La polémica gestión de los fondos Next Generation

Los fondos Next Generation de la Unión Europea deberían aportar 140.000 millones de euros a la economía española entre ayudas y préstamos. Mientras el Gobierno central se jacta de una gestión ejemplar, comunidades autónomas y organizaciones empresariales critican cuellos de botella que ralentizan su llegada a la economía real.

 

El Programa de Estabilidad 2022-2025 del Gobierno español prevé que, junto al impacto de la guerra y la recuperación de la actividad turística, “el tercer factor que determinará el crecimiento en 2022 será el Plan de Recuperación, cuyos primeros efectos ya se percibieron en 2021 y que alcanzará en este ejercicio su velocidad de crucero”. Sin embargo, ese tercer factor parece avanzar con el freno de mano puesto.

Los PERTE (Planes Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica) nacieron con el objetivo de ordenar el reparto de gran parte de los 140.000 millones de euros entre ayudas y préstamos que la UE ha concedido a España para aliviar los estragos económicos de la pandemia. Hasta ahora se han aprobado once PERTE, tres de los cuales tienen las convocatorias abiertas y uno, el del vehículo eléctrico, ya está cerrado.

Según detalla el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno español, la previsión es que las mayores partidas se destinen a la modernización y digitalización de industria y servicios (23 %), a la agenda urbana y rural (21 %) y a las infraestructuras (15 %). Y en menor medida, a la educación (10 %), transición energética (9 %), a las políticas de empleo y la economía de los cuidados (7 %), a la modernización de la administración pública (6 %) y al Sistema Nacional de Salud (6 %), con porcentajes residuales para cultura y deporte.

 

Visiones contrapuestas

El Ejecutivo español presume de ser el que más fondos Next Generation de la Unión Europea ha movilizado y el que con más rapidez lo ha hecho. Y lo cierto es que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmaba recientemente que España había sido el primer país en solicitar el segundo pago de los fondos de recuperación europeos.

Sin embargo, las organizaciones empresariales tienen una visión muy diferente: estiman que solo se ha movilizado un 13 % de los cerca de 33.000 millones que contemplan los once PERTE aprobados y que apenas ha llegado a la economía real un 2 % del total.

Se calcula que quedan por mover 8.000 de los 19.000 millones de 2021, a los que habría que añadir como mínimo otros 26.000 millones de este año. Pero, además, existe el problema de que parte del dinero movilizado se destinó a organismos públicos como ADIF o sigue encallado entre el Gobierno central y las comunidades autónomas, que aspiran a gestionar la concesión de la mitad de las ayudas.

Desde diversas organizaciones empresariales se ha criticado al Gobierno español por la escasa agilidad, la falta de tiempo para la presentación de solicitudes en algunas convocatorias, la complejidad burocrática y, en definitiva, el bajo porcentaje de fondos Next Generation que han llegado a las empresas.

Tanto el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, como el de la Confederación de Empresarios de Galicia, Juan Manuel Vieites, han coincidido en señalar en los últimos meses que tan solo uno de cada cuatro euros ha llegado a las empresas.

Por su parte, organismos como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) también han criticado al Gobierno por los retrasos en la ejecución y la falta de información oficial. 

 

El efecto multiplicador de las ayudas europeas

En las convocatorias previstas por la administración central y las comunidades autónomas para la segunda mitad de este año, las líneas férreas de cercanías, la digitalización, la salud y la industria agroalimentaria deberían ser los ámbitos que concentren más fondos.

El efecto tractor de las ayudas públicas es evidente, como pone de relieve un reciente informe del Banco de España, que calcula que “un incremento de un 1% en la inversión pública estaría asociado a un incremento de la misma magnitud en la inversión privada en el corto plazo”.

De ahí la importancia de acelerar la ejecución de los fondos europeos. Y la preocupación por otro dato de una encuesta del Banco de España: la proporción de empresas interesadas en acudir a las convocatorias relacionadas con los proyectos financiados con los fondos europeos se redujo hasta el 16,6 % en el primer trimestre de 2022, unos 7 puntos porcentuales menos que en el trimestre anterior. 

El Banco de España espera que los fondos Next Generation contribuyan en un 1,4 % al PIB español de 2022, pero este porcentaje podría reducirse si las ayudas no llegan en la medida y a la velocidad previstas.

 

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La élite económica mundial se ha congregado esta semana en la localidad suiza de Davos. El temor a una posible recesión ha marcado el encuentro anual del World Economic Forum, que sigue lastrado por la escasa presencia de mujeres.

