La vivienda: resolviendo el dilema de los jóvenes
Solamente el 15,8% de la población joven está emancipada, el peor dato en décadas. El paro juvenil y los precios de la vivienda son los dos grandes motivos. Ahora, la administración intenta dar solución a través de una nueva ley de la vivienda. ¿Pero será suficiente? Hablamos con los expertos.
En España, cerca de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 29 años que viven en una vivienda independiente lo hacen en un alquiler compartido. Si se quiere vivir solo, el precio a pagar supone el 91,6% del salario y, si se quiere contratar una hipoteca, es necesario reservar al menos el 55,1% del sueldo. Aunque aparentemente, la compra de una vivienda puede parecer más asequible, la realidad es que los jóvenes tienen vetado al mercado hipotecario. Ni tienen ahorros suficientes para cubrir el gasto inicial ni tienen estabilidad laboral. Así lo constata el Consejo de la Juventud de España en el estudio anual de 2020.
La vivienda sigue siendo el gran quebradero de cabeza de los jóvenes que quieren emanciparse. Por eso, para intentar afrontar este escenario, el gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado una nueva Ley de la vivienda, que debería limitar los precios de los alquileres y favorecer el acceso de los jóvenes a una vivienda digna. En 11Onze hemos analizado la propuesta de normativa con el Sindicato de Inquilinos y el presidente del Consell Nacional de Joventut de Catalunya (CNJC), Guillermo Chirino.
Cuando la ley se queda corta
En una situación de emergencia como la actual, en la que la tasa de emancipación juvenil ha alcanzado mínimos históricos, Chirino considera que “la acción política no puede esperar”. Sin embargo, alerta de que, si la ley tarda 12 o 18 meses en aprobarse, como es habitual, esto da margen a los propietarios para subir los precios del alquiler y, por tanto, la eficacia de la medida se queda corta. El presidente del CNJC también avisa de que el gobierno ya ha apuntado que las ayudas de la ley estarían limitadas a esos jóvenes que trabajan. “Solo esto ya descarta a más del 50% de jóvenes”, se lamenta Chirino. Además, los políticos declararon que las ayudas llegarían a unos 50.000 jóvenes, es decir, a solo el 1% de los jóvenes del Estado.
“Obviamente, esta ley no resolverá nada ni facilitará la emancipación de los jóvenes”, critican fuentes del Sindicato de Aldeas, que añaden que no son favorables a financiar el pago de las viviendas de los jóvenes con ayudas. “Permite que el arrendador piense que, si los jóvenes pueden pagar más, entonces no es necesario bajar el precio, sino que, incluso, puede subirlo”, argumentan.
La inspiración del modelo catalán
Por lo que respecta a la regulación de los alquileres, la propuesta se inspira en la norma catalana, la única propuesta legislativa vigente que existe en el Estado. Así lo explican en el Sindicato de Inquilinas, que con el Sindicato de Inquilinas, han trabajado intensamente en la ley catalana y han luchado por llevarla al ámbito estatal. Sin embargo, en el Sindicato de Alquiladoras advierten que las diferencias entre la propuesta del gobierno español y la catalana son sustanciales y ponen en riesgo la eficacia de la medida en el conjunto del Estado.
Para empezar, la ley catalana establece un índice de precios de alquiler, que asegura a los inquilinos que, de firmar o renovar un contrato, el precio se mantiene igual que en el contrato anterior. Además, si el precio está por encima de este índice de referencia, deberá bajarse. El índice se calcula a partir de la media de los precios del alquiler, para viviendas con características similares y dentro de una zona concreta. En cambio, en la propuesta del gobierno español únicamente los propietarios jurídicos, es decir, aquellas empresas con más de diez inmuebles en propiedad, estarían obligados a realizar una rebaja en el precio del alquiler.
“En ciudades como Barcelona, la concentración de la propiedad es muy alta, pero solo el 30% de las viviendas de alquiler son de propiedad jurídica. La mayoría son propiedad de personas físicas que, a pesar de tener más de diez viviendas, no estarían obligadas a rebajar el alquiler”, alertan en el Sindicat de Llogaters. En el resto de municipios catalanes, donde la concentración de la propiedad es más baja, esta medida queda, en su opinión, “totalmente descafeinada”.
Por otra parte, la aplicación de la rebaja parece que será discrecional, dejando que cada autonomía e incluso cada municipio decida. Por el contrario, Chirino defiende que, si es una medida pública, “debería ser vinculante para todos, ya que de otra forma puede generar desigualdad e inequidad territorial.”
Una vida digna para la juventud
Más allá de las regulaciones en el precio del alquiler, la nueva ley debe poner al alcance de los jóvenes una serie de ayudas. Pero las dificultades para emanciparse no parecen tener solución definitiva. De entrada, aunque para asegurar una vida digna la vivienda no debería suponer más del 30% del salario, la realidad se topa con precios disparados y sueldos demasiado bajos.
De esta forma, si el salario medio de los jóvenes ocupados en el Estado es de 969 euros, el importe que debería destinarse a la vivienda no debería superar los 290 euros mensuales. Sin embargo, el precio medio de alquiler es de 880 euros al mes y, en ciertas zonas del Estado, como Barcelona y su área metropolitana, la cifra supera los 1.000 euros. Así las cosas, ¿cómo ayudar a los jóvenes a emanciparse?
En el Sindicato de Alquiladoras creen que, para facilitar la emancipación, hay que ir a la raíz del problema: “Hay que garantizar que todas las viviendas de alquiler bajen el precio y faciliten el acceso a colectivos vulnerables. En Cataluña, muchos colectivos de vivienda reclaman un parque de vivienda pública de alquiler con precios asequibles. No se trata de construir más, sino de recuperar viviendas y asegurar que los grandes propietarios destinan parte al alquiler social”, defienden.
En el CNJC también han creado talleres de autodefensa inquilina para detectar las dificultades en las que se encuentran los jóvenes y tratar de encontrar respuestas. “En Cataluña tenemos ya una ley de regulación de precios del alquiler que ha sido increíblemente efectiva. Ha reducido los precios del alquiler en aquellas zonas en las que se ha aplicado y, además, ha mejorado la confianza en los alquileres”, defienden. Ahora, consideran, lo que hace falta es mejorar esta regulación catalana y ampliarla para todo el territorio. “Todavía nos queda mucho camino por recorrer”, se espolean.
