La eclosión del sistema extractivo
La adopción de una nueva lógica económica a principios del siglo XIX, permitirá adquirir una posición dominante a ingleses y holandeses por encima del resto de economías europeas, y por extensión, por encima del resto de economías del mundo. Este hecho provocó que las antiguas monarquías europeas —Castilla, Portugal, Francia, Austria, Prusia o Rusia— buscaran la manera de abrazar aquella moderna visión socioeconómica con el fin de erradicar su pobreza endémica, pero a diferencia de los primeros, les causará unos tumultuosos procesos de adaptabilidad hacia el nuevo sistema económico.
A principios del siglo XVII, los primeros imperios coloniales de raíz profundamente católica —como Castilla o Portugal— se desangraban estructuralmente a consecuencia del combate encarnizado durante décadas contra el mundo protestante y turco, cosa que les estaba provocando importantes pérdidas de recursos económicos y una creciente deslegitimación territorial. La represión ejercida por los integristas católicos castellanos —con su rey al frente— contra el mundo calvinista holandés, lejos de subyugar definitivamente aquellos territorios, provocó el efecto contrario, puesto que les hizo aflorar un instinto de supervivencia ampliamente estudiado por las Ciencias Sociales.
En el origen del conflicto encontramos la negativa holandesa de contribuir económicamente a la causa imperial hispana, la cual buscaba universalizar la cultura católica. Durante más de ochenta años, los encuentros imperiales buscaron la manera de romper el anillo protector holandés que se había ido construyendo para contrarrestar la presión ejercida por los famosos tercios de Flandes. Esta línea de defensa estaba compuesta por cuarenta y tres ciudades y cincuenta y cinco fortificaciones. Obligados a vivir dentro de aquel microcosmo territorial, la supervivencia holandesa —como pueblo— exigía racionalizar y sistematizar las iniciativas públicas y privadas.
Antes que nada, Ámsterdam se convertiría el epicentro del poder de las diecisiete Provincias Unidas. Desde allí, se fomentaría la creación de un mercado libre y abierto que fuera capaz de satisfacer las necesidades —en aquel contexto de guerra permanente— de todas las ciudades del territorio neerlandés. Por eso, se animaría a diversificar la agricultura como base de la futura especialización y división del trabajo, se fomentaría la innovación tecnológica a fin de mejorar la producción agrícola, se promoverían ferias y mercados para fomentar el intercambio de bienes y servicios, se amplificarían las redes comerciales internas y se buscarían rutas comerciales externas a través del desarrollo de una potente industria naval, y se garantizaría el derecho a la propiedad privada de los medios productivos. Pero por encima de todo, el gobierno de la federación de las Provincias Unidas velaría por el cumplimiento de todos los contratos comerciales y aseguraría la plena libertad de movimiento, tanto de personas como de mercancías, por medio de la creación de un ejército permanente holandés.
Por lo tanto, todo este nivel de organización fruto de la conjunción entre la cosa pública y el hecho privado estaría pensado para satisfacer las necesidades de la población ante la presión católica, la cual provocaría un aumento significativo del gasto público. Para reducirlo, se desarrollaría un mecanismo de financiación que consistiría en la emisión de títulos de deuda pública a largo plazo, los cuales serían negociados en la recientemente creada bolsa de valores de Ámsterdam.

Obligados a vivir dentro de aquel microcosmo territorial, la supervivencia holandesa —como pueblo— exigía racionalizar y sistematizar las iniciativas públicas y privadas.
¡Y Descartes vino al rescate!
Un hecho trascendente será la contribución del filósofo René Descartes a la mentalidad de la sociedad del norte de Europa. A través de su tratado “El Hombre” argumentará que los humanos estamos divididos por dos componentes distintos: una mente inmaterial y un cuerpo material, entendido este último como una máquina perfecta. De este modo, conseguirá separar la mente del cuerpo y establecer una relación jerárquica entre ambos. Por lo tanto, dado que las clases señoriales dominan la naturaleza y buscan controlarla con fines productivos, la mente tendrá que dominar el cuerpo con el mismo propósito.
Esta mirada será aprovechada por los calvinistas para modelar al “buen cristiano”, dado que será aquel que controle su cuerpo, sus pasiones, sus deseos y de este modo acabará autoimponiéndose una orden regular y productiva. Por lo tanto, cualquier inclinación hacia la alegría, el juego, la espontaneidad o los placeres de la experiencia corporal se considerarán potencialmente inmorales.
Todas estas ideas se fusionarán en un nuevo sistema de valores explícitos: la ociosidad es pecado y la productividad es virtud. Dentro de la teología calvinista, la ganancia se convertirá en símbolo del éxito moral. Será la prueba de la salvación. Para maximizar la ganancia, se animará a las personas a que organicen sus vidas en torno a la productividad y aquellos que se queden atrás —durante la carrera por la productividad o caigan en la pobreza— serán marcados con el estigma del pecado. Esta nueva ética de disciplina y de autodominio se convertirá en el centro de la cultura del capitalismo.
La creación de nuevos monopolios
Hasta entonces, las expediciones comerciales funcionaban a partir de pequeñas flotas creadas y controladas expresamente por las monarquías. La mayor parte de las veces, la empresa se constituía por un solo viaje comercial y, a su retorno, la pequeña flota se liquidaba con el fin de no asumir los costes de mantenimiento. Por lo tanto, la inversión en estas empresas era costosísima y resultaba de alto riesgo, no solo por los peligros habituales de la piratería, las enfermedades y los naufragios, sino también por las condiciones del mercado de especias, donde actuaba una demanda inelástica —poco sensible en el cambio de precios— con una oferta relativamente elástica —cambio de precios que hacía aumentar la oferta—, lo cual podía provocar que los precios cayeran justo en el momento equivocado y arruinaran las perspectivas de rentabilidad de la empresa.
Por lo tanto, si la expedición comercial tenía éxito, se ha calculado que la rentabilidad estaba cerca del 400% respecto a la inversión inicial, cosa que permitía a la Corona dinamizar su economía. En cambio, si resultaba un fracaso, era la misma Corona quien asumía las pérdidas y, en consecuencia, era la población quien acababa pagando la deuda a través de la subida de impuestos y la reducción de salarios, dado que la Monarquía gestionaba la violencia.
Pero a principios del XVII, a través de la formalización de unos acuerdos estables —conocidos como cárteles— se obtuvo de los respectivos gobiernos de Inglaterra y de Holanda unas cartas de privilegio concedidas a iniciativas privadas del sector de las especies para comerciar con las Indias Orientales. Con la creación de la Compañía Británica de las Indias Orientales y la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales se pusieron en marcha unos mecanismos empresariales capaces de controlar la oferta y minimizar el riesgo en el comercio mundial de las especies.
La novedad rae en el proceso fundacional de ambas compañías cuando toparon con la problemática de la financiación. Dada la envergadura y los altos costes asociados, los fundadores de las compañías no fueron capaces de financiar la totalidad del coste del proyecto, cosa que provocó la obligatoriedad de conseguir financiación mediante la venta de parte de sus valores a mercaderes y pequeños ahorradores, a los cuales los concedieron una parte de los futuros beneficios de las compañías a cambio.
La bolsa se convierte en la clave del nuevo sistema
De este modo, tanto la Compañía Británica de las Indias Orientales como la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales serán las primeras empresas participadas por accionistas, las cuales cotizarán en la bolsa de valores de Londres y Ámsterdam, respectivamente. A partir de entonces, cualquier empresa inglesa que buscara financiación tendría la posibilidad de comerciar con sus propios valores. En menos de cien años, más de un centenar de empresas inglesas comercializarán sus propios valores en la bolsa de Londres. Por su parte, cualquier residente dentro de las Provincias Unidas tendrá la posibilidad de registrar por escrito —en cualquiera de las 17 Cámaras holandesas— la cantidad de dinero que quiera invertir en bolsa. A principios del siglo XIX, ambas compañías repartirán dividendos anuales por valor de un 40% a todos sus accionistas y serán las primeras compañías que publicarán sus beneficios anualmente.
Sustentados por la racionalidad metódica propia del mundo protestante, tanto ingleses como holandeses conseguirán dar continuidad comercial a aquellas compañías, que a la larga se convertirán en verdaderas multinacionales durante casi trescientos años, gracias a la utilización de la bolsa de valores como mecanismo para financiar las futuras expansiones comerciales. De este modo, el nuevo sistema económico se autorregulará de manera más dinámica y eficiente, a diferencia del antiguo sistema centralizado, el cual todavía restará plenamente vigente. Los nuevos mecanismos financieros y las continuas iniciativas privadas desmenuzarán en pocos años los antiguos monopolios comerciales controlados por los primeros imperios coloniales, los cuales se habían autolegitimado por derecho de conquista a través de los Tratados de Tordesillas, Zaragoza y Cateau-Cambrésis.
Las dos compañías se estructurarán como una corporación moderna de la cadena de suministro global integrada verticalmente y dividida por un conglomerado de empresas que les permitirá diversificarse en múltiples actividades comerciales e industriales, como por ejemplo el comercio internacional, la construcción naval y la producción y comercialización de especias. Las compañías adquirirán tal envergadura a principios del XIX que obtendrán poderes casi gubernamentales sobre sus colonias, como por ejemplo la capacidad de hacer la guerra, encarcelar y ejecutar condenados, negociar tratados, emitir moneda, disponer de bandera propia o conquistar nuevos territorios. El caso más extremo se dará con la Compañía Británica de las Indias Orientales que gobernará India hasta su disolución —a finales del XIX— cuando pasará directamente a manos de la Corona británica.
Por lo tanto, nunca podremos entender la revolución industrial inglesa de finales del siglo XVIII, si la desatamos de la revolución financiera iniciada a principios del siglo XVII. A medida que Inglaterra sea capaz de conseguir más materias primas y más mercados se verá abocada a mecanizar todos sus procesos productivos, a fin de satisfacer la creciente demanda mundial. A mediados de siglo XIX, llegará a controlar el 30% de los mercados mundiales, aunque esto cambiará al finalizar el siglo cuando aparezcan nuevos competidores.

Nunca podremos entender la revolución industrial inglesa de finales del siglo XVIII, si la desatamos de la revolución financiera iniciada a principios del siglo XVII.
Un sistema para satisfacer el bienestar social
A diferencia del mercantilismo, el capitalismo decidirá no consumir todos sus bienes, dado que se organizará de manera racional y metódica con el único propósito de producir, acumular e invertir sus bienes para producir cada vez más. En este sentido, las decisiones de inversión de capital estarán determinadas por las expectativas del beneficio, por lo cual la rentabilidad del capital invertido tendrá un papel fundamental en cualquier actividad económica.
Los sabios ilustrados defendían el capitalismo como el único sistema económico capaz de generar suficiente riqueza para satisfacer el bienestar social, el cual solo sería posible mantener a condición de que se generara un crecimiento económico continuado en la producción de bienes y servicios. Así pues, cubrir esta crucial necesidad social solo será posible si se da una progresiva especialización en el trabajo o bien si se van adquiriendo nuevas habilidades por parte de individuos, empresas, territorios o países. Pero también habrá que mantener inalterable y sin intromisiones la existencia de la libre competencia —argumentada mediante la ley de la oferta y la demanda— la cual requerirá una voluntad de querer hacerlo sin coerciones ni fraudes por parte de los partícipes durante las transacciones comerciales.
