¿Con la IA trabajaremos menos y viviremos mejor?
La idea de que las nuevas tecnologías nos liberarán de los trabajos más pesados y nos permitirán dedicar más tiempo a la familia, al ocio y al desarrollo personal no es nueva. Desde la mecanización agrícola hasta la revolución industrial, cada gran transformación ha venido acompañada de la promesa de una mejor vida.
La llegada de la inteligencia artificial (IA) ha reactivado este viejo sueño: ¿podría ser el inicio de una nueva era de prosperidad compartida? O, por el contrario, ¿estamos ante una nueva fase de precarización y concentración de poder?
La historia nos muestra una paradoja del progreso. La tecnología siempre ha aumentado la productividad, pero esto no se ha traducido automáticamente en mayor bienestar. El ejemplo más claro es la jornada laboral: fueron necesarias décadas de lucha sindical para que se reconociera la jornada de ocho horas, aunque las máquinas ya permitían trabajar mucho más eficientemente.
Hoy, la misma tensión se repite. Un estudio del AMB cifra en 1.516,73 euros mensuales el salario mínimo necesario para vivir dignamente, una cantidad muy superior al salario mínimo interprofesional vigente. La productividad ha crecido, pero los salarios y condiciones de vida no siempre han seguido el mismo ritmo.
Plena presencia de la IA
La IA ya está presente en todos los sectores: optimiza procesos industriales, sustituye tareas administrativas e incluso toma decisiones en el mundo financiero. Según la OCDE, más de una cuarta parte de los puestos de trabajo en Europa podrían verse afectados por la automatización. Esto podría significar menos carga laboral para las personas, pero también la pérdida masiva de trabajos repetitivos y la creación de una brecha entre quien controla la tecnología y quien sufre sus efectos. Las oportunidades existen —eficiencia, reducción de errores, liberación de tiempo— pero también los riesgos: desigualdad, desempleo y concentración de poder.
El debate no únicamente es económico, sino también político. Las tecnologías digitales, como las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC), muestran cómo la innovación puede tener dos caras: por un lado, prometen mayor eficiencia y seguridad en las transacciones; por otro, pueden limitar la privacidad y aumentar el control gubernamental sobre la ciudadanía. La IA, al igual que las CBDC, no es neutra: su impacto dependerá de quién la diseñe y con qué objetivos. En un contexto marcado por el capitalismo clientelar, el peligro es que los beneficios de la tecnología sirvan sobre todo para enriquecer a una minoría en detrimento del conjunto de la población.
Alternativas que equilibran la balanza
Sin embargo, existen alternativas que apuntan hacia un futuro más equilibrado. Varios países han experimentado con la semana laboral de cuatro días, con resultados positivos en productividad y bienestar. En Islandia, por ejemplo, un estudio que involucró a más del 1% de la población demostró mejoras en la salud y el equilibrio entre vida personal y laboral.
También se ha puesto sobre la mesa la idea de una renta básica universal como mecanismo para garantizar seguridad en un mundo con menos trabajos estables. Estas medidas, combinadas con la automatización, podrían hacer realidad el sueño de una sociedad que trabaje menos y viva mejor. De hecho, informes de la OCDE muestran que los países con menos horas laborales suelen registrar mayores índices de felicidad y mayores niveles de satisfacción vital.
¿Qué hacer con la IA?
Al final, la respuesta a la pregunta inicial no será definida por la IA en sí misma, sino por las decisiones colectivas que tomemos. Si las ganancias derivadas de la automatización se redistribuyen en forma de salarios dignos, reducción de jornada y mejora de los servicios públicos, la IA podría convertirse en una herramienta de liberación. Pero si, como ya ha ocurrido con otros avances, los beneficios quedan concentrados en unas pocas grandes corporaciones y se mantienen dinámicas extractivas, la promesa de una vida mejor podría convertirse en una distopía de mayor desigualdad y control.
La verdadera cuestión, pues, no es qué va a hacer la IA con nosotros, sino qué vamos a decidir hacer nosotros con la IA. El futuro no está escrito: depende de si la sociedad es capaz de transformar el progreso tecnológico en el progreso social. En La Plaça de 11Onze continuaremos siguiendo de cerca este debate para entender cómo la tecnología afecta a nuestras vidas y finanzas, y para prepararnos para un futuro que, si lo construimos colectivamente, podría ser mucho mejor.
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En un nuevo episodio de La Plaça en Territori 17 analizamos cómo se está adaptando una industria clave en la lucha contra el cambio climático y en la creación de riqueza. La directora de 11Onze District, Gemma Vallet nos explica cómo se está transformando este sector.
