¿Es saludable el agua del grifo?

Aunque las autoridades sanitarias insisten en que el agua del grifo es totalmente salubre, numerosas voces advierten sobre la falta de controles exhaustivos. Metales pesados, compuestos orgánicos volátiles, pesticidas, herbicidas, productos farmacéuticos y microplásticos suponen un riesgo para nuestra salud.

 

En diciembre de 2020, el Parlamento Europeo aprobaba la Directiva del agua potable para mejorar la calidad del agua del grifo y reducir el consumo de agua embotellada. Esta directiva preveía la imposición de unos límites más estrictos para algunos contaminantes como el plomo. También planteaba la elaboración de una lista con las sustancias o compuestos que inquietan a la opinión pública y la comunidad científica para su supervisión.

Sin embargo, lo cierto es que, casi un año y medio después, la Comisión Europea sigue sin haber elaborado esa lista, donde debían figurar productos farmacéuticos, disruptores endocrinos y microplásticos que pueden dañar nuestra salud.

A día de hoy todavía es difícil encontrar agua corriente incolora, inodora e insípida. En la mayoría de los casos, el agua del grifo incorpora múltiples sustancias, desde el cloro utilizado para potabilizarla, que puede dar al agua un característico mal sabor, hasta otras más nocivas, como metales pesados, compuestos orgánicos volátiles, pesticidas, herbicidas, productos farmacéuticos, microplásticos, bacterias y virus.

Los controles rutinarios solo comprueban los niveles de aquellos elementos contaminantes que ya están legislados, pero son una pequeña parte. Por ejemplo, el proyecto Outbiotics, que se desarrolla en Cataluña, Aragón, Navarra, País Vasco y el sur de Francia, ha encontrado antibióticos como amoxicilina, ciprofloxacina, enrofloxacina, azitromicina, sulfadiazina, sulfametoxazol y trimetoprima en aguas naturales prepotables.

Estudios como el publicado por la prestigiosa revista ‘Environmental Health’ dejan clara la necesidad de reducir las sustancias perfluoroalquiladas presentes en el agua del grifo de todo el mundo para mejorar nuestra salud, ya que se les considera disruptores endocrinos.

 

Los persistentes metales pesados

La actividad industrial y minera libera metales tóxicos como plomo, mercurio, cadmio, arsénico y cromo, que pueden llegar a acuíferos y ríos, contaminando el suelo y acumulándose en plantas y tejidos orgánicos. La exposición a estos elementos está relacionada con problemas de salud como diversos tipos de cáncer, daños en el riñón y retrasos en el desarrollo.

El plomo también puede infiltrarse en el agua potable por la corrosión de las tuberías de servicio, los grifos de latón cromado y los elementos fijos con soldaduras de plomo.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) determinó que el nivel máximo de este metal pesado en el agua potable debería ser cero, “ya que el plomo es un metal tóxico que puede dañar la salud humana, incluso en niveles de baja exposición”, además de poder “bioacumularse en el cuerpo con el tiempo”.

Los niños son especialmente vulnerables a este metal, puesto que lo absorben más fácilmente que los adultos y su eliminación renal es menos efectiva. El plomo puede afectar a su desarrollo cerebral, reducir su capacidad de concentración y afectar a su rendimiento académico. 

 

La invasión de los microplásticos

Un estudio realizado por la organización periodística Orb Media en colaboración con investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York y la Universidad de Minnesota muestra que los microplásticos llegaron ya hace años al agua corriente de todo el mundo.

El 83% de las muestras de agua potable recogidas en los cinco continentes durante la década pasada ya contenían microplásticos. Estados Unidos presentaba la tasa más alta de contaminación y, aunque la de Europa era la más baja, seguía siendo muy elevada (72%). La media de fibras plásticas encontradas en cada 500 ml de agua oscilaba entre 4,8 en Estados Unidos y 1,9 en Europa.

 

Plaguicidas sin control 

Un reciente informe de Ecologistas en Acción denuncia el escaso control de sustancias químicas sospechosas de poder contaminar las aguas de consumo humano. Es el caso de muchos plaguicidas, herbicidas y biocidas.

El azufre, que es el más usado en el campo, no se ha buscado en ninguno de los análisis de agua realizados por los municipios españoles en los últimos años. Y lo mismo sucede con sustancias tan comunes en agricultura y ganadería como metam sodio (solo consta una búsqueda en 2019), oxicloruro de cobre, aceite de paradina, hidróxido de cobre y propamocarb. 

Además, el informe critica la falta de obligación legal en la realización de análisis completos en poblaciones pequeñas y su poca fiabilidad por la ausencia de límites cuantificados y la no acreditación de los laboratorios contratados. Esta organización ha constatado la ausencia de controles completos incluso en municipios declarados por las propias comunidades autónomas como vulnerables a nitratos.

 

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Los residuos plásticos forman ya ingentes islas en el mar y han llegado incluso a lo más profundo del océano. Estos vertidos suponen una tragedia ecológica que algunas iniciativas pretenden mitigar. La salud de nuestros mares y de la propia humanidad está en juego.

