El coche eléctrico frena en seco
Los fabricantes de automóviles dan marcha atrás con el coche eléctrico frente a una ralentización de la demanda global y alargan la fecha que tenían programada para poner fin a la producción de vehículos con motor de combustión. Los altos precios, el recorte de los incentivos y la falta de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores.
Desde que en febrero de 2023 la Unión Europea ratificase la legislación que prohibiría, a partir de 2035, la venta y matriculación de todo vehículo que emitiera emisiones de CO₂, como pilar central del Pacto Verde Europeo, la realidad del mercado del automóvil eléctrico está forzando un cambio de rumbo que pone en entredicho la estrategia establecida para lograr los objetivos de reducción de emisiones.
Los coches eléctricos se siguen vendiendo, pero no se venden en los volúmenes que se tenían previstos. El último informe del Observatorio de Combustibles Alternativos de la Comisión Europea (EAFO) apunta que la penetración del coche eléctrico en la Unión Europea continúa siendo muy baja. Los vehículos ligeros con motores eléctricos e híbridos solo representan un 6,15% de la flota total, es decir, unos 18 millones sobre los casi 290 millones de vehículos que circulan por el territorio europeo.
Además, las matriculaciones de vehículos eléctricos están perdiendo peso en el conjunto de la Unión Europea. En el primer semestre del año, los vehículos puramente eléctricos representaron el 12,5% de las matriculaciones, mientras que el año anterior se quedaron en un 12,9%, según los datos de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA). Por otro lado, los vehículos híbridos enchufables han perdido 0,5 décimas de cuota de mercado, del 7,4% logrado durante el mismo periodo de 2023, han pasado al 6,9% de este año.
Los datos de ventas de coches eléctricos del mes de junio siguen esta tendencia, perdiendo un 1% de su cuota de mercado, mientras que las matriculaciones de vehículos híbridos enchufables cayeron hasta un 19,9%. Se trata de una ralentización significativa del mercado del vehículo eléctrico cuando teniendo en cuenta que el total de las matriculaciones —vehículos eléctricos y de combustión— durante este mes aumentó un 4,3%, y un 4,6% en el conjunto de los primeros seis meses del año, respecto al mismo periodo del año anterior.
Las ventas de vehículos eléctricos no solo han caído de forma generalizada en toda Europa. En el primer trimestre de 2024, los Estados Unidos experimentaron un descenso del 7,3% en las ventas totales de coches eléctricos en comparación con el cuarto trimestre de 2023. Solo el continuo crecimiento del mercado automovilístico de China, que representa el 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos, está invirtiendo esta tendencia a la baja.
Cuando no salen los números
Después de invertir miles de millones de euros en el desarrollo de nuevas plataformas eléctricas, marcas como Ford, General Motors, Mercedes-Benz, Volkswagen y el grupo Stellantis han alertado que han experimentado un descenso significativo de los pedidos de vehículos eléctricos.
La respuesta de la industria del automóvil no se ha hecho esperar, y ya hace meses que están anunciando recortes de producción, cierres de fábricas y un replanteamiento de su objetivo de convertirse en fabricantes de vehículos puramente eléctricos antes del final de esta década.
En este contexto, el Grupo Volkswagen ha desestimado la posibilidad de abrir una nueva planta en los alrededores de Wolfsburg, como estaba previsto, y ha avisado del posible cierre de la fábrica de coches eléctricos de Audi en Bruselas. Mercedes ha cancelado el desarrollo de una nueva plataforma eléctrica para concentrar sus esfuerzos en nuevos vehículos más asequibles y con motor de combustión.
Pero la industria europea juega contra reloj, 2035 es la fecha tope para vender vehículos de combustión y, hasta hoy, esta prohibición sigue en vigor. Sin embargo, esta normativa se enfrenta a la resistencia de varios frentes que cuestionan la viabilidad y el impacto de tal medida. La Eurocámara acordó una excepción hasta finales de 2035 para los fabricantes con pequeños volúmenes de producción anual y en cuanto a los combustibles sintéticos.
Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo (PPE), ha tildado “de error» la prohibición, después de las elecciones en el Parlamento Europeo y ha prometido que el partido debatiría su revocación «en los próximos días». No es la única voz entre los eurócratas que abogan por un acuerdo menos restrictivo y, en última instancia, en 2027 se decidirá si realmente se hace efectiva esta legislación.
De la teoría a la realidad
Los altos precios, el recorte de los incentivos y la carencia de puntos de recarga fiables han disuadido a los consumidores. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) apunta a algunos de estos factores como principales obstáculos para la adopción masiva de vehículos eléctricos en el Estado español. Según el organismo, el uso de vehículos eléctricos es impracticable sin un lugar donde se pueda recargar diariamente a un precio económico, sea en casa o en el puesto de trabajo.
Por otro lado, los precios desorbitados de los vehículos eléctricos excluyen a los compradores con menor poder adquisitivo, es decir, a la mayoría de la población de nuestro país y de gran parte de Europa, que piden vehículos más asequibles. Por lo tanto, no es de extrañar, que el Dacia Sandero haya sido el coche más vendido en la UE durante el primer semestre del año, en detrimento del Tesla Model Y, que ha pasado de ocupar la primera posición en 2023 a la octava este año, con una caída del 26% de las ventas.