Este innovador sistema económico implicará una nueva manera de hacer que se fundamentará sobre la existencia de tres axiomas claves: la acumulación de capitales como fuente para el desarrollo económico, una fuerte privatización de los medios productivos y la obligatoriedad de obtener beneficios constantes. Por lo tanto, los teóricos del capitalismo serán conocedores que el mantenimiento del nuevo sistema económico obligará a buscar sistemáticamente nuevos mercados y a crear nuevas dependencias de consumo cada vez más agresivas entre individuos, empresas, territorios o países de todo el mundo.

El mantenimiento del nuevo sistema económico obligará a buscar sistemáticamente nuevos mercados y a crear nuevas dependencias de consumo cada vez más agresivas entre individuos, empresas, territorios o países de todo el mundo.
La perversidad del sistema
Dentro del mismo sistema se esconde el detonante de autodestrucción que se activa cuando un bien empieza a subir cada vez más de precio, empujado por la idea que su valor nunca podrá caer. Existen pocos ámbitos de la actividad humana en que la memoria histórica cuente tan poco como en el campo de las finanzas.
Las crisis y las burbujas financieras se han ido repitiendo —de una manera más o menos cíclica— desde que el 6 de febrero de 1637, la inversión en bulbos de tulipanes en Holanda hinchara los precios hasta el punto que un bulbo podía llegar a valer lo mismo que una casa, o cuando en 1720 el Estado inglés se dedicó a modificar fraudulentamente el valor real de las acciones de la Compañía de los Mares del Sur para colocar deuda, cosa que les acabaría desencadenando una crisis de dimensiones bíblicas dentro de su economía.
Podrán ser tulipanes, participaciones de empresas públicas, deuda de un país que está creciendo, inversiones en ferrocarriles, acciones de empresas puntocom o activos financieros complejos, pero al final siempre habrá un detonante: una guerra, una quiebra, un rumor o simplemente alguien más listo que provocará que unos cuántos se avancen y vendan los valores, y detrás de ellos lo intente el resto sin conseguirlo. Esto que actualmente denominamos “el estallido de la burbuja”. Se contrae el crédito, el flujo de dinero se paraliza, y aquello que antes valía mucho ahora no vale nada. Empieza la crisis. Cada vez más grande, más expansiva y mucho más contagiosa.
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El mapa político de la Europa de finales del siglo XV se configura después de infinidad de acontecimientos sociales, políticos y económicos de carácter conflictivo ocurridos durante el siglo anterior y con una población reducida a menos del 50% a causa de la Peste Negra. La nueva geografía política surgida de este proceso mostrará una gran variedad de formas institucionales del poder. Junto a las dos herencias del Bajo Imperio cristiano —el Sacro Imperio y el Papado—, las monarquías feudales saldrán ampliamente reforzadas de todo este callejón sin salida estructural, lo cual las legitimará para gobernar de una manera diferente y las llevará a construir un nuevo concepto de Estado.
Para sustentar toda esta nueva concepción del Estado, las monarquías europeas buscarán los mecanismos básicos que les permita consolidar nuevas estructuras estatales con un carácter marcadamente centralizador y unipersonal. Por este motivo, primero combatirán enérgicamente contra todas aquellas familias poderosas —los Armagnac, los Lancaster, los Braganza, los Médici o los Colom— que tengan la capacidad de disputar sus decisiones. El combate no siempre será por medio del uso de la violencia, sino que se empezarán a crear complots para deslegitimarlos o se les aplicará una milimétrica política matrimonial de antropofagia territorial a fin de ampliar las propiedades estatales de forma permanente, sin la necesidad de un derrame de sangre.
La nueva concepción política llevará a cabo un claro arrinconamiento de los órganos más representativos de la ciudadanía —como por ejemplo las Cortes, los Estados Generales o las Dietas— los cuales serán sustituidos por un potente consejo del rey, mucho más especializado. De este modo, el Estado multiplicará su presencia en el territorio a través de la creación de una potente red administrativa vinculada a las diferentes actividades del nuevo sistema de gestión. En poco tiempo, aparecerá el funcionariado, con carácter vitalicio al finalizar el siglo y que permitirá a un segmento de la población enriquecerse ilimitadamente por el solo hecho de trabajar cerca del poder.
Hasta este momento, las monarquías se habían financiado con sus propios recursos a través de rentas ordinarias vinculadas a los derechos señoriales o los beneficios producidos por sus posesiones, ya fuera por la explotación de los bosques, el troquelado de monedas o el tráfico de esclavos. Pero ahora esto ya no sería suficiente.

“La nueva concepción política llevará a cabo un claro arrinconamiento de los órganos más representativos de la ciudadanía —como por ejemplo las Cortes, los Estados Generales o las Dietas— los cuales serán sustituidos por un potente consejo del rey, mucho más especializado.”
Un cambio de paradigma económico
Las monarquías europeas calmarán su ambición a través de la imposición de una triple estrategia: primero, convertirán aquellos suministros del sistema feudal en regulares y en abundantes, lo cual hará aparecer infinidad de fondos de financiación extraordinarios sobre las personas y los bienes, como por ejemplo las tasas sobre los intercambios, la famosa gabela sobre la sal o los impuestos sobre las viviendas, los fuegos, entre otros; segundo, crearán la necesidad de consumo, como por ejemplo nuevos hábitos alimentarios o la introducción de la moda en la necesidad de vestir; y tercero, forzarán liberarse de la necesidad habitual de tener que pedir consentimiento a sus súbditos, los cuales —todavía representados en órganos institucionales— toparán con el argumento que “en tiempo de paz esta petición es del todo innecesaria”. Pero el elemento clave y fundamental que permitirá que todo este nuevo engranaje funcione a la perfección será la creación de un ejército permanente, orientado a controlar el interior —entre amenazas y persuasiones— y a proyectar el poder del monarca hacia el exterior.
El oro continuará siendo el principal problema de la economía europea dado que todavía será del todo necesario para los intercambios. Desde la Antigüedad, la relación Oriente-Occidente había pasado por infinitud de altibajos, pero su balanza comercial siempre había sido deficitaria —respecto al oro— dado que el continente asiático era pobre en yacimientos del preciado metal precioso. El único oro que llegaba con cierta regularidad a Europa —desde el siglo X— era el oro sudanés, pero este nunca llegará a satisfacer las necesidades de la economía feudal.

“El elemento clave y fundamental que permitirá que todo este nuevo engranaje funcione a la perfección será la creación de un ejército permanente, orientado a controlar el interior —entre amenazas y persuasiones— y a proyectar el poder del monarca hacia el exterior.”
El estudio y valoración de los clásicos grecolatinos
La atmósfera de un fuerte dinamismo económico impregnará todo este periodo, el cual obligará a las monarquías europeas a buscar nuevos campos de acción y nuevas fuentes de beneficios que permitan mantener las nuevas y costosísimas estructuras de Estado. Europa representará un espacio demasiado pequeño para satisfacer la ‘grandeur’ de los nacientes Estados modernos, pero sobre todo testimoniará un déficit de materias primeras. Entonces será cuando aparecerá el verdadero deseo de acercarse hasta el origen de las fuentes del oro africano o las especies orientales.
La cosmovisión de la sociedad medieval estaba condicionada por la religión, las leyendas imaginarias y el desconocimiento geográfico, pero esto cambiará radicalmente a partir del Quattrocento con la recuperación de manuscritos griegos ignorados por la Iglesia —que controlaba la cultura— dado que eran considerados textos paganos. Con la introducción de las reglas básicas sobre la correcta traducción latina —promovida por Petrarca y Boccaccio— se conseguirá transcribir correctamente estos manuscritos que cobrarán un nuevo sentido. Las relecturas de gran cantidad de textos clásicos —como por ejemplo Euclides, Pitágoras, Ptolomeo, Eratóstenes y muchos otros— permitirán construir un nuevo pensamiento crítico que conducirá a los sabios humanistas a querer verificar cuánta certeza contienen los textos antiguos sobre el mundo.
Este humanismo favorecerá la rotura definitiva con la tradición medieval y exaltará las calidades propias de la naturaleza humana. Permitirá descubrir el yo humano y le dará un sentido racional a su existencia. Este antropocentrismo desatará el ser de la maravilla metafísica y lo situará ante las puertas de la curiosidad empírica. La divulgación de este pensamiento innovador será posible gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles. Pero este cambio mental también facilitará que un reducido grupo de personas —instaladas tanto a Sagres como Núremberg— empiecen a experimentar y aplicar métodos científicos modernos basados en las matemáticas y la astronomía, los cuales alterarán la cosmovisión universal.

“La cosmovisión de la sociedad medieval estaba condicionada por la religión, las leyendas imaginarias y el desconocimiento geográfico, pero esto cambiará radicalmente a partir del Quattrocento con la recuperación de manuscritos griegos ignorados por la Iglesia —que controlaba la cultura— dado que eran considerados textos paganos.”
La conquista y explotación colonial
Todo ello posibilitará que ambiciosos hombres de negocios se lancen a la búsqueda de rutas marítimas que los conduzcan a nuevos territorios donde encontrar abundantes productos que les permitan satisfacer la creciente demanda de los mercados europeos. Y en este contexto, el Estado favorecerá esta economía expansiva participante —de forma indirecta— en las aventuras comerciales de estos atrevidos emprendedores que mostrarán mucha audacia pero poca experiencia atlántica.
El azar y los alisios condujeron a los primeros navegantes a la zona más poblada del continente americano. La superficie terrestre del “Nuevo Mundo” —sumando tanto el norte como el sur— supone una área de 42,5 millones de km². Antes de la llegada de los europeos, se estima que vivían en todo el continente unos 100 millones de personas, en contraposición a los 1.000 millones que viven actualmente. Y de estos, unos 80 millones de personas vivían en la franja que va entre México y Perú. Por otro lado, en el progresivo descenso hacia el sur del continente africano, los europeos descubrieron que el mundo musulmán había penetrado mucho más allá de lo que pensaban. Más allá de la línea del ecuador se adentraron por un mundo totalmente desconocido y descubrieron el África negra. Con una área de 32 millones de km², las estimaciones actuales hablan de unos 60 millones de personas que podrían vivir en todo el continente africano a finales del siglo XV.
Desde el principio de los viajes hacia el oeste, los primeros navegantes tuvieron la certeza y la conciencia que donde habían llegado no eran las Indias Orientales, sino que se trataba de un territorio completamente diferente. Y al adornarse de este hecho, el Estado desplegó toda su moderna maquinaria jurídica y administrativa para poseerlo legítimamente. Sin encomendarse a nadie y por derecho de conquista, las monarquías europeas empezaron a adjudicarse la propiedad de aquellos territorios, ignorando la población autóctona. En este punto, la religión jugó un papel clave para justificar la destrucción, aniquilación y exterminio de las culturas ancestrales que vivían armónicamente. Un camino similar seguirá el continente africano, aunque este proceso se iniciará unos cientos años más tarde.
