañada con legumbres, patatas, verduras o arroz, las raciones que se podían servir con ese ingrediente más caro se multiplicaban. Lo que no sabían entonces, quizás, es que así también hacían de ese plato una comida nutricionalmente más completa y saludable.

Ahora, con una inflación que en el caso de los alimentos sube hasta el 15,4% quizá sea un buen momento de recuperar esa forma de cocinar. Seguramente, además de ahorrar dinero, ganaremos salud.

Y vosotros, ¿qué receta de aprovechamiento preparais en casa?

 

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El grupo de los BRICS, que agrupa a las dos grandes economías emergentes (China e India) y a tres de los principales productores de materias primas (Brasil, Rusia y Sudáfrica), está trabajando en su propia moneda. China es el gran impulsor de una divisa que, a diferencia del dólar o del euro, podría estar respaldada por oro y otras materias primas.

 

Durante una visita en Shanghái al Nuevo Banco de Desarrollo, creado por los BRICS, Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, insistía hace unos días en la idea de encontrar una alternativa al dólar en los pagos internacionales. “¿Por qué una institución como el banco de los BRICS no puede tener una moneda para financiar las relaciones comerciales entre Brasil y China o entre Brasil y todos los demás países BRICS?”, planteaba el mandatario brasileño. 

China y Rusia han sido las principales impulsoras de esta idea, que ha encontrado una buena acogida entre el resto de los BRICS y otros países emergentes. 

Vladímir Putin anunciaba a mediados del año pasado que el grupo de los BRICS estaba trabajando en el desarrollo de una nueva moneda de reserva basada en una cesta de divisas para sus países miembros. Y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, indicó en enero que el tema se debatiría en la cumbre de los BRICS que se celebrará en Sudáfrica a finales de agosto.

Primeros pasos en un mundo multipolar

Estas declaraciones deben situarse en el contexto de la nueva política exterior rusa, anunciada recientemente por Vladímir Putin, que sitúa a India y China en primer plano y aspira a potenciar el protagonismo de Moscú en agrupaciones como la de los BRICS para “adaptar el orden mundial a las realidades de un mundo multipolar”.

De momento, Pekín ha intensificado sus esfuerzos para utilizar su propia moneda en el comercio exterior. Así, hace unas semanas los presidentes de China y Rusia acordaban fomentar la adopción del yuan chino como moneda de liquidación con las economías emergentes. Y Brasil y China tomaron medidas el mes pasado para facilitar la liquidación de sus operaciones en la moneda de uno de los dos países. El objetivo: reducir costes financieros al eliminar una tercera divisa de las transacciones. 

Una nueva moneda para un nuevo mundo

El vicepresidente de la Duma estatal rusa, Alexander Babakov, declaraba hace unos días que “la transición a las liquidaciones en monedas nacionales es el primer paso”. Según él, el siguiente movimiento sería “poner en circulación una moneda digital o cualquier otra forma de moneda fundamentalmente nueva en un futuro próximo”.

Lo cierto es que en los últimos tiempos se han multiplicado los contactos entre representantes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica para lanzar una nueva divisa que, según fuentes rusas, estaría garantizada con oro y otras materias primas

En este sentido, hay que tener en cuenta que solo en noviembre y diciembre del año pasado el banco central chino anunció la compra de 62 toneladas de oro, elevando sus reservas totales a más de 2.000 toneladas por primera vez en la historia, según datos del World Gold Council. Y parece que el ritmo de compra de oro por parte de diversos bancos centrales se ha intensificado en lo que llevamos de 2023.

Un grupo muy heterogéneo

Los críticos con este proyecto de nueva divisa apuntan a las grandes diferencias que existen entre los cinco países del grupo en términos de producción, crecimiento y apertura financiera. Basta decir que el PIB real per cápita a precios constantes entre 2008 y 2021 aumentó un 138% en China, un 85% en India, un 13% en Rusia y un 4% en Brasil, mientras que se contrajo un 5% en Sudáfrica. 

Otro factor distorsionador es que el peso abrumador de China en el grupo. Los datos más recientes del Fondo Monetario Internacional indican que el gigante asiático supone el 72% del PIB conjunto de los cinco países. Y el dominio chino se ve reforzado por el hecho de que es un socio comercial clave para los exportadores de materias primas.

Además, los intereses estratégicos de los cinco integrantes del grupo no están demasiado alineados a causa, precisamente, de las grandes diferencias en sus economías. 