La industria del automóvil carga con el estigma de ser una de las más contaminantes del planeta pero, a su vez, también es una de las más importantes para las economías de muchos países. Por eso es imprescindible que la industria se transforme. En un contexto de calentamiento constante del planeta y con una economía que cuelga de un hilo, es necesario reducir drásticamente la huella ecológica intentando evitar grandes daños en la economía. ¿Es esto posible? Actualmente resulta muy incierto.
En este episodio de La Plaça en el Territori 17 de Radio Cardedeu, la directora de 11Onze District Gemma Vallet analiza la electrificación de la industria del automóvil. «Para 2028, a nivel internacional, se calcula que se venderán 17 millones de vehículos eléctricos«, apunta Vallet. Según explica Gemma Vallet, pese a la bajada de ventas de coches derivadas de la crisis económica y la pandemia, «en Europa en 2022 el 12% de los vehículos ya eran eléctricos».
Entre los retos pendientes para la industria, Vallet incluye la necesidad de mejorar la red de enchufes disponibles y abaratar el precio del producto final. «Actualmente la industria está repercutiendo el incremento de costes de producción», decía Vallet, y este hecho se está convirtiendo en una barrera de entrada para muchos usuarios. En este sentido, en la conversación que adjuntamos también se apuntan otras alternativas de movilidad innovadoras, como es el caso de San Francisco que está haciendo llegar las mercancías al centro de la ciudad a través de teleféricos.
Si desean escuchar este episodio de La Plaça en Territori 17, lo tienen disponible en 11OTV y en este mismo artículo.
Las 153 empresas dedicadas en las tecnologías inmersivas en Cataluña suman una facturación de 136,6 millones de euros y dan trabajo a 900 personas. En el ámbito Europeo se prevé un crecimiento anual del 36% y que el sector logre los 66.000 millones de euros en 2026.
El metaverso, los hologramas, la realidad virtual, la realidad mixta y la realidad aumentada, son algunas de las tecnologías inmersivas. La transformación digital ha fusionado el mundo físico y el virtual, transformando conceptos que no hace mucho eran considerados ciencia ficción en una realidad palpable que ya forma parte del día a día de muchas personas.
Todas estas tecnologías están experimentando un crecimiento exponencial y prometen cambiar la manera en que percibimos el mundo e interactuamos con la información. Sectores como los de la educación, entretenimiento, medicina, diseño, industria o turismo se verán transformados con nuevas oportunidades de creación e innovación.
Se trata de una industria que globalmente tiene un crecimiento anual del 38% gracias al aumento inversión en tecnologías inmersivas, la adopción de estas tecnologías en el sector sanitario, en la educación y la aparición del metaverso y la web 3.0. Cataluña ya forma parte de este ecosistema tecnológico, y un estudio de ACCIÓ detalla, por primera vez, la situación del sector catalán de las tecnologías inmersivas.
Startups y empresas con menos de 10 años
Según el informe elaborado por la Agencia por la Competitividad de la Empresa, las 153 empresas catalanas especializadas en tecnologías inmersivas facturan 136,6 millones de euros de manera agregada, empleando cerca de 900 trabajadores. El estudio confirma que se trata de un sector en crecimiento, puesto que el 58,2% del total de las compañías tiene menos de 10 años y un tercio (32,7%) son startups. Además, el 19% son exportadoras.
Específicamente, un 66% de las empresas se dedican a la realidad virtual, mientras que un 48,4% están especializadas en la realidad aumentada, seguidas del 16,3% que se concentran en el metaverso. Por sectores, el 39,2% de estas empresas trabajan en el campo del entretenimiento, el 17% en la industria 4.0, el 11,8% en la formación y el 10,5% en la salud.
En este contexto, el estudio apunta que el territorio catalán está dotado de un ecosistema de apoyo que complementa el tejido empresarial de las tecnologías inmersivas: centros tecnológicos e institutos de investigación, universidades y centros formativos, asociaciones y equipaciones, clústeres, administración pública, además de ferias y congresos de renombre mundial como el MWC, el ISE, las IoT Solutions World Congress o las Advanced Factories.
ACCIÓ también destaca que en el ámbito Europeo se prevé un crecimiento anual del 36% y que el sector logrará los 66.000 millones de euros en 2026. Así mismo, a escala mundial el estudio anticipa que las tecnologías inmersivas consolidarán su crecimiento anual del 38% y tendrán un valor de mercado de 605.000 millones de euros de manera agregada en 2028.
