Una inflación desbocada a pesar de las apariencias

El descenso de la inflación interanual en marzo no es más que un espejismo estadístico. En realidad, el coste de la vida en la eurozona era al concluir ese mes un 0,96% más elevado que al término de febrero. Y la vida es hoy casi un 15% más cara que hace dos años.

 

Las estadísticas son a veces engañosas. Eurostat indica que la inflación interanual en la eurozona bajó del 8,5% en febrero al 6,9% en marzo. Lo que parece una buena noticia no lo es en absoluto. 

En realidad, se trata de un espejismo porque los precios subieron un 0,96% en un solo mes. Si se mantuviera el ritmo de marzo, el coste de la vida dentro de un año sería un 11,52% más cara que hoy, cuando el objetivo anual del Banco Central Europeo es del 2%. Además, la inflación subyacente, que no incluye alimentos, energía, alcohol y tabaco, se situó en el 5,7%, el récord histórico. 

La causa de esta aparente contradicción entre el descenso de la inflación interanual y el incremento real de la inflación durante el mes de marzo es el “efecto escalón”. Con la guerra de Ucrania, los precios se dispararon en marzo del año pasado a causa sobre todo del coste de la energía, que más tarde se ha ido conteniendo. Como consecuencia, cuando se compara el aumento de precios interanual de marzo con el de febrero, el incremento porcentual es menor. 

La inflación interanual de febrero incluye esa enorme subida de precios de marzo de 2022. En cambio, en el cálculo de la de marzo ya no se contempla. Se parte de la situación a 31 de marzo de 2022, una vez ya se había producido el gran aumento de precios y refleja la evolución entre el 1 de abril de 2022 y el 31 de marzo de 2023. 

 

Una inflación desbocada

En cualquier caso, hoy la vida en la zona euro es casi un 15% más cara que hace dos años. A medida que en 2021 se superaba la inactividad económica provocada por la covid-19, el dinero acumulado durante las restricciones de la pandemia afloró y se produjo un aumento extraordinario de la demanda de bienes y servicios. Como la oferta, con serios problemas en las cadenas de suministro, no fue capaz de cubrir el gran incremento de la demanda, los precios empezaron a subir. 

Cuando parecía que la situación podía volver a estabilizarse, la guerra de Ucrania desencadenó una nueva escalada de precios, sobre todo por las tensiones en el mercado de la energía, pero también en otros. Hay que tener en cuenta que Rusia y Ucrania suministran al mundo una cuarta parte del trigo, una quinta parte del maíz y el 80% del aceite de girasol. Además, Rusia es uno de los principales proveedores mundiales de paladio, platino, titanio y fertilizantes, que son básicos para la producción agrícola.

Algunos expertos pronosticaban que la inflación se moderaría en la segunda mitad de 2022. Esperaban que la desaparición de la demanda extraordinaria, la contención de los costes salariales y el aumento de tipos de interés hicieran su trabajo. Sin embargo, estas circunstancias no han bastado para devolver la inflación a unos niveles aceptables.

¿Demasiado dinero en circulación?

Lo cierto es que los bancos centrales han inundado de dinero el mercado en los últimos años para hacer frente a las sucesivas crisis, lo cual ha disparado las oportunidades de gasto. Y la oferta de bienes y servicios no ha aumentado en la misma proporción.

Como advierte la teoría de la inflación de la oferta monetaria que popularizó el economista Milton Friedman, con más dinero en sus bolsillos, consumidores y empresas tienden a gastar más, por lo que será difícil frenar la inflación. 

La mayoría de previsiones apuntan a una ralentización, pero no está claro que se produzca al ritmo esperado. Por ejemplo, la Reserva Federal estadounidense preveía que la inflación alcanzara su punto máximo en 2022 y empezara a caer en 2023, para recuperar el objetivo del 2% en 2025. Y el Foro Económico Mundial estima que se reducirá en más de dos puntos porcentuales tanto este año como el que viene.

A ello debería contribuir decisivamente el aumento de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Los tipos de interés más altos hacen que los costes de los préstamos sean menos atractivos para las empresas y los consumidores, lo cual se traduce en una menor demanda y menos inversiones. Sin embargo, está por ver hasta dónde se podrán subir los tipos sin hacer descarrilar unas economías renqueantes desde hace años. 

Todo indica que el ciudadano de a pie deberá seguir pagando a través de la inflación la factura de una política monetaria cortoplacista, que en los últimos años solo ha sabido afrontar los problemas a base de fabricar billetes.

 

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Vivimos en una época en la que cada vez cuesta más llegar a fin de mes. Los precios suben, los salarios no siguen el ritmo y la sensación general es clara: el dinero vale menos. Pero… ¿y si no fuera un error del sistema? ¿Y si la inflación fuera, en realidad, una herramienta silenciosa de recaudación? Este artículo plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién se beneficia realmente de la inflación?

Durante años, la inflación se ha presentado como un fenómeno inevitable. Un efecto secundario del crecimiento económico, una variable técnica que los bancos centrales deben gestionar con mayor o menor acierto. Pero esta visión teórica choca frontalmente con la realidad del día a día, donde la percepción ciudadana es mucho más tangible e inmediata.

Llenar el carro de la compra es cada vez más caro, pagar el alquiler se ha convertido en un reto y, aun así, los ingresos no crecen al mismo ritmo. El resultado es claro: una pérdida sostenida de poder adquisitivo. Los datos lo corroboran: el salario necesario para vivir dignamente supera ampliamente el salario mínimo real, una brecha que no ha hecho más que ampliarse con el aumento del coste de la vida. En resumen, trabajas… pero cada vez llegas menos lejos.

