¿Cuánto dinero nos gastaremos estas fiestas?
Se acerca Navidad y los gastos se disparan. Todo y la subida de precios, no nos estaremos de los viajes, regalos, comidas y celebraciones que forman parte de los hábitos de consumo de estas fiestas. Según una encuesta de la OCU, el gasto medio por persona será de 745 euros.
Es el que se desprende de la encuesta a una muestra representativa de la población española de entre 18 y 74 años que ha hecho la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Concretamente, de los 745 euros de media que nos gastaremos estas Navidades, 396 irán destinados a los regalos, unos 190 en comidas y celebraciones, 70 en lotería, y el resto en fiestas y viajes.
Aunque el panorama económico sigue siendo preocupante, un 62% de las personas encuestadas prevén gastar una cantidad similar de dinero que en otros años, mientras que un 21% declaran que aumentarán el gasto del 2022 y un 17% afirman que lo reducirán.
Nueve de cada diez encuestados tienen planeado reunirse con familiares o amigos, como marca la tradición, mientras que la mitad también participará en una comida o cenar de empresa y casi el 40% irá a alguna sala de fiesta para redondear la noche después de la cena.
Gastar más de lo que teníamos previsto
Más allá de participar en actividades típicas como ir a ver la Cabalgata de Reyes, hacer compras por los mercadillos navideños o disfrutar de la iluminación de la ciudad, un 27% tiene pensado hacer un viaje para evitar el estrés de las fiestas o disfrutarlas desde otra perspectiva.
Respecto a donde compraremos los regalos, la encuesta confirma la tendencia hacia la preferencia para hacer compras a Internet, 36% de los encuestados, frente al 30% que prefiere hacer sus compras en tiendas físicas, mientras que el resto combinará en igual mesura ambos canales. Eso sí, más de la mitad de los encuestados aseguran que siempre se gastan más del que habían planeado y más de una tercera parte se sienten estresados por las compras y los regalos.
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Cuando se acerca la última semana de diciembre, el calendario parece acelerarse. Entre comidas, compras y cierres de año, reaparece la misma pregunta incómoda de siempre: ¿todavía estoy a tiempo de reducir la factura fiscal de 2025?
La respuesta es que quizá sí. Y lo sorprendente es que una de las herramientas más potentes sigue siendo la gran desconocida: la amortización anticipada de la hipoteca. Una opción que solo tiene sentido para aquellas personas que aún conservan el derecho a la deducción por adquisición de vivienda habitual en el ámbito estatal y/o pueden aplicar el régimen transitorio de la deducción autonómica de Cataluña.
Una deducción heredada del pasado
La deducción estatal por adquisición de vivienda común —tanto intereses como capital amortizado— ya no genera nuevos derechos desde el 1 de enero de 2013. Solo tienen acceso los contribuyentes que compraron antes de esta fecha, que cumplían los requisitos que marcaba entonces la normativa y que ya habían aplicado esta deducción en ejercicios anteriores. Sin este último punto, no puedes acogerte al régimen transitorio.
En Cataluña la situación es similar, donde la deducción autonómica por inversión en vivienda usual se mantiene, pero únicamente para el régimen transitorio. Por lo tanto, si compraste tu piso o casa después del 31 de diciembre de 2012, ni el Estado ni la Generalitat te permiten aplicar esta deducción.
En muchos casos se ha repetido la idea de que “puedes deducir hasta 1.500 € anuales”, pero esto es una simplificación. En Cataluña, la referencia a los 9.040 € corresponde a los límites establecidos para determinadas deducciones dentro del régimen transitorio. La cantidad exacta aplicable depende del supuesto concreto y de sí se trata del tramo estatal, autonómico o de casos especiales.
Cuándo la amortización anticipada tiene sentido… y cuándo es inútil
La clave es tan simple como esto: si los intereses que pagas cada año ya superan el límite deducible, amortizar capital no te dará ningún beneficio fiscal adicional. La amortización, en estos casos, es invisible a ojos de la Agencia Tributaria.
A menudo ocurre con hipotecas antiguas con tipos del 3%, porque si te quedan unos 120.000 € pendientes, los intereses anuales pueden situarse entre 2.800 € y 3.300 €. Si el límite deducible es inferior, ya no tienes margen. La amortización anticipada no añade nada.
En Cataluña, si tienes derecho al régimen transitorio, los porcentajes del tramo autonómico son del 7,5%, o del 15% en casos de discapacidad. Pero siempre dentro de la base máxima prevista. En resumen, la amortización anticipada solo tiene sentido si se cumplen tres condiciones:
- Todavía no has llegado al límite deducible (intereses + capital amortizado).
- Tienes derecho al régimen transitorio, tanto estatal como autonómico.
- Financieramente, inmovilizar capital tiene sentido dentro de tu perfil económico.
Si alguna de estas piezas falla, el beneficio fiscal puede ser mínimo o inexistente.
Una aritmética para no engañarnos
Si todavía tienes margen para deducir, la estrategia es clara: hay que poner números sobre la mesa, ver qué has pagado realmente durante el año y compararlo con el límite que permite la normativa. Solo cuando tienes esa fotografía precisa puedes decidir si una amortización anticipada te da un retorno fiscal real… o solo la ilusión de ahorro. Por lo tanto, deberás hacer lo siguiente:
- Calcula qué ya has pagado de intereses + amortización durante el año.
- Comprueba si ese importe llega o no al límite deducible.
- Si tienes margen, decide qué cantidad quieres amortizar antes del 31 de diciembre.