 

La ONU estima que en 2050 los océanos contendrán más plástico que peces. Y es que cada año acaban en el mar diez millones de toneladas de residuos plásticos de todo tipo, como por ejemplo, el envase del agua embotellada.

Esto ha generado la formación de grandes “islas” de plástico en el agua. Para hacerse una idea de la magnitud del problema, basta decir que la mayor de estas islas se sitúa en el Pacífico y triplica la extensión de Francia

Las consecuencias son dramáticas para el planeta porque muchos animales marinos ingieren este plástico y más de un millón acaban muriendo cada año por su culpa.

Los microplásticos, aquellas piezas con un tamaño inferior a los 5 milímetros, incluso pueden llegar a nuestro organismo a través de los peces que comemos. Las consecuencias van desde el estrés oxidativo de nuestras células hasta el deterioro del ADN.

 

Tres iniciativas de éxito

Por ello, desde la sociedad civil cada vez surgen más iniciativas para reducir la cantidad de plástico que acaba en los océanos, dañando la vida marina, contribuyendo al cambio climático y ensuciando un bien esencial como es el agua.

Un ejemplo es el programa Water Heroes FC, impulsado por Xylem y el Manchester City. Este proyecto, en el que participa Pep Guardiola, intenta concienciar al público sobre los problemas del agua y promueve acciones para mitigarlos. Una de sus iniciativas, “Plogging with Pep”, anima al público a recoger basura mientras camina, corre o realiza cualquier otro deporte al aire libre.

 

 

Otro caso de éxito son las Ocean Initiatives, de la Surfrider Foundation Europe. Con 25 años de historia, este programa de voluntariado moviliza cada año a 40.000 participantes en 40 países, que se organizan para retirar basura de playas y vías fluviales.

Un tercer ejemplo es el proyecto Ocean Cleanup, fundado hace una década por un joven de tan solo 20 años. En este caso se trata de estructuras flotantes que aprovechan las corrientes para recoger la basura de ríos y océanos. Su ambicioso objetivo es eliminar el 90 por ciento del plástico flotante en 2040.

Se trata de tres ejemplos de cómo se puede contribuir a contener la basura marina y mitigar la contaminación de los océanos. No hay que olvidar que suponen el 97 por ciento del agua del planeta.

 

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¿Es posible detener el calentamiento global? Durante casi una década la organización Project Drawdown ha insistido en que no se trata de una utopía si se toman las medidas adecuadas para detener la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

 

Las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron en la década pasada máximos históricos, por lo que el ritmo del calentamiento global se ha intensificado. La temperatura está aumentando a un ritmo de casi 0,2 °C por década. Y lo peor es que podría subir 1,5 °C más entre 2030 y 2052, según un informe de la ONU.

En este contexto, la publicación en 2017 del libro ‘Drawdown’ generó un enorme eco mediático. Con cerca de un centenar de propuestas, se trataba del plan más completo hasta aquel momento para revertir el calentamiento global. El título hacía referencia a ese deseado momento futuro en el que los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera dejen de aumentar e inicien un descenso paulatino que evite consecuencias catastróficas. 

El equipo editorial del libro siguió avanzando en sus propuestas para alcanzar ese “punto crucial para la vida en la Tierra; un punto que debemos alcanzar de forma tan rápida, segura y equitativa como sea posible”, según detallan en su web. En 2020 publicaron “El informe Drawdown”, que actualiza sus propuestas y plantea una serie de reflexiones fundamentales sobre el equilibrio climático.

 

Un informe de referencia

Sus soluciones hacen especial hincapié en los ámbitos energético, industrial, alimentario, del transporte y de la construcción, al sumar el 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las propuestas, que pretenden servir de punto de partida para legisladores, instituciones e individuos, se basan en diez ideas clave que deberían guiar los esfuerzos de la humanidad para evitar el desastre medioambiental. 