Pagar más sin que lo parezca

Aquí es donde aparece el concepto clave: el gran impuesto invisible. A diferencia de los impuestos tradicionales, la inflación no se vota ni se aprueba en el Parlamento, ni tampoco aparece recogida en ninguna ley concreta. Y, sin embargo, tiene un efecto muy similar. Funciona como un mecanismo silencioso de recaudación que impacta directamente en el bolsillo de los ciudadanos, sin el desgaste político que supondría una subida explícita de impuestos.

Este efecto se produce, en primer lugar, a través del IVA. Cuando los precios aumentan, también lo hace la base sobre la que se aplica este impuesto. Esto implica que, incluso consumiendo exactamente lo mismo, acabas pagando más. En paralelo, entra en juego el IRPF: si los salarios se ajustan nominalmente para compensar la inflación, es fácil acabar saltando de tramo impositivo. Pero este incremento no refleja una mejora real del poder adquisitivo, sino simplemente la pérdida de valor del dinero.

El resultado es profundamente perverso: pagas más impuestos sin ser más rico. De hecho, a menudo eres más pobre en términos reales. Los datos lo evidencian: el Estado español registró una recaudación récord en 2022, impulsada en gran parte por este efecto inflacionario. En este contexto, la conclusión es clara: no es necesario subir impuestos de manera directa cuando el sistema permite incrementarlos de forma invisible a través de la devaluación del dinero.


Un sistema que necesita inflación

Este fenómeno no es casual. Tiene raíces profundas que es necesario entender para captar la magnitud del problema. Desde el fin del patrón oro en 1971, las monedas han dejado de estar respaldadas por activos tangibles y han pasado a ser dinero fiduciario, es decir, su valor depende únicamente de la confianza en el gobierno que las emite. Este cambio de paradigma ha abierto la puerta a una capacidad casi ilimitada de creación monetaria por parte de los bancos centrales, alterando profundamente las reglas del juego económico.

Cuando aumenta la masa monetaria, el valor del dinero existente se diluye. Es una idea sencilla pero poderosa: si hay más dinero en circulación para representar la misma riqueza, cada unidad vale menos. Esta es la base de la inflación estructural. Y en un sistema altamente endeudado, esta dinámica no es una anomalía, sino una necesidad. La inflación permite reducir el valor real de la deuda, sostener el gasto público y esquivar decisiones políticas impopulares. Pero este mecanismo no es gratuito: traslada el coste hacia la ciudadanía.

El resultado es una paradoja inquietante. Trabajas más, cobras más en términos nominales, pero tienes menos capacidad de compra y, además, pagas más impuestos. Es lo que muchos economistas describen como una transferencia silenciosa de riqueza, de los ahorradores hacia los emisores de moneda. Esta dinámica encaja con un sistema económico extractivo, donde las reglas favorecen a los centros de poder en detrimento de la mayoría. En este contexto, la inflación deja de ser un error del sistema para convertirse en una característica estructural.

Proteger el valor en un sistema que lo diluye

Ante este escenario, la pregunta es inevitable: ¿cómo se protege el valor del dinero en un sistema que tiende a erosionarlo constantemente? Es aquí donde entra en juego el oro, no como una moda pasajera ni como una apuesta especulativa, sino como una respuesta que ha resistido el paso del tiempo. A lo largo de los siglos, este metal precioso ha mantenido su valor incluso cuando imperios enteros han desaparecido. Es escaso, tangible y no depende de ningún gobierno, una combinación que lo convierte en un activo singular dentro del sistema financiero.

A diferencia de las divisas, el oro no se puede crear de la nada. A diferencia de muchos activos financieros, no conlleva riesgo de contraparte. Y en contextos de incertidumbre económica o geopolítica, tiende a actuar como refugio de valor. No es casualidad que los bancos centrales estén incrementando sus reservas ni que su precio haya alcanzado máximos históricos en los últimos años. Cuando el sistema muestra fragilidades, el capital busca seguridad.

Invertir en oro, por tanto, no es una reacción desesperada, sino una decisión estratégica. No se trata de sustituir todos los activos, sino de diversificar con criterio y de mantener una parte del patrimonio fuera del circuito monetario tradicional. Es una manera de recuperar control en un entorno cada vez más incierto. Si la inflación actúa como un impuesto invisible, protegerse de ella deja de ser una opción para convertirse en un ejercicio de conciencia financiera.

Pero el verdadero reto va más allá de la inflación. Esta es solo el síntoma de un sistema que premia el endeudamiento, penaliza el ahorro y diluye el valor del dinero con el tiempo. Entender este mecanismo es el primer paso para dejar de ser su víctima. Porque la inflación no desaparecerá. Los impuestos tampoco. Pero entender cómo funciona el sistema… eso sí puede cambiarlo todo.

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Es coneix com a recessió una contracció generalitzada de l’activitat econòmica d’un país durant un període de temps determinat que té conseqüències negatives per a l’economia i la societat en general. No obstant això, hi ha estudis que demostren que, en alguns aspectes, una recessió pot tenir efectes positius per a la salut de les persones.

