Ocho puntos a revisar en tu seguro de hogar

¿Te has leído la póliza de tu seguro del hogar? El error más habitual al contratar un seguro es no revisar que coberturas incluye la póliza. Para evitar sorpresas desagradables de última hora, te detallamos algunos puntos del contrato en los que te tienes que fijar.

 

La cobertura de continente cubre los costes de reparación o reconstrucción de tu vivienda en caso de desgracia. Para diferenciarlo del contenido, una fórmula muy gráfica es imaginar que podemos poner nuestra vivienda boca abajo. Todo lo que se caería sería contenido, mientras que lo que no se caería sería continente.

Hay que tener en cuenta que el valor de la cobertura de continente no representa el precio de compra o el valor de mercado de tu vivienda. Tampoco debería incluir el valor del suelo sobre el que se construyó la casa o el edificio. En realidad, es la cantidad que se necesitaría para reconstruir la vivienda y dejarla como estaba. Este valor se conoce como «coste de reconstrucción».

El seguro de hogar también incluye una sección dedicada al «contenido», o tus cosas (televisor, ropa, ordenador, bicicleta, etc.). El importe que aparece en esa sección es la cantidad que el seguro te pagará como máximo si le ocurre algo a tus cosas, de ahí que deba corresponderse más o menos con su valor real.

Las cláusulas de la póliza, a examen

Aquí tienes algunos elementos que deberías tener en cuenta para no pagar de más y que el seguro no te pague de menos en caso de siniestro: 

  1. Evita duplicidades. Si tu finca tiene seguro, comprueba sus coberturas, ya que podrás excluir de la póliza particular los elementos del continente que ya estén incluidos en el seguro comunitario. Ten en cuenta que, en caso de siniestro, si un elemento está cubierto tanto por el seguro comunitario como por el tuyo particular, no lo cobrarás dos veces.
  2. Asegúrate de que la valoración del continente es correcta. Si los capitales asegurados están muy por encima del valor de tu casa, estás pagando por una protección que no necesitas, ya que en caso de siniestro el seguro solo pagará la reconstrucción, nada más. Y, en el sentido contrario, si el valor de reconstrucción de tu casa está por encima de los capitales asegurados, la aseguradora solo pagará hasta los capitales asegurados, dejándote cojo en tu recuperación. Por tanto, debes ajustar la póliza para estar ligeramente por encima del valor de tu casa, pero sin pagar por una cobertura innecesaria. De forma orientativa, ten en cuenta que la valoración debería oscilar entre unos 800 euros por metro cuadrado en los pisos normales y los 1.300 euros en una casa unifamiliar.
  3. Comprueba que la valoración del contenido es adecuada. Ten en cuenta que los seguros imponen límites al valor individual de tus cosas que cubren por defecto. Normalmente, tus objetos valiosos necesitarán una cobertura adicional. Es necesario que los des de alta o tu seguro sólo te devolverá hasta el límite individual que tienes por defecto en tu póliza. Te recomendamos hacer fotos (o un vídeo) de todas tus cosas. Para estimar su valor, conviene hacer primero una lista con los objetos valiosos y calcular su coste, y después estimar la cifra de los artículos menos valiosos, como ropa y utensilios de cocina, y redondear su valor.
  4. Vigila cómo se refleja la cobertura de cristales. La cobertura de cristales incluye desde ventanas hasta espejos. Debes asegurarte de que las ventanas se incluyan dentro del capital y coberturas de continente, mientras que los cristales interiores se incluyen en el contenido. A veces las aseguradoras utilizan esta separación para excluir parte de los cristales de la cobertura, así que fíjate si todos están cubiertos. 
  5. Ten en cuenta la cobertura de los daños estéticos y la loza sanitaria. Baños, encimeras y otros elementos deben estar protegidos por estas coberturas. Algunas aseguradoras incluyen estos elementos como parte del contenido, lo cual puede perjudicarte si el capital asegurado está por debajo del real. Además, puede hacer que baños y cocinas queden fuera de coberturas específicas, como daños estéticos, si solo se cubren los daños del continente y baños y cocinas se consideran contenido. Debes comprobar que la cobertura de daños estéticos cubre las reparaciones necesarias para mantener la uniformidad estética de tu casa tras un siniestro, ya que las aseguradoras juegan mucho con las limitaciones de esta cobertura, especialmente en baños y cocinas. Asegurate de que tu seguro cubre la loza sanitaria como continente y no tiene exclusiones ocultas. Ni tampoco los daños estéticos, que deben cubrir un capital mínimo de 2.000 euros.
  6. Asegúrate de que el seguro cubre el valor de reposición del contenido. El valor real es el valor que calculan la mayoría de las aseguradoras para sustituir tus cosas robadas o dañadas. Se calcula partiendo de lo que costaría hoy ese mismo artículo (el valor de reposición) restando la pérdida de valor debido a la edad, el desgaste y las roturas (depreciación). De ahí la importancia de que el seguro no cubra el valor real, sino el valor de reposición, que viene a ser el precio por el que se podría comprar hoy tu artículo (de la misma marca y modelo) si fuera nuevo. En definitiva, el valor de reposición es el precio de mercado. Si tu seguro utiliza el valor real, probablemente te compense buscar un seguro con precio similar pero que utilice el valor de reposición.
  7. Comprueba que la póliza incluye defensa legal. Sin esa cobertura, tu seguro no te ofrecerá el apoyo de un abogado en caso de conflicto legal. esta es una de las primeras coberturas que las aseguradoras tienden a recortar para ofrecer precios más bajos.
  8. Repasa si el precio contempla los elementos de seguridad. El hecho de poner una puerta de seguridad hace que la mayoría de los seguros bajen el precio de las coberturas relacionadas con robo. Y lo mismo sucede con medidas de seguridad como alarmas o rejas. Tambien elementos como sensores de humo o agua deberían ayudarte a reducir el precio de las coberturas relacionadas con agua y fuego. Asegúrate de que estos modificadores están incluidos en tu seguro si los tienes.