  1. Es posible alcancar el punto “drawdown” a mitad de siglo. Sí, a pesar de las dificultades, es posible detener el incremento de las emisiones, pero para ello es necesario maximizar las soluciones climáticas disponibles en la actualidad. Como advierte el informe, “disponible es mejor que nuevo, y la sociedad está preparada para empezar dicha transformación a día de hoy”. 
  2. Se precisa un sistema completo de soluciones. No existe un remedio único y milagroso para un problema tan complejo como la crisis climática. Muchas de las soluciones pueden combinarse y hacer que se retroalimenten para obtener el mayor impacto posible. Por ejemplo, los edificios eficientes hacen que la generación de electricidad renovable sea más viable. 
  3. Las soluciones raramente tienen solo un impacto climático. Muchas de ellas pueden generar empleo, mejorar la resiliencia ante impactos climáticos como tormentas y sequías, y proporcionar otros beneficios medioambientales como la preservación de recursos hídricos. 
  4. El ahorro que suponen las soluciones climáticas supera de forma significativa a los costes. Los argumentos acerca de la falta de viabilidad económica de la acción climática son falsos. El informe calcula que los ahorros operativos netos multiplican por entre cuatro y cinco los costes de implementación netos. Y si tenemos en cuenta el valor financiero de los beneficios asociados, como el ahorro en servicios sanitarios gracias a la reducción de la polución, y los daños climáticos evitados, como la reducción de las pérdidas en agricultura, el argumento económico es todavía más sólido.
  5. Es fundamental impulsar las soluciones que reducen o sustituyen el uso de combustibles fósiles. El uso de combustibles fósiles para electricidad, transporte y calefacción genera dos tercios de las emisiones de gases que atrapan calor en el mundo. De ahí la importancia de este apartado. Aproximadamente el 30% de las soluciones propuestas en el informe plantean una reducción de su utilización a través de una mayor eficiencia y casi otro 30% plantea alternativas. Estas medidas, que abarcan desde el impulso de las energías solar y eólica a la readaptación de edificios, pueden proporcionar casi dos tercios de las reducciones de emisiones necesarias para llegar al punto “drawdown”. 
  6. Hay que favorecer los sumideros de carbono de la naturaleza. Si queremos evitar que se desborde el agua de una bañera, podemos cerrar el grifo, pero también quitar el tapón para que el líquido se vaya por el sumidero. Algo similar sucede con el carbono en la naturaleza. Las actividades humanas pueden favorecer los sumideros de carbono naturales, y muchas soluciones climáticas basadas en ecosistemas o relacionados con la agricultura tienen el doble beneficio de reducir emisiones y absorber el carbono. 
  7. No se presta la suficiente atención a algunas de las soluciones climáticas de mayor impacto. El informe advierte que, más allá de las turbinas eólicas terrestres y las plantas fotovoltaicas a escala industrial, es imprescindible avanzar en aspectos como la reducción de los desperdicios alimentarios o mejorar los procesos de desecho de refrigerantes químicos, que son potentes gases de efecto invernadero. 
  8. Se precisan aceleradores para impulsar soluciones a la escala, velocidad y alcance necesarios. Algunos aceleradores, como el cambio de políticas y el desplazamiento de capitales, están más cercanos y tienen impactos más directos. Otros, como los cambios culturales y la generación de poder político, están más alejados y son más indirectos en sus efectos. 
  9. Los cambios se deben dar a todos los niveles, desde el individual hasta el global. La crisis climática requiere cambios sistémicos y estructurales en nuestra sociedad. Son necesarias intervenciones a escala individual, de comunidad, organizativa, regionales, nacional y global para maximizar los beneficios y lograr la transformación. 
  10. Serán necesarios mucho compromiso, colaboración e ingenio para revertir la actual situación. El informe advierte que “la senda en la que nos encontramos es mucho más que arriesgada, y es fácil sentirse paralizado por ese peligro”. Sin embargo, también recalca que el cambio es posible: “juntos podemos construir un puente desde donde estamos ahora hacia el mundo que queremos” para las generaciones venideras.

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La nueva tendencia mundial que democratiza el acceso al lujo desde una visión sostenible y responsable con el medio ambiente.

 

Los laboratorios del siglo XXI han conseguido imitar los diamantes naturales en un nuevo producto sintético que mantiene las características químicas, ópticas, térmicas y físicas de la piedra original. El producto final es prácticamente imposible de diferenciar a simple vista, pero el proceso de obtención sí que se diferencia, y mucho. Pero a pesar de mostrarse como una alternativa sostenible, el mercado de diamantes, sintéticos o naturales, sigue marcado por la controversia.

Estas réplicas se crean en un periodo de siete a diez días, posteriormente se cortan y se clasifican siguiendo los mismos estándares que los diamantes naturales. El Instituto Gemmològic Internacional reconoce estos nuevos diamantes e incluso los certifica, para garantizar que cumplen los requisitos para ser considerados diamantes sintéticos y no simples falsificaciones de diamantes.

 

El fin de los diamantes de sangre

El proceso de obtención de diamantes es uno de los más criticados históricamente, a causa de la relación directa entre su obtención y la explotación de recursos naturales. Se calcula que por cada quilate de diamantes se mueven unas 250 toneladas de tierra, más el drenaje ácido que hay que hacer para su extracción, y que, más allá del terreno, contamina aguas superficiales y subterráneas.

A esta problemática se suma la explotación de personas y la lucha de los países para acceder a estas minas estratégicas y de alto interés económico, que a menudo se encuentran ocupadas y militarizadas. Son los llamados “diamantes de sangre”, que a causa de su comercialización a países ricos, financian conflictos armados. El Proceso Kimberley, instaurado el 2003, es un compromiso firmado por 56 países, a fin de frenar la producción de este tipo de diamantes.

Actualmente, fruto de los acuerdos tomados por los países miembros, solo un 0,2% de los diamantes que llegan al consumidor final son diamantes de sangre. Aun así, el proceso de obtención y distribución sigue cuestionado en todo el mundo, en el que parece ser un conflicto con más intereses que soluciones.