Y un punto fundamental: la deducción nunca equivale al total amortizado. El error habitual es pensar que cada euro destinado a reducir capital se transforma directamente en ahorro fiscal, pero no funciona así. Con la deducción estatal del 15%, por ejemplo, amortizar 1.500 € solo te devolvería 225 €, una fracción modesta del esfuerzo real. Y en el caso de la deducción autonómica, donde los porcentajes son del 7,5% o del 15% según el supuesto, el retorno es aún menor, lo que refuerza la idea de que la operación solo es rentable cuando realmente tienes margen dentro del límite deducible.
Cataluña: qué debes revisar, sí o sí
Antes de realizar cualquier movimiento, asegúrate de tener muy claro si realmente encajas dentro del régimen transitorio y qué límites marca la normativa para tu caso. Solo revisando con detalle las fechas, requisitos y bases imponibles evitarás errores que pueden convertir una buena intención fiscal en una operación inútil. Solo entonces sabrás si la amortización anticipada juega realmente a tu favor. Por lo tanto, antes de hacer cualquier movimiento, asegúrate de:
- Que la vivienda habitual se adquirió antes del 1 de enero de 2013.
- Que puedes aplicar el régimen transitorio estatal y, si procede, el tramo autonómico de Cataluña (7,5% o 15%).
- Que no superas los límites previstos en renta y base imponible (en algunos casos, máximo de 30.000 € después de mínimos).
- Que tu hipoteca y sus condiciones cumplen la normativa exigida.
- Que amortizar no te deja sin liquidez ni te resta flexibilidad ante imprevistos.
Recuerda que la deducción solo se aplica sobre las cantidades efectivamente satisfechas durante el año: ni compromisos futuros, ni amortizaciones acordadas pero no pagadas.
¿Una decisión fiscal o una decisión de vida?
La amortización anticipada puede ser acertada si solo te falta un pequeño tramo para llegar al límite deducible y solo en estos casos es donde el beneficio fiscal existe y compensa. Pero si los intereses de la hipoteca ya superan el límite, la amortización no aporta nada fiscalmente. Y puede restarte liquidez, capacidad de inversión y colchón de ahorro.
La última semana del año es un buen momento para bajar a la realidad de los números: compara intereses + amortización acumulada con el límite deducible real. Y solo entonces decide si la amortización anticipada encaja con tu situación y con la normativa catalana.
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Aunque la irrupción de la inteligencia artificial puede suponer una amenaza para ciertos sectores laborales, históricamente, las tecnologías que automatizan tareas también crean nuevas ocupaciones y disciplinas relacionadas con la programación y desarrollo de estos sistemas automatizados.
La entrada en acción de la IA en el entorno laboral está siguiendo un patrón similar a las anteriores revoluciones tecnológicas. Por un lado, el adelanto de la automatización disminuye el personal necesario para hacer tareas repetitivas o rutinarias, pero, por el otro, genera nuevos trabajos que requieren habilidades técnicas relacionadas con estas nuevas tecnologías. Hagamos un repaso a algunas de las nuevas profesiones y disciplinas que está creando este pilar esencial de la industria 4.0, como son:
Ingenieros de prompts
El buen funcionamiento de aplicaciones de inteligencia artificial, como lo ChatGPT o el Bard, a la hora de proporcionar las mejores respuestas ante la pregunta de un usuario, depende en gran medida de la precisión y el contexto de las instrucciones. El trabajo del ‘prompt engineer’ es una disciplina enfocada a entrenar y ajustar los modelos de lenguaje basados en inteligencia artificial con el objetivo de asegurar que generen resultados coherentes y útiles para el usuario. A pesar de que no hay que saber programar, la creatividad, el pensamiento crítico y el análisis de datos, son habilidades clave para esta profesión.
Programadores y Desarrolladores
En este caso, se trata de especialistas en el diseño, creación, desarrollo e implementación de software basados en algoritmos de aprendizaje automático y redes neuronales artificiales que son esenciales para proporcionar la base tecnológica. Su principal objetivo es crear sistemas de inteligencia artificial que puedan aprender y mejorar automáticamente a partir de los datos introducidos.
Procesamiento de Lenguaje Natural
Los expertos en Procesamiento de Lenguaje Natural son esenciales para enseñar a chatbots y procesadores de texto a comprender y generar lenguaje humano escrito y hablado. Desarrollan el modelo lingüístico para que los ingenieros informáticos lo implementen en un código eficiente y funcional. Si bien este trabajo no requiere un gran conocimiento tecnológico, es deseable haber estudiado una carrera de lingüística, filología o traducción, así como una especialización en procesamiento de lenguaje natural o lingüística computacional.
Analítica y ciencia de datos
La inteligencia artificial es una herramienta muy útil para recopilar y analizar patrones complejos de grandes bases de datos. Profesionales expertos en analítica y ciencia de datos son necesarios para interpretar esta información de forma que se pueda extraer información útil para apoyar a la toma de decisiones de una organización o empresa. Para hacer este trabajo, hay que tener conocimientos de estadística, matemáticas y el dominio de herramientas de análisis de datos como Excel o SQL, junto con la habilidad para comunicar los resultados de manera clara y efectiva.
Auditoría de Algoritmos
En esta disciplina se evalúa la fiabilidad de los resultados de los sistemas que hacen uso de la inteligencia artificial, así como su cumplimiento ético y legal, asegurando que se apliquen los estándares y regulaciones pertinentes. Las auditorías algorítmicas son una revisión o supervisión interna que se hace en paralelo al desarrollo del sistema de inteligencia artificial y periódicamente una vez se ha hecho el lanzamiento del producto al mercado. Personas con perfiles legales y estudios de ciencias sociales y ética son candidatos ideales para este tipo de trabajo.
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El rescat del sistema bancari espanyol va requerir la injecció de més de cent mil milions d’euros, que no van servir per a revitalitzar l’economia. Era possible una altra fórmula? La veritat és que Islàndia va sortir enfortida de la gran crisi financera que va viure entre 2007 i 2009.
