Cinco medidas para reducir el consumo de gas ruso
Ahora que se especula con un corte definitivo del suministro de gas ruso a Europa, merece la pena contemplar varias alternativas ecológicas que nos permitirán reducir la dependencia y ahorrar en nuestras facturas de gas y electricidad.
La crisis energética provocada por la guerra en Ucrania ha puesto en evidencia que “las energías renovables y la eficiencia energética no solo nos ayudan a frenar el cambio climático”, como explica la agente de 11Onze Marifé Fariñas, sino que también contribuyen a reducir la dependencia energética de otros países.
A diferencia de los combustibles fósiles, una gran ventaja de las energías renovables es que son ilimitadas. Además, ayudan a reducir el cambio climático, puesto que la utilización de combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural o el carbón genera dióxido de carbono que contribuye al calentamiento global.
Alternativas ecológicas
Te presentamos cinco opciones que permiten reducir la dependencia energética y ahorrar en tus facturas de gas y electricidad:
Energía solar. La instalación de paneles solares para aprovechar la radiación solar puede permitir que el hogar sea incluso autosuficiente energéticamente.
Geotermia. Se trata de una energía que permite regular la temperatura del hogar y producir agua caliente gracias a la temperatura constante del subsuelo.
Aerotermia. La bomba de calor extrae la energía del aire de un lugar y la traslada a otro. Este sistema se utiliza como fuente de energía alternativa para calefacción y aire acondicionado.
Bioetanol. Las estufas y chimeneas de bioetanol pueden resultar alternativas muy eficientes. Un litro de este combustible ofrece un rendimiento de entre tres y seis horas y equivale a un radiador de 3.000 vatios.
Biomasa. Es un combustible que aprovecha recursos naturales como huesos de olivas, trozos de frutos secos o cáscaras. Su combustión no produce emisiones tóxicas, por lo cual es respetuosa con el medio ambiente, y se trata de un producto de ciclo corto.
Cómo explica Marifé Fariñas, a pesar de que los gastos iniciales pueden ser superiores cuando instalamos energías alternativas, merece la pena apostar por ellas si tenemos en cuenta “la eficiencia energética y la rentabilidad de la inversión”.
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Precio, sostenibilidad, ubicación y conciencia. Factores que hay que tener en cuenta a la hora de decidir donde alojarnos cuando estamos de viaje. Las posibilidades son muchas y muy variadas, pero, ¿cuál es la que más se adapta a tus necesidades?
Ya han llegado las vacaciones de verano. Sin duda, una buena oportunidad para llevar a cabo uno de los hobbies que más se echa de menos cuando el trabajo nos obliga a quedarnos en casa: viajar. Lejos, cerca, montaña, playa… el objetivo es desconectar durante unos días. Es aquí, probablemente, cuando entra en juego la pregunta más recurrente y una de las principales dicotomías a la hora de viajar: ¿alojarse en un apartamento o en un hotel?
¿Hotel, apartamento, camping, caravana… donde alojarse?
Es innegable que plataformas como Airbnb o Booking ofrecen precios muy competitivos que colocan al sector hotelero en una clara situación de desventaja. Lo pueden hacer, precisamente, porque se trata de páginas web donde cualquier persona puede poner a disposición del público una de sus propiedades y, por lo tanto, cada cual marca el precio.
En este tipo de alojamiento no encontrarás servicios propios de los hoteles que hacen que tu experiencia sea más confortable, pero dispondrás de un espacio habilitado para vivir unos días. Así pues, no tendrás la opción que te lleven el almuerzo a la cama, pero sí que puedes hacértelo tú mismo y ahorrar un dinero.
Los campings y las caravanas son formas de viaje más baratas que a raíz del coronavirus y sus restricciones se volvieron a poner mucho de moda. De hecho, fueron muchas las familias que decidieron alquilar una caravana y viajar por el país descubriendo nuevos espacios más cerca de casa. Conociendo esta información, propietarios de campings y locatarios de caravanas han puesto a disposición del público precios muy competitivos. Eso sí, ¡vale más reservar con tiempo porque el verano pasado las plazas se agotaron muy pronto!