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Una dècada després que la República Popular de la Xina posés en marxa la Iniciativa del Cinturó i Ruta de la Seda amb l’objectiu de desenvolupar una infraestructura global de comerç i cooperació internacional, el projecte s’enfronta a nous reptes geopolítics que marcaran el seu futur.
La Iniciativa del Cinturó i la Ruta de la Seda o Belt and Road Initiative (BRI, per les seves sigles en anglès), també coneguda com la Nova Ruta de la Seda, es va posar en marxa el 2013 pel president Xi Jinping. Es tracta d’un dels projectes d’infraestructures més ambiciosos mai concebuts, i, originalment, estava pensat per a incrementar el comerç i cooperació econòmica entre l’Àsia Oriental i Europa. Durant els últims deu anys el projecte s’ha ampliat a Àfrica, Oceania i Amèrica Llatina, incrementant exponencialment la inversió en infraestructures.
A més, en aquesta estructura logística s’hi suma la ruta de la seda marítima que inclou ports i infraestructura costanera des del litoral occidental de la Xina a Europa, l’Índia, Àfrica, el Pacífic i Llatinoamèrica. La qual cosa és d’una importància cabdal tenint en compte que la Xina té actualment 95 ports i sis d’ells figuren en el rànquing dels 10 més importants del món.
Amb l’objectiu de connectar al 65% de la població i a un terç del PIB mundial amb la Xina mitjançant la creació d’una xarxa de rutes marítimes i enllaços terrestres, ha captat l’atenció del món pel seu abast global i les seves implicacions econòmiques, polítiques i socials. El govern xinès va anunciar que la iniciativa significa «il·luminar una nova era de globalització», i facilitarà una «època d’or del comerç que beneficiarà a tots”.
Al juliol d’aquest any, les inversions totals en el marc del projecte van superar el bilió de dòlars, fins al punt de competir directament amb el Fons Monetari Internacional (FMI). Aquests diners provenen principalment del Nou Banc de Desenvolupament, del Fons de la Ruta de la Seda i del Banc Asiàtic d’Inversió en Infraestructures (BAII).
Un imparable món multipolar
Tot i que la iniciativa ha estat elogiada per a fomentar el desenvolupament econòmic i la cooperació entre països, oferint unes condicions beneficioses per totes les parts que no es donaven amb el monopoli dels poders occidentals, també han sorgit algunes veus crítiques. Alguns països participants han expressat preocupació sobre la transparència dels projectes, dubtes per si podran fer front a la càrrega de deute o de quina serà la dependència amb la Xina en cas que no puguin tornar els préstecs.
Una gran part d’aquestes crítiques i pressió perquè certs països es neguin a col·laborar amb el gegant asiàtic venen per part dels Estats Units, que veu com s’esvaeix cada cop més la seva hegemonia com a poder econòmic i geopolític global en favor d’altres actors emergents, com Rússia i la Xina, que volen mantenir la seva sobirania lliure dels tentacles d’Occident.
L’èxit del projecte el converteix en una eina perfecta per expandir, encara més, la influència política i econòmica de la Xina, tenint accés preferent a nous mercats i recursos naturals fins ara dominats quasi exclusivament pels poders occidentals, que veuen amb desesperació com els cicles econòmics i els mercats financers se centren cada vegada menys amb ells.
En aquest context, l’última cimera dels BRICS, on s’ha anunciat que sis països més s’uniran al bloc econòmic, ha creat una gran expectació. Tanmateix, ha posat de manifest la dificultat d’unificar interessos tenint en compte les sensibilitats de tots els estats membres. L’expansió del BRI pot ser el punt d’unió que tapi les esquerdes, especialment entre els països africans que han demanat que la Xina passi de la construcció d’infraestructures a la industrialització local i d’una Índia també interessada a finançar projectes emblemàtics a països en vies de desenvolupament del sud global, com a contrapartida a Occident.
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Geopolítica: de l’hegemonia a la multipolaritat
4min lecturaL’estira-i-arronsa geopolític dels últims anys entre Orient...
El model econòmic occidental es caracteritza, des de fa molts anys, per un sistema de capitalisme clientelar o d’amiguets basat en la promíscua relació entre política i negocis. Un mal endèmic que afecta, en major o menor mesura, a la gran majoria de països.
Xavi Viñolas, redactor d’11Onze
Capitalisme clientelar o d’amiguets – ‘crony capitalism’ en anglès – és un terme utilitzat per descriure un sistema capitalista en el qual l’èxit dels negocis depèn dels tractes de favor mutu entre empresaris i polítics. Aquestes relacions sovint condueixen a polítiques governamentals que beneficien a un petit nombre d’empreses o individus en detriment dels interessos del públic en general, que acaben instrumentalitzats pel poder.
L’ús de les connexions polítiques per a assegurar-se un tracte preferencial o per a obtenir un avantatge injust pot adoptar la forma de contractes públics, subvencions o normatives i lleis que afavoreixen a un grup selecte d’empreses o individus. Les comissions, els suborns i les portes giratòries dels polítics a les grans empreses són part del lèxic que acompanya a aquesta pràctica d’enxufisme, nepotisme i corrupció que, malauradament, ja no sorprèn a ningú.
En aquest context, l’activitat econòmica no segueix els principis d’una economia de lliure mercat pensada per a servir al consumidor amb els millors productes, sinó a mantenir el favor del poder polític a través d’empresaris o lobbies que corrompen funcionaris públics, generant ineficiències, fomentant els oligopolis, frenant el creixement econòmic i erosionant la confiança en la classe política.
La crisi financera global de 2008 és un excel·lent exemple de com la col·lusió entre entitats financeres i governs pot conduir a pràctiques arriscades i irresponsables per part de monopolis que controlen el mercat, provocant una devastació econòmica que acaben pagant els contribuents, rescatant a bancs de la fallida amb diners públics
La desafecció política
Una de les conseqüències més greus de la corrupció i abús de poder governamental generalitzat és que els ciutadans es desentenen del procés polític. L’apatia i el cinisme d’una població, que veu com els funcionaris públics utilitzen els seus càrrecs en benefici propi, es manifesten amb una baixa participació electoral i una destrucció de la fibra moral de la societat.
Si la falta de transparència i supervisió afebleix la confiança en les institucions governamentals i provoca que els polítics no hagin de retre comptes pels seus actes, es fa difícil convèncer als ciutadans que les millores socials i econòmiques s’aconsegueixen posant a la pràctica de valors ètics com l’esforç, el treball i l’honestedat.