 

“Una reunión familiar para las personas que rompieron el mundo moderno”. Así definió el encuentro anual del Foro de Davos Anand Giridharadas, excolumnista de ‘The New York Times’ y editor de ‘The Ink’. “Un entorno de colaboración único en el que reconectar, compartir ideas, obtener nuevas perspectivas y crear comunidades e iniciativas de resolución de problemas”. Así lo cataloga el World Economic Forum en su web.

Este encuentro, que en 2021 se canceló por la pandemia, congrega cada año a políticos, empresarios, académicos, líderes sociales y celebridades en Davos para abordar la agenda global. Aunque normalmente se celebra en enero, entre montañas nevadas, la variante ómicron de la covid-19 obligó a retrasarlo y finalmente se ha desarrollado entre el 22 y el 26 de mayo.

Unos consideran que sirve para que la élite mundial se dé palmadas en la espalda y se intercambie favores. Otros opinan que se trata de una plataforma para buscar soluciones a los principales problemas y conflictos globales. Probablemente, tanto unos como otros tengan parte de razón.

 

Una cita elitista

Lo que está claro es que participar en este evento no está al alcance de cualquiera. Para hacerlo, hay que ser uno de los aproximadamente mil miembros del World Economic Forum, lo cual puede salir por más de medio millón de euros, o ser invitado. Sea por una vía o por la otra, la presencia en el evento supone una oportunidad de influir en la agenda mundial.

La lista de participantes de este año ha incluido unos 1.250 líderes empresariales, más de 300 políticos de todo el mundo y unos 200 representantes de ONG, además de emprendedores, académicos y otros miembros de la sociedad civil.

El World Economic Forum nació en 1971 de la mano de Klaus M. Schwab, un profesor de la Universidad de Ginebra que invitó a cerca de medio millar de ejecutivos europeos a un encuentro sobre gestión empresarial. En 1987 esta organización sin ánimo de lucro adoptó su nombre actual y adquirió un enfoque más amplio para dar cabida a los grandes temas que afectan al futuro de la humanidad.

 

De la polarización a la guerra de Ucrania

La edición de 2020, que superó los 3.000 asistentes, puso de manifiesto la polarización en el mundo, con dos grandes protagonistas antagónicos. Por un lado, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y, por el otro, la activista Greta Thunberg, que echaba en cara a los grandes líderes mundiales su inacción ante el cambio climático.

Este año han pasado por Davos desde la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, o la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hasta figuras empresariales como Bill Gates o George Soros. Y en la apertura intervino por videoconferencia el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien reclamó mayores sanciones para Rusia. En cualquier caso, la abrumadora mayoría de hombres demuestra que las élites del poder todavía están lejos de la paridad de género.

Las más de 150 sesiones de esta edición se han articulado en torno a ocho áreas temáticas, que incluyen medio ambiente, economía, tecnología e innovación, trabajo, negocio, salud, cooperación y equidad social. La guerra en Ucrania, la crisis energética y alimentaria, así como su impacto en la ya de por sí compleja situación económica, han acaparado los focos.

 

El temor a la recesión

Las malas noticias no son buenas para los negocios y en Davos se tiende a ofrecer una visión algo edulcorada del futuro. Sin embargo, este año era difícil obviar el riesgo de recesión.

La directora del FMI reconoció con la boca pequeña que no se puede descartar una contracción económica y advirtió que 2022 será un “año duro”. Por su parte, José Viñals, presidente de Standard Chartered, reconoció que las amenazas que se ciernen sobre la economía global pueden convertirse en “una tormenta perfecta”.

Aunque se produjera una nueva recesión, esa circunstancia no impediría que siga ampliándose la lista de nuevos ricos que aspiran a participar en el Foro de Davos. Un informe de Oxfam indica que, a pesar del desplome global de la economía, durante la pandemia surgió un nuevo milmillonario cada 30 horas.

 

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Cerca de 100.000 millones de euros de créditos concedidos por la banca española se encuentran al borde del impago, según el Banco de España. Y todo indica que la situación empeorará en la segunda mitad del año, por lo que se avecinan tiempos difíciles para el sector bancario. 

 

Al cierre de 2021 la banca española acumulaba créditos en riesgo de impago por valor de 94.000 millones de euros, con un aumento del 14 % en el último trimestre del año, según se desprende de un informe del Banco de España. Se trata de préstamos que el supervisor bancario español sitúa en la categoría de “vigilancia especial” porque todavía no han dejado de pagarse, pero corren el riesgo de pasar a morosos. Globalmente, representan el 8 % del total de deuda de empresas y hogares, 2,2 puntos porcentuales más que antes de la pandemia.