 

De los diamantes falsos a los diamantes ecológicos

El año 1952 aparecen los primeros diamantes creados en el laboratorio a través del método HPHT (alta presión y alta temperatura). Desde entonces, han aparecido varios laboratorios y métodos que imitaban este mineral, siempre asociados al mercado negro y con el objetivo de conseguir imitaciones a precios más bajos.

En los últimos años, pero, el mercado de los diamantes ha evolucionado hacia una visión ecológica, que rechaza la explotación social y medioambiental sin renunciar al lujo asociado a los diamantes. Pero la controversia es debida a la cantidad de energía que necesitan los laboratorios para producirlos, un hecho común en cualquier industria, pero que cuestiona la etiqueta de sostenibilidad. Las fuentes de energía utilizadas, la cantidad de agua necesaria y la gestión de la distribución y los residuos pueden ser elementos clave para frenar este impacto.

 

Democratización de los diamantes para atraer público joven

La ecología y el precio (entre un 40% y un 50% más económico), son los dos grandes factores que han conseguido acercar los diamantes al conjunto de la sociedad, incluidas las personas jóvenes. Celebridades como Leonardo DiCaprio, Penélope Cruz o Meghan Markle se apuntan a la moda del lujo sintético en sus apariciones públicas e incluso marcas de joyas, como la danesa Pandora, se suman de forma radical: solo comercializarán diamantes sintéticos.

Así pues, se abre un nuevo escenario en que el mundo de los diamantes cambia totalmente de perspectiva. Pasa de la explotación a la conciencia ambiental, de los precios desorbitados a la ampliación de la competencia, y deja de ser un lujo al alcance de pocos para abrirse a nuevos públicos. La creación de diamantes sintéticos no supone, hoy por hoy, una masificación del sector, de forma que el producto sigue conservando un alto valor, pero por primera vez se sitúa al alcance del gran público.

 

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Ante la creciente presión para reducir las emisiones de CO₂, el sector de la aviación comercial está explorando la viabilidad de utilizar combustibles más sostenibles. A pesar de que todavía quedan algunos retos para superar, el SAF (Sustainable Aviation Fuel) y el hidrógeno verde se presentan como posibles soluciones para descarbonizar el transporte aéreo.

 

Si bien en los últimos 30 años el sector de la aviación ha conseguido reducir su huella de carbono en un 50%, todavía representa el 2,5% de las emisiones globales de CO₂, el 13,9% de las emisiones del transporte de mercancías, y depende predominantemente de los combustibles de aviación convencionales.

En el marco europeo de conseguir ser el primer continente climáticamente neutro para 2050, lograr este hito pasará necesariamente por un sector industrial que avance en el desarrollo de tecnologías punteras para disponer de combustibles más limpios, impulsando la propulsión de motores de aviación híbridos y gestionando eficientemente el tráfico aéreo.

A diferencia de lo que se ha visto en la industria del automóvil, el sector de la aviación no se puede electrificar tan fácilmente. La propulsión eléctrica con baterías solo es factible aplicarla en pequeñas aeronaves o aviones regionales que realizan recorridos cortos y llevan cargas de menor envergadura, al menos en un futuro próximo.

En este sentido, Abel Jiménez, ingeniero jefe del fabricante de motores ITP Aero, apunta que “como mínimo durante las próximas dos décadas, la principal forma de propulsión de los aviones seguirá siendo el motor de combustión”. Por lo tanto, la transición hacia una aeronáutica neutra en carbono requerirá la adopción de alternativas más viables e inmediatas basadas en la capacidad tecnológica actual.

 

Combustible de aviación sostenible (SAF)

El SAF (Sustainable Aviation Fuel) puede ser utilizado en los motores de aviones convencionales sin necesitar grandes modificaciones técnicas. Se trata de un combustible producido a partir de residuos orgánicos, como por ejemplo aceite de cocina usado, residuos agrícolas o restos de la industria agroalimentaria. Sus defensores argumentan que puede reducir las emisiones de CO₂ hasta un 80% en comparación con el queroseno tradicional.

Sin embargo, producir y distribuir SAF no es una tarea sencilla. Por un lado, la oferta de la materia prima necesaria es cada vez más escasa, por el otro, recolectar aceite de miles de cocinas y transportar el combustible desde las refinerías a miles de aeropuertos es caro, laborioso y requiere mucho tiempo.

Además, con el objetivo de mantener la sostenibilidad de este combustible, los fabricantes de SAF no pueden competir con la producción normal de alimentos mediante el uso de tierras agrícolas de primera necesidad, el uso de agua o de materias primeras que no sean residuos.

Esto encarece el producto final, que actualmente es de dos a dos veces y media más caro que el combustible de aviación convencional. Ampliar este proceso para abaratar costes implica la creación de nuevas cadenas de suministro y hacerlo de manera sostenible tampoco es fácil.

Así pues, estamos lejos de tener la capacidad de producir y distribuir SAF de manera sostenible en grandes cantidades. Actualmente, este combustible solo representa una ínfima parte de las necesidades totales del sector aéreo y, aunque, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional, este año su producción se triplicará respecto a los niveles de 2023, tan solo cubrirá un 0,53% de la demanda de combustible de aviación.