A medida que los recién llegados —ya en nombre de la Corona— fueron adentrándose por estos nuevos territorios, descubrirían que los metales preciosos no eran la única fuente de riqueza. En menos de cincuenta años, los mercados europeos serán abastecidos, en cantidades impensables hasta entonces, de infinidad de productos tropicales, como por ejemplo la pimienta, el azúcar, el algodón o el tabaco. La fachada atlántica verá crecer una importante red portuaria que irá desde Cádiz hasta Amberes y vertebrará un nuevo espacio económico. ¡Y entonces, la Corona se autodefinirá Imperio, siempre, con un sol radiante!
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Nos adentramos por primera vez por un camino pedregoso donde se mezclan multitud de planes. La objetividad histórica —basada en el rigor documental— ha sido abducida por un relato claramente intencionado que ha buscado justificar todo aquello que sirviera para construir una unidad de destino universal. Dudar sobre el relato oficial que rodea el “Descubrimiento de América” —donde se fundamenta la matriz hispánica— ha obligado a infinidad de historiadores a tener que trabajar al margen de la Academia, sin ningún otro recurso que su argucia e inteligencia.
La materia prima en la cual se fundamenta la historia son las fuentes documentales. Crónicas, cartularios, testamentos, contratos, disposiciones, novelas, cantos, restos arqueológicos o ‘Lebenswelt’, son una tipología documental específica que cada historiador utiliza para entender y explicar el pasado que —filtrado por su marco mental— acabará modelando una percepción concreta de aquella realidad.
Es por este motivo que, durante la creación del conocimiento, uno se adentrará en apasionantes debates, entre constructivos y estériles. Desacreditar al adversario con ataques personales es síntoma de incapacidad dialéctica. Por lo tanto, todo aquello que esté fuera del rigor empírico nos evoca hacia el mundo de la ficción o la palabrería de café. Pero, ¿qué pasa cuando una fuente documental se demuestra que ha sido alterada, manipulada o quemadura?
Las capitulaciones de Santa Fe
Establecidos en el campamento de Santa Fe de Granada, los recientes vencedores de la guerra de Granada, los más que conocidos Reyes Católicos —título otorgado por el papa Alejandro VI en 1496— firmaban el 30 de abril de 1492 unas capitulaciones o acuerdos con Cristóbal Colón para llevar a cabo una importante empresa ultraoceánica.
Los acuerdos firmados —conocidos como Las capitulaciones de Santa Fe— marcarán el marco jurídico por donde se sustentará todo el descubrimiento de América, pero también serán el origen de los futuros litigios entre la Corona y la familia Colón. Así mismo, quedará patente el otorgamiento de los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todos los territorios descubiertos y todos los beneficios que se derivarán de esta empresa.
Las capitulaciones adquirirán una importancia jurídica capital para Colón y sus descendentes, y por este motivo no se desprenderá nunca de ellas en vida. De la existencia de este original, se tiene constancia hasta el 1526, cuando aparece por última vez entre los documentos conservados en el Archivo de Colón en el monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas (Sevilla). Desgraciadamente, este original no nos ha llegado nunca.
Al mismo tiempo que se libraba a Colón el original de las capitulaciones, se inscribía una copia del original en el correspondiente Libro-Registro de disposiciones legales de la Cancillería Real catalanoaragonesa de Barcelona. Esta entrada está registrada en el libro 3.569, folios 135 y 136, en la sección de ‘Diversorum sigilli secreti’, datada el mismo día de su expedición, o sea el 17 de abril de 1492. Pero así como se patentiza al registro catalán, hasta la fecha no se ha constatado ningún registro similar en cualquier cedulario castellano. Y es muy sabido que las investigaciones sistemáticas llevadas a cabo desde hace siglos en los principales archivos castellanos —Simancas, Indias o Duque de Veragua— han resultado infructuosas hasta el momento.
La construcción jurídica de la empresa marítima
La potestad legislativa en la Corona de Aragón no pertenecía privativamente al monarca, sino que tenía que desarrollarla junto con los tres estamentos: nobleza, clerecía y ciudades y villas. Si la iniciativa provenía del monarca, nacía la constitución, mientras que si salía de los estamentos de las cortes, nacía el capítulo de corte.
Desde 1363, se tiene constancia de esta práctica jurídica a la hora de aparejar armadas por parte del rey con los diputados de las diferentes riendas de la Corona catalanoaragonesa. Es por este motivo, que el rey Fernando firmó las capitulaciones con Colón, motivo por el cual queda recogido en uno de los acuerdos “perquè sia feta Armada en la Senyora del Senyor Rey, de Galées”. Por lo tanto, ni a las fuentes legales del derecho castellano contemporáneas, ni a las del derecho propiamente indiano, se encontrarán normas a través de las cuales puedan ser fijados los conceptos jurídicos que aparecen en detalle en las capitulaciones.
Las capitulaciones serán negociadas y preparadas en Barcelona por un comité formado por Joan de Coloma —representante de la Cancillería Catalana y secretario personal del rey— y por Joan Peres —representante de Colón— el cual era un destacado doctor en medicina y reconocido cosmógrafo y propietario del castillo de Sant Miquel, en las afueras de Pals de Empordà. Y será desde el antiguo puerto de esta villa ampurdanesa, hoy ya desaparecido, desde donde zarpará la expedición ultraoceánica.
Cuando las dos partes llegaron al acuerdo —el 17 de abril de 1492— las capitulaciones fueron enviadas inmediatamente al campamento de Santa Fe de Granada —donde se alojaban los monarcas católicos— para su ratificación oficial (el 30 de abril de 1492) y, posteriormente, fueron entregadas a Cristóbal Colón. Finalmente, a principios de 1493, las Cortes Generales celebradas en Barcelona ratificarán el acuerdo. Todo ello justifica el porqué estas ‘Capitulaciones’ se guardaron únicamente en el Archivo de la Corona de Aragón: porque es allí donde se registraban y se archivaban los documentos de la magistratura afectada.

“Ni en las fuentes legales del derecho castellano contemporáneas, ni en las del derecho propiamente indiano, se encontrarán normas a través de las cuales puedan ser fijados los conceptos jurídicos que aparecen en detalle en las capitulaciones”
La financiación de la empresa marítima
Todos los textos conservados evidencian con mucha claridad que el dinero de la empresa ultraoceànica los avanzó —en gran parte— un valenciano asentado en Barcelona, Lluís de Santàngel, que fue el escribano de raciones de la Cancillería catalana, la cual a menudo ejercía funciones fiscales. La empresa también sería sufragada por otros ilustres personajes como por ejemplo Gabriel Sanxis —tesorero general de la Corona de Aragón—, Joan Cabrero —camarero del rey Fernando— y Alfons de la Cavalleria, consejero real. Se da la circunstancia que todos estos ilustres personajes tenían vínculos comerciales con la familia Colón de Barcelona desde hacía décadas.
Todos los documentos referentes a los pagos reales de la empresa ultraoceánica, cuentan las cifras en ducados, que era la moneda catalana. En cambio, esta moneda no se utilizará a Castilla hasta el 1497, cuando, después de una fuerte oposición de los municipios castellanos para considerarla una moneda extranjera, será impuesta por los monarcas.
Tengamos presente que las estructuras de los dos estados, Aragón y Castilla, siempre se mantuvieron separadas, a pesar de que se crearon organismos comunes a las dos coronas, como por ejemplo la Inquisición. Por lo tanto, cada corona tenía su tesorería, con su tesorero, sus escribanos y sus archivos reales. En consecuencia, si aplicamos el método científico para averiguar quién pagó la empresa del descubrimiento, solo habrá que repasar los libros de cuentas de ambas tesorerías. Desgraciadamente, es imposible repasar el libro de cuentas de la tesorería catalana dado que ha desaparecido. En cambio, otras fuentes contemporáneas catalanas hablan que se estaban destinando miles de ducados para pagar naves y tripulaciones durante todo aquel periodo.
Ahora bien, y ¿qué pasa cuando repasamos el libro de cuentas de la tesorería general castellana? Por cierto, ¡es público y en edición moderna! Pues que no aparece ninguna salida de dinero destinada a ninguna expedición marítima durante los años noventa del siglo XV. No hay ningún documento que hable de dinero referente a naves, pilotos, tripulaciones o expediciones de ninguna clase.

“Desgraciadamente, es imposible repasar el libro de cuentas de la tesorería catalana, dado que ha desaparecido. En cambio, otras fuentes contemporáneas catalanas hablan que se estaban destinando miles de ducados para pagar naves y tripulaciones durante todo aquel periodo.”
El triunfo de la empresa marítima
Cristóbal Colón fue recibido con todos los honores por los monarcas católicos en el Palacio Real de Barcelona, el 3 de abril de 1493, después de haber completado el primer viaje transoceánico. Las crónicas contemporáneas explican que la audiencia tuvo un grandísimo eco, y reunió un montón de curiosos venidos de todas partes.
Colón había conseguido encontrar el continente perdido del cual hablaban infinidad de textos antiguos: las tierras existentes en el otro lado del Atlántico “y que desde el hundimiento de la Atlántida habían quedado incomunicadas”. Y como prueba de este descubrimiento —de este “Nuevo Mundo”— presentó ante los reyes y a las altas instancias del reino, los indígenas, animales, metales y plantas que habían llevado. Pruebas fehacientes que demostraban que venían de unas tierras hasta entonces desconocidas.
De hecho, en las Capitulaciones de Santa Fe queda escrito que la empresa se compromete a descubrir unos territorios “que están en dirección a las Indias”. Como que entonces no había ningún referente geográfico para ilustrar una expedición que tenía como objetivo ir al otro lado del Atlántico, se utilizó el referente geográfico de las Indias y China del Gran Kan. Ambos casos, ampliamente descritos por los Viajes de Marco Polo, de finales del siglo XIII.
Cómo constatan los documentos oficiales de los primeros viajes colombinos, los topónimos empleados para designar los “nuevos lugares” serán: la Florida, la isla Montserrat, la región de Valençuela, la isla Margalida o la Jamaïca. Será a partir de la expulsión de Colón de todas sus posesiones americanas y el cambio de la política de la Corona —a mediados de siglo XVI— que empezarán a aparecer los topónimos castellanos.
Los litigios a raíz del descubrimiento de la empresa marítima
Cuando Colón volvió de su primer viaje, los reyes le confirmaron todos los poderes estipulados en las Capitulaciones de Santa Fe. Pero al volver de la segunda expedición, la monarquía se dio cuenta de que las tierras descubiertas no eran cuatro islas perdidas, sino que se trataba realmente de tierra firme. Esta percepción provocó que la monarquía se replanteara los poderes otorgados a Colón.
El problema jurídico con el que se topó la monarquía era grave. ¡Eran conscientes que habían aceptado y firmado unas capitulaciones, en las cuales se permitía el nacimiento de una nueva dinastía instalada en un Nuevo Mundo y dónde Colón acontecería el virrey vitalicio, además de ser un título hereditario!
Conocedores de esta problemática y en ausencia del afectado —puesto que se encontraba en expedición— el rey Fernando cambiaría las reglas del juego. La reforma virreinal de 1493 comportó una limitación del poder del virrey, el cual quedaría subyugado al poder del rey y la posibilidad de destituirlo siempre que se demostrara traición a la Corona. En 1500, Francisco de Bobadilla acusaría Colón de traicionar a la Corona.
Toda la documentación sobre el proceso contra Colón ha desaparecido. Por fuentes indirectas, se sabe que la Corona requisó toda la documentación que Colón tenía que aportar en defensa propia. Y también se sabe que los informes en que se basaron las acusaciones fueron elaborados por Pere Bertran Margarit y Bernat Boïl.