Los créditos a empresas que están a un paso de entrar en morosidad son los más preocupantes, ya que han aumentado casi el 26 % y suponen prácticamente dos tercios del total sometido a “vigilancia especial”. Aun así, tampoco se puede perder de vista que la probable subida de los tipos de interés a corto plazo podría complicar la devolución de los préstamos hipotecarios contratados por muchas familias.

La situación de los créditos que el Banco de España considera dudosos tampoco es buena. Aunque el total se ha reducido un 5,5 %, sigue próximo a los 50.000 millones de euros. Del total, 27.000 millones corresponden a empresas y 22.000 millones a hogares.

 

El impacto de la pandemia

Los sectores empresariales más afectados por la covid-19, que acumulan el 24 % del total de los créditos dudosos y en vigilancia especial, son los que muestran las mayores señales de deterioro. Por ejemplo, el 35,5 % del crédito concedido a empresas de hostelería se encuentra en situación de vigilancia especial y el 6,5 % son préstamos dudosos, por lo que el crédito problemático se acerca a la mitad del total. En el caso del transporte, el crédito conflictivo supone el 27,5 % del total. Y hay que tener en cuenta que estos sectores son especialmente sensibles al repunte de los precios de la energía y los alimentos.

El Banco de España también constata un deterioro de los préstamos a empresas garantizados por el ICO en el segundo semestre de 2021. El total de crédito ICO en vigilancia especial aumentó casi cuatro puntos porcentuales en los seis últimos meses del año y se situó en el 20 %, mientras que el considerado dudoso supone el 3,5 %, con un aumento de 1,4 puntos porcentuales respecto a junio del año pasado.

El fin de la carencia en la amortización del principal que deberán afrontar en los próximos meses muchas empresas con créditos ICO aumenta el riesgo de deterioro crediticio. Hay que tener en cuenta que, según el informe del Banco de España, más de un tercio de estos préstamos todavía está en periodo de carencia para las devoluciones del principal.

 

Un panorama nada alentador

El Banco de España señala en su informe que el conjunto del sector bancario español muestra una capacidad de resistencia agregada “adecuada” para afrontar un posible deterioro de la situación económica. Sin embargo, reconoce que “la combinación en el corto plazo de una inflación más elevada, que erosiona las rentas reales de hogares y empresas, y un aumento de los tipos de interés, podría mermar la capacidad de pago de estos agentes”.

Lo cierto es que la conjunción de diversas circunstancias podría provocar una tormenta perfecta en la segunda mitad del año para la banca española. La economía ya ha dado muestras de ralentización en el primer trimestre del año, la inflación sigue disparada, el consumo de los hogares se está contrayendo y muchas empresas deberán empezar a devolver en breve el principal de los créditos ICO.

Si a todo esto sumamos la probable subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo, lo que complicaría la devolución de todos los préstamos con interés variable, el riesgo de morosidad se disparará en la segunda mitad del año.

¿Realmente el conjunto del sector bancario español está preparado para afrontar este escenario? La “adecuada” capacidad de resistencia que apunta el Banco de España podría no ser suficiente. Y todos sabemos qué sucedió con el sector bancario cuando se pinchó la burbuja inmobiliaria.

 

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El oro está de moda. La tendencia al alza de este metal precioso ha sido espoleada por la crisis sanitaria, una inflación desbocada y los conflictos geopolíticos globales. Aun así, parece que los bancos centrales han aprovechado la ocasión para sacar al mercado toda una serie de ediciones especiales de monedas de oro. Te presentamos la última moneda que ha estrenado el Banco de España.

 

La afición por el coleccionismo de monedas, conocido como numismática, está de enhorabuena. El diciembre del 2021 se puso en circulación la primera moneda bullion de oro emitida por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de la Real Casa de la Moneda (FNMT). Aunque tiene un valor facial de 1,5 euros, su valor real viene determinado por el precio del oro en el momento de la venta, más un 10% en concepto de gastos de producción.

Se trata de una moneda que tiene un peso de una onza de oro (31,10 gramos), dedicada al lince ibérico y de la cual solo se emitirán 12.000 unidades. Está pensada por inversores y coleccionistas, así que no es de uso legal.

Esta moneda de edición especial es la primera de una serie de monedas que la FNMT comunicó que iría anunciando en los próximos meses, con el fin de acuñar más monedas de inversión para los amantes de la numismática.