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A diferència de les divises fiat, el Bitcoin és una moneda digital descentralitzada que no està sotmesa al control d’un govern o banc central. El seu valor no està definit per una entitat, sinó que es deriva de la confiança del consumidor. Però en què es fonamenta aquesta confiança?
Tot i les diferències, les criptomonedes com el Bitcoin comparteixen algunes similituds amb les monedes fiduciàries tradicionals a les quals tots estem acostumats. Per tant, és important entendre què dona valor als diners fiat abans d’analitzar per què hi ha un gran nombre de persones que veuen al bitcoin com un dipòsit de valor.
Lluny queda un sistema monetari segons el qual el valor de les divises està sostingut per la seva convertibilitat a l’or. D’ençà que el president Richard Nixon va reunir el seu equip a Camp David per anunciar que suspenia la convertibilitat del dòlar amb l’or. El dòlar va passar de ser una moneda que basava el seu valor en l’existència d’una contrapartida en or, a ser una moneda fiduciària, diners fiat, amb un valor que deriva de la relació entre l’oferta i la demanda i l’estabilitat del govern emissor.
Així doncs, els governs i els bancs centrals poden crear diners per ampliar la seva oferta monetària i estimular la despesa a través de mecanismes econòmics sense preocupar-se de tenir suficients reserves d’or, almenys això és la teoria. Per tant, tot i que aquestes monedes fiduciàries no estan sostingudes per actius tangibles, el seu valor és causat per la confiança col·lectiva en les divises. Com a contrapartida, les polítiques monetàries dels governs i banc centrals, així com l’evolució de l’economia poden fer fluctuar aquesta confiança i el valor de la moneda.
Descentralització, seguretat i oferta limitada
L’ecosistema monetari del Bitcoin està totalment descentralitzat, és a dir, cap autoritat central regula la base monetària, eliminant la necessitat d’intermediaris i atorgant als usuaris més control sobre les seves transaccions financeres. En eliminar les autoritats centrals, es democratitza la creació de moneda, donant més poder i llibertat a la comunitat d’usuaris.
La creació de Bitcoins segueix unes regles detallades en un protocol molt estricte que es basa en la tecnologia blockchain. Aquesta tecnologia de cadena de blocs utilitza algoritmes criptogràfics i la fa més segures que les monedes físiques i altament immune a crisis. A més, si l’usuari vol fer una transferència o un pagament, té total llibertat, ni el banc, ni VISA, ni Mastercard l’han d’autoritzar. Aquestes característiques i el fet milers de comerciants ja accepten Bitcoin com a pagament per béns i serveis, li han donat un valor d’utilitat.
Per altra banda, des de la seva introducció, es va establir un límit màxim de 21 milions de monedes que es poden minar, la qual cosa introduïa un element d’escassetat intrínsec que també contribueix a donar-li valor, quan tenim en compte la relació entre preu i escassetat. És per això que molta gent considera el Bitcoin com a reserva de valor, tot i la seva volatilitat. La regulació global dels criptoactius i la competència amb altres monedes digitals marcaran el futur del Bitcoin, però en última instància, serà la confiança de la gent el que assegurarà, o no, la seva existència.
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Avui dia ja podem accedir a les nostres finances, a les aplicacions o a dades personals sense necessitat d’ensenyar el document d’identitat en paper. A 11Onze analitzem com la digitalització de la identitat pot ajudar a reduir les desigualtats i millorar la qualitat de vida de la ciutadania d’arreu del món.
Un dels avantatges més celebrats de la digitalització és el fet de simplificar tràmits amb l’administració que impliquen una inversió de temps i diners important. Ara, ja podem aconseguir el padró sense haver-nos de desplaçar a l’Ajuntament; podem fer la declaració de la renda, amb assessorament inclòs, sense sortir de casa; o bé obtenir un certificat oficial, tot i viure en un poble, sense necessitat d’anar a la sucursal d’una gran ciutat. Aquest és un nou escenari de gestions en línia que gràcies a la identificació digital ens aporta agilitat i seguretat.
Aquesta utopia que, a poc a poc, esdevé la nostra quotidianitat, pot portar beneficis significatius a escala social, tant per a la ciutadania com per a l’administració, com ara reduir el frau o aconseguir un empoderament econòmic més inclusiu. Tot això, però, només s’aconseguirà si aquesta tecnologia es fa servir correctament.
El primer gran repte, identificar la població
Segons dades del Banc Mundial, de les 7.600 milions de persones que hi ha al món, gairebé 1.000 milions no tenen cap mena d’identificació reconeguda legalment. Els 6.000 milions restants es reparteixen entre aquelles persones que, tot i tenir identificació legal, no disposen de mecanismes per fer-la servir en l’àmbit digital i aquells que viuen en països on la identificació digital ja és una realitat, com és el cas de Catalunya.