Ara fa deu anys de la decisió del Govern espanyol de prendre el control de Bankia, en aquell moment la quarta entitat financera més gran de l’Estat. Ho va fer convertint en accions un préstec de gairebé 4.500 milions d’euros. L’entitat va acabar fusionant-se al 2020 amb CaixaBank, o sent absorbida per aquesta última entitat, segons com es vulgui veure.
“Aquí no hi ha un cost per als contribuents espanyols”, deia Luis de Guindos, ministre d’Economia, durant els dies de la intervenció. Però el que en principi no anava a tenir cost per a l’Estat ha acabat amb una injecció de capital de més de 22.000 milions d’euros, tot i que potser s’acaba recuperant una part algun dia.
Bankia és una més de la llista d’entitats financeres rescatades per l’Estat espanyol arran de la crisi financera de 2008, que també va portar a la intervenció de Caja de Ahorros del Mediterráneo, Banco de Valencia, CatalunyaCaixa, NovaCaixaGalicia, Unnim, Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha, Cajasur, Banco Mare Nostrum, Banc CEISS, Banco Gallego, Banca Cívica, Grupo Cajatres, Liberbank i Caja Rural Mota del Cuervo.
En total, el Tribunal de Comptes ha quantificat en més de 122.000 milions els recursos destinats a la reestructuració d’aquestes entitats, que han acabat absorbides pels grans bancs espanyols. El Fons de Reestructuració Ordenada Bancària (FROB) va comprometre més de 77.000 milions d’euros; el Fons de Garantia de Dipòsits, més de 35.000 milions, i el Banc d’Espanya, gairebé 10.000 milions.
Diners difícils de recuperar
El Banc Central Europeu reconeixia en un informe elaborat al 2015 que les injeccions de capital a la banca espanyola es van realitzar de manera que la devolució dels diners públics era inviable.
En realitat, es va tractar d’una espècie de regal de milers de milions al ‘lobby’ bancari. Molts títols es van adquirir per un valor superior al real i era evident que una part important dels actius traspassats a la Societat de Gestió d’Actius Procedents de la Reestructuració Bancària (Sareb) generarien pèrdues milionàries a l’Estat. Segons estimacions del Banc d’Espanya, la festa acabarà costant al contribuent un mínim de 60.600 milions d’euros.
És justificable aquest desemborsament públic? Després de l’experiència de la Gran Depressió estatunidenca pel crac de 1929, en la qual la caiguda del sector financer va tenir un efecte demolidor en la resta de l’economia, molts experts han defensat la conveniència de rescatar als grans bancs per a evitar el col·lapse econòmic.
L’argument és que per als contribuents resulta menys onerós el rescat que les conseqüències de la recessió. Tot i això, no tots els països han seguit l’ortodòxia acadèmica.
La via islandesa
L’any 2000 Islàndia era un país de 300.000 habitants amb un PIB que no arribava als 10.000 milions d’euros. Però en pocs anys el seu sector bancari es va hipertrofiar gràcies a suculents interessos que van atreure gran quantitat de dipòsits des d’altres països.
El boom de les seves entitats financeres va fer enlairar l’economia del país, que més que va doblegar el seu PIB entre 2001 i 2007. El crèdit fluïa a l’illa com si d’un mannà es tractés i la corona islandesa es va disparar en el mercat de divises.
No obstant això, la fallida de Lehman Brothers al setembre de 2008 va punxar la bombolla islandesa. En pocs dies, les tres principals entitats financeres de l’illa (Glitnir, Landsbanki i Kaupthing) van declarar suspensió de pagaments.
En lloc d’injectar milers de milions en aquests bancs privats, Islàndia els va deixar caure i va crear noves entitats per a gestionar les restes del naufragi. Després de múltiples protestes, la dimissió d’un Govern i diversos referèndums, el país va decidir salvaguardar els dipòsits dels islandesos i va rebutjar fer-se càrrec de l’enorme quantitat de dipòsits estrangers.
És cert que aquesta via no va sortir gratis als contribuents, ja que Islàndia va destinar un 20% del PIB a fer neteja del sector, segons estimacions de l’OCDE. Però l’economia es va recuperar amb energia en els anys següents. Després d’una caiguda de gairebé un 40 % entre 2007 i 2009, el PIB va tornar a remuntar i al 2017 ja superava els nivells previs a la crisi. Per contra, Espanya mai ha tornat a igualar els nivells de 2008.
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China continúa siendo un mercado atractivo para muchas empresas occidentales, pero el primer déficit trimestral en inversión extranjera de su historia pone de relieve el reto que supone para Pekín atraer a empresas extranjeras, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas con los Estados Unidos, bajos tipos de interés y un debilitamiento de la demanda interior.
A pesar de los buenos datos macroeconómicos de producción industrial y ventas al por menor en China presentadas el mes pasado, la economía china está dando síntomas de agotamiento que pueden tener ramificaciones negativas para las finanzas públicas, teniendo en cuenta la creciente deuda gubernamental.
Más allá de la crisis inmobiliaria, las sanciones económicas de los Estados Unidos, la caída de las exportaciones experimentada todos los meses de 2023 respecto al año anterior, los bajos tipos de interés y un debilitamiento de la demanda interior, las empresas extranjeras sacan dinero del mercado chino a un ritmo más rápido del que lo invierten.
En el periodo de julio a septiembre, según datos preliminares de la balanza de pagos, las empresas extranjeras en China registraron un déficit en inversiones directas de casi 10.854 millones de euros. Es la primera vez que el país registra tales déficits desde que se iniciaron los registros en 1998.