Así pues, el mes pasado la FNMT desveló que durante el segundo cuatrimestre de 2022 también se podrá comprar una nueva moneda de oro con un valor facial de 15 céntimos.

El lince ibérico como protagonista

El lince ibérico vuelve a ser el escogido para la nueva moneda de oro que, cuando menos, tiene ciertas diferencias con la inicial de 1,5 euros. En este caso tendrá su canto estriado en vez de liso y está compuesta de un décimo de onza de oro, es decir, un peso 3,1 gramos. Esto quiere decir que se trata de una moneda mucho más asequible.

Respecto a su precio, todavía se desconoce. Desde la página web de la FNMT detallan que vendrá determinado en el momento de la transacción por el precio de las transacciones de compraventa de oro físico en aquel momento más un margen del 22% (a diferencia del 10% en el caso anterior).

Por lo tanto, a pesar de que el precio de venta al público de la moneda se establecerá en el momento de la transacción, si tenemos en cuenta el precio actual del oro y le añadimos un 22%, el precio de la moneda seria de unos 212 euros. Es un valor muy inferior a los casi 2.000 euros que pagaríamos por la moneda de 1,5 euros.

 

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La deuda pública en Europa está en máximos históricos y los intereses que deben pagar los Estados para financiarse han alcanzado en algunos casos niveles que no se veían desde hace años. Todo apunta a que los tipos de interés acabarán por subir en el futuro próximo, con lo que el crédito para familias y empresas se encarecerá.

 

El interés de los bonos alemanes a diez años llegó a superar el 1 % esta semana y el de los españoles alcanzó el 2 %. Ni lo uno ni lo otro sucedía desde 2015. La rentabilidad del bono español de referencia cerró 2021 en el 0,595 %, tras haber llegado a marcar en diciembre de 2020 niveles negativos. En cuanto al alemán, el incremento ha sido considerable en los dos últimos meses, ya que a principios de marzo era negativo. Al otro lado del Atlántico, el interés que paga Estados Unidos por los bonos a diez años superaba también esta semana el 3 %, algo que no sucedía desde finales de 2018.

El interés de la deuda de otros países europeos como Francia, Portugal, Italia o Grecia ha experimentado en marzo y abril una evolución similar a la alemana, con incrementos que en la mayoría de los casos se sitúan en torno a un punto porcentual. Así, el interés de los bonos franceses a diez años ya roza el 1,5 %; los portugueses están en torno al 2 %; los italianos han alcanzado el 2,8 %, y los griegos superan el 3 %.

Hay que tener en cuenta que el Banco Central Europeo (BCE), el mayor cliente de deuda pública de la eurozona, anunció en marzo que sus compras de deuda se reducirían drásticamente este año. Su previsión es pasar de los 80.000 euros mensuales que adquiría hasta hace poco a los 20.000 millones a partir de junio.

 

Se buscan nuevos inversores

Este gran descenso en la adquisición de deuda hace que oferta y demanda tengan que reajustarse y la forma de atraer nuevos inversores es incrementar la rentabilidad. Como consecuencia, los Estados deberán pagar más por su deuda y se reducirá su capacidad de inversión, algo que tiene un evidente efecto negativo en la economía. 

Además, el incremento de los intereses de la deuda pública aumentará su atractivo a ojos de los inversores, con lo que parte del dinero que hasta ahora se dedicaba a financiar la economía productiva se destinará a la compra de deuda pública.

 

El fin de una época

La realidad es que la época de intereses negativos para la deuda europea gracias a la política monetaria ultralaxa del BCE ha quedado atrás. Y lo están sufriendo especialmente las economías europeas más frágiles por el riesgo de recesión. Estas ven cómo se está incrementando la prima de riesgo, que es el sobrecoste que pagan respecto al bono alemán a diez años.

La prima de riesgo exigida al bono español, por ejemplo, se mantiene ligeramente por encima de los 100 puntos básicos, con picos al final de las sesiones diarias que no se alcanzaban en los dos últimos años. Al igual que la italiana y la portuguesa, la española se ha incrementado en torno a un 40 % desde enero. Y la griega ya supera los 230 puntos básicos, tras aumentar más del 65 % desde principios de año.

Cada punto básico de la prima de riesgo equivale a un 0,01 % más de interés respecto a la rentabilidad del bono alemán a diez años. Por tanto, 100 puntos básicos significan pagar un 1 % más de interés que Alemania y 200 puntos equivalen a un 2 % más.