Otra fuente de problemas para el sector del vehículo eléctrico tiene que ver con las denuncias de obsolescencia programada. Desde baterías que, por su alto coste, no son ni reparables ni reemplazables, hasta actualizaciones de software que dan un control total a los fabricantes en detrimento de los talleres independientes y de los propietarios, limitan la vida útil de los coches eléctricos, dejan escarmentados a los usuarios y ponen en duda las credenciales ecológicas de este tipo de vehículo.
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¿Es posible detener el calentamiento global? Durante casi una década la organización Project Drawdown ha insistido en que no se trata de una utopía si se toman las medidas adecuadas para detener la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron en la década pasada máximos históricos, por lo que el ritmo del calentamiento global se ha intensificado. La temperatura está aumentando a un ritmo de casi 0,2 °C por década. Y lo peor es que podría subir 1,5 °C más entre 2030 y 2052, según un informe de la ONU.
En este contexto, la publicación en 2017 del libro ‘Drawdown’ generó un enorme eco mediático. Con cerca de un centenar de propuestas, se trataba del plan más completo hasta aquel momento para revertir el calentamiento global. El título hacía referencia a ese deseado momento futuro en el que los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera dejen de aumentar e inicien un descenso paulatino que evite consecuencias catastróficas.
El equipo editorial del libro siguió avanzando en sus propuestas para alcanzar ese “punto crucial para la vida en la Tierra; un punto que debemos alcanzar de forma tan rápida, segura y equitativa como sea posible”, según detallan en su web. En 2020 publicaron “El informe Drawdown”, que actualiza sus propuestas y plantea una serie de reflexiones fundamentales sobre el equilibrio climático.
Un informe de referencia
Sus soluciones hacen especial hincapié en los ámbitos energético, industrial, alimentario, del transporte y de la construcción, al sumar el 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las propuestas, que pretenden servir de punto de partida para legisladores, instituciones e individuos, se basan en diez ideas clave que deberían guiar los esfuerzos de la humanidad para evitar el desastre medioambiental.
- Es posible alcancar el punto “drawdown” a mitad de siglo. Sí, a pesar de las dificultades, es posible detener el incremento de las emisiones, pero para ello es necesario maximizar las soluciones climáticas disponibles en la actualidad. Como advierte el informe, “disponible es mejor que nuevo, y la sociedad está preparada para empezar dicha transformación a día de hoy”.
- Se precisa un sistema completo de soluciones. No existe un remedio único y milagroso para un problema tan complejo como la crisis climática. Muchas de las soluciones pueden combinarse y hacer que se retroalimenten para obtener el mayor impacto posible. Por ejemplo, los edificios eficientes hacen que la generación de electricidad renovable sea más viable.
- Las soluciones raramente tienen solo un impacto climático. Muchas de ellas pueden generar empleo, mejorar la resiliencia ante impactos climáticos como tormentas y sequías, y proporcionar otros beneficios medioambientales como la preservación de recursos hídricos.
- El ahorro que suponen las soluciones climáticas supera de forma significativa a los costes. Los argumentos acerca de la falta de viabilidad económica de la acción climática son falsos. El informe calcula que los ahorros operativos netos multiplican por entre cuatro y cinco los costes de implementación netos. Y si tenemos en cuenta el valor financiero de los beneficios asociados, como el ahorro en servicios sanitarios gracias a la reducción de la polución, y los daños climáticos evitados, como la reducción de las pérdidas en agricultura, el argumento económico es todavía más sólido.
- Es fundamental impulsar las soluciones que reducen o sustituyen el uso de combustibles fósiles. El uso de combustibles fósiles para electricidad, transporte y calefacción genera dos tercios de las emisiones de gases que atrapan calor en el mundo. De ahí la importancia de este apartado. Aproximadamente el 30% de las soluciones propuestas en el informe plantean una reducción de su utilización a través de una mayor eficiencia y casi otro 30% plantea alternativas. Estas medidas, que abarcan desde el impulso de las energías solar y eólica a la readaptación de edificios, pueden proporcionar casi dos tercios de las reducciones de emisiones necesarias para llegar al punto “drawdown”.
- Hay que favorecer los sumideros de carbono de la naturaleza. Si queremos evitar que se desborde el agua de una bañera, podemos cerrar el grifo, pero también quitar el tapón para que el líquido se vaya por el sumidero. Algo similar sucede con el carbono en la naturaleza. Las actividades humanas pueden favorecer los sumideros de carbono naturales, y muchas soluciones climáticas basadas en ecosistemas o relacionados con la agricultura tienen el doble beneficio de reducir emisiones y absorber el carbono.
- No se presta la suficiente atención a algunas de las soluciones climáticas de mayor impacto. El informe advierte que, más allá de las turbinas eólicas terrestres y las plantas fotovoltaicas a escala industrial, es imprescindible avanzar en aspectos como la reducción de los desperdicios alimentarios o mejorar los procesos de desecho de refrigerantes químicos, que son potentes gases de efecto invernadero.
- Se precisan aceleradores para impulsar soluciones a la escala, velocidad y alcance necesarios. Algunos aceleradores, como el cambio de políticas y el desplazamiento de capitales, están más cercanos y tienen impactos más directos. Otros, como los cambios culturales y la generación de poder político, están más alejados y son más indirectos en sus efectos.
- Los cambios se deben dar a todos los niveles, desde el individual hasta el global. La crisis climática requiere cambios sistémicos y estructurales en nuestra sociedad. Son necesarias intervenciones a escala individual, de comunidad, organizativa, regionales, nacional y global para maximizar los beneficios y lograr la transformación.