Baja rentabilidad de las inversiones
El debilitamiento de la demanda interior y los bajos tipos de interés han provocado que muchas de estas empresas no estén obteniendo de sus negocios la rentabilidad que esperaban y opten para sacar el capital del país para obtener más rentabilidad o para reducir la exposición al riesgo geopolítico. Según los analistas de Goldman Sachs, «Parte de la debilidad de las entradas de inversión directa en China puede deberse a la repatriación de beneficios por parte de las empresas multinacionales».
A pesar de que esto no son buenas noticias para China, Pekín ha restado importancia a la fuga de capital extranjero. Wang Wentao, Ministro de Comercio chino, destacaba que China continúa siendo un imán para los inversores mundiales y prometió más medidas para expandir el consumo, así como para estabilizar el comercio exterior y la inversión, en un esfuerzo para promover una recuperación económica sostenida.
Independientemente de las medidas que pueda implementar el gobierno chino y, teniendo en cuenta los grandes intereses u oportunidades comerciales que presenta el mercado del gigante asiático, sería prematuro sacar conclusiones definitivas sobre si este déficit de inversión es un acontecimiento puntual o el inicio de una nueva tendencia que se alargará en el tiempo.
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Desde su lanzamiento en 2020, la introducción del yuan digital continúa cobrando impulso después de que este mes de octubre se usara, por primera vez, para liquidar transacciones de petróleo transfronterizas. Ahora se prepara para hacer otro salto adelante con su integración en el comercio de materias primas y servicios con Hong Kong.
Las economías emergentes han sido pioneras en la adopción de las monedas digitales controladas por los bancos centrales (CBDC) bajo la premisa de ampliar el acceso a los servicios financieros y digitalizar sus economías, mientras obvian mencionar que, al contrario que las criptomonedas, también aumentan su capacidad de rastrear y controlar a la ciudadanía.
En el caso de China, pero, se le añade la necesidad de tener una alternativa al sistema monetario global, basado en la hegemonía del dólar y dominado por las instituciones financieras occidentales, para blindar su economía frente a las sanciones de los Estados Unidos, en este caso, a través de la desdolarització.
En este contexto, y a medida que el mundo avanza hacia la aparentemente imparable adopción de las monedas digitales, el yuan digital chino, denominado e-CNY, se ha situado al frente de las CBDC. Desde su lanzamiento en 2020 y después de un comienzo lento, la adopción de la divisa digital china se ha acelerado rápidamente, con casi 6 millones de comerciantes registrados para utilizar la nueva moneda en más de 26 ciudades que sirven de banco de pruebas por todo el país.
El ex-gobernador del Banco Popular de China (PBOC), Yi Gang, declaró en julio que las transacciones totales habían logrado un valor acumulado de 1,8 billones de yuanes (234.00 millones de euros) a finales de junio del 2023, con 120 millones de monederos digitales en pleno funcionamiento.
Utilizado por primera vez para liquidar una transacción de petróleo
Según anunció la Bolsa de Petróleo y Gas Natural de Shanghái (SHPGX), el yuan digital se usó por primera vez para liquidar una transacción petrolera cuando la empresa estatal Petro China International Corporation compró 1 millón de barriles de crudo el 19 de octubre.
El vendedor y el precio de la transacción no fueron revelados, pero esta acción viene dada como respuesta a la petición por parte del Comité Municipal del Partido y Gobierno Municipal de Shanghái para que se aplique la moneda digital del banco central chino al comercio internacional, según apuntaban oficiales de la Bolsa de Shanghái. La transacción se producía el día siguiente que la China National Offshore Oil Corp y la francesa Engie cerraran una operación de gas natural licuado liquidado en yuanes en el mismo SHPGX.
Estas transacciones suponen un gran paso en el uso del yuan en el mercado internacional y dan un nuevo empujón a la tendencia global hacia la desdolarización espoleada por Rusia y China. China Daily, informaba que en los tres primeros trimestres de 2023, el uso del yuan en las liquidaciones transfronterizas aumentó un 35% interanual, alcanzando los 1,3 billones de euros.
La noticia llega poco después de que Hong Kong anunciara que se prepara para probar la integración del yuan digital chino con su sistema nacional de pagos rápidos (FPS), al mismo tiempo que promueve su integración para liquidar transacciones de materias primas y servicios. Estos hechos dejan claro que, a pesar de que el proyecto de una CBDC china se centró inicialmente en el ámbito nacional, la e-CNY se está estableciendo como la moneda digital centralizada más avance en el contexto de las transacciones internacionales.
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Las compras récord de oro por parte de los bancos centrales, que están igualando sus reservas de oro con relación al PIB con otros países, reviven el debate sobre la posibilidad de un reinicio del sistema monetario actual que esté basado en un nuevo patrón oro.
Los bancos centrales de todo el mundo han estado comprando cantidades récord de oro desde principios de 2022. El ritmo y la regularidad con que los bancos centrales están acumulando oro no tiene precedentes, puesto que a lo largo de la historia reciente han sido mayoritariamente vendedores del metal precioso.
Esta extraordinaria demanda de oro por parte de los bancos centrales, la más grande en los últimos 55 años, se atribuye a la voluntad de diversificar sus reservas y reducir la dependencia del dólar frente a un cambio de paradigma hacia un mundo multipolar que es cada día más evidente.
La crisis bancaria estadounidense, las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos y la postura de la Reserva Federal de los Estados Unidos de mantener los tipos de interés han sido algunos de los principales factores que han contribuido al hecho que el oro continuara siendo un valor refugio para los inversores y bancos centrales a lo largo de este año.
Pero más allá de la capacidad intrínseca del oro físico para mantener su valor ante la incertidumbre económica, hay indicadores que hacen pensar que esta acumulación de oro por parte de los bancos centrales no es nada más que la antesala de un reinicio del sistema monetario internacional y de un posible retorno al patrón oro.