A escala global, fer tràmits administratius o tributaris en línia no és tan habitual com a molts de nosaltres ens pot semblar, i això obre un altre debat: si oferir nous canals digitals implica més oportunitats i facilitats per a la ciutadania, la falta d’accés comporta més desigualtats? Tant els canals de comunicació com els processos administratius han adoptat la via digital com a punt de referència, i en tot aquest procés la tecnologia ha deixat enrere totes aquelles persones que prefereixen els canals tradicionals, sigui per desconeixement o per falta de recursos. Una dificultat afegida per accedir a bens i serveis que amplia la desigualtat social i suposa posar en risc el lliure accés als recursos públics.
Beneficis i riscos de la identificació digital es contraposen i, com en tot balanç, l’opció que pesa més és la que pot afavorir a més ciutadania, contribuir a la millora social i servir com a eina d’evolució, no només com a substitut d’antics mètodes. En aquest punt, les entitats i organismes que treballen amb col·lectius en situació de vulnerabilitat estan guanyant protagonisme.
iSocial: innovació tecnològica en l’àmbit social
ONG i entitats socials han fet un pas endavant en la lluita social i han introduït la innovació tecnològica en un sector que fins ara se n’havia mantingut al marge. És el cas de la fundació iSocial, orientada a oferir solucions innovadores per a la lluita social. La fundació ha creat Refugee Aid App, una aplicació pensada per al col·lectiu migrant a Europa que té dificultats en el procés d’acollida.
Gràcies a l’aplicació, anomenada RefAid, es posa en contacte persones que necessiten un suport i entitats que en presten, la majoria de les quals són ONG internacionals. Actualment, ja està disponible a 14 països, entre els quals encara no hi ha l’Estat espanyol. La mateixa empresa també ha tret al mercat Lifespots, una aplicació orientada a escala local, però amb la mateixa finalitat: facilitar els canals d’ajuda comunitària.
Una de les preocupacions per a les persones que han de migrar és la por a ser retornats al país d’origen. En aquest sentit, l’aplicació ofereix la seguretat que aquestes dades només es compartiran entre organitzacions socials i amb la finalitat de garantir l’article 14 de la Declaració Universal dels Drets Humans, que protegeix “el dret a buscar asil i a gaudir d’aquest a qualsevol país”.
La identificació digital s’obre camí
Un altre exemple és Protection People app (PPa), una plataforma també impulsada per iSocial i orientada a identificar digitalment les persones en situació administrativa irregular, que són prop de 1.000 milions arreu del món. Persones migrades, que viuen en situacions d’extrema vulnerabilitat o que han patit desastres naturals o humanitaris poden trobar-se en aquesta situació. Per acompanyar-les, aquesta aplicació els ofereix coordinació amb altres ONG per detectar necessitats i obrir nous camins, gràcies a les dades biomètriques (dactilar, facial i patró de venes del palmell de la mà, que no varien amb els anys) i a l’informe vital que l’acompanya.
Identificar persones de forma 100% digital ja és una realitat i, en part, és gràcies a aplicacions que aconsegueixen fer, en qüestió d’hores, tràmits que els governs tarden mesos o, fins i tot, anys a completar. La innovació tecnològica en l’àmbit social obre un nou escenari per combatre la desigualtat social i aportar seguretat i facilitats a la ciutadania d’arreu del món.
11Onze s’està convertint en un fenomen com a primera comunitat fintech de Catalunya. Ara, llança la primera versió d’El Canut, la super app d’11Onze, per a Android i Apple. Des d’El Canut es pot obrir el primer compte universal al territori català.
L’impacte del canvi climàtic en el medi ambient, l’economia i la societat és cada vegada més evident. Per entendre i fer front a aquest fenomen els científics es basen en complexes models de predicció que són crucials per valorar els riscos de l’escalfament global.
Les projeccions climàtiques són essencials per tal d’avaluar els efectes de l’escalfament global i els riscos que en resulten. Així, els models de predicció del canvi climàtic són simulacions tècniques de la futura evolució del clima a la Terra que s’obtenen mitjançant l’execució i estudi de models numèrics. Aquestes simulacions es poden fer en un àmbit global o regional i es basen en les lleis de la física, la química, la biologia i la dinàmica atmosfèrica.
Els models climàtics globals (MCG) els realitzen l’equip de tècnics i científics del Grup Intergovernamental sobre el Canvi Climàtic (GICC) amb seu a Ginebra i que depèn de les Nacions Unides. Es tracta d’un organisme multinacional que investiga les causes i efectes del canvi climàtic arreu del món i s’encarrega a portar a terme les negociacions relatives als diferents escenaris que es preveuen, com es va fer en el marc del Protocol de Kyoto.
