El oro, básico en una cartera de inversión ‘verde’

Ante la emergencia climática, la economía tiende a descarbonizarse a marchas forzadas. En un contexto de crecientes impuestos a las industrias contaminantes, un estudio señala que aumentar el porcentaje de oro en una cartera de inversión diversificada reduce su huella de carbono global sin que se resienta la rentabilidad.

 

Los datos de la UE confirman que Europa vivió en 2022 su verano más cálido y que las temperaturas en el planeta durante los ocho últimos años han sido las más elevadas desde que existen registros. El ritmo del calentamiento global hace inaplazable una reducción drástica en las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo así se podrán evitar las consecuencias catastróficas asociadas al cambio climático.

Ante esta realidad, el proceso de descarbonización de la economía es una prioridad tan urgente que está condicionando gran parte de las actuales decisiones políticas, empresariales y de inversión. Y, en este sentido, un informe de la consultora Urgentem concluye que la inclusión del oro en una cartera de inversión diversificada “puede tener un impacto positivo en el rendimiento de la cartera desde una perspectiva de transición climática”, ya que reduce la huella de carbono global de la cartera sin que se resienta la rentabilidad. 

 

Cuanto más oro, menos emisiones

El estudio analizó cuál habría sido la evolución a lo largo de cinco años de carteras de inversión diversificadas con diferentes porcentajes de activos para determinar cómo la inclusión del oro afecta al perfil de riesgo-rendimiento y a la huella de carbono global

Su conclusión es que, por ejemplo, en una cartera con un 70 % de renta variable y un 30 % de renta fija, dedicar un 10 % de esa cartera al oro reduciría las emisiones un 7 %, mientras que aumentar el porcentaje de oro al 20 % supondría una reducción del 17 %. Además, hay indicios claros de que la inclusión de oro en la cartera mejora el perfil de riesgo-rentabilidad.

Aunque ninguna de las combinaciones de activos analizadas alcanzaría el objetivo de cero emisiones en 2050, las que más se aproximarían serían las que incluyen un mayor porcentaje dedicado al oro. De hecho, las únicas que consiguen reducir emisiones son las que dedican como mínimo un 20 % de la inversión al oro.

En cuanto a la contribución de las carteras de inversión al aumento de la temperatura global proyectada hasta el año 2100, el oro también tendría un papel muy positivo para mitigar su impacto climático. El estudio calcula que dedicar la mitad de la cartera al oro supondría una reducción del 40 % (más de 1º C) en el calentamiento generado por esa cartera. Una cartera con un 70 % de renta variable y un 30 % de renta fija generaría un incremento de 2,96 °C, mientras que una con un 45 % de renta variable, un 5 % de renta fija y un 50 % de oro solo la aumentaría 1,76 °C.

 

¿Y si aumentan los impuestos a las emisiones?

Una de las principales herramientas políticas para frenar el cambio climático y acelerar la transición hacia una economía libre de emisiones son los impuestos a la emisión de gases de efecto invernadero. En este sentido, el análisis de los precios asociados al dióxido de carbono muestra que una mayor proporción de oro contribuirá a reducir el riesgo de mercado para una cartera. Y cuanto más se endurezcan las políticas de reducción de emisiones, más conveniente será ampliar el porcentaje de oro en la cartera.

Los autores del estudio admiten que el marco temporal limitado (cinco años) de los datos recabados inicialmente y el rendimiento relativamente superior del oro durante este periodo pueden haber sesgado las expectativas de rentabilidad del oro, pero advierten que el análisis a más largo plazo también confirma el efecto favorable de la inclusión de oro sobre el perfil de rentabilidad de la cartera, aunque en menor medida. 

Por otra parte, los autores del informe asumen que un inversor hereda una proporción sustancial de la huella de carbono asociada a la extracción y producción de oro. Por eso, su análisis prospectivo les permite valorar cuánto afectaría a las carteras el potencial de descarbonización de este metal precioso.

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Mientras el foco mediático baila al ritmo del precio del oro y la plata, otra batalla se libra en silencio. No aparece en los gráficos con velas japonesas ni alimenta euforias cripto. Se decide en comités técnicos, en anexos regulatorios y en siglas que parecen anodinas.

 

Aquí no hay promesas de rentabilidades explosivas. Hay ratios. Hay letra pequeña. Y hay un concepto que puede sonar aburrido, pero que explica muchas cosas: la Net Stable Funding Ratio (NSFR). Porque cuando la regulación toca la palanca de la financiación bancaria, el mercado se adapta, y a menudo lo hace más rápido de lo que parece.

Cuando se habla de Basilea, mucha gente imagina la bonita ciudad suiza de gran recuerdo futbolístico para algunos, pero sin un poder ejecutivo global porque la ciudad de Basilea no gobierna, sino que lo hace el Banco de Pagos Internacionales (BIS) —con sede en la ciudad—, el cual se dedica a diseñar estándares prudenciales. De hecho, el BIS desarrolla recomendaciones que luego cada jurisdicción adapta —o matiza— a su ritmo político y económico.

Este es el primer punto que a menudo se distorsiona en el relato viral: un estándar global no es un decreto mundial que entra en vigor de manera simultánea. La regulación financiera no funciona con interruptores, sino más bien con calendarios, interpretaciones y adaptaciones nacionales.