Reservas de oro en relación con el PIB
Aerdt Houben, Director de Mercados Financieros del Banco Central Holandés (DNB), ha hablado recientemente del valor que podría tener el oro en un escenario de colapso financiero, declarando que si se produce una crisis financiera, el precio del oro se disparará, y las reservas oficiales de oro se pueden usar para sostener un nuevo patrón oro.
El DNB ha igualado sus reservas de oro, en relación con el PIB, a los otros países de la eurozona y de fuera de Europa. El mismo caso del banco central polaco, que en los últimos años ha comprado unas 300 toneladas de oro para equiparar su ratio de oro y PIB con la media de la eurozona.
No todos los bancos centrales de la eurozona son transparentes respecto a la alineación de sus reservas de oro con el PIB, pero a pesar de que no hay ningún acuerdo ni mandato oficial y que los bancos centrales europeos han comunicado que no existe ninguna obligación legal de coordinar las reservas, parece que existe un acuerdo extraoficial para equilibrar las reservas de oro entre sí mismos.
En todo caso, dada la evidente alineación de las reservas de oro de los bancos europeos en las últimas décadas, algunos analistas creen que se trata de un plan B para estabilizar sus economías pasando a un patrón oro en caso de un colapso del sistema monetario global actual. No muy diferente de lo que se especula que China y Rusia han estado haciendo en los últimos años con sus compras masivas de oro.
Las malas políticas monetarias que provocaron la burbuja inmobiliaria y la manera en que se han administrado las divisas fiat desde la crisis del 2008, depreciando el dólar y exportando problemas internos de los Estados Unidos al resto del mundo, junto con las sanciones económicas a países no-alineados con los intereses geopolíticos y económicos de Occidente, han socavado la credibilidad del sistema monetario internacional. Una alternativa basada en un nuevo patrón oro, más multipolar, más estable y menos inflacionista, parece más cerca que nunca y los bancos centrales globales no se quieren quedar atrás.
Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad. Ante la volatilidad de la todavía alta inflación y de la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Oro Semilla en Preciosos 11Onze.
Mientras los bancos centrales siguen imprimiendo dinero para mantener vivo el sistema, el precio del oro sigue escalando hasta máximos históricos. Pero ¿es realmente el oro lo que sube, o es el dinero el que pierde valor?
En agosto de 1971, Richard Nixon anunció que Estados Unidos rompía el vínculo entre el dólar y el oro. Aquel gesto, aparentemente técnico, dio la vuelta al sistema monetario global. Desde entonces, el dinero no está avalado por ningún activo físico. Son “fíat”, es decir, dependen únicamente de la confianza en quien los emite. Su valor ya no procede de una cantidad de oro, sino de la fe colectiva que seguirán sirviendo para comprar bienes y pagar deudas. Pero hay un problema: la confianza, cuando se fuerza, también se hincha. Y cuanto más dinero se crea, menos valor tiene cada uno de ellos.
Los bancos centrales del mundo han multiplicado la masa monetaria como nunca. Solamente entre 2020 y 2023, la base monetaria global creció más de un 120%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que la producción de riqueza real —el PIB mundial— únicamente lo hizo un 10%.
La diferencia la pagamos todos, tanto en forma de inflación como en pérdida de poder adquisitivo y aumento del coste de la vida. Este proceso, conocido como sobreemisión monetaria, genera la paradoja que vivimos hoy: tenemos más dinero, pero podemos comprar menos cosas. Y, de rebote, se distorsiona el valor de todos los activos.
Una montaña de deuda sin oro detrás
Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la deuda global supera ya los 338 billones de dólares. En cambio, todo el oro conocido en el planeta —unas 273.000 toneladas, según el World Gold Council— representa la base física que históricamente ha servido para garantizar el valor del dinero.
Si dividiésemos ese volumen total de deuda por la cantidad de oro existente, cada kilo de oro debería “cubrir” más de 1,2 millones de dólares de pasivos financieros. Dicho de otro modo, si el oro volviera a desempeñar su papel como medida real de la riqueza, su precio debería ser entre diez y once veces superior al actual.
Esta desproporción pone de manifiesto décadas de expansión monetaria sin freno y la profunda desconexión entre el dinero creado y el valor real que representan. Cuando vemos el precio del oro en máximos históricos —precio actual por onza— es tentador pensar que el metal se ha encarecido. Pero es lo contrario, porque es el dinero el que ha perdido valor.
El oro puede comprar hoy prácticamente lo mismo que hace cincuenta años: un coche modesto, unas cuantas toneladas de trigo o unas pocas semanas de trabajo calificado. En cambio, el dinero de hoy tiene una capacidad de compra muy inferior. En palabras simples: el oro no se ha revalorizado, el dinero se ha diluido.
No es casualidad que los bancos centrales sean hoy mayores compradores de oro del mundo. El World Gold Council registra compras récord en los últimos tres años, con China, Rusia, Turquía y Polonia a la cabeza. Solo en 2024, los bancos centrales adquirieron 1.037 toneladas netas, el mayor volumen desde 1950. Mientras proclaman estabilidad monetaria, acumulan oro como seguro contra el mismo sistema que gestionan. Es una contradicción reveladora: confían más en el oro que en sus propias monedas.
Además, la sobre emisión monetaria es una forma de deuda invisible. Cada vez que un banco central crea dinero para financiar déficits o rescates, el coste real recae sobre la ciudadanía. Los ahorros existentes pierden valor sin que nadie vote esa decisión. Es un impuesto silencioso y regresivo, devastador para las rentas medias y el ahorro familiar.
El resultado es un círculo vicioso: más inflación, más endeudamiento y mayor emisión de dinero para sostenerlo.