Viajar con conciencia
Un estudio sobre ecologismo realizado por Airbnb el 2016 ya reveló que alojarse en apartamentos, o como ellos lo denominan ‘Home Sharing’ (compartir alojamiento), es más ecológico que no hacerlo en hoteles. Para llegar a esta conclusión, observaron que se gastaba un 48% menos de agua y un 78% menos de energía respecto a los hoteles. Añadían, además, que los propietarios inculcaban a sus huéspedes el reciclaje y así podían mantener la sostenibilidad del espacio. Pero, como siempre, todo tiene su parte positiva y negativa.
El aumento de oferta en cuanto a los apartamentos turísticos ha generado una turistificación y, por consecuencia, una gentrificación imparable. De hecho, Barcelona es una de las ciudades que más ha sufrido este efecto: la expulsión de residentes de sus pisos de alquiler para transformarlos en un alojamiento turístico. Asociaciones de diferentes barrios barceloneses expusieron sus quejas explicando que cada vez había menos espacio para vivir en su propia ciudad. Un hecho derivado de la facilidad de poner a disposición del turista un lugar para pasar las vacaciones, aunque esto comporte la expulsión de un residente.
A partir de aquí, es cuestión de valorar preferencias y hacer de tus días libres una auténtica experiencia. Cada opción aporta diferentes ventajas y depende del tipo de viaje que quieras llevar a cabo: relajado, más autónomo, aventurero… está en tus manos. ¡Y una vez escogida tu alojamiento, solo te queda disfrutar de las esperadas vacaciones!
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Las desorbitadas subidas del precio de la luz, del gas y de la gasolina son la punta de lanza de una crisis energética que afecta gravemente nuestra economía familiar. Aun así, la transición a energías renovables es una necesidad imperiosa si queremos asegurar la sostenibilidad del planeta. Sílvia Garriga, agente de 11Onze, nos explica cómo afrontar este reto instalando energías renovables en nuestro hogar.
La sociedad y los gobiernos se han concienciado de que la transición a energías renovables ya no puede ser una opción de futuro, sino que se tiene que convertir en una realidad del presente más inmediato. La emergencia climática y ambiental es un hecho que comporta efectos evidentes sobre los ecosistemas del planeta y desde nuestros hogares podemos reducir el impacto que el consumo de energía tiene sobre el medio ambiente.
Pero, ¿qué instalaciones de energía renovable podemos tener en casa? ¿Qué dice la normativa actual? Cómo explica Garriga, “tenemos varias opciones a considerar a la hora de escoger qué tipo de energía queremos poner en casa”. Las placas solares son las más populares, pero hay que tener en cuenta que la aerotermia, geotermia o la biomasa también son opciones al alcance de muchos hogares.
Casas pasivas: la arquitectura del futuro
“En los últimos años han aparecido nuevos sistemas de obtención de energía llamados sistemas pasivos con el objetivo de lograr edificaciones de consumo nulo”, afirma el agente de 11Onze. La viabilidad del concepto de edificaciones de consumo de energía casi nulo o muy bajo en la construcción residencial es un reto que ha pasado de la fase de experimentación a convertirse en una tendencia creciente al alcance de gran parte de la población, y que marcará el camino de las viviendas del futuro.
Tanto si nos decantamos por llevar a cabo una renovación de nuestro hogar para aumentar su eficiencia energética, como si reducimos su consumo energético de combustibles de origen fósil para convertirlas en casas más ecológicas y eficientes, estamos haciendo una apuesta de futuro para nuestro bolsillo y para el medio ambiente.
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La emisión de bonos verdes, orientados a financiar proyectos sostenibles, sigue al alza después de cerrar 2020 con cifras históricas de 270.000 millones de dólares. La Comisión Europea y países como el Estado español se suman a esta tendencia de inversión.
Los llamados bonos verdes son instrumentos de renta fija que están orientados exclusivamente a financiar o refinanciar proyectos medioambientales o vinculados al cambio climático. Así, fomentan la eficiencia energética, la reducción de la contaminación, la protección de ecosistemas o la gestión del agua limpia; promueven una agricultura, pesca y silvicultura sostenible; e incluso mitigan el cambio climático, con los llamados bonos climáticos.