 

Hidrógeno, una tecnología prometedora

Muchos analistas de la industria de la aviación creen que el uso del hidrógeno verde o hidrógeno producido con energías renovables es el camino a seguir. La ventaja principal del hidrógeno es que no emite CO₂ durante su combustión; el producto final es agua. Esto lo convierte en una tecnología ideal para lograr la neutralidad climática.

Puede ser utilizado como combustible en motores de combustión o en células de combustible que generan electricidad para alimentar motores eléctricos. Empresas como Airbus, Rolls-Royce, Safran y MTU han anunciado planes para desarrollar aviones comerciales impulsados por hidrógeno que podrían estar en operación hacia el 2035.

David Álvaro Granero, Engineering Senior Site Rep (ESSR) en Airbus, indicó que están trabajando para ofrecer un 100% de capacidad SAF en sus aviones antes del 2030 y, en cuanto al hidrógeno, están valorando tres opciones: la combustión directa del hidrógeno líquido con turbohélice o turbofán, las pilas de combustible de hidrógeno para conseguir una propulsión eléctrica y una arquitectura híbrida combinando las dos opciones.

El hidrógeno producido con energías renovables no es tan asequible como el queroseno, pero no es tan caro como lo SAF y sería mucho más fácil escalar su producción. No obstante, como combustible de aviación, también presenta algunas desventajas, como su baja densidad aparente y la dificultad de almacenarlo y transportarlo a causa de su inflamabilidad y riesgo de explosión. Lo cual requerirá que los aeropuertos efectúen grandes inversiones para construir toda una nueva infraestructura para su almacenamiento y distribución.

En última instancia, queda claro que, para ser efectivas, el conjunto de soluciones que se adopten para descarbonizar la industria de la aviación requerirán la colaboración de todos los actores del sector a nivel global.

 

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Un cop s’acaben les festes nadalenques, és hora de posar ordre a tanta decoració. Sovint l’avet, el pessebre o el tió són els objectes més preuats de la casa, però també els més difícils de reutilitzar i reciclar. A 11Onze et donem quatre consells per endreçar per Nadal de la manera més sostenible. 

 

L’avet, les garlandes, les boles, els llums de colors, els paraments de taula… Abans de posar-nos a recollir tots els guarniments nadalencs, hem de tenir clara una cosa: com més sostenible sigui el material que fem servir, millor. Les vaixelles? De ceràmica! Les estovalles? De fil! Les garlandes i les boles? De paper i de vidre! L’avet? Natural! I el pessebre? El pessebre és per tota la vida.

  1. Cada cosa al seu lloc, i quan toca. Sembla una obvietat, però el primer consell per fer endreça de casa, amb tant guarniment i tanta teca, és conèixer bé perquè serveix cada contenidor de residu. Ho repassem: el verd és el per al vidre, el blau per al paper i el cartó, el groc per als envasos plàstics i metàl·lics, el marró per a la brossa orgànica i el gris per a la deixalla sobrant. I recorda, l’oli també es pot reciclar! Si tens dubtes, sempre pots consultar la pàgina web de l’Agència de Residus de Catalunya. A més, aquestes festes també hem de procurar no baixar les deixalles en dies festius, no sigui que la festa de brossa ens la trobem a la vorera l’endemà.
  2. No desaprofitis menjar. Els experts asseguren que cada any es malgasten fins a 1.300 tones d’aliment a tot el món. El desaprofitament dels aliments és una de les xacres ecològiques i econòmiques més grans que ha d’afrontar la nostra societat global. Per això, si després de tanta celebració et sobra menjar, potser és una bona idea recórrer a la cuina d’aprofitament. Si realment et sobra menjar sense estrenar, pots preguntar al Banc dels Aliments més proper o alguna entitat social del barri. 
  3. Recull l’avet. Els avets, sempre que siguin naturals, i per això és recomanable que així sigui, es poden reciclar cada any. La majoria de municipis de Catalunya posen a l’abast de la ciutadania punts de reciclatge d’avets. S’instal·len l’endemà de Reis. A Barcelona estan oberts les 24 hores del dia, i n’hi ha a cada districte. Consulta la web del teu municipi per saber on estan ubicats aquests centres neuràlgics del reciclatge nadalenc.  
  4. Reutilitza tant com puguis. Els paraments de Nadal, les garlandes, les boles i tota la resta de decoració nadalenca, inclosos els estimats pessebres, s’han de poder reutilitzar any rere any. Per això, és una bona idea incentivar compres de qualitat i que tots els guarniments siguin un petit tresor familiar que passa de generació en generació.

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Les dades són clares: el moment d’actuar si volem aturar el canvi climàtic és ara, segons un informe de l’ONU. Per a aconseguir-ho, caldria reduir les emissions de gasos d’efecte hivernacle a gairebé la meitat d’aquí a 2030 i que fossin nul·les a meitat de segle. En cas contrari, la batalla estarà perduda.