La manca de credibilitat associada amb els governs es veu agreujada per un sistema polític bipartidista, de iure o de facto, establert al llarg del món occidental, que en molts casos no afavoreix ni tan sols dos partits o coalicions polítiques antagòniques entre elles. Per contra, sovint es tracta de dos actors polítics que es reparteixen el poder d’una manera cíclica, però amb poques diferències en l’aplicació de polítiques que beneficien a l’establishment o poders fàctics que actuen al marge de les institucions.
Sense informació no es poden retre comptes
Una premsa lliure és la pedra angular de les societats democràtiques. Serveix de control del poder governamental i fomenta la transparència i la rendició de comptes. Sense una premsa lliure, els ciutadans no podrien accedir a la informació que necessiten per a prendre decisions amb coneixement de causa i exigir responsabilitats als seus dirigents.
Malauradament, gran part dels mitjans de comunicació han passat a ser un altaveu de les elits econòmiques i polítiques. Lluny d’informar de les accions de govern o males pràctiques corporatives, la narrativa periodística sovint contribueix a la seva propaganda mentre blanqueja la corrupció, garantint la impunitat dels càrrecs electes.
Això posa de manifest una manca de voluntat en servir l’interès públic, evitant que els ciutadans estiguin al corrent d’accions de govern que poden comportar conflictes d’interessos. Un panorama desolador que difícilment canviarà, tret que la societat civil s’organitzi per empoderar els ciutadans a través de la informació i l’educació, que els permeti prendre decisions que garanteixin els seus drets fonamentals.
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David Garrofé tiene un conocimiento profundo de las necesidades de los empresarios catalanes y las pymes. Durante más de 30 años ha sido secretario general de la Cecot. Dejó el cargo el junio pasado y, ahora, es un empresario más abriéndose camino en la era de la Covid-19. Con esta experiencia a las espaldas, hace una radiografía compleja del contexto económico que le ha tocado vivir a Cataluña, con un déficit fiscal sin precedentes y una inminente crisis global de deuda.
“La vida del empresario es apasionante. Pero, es cierto, echo de menos la vida pública, un espacio muy agradecido y también sacrificado. Vivimos inmersos en algunas inercias que hacen difíciles los cambios”, apunta Garrofé solo empezar. Reconoce que, hoy por hoy, vive con el riesgo empresarial en el cuerpo, en un contexto que lo apasiona. Y, aun así, cree firmemente que la sociedad civil no puede renunciar a intervenir en el desarrollo de las políticas públicas.
Pero, ¿cómo puede hacerlo, cómo puede ofrecer soluciones a la política? “Bien es verdad que hay un punto de decepción, pero algún día la tienes que asumir, también. Hay tantas cosas que parecen tan lógicas de cambiar, que solo hace falta cierto concierto y liderazgo interno. Y entonces te preguntas: ¿tanto cuesta? Por eso soy un enamorado de la capacidad de la sociedad civil para cambiar las cosas”, afirma el empresario.
El consenso por la meritocracia
En la medida en que la sociedad civil se organiza, dice Garrofé, es capaz de hacer cosas muy grandes. “Sin embargo, venimos de una tradición cultural en que las administraciones se han situado en un papel de superioridad y baja escucha. Escuchan poco y tienden a ir por libre. Y se pierde ese principio que dice que el político es un servidor público”, se queja el empresario, que considera que se ha creado un aparato administrativo “muy pesado e inflexible”.
“Demasiadas veces tenemos al frente responsables políticos que quieren seguir viviendo muchos años de la política. Por lo tanto, sus análisis están más fundamentados por el ‘¿Qué puedo hacer para continuar en el cargo?’ en lugar de ‘¿Qué puedo hacer para transformar las cosas?’”, se lamenta. Este es el gran mal que afecta Cataluña, pero que también limita a otros países del mundo globalizado. En este sentido, Garrofé considera que lo que transforma verdaderamente las cosas son los marcos normativos y legislativos que nos amparan: “Y nosotros partimos de un marco, la Transición, que quiso ser democratizante, pero que arrastra muchos vicios históricos”.
Por eso, considera imprescindible “cambiar el marco”. “Necesitamos una revolución en la función pública. En otros países, está profesionalizada, y no hay cambios. A partir de cierto grado, son los mejores técnicos que tiene el Estado, y no políticos que bajan a hacer funciones para las cuales no están capacitados. Y, además, hay un gran rendimiento de cuentas”, argumenta Garrofé. “Tiene que haber una reforma consensuada por parte de la sociedad para prestigiar la función pública, para que sea más meritocrática”, defiende.
El lastre del déficit fiscal
Garrofé está convencido que, en general, sí valoramos el motor que es Cataluña, pero considera que existe un riesgo más que evidente de quedar atrás en la carrera global. “Nuestra competencia no es Madrid o Málaga, sino China, Vietnam o Estados Unidos. ¡Estados Unidos genera una gran cantidad de patentes! Invierten cuatro veces más que nosotros en I+D”, señala el empresario.
En Cataluña se invierte poco en investigación, lamenta Garrofé, porque la administración no es suficientemente consciente de que, de hecho, las grandes empresas tecnológicas mundiales, como Facebook o Google, crecen y se consolidan gracias a la financiación de los fondos públicos. “¿Es normal que Cataluña, que es la principal potencia en todo el Estado, con un 25% de las exportaciones, tenga el presupuesto de la Generalitat de Empresa más pequeño que el de Cultura? ¿Y no quiere decir que el de Cultura sea alto… ¿Así se quiere transformar un país?”, se queja el empresario.
Además, recuerda que el gobierno español no ha financiado nunca a Cataluña, que está en una posición geoestratégica privilegiada, como se merece. “Incluso ellos lo reconocen, y cada vez es más grave. Ha sido un lastre para Cataluña. Además, está la falta de inversión en infraestructuras. Estamos hablando de 200.000 millones de euros de carencia acumulada”, detalla Garrofé, que se queja de que llueve sobre mojado. “Las diferencias reales acumuladas son espectaculares”, añade. Por eso, considera que hay que forzar a los gobiernos a tomar decisiones valientes.
La crisis de deuda, ¿un crac histórico?
Sobre la gestión de las finanzas públicas pone el grito en el cielo, sobre todo en un contexto como ha sido la pandemia, que ha provocado una incertidumbre que, admite, “ha venido para quedarse” y tendremos que saber afrontar. “Los últimos diez años se ha emitido tanto dinero público como en todo el agregado de la historia de la humanidad”, explica. Y recuerda que la inflación es la consecuencia de imprimir tantos billetes.
