Es hora de reindustrializar la Unión Europea

Bruselas quiere asegurar la soberanía de la Unión Europea mejorando la autonomía, competitividad y resiliencia de su sector industrial, para reducir su dependencia en otros actores globales.

 

El sector industrial de la Unión Europea todavía representa más del 20% de su economía, genera unos 35 millones de puestos de trabajo y equivale al 80% de las exportaciones de bienes, aun así, está en peligro de quedarse a la cola del de las dos grandes potencias del mundo, China y los Estados Unidos, que están promoviendo procesos de reindustrialización masivos.

El desfalco de las cadenas de valor de abastecimiento de materias primas y semiconductores causado por la pandemia y las sanciones a Rusia pusieron de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre como impulsar políticas de reindustrialización que garanticen la autonomía estratégica de los 27 Estados miembros.

Era evidente que se tenía que reforzar la base estructural en sectores clave, como la alta tecnología de doble uso, el suministro energético, las materias primas, las tierras raras y la industria de defensa, mientras se favorecía la transición energética hacia un nuevo modelo económico menos dependiente de los hidrocarburos.

 

Financiar la soberanía tecnológica y la transición energética

En este contexto, se lanzaron los fondos Next Generation de la UE, un programa acordado como respuesta económica a la pandemia de la Covid-19 y dotado con 800.000 millones de euros que se tenían que destinar a financiar las transiciones digital y ecológica.

Ahora bien, una gran parte de esta financiación se ha visto obstaculizada por la burocracia. Hasta diciembre del 2023 solo se habían desembolsado alrededor del 30% de las subvenciones y préstamos disponibles, según datos de la UE. Esta pésima gestión de las ayudas del programa, aleja la posibilidad de una transformación del modelo económico que se pretendía cambiar.

El mismo mes de diciembre que los ministros de la UE se ponían de acuerdo en aumentar la producción de tecnologías verdes por medio del Reglamento sobre la Industria de Cero Emisiones Limpias. El objetivo es cubrir el 40% de las necesidades de la UE en productos de tecnologías estratégicas, como los paneles solares fotovoltaicos o las turbinas eólicas, para poder competir con China.

Así mismo, se ponía en marcha la iniciativa de “Chips for Europe” con el objetivo de impulsar la soberanía tecnológica del continente, garantizando que Europa cumpla su objetivo de la década digital de duplicar su cuota de mercado mundial en semiconductores hasta el 20%. Un proyecto que se ha visto reforzado con iniciativas estatales como los PERTE del Estado español o las subvenciones de más de 22.000 millones de euros por parte de Alemania a los fabricantes de semiconductores para que establezcan plantas de producción en su territorio.

 

La soberanía implica actuar como una entidad soberana

Un punto que las instituciones europeas no pueden obviar, es que garantizar la soberanía industrial no solo tiene que basarse en el uso de subvenciones, sino en un cambio de mentalidad en el ámbito geopolítico. Europa tiene que imponer su propia política exterior en vez de actuar como una entidad supeditada a los intereses económicos de los Estados Unidos.

Las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos a Rusia, Irán y China en las últimas décadas, pero especialmente en Rusia a raíz de la guerra en Ucrania, ponen en cuestión el ‘cui bono’ que hay detrás los intereses económicos de los actores involucrados en estos conflictos. Estas sanciones económicas han beneficiado enormemente a los Estados Unidos y han tenido consecuencias devastadoras para las economías de los países miembros de la Unión Europea.

Las crecientes tensiones entre los Estados Unidos y China son el preludio de una repetición del tira y afloja geopolítico que se ha visto con Rusia, que ha desembocado en un conflicto bélico en Europa y que ha perjudicado enormemente al sector industrial europeo. El bloque económico de la Unión Europea tiene el suficiente poder y capacidad de negociación para velar por los intereses de su sector industrial frente a los grandes actores globales, pero esto implica afrontar un hecho que es ineludible, la Unión Europea actuará como una entidad soberana o no será.

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La inteligencia artificial está revolucionando la manera de hacer la guerra con sistemas autónomos capaces de identificar objetivos militares. Aun así, esta nueva carrera tecnológica-armamentística genera preocupación en la comunidad internacional que insiste en la necesidad de mecanismos de gobernanza para gestionar su uso.