A modo de resumen, podemos destacar que es fundamental que revises los capitales asegurados y los ajustes a las características de tu vivienda; compruebes que todos los límites son adecuados y cubren lo que esperas, y que tu seguro contempla algunos modificadores en el precio para ajustar lo que pagas cada año a los cambios que realices en tu hogar.

 

Si quieres conocer un seguro justo para tu hogar y para la sociedad, descubre 11Onze Segurs.

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¿Estás convencido de que tus decisiones financieras siempre se guían por la razón? Sentimos desilusionarte. Se han identificado unos 180 sesgos que pueden condicionar nuestro análisis de la realidad y nuestras elecciones. Desde 11Onze, te presentamos once de los más comunes.

 

Aunque a todos nos gusta pensar que somos racionales y que nuestra lógica es infalible, lo cierto es que nuestras decisiones están constantemente expuestas a la influencia de los sesgos cognitivos y a algunos atajos mentales que distorsionan el análisis de la realidad. Su influencia puede condicionar las elecciones que tomamos cada día si no tomamos consciencia de su peso, también en el terreno financiero.

La literatura científica ya se han identificado unas 180 trampas de nuestra mente que pueden llevarnos a juicios equivocados. Algunas son bastante obvias y puede que las reconozcas en ti mismo o en otros. Pero otras son tan sutiles que resultan casi imposibles de detectar.

Hay que tener en cuenta que la atención es un recurso limitado, así que no podemos evaluar todos los detalles y posibilidades al tomar una decisión. Por ello, a menudo nos dejamos llevar por las emociones y opiniones subjetivas, o recurrimos a atajos mentales que aceleran nuestra capacidad para emitir juicios y pueden inducirnos al error. Desde 11Onze, te presentamos once de estas trampas y cómo evitarlas.

 

  • Confirmación

Este sesgo hace que tendamos a prestar más atención a la información que confirma nuestras creencias que a la que las cuestiona. ¿A quién no le gusta demostrar que tiene razón? Sobrevalorar los datos que confirman nuestros prejuicios inhibe nuestra capacidad crítica y nos impide considerar todos los hechos de forma lógica y racional.

Por eso, si pensamos que invertir en un activo concreto puede ser una buena inversión o que cambiarnos de compañía eléctrica nos ayudará a ahorrar, no debemos limitarnos a buscar información que respalde esa decisión. Siempre conviene escuchar las voces críticas. Solo contrastando los datos a favor y en contra y ponderándolos de forma objetiva podremos tomar una decisión bien fundamentada. 

 

  • Anclaje

Somos propensos a dejarnos influir excesivamente por la información inicial que recibimos, que tomamos como un punto de referencia. Así, la primera cifra que aparece en una negociación de precios suele convertirse en un punto de anclaje para las negociaciones posteriores. Está demostrado que incluso escuchar una cifra al azar puede influir en nuestras estimaciones sobre un tema completamente ajeno.

Es un sesgo a tener en cuenta cuando, por ejemplo, negociamos el precio de una vivienda. Si nos piden un precio muy alto y conseguimos rebajarlo un poco, es posible que acabemos aceptando el trato con la sensación de haber negociado bien aunque el importe final siga por encima del precio de mercado. Pero en realidad nuestra contraoferta seguramente estaba muy condicionada por el primer precio solicitado. De ahí la importancia de informarse bien y evitar las prisas a la hora de tomar la decisión.

 

  • Disponibilidad

Este atajo mental está diseñado para ahorrarnos tiempo cuando intentamos determinar el riesgo. Nos lleva a estimar la probabilidad de que algo ocurra basándonos demasiado en la información más accesible en nuestro cerebro, como la cantidad de ejemplos que nos vienen a la mente.

Tendemos a sobrestimar la probabilidad de que algo ocurra basándonos en la facilidad con la que recordamos que ocurrió algo similar. Esto hace que, por ejemplo, en muchos casos decidamos contratar o no un seguro de hogar en función de si alguno de nuestros conocidos sufrió recientemente un percance doméstico serio. Por ello siempre conviene ampliar nuestra información con datos externos y más globales, que den una imagen más realista de las probabilidades de que algo suceda.

 

  • Familiaridad

Este sesgo, muy vinculado al de disponibilidad, se resume en el refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Y es que tendemos a confiar en lo conocido y desconfiar de lo ajeno.

Es una de las grandes causas de que muchas personas prefieran invertir en activos nacionales en lugar de extranjeros, aunque la rentabilidad de los segundos pueda ser bastante superior.