- Serán necesarios mucho compromiso, colaboración e ingenio para revertir la actual situación. El informe advierte que “la senda en la que nos encontramos es mucho más que arriesgada, y es fácil sentirse paralizado por ese peligro”. Sin embargo, también recalca que el cambio es posible: “juntos podemos construir un puente desde donde estamos ahora hacia el mundo que queremos” para las generaciones venideras.
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La nueva tendencia mundial que democratiza el acceso al lujo desde una visión sostenible y responsable con el medio ambiente.
Los laboratorios del siglo XXI han conseguido imitar los diamantes naturales en un nuevo producto sintético que mantiene las características químicas, ópticas, térmicas y físicas de la piedra original. El producto final es prácticamente imposible de diferenciar a simple vista, pero el proceso de obtención sí que se diferencia, y mucho. Pero a pesar de mostrarse como una alternativa sostenible, el mercado de diamantes, sintéticos o naturales, sigue marcado por la controversia.
Estas réplicas se crean en un periodo de siete a diez días, posteriormente se cortan y se clasifican siguiendo los mismos estándares que los diamantes naturales. El Instituto Gemmològic Internacional reconoce estos nuevos diamantes e incluso los certifica, para garantizar que cumplen los requisitos para ser considerados diamantes sintéticos y no simples falsificaciones de diamantes.
El fin de los diamantes de sangre
El proceso de obtención de diamantes es uno de los más criticados históricamente, a causa de la relación directa entre su obtención y la explotación de recursos naturales. Se calcula que por cada quilate de diamantes se mueven unas 250 toneladas de tierra, más el drenaje ácido que hay que hacer para su extracción, y que, más allá del terreno, contamina aguas superficiales y subterráneas.
A esta problemática se suma la explotación de personas y la lucha de los países para acceder a estas minas estratégicas y de alto interés económico, que a menudo se encuentran ocupadas y militarizadas. Son los llamados “diamantes de sangre”, que a causa de su comercialización a países ricos, financian conflictos armados. El Proceso Kimberley, instaurado el 2003, es un compromiso firmado por 56 países, a fin de frenar la producción de este tipo de diamantes.
Actualmente, fruto de los acuerdos tomados por los países miembros, solo un 0,2% de los diamantes que llegan al consumidor final son diamantes de sangre. Aun así, el proceso de obtención y distribución sigue cuestionado en todo el mundo, en el que parece ser un conflicto con más intereses que soluciones.
De los diamantes falsos a los diamantes ecológicos
El año 1952 aparecen los primeros diamantes creados en el laboratorio a través del método HPHT (alta presión y alta temperatura). Desde entonces, han aparecido varios laboratorios y métodos que imitaban este mineral, siempre asociados al mercado negro y con el objetivo de conseguir imitaciones a precios más bajos.
En los últimos años, pero, el mercado de los diamantes ha evolucionado hacia una visión ecológica, que rechaza la explotación social y medioambiental sin renunciar al lujo asociado a los diamantes. Pero la controversia es debida a la cantidad de energía que necesitan los laboratorios para producirlos, un hecho común en cualquier industria, pero que cuestiona la etiqueta de sostenibilidad. Las fuentes de energía utilizadas, la cantidad de agua necesaria y la gestión de la distribución y los residuos pueden ser elementos clave para frenar este impacto.
Democratización de los diamantes para atraer público joven
La ecología y el precio (entre un 40% y un 50% más económico), son los dos grandes factores que han conseguido acercar los diamantes al conjunto de la sociedad, incluidas las personas jóvenes. Celebridades como Leonardo DiCaprio, Penélope Cruz o Meghan Markle se apuntan a la moda del lujo sintético en sus apariciones públicas e incluso marcas de joyas, como la danesa Pandora, se suman de forma radical: solo comercializarán diamantes sintéticos.
Así pues, se abre un nuevo escenario en que el mundo de los diamantes cambia totalmente de perspectiva. Pasa de la explotación a la conciencia ambiental, de los precios desorbitados a la ampliación de la competencia, y deja de ser un lujo al alcance de pocos para abrirse a nuevos públicos. La creación de diamantes sintéticos no supone, hoy por hoy, una masificación del sector, de forma que el producto sigue conservando un alto valor, pero por primera vez se sitúa al alcance del gran público.
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L’última edició de Statistical Review of World Energy 2024 fa una anàlisi exhaustiva de l’estat actual del sector energètic global, proporcionant dades clau sobre la producció, el consum i les emissions, així com del progrés en la transició energètica cap a un model més sostenible.
2023 va ser l’any més càlid des que es tenen registres i l’impacte del canvi climàtic es va deixar notar en tots els continents. L’últim Informe de Riscos Globals 2024 del Fòrum Econòmic Mundial constata que els esdeveniments meteorològics extrems, la pèrdua de biodiversitat, el col·lapse dels ecosistemes i l’escassetat de recursos naturals suposen el risc més gran per la humanitat durant la pròxima dècada. La causa principal és la crema de combustibles fòssils, que ha anat augmentant a mesura que ho ha fet la població humana.
En aquest context, l’Statistical Review of World Energy 2024 és un informe elaborat per l’Energy Institute que ofereix una visió detallada de la producció i el consum mundial d’hidrocarburs i d’energies renovables, així com de les emissions de diòxid de carboni i sobre el progrés en la transició cap a un model energètic menys depenent dels combustibles fòssils, impulsat per una explotació cada vegada més competitiva de l’energia eòlica i solar.