 

Les recessions econòmiques són generalment percebudes com a fenòmens destructius per a l’economia i la societat. Aquests períodes de creixement econòmic negatiu venen acompanyats d’elevats nivells de desocupació, pobresa i exclusió social que condicionen l’estat del benestar.

La contracció de l’oferta i la demanda provoca que les empreses hagin de reduir costos i no precisin uns certs perfils professionals per a mantenir la seva producció, per tant, reduint l’ocupació. Aquest augment de l’atur comporta una disminució dels ingressos i el poder adquisitiu de les famílies, que tenen dificultats per satisfer les seves necessitats bàsiques, la qual cosa augmenta la pobresa.

En un context de contracció econòmica puja el risc de patir trastorns de salut mental com la depressió o l’ansietat. Així mateix, els efectes d’una crisi econòmica poden afectar a les persones amb baixos ingressos o amb treballs precaris de manera desproporcionada, augmentant la desigualtat econòmica i social. 

Ara bé, paradoxalment, s’ha comprovat que les recessions redueixen la mortalitat, degut en gran part als efectes sanitaris de l’alentiment de l’activitat econòmica. Almenys això és el que es desprèn d’un estudi publicat per l’Oficina Nacional de Recerca Econòmica dels Estats Units i dirigit per l’economista Amy Finkelstein, que ha analitzat els efectes de les recessions en la salut de les persones.

Les recessions ens allarguen la vida

L’anàlisi elaborada per l’economista Amy Finkelstein, constata que les taxes de mortalitat entre els ciutadans estatunidencs van descendir un 0,5% per cada augment de l’1% en la taxa de desocupació durant la gran recessió que es va produir a la fi de la dècada dels anys 2000. Les seves estimacions impliquen que gràcies a aquesta recessió, una de cada 25 persones de 55 anys va guanyar un any més de vida.

També s’observa que com més gran era la desocupació en una zona, més temps s’allargava la vida de les persones, sobretot les majors de 64 anys i les que no tenien un títol universitari. “Aquestes reduccions de la mortalitat apareixen immediatament”, diu l’informe, “i persisteixen durant almenys 10 anys.”

De fet, es corrobora com les persones d’avançada edat són les que es veuen més beneficiades per l’increment de l’esperança de vida, ja que, tot i que per la seva edat estan generalment més exposades a un major risc de mortalitat, resulten ser menys afectades pels efectes negatius de les recessions, com ara una reducció dels ingressos laborals.

Una atmosfera més neta

La principal causa d’una major longevitat de vida és un aire més net. Tots vam poder comprovar com les mesures de restricció de la circulació, derivades del confinament a causa de la crisi sanitària de la Covid-19, van una reducció dràstica del diòxid de nitrogen en les principals ciutats de l’Estat, fins al punt que gaudíem de l’aire més net en l’última dècada.

De la mateixa manera, les emissions de gasos d’efecte d’hivernacle, com els òxids nitrosos, van disminuir entorn del 21% entre 2005 i 2011. La major part d’aquesta reducció es va observar en les zones urbanes i al llarg de les principals autopistes.

L’informe apunta que els causants de defuncions que van disminuir durant la recessió, com les malalties cardíaques, el suïcidi i els accidents de trànsit, també estan relacionades amb una reducció de la contaminació. 

Encara que els autors confirmen recerques anteriors que apunten a una reducció de les morts per accidents de trànsit a causa de la menor circulació de vehicles, la contaminació també pot causar la mort per culpa de l’absorció de partícules en el torrent sanguini i alterar el funcionament del cor. Per tant, augmenten els accidents de trànsit perquè les persones estan més agitades i experimenten una funció cognitiva més lenta en temps real, la qual cosa explica un altre 10-20% de la disminució de la mortalitat.

Els investigadors conclouen que “els resultats suggereixen importants compensacions entre activitat econòmica i mortalitat.” En tot cas, cadascú ha de decidir individualment si compensa tenir una vida més curta per gaudir d’una economia més activa.

 

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Para encontrar trabajo en la era digital no es suficiente con adquirir habilidades técnicas, sino que también se tienen que tener cualidades interpersonales que son críticas para el éxito en un entorno laboral cada vez más complejo y diversificado. Los profesionales que puedan dominar estas competencias estarán mejor preparados para prosperar y hacer frente a los retos y oportunidades que presenta el mercado laboral del futuro.

 

La nueva revolución tecnológica que estamos viviendo ha comportado una digitalización y automatización acelerada de muchas tareas, impulsada por la inteligencia artificial, que están transformando radicalmente el mercado laboral. Esta evolución radical de la naturaleza del trabajo requiere nuevas habilidades y competencias personales que serán críticas por los trabajos del futuro.

Se trata de un cambio de paradigma que está posibilitando una reducción de la carga de trabajo sin disminuir la productividad y que también podría hacer factible una reducción de la jornada laboral que facilite la conciliación entre la vida laboral y personal, reduciendo el estrés y mejorando la salud y el bienestar de los trabajadores. Aun así, puede tener un impacto negativo en las personas al reemplazar algunos trabajos con la automatización o reducir las horas de trabajo disponibles.

En este contexto, aunque algunos trabajos quedarán obsoletos, también surgirán otros que sustituirán a los que irán desapareciendo. Esperamos que esto se produzca tanto en términos de cantidad como en calidad de la ocupación, pero, cuando menos, requerirá hacer un esfuerzo y una inversión en educación y formación.

