QFS: entre la promesa y la realidad operativa
La computación cuántica ya no es ciencia ficción. Gobiernos, bancos y grandes corporaciones invierten miles de millones con la promesa de revolucionar la industria, la seguridad digital y, también, el sistema financiero. Pero, ¿hasta qué punto puede transformar realmente el dinero? ¿Y qué hay de cierto detrás de conceptos como el “sistema financiero cuántico”?
Durante décadas, el sistema financiero ha avanzado en paralelo al desarrollo de la computación clásica. Cada salto en capacidad de cálculo ha permitido procesar más información en menos tiempo, acelerando los mercados, sofisticando los productos financieros y multiplicando exponencialmente el volumen de datos disponibles. Este progreso, sin embargo, tiene un límite estructural.
El problema no es solo la cantidad de datos, sino la naturaleza de los retos a los que se enfrentan las finanzas modernas. La gestión del riesgo sistémico, la optimización de carteras globales con miles de variables interdependientes, la detección de fraude en tiempo real o la simulación de escenarios de crisis no crecen de manera lineal, sino exponencial. Cada nueva variable no suma complejidad: la multiplica.
En este escenario, los ordenadores tradicionales se ven obligados a simplificar modelos, asumir aproximaciones o renunciar a escenarios posibles porque calcularlos todos resulta computacionalmente inviable. Es aquí donde el sistema comienza a mostrar signos de agotamiento: no porque falte información, sino porque falta capacidad real para comprenderla en conjunto.
Es precisamente en este punto de saturación donde la computación cuántica aparece como un posible cambio de paradigma. No tanto para hacer los mismos cálculos más rápido, sino para abordar problemas que, hasta ahora, eran prácticamente irresolubles con la lógica computacional clásica.
¿Qué es realmente la computación cuántica?
La computación cuántica no es una versión más rápida de los ordenadores actuales, sino una manera radicalmente diferente de procesar la información. Mientras que la computación clásica se basa en bits que solo pueden adoptar dos estados posibles —0 o 1—, la computación cuántica utiliza qubits, unidades de información que pueden existir simultáneamente en múltiples estados gracias al fenómeno físico de la superposición cuántica.
Esta propiedad no implica que un ordenador cuántico “lo sepa todo a la vez”, como a menudo se presenta de forma simplista, sino que es capaz de explorar un espacio de soluciones mucho más amplio en un solo proceso de cálculo. En lugar de avanzar paso a paso, como hace un ordenador convencional, puede analizar múltiples caminos posibles de manera paralela.
Ahora bien, esta ventaja no es universal. La computación cuántica no sustituye a la computación clásica, sino que la complementa. Es especialmente potente en problemas donde la complejidad crece de forma explosiva y donde los métodos tradicionales se ven obligados a simplificar, descartar variables o asumir aproximaciones.
Es el caso de:
- Optimizaciones complejas, como la asignación eficiente de recursos financieros con miles de restricciones interdependientes.
- Simulaciones masivas, que permiten modelizar escenarios económicos o de mercado con un número de variables imposible de abordar exhaustivamente con ordenadores clásicos.
- Análisis de grandes volúmenes de datos, especialmente cuando es necesario identificar patrones sutiles en entornos altamente ruidosos.
- Criptografía avanzada, tanto en la capacidad potencial de romper sistemas actuales como en el desarrollo de nuevos mecanismos de seguridad resistentes a ataques cuánticos.
Este potencial explica por qué entidades financieras globales como JPMorgan Chase, Goldman Sachs o BBVA ya colaboran con empresas tecnológicas como IBM o Google en proyectos experimentales. No para reinventar el dinero, sino para entender hasta qué punto esta nueva capacidad de cálculo puede mejorar la gestión del riesgo, la eficiencia operativa y la seguridad del sistema financiero.
¿Puede existir un “sistema financiero cuántico”?
En paralelo al avance real de la computación cuántica, en los últimos años ha ganado presencia un concepto mucho más difuso: el del sistema financiero cuántico o QFS. A menudo se presenta como una futura red monetaria global, totalmente segura, descentralizada, inmune a la corrupción y, en algunas versiones, incluso respaldada por oro.