Hacia el límite del sistema
Este desajuste monetario está llevando al sistema a un punto crítico. La confianza —el pilar invisible del dinero fiado— empieza a resquebrajarse. Cada crisis financiera, cada rescate, cada impresión masiva erosiona la credibilidad de las instituciones monetarias. Y la historia muestra que ningún sistema basado únicamente en la confianza ha perdurado indefinidamente.
Varios analistas hablan ya de un posible “reset monetario” global, donde el oro y otros activos reales recuperen su papel como referencia de valor. Quizás no volveremos al patrón oro, pero la necesidad de una base tangible es más evidente que nunca. En un mundo donde el dinero se crea con un clic, el oro nos recuerda una verdad incómoda: el valor real no se puede imprimir.
Las monedas pueden perder sentido, los mercados pueden tambalearse, pero el oro sigue ahí, inmutable, como medida física del valor y como refugio ante la incertidumbre. Quizá no sea únicamente una inversión. Posiblemente, sea una forma de memoria económica: la garantía de que, pase lo que pase con el dinero de papel o las cifras digitales, siempre habrá algo real detrás del concepto de riqueza.
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Alguns conceptes són bàsics per a entendre per què estem a la vora d’una recessió, cap a on s’encamina el nou ordre econòmic mundial i quins seran els seus protagonistes.
El “Gran Reinici” és el nom d’una iniciativa del Fòrum Econòmic Mundial que pretenia repensar el model econòmic capitalista una vegada superats els estralls provocats per la pandèmia. La realitat és que a la crisi sanitària s’han sumat una crisi de deute i una crisi inflacionària que ens han situat a la vora de la recessió.
En el context actual, el “gran reinici del capitalisme” que reclamava aquest organisme internacional es fa més necessari que mai. Repassem alguns conceptes clau per entendre com hem arribat a una situació pròxima al col·lapse i quins factors condicionaran el futur pròxim de l’economia.
Àsia
L’eix de l’economia global s’està desplaçant d’Europa i els Estats Units cap a Àsia. Segons un estudi de la consultora McKinsey, l’any 2040 el continent asiàtic suposarà més de la meitat del producte interior brut mundial i un 40 % del consum. La pèrdua de protagonisme d’Europa és evident i l’FMI preveu que almenys la meitat dels països de l’eurozona entraran en recessió en els pròxims mesos.
Canvi climàtic
L’escalfament global ha obligat a deixar enrere la idea d’un creixement il·limitat a costa d’esgotar els recursos naturals i ha donat pas a la idea de l’economia circular, amb oportunitats en el camp de l’economia “verda”. Com ha posat de manifest la COP27, ara falta definir fins a quin punt els països industrialitzats assumiran el cost econòmic del canvi climàtic que han generat i quines mesures estan disposats a adoptar per alentir l’escalfament en un context de crisi econòmica.
Descentralització
Les noves tecnologies estan permetent l’aparició de productes i serveis que escapen al control dels Estats i les grans corporacions. Com apuntava James Sène, president d’11Onze, en una sessió de Fintech Talks, ens trobem davant una “transició del model antic, totalment dominat per uns pocs, a un nou model que arriba a més gent i està descentralitzat”. La descentralització de la creació monetària, per exemple, ha estat un dels grans pilars de les criptomonedes.
Desigualtat
Les dades de l’informe “World Inequality Report 2022” mostren que el 10 % de la població més rica del planeta ha acumulat des de mitjan anys noranta el 76 % de la riquesa generada al món. De fet, el 38 % es va concentrar a les mans de l’1 % de la població mundial. I la meitat de la població més pobra s’ha hagut de conformar amb les engrunes: el 2% de la riquesa generada durant aquestes últimes dècades. Per desgràcia, aquesta escletxa entre els superrics i el comú dels mortals no ha fet més que eixamplar-se durant la pandèmia. I els experts coincideixen que aquesta creixent desigualtat suposa un fre per al desenvolupament econòmic mundial.
Deute públic
El deute públic en el món s’ha disparat en els últims anys i limita el creixement econòmic. Tot i que el límit que estableix el Tractat de Maastricht per als Estats de la Unió Europea és del 60 % del seu PIB, el conjunt de països de la zona euro ja porta més d’un any per sobre del 100 %, segons dades d’Eurostat. La situació fora d’Europa no és millor, ja que el Fons Monetari Internacional estima que, a la fi de 2021, el deute públic global també representava el 100 % del PIB mundial. A més, els nivells de deute podrien empitjorar si la crisi s’accentua.
Estagflació
Des de març de 2021, els preus han pujat amb força i de forma gairebé ininterrompuda. La inflació a Catalunya, que va arribar a superar a l’estiu el 10 % interanual, es va situar a l’octubre prop del 7 %. La situació més enllà de les nostres fronteres no és millor, ja que la inflació d’aquest mateix mes en el conjunt de la zona euro va arribar al 10,7 %. S’espera que les successives pujades dels tipus d’interès contribueixin a controlar uns nivells d’inflació desconeguts des dels anys vuitanta del segle passat. El preu a pagar serà un major estancament de l’economia, que portarà a la recessió de les grans economies.
Impressió de moneda fiat
S’estima que el total de diners en circulació en el món, incloent-hi bitllets, monedes, xecs i pagarés, supera els 60 bilions d’euros. El problema és que una part considerable d’aquests bitllets s’han posat en circulació en els últims anys. Per exemple, només l’any 2020 l’oferta monetària dels Estats Units va augmentar un 24 %. La majoria dels bancs centrals s’han dedicat a imprimir moneda per fer front a un deute públic galopant. I aquest augment de moneda fiat ha estat el principal responsable de l’actual inflació.