El alza de los intereses también está afectando a la deuda a corto plazo. En el caso de España, solo los bonos con vencimiento inferior al año cotizan con intereses negativos, ya que en los últimos días las letras a doce meses volvieron a registrar intereses positivos. Y la tendencia es similar en otros países de la eurozona.

 

Una deuda fuera de control

Ese aumento del coste de financiación afectará especialmente a las economías más endeudadas de la eurozona. Hay que tener en cuenta que la deuda pública de muchos países se ha incrementado drásticamente en los últimos años. Por ejemplo, en el caso de España, su deuda en febrero alcanzó un máximo histórico de 1,442 billones de euros, según el Banco de España. Esto supone el 119 % del PIB, mientras que en 2008, antes del inicio de la crisis económica, el porcentaje no llegaba al 40 %. 

A este incremento de la deuda y los intereses que los países pagan por ella se suma el cambio en la política monetaria de los grandes actores internacionales, que han subido o se plantean subir el precio del dinero para combatir la inflación. Un ejemplo es Estados Unidos, que acaba de incrementar el tipo de interés 50 puntos básicos, y todas las previsiones apuntan a que el BCE también acabará subiendo los tipos en el futuro próximo para frenar la inflación. En definitiva, todo hace presagiar que se endurezca el crédito para pymes, autónomos y familias.

 

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En las últimas semanas se ha especulado con la posibilidad de que Rusia se vea abocada a la suspensión de pagos o ‘default’ por la incapacidad de afrontar los pagos de su deuda en dólares. Casos como el de Argentina dan pistas de qué consecuencias podría tener esta medida.

 

Los rumores en los círculos financieros situaban a Rusia al borde de la suspensión de pagos a mediados de marzo. La razón eran las dificultades para afrontar sus compromisos de pago de deuda en dólares estadounidenses en los plazos establecidos.

Lo cierto es que hasta ahora el país ha conseguido hacer frente a los pagos previstos. Sin embargo, las dudas se mantienen, ya que la cantidad que Rusia debe devolver en abril, más de 2.000 millones de dólares, es muy superior a la de marzo. El bloqueo de activos rusos que han aplicado la Unión Europea y Estados Unidos supone un serio obstáculo para efectuar los pagos en dólares.

Las agencias internacionales encargadas de calificar la deuda de los países han reducido la valoración de la deuda rusa al nivel previo al incumplimiento. Y Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), reconocía hace unas semanas que la suspensión de pagos de Rusia “ya no es un evento improbable”. 

Rusia no sería el primer país en declarar la suspensión de pagos. Sin ir más lejos, el Estado español lo hizo siete veces en el siglo XIX. Y el caso de Argentina en este siglo ofrece numerosas lecciones de las consecuencias que puede tener esta medida.

 

Un mes de gracia

Cuando se produce esa situación, los países tienen un periodo de 30 días para renegociar la deuda con los acreedores, que mayoritariamente son bancos. El objetivo puede ser refinanciarla, lograr la quita de una parte o pactar una moratoria temporal en los pagos. 

Otra opción es buscar financiación alternativa, ya sea elevando las tasas de interés de la deuda para atraer a nuevos inversores, como hizo Islandia en 2008, o recurriendo a organismos internacionales como el FMI, la solución aplicada por Grecia en la pasada década. De todas formas, Rusia tendría complicada esta última vía por el rechazo de la mayoría de naciones a la invasión de Ucrania.

Si transcurridos 30 días el país no consigue nada de lo anterior, la única opción es declararse insolvente o en ‘default’. Es lo que hizo Argentina entre finales de 2001 y principios de 2002, en lo que ha supuesto la mayor suspensión de pagos de un Estado en toda la historia. El Estado debía casi 200.000 millones de dólares y solo disponía de 10.000 millones en reservas de divisas.

 

Consecuencias en cascada

Obviamente, la suspensión de pagos de un país implica la pérdida de confianza por parte de los inversores en esa economía. Esto se traduce en la imposibilidad de que el Estado se siga endeudando para financiarse y en un éxodo masivo de capitales, especialmente de la inversión extranjera.

La drástica contracción de las inversiones privadas lleva aparejada la recesión de la economía, que deriva en un círculo vicioso al generar más paro y contraer los ingresos del Estado. Hay que tener en cuenta que en el caso de Argentina el paro se duplicó en cinco años y que la necesidad de rebajar el gasto público se cebó especialmente con pensionistas y funcionarios, que vieron cómo sus ingresos se reducían considerablemente.

Además, lo habitual tras un ‘default’ es que se produzca una devaluación de la moneda local ante la pérdida de confianza exterior, lo cual genera un incremento de los precios.