 

La militarización de la inteligencia artificial no es ninguna novedad. Por ejemplo, los sistemas de misiles de ataque y de defensa antiaérea hace décadas que son capaces de seleccionar y eliminar objetivos de manera autónoma. Sin embargo, los últimos avances en este campo tecnológico han elevado la integración de la IA en los sistemas armamentísticos hasta un nivel sin precedentes.

La guerra en Ucrania ha demostrado la eficacia del uso de los drones autónomos, tanto por parte de los rusos como de los ucranianos, pero esta tecnología está siendo utilizada en una amplia gama otras aplicaciones militares. Desde sistemas de reconocimiento facial hasta vehículos autónomos, la IA permite a las fuerzas armadas mejorar la precisión, la velocidad y la capacidad de toma de decisiones en las operaciones de combate. Además, los algoritmos de aprendizaje profundo pueden analizar enormes cantidades de datos para optimizar el mantenimiento de sistemas de armas, predecir los movimientos del enemigo, o mejorar las tácticas y la estrategia de una intervención militar.

Así mismo, algunos de estos sistemas autónomos posibilitan misiones, como por ejemplo incursiones, ataques aéreos y asesinatos patrocinados por un Estado, que de lo contrario difícilmente se producirían a causa del peligro de perder los pilotos o las repercusiones políticas, diplomáticas o en conformidad con el derecho internacional. Por lo tanto, este cambio de paradigma plantea una serie de cuestiones éticas y legales sobre la responsabilidad del uso y el control de los sistemas armamentísticos autónomos que han generado preocupación en la comunidad internacional.

 

Algoritmos que seleccionan objetivos en Gaza

El genocidio de Israel contra el pueblo Palestino ha hecho todavía más paténtente la necesidad de instaurar mecanismos de gobernanza que regulen el uso de la IA en el ámbito militar. Seis oficiales de inteligencia israelíes afirmaron en un informe, elaborado por el periodista de investigación Yuval Abraham y publicado por la revista israelí-palestina +972, que los sistemas de inteligencia artificial han ejercido un papel clave en la identificación —y posible identificación errónea— de decenas de miles de objetivos en Gaza.

Durante los primeros días de la intervención militar, este sistema de inteligencia artificial denominado Lavender, hasta ahora secreto, usó una base de datos para identificar 37.000 objetivos potenciales en función de sus supuestos vínculos con la resistencia Palestina. Los mandos del ejército dieron su aprobación para que los oficiales adoptaran las listas de personas a matar seleccionadas por Lavender, sin ningún requisito de comprobar o cuestionar las selecciones del algoritmo o de examinar los datos de inteligencia en las cuales se basaban.

Uno de los oficiales que utilizaron Lavender ponía en entredicho que el papel de los humanos en el proceso de selección tuviera sentido. “Yo invertía 20 segundos por cada objetivo en esta fase, y hacía docenas de ellos cada día. No suponía ningún valor añadido como ser humano, aparte de ser un sello de aprobación. Ahorraba mucho de tiempo.”

Otros oficiales describían cómo, para determinadas categorías de objetivos, las fuerzas israelíes aplicaban márgenes “pre-autorizados” en cuanto al número estimado de civiles que podían ser asesinados antes de que se autorizara un ataque. Concretamente, durante las primeras semanas del bombardeo se les permitía matar hasta 20 civiles durante ataques aéreos contra militantes de bajo rango, destruyendo casas enteras y matando a todos sus ocupantes.

Expertos en derecho humanitario internacional consultados por el diario The Guardian expresaron su alarma por la información que las fuerzas israelíes aceptaran y autorizaran premeditadamente daños colaterales de este gran número de civiles, apuntando que los militares tienen que evaluar la proporcionalidad de cada ataque individual. Un hecho que es poco probable que se produzca, salvo que se desarrollen y se obliguen a cumplir todo un conjunto normas éticas y reglamentarias en la hora de militarizar el uso de la IA.

 

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Los sistemas digitales que usan la inteligencia artificial se están implantando poco a poco, y son el eje sobre el cual gira la cuarta revolución industrial. Aun así, estos cambios también modifican nuestra vida laboral y plantean cuestiones éticas. ¿El monitoreo basado en algoritmos puede decidir si la empresa debe despedir a un empleado?