Sin embargo, la idea de una nueva moneda va cobrando forma. Y otros países, como Argentina, Irán, Indonesia, Turquía, Arabia Saudí y Egipto, ya han manifestado su interés por unirse a este bloque económico. El sistema financiero internacional podría estar a las puertas de un cambio radical que quizás nos retorne al patrón oro o algo similar. 

 

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El mercado del oro es uno de los más grandes y líquidos del planeta. Cada día se negocian miles de millones de dólares entre Londres, Nueva York, Zúrich, Dubái y Shanghái. Es un activo con más de cinco mil años de historia, presente en las reservas de los bancos centrales y en las carteras de inversores institucionales y particulares. Sin embargo, en el año 2020, uno de los bancos más grandes del mundo, JPMorgan Chase, admitió haber manipulado durante años los mercados de metales preciosos.

 

¿Cómo fue posible manipular un mercado de esta magnitud? ¿Estamos ante una conspiración sistémica o ante un mecanismo técnico más sutil? Entender el “cómo” es clave para no caer ni en la ingenuidad ni en el sensacionalismo.

Cuando pensamos en el precio del oro, imaginamos lingotes apilados en una cámara acorazada. Pero el precio global no lo determina principalmente el metal físico, sino los contratos financieros que se negocian a su alrededor.

El mercado de referencia está en Londres, coordinado por la London Bullion Market Association, que establece el estándar “Good Delivery” y concentra gran parte del comercio OTC mundial. En Nueva York, el mercado de futuros del COMEX permite negociar contratos con vencimientos futuros y es clave en la formación del precio vía derivados.

Pero el mapa no termina aquí. Zúrich es uno de los principales centros globales de refinación y custodia, con algunas de las refinerías más grandes del mundo. En los últimos años, Dubái se ha consolidado como hub estratégico entre África y Asia, especialmente en el comercio de oro doré y mercado OTC fuera del circuito tradicional londinense. Y en Asia, la Shanghai Gold Exchange ha emergido como pieza clave en la internacionalización del precio del oro en yuanes, reforzando el peso creciente de China en el mercado físico.

El precio global del oro, por tanto, no es el resultado de un único centro, sino de un equilibrio dinámico entre estos polos financieros, donde mercados físicos y derivados interactúan constantemente.

La realidad es que el volumen de contratos de futuros supera ampliamente el volumen de oro físico que cambia de manos cada día. Este fenómeno, a menudo denominado “paper gold”, implica que el precio se forma mayoritariamente en mercados derivados. Y aquí es donde aparece la vulnerabilidad.

 

¿Qué es el ‘spoofing’?

Para entender cómo se puede manipular el mercado del oro, primero debemos entender cómo funciona un mercado electrónico moderno. Hoy el precio no se decide en una sala llena de corredores gritando, sino en plataformas digitales donde miles de órdenes de compra y venta compiten en fracciones de segundo.

Cada orden queda registrada en lo que se denomina libro de órdenes. Este libro muestra, en tiempo real, cuántos contratos están dispuestos a comprar o vender a cada nivel de precio. No solo refleja operaciones ejecutadas, sino también intenciones. Y en los mercados financieros, la percepción de intención puede mover el precio tanto como la oferta real. Es en este punto donde aparece el spoofing.

 

El caso JP Morgan de 2020

En septiembre de 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la U.S. Commodity Futures Trading Commission demostraron cómo el banco estadounidense JPMorgan Chase y varios traders, entre 2008 y 2016, habían llevado a cabo prácticas sistemáticas de manipulación de los mercados de futuros de oro, plata, platino y paladio mediante la técnica conocida como spoofing en el COMEX.

El mecanismo consistía en colocar grandes órdenes de compra o venta que no tenían intención real de ejecutarse. Estas órdenes alteraban temporalmente el equilibrio visible del libro de órdenes y generaban la percepción de una fuerte presión compradora o vendedora inminente. Cuando otros participantes —algoritmos, fondos o traders— reaccionaban ante esa aparente presión, el precio se movía ligeramente. En ese momento, los traders cancelaban las órdenes falsas y ejecutaban operaciones reales en la dirección opuesta, aprovechando el movimiento generado. No se trataba de controlar el precio mundial del oro, sino de obtener ventaja en distorsiones muy breves y repetidas de la microestructura del mercado.

Por estos hechos, el banco JPMorgan Chase aceptó pagar cerca de 920 millones de dólares en sanciones, mientras que varios traders implicados fueron condenados penalmente. No era una sospecha ni una teoría especulativa: era una resolución judicial con consecuencias económicas y penales.