A día de hoy, no existe ningún sistema financiero cuántico operativo ni en fase de implementación. Ningún banco central, ningún organismo multilateral ni ninguna institución financiera de primer nivel ha anunciado la creación de una nueva arquitectura monetaria basada en tecnología cuántica. Tampoco existe ninguna hoja de ruta oficial orientada a sustituir infraestructuras clave del sistema financiero internacional, como SWIFT, mediante ordenadores cuánticos.
Este vacío institucional es clave. Los sistemas monetarios no cambian por una innovación tecnológica aislada, sino a través de procesos políticos, regulatorios y geopolíticos complejos. La historia monetaria demuestra que la tecnología puede facilitar cambios —como hizo la informática con los pagos electrónicos—, pero nunca es su motor principal. El poder de emitir moneda, regularla y controlar sus flujos sigue estando en manos de los Estados y los bancos centrales.
Esto no significa que la computación cuántica sea irrelevante para las finanzas. Al contrario: puede transformar profundamente la forma en que se calculan los riesgos, se protegen los datos o se optimizan los procesos. Lo que no hará, sin embargo, es redefinir por sí sola las reglas del juego monetario. Pensar que una nueva capacidad de cálculo puede sustituir instituciones, soberanías o equilibrios de poder es confundir una herramienta con un sistema.
En este sentido, el discurso del QFS responde más a la necesidad de encontrar soluciones tecnológicas a problemas estructurales del sistema financiero —desconfianza, opacidad o inestabilidad— que a un proyecto realista. La tecnología puede mejorar el sistema, pero no puede despolitizarlo.
Donde sí puede transformar el sistema financiero
El potencial real de la tecnología cuántica aplicada a las finanzas es mucho menos espectacular de lo que prometen algunos relatos, pero también mucho más sólido y plausible. No apunta a una ruptura súbita del sistema, sino a una mejora progresiva en aquellos puntos donde la complejidad ha superado claramente la capacidad de los modelos tradicionales, como por ejemplo:
- Gestión del riesgo y estabilidad sistémica. Los modelos actuales de riesgo suelen fallar en escenarios extremos, como quedó demostrado en 2008. La capacidad cuántica de simular miles de escenarios complejos podría mejorar la detección de vulnerabilidades antes de que se conviertan en crisis.
- Lucha contra el fraude. Con millones de transacciones por segundo, identificar patrones fraudulentos es cada vez más difícil. Algoritmos cuánticos podrían detectar anomalías de forma mucho más eficiente.
- Criptografía y seguridad. El lado oscuro de la computación cuántica es que podría romper los sistemas de encriptación actuales. Por ello, bancos centrales y gobiernos ya trabajan en criptografía postcuántica, no para crear dinero nuevo, sino para proteger el existente.
- Eficiencia en mercados globales. Mejores cálculos pueden reducir costes, errores e intermediarios, especialmente en pagos internacionales.
Lo que no hará la computación cuántica
Es importante decirlo sin ambigüedades. La computación cuántica puede mejorar herramientas, procesos y capacidades de cálculo, pero no puede resolver problemas que no son técnicos, sino estructurales y políticos. Confundir una innovación tecnológica con una solución sistémica es un error recurrente en momentos de cambio. Por este motivo conviene tener presente que:
- La tecnología cuántica no eliminará la inflación, porque la inflación no es un problema de cálculo, sino de política monetaria, oferta de dinero, deuda y confianza. Ningún ordenador, por potente que sea, puede evitar que los bancos centrales impriman moneda o que los Estados gestionen mal sus finanzas.
- Tampoco garantizará transparencia política. La transparencia depende de normas, instituciones y voluntad democrática, no de la capacidad de procesar datos. Un sistema opaco puede seguir siéndolo, aunque funcione con la tecnología más avanzada del mundo.
- La computación cuántica no eliminará la corrupción, porque esta no nace de errores de programación, sino de relaciones de poder, incentivos perversos y falta de control. La historia demuestra que la tecnología suele ser neutral: puede utilizarse tanto para vigilar abusos como para perfeccionarlos.
- Y, finalmente, no democratizará automáticamente la creación de riqueza. El acceso a la tecnología, como ha ocurrido con todas las grandes innovaciones, tiende a concentrarse primero en manos de quienes ya tienen capital, conocimiento y capacidad de influencia. Sin cambios institucionales, la brecha puede incluso ampliarse.