Después de nueve años de crecimiento consecutivo en el sector, el mercado de bonos verdes cerró 2020 con un total de 270.000 millones de dólares emitidos y un volumen de un billón de dólares acumulados. El Banco Mundial es el principal emisor de estos bonos, y en el último año ha emitido bonos por valor de 14.400 millones de dólares y en 22 divisas diferentes, que se han destinado a 111 proyectos de todo el mundo, sobre todo enfocados a energías renovables (33%), transporte limpio (27%) y agricultura (15%).
Bonos al servicio de la comunidad
A través de los bonos verdes, los inversores otorgan financiación a empresas, proyectos, incluso a gobiernos, que quieren aprovechar los mercados de capital de deuda para ofrecer soluciones sostenibles y globales para la comunidad. Para asegurar esta finalidad ecológica, la Asociación Internacional de Mercados de Capital (ICMA) actualiza periódicamente los principios GBP (Green Bonds Principles [Principios de los bonos verdes]) que deben cumplir todos estos bonos. A pesar de que es una guía voluntaria, se anima a todos los actores a usarla para favorecer la transparencia del sector y el conocimiento del producto y del mercado por parte de los agentes implicados.
Climate Bonds Initiative es una organización sin ánimo de lucro y uno de los principales organismos de este sector, que se encarga de desarrollar y movilizar el mercado de bonos de 100 billones de dólares. Con la intención de allanar el terreno para todos los actores implicados en el sector, trabajan a través de un código abierto enfocado, especialmente, a proteger a los inversores, facilitar la entrada de gobiernos al mercado y dotar de los conocimientos y las herramientas necesarias a todas las organizaciones que participan.
Una apuesta mundial por la economía sostenible
En 2008 el Banco Mundial emitía los primeros bonos verdes, y poco tiempo después se iniciaba el fondo de bonos verdes de la entidad. La Comisión Europea se unía también en 2018 con la creación de un plan de financiación sostenible, y desde entonces la tendencia europea ha seguido al alza. Este octubre, la Comisión ha iniciado el plan NextGenerationEU, que prevé emitir 250.000 millones de euros en bonos verdes hasta el 2026, un hito que situará Europa como el emisor de bonos verdes más grande del mundo.
A escala estatal, muchos gobiernos se suman a la tendencia de emisión de bonos verdes. El Estado español, por ejemplo, ha llevado a cabo la primera emisión este mismo año por un valor de 5.000 millones de euros a un plazo de 20 años. La demanda por parte de los inversores ha superado los 60.000 millones de euros, una cifra hasta ahora nunca vista en la emisión de bonos verdes gubernamentales en Europa y que ha permitido emitir los cupones a un 1%, con una rentabilidad del 1,034%. Otro ejemplo es Alemania, que se inició en el sector de los bonos verdes en septiembre del año pasado con un plazo de diez años, y que este año ha lanzado la primera línea de bonos a 30 años por valor de 6.000 millones de euros.
El crecimiento de este sector, el compromiso por parte de empresas y administración y la alta demanda por parte de los inversores pronostican que el crecimiento de este sector siga aumentando en los próximos años. De este modo, el desarrollo de las economías y la preservación medioambiental se unen a una tendencia económica donde el beneficio acontece global.
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Poco a poco, las convocatorias para conseguir ayudas Next Generation se van sucediendo. Este verano llegará una para financiar proyectos que impulsen la economía circular, con un presupuesto de 192 millones de euros.
Este verano se abrirá una convocatoria de las ayudas Next Generation de la Unión Europea para financiar proyectos empresariales que impulsen la economía circular. Se trata de una convocatoria multisectorial con un presupuesto de 192 millones de euros para fomentar la sostenibilidad y la circularidad de los procesos productivos y para crear un tejido industrial más innovador y competitivo.
A estas ayudas podrán optar proyectos centrados en cuatro grandes objetivos:
- Reducción del consumo de materias primas a través del uso de subproductos o de materiales procedentes de residuos o remanufacturados.
- Comercialización de productos con un diseño ecológico, que aumente la vida útil del producto y lo mejore en términos de reparación y reciclabilitat.
- Mejora de la gestión de los residuos a través de nuevos sistemas de tratamiento que permitan el reciclaje de las materias primas.