Tot i que a l’Estat espanyol l’Agència Estatal de Meteorologia (AEMET) s’ocupa de les projeccions climàtiques regionalitzades, des de 2008 el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC) ha realitzat diversos estudis -conjuntament amb el Barcelona Supercomputing Center- per tal d’elaborar projeccions regionalitzades del clima per al segle XXI al nostre territori.
La metodologia dels models de predicció
Amb el fi d’aconseguir una simulació fiable, els diferents models de predicció requereixen tantes dades d’entrada com sigui possible: concentració de gasos d’efecte hivernacle o aerosols a l’atmosfera, radiació solar, emissions de gasos contaminants i altres factors que poden influir en el clima.
Un cop introduïdes el conjunt de condicions inicials basades en dades observades, els models numèrics i equacions fonamentals que governen les dinàmiques de fluids, de conservació d’energia i d’altres relacionades amb la interacció entre l’atmosfera, els oceans i la superfície terrestre, ens poden indicar el comportament futur del sistema climàtic si es desenvolupen certs escenaris.
Aquests escenaris defineixen trajectòries que representen concentracions de gasos amb efecte d’hivernacle i aerosols, és a dir que tenen un origen principalment antropogènic i, per tant, depenen en gran manera del nostre comportament i decisions polítiques globals.
Fiabilitat dels models climàtics
Primer de tot, cal tenir en compte que, a diferència d’una previsió meteorològica, els models climàtics no pretenen fer prediccions molt precises i a petita escala del que passarà en els pròxims dies, sinó que tenen com a objectiu projectar els canvis climàtics al llarg dels anys o dècades, però en cap cas estan pensats per fer una previsió del temps que farà en un futur.
És a dir, aquestes simulacions diàries s’interpreten estadísticament per produir projeccions climàtiques, donant lloc a estudis sobre la probabilitat que s’observin unes condicions meteorològiques particulars en el futur. I en aquest sentit, un estudi sobre la fiabilitat de 17 models climàtics que es remunten a principis de la dècada de 1970, va arribar a la conclusió que la majoria dels models van ser efectius en predir les temperatures de les dècades següents.
Evidentment, més enllà d’una aproximació, és difícil que un model de predicció climàtica sigui 100% correcte, però els models van millorant a mesura que avança la tecnologia i la comunitat científica té plena confiança en què aquestes simulacions són la millor eina que tenim per fer front al canvi climàtic. En tot cas, i independentment de la seva eficàcia, sabem que tenim la capacitat de reduir la quantitat de gasos d’efecte d’hivernacle que emetem al nostre planeta, i no tenim cap motiu per no fer-ho.
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En un momento en el que el planeta nos pide responsabilidad y sentido común, el consumo también ha entrado en una nueva etapa. Comprar nuevos productos ya no es la única opción. Cada vez más personas apuestan por alargar la vida útil de todo lo que ya existe, y esto ha dado lugar a una tendencia que no solo ha venido para quedarse, sino que está cambiando la cultura del consumo: lo recommerce.
El concepto es sencillo pero potente: vender y comprar productos de segunda mano a través de plataformas digitales. ¿El objetivo? Reducir residuos, reutilizar lo que todavía es útil, y evitar la sobreproducción que alimenta el modelo de consumo tradicional. Es la versión práctica de las tres famosas R de la economía circular: Reducir, Reutilizar y Reciclar.
Este cambio de hábitos, que hasta hace unos años se consideraba minoritario o alternativo, se ha extendido con fuerza entre aquellos consumidores que quieren ahorrar dinero y al mismo tiempo tener un impacto positivo en el medio ambiente. Y para ello, ha nacido un ecosistema digital de plataformas que facilitan la compraventa de objetos de segunda mano de una forma rápida, segura y asequible. A continuación destacamos:
- Una de las grandes impulsoras de esta revolución es Back Market, una plataforma especializada en tecnología reacondicionada. Smartphones, ordenadores portátiles, cámaras, pequeños electrodomésticos… todo pasa por manos profesionales que aseguran su correcto funcionamiento antes de ponerlo a la venta. Además, la propia plataforma actúa como garantía, ofreciendo un servicio de posventa riguroso y ágil. Es una forma inteligente de comprar tecnología de última generación a precios mucho más asequibles y sin generar más desperdicios electrónicos.