 

Les emissions de gasos d’efecte hivernacle van arribar en la dècada passada a màxims històrics. Tot i que el ritme de creixement ha disminuït, l’informe “Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change” adverteix que només serà possible limitar l’escalfament global a 1,5 °C si es produeix una reducció immediata i profunda de les emissions.

Per a això, són necessàries grans transicions en el sector energètic, segons aquest informe, elaborat pel Grup Intergovernamental d’Experts sobre el Canvi Climàtic (IPCC), que depèn de l’ONU. Aquestes passen per una reducció substancial de l’ús de combustibles fòssils, una electrificació generalitzada, una major eficiència energètica i l’ús de combustibles alternatius com l’hidrogen.

Cal tenir en compte que entre 2010 i 2019, per exemple, el preu de l’energia solar i les bateries de liti va baixar un 85 % i el de l’energia eòlica un 55 %, la qual cosa ha permès l’expansió d’aquestes fonts d’energia alternativa.

“Estem en una cruïlla”, afirmava Hoesung Lee, president de l’IPCC, després de la publicació de l’informe. Lee veu factible aturar el canvi climàtic si existeix la voluntat política: “Les decisions que prenguem ara poden assegurar un futur habitable. Disposem de les eines i els coneixements necessaris per a limitar l’escalfament”.

 

Anys crítics per davant

El problema del canvi climàtic és que ens estem quedant sense temps. Segons l’informe, per a limitar l’escalfament a uns 1,5 °C, és necessari que les emissions mundials de gasos d’efecte hivernacle comencin a baixar a partir de 2025, en tan sols tres anys, i es redueixin a gairebé la meitat pel 2030. A més, les emissions netes de diòxid de carboni a nivell mundial haurien de baixar a zero a principis de la dècada de 2050.

“Comptar amb les polítiques, la infraestructura i la tecnologia adequades per a permetre canvis en els nostres estils de vida i comportaments pot suposar una reducció del 40-70 % de les emissions de gasos d’efecte hivernacle per al 2050”, explicava Priyadarshi Shukla, un dels autors de l’estudi.

A més, Shukla indicava que “si prenem les mesures necessàries per a limitar l’escalfament a 2 °C o menys, el Producte Interior Brut (PIB) mundial seria només uns pocs punts percentuals menor al 2050 que si mantenim les polítiques actuals”.

 

Múltiples mesures possibles

Segons l’informe, la reducció de les emissions a les zones urbanes pot aconseguir-se mitjançant un menor consum d’energia (amb ciutats més compactes i peatonals), l’electrificació del transport en combinació amb fonts d’energia de baixes emissions i una major captació de CO₂ gràcies als espais verds. Un dels líders de la recerca, Jim Skea, destacava en particular la importància de l’eficiència energètica dels edificis per a reduir les emissions urbanes.

A més, algunes solucions fins i tot poden ajudar a limitar els impactes associats al canvi climàtic. Per exemple, les xarxes de parcs, els aiguamolls i l’agricultura urbana poden reduir el risc d’inundacions i els efectes de les illes de calor.

La reducció de les emissions en la indústria, que suposen una quarta part del total, requerirà nous processos de producció, generació d’energia elèctrica de baixes o nul·les emissions, hidrogen i, quan sigui necessari, la captura i l’emmagatzematge de carboni, segons l’informe. També un ús més eficient dels materials i la reducció de residus.

En el cas de materials bàsics com l’acer, els materials de construcció i els productes químics, l’informe adverteix que ja s’estan assajant processos de producció amb emissions de gasos d’efecte hivernacle baixos o nuls.

L’informe mostra que, si bé els fluxos financers són entre tres i sis vegades inferiors als necessaris per a limitar l’escalfament per sota dels 2 °C al 2030, hi ha suficient capital i liquiditat a nivell mundial per a aconseguir la inversió requerida. Per això, reclama senyals clars a governs i institucions internacionals, així com una major coordinació.

 

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Com és possible que contamini una cosa que no existeix físicament? El cert és que les criptomonedes requereixen gran quantitat d’energia per a les granges de minat. De fet, si el bitcoin fos un país, se situaria entre els 30 principals consumidors d’electricitat del món, com explica l’agent d’11Onze Aitor Canudas.

 

Tan sols uns dies després de la primera transacció de bitcoins, que es va realitzar al gener de 2009, el pioner de la criptografia Hal Finney mostrava a Twitter la seva preocupació sobre les emissions de CO₂ que generaria aquesta criptomoneda. I no anava errat.

Un estudi de la Universitat de Cambridge calcula que la xarxa bitcoin consumeix més de 121 TWh d’energia anualment, la qual cosa vol dir que, si fos un país,  se situaria “entre els 30 principals consumidors mundials d’electricitat”, segons Canudas. De fet, per a que ens fem una idea de la magnitud de les dades, l’agent d’11Onze indica que aquesta criptomoneda gairebé consumeix tanta electricitat com Suècia i genera més emissions de CO₂ que Las Vegas.