 

Resolución de problemas, creatividad y capacidad de adaptación

A pesar de que seguirá habiendo muchos trabajos especializados que experimentarán pocos cambios, el mercado laboral cada vez requerirá profesionales más dinámicos y creativos que tengan una gran capacidad para adaptarse a los cambios.

De hecho, según un estudio del Barómetro de Competencias y Ocupaciones de Cataluña, impulsado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y PIMEC, esta es la competencia más valorada por las empresas a la hora de contratar futuros profesionales. Concretamente, se constata que un 51% de las ofertas laborales publicadas en Cataluña el 2023 exigían esta competencia que, además, es demandada en la mayoría de sectores (96%) y ocupaciones (68%).

Así mismo, destacan como cualidades más valoradas la capacidad de asumir responsabilidad, de gestionar el tiempo y de aceptar las críticas. Unos datos que son especialmente relevantes en las ocupaciones TIC, que también concentran la demanda de personas que tengan la habilidad de “pensar de manera creativa” y de “resolver problemas” que, por otro lado, se pide de manera significativa en el 70% de los sectores y en el 40% de las ocupaciones,

Por otro lado, el barómetro ha detectado que la importancia de la habilidad de “trabajar en equipo” se concentra especialmente en el sector de las actividades profesionales, científicas y técnicas, donde el 24% de las vacantes requieren esta habilidad. En todo caso, y como recalcó Antoni Cañete, presidente de la Pimec, estamos hablando de “competencias blandas” que son las que se pueden aplicar a todas las profesiones y hacen referencia a habilidades “muy humanas, transferibles y transversales”.

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Cada vez son más las naciones africanas que echan a los Estados Unidos y Francia del continente mientras dan la bienvenida a China y Rusia. El uso de la coerción y el poder militar que caracteriza a la doctrina imperialista occidental están siendo sustituidas por un nuevo modelo de cooperación que busca el beneficio mutuo en vez de la hegemonía de una de las partes.

 

La lucha del pueblo africano en todo el continente, y en particular en el Sahel, no es un hecho aislado. En todo el continente africano se están levantando. Todo el continente está quemando en estos momentos. Así que no hemos visto lo último de las masas populares africanas derrocando gobiernos. Solo hemos visto el principio. Están echando a Francia, y Estados Unidos será el próximo”, declaraba el 19 septiembre de 2023 Eugene Puryear, periodista y activista, durante las protestas contra el imperialismo y belicismo estadounidense y francés en el Sahel que tuvieron lugar en la jornada inaugural de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.

En países de África Occidental como Níger, Mali, Guinea, Burkina Faso y Chad proliferaban las protestas contra el colonialismo francés y los golpes de Estado contra los gobiernos clientelares occidentales, de los que surgían nuevas administraciones que anunciaban una nueva vía hacia la autodeterminación y soberanismo.

Arikana Chihombori-Quao, ex-representante permanente de la Unión Africana en los Estados Unidos, afirmaba que los recientes golpes militares en Níger, Mali, Burkina Faso y Guinea formaban parte de las primeras fases de una “revolución africana” contra el neocolonialismo occidental. Y añadía que esta oleada de intervenciones militares es una reacción al actual “saqueo de los recursos naturales del continente” por parte de Occidente.

 

Estados Unidos retirará sus tropas de Chad y Níger

Francia estaba en el punto de mira, pero como vaticinaba Puryear, los Estados Unidos no tardarían a seguir el mismo camino de vuelta para casa. Pocos meses después, el gobierno estadounidense ha anunciado que retirará sus tropas de Chad y Níger al cuestionar los países africanos su papel en la lucha antiterrorista.

A principios de abril, el secretario de Prensa del Pentágono, Patrick Ryder, declaró que AFRICOM está teniendo conversaciones con funcionarios chadianos sobre un plan para “reposicionar algunas fuerzas militares estadounidenses desde Chad,” pero que “se trata de una medida temporal en el marco de una revisión en curso de nuestra cooperación en seguridad, que se retomará después de las elecciones presidenciales del 6 de mayo en Chad.”

Níger alberga una importante base aérea estadounidense en la ciudad de Agadez que se usa para diversas operaciones militares, incluyendo vuelos de vigilancia tripulados y no tripulados. En cuanto al Chad, Estados Unidos tiene tropas de las Fuerzas de Operaciones Especiales estacionadas a la base militar francesa.

 

Un cambio de paradigma de la coerción a la cooperación

El modelo colonialista o neocolonialista occidental se ha caracterizado por el uso de la coerción y el poder militar para conseguir sus objetivos e imponer sus agendas políticas y económicas bajo los pretextos de garantizar la estabilidad política y la lucha contra el terrorismo, a menudo en detrimento de los intereses y la soberanía de los países receptores de este patrón de “democracia”.

En este contexto, estamos presenciando como muchos países, no solo africanos, están optando por establecer nuevas relaciones con otros actores internacionales como China y Rusia que, a diferencia de los países occidentales, ofrecen una alternativa basada en la cooperación mutua y el respeto por su soberanía.

China, en particular, ha establecido una presencia significativa en todo el continente africano mediante inversiones masivas en infraestructuras, recursos naturales y desarrollo económico a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Inversiones que se hacen a cambio de facilitar sus exportaciones de productos y de tener acceso a las materias primas necesarias para el crecimiento de su economía.

De manera similar, Rusia ha buscado establecer alianzas en ámbitos como la seguridad, la energía y los recursos naturales. A través de la cooperación en materia de defensa y la inversión en el sector energético. Tal como ha pasado en Níger, donde después de echar a las tropas francesas y estadounidenses, la nueva junta gubernamental ha recurrido a Rusia en busca de seguridad.