 

Hace muchos años que las distopías tecnológicas son un género popular en el cine y la literatura de ciencia ficción. En estos escenarios futuros, como los que aparecen en las novelas de Aldous Huxley o en series como ‘Black Mirror’, los humanos somos objeto de un control omnímodo con la ayuda de la inteligencia artificial. Estas distopías han alimentado todo tipo de teorías conspiranoicas, pero, con el éxito del teletrabajo y plataformas como Uber, Glovo y Amazon Flex, corren el riesgo de dejar de ser ficción para convertirse en una triste realidad de nuestro día a día laboral.

 

¿Es culpa del método o del algoritmo?

No es ningún secreto que plataformas digitales como Amazon hace años que usan algoritmos para gestionar los millones de clientes y comerciantes de su mercado en línea. Se trata de programas informáticos conocidos como “bots” (aféresis de “robots”) que ayudan a evitar el fraude comercial, pero con los cuales no puedes dialogar en caso de disputa.

Esta misma gestión por algoritmo Amazon la ha empleado recientemente con Amazon Flex, una modalidad de trabajo que permite a los trabajadores autónomos ganar ingresos extras gracias a los repartos de paquetería. Aun así, según una investigación de Bloomberg, algunos de estos trabajadores han sido despedidos por correo electrónico automatizado y enviado por un algoritmo. El algoritmo ha decidido, basándose en parámetros más allá del control del empleado, que su productividad no era suficiente para justificar el puesto de trabajo.

Nos encontramos en un caso similar con Xsolla, una fintech rusa que despidió 147 empleados, un 30% de su plantilla, usando un sistema de evaluación por algoritmos. Este despido se hizo viral cuando el fundador de la compañía explicó por correo electrónico a los trabajadores, y de malas formas en las redes sociales, que el sistema de inteligencia artificial (IA) había determinado que los trabajadores estaban poco implicados y eran poco productivos.

Pero sin tener que recurrir a casos extremos, es indudable que el monitoreo del tiempo de trabajo y la recogida masiva de datos sobre tu rendimiento por parte de sistemas de IA son una realidad. Este método se está implantando para cubrir la falta de supervisión humana a causa del teletrabajo. Muchas empresas ya utilizan infinidad de herramientas y aplicaciones informáticas, como Microsoft Productivity Score, Track People, Hubstaff y Asana para espiar o controlar la productividad de sus empleados. Posiblemente, la aplicación de los algoritmos de control, en sí misma, no sea el problema, sino del método de uso de estas herramientas por parte de las empresas, que sí tendrían que ser cuestionadas.

 

Un mal necesario que se tiene que regular

El uso y abuso de algunos de estos dispositivos de monitoreo puede comportar la vulneración de derechos fundamentales relacionados con la privacidad de los trabajadores. Un hecho que ha provocado que la Unión Europea haya diseñado una nueva regulación, que todavía no se ha aplicado, para minimizar las repercusiones negativas de este rápido aumento en el uso de la robótica y la inteligencia artificial en nuestro entorno socioeconómico y laboral.

La misma legislación española reconoce que las empresas tienen derecho a adoptar las medidas de vigilancia y control que consideren más oportunas para comprobar que el trabajador cumple con sus obligaciones y deberes laborales, siempre que se respete su dignidad. Pero, dentro de la Ley de Protección de Datos, existe una normativa más específica, relacionada con la protección de datos dentro de los entornos digitales, que dice que los trabajadores tienen derecho a la intimidad en el uso de los aparatos digitales puestos a su disposición por la empresa.

La normalización de la convivencia laboral entre personas e inteligencia artificial apenas acaba de empezar, y pasarán años hasta que no se resuelva la incertidumbre jurídica, legislativa y reglamentaría que ocasiona. Pero, sobre todo, requerirá un esfuerzo de transparencia y confianza por ambas partes, trabajadores y empresas, para delimitar las líneas rojas que no se tendrían que cruzar.

 

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Mientras que los Estados Unidos y la Unión Europea ya han canalizado casi 75.000 millones de euros para la producción de la próxima generación de semiconductores, Washington intensifica las sanciones contra China para evitar perder una batalla estratégica por la supremacía tecnológica que tendrá implicaciones globales.

 

En los últimos años, se ha intensificado la guerra tecnológica entre los Estados Unidos y China en el ámbito de la producción de circuitos integrados esenciales en una amplia gama de aplicaciones, desde smartphones hasta automóviles, equipación militar o la investigación científica.