La raó és que els processos necessaris per a les operacions de les criptomonedes requereixen una gran quantitat d’equips informàtics, les “granges de minat” i, per tant, una enorme quantitat d’energia. “Aquest conjunt de processos informàtics necessaris per validar les transaccions i generar nous blocs representa un 0,2 % del consum mundial d’electricitat”, especifica Aitor Canudas.

El problema és especialment greu en el cas del bitcoin, ja que, com advertia recentment Bill Gates, aquesta criptomoneda és la que consumeix més electricitat per transacció. D’aquí que, segons estimacions del Massachusetts Institute of Technology (MIT), l’ús dels bitcoins generi una petjada de carboni cada any d’entre 22 i 22,9 megatones.

L’origen brut d’una energia neta

Si bé normalment veiem l’electricitat com una energia neta, això depèn bàsicament del seu origen. Sobretot a Àsia, i especialment a la Xina, gran part de l’electricitat generada prové de la combustió de carbó, que resulta molt contaminant. Per això, el fet que un altíssim percentatge de les granges de minat se situïn en aquesta regió per aconseguir els preus de l’electricitat més assequibles multiplica la petjada de carboni.

De cara a preservar el medi ambient, Aitor Canudas assenyala la necessitat d’augmentar el percentatge d’energies renovables en l’electricitat que s’utilitza “per crear els nous blocs i fer les transaccions del bitcoin”. Una altra alternativa que apunta l’agent d’11Onze seria recórrer a criptomonedes alternatives, com el cardano, “que en teoria contaminen menys que el bitcoin”.

 

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Ante desastres naturales (o pandémicos) la sociedad se ve obligada a cambiar y evolucionar. No existe la opción de no hacer nada. Las circunstancias no controlables obligan a crear comunidades resistentes a los cambios.

 

El calentamiento de la tierra y el cambio climático nos hacen más vulnerables a los desastres naturales. La responsable de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres, Mami Mizutori, alertaba que en los próximos veinte años el número de desastres o catástrofes se duplicará, y la causa para el 90% de estos estará relacionada con el cambio climático.

Se suman factores como la pobreza, la contaminación atmosférica, el aumento demográfico o la urbanización incontrolada o de riesgo. El resultado: más zonas peligrosas y más personas expuestas. Nuestro presente y futuro estará marcado por los cambios constantes, sean naturales, tecnológicos, políticos o sociales.

Estamos condenados a convivir en un mundo cambiante, pero ¿estamos preparados para hacerlo? Analizamos como la adaptación, una característica intrínseca en el ser humano, será clave en la construcción de las sociedades resilientes del futuro.

 

¿Evitar los cambios o prevenirlos?

Ante un desastre, o una situación de cambio general, lo peor que podemos hacer es no hacer nada. Por ello, Margareta Wahlström, secretaria adjunta de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, destaca la importancia de actuar para minimizar los desastres. Algunos, como los relacionados con el cambio climático, tenemos la capacidad de contribuir a evitarlos. Pero para todos aquellos que no podamos evitar hay que construir sociedades resistentes a los cambios, y la urgencia es hacerlo antes de que tenga lugar el próximo desastre, como describe Wahlström en su artículo.

Enseñar esto es imprescindible en todos los ámbitos. Cada euro invertido en la prevención puede ahorrar hasta siete en la recuperación. Y en este punto la capacidad de adaptación de la población es un factor clave. Hay que entrenar nuestra mente para hacerla más resiliente a los cambios, y dejar atrás la visión tradicional que vincula los cambios con el miedo y la negativa de evolucionar.

 

Volver al punto de equilibrio

La adaptación a los cambios es una característica más en el ser humano, incluso desde un punto de vista biológico. Es lo que se conoce como homeostasis, concepto creado en 1865 por el médico Claude Bernard, y que hace referencia a la tendencia general por la que un organismo restablece el equilibrio y la estabilidad interna. Desde el punto de vista psicológico la lectura es que ante situaciones de cambio, las personas tendemos a encontrar el equilibrio de nuevo, es decir, que tanto el cambio como la estabilización son dos constantes innegables en la vida humana.

Por su parte, Darwin también se acercaba a esta idea en su proceso de la evolución, defendiendo que evolucionar no es más que tener la capacidad de adaptarse a nuevos entornos.

 

En el cambio está la evolución

El psicólogo Jean Piaget teorizaba que la principal característica y, por tanto, rasgo diferencial de los seres vivos, es justamente esta capacidad para autorregularse. Nuestro sistema, desde la parte más biológica hasta la psicológica, es capaz de recuperar o restablecer las estructuras dañadas. Por lo tanto, un ser vivo es dinámico y activo por naturaleza, y cambiar no es más que la respuesta de supervivencia de nuestro cuerpo en un intento de adaptarse al entorno.

Piaget diferenciaba dos formas de adaptación: la asimilación, que consiste en incluir las novedades en nuestros esquemas ya definidos. Y la acomodación, que modifica los esquemas para adaptarlos a las nuevas demandas. Pasando la teoría a la práctica, en la era de la pandemia podemos habernos sentido identificados con un sistema u otro según nuestro comportamiento: ¿hemos incorporado los nuevos hábitos a nuestra rutina diaria o la hemos modificado para crear una nueva rutina basada en el momento actual?