Por otro lado, la pérdida de credibilidad de Occidente en materia de derechos humanos y derecho internacional a raíz de las guerras impuestas al continente africano y en el Oriente Medio para mantener su hegemonía económica escudándose en la lucha contra el terrorismo, o su apoyo incondicional al genocidio en Gaza, no hacen más acelerar un proceso de cambio hacia un mundo multipolar que, por ahora, parece imparable.

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Inflación, biflació, estanflación… Descubre qué quieren decir los diferentes conceptos vinculados a la evolución del Índice de Precios de Consumo (IPC) que tanto están utilizando últimamente los medios de comunicación.

 

Este año hemos experimentado las tasas de inflación más elevadas desde 1985, con incrementos que han llegado a rozar el 10 % anual. Como consecuencia, el poder adquisitivo de la población se está reduciendo. Y la situación en Cataluña no es muy diferente a la de los países de nuestro entorno.

Cada vez es más frecuente encontrar una serie de conceptos relacionados con la evolución de los precios que te convendría conocer. Te presentamos nuestro particular diccionario de la inflación.

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La Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha aprobado otro paquete de ayuda de 57.000 millones de euros para Ucrania y unos 24.700 millones más para Israel. ¿Pero quiénes serán los beneficiarios de este dinero? ¿Los pueblos que están sufriendo una catástrofe humanitaria o la industria armamentística?

 

Después de meses de bloqueo de un grupo de legisladores republicanos, en una excepcional sesión de fin de semana, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobaba este sábado un paquete adicional de unos 89.000 millones de euros en asistencia para Ucrania, Israel y Taiwán.

Las tres partidas de ayuda exterior se votaron de manera independiente y aportarán 57.000 millones de euros para Ucrania, 24.700 millones para Israel y 7.600 millones para la seguridad de la región de la Indo-Pacífico, incluyendo miles de millones para Taiwán. El paquete también incluye la prohibición, hasta marzo de 2025, de la financiación a la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), que proporciona asistencia vital en Gaza.

La mayor parte de esta ayuda se destinará al apoyo armamentístico, incluyendo nuevos sistemas de armamento para el ejército ucraniano e israelí directamente de contratistas de defensa estadounidenses, así como para el reabastecimiento de los arsenales de armamento de los Estados Unidos y sus aliados. Recordemos que la administración Biden está a punto de aprobar la venta a Israel de hasta 50 cazas de combate F-15 en un acuerdo que se espera que supere los 18.000 millones de dólares.

Según la retórica oficial del gobierno del presidente Joe Biden, este dinero es un sacrificio urgente y necesario en un momento en que los aliados de los Estados Unidos están asediados por amenazas y guerras. Los opositores Republicanos del proyecto de ley argumentaban que estas partidas presupuestarias tendrían que estar ligadas a hacer frente a los problemas de seguridad de las fronteras nacionales y a la creciente carga de la deuda del país, advirtiendo contra el gasto de más fondos, que en gran medida se canalizan directamente a la industria armamentística.

 

Se disparan los beneficios de la industria armamentística

El paquete de asistencia militar aprobado este pasado fin de semana es el último de todo un seguido de importantes subvenciones o reciclaje de impuestos hacia el sector armamentístico que se han producido desde que estalló la guerra en Ucrania, y que se han convertido en una mina de oro para la industrial militar estadounidense y europea. Se trata de un hecho que se repite en cada conflicto armado y que, por lo tanto, no nos tendría que sorprender.

Según un estudio realizado por GlobalTimes, los contratistas de armas de los Estados Unidos recibieron casi la mitad —400.000 millones de dólares— de los 858.000 millones destinados en el presupuesto de defensa de 2023. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, las mayores empresas del sector que cotizan en Wall Street han acumulado subidas en su cotización por valor de 24.000 millones de euros.

Además, las ventas de armas estadounidenses al extranjero aumentaron considerablemente el año pasado, alcanzando la cifra récord de 223.000 millones de euros, un 56% más que en 2022, según datos del Departamento de Estado.

En cuanto al resto de la OTAN, la decisión de los principales miembros de aumentar su inversión en defensa a causa de la presión de los Estados Unidos ha disparado la proyección de crecimiento de muchas multinacionales de la industria armamentística que, en algunos casos, han registrado alzas de hasta 150% en bolsa y ganancias por encima del 300% respecto al año anterior, como es el caso de la alemana Rheinmetall.

En el caso de España, está experimentando el incremento más grande en gasto militar de los últimos 40 años. El presupuesto en defensa ya representa un 23% más respecto al pasado 2022, siendo esta la partida con mayor crecimiento del gasto estatal. Empresas del sector de la defensa, como Indra, Navantia o Santa Bàrbara de Sistemas, han sacado grandes beneficios.

Teniendo en cuenta el genocidio en Gaza y que la guerra en Ucrania hace meses que es bastante evidente que está más que perdida, cuesta entender como estas nuevas partidas de armamento beneficien a alguien, más allá de la industria de defensa y a los bolsillos de los políticos que están ligados ella. Pero como dijo Serge Varlay, trabajador de BlackRock: los políticos son fáciles de comprar y la guerra es buena para los negocios.

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Hablamos de ansiedad, de insomnio y de agotamiento. Pero a menudo ignoramos una de sus principales causas: la inseguridad económica.