Durante décadas, los Estados Unidos han dominado la industria de la producción de microchips, con empresas como Intel, Qualcomm y Nvidia, que les han otorgado una ventaja estratégica en un mundo cada vez más digitalizado. Aunque actualmente solo tienen una cuota mundial del 10% en la producción de semiconductores, dominan la cadena de valor en un 40%. Además, tienen un control absoluto sobre los grandes productores de microchips en Taiwán, Corea del Sur y Japón, así como de ASML, la empresa holandesa líder en el desarrollo y fabricación de máquinas fotolitográficas que se utilizan para producir estos circuitos integrados.

La entrada en juego de nuevos actores como la China es vista como una amenaza contra la hegemonía tecnológica de los Estados Unidos. En este contexto, hace años que Washington ha ido aprobando toda una serie de sanciones para castrar la competencia y el desarrollo tecnológico del gigante asiático bajo diferentes justificaciones sobre seguridad nacional mientras obligaba sus Estados clientelares a aplicar las mismas restricciones.

 

Más sanciones y más subvenciones

Según informaba Bloomberg este domingo 12, los Estados Unidos y la Unión Europea ya han canalizado casi 75.000 millones de euros para la producción de la próxima generación de semiconductores, intensificando un enfrentamiento global con China por la supremacía de los chips. Solo el mes pasado, funcionarios de la administración norteamericana anunciaron 5.650 millones en subvenciones para Micron Technology Inc., el mayor fabricante estadounidense de chips de memoria para computadoras.

Se trata de la primera fase de una inversión de unos 351.000 millones de euros destinados por gobiernos de la esfera de influencia norteamericana para impulsar el desarrollo y producción de los microprocesadores más avanzados.

Al mismo tiempo, Washington ha revocado las licencias que aún permitían a empresas como Intel y Qualcomm vender algunos chips para ordenadores portátiles y teléfonos móviles Huawei, el fabricante chino de equipos de telecomunicaciones anteriormente ya sancionado.

Por su parte, Pekín han anunciado recientemente subvenciones para las empresas que compren chips de inteligencia artificial (IA) de producción nacional. En el marco de esta iniciativa, la ciudad aspira a ser 100% autosuficiente en hardware y software de infraestructuras informáticas inteligentes para el 2027.

“No hay duda que hemos pasado el Rubicón en términos de competencia tecnológica con China, particularmente en semiconductores,” dijo Jimmy Goodrich, alto funcionario de China y asesor tecnológico estratégico de Rand Corp. “Ambas partes básicamente han hecho de este uno de sus principales objetivos estratégicos nacionales.

 

El impacto negativo de las sanciones

Las sanciones y los controles a la exportación no solo han tenido repercusiones negativas para China, limitando su acceso a la última generación de semiconductores, sino también para las empresas occidentales que han perdido una gran cuota de mercado y de sus ingresos.

Por otro lado, esto ha acelerado el desarrollo tecnológico y la competencia de las empresas chinas en un sector también considerado estratégico para su gobierno, que está intensificando sus inversiones nacionales en chips más avanzados, al mismo tiempo que reduce las cuotas de mercado de las empresas estadounidenses.

Del mismo modo, los fabricantes de chips taiwaneses, que actualmente poseen casi la mitad de la capacidad mundial de producción de chips, probablemente verán disminuir su cuota de mercado global a consecuencia del impulso inversor de China. Dado que la tecnología y la seguridad nacional están cada vez más interrelacionadas, es poco probable que las sanciones occidentales contra los semiconductores moderen las ambiciones del gigante asiático.

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La Reserva Federal de los Estados Unidos lanzará este verano un sistema de pagos en tiempo real pensado para agilizar las transacciones entre cuentas bancarias. Este avance es visto por algunos críticos como un nuevo paso hacia un dólar digital para contrarrestar las criptomonedas y eliminar el dinero en efectivo.

 

En un mundo cada vez más digital e interconectado, los sistemas de pago están evolucionando para adaptarse a las necesidades de empresas y consumidores que piden tener acceso a servicios de pago rápidos para hacer gestiones de manera más eficaz y poder controlar mejor su tesorería. El sector privado ha sido la punta de lanza de esta evolución, pero los gobiernos también quieren tomar partido.