Y es precisamente en este terreno técnico, lejos del ruido, donde se juega una parte importante del futuro del “paper gold”.

 

NSFR: la norma que penaliza el corto plazo

En Estados Unidos, cuando se habla del “Basel III Endgame”, el debate se centra sobre todo en capital y ponderaciones de riesgo para las grandes entidades. Pero el calendario no es homogéneo y el desarrollo normativo está sometido a tensiones políticas y presiones del sector financiero.

La regulación no es un interruptor que se enciende de un día para otro, sino que hace referencia a un mosaico de decisiones técnicas, adaptaciones nacionales y equilibrios de poder. Y en ese mosaico, la pieza clave que afecta directamente al mercado de metales es el Net Stable Funding Ratio (NSFR).

Traducido a lenguaje llano, el NSFR busca evitar que los bancos financien activos a largo plazo o menos líquidos con dinero volátil y a corto plazo. Es una lección aprendida en 2008 cuando el problema no era solo la calidad de los activos, sino la fragilidad de la financiación. Y aquí es donde el oro entra en escena. 

Según el World Gold Council, determinadas exposiciones a oro dentro del balance pueden requerir un 85% de Required Stable Funding en el cálculo del ratio. Dicho de otra manera: mantener ciertas posiciones en oro exige financiación estable, y la financiación estable tiene un coste.

Esto no prohíbe el oro, pero cambia su economía. Si antes determinadas operativas con “metal en papel” eran eficientes porque la financiación era barata, ahora pueden resultar menos atractivas desde un punto de vista regulatorio.

Y aquí aparece el debate real: el oro asignado —lingotes identificados, con propiedad clara— frente al oro no asignado —un derecho de crédito contra una entidad—. Entonces, la diferencia no es ideológica, es estructural. Cuando una norma como el NSFR encarece el riesgo de transformación, el sistema tiende a premiar lo que es más transparente y menos dependiente de palancas de financiación. La regulación no destruye una práctica de un día para otro, pero sí modifica sus incentivos. Y cuando cambian los incentivos, cambia el mercado.

 

El espejismo del “Tier 1”

Una de las trampas más recurrentes en este debate es la idea de que “el oro pasa a ser Tier 1 como el cash o los bonos del Tesoro”. La frase es impactante, pero técnicamente imprecisa. Aquí conviene separar tres cajas que a menudo se mezclan interesadamente:

  • El capital regulatorio Tier 1 (CET1 o AT1), que es capital propio del banco. 
  • Los activos líquidos de alta calidad (HQLA) utilizados para el cálculo del LCR.
  • Y las ponderaciones de riesgo que determinan requerimientos de capital.

No son lo mismo. Que el oro tenga un determinado tratamiento prudencial no lo convierte automáticamente en capital bancario de máxima calidad. Por eso, cuando alguien afirma que “ya es como los Treasuries”, la pregunta no es si te gusta el oro, sino: ¿en qué ratio, en qué país y según qué texto legal?

Dicho esto, hay consecuencias reales. Si sostener determinadas posiciones resulta más caro desde el punto de vista regulatorio, el mercado ajusta comportamientos. Puede haber menos interés bancario en productos no asignados, mayor exigencia de colateralización, revisión de comisiones o ajustes en servicios de clearing y préstamo de metal. No es una conspiración ni un “portazo” repentino. Es gestión de balance. La regulación prudencial no destruye mercados, pero redistribuye costes. Y cuando el coste cambia, el comportamiento cambia.

Para el ahorrador, el debate deja de ser técnico y se vuelve práctico. Si tienes exposición a “oro” a través de un producto financiero, la pregunta esencial es muy simple: ¿qué tienes exactamente? ¿Metal físico asignado o un derecho de cobro contra una entidad?

La diferencia no es filosófica, es jurídica. En un entorno donde ciertas estructuras pueden resultar más costosas para la banca, las condiciones contractuales pueden cambiar, los precios pueden ajustarse o algunas líneas pueden reducirse. No es apocalipsis. Es adaptación. Pero es también una lección de educación financiera: lo que parece barato y líquido “porque sí” a menudo implica un riesgo que no vemos.

Finalmente, conviene evitar comparaciones grandilocuentes. 1971 supuso un cambio estructural del sistema monetario global. El NSFR es regulación prudencial, pero ni de lejos es el mismo nivel de ruptura.

Ahora bien, que los bancos centrales refuercen reservas de oro en un contexto de deuda elevada y tensiones geopolíticas indica algo claro: el oro actúa como termómetro del sistema, no como detonante de un complot. La regulación no te dice qué comprar, pero sí qué promesas resultan más caras de mantener. Y en un mundo de productos complejos y balances inflados, el verdadero lujo es la claridad: saber qué tienes, cómo está custodiado y qué riesgo jurídico asumes.

 

Controlar el activo, no la promesa

Si este debate sirve para algo, es para recordar un principio elemental que con demasiada frecuencia olvidamos: poseer no es lo mismo que tener un apunte contable. En un entorno donde la regulación redefine costes e incentivos, la diferencia entre activo real y promesa financiera se vuelve central.

En 11Onze hace tiempo que insistimos en esta idea: transparencia, trazabilidad y control sobre lo que realmente es tuyo. El ruido viral pasará, pero los ratios seguirán condicionando el sistema. Proteger los ahorros no es creer en mitos, sino entender la fontanería financiera y decidir con criterio.

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El reconegut economista Robert Kiyosaki ha pronosticat “una crisi històrica”. Però, davant la incertesa, ell hi veu una oportunitat per a diversificar els estalvis. Què vol dir diversificar? Diversificar ens ajuda a invertir? L’agent 11Onze Xavier Esteve ens ho explica en quatre claus.

 

Kiyosaki, que és un inversor molt influent als Estats Units, i autor del bestseller ‘Padre rico, padre pobre’ (Debolsillo, 2016), afirma que la crisi que ve els pròxims mesos ens pot arrossegar a una “situació de col·lapse”, no només en el mercat de divises, sinó també en el de les criptomonedes i en el de metalls preciosos. Tanmateix, ell es mostra optimista: està convençut que tota crisi és una oportunitat per a qui ho sàpiga aprofitar

 

Alerta amb el deute, perquè pot provocar inflació

Segons l’agent 11Onze, Xavier Esteve, la crisi que ve té com a principal factor “el gran deute acumulat que hi ha al món, especialment als Estats Units”. Esteve explica que la relació entre el deute i el producte interior brut (PIB), és a dir, la capacitat de generar riquesa “no és, ara per ara, coherent”, o, en paraules de Kiyosaki, “no està sincronitzada”. De fet, Kiyosaki defensa una tesi alarmant: que el Departament del Tresor i la Reserva Federal dels Estats Units “estan inflant artificialment” el mercat de valors amb decisions “desconnectades” de l’economia real.

Esteve reconeix que inflar el mercat d’aquesta manera “no és gens bo”, i mira d’explicar-nos-ho: “S’està imprimint diner sense tenir en compte el que la gent gasta i, per tant, aquest diner se’l pot titllar de fals, en tant que no entra dins l’economia. En canvi, sí que té efectes en la pujada de preus, en una possible inflació transitòria els pròxims mesos”. Aquesta inflació transitòria, diu Esteve, pot enfonsar el castell de cartes que és el mercat i fer que els béns perdin el seu valor fins a cotes mai vistes. “La possible bancarrota de la immobiliària xinesa Evergrande també pot afectar a aquesta devaluació transitòria”, assevera. En aquest context, Esteve ens recorda que Kiyosaki adverteix que “els rics es faran més rics, però la classe mitjana i pobra cada vegada serà més pobra”. 

L’agent 11Onze també ens explica que les declaracions de Kiyosaki s’entenen pel fet que les preocupacions financeres dels EEUU pengen d’un fil de fa temps i, “sobretot ara, amb la inseguretat de l’economia real, i havent sortit de dos anys de pandèmia, que han afectat, entre d’altres, als ritmes de producció del petroli i gas”. Tot i que Esteve recorda que “l’economia no és una ciència exacta ni pot predir el futur”, sí que observa “símptomes preocupants”. “És preocupant, avui dia, la manca de determinades matèries primeres i l’alça de preus del gas, la llum o la benzina. El gran dubte és si la por i la manca de confiança s’apoderaran del mercat, o no”, assenyala.

“S’està imprimint diner sense tenir en compte el que la gent gasta i, per tant, aquest diner se’l pot titllar de fals, en tant que no entra dins l’economia”.

Quan es desplomen els valors, toca invertir

Davant aquest possible escenari de crisi, com Kiyosaki, l’agent 11Onze es mostra optimista. Considera que les crisis, en tots els àmbits, són el pa de cada dia i “ofereixen moments de canvi”. “És llavors quan pots crear o cercar noves maneres per a millorar la teva situació financera”, afirma Esteve.

“No vull ser alarmista —segueix Esteve—. Kiyosaki ens diu que aquesta caiguda de preus ens donarà una oportunitat per a invertir en actius considerats de reserva de valor, com el bitcoin, l’or o la plata”. De fet, l’eminència de l’economia aconsella als petits inversors el que ell mateix farà quan els preus hagin caigut prou: “Soc optimista sobre l’or, la plata i el bitcoin, no sobre les accions. Quan es desplomin els seus valors, és quan jo en compraré”.

 

“No és bo posar tots els ous al mateix cistell”

En situacions de crisi econòmica, sobretot si es preveu transitòria com ho sembla aquesta, “preocupar-se no és la solució”, ens diu Esteve. La resposta demana mantenir la calma i “tenir una bona planificació que ens ajudi a superar qualsevol entrebanc financer”. “Fins i tot, si ho fem bé, aquesta planificació ens pot ajudar a millorar els nostres estalvis”, assegura.

Esteve s’anima a donar resposta als neguits del petit inversor amb dues dites, una d’elles molt catalana: “No és bo posar tots els ous al mateix cistell”. I la segona, atribuïda a Harold Macmillan, exprimer ministre del Regne Unit: “Hauríem de fer servir el passat com a trampolí, no com sofà”. “I tant que es pot diversificar. És una de les millors maneres d’invertir”, resumeix Xavier Esteve sense pensar-s’hi. Però, ben bé, què és això de diversificar?

“Soc optimista sobre l’or, la plata i el bitcoin, no sobre les accions”.

Font imatge: Gage Skidmore

 

Distribuir els estalvis, arriscar petites quantitats

Diversificar vol dir distribuir els estalvis en diferents actius, sigui en moneda, metalls preciosos, productes d’inversió en borsa com els ETF, patrimoni immobiliari o criptomonedes, entre d’altres. Les noves tecnologies faciliten encara més aquesta diversificació. La nostra app El Canut oferirà pròximament aquesta possibilitat. I com que el valor d’aquests actius canvia en el mercat, diversificar et pot ajudar, no només a assegurar els teus estalvis, sinó també a invertir, tal com diu Esteve.

El nostre agent explica que, tot i que molts es pensen que la inversió és només per a professionals o persones que disposen de molt capital, “no és ben bé així”. “És evident que tothom té les seves dificultats i circumstàncies i, primer de tot, hem de tenir les necessitats vitals cobertes, sempre ho dic, però una de les virtuts d’11Onze és justament que, a través de La Plaça i de l’atenció 24 hores, intentem que els nostres clients disposin de tota la informació per a prendre les decisions encertades”, afirma Esteve, que recorda que 11Onze permetrà als clients invertir “amb quantitats petites, que no suposin un trasbals”. Com deia el divulgador científic Eduard Punset: “Quan l’ecosistema no existeix, s’ha d’inventar”. “Ens hem de moure amb la marea”, rebla Xavier Esteve.

 

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Si también celebras San Valentín, debes de estar buscando un regalo único y especial que simbolice tu amor por la persona que aprecias. Desde 11Onze te proponemos regalar ‘Amor amb Or’. Un regalo que durará para siempre y que conserva su valor a lo largo del tiempo. Por San Valentín, ¡regala monedas de oro!

 

Todos sabemos que en Cataluña el día de los enamorados es Sant Jordi, pero si quieres regalar algo más que una rosa o un libro a la persona que aprecias… quizás te quieres subir al carro de los regalos románticos por San Valentín. Así es que, si ya has descartado la colonia, los bombones, la comida romántica y otros regalos típicos… en 11Onze te hacemos una propuesta tan clásica como sorprendente: regala oro.

 

Monedas de oro para la persona que quieres

El oro siempre ha tenido un aire de misterio y magia, un regalo atemporal con un significado simbólico especial que representa el amor y la prosperidad. Celebra los momentos especiales con ‘Amor amb Or’. Sorprende a la persona que aprecias con un regalo único y preciado que le recordará tu amor para siempre.

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La corrección del precio del oro de ayer lunes ha generado inquietud entre algunos ahorradores. Pero no todas las bajadas son una señal de alarma. A menudo, son simplemente una pausa dentro de una tendencia de fondo mucho más sólida.

 

Lo primero que hay que aclarar es que no estamos ante un cambio de paradigma. La caída del precio del oro se enmarca en una corrección técnica puntual, después de semanas —y meses— de fuertes revalorizaciones. Cuando un activo acumula ganancias importantes, es habitual que parte del mercado recoja beneficios. Por lo tanto, no debilita el activo, sino que lo normaliza.

El oro no funciona como una acción especulativa ni como una criptomoneda altamente volátil. Su comportamiento responde a fuerzas macroeconómicas, lentas, profundas y, sobre todo, globales.

 

Primer factor: el dólar y los tipos de interés

Uno de los principales motores detrás de la bajada ha sido el repunte del dólar y el movimiento de los tipos de interés reales

Cuando el dólar se fortalece, el oro —que cotiza en esta moneda— se vuelve relativamente más caro para los compradores internacionales. Esto reduce la demanda a corto plazo y presiona el precio a la baja.

Además, cualquier expectativa de tipos de interés elevados durante más tiempo juega en contra del oro a corto plazo. No porque el oro pierda valor intrínseco, sino porque no ofrece rendimiento financiero. Compite con bonos y depósitos, y cuando estos prometen mayor rentabilidad inmediata, parte del capital se desplaza temporalmente.

 

Segundo factor: menos miedo… de momento

El oro es, por definición, un termómetro del miedo sistémico. En los últimos días, los mercados han descontado un escenario ligeramente más optimista: datos macroeconómicos menos negativos, menor tensión inmediata en los mercados financieros y una sensación —quizá excesiva— de control por parte de los bancos centrales.

Cuando el miedo baja, el oro respira. Pero eso no significa que los riesgos hayan desaparecido, sino que el mercado, a menudo miope, mira solo el corto plazo.

 

Tercer factor: movimientos especulativos a corto plazo

Una parte relevante del precio del oro se mueve en los mercados de futuros y derivados. Y aquí intervienen fondos y operadores que no compran oro para proteger patrimonio, sino para especular con el precio. Cuando estos actores detectan resistencias técnicas o cambios de sentimiento, ejecutan ventas rápidas que amplifican los movimientos. Por lo tanto, estamos ante ruido y no ante fundamento.

De hecho, según datos del World Gold Council, la demanda estructural de oro físico —especialmente por parte de bancos centrales e inversores patrimoniales— se mantiene sólida.

 

Lo que no ha cambiado

Nada de lo que sustenta al oro como valor refugio ha cambiado, ni siquiera mínimamente. La deuda global continúa creciendo a un ritmo superior al de la economía real, con estados y gobiernos atrapados en una dinámica de refinanciación permanente que solo es viable a base de más emisión monetaria.

Las monedas fiduciarias, desligadas de cualquier activo real desde hace décadas, continúan perdiendo poder adquisitivo de manera estructural, un proceso lento, pero constante, que erosiona el ahorro sin hacer ruido. A todo ello se suma un escenario geopolítico fragmentado, con conflictos abiertos, bloques económicos cada vez más cerrados y una creciente desconfianza entre potencias. No es casual que, en este contexto, los bancos centrales —los mismos que imprimen moneda— estén acumulando oro como no lo hacían desde hace décadas. Cuando quien emite el dinero busca refugio en un activo tangible, el mensaje es claro.

Por eso, una bajada puntual del precio del oro no invalida en ningún caso la tendencia estructural que lo sustenta. Al contrario, forma parte de su comportamiento natural dentro de los ciclos de mercado. Históricamente, el oro no sube en línea recta, sino que avanza con pausas, correcciones y respiraciones necesarias tras tramos de subidas sostenidas. Estas correcciones no son señales de debilidad, sino mecanismos de saneamiento del mercado, a menudo provocados por movimientos especulativos a corto plazo o cambios temporales de sentimiento.

Visto con perspectiva, han sido reiteradamente momentos de oportunidad para los ahorradores pacientes, no amenazas para el valor de fondo del activo. El oro no está pensado para tranquilizarnos cada día, sino para protegernos cuando el sistema se tambalea. Y eso, hoy, sigue plenamente vigente.

El oro no es un activo para mirar cada día, ni para juzgarlo a golpe de titular. Es un activo pensado para proteger valor a lo largo del tiempo, precisamente porque no depende del ruido inmediato de los mercados. Quien lo entiende, no se inquieta ante una bajada puntual: la contextualiza dentro de un ciclo más amplio. En 11Onze hablamos de ahorro consciente, de decisiones informadas y de tener la capacidad de mirar más allá de las oscilaciones a corto plazo. Entender el oro no como una apuesta, sino como un seguro patrimonial, es clave para preservar el valor de los ahorros en un mundo cada vez más incierto.

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Un informe de PISA avala que nuestro país está en la décima posición de los 15 países de la OCDE analizados, según informa Price Water House (PwC),  sobre conocimientos financieros en niños de entre 13 y 15 años. Es decir, que en materia escolar, España dedica a los contenidos financieros un número de horas muy inferior en comparación con otros países a pesar de contar con la jornada escolar más larga.

 

La educación financiera se podría definir como la capacidad de una persona de entender cómo funciona la economía y tomar decisiones a partir de ese entendimiento. Este tipo de información nos permite desarrollar habilidades que finalmente se van a traducir en un mayor bienestar económico y por lo tanto, estar mejor preparados para momentos de crisis económica como los que estamos viviendo ahora.

Si desde pequeños educamos a los niños en el concepto de ahorro, en el buen uso del dinero, se encontrarán mejor preparados para próximas crisis que se puedan producir. El uso responsable y la planificación económica es básico para las futuras generaciones. Un ejemplo de ello es la fundación Inspiring Girls, que ha puesto en marcha el Club Financiero Inspiring Girls con el objetivo de que adolescentes y jóvenes aprendan a gestionar sus propias finanzas y conozcan las nuevas tendencias y el mercado financiero de una forma sencilla. Se apoyan y cuentan con la experiencia de mujeres reales que trabajan en compañías de prestigio.

La literatura también nos puede ayudar

BAPI, es un libro escrito por Pilar Mellado, técnico de la CNMV, integrada en el programa voluntarios de Educación Financiera, y su objetivo es llevar la educación financiera a los más pequeños. La autora tuvo la idea de crear este libro, para difundir conceptos a través del protagonista, BAPI, un elefante imaginario que protagoniza un libro infantil para que los niños aprendan conceptos financieros básicos, como “hucha”, “banco”, “gasto”, “ahorro” o “deuda” de una manera divertida. 

Mellado afirma que “es importante que los niños se empapen de historias que les trasladen a un universo de superhéroes, príncipes y princesas, animales fantásticos u objetos que cobran vida”. Estas historias además de ser entretenidas para ellos, pueden acompañarse de lo que llamó píldoras educativas, y ese es el objetivo de BAPI, divertir repartiendo píldoras financieras. 

 

El impacto de las redes sociales en el consumo

Es cierto que hoy en día, es difícil hacer este ejercicio, vivimos en una sociedad consumista, donde todo se muestra. Las redes sociales no ayudan a que los más pequeños se conciencien de lo que cuesta ganar dinero y mucho menos ahorrar. 

En esta red social, muchos influencers patrocinados por grandes marcas, muestran un sinfín de productos y servicios. Aquí es donde recae el trabajo de los más mayores, explicar que no todo lo que vemos y queremos se puede comprar. 

Si queremos que los más pequeños sean personas educadas, con valores y de éxito, tenemos que conseguir inculcar el sacrificio que conlleva el ahorro con el esfuerzo para conseguir las cosas que quieren. 

Uno de los primeros pasos que podemos hacer, es regalarles una hucha desde pequeños. A partir de ese momento, en su próximo cumpleaños o fecha señalada si reciben algún regalo económico, tendrán que depositarlo en su hucha. En este caso, una práctica para tener conciencia del dinero, es contarlo y poner ejemplos, es importante explicarles que con el dinero que llevan ahorrando desde hace X tiempo, se podrían comprar eso que quieren, pero que si lo gastan todo volverán a cero.

Más adelante también se puede proponer realizar actividades para ganar dinero. Crea un calendario con objetivos semanales de tareas del hogar. Que sean sencillas, pero que requieran la inversión de un mínimo de tiempo y esfuerzo, y que si realizan todo lo que se les ha propuesto, puedan obtener dinero. Con este método sabrán lo que cuesta ganar el dinero gracias al sacrificio. 

La educación financiera viene dada desde casa, si empezamos con estas prácticas y conseguimos que en los colegios cada vez se hable más de finanzas personales y se ponga en práctica, estaremos creando nuevos hábitos para las nuevas generaciones que harán que su vida sea más fácil y llevadera, además conseguiremos que aprecien más las cosas cuando las compren con el fruto de su esfuerzo y tenacidad. 

 

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Este 2025 ha sido un año que pasará a la historia por la verdadera explosión del oro. Más allá de picos puntuales, el metal amarillo ha reivindicado su papel como refugio, activo de diversificación y señal de desconfianza hacia los activos convencionales. Ahora, con el horizonte de 2026 por delante, conviene preguntarse: ¿es esto solo un repunte temporal o el preludio de un nuevo ciclo? Y, sobre todo, ¿qué implicará para ahorradores e inversores como tú?

 

Durante casi una década, el oro vivió en cierto exilio. Rendimientos modestos, desinterés institucional y un relato dominante que proclamaba que los activos tecnológicos —e incluso las criptomonedas— eran “el futuro”. En este contexto, el metal amarillo parecía una reliquia útil solo en momentos puntuales de turbulencia.

Pero 2025 ha dado completamente la vuelta a este guion. El precio del oro no solo ha escalado, sino que lo ha hecho superando niveles psicológicos y estructurales que hacía años que no rompía. La demanda financiera ha recuperado un vigor inesperado: solo en Estados Unidos, los ETF de oro han registrado un incremento del 58% interanual en el tercer trimestre, según datos del World Gold Council. Es un movimiento que no se había visto en mucho tiempo y que revela un cambio profundo en el sentimiento de los inversores.

Esta reaparición no es casual. Responde a un cóctel de factores que, combinados, crean el tipo de escenario que históricamente ha alimentado los mercados alcistas del oro:

  • Incertidumbre geopolítica. Conflictos en Europa, tensión creciente en Oriente Medio y una reconfiguración del poder global entre bloques. Cuando los mapas políticos tiemblan, los capitales buscan refugio.
  • Inflación que no cede. A pesar de la desaceleración respecto al pico de 2023, la inflación sigue instalada por encima de los objetivos de los bancos centrales. La pérdida de poder adquisitivo se convierte en una amenaza real… y el oro vuelve a ser el escudo tradicional contra este fenómeno.
  • Dudas estructurales sobre el dólar. La política fiscal estadounidense, la deuda desbocada y los movimientos de desdolarización liderados por países emergentes presionan a la divisa hegemónica. Cuando el dólar duda, el oro avanza.

En conjunto, estos factores han hecho que el oro, lejos de estar “fuera de lugar”, recupere el centro del escenario financiero, reafirmando su función clave como activo de preservación de valor.

 

La nueva fuerza motriz

Si en el pasado eran los inversores particulares quienes marcaban los ciclos alcistas del oro, 2025 ha evidenciado un cambio de fondo: la demanda ha venido de los grandes actores del sistema. Y cuando los bancos centrales se mueven, el mercado escucha.

Durante los últimos años, estas instituciones han ido reforzando sus reservas de oro como parte de una estrategia de desdolarización progresiva y diversificación de riesgos. Según el World Gold Council, esta tendencia no solo se mantendrá, sino que se acelerará, y no hay ningún indicio de que deba frenarse. Los países emergentes —liderados por China, India y Turquía— están en el centro del movimiento, pero incluso algunos bancos centrales europeos han reanudado compras tras décadas de inactividad.

A esta demanda institucional se suma otro motor, como es el capital financiero cotizado. En Estados Unidos, los ETF vinculados a oro físico han absorbido más de 37.000 millones de dólares en flujos netos hasta septiembre, una cifra que no se veía desde el último gran ciclo alcista. La entrada de estos volúmenes evidencia un retorno del “smart money” hacia activos tangibles, resistentes e independientes de la política monetaria.

Este contexto, combinado con unos fundamentales sólidos, ha llevado a múltiples analistas internacionales a revisar sus previsiones al alza. Según Mining, el precio del oro podría situarse entre los 4.400 y los 5.300 dólares la onza este año entrante, escenario que situaría el metal en territorios nunca pisados.

Pero una de las predicciones más comentadas es la de Goldman Sachs, que anticipa un incremento adicional del 6% hasta mediados de 2026. El factor determinante, según la entidad, no será la demanda de joyería ni los fondos especulativos, sino la acumulación estructural de los bancos centrales, una fuerza de mercado lenta, constante y extraordinariamente poderosa.

Los factores clave que explican esta escalada son principalmente:

  • Debilitamiento del dólar: la pérdida de confianza en el papel del dólar como divisa hegemónica empuja a economías enteras a reforzar alternativas tangibles como el oro. 
  • Expectativas de bajadas de tipos en EE. UU.: tipos más bajos reducen la rentabilidad de los bonos y hacen que el oro —que no genera flujos, pero preserva valor— se vuelva más atractivo.
  • Tensiones geopolíticas y comerciales: la fragmentación global genera un entorno en el que los activos de riesgo sufren y los refugios prosperan. 
  • Acumulación de reservas fuera de Occidente: los emergentes buscan blindarse ante sanciones, devaluaciones e inestabilidad financiera.

En conjunto, estos elementos no describen un simple repunte coyuntural. Apuntan hacia una reconfiguración del orden monetario, donde el oro vuelve a actuar como contrapeso natural a las monedas fiduciarias y a un sistema financiero cada vez más frágil.

 

¿Hacia dónde miran los mercados en 2026?

Si se confirma que el oro puede llegar a los 4.400–5.300 dólares la onza, nos encontramos ante una mutación profunda del mercado: el oro dejaría de ser un “activo alternativo” para convertirse, de facto, en un activo esencial para la preservación de valor. Y esta idea, que hasta hace poco parecía exagerada, hoy es una hipótesis seria en muchos despachos de análisis.

Las palancas que sostienen esta posible nueva etapa son claras. Por un lado, la demanda institucional y de los bancos centrales mantiene un ritmo sólido, impulsada por la necesidad de diversificar reservas y reducir dependencias monetarias. Además, el entorno macro sigue jugando a favor del metal: si la inflación persiste o los bancos centrales optan por mantener tipos de interés elevados, el oro refuerza su papel como cobertura natural frente a la pérdida de poder adquisitivo.

La geopolítica añade todavía más presión, porque cualquier sacudida entre China y EE. UU., un nuevo episodio en Oriente Próximo o tensiones en las cadenas de suministro puede reactivar de manera inmediata los flujos hacia los activos refugio. Y si, paralelamente, los bonos ofrecen rendimientos exiguos y las bolsas entran en fases de volatilidad, el metal vuelve a brillar como alternativa estable en medio del ruido.

Aun así, el camino no está exento de riesgos. Un endurecimiento inesperado de los tipos de interés o un repunte del dólar podría frenar el ascenso. También existe el fenómeno conocido como fatiga del oro: cuando todo el mundo da por descontado que seguirá subiendo, el mercado puede perder empuje. Y, por último, no se puede descartar que otros activos emergentes, como ciertas criptomonedas o metales industriales como la plata, capten parte de la atención inversora.

Pese a estos matices, el consenso es claro: si 2026 confirma la trayectoria actual, no hablaremos simplemente de un repunte, sino de un cambio de era en el papel del oro dentro del sistema financiero global.

 

Impacto para ahorradores, inversores y el ecosistema Fintech

En un entorno de incertidumbre persistente, el oro vuelve a actuar como un cojín de protección para el ahorrador: no sustituye una cartera completa, pero una exposición moderada puede ayudar a amortiguar sacudidas monetarias o bursátiles. Al mismo tiempo, la revolución Fintech ha democratizado el acceso al metal: hoy se puede invertir en él a través de compra física, ETF, plataformas digitales, inversión fraccional o sistemas de tokenización que antes eran impensables.

Para el cliente final, la regla sigue siendo la misma de siempre: equilibrio y diversificación. Ni concentrarlo todo en oro, ni ignorar un activo que ha demostrado resiliencia cuando otros mercados flaquean. Y hay que tener presente que, en muchos países europeos, el oro de inversión disfruta de un tratamiento fiscal específico, un elemento que puede influir en el retorno real de cualquier estrategia.

Si 2025 ha sido el año del estallido, 2026 podría ser el de la consolidación. Pero nada es automático: la trayectoria del oro dependerá de la inflación, del dólar, de la geopolítica y de las decisiones de los bancos centrales. El oro no es una varita mágica, pero sí una pieza clave dentro de un rompecabezas financiero más amplio que la comunidad de 11Onze debe observar con mirada crítica e informada.

Si quieres descubrir la mejor opción para proteger tus ahorros, entra en Preciosos 11Onze. Te ayudaremos a comprar al mejor precio el valor refugio por excelencia: el oro físico.

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La inflación interanual en España el 2022 fue del 8,4%. El oro de Preciosos 11Onze se ha revalorizado un 9,5%. En febrero de 2022 poníamos en marcha Preciosos 11Onze, ofreciendo a los miembros de nuestra comunidad comprar oro para protegerse de la inflación. Casi un año después, la cotización del oro confirma el pronóstico.

 

No es ningún secreto que analizando la evolución histórica del valor del oro se demuestra que, todo y algunos momentos puntuales de fluctuación a la baja, es un verdadero valor refugio que protege nuestros ahorros, especialmente en momentos de crisis económica. Esto se hizo patente durante el periodo de tres años que duró la crisis sanitaria, en que la cotización del oro aumentó en un 40%.

Después de la vuelta a la ‘normalidad’, el 2022 se presentaba como el año para consolidar la recuperación económica. Aun así, la incertidumbre geopolítica y la crisis energética, junto con la elevada inflación y la tensión monetaria a causa de la pérdida de valor del euro respecto al dólar, provocó que muchas familias perdieran gran parte de su poder adquisitivo.

Un valor seguro ante la incertidumbre

En este contexto, comprar oro no era una inversión o un instrumento de especulación, sino una de las pocas opciones que tenía la gente para salvaguardar su dinero. Es por eso que estrenamos Preciosos 11Onze, como una herramienta para que nuestra comunidad pudiera proteger sus ahorros en un contexto extremadamente convulso.

La fortaleza del dólar y la incertidumbre sobre la posible subida de los tipos de interés contribuyeron a la fluctuación del precio del oro durante el 2021, pero a principios del 2022 se confirmaba una nueva tendencia al alza. Así pues, desde entonces, ¿ha mantenido su reputación como valor refugio? Sin ningún tipo de duda podemos decir que sí. Cuando estrenamos Preciosos 11Onze, la onza de oro cotizaba a 1,599 €, y hoy tiene un precio de 1,749 €, una subida de valor de casi un 9.5%.

Esto significa que ante la depreciación del euro por la inflación y por la competencia del dólar, tener tu dinero en oro no solo habría evitado la pérdida de su valor, sino que lo habría aumentado de manera considerable. Evidentemente, hay que tener en cuenta que la rentabilidad histórica no es indicativa de la rentabilidad a futuro y que cualquier compra de metales preciosos comporta cierto riesgo, pero como hemos visto, dejar el dinero en el banco puede ser mucho peor.

 

Si quieres descubrir la mejor opción para proteger tus ahorros, entra en Preciosos 11Onze. Te ayudaremos a comprar al mejor precio el valor refugio por excelencia: el oro físico.

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Empezar un año nuevo es como comenzar una libreta. Este 2022 tiene que ser, por fuerza, un año pletórico, porque los dos anteriores los hemos vivido en pandemia y han sido toda una lección. Además de ayudarnos a poner prioridades a la vida, seguro que nos han servido para aprender a ahorrar. ¡Ahora es la hora de poner en práctica todos estos aprendizajes!

 

Para empezar el año con buen pie, la agente Silvia Granado nos da 11 consejos para ahorrar durante los 365 días. Para que te quede suficiente dinero para hacer la escapada de fin de semana que hace tiempo que tienes en mente o para comprar durante las rebajas o para pagarte aquel curso de idiomas que sabes que te hace falta. 

Empezamos con los más básicos: compra lo que realmente necesitas, organiza una caja con 12 sobres para los 12 meses del año donde ir escondiendo algunos billetes que sumarán una buena cantidad al final del año, guarda las pagas extras enseguida en la cuenta de ahorro, haz un presupuesto para las vacaciones y divide la cantidad por 12 meses por saber cuánto tienes que ahorrar cada mes, reduce las comidas y cenas fuera de casa y revisa las suscripciones a plataformas de contenidos. ¿Quieres saber más consejos? ¡Consulta la otra mitad en el video de abajo!

11Onze se está convirtiendo en un fenómeno como primera comunidad fintech de Cataluña. Ahora, lanza la primera versión de El Canut, la super app de 11Onze, para Android y Apple. Desde El Canut se puede abrir la primera cuenta universal en el territorio catalán.

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Cerramos un año donde la subida generalizada de precios ha provocado que muchas familias tengan dificultades para llegar a fin de mes. ¿Cómo evolucionará la economía el 2023? ¿Qué podemos hacer para ajustar el presupuesto familiar? Hablamos de ello con Xavi Viñolas, redactor de 11Onze y Gemma Vallet, directora de 11Onze District, en un nuevo episodio de La Plaça, el magacín radiofónico de Territori 17.

 

Con una inflación interanual del 8.4%, el 2022 ha sido un año desastroso para muchas familias que han visto como su poder adquisitivo disminuía hasta límites insostenibles. La subida de precios desbocada ha hecho incrementar el coste de la vida en un momento que muchos hogares apenas se recuperaban del golpe de la pandemia. ¿Qué nos espera para el 2023?

Este año veremos si los bancos centrales serán capaces de parar la subida de precios sin castrar la recuperación de las economías. Los analistas financieros prevén que la inflación bajará hasta el 5%, pero como apunta Viñolas, “en un contexto de incertidumbre y alta volatilidad económica, nos tenemos que coger cualquier previsión económica con pinzas, los mismos expertos nos decían que la inflación actual duraría cuatro días”.

Proactividad al reducir los gastos

Ahora, más que nunca, es necesario disponer de una hucha para posibles imprevistos. Pero, frente a un contexto económico que no favorece el ahorro y donde nuestro dinero ha perdido una buena parte de su valor, no es nada fácil reducir nuestros gastos mensuales para ahorrar.

El redactor de 11Onze nos propone ser proactivos y fijarnos al reducir algunos gastos fijos, que no siempre son difíciles de recortar. Servicios contratados en régimen de permanencia, como el seguro del hogar o del coche, se pueden renegociar o simplemente podemos hacer un cambio de proveedor que ofrezca una póliza sin permanencia y más ajustada a nuestras necesidades, que nos puede salir mucho más económica.

Así mismo, los proveedores de suministros, como la electricidad, nos pueden dar cierto margen de maniobra, cambiando la potencia contratada o pasando del mercado libre al mercado regulado. Modificar el contrato o buscar ofertas más asequibles puede significar un ahorro considerable y ayudarnos a cuadrar el presupuesto a final de mes.

 

Si quieres conocer un seguro justo para tu hogar y para la sociedad, descubre 11Onze Segurs.

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