- Digitalización de procesos, con el desarrollo de infraestructuras y sistemas para mejorar la trazabilidad de los productos o servicios basados en el retorno de residuos o en tecnologías 3D, entre otros.
Se pueden presentar empresas de cualquier tamaño, de forma individual o como parte de un consorcio. Aun así, tendrán prioridad los proyectos en los que participen empresas pequeñas.
Un plan ambicioso
Se espera que el Plan Estratégico de Recuperación y Transformación Económica (PERTE) en economía circular, en el cual se enmarca esta convocatoria, movilice más de 1.200 millones de euros en ayudas hasta el año 2026. De cara a 2023, se prevé que se abran nuevas convocatorias específicas para tres sectores clave: textil, plásticos y bienes de equipo para energías renovables.
Este PERTE es uno de los más ambiciosos a la hora de canalizar fondos Next Generation y tiene tres objetivos básicos: reducir la generación de residuos, impulsar las plantas de tratamiento y fomentar la digitalización de empresas e instituciones.
Los PERTE engloban proyectos tractores con un gran impacto transformador sobre sectores estratégicos. El de economía circular pretende impulsar la transición del actual modelo económico, basado en el engranaje lineal de producir-consumir-tirar, hacia un nuevo modelo que reduzca la huella ecológica. En este sentido, se alinea con los objetivos de la Estrategia Española de Economía Circular para 2030.
En concreto, el PERTE de economía circular identifica los tres sectores mencionados anteriormente, en los que se considera especialmente necesario desarrollar medidas específicas para conseguir un modelo de economía circular. Pero la economía circular se ha introducido también como elemento transversal en ámbitos como la construcción, la agricultura, la ganadería o la formación profesional.
Con la ayuda de Acció
Acció, la agencia catalana para la competitividad de la empresa, dispone de un apartado específico en su web sobre las ayudas Next Generation, que incluye un servicio de alerta de convocatorias y asesoramiento sobre los pasos que se deben seguir.
En este sentido, el director de estrategia empresarial de Acció, Joan Martí, indicó en una sesión celebrada recientemente sobre los fondos Next Generation que este organismo ha contratado “once personas” en los últimos dos meses para “fomentar la participación de empresas catalanas en proyectos estratégicos” que tengan un “alto componente de transformación digital y de compromiso ambiental a través de unas ayudas excepcionales”. Joan Martí también destacó que se ha abierto una “delegación en Madrid para ayudar a las empresas catalanas a dirigirse a los ministerios”.
Por su parte, Juanjo Escobar, jefe de la división de gestión energética del Instituto Catalán de Energía (ICAEN), criticó en la misma sesión “la complejidad de las tramitaciones” y la falta de una “fotografía de las convocatorias que habrá en el plazo de seis meses”, lo cual dificulta que las empresas tengan claro en cuáles les interesa más participar.
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Siempre que hay incendios forestales empieza el debate sobre cómo se pueden evitar estas catástrofes. Una vez más, nos damos cuenta de que es una situación complicada que requiere un planteamiento serio y contundente del modelo de país.
Desgraciadamente, los incendios forestales son noticia cada verano. Pero sorprende que este año la temporada de incendios se haya avanzado a la primavera. Se espera una campaña estival con un riesgo de incendios especialmente elevado, dado que el abandono de los cultivos, la deficitaria gestión de los bosques y el cambio climático complican la conservación del paisaje que tenemos.
Cataluña tiene un clima mediterráneo, y esto quiere decir veranos calurosos y secos, situación que hoy en día se agrava con los efectos del cambio climático. Según el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC), el clima de mediados de siglo podría tener casi treinta días más de verano y la temperatura en nuestro país podría llegar a subir tres grados de media.
Economía y paisaje
Marc Garfella, ingeniero técnico forestal, de Bosquerols, cooperativa que se dedica a la gestión y planificación de bosques, nos explica que la situación actual es debida, en parte, al abandono de los campos de cultivo (en los años cincuenta del siglo pasado los bosques ocupaban un 35 % de Cataluña y hoy en día ocupan un 70 %), al cambio climático y a que el sector primario no se puede ganar bien la vida.
Según Garfella, el sector primario tiene un papel muy importante en la gestión del paisaje y en el mantenimiento de este y, por lo tanto, en la prevención de incendios forestales, aunque “hace años que la gestión del bosque no es rentable”.