Para satisfacer estas necesidades, la Reserva Federal de los Estados Unidos tiene previsto introducir en julio de este año un nuevo sistema de pagos conocido cómo lo FedNow. Esta nueva plataforma de pagos instantáneos está diseñada para hacer posibles pagos seguros y eficientes en tiempo real, las 24 horas del día y los 365 días del año.

Esto supone una gran ventaja para empresas y consumidores, puesto que no tendrán que depender de los plazos de procesamiento tradicionales, que ahora pueden ser de varios días hábiles. El nuevo sistema permitirá que los fondos se transfieran inmediatamente entre las cuentas bancarias participantes, y al tratarse de una organización gubernamental sin ánimo de lucro podrá ofrecer precios más competitivos.

Por otro lado, la adopción del FedNow por los bancos, las  empresas y las principales instituciones financieras de los Estados Unidos podría provocar que otras entidades extranjeras se vieran forzadas a utilizar el servicio. Esto es significativo porque podría ayudar al dólar, también en formato digital, a perpetuar su reinado en las transacciones transfronterizas internacionales. Este escenario no se puede descartar frente a la creciente desdolarización y el anuncio del lanzamiento de una nueva moneda por parte del grupo de los BRICS.

 

¿Un nuevo sistema de pagos relacionado con el dólar digital?

Paralelamente al lanzamiento del FedNow, la Reserva Federal está estudiando la posibilidad de introducir el dólar digital. Como ya han hecho otros países, se trataría de poner en circulación una moneda digital vinculada al banco central (CBDC). Esta propuesta ha generado críticas por el hecho de que podría afectar las libertades fundamentales de la ciudadanía, aumentando la capacidad de los gobiernos para rastrear y controlar a la población.

En este sentido, el gobernador del estado de Florida Ron DeSantis y el candidato presidencial Robert Kennedy Jr, cuestionan los motivos que hay detrás de la posible introducción del dólar digital y del nuevo sistema de pagos de la FedNow. Concretamente, Robert Kennedy Jr manifestó que la emisión de un dólar digital servirá como un mecanismo para controlar a los ciudadanos estadounidenses, igual que el sistema de pagos FedNow, afirmando que “la distinción entre el FedNow y una CBDC es importante desde un punto de vista técnico, pero no desde el punto de vista de las libertades civiles”.

A raíz de estas declaraciones que pretenden vincular las dos propuestas, se ha desatado la polémica en redes sociales, en las cuales circulan contenidos que afirman que la Reserva Federal lanzará este julio una moneda digital de banco central llamada FedNow, que dará más poder al Gobierno para ratificar la esclavitud financiera y la tiranía política.

Una desinformación que se ha viralizado hasta el punto que la Reserva Federal ha visto necesario desmentirla oficialmente, apuntando que “FedNow no está relacionado con una moneda digital. FedNow es un servicio de pagos que la Reserva Federal pone a disposición de bancos y cooperativas de crédito para transferir fondos. El servicio FedNow no es una forma de moneda ni un paso hacia la eliminación de ninguna forma de pago, incluido el efectivo.”

Adicionalmente, Jerome Powell y Lael Brainard, presidente y exvicepresidenta de la Reserva Federal, señalaban que todavía podrían faltar años para ver un dólar digital convertirse en realidad, pero que el FedNow se podría perfilar como una mejor alternativa a una CBDC. Sea como sea, la controversia está servida, y es probable que impulse todavía más el argumento a favor de las criptomonedas, como monedas digitales descentralizadas que pueden servir como una defensa contra las CBDC u otras alternativas monetarias apoyadas por el Estado.

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El Sistema Financiero Cuántico (QFS) introducirá un nuevo sistema descentralizado de pagos interbancarios transfronterizos basado en una moneda digital sostenida por activos físicos como el oro.

 

Si bien es cierto que el mundo de los servicios financieros está en constante evolución, el Sistema Financiero Cuántico (QFS) tiene el potencial de revolucionar un sector bancario que a menudo se encuentra limitado por sistemas heredados que no dan más de sí ante la necesidad de adaptarse a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

Antes de profundizar en el papel del oro dentro del QFS, es importante entender qué se trata de un nuevo desarrollo tecnológico que usaría la computación y criptografía cuántica a través de una plataforma de cadena de bloques (blockchain), las cuales permitirían realizar transacciones seguras y rápidas sin la necesidad de intermediarios como bancos e instituciones financieras.