“Los materiales sólidos, como el aluminio, el agua, el papel, los ‘hard assets’, que dicen, valen algo, ¿pero los billetes? Solo son papelitos impresos que no valen nada”, se exclama. Y recuerda que, si la crisis de deuda que han acumulado potencias como Estados Unidos estalla, puede impactar en todo el mundo sin remedio. “¿Y qué están haciendo los bancos centrales de China o India? Están comprando oro, sin hacer ruido, poco a poco”, revela.
Las consecuencias más evidentes, según Garrofé, irán sumándose en cadena. La primera, la inflación. “Ya lo estamos viviendo, y dicen que es temporal, pero tenemos para años. La inflación es la miseria de los pobres, porque a los ricos más ricos no los afecta tanto. Ahora hemos acumulado un 6% y, si este año acumulamos una cifra similar, ya habremos perdido un 12% de poder adquisitivo. Y, ¿cómo repercute esto en un convenio colectivo?”, se pregunta.
Garrofé es pesimista y cree, como otros muchos analistas económicos, que viene un crac bursátil sin precedentes, porque el valor del dinero está sobredimensionado. Así que, ¿cómo puede la gente corriente combatir esta crisis histórica que parece inevitable y proteger sus ahorros? Uno de los productos que ofrecerá 11Onze es la compra de oro y otros metales preciosos, no en inversión, sino en lingotes. “La moneda se irá devaluando… Y, por lo tanto, ¿qué mantendrá el valor de nuestros ahorros? Los activos de toda la vida, los clásicos. Ofrecer oro es un buen servicio, y tanto”, concluye.
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En general, en las organizaciones, el liderazgo que ha destacado es el del líder carismático. Un líder que convence, moviliza y suele tener un ego de considerables dimensiones. Que es frío, poco cercano, no se preocupa por el bienestar mental de su equipo. Quiere trabajo, un buen trabajo hecho y que la compañía o la empresa en cuestión continúe en marcha. Pero el auténtico liderazgo, aquel que aporta positividad y que beneficia a todos de manera sutil e influyente pensando en el bien de los demás, es también el mismo que obtiene mejores resultados. Eso sí, llama poco la atención.
Todos hemos sentido admiración por un líder que despliega seguridad y autoestima (quizás solo aparente, pero creíble). Lo hemos leído en los libros, visto en las películas e incluso, hemos compartido tiempo con este tipo de autoridades. Este sin embargo, no tiene por qué ser el único liderazgo que funcione y sea efectivo. De hecho, un auténtico líder es aquel que crea autoridad alrededor de su trabajo y que no entiende de jerarquías ni poder. El ruido de este «líder silencioso» no es visible porque no existe. No busca mucho protagonismo, incluso lo acepta con cierta resignación. La manera de descubrir a uno de ellos es hablar con personas cercanas, que tienen ganas de comentarte sus bondades.
Una autoridad creada a partir del respeto hacia los demás
Sin ánimo de ser exhaustivos podríamos decir algunas características y quizás descubrimos que tenemos una persona así entre nosotros. El líder silencioso se sube las mangas para trabajar y esforzarse (se levanta muy temprano, muy temprano, y quizás va a dormir bien tarde, bien tarde para estar con la familia o hacer una mano en alguna causa). Se exige y en la misma medida también exige, por lo que valora, los demás. Asumiendo la responsabilidad, incluso cuando no ha sido directamente el que ha hecho la pifia. Podríamos decir que socializa las ganancias y se queda con las pérdidas (al contrario de algunos directivos de bancos de inversión en quiebra, que socializaron con las pérdidas y se apropiaron de las ganancias. Claramente no practicaban el liderazgo silencioso. Bueno, tal vez cuando se fueron con una indemnización millonaria intentaron no hacer mucho ruido, no haciendo sonar las monedas, pero este silencio expuesto, no cuenta.
De hecho, en los tiempos actuales donde parece que la corrupción trota sin freno, algunas voces reclaman más controles para limitar los comportamientos abusivos de los responsables de organizaciones y políticos. Los controles formales son atractivos y la lógica simple nos lleva a creer que más controles crean más control. Pensar así se puede llamar una «ilusión de control». Y todos nos hemos ilusionado en algún momento, soñando que las leyes y formalidades evitarían que cuatro gatos nos hagan fregar el bolsillo de forma colectiva. Pero no, los controles formales no pueden garantizar una solución definitiva. De hecho, pueden llegar a hacer las cosas tan complejas que nos pongan en un entramado de formalidades que paralicen cualquier acción mientras cuatro gatos están mirando la manera de encontrar en la complejidad un vacío legal para poder continuar abusando.
Y quizás más controles pondrían los directivos honrados en el viacrucis del papeleo. Un cierto control formal es necesario e indica la buena salud de la organización, pero querer evitar cualquier descontrol es algo patológico. ¿Qué preferimos? ¿Evitar cualquier abuso o fomentar y valorar su uso correcto?
Uno más del equipo
Volvamos a nuestro líder. Muy a menudo practica con el ejemplo. Dice, «hacemos esto», y ya se ha puesto. Sin excusas. Tiene un sentimiento de equipo, de comunidad. Cuida las relaciones entre sus colaboradores, de hecho, hay una preocupación real, por cómo les va el trabajo y la vida. Quiere su bien, en mayúsculas, detrás de cada empleado ve una persona. Y confía. Confía a veces en sus posibilidades más allá de lo que cada uno confía en uno mismo, ayudando a desarrollar el talento que todos tenemos latente. Todos nosotros cuando nos enfrentamos con un trabajo por primera vez pensamos, ¿sabré suficiente? Pues él o ella animan y dan margen al error, ven el esfuerzo que hay detrás de quien tiene ganas de trabajar. Nota que a todos nos gusta aportar nuestro granito de arena y recibir el elogio o el tirón de orejas con puntualidad.
Todo el mundo le encuentra un ego pequeño. No diremos que no tiene, mentiriamos (y nos lo diría). Pero como se conoce, solo le deja decidir cosas menores. Y se disculpa y acepta las críticas. Las hace y puede recibir, no se ofende ni se siente amenazado ante el talento. Al contrario, quiere personas con talento, y sabe decir delante de todos: el mérito es de José o de María, o de todos un poco. Y sobre todo, sobre todo, es silencioso y suave.