 

  • Optimismo exagerado

Tendemos a sobrestimar nuestras capacidades y la probabilidad de que nos ocurran cosas buenas, mientras que infravaloramos la probabilidad de nos afecten las negativas. Este sesgo tiene sus raíces en el atajo mental de disponibilidad, ya que tendemos a acumular más recuerdos de las cosas negativas que les ocurren a otras personas y de las buenas que vivimos nosotros. De ahí que nos parezca más probable que los acontecimientos negativos afecten a los demás.

Lo bueno de esta tendencia al optimismo es que nos serve de motivación para perseguir nuestros objetivos, pero conviene ser humildes y no relativizar los riesgos que asumimos. Si la situación económica a nuestro alrededor empeora, es una temeridad darle la espalda al ahorro pensando únicamente que a nosotros no nos va a afectar la crisis.

 

  • Representatividad

Pensamos que la probabilidad de que dos cosas ocurran es mayor cuando se parecen o son similares entre sí. Nuestros prejuicios nos llevaba crear estereotipos que sirven de base a la hora de juzgar. Si hemos tenido buenas experiencias con productos caros, es fácil que demos por hecho que un producto es de buena calidad por el simple hecho de tener un precio elevado y no siempre es así. Nunca está de más escuchar la opinión de otros usuarios antes de adquirirlo.

 

  • Efecto halo

La impresión inicial que nos genera una persona influye en lo que pensamos de ella en general. Por eso tendemos a creer que las personas atractivas son también más inteligentes, amables y divertidas. Y, en el plano financiero, que los productos comercializados por este tipo de personas son también más valiosos.

Un factor que puede influir en el efecto halo es nuestra tendencia a querer acertar. Si nuestra impresión inicial de alguien fue positiva, tenderemos a buscar pruebas que confirmen la primera impresión. De ahi la importancia de mantener siempre el espíritu crítico. 

 

  • Sesgo retrospectivo

Este sesgo nos lleva a ver los acontecimientos, incluso los aleatorios, como más predecibles de lo que son en realidad. Sí, es el típico “ya lo sabía” por el que tantas personas dicen haber visto venir una crisis cuando ya se está inmerso en ella. Se produce por una combinación de razones, entre ellas nuestra capacidad de “recordar mal” predicciones anteriores y la tendencia a ver los acontecimientos como inevitables.

Lo cierto es que hacemos predicciones todo el tiempo, así que algunas seguro que se cumplen. Nuestra mala memoria sobre las que fallamos hace que fácilmente caigamos en un exceso de confianza sobre nuestras dotes adivinatorias. Y esto nos puede llevar a veces a asumir riesgos imprudentes. Los antídotos son la prudencia y la humildad.

 

  • Falacia del jugador

Esta falsa creencia describe nuestra tendencia a pensar que algo sucederá porque todavía no ha sucedido. Por ejemplo, si jugamos a la ruleta y las últimas veces la bola ha caído en rojo, podríamos suponer erróneamente que la probabilidad de que el siguiente resultado será negro es mayor. Sin embargo, estos eventos son independientes entre sí, por lo que no existe relación entre la probabilidad de ambos resultados. Es algo que deberíamos tener en cuenta cuando encadenamos malas inversiones. Cada una debe ir acompañada de un análisis específico.

 

  • Efecto marco

Como explicamos en otro artículo, este sesgo cognitivo hace que una misma información, planteada de diferente manera, pueda llevarnos a conclusiones dispares. Por ejemplo, es más probable que accedas a una operación financiera si te dicen que hay un 60 % de probabilidades de que salga bien que si te advierten que tienes un 40 % de que salga mal.

Se trata de un sesgo muy relevante a la hora de tomar decisiones que afecten a tus finanzas. Debes valorar muy bien la información que te facilitan sobre cualquier propuesta que te hagan, ya que seguramente está planteada para conseguir sus objetivos, y reformular los datos de manera que sean lo más asépticos posible.

 

  • Aversión a las pérdidas

Nuestro miedo a perder suele ser más fuerte que el placer que experimentamos cuando ganamos. Cuando perdemos una cantidad de dinero nuestra sensación de decepción es mayor que la alegría que nos proporciona ganar esa misma cantidad. Esa es la razón por la que, ante probabilidades similares de éxito o fracaso, tendamos a elegir la opción conservadora.

 

Reglas básicas frente a los sesgos

Como la lista de sesgos cognitivos es muy larga, conviene aplicar cuatro reglas básicas que te ayudarán a evitar la mayoría de ellos:

Reflexiona sobre decisiones pasadas. Si has pasado por una situación similar antes, reflexiona sobre los resultados de las decisiones tomadas para evitar repetir ciertos sesgos. Por ejemplo, como tendemos a subestimar la cantidad de dinero que necesitamos, puedes hacer un seguimiento de tus gastos durante los últimos meses para saber cuánto dinero debes presupuestar.

Cuestiona tu punto de vista. Intenta ver los puntos débiles de tu lógica, por intrascendentes que te parezcan, en lo que ayudan las listas de pros y contras. Podrás estar más convencido de tu decisión si soporta un escrutinio serio y crítico.

No tomes decisiones bajo presión. Las prisas no son buenas compañeras. Aunque no lo parezca, muy pocos casos exigen decisiones inmediatas. 

Incluye puntos de vista externos. Una segunda opinión nunca va mal, por lo que conviene consultar con alguien que sea objetivo y no tenga intereses en la decisión. Así podrán aportar puntos de vista diferentes, cuestionar tus opiniones y detectar tus sesgos cognitivos.