Marc Garfella sabe de qué habla porque la cooperativa, además de trabajar para la administración, trabaja para clientes que son propietarios de bosques: “Nuestros clientes propietarios rurales saben que la madera en estos momentos vale muy poco y que no es el momento de talar grandes cantidades de árboles. Ahora se talan árboles para permitir que el bosque tenga una estructura más diversa, más resistente al cambio climático y más resistente a los incendios”.
Este técnico forestal añade que la falta de rentabilidad de los bosques es un problema general que tiene el sector primario: “Hoy, quien se dedica a la gestión forestal, a la agricultura y a la ganadería, sin ayudas, no puede vivir”. El abandono de cultivos es un elemento que contribuye al hecho que la masa forestal vaya creciendo sin control. Y que la explotación del bosque no sea rentable hace que los propietarios no inviertan, ni en su planificación ni gestión.
Estamos ante un cambio de paradigma, dice Marc Garfella: “El campo se ha ido abandonando y el cambio climático se ha ido acentuando. Y este hecho no es exclusivo de nuestro país. En todo el mundo hay incendios (Argentina, EE. UU., Bolivia, Australia, Canadá…). El cambio climático está cambiando el paisaje y un incendio te lo puede modificar en pocas horas. Hace falta una reflexión profunda sobre la gestión del territorio”.
Ante este cambio de paradigma, Garfella hace una pregunta a la sociedad en general y nos pide qué país queremos: “La ciudadanía es la que tiene que decir qué modelo de país quiere y esto lo tiene que hacer de una manera no solo teórica, sino también activa, es decir, siendo consciente que las acciones que hace cada día influyen en la definición de país, porque la economía es la que acaba definiendo el paisaje”.
Producto con impacto
El 80 % de la dieta humana es vegetal y la agricultura representa un recurso económico y un medio de desarrollo importante para los pueblos. Todos somos conscientes de que los bosques acogen a millones de especies, son fuente importante de aire limpio y de agua, y también son fundamentales para combatir el cambio climático.
Y, ¿qué podemos hacer entre todos para mantener el paisaje? Según Marc Garfella, hay que ser conscientes de los productos que consumimos: “Al final, cuando se compra producto del país, ya sea vino, aceite, carne de cordero, madera o fruta, también acabas pagando por el mantenimiento del paisaje. Si el campesino, el ganadero y el forestal pueden ganarse la vida de manera digna, no abandonarán las tierras y mantendrán el paisaje. Cuando consumimos producto de proximidad, estamos consumiendo producto que tiene un impacto”.
Los campesinos, los forestales y los ganaderos, además de abastecernos de alimentos y de energía, también hacen de gestores y planificadores del territorio. En nuestras manos queda que puedan continuar su trabajo de preservación del paisaje.
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Los detergentes que utilizamos para hacer tareas cotidianas, como lavar platos o poner una lavadora, son un bien básico del cual no podemos prescindir. Pero quizás no somos suficientemente conscientes del impacto ambiental que tienen los detergentes convencionales y de cómo pequeños cambios en nuestros hábitos de consumo pueden ayudar a preservar los recursos hídricos del planeta.
Desde que se empezó a usar jabón para lavar la ropa se ha dejado una huella en el entorno. Aun así, no fue hasta a partir del año 1907, cuando la empresa alemana Henkel empezó a vender el primer detergente en polvo, Persil, añadiendo al jabón tradicional perboratos, silicatos y carbonatos sódicos, y unos años más tarde con la introducción masiva de los detergentes sintéticos que se creó un grave problema medioambiental.
Se trata de productos químicos con fórmulas complejas que contienen ingredientes que tienen varias funciones más allá de la acción limpiadora propiamente dicha. Algunos de los ingredientes más comunes en los detergentes convencionales pueden ser altamente perjudiciales para el medio ambiente, pero hay alternativas en el mercado que hay que considerar.
Biodegradable no siempre significa ecológico
Como pasa con las etiquetas de productos “eco”, cuando algunos fabricantes de detergentes utilizan el adjetivo “biodegradable” como reclamo comercial, a menudo se trata de productos que solo cumplen unos mínimos requeridos por la ley vigente, sin embargo, no son necesariamente detergentes 100% biodegradables.