L’anàlisi feta per l’Energy Institute confirma que el consum mundial d’energia primària durant el 2023 va augmentar un 2% respecte a l’any anterior, assolint un nou rècord per segon any consecutiu, amb els països no pertanyents a l’OCDE dominant tant la quota com les taxes de creixement anual. Es van observar màxims històrics en el consum de combustibles fòssils i emissions, però també en la generació d’energies renovables.
Aquest augment del consum energètic reflecteix l’expansió econòmica, especialment en regions en vies de desenvolupament com l’Àsia, on països com la Xina i l’Índia continuen depenent dels combustibles fòssils, que continuen sent la base del seu desenvolupament per alimentar el creixement industrial.
L’increment del consum energètic va venir acompanyat d’un augment del 2,1% en les emissions de diòxid de carboni, superant per primera vegada els 40.000 milions de tones mètriques de CO₂. La crema en torxa i els processos industrials van ser els principals causants de l’augment rècord d’emissions.
L’impuls de les renovables
La bona notícia és que les energies renovables van créixer a un ritme sis vegades superior al de l’energia primària total, representant el 14,6% del consum total. Això no obstant, els combustibles fòssils continuen dominant, constituint el 81,5% del consum d’energia primària.
La producció d’electricitat va créixer un 2,5%, amb una contribució de les energies renovables al 30% de la producció total. L’energia eòlica i solar van representar el 74% de tota la nova capacitat de generació elèctrica instal·lada, experimentant un creixement sense precedents gràcies a les importants addicions des de la Xina i Europa. En l’àmbit regional, l’Amèrica Central i del Sud van registrar la contribució més gran al creixement d’energies renovables, amb un 72%.
Amb més de 115 GW, les noves instal·lacions de producció d’energia eòlica van protagonitzar un any rècord. Gairebé el 66% d’aquesta nova capacitat afegida correspon a la Xina, que equival a la de Nord-amèrica i Europa juntes, tot i que Europa té la proporció més gran d’energia eòlica marina (12%). Quant a l’energia solar, va representar el 75% (346 GW) de la capacitat afegida, sent la Xina responsable del voltant d’una quarta part del creixement.
Tot i això, l’informe conclou que, si es volen complir els objectius climàtics i reduir les emissions de carboni, cal accelerar la transició cap a fonts d’energia més netes, al mateix temps que reconeix la diversitat de reptes en les diferents regions, reconeixent els marcats contrastos entre els hemisferis nord i sud.
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El cambio climático es el reto más grande al cual se enfrenta la humanidad y parar el calentamiento global es esencial para garantizar nuestra supervivencia. La transición energética hacia fuentes de energía más limpias y renovables es un factor clave para conseguirlo. ¿Hasta qué punto es factible?
El último Informe de Riesgos Globales 2024 del Foro Económico Mundial constata que los acontecimientos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad, el colapso de los ecosistemas y la escasez de recursos naturales suponen el riesgo más grande para la humanidad durante la próxima década.
La causa principal es la quema de combustibles fósiles, que ha ido aumentando a medida que lo ha hecho la población humana. Su combustión genera gases invernadero que atrapan los rayos del Sol en la atmósfera terrestre, elevando la temperatura media de la superficie del planeta.
Sin tiempo para parar el calentamiento global
Las emisiones de gases de efecto invernadero llegaron a máximos históricos en la década pasada. Aunque el ritmo de su crecimiento ha disminuido, el informe “Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change” advierte que solo será posible limitar el calentamiento global a 1,5 °C si se produce una reducción inmediata y profunda de las emisiones.
Para conseguirlo, habría que reducir estas emisiones a casi la mitad de aquí a 2030 y que fueran nulas a mediados de siglo. En la cumbre de la COP28, celebrada el pasado mes de diciembre en Dubai, se acordó triplicar el uso de las energías renovables en los próximos cinco años.
Aun así, el mundo todavía consume más de 35.000 millones de barriles de petróleo cada año. Esta dependencia en los combustibles fósiles es insostenible, tanto desde un punto de vista productivo como medioambiental. Los expertos calculan que ya se han agotado un 40% de las reservas mundiales de petróleo y que, al ritmo actual, solo quedan por unos 50 años más.
¿Puede funcionar el mundo solo con energías renovables?
La energía renovable es cualquier tipo de energía que procede de una fuente que no se agota con el tiempo. Hay muchas fuentes de energía renovable, como la energía solar, la eólica o la geotérmica, y son importantes porque, a diferencia de los hidrocarburos, son infinitas y casi no producen emisiones contaminantes.
El principal problema de las energías renovables es la inestabilidad de su producción y el almacenamiento, de forma que se puedan distribuir fácilmente. Es decir, quedan limitadas en función de su disponibilidad y ubicación, lo cual las hace poco rentables. Eso sí, se podría reducir el coste mediante el desarrollo de tecnologías más avanzadas para capturar la energía y transportarla de forma más eficiente.
En este contexto, un estudio realizado por IRENA, la Agencia Internacional de Energías Renovables, demuestra que un modelo energético 100% renovable es posible y marca el camino hacia una reducción del 45% de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) respecto a los niveles de 2010 para el 2030, y de cero emisiones para el 2050.