Y después de todo este montaje, Colón fue liberado pero desposeído de todos los títulos firmados en las capitulaciones. O sea, aconteció un personaje inofensivo para el poder. A partir del siglo XVI, se iniciará un largo periodo de litigios —primero contra Colón y después hacia sus descendentes— para restituir los acuerdos. Durante más de ochenta años, la familia Colón pleiteará contra la monarquía, pero se convertirá una cuestión estéril.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
David Bassa i Jordi Bilbeny: Totes les preguntes sobre Cristòfor Colom. Col·lecció Descoberta, Llibres de l’Índex, 2015.
Jordi Vila: Les Capitulacions colombines de 1492: un document català. 1r Simposi sobre la Descoberta Catalana d’Amèrica, Arenys de Munt, 2001.
Jordi Bilbeny: Cristòfor Colom, príncep de Catalunya, Proa, Col. Perfils, Barcelona, 2006.
Jordi Bilbeny: Inquisició i Decadència: Orígens del genocidi lingüístic i cultural a la Catalunya del segle XVI, Librooks, Barcelona, 2018.
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Hasta mediados de siglo XX, la versión oficial sobre la expedición transoceánica que supuso el descubrimiento del “Nuevo Mundo” se movió entre el mito y el argumentario romántico. Pero nada de lo que se había explicado hasta entonces ha resultado ser del todo cierto, ni siquiera lo son los lugares tanto de salida como de vuelta. Durante décadas, un reducido grupo de historiadores —rechazados por la Academia e ignorados por los medios— han persistido en su trabajo de descoyuntar una telaraña premeditada de falsedades que rodean los verdaderos hechos.
Si rehuimos de la fantasía y nos centramos en hacer un verdadero análisis de la realidad histórica, la cual está fundamentada en el estudio objetivo y científico de las fuentes documentales —sean directas o indirectas, primarias o secundarias— rápidamente nos daremos cuenta de que la usurpación de la identidad histórica sobre la expedición transoceánica realizada contra el almirante catalán Cristóbal Colón es un hecho real. ¡Y así es!
Sin ninguna mochila —ni económica ni institucional— que condicione las investigaciones, un reducido grupo de historiadores han sido capaces de encontrar la mirada silenciada por la censura castellana sobre el descubrimiento de América y la identidad real de sus protagonistas. Los estudios comparativos de manuales divulgativos, historias generales o planisferios, tanto de ediciones castellanas, portuguesas como francesas, han permitido descubrir como la Corona de Castilla —a través de una penetrante censura apoyada por unas de leyes específicas— llegó a controlar la mayor parte de los textos que narran los hechos sobre la emprendida americana. Por suerte, la curiosidad ha desenmascarado la manipulación y ha revelado la tosquedad con la cual trabajó la Corona de Castilla para fiscalizar los hechos, a fin de confundir la opinión pública sobre la verdadera autoría del descubrimiento.
Por lo tanto, tampoco nos tiene que extrañar que la epopeya castellana aparezca a principios del siglo XVI, justo cuando Colón es desposeído de todos los títulos firmados en las “Capitulaciones de Santa Fe” que, recordémoslo, fue el marco jurídico por donde se sustentó todo el descubrimiento de América. Con aquel juicio, la Corona consiguió que los Colón fueran una familia inofensiva para el poder. Ciertamente, a partir de entonces se inició un largo periodo de litigios —primero contra Cristóbal Colón y después hacia sus descendentes— para anular los acuerdos. Durante más de ochenta años, la familia Colón pleiteará contra la monarquía, pero se convertirá una cuestión estéril.
Una documentación adulterada
La tarea puesta en marcha —primero por la Corona de Castilla y más tarde por España— ha promovido a lo largo de los siglos un seguido de versiones oficiales y singulares, con infinidad de datos mezclados, lugares inverosímiles de vuelta, personajes reales mezclados con ficticios, cambios de identidad o disparidad de orígenes naturales de los principales personajes. Esto ha permitido configurar un relato novelesco, mutable a los gustos de la audiencia y perfecto para cubrir las necesidades de la política de España, en cada momento. Por lo tanto, no nos debería extrañar que la épica se haya fundamentado en una premeditada nebulosa. Pero esta premeditada confusión se ha empezado a disipar con la aparición de destacados estudios foráneos a los círculos españolistas, los cuales han conseguido revertir la tendencia de repetir como un mantra la narración oficial.
Un ejemplo de este cambio de tendencia han sido las investigaciones de la historiadora norteamericana Alícia Gould, las cuales han permitido reseguir todos los apellidos de los expedicionarios que aparecen en los supuestos registros oficiales de los diferentes viajes de Colón, y se ha llegado a la siguiente conclusión: ¡nada es verdadero, todo es humo! Porque su investigación ha ido mucho más allá de los textos donde aparecen los listados de los nombres de los tripulantes. La investigación ha constatado que la mayoría de los apellidos de los tripulantes no tienen ninguna continuación documental que certifique que tal marinero o personaje —que aparece a los listados— tuvo una existencia efectiva y real. Pero también sorprende muchísimo que en estos famosos listados no aparezca ningún apellido catalán entre la tripulación. Entonces, si pensamos que todos estos apellidos han sido adulterados y buscamos sus equivalentes en catalán —Garay por Garau o Fernández por Ferrandis o Cases por Casaus—, resulta que todos encajan con apellidos muy documentados, no solo como personajes reales catalanes de carne y huesos, sino como marineros, cosmógrafos o militares.
En conclusión, las crónicas colombinas que nos han llegado denotan una clara adulteración, dado que están llenas de anacronismos e importantes incoherencias temporales, cosa que parece inexplicable cuando teóricamente —la fuente principal— fue escrita por un bibliófilo, culto y con gran memoria, como fue el hijo de Colón. La crítica textual ha permitido demostrar que todos estos supuestos originales han sido retocados. Por este motivo, creerse las fuentes a ojos cerrados, sin ejercer ningún tipo de crítica documental, ni sospechar de las intencionalidades políticas de los arreglistas de los libros, nos lleva, más que al rigor y al academicismo historiográfico, directamente a la fe.
La tarea puesta en marcha —primero por la Corona de Castilla y más tarde por España— ha promovido a lo largo de los siglos un seguido de versiones oficiales que permiten configurar un relato novelesco, mutable a los gustos de la audiencia y perfecto para cubrir las necesidades de la política de España, en cada momento.
El punto de salida de la expedición
Hoy sabemos por destacados trabajos de investigación de las historiadoras —tanto de la pionera Núria Coll como de Eva Sans— que la villa de Pals d’Empordà tuvo un importante puerto natural. Y lo sabemos porque estos estudios han permitido documentar infinidad de testigos que hablan sobre transacciones comerciales que se llevaban a cabo y, por lo tanto, se había convertido en un relevante puerto comercial desde principios del siglo XIII. Además, la toponimia y la arqueología del paisaje han permitido identificar tanto restos de edificaciones como accidentes geográficos documentados en antiguas cartografías. Todo esto, compaginado con estudios paleo-hidrográficos del entorno de Pals, vienen a confirmar aquello que los documentos testimonian.
Si tenemos presente que la superficie del planeta está expuesta a un cambio constante que provoca movimientos regulares, y entendemos que los mares se alejan de las playas o al revés, entenderemos que el entorno de Pals de finales del siglo XV no tiene nada que ver con el paisaje de Pals que vemos hoy en día. ¡Es obvio!
Por lo tanto, aquello que sorprende más de la versión oficial —en lo referente al punto de salida de la expedición transoceánica de Colón— es el topónimo de donde sale: Palos de Moguer. Sin duda es el mismo caso que Sant Esteve de les Roures, dos lugares que no existen, ni han existido nunca. Ciertamente, en la provincia onubense existen dos pueblos, separados por 16 km, que responden al topónimo de Palos de la Frontera y Moguer. Ambos casos se encuentran además de 40 km del litoral atlántico. Y por si no fuera suficiente, todavía sorprende más cuando averiguamos que ninguno de los dos lugares ha sido nunca rodeado por murallas ni han tenido un campanario de estilo gótico catalán de 21,28 metros de altura.
Tengamos presente que en el siglo XV, Cataluña se había convertido en una importante potencia náutica europea. De hecho, es donde se encontraban las más destacadas escuelas de pilotos, centros de cosmografía, talleres de instrumentación por la navegación y montón de especialistas en confección de cartas náuticas. Además, desde mediados de siglo XIII, el Principado había llevado a cabo una política insular muy activa que consolidó más de un centenar de consulados de mar esparcidos en todo el Mediterráneo.
En cambio, por la misma época, en Castilla no había ni escuelas de náutica, ni escuelas de pilotos, ni centros de cosmografía, ni ningún tipo de infraestructura náutica capaz de llevar a cabo una expedición transoceánica como la que realizó el almirante catalán Cristóbal Colón. Son muchos los historiadores que remarcan la profunda contradicción que supone la expedición americana en sí misma, dado que esta sería ejecutada en un contexto donde Castilla todavía continuaba guerreando dentro de su territorio contra el mundo árabe, no disponía de ninguna infraestructura comercial desarrollada, y menos todavía, tenía una flota naval suficientemente potente para llevarla a cabo. En un contexto de una profunda crisis económica —que acabará con la revuelta de las Comunidades castellanas— se hace extraño que Castilla tuviera a la vez suficiente capacidad militar, y sobre todo náutica, para poner en marcha una expedición transatlántica. Como dato relevante, la creación del primer consulado castellano —el de Sevilla— se hará efectivo en 1543.
Pero la prueba definitiva sobre el punto de salida de la expedición de Colón nos la da Antonio de Herrera en la portada de su obra “Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Oceano”, donde en ambas ediciones de 1601 y la de 1726 aparece un grabado que teóricamente quiere ilustrar “la villa de Palos” de Andalucía, cuando en realidad nos está representando meticulosamente la silueta de villa de Pals d’Empordà. Solo hay que observar el grabado para reconocer rápidamente su característico campanario. Aun así, aparece la representación de las tres carabelas, las cuales curiosamente llevan la bandera catalana, cosa que se repite sucesivamente en los grabados que ilustran el interior de la obra. Y por si todo esto no fuera suficiente, la cita que acompaña el grabado dice textualmente: “El Almirante salió de Palos, villa del conde de Miranda, a descubrir”. Pues, como ha remarcado la historiografía española, el Palos andaluz pertenecía al conde de Niebla. En cambio, el señor de Miranda era el conde d’Empúries. ¡Continuamos!
Palos de Moguer es, sin duda, el mismo caso que Sant Esteve de les Roures, ¡dos lugares que no existen, ni han existido nunca!
El punto de vuelta y recepción de la expedición
Hoy sabemos de lo cierto que el almirante catalán Cristóbal Colón fue recibido con todos los honores por los monarcas católicos en el Palacio Real de Barcelona, el 3 de abril de 1493, después de haber completado el primer viaje transoceánico. Y este acontecimiento —aceptado por toda la historiografía— fue absolutamente silenciado por la versión oficial hasta no hace mucho.