 

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Hemos realizado un estudio de los costes de los seguros del hogar a través de una encuesta a los miembros de nuestra comunidad que son propietarios de una vivienda, con el objetivo de analizar la competitividad del producto que ofrecemos desde 11Onze Segurs.

 

La encuesta ha sido realizada por 11Onze desde nuestro canal de Telegram con la participación de 279 usuarios que respondían a la pregunta: “¿Cuánto te cuesta anualmente tu seguro del hogar?”. Se daba opción a elegir entre un abanico de precios que iban desde 60 € anuales, hasta más de 400 €.

Los datos finales recogen que el 56% de los usuarios pagan entre 200 y 400 € anuales por su seguro del hogar, mientras que el 22% tienen un gasto entre 100 y 200 € por año. Además, un 18% pagan más de 400 € por año. Unos resultados que concuerdan con el precio medio anual de los seguros del hogar en España, que se encuentra alrededor de los 301 euros anuales.

 

¿Cuánto te cuesta el seguro del hogar?

Una alternativa más competitiva

Desde 11Onze Segurs pensamos que se puede reducir el coste del seguro del hogar optimizando los procesos y personalizando las coberturas. Es por eso que tenemos una plataforma totalmente digitalizada, donde prescindimos de los contratos en papel, las gestorías físicas, los gastos de gestión, de cancelación y de cambio de contrato, lo cual ya te supone un ahorro considerable, pero además, te permitimos modificar y adaptar las coberturas a tus necesidades en cualquier momento, antes y después de firmar el contrato.

De este modo te podemos ofrecer un seguro del hogar desde 5 € al mes. Nuestra póliza está pensada para que no pagues de más por tu seguro, ofreciendo una cuota mensual o anual, sin permanencia, entre un 15%-20% más barata que con las aseguradoras tradicionales. ¿Cuál es el coste mensual de tu seguro del hogar actual? ¿Quieres saber cuando te podrías ahorrar? Prueba nuestro simulador de precios introduciendo algunos datos básicos, y tendrás tu presupuesto sin compromiso al momento.

 

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No, no está todo inventado, pero es verdad cada vez parece más complicado tener una idea innovadora que se pueda convertir en un negocio rentable. Sílvia Granado, agente 11Onze, nos detalla las ventajas y desventajas de crear empresas innovadoras.

 

El espíritu emprendedor, la creatividad y la innovación son fundamentales para desarrollar nuevas tecnologías y productos que satisfagan nuestras necesidades. En el contexto económico actual, donde muchas empresas tienen que competir en un mercado globalizado en constante cambio, y dónde está plenamente demostrado que nada dura para siempre, innovación que aporte valor a los consumidores es la clave de la supervivencia.

Vender o producir un producto que ya está consolidado en el mercado, así como proporcionar un servicio para el cual hay mucha competencia, a menudo implica márgenes comerciales muy pequeños y un crecimiento poco sostenible a lo largo del tiempo. Sin embargo, adelantarse a la competencia con ideas de negocio disruptivas no es fácil, y conlleva ciertos riesgos que hay que tener en cuenta.

Como explica Granado, creando productos innovadores “podrás ir por delante de tu competencia y atraerás inversores con más facilidad”, pero no podemos olvidar que “las nuevas ideas cuestan más de salir a la luz y se tiene que trabajar muy intensamente”.

Por otro lado, es importante hacer la distinción entre una empresa innovadora en la cual la innovación es central a su razón de ser, y una empresa que innova puntualmente en un producto o servicio en función de las necesidades de cada momento. Pero haya los criterios que haya detrás de una idea disruptiva, “es un orgullo crear un proyecto desde cero, y ver como tus competidores te ponen como ejemplo”, apunta Granado.

 

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¿Cómo será el trabajo del futuro y qué habilidades nos harán falta para prosperar? Para responder estas dos preguntas, el McKinsey Global Institute ha desarrollado una investigación exhaustiva y ha llegado a la conclusión que tendremos que dominar al menos 56 competencias fundamentales para asegurarnos un puesto de trabajo, sueldos más altos y más bienestar laboral.

 

El instituto ha clasificado estas 56 habilidades en el estudio en cuatro grandes bloques: las habilidades manuales y físicas, que cada vez tendrán menos interés; y las habilidades tecnológicas, sociales y cognitivas de alto valor, que ganan peso. El McKinsey Global Institute ha encuestado a más de 18.000 personas de 15 países y pretende que los gobiernos y las empresas prioricen equipos de trabajo que cumplan con estos requisitos.

De entrada, el instituto señala en el informe que, a pesar de que seguirá habiendo muchos trabajos especializados, la nueva revolución tecnológica hacia la que nos encaminamos, que se ha acelerado a causa de la pandemia, cada vez requerirá personas más dinámicas, creativas y digitales. Por eso, será imprescindible añadir valor a los sistemas automatizados y con inteligencia artificial que se están imponiendo en muchas empresas. También habrá que adaptarse y formarse constantemente en el entorno digital, logrando nuevos aprendizajes. Por eso, consideran que los gobiernos tienen que empezar a promover nuevos planes educativos para que adultos y jóvenes se preparen para el nuevo escenario.