Mientras que, por ejemplo, el 2004 la Comisión Europea prohibió a los fabricantes de detergentes emplear surfactantes para productos de limpieza doméstica que no se biodegraden rápidamente, otros ingredientes potencialmente tóxicos, como los fosfonatos o blanqueantes ópticos, no están requeridos a cumplir ningún estándar de biodegradación.
Dicho esto, es verdad que hay detergentes elaborados con criterios ecológicos, mayoritariamente biodegradables, que contienen materias primas de origen vegetal que resultan mucho más seguras para la salud y no afectan tan negativamente la pureza del agua. Generalmente, están libres de fosfatos y parabenos, y no se añaden colorantes innecesarios.
Envasado y transporte sostenible
Los detergentes para la lavadora y el lavavajillas a menudo vienen en envases de plástico que generalmente no son reutilizables ni reciclables. En un mundo donde diariamente se producen más de 300 toneladas de plástico, no podemos ningunear el volumen de residuos plásticos provenientes de la compra mensual de detergentes domésticos.
En este sentido, también hay un número creciente de fabricantes de detergentes ecológicos que toman medidas para reducir el impacto ambiental del envasado de sus productos, libres de plástico, así como en cuanto al transporte y logística de producción.
Teniendo en cuenta que el 80% de los detergentes líquidos es agua, y las consecuencias para el medio ambiente que esto comporta en consumo de combustible y emisiones de CO₂ emitidas durante el transporte de estos productos, se entiende el auge de los detergentes concentrados, sólidos, y en tiras entre las personas que practican un consumo consciente.
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¿Quieres lavar tu ropa sin ensuciar el planeta? Solo hace falta que participes en nuestro concurso de Instagram y que tengas un poco de suerte. Puedes ganar la cantidad de detergente Natulim necesaria para hacer la colada de una familia de cuatro miembros durante un año.
En 11Onze te queremos ayudar a lavar la ropa sin ensuciar el planeta. Por eso, nos gustaría regalarte un año de Natulim, nuestro detergente ecológico favorito. Solo hace falta que participes en nuestro concurso y cruces los dedos. Anunciaremos dos ganadores cada martes durante las primeras tres semanas de junio.
Cada ganador recibirá 12 ‘packs’ de Natulim, el equivalente a un año de producto para una familia de cuatro personas. El material está valorado en 143,40 euros y se enviará al domicilio del ganador.
Para participar, tienes que seguir el perfil de Instagram de @11onzecat y @natulim, hacer “like” en la publicación del concurso y mencionar como mínimo a una persona en esta publicación (puedes comentar tantas veces como quieras). Encontrarás las bases legales del concurso aquí.
¿Por qué es ecológico?
Natulim son unas pequeñas tiras biodegradables de detergente ecológico, que simplemente se tienen que introducir a la lavadora junto con la ropa. Cada tira tiene un poder de limpieza ultraconcentrado, que deja la ropa limpia, suave y con buen olor sin necesidad de utilizar suavizante. Su fórmula de lavado de baja espuma localiza y disuelve las manchas tanto en agua fría como caliente y en todo tipo de lavadoras.
Se trata de un producto apto para las pieles más delicadas porque es hipoalergénico. Además, no contiene fosfatos, parabenos, cloro, dioxano ni colorantes añadidos. Todo esto hace que Natulim sea un detergente biodegradable, que no genera residuos contaminantes para el planeta.
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En el año 2005 la UNESCO establecía el Día Mundial del Reciclaje con un objetivo claro: disminuir el volumen de residuos que generamos y minimizar nuestra huella de carbono.
Diecisiete años después el reto sigue vigente y todos los organismos, desde la Unión Europea hasta los Ayuntamientos, suman esfuerzos para contribuir a concienciar, promover y mejorar la capacidad de reciclaje en todos los procesos de creación de un producto, desde la extracción de la materia prima hasta el momento en que la consumimos y nos desprendemos de ella. En este sentido la concienciación ciudadana ha mejorado a lo largo de los años y las cifras son esperanzadoras, pero insuficientes.