Durante siglos, tanto Portugal como Andalucía ostentaron de este privilegio, hasta la irrupción del estudio del historiador Antoni Rumeu de Armas, quen a través de su extenso trabajo “Colón en Barcelona” —y publicado en plena dictadura franquista (1944)— tuvo la valentía de documentar la llegada del Descubridor de América a la capital catalana. El estudio de Rumeu de Armas fue un trabajo clave para el futuro de los estudios colombinos, y contribuyó con una innovadora investigación —por el detalle y por la precisión de la investigación— en testimoniar como la ciudad de Barcelona tuvo un papel fundamental en el descubrimiento del “Nuevo Mundo”. A partir de entonces, no han parado de aparecer documentos de todo tipo que constatan que el recibimiento del descubridor se hizo en Barcelona.
Rumeu de Armas fue capaz de demostrar que la versión oficial estaba edificada sobre una falsedad cuando se hablaba de Palos de Moguer como el lugar de salida y vuelta de la expedición. El análisis de la documentación —sobre todo del diario de a bordo— permitió demostrar que el binomio Pals de Ampurdán-Barcelona fueran los verdaderos puntos de salida, vuelta y recepción de la expedición. Del diario de a bordo también se deduce que la expedición fue planificada como un viaje de reconocimiento. Por lo tanto, de una corta duración y con una vuelta más o menos fijada.
En este primer viaje, Colón había conseguido encontrar el continente perdido del cual hablaban infinidad de textos antiguos: las tierras existentes en el otro lado del Atlántico “y que desde el hundimiento de la Atlántida habían quedado incomunicadas”. Y como prueba de este descubrimiento, de este “Nuevo Mundo”, presentó ante los reyes y las altas instancias del reino, los indígenas, animales, metales preciosos y plantas que habían traído. Pruebas fehacientes que demostraban que venían de unas tierras hasta entonces desconocidas.
Aun así, los Reyes Católicos —desde el verano de 1492— se alojaron entre Barcelona, Girona y Figueres, dado que el Principado se encontraba inmerso en un conflicto territorial con los franceses, que habían invadido la Cerdaña y el Rosselló, a fin de intercambiarlos por el reino de Nápoles. Entonces, el rey Fernando el Católico —que velaba por los intereses de sus estados— empezó a organizar la defensa militar del territorio. Y es por este motivo que ambos monarcas encontrándose en Cataluña y sabiendo que la expedición era solo de reconocimiento y, por lo tanto, de corta duración, esperaron la vuelta de Colón a Barcelona. Y fue allí hasta donde se acercó una delegación portuguesa para negociar el reparto de las nuevas tierras descubiertas, proceso que finalizará con el Tratado de Tordesillas. Y también fue hasta allí donde llegaron las bulas de donación pontificia —del Papa Borja, “il papa catalano”— las cuales serían hechos públicos por el obispo Pedro Garcia de Barcelona. Además, las crónicas contemporáneas explican que la audiencia de Barcelona tuvo un grandísimo eco, y que el recibimiento fue una auténtica fiesta popular y espontánea, con todos los barceloneses festejándolo en la calle, un hecho que no recoge ninguna crónica castellana.
Tal como explica la crónica del Padre Casaus, el oro que llegó del segundo viaje de Colón fue requisado íntegramente por los oficiales y aduaneros del reino, cosa que permitió sufragar la campaña de recuperación de la Cerdaña y el Rosselló, y permitió financiar la construcción de la fortaleza de Salses. Pero el hecho más preocupante sucederá en el decurso del tercer viaje, cuando Francisco de Bobadilla —con amplios poderes para juzgar al almirante— confiscará la totalidad de su mercancía argumentando que no se habían enviado todas las riquezas promesas a la Corona. De este modo empezó una auténtica campaña de desprestigio público que acabaría con la detención de Colón.
Toda la documentación sobre el proceso contra Colón ha desaparecido. Por fuentes indirectas, se sabe que la Corona requisó toda la documentación que Colón tenía que aportar en defensa propia. Y también se sabe que los informes en que se basaron las acusaciones fueron elaborados por Pere Bertran Margarit y Bernat Boïl, representantes de la Corona. Por lo tanto, no nos debe que extrañar el tipo de juicio-farsa —cosa a la que ya nos tiene acostumbrados la Corona de Castilla— en el cual se vio involucrado primero Cristóbal Colón y después su familia. En un acto de osadía extraordinaria, la Corona se extralimitó cuando desposeyó por medio de falsedades —al navegante más famoso del momento— de todos sus títulos adquiridos merecidamente.
Llegados hasta aquí, la historia del descubrimiento de América es una cuestión inmoral para los catalanes. Desde el siglo XV, la catalanofobia ha marcado las relaciones entre Castilla y Cataluña. No podemos continuar aceptando el origen genovés del Descubridor, no podemos continuar creyendo que la configuración de la tripulación de las tres carabelas fuera castellana y —por encima de todo— no podemos continuar legitimando a Castilla como la promotora de la expedición transoceánica que supuso el descubrimiento del “Nuevo Mundo”. Perdón, según la versión oficial, con la ayuda inestimable de la reina Isabel de Castilla que —con el empeño de sus joyas personales— ayudó a sufragar todos los gastos del viaje. Todo ello, ¡no tiene ningún sentido!
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
- Antonio Rumeu de Armas: En Colom a Barcelona, Editorial Llibres de l’Índex, 2012.
- Eva Sans i Narcís Subirana: El Port de Pals. ANNALS de l’Institut d’Estudis Gironins, Volum LIV, Girona, 2013.
- David Bassa i Jordi Bilbeny: Totes les preguntes sobre Cristòfor Colom. Col·lecció Descoberta, Editorial Llibres de l’Índex, 2015.
- Jordi Vila: Les Capitulacions colombines de 1492: un document català. 1r Simposi sobre la Descoberta Catalana d’Amèrica, Arenys de Munt, 2001.
- Jordi Bilbeny: Cristòfor Colom, príncep de Catalunya, Proa, Col. Perfils, Barcelona, 2006.
- Jordi Bilbeny: Inquisició i Decadència: Orígens del genocidi lingüístic i cultural a la Catalunya del segle XVI, Librooks, Barcelona, 2018.
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El conflicto en Ucrania es el último ejemplo que ha puesto de manifiesto la creciente importancia de las sanciones económicas como instrumentos de coacción en las relaciones geopolíticas internacionales. Analizamos como el SWIFT, un protocolo de comunicación entre bancos, se ha convertido en una arma estratégica de Occidente.
El origen de las telecomunicaciones entre las redes bancarias globales se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el recientemente desarrollado telégrafo eléctrico permitió unas comunicaciones más ágiles entre mercados bursátiles. El telégrafo establecía un sistema de negociación continuo, de casi tiempo real, que reducía las diferencias entre los precios de los valores de mercados separados por grandes distancias geográficas.
El año 1872, la Western Union usó su red telegráfica existente para lanzar el primer servicio de transferencias electrónicas que fue ampliamente utilizado. Un remitente pagaba dinero a una oficina telegráfica, y el operador transmitía un mensaje para permitir la transferencia de dinero a otra oficina, que mediante contraseñas y libros de códigos era verificada para que los fondos fueran librados a un destinatario.
A principios del siglo XX el telégrafo fue lentamente sustituido por las máquinas de teletipo o télex, un sistema desarrollado por Alemania que aprovechaba las líneas telegráficas y permitía a los usuarios escribir un mensaje en algún lugar e imprimirlo en el otro lado del mundo. A pesar de que el télex proporcionó al sector bancario una plataforma básica para los negocios, y un medio operativo a través del cual podían empezar a expandirse, la necesidad de asegurarse que los mensajes fueran seguros y precisos añadía mucha complejidad al sistema, que pronto se vio incapaz de asumir la presión de un mundo financiero cada vez más globalizado.
A medida que el incremento de transacciones hizo evidente que los límites de este sistema de comunicación suponían una restricción para la expansión del negocio bancario, los bancos, especialmente los europeos, decidieron explorar otras opciones. Una decisión espoleada por un subsidiario del banco americano, el First National City Bank (FNCB), que quería obligar los otros bancos a usar su sistema de télex patentado. Un ultimátum que horrorizó los bancos europeos, que veían como se pasaba de un sistema basado en la cooperación entre rivales a un monopolio a manos del socio americano.
Los bancos de 15 países crearon una empresa privada, SWIFT, las siglas en inglés de Society for Worldwide Interbank Telecommunication o Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales, con sede en Bruselas, y dirigida como una empresa cooperativa global. SWIFT simplificó los procedimientos y minimizó los errores usando un formato estandarizado de mensajería que fue adoptado globalmente.
Redes de comunicación y la coerción estatal
El tira y afloja entre el nuevo y viejo continente por el control de un sistema global de comunicaciones interbancarias puso de manifiesto un fenómeno que ya se había visto con la aparición del telégrafo durante la época colonial. Mientras que estos sistemas de comunicación no se crearon pensando en la geopolítica, era inevitable que los grandes actores de la economía global los utilizaran como herramientas para controlar, espiar y castigar otros estados que compiten por los mismos intereses.
Un hecho que no deja de ser irónico en el caso de SWIFT, creado por Europa para mantener su soberanía respecto de los Estados Unidos, pero que finalmente ha estado incapaz de resistirse a obedecer las órdenes de Washington, incluso cuando van en contra de intereses europeos, como pasó cuando el presidente Donald Trump abandonó unilateralmente el acuerdo nuclear con Irán.
Los politólogos Henry Farrell i Abraham Newman lo definen como interdependencia armada, “weaponized interdependence”. En cuanto al SWIFT, explican: “En este mundo, las redes que permiten la interdependencia global ya no sirven como medios neutrales de transmisión de información o dinero. Por el contrario, se están convirtiendo en las herramientas de proyección de poder de los grandes estados”.
El uso de sanciones por parte del gobierno americano, contra enemigos y aliados, puramente por intereses económicos y geopolíticos, no empezó con la administración del presidente Donald Trump, pero es cierto que Trump hizo una expansión sin precedentes de las medidas económicas punitivas para promover la agenda de su administración. Un abuso de una posición de privilegio que inicialmente da buenos resultados, pero que es contraproducente a largo plazo cuando otros estados cuestionan las alianzas con los Estados Unidos, y buscan alternativas a las herramientas monetarias ligadas al poder hegemónico de este país.
Sistemas alternativos y las criptomonedas
Las últimas sanciones económicas a Rusia, y la exclusión de algunos de sus bancos del sistema SWIFT, siguen la misma tendencia de los últimos años, y no hacen más que consolidar los esfuerzos por parte de China, Rusia, e incluso la Unión Europea, para buscar sistemas alternativos que puedan blindar sus economías. Un nuevo golpe al sistema que podría desencadenar una reacción de cambio en cadena.
El 2017, Rusia puso en funcionamiento el Financial Messaging System of the Bank of Russia (SPFS), equivalente al SWIFT, y el 2015, China lanzó un sistema parecido llamado The Cross-Border Interbank Payment System (CIPS). Dos sistemas alternativos que todavía quedan lejos de poder sustituir totalmente al SWIFT, pero que cuando menos ayudan a reducir la efectividad de las posibles sanciones impuestas a bancos de estos dos países para dejarlos fuera del protocolo de comunicación interbancaria establecido por los bancos occidentales.