El análisis de IRENA llega a la conclusión que ya tenemos las tecnologías que nos pueden conducir a un sistema energético descarbonizado con soluciones que pueden desplegarse rápidamente y a escala. El estudio muestra que más del 90% de las soluciones que hacen posible el objetivo del 2050 pasan por las energías renovables a través del suministro directo, la electrificación, la eficiencia energética, el hidrógeno verde y la bioenergía combinada con la captura y el almacenamiento de carbono.
La Agencia argumenta que el aumento del precio de la electricidad en el mercado mayorista ha sido provocado por el elevado precio del gas con el cual se produce la electricidad porque, de momento, las energías renovables no dan la estabilidad necesaria para poder garantizar el suministro eléctrico. Por lo tanto, cuanto antes consigamos una economía descarbonizada, antes dejaremos atrás esta dependencia y las extremas variaciones de precios asociadas a ella.
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Ante la creciente presión para reducir las emisiones de CO₂, el sector de la aviación comercial está explorando la viabilidad de utilizar combustibles más sostenibles. A pesar de que todavía quedan algunos retos para superar, el SAF (Sustainable Aviation Fuel) y el hidrógeno verde se presentan como posibles soluciones para descarbonizar el transporte aéreo.
Si bien en los últimos 30 años el sector de la aviación ha conseguido reducir su huella de carbono en un 50%, todavía representa el 2,5% de las emisiones globales de CO₂, el 13,9% de las emisiones del transporte de mercancías, y depende predominantemente de los combustibles de aviación convencionales.
En el marco europeo de conseguir ser el primer continente climáticamente neutro para 2050, lograr este hito pasará necesariamente por un sector industrial que avance en el desarrollo de tecnologías punteras para disponer de combustibles más limpios, impulsando la propulsión de motores de aviación híbridos y gestionando eficientemente el tráfico aéreo.
A diferencia de lo que se ha visto en la industria del automóvil, el sector de la aviación no se puede electrificar tan fácilmente. La propulsión eléctrica con baterías solo es factible aplicarla en pequeñas aeronaves o aviones regionales que realizan recorridos cortos y llevan cargas de menor envergadura, al menos en un futuro próximo.
En este sentido, Abel Jiménez, ingeniero jefe del fabricante de motores ITP Aero, apunta que “como mínimo durante las próximas dos décadas, la principal forma de propulsión de los aviones seguirá siendo el motor de combustión”. Por lo tanto, la transición hacia una aeronáutica neutra en carbono requerirá la adopción de alternativas más viables e inmediatas basadas en la capacidad tecnológica actual.
Combustible de aviación sostenible (SAF)
El SAF (Sustainable Aviation Fuel) puede ser utilizado en los motores de aviones convencionales sin necesitar grandes modificaciones técnicas. Se trata de un combustible producido a partir de residuos orgánicos, como por ejemplo aceite de cocina usado, residuos agrícolas o restos de la industria agroalimentaria. Sus defensores argumentan que puede reducir las emisiones de CO₂ hasta un 80% en comparación con el queroseno tradicional.
Sin embargo, producir y distribuir SAF no es una tarea sencilla. Por un lado, la oferta de la materia prima necesaria es cada vez más escasa, por el otro, recolectar aceite de miles de cocinas y transportar el combustible desde las refinerías a miles de aeropuertos es caro, laborioso y requiere mucho tiempo.
Además, con el objetivo de mantener la sostenibilidad de este combustible, los fabricantes de SAF no pueden competir con la producción normal de alimentos mediante el uso de tierras agrícolas de primera necesidad, el uso de agua o de materias primeras que no sean residuos.
Esto encarece el producto final, que actualmente es de dos a dos veces y media más caro que el combustible de aviación convencional. Ampliar este proceso para abaratar costes implica la creación de nuevas cadenas de suministro y hacerlo de manera sostenible tampoco es fácil.
Así pues, estamos lejos de tener la capacidad de producir y distribuir SAF de manera sostenible en grandes cantidades. Actualmente, este combustible solo representa una ínfima parte de las necesidades totales del sector aéreo y, aunque, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional, este año su producción se triplicará respecto a los niveles de 2023, tan solo cubrirá un 0,53% de la demanda de combustible de aviación.
Hidrógeno, una tecnología prometedora
Muchos analistas de la industria de la aviación creen que el uso del hidrógeno verde o hidrógeno producido con energías renovables es el camino a seguir. La ventaja principal del hidrógeno es que no emite CO₂ durante su combustión; el producto final es agua. Esto lo convierte en una tecnología ideal para lograr la neutralidad climática.
Puede ser utilizado como combustible en motores de combustión o en células de combustible que generan electricidad para alimentar motores eléctricos. Empresas como Airbus, Rolls-Royce, Safran y MTU han anunciado planes para desarrollar aviones comerciales impulsados por hidrógeno que podrían estar en operación hacia el 2035.
David Álvaro Granero, Engineering Senior Site Rep (ESSR) en Airbus, indicó que están trabajando para ofrecer un 100% de capacidad SAF en sus aviones antes del 2030 y, en cuanto al hidrógeno, están valorando tres opciones: la combustión directa del hidrógeno líquido con turbohélice o turbofán, las pilas de combustible de hidrógeno para conseguir una propulsión eléctrica y una arquitectura híbrida combinando las dos opciones.
El hidrógeno producido con energías renovables no es tan asequible como el queroseno, pero no es tan caro como lo SAF y sería mucho más fácil escalar su producción. No obstante, como combustible de aviación, también presenta algunas desventajas, como su baja densidad aparente y la dificultad de almacenarlo y transportarlo a causa de su inflamabilidad y riesgo de explosión. Lo cual requerirá que los aeropuertos efectúen grandes inversiones para construir toda una nueva infraestructura para su almacenamiento y distribución.