Ojalá entre todos pusiéramos de moda este tipo de personas en las empresas. Todos seríamos un poquito más felices y quizás trabajaríamos mejor. No hay que tener miedo de tu superior, esto no generará que el trabajador en cuestión sea más productivo, solo provocará apatía hacia él y al trabajo. Deseo que si alguna vez conoces algún «líder silencioso», lo elogies de vez en cuando, aunque no le gusten mucho los halagos. Que no desfallezca.
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Segons dades oficials de la Generalitat, 52.461 beneficiaris han rebut finançament per un total de 5.390 milions d’euros procedents dels fons Next Generation. Més de la meitat dels fons distribuïts ha anat a parar a empreses, un 97% de les quals són pimes, que han rebut un 56% de l’import compromès fins ara.
El visor interactiu posat en marxa pel Departament d’Economia i Hisenda de la Generalitat s’actualitza periòdicament i permet consultar com s’han distribuït aquests recursos a Catalunya, en convocatòries, licitacions i concessions directes realitzades tant per la mateixa Generalitat com pel govern espanyol.
Aquesta eina mostra com dels 7.469,8 milions d’euros dels fons Next Generation assignats a Catalunya, ja se n’han repartit 5.390 milions entre 52.461 beneficiaris entre empreses, corporacions locals, centres de recerca, entitats sense ànim de lucre, particulars i altres entitats del sector públic. D’aquests, més de la meitat han anat a parar a empreses, un 97% de les quals són pimes, que han rebut un 56% dels recursos al tancament del febrer de 2024.
La major part dels recursos s’han adjudicat al sector empresarial. Concretament, 2.748,4 milions (un 51% del total) han anat a parar a 12.439 empreses, mentre que 663 corporacions locals han rebut 1.087,5 milions (un 20%) a través de convocatòries de subvencions i concessions directes. Així mateix, 237 centres de recerca i/o formació han estat beneficiaris amb 984,7 milions (un 18%) i 976 entitats sense ànim de lucre i del tercer sector han rebut 270,9 milions (un 5%). A més, 169,3 milions (un 3%) han anat a parar a 38.021 particulars i 123 milions (un 2%) s’han distribuït entre 125 altres entitats del sector públic.
Sostenibilitat, transició energètica i noves tecnologies
Quant als sectors on s’han destinat dels fons, destaquen els projectes relacionats amb els vehicles elèctrics, com la construcció d’una planta de producció de l’empresa sud-coreana Lotte Energy Materials a Mont-roig del Camp per a fabricar làmines de coure, component clau en les bateries dels cotxes elèctrics. Una nova línia d’assemblatge de Seat a Martorell, així com un servei de subscripció de bateries i la xarxa d’estacions de recàrrega de Silence, o la bateria de càrrega ultra-ràpida que fabricarà Bold Valuable Technology, entre altres.
Per altra banda, una part dels fons també van a parar a empreses com Openchip & Software Technologies, Lhyfe Hidrogeno i Bunge Ibèrica, i serviran per construir infraestructures per a processadors avançats i semiconductors, per desenvolupar projectes d’hidrogen verd o per finançar propostes vinculades al PERTE Agroalimentari, com l’enfortiment industrial, l’acceleració de la sostenibilitat i la competitivitat de la cadena de valor de la proteïna alternativa. Addicionalment, Alier, La Farga YourCopperSolutions i Ametller Origen Obradors han rebut ajuts per al foment de l’economia circular.
Els fons europeus també han arribat a les entitats sense ànim de lucre, que inclouen les entitats del tercer sector, entre les quals s’han repartit 268 milions. En destaquen la Fundació Jaume Bofill, amb més de 16 milions, i la Fundació Agropecuària de Guissona, amb més d’11 milions; seguides de la Fundació la Muntanyeta, amb 7 milions, i la Fundació Catalana de l’Esplai, amb més de 6 milions. L’Associació Dincat, el Clúster de Fotònica i Òptica (SECPHO), la Fundació Sociosanitària i Social Santa Tecla, i la Fundació Santa Teresa del Vendrell han rebut més de 5 milions cadascuna.
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Hem escoltat moltes vegades que els sous dels directius es troben per damunt del què seria raonable i just. Que, de fet, les diferències entre el que cobra més en una empresa i el que cobra menys no poden ser infinites. I de fet haurien de ser molt finites i acotades. No és raonable pensar que en una empresa hi hagi d’haver algú que tingui una responsabilitat infinitament més alta que la de la resta dels treballadors. Però si mirem la realitat veurem que acceptem que sigui al contrari. I això és bo?
Si mirem les empreses que han fet fallida sobretot per les accions irresponsables d’uns pocs, veurem que en general no se’ls pot fer tornar allò que han pres, o reparar allò que han espatllat. En alguns casos es poden perseguir certes responsabilitats de manera penal, però són els mínims, donat que el lucre o l’avarícia excessius no sembla que estiguin contemplats com a delicte en el Codi Penal. De fet, ser avariciós (però dient-li ambiciós), és una conducta que s’anima de manera bastant general a les empreses.
Però no sempre el directiu negligent es mou per avarícia quan pren conductes que poden portar al desastre. I moltes vegades aquestes conductes i decisions de persones que es troben al càrrec de situacions de molt risc, no poden ser detectades a temps, per evitar les conseqüències indesitjables. Podríem trobar casos recents, com ho serien per exemple aquells on perilla el futur econòmic de persones que hi tenen estalvis per a la jubilació (casos de fallida d’entitats financeres) o encara més importants, aquells casos en què es poden perdre vides humanes.
Més control, menys problemes?
Ens preguntem com pot ser que es deixi en mans, de vegades, d’una sola persona qüestions tan importants, i que pugui ser la negligència d’una sola persona (per un excés d’avarícia o per una possible deixadesa), l’única causa d’una desgràcia que no s’ha pogut evitar. Aquests casos ens fan pensar en com es podria resoldre la situació per a poder evitar tan nefastes conseqüències. Es poden posar controls que fessin possible evitar aquestes conseqüències? I quins controls haurien de ser aquests? Però encara més rellevant, té sentit que determinades decisions, accions i conductes es troben en mans de pocs directius? És aquesta la manera més eficaç d’exercir el control per tal d’evitar allò que no es vulgui de cap manera?