 

Las habilidades cognitivas: creatividad y adaptabilidad

  1. Resolver problemas de forma estructurada.
  2. Controlar el razonamiento lógico.
  3. Entender los rasgos diferenciales.
  4. Saber buscar información relevante.
  5. Organizar un plan de trabajo.
  6. Priorizar las tareas en un tiempo determinado.
  7. Agilidad de pensamiento.
  8. Facilidad para aprender.
  9. Tener buena capacidad de oratoria.
  10. Acertar las preguntas a hacer.
  11. Sintetizar los mensajes.
  12. Saber escuchar.
  13. Imaginación y creatividad.
  14. Trasladar los conocimientos a contextos diversos.
  15. Adoptar perspectivas diferentes.
  16. Adaptabilidad

Las habilidades interpersonales: empatía y colaboración

  1. Modificar el rol cuando haga falta.
  2. Llegar a consensos.
  3. Tener una visión siempre inspiradora.
  4. Conciencia organizativa.
  5. Demostrar empatía.
  6. Inspirar confianza.
  7. Mantener la humildad.
  8. Ser sociable.
  9. Fomentar la diversidad.
  10. Motivar situaciones emocionales.
  11. Resolver conflictos.
  12. Colaborar.
  13. Ayudar.
  14. Empoderar

Las habilidades de liderazgo: integridad y motivación

  1. Entender las emociones de los otros.
  2. Tener autocontrol.
  3. Conocer las fortalezas propias.
  4. Integridad.
  5. Saber motivarse.
  6. Tener confianza en uno mismo.
  7. Tomar decisiones arriesgadas.
  8. Dirigir el cambio y la innovación.
  9. Energía, pasión y optimismo.
  10. Romper esquemas.
  11. Decisión.
  12. Dirección clara.
  13. Persistencia y perseverancia.
  14. Aceptar la incertidumbre.
  15. Luchar por la emancipación.

Las habilidades tecnológicas: ciberseguridad y ética

  1. Más alfabetización digital.
  2. Ampliar los conocimientos digitales.
  3. Conocer redes de colaboración digital.
  4. Tener ética digital.
  5. Aprender programación.
  6. Saber analizar datos y estadísticas.
  7. Tener un pensamiento algorítmico.
  8. Formarse en Big Data.
  9. Saber sobre ciberseguridad.
  10. Estar al día en sistemas inteligentes.
  11. Saber traducir la tecnología en acciones útiles.

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El razonamiento es sencillo y potente a la vez: el activo más importante y rentable de cualquier empresa son sus trabajadores. Entonces, ¿qué mejor que mantener el activo más importante de la organización en su estado natural, que es donde se manifiesta todo su potencial?

 

Este razonamiento, sin embargo, no es de aplicación exclusiva al ámbito laboral. Sus connotaciones son primordiales, ya que todas las personas somos trabajadoras, al menos en potencia, sea en el ámbito laboral activo, postlaboral, en el ámbito académico, o en cualquier otra situación. Es evidente, pues, que la felicidad trasciende cualquiera de estos razonamientos, para ir a parar al común denominador: el ser humano.

 

La investigación científica de la felicidad

Hablar de la felicidad no es ninguna novedad: Aristóteles ya hacía profundas disertaciones sobre ello en el siglo IV aC. Pero, en los últimos años, ha tomado fuerza el concepto de psicología positiva, que es una corriente de la psicología que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad, así como de las fortalezas y virtudes humanas. La diferencia respecto a otras corrientes próximas a la psicología y con sus precedentes históricos es que esta se basa en el método científico. El psicólogo Martin Seligman estableció sus bases a finales de los años 1990, y otros autores, como Mihály Csíkszentmihályi, la han hecho crecer con sus contribuciones. 

A primera vista, el propósito de la psicología positiva puede sonar demasiado arrogante. ¿Ahora la ciencia pretende explicar qué es la felicidad?. Pero son muchas las voces disidentes que consideran que la felicidad va mucho más allá del procesamiento de un simple conjunto de valores medibles en el ámbito de la psicología.

Debates aparte, todas las personas sabemos, sin que nos haya sido necesario aprenderlo, cuándo nos sentimos bien, y, sobre todo, cuándo nos sentimos mal. Es algo innato. Y es que nuestro organismo va como una seda con el bienestar, mientras que empieza a dar señales de alerta cuando experimentamos malestar

 

¿Qué dicen los expertos?

Dado que las empresas son sobre todo conjuntos de personas, puede parecer que sea básico garantizar el bienestar y la satisfacción de los trabajadores en el trabajo. Sin embargo, en la lógica empresarial ligada a la Revolución Industrial (todavía muy presente en todo), el paradigma general ha sido el contrario: hacerlos trabajar al máximo para obtener mayores beneficios. Una visión donde su bienestar personal queda lejos de la incumbencia de la empresa.

Los estudios al respecto llegan a la conclusión de que la experiencia de los trabajadores que se sienten a gusto en su organización es mucho más preciada que, incluso, los bienes materiales que pueden recibir como gratificación. Y esto es porque esta experiencia no tiene caducidad; siempre puede ser evocada y disfrutada de nuevo.

La felicidad de los trabajadores como barómetro de la salud empresarial

Así pues, ahora ya no se trata de centrarse solo en la famosa experiencia de cliente (CX), sino que la experiencia del trabajador también juega un papel capital en el éxito de la organización. Tanto desde el punto de vista de la empresa, porque un empleado feliz, creativo o empático es sinónimo de un trabajador más productivo, como desde el punto de vista del trabajador, porque pasamos casi un tercio de nuestra vida en el trabajo. 