En última instancia, queda claro que, para ser efectivas, el conjunto de soluciones que se adopten para descarbonizar la industria de la aviación requerirán la colaboración de todos los actores del sector a nivel global.
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Un cop s’acaben les festes nadalenques, és hora de posar ordre a tanta decoració. Sovint l’avet, el pessebre o el tió són els objectes més preuats de la casa, però també els més difícils de reutilitzar i reciclar. A 11Onze et donem quatre consells per endreçar per Nadal de la manera més sostenible.
L’avet, les garlandes, les boles, els llums de colors, els paraments de taula… Abans de posar-nos a recollir tots els guarniments nadalencs, hem de tenir clara una cosa: com més sostenible sigui el material que fem servir, millor. Les vaixelles? De ceràmica! Les estovalles? De fil! Les garlandes i les boles? De paper i de vidre! L’avet? Natural! I el pessebre? El pessebre és per tota la vida.
- Cada cosa al seu lloc, i quan toca. Sembla una obvietat, però el primer consell per fer endreça de casa, amb tant guarniment i tanta teca, és conèixer bé perquè serveix cada contenidor de residu. Ho repassem: el verd és el per al vidre, el blau per al paper i el cartó, el groc per als envasos plàstics i metàl·lics, el marró per a la brossa orgànica i el gris per a la deixalla sobrant. I recorda, l’oli també es pot reciclar! Si tens dubtes, sempre pots consultar la pàgina web de l’Agència de Residus de Catalunya. A més, aquestes festes també hem de procurar no baixar les deixalles en dies festius, no sigui que la festa de brossa ens la trobem a la vorera l’endemà.
- No desaprofitis menjar. Els experts asseguren que cada any es malgasten fins a 1.300 tones d’aliment a tot el món. El desaprofitament dels aliments és una de les xacres ecològiques i econòmiques més grans que ha d’afrontar la nostra societat global. Per això, si després de tanta celebració et sobra menjar, potser és una bona idea recórrer a la cuina d’aprofitament. Si realment et sobra menjar sense estrenar, pots preguntar al Banc dels Aliments més proper o alguna entitat social del barri.
- Recull l’avet. Els avets, sempre que siguin naturals, i per això és recomanable que així sigui, es poden reciclar cada any. La majoria de municipis de Catalunya posen a l’abast de la ciutadania punts de reciclatge d’avets. S’instal·len l’endemà de Reis. A Barcelona estan oberts les 24 hores del dia, i n’hi ha a cada districte. Consulta la web del teu municipi per saber on estan ubicats aquests centres neuràlgics del reciclatge nadalenc.
- Reutilitza tant com puguis. Els paraments de Nadal, les garlandes, les boles i tota la resta de decoració nadalenca, inclosos els estimats pessebres, s’han de poder reutilitzar any rere any. Per això, és una bona idea incentivar compres de qualitat i que tots els guarniments siguin un petit tresor familiar que passa de generació en generació.
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Llueva, nieve o haga sol, el suministro del agua que consumen más del 80% de los catalanes sigue en manos de empresas total o parcialmente privadas. A pesar de los esfuerzos por recuperar la gestión pública de este servicio, las multinacionales del sector se resisten a perder un negocio millonario.
A través de la empresa pública ONAIGUA, el consejo comarcal de Osona asumió en abril del año pasado la gestión del suministro de agua en esa comarca, con lo que da servicio a 11.400 puntos de consumo y llega a más de 25.000 habitantes. Se convirtió en el primer consejo comarcal en tomar una medida de este calado.
Podríamos decir que se trata de una anomalía del mercado, ya que el suministro del agua en Cataluña está mayoritariamente en manos privadas. Un reducido número de empresas privadas administran y se lucran de este bien preciado en nuestro país gracias a concesiones muchas veces cuestionadas. Y eso que en el mundo la gestión pública surte al 90% de la población y Naciones Unidas reconoce el agua como un derecho humano.
Según los datos de la plataforma Agua es vida, más del 80% de los catalanes obtienen el agua a través de un servicio total o parcialmente privatizado, mientras que los que la reciben por medio de una empresa pública no representan ni el 20% de la población. Este desequilibrio se explica por el dominio del modelo privado en los municipios con un mayor volumen de población, que son los más rentables.
Presión para municipalizar un servicio básico
Ante esta realidad, existe una creciente presión para recuperar la gestión pública de este servicio. La Asociación de Municipios y Entidades por el Agua Pública (AMAP) ya cuenta con 68 miembros y representa al 47% de la población de Cataluña. Recientemente, publicaba un informe con propuestas de reformas legislativas para cambiar esta situación.
Seis municipios, la Asociación de Micropueblos de Cataluña y una nueva empresa pública, se sumaron a esta entidad en 2022. De los nuevos municipios, solo Mieres (La Garrotxa), Collbató (Baix Llobregat) i Torroella de Montgrí (Baix Empordà) gestionan directamente el agua. Castelló d’Empúries está en proceso de remunicipalizar el servicio, mientras que Manlleu y Sitges todavía están atadas a concesiones por más de una década con Sorea y Agbar. En cuanto a la Asociación de Micropueblos de Cataluña, hay que tener en cuenta que el 70% de los municipios de menos de mil habitantes ya gestionan directamente el suministro de agua.