Por otro lado, la revolución de las criptomonedas basadas en las cadenas de bloques son otra herramienta que países como Corea del Norte e Irán ya han utilizado para eludir sanciones económicas, y la exclusión de sus bancos del ecosistema del SWIFT. El rublo digital es solo una de las varias herramientas digitales mediante las cuales el gobierno ruso puede impulsar el comercio bilateral con países aliados, tal como ya ha hecho China con el yuan digital.
No obstante, es indudable que el uso de sanciones económicas tendrán un impacto significativo en la economía de Rusia, y en menor medida en la de la Unión Europea. Aun así, también es evidente que el abuso de esta herramienta de persuasión o castigo está reduciendo su efectividad y promoviendo la creación de sistemas alternativos, que en última instancia son inevitables en un escenario geopolítico global multipolar, que ya no se conforma en estar sometido a las imposiciones e intereses de un solo país.
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L’economia ha estat una de les grans protagonistes de la relació entre Catalunya i Espanya. Tot realitzant un exercici de síntesi, recollim nou d’aquests moments claus de la nostra història. Potser no són els més coneguts, però, sens dubte, sí que són els que han marcat un abans i un després. Un rere l’altre, ofereixen una cronologia dels encontres i desencontres.
“Mentre Espanya no comprengui el fet català,
Espanya estarà sotmesa a tots els infortunis.”
Américo Castro, 1924
1479. La construcció d’un Estat dinàstic
Després de la Guerra Civil castellana, els dos regnes més extensos de la península Ibèrica (Castella i la Confederació Catalana) van crear plegats una nova entitat política coneguda amb el nom de Monarquia Hispànica. Aquest Estat dinàstic es va configurar a partir de la unió de només dos elements clau: l’exèrcit i la política exterior. Per a la resta d’elements que configuren un Estat modern, com ara fronteres, monedes, lleis i institucions, van romandre totalment separats. Així, pel que fa a la configuració i repartiment del poder, cal tenir present que, mentre Castella s’articulava segons l’autoritat de la reina (Isabel), sempre per sobre de la noblesa i l’església, en canvi, la Confederació Catalana es va organitzar al voltant de la Constitució de l’Observança, que obligava el rei (Ferran) a governar i pactar d’acord amb les lleis del Principat. Vet aquí una primera diferència en el sistema d’organització polític i econòmic entre Espanya i Catalunya.
1556. La deriva de la història
A la mort de la reina castellana (Isabel), l’Estat dinàstic peninsular va estar a punt de desfer-se. Després de vicissituds familiars, el tron l’acabarà ocupant el net, per incapacitat de la filla (Joana) i per la mort del gendre (Felip). D’aquesta manera, la unió dinàstica entre els dos regnes va quedar confirmada definitivament en les persones de Carles (futur emperador) i els seus successors. Durant anys, l’emperador Carles va buscar consolidar la idea d’una monarquia universal que fos políglota i oberta per a tot el territori de l’imperi dels Habsburg. La política de l’emperador va anar encaminada a canviar el rumb de la història europea. De res li va servir creure que era possible la convivència entre els drets de les ciutats i els de les regions amb l’estructura imperial, atès que la idea de l’Estat Nació s’estava imposant, empesa en gran part per la Reforma. Tampoc no va aconseguir mai crear les complicitats necessàries entre castellans i catalans per forjar un país comú.
1585. La perversitat del sistema
La tardor de 1585, el rei Felip II de Castella va presidir la celebració de les Corts Generals de la Confederació Catalana a Montsó. Seguint la tradició instaurada pel seu pare (Carles), Felip II reconeixia així la dualitat de poder en el territori peninsular que conformaven les corones de Castella i Catalunya. El sistema parlamentari sempre comporta tensions —perquè el debat ho té—, però semblava que s’arribaria a un acord. El problema va sorgir quan els oficials reials van intentar boicotejar descaradament les resolucions de les Corts. I encara és més pervers quan la Monarquia —de manera unilateral— decideix manipular i tornar a redactar els acords presos per les Corts Catalanes per afavorir els seus interessos. Entre les alteracions més destacades i que van afectar de ple tota la Confederació Catalana, hi havia aquelles relatives al control del comerç, a l’augment de la despesa de la Reial Audiència en territori de la confederació i que van diluir el control que la Diputació del General (la Generalitat) pogués tenir sobre el Sant Ofici (la Inquisició), el braç repressor de la monarquia.
1626. Cap a una unitat centralitzada única
El març del 1626, Barcelona rep el rei de Castella, Felip IV, que havia arribat a la ciutat per jurar les Constitucions catalanes. El motiu no fou altre que poder desencallar l’ambiciós pla del ministre del rei, el comte duc d’Olivares. El projecte, conegut com la «Unión de Armas», pretenia que cada regne que formava part de Castella —o sigui, principalment la Confederació Catalana— aportés un nombre determinat de diners i soldats. Però el que no van calibrar bé les oligarquies castellanes va ser que si Felip IV jurava les Constitucions catalanes, certament se li atorgava automàticament el títol de comte de Barcelona, cosa que l’obligava a fiscalitzar els seus recursos. Per tant, els catalans estaven més interessats que s’aprovessin les seves propostes de noves Constitucions catalanes i que s’atenguessin els greuges, que no pas a participar en guerres absurdes. Curiosament, dues dècades més tard, el territori nord-català serà extirpat del cos principal de manera deshonesta. I no serà fins quaranta anys més tard que Castella notificarà oficialment a la Generalitat la pèrdua del territori nord-català.
1760. Les regles del joc canvien
Des de feia unes dècades, una nova família d’origen francès ostentava el tron de Castella, els Borbons. Enrere havia quedat la disputa oberta sobre aquell ascens, fins al punt que s’havia hagut de dirimir en el camp de batalla. Passades quatre dècades del Decret de Nova Planta, el rei Carles III va convocar les Corts generals a Madrid. En aquell nou paradigma polític sorgit del camp de batalla, els representants dels antics territoris de la Confederació Catalana —format per Catalunya, Aragó, València i Mallorca— van presentar plegats un memorial que contenia una crítica frontal al sistema borbònic vigent. Simplificant molt, el document conegut com el “Memorial de Greuges” defensava que el nou Estat havia de vetllar per la pluralitat territorial i havia d’allunyar-se d’estructures centralistes i unificadores.
1810. La construcció d’una nova realitat política
En un context de guerra europea, arribaren fins a Cadis més de 240 diputats d’arreu del territori convençuts que anaven a fer història, atès que s’anava a redactar una moderna Constitució. El rei Carles IV d’Espanya havia estat deposat per absolutista, després de l’ocupació francesa del territori peninsular. A les Corts de Cadis es va establir que el poder residia en el conjunt dels ciutadans, representats a les Corts. Però Cadis també va suposar —per primera vegada— l’oportunitat real per la qual els polítics catalans van ser cridats a participar activament en el nou sistema polític espanyol que s’estava creant. En aquell revolucionari context, la delegació catalana va defensar obertament la proposta de modernitzar Espanya d’acord amb el projecte austriacista liquidat feia menys d’un segle. Per tant, calia fonamentar el desenvolupament econòmic i social d’acord amb la industrialització dels territoris. Però pel Tractat de Valençay es va restituir en el tron a Ferran VII com a monarca absolut, i va frustrar totes aquelles idees modernes sorgides de les Corts de Cadis i de la seva revolucionària Constitució, que havia sacsejat Espanya.
1870. La història sempre ofereix una segona oportunitat
Aquell estiu del 1870 a París, Maria Isabel Lluïsa de Borbó i Borbó-Dues Sicílies, reina d’Espanya, abdicà. Aquesta renúncia del poder —igual que l’emperador Carles— era la conseqüència d’un intens debat polític sobre com s’havia d’articular la modernitat d’Espanya. La disputa entre carlins i liberals s’havia dirimit en els camps de batalla durant les darreres tres dècades. Però durant les dècades següents l’atzucac continuaria. Espanya havia entrat en un laberint del qual trigarà cent anys a sortir. La modernitat va comportar una profunda transformació estructural, inclòs el repartiment del poder. La historiografia ha abordat aquest període des de la perspectiva de la primera crisi del capitalisme espanyol. Però, en realitat, a l’origen del problema econòmic de tot plegat hi ha la corrupció.
Polítics, militars i nobles van especular tant en les companyies ferroviàries com en la construcció, fins al punt que a finals de la dècada hi va haver un crac borsari de dimensions bíbliques. La Guerra Civil dels Estats Units va provocar un augment dels preus de la matèria primera —el cotó—, motor de la indústria tèxtil catalana, que —per manca de previsió de l’Estat— va provocar la ruïna de molts empresaris d’aquest sector. I un període perllongat de males collites va provocar un augment estrepitós del preu dels aliments bàsics, que va afectar negativament les classes més populars. En aquest context tan difícil i atès que l’Estat estava tan endeutat, es van aportar dues solucions: per una banda, augmentar la pressió fiscal sobre les classes populars i, per l’altra, embolicar-se en una aventura colonial com va ser la Guerra de les Illes Xinxa, davant les costes del Perú.
1931. La muntanya és un bon lloc per pensar
Aquella primavera del 1931, Espanya va optar per gestionar el poder seguint una fórmula fracassada en el passat. La corrupció havia esgotat el sistema de la Restauració borbònica i, per tant, calia buscar una nova relació amb el poder. La pregunta que es plantejava llavors —i encara avui— era si Espanya podia ser una federació de nacions. Calia provar-ho! En aquest context, s’instal·laren al Santuari de Núria els diputats del recentment creat Govern de la Generalitat de Catalunya, encarregats de redactar una proposta de relació entre Catalunya i Espanya. Tothom tenia la certesa d’estar davant d’un moment històric.
El resultat fou un text constitucional que responia a la voluntat de Catalunya i al seu legítim dret d’exercir l’autodeterminació. S’estava proposant una situació d’igualtat jurídica i política respecte als altres pobles de l’Estat. Es plantejava ampliar la mirada. Davant del text, l’Estat es va posar nerviós. Un any més tard, les Corts espanyoles van aprovar un Estatut que ja no tenia res a veure amb el que havia refrendat mesos enrere el poble de Catalunya. Es rebutjava la fórmula federal, es reduïen competències de la Generalitat i s’instaurava la cooficialitat del català i el castellà en un model bilingüe. Catalunya quedava reduïda a una “regió autònoma dins l’Estat espanyol”. Va ser aleshores quan a la llunyania començaren a sentir-se remors de sabres que obligaven Espanya a tornar al camp de batalla.
2004. Cap a un nou paradigma històric
Amb la ressaca dels esdeveniments de la darrera dècada del segle passat, tothom va creure que Espanya havia optat per reconèixer la seva diversitat. La llengua catalana era —fins i tot— parlada en els cercles més íntims de l’oligarquia castellana. En un clima de puixança econòmica, estabilitat social i de reconeixement mutu, Catalunya va creure que podia tornar a plantejar la seva relació amb Espanya. Era possible? L’escrupolositat de l’escomesa —igual que en el passat—, en l’elaboració d’un nou marc constitucional com fou el nou Estatut de Catalunya, va suposar un important esforç per trobar un punt d’encontre on hi fossin representades tots els espectres socials. La continuació és sabuda per tothom. L’1 d’octubre de 2017 és la constatació de la impossibilitat del diàleg i la necessitat de tornar a l’inici de tot: a molt abans de la Guerra Civil castellana de 1479.