En esencia, el dinero seguirá siendo una herramienta de poder, regulada por Estados, bancos centrales e intereses geopolíticos. La computación cuántica puede hacer el sistema más rápido, más eficiente o más sofisticado, pero cambiar el procesador no cambia el sistema. Las reglas del juego no las escribe la tecnología, sino la política.
Antes del futuro cuántico, un presente digital vigilado
El debate real ya está aquí y es profundamente digital. Las monedas digitales de banco central avanzan como una realidad inminente y plantean cuestiones inmediatas sobre privacidad, control y libertad económica. En este contexto, el supuesto sistema financiero cuántico queda relegado a un horizonte lejano, mientras que la digitalización total del dinero —con todas sus implicaciones políticas y sociales— se está desplegando sin apenas debate público.
Ante este escenario, el papel del ciudadano no pasa por adherirse a promesas tecnológicas, sino por comprender cómo funciona realmente el sistema monetario, diversificar riesgos y reducir la dependencia de relatos salvadores. La historia demuestra que, en momentos de experimentación e incertidumbre financiera, la protección del patrimonio tiende a buscar refugio en aquello que no depende de algoritmos ni de emisores: activos reales, escasos y auditables. Porque, al final, la tecnología puede cambiar las herramientas, pero el futuro del dinero no será mágico ni automático: seguirá siendo, sobre todo, una decisión política.
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La necesidad de rapidez, trazabilidad y transparencia en los pagos internacionales manifestada por las empresas era una de las asignaturas pendientes del sector bancario. La adopción generalizada del servicio SWIFT gpi ha transformado la experiencia de los pagos transfronterizos.
El protocolo de comunicación entre bancos SWIFT, el acrónimo de Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunications, es una red de mensajería que las entidades financieras usan para transmitir información e instrucciones de pago en el ámbito global. Y lo hacen mediante un sistema seguro y estandarizado. Aunque existen sistemas alternativos, como el SPFS ruso o lo CIPS chino, estos todavía son minoritarios.
A pesar de la popularidad del protocolo SWIFT, la creciente globalización y digitalización del comercio internacional puso de manifiesto algunas de las carencias del sistema. Lentitud, retrasos, errores, poca transparencia y altas comisiones en las transferencias eran quejas habituales entre los clientes.
Para arreglar estas deficiencias, a principios de 2017 SWIFT introdujo el servicio gpi (Global Payment Innovation). Durante el primer año de su puesta en marcha, el 30% de los pagos transfronterizos internacionales se enviaron a través de SWIFT gpi, y el 2020 este porcentaje había aumentado al 70%.
Rapidez, trazabilidad y transparencia
Se trata de un protocolo que añade un proceso de ‘tracking’ o seguimiento a través de un código de referencia único, similar al que se aplica cuando enviamos o recibimos un paquete por mensajería. Por lo tanto, permite disponer de una visión en tiempo real de la transferencia, desde el envío hasta la recepción de los fondos. Inicialmente, solo los bancos tienen acceso directo a esta información, pero se puede transmitir a los clientes que lo soliciten.
La capacidad de compartir esta información adicional con los clientes no solo mejora la experiencia del cliente, sino que, según SWIFT, elimina la intervención manual y ahorra en costes de recursos al reducir las investigaciones de los clientes. Aun así, los costes, comisiones y deducciones que aplican los intermediarios son conocidos en detalle por todas las partes.
Por otro lado, el sistema de pagos en tiempo real – la mitad de los pagos gpi de SWIFT se abonan en menos de 30 minutos y todos en menos de 24 horas – hace menos probable que los bancos ‘guarden’ el dinero de los clientes durante horas o días hasta que los ingresan en la cuenta del destinatario, y facilita que una gran parte de los pagos se hagan efectivos mismo día.
Y aquí está la clave del éxito y posible evolución de esta tecnología. La rápida adopción del SWIFT gpi por parte de las entidades financieras se tendría que traducir en un beneficio mutuo, facilitando que los usuarios tengan acceso directo y en tiempo real a la información del gpi, sin requerir una llamada al banco, empoderando al cliente.
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En l’àmbit de les tecnologies i la revolució digital, Europa està subordinada a les dues grans superpotències, els Estats Units i la Xina. L’última constatació ha estat la crisi dels microxips i dels semiconductors. A 11Onze analitzem com es distribueix el poder tecnològic al món i com la Unió Europea lluita per construir la seva sobirania digital. Ho aconseguirà?