El temor de la población a la devaluación y la hiperinflación suele generar una retirada masiva de fondos de los bancos con el objetivo de trasladarlos al extranjero. Este fenómeno obligó al Gobierno argentino a congelar las cuentas bancarias y limitar la cantidad de dinero que se podía retirar diariamente, lo que se conoció como “corralito”.

 

La tormenta perfecta

Este entorno de inflación, sumado a un descenso acusado de los ingresos y el acceso limitado a los ahorros, es el caldo de cultivo ideal para el malestar social, el aumento de la delincuencia y la fuga de capital humano.

Seis meses después de la suspensión de pagos, casi una cuarta parte de los argentinos se consideraban indigentes y otra cuarta parte no superaban el umbral de la pobreza. Son datos que cuesta de asimilar teniendo en cuenta que se trata de un país rico en recursos naturales y con una de las mayores cabañas ganaderas del mundo.

La pérdida de confianza en el papel moneda incluso provocó que en Argentina proliferaran hasta 8.000 clubes de trueque, algunos de los cuales llegaron a emitir sus propias “monedas”.

 

Riesgo de contagio internacional

La suspensión de pagos de un país también puede tener consecuencias negativas más allá de sus fronteras. Hay que tener en cuenta que el primer efecto de esta medida es que los acreedores dejan de cobrar. Y esto puede poner en aprietos a los acreedores internacionales que estén muy expuestos a esa deuda o a las aseguradoras que hayan decidido cubrir esas inversiones. En determinados casos, el sistema bancario y asegurador puede verse afectado por el efecto dominó.

Ahora falta por ver cuál es la capacidad de Rusia para hacer frente a sus compromisos en las próximas semanas y si la advertencia de la directora gerente del FMI cobra forma a medida que el coste de la guerra en Ucrania y las sanciones internacionales ponen contra las cuerdas a la economía rusa.

 

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Con la anunciada rebaja de los fondos destinados a la compra de deuda y un aumento de los tipos de interés en el horizonte, el Banco Central Europeo pone en riesgo la recuperación de los países más endeudados. Estos pueden ser las víctimas colaterales de la guerra contra la inflación.

 

 ¿Crecimiento o estabilidad de precios? Este es el dilema que afronta el Banco Central Europeo (BCE) a través de su política de compra de deuda y tipos de interés. Y la apuesta a día de hoy es clara: su presidenta, Christine Lagarde, quiere evitar a toda costa una inflación desbocada a pesar de la incertidumbre económica provocada por la guerra en Ucrania.

 La previsión del BCE es que la subida de precios en la Unión Europea alcance el 5,1% de media este año, casi dos puntos más de lo que preveían en diciembre. Por ello, Lagarde anunció recientemente un endurecimiento de la política monetaria para contener la inflación: las compras mensuales de deuda del BCE pasarán de 40.000 millones de euros en abril a 30.000 millones en mayo y 20.000 millones a partir de junio.

 

Compra de bonos durante la pandemia

Hasta ahora, el BCE adquiría unos 80.000 millones de deuda al mes, tres cuartas partes de ellos al amparo de un programa especial creado para afrontar la crisis provocada por la covid-19.

La entidad incluso se plantea acabar con la compra neta de deuda si las medidas no son suficientes para atajar la inflación. Hay que tener en cuenta que durante la pandemia el BCE ha comprado cerca de dos billones de euros en deuda. Desde enero de 2020 hasta mediados de 2021, el volumen de deuda de la Eurozona pasó de suponer el 86% al 100% del PIB.

 

Tipos de interés al alza

Además, el BCE anunció que se producirá una subida de tipos “gradual” transcurrido algún tiempo. Los analistas estiman que este cambio de política podría empezar en el último tramo de este año o principios de 2023. De todas formas, la evolución de la inflación marcará el calendario y la intensidad.

Estas decisiones afectarán especialmente a las economías española, italiana, portuguesa y griega, ya que el BCE está comprando gran parte de la deuda emitida por estos países. La deuda en España ya supone el 125% del PIB, en Portugal el 140%, en Italia el 160% y en Grecia el 210%.

En el caso de España, la necesidad de financiación neta para 2022 se estima en unos 75.000 millones de euros. A la convalecencia de la pandemia que viven sus economías, se suma ahora la incertidumbre económica y la crisis energética provocadas por la guerra de Ucrania.