Una de las principales ventajas del QFS es su capacidad para prevenir el fraude y el blanqueo de dinero, que son unas de las grandes preocupaciones en el sistema financiero actual. Esto se conseguiría mediante el uso de tecnologías avanzadas de encriptación y autenticación que asegurarían la inmutabilidad de los datos, evitando su manipulación y garantizando la integridad de las transacciones.

Además, un sistema financiero cuántico sería especialmente útil en aplicaciones donde los algoritmos se alimentan de flujos de datos en tiempo real, facilitando la transferencia de información y haciendo posibles transacciones financieras casi instantáneas, que los clientes podrían ver inmediatamente actualizadas en sus plataformas digitales.

 

El papel del oro en el QFS

Una de las formas en que el QFS puede revolucionar el sector financiero es a través de la creación de una moneda digital sostenida por activos físicos. No se trataría de una criptomoneda sino de una moneda digital que podría estar apoyada por oro físico, lo cual garantizaría su valor y estabilidad. De este modo, solo las monedas apoyadas por oro con un certificado digital de oro podrían participar en las transacciones de un QFS.

La impresión y vertido de grandes cantidades de dinero en la economía a través de déficits fiscales cada vez más insostenibles están dañando la credibilidad del sistema mundial de moneda fiduciaria, así como deteriorando las finanzas de los gobiernos. Por lo tanto, no es de extrañar que la incertidumbre económica y la pérdida de confianza en las divisas fiat incentiven un retorno a las monedas fiduciarias apoyadas por valores seguros como los metales preciosos.

En este contexto, es probable que el oro ejerza un papel cada vez más importante como apoyo de divisas y transacciones, un sistema monetario en el cual el valor de las divisas esté sostenido por su convertibilidad en oro. El ejemplo del QFS no es único, Zimbabue está a punto de introducir una moneda digital de curso legal sostenida por oro con el objetivo de ayudar a estabilizar la economía ante la rápida depreciación del dólar zimbabuense. Una tendencia que algunos analistas ven como una señal inequívoca de un cambio de paradigma en el sistema monetario internacional.

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En los últimos años se ha extendido el mito de que nuestra mala gestión del correo electrónico es sumamente dañina para el medio ambiente. Las últimas investigaciones relativizan su impacto y apuntan a otros hábitos digitales como responsables de una parte apreciable del calentamiento global.

 

El libro ‘How Bad Are Bananas? The Carbon Footprint of Everything’, publicado en 2010, ha popularizado la idea de que los correos electrónicos provocan una gran huella de carbono. Su autor estimaba que cada mensaje, aunque solo sea para responder “gracias”, genera un mínimo de 0,3 gramos de CO₂ por el consumo energético asociado a nuestros dispositivos y, sobre todo, a los grandes centros de datos. Y hay que tener en cuenta que cada día se envían entre 150.000 y 300.000 millones de correos electrónicos en el mundo, aunque la mayoría son ‘spam’.

Algunas investigaciones recientes relativizan ese supuesto perjuicio medioambiental de nuestros mensajes. Aparte de liberar algo de espacio en los servidores que los alojan, no hay pruebas de que se reduzca sustancialmente el consumo energético de la infraestructura digital si evitamos nuestros correos prescindibles y borramos los innecesarios. 

Muy rara vez encendemos un móvil u ordenador solo para enviar un correo electrónico y tanto los sistemas de almacenamiento como los de transmisión de datos funcionan sin descanso, incluso cuando no los utilizamos, por lo que el consumo de energía se mantiene bastante estable.

Una perspectiva actualizada

Con las nuevas estimaciones, se calcula que calentar agua en una tetera requiere más electricidad que el envío y almacenaje de mil correos electrónicos. Y eliminar ese millar de mensajes de nuestra bandeja tendría un beneficio de carbono de unos cinco gramos de CO₂, lo mínimo que generaría nuestro ordenador en media hora si lo mantenemos encendido para borrarlos. Aunque cueste asimilarlo, borrar manualmente los correos electrónicos puede tener un mayor impacto en las emisiones de carbono que almacenarlos.

En realidad, una primera medida eficaz para limitar la huella de carbono del correo electrónico es reducir en la medida de lo posible el número de dispositivos electrónicos que compramos para gestionarlo y conservarlos el mayor tiempo posible, ya que su fabricación genera una huella de carbono importante. 