Es buena muestra de la consolidación de esta tendencia el surgimiento de varios índices, como por ejemplo el Índice Global de Felicidad en el Puesto de trabajo, que miden la felicidad en el puesto de trabajo. Asimismo, se consolida la figura conocida como Chief Happiness Officer o director de bienestar en aquellas organizaciones que apuestan por el valor de las personas y la rentabilidad de un empleado feliz.

 

La difusión consigue concienciación e implicación

Personas y empresas son una extraña mezcla. Las personas somos seres tangibles que actuamos movidos por la gratificación; ponemos nuestros esfuerzos en lo que nos gratifica, sea en la forma que sea. Sin embargo, las empresas son en sí intangibles, aunque al mismo tiempo están formadas por personas, y tienen como propósito o bien el beneficio propio, el beneficio social (sin ánimo de lucro) o bien una combinación de ambas, que aporte beneficio pero de forma sostenible para la sociedad.  

Extraña mezcla y, al mismo tiempo, ¡qué sinergia tan fructífera cuando el foco de la organización se pone en las personas!

En 11Onze se ha creído desde el principio en este valor fundamental, que es compartido por todas las personas que forman nuestra comunidad. ¡Y funciona! 

 

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A veces no es nada fácil encontrar los términos «ética» y «empresa» juntos. Popularmente se cree que la esencia de un elimina al otro y en ello justificamos la falta de un tejido de empresas que realmente apuesten por unas condiciones garantistas, pero la sociedad ha cambiado y necesita que el entorno laboral también lo haga. Un cambio de paradigma donde las dinámicas de empresa pongan en marcha estructuras más justas para todos, por ejemplo, podría ser una de las maneras.

 

Cuando hablamos de ética en las empresas, nos concentramos básicamente en la «elección» ética entre posibles opciones para un problema concreto y definido. Nos gusta pensar que ante un problema, existen varias opciones, y podemos ordenarlas de muy poco éticas. Por lo tanto, todo se reduce al utilizar unos criterios éticos, de clasificación de las opciones, y optar por la más ética de entre las posibles. Pensar que esto es posible y tratar de afrontar la ética empresarial de esta manera nos aporta tranquilidad, pero se trata de una falsa seguridad. Lleva implícita la conclusión de que todos los problemas tienen soluciones éticas y no éticas, y que por el simple hecho de escoger criterios de decisión correctos, ya nos llevará de manera unívoca a escoger opciones del grupo de las soluciones éticas.

 

La ética como asignatura aislada

Lo peor llega cuando queremos realizar formación en ética empresarial pensando de esta manera, entonces sí que el lío puede ser monumental, así como la frustración posterior. Y si miramos la mayoría de formación empresarial, la ética es una sencilla «pastillita» que se da al margen de las asignaturas troncales, como si el directivo pudiera separar las decisiones que necesitan «ética» de las que no. En decisiones muy técnicas, tal vez sea posible, pero en la mayoría de decisiones es inseparable la parte ética de la que no lo es.

Pero en la formación para directivos se tiende a una curiosa especialización. Los cursos de ética se hacen aparte y muchos directivos creen que allí recibirán las recetas básicas que les permitirán elegir con ética entre una recua de opciones posibles. El mismo hecho de hacer un curso de «business ethics» permite caer en el pensamiento simple de que existe una página de pintura ética que de manera automática transforma las soluciones en soluciones éticas. El directivo puede pensar que en esta formación especializada aprenderá a pintar de color de rosa cualquier decisión. Pero la realidad indica que está en el mismo planteamiento del problema y en la justificación de este, si las opciones son exhaustivas, donde radica la verdadera ética.

 

Trabajar la empatía también con los trabajadores

Así pues, la ética no solo se encuentra en la elección entre opciones, sino en la propia definición del problema empresarial existente. Y también en qué opciones nos planteamos como posibles para solucionar el problema concreto. Por ejemplo, imaginemos que hemos considerado que tenemos dos opciones: despedir y no despedir a un trabajador. Lo que deberíamos hacer, es ir un paso atrás y ver qué es lo que queremos despedir. Definimos el problema y vemos que lo que pasa es que tenemos un trabajador que siempre llega tarde. Pero hay que ir un paso más allá y conocer porque llega tarde, y más o menos algo para compensar su tardanza. También las implicaciones que tiene el hecho de que llegue tarde. ¿Sale perjudicado alguien? ¿Afecta el buen funcionamiento de la empresa? Y una vez definido el problema, deberíamos ver las opciones posibles para solucionarlo (no simplemente despedir o no). No parece que despedir sea la única opción. También podría plantearse un cambio de jornada, amonestar, avisar de que llegar tarde afecta a la productividad, y un largo etcétera de opciones.

Parece bastante claro que el componente ético de la acción directiva es transversal en todo el proceso: cómo definimos el problema, qué soluciones planteamos como posibles, y cómo elegimos la más adecuada. La ética no puede ser reduccionista e ir directamente a la elección. Pero además, también debe ser transversal e impregnar todas las disciplinas de dirección de empresas. Reducir la ética a la mera elección ética desnuda la tarea del directivo. Hace que el directivo sea menos completo y su tarea no se muestre en toda su importancia. Le empequeñece y también hace empequeñecer el resultado de la buena dirección de empresas: el bien común en mayúsculas.