 

Menos margen de maniobra para los más endeudados

El anuncio del BCE de reducir la compra de deuda reducirá considerablemente la capacidad de los países más endeudados, entre los que se encuentra España, para financiar medidas de política fiscal que estimulen la recuperación, ya sea a través de subvenciones o una bajada de la presión fiscal a particulares o empresas. Otra consecuencia indeseada podría ser que empezaran a subir las primas de riesgo de la deuda de estos países.

Todo ello se produce en un entorno de gran incertidumbre por la situación internacional y la evolución de los precios de la energía, que repercuten directamente en el precio de la mayoría de productos.

 

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La serie de animación de 11Onze dedica un capítulo al oro. Explicamos la relación de la humanidad con este metal precioso desde sus orígenes en un episodio especial.

 

Si creíais que ya os lo habíamos explicado todo sobre el oro, ibais errados. ¿Qué hace que el oro sea tan seguro y tenga este prestigio? Pues que la historia del ser humano con el oro viene de muy, muy lejos. Probablemente por eso hay este comportamiento atávico: cuando las cosas van mal, volvemos al oro. Cuando hay crisis, cuando las monedas ya no son de fiar… siempre miramos al metal rey. Es normal, son miles de años de relación. Ya en la prehistoria, hacia el 4600 a. C. los humanos ya hacíamos joyas de oro. Y desde entonces no paramos. El oro siempre ha sido un referente de riqueza y de estabilidad.

En este capítulo de El Diner hacemos un recorrido por esta historia y cuál es el rol del oro en el sistema económico mundial. Desde el Patrón Oro al Patrón Dólar y en la actualidad. Decimos que es un episodio especial por varios motivos. Porque es más largo de lo habitual, porque incorpora un nuevo personaje protagonista y porque, por primera vez, ha habido que incorporar 3D en la animación. Un esfuerzo de 11Onze y de Luee studio para un protagonista que no es un cualquiera: es el metal rey. Por eso nuestro lingote tiene una retirada a Elvis.

Al acabar el capítulo, como siempre, podréis poner a prueba los conocimientos adquiridos con un cuestionario. ¿Ya sois expertos en el oro? Es justo lo que queríamos: que si decidís proteger vuestros ahorros con Preciosos 11Onze, tengáis toda la formación posible.

Puedes ver el capítulo completo aquí.

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La serpiente monetaria quebró pronto, durante los años 70 del siglo XX, pero permitió a Europa crear el sistema monetario europeo tal y como lo conocemos. ¿Por qué se creó y en qué se transformó? Nos lo explica la agente 11Onze Eve Doña.

 

El acuerdo para crear la serpiente monetaria se establece entre los años 1972 y 1974 como sistema europeo de cambio”, detalla Eve Doña. De las consecuencias derivadas de los Acuerdos de Bretton Woods, que fijaban unos márgenes de fluctuación de las diferentes monedas del planeta respecto del dólar norteamericano, el sistema nació después del Acuerdo de Basilea.

Los países pertenecientes a la Comunidad Económica Europea (CEE) se dieron cuenta de los problemas que suponía contar con unos tipos de cambio flexibles para el mercado común y crearon la serpiente monetaria. De este modo, probaron de dotar a los territorios de cotizaciones cruzadas para sus monedas. Pero, ¿cuál fue el resultado?

“La serpiente monetaria tuvo unos resultados nada alentadores. Los desequilibrios entre las economías europeas derivaron en dificultades más grandes, que hicieron de la serpiente monetaria una política fallida”, argumenta el agente. Así, las devaluaciones y las revaluaciones, teniendo en cuenta las diferentes salidas y entradas del mecanismo de estabilidad cambiaria, hicieron de la serpiente monetaria un sistema que no pudo corregir esta cuestión. 

Por eso, en 1979 se desestimó la serpiente monetaria para poner en marcha el que hoy en día conocemos como sistema monetario europeo. Mira el video de abajo y descubre más cosas sobre la serpiente monetaria.

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La recuperación de la demanda y del consumo del 2021 ha disparado el precio del petróleo, de los metales y del gas, entre otros. Pero no es el único motivo que nos acerca a la próxima crisis. Tenemos que sumarle intereses especulativos y una tensa coyuntura geopolítica. Todos estos factores temporales tenían que corregirse a corto plazo, pero la inflación que nos atenaza sigue muy viva. ¿Qué está pasando con el precio del petróleo?