 

Manipular no es controlar

El caso de JPMorgan Chase demuestra que la manipulación es posible, pero también nos obliga a poner límites al relato. Manipular movimientos puntuales mediante técnicas de microestructura no es lo mismo que controlar estructuralmente el precio mundial del oro.

El mercado global del oro tiene una dimensión colosal. Según el World Gold Council, el valor total del oro existente supera los 12 billones de euros y los bancos centrales acumulan más de 35.000 toneladas como reservas. Ninguna entidad privada puede sostener indefinidamente una distorsión masiva sin que otros actores la arbitren. En mercados profundos y líquidos, las ineficiencias tienden a corregirse.

Esto no significa que el mercado sea puro o perfecto, sino que es necesario distinguir entre influencia puntual y control sistémico. El poder en los mercados financieros existe, pero no es omnipotente, y confundir manipulación técnica con dominación absoluta solo nos aleja del análisis riguroso.

También es cierto que la influencia no siempre es técnica. Los grandes bancos publican informes de previsión que pueden alterar expectativas y flujos de capital. Eso forma parte del juego del mercado. El límite aparece cuando existen conflictos de interés o coordinación opaca entre investigación y operativa. Pero incluso aquí hablamos de influencia, no de control permanente, porque la diferencia es crucial.

 

Una lección para la comunidad

El mercado del oro no es un escenario de ingeniería conspirativa constante. Tampoco es un espacio neutral donde todos los actores juegan en igualdad de condiciones. Es un ecosistema complejo donde conviven bancos globales, bancos centrales, refinerías, fondos, algoritmos e inversores particulares.

El caso JP Morgan nos deja una lección clara: la concentración de poder financiero puede generar distorsiones. Pero también demuestra que existen reguladores, sanciones y consecuencias. La manipulación fue detectada y penalizada.

Para la comunidad de 11Onze, la reflexión es aún más relevante. Invertir en oro no es solo comprar un metal, sino entender dónde y cómo se forma el precio. Es distinguir entre oro físico y derivados. Es saber que los movimientos de corto plazo pueden responder a dinámicas financieras complejas, no necesariamente a cambios estructurales del valor real. La mejor protección no es el miedo ni el relato viral. Es el conocimiento.

En un entorno donde la información circula rápidamente y las narrativas extremas ganan audiencia, preservar el patrimonio también pasa por preservar el criterio. El oro ha resistido siglos de inestabilidad monetaria. Pero nosotros debemos aprender a resistir la desinformación. Porque entender el sistema es el primer paso para moverse con libertad dentro de él.

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El reconegut economista Robert Kiyosaki ha pronosticat “una crisi històrica”. Però, davant la incertesa, ell hi veu una oportunitat per a diversificar els estalvis. Què vol dir diversificar? Diversificar ens ajuda a invertir? L’agent 11Onze Xavier Esteve ens ho explica en quatre claus.

 

Kiyosaki, que és un inversor molt influent als Estats Units, i autor del bestseller ‘Padre rico, padre pobre’ (Debolsillo, 2016), afirma que la crisi que ve els pròxims mesos ens pot arrossegar a una “situació de col·lapse”, no només en el mercat de divises, sinó també en el de les criptomonedes i en el de metalls preciosos. Tanmateix, ell es mostra optimista: està convençut que tota crisi és una oportunitat per a qui ho sàpiga aprofitar

 

Alerta amb el deute, perquè pot provocar inflació

Segons l’agent 11Onze, Xavier Esteve, la crisi que ve té com a principal factor “el gran deute acumulat que hi ha al món, especialment als Estats Units”. Esteve explica que la relació entre el deute i el producte interior brut (PIB), és a dir, la capacitat de generar riquesa “no és, ara per ara, coherent”, o, en paraules de Kiyosaki, “no està sincronitzada”. De fet, Kiyosaki defensa una tesi alarmant: que el Departament del Tresor i la Reserva Federal dels Estats Units “estan inflant artificialment” el mercat de valors amb decisions “desconnectades” de l’economia real.

Esteve reconeix que inflar el mercat d’aquesta manera “no és gens bo”, i mira d’explicar-nos-ho: “S’està imprimint diner sense tenir en compte el que la gent gasta i, per tant, aquest diner se’l pot titllar de fals, en tant que no entra dins l’economia. En canvi, sí que té efectes en la pujada de preus, en una possible inflació transitòria els pròxims mesos”. Aquesta inflació transitòria, diu Esteve, pot enfonsar el castell de cartes que és el mercat i fer que els béns perdin el seu valor fins a cotes mai vistes. “La possible bancarrota de la immobiliària xinesa Evergrande també pot afectar a aquesta devaluació transitòria”, assevera. En aquest context, Esteve ens recorda que Kiyosaki adverteix que “els rics es faran més rics, però la classe mitjana i pobra cada vegada serà més pobra”. 