- Para quienes quieren vender lo que ya no utilizan —o encontrar gangas en productos de todo tipo—, Wallapop sigue siendo una de las opciones más populares. Esta app ha sabido posicionarse como una especie de mercado de segunda mano digital, donde la proximidad y el trato directo entre compradores y vendedores facilita su logística. Desde muebles hasta material deportivo, pasando por videojuegos o ropa infantil, es una ventana abierta al consumo responsable y práctico.
- Otra plataforma a tener en cuenta es Letgo, que se diferencia por incorporar tecnología de inteligencia artificial. Esta funcionalidad permite reconocer los objetos a partir de una imagen, categorizarlos automáticamente y agilizar su publicación. El resultado es una experiencia de usuario muy fluida y eficiente, especialmente útil para quien desea vender sin complicaciones.
- En el ámbito de la movilidad, Coches.net se ha convertido en un referente. Esta app no solo permite comprar y vender coches de segunda mano, sino también vehículos nuevos, de kilómetro cero, autocaravanas o furgonetas. El valor añadido es la garantía que ofrecen muchos de los vendedores profesionales de la plataforma, lo que genera confianza y reduce riesgos en una operación tan sensible como es la compra de un vehículo.
- La ropa, uno de los grandes focos de consumo masivo y contaminación, tiene también sus plataformas específicas. Vinted es una comunidad de compraventa de moda que funciona como una red social: las personas venden su ropa con fotos o vídeos, y pueden seguirse mutuamente. Es una manera fresca y divertida de dar una segunda vida a prendas que ya no utilizamos, ya la vez renovar el armario sin caer en la espiral del consumo impulsado por la moda rápida.
- No podemos olvidar a Milanuncios, un clásico de los anuncios clasificados que ha sabido adaptarse al mundo digital. Con una oferta muy variada que va más allá de los objetos —trabajo, vivienda, servicios—, sigue siendo una plataforma muy útil para todo tipo de transacciones, especialmente en entornos más rurales o para personas que buscan opciones más tradicionales.
- Y si hablamos de nichos específicos, una app como Bkie demuestra hasta dónde puede llegar la personalización dentro del recommerce. Dedicada exclusivamente a la compraventa de bicicletas y equipamiento ciclista, ha creado una comunidad propia, fiel y activa. Con el ciclismo en auge, esta app ha sabido captar las necesidades de un colectivo exigente que busca calidad, buen precio y confianza entre usuarios.
Esta nueva forma de consumir no solo tiene beneficios ambientales y económicos. También cambia la relación que tenemos con los objetos, nos hace más conscientes de su valor y educa en una cultura del consumo más madura, menos basada en la novedad y más en el uso responsable.
Comprar de segunda mano, hoy, ya no es sinónimo de necesidad, sino conciencia. Y el recommerce es una herramienta poderosa para hacer realidad ese cambio. A través de estas apps, podemos comprar mejor, vender lo que no utilizamos y contribuir activamente a una economía más sostenible, humana y eficiente. Así que la próxima vez que pienses en comprar algo nuevo, pregúntate antes: ¿realmente lo necesito nuevo? Quizás la respuesta te sorprenda… y el planeta te lo agradecerá.
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Les criptomonedes han revolucionat el sistema financer mundial, però com tota nova tecnologia genera moltes preguntes. Hem preparat un petit glossari dels termes bàsics que hauries d’entendre per a iniciar-te en el món de les criptodivises.
Les criptomonedes, també conegudes com a criptodivises o monedes digitals, són una divisa alternativa que es pot definir com un actiu digital que fa servir un xifratge criptogràfic per garantir la seva titularitat, assegurar la integritat de les transaccions, i controlar la creació d’unitats addicionals. Dit això, hi ha uns conceptes clau que cal tenir clars a l’hora d’entendre el funcionament de les criptomonedes.
Blockchain
El ‘blockchain’, o cadena de blocs en català, és una tecnologia que permet fer transaccions entre dues o més persones sense la necessitat d’intermediaris. Ve a ser el llibre de comptabilitat on es guarden totes les operacions distribuïdes en ordinadors, que poden estar en qualsevol part del món, interconnectats a través d’una xarxa Peer-To Peer (P2P), d’igual a igual, i sense la necessitat d’un servidor central. Es tracta d’una tecnologia que facilita la descentralització d’aplicacions financeres i qualsevol altre registre digital. A més, es considera molt segura perquè només es pot modificar el registre de tot el que ha passat a la xarxa si totes les parts hi estan d’acord.