Sembla clar que en un sistema on el que té responsabilitat se’l premia de manera massa generosa, i se’l fa responsable i infal·lible, no és bo per a ningú. A llarg termini, ni pel directiu mateix, encara que a curt pugui semblar que sí. Crea una falsa motivació amb aspiracions, del tipus piràmide, on tothom vol arribar a dalt. Però quan hi arriba ha de ser infal·lible: zero defectes i cap possibilitat de fallar. En cas que no tingui mala fe pot acabar molt malament, si les conseqüències de la seva acció o omissió són desastroses.
I tot i actuar de mala fe, si mesura bé les conseqüències de l’acció, i no són punibles, pot acabar amb el benestar de molta gent i resultar impune. I incorporar controls formals no resulta factible donat que crear controls que puguin preveure-ho tot no és possible. Com ho podem fer doncs? Sembla que una manera seria fomentar la cultura de la corresponsabilitat. Tots podem ser avariciosos, però si entre tots hem d’arribar a un objectiu, i ens hem de donar suport els uns amb els altres, les temptacions són menors. De la mateixa manera, els errors humans es compensen perquè que una persona pugui ser negligent o tenir un excés de confiança és possible, però que tots el tinguem alhora, ja sembla més complicat. La pressió disminueix, el control dels uns als altres ens fa més cautelosos, i a més, i molt important, hem de compartir el mèrit quan les coses van bé. Això ens ajuda a ser realistes de què un de sol arriba molt menys lluny que un equip ben avingut.
Compartir per explotar el potencial de les persones
Les organitzacions funcionen millor quan les persones donen el màxim d’elles mateixes i ho fan motivades més enllà del sou percebut o de l’estatus que obtenen a la feina. I fan la seva feina sense seguir la lletra gran i petita del seu contracte laboral, i per tant tenen una implicació que va més enllà de les seves obligacions contractuals.
En moments de dificultat, les empreses poden tirar endavant si els treballadors tenen motivacions internes que fan que vagin més enllà de les seves obligacions, aportant aquella qualitat que no es pot mesurar, però que és clau per crear un clima laboral favorable a la col·laboració i on treballar pot aportar satisfacció a tothom. Sembla utòpic dir això, però molts empresaris tenen clar que les seves empreses funcionen quan les persones es troben valorades al lloc de treball i poden fer-s’hi professionalment. I, per tant, fomenten de manera activa aquest ambient de confiança on els treballadors tinguin ganes d’aportar aquest plus que no es troba ni remunerat econòmicament ni especificat en un contracte laboral.
La solidaritat té una naturalesa espontània i voluntària. Fomentar-la s’ha de fer des del reconeixement que el treballador ho fa perquè vol, i que té mèrit, precisament, perquè ho fa així. El què és espontani per part del treballador pot ser reconegut. Però ho ha de ser reconeixent la seva naturalesa espontània, mai a través d’un incentiu associat al compliment d’un objectiu. Cal tenir-ho present per a no perdre aquella qualitat tan especial que requereix un reconeixement autèntic, sense forçar que hi sigui.
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“Independencia económica es que no dependes de nadie ni de nada para poder vivir”. Simple y llanamente. Así de claro lo tiene nuestro director financiero, Oriol Tafanell. Seguimos, paso a paso, sus consejos, y respondemos cómo la comunidad 11Onze hará camino para llegar a ella.
Antes, sin embargo, es necesario que nos preguntemos por qué es tan importante que nos empoderemos. “La independencia económica te permite decidir qué quieres hacer en la vida y esto, aunque a menudo separemos el corazón del cerebro, te hace estar más fuerte emocionalmente”, resume Tafanell nada más empezar. Con independencia económica, nos olvidamos de las tensiones, de los nervios, de no dormir por las noches y de la angustia. La independencia económica, pues, la construimos, primero, individualmente; y, después, luchamos para alcanzarla colectivamente. ¡Vamos a verlo!
Tres consejos para emanciparse individualmente
- Hazte un presupuesto. Nuestro director financiero es conciso: “Lo más básico es hacerse un presupuesto, saber qué ingresos obtienes y qué gastos generas”, nos dice. Si los ingresos no son suficientes para pagar todos los gastos, lo más lógico es rebajar estos últimos. Y pone un ejemplo: “Si has hecho un presupuesto pensando que pagarás un alquiler de 1.000 euros al mes, pero después añades la ropa, la comida, los suministros, y no te da, quizás tienes que ver si el alquiler que tienes es demasiado alto. Si te obcecas o sabes que no puedes reducir el gasto de ninguna manera, tienes que ver cómo obtener más dinero”. Para Tafanell, es importantísimo saber cuánto dinero tenemos, cómo lo gestionamos y, por eso, considera imprescindible una aplicación como la que tendrán los clientes de 11Onze, El Canut: “La gente tendrá la posibilidad de ver dónde y cómo están su dinero, aprenderá a gestionarlos, a moverse financieramente. Es una herramienta”, resume.
- Oblígate a ahorrar. Aunque hayas conseguido un equilibrio estable entre ingresos y gastos, Tafanell recomienda que los ingresos siempre sean superiores a los gastos, por un sencillo motivo: la incertidumbre. “Tienes que poder enfrentar las sacudidas, y en la vida las hay continuamente: porque te quedas sin trabajo, porque se te estropea la nevera… Cualquier situación puede causar un descalabro. Por eso, lo que realmente te hará independiente económicamente es que los ingresos te permitan ahorrar”, asevera.
- Detalla en qué tienes que gastar el dinero. Por último, nuestro director financiero recuerda que cada etapa de la vida tiene que marcar unas prioridades de ahorro. “Así, de joven, si estudias gracias a la familia, es importante trabajar para ahorrar. Después, vives en pareja, tienes hijos o te construyes una trayectoria profesional, y los ahorros sirven para poder pagar el que te viene encima. Y, al final, cuando ya estamos viejos, tenemos que invertir los ahorros en un buen plan de pensiones, en la jubilación”, repasa Tafanell. La clave, según él, es ir haciendo “un poco cada día, mantener una disciplina durante toda la vida”.
Los cinco objetivos para el empoderamiento colectivo
- Reducir la deuda. “Hoy en día, con la situación económica que tenemos, si eres joven, estudia y trabaja, ahorra. Ahora, hay que currar. En ciudades como Barcelona, pagar un alquiler es prácticamente imposible. Esto debe cambiar, está claro. ¿Una renta universal? En un país como el nuestro, a pesar de que ya la querríamos, nos tenemos que olvidar de ella”, admite nuestro jefe financiero. Y nos recuerda que “España es un país altamente deficitario”. “Si la independencia económica colectiva es mantener los gastos y los ingresos de un país, no nos podemos endeudar. Y en el Estado el endeudamiento crece y crece, todo se va a pagar intereses”, detalla.