Europa va surfejar tan superficialment la primera onada tecnològica que no va aconseguir contrarestar l’hegemonia dels Estats Units a internet, però ha d’aprofitar la següent. La Comissió Europea reconeix que la transformació digital d’Europa i la sobirania són una qüestió d’importància cabdal, i ha establert un pla estratègic per desenvolupar les seves pròpies capacitats i tecnologies digitals.
La nova guerra freda i les creixents tensions entre els Estats Units i la Xina són un incentiu addicional perquè Europa assoleixi una independència tecnològica si vol evitar el risc de convertir-se en un camp de batalla en la lluita per la supremacia tecnològica i industrial entre aquests dos països. La implantació de les xarxes 5G i les sancions econòmiques dels Estats Units contra la Xina, amb l’excusa de l’espionatge, en són un perfecte exemple.
La decisió unilateral de l’administració del president Trump de treure als Estats Units de l’acord nuclear amb l’Iran i implementar noves sancions econòmiques va posar de manifest la incapacitat de la Unió Europea a l’hora de mantenir una mínima sobirania geopolítica. Els tímids intents, per part dels Estats europeus, de crear un sistema de transaccions bancàries alternatiu al SWIFT, per tal d’eludir les amenaces de Washington i preservar l’acord amb l’Iran, van quedar en paper mullat.
Tanmateix, si alguna cosa hem après de la pandèmia de la Covid-19, és que la infraestructura digital ha esdevingut fonamental per al benestar social i pel funcionament de l’economia. La connectivitat digital ens ha permès mantenir una certa normalitat en l’accés de la població als serveis dels centres educatius i mèdics durant el confinament, que difícilment hauria sigut possible sense aquesta metamorfosi tecnològica.
Mantenir la competitivitat d’Europa
El mercat únic és el nucli per a fer de l’economia digital europea un líder mundial, i en aquest sentit la Comissió Europea va proposar un pla estratègic per adaptar el mateix concepte a l’àmbit digital. Un ambiciós projecte que s’ha anat ampliant al llarg dels anys i que pretén reforçar l’economia digital de la Unió Europea mitjançant la millora dels requisits de responsabilitat i seguretat de plataformes i proveïdors de serveis digitals.
En aquest sentit, aquest passat desembre, es va anunciar una inversió de 1.000 milions d’euros per donar suport al programa Connecting Europe Facility (CEF), o Mecanisme per Connectar Europa, que defineix l’àmbit d’aplicació de les mesures a les quals dona suport la Unió Europea, necessàries per a la creació d’infraestructures i projectes de connectivitat d’interès comú dels estats membres.
Les noves normes, anunciades recentment, per a la distribució de programari de codi obert són una altra mesura pensada per a fer accessible al públic el codi font dels seus programes informàtics en benefici dels serveis públics, les empreses i la ciutadania, i així esperonar la innovació.
Totes aquestes propostes i mesures busquen assegurar que la Unió Europea no només sigui líder en l’àmbit regulador, sinó que també pugui competir o mantenir un mínim de sobirania en un sector geoestratègic que cada vegada esdevé més essencial.
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Els economistes fan previsions de cap on portarà l’economia l’automatització del treball, però si d’una cosa podem estar segurs és que la tendència no fa més que guanyar força. Analitzem els canvis que venen i com ens hi podem adaptar per assegurar el nostre futur laboral.
La tecnologia continua avançant a un ritme vertiginós i, com vam aprendre de l’última Revolució Industrial, l’automatització de processos en el món laboral comporta la destrucció de llocs treball. Segons l’estudi de Randstad ‘Flexibility at work, Abrazando el cambio’, a l’Estat espanyol el 52% dels llocs de treball actuals corre el risc d’automatitzar-se, parcialment o totalment, en la pròxima dècada. Però també poden sorgir noves oportunitats pels que saben aprofitar aquesta inevitable metamorfosi ocupacional.