Casi un monopolio
Aunque las empresas privadas que gestionan el agua en Cataluña se presentan con distintos nombres según el municipio, la mayoría pertenecen al grupo Agbar, que está valorado en unos 3.000 millones de euros.
Este grupo controla totalmente la empresa Sorea y posee casi el 80% de la Companyia d’Aigües de Sabadell (CASSA), el 68% de Aigües de Rigat (Igualada) y el 49% de la Empresa Municipal Aigües de Tarragona (Ematsa). Además, tiene alrededor del 35% de Mina Pública de Terrassa y el 31% de Girona SA.
Sus beneficios no solo provienen de la venta de agua, que el año pasado pretendía encarecer un 7,4% en Barcelona. También a través de la subcontratación de servicios a sus filiales. Esto permite que en la Ciudad Condal, por ejemplo, el coste de los contadores de agua para el usuario final acabe más que triplicando el coste original. Hablamos de unos 17 millones de euros de beneficio adicional al año.
Estrategia de judicialización
Ante un negocio de este tamaño no resulta extraño que Agbar lleve a los tribunales cualquier iniciativa encaminada a recuperar la gestión pública del suministro de agua, como detalla el portal ctxt. Solo en Barcelona, esta multinacional y sus entidades afines han presentado una cuarentena de acciones judiciales.
Su estrategia de empantanar judicialmente estos procesos para dilatarlos o diluirlos le ha llevado incluso a poner un contencioso contra un simple convenio entre el Ayuntamiento de Barcelona y el Área Metropolitana para el intercambio de información entre instituciones.
Uno de los casos más sonados tiene que ver con la consulta que el Ayuntamiento de Barcelona quería impulsar para conocer la opinión de la ciudadanía sobre una eventual gestión pública del agua. Diversas entidades, entre las que se encontraba Agbar, interpusieron recursos. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) suspendió el reglamento de participación ciudadana en la parte relativa a las consultas e impidió que la iniciativa saliera adelante.
El caso que afecta a un mayor número de municipios es el que Agbar impulsó contra varios consistorios del Área Metropolitana de Barcelona. Inicialmente, una sentencia del TSJC en 2016 anuló la concesión a Aigües de Barcelona del suministro de agua en varios municipios del cinturón metropolitano, con la que la empresa se aseguraba el servicio a casi tres millones de habitantes durante 35 años y unos ingresos de 3.500 millones de euros. El tribunal veía “motivos de anulación por vicios en el proceso de contratación” cuando se constituyó la empresa mixta en la que participaba Agbar. Sin embargo, el Tribunal Supremo revocó esta sentencia en 2019 al considerar que el procedimiento empleado por la Administración para adjudicar el servicio sin concurso público estaba avalado por la Ley de contratos del sector público.
Prácticas turbias
Como denunciaba Eloi Badia, concejal de Emergencia Climática y Transición Ecológica del Ayuntamiento de Barcelona, las turbias prácticas de Agbar para conseguir concesiones la han llevado a estar imputada en tres macrocausas judiciales (Pokémon, Púnica y Petrum), además de ser expulsada en 2017 de la gestión del agua en Girona tras demostrarse su vinculación con la trama del 3%.
Los informes de esta última causa constataban que, durante más de dos décadas, los gerundenses pagaron más de 1 millón de euros de sobrecoste por el servicio de agua. Además, la Agencia Tributaria advertía que los directivos de la empresa habían cargado gastos personales a la sociedad y concluyó que Girona SA había cobrado centenares de miles de euros por servicios no prestados.
Como explicamos en el artículo “Los servicios públicos, cada vez más privatizados”, la privatización de servicios esenciales avanza de forma implacable en Europa desde los años ochenta. Y eso está teniendo un precio incuestionable para el conjunto de la ciudadanía. El agente de 11Onze Jordi Coll apunta que este proceso ha supuesto someter la prestación de estos servicios “a la lógica de criterios de mercado y, por lo tanto, de los beneficios privados”.
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Les dades són clares: el moment d’actuar si volem aturar el canvi climàtic és ara, segons un informe de l’ONU. Per a aconseguir-ho, caldria reduir les emissions de gasos d’efecte hivernacle a gairebé la meitat d’aquí a 2030 i que fossin nul·les a meitat de segle. En cas contrari, la batalla estarà perduda.
Les emissions de gasos d’efecte hivernacle van arribar en la dècada passada a màxims històrics. Tot i que el ritme de creixement ha disminuït, l’informe “Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change” adverteix que només serà possible limitar l’escalfament global a 1,5 °C si es produeix una reducció immediata i profunda de les emissions.
Per a això, són necessàries grans transicions en el sector energètic, segons aquest informe, elaborat pel Grup Intergovernamental d’Experts sobre el Canvi Climàtic (IPCC), que depèn de l’ONU. Aquestes passen per una reducció substancial de l’ús de combustibles fòssils, una electrificació generalitzada, una major eficiència energètica i l’ús de combustibles alternatius com l’hidrogen.
Cal tenir en compte que entre 2010 i 2019, per exemple, el preu de l’energia solar i les bateries de liti va baixar un 85 % i el de l’energia eòlica un 55 %, la qual cosa ha permès l’expansió d’aquestes fonts d’energia alternativa.