Pero, sobre todo, salvaguardar el medio ambiente pasa por utilizar dispositivos que ofrezcan una buena eficiencia energética y racionalizar el tiempo en que los mantenemos encendidos: no hay que olvidar que una parte de la electricidad con la que alimentamos esos dispositivos tiene su origen en combustibles fósiles.

El origen de un tráfico excesivo

Obviamente, evitar correos innecesarios, escribir de forma concisa, incluir hipervínculos a archivos en lugar de adjuntarlos, limitar el número de destinatarios, vaciar regularmente la carpeta de ‘spam’ y darse de baja de boletines que realmente no nos interesan son buenas prácticas que reducirán el tráfico de Internet. Pero, si realmente queremos contribuir con nuestros hábitos digitales a la buena salud del planeta, deberíamos mirar más allá de nuestro correo electrónico. 

Los intercambios de ‘e-mails’ solo representan el 1% del tráfico de Internet, lo cual es una minucia si lo comparamos con los servicios de ‘streaming’ de vídeo, que ya suponen más del 80% de lo que transita por la red. Y eso sí supone una cantidad apreciable de toneladas de CO₂.

 

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Este mes de abril del 2024, el halving de bitcoin reducirá a la mitad la recompensa otorgada a los mineros por cada bloque validado. En anteriores halvings, el bitcoin experimentó subidas de precios de tres dígitos. ¡Date de alta en Bitvavo desde 11Onze Recomienda y te regalamos 20 € para que empieces a operar con criptomonedas!

 

El halving de Bitcoin es un acontecimiento programado en el cual las recompensas por minería y verificación de nuevos bloques se reduce al 50%, es decir, los mineros solo ganan la mitad de la cantidad de BTC por bloque minado.

Se produce un halving cada 210 000 bloques o cada cuatro años aproximadamente. Actualmente, hay unos 19,5 millones de bitcoins en circulación, por lo tanto, todavía quedan 1,5 millones para minar antes de lograr el límite de emisión autoimpuesto de 21 millones de BTC.

Se prevé que el halving de este año se produzca entre el 19 y el 20 de abril, cuando la recompensa pasará de 6,25 BTC a 3,125 BTC por bloque. Al mismo tiempo, se reducirá la tasa de inflación de la criptomoneda y se espera que tenga un efecto positivo en el precio del bitcoin.

 

El efecto contagio del halving

Este entusiasmo por el halving del BTC puede conducir a una mayor inversión en altcoins, porque los inversores se muestran más optimistas sobre el posible crecimiento del precio de otras criptomonedas.

De hecho, ya hay otros activos que se han visto arrastrados por la reciente subida de precio del Bitcoin. Las blockchain de Solana y Avalanche han experimentado un aumento significativo de su valor. Así como es el caso de las meme coins, que han llegado a estar entre las 100 principales criptomonedas por capitalización.

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Todo y la reciente corrección bajista, el bitcoin y otras criptomonedas han experimentado una subida de precio meteórica que ha beneficiado a los usuarios de 11Onze que invirtieron en criptomonedas a través de Bitvavo. Hacemos un repaso a las últimas novedades del mundo cripto con Oriol Blanch, mánager de afiliados de Bitvavo.

 

Tal como se esperaba, el inminente halving y la entrada en juego de la comercialización de ETF (Exchange Traded Funds) vinculados al bitcoin al contado han impulsado la popularización de la inversión en criptoactivos a través de los mercados tradicionales y han contribuido a la subida del valor del bitcoin.

Es verdad que el precio del bitcoin ha experimentado una corrección bajista de un 11.65% desde que logró el máximo histórico de 73.949 $ y que los flujos de ETF se han estabilizado, pero el incremento de valor de la criptomoneda reina ha sido espectacular. Cómo explica Oriol Blanch, “Muchas instituciones empiezan a confiar en este activo y despacio se está viendo que es un activo que ha llegado para quedarse. Cada vez hay más comercios y empresas que aceptan esta criptomoneda.”

Más allá del bitcoin

Mientras el BTC continuaba subiendo de precio, también se disparó el mercado de las altcoin, es decir criptomonedas alternativas a las más populares y con más capitalización de mercado, como por ejemplo el bitcoin y el ethereum. “Hay otros muchos activos que se han visto arrastrados por esta subida de bitcoin y que han aportado muchos beneficios en la comunidad o inversores que apostaron”, apunta Blanch.