 

Cuando pensamos en salud mental, solemos mirar hacia dentro. La autoestima, las emociones, el ritmo de vida. Pero hay un factor externo, persistente y silencioso que condiciona profundamente el bienestar de millones de personas: el dinero. O, más bien, la falta de control sobre él.

El estrés financiero no siempre hace ruido. No aparece como una crisis repentina, sino como un goteo constante de preocupaciones que acaba afectando al cuerpo, la mente y las relaciones personales.

 

Cuando el dinero condiciona la salud

Llegar justo a fin de mes. No entender por qué las cifras no cuadran. Vivir con la sensación de que cualquier imprevisto puede desestabilizarlo todo. Esta tensión sostenida genera estrés crónico, uno de los principales factores de riesgo para la salud física y mental.

Diversos estudios de la Organización Mundial de la Salud señalan que el estrés prolongado está relacionado con trastornos del sueño, problemas cardiovasculares, ansiedad y depresión. Cuando la causa del estrés es económica, el problema se agrava: no se puede “desconectar” del dinero. Está presente cada día.

La inseguridad financiera no solo afecta al individuo. Tiene un impacto directo en las relaciones de pareja, en la crianza, en la vida social e incluso en el rendimiento laboral. La mente está ocupada. La capacidad de concentración disminuye. El cansancio emocional se acumula.

 

Vivir en modo supervivencia

Cuando el dinero escasea o se percibe como una amenaza constante, el cerebro entra en modo supervivencia. Prioriza el corto plazo. Reacciona, pero no planifica. Y eso tiene consecuencias.

La incertidumbre económica conduce a menudo a:

  • Endeudamiento para cubrir necesidades inmediatas.
  • Dependencia del crédito como solución recurrente. 
  • Inmovilismo por miedo a equivocarse. 
  • Decisiones impulsivas tomadas desde la angustia.

Este patrón no es una cuestión de falta de inteligencia o responsabilidad. Es una respuesta humana al estrés. Pero también es un círculo vicioso: las decisiones tomadas desde el miedo suelen empeorar la situación económica, y eso incrementa aún más el estrés.

 

Cuando el miedo decide por nosotros

Uno de los efectos más perversos del estrés financiero es que delegamos las decisiones en el miedo. No revisamos números. No planificamos. No preguntamos. Evitamos mirar la cuenta o los recibos porque nos generan angustia.

Esta evitación puede aliviar momentáneamente, pero a largo plazo empeora el problema. La falta de información alimenta la sensación de descontrol. Y el descontrol es una de las principales fuentes de ansiedad.

Según datos del Banco de España, una parte significativa de la población reconoce no entender los productos financieros básicos que utiliza. Esta brecha de conocimiento no es solo económica: es emocional.

 

Educación financiera como cuidado preventivo

Aquí es donde entra en juego un elemento clave a menudo infravalorado: la educación financiera. No como una fórmula para hacerse rico, sino como una herramienta de salud preventiva. Saber cómo funciona el dinero reduce la ansiedad. No elimina los riesgos, pero permite entenderlos, anticiparlos y gestionarlos con criterio. El conocimiento no garantiza certezas, pero sí control. Y el control reduce el estrés.

Tener una visión clara transforma la relación con el dinero. Lo que antes era una amenaza difusa se convierte en un problema concreto, abordable y planificable. Por tanto, es necesario entender conceptos básicos como:

  • Ingresos y gastos 
  • Deudas y plazos 
  • Capacidad real de ahorro 
  • Opciones disponibles

Finanzas y bienestar: una relación inseparable

Durante años se ha separado el mundo de la economía del mundo del bienestar. Como si el dinero fuera una cuestión fría, técnica, ajena a la salud emocional. La realidad es justo la contraria. 

La tranquilidad financiera no depende de tener mucho dinero, sino de sentir que se tiene control y criterio. Hay personas con ingresos elevados que viven angustiadas, y otras con recursos limitados, pero con una gestión clara, que duermen tranquilas.

Cuidar las finanzas también es cuidar la mente. Poner orden en los números es una forma de reducir el ruido mental. Recuperar margen de decisión. Dejar de vivir reaccionando constantemente.

 

El primer paso no es ganar más, sino entender mejor

Ante el estrés financiero, a menudo pensamos que la solución es ganar más dinero. Y, en algunos casos, lo es. Pero muchas veces el primer paso no es aumentar ingresos, sino entender mejor qué ocurre con los que ya tenemos.

La claridad reduce el miedo. La planificación reduce la incertidumbre. Y la información transforma el estrés en acción. No es un proceso inmediato. Pero es profundamente liberador.

Cuidar la salud también implica cuidar las finanzas. En La Plaça d’11Onze entendemos el dinero como una herramienta al servicio de la vida, no como una fuente de sufrimiento. Porque recuperar el control económico no es solo una decisión racional: es un acto de bienestar emocional.

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A principios de año, Arabia Saudí “amenazó” de vender deuda europea como represalia si el G-7 confiscaba los 300.000 millones de dólares en activos rusos congelados por la Unión Europea y los Estados Unidos, según fuentes consultadas por Bloomberg.

 

No es ningún secreto que los países que se encuentran fuera de la esfera occidental hace tiempo que están observando atentamente el uso de sanciones económicas contra Rusia, en medio de la preocupación que estas mismas herramientas de guerra económica puedan ser utilizadas contra ellos.