- Solidaridad quiere decir pagar impuestos. Por eso, es imprescindible, según Tafanell, “ser muy solidario”. “Eso significa que nadie trabaje en negro y que todo el mundo pague impuestos”, resume. A gran escala, implica evitar las evasiones de impuestos, los paraísos fiscales. “Es insolidario, y lo único que hace es hundir la economía colectiva del país”. De hecho, cuanto más gente pague impuestos, explica Tafanell, menos impuestos tendremos que pagar.
- Seguir educando al mundo. “Hay demasiado capital que no paga dinero. Esto se tiene que acabar”, espeta, y el comentario le lleva, inevitablemente, a hablar de la cultura empresarial de los países mediterráneos y que resume con la dicha: “Hecha la ley, hecha la trampa”. “No puede ser que lo primero en lo que pensemos sea en cómo escabullirnos, en cómo aprovecharnos al máximo del sistema. Todo el mundo hace mil y una martingalas”, apunta nuestro director financiero con su talante apacible. La picaresca, dice, hace que la tasa de paro haya llegado al 25%, como ha pasado durante la pandemia, y no haya una revuelta. Por eso, considera imprescindible la reflexión y el debate que la comunidad 11Onze propone en La Plaza. “Y a partir de aquí, seguir educando. Nosotros podemos ayudar, seguro. Para eso hemos creado una comunidad financiera”, asevera.
- Rehacer el tejido económico. Precisamente, la comunidad que 11Onze teje con paciencia es la clave para rehacer un tejido económico catalán que, confiesa Tafanell, “ya no existe prácticamente”. “En Cataluña estábamos muy orgullosos de ser un país de emprendedores, pero las segundas y terceras generaciones de directivos vendieron todas las empresas exitosas a las multinacionales, a quienes no les importa si la sede está en Cataluña o Mozambique”, se lamenta el director financiero. Además, en lugar de invertir el dinero de estas ventas en innovación y desarrollo, se han destinado al sector inmobiliario, a la especulación.
- Definir nuestra colectividad. El último objetivo para lograr la independencia económica es, pues, definir muy bien cuál es nuestra colectividad. “Si es solo el territorio de Cataluña, y no tenemos que arrastrar el déficit de toda España, el poder que tenemos para construirnos económicamente es impresionante”, asegura. Y concluye: “La independencia de Cataluña es un sueño, sí, pero yo creo que es realizable. Tenemos que preparar a la gente para cuando sea posible. ¿Cómo? Menos palabras. Hemos de pisar la calle”.
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El deute públic en el món s’ha disparat en els últims anys i les seves xifres ja són similars a les del PIB global. Tot i que pot ser un recurs molt útil per estimular l’economia en moments d’estancament o per millorar la competitivitat d’un país, els actuals nivells de deute generen molta inquietud per com pot llastrar el creixement.
En macroeconomia, el deute públic no es considera necessàriament una cosa dolenta. De fet, pot ser molt positiva. Tot i que costi digerir aquesta afirmació contraintuïtiva, la veritat és que els Estats l’han utilitzat des de fa segles per finançar-se sense que, en la majoria dels casos, hagi conduït a la ruïna dels països.
Què determina llavors la seva incidència positiva o negativa en l’evolució de l’economia? Per què el que hauria de ser un recurs pot convertir-se en una llosa? Hi ha tres factors clau: com s’utilitzen aquests diners, el context competitiu global i el volum de deute.
Oli per al motor econòmic
L’economia és un complex engranatge que periòdicament passa per alts i baixos, en cicles que es van encadenant. Quan aquest engranatge s’encalla, el deute públic pot servir com a lubrificant per a millorar el seu funcionament. D’aquí ve que els Estats tendeixin a aplicar polítiques d’inversió pública expansives quan l’economia s’estanca i hagin d’aprofitar els cicles de creixement econòmic, en els quals augmenten els seus ingressos gràcies a la major recaptació, per a equilibrar els seus comptes.
El deute públic té conseqüències tant en el present com en el futur. L’objectiu més immediat és facilitar recursos per a evitar el col·lapse econòmic. Si en un context de crisi una empresa normalment rendible veu reduïdes les seves vendes i entra en números vermells, podria arribar a tancar. Com a conseqüència, augmentaria l’atur i el que fins llavors eren ingressos per a l’Estat gràcies als impostos sobre les seves vendes passarien a ser despeses en forma de prestacions per desocupació. Al seu torn, els menors ingressos dels treballadors reduirien la seva capacitat adquisitiva, amb la qual cosa cada vegada més empreses es veurien en una situació precària per la reducció de la demanda.
Per això el deute públic s’utilitza en un primer nivell per a frenar la sagnia en situacions excepcionals a través d’ajudes i estímuls fiscals que evitin la destrucció de teixit productiu. Això explica, per exemple, que ara es plantegi una rebaixa en la quota d’autònoms per evitar el tancament de moltes microempreses. I fins i tot el subsidi per desocupació i altres despeses corrents es podrien considerar instruments per evitar que la demanda s’enfonsi en un context d’estancament o recessió.
Si l’endeutament conjuntural fa possible que el sistema prengui aire i torni a ser competitiu sense els estímuls públics, l’economia podria sortir reforçada. Però si aquest endeutament tan sols serveix per mantenir viu el teixit productiu de manera artificial, estaríem davant una economia zombi, incapaç de sobreviure sense els estímuls públics, així que el deute podria fer-se crònic. D’aquí la importància de com s’utilitza el deute públic i d’acompanyar aquesta inversió de les necessàries reformes estructurals.
Competitivitat, la paraula màgica
Més enllà de parar el cop en una crisi, el deute públic també pot servir per augmentar el potencial de creixement d’una economia. La inversió pública en infraestructures, educació, sanitat o polítiques actives d’ocupació pot enfortir les bases per al futur desenvolupament.
Tot i que en un primer moment poden incrementar-se el dèficit i el deute, com a contrapartida tindrem una economia més forta. I això suposarà una major capacitat per fer front al pagament d’interessos i l’amortització del deute gràcies a la major recaptació.