 

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El análisis económico de los resultados de las operaciones de una empresa es fundamental para saber si gana o pierde dinero con su actividad. Oriol Tafanell, director financiero y de recursos humanos de 11Onze, nos explica los conceptos básicos que tenemos que entender para poder interpretar las cuentas anuales de una empresa.

 

Cualquier empresario, emprendedor o inversor tiene que tener unas nociones económicas de empresariales mínimas que le ayuden en el análisis para la adecuada toma de decisiones sobre una inversión, necesidades de financiación o salud financiera de un negocio. Decisiones que estarán fundamentadas en interpretar correctamente las cuentas anuales de la empresa.

Antes de calcular los beneficios o pérdidas de una empresa por la diferencia entre ingresos y gastos, tenemos que tener claro el método de cálculo a seguir y los diferentes conceptos. Cómo explica Tafanell, “el primero que nos tenemos que preguntar cuándo leemos los resultados de una empresa es, están hablando del resultado de explotación, antes de impuestos o después de impuestos”.

El resultado de explotación “es lo que nos dice si la empresa está bien gestionada”, apunta el director financiero de 11Onze. Esencialmente, se deriva de la actividad a la cual se dedica la empresa y se calcula por la diferencia entre los ingresos y los gastos de explotación durante el periodo de referencia.

 

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Seguro que has oído más de una vez esta palabra, start-up. ¿Qué significa eso? ¿Qué aptitudes se necesitan para trabajar en una?

 

Se denomina start-up, en terminología anglosajona, a una empresa emergente, de nueva creación, con un alto potencial de crecimiento, vinculada a las nuevas tecnologías o a modelos de negocio innovadores, y con una alta tasa de rentabilidad.

Para trabajar, debes tener pasión por su proyecto, motivación para llevarlo a buen puerto, flexibilidad para dedicarle las horas y hacer las tareas que convengan, y compromiso con la empresa. Pero si haces lo que te gusta, ¿se puede considerar que trabajas? 

 

5 aptitudes clave para trabajar en una start-up

  • Proactividad: este tipo de empresas no se limitan a buscar gente que simplemente busque trabajo, sino que quieren profesionales que les ofrezca servicios y crean en la idea. 
  • Actitud positiva y profesionalidad. No solo miran los currículos, sino que también valoran la energía que desprenden los candidatos. La actitud será clave.
  • Adaptación: personas que se adapten a todo y dispuestas a perseguir su pasión, que lleven la contraria, también, y no se conformen con todo. 
  • Diferenciación: buscan pasión más que talento, personas que crean en el proyecto, que compartan los mismos valores de la start-up. Hay que ser diferentes y creativos.
  • Flexibilidad: gente polivalente y con autonomía.

Enfocado al trabajo por objetivos 

Ya puedes decir adiós a los horarios: la tradicional jornada laboral de oficina no tiene cabida en una start-up, y se prioriza el proyecto y los plazos de entrega. Hay que tener cuidado, porque esto se convierte en un arma de doble filo: favorece la flexibilidad de horarios de los trabajadores, pero a la vez se pueden trabajar más horas de las que toca si no se gestiona correctamente. 

En la mayoría de casos será indiferente si prefieres trabajar por la mañana, por la tarde o el domingo de madrugada: lo que importa es que la tarea se entregue cuando toca. Cada cual se tiene que organizar de la manera que le sea más productiva. Generalmente, se busca gente especializada, pero, teniendo en cuenta la metodología de trabajo, es igual de importante que sean flexibles, de mentalidad abierta, con facilidad para trabajar en equipo, para aprender y con rápida adaptación a los cambios.

Desmontando mitos sobre start-ups

La flexibilidad y el cambio constante en que se encuentran las start-ups implica, aunque parezca el contrario, más organización que las empresas convencionales. Si no te han seleccionado como candidato, lo mejor que puedes hacer es mantener el contacto, ya que en un futuro puede haber un sitio para ti. Tampoco es cierto que se limita a la gente joven: necesitan gente con experiencia y, a diferencia de lo que popularmente se piensa, si la empresa tiene buenas perspectivas futuras, los sueldos suelen ser competitivos.

El proceso de selección tampoco suele ser tradicional, puesto que se valoran características personales y profesionales que van más allá del currículo. La preparación de la entrevista será clave: infórmate de qué hacen y cómo trabajan, y busca aspectos del proyecto en los que puedas contribuir. Y sobre todo sé diferente. Cualquier persona de recursos humanos está acostumbrada a ver cientos de currículos al día. No desaproveches la oportunidad y saca tus mejores armas para llamar la atención. Huye de lo convencional. Es buena idea conseguir otras competencias aparte de la actual, formarte en otras competencias como Excel, HTML o WordPress. Ten en cuenta que la mayoría de start-ups giran en torno a la tecnología y más temprano que tarde deberás usarlas. 

 

Proactividad e inteligencia emocional: la combinación del éxito

Trabajar en una start-up será una aventura donde nada es permanente. Incluso tu posición puede cambiar y puedes acabar en otro departamento. Recuerda las aptitudes que hemos comentado y no tengas miedo a equivocarte. La proactividad será tu mejor aliado.