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Escoge bien tus palabras porque serán determinantes en tu estado de ánimo, en tus relaciones y, incluso, en tu felicidad. Todos llevamos miedos, inseguridades y negatividad dentro, y el lenguaje tiene el poder de transformar esto a nuestro favor.
El lenguaje es un elemento comunitario más, y quizás el más poderoso. Es a partir de discursos que votamos a un partido político u otro, o que un equipo de fútbol sale más o menos motivado al campo. Desde que nacemos aprendemos a través del lenguaje, ya sea hablado, escrito o a través de símbolos. Y son estas palabras, que la comunidad dota de significado, las que describen el mundo que nos rodea, y a nosotros mismos.
Construir una comunidad a través del lenguaje
«La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha». Así lo describía el filósofo Michel de Montaigne. El lenguaje que compartimos nos hace formar parte de una comunidad, ya sea de forma genérica a través del idioma o de forma personalizada a través de un argot o palabras que solo se utilizan en nuestra zona.
Cuanto más rico es el vocabulario, más facilidad tendrá la sociedad para describir el entorno y todo lo que pasa. En gallego, por ejemplo, existen más de 70 palabras para describir la lluvia. Gracias a ello, esta comunidad tendrá más conocimiento en este ámbito por el simple hecho de que su lengua tiene la capacidad de describirlo. Palabra a palabra construimos el entorno y nuestro presente, pero también nos construimos a nosotros mismos.
El poder del lenguaje positivo
Tal como decía el filósofo mexicano Octavio Paz, estamos hechos de palabras y estas son nuestra única realidad. Por lo tanto, la forma como hablamos describirá esta realidad, y podemos hacerlo de forma positiva o negativa.
Luis Castellanos es uno de los referentes mundiales en lenguaje positivo. El escritor y filósofo ha constatado, después de años de estudio, que el lenguaje positivo influye directamente en nuestra felicidad. Las palabras que elegimos para describir cómo nos sentimos, cómo nos vemos, o las que utilizamos para relacionarnos condicionan nuestra vida.
Defiende que todas las palabras, positivas o negativas, tienen una carga emocional. Para hacernos una idea, teoriza que, si a la hora de relacionarnos utilizamos una palabra negativa, tenemos que aportar cinco positivas para contrarrestarlas y ganarnos la relación otra vez. Este es el impacto de la negatividad en las palabras.
Construir la felicidad palabra a palabra
Acciones tan sencillas como cambiar las palabras que utilizamos en nuestro día a día pueden tener un gran impacto en nuestro estado de ánimo y comportamiento. Os dejamos algunos ejemplos:
- Difícil/reto: cambiar «es difícil» por «es un reto» es suficiente para transformar la información que damos al cerebro. En vez de cerrarnos las puertas al resultado positivo, destacamos que trabajaremos para conseguirlo.
- Tengo que hacer / quiero hacer: nos ayudará a evitar la sensación negativa de obligatoriedad.
- Me gustaría hacer… pero: todo aquello que viene después del «pero» es donde se concentrará nuestra atención. Cambiémoslo por un «aunque», por ejemplo: «me gustaría montar mi negocio aunque me da respeto». Este respeto no es un impedimento, sino un reto más.
- Poco a poco / paso a paso: para muchos, «poco a poco» no tiene una connotación negativa, pero es cierto que expresa lentitud y pobreza. Cambiarlo por «paso a paso» implica movimiento y lograr objetivos, aunque sean pequeños.
- Eliminar el NO de nuestro vocabulario: cuando expresamos un «sí» abrimos todo un mundo de posibilidades que el «no» cierra. Eliminar el «no» eliminará, también, muchas frustraciones.
- Adjetivos: cuando describimos el entorno o las personas, prioricemos siempre los comentarios positivos. Ver el mundo con optimismo es la mejor descarga de serotonina para tu cuerpo.
A pesar de que al principio es un ejercicio frustrante, puesto que no nos sale de forma natural, esta práctica de transformar el lenguaje hacia un relato más consciente y positivo puede cambiarnos la vida. Este es el gran poder del lenguaje. ¿Te animas a probarlo?
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La confiança és l’ingredient fonamental de l’economia moderna. Sense ella, els mercats tendeixen a desplomar-se com un castell de naips. Des d’11Onze, repassem 11 moments de la història en què la histèria s’ha apoderat dels inversors i l’economia ha pagat les conseqüències.
Ja en l’Edat Antiga es poden trobar els primers capítols de pànic financer. Tot i això, ha estat amb el desenvolupament del capitalisme i els sistemes financers moderns quan s’han multiplicat els episodis d’histèria col·lectiva, ja que la confiança ha guanyat pes com la pedra angular de tot l’entramat econòmic.
La realitat de l’economia productiva no canvia radicalment d’un dia per a un altre. No es poden construir ni destruir moltes fàbriques en un breu espai de temps, però un succés puntual pot alterar completament la percepció dels inversors i desencadenar una crisi de grans proporcions.
Mentre tothom vol comprar, els preus no deixen de pujar i l’economia sembla gaudir d’una salut de ferro, però quan, per alguna raó, s’imposa la febre venedora, l’efecte bola de neu pot arrasar qualsevol estructura econòmica. Aquí tens alguns dels moments més paradigmàtics de pànic financer dels últims segles.
Febre de les tulipes
Les tulipes es van fer molt populars als Països Baixos entre finals del segle XVI i principis del XVII. Com són flors de temporada, es va crear un mercat de futurs i l’especulació va fer que els preus es disparessin entre 1636 i 1637, en la considerada com a primera bombolla econòmica de la història capitalista. Al final la bombolla va esclatar, va provocar la ruïna de molts inversors i gairebé va provocar el col·lapse de l’economia holandesa. En el segle següent el fenomen de les bombolles es va reproduir al Regne Unit amb la Companyia de les Mars del Sud i a França amb la Companyia del Mississipí.
Crisi de crèdit de 1772
L’optimisme per la marxa de l’Imperi Britànic va provocar una ràpida expansió del crèdit al Regne Unit. L’eufòria va arribar a un abrupte final el 8 de juny de 1772, quan un banc es va enfonsar a causa de les pèrdues en les seves inversions i un dels seus socis va fugir a França. La notícia es va difondre ràpidament i va desencadenar el pànic bancari a Anglaterra, amb llargues cues als bancs per exigir la retirada dels seus diners. La crisi es va estendre ràpidament a altres parts d’Europa i les colònies britàniques d’Amèrica. Les posteriors dificultats per les quals va travessar la Companyia de les Índies Orientals a causa de l’escassetat d’efectiu va portar al govern britànic a aprovar l’any següent una llei que li concedia el monopoli de la venda de te a Amèrica del Nord. Les protestes acabarien per provocar la independència dels Estats Units.
Pànic de 1873
Va ser el causant de la primera «Gran Depressió», una denominació que després es va associar a la crisi dels anys trenta del segle XX als Estats Units. A Europa, al col·lapse de la Borsa de Viena li van seguir les fallides de diversos bancs a Àustria i Alemanya. Als Estats Units, l’enfonsament de diverses entitats bancàries va provocar que la Borsa de Nova York interrompés les seves operacions per primera vegada en la seva història. Diversos països a un costat i un altre de l’Atlàntic van patir un prolongat estancament econòmic. La desmonetizació de la plata a Alemanya i als Estats Units, l’augment de les inversions especulatives, la inflació i la Guerra Franco-Prussiana van ser algunes de les causes del desastre.
Recessió de 1914
A mesura que la Primera Guerra Mundial semblava cada vegada més inevitable, l’afany venedor en els mercats globals va anar augmentant. Al final, es va desencadenar el pànic entre els inversors, que tractaven de desfer-se d’accions i bons per acumular or. El mercat borsari dels Estats Units i la Borsa de Londres van haver de tancar el 31 de juliol i no van reobrir fins a diversos mesos després. La crisi es va contagiar a desenes de països i la majoria de borses del món també van haver de tancar en els següents dies i setmanes.
Crac de 1929
Els bojos anys vint van portar al crac de Wall Street l’any 1929 i la Gran Depressió que va venir a continuació. La bonança econòmica havia estimulat l’especulació en la borsa, moltes vegades gràcies a préstecs que es concedien alegrement. Només en les primeres setmanes d’octubre d’aquest any les cotitzacions borsàries van arribar a pujar un 300%. Però el 24 d’octubre, en el que es coneix com el Dijous Negre, la Borsa de Nova York va patir la pitjor devallada de la seva història. Milers d’inversors ho van perdre tot de la nit al dia i el pànic es va generalitzar. Al final, la crisi va travessar fronteres i va provocar una depressió econòmica mundial. Només als Estats Units uns 15 milions de persones es van quedar sense feina en els anys següents.
Crisi del petroli de 1973
L’enviament d’armes a Israel durant la Quarta Guerra Àrab-Israeliana va provocar l’embargament de petroli als Estats Units i els seus aliats per part de l’Organització de Països Exportadors de Petroli (OPEP), integrada majoritàriament per països àrabs. Això va donar lloc a un període d’estagflació en les economies occidentals, caracteritzat per una elevada inflació a causa del repunt dels preus del petroli i l’estancament econòmic. Al Regne Unit es va arribar a racionar el subministrament elèctric.
Dilluns Negre de 1987
Després de cinc anys de febre alcista en les Borses, el 19 d’octubre de 1987 els mercats de valors de tot el món es van enfonsar en un breu espai de temps. La devallada es va iniciar a Hong Kong i la histèria financera es va propagar cap a l’oest a mesura que les Borses europees i nord-americanes anaven obrint. L’índex Dow Jones va perdre més d’un 22% en aquesta jornada. Les turbulències dels següents dies van fer que els descensos en molts mercats borsaris superessin el 20% i a Nova Zelanda es va arribar al 60%.
Crisi asiàtica de 1997
La crisi es va iniciar a Tailàndia i es va estendre ràpidament a altres països com Indonèsia, Malàisia, Singapur, Hong Kong i Corea del Sud. Els fluxos de capital especulatiu davant l’elevat creixement dels anomenats “tigres asiàtics” havia generat un excés de deute en les economies d’aquests països. El fet que el govern tailandès es veiés obligat a abandonar el tipus de canvi fix enfront del dòlar nord-americà al juliol de 1997 va desencadenar una onada de pànic en els mercats financers asiàtics i el retorn de milers de milions de dòlars d’inversió estrangera. El Fons Monetari Internacional va haver de sortir al rescat de les economies més afectades per evitar impagaments.
Bombolla de les ‘puntcom’
Algú es recorda de Terra? Va sortir a Borsa el 17 de novembre de 1999 i el primer dia es va revaloritzar un 184%. Després de revaloritzar-se més d’un 1.000% en un trimestre a principis de l’any 2000, el valor de les accions es va desplomar en la Setmana Santa d’aquell any. Tres anys després, Telefónica va acabar recomprant les accions a menys de la meitat del preu al qual van sortir inicialment. Va ser una de les nombroses empreses ‘puntcom’ que, amb l’eclosió d’Internet a finals dels noranta, van veure com se sobredimensionava el seu valor. Es calcula que només en l’Estat espanyol entre 1999 i 2000 es van llançar més de mil empreses el model de negoci de les quals girava entorn d’Internet. Després de l’esclat de la bombolla l’any 2000, molt poques ‘puntcom’ van acabar sobrevivint.