Mineria
Mentre que en el sistema monetari tradicional, els Governs imprimeixen diners en funció de les seves necessitats, la creació monetària en l’ecosistema de les criptomonedes més populars, com per exemple el Bitcoin, està limitada. A més, les criptomonedes no s’emeten i queden disponibles per a tothom, es posen en circulació en blocs encriptats que han de ser desxifrats. D’aquí ve el concepte de la mineria de les criptomonedes, un procés computacional mitjançant el qual un conjunt d’ordinadors, els miners connectats a la xarxa, reben un nou algoritme per a resoldre un problema matemàtic, que, un cop solucionat, es recompensa amb una comissió per l’emissió d’una nova unitat de la criptomoneda, que s’afegeix a la cadena de blocs.
Moneders
Els moneders de criptomonedes o ‘wallets’ són moneders virtuals que ens permeten gestionar les nostres criptomonedes. La principal diferència amb altres moneders virtuals que podem trobar a molts bancs resideix en la seguretat que ofereix el seu programari, permetent un control absolut de les claus públiques i privades per signar transaccions i operacions executades amb criptomonedes a través de la xarxa blockchain. L’ús d’aquests moneders és indispensable a l’hora d’administrar monedes digitals basades en la criptografia, i que no existeixen en el món físic.
Staking i Hodling
El concepte de ‘staking’ consisteix en adquirir criptomonedes i mantenir-les bloquejades en un moneder amb la finalitat de donar suport a la seguretat i funcionament de la cadena de blocs. A canvi rebrem un guany, o recompensa, en forma de criptomonedes addicionals. El ‘hodl’ és un procés similar, però en aquest cas els actius no estan bloquejats i els pots utilitzar lliurement. Es tracta d’una opció que fan servir inversors que volen mantenir els seus actius durant un llarg període de temps amb l’esperança que es revalorin.
Tokens
Tot i que els conceptes de token i criptomoneda es poden considerar com a sinònims, la distinció està en el fet que les criptomonedes tenen una cadena de blocs pròpia, mentre que els tokens s’emeten en una altra cadena de blocs, com per exemple Ethereum. Un token és una unitat de valor emesa per una persona o per una empresa privada amb la qual pots representar diferents objectes dins d’una cadena de blocs. És un valor transferible dins de la xarxa de blockchain, però que no té un valor real fora d’ella, semblant al que ens passaria si tinguéssim fitxes d’un casino o punts d’una aerolínia. Per tant, un token pot tenir diferents finalitats: des de donar accés a més funcionalitats en un joc en línia, a poder ser intercanviat per objectes reals, col·leccionisme, participar en un esdeveniment …
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L’acceleració de la digitalització, precipitada per la pandèmia, no ha fet més que confirmar la inevitabilitat de la transformació digital de la nostra societat. Una revolució tecnològica que ha canviat la nostra manera de treballar, comprar, estudiar i comunicar-nos, però que posa en qüestió aspectes vinculats amb les relacions personals.
En un món interconnectat on Internet, les xarxes socials i les eines telemàtiques han canviat radicalment la manera de comunicar-nos, ens hem acostumat a parlar davant d’una pantalla, a resoldre els assumptes més trivials del nostre dia a dia asseguts al sofà, a fer les compres des del llit i a treballar en pijama.
La comunicació electrònica ha augmentat la capacitat d’interacció entre les persones, i ens permet aconseguir una productivitat i eficiència sense precedents, tant en l’àmbit corporatiu com individual. L’auge del teletreball ha significat un canvi en positiu per molta gent, especialment pels que han experimentat una millora en la conciliació de la vida personal i laboral. Tanmateix, pels nadius digitals que s’han convertit en nòmades digitals que han fet del món la seva oficina.
La normalització de la convivència entre persones i intel·ligència artificial ens ha permès agilitzar les interaccions amb l’administració, establiments de comerç digital i entitats financeres. Ja no és necessari fer cua a una oficina física d’un banc, d’una asseguradora, o a la del SOC, podem fer pràcticament totes les gestions des del mòbil. Així mateix, han sorgit moltes noves feines basades en les tecnologies digitals, impensables només fa uns anys.
La importància de la interacció física
Tot i l’innegable progrés que ha suposat la transformació digital de la nostra societat, la realitat d’aquesta revolució no és tan idíl·lica com alguns volen dibuixar. L’absència física, intrínseca del món digital, presenta reptes pel que fa a l’empatia entre persones acostumades a l’anonimat dels espais virtuals, les interaccions personals entre treballadors, o la bretxa digital entre la gent més vulnerable i la resta de la societat.
La transformació digital ha propiciat que les fronteres entre el món físic i el digital siguin cada vegada més borroses. I, si ja tenim dificultats en adaptar-nos a aquest canvi de paradigma, pensem que el boom del metavers, l’Internet de les Coses, els NFT i la intel·ligència artificial encara ens acostaran més a una realitat virtual semi immersiva, que deixarà ‘fora de joc’ a una part significant de la població.