L’agent 11Onze també ens explica que les declaracions de Kiyosaki s’entenen pel fet que les preocupacions financeres dels EEUU pengen d’un fil de fa temps i, “sobretot ara, amb la inseguretat de l’economia real, i havent sortit de dos anys de pandèmia, que han afectat, entre d’altres, als ritmes de producció del petroli i gas”. Tot i que Esteve recorda que “l’economia no és una ciència exacta ni pot predir el futur”, sí que observa “símptomes preocupants”. “És preocupant, avui dia, la manca de determinades matèries primeres i l’alça de preus del gas, la llum o la benzina. El gran dubte és si la por i la manca de confiança s’apoderaran del mercat, o no”, assenyala.

“S’està imprimint diner sense tenir en compte el que la gent gasta i, per tant, aquest diner se’l pot titllar de fals, en tant que no entra dins l’economia”.

Quan es desplomen els valors, toca invertir

Davant aquest possible escenari de crisi, com Kiyosaki, l’agent 11Onze es mostra optimista. Considera que les crisis, en tots els àmbits, són el pa de cada dia i “ofereixen moments de canvi”. “És llavors quan pots crear o cercar noves maneres per a millorar la teva situació financera”, afirma Esteve.

“No vull ser alarmista —segueix Esteve—. Kiyosaki ens diu que aquesta caiguda de preus ens donarà una oportunitat per a invertir en actius considerats de reserva de valor, com el bitcoin, l’or o la plata”. De fet, l’eminència de l’economia aconsella als petits inversors el que ell mateix farà quan els preus hagin caigut prou: “Soc optimista sobre l’or, la plata i el bitcoin, no sobre les accions. Quan es desplomin els seus valors, és quan jo en compraré”.

 

“No és bo posar tots els ous al mateix cistell”

En situacions de crisi econòmica, sobretot si es preveu transitòria com ho sembla aquesta, “preocupar-se no és la solució”, ens diu Esteve. La resposta demana mantenir la calma i “tenir una bona planificació que ens ajudi a superar qualsevol entrebanc financer”. “Fins i tot, si ho fem bé, aquesta planificació ens pot ajudar a millorar els nostres estalvis”, assegura.

Esteve s’anima a donar resposta als neguits del petit inversor amb dues dites, una d’elles molt catalana: “No és bo posar tots els ous al mateix cistell”. I la segona, atribuïda a Harold Macmillan, exprimer ministre del Regne Unit: “Hauríem de fer servir el passat com a trampolí, no com sofà”. “I tant que es pot diversificar. És una de les millors maneres d’invertir”, resumeix Xavier Esteve sense pensar-s’hi. Però, ben bé, què és això de diversificar?

“Soc optimista sobre l’or, la plata i el bitcoin, no sobre les accions”.

Font imatge: Gage Skidmore

 

Distribuir els estalvis, arriscar petites quantitats

Diversificar vol dir distribuir els estalvis en diferents actius, sigui en moneda, metalls preciosos, productes d’inversió en borsa com els ETF, patrimoni immobiliari o criptomonedes, entre d’altres. Les noves tecnologies faciliten encara més aquesta diversificació. La nostra app El Canut oferirà pròximament aquesta possibilitat. I com que el valor d’aquests actius canvia en el mercat, diversificar et pot ajudar, no només a assegurar els teus estalvis, sinó també a invertir, tal com diu Esteve.

El nostre agent explica que, tot i que molts es pensen que la inversió és només per a professionals o persones que disposen de molt capital, “no és ben bé així”. “És evident que tothom té les seves dificultats i circumstàncies i, primer de tot, hem de tenir les necessitats vitals cobertes, sempre ho dic, però una de les virtuts d’11Onze és justament que, a través de La Plaça i de l’atenció 24 hores, intentem que els nostres clients disposin de tota la informació per a prendre les decisions encertades”, afirma Esteve, que recorda que 11Onze permetrà als clients invertir “amb quantitats petites, que no suposin un trasbals”. Com deia el divulgador científic Eduard Punset: “Quan l’ecosistema no existeix, s’ha d’inventar”. “Ens hem de moure amb la marea”, rebla Xavier Esteve.

 

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