Europa pide a todos sus países miembros llegar en el 2030 al 60% de residuos reciclados y, mientras la media del estado español bordea el 33%, Cataluña se desmarca hasta llegar al 44,8% en 2019, su máxima cifra en términos de reciclaje. Una acción tan sencilla como depositar los residuos al contenedor correcto es a la vez muy poderosa. Para hacernos una idea, este 44,8% significa que se ha evitado la emisión de 564.000 toneladas de gases de efecto invernadero.
La implementación del sistema de recogida puerta a puerta (PaP) tiene mucho que ver con este logro. Se trata de un modelo de gestión municipal que se ha implementado en más de 200 municipios de Cataluña y que consiste en la recogida de residuos ante la puerta de casa, en unos días y horas determinados. Planificación y facilidades para un reciclaje eficiente y mucho más participativo donde se logran cifras de entre el 60 y el 80%. Si bien es cierto que este modelo tiene especialmente éxito en los municipios con menos densidad de población, el reto de los próximos años será buscar modelos de reciclaje adaptados a las grandes ciudades.
La clave, en esta lucha medioambiental donde lo que está en juego es nuestro futuro, es la reducción de la huella de carbono, en vez de la reparación futura de los daños. Y aquí es donde entramos cada cual de nosotros. Para conseguirlo es indispensable conocer todos los factores: ¿por qué tenemos que reciclar? ¿Qué compuerta no hacerlo? ¿Es posible una economía sostenible ecológicamente? ¿Qué puedo hacer yo?
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Sandra Molas, responsable comercial de 11Onze, detalla el drama que supone el consumo de agua embotellada para nuestro bolsillo, para la sostenibilidad del planeta y a veces incluso para nuestra salud.
Si se cumplen las recomendaciones de beber dos litros de agua al día, una familia de cuatro miembros acaba consumiendo cerca de 3.000 litros de agua al año. ¿Qué implica esto si se gasta agua embotellada? Según Sandra Molas, responsable comercial de 11Onze, “supone un gasto de unos 1.000 euros al año”. Y en cantidad de residuos generados, son “1.947 botellas desechables”, que equivalen a unos 63 kg de plástico. Pero, además, podemos poner en riesgo nuestra salud, ya que estos envases “pueden liberar policarbonato, capaz de afectar de muchas maneras a nuestro sistema hormonal”.
Teniendo en cuenta estos datos, Sandra Molas defiende el uso de filtros de agua, que permiten olvidarse de “cargar pesadas garrafas de agua todo el día del supermercado a casa”, resultan “mucho, pero que mucho, más económicos” y contribuyen a frenar “la indecente saturación de plásticos en el planeta”.
Un drama para el planeta
La producción global de plástico se ha disparado en los últimos 50 años. En concreto, en los últimos 10 años hemos producido más plástico que en toda la historia previa de la humanidad. Y se debe tener en cuenta que “las botellas de plástico utilizadas para envasar agua tardan mil años en biodegradarse”, como explica Sandra Molas.
Una familia de cuatro miembros que sigan las recomendaciones de beber dos litros de agua al día genera 63 kg de plásticos cada año si consumen agua embotellada. Y esto es un “drama” para el planeta, advierte Molas.
Además, la responsable comercial de 11Onze añade que “para producir cada botella de plástico hace falta el equivalente a llenar un cuarto de esta misma botella con petróleo”. De hecho, la cantidad de petróleo utilizada para fabricar los 29.000 millones de botellas que se compran cada año en Estados Unidos permitiría circular a “un millón de coches durante un año entero”.
Un agujero al bolsillo
En cuanto a la cuestión económica, Sandra Molas destaca el enorme ahorro que supone consumir agua filtrada respecto a la compra de agua embotellada. Y lo muestra con el ejemplo de Barcelona, la ciudad del Estado español con el agua corriente más cara. En esta ciudad “1.000 litros de agua cuestan 2,60 euros”, un precio similar al de una sola garrafa de agua de 6,25 litros de una marca comercial conocida.
Todo ello empuja a “tomar medidas de manera inmediata”, según Molas, para ahorrar y proteger tanto la salud del planeta como la nuestra. Y, en este sentido, destaca las múltiples ventajas que comporta utilizar filtros para consumir agua del grifo. “Tenemos que pensar en global, en el planeta, pero beber local”, concluye.
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