 

De entrada, el precio del petróleo se ha ensalzado tanto y tan rápido que ya está cerca de los 100 dólares por barril. Desde 2014 los expertos no veían una cifra similar. Esta subida, ahora, amenaza el crecimiento económico pospandémico, pero también alimenta la crisis inflacionaria que hace tiempo que se cuece. Y esto, está claro, puede lastrar la producción empresarial, pero también afectar gravemente el poder adquisitivo de la ciudadanía.

Según calcula ‘Bloomberg’, la subida de los 70 dólares por barril de finales de 2021 a los cerca de 100 dólares por barril a finales de febrero puede elevar la inflación aproximadamente medio punto porcentual en los Estados Unidos y Europa la segunda mitad del año. Y esto preocupa, y mucho, a la Reserva Federal de los Estados Unidos, pero también a otros bancos centrales. Para mirar de combatir esta crisis, los jefes de finanzas del G-20 se reunirán por primera vez desde que ha empezado el 2022.

A pesar de que las exportaciones de energía se beneficiarán del auge del petróleo, gran parte de las empresas y de la población se verán afectadas por este incremento. Y es muy sabido que las subidas del precio del petróleo acostumbran a vaticinar períodos de recesión.

Sin ir más lejos, esta semana pasada el director de investigaciones económicas del Deutsche Bank, Peter Hooper, ha aseverado que “la crisis del petróleo alimenta el que ya es un problema de inflación mucho más amplio”. JP Morgan también ha advertido que, si el precio por barril sube hasta los 150 dólares, “casi se parará la expansión global” y puede hacer que la inflación se dispare más arriba del 7%, más del triple de la tasa prevista por la mayoría de instituciones financieras.

Hay que tener presente que los combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón y el gas natural, proporcionan el 80% de la energía de la economía mundial. Estos combustibles fósiles han experimentado subidas de más del 50% respecto del año anterior. Y esto, está claro, también afecta a las cadenas de suministro y retrasa y eleva los costes de las materias primas.

Las tensiones geopolíticas en Rusia, que es el productor más grande de petróleo del mundo, tampoco ayudan a contener los precios. Y una oferta restringida por los recortes a la OPEP no facilita tampoco una distribución más rápida desde estos países —hoy por hoy, se exportan 400.000 barriles por mes. Los analistas consideran que frenar la subida solo sería posible si se produjera un aumento de la inversión en un sector muy contaminante, y en un contexto en que Occidente prefiere apostar por la energía verde; o que Irán se volviera a incorporar al mercado internacional del petróleo. Pero no parece que ninguna de las dos salidas sea viable.

Así las cosas y para mirar de controlar la inflación, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra ya han anunciado posibles subidas de los tipos de interés, pero esto impactará en la deuda soberana, sobre todo la que han contraído las economías emergentes. En consecuencia, China puede salir perjudicada, porque es uno de los grandes prestatarios mundiales. China también es uno de los principales exportadores de petróleo y otros materiales fósiles, y hasta ahora había disfrutado de una inflación muy benigna, pero su economía continúa siendo vulnerable y los productores empiezan a ver las orejas al lobo de la crisis energética. 

 

¿Quién sale beneficiado?

Pero no todos los países se ven perjudicados por la subida del precio del petróleo. La energía alternativa ofrece una pequeña protección. Por ejemplo, desde que surgió en los Estados Unidos la industria del petróleo de esquisto, su economía es menos vulnerable que durante la década de los 70 del siglo XX. Así, a pesar de que los consumidores internos tienen que pagar más cara la energía, los productores nacionales ganan más dinero.

También Rusia se podría ver beneficiada, y aumentar 65.000 millones de dólares sus ingresos del año, hecho que podría proteger Moscú de las posibles sanciones por el conflicto con Ucrania. Y este aumento también podría beneficiar otras economías emergentes en el sector, como Canadá o los países de Oriente Medio

 

La recesión que viene después

Para el común de la población, y para la mayoría de economías, sin embargo, no hay nada que celebrar. El responsable de sistemas y servicios de información de AXA IM, Chris Iggo, ha advertido que la inflación “podría mantenerse alrededor del 7% durante todo el resto del año, lo que supondría subidas más agresivas por parte de la Reserva Federal y nos acercaría a una próxima recesión”. 

También los analistas del Bank of America Merrill Lynch han avisado que la economía está llegando a un “fin de ciclo”. La crisis de la Covid-19, los millones movilizados por los gobiernos para responder a ella y que han endeudado todavía más las economías del mundo y, ahora, los estímulos de los bancos centrales para combatir la inflación pueden haber acelerado todo. La subida del precio del petróleo es un síntoma más a tener en cuenta. Y no parece que, a la larga, tenga una buena solución.

 

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