Crisi financera de 2008-2009
El 15 de setembre de 2008 Lehman Brothers, el quart banc d’inversió més gran del món, es va declarar en fallida. Va ser la constatació d’una situació insostenible que va fer que els mercats immobiliari i financer es desplomessin, també al nostre país. Fins llavors, els bancs d’Estats Units havien estat concedint préstecs a clients de dubtosa solvència i els havien reempaquetat com a productes financers “segurs” que es venien a institucions financeres de tot el món. Mentrestant, aquí vivíem la nostra particular bombolla immobiliària, que semblava no tenir sostre. La festa va acabar amb la crisi financera més greu des de la Gran Depressió i una factura milionària per als contribuents, que van haver de salvar al sector bancari.
Pandèmia de COVID-19
L’aparició de la COVID-19 va inocular la por en els mercats de tot el món en els primers mesos de 2020. El que inicialment semblava ser un problema estrictament xinès, es va convertir en poques setmanes en un malson global, que incloïa dues crisis interdependents: una sanitària i una altra econòmica. En menys d’un any van morir milions de persones i el PIB mundial va caure gairebé un 6%, segons les dades del Banc Mundial.
Tots aquests exemples ens mostren com l’eufòria o el pànic poden condicionar la visió de la realitat econòmica. La història està plena de bombolles i cants de sirena que s’han d’evitar.
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En estos momentos, más que nunca, hay que apostar por los productos de proximidad para que se pueda continuar la tarea que desarrollan 8000 viticultores y las 800 bodegas que hay en Cataluña. Bodegas que con el confinamiento y el cierre de restaurantes y bares, están teniendo dificultades para llegar a sus ventas estimadas y hacer frente a los gastos de estructura
La cultura, la tradición y el paisaje del vino forman parte de la historia de Cataluña. Nuestro país cuenta con 12 denominaciones de origen que avalan la calidad de nuestros vinos: Alella, Cataluña, Cava, Conca de Barberà, Costers del Segre, Empordà, Montsant, Penedès, Pla del Bages, Priorat, Tarragona y Terra Alta. En cada una de estas zonas, la geografía, el clima y las variedades de uva hacen que los vinos elaborados en Cataluña sean diversos entre ellos pero con un denominador común: productos de calidad gracias a la dedicación y el afán de superación de los productores y elaboradores.
- Cataluña, cuna de la viticultura
CEVIPE (Centro Vinícola del Penedès) es una empresa cooperativa de segundo grado que integra 16 cooperativas vinícolas arraigadas en el territorio del Alt y Baix Penedès, Garraf, el Tarragonès, Alt Camp y la Conca de Barberà. Su misión es ofrecer recursos técnicos y humanos para mejorar la renta económica de los viticultores y, por tanto, orientan sus objetivos en un proceso de mejora continua, desde la calidad del cultivo de la vid hasta la elaboración y comercialización de los vinos y cavas. El compromiso con el territorio es un activo exclusivo, amparando sus productos bajo el distintivo de calidad de las diferentes Denominaciones de Origen de Cataluña y de la Denominación de Origen Cava.
La entidad nació en 1985 cuando las cinco cooperativas del Baix Penedès Albinyana, Bellvei, Lorenzo, Calafell y Vendrell fundaron la cooperativa de segundo grado con el fin de facilitar los procesos de innovación y modernización, al tiempo que reducían costes y alcanzaba una concentración en el volumen de oferta en el mercado del cava. El buen funcionamiento y el aumento de la demanda de estos vinos propició el proceso de integración de más cooperativas al grupo.
Gracias a la unión de estas cooperativas se pudo invertir en equipos de refrigeración para fermentar el mosto a temperatura controlada, un sistema que se empezaba a extender a otros puntos de Europa y que en Cataluña todavía era residual. El sistema de elaboración tradicional quedaba atrás y comenzaba una nueva era en cuanto a la calidad del vino. El mercado pedía vinos afrutados y de sabor agradable, y esto sólo se podía conseguir fermentando los mostos a baja temperatura, para evitar la vaporización de los aromas. En estos vinos, la demanda ya era muy superior y seguía creciendo.
- De Cataluña a Europa: los vinos catalanes abren camino
El incentivo económico, junto con la visión de futuro de los dirigentes de CEVIPE, facilitó la puesta en marcha de un sistema productivo moderno y de calidad que favoreció la conquista de los mercados y, como consecuencia, el incremento de clientes. Esto motivó el proceso de integración de más cooperativas al grupo y supuso un importante esfuerzo económico en el sector cooperativo de esta región que vio imprescindible modernizar sus bodegas para obtener el vino base que pedían las empresas comercializadoras del sector.
A finales de los años ochenta e inicios de los noventa, CEVIPE comenzó a abrirse a Europa para dar a conocer sus vinos, principalmente en Alemania, Francia y Luxemburgo. Actualmente, el volumen de exportación está en torno a un 20%. La apertura en Europa profesionalizó y ampliar los puntos de mira de la cooperativa que juega un papel primordial en el equilibrio de la oferta y la demanda en beneficio del mantenimiento de las explotaciones vinícolas de la zona. CEVIPE tiene más de 2.200 socios viticultores, estos cultivan más de 6.200 hectáreas con una producción media de 55 millones de kilos cada año y una facturación media de 30 millones de euros anuales. Están presentes en 5 Denominaciones de Origen diferentes además de sus 3 agrotiendas situadas en el pueblo de El Vendrell y en L’Arboç. Cuentan con una página web desde donde se puede comprar cómodamente desde cualquier punto con conexión a internet e, incluso, pedir encargos a domicilio.
- Un Sant Jordi marcado por el vino
En Cataluña hay 62 cooperativas vitivinícolas que elaboran el 50% del vino catalán y aglutinan más de la mitad de los viticultores. La Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) llevó a cabo un concurso el día de Sant Jordi del año pasado, en plena pandemia, donde pedían a los participantes «¿Con qué libro y vino de cooperativa celebrarás San Jorge?», Una iniciativa muy celebrada desde casa bajo el hashtag #santjordiacasa que impulsaba, de forma divertida, una nueva manera de celebrar la fiesta a través del vino. El ganador fue Jaume Rojales, con una publicación en Facebook, que recomendaba el vino «Lágrimas de Otoño» de la cooperativa San José Wines de Bot. El libro «La Catedral del Mar» fue elegido mediante un sorteo aleatorio en línea entre todos los participantes.
El resultado: los usuarios recomendaron más de 50 vinos cooperativos y a través de los perfiles de Twitter y Facebook de la FCAC se recibieron numerosas publicaciones de consumidores recomendando libros junto con estos 50 vinos de todo el territorio. Las cooperativas que fueron más representadas fueron Bodegas Domenys, Celler Batea, Bodega Cooperativa de Gandesa, Empordàlia y San José Wines. También se recomendaron vinos de la Bodega Cooperativa de Garriguella, Vinícola del Priorat, Cooperativa de Bràfim, Covides, Bodega Cooperativa de Espolla, Cooperativa Falset Marçà, Vinícola de Sarral, Cooperativa Agrícola de Corbera de Ebro, Cooperativa de Salomón o Cooperativa de Ulldemolins, entre otros.
A las puertas de un nuevo San Jorge y con la esperanza de poderlo celebrar en la calle como era tradición, el sector del vino abre una nueva posibilidad a la ciudadanía demostrando que, aunque nos quedamos en casa, si lo hacemos en compañía de un buen vino de proximidad, la celebración será doble. Así pues, tanto si se llenan las calles de rosas y libros como si no, ¿con qué vino cooperativo celebrarás Sant Jordi este año?
Todos hemos sido víctimas e, incluso, contribuímos a ello sin darnos cuenta. La desinformación, entendida como aquella información manipulada que se difunde con intención de engañar, es un fenómeno tan antiguo como la comunicación. Combatir las conocidas ‘fake news’ está al alcance de cada uno de nosotros.
“La desinformación tiene una parte de falsedad y una parte de discurso del odio. Para combatirla, hay que trabajar el respeto por la opinión de los otros, la empatía, la ética y la conversación”. Nereida Carrillo, periodista e impulsora de Learn to Check, advierte de la razón principal de la desinformación: el engaño. Intereses, poder e información se mezclan en un contexto social y tecnológico que hace que cualquier contenido de este tipo se viralice y circule por todo el mundo en cuestión de segundos. La veracidad de la información traspasa los roles de los periodistas y queda en manos del usuario.
La desinformación ha aumentado significativamente los últimos años a causa de las nuevas tecnologías, que permiten una circulación de la información más rápida y global. Pero no solo las redes sociales son altavoces de esta desinformación: también lo son los grandes medios de comunicación, aunque a menudo les cueste admitirlo. Porque el fenómeno de la desinformación es tan antiguo como la comunicación y la voluntad del poder hegemónico de imponer su relato. Además, cualquier información, nos explica Carrillo, siempre parte del prisma que aporta el autor: “La información objetiva no existe, siempre hay un relato de los hechos y explicamos qué pasa en el mundo a través de nuestros filtros culturales, de género o de edad”, razona.
Convencer con argumentos
El Colegio de Periodistas de Cataluña describe en el primer artículo del Código Deontológico que hay que informar de manera cuidadosa y precisa. Dejando la búsqueda de la verdad para la filosofía, tanto en periodismo como en los contenidos que se crean y difunden por redes lo que se persigue es la honestidad y la veracidad. La información tiene que ser plural, no tiene que confundir, tiene que ir orientada a informar y hay que contrastar las fuentes para evitar manipulaciones.
Cuando menos, en todo esto es en lo que nos tendríamos que fijar a la hora de verificar la información. Uno de los objetivos ambiciosos de Learn to Check es que cualquier persona sea capaz de contrastar la información que le llegue. Por eso sólo hay un camino: la formación en herramientas y en espíritu crítico. Gracias a los conocimientos que su plataforma comparte en abierto, cualquiera puede verificar, sin depender de mediadores. Una forma de empoderar a la ciudadanía y conseguir, entre todos, frenar la desinformación en lo que se llama verificación distribuida. La doctora en comunicación también advierte que en las redes nos hemos acostumbrado a defender nuestra posición desde los extremos: “Los algoritmos de las redes sociales polarizan, nos sitúan a todos en polos opuestos y parece que los matices no existen, que no pueda haber intercambio o conversaciones”.
Veracidad: el filtro lo pones tú
En entornos cerrados como WhatsApp o Telegram, es muy difícil rastrear de dónde proviene la información, y a menudo esto nos lleva a confundir fuentes de confianza con fuentes fiables, nos explica Carrillo. Las fiables son aquellas que han sido contrastadas y, por lo tanto, parten de la veracidad; mientras que las primeras parten de la confianza hacia la persona que nos lo envía. Este es el principal problema de la gente mayor, que se dejan llevar por la confianza y verifican la información según quien envía el mensaje e, incluso, según qué medio informa de una noticia.
Para combatir la desinformación, especialmente en la era de redes sociales, Carrillo defiende que hay que volver a la conversación y aprender a difundir información y, sobre todo, nuestras ideas, de forma razonada y con argumentos. “Mentir es una forma muy fácil y poco ética de convencer”, remarca, y añade que escuchar a las personas que no piensan como nosotros, aunque quizás no te haga cambiar de opinión, te permitirá entender al otro. Más empatía y más veracidad para encarar la era de la comunicación global.
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