Por último, tienes que tener conocimientos de inteligencia emocional, para gestionar el comportamiento, las relaciones y las decisiones. Para que todo lo que pase te lleve a buen puerto, tienes que reducir las emociones negativas, saber gestionar el estrés, ser más asertivo, mantenerte proactivo y rebotar contra la adversidad. Nos ayudará y mucho prestar atención a las emociones de uno mismo y de los otros, sobre todo en momentos difíciles o de cierta intensidad.

Lo que importa en una start-up es la voluntad de mejorar, de hacer todo lo que hay que hacer y tener pasión para hacerlo.

 

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Las ideas innovadoras son vitales para hacer evolucionar la economía de un país. También son esenciales para el nacimiento de empresas emergentes, pero obtener dinero para desarrollarlas no siempre es fácil para los emprendedores. Por eso, os damos tres consejos para arrancar.

 

Cuando pensamos en montar un negocio, lo primero que se nos pasa por la cabeza es que tenemos que pedir dinero a una entidad financiera. Aun así, que nos concedan la financiación necesaria para iniciar un negocio desde cero puede resultar un embrollo. Nos pueden decir que nos faltan garantías para devolver el préstamo o el crédito que hayamos pedido y, además, nos reclamarán un proyecto muy elaborado y un estudio de mercado que defienda nuestra viabilidad.

Si hablamos de financiación para empresas, quizás pensamos en las líneas ICO, impulsadas por el Estado, pero aplicadas por las entidades financieras, que cuentan con un límite de fondo a conceder. Una vez se acaba el dinero que nos han asignado para un periodo concreto, ya no nos podrán dar más préstamos. Además, este tipo de ayudas no están destinadas específicamente para emprendedores.

 

Primer consejo: busca programas para emprender

En el sector público, consciente de las dificultades que se encuentran las empresas emergentes, ya hace unos años que se han puesto en marcha diferentes programas de ayudas y subvenciones para los que quieren iniciarse en el mundo empresarial. Estas ayudas hacen énfasis en colectivos con más vulnerabilidad o que tienen más impedimentos para lograr sus objetivos, como son las mujeres y los jóvenes.

Como todo trámite que implique a la administración pública, puede ser largo y complicado intentar optar a estos programas que nos ayudan a poner en marcha nuestro negocio, pero, si tenemos muy claro el proyecto, debemos buscar la financiación que necesitamos por todos los medios disponibles. Actualmente, hay subvenciones de todo tipo. Así que solo nos tendremos que entretener en buscar si hay alguna que nos vaya como anillo al dedo.

 

Segundo consejo: separa el grano de la paja y pide ayuda

Sin embargo, separar el grano de la paja en estas ayudas puede ser un ejercicio complejo, porque nuestras ideas no siempre se pueden encasillar en las clasificaciones preestablecidas, pero seguro que algún programa se acercará bastante a lo que esperamos y podremos presentar nuestro proyecto. En cualquier caso, en las administraciones existen servicios de asesoramiento, como Barcelona Activa o Creacció, que tienen un programa específico de emprendimiento, a pesar de que solo se trata de un acompañamiento.

Tenemos que tener en cuenta que hay programas de subvenciones que seleccionan los proyectos por concurrencia competitiva, como el programa INNOTEC, que cofinancia proyectos de investigación y desarrollo (R+D) hasta el 70%. Hay otros que simplemente nos ayudan en temas fiscales, para reducir costes. Pueden ser de gran utilidad, a pesar de que pagar menos impuestos probablemente no nos ayudará a poner en marcha el proyecto que tenemos en mente. Lo importante es que existe un amplio abanico de opciones, especialmente si nuestro campo es la innovación y la mejora del medio ambiente.

Por otro lado, la Unión Europea también ha creado programas como el EU Recovery Plan, dentro del cual encontramos los fondos europeos para la transformación digital y ecológica, y, más concretamente, un instrumento excepcional para financiar la reactivación europea después de la pandemia. Es el llamado Next Generation EU, dotado con 750.000 millones de euros, y repartidos en diferentes convocatorias que incluyen objetivos más específicos, como por ejemplo el emprendimiento femenino.

Porque las mujeres emprenden casi el 50% de las iniciativas del Estado, según se desprende del informe GEM España 2018-2019, en el que se refleja que la tasa de actividad emprendedora femenina no ha dejado de crecer, acortando así la brecha de género. Por este motivo, podemos encontrar planes de ayuda e incentivos exclusivamente para ellas, como el de Emprenedores Digitals.

 

Tercer consejo: la clave está en la perseverancia

Dentro de este complejo mundo de la financiación para startups, incluso hay iniciativas como los Esmorzars de Finançament, impulsados por la Agència per la Competitivitat de l’Empresa (ACCIÓ), que tiene como objetivo poner en contacto a los emprendedores con los posibles inversores, los llamados “ángeles inversores”. 

Para poner en marcha un negocio, una idea revolucionaria, siempre ha sido necesario tener un mecenas que crea en el proyecto, tanto o más que nosotros mismos. Pero si todavía no ha aparecido, no nos podemos dar por vencidos. Recuerda: si los inventores más conocidos de la historia de la humanidad no hubieran perseverado, no habríamos logrado los adelantos y los hitos que hemos logrado colectivamente. Cómo dijo el famoso ilustrador Walt Disney: “Todos los sueños pueden hacerse realidad, si tenemos el coraje de perseguirlos”.

 

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