Monedes digitals
Davant l’avanç de les criptodivises, que plantegen un model monetari totalment descentralitzat, els Estats treballen a contrarellotge en el desenvolupament de monedes digitals controlades pels bancs centrals (CBDC) per mantenir un sistema financer centralitzat. A la Xina, més de 260 milions de persones ja han utilitzat el iuan digital (e-CNY). A Europa, la Comissió Europea preveu que la regulació sobre l’euro digital estigui llesta a principis de 2023 i que aquesta moneda digital entri en funcionament l’any 2025. L’objectiu en un primer moment és que l’euro digital, gestionat i supervisat pel Banc Central Europeu, no substitueixi els diners en efectiu, sinó que els complementi.
Poder corporatiu
Les grans multinacionals tenen un poder creixent enfront de la minvant capacitat d’influència dels Estats. Moltes d’aquestes corporacions supervisen enormes cadenes de subministrament, venen els seus productes a tot el món i tenen uns ingressos superiors als de molts governs. De fet, si fos un país, Walmart seria el desè per nivell d’ingressos. La globalització ha capgirat les relacions de poder i en molts casos les grans corporacions es permeten eludir el pagament d’impostos amb total impunitat.
Subscripció
Com assenyalàvem en un article de La Plaça, està sorgint un nou model mutualista, més comunitari i basat en la compartició de béns i serveis, com a alternativa al model de compra i ús individual. En els models de negoci de subscripció cada client paga quotes que li permeten l’accés prolongat a un bé o servei en lloc de realitzar un gran pagament per endavant per posseir aquest bé o servei. Aquest model de negoci cada vegada és més freqüent en la indústria informàtica, de l’entreteniment o de l’automoció.
Tipus d’interès creixents
Després d’11 anys sense augments, el Banc Central Europeu va iniciar al juliol l’escalada dels tipus d’interès a Europa. De moment, ja han arribat al 2 % i la previsió és que continuïn incrementant-se en els propers mesos per refredar encara més l’economia i frenar la inflació. El BCE s’ha alineat amb la majoria de bancs centrals del món, que també estan incrementant les seves taxes d’interès per combatre l’escalada de preus. Aquesta mesura repercutirà directament en la butxaca de molts ciutadans, ja que les quotes de les hipoteques i dels préstecs amb interès variable resultaran cada vegada més elevades.
Virtualitat
No vivim en un món virtual, però sí virtualitzat, ja que “el que passa en el món digital té un impacte real en la nostra vida”, com advertia James Sène en una sessió sobre l’actual situació econòmica. En aquest sentit, el president d’11Onze vaticinava que el metavers, l’economia del qual depèn de l’autenticació de les propietats digitals, jugarà un paper clau a l’hora de digitalitzar les nostres identitats.
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Mientras Occidente se endeuda para sostener un sistema que hace aguas, China está moviendo ficha para rediseñar las reglas del juego. Sus maniobras monetarias, aparentemente técnicas, apuntan a una revolución silenciosa: la devaluación de las monedas fiadas a través de inyecciones masivas de liquidez y la acumulación agresiva de oro como nuevo pilar del sistema financiero global.
En esta partida geoeconómica, el metal precioso vuelve a ser protagonista —y no por nostalgia, sino por supervivencia. Cuando el oro superó la barrera de los 4.000 dólares por onza, muchos analistas lo achacaron a la inestabilidad de los mercados. Pero detrás de esa subida hay mucho más que especulación. El valor del oro no se explica solamente por las dinámicas del mercado, sino por decisiones políticas que le hacen brillar —u oscurecer—.
Hasta 1971, el sistema monetario internacional se basaba en el oro. Los Acuerdos de Bretton Woods (1944) habían fijado la paridad del dólar a 35 dólares por onza, convirtiendo la moneda estadounidense en la referencia mundial. Cuando Richard Nixon rompió ese vínculo, el mundo entró en la era del dinero fiduciario (fíat): monedas basadas únicamente en la confianza y en la capacidad de los estados para emitir deuda.
Esta “fe monetaria” funcionó durante unas décadas. Los bancos centrales imprimían dinero, las economías crecían y los mercados se mantenían estables. Pero la crisis financiera de 2008 rompió la magia, cuando imprimir dinero ya no genera riqueza real, sino que únicamente infla burbujas. Y ahora, medio siglo después, China parece dispuesta a acelerar el fin de ese modelo.
La jugada doble de Pekín
La estrategia china parece contradictoria a la hora de inyectar liquidez mientras compra oro. Pero en realidad es una ingeniería monetaria con dos objetivos claros:
- Controlar su economía interna. La economía china se ha desacelerado después de décadas de crecimiento vertiginoso. Para evitar un choque social, el Banco Popular de China ha bajado tipos, ha ampliado los créditos y ha impulsado la inversión estatal. Este estímulo mantiene el consumo, pero también devalúa el yuan, aumentando la competitividad exportadora. Asimismo, cada ola de liquidez china se propaga por los mercados internacionales y contribuye a debilitar las monedas fiadas occidentales.
- Blindarse con oro. Pekín sabe que cada yuan emitido reduce su valor real. Por eso compensa con oro. Según el World Gold Council, el Banco Central de China ha añadido más de 300 toneladas de oro solamente en 2024, acumulando reservas durante más de dieciocho meses consecutivos. El oro representa ya más del 15% de las reservas chinas, y esta proporción sigue creciendo. El mensaje está claro: mientras Occidente imprime billetes, Pekín imprime poder.
No es un retorno formal al patrón oro, sino una transición silenciosa hacia un sistema mixto de dinero digital apoyado en activos reales. El oro vuelve a ser la columna vertebral de la confianza.