En aquest context, es fa evident la necessitat d’abordar de manera integral els canvis socio-tecnològics que estan definint i assentant les bases de la societat del futur. No només per assegurar-nos que la tecnologia segueixi sent una força positiva de progrés, sinó també, per evitar que part de la societat es quedi enrere, o que la immersió en el món digital castri l’essència del que ens defineix com a persones.
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La fusión entre las nuevas tecnologías y el capitalismo moderno está transformando nuestra sociedad a una velocidad vertiginosa. El tecnocapitalismo se caracteriza por la hegemonía de las grandes corporaciones tecnológicas, donde la digitalización de la información y comunicación establecen la base para la creación de riqueza y poder.
La revolución tecnológica que hemos experimentado durante las últimas décadas ha hecho evolucionar el capitalismo moderno, generando nuevas maneras de crear riqueza en la era digital. Las grandes tecnológicas como Alphabet, Amazon, Apple y Meta han reconfigurado el modelo socioeconómico, pero, este cambio de paradigma espoleado por el tecnocapitalismo también ha comportado algunos impactos negativos para la sociedad.
Control de datos y pérdida de privacidad
Uno de los pilares del tecnocapitalismo es la acumulación masiva de datos personales y de su procesamiento. Compartimos mucha información personal, pública y privada, a veces de manera consciente, otras veces de manera inconsciente. Las empresas tecnológicas utilizan el Big data sobre las búsquedas, conversaciones y preferencias de los usuarios para predecir e influenciar su comportamiento. Esto ha llevado a la monetización de nuestra intimidad, que se vende al mejor postor para fines comerciales.
Algunas de las grandes plataformas digitales justifican la legitimidad de este modelo de negocio argumentando que con la comercialización de la información de los usuarios cubren los costes de sus servicios. Aun así, esta pérdida de privacidad no solo implica que nosotros somos el producto, es decir, que nuestra información personal se convierte en un activo lucrativo para estas empresas, sino que también se puede utilizar para manipularnos.
Estos algoritmos pensados para mantenernos enganchados a las redes sociales no solo están destruyendo vínculos comunitarios y nuestra capacidad de interacción física, sino que también están modelando nuestras preferencias políticas, sociales y económicas –a menudo sin que seamos conscientes– propiciando la desinformación y la polarización social. El escándalo de Cambridge Analytica solo es uno de los numerosos ejemplos de como estas corporaciones pueden hacer un uso indebido de nuestra información personal.
Monopolización, deshumanización y precariedad laboral
El éxito de las grandes tecnológicas se ha traducido en la creación de monopolios y oligopolios que dominan completamente el mercado global. Estas empresas tienen un poder desmesurado, no solo económicamente, sino también en términos de control político y social. Esto puede generar enormes desigualdades, tanto entre empresas como entre individuos.
El control hegemónico del mercado que tienen algunas de estas corporaciones elimina la competencia, castra la innovación y concentra la riqueza en un pequeño número de manos. Su poder de influencia en las políticas públicas e internacionales, facilita la promiscua relación entre política y negocios, donde se mezclan los intereses privados y poder político, lo cual debilita la soberanía estatal y la democracia.
Si bien la digitalización y la robotización han creado nuevos sectores económicos, también han llevado a la precarización de algunos trabajos. En el mundo tecnocapitalista, muchos empleados están sujetos a condiciones laborales inestables, contratos temporales o prácticas abusivas, especialmente en sectores como el de la atención al cliente, la logística del e-commerce y el de las plataformas de servicios como Uber o Deliveroo.
Del mismo modo, la sustitución de trabajadores humanos por robots o algoritmos está convirtiéndose en una amenaza tangible. El trabajo físico e intelectual se ve reemplazado por software informático con la promesa de una mayor eficiencia, pero esto ha llevado a la destrucción de puestos de trabajo tradicionales y a una creciente polarización entre los trabajadores cualificados y los no calificados. Otros trabajos que requerían creatividad, hasta no hace mucho considerados seguros frente a los bots digitales, se están viendo amenazados por la evolución de los modelos de inteligencia artificial.
Por otro lado, la inevitabilidad de la transformación digital de nuestra sociedad no se ha distribuido de manera equitativa. El tecnocapitalismo ha acentuado la brecha digital y las desigualdades sociales de aquellos con acceso limitado a internet o con pocos conocimientos de las nuevas tecnologías que se encuentran desaventajados en términos educativos, económicos y sociales.
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