Ventajas y desventajas de invertir en oro

El oro continúa siendo el activo refugio por excelencia para las personas que quieren proteger sus ahorros de la persistente inflación. Aun así, como en cualquier inversión, es importante conocer y tener en cuenta los pros y contras de hacer una compra de este metal precioso.

 

La capacidad del oro para ofrecer una protección contra la inflación, manteniendo o incrementando su valor en contextos de crisis económicas, lo convierte en una compra prácticamente obligada si queremos diversificar y rentabilizar nuestros ahorros.

Un hecho que se ha confirmado desde que empezó a subir la inflación a partir del 2021, alcanzando su nivel más alto (7,4%) en 30 años en marzo de 2022, provocando que muchos hogares hayan sufrido con resignación una bajada de su poder adquisitivo y la pérdida de gran parte de sus ahorros.

Aunque esta subida desmesurada de precios se ha frenado, la inflación en Cataluña se mantiene en el 3,6%, según los últimos datos emitidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata de una tasa de inflación que ni la baja rentabilidad de los depósitos bancarios ni las letras del Tesoro han podido compensar.

En cambio, en los últimos cinco años, el oro ha experimentado un aumento espectacular de valor, duplicando su precio. En cuanto al 2024, durante los primeros seis meses del año su precio ha aumentado en un 12%, siguiendo la tendencia al alza de 2023, superando a la mayoría de los principales tipos de activos de inversión y reafirmándose como el activo más valioso del mercado.

Ahora bien, a pesar de que comprar oro puede ser una muy buena opción para proteger nuestros ahorros y nos puede ayudar a obtener liquidez en caso de necesidad, es crucial evaluar las ventajas y desventajas de hacer este tipo de compra antes decidirnos a invertir.

Las buenas noticias

  • Mantiene su valor: El oro continúa siendo el activo refugio por excelencia y un depósito de valor sin parangón que tiene tendencia a revalorarse cuando hay incertidumbre en los mercados.
  • Protección contra la inflación: Cómo hemos explicado más arriba, el oro ha demostrado ser una buena cobertura contra la inflación y la devaluación de nuestros ahorros. 
  • Alta liquidez: Gracias a su valor intrínseco, es un activo altamente líquido que se puede vender fácilmente, lo cual facilita su conversión en efectivo en caso de necesidad.
  • Diversificación de inversiones: La cotización del oro a menudo se mueve de manera inversa a los mercados bursátiles y monetarios, actuando como una protección en periodos de volatilidad y ayudándonos a diversificar nuestra cartera de inversión.

Las no tan buenas

  • Barreras de entrada: Invertir en oro físico puede requerir un gasto inicial significativo. A pesar de que hay alternativas como los fondos de inversión, no todo el mundo tiene fácil acceso a estas opciones. Desde 11Onze Preciosos hacemos compras colectivas, de forma que podemos obtener las mejores ofertas para todos los miembros de nuestra comunidad.
  • No genera ingresos pasivos: A diferencia otras inversiones como las acciones o los bonos, el oro es un activo que no genera dividendos ni intereses. Esto quiere decir que, por norma general, los inversores no reciben ingresos regulares por el hecho de poseer oro. Aun así, existen productos como el Oro Semilla, que puede generar ingresos pasivos y regulares con la compra de oro.
  • Costes de almacenamiento: El oro físico necesita un almacenamiento seguro como cajas fuertes o servicios de almacenamiento profesional. Un servicio de custodia te asegura que tu oro estará protegido y asegurado, pero esto tiene un coste. A cambio, en 11Onze Preciosos, cuando llega el momento, nos encargamos de vender al precio más beneficioso posible el oro de nuestros clientes que han contratado un servicio de custodia con nosotros.

Preciosos 11Onze te lo pone fácil para que puedas comprar oro al mejor precio y con total seguridad. Llámanos y habla sin ningún compromiso con uno de nuestros agentes para aclarar cualquier duda que puedas tener y protégete de la inflación con el valor refugio por excelencia.

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La historiografía española tradicional, articulada en torno a la Real Academia de la Historia —con sede permanente en Madrid—, todavía en el siglo XXI sigue sosteniendo el concepto de “Reconquista”. Un término cargado de intencionalidad política, que sirve para alimentar a los postulados más unitaristas de la política española —especialmente de la derecha y la ultraderecha—, lo que permite perpetuar una visión monolítica y teleológica del pasado peninsular.

 

Por suerte, desde el fin de la dictadura franquista, una nueva generación de historiadores rompió con los dogmas impuestos por el régimen, inspirándose en las metodologías de la Escuela de los Anales y del modelo científico francés. Este giro supuso asumir que las fuentes documentales no reflejaban la totalidad de la realidad social, sino únicamente lo que el poder había decidido registrar. Así, la mayor parte de la sociedad —sobre todo las comunidades campesinas— había quedado deliberadamente excluida de ese relato épico oficial.

La progresiva incorporación de la arqueología como fuente primaria permitió compensar el sesgo documental. Esta mirada renovada desmontó la narrativa tradicional y abrió la puerta a estudiar formas de organización social y modelos de asentamiento históricamente invisibilizados. Gracias a ello, pudieron investigarse dinámicas productivas, procesos de distribución y reorganizaciones territoriales que hasta hace pocas décadas permanecían escondidos.

Además, esta metodología ha ido evidenciando las contradicciones flagrantes entre el registro documental y los restos arqueológicos, poniendo al descubierto numerosos casos de documentación falsificada, especialmente en litigios entre instituciones eclesiásticas y comunidades campesinas, sobre todo en lo que se refiere a propiedades, derechos de explotación o límites territoriales. Este hecho ha puesto de manifiesto que el poder no solamente controlaba la producción del excedente, sino que legitimaba su derecho a hacerlo.

Hoy en día, el consenso historiográfico está claro: la formación del feudalismo en la península Ibérica no puede entenderse como un proceso lineal ni homogéneo. Las investigaciones más recientes muestran que no hubo un único “modelo feudal peninsular”, sino una constelación de procesos territoriales con cronologías, intensidades y formas de articulación diversas. Lejos de una simple importación del modelo franco, el feudalismo castellanoleonés se construyó sobre una base compleja en la que confluyen estructuras heredadas de la Antigüedad tardía, transformaciones internas derivadas de la presión militar en la frontera con Al-Ándalus y la concentración del poder territorial en manos de una minoría de élites locales.

En definitiva, estos estudios han mostrado que, a lo largo de los siglos, las estructuras de poder han ejercido una coerción sistémica sobre las capas subalternas, imponiendo progresivamente la generación de excedentes para sostener a los sectores más improductivos de la sociedad. Solo a través de una mirada poliédrica —económica, social, cultural y mental— será posible comprender la complejidad de una realidad peninsular radicalmente plural y diversa, muy alejada de la simplificación que pivota sobre la supuesta e inalterable esencia de España.

 

La creación de una nueva realidad histórica

La expansión castellano-leonesa puede ser leída —si se quiere— como una historia del Far West por la sorprendente similitud entre ambas expansiones, tanto en la dinámica de empleo y transformación como en su posterior consolidación territorial. Así, si se sustituye las cimitarras árabes por arcos y flechas indios, las espadas por revólveres de cowboys y los castillos de piedra por los fuertes de madera del séptimo de caballería, el resultado es un relato digno de la industria cinematográfica del western.

Sin embargo, esta analogía debe servirnos para alejarnos de la épica española fundamentada en el “destino en lo universal” y asumir —de una vez por todas— que el proceso vivido por el mundo astur a finales del siglo VIII no es un hecho aislado ni, con mucho, el resultado de una idea sustancial inmundo. Se trata, más bien, de eventos plenamente similares a los que se produjeron en otros territorios del solar hispánico.

Un caso paradigmático fue el reino de Pamplona, ​​que, solo medio siglo más tarde, adoptó un mecanismo de legitimación muy parecido: la proclamación regía —sin aval carolingio ni presión califal inmediata—, sustentada por la Iglesia y por un relato heroico —Roldán y Roncesvalles— que, a imagen del modelo asturiano real.

A partir de este postulado, podemos entender cómo se gestó la nueva realidad política del noroeste peninsular a partir del siglo IX. La aparición de una nueva oligarquía de magnates ovetenses, enriquecidos gracias a una eficiente economía del pillaje — sobre tierras califales— alteró el status quo tribal de elección colectiva, sustituyéndolo por la transmisión hereditaria del poder dentro de una sola familia. Esta ruptura con el pasado tomó forma concreta y perdurable con la fundación de una nueva capital sobre los restos de un antiguo campamento militar romano. De este modo, León se convirtió en el nuevo epicentro del poder regio astur-leonés.

El gesto no solo implicó el desplazamiento del epicentro político de Oviedo a León, sino también la adopción de una nueva intitulación —Rex Hispaniae—, lo que evocaba la noción plural de la Hispania, configurada a partir de las antiguas provincias tardorromanas. Sin embargo, los navarros proclamarán a Eneko Aritza —o Íñigo Arista— como Rex Pampilonensium, una titulación que subrayaba su autonomía y que, a su vez, reivindicaba un poder anclado en un territorio concreto y en una comunidad política diferenciada. La coexistencia de estas dos fórmulas —una de alcance peninsular y otra de raíz estrictamente regional— ilustra perfectamente la fragmentación del poder y la pluralidad de proyectos políticos que caracterizaron a la península Ibérica en la alta edad media. En definitiva, la noción de “Hispania” quedaba lejos de unificarse bajo una sola corona, sino que se convertía en un espacio disputado, donde cada reino buscaba legitimarse a partir de su propia tradición y genealogía.