Sea cual sea nuestra forma de posicionarnos ante los cambios, lo importante es haber realizado el proceso de adaptación. Esto es lo que nos puede salvar de los cambios constantes: la acción, huir de la negación y el estancamiento y abrir la posibilidad a que cada cambio nos suponga un nuevo escenario suficientemente retador para obligarnos a replanteárnoslo todo, sin más alternativa que evolucionar.

 

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El mundo afronta una crisis alimentaria. Los precios de los alimentos se están disparando y los consumidores están cambiando sus hábitos. La nueva situación supone a la vez un reto y una oportunidad para la industria agroalimentaria catalana.

 

El IPC anticipado de septiembre se ha situado en el 8,9%, sobre todo por el encarecimiento de los carburantes y alimentos, según el INE. Y llueve sobre mojado si analizamos la evolución de los precios de la cesta de la compra, a pesar de que la inflación interanual de alimentos y bebidas no alcohólicas fue del 6,2%, disminuyendo dos décimas en comparación al mes anterior. Hay que destacar los elevados precios especialmente las de productos básicos como la carne, el pan, los cereales, las legumbres, las hortalizas, la leche, el queso y los huevos.

La mayoría de consumidores en España han percibido estos cambios y un 75 % ya han modificado sus hábitos de compra, como indica una encuesta de la consultora McKinsey. Entre abril y mayo, la mitad han probado alguna marca blanca, el 30 % han cambiado de marca y el 26% afirman haber cambiado de tienda o distribuidor. Sin duda, la principal causa es la búsqueda de mejores precios.

Además, según un informe de la aseguradora Allianz, si los productores acaban trasladando al precio final de los alimentos el incremento que han experimentado en sus costes, sobre todo por la subida de carburantes, electricidad y fertilizantes, la cesta de la compra se encarecerá este año un 13 % en España. Hay que tener en cuenta que actualmente los hogares europeos ya dedican de media entre el 12 % y el 25 % de sus ingresos, según el país, a alimentación y bebidas. Por tanto, muchas economías familiares podrían verse estranguladas.

 

Un estímulo para el comercio de proximidad

El gran impacto del precio de los carburantes en las cadenas de distribución puede suponer un impulso para el comercio de proximidad, como refleja el informe “El sector agroalimentario en Cataluña”, elaborado por Acció i Prodeca. En este sentido, tanto productores como distribuidores deberán ajustar sus estrategias para ganar competitividad.

La crisis alimentaria supone una oportunidad para el sector en Cataluña, aunque no está exento de riesgos. Liderado por las industrias cárnicas, el sector agroalimentario es uno de los claros referentes de la economía catalana, ya que genera el 19,2 % del PIB, con una facturación global de 43.088 millones de euros. El sector primario supone casi el 11 % del total; la industria de alimentación y bebidas, el 70 %; y la industria auxiliar, más del 19 %.

En el nuevo contexto, parte de los productores y distribuidores locales, sobre todo los del sector primario, podrán ampliar su cuota de mercado en Cataluña, ya que sus productos ganarán competitividad frente a los importados. De todas formas, nadie puede pasar por alto las grandes tendencias y retos del sector que apunta el informe de Acció y Prodeca. 

 

Tres ámbitos de actuación

Para empezar, en el terreno medioambiental será necesario tener muy en cuenta la importancia de la producción sostenible, basada en la bioeconomía circular y la agricultura de precisión, o aspectos como la reducción del plástico. La trazabilidad de los alimentos permitirá identificar su sostenibilidad y asegurar su autenticidad.

También destacan las oportunidades para nuevos productos en el ámbito de la alimentación saludable. Esto incluye productos que contribuyan a reducir la incidencia de determinadas enfermedades (diabetes, patologías cardiovasculares…), productos funcionales y el área de la nutrigenética, que tiende a personalizar cada vez más la alimentación en función de las características genéticas del consumidor.

Un tercer campo de acción es el de la innovación. La tecnología debe facilitar el lanzamiento de nuevos ingredientes, aditivos y suplementos alimentarios. Por otra parte, la implantación de la Industria 4.0 en el sector debería llevarla a sacar partido del ‘big data’ o el Internet de las cosas.

 

Más dificultades para las empresas exportadoras

En general, las empresas con mayor dependencia de las exportaciones serán las que más sufrirán para digerir los cambios en el mercado. Se podría decir que el sector agroalimentario catalán se ha comido el mundo en los últimos años, ya que sus ventas en el exterior rozan los 13.000 millones y suponen el 16 % de las exportaciones catalanas. 

Por eso, en algunos casos será difícil que el crecimiento en el mercado interior pueda equilibrar la pérdida de presencia en el exterior. Un claro ejemplo es el de la carne y los embutidos, cuyas exportaciones equivalen a casi 4.600 millones de euros (36 % del total) y que está muy concentrado en el porcino.

 

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