La muerte lenta de las monedas fíat
Desde la crisis de 2008, la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Inglaterra han duplicado o triplicado sus balances. La deuda global supera ya los 315 billones de dólares, según el Institute of International Finance. Esta expansión ha sostenido la actividad económica, pero también ha creado una dependencia crónica: el sistema solo sobrevive si cada año se le añade más liquidez.
China ha aprendido la lección y la gira a su favor. No quiere sostener al sistema, sino redefinirlo. En lugar de competir con el dólar dentro de sus reglas, Pekín está escribiendo unas nuevas, a través de una clara dependencia del crédito y demás activos tangibles. Por tanto, cada vez que los bancos centrales anuncian una bajada de tipos, los mismos patrones se repiten: el oro sube, el bitcoin sube, las bolsas respiran. Pero existe una diferencia esencial. El metal precioso no depende de nadie: no es pasivo de un banco, ni puede ser impreso por ningún gobierno. Es escaso, tangible y universal.
El bitcoin, por su parte, es su equivalente digital, en cuanto a escasez programada y resistencia a la censura. Pero su volatilidad le hace aún un activo especulativo. El oro, sin embargo, es la memoria estable de la riqueza. Lleva 5.000 años sustentando la confianza económica humana. Por tanto, No es casualidad que bancos centrales e inversores institucionales vuelvan a cargar oro. Cuando la confianza se tambalea, el oro se convierte en la moneda del sentido común.
El oro como arma geopolítica
Para China, acumular oro es mucho más que una política monetaria, si no que se trata de una estrategia de soberanía. Desde 2010 ha reducido su exposición al dólar del 70% al 50%, mientras aumentaba reservas de oro y acuerdos comerciales bilaterales en yuan. En paralelo, ha creado sistemas de pago alternativos al SWIFT, como el CIPS (Cross-Border Interbank Payment System), que permite transacciones fuera del control de Estados Unidos.
Cada onza de oro en las reservas chinas es una onza menos de dependencia del dólar. En un mundo en el que el sistema financiero se utiliza como herramienta de sanción, tener oro equivale a tener libertad. La historia lo demuestra cuando Estados Unidos acumuló el 70% del oro mundial después de la Segunda Guerra Mundial, lo que les permitió dominar la economía global durante décadas. Ahora, Pekín está haciendo exactamente lo mismo, pero en un contexto digital y multipolar.
Mientras China planifica a décadas vista, Occidente gobierna a golpe de elecciones. Estados Unidos acumula una deuda superior a los 35 billones de dólares, cuyo coste de intereses supera ya el gasto militar. Europa, por su parte, se hunde en su propia rigidez burocrática: más impuestos, menos innovación y una creciente dependencia energética.
El Viejo Continente, antigua cuna industrial, parece hoy una economía de mantenimiento. Su apuesta por la regulación y la fiscalidad ha penalizado el ahorro y el emprendimiento. Mientras Silicon Valley y Shenzhen compiten por el dominio tecnológico, Bruselas debate sobre etiquetas y normativas. El riesgo está claro: un futuro digital y dorado sin Europa.
Del dinero digital al dinero tangible
La paradoja es que la misma tecnología que ha abierto la puerta a las criptomonedas está dando nueva vida al oro. China lo ha entendido: desarrolla simultáneamente su yuan digital (e-CNY) y acumula oro físico. ¿El objetivo? Crear una moneda digital soberana, apoyada en activos reales y capaz de competir con el dólar sin depender de ellos.
Europa, en cambio, ve a las CBDC como una herramienta de control, más que de libertad. Pekín las entiende como un instrumento de independencia. En este contexto, el oro es la garantía que da credibilidad al yuan digital, reforzándolo como alternativa global.
Los mercados no solamente reflejan datos, sino emociones colectivas. Cuando los inversores perciben que los gobiernos han perdido el control de la deuda o la inflación, buscan refugio. El oro y otros activos duros se convierten en símbolos de algo más profundo, como es la pérdida de fe en el sistema fíat.
Este es, en realidad, el verdadero epicentro de la crisis actual: una crisis de confianza. El dinero fiduciario únicamente tiene valor mientras la gente cree en él. Y cada vez que un banco central imprime miles de millones de la “nada”, esta fe se agrieta un poco más. Además, China está aprovechando esa fisura. Cada compra de oro, cada acuerdo comercial en yuan, cada nueva reserva fuera del dólar es una jugada en una partida de ajedrez global que Occidente parece no ver.
Hacia un nuevo orden monetario mundial
El mundo se encamina hacia un equilibrio multipolar en el que el oro volverá a jugar un papel central, no como moneda, sino como garantía de confianza. Los países con reservas tangibles —China, Rusia, India— ganarán poder; los que dependen del crédito, lo perderán. El oro podría actuar como soporte parcial para nuevas divisas digitales internacionales, o como instrumento de compensación entre estados fuera del sistema SWIFT. No sería una vuelta al patrón oro clásico, sino un modelo híbrido entre la tecnología digital sustentada en valor real.
Por tanto, Pekín no está rompiendo el sistema, sino que lo está sustituyendo progresivamente, con paciencia de una civilización que piensa en siglos, no en trimestres. De alguna forma, está construyendo su propio Bretton Woods del siglo XXI.
Para los ciudadanos occidentales, la lección es clara cuando el dinero de papel se devalúa, pero el metal real conserva valor. En un mundo inundado de liquidez e inestabilidad, lo tangible vuelve a ser poder. El oro, que durante milenios ha sido símbolo de riqueza, vuelve a ser hoy una herramienta de protección frente a la fragilidad del sistema.
Como hemos repetido en varias ocasiones en La Plaça: “Cuando la confianza se desvanece, el valor se refugia en lo real.” Y cuando el polvo del sistema fiado se asiente, el oro —inmutabilidad ancestral— seguirá brillando, no como un símbolo del pasado, sino como la base del futuro.
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