Se trata de un asedio económico ideado para atacar a la economía rusa en todos los frentes –castrando su capacidad de financiación y requisando las reservas extranjeras– que se ha convertido en el ejemplo más evidente de cómo el sistema económico global dirigido por los Estados Unidos se utiliza para aislar y castigar a cualquier país que suponga una amenaza para la hegemonía estadounidense.

Este hecho está provocando que muchos estados no solo cuestionen esta hegemonía, sino que tomen medidas para crear un sistema financiero multilateral para blindar sus economías. Así mismo, está impulsando un proceso de desdolarización para desvincular sus economías de la dependencia del dólar.

 

La importancia de la deuda

Más allá de la desdolarización, el principal motivo por el cual el dólar está en peligro es debido al gran déficit fiscal que sufren los Estados Unidos. Esto ha generado un endeudamiento masivo, el cual es sostenible mientras el mundo continúe confiando en la capacidad de los Estados Unidos para pagar sus obligaciones.

Si esta confianza se pierde, los inversores y los países que ahora compran su deuda a través de Bonos del Tesoro podrían buscar otras alternativas para diversificar sus reservas monetarias, provocando el colapso de la economía de los EE. UU. De aquí viene la alarma que se generó a raíz de la posibilidad que Arabia Saudí diera la espalda al petrodólar.

Los países de la Unión Europea se encuentran en una situación todavía peor porque, a diferencia de los Estados Unidos, no tienen el ‘su’ petrodólar y, por lo tanto, no pueden imprimir dinero sin consecuencias. Dicho de otra manera, los Estados Unidos tienen el equivalente de una “tarjeta black” con la que, al menos mientras se siga vendiendo el petróleo en dólares, pueden mantener un nivel de endeudamiento que sería insostenible para la Unión Europea.

 

Arabia Saudí mueve ficha

Dejando de lado la posible ilegalidad de confiscar las reservas rusas, utilizar estos fondos, no solo sería ilegal, sino que puede generar una mayor crisis de confianza en el sistema bancario internacional dominado por occidente, que no va precisamente sobrado de credibilidad. Si los países que se sienten amenazados retiran sus reservas, se produciría un cambio de paradigma de consecuencias globales.

En este contexto, no es sorprendente que el artículo publicado ayer por Bloomberg saque a la luz que el ministro de Finanzas de Arabia Saudí comunicó a sus homólogos del G7 (Alemania, Canadá, EE. UU., Francia, Italia y Japón) que el Reinado vendería parte de su deuda europea como represalia si se confiscaban los 300.000 millones de dólares en activos rusos congelados por la Unión Europea y los Estados Unidos. La postura saudí se consideró como una “amenaza velada”, apuntan las fuentes anónimas consultadas por Bloomberg.

Según Bloomberg, es probable que el aviso de Arabia Saudí haya galvanizado la oposición de algunos estados miembros de la UE en contra de un enfoque más contundente, a pesar de las presiones de los Estados Unidos y el Reino Unido a favor de una confiscación directa. En todo caso, parece que la advertencia funcionó, aguando las peticiones iniciales de adoptar medidas más contundentes.

Por su parte, un representante de Riad ha negado los hechos descritos por las fuentes anónimas, declarando en Bloomberg que no era el estilo de su Gobierno hacer tales amenazas. Aun así, explicando que posiblemente se indicó a los países del G7 el probable impacto de cualquier confiscación contra Rusia.

 

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La clase política occidental y sus medios de comunicación han afirmado repetidamente que las sanciones pondrían a Rusia contra las cuerdas, pero el asalto económico occidental se ha mostrado mayoritariamente ineficaz y contraproducente. Mientras que la economía rusa y su maquinaria bélica prosperan, las principales economías europeas se han hundido. ¿Qué ha fallado?

 

Desde el inicio del conflicto armado en Ucrania en 2014, los Estados Unidos y sus países clientelares impusieron sanciones y restricciones comerciales sin precedentes contra Rusia. Con estas medidas se pretendía hundir la economía rusa, desmantelar su maquinaria bélica y limitar su capacidad para financiar la guerra.

Las sanciones actuales contra Rusia van mucho más allá de las sanciones tradicionales que han utilizado los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial para “castigar” a cualquier país que amenace su hegemonía en el tablero de ajedrez geopolítico mundial y que, históricamente, se han dirigido especialmente contra el sistema bancario y las élites. Aun así, se han convertido en el ejemplo más evidente del fracaso en el uso de sanciones económicas para conseguir los resultados deseados.

Este asedio económico occidental estaba pensado para atacar la economía rusa en todos los frentes. Por un lado, castrar su capacidad de financiación, requisando la mitad de las reservas extranjeras de divisas y de oro, cerca de 400.000 millones de euros, así como imposibilitar que pueda pagar su deuda exterior en dólares, todo y su voluntad y capacidad de hacerlo, para forzar una suspensión de pagos.

Además, el control que los Estados Unidos ejercen sobre SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), así como del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), sumado a la hegemonía del petrodólar, les permitía aislar a Rusia del sistema económico global dirigido por el Occidente, tal como hicieron anteriormente contra Irán cuando los Estados Unidos abandonaron unilateralmente el acuerdo nuclear después de incumplirlo desde el primer día en que entró en vigor.