Un exemple de bona praxi bastant acceptat és la inversió que va suposar la American Recovery and Reinvestment Act després de la crisi financera de 2007-2008. Els més de tres quarts de bilió de dòlars de despesa aprovats pel Congrés nord-americà van permetre modernitzar les infraestructures i xarxes tecnològiques als Estats Units. A més, la reforma sanitària i del sistema de desocupació va millorar la cohesió social. Tot això ha contribuït al fet que l’economia nord-americana es trobi avui dia en una situació una mica menys compromesa que l’europea.
De tota manera, des de fa bastants anys els països desenvolupats s’enfronten a una inquietant pèrdua de competitivitat, la qual cosa complica el seu creixement econòmic i limita la seva capacitat per equilibrar els seus nivells de deute.
Els riscos d’un deute excessiu
És necessari tenir present que, encara que el deute no sigui dolent en si mateix, suposa un compromís de devolució amb interessos en el futur. I això pot arribar a restringir el marge financer i pressupostari de l’Estat si no es produeix un augment d’ingressos que el compensi. A més, l’emissió de deute públic pot atreure capital que d’una altra manera es destinaria al finançament del sector privat.
Tot i que el límit de deute públic que estableix el Tractat de Maastricht per als Estats és del 60 % del seu PIB, el conjunt de països de la zona euro ja porta un any per sobre del 100 %, segons dades d’Eurostat. La situació fora d’Europa no és millor, ja que el Fons Monetari Internacional estima que, a finals de 2021, el deute públic global representava el 100 % del PIB mundial. I la situació podria empitjorar si la crisi s’accentua.
Espanya ja porta més d’una dècada per sobre de la recomanació del 60%. De fet, el Fons Monetari Internacional va fer una sèrie d’advertències a Espanya al març pel risc que el deute s’estanqui en cotes superiors al 115 % del PIB. Però, en vista de l’evolució actual, serà difícil que aquesta ràtio es redueixi en el futur pròxim. I més si tenim en compte l’estructura demogràfica, que en els pròxims anys dispararà la despesa en pensions.
La majoria d’economistes adverteixen contra aquest excés de deute públic. És significatiu que una revisió de 40 estudis publicats durant la dècada passada indiqui que 36 d’ells conclouen que el deute té una influència negativa en el creixement econòmic.
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La industria de la automoción europea se encuentra en un momento crítico a consecuencia de los altos costes de producción, la pérdida de competitividad en verso las marcas chinas y de las polémicas exigencias legislativas de la UE. El nuevo reglamento europeo antiemisiones que entra en vigor en enero de 2025 pretende avivar unas ventas de coches eléctricos estancadas y vendrá acompañado de multas multimillonarias que pueden acabar de hundir unos de los pilares de la industria europea.
La Unión Europea abre el 2025 con la puesta en marcha de la normativa CAFE (por las siglas en inglés, Clean Air for Europe) que obliga a que la media de emisiones de CO₂ en los vehículos de cada fabricante se reduzca en un 15 % en comparación con los niveles del 2021. Entre 2030 y 2034, se exigirá una reducción del 55% de las emisiones de los turismos nuevos y del 50% en caso de furgonetas.
La normativa CAFE se aprobó en 2019 y prevé un plan de reducción gradual de las emisiones de los vehículos nuevos comercializados en la Unión Europea con el objetivo de prohibir las ventas de vehículos de combustión de gasolina, diésel e híbridos a partir del 2035.
Hasta ahora, este tope estaba en 115,1 g/km y desde el enero 2025 se reducirá hasta 93,6 g/km. Además, las marcas se enfrentan a una multa de 95 euros por cada gramo que supere este límite, multiplicado por el número de coches vendidos.
La industria del automóvil europea entre la espada y la pared
La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA, por sus siglas en inglés) hace tiempo que advierte que la industria del automóvil europea probablemente no será capaz de cumplir el reglamento y que puede llegar a pagar hasta 16.000 millones de euros en multas, cifra que amenazaría la viabilidad de toda la industria automovilística europea.
Según declaraciones hechas por la patronal en Europa Press, las ventas de vehículos eléctricos a Europa están estancadas sobre el 13% de la cuota de mercado, 10 puntos porcentuales menos por debajo del que tendrían que estar: “Una brecha demasiado grande para cerrarla a tiempo”.
Los fabricantes de coches advierten que la adopción masiva del vehículo eléctrico, necesaria para cumplir estas normativas, no está avanzando al ritmo esperado. Esto se debe a factores como el elevado precio de los vehículos eléctricos, la falta de infraestructuras de carga adecuadas y las reticencias de los consumidores.
En este contexto, se crea una paradoja según la cual los fabricantes se pueden ver obligados a parar la producción y ventas de coches de combustión para compensar la falta de ventas de coches eléctricos con el fin de evitar las multas multimillonarias. Aun así, afectando todavía más la poca rentabilidad de las marcas y agraviando las reducciones de plantilla y el cierre de fábricas.
Las grandes marcas europeas hablan de “potenciales daños irreversibles” si no se reducen las exigencias medioambientales y ya hace meses que están anunciando recortes de producción, cierres de fábricas y un replanteamiento de su objetivo de convertirse en fabricantes de vehículos puramente eléctricos antes del final de esta década.
El reto chino y la competitividad en riesgo
La competencia del sector automovilístico de China está erosionando la cuota de mercado de la industria del automóvil europea. Los costes de producción en Europa, incluyendo salarios elevados y precios energéticos disparados gracias al gol en propia puerta que han significado las sanciones contra Rusia, hacen que los fabricantes europeos tengan desventajas respecto a sus competidores chinos. Estos últimos, con el apoyo de una cadena de suministro más eficiente y subsidios gubernamentales sustanciales, están expandiendo rápidamente su presencia en el mercado global.
La Unión Europea (UE) ha reconocido este desafío y está intentando responder con políticas de proteccionismo económico, pero de rebote, también está castigando a los fabricantes de coches europeos que han deslocalizado su producción en China.
Por su parte, algunos países europeos como Francia, Italia y Rumanía han intentado sin éxito presionar en Bruselas para retrasar la aplicación de la normativa o de las multas. Sin embargo, teniendo en cuenta que el sector del automóvil representa el 7% del PIB de la UE y el 6,1% de la ocupación, con 13,8 millones de puestos de trabajo directos o indirectos, no se puede descartar que la Comisión Europea proponga posibles cambios a este reglamento ante el Parlamento Europeo después de redactar su informe evaluando la ejecución de la nueva normativa.
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