Las blockchain de Solana y Avalanche han experimentado un aumento significativo de su valor. Las bajas comisiones por transacción y la velocidad más grande de estas dos redes de criptomonedas en comparación con la de Ethereum han facilitado un aumento significativo de su volumen de transacciones.

Cómo señala el mánager de afiliados de Bitvavo, “Ethereum es una blockchain muy antigua, muy segura y está muy descentralizada, pero, por otro lado, es muy cara. Puedes llegar a pagar entre 15 y 50 dólares por transacción, lo cual no es escalable.”

 

La popularidad de las meme coins

Uno de los tópicos que estaba al orden del día en la Paris Blockchain Week que se ha celebrado del 9 al 11 de abril, es el de las monedas meme o meme coins, un tipo de activos virtuales basados en memes de Internet. Influencers y grupos de inversores bombardean constantemente las redes sociales sobre proyectos de este tipo.

De este modo y a pesar de sus orígenes, las meme coins se han hecho un lugar importante en el mercado y algunas incluso han llegado a estar entre las 100 principales criptomonedas por capitalización. Meme coins de moda, como Pepe, Floki, Bonk y otras, han registrado un repunte masivo de su valor. Y es que, como dice Blanch, “poder hacer dinero especulando con estos activos, es una cosa que parece ser muy atractiva para la gente a la que le gusta este mundo.”

 

11Onze Recomienda Bitvavo, las criptomonedas de manera fácil, segura y abajo precio.

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La automatización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando la manera en que vivimos y trabajamos. Estos adelantos tecnológicos mejoran la productividad, pero también plantean retos y preguntas sobre cómo afectarán a los trabajadores y a la economía en general.

 

La evolución de la duración de la jornada laboral ha mantenido una tendencia decreciente en las últimas cuatro décadas. Según un informe publicado en el Boletín Económico del Banco de España, la media de la jornada laboral en el Estado entre 1987 y 2019, se ha reducido de 37 a 31,8 horas semanales.

Este estudio analiza el conjunto de cambios estructurales de la economía que han contribuido a la reducción de la jornada laboral y las perspectivas que se mantenga esta tendencia en un futuro. Señala el aumento del peso del sector servicios, el impulso a la parcialidad laboral y el progreso de la tecnología como principales factores contribuyentes al descenso de la media de jornada laboral.

Los avances tecnológicos en automatización, robótica y digitalización de la información y la comunicación, han modificado la naturaleza de muchas tareas laborales y posibilitado una reducción de la carga de trabajo sin disminuir la productividad. Una reducción de la jornada laboral que facilita la conciliación entre la vida laboral y personal, reduce el estrés y mejora de la salud y el bienestar de los trabajadores.

Aun así, y a pesar de que es cierto que la tecnología comporta beneficios personales y contribuye a aumentar la productividad y la eficiencia a las empresas, también puede tener un impacto negativo en los trabajadores al reemplazar algunos trabajos con la automatización o reducir las horas de trabajo disponibles.

 

Invertir en educación y formación

El informe señala que la inversión en capital humano y la innovación son factores clave en la mejora de la productividad. Es decir, las regiones que invierten en educación y formación tienen una fuerza laboral más preparada para la adopción de nuevas tecnologías y para aprovechar las oportunidades de esta revolución ocupacional.

Según el estudio de Randstad, ‘Flexibility at work, abrazando lo cambio’, en el Estado español el 52% de los puestos de trabajo actuales corre el riesgo de automatizarse, parcialmente o totalmente, en la próxima década. Aun así, hay que tener en cuenta que cuando hablamos de pérdida de puestos de trabajo, son las tareas que requieren menos competencias, y no las profesiones en sí mismas, las que la tecnología está automatizando.

En un contexto de crisis económica y ante la incapacidad de muchas empresas para aumentar los salarios significativamente, la reducción de horas de trabajo, manteniendo los salarios y la productividad, puede ser un factor determinante en la hora de captar talento. En todo caso, el proceso de adaptación por parte de la sociedad a esta nueva realidad laboral requerirá la colaboración del tejido empresarial y la administración pública porque nadie se quede atrás.

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