“Estem en una cruïlla”, afirmava Hoesung Lee, president de l’IPCC, després de la publicació de l’informe. Lee veu factible aturar el canvi climàtic si existeix la voluntat política: “Les decisions que prenguem ara poden assegurar un futur habitable. Disposem de les eines i els coneixements necessaris per a limitar l’escalfament”.
Anys crítics per davant
El problema del canvi climàtic és que ens estem quedant sense temps. Segons l’informe, per a limitar l’escalfament a uns 1,5 °C, és necessari que les emissions mundials de gasos d’efecte hivernacle comencin a baixar a partir de 2025, en tan sols tres anys, i es redueixin a gairebé la meitat pel 2030. A més, les emissions netes de diòxid de carboni a nivell mundial haurien de baixar a zero a principis de la dècada de 2050.
“Comptar amb les polítiques, la infraestructura i la tecnologia adequades per a permetre canvis en els nostres estils de vida i comportaments pot suposar una reducció del 40-70 % de les emissions de gasos d’efecte hivernacle per al 2050”, explicava Priyadarshi Shukla, un dels autors de l’estudi.
A més, Shukla indicava que “si prenem les mesures necessàries per a limitar l’escalfament a 2 °C o menys, el Producte Interior Brut (PIB) mundial seria només uns pocs punts percentuals menor al 2050 que si mantenim les polítiques actuals”.
Múltiples mesures possibles
Segons l’informe, la reducció de les emissions a les zones urbanes pot aconseguir-se mitjançant un menor consum d’energia (amb ciutats més compactes i peatonals), l’electrificació del transport en combinació amb fonts d’energia de baixes emissions i una major captació de CO₂ gràcies als espais verds. Un dels líders de la recerca, Jim Skea, destacava en particular la importància de l’eficiència energètica dels edificis per a reduir les emissions urbanes.
A més, algunes solucions fins i tot poden ajudar a limitar els impactes associats al canvi climàtic. Per exemple, les xarxes de parcs, els aiguamolls i l’agricultura urbana poden reduir el risc d’inundacions i els efectes de les illes de calor.
La reducció de les emissions en la indústria, que suposen una quarta part del total, requerirà nous processos de producció, generació d’energia elèctrica de baixes o nul·les emissions, hidrogen i, quan sigui necessari, la captura i l’emmagatzematge de carboni, segons l’informe. També un ús més eficient dels materials i la reducció de residus.
En el cas de materials bàsics com l’acer, els materials de construcció i els productes químics, l’informe adverteix que ja s’estan assajant processos de producció amb emissions de gasos d’efecte hivernacle baixos o nuls.
L’informe mostra que, si bé els fluxos financers són entre tres i sis vegades inferiors als necessaris per a limitar l’escalfament per sota dels 2 °C al 2030, hi ha suficient capital i liquiditat a nivell mundial per a aconseguir la inversió requerida. Per això, reclama senyals clars a governs i institucions internacionals, així com una major coordinació.
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Com és possible que contamini una cosa que no existeix físicament? El cert és que les criptomonedes requereixen gran quantitat d’energia per a les granges de minat. De fet, si el bitcoin fos un país, se situaria entre els 30 principals consumidors d’electricitat del món, com explica l’agent d’11Onze Aitor Canudas.
Tan sols uns dies després de la primera transacció de bitcoins, que es va realitzar al gener de 2009, el pioner de la criptografia Hal Finney mostrava a Twitter la seva preocupació sobre les emissions de CO₂ que generaria aquesta criptomoneda. I no anava errat.
Un estudi de la Universitat de Cambridge calcula que la xarxa bitcoin consumeix més de 121 TWh d’energia anualment, la qual cosa vol dir que, si fos un país, se situaria “entre els 30 principals consumidors mundials d’electricitat”, segons Canudas. De fet, per a que ens fem una idea de la magnitud de les dades, l’agent d’11Onze indica que aquesta criptomoneda gairebé consumeix tanta electricitat com Suècia i genera més emissions de CO₂ que Las Vegas.
La raó és que els processos necessaris per a les operacions de les criptomonedes requereixen una gran quantitat d’equips informàtics, les “granges de minat” i, per tant, una enorme quantitat d’energia. “Aquest conjunt de processos informàtics necessaris per validar les transaccions i generar nous blocs representa un 0,2 % del consum mundial d’electricitat”, especifica Aitor Canudas.
El problema és especialment greu en el cas del bitcoin, ja que, com advertia recentment Bill Gates, aquesta criptomoneda és la que consumeix més electricitat per transacció. D’aquí que, segons estimacions del Massachusetts Institute of Technology (MIT), l’ús dels bitcoins generi una petjada de carboni cada any d’entre 22 i 22,9 megatones.
L’origen brut d’una energia neta
Si bé normalment veiem l’electricitat com una energia neta, això depèn bàsicament del seu origen. Sobretot a Àsia, i especialment a la Xina, gran part de l’electricitat generada prové de la combustió de carbó, que resulta molt contaminant. Per això, el fet que un altíssim percentatge de les granges de minat se situïn en aquesta regió per aconseguir els preus de l’electricitat més assequibles multiplica la petjada de carboni.
De cara a preservar el medi ambient, Aitor Canudas assenyala la necessitat d’augmentar el percentatge d’energies renovables en l’electricitat que s’utilitza “per crear els nous blocs i fer les transaccions del bitcoin”. Una altra alternativa que apunta l’agent d’11Onze seria recórrer a criptomonedes alternatives, com el cardano, “que en teoria contaminen menys que el bitcoin”.
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