Por otro lado, se querían frenar sus exportaciones de hidrocarburos y así limitar su capacidad para financiar la guerra. Sin embargo, mientras que las economías de la Europa Occidental se hundían e incluso entraban en recesión, la economía rusa creció un 3,6% durante el 2023 y se prevé que crezca otro 2,6% el 2024, según datos del FMI.

Del mismo modo, a pesar de que la propaganda mediática occidental no se ha cansado de repetir constantemente que Rusia se quedaba sin munición y otro material bélico, la capacidad industrial militar combinada de todo el bloque occidental y algunos de sus súbditos como Corea del Sur, Japón e Israel, sigue siendo muy inferior a la rusa. De hecho, ni siquiera pueden mantener la producción necesaria para alimentar la guerra subsidiaría de los Estados Unidos en Ucrania, ni hablar de producir suficiente munición para una confrontación directa contra Rusia.

 

La supuesta comunidad internacional

La retórica propagandística occidental también nos quiere hacer creer que la comunidad internacional apoya a las sanciones contra Rusia, pero hay que tener en cuenta que esta supuesta “comunidad internacional” solo engloba en los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, la Unión Europea, y quizás Australia, Japón y alguna isla de la Micronesia. Por lo tanto, no incluye a la gran parte de la comunidad internacional que, o bien, está en contra de las sanciones o prefiere mantenerse neutral.

Este hecho se ha visto reflejado en el fracaso del seguimiento de las sanciones impuestas por Occidente por parte de la comunidad internacional “real”, que incluye a China y a la India y, que han sido claves a la hora de mantener las exportaciones del petróleo ruso. Incluso hacia la Unión Europea y en los Estados Unidos, con pleno conocimiento de causa de los dos actores occidentales y consolidando la hipocresía del “haz lo que digo, no lo que hago”.

La misma Unión Europea que ha seguido comprando directamente volúmenes récord de gas natural licuado (GNL) procedente de Rusia. Mientras que los Estados Unidos se enriquecían triplicando sus exportaciones de GNL en la UE, que vienen a “precio de oro”, y convirtiéndose en el exportador más grande de GNL del mundo. Todo gracias a las sanciones económicas y al sabotaje de los gasoductos Norte Stream.

 

Un nuevo paradigma comercial y monetario

Aparte de las relacionadas con el sector energético, las razones más evidentes por el fracaso de las sanciones comerciales a Rusia se centran en cuestiones relativas a su aplicación. Las complejas cadenas de suministro, las lagunas en las exportaciones de bienes de doble uso y la reticencia de las empresas a interrumpir por completo sus negocios con el mercado ruso, que han establecido corredores comerciales alternativos a través de países fronterizos y afines en Rusia.

En el ámbito monetario, la convertibilidad temporal del rublo al oro a un precio fijo no significó una vuelta al “patrón oro”, pero aconteció una herramienta clave para recuperar y estabilizar el valor del rublo después de la caída experimentada por las sanciones. Una revalorización del rublo en relación con el dólar que incluso permitió al Banco Central de Rusia bajar los tipos de interés para evitar una excesiva apreciación de la moneda estatal.

Después de que una gran parte de los gobiernos occidentales prohibieran las importaciones de oro ruso, China empezó a comprar este metal precioso ruso en cifras récord. Solo en julio del 2022 ya había importado oro por un valor de 109 millones de euros, un aumento del 750% respecto al mes anterior y de un 4.800% en comparación al mismo periodo del 2021.

Así mismo, durante la pasada década, Rusia y China han iniciado programas y han firmado acuerdos de desdolarització, a la vez que han puesto en funcionamiento sistemas de protocolos de comunicación interbancaria alternativos al SWIFT y han creado monedas digitales vinculadas a sus bancos centrales (CBDC).

 

Occidente ha perdido toda su credibilidad

Dejando de lado la hipocresía de las sanciones económicas y el trasfondo del golpe de Estado orquestado por Victoria Nuland en Kiev el 2014 i detonante del actual conflicto armado en Ucrania, hace décadas que Occidente ha perdido cualquier verosimilitud de ser una autoridad moral, si es que nunca lo ha sido.

Sin querer hacer una recopilación de todas las guerras impuestas por los Estados Unidos y sus “aliados” durante las últimas décadas bajo justificaciones basadas en una sarta de mentiras, no podemos obviar la ocupación militar ilegal actual de países como Siria e Irak por parte de los Estados Unidos, o el mismo caso de Israel también con Siria o el Líbano y Palestina. Es bastante evidente que el derecho internacional y la soberanía de los pueblos solo son relevantes y respetados cuando conviene a Occidente.

Si alguien todavía tenía alguna duda, el apoyo político y militar al genocidio en curso en Gaza ha evaporizado la última pizca de integridad que le quedaba a la brújula moral occidental. La complicidad de Occidente al facilitar esta masacre es una acción criminal digna de los juicios de Núremberg. Clare Daly, eurodiputada por Irlanda, ha sido una de las pocas palomas blancas en un Parlamento Europeo lleno de halcones de la guerra al tildar a Ursula von der Leyen como «Frau Genocide«.

Dada la flagrante hipocresía de Occidente en materia de derechos humanos y derecho internacional, no es de extrañar que algunas de sus empresas simplemente pretendan cumplir con las sanciones de cara a la galería, mientras que, a puerta cerrada, están haciendo todo lo que pueden para eludirlas. Así mismo, tampoco sería lógico esperar que la comunidad internacional siga las órdenes del equivalente geopolítico de un acosador escolar que cada día pierde más fuerza ante un mundo multipolar.

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