L’arribada de l’anomenada Quarta Revolució Industrial ens ha d’esperonar a pensar en noves maneres d’aportar valor en el nostre lloc de treball abans que aquesta automatització o intel·ligència artificial assumeixi les nostres tasques. L’efecte final de l’automatització pot ser i ha de ser una cosa molt positiva per la gran majoria de la població. Sobretot si com a societat entenem que, mentre molts treballadors senten com una amenaça real la inseguretat econòmica, també ens permet adaptar-nos a aquesta transició i a la nova realitat tecnològica.
Eficiència i rendibilitat
Transferir les tasques de producció de mans humanes a un conjunt tecnològic optimitza la producció en massa, redueix els costos de producció i l’ús de recursos i, alhora, incrementa la rendibilitat. No només el teixit industrial augmentarà les tasques que destina a l’automatització, sinó que també se’n beneficiaran sectors tecnològics de l’administració, les finances o la logística.
I això és clau, perquè, quan parlem de pèrdua de llocs de treball, els experts afirmen que són les tasques, i no les professions en si mateixes, les que la tecnologia està automatitzant. És a dir, aquestes tecnologies no tenen per què substituir a les persones, però sí a les tasques que són menys valorades o que requereixen menys habilitats, competències o coneixements professionals.
Educació i formació continuada
La importància d’adquirir competències digitals és, òbviament, una necessitat que no podem desestimar si ens hem d’adaptar a aquest nou escenari laboral dominat per les noves tecnologies, però no podem oblidar que això implica una formació continuada i en constant actualització.
Una de les coses que hem après arran de la pandèmia de la Covid-19 és la importància de moltes professions de serveis essencials, sanitàries o de l’àmbit de l’educació, on el factor humà no és fàcilment substituïble per la tecnologia, com tampoc ho són feines que requereixen habilitats com la creativitat o la capacitat de comunicació. Aquests són sectors de l’economia que difícilment es veuran afectats d’una manera significant per l’automatització, almenys en un futur pròxim.
Resta per veure com la tecnologia, la intel·ligència artificial i l’automatització transformen l’economia en general, i, sobretot, com serà el procés d’adaptació de les generacions que no han nascut en un món digital. Però el que és segur és que l’automatització de processos i tasques que, fins fa ben poc, semblava inversemblant que no les poguéssim fer els humans, no només ja ha arribat, sinó que es quedarà per formar part del nostre dia a dia.
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Las estafas en línea son un problema frecuente que afecta a muchas personas que usan Internet. Los estafadores utilizan técnicas sofisticadas para engañar a las víctimas y obtener dinero o información personal. Joan Benedicto, agente de 11Onze, nos detalla cuáles son y como evitar las estafas más comunes en el mundo cibernético.
La comodidad, rapidez, bajos precios y gran cantidad de opciones disponibles han hecho que las compras y gestiones por Internet se multipliquen de manera exponencial año tras año. No obstante, el comercio en línea también aumenta las posibilidades de que seamos víctimas de fraudes digitales.
Para protegernos contra estas estafas, es importante no compartir información personal o financiera en línea que no sea estrictamente necesaria, o cuando lo hacemos, no hacer clic en enlaces sospechosos y verificar la autenticidad del sitio web antes de proporcionar información personal o financiera.
Phishing y compras en línea
Ante todo, tendrías que evitar conectarte a internet a través de una red de wifi abierta al público. Cafeterías, hoteles o cualquier otro local con conexiones wifi disponibles sin contraseña son más vulnerables que redes protegidas con contraseña. Cómo explica Benedicto, “una persona con suficientes conocimientos, podría crear una red wifi abierta y acceder a cualquier ordenador que se conecte”.
Una de las estafas más comunes en Internet es el ‘’phishing, que “consiste en crear una página web muy parecida a alguna que tú utilizas normalmente, para hacerte entrar y robarte cierta información”, apunta el agente de 11Onze. También se puede hacer mediante un correo electrónico falsificado que parezca de una compañía legítima, como por ejemplo un banco, para obtener información personal o acceder a una cuenta bancaria.
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Las propiedades físicas del oro le otorgan una gran versatilidad para ser utilizado en varias aplicaciones industriales, como por ejemplo la considerable infraestructura electrónica necesaria para impulsar el sector de la inteligencia artificial (IA) que se encuentra en rápido crecimiento.
A lo largo de la historia, el oro ha sido considerado como el depósito de valor por antonomasia, lo cual lo ha convertido en un activo esencial por las personas que