La nueva dinastía leonesa reorganizó su espacio político en cuatro territorios: Galicia, Asturias, Cantabria y Bardulia— partir del siglo X, conocido como Castilla— articulados mediante una moderna red urbana concebida para satisfacer las necesidades de una aristocracia cada vez más dependiente de la política expansiva real. En paralelo, el sur fue objeto de un intenso encumbramiento militar para garantizar la seguridad del reino. Desde entonces, aquel territorio situado al sur de la frontera fue conocido— tanto como entidad política sino como espacio de marca defensiva— con el nombre de Extremadura, del latín Extrema Durii, “el extremo del Duero”

A diferencia de los valles asturianos del norte, esta Extremadura —es decir, la franja comprendida entre los ríos Duero y Tajo— ofrecía amplias llanuras y bosques aptos para imponer, de forma progresiva y coercitiva, la producción cerealística y ganadera a gran escala, base de la supervivencia del reino leonés.

Únicamente esa mirada explica el porqué del enorme dinamismo económico que la dinastía leonesa experimentó a lo largo de los siglos X–XII. Por tanto, continuando con la analogía del Far West —como un buscador de oro enloquecido—, el reino de León siempre necesitó nuevos territorios para seguir alimentando su codicia y la de sus aliados, a fin de mantener la estructura política, económica y cultural del reino.

Si se sustituye las cimitarras árabes por arcos y flechas indios, las espadas por revólveres de cowboys y los castillos de piedra por los fuertes de madera del séptimo de caballería, el resultado es un relato digno de la industria cinematográfica del western.

La propaganda como arma de destrucción masiva

Cada vez que las arcas del reino leonés exigían mayores ingresos, la receta era invariable: expandirse a costa de las tierras bajo jurisdicción califal. Esta sed constante de recursos obedecía —sobre todo— a los caprichos de las élites: la ampliación de algún palacio o catedral, el encargo de una pintura mural que respondía a gusto puramente ornamental e ideológico, la adquisición de reliquias de procedencia más que dudosa, la compra de fastuosas joyas para con especies venidas de Oriente, y —aún más importante— varios viajes devotos —y muy costosos— para venerar al Santo Sepulcro de Jerusalén. En resumen, gastos absolutamente imprescindibles para la buena marcha de la economía interna del reino.

Además, era necesario mantener una élite guerrera que garantizara el estatus de las élites, lo que representaba una sangría económica tan grande para las arcas reales —y, de paso, para las comunidades campesinas— que la única manera de legitimarla era tener a estos guerreros siempre en movimiento. No vaya a ser que, aburridos, empezaran a buscar enemigos dentro de casa, como muestran numerosos episodios documentados en el siglo XI. Ante este peligro, las élites leonesas optaron por canalizar la violencia feudal hacia afuera, inventando y magnificando a un enemigo externo: el infiel del mundo califal que, al defenderse de los ataques feudales, justificaba aún más la política expansiva leonesa.

Pero ninguna conquista puede perdurar sin un relato que le dé cobertura moral. Las crónicas —como hoy la televisión o el cine— eran el amplificador perfecto: escogían el plan, recortaban la realidad, hinchaban la victoria más escasa y escondían la derrota más humillante. Todo envuelto en un discurso heroico que convertía un saqueo en obra pía y una maniobra indigna en gesta fundacional. No explicaban lo que ocurría, sino lo que convenía que quedara para la posteridad.

Y aquí es donde entran en escena las crónicas Albeldense, Rotense y Sebastianense: plumas que escriben al ritmo que marca la espada, redactadas ex post para levantar una memoria hecha a medida. Gracias a ellas, la usurpación se disfrazó de gesta y la dinastía leonesa se autoproclamó heredera directa del legendario reino de los vasos. Paradoja suprema: la misma dinastía que, en su momento, había hecho todo lo posible para diferenciarse —o incluso renegar— de ese legado, ahora le reivindicaba como pedigrí fundacional.

Para dar cuerpo a la leyenda, no dudaron en inventar héroes como Pelayo y batallas como Covadonga —episodios que, en el mejor de los casos, solo aparecen mencionados de paso en relatos redactados siglos después de los hechos que pretenden describir. De hecho, las crónicas árabes contemporáneas ni siquiera hacen mención de ello, lo que revela hasta qué punto estos mitos son construcciones políticas más que testigos históricos.

Estas crónicas— fundamento sobre el que se levanta la idea historiográfica de la “Reconquista”— no son una ventana transparente al pasado, sino un escaparate de propaganda política y económica al servicio de una dinastía y de una aristocracia con hambre de tierras y con voluntad de perpetuar su estatus. Lejos de limitarse a explicar acontecimientos, anclan la ficción de una misión histórica y construyen un derecho inventado para intervenir sobre territorios y comunidades que, hasta entonces, habían vivido al margen de la nueva maquinaria de poder. Una ficción que, más de un milenio después, todavía respira… y que, en algunos ámbitos académicos castellanos, sigue siendo venerada con la fe ciega de un dogma.

 

Un territorio de “personas libres”

Desde el inicio de la expansión feudal —a inicios del siglo IX— los territorios del noroeste peninsular se configuraron bajo la fórmula jurídico-administrativa —fundamentada en el derecho romano— del dominium, lo que designaba que, como titular de la propiedad de la tierra, había un dominus o señor. Por tanto, el rey o el conde se convirtió —desde el principio— en el propietario final de todas aquellas tierras que se fueran expropiando.

Ningún señor tendría interés en poseer tierras, aguas, rebaños o molinos si no hubiera campesinos capaces de organizar procesos de trabajo estables que convirtieran el esfuerzo en renta. Por eso, a partir del siglo X, la política expansiva leonesa se ejecutó por medio de las comunidades de “villa y tierra”, que se convertirían en el elemento clave de organización político-jurídica dentro de los nuevos territorios expropiados.

Contrariamente a lo que sostiene la historiografía tradicional, estos territorios no eran un desierto en el sentido literal de la palabra, es decir, completamente vacíos de población. El término desierto se ha utilizado de forma interesada para justificar el empleo, cuando en realidad hacía referencia a zonas que no se encontraban bajo jurisdicción efectiva del poder leonés o castellano. Vivían comunidades campesinas libres, con formas propias de autogobierno y gestión de recursos, que escapaban al control fiscal y jurisdiccional de los nuevos señores.

El verdadero peligro para la aristocracia no era, pues, un supuesto vacío demográfico, sino la existencia de estos grupos independientes a someter. Para conseguirlo, se crearon mecanismos de endeudamiento brutal —cartas de poblamiento, contratos de “presura”— que inmovilizaban a la población, la adscribían a la tierra y permitían imponer la producción cerealista y ganadera a gran escala, con el objetivo de asegurar la continuidad de las rentas de los señores.

Con el tiempo, las tierras terminaban cedidas a otros señores, entidades eclesiásticas o monasterios, generando la diversidad de regímenes de propiedad —realense, abadense, solariego, behetría— que, a partir del siglo XIV, desembocarían en la concentración de poder y tierra en pocas manos. La historiografía ha definido este proceso como señorío.

Pero, a principios del siglo XIII, esta política territorial acabó ahogando a la sociedad leonesa. La ambición de los rentistas —nobleza y clero— exigía más tierras y, por tanto, más campesinos que las convirtieran en renta. Sin embargo, puesto que parte de la población autóctona había sido expulsada o masacrada, León —ahora sí— se encontró con amplios territorios despoblados. Además, la población leonesa no tenía capacidad demográfica suficiente como consecuencia de una natalidad insuficiente que impedía revertir la situación. Por este motivo, el modelo feudal leonés se convirtió, a la larga, en poco flexible; y, a pesar de aportar estabilidad social, acabó por frenar la innovación y la capacidad expansiva.

En paralelo, el feudalismo castellano —el cual también había nacido en la frontera con Al-Ándalus— se configuró a partir de una sociedad aún más militarizada, donde los campesinos eran agricultores y soldados a la vez, obligados a defender el territorio mientras producían el excedente. Por tanto, en cada nueva conquista se exigía levantar fortificaciones y establecer poblamientos que transformaban comunidades enteras en unidades defensivas.

Esta dinámica convirtió a Castilla en una sociedad extremadamente adaptable a las diferentes coyunturas expansivas de los sucesivos siglos. Por este motivo, tanto la aristocracia— y eclesiástica— como los campesinos compartían la misma función social: garantizar el dominio territorial. Mientras León preservaba un feudalismo conservador, Castilla desplegaba un sistema feudal mucho más agresivo, adaptable y dinámico, capaz de proyectarse hegemónicamente sobre el resto de territorios. Este modelo funcionó mientras hubo territorio suficiente para implementarlo, es decir, hasta el siglo XIV.

Ante este panorama de agotamiento estructural, la familia real leonesa optó por una solución “pragmática”: vender el reino de León en Castilla por una suma anual de 15.000 maravedises —unos 2 millones de euros actuales— para cada miembro de la familia hasta su muerte. El acuerdo quedó sellado en la Concordia de Benavent (1230).

Ningún señor tendría interés en poseer tierras, aguas, rebaños o molinos si no hubiera campesinos capaces de organizar procesos de trabajo estables que convirtieran el esfuerzo en renta.

El modelo extractivo castellano

Tras la compraventa del reino de León, su integración en la órbita castellana no solo transformó el equilibrio político peninsular, sino que marcó un punto de inflexión en el modelo de explotación del territorio. La antigua diversidad de estructuras políticas y económicas quedó absorbida por un sistema de gobierno que concentraba el poder y la tierra en manos de una minoría rentista, a menudo absentista, que vivía alejada de la actividad productiva. Estas élites, ya fueran la monarquía, la gran nobleza o la alta jerarquía eclesiástica, se desvinculaban progresivamente de las necesidades materiales de la población y se centraban en la perpetuación de sus privilegios.

La economía peninsular castellana evolucionó hacia un modelo extractivo en el que la riqueza no provenía de la innovación, la manufactura o el comercio interno, sino de la capacidad de extraer rentas agrarias y fiscales de unas masas campesinas sometidas, después de haber experimentado el proceso de señorío o pérdida de libertades. Ahora el territorio era percibido como una fuente inagotable de explotación, y no como un espacio de innovación. Esta lógica consolidó una estructura de desigualdad sistémica, en la que el trabajo productivo quedaba relegado a las capas más bajas, mientras las élites concentraban la riqueza y el poder político.

Cuando, a partir del siglo XVI, empezaron a llegar a la península las remesas masivas de oro y plata procedentes de América, este colosal influjo de metal precioso no se destinó a diversificar la economía, crear infraestructuras o impulsar una base industrial propia. Al contrario: se convirtió en combustible para financiar guerras lejanas, sostener una corte profundamente corrupta, mantener una aristocracia cada vez más parasitaria y pagar deudas perpetuas con banqueros alemanes e italianos. La corrupción no era una desviación del sistema, sino un pilar de su funcionamiento: el reparto de honores, cargos y privilegios servía para asegurar lealtades políticas y perpetuar el círculo rentista. El resultado fue que, mientras las arcas reales castellanas veían entrar toneladas de oro, las estructuras productivas internas seguían ancladas en patrones medievales y dependientes de la extracción de rentas.

Así, a su llegada al siglo XVIII, Castilla arrastraba un déficit estructural que convertía la debilidad del tejido urbano, la fragmentación de los mercados y la persistente concentración de la tierra en obstáculos insalvables para la modernización y la industrialización. Las estructuras señoriales, la falta de una burguesía autónoma capaz de desafiar al poder aristocrático y la preeminencia de rentas agrarias sobre la producción manufacturera habían moldeado un país dual: un norte con algunos núcleos urbanos dinámicos pero sin capacidad de tracción, y un sur dominado por grandes latifundios improductivos.

Este desequilibrio no era fruto de circunstancias puntuales, sino la continuación —bajo nuevas formas y nuevos nombres— del modelo económico y político nacido con la integración de León en Castilla. Un modelo que sobrevivió intacto a cada cambio de dinastía y que, con la llegada de los Borbones, no únicamente no se reformaría, sino que acabaría amplificándose.

 

Una dinámica que pervive hasta la fecha

A principios del siglo XVIII, la muerte del último Austria desencadena una cruenta guerra sucesoria. Cuando finalmente el trono hispánico pasa a manos de los Borbones, muchos creyeron que sería el inicio de una reforma profunda del Estado, dado que Felipe V heredaba una hacienda saneada gracias a la gestión de su predecesor, Carlos II, ya la primera deflación controlada documentada en Europa occidental. Las arcas reales presentaban superávit, una situación inaudita para un monarca acostumbrado a la corte francesa permanentemente endeudada por los lujos pantagruélicos de Luis XIV.

Pero en poco menos de diez años, aquella almohada económica se volatilizó. El centralismo borbónico no reformó el sistema, sino que lo blindó. El Estado siguió viviendo de las rentas y dependiendo de recursos externos, mientras el patrimonio público seguía al servicio de los intereses privados de los círculos de poder —una inercia que, de hecho, ha llegado hasta nuestros días.

El nuevo aparato administrativo, calco del modelo francés, marcado por la mentalidad del hexágono francés —aquella concepción de que Francia no es solo un estado, sino un proyecto territorial que siempre se quiere más compacto, más controlado y con fronteras “perfectas”— sirvió para controlar más directamente todos los territorios peninsulares y el flujo de riqueza que se generaba. Por tanto, este sistema no fue empleado para modernizar la economía, y menos aún para redistribuir oportunidades. El clientelismo, la corrupción y el reparto de cargos a fieles no solamente se mantenían: se convirtieron en una estructura sistémica. De esta forma, el desequilibrio histórico entre los territorios peninsulares se consolidó de forma perpetua.

Castilla arrastraba un déficit estructural que convertía la debilidad del tejido urbano, la fragmentación de los mercados y la persistente concentración de la tierra en obstáculos insalvables para la modernización y la industrialización.

El hexágono que nunca se cierra

En definitiva, el cambio de dinastía no supuso el nacimiento de una España moderna, sino la continuidad de un mecanismo secular, ahora con acento francés y envuelto en un relato más pulido. Un relato que bebía de la mentalidad expansionista del hexágono, pero todavía hoy inacabado.

Siguiendo esta lógica política, Castilla llegó hasta las Cortes de Cádiz (1812) —en plena guerra contra Napoleón— para formular por primera vez “España” como estado unitario. El objetivo de fondo era la homogeneización territorial, algo que nunca llegó a alcanzarse debido a la existencia de una diversidad lingüística, jurídica, cultural y económica interna.

La derrota de Napoleón y el posterior Congreso de Viena (1814–1815) dibujaron un nuevo mapa continental. Las grandes potencias europeas, obsesionadas con contener a Francia, crearon varios “estados tapón” —como Países Bajos, Baviera o Piamonte-Cerdeña— para frenar posibles expansiones futuras francesas. En este contexto, Cataluña, por su posición geográfica, identidad histórica y tradición política, tuvo la posibilidad de convertirse en la cuarta pata de este cinturón defensivo en el sur. Pero la combinación de una España gobernada por un Fernando VII absolutista y desacreditado, y de unas élites económicas catalanas más interesadas en mantener los privilegios comerciales en el imperio que en redefinir su soberanía, cerraron aquella oportunidad histórica. Un episodio que demuestra que las fronteras no siempre las marca la geografía, sino las decisiones —y a renuncias— políticas.

Desde entonces, el sistema clientelar y la corrupción estructural española no sólo han sobrevivido, sino que se han adaptado a cada régimen: de las redes de influencia tejidas durante la expansión feudal, evolucionadas después por el proceso de señorío del Antiguo Régimen, a los caciques del siglo XIX, a las elites de la Restauración, a los intermediarios XX y XXI. El mecanismo ha sido siempre el mismo: concentrar poder y recursos en una minoría afín, mientras se proclama un discurso cohesionador que ignora o borra las diferencias internas.

Y aquí es donde el concepto de “Reconquista” se convierte en la pieza clave de toda la ideología política española de los últimos doscientos años. A través de un relato aparentemente histórico—con una duración ininterrumpida de unos mil años— este concepto fue utilizado por las élites castellanas no solo para justificar la unidad, sino para presentarla como condición indispensable para sostener la propia estructura del Estado. Esta estructura se alimenta creando dependencias económicas y políticas de las élites territoriales frente al centro: privilegios, contratos, cargos y ayudas que aseguran su lealtad y neutralizan cualquier disidencia. Sin esta red de dependencias —donde la corrupción actúa como cemento—, el sistema se convertiría en ingobernable.

Asimismo, esta dinámica del Estado español también ha generado una resistencia interna en algunos territorios que, pese a las presiones, han sabido luchar por preservar su singularidad, lengua, cultura e instituciones propias. Pero esta resistencia —a menudo menospreciada— también ha tenido que combatir no solamente la ofensiva del centro, sino la traición de aquellos que, sin escrúpulos, han vendido su país a cambio de favores y rentas perpetuas.

Así, la imposición de la supremacía castellana sobre la pluralidad peninsular es el mecanismo que permite perpetuar esa arquitectura de poder. El hexágono todavía está inacabado, no por falta de voluntad centralizadora, sino porque la realidad peninsular —radicalmente diversa desde sus orígenes— nunca se ha acabado homogeneizando hacia el centro. Únicamente una mirada poliédrica permitiría a España vertebrarse definitivamente.

 

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Quin abast històric té el relat que apareix a la “Cronica Fratris Salimbene di Adam Ordinis Minorum” la qual en dona fe d’una hipotètica ascensió del rei En Pere II el Gran al cim del Canigó, l’any 1285? I quina relació hi ha entre aquesta narració i la revolta popular esdevinguda a Sicília la primavera de 1282, coneguda com les vespres sicilianes?

 

A finals del segle XIII, el vell frare franciscà Salimbene d’Adam o de Parma (1221-1290), reclòs en el monestir de Montefalcone (Itàlia), tot realitzant un acte de memòria, redacta les seves impressions personals sobre la seva atzarosa vida. No es tracta d’un cronista apocalíptic, sinó profètic. No proposa una visió tremendista del seu món, sinó que narra uns fets per a la seva posterior reflexió. La seva “Cronica Fratris Salimbene di Adam Ordinis Minorum” escrita entre 1283 i 1290, és una mica de tot: autobiogràfica, història de l’orde, història de les ciutats del nord d’Itàlia, crònica universal del temps de Frederic II Hohenstaufen “stupor mundi” o diari de viatges a França i Itàlia.  

L’origen del mite

La tardor del 1889, G. Uzielle publicava dins del “Bollettino del Club Alpí Italià un extens article titulat: “Leonardo da Vinci e le Alpi”. Aquest treball estava complementat per tres apèndixs, el tercer dels quals responia al títol: “Ascensione di Pietro III d’Aragona al Canigou. De fet, es tracta d’un fragment (pàg. 354 – 355 de la primera edició) de la cèlebre crònica d’en Salimbene d’Adam. 

La primera edició moderna de la crònica es va realitzar dins de l’obra “Monumenta Historica ad provincias Parmensem et Placentinensem pertinentia, III (Parma, 1857). La segona edició, més completa i elegant, fou dirigida per Oswald Holder-Egger i la podem trobar al “Monumenta Germania Historica: Scriptores, llibre XXXII (Hanover, 1906). Així doncs, la importància de Salimbene d’Adam pel Pirineisme es deu al foli 459 (pàg. 597 – 599 de la segona edició) que duu per nom: “Sobre la mort del rei Pere d’Aragó.

El context en el qual apareix l’article d’Uzielle al “Bollettino” italià és el context en el qual s’està a punt de materialitzar la gran obra del Pirineisme escrita per Henri Beraldi: “Cent ans aux Pyrénées”. Amb l’edició d’aquesta magna obra —set volums en total— es comença a edificar el corpus de coneixements que posteriorment coneixerem com a Pirineisme el qual es tracta d’una barreja entre la pràctica esportiva combinada amb l’emoció estètica i cultural, sempre desenvolupada dins la serralada dels Pirineus. D’alguna manera, el Pirineisme va ser creat com l’antagònic a l’Alpinisme perquè aquest només representava la pràctica esportiva.  

Beraldi, com a bibliòfil empedreït, crea tot aquest món; rescata personatges del passat: De Carbonnières, Russell, Cadier, Passet, els enginyers geodèsics, Brulle o Lister, etc. Els grans mites de les grans gestes pirinenques hi són presents. Però la cosa no acaba aquí. Cap a 1911, Beraldi signa un article titulat “Tentative de Pierre III au Canigou”, publicat a “Le passé du Pyrénéisme”, on escriu: “Finalment, ens trobem davant d’un primer fet ben caracteritzat d’alpinisme. Pujar per pujar, per conquerir un cim. Tres anys després de les Vespres Sicilianes. Ascensió per Vallmanya o Taurinyà, ascensió dels Cortalets seguida fins al clot dels Estanyols, un lloc molt impressionant amb un temps fosc; sobrevinguda brusca d’una broma negra. Amb poques paraules, temptativa al Canigó el 1285.”

Així doncs, arran d’aquests dos articles i de posteriors treballs més actuals, la historiografia situa com a primera ascensió al cim d’una muntanya la protagonitzada pel rei En Pere II el Gran l’any 1285, al cim del Canigó. Com veurem, el foli 459 de la crònica de Salimbene d’Adam ha estat erròniament interpretat com a verídic, quan en realitat és un tractament metafòric de les disputes de poder entre dos reis —Pere de Catalunya i Carles d’Anjou— i dos territoris, Catalunya i França.

La tessitura a la qual Salimbene d’Adam escriu la seva crònica es realitza dins d’un context molt particular. I és per això que cal analitzar tot el text de la crònica amb rigor i contextualitzar el succés narrat dins d’ella amb la mentalitat social i política del segle XIII. La mirada del present cap al passat s’ha de fer amb ulls crítics perquè, si no ho fem, estem condemnats a deformar la realitat històrica.   

Per tant, tot el que estigui fora d’aquesta línia de treball —rigorositat i contextualització— genera un debat estèril. La principal tasca de l’historiador és crear coneixement i, per a fer-ho possible, no hem de desvincular els esdeveniments ni del seu espai ni del seu temps. Perquè això no succeeixi, tenim al nostre abast un conjunt d’eines —documents, cròniques, anals, cronologies, restes arqueològics, història oral— que ens ajudaran a apropar-nos amb la transparència possible a l’estudi del passat. Però això no acaba aquí. Així doncs, apareix la segona norma que hem de seguir: la lectura de la documentació. La simple lectura no ens porta enlloc, sinó tan sols a la distorsió històrica. Per tant, cal saber llegir entre línies. I aquest és l’error el qual es pretén reparar.

“La historiografia situa com a primera ascensió al cim d’una muntanya la protagonitzada pel rei En Pere II el Gran de Catalunya l’any 1285, al cim del Canigó.”

Una mirada rere la crònica

Per a comprendre el rerefons que amaga la crònica de Salimbene d’Adam sobre la narració del Canigó, hem de realitzar un doble esforç: per una banda, hem d’entendre el context sociopolític en la qual fou redactada la crònica i, per l’altre, hem d’analitzar pacientment els successos esdevinguts entre 1280 i 1285. Aquests cinc anys són la clau que ens permetrà desemmascarar el mite.     

El foli 459, apartat A, comença amb el significatiu títol: “De la mort de Pere, rei d’Aragó. Malgrat aquest inici, Salimbene ja ens ho adverteix en el foli 445, apartat B, quan ens comenta: Coneixent per avançat, que en menys d’un any, quatre il·lustres personatges, seran lliurades a la mort per voluntat de Déu, allí on es troba el sepulcre de tot vivent” seguit de “El primer serà el rei Carles, el segon el papa Martí, el tercer Felip, rei de França, el quart Pere, rei d’Aragó.” Així doncs, el rei En Pere d’Aragó (de Catalunya) serà la quarta persona rellevant del panorama polític internacional de l’època que passà a millor vida durant aquell any de 1285. 

Recordant el que s’escriu anteriorment, Salimbene comença el text dient-nos que “De la mateixa manera, en el present mil·lenni, durant la vetlla del beat Martí, Pere, rei d’Aragó, va tancar, va concloure amb la seva pròpia mort, el darrer dia; en aquest, el menor dels germans, el guardià que el va escoltar en confessió; fou enterrat a Vila-Nova, en el mateix lloc que els germans menors.” Efectivament, el rei En Pere II de Catalunya va morir la nit del 10 a l’11 de novembre de 1285 —diada de Sant Martí— a Vilafranca del Penedès, encara que el cronista escrigui Villa-nova. De fet, ja feia unes setmanes que havia caigut greument malalt mentre es dirigia cap a Salou per embarcar-se direcció a Mallorca, per arreglar les qüestions familiars amb el seu germà Jaume, donat que aquest havia pres part activa en favor de la croada francesa contra ell rei En Pere. Feia una mica més d’un mes —l’1 d’octubre— que l’exercit del rei En Pere havia vençut les tropes croades al Coll de Panissars.

Les vespres sicilianes 

Però els conflictes no només es reduïen a qüestions familiars. A l’origen de la croada s’hi trobava la qüestió siciliana. Veient-se la mort de prop i sota pressió, el rei En Pere va demanar que Sicília tornés a l’Església i va demanar “enviar una ambaixada al papa Honori —quart—, per a obtenir concòrdia entre els fills de Pere d’Aragó i els fills de França que es comentava que eren consanguinis i així resoldre el conflicte polític. 

Finalment, el darrer problema que havia de solucionar —arran de la croada francesa— era la qüestió castellà per la Regió de Múrcia. Però ni els problemes familiars, ni la qüestió siciliana i, ni de bon tros, els problemes amb Castella pogué fer-se’n càrrec, ja que la malaltia va posar fi a la seva vida.

El foli 459, apartat B, comença amb el suggerent títol: “Sobre la recomanació de Pere, rei d’Aragó, que queda evidenciat amb un exemple del que s’ha exposat amb anterioritat”. Aquest exemple és el que més controvèrsia ha suscitat dins del panorama historiogràfic.

Salimbene d’Adam ens presenta el protagonista de la seva narració, elogiant-lo de manera heroica Aquest rei Pere d’Aragó fou un home de gran cor, un fort soldat, i savi en la guerra” i demostrada per mitjà d’actes passats. “Doncs aquest home tingué una gran audàcia, i molta empenta”, i més concretament pel “… que es fa palès en l’empresa del regne de Sicília, que contra el rei Carles —d’Anjou— i el papa Martí —quart— es va atrevir a envair-los.” Al llarg de tota la crònica, Salimbene d’Adam ens descriu detalladament tot aquest afer. De fet, el tema sicilià serà un dels grans conflictes del segle XIII. A l’origen del conflicte s’hi troba la qüestió de qui ha de posseir l’illa. L’interès sobre Sicília es deu, principalment, a què l’illa és el graner de la Mediterrània i la clau de la ruta del comerç cap a orient.

Carles d’Anjou havia cercat projectar la seva persona per tota la Mediterrània per mitjà d’una nova croada. Amb la intenció de donar un cop d’efecte als seus adversaris, projectava un nou saqueig sobre Constantinoble, reproduint els esquemes de la quarta croada (1204). Però la situació es va torçar quan el sud italià s’enfrontà obertament a la seva política personal. Els sicilians havien començat a comprendre que la seva projecció com a república —similar a la de Gènova o Venècia— estava en greu perill. Aquest debat, Carles no el va entendre i va preferir destruir tal iniciativa.

Seguint la política insular del seu pare —el rei En Jaume el Conqueridor—, el 30 d’agost de 1282 un poderós estol català comandat pel rei En Pere va desembarcar a les costes de Sicília —concretament a Trapani—, provinent de la costa tunisenca d’Al-Coll, on hi havia anat a ajudar el seu vassall i aliat Abu-Bekr, senyor de Constantina. Un cop a Sicília, el rei En Pere es dirigirà cap a Palerm per ser coronat rei el 27 de setembre de 1282. La seva presència allí no era gratuïta: la seva esposa era Constança de Sicília, neta de Frederic II Hohenstaufen “stupor mundi”. Amb aquest acte, el rei En Pere reivindicava la memòria del passat de la família Hohenstaufen a l’illa, el passat que havia intentat esborrar la política de Carles d’Anjou. Els sicilians estaven convençuts que aquesta —la catalana— era la millor opció i la més encertada per a forjar el seu projecte. És per això que els sicilians, el 31 de març de 1282, s’havien alçat en armes contra el domini francès a l’illa. Aquest fet fou conegut com la revolta de les vespres sicilianes.

El conflicte va posar en escac la política de Carles, conduint-lo a una situació tensa. La negativa del rei En Pere d’abandonar Sicília el va conduir a dos nous horitzons: la disputa bèl·lica contra Carles i la disputa legal contra el papa. D’ambdues en va sortir victoriós. Mentre que a Carles el va esclafar a Nicotera —Calàbria— a les forces del papa les va destrossar a Panissars.

“El tema sicilià serà un dels grans conflictes del segle XIII. A l’origen del conflicte s’hi troba la qüestió de qui ha de posseir l’illa. L’interès sobre Sicília es deu, principalment, a què l’illa és el graner de la Mediterrània i la clau de la ruta del comerç cap a orient.”

Un exemple per l’audiència 

Salimbene ens explica que per a demostrar tot això, posarà un altre exemple sobre la valentia demostrada pel rei En Pere: Evident, encara que seguit d’un altre exemple, amb això que clarament exposem. Cal dir que a l’edat mitjana era molt normal recórrer a exemples fantàstics, impossibles de realitzar pels mortals, un terreny reservat tan sols per als herois. La finalitat de l’exemple és captar millor l’atenció del lector, com així ha estat. Aquest recurs de ficcionar un episodi per reforçar la imatge d’un rei valent no és un cas aïllat en la literatura medieval. Per exemple, en la tradició francesa, es troben històries similars sobre Carlemany i la seva llegendària ascensió als Pirineus, on es diu que va rebre una revelació divina sobre la seva missió a Hispània. Aquesta narració simbolitza la seva campanya per expandir el cristianisme i el seu paper com a defensor de la fe. De la mateixa manera, també es poden trobar paral·lelismes amb Ricard Cor de Lleó i les seves aventures a Terra Santa, així les novel·les cavalleresques franceses, situa l’heroi dins d’un espai d’incertesa —d’aventura— com és el bosc, per reafirmar el seu poder i coratge.

Salimbene ens situa el seu exemple en un espai concret En els confins de Provença i d’Hispània” i ens presenta l’objectiu “s’aixeca una alta muntanya, que la gent del país l’anomena Mont Canigó” i l’envolta de misteri “encara que nosaltres podríem anomenar-la Mont Tenebrós.” Atès que el protagonista de l’exemple és el rei català, Salimbene, segurament va optar per escollir un espai geogràfic del territori del rei.

Des de temps llunyans, el Canigó havia estat considerada com la muntanya més alta de la serralada dels Pirineus, impossible d’arribar-hi. Però per si no havia quedat prou clar que l’empresa és molt arriscada, recorre a una descripció geogràfica que li ofereix el gram geògraf grec del segle II, Ptolemaeus d’Alexandria a la seva “Geographia” el qual va recollir observacions empíriques que permetien identificar punts de referència geogràfics rellevants per a la navegació: Doncs, aquesta muntanya que els mariners veuen primer a l’arribada, després de partir és el darrer punt que podem veure, perquè quan ha desaparegut, cap altre és visible.” D’aquesta manera, l’objectiu impossible ha quedat fixat. Malgrat haver tingut alguns problemes interns, com ara les guerres amb els sarraïns, la revolta dels barons o els problemes familiars, la política insular iniciada pel rei En Pere arran del seu casori amb Constança de Sicília —el 13 de juny de 1262— ja no tindrà fre. El rei En Pere seguirà la seva política fins a les darreres conseqüències, encara que això esdevingui una qüestió personal.

Després d’emfasitzar sobre la perillositat de l’empresa plantejada pel rei En Pere, el cronista continua escrivint: “Mai cap home hi ha habitat, ni cap fill d’home s’ha atrevit a pujar-hi a causa de la seva alçada extraordinària, per la dificultat de l’itinerari i per l’esforç”. Malgrat haver tingut alguns recels importants a l’interior del reialme, sobretot per part de l’Església sobre les seves intencions d’envair Sicília, el rei En Pere va persistir en la idea inicial i va decidir tirar endavant amb l’aventura. En un primer moment, el rei En Pere comptarà amb el suport polític de dos importants aliats: Castella i Constantinoble. És per això que Salimbene ens diu: “Doncs bé, Pere d’Aragó havent decidit a pujar a la muntanya va cridar al seu costat a dos cavallers, amics íntims, que ell honrava amb el seu afecte, cosa que li prometeren no separar-se mai d’ell.

Com ja hem dit abans, la campanya de Sicília va començar el 30 d’agost de 1282. Un cop iniciada, aturar-la era quasi impossible, malgrat l’excomunicació papal del 9 de novembre de 1282. En aquest punt, Salimbene ens parla que “Mentre pujaven sentiren trons espantosos i del tot terribles sentiren trons espantosos i del tot terribles” fins que els seus companys caigueren a terra, morts de por sota el pes de la por i de l’espant d’allò que els havia vingut” que malgrat els esforços del rei En Pere per a restituir la situació, els dos companys “fins a perdre el coratge.” En realitat, les dues aliances que havia signat amb Castella i Constantinoble mai arribaren a fer-se efectives. Per altra banda, vist que l’excomunicació papal no havia donat resultats, el papa va lliurar els regnes del rei En Pere a qualsevol príncep cristià que els volgués conquerir. Per això, el 27 d’agost de 1283 l’oferia al rei de França i el 27 de febrer de 1284 —en una cerimònia celebrada a París— donava la investidura a Felip III de França, l’Ardit. Des d’aquell moment, la croada començava a dibuixar-se. Malgrat tot això, el rei En Pere va continuar amb la seva empresa.

“Als confins de Provença i d’Hispània, s’aixeca una alta muntanya que la gent del país l’anomena Mont Canigó, encara que nosaltres podríem anomenar-la Mont Tenebrós. Doncs, aquesta muntanya que els mariners veuen primer a l’arribada, després de partir és el darrer punt que podem veure, perquè quan ha desaparegut, cap altre és visible. Mai cap home hi ha habitat, ni cap fill d’home s’ha atrevit a pujar-hi a causa de la seva alçada extraordinària, per la dificultat de l’itinerari i per l’esforç. Doncs bé, Pere d’Aragó havent decidit a pujar a la muntanya va cridar al seu costat a dos cavallers, amics íntims, que ell honrava amb el seu afecte, cosa que li prometeren no separar-se mai d’ell. Mentre pujaven, sentiren trons espantosos i del tot terribles sentiren trons espantosos i del tot terribles i els companys caigueren a terra, morts de por sota el pes de la por i de l’espant d’allò que els havia vingut, fins a perdre el coratge. Pere va decidir pujar amb grans dificultats tot sol.”

El desafiament de Bordeus 

Però hi ha un fet que encara honra més la figura del rei Pere. Al foli 427, Salimbene ens explica amb gran detall el famós desafiament de Bordeus. Carles d’Anjou havia comunicat, per mitjà d’una ambaixada al rei En Pere, que aquest no havia estat cavalleresc i que havia entrat a Sicília sense raó. Per tant, aquesta qüestió l’havien de solucionar cavallerosament —o sigui, a cops d’espasa— i per aquest motiu se citaren per l’1 de juny de 1283 a la ciutat de Bordeus amb la finalitat de solucionar la qüestió siciliana. Ràpidament, el rei En Pere, s’adonà que es tractava d’una maniobra de distracció del rei francès per allunyar-lo i matar-lo lluny del seu regne —com li havia succeït al seu avi a Muret— cosa que l’alertà a marxar prematurament de Bordeus. I preveient la imminent invasió de Catalunya per les trobes croades del papa i del rei francès, el rei En Pere va demanar ajuda als seus aliats. La negativa fou total i al rei En Pere no li va quedar cap altre remei que afrontar la situació tot sol. És per motiu que Salimbene ens diu que davant d’aquest fet “Pere va decidir pujar amb grans dificultats tot sol.

Així doncs, el rei En Pere va disposar el seu exèrcit —per tal de barrar al pas a les tropes croades— en els principals colls de la serra de l’Albera: Panissars, Pertús i Banyuls. Malgrat els intents dels croats per passar-hi, les tropes del rei En Pere van poder frenar els intents. Però va ser l’abat de Sant Pere de Rodes qui va mostrar a les tropes croades el pas del Coll de la Maçana —prop el castell de Requesens—, la qual cosa els va permetre travessar l’Albera —12 de juny de 1285— i arribar ràpidament fins a Girona per posar-hi setge. Després d’uns mesos d’intensos combats —terrestres i navals— les tropes catalanes venceren les tropes croades. Potser, de totes elles, la coneguda és la batalla del Coll de Panissars de l’1 d’octubre de 1285

El doble sentit de la crònica

I ara entrem en la qüestió més delirant de la narració. Salimbene ens explica que “I quan fou al cim de la muntanyael rei En Pere—, hi va trobar un llac” i en veure’l “aquell lloc, hi va tirar una pedra. Aleshores sortir un drac horrible, de gran dimensió que es va posar a volar per tot l’aire que omplia d’ombres i que l’enfosquia amb el seu alè. Després —d’aquest succés— el rei En Pere va iniciar el descens.”

Aquest és el fragment on rau la gran metàfora que amaga el text de Salimbene per explicar el regnat d’En Pere II el Gran. La política insular del rei En Pere el va conduir a fitxar com a objectiu principal Sicília (el llac); després de temptejar la zona amb les campanyes de Tunísia, finalment hi ha el desembarcament a Trapani (tira la pedra); el papa Martí IV l’excomunica i posa tot els seus regnes sota la jurisdicció del rei francès (surt un gran i horrible drac); els francesos envaeixen Catalunya seguint la proclama de la croada dictaminada per la Santa Seu (el cel s’enfosqueix amb l’alè del drac); finalment, el rei En Pere surt victoriós de Bordeus i de la croada contra Catalunya (inicia el descens).

Finalitzada la seva aventura, Salimbene li reconeix els seus mèrits i les compara amb les empreses realitzades pel gran heroi llatí: Alexandre el gran. És per això que Salimbene ens diu: “Segons jo —Salimbene—, la gesta de Pere d’Aragó es pot comparar amb les gestes d’Alexandre, que amb moltes terribles empreses i gestes es va esforçar per a merèixer els elogis de la posteritat.”

“I quan fou al cim de la muntanya, hi va trobar un llac i aquell lloc, hi va tirar una pedra.  Aleshores sortir un drac horrible, de gran dimensió que es va posar a volar per tot l’aire que omplia d’ombres i que l’enfosquia amb el seu alè. Després —d’aquest fet— el rei En Pere va iniciar el descens. Segons jo, la gesta de Pere d’Aragó es pot comparar amb les gestes d’Alexandre, que amb moltes terribles empreses i gestes es va esforçar per a merèixer els elogis de la posteritat.”

La fi del mite

La figura del rei En Pere II el Gran de Catalunya no deixa de ser interessant pels esdeveniments que són lligats a ella. No es va astorar davant de tantes adversitats, arribant a meravellar als seus adversaris. Va saber afrontar el seu repte i el va superar. I aquesta és la seva metàfora; la seva existència personal. I aquesta és la mirada que recull Salimbene a la seva crònica. És per això que el context en la qual apareix la figura del rei En Pere II de Catalunya (d’Aragó) dins la crònica és sempre relatiu a la problemàtica siciliana. Aquesta qüestió, Salimbene la descriu d’una manera clara, descrivint l’evolució des de l’època de l’emperador Frederic II Hohenstaufen “stupor mundi”, passant pel període del rei Manfred i Carles d’Anjou fins a arribar al rei En Pere II de Catalunya.

Salimbene intueix que el rei En Pere II el Gran de Catalunya —igual que ho serà Carles d’Anjou— serà un dels personatges rellevants del panorama polític del segle XIII. Ho creu perquè coneix de primera mà els esdeveniments. Sap que el rei En Pere va haver de recórrer un llarg camí i va haver d’afrontar-se a tota mena de penalitats per assolir el seu objectiu final. És per això que Salimbene, reconeixent-li la seva tenacitat i la seva convicció de si mateix, ens mostra una certa simpatia vers el rei català. I per aquesta raó no ens ha d’estranyar la lloança metafòrica que realitza a la seva crònica un cop s’assabenta que el rei ha mort.

El problema —com sempre— rau en la mirada amb la qual ens apropem al passat. Des d’un punt de vista rigorós, tothom sap que l’existència d’un llac al cim d’una muntanya és més que improbable, perquè si així fos estaríem desafiant a les lleis de la física. És de sentit comú. Per no parlar sobre l’existència de dracs. Si neguem aquestes dues premisses, el nostre pensament com a historiadors ens ha de situar enfront d’una pregunta clau: Què ens intenta explicar el cronista a través de la seva narració? 

En canvi, si no realitzem aquest petit esforç i reconduïm la narració fictícia cap a la realitat, amb la finalitat de donar-li veracitat, ens endinsem per un camí molt perillós. Malgrat això, hom s’hi ha endinsat. És per això que trobem datacions a l’acció que narra en Salimbene. Ni el 1276, i encara menys el 1285 són possibles. No ho són perquè mai va existir l’aventura del Canigó, encara que la idea romàntica d’un feudal davant la muntanya sigui tan suggerent: La veritable aventura fou Sicília. El Pirineisme comença quan l’home té curiositat per entendre la realitat i es llança a l’aventura de l’observació, però… això són figues d’un altre paner. 

 

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Al contrario de la inflación, la deflación es un fenómeno económico caracterizado por una caída generalizada y sostenida de los precios de bienes y servicios. Aunque de entrada puede parecer una buena noticia para los consumidores porque aumenta su poder adquisitivo, puede tener consecuencias negativas para la economía.

 

La inflación es un concepto económico vinculado a la evolución del Índice de Precios de Consumo (IPC) que prácticamente todo el mundo sabe qué significa, ¿pero qué sabemos de la deflación? Contrariamente a la inflación, la deflación o inflación negativa es un descenso generalizado y sostenido —como mínimo dos semestres— de los precios de bienes y servicios.

Una deflación suele estar asociada a crisis y recesiones económicas. Se produce cuando la oferta de bienes y servicios en una economía es superior a la demanda, provocando que las empresas se vean obligadas a reducir precios para poder vender la producción y evitar acumular grandes cantidades de stocks.

De buen principio, una bajada generalizada de precios nos puede parecer una cosa positiva, puesto que se producirá un ajuste de precios que favorecerá a los consumidores. Es decir, si se mantienen los sueldos, aumenta el poder adquisitivo de las personas. Pero también puede generar un círculo vicioso de bajada de precios, provocando una reducción del gasto y haciendo que el consumo y la inversión se estanquen, lo cual supondría un menor crecimiento económico y un aumento del paro.

Efectos negativos de una deflación en la economía

Una deflación puede desincentivar el consumo: si pensamos que el precio de un producto continuará bajando, pospondremos nuestra decisión de compra esperando un mejor precio. Por lo tanto, si esta creencia se mantiene en el tiempo y todos los consumidores posponen sus decisiones de compra, las empresas se verán forzadas a seguir bajando los precios de sus productos por la carencia de ventas. Este efecto es el que se conoce como espiral deflacionista.

Esto comportará menos beneficios por las empresas, que tendrán que reducir costes, por lo cual tenderán a rebajar los salarios de sus empleados o, despedir trabajadores, provocando un aumento de la desocupación. Así pues, una deflación puede crear o empeorar una recesión, desencadenando crisis económicas de larga duración.

Por otro lado, los precios de los activos, como las acciones y los inmuebles, también pueden caer durante periodos de deflación, afectando negativamente el patrimonio neto de los individuos y las empresas. Este efecto puede provocar que sea más difícil hacer frente a las deudas, al aumentar la carga real de estas, lo cual podría llevar a familias y empresas a no poder hacer frente a sus obligaciones.

Es por eso que los bancos centrales se marcan como objetivo la estabilidad de precios en su política monetaria y con el control de la oferta de dinero, buscando una inflación en torno al 2%. Medidas que ponen en práctica a fin de mitigar la posibilidad que se produzca una deflación y así evitar que se tenga que inyectar dinero en la economía para aumentar la oferta monetaria, reduciendo el valor del dinero, para que suban los precios.

 

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Si no acabas de entender por qué, a pesar de vivir en una supuesta meritocracia, tu esfuerzo no se ve recompensado, no sufras, un modelo informático sobre la creación de riqueza tumba la noción que el éxito económico está ligado al talento y al esfuerzo individual, llegando a la conclusión que la suerte juega un papel mucho más importante.

 

La lotería de las oportunidades se reparte desde nuestro nacimiento, pero tenemos pocas posibilidades que nos toque. Esto parece ser la conclusión de la tesis que defienden un grupo de científicos dirigidos por Alessandro Pluchino, profesor de física teórica, métodos y modelos matemáticos de la Universidad de Catania.

Pluchino y su equipo desarrollaron un modelo informático que a través de simulaciones analiza la distribución de la riqueza y el éxito en una población hipotética, con el objetivo de comprobar hasta qué punto intervienen factores como el talento humano y la suerte.

Se trataba diseccionar hasta qué punto el papel del azar influye en el paradigma meritocrático ampliamente dominante en las culturas occidentales, que se basa en la noción que el éxito se debe principalmente, si no exclusivamente, a cualidades personales como el talento, la inteligencia, las habilidades, el esfuerzo o la asunción de riesgos.

 

¿Cómo funciona el modelo informático?

El equipo introdujo en el simulador los datos de una población hipotética de personas dotadas de la distribución media de talento e inteligencia. A continuación, el modelo informático generó una simulación equivalente a una vida laboral de 40 años, introduciendo acontecimientos afortunados y desafortunados a lo largo del tiempo, que equivalen a oportunidades para aumentar o disminuir la riqueza.

Siguiendo este método, los investigadores descubrieron que, la mayoría de las veces, la riqueza está más vinculada a la suerte que al propio talento: “Nuestro modelo muestra que si bien es cierto que se necesita cierto grado de talento para tener éxito en la vida, casi nunca las personas más talentosas logran las cumbres más altas, siendo superadas por individuos medianamente talentosos, pero sensiblemente más afortunados.”

Al final, el equipo comprobó si la distribución de la riqueza resultante coincidía con la del mundo real, donde el 80% de la población posee el 20% de la riqueza. Y así fue, una y otra vez. Dicho de otra manera, los resultados confirmaron que, a pesar de las diferencias en talento y esfuerzo, el azar juega un papel crucial en determinar quién llega a ser extremadamente rico. Esto significa que muchas personas con talento y trabajadoras no serán ricas simplemente porque no han tenido la misma suerte que otras.

Por otro lado, las simulaciones también demostraron que las oportunidades son distribuidas de manera desigual. La gente que ya tiene ciertas ventajas, como un buen nivel educativo o una buena red de contactos, tiene más probabilidades de encontrarse con oportunidades que pueden llevar a grandes ganancias económicas, mientras que aquellas que empiezan desde una posición menos privilegiada a menudo lo tienen más difícil para acceder a las mismas oportunidades.

 

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Durante años, el relato económico dominante en el Estado español ha asociado crecimiento con éxito: más población, más consumo, más turismo, más actividad inmobiliaria y más PIB. Pero este modelo esconde una realidad incómoda: crecer no siempre significa prosperar. La gran pregunta es por qué algunas regiones europeas generan más riqueza con menos población.

 

El Informe Fénix pone datos a esta contradicción. Cataluña ha aumentado su PIB durante los últimos veinticinco años por encima de la media europea, pero el PIB per cápita —la riqueza real por habitante— ha caído en términos relativos respecto a Europa. Es decir, la economía se ha hecho más grande, pero no necesariamente más rica para la gente que vive en ella.

Mientras otras economías europeas han apostado por la productividad, la innovación y el valor añadido, gran parte del modelo económico español sigue basándose en el crecimiento cuantitativo: más población, más consumo y más volumen. La diferencia es profunda, porque acaba determinando los salarios, la capacidad de ahorro, la calidad de los servicios públicos y, en definitiva, el nivel de vida de la población.

 

El gran error: confundir dimensión con prosperidad

Una economía puede crecer de dos maneras. La primera consiste en aumentar la productividad: producir más valor con más tecnología, más innovación y más eficiencia. Es el modelo de las economías industriales avanzadas del norte de Europa. La segunda consiste en aumentar el volumen: más población, más trabajadores, más construcción y más consumo.

Este segundo modelo puede hacer crecer el PIB rápidamente durante un tiempo, pero no garantiza mejores salarios ni mayor bienestar. Y aquí aparece la gran divergencia europea. Según el Informe, Cataluña ha pasado de tener un PIB per cápita seis puntos superior a la media europea a situarse seis puntos por debajo. Es un deterioro muy significativo para una de las principales economías industriales del sur de Europa.

La paradoja es evidente: la actividad económica aumenta, pero muchas familias tienen la sensación objetiva de vivir peor. El coste de la vida sube más rápido que los salarios, la capacidad de ahorro se reduce y el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las clases medias.

 

Baviera: industria, innovación y salarios altos

Si hay una región que simboliza el modelo europeo basado en productividad, esa es Baviera. La locomotora industrial alemana concentra empresas tecnológicas, industria avanzada, ingeniería, automatización e investigación aplicada. No es casualidad que presente algunos de los salarios más elevados de Europa y una de las tasas de productividad más altas del continente.

El Informe Fénix muestra que la Alta Baviera supera ampliamente a Cataluña en productividad por hora trabajada. La clave no es trabajar más horas. La clave es generar más valor en cada hora trabajada. Alemania ha construido buena parte de su modelo económico sobre la industria exportadora, la formación técnica, la innovación empresarial y la estabilidad institucional. Este ecosistema permite pagar salarios elevados sin destruir competitividad. Es exactamente lo contrario de un modelo basado exclusivamente en bajos costes laborales.

 

Países Bajos: un país pequeño con productividad gigante

Los Países Bajos demuestran que la prosperidad no depende tanto del tamaño de una economía como de la calidad de su modelo productivo. Con una población relativamente reducida y un territorio pequeño, han conseguido convertirse en una de las economías más eficientes del mundo. El puerto de Róterdam, la logística avanzada, la agroindustria tecnificada y la apuesta tecnológica han creado un modelo altamente competitivo. Según el Informe Fénix, los Países Bajos se sitúan muy por encima de Cataluña en productividad.

Y esto no es una cuestión abstracta. Se traduce directamente en salarios más elevados, mayor capacidad de ahorro, mayor renta disponible y una mejor situación financiera de las familias. Cuando una economía genera más valor, la riqueza suele repartirse mejor y ofrece más estabilidad social.

 

El País Vasco: la gran anomalía del Estado español

El caso del País Vasco es especialmente revelador porque comparte marco institucional con Cataluña y el resto del Estado español. Aun así, su comportamiento económico ha sido muy diferente.

Según el Informe, el País Vasco ha conseguido mejorar su PIB per cápita con un crecimiento demográfico muy inferior al catalán. Lo ha hecho manteniendo un fuerte tejido industrial, una apuesta sostenida por la FP industrial, empresas exportadoras de tamaño medio y una estructura económica menos dependiente de sectores de baja productividad. No es una economía perfecta. Pero demuestra que, incluso dentro del Estado español, es posible priorizar la productividad, la industria y el valor añadido por encima del simple crecimiento cuantitativo.

 

Cataluña: más actividad, menos renta relativa

Cataluña sigue siendo una economía potente, diversificada y emprendedora. Pero los datos indican una tendencia preocupante: el modelo de crecimiento de los últimos años ha sido incapaz de traducir la expansión económica en mayor prosperidad individual.

El Informe Fénix identifica dos problemas estructurales: una productividad inferior a la media europea y una dependencia creciente de sectores de baja productividad. Este modelo genera empleo, sí, pero a menudo es empleo con sueldos bajos, elevada temporalidad, poco valor añadido y escasa capacidad de ahorro.

Mientras tanto, la vivienda, los impuestos y el coste de la vida siguen aumentando. El resultado es una sensación creciente de empobrecimiento de las clases medias: trabajar más ya no garantiza vivir mejor.

 

El futuro no es crecer más, sino crecer mejor

Europa ya ha asumido que competir con salarios bajos es una batalla perdida. El continente no puede competir con Asia en costes laborales, pero sí en tecnología, automatización, industria avanzada, investigación y capital humano.

Por eso muchas de las economías europeas más sólidas están apostando por reindustrializarse, atraer talento cualificado y aumentar la productividad. Mientras tanto, en buena parte del sur de Europa todavía predomina un modelo basado en el volumen: más turismo, más construcción, más población y más consumo.

Es un modelo que puede generar crecimiento rápido durante un tiempo, pero que también suele provocar presión sobre infraestructuras, encarecimiento de la vivienda, salarios estancados y menor cohesión social. La gran pregunta es qué modelo económico quiere Cataluña para las próximas décadas. Porque el debate ya no es solo cuánto crece una economía, sino cómo lo hace y quién se beneficia de ese crecimiento. Las economías europeas más prósperas no son necesariamente las que más población acumulan, sino las que generan más valor por trabajador.

Y esta es probablemente la gran lección del Informe Fénix: sin productividad no hay prosperidad sostenible. En la Comunidad 11Onze seguiremos analizando estas transformaciones económicas para entender cómo afectan a los ahorros, los salarios y el futuro de las familias.

Proteger los ahorros con oro físico ha sido una de las principales aportaciones de 11Onze a su comunidad y, ahora, se amplía el abanico de productos. Por eso, ante la volatilidad, la todavía alta inflación y la creciente crisis de confianza en el sistema bancario, el oro vuelve a reforzarse como valor refugio. Descubre el Or Semilla en Preciosos 11Onze.

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Los fabricantes de automóviles dan marcha atrás con el coche eléctrico frente a una ralentización de la demanda global y alargan la fecha que tenían programada para poner fin a la producción de vehículos con motor de combustión. Los altos precios, el recorte de los incentivos y la falta de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores.

 

Desde que en febrero de 2023 la Unión Europea ratificase la legislación que prohibiría, a partir de 2035, la venta y matriculación de todo vehículo que emitiera emisiones de CO₂, como pilar central del Pacto Verde Europeo, la realidad del mercado del automóvil eléctrico está forzando un cambio de rumbo que pone en entredicho la estrategia establecida para lograr los objetivos de reducción de emisiones.

Los coches eléctricos se siguen vendiendo, pero no se venden en los volúmenes que se tenían previstos. El último informe del Observatorio de Combustibles Alternativos de la Comisión Europea (EAFO) apunta que la penetración del coche eléctrico en la Unión Europea continúa siendo muy baja. Los vehículos ligeros con motores eléctricos e híbridos solo representan un 6,15% de la flota total, es decir, unos 18 millones sobre los casi 290 millones de vehículos que circulan por el territorio europeo.

Además, las matriculaciones de vehículos eléctricos están perdiendo peso en el conjunto de la Unión Europea. En el primer semestre del año, los vehículos puramente eléctricos representaron el 12,5% de las matriculaciones, mientras que el año anterior se quedaron en un 12,9%, según los datos de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA). Por otro lado, los vehículos híbridos enchufables han perdido 0,5 décimas de cuota de mercado, del 7,4% logrado durante el mismo periodo de 2023, han pasado al 6,9% de este año.

Los datos de ventas de coches eléctricos del mes de junio siguen esta tendencia, perdiendo un 1% de su cuota de mercado, mientras que las matriculaciones de vehículos híbridos enchufables cayeron hasta un 19,9%. Se trata de una ralentización significativa del mercado del vehículo eléctrico cuando teniendo en cuenta que el total de las matriculaciones —vehículos eléctricos y de combustión— durante este mes aumentó un 4,3%, y un 4,6% en el conjunto de los primeros seis meses del año, respecto al mismo periodo del año anterior.

Las ventas de vehículos eléctricos no solo han caído de forma generalizada en toda Europa. En el primer trimestre de 2024, los Estados Unidos experimentaron un descenso del 7,3% en las ventas totales de coches eléctricos en comparación con el cuarto trimestre de 2023. Solo el continuo crecimiento del mercado automovilístico de China, que representa el 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos, está invirtiendo esta tendencia a la baja.

Cuando no salen los números

Después de invertir miles de millones de euros en el desarrollo de nuevas plataformas eléctricas, marcas como Ford, General Motors, Mercedes-Benz, Volkswagen y el grupo Stellantis han alertado que han experimentado un descenso significativo de los pedidos de vehículos eléctricos.

La respuesta de la industria del automóvil no se ha hecho esperar, y ya hace meses que están anunciando recortes de producción, cierres de fábricas y un replanteamiento de su objetivo de convertirse en fabricantes de vehículos puramente eléctricos antes del final de esta década.

En este contexto, el Grupo Volkswagen ha desestimado la posibilidad de abrir una nueva planta en los alrededores de Wolfsburg, como estaba previsto, y ha avisado del posible cierre de la fábrica de coches eléctricos de Audi en Bruselas. Mercedes ha cancelado el desarrollo de una nueva plataforma eléctrica para concentrar sus esfuerzos en nuevos vehículos más asequibles y con motor de combustión.

Pero la industria europea juega contra reloj, 2035 es la fecha tope para vender vehículos de combustión y, hasta hoy, esta prohibición sigue en vigor. Sin embargo, esta normativa se enfrenta a la resistencia de varios frentes que cuestionan la viabilidad y el impacto de tal medida. La Eurocámara acordó una excepción hasta finales de 2035 para los fabricantes con pequeños volúmenes de producción anual y en cuanto a los combustibles sintéticos.

Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo (PPE), ha tildado “de error» la prohibición, después de las elecciones en el Parlamento Europeo y ha prometido que el partido debatiría su revocación «en los próximos días». No es la única voz entre los eurócratas que abogan por un acuerdo menos restrictivo y, en última instancia, en 2027 se decidirá si realmente se hace efectiva esta legislación.

De la teoría a la realidad

Los altos precios, el recorte de los incentivos y la carencia de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) apunta a algunos de estos factores como principales obstáculos para la adopción masiva de vehículos eléctricos en el Estado español. Según el organismo, el uso de vehículos eléctricos es impracticable sin un lugar donde se pueda recargar diariamente a un precio económico, sea en casa o en el puesto de trabajo.

Por otro lado, los precios desorbitados de los vehículos eléctricos excluyen a los compradores con menor poder adquisitivo, es decir, a la mayoría de la población de nuestro país y de gran parte de Europa, que piden vehículos más asequibles. Por lo tanto, no es de extrañar, que el Dacia Sandero haya sido el coche más vendido en la UE durante el primer semestre del año, en detrimento del Tesla Model Y, que ha pasado de ocupar la primera posición en 2023 a la octava este año, con una caída del 26% de las ventas.

Otra fuente de problemas para el sector del vehículo eléctrico tiene que ver con las denuncias de obsolescencia programada. Desde baterías que, por su alto coste, no son ni reparables ni reemplazables, hasta actualizaciones de software que dan un control total a los fabricantes en detrimento de los talleres independientes y de los propietarios, limitan la vida útil de los coches eléctricos, dejan escarmentados a los usuarios y ponen en duda las credenciales ecológicas de este tipo de vehículo.

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España es el segundo país de la Unión Europea donde sus ciudadanos tienen más dinero ahorrado sin remunerar. Una gran parte de los ahorros de los españoles se encuentran en cuentas corrientes y depósitos que dan una muy poca rentabilidad que no compensa la inflación. ¿Invertimos poco y mal?

 

Las familias han tirado de los casi 270.000 millones de euros ahorrados durante las fases de más incidencia de la pandemia para sostener el gasto ante las fuertes subidas de precios de los últimos dos años. Aun así, la reapertura gradual de la economía y el encarecimiento del coste de la vida ha hecho evaporar una buena parte de esta bolsa de ahorro acumulada.

Aun así, después de la erosión sufrida durante el 2022, la tasa de ahorro de los hogares se ha ido recuperando. Se situó en el 6,2% de su renta disponible bruta en el primer trimestre del año, un incremento del 83% respecto al mismo periodo de hace un año. Si se eliminan los efectos estacionales y de calendario, equivale al 14,2% de su renta disponible, 1,2 puntos superior a la del trimestre anterior y la más elevada desde el tercer trimestre de 2021, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En total, son 14.119 millones de euros más, al mismo tiempo que la inversión se quedó en 14.200 millones de euros, un 1,3% menos que el año anterior. Por otro lado, se registró una necesidad de financiación de 773 millones de euros, frente a los 7.312 millones de financiación estimada para el mismo trimestre de 2023.

Instrumentos financieros poco rentables

Los depósitos a plazo fijo (38%), la inversión directa (32%), los fondos de inversión (15%) y las letras del Tesoro y bonos de plazo variable, entre otros (11%), son las principales opciones escogidas por los hogares que buscan rentabilizar sus ahorros y protegerse del incremento de costes generalizados. El problema viene dado porque muchas de estas opciones ofrecen una baja rentabilidad que no compensa la inflación.

Por lo tanto, a pesar de que en porcentaje del PIB, los activos financieros netos representan un 144,7%, una ratio 3,4 puntos más elevada que en el ejercicio anterior, muchos ciudadanos no quieren o no saben generar riqueza con sus ahorros, que están siendo consumidos por la elevada inflación.

En el Estado español hay casi un billón de euros en cuentas corrientes o en efectivo, sin remuneración y que incluso, en algunos casos, comportan gastos de mantenimiento. Rodrigo Buenaventura, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), apuntaba dos meses atrás en una comparecencia en el Congreso de los Diputados, “Nuestros ciudadanos invierten sus ahorros de modo manifiestamente mejorable”.

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Durante años nos han repetido una idea aparentemente incontestable: si la economía crece, la sociedad prospera. Pero ¿qué ocurre cuando el PIB aumenta y, aun así, los salarios siguen estancados, la vivienda es cada vez más inaccesible y ahorrar se ha convertido en un lujo?

 

Esta es la gran contradicción que pone sobre la mesa el Informe Fénix: Cataluña genera más riqueza que hace veinticinco años, pero los catalanes son relativamente más pobres que antes. El dato es tan contundente como incómodo.

A principios de los años 2000, el PIB per cápita catalán estaba seis puntos por encima de la media europea. Hoy está seis puntos por debajo. En solo un cuarto de siglo, Cataluña ha perdido doce puntos de prosperidad relativa respecto a sus socios europeos. Esto obliga a replantear una pregunta fundamental: ¿qué significa realmente crecer económicamente si ese crecimiento no se traduce en mejores salarios, mayor capacidad de ahorro y una vida más asequible para la mayoría?

 

El crecimiento demográfico no garantiza prosperidad

Cuando los gobiernos anuncian que la economía crece, normalmente se refieren al Producto Interior Bruto, el PIB: el valor total de bienes y servicios producidos por una economía. Es una magnitud útil, pero incompleta, porque no explica cómo se reparte esa riqueza ni cuánta prosperidad corresponde realmente a cada ciudadano. Por eso el PIB per cápita es mucho más revelador: divide la riqueza total entre la población y permite ver si el crecimiento llega a los bolsillos.

Y aquí aparece la gran anomalía catalana. Según el Informe Fénix, el PIB catalán ha crecido por encima de la media europea durante los últimos veinticinco años, pero el PIB per cápita ha evolucionado en dirección contraria. La economía es más grande, pero la prosperidad individual es menor. La metáfora es sencilla: si un pastel se hace más grande, pero cada vez hay más personas sentadas a la mesa, las porciones pueden acabar siendo más pequeñas.

Uno de los factores clave es el fuerte crecimiento demográfico de Cataluña, muy superior al de muchas regiones europeas comparables. Pero más población no significa automáticamente más prosperidad. El informe muestra que territorios como el País Vasco o Aragón han mejorado su PIB per cápita con incrementos demográficos mucho más moderados. Cuando el crecimiento se concentra en sectores de baja productividad y salarios bajos, el aumento de población puede tensionar los servicios públicos, encarecer la vivienda y reducir la renta disponible de las familias.

La variable decisiva es la productividad: cuánta riqueza genera una economía por cada hora trabajada. Sin productividad no hay salarios altos, ni ahorro, ni servicios públicos sólidos, ni prosperidad sostenible. Y aquí Cataluña también muestra síntomas preocupantes: el Informe señala que la productividad catalana ha pasado del 92% al 87% de la media europea en veinticinco años, quedando por debajo de regiones industriales como Baviera, Stuttgart, Lombardía o los Países Bajos. Dicho de otro modo: crecer no basta; hay que crecer mejor.

 

El peso de los sectores de bajo valor añadido

El informe también señala un problema estructural que acompaña desde hace décadas a la economía catalana y española: gran parte del empleo creado proviene de sectores de baja productividad. El turismo, la hostelería, la restauración o determinados servicios tienen un peso enorme en el modelo económico actual. Son actividades capaces de generar mucho volumen económico y mucho empleo aparente, pero a menudo con salarios bajos, escasa inversión tecnológica y poca capacidad de innovación. El problema no es la existencia de estos sectores, sino la dependencia excesiva de un modelo con poco valor añadido mientras se pierde peso industrial, científico y tecnológico.

Las consecuencias acaban llegando directamente a las nóminas y a la vida cotidiana. La precarización laboral, la dificultad para retener talento cualificado y el estancamiento salarial explican buena parte de la sensación de empobrecimiento de las clases medias. Y esta percepción no es solo emocional: los datos muestran cómo la inflación, la vivienda, la alimentación o la energía han crecido mucho más rápidamente que los salarios reales. Cuando el coste de la vida aumenta más que los ingresos, la capacidad de ahorro desaparece. Y cuando desaparece el ahorro, también se debilita la seguridad financiera de las familias.

 

Crecer ya no es suficiente

Durante décadas, el debate económico se ha centrado casi exclusivamente en crecer. Pero el Informe obliga a plantear una pregunta mucho más profunda: ¿qué tipo de crecimiento estamos construyendo? No todas las economías crecen igual. Algunas lo hacen gracias a la innovación, la industria avanzada, la tecnología y el aumento de la productividad. Otras crecen ampliando población y expandiendo sectores de baja remuneración. Ambas pueden incrementar el PIB, pero solo una consigue generar prosperidad sostenible. Cataluña sigue siendo una economía dinámica y emprendedora, pero los indicadores muestran signos evidentes de agotamiento del modelo actual.

Este es, probablemente, el gran debate económico de los próximos años: cómo volver a convertir el crecimiento en prosperidad real. Porque la riqueza de un país no se mide solo por lo que produce, sino también por la capacidad de sus ciudadanos de vivir mejor, ahorrar y construir un futuro con estabilidad. En la Comunidad 11Onze seguimos analizando las grandes transformaciones económicas que afectan a nuestro día a día, con una mirada crítica y pedagógica que ayude a entender qué ocurre realmente detrás de las cifras. Porque crecer no siempre significa prosperar.

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La poca rentabilidad que todavía ofrecen los depósitos bancarios y los bajos intereses que se han pagado en la última subasta de letras del Tesoro no son suficientes para contrarrestar una inflación que en Cataluña se ha mantenido en el 3,6% durante el mes de junio. ¿Qué otras opciones existen para compensar la subida de precios y proteger nuestros ahorros?

 

Después de experimentar una tercera subida consecutiva de precios, la inflación en Cataluña se estanca en junio y se mantiene en el 3,6%, según los datos publicados el pasado viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata de la misma variación interanual que se registró el mes de mayo y dos décimas por encima de la media del Estado.

En este contexto, el entusiasmo por comprar letras del Tesoro experimentado desde diciembre de 2023 por parte de los inversores minoristas que buscaban contrarrestar la inflación y rentabilizar sus ahorros por encima de la baja remuneración que ofrece la gran banca por los depósitos, no se está viendo compensado cómo se esperaba.

En la última subasta de letras del Tesoro, que tuvo lugar a principios de mes, el Tesoro Público ha pagado un tipo de interés medio del 3,4% por las Letras en un año y del 3,3% por la referencia a seis meses. Además, hay consenso entre los expertos es que la rentabilidad de las letras bajará todavía más en los próximos meses, según se vaya reduciendo el precio oficial del dinero.

Por otro lado, la banca española sigue sin ofrecer depósitos con unos intereses que compensen la subida de precios. Para encontrar los pocos bancos europeos con cuentas de depósitos que igualan o superan la inflación tenemos que mirar más allá del Estado español. Es el caso del banco Lituano, Mando Bank (3,66%), o BluOr Bank de Letonia (3,65%).

Grandes rendimientos manteniendo un bajo riesgo

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Ganar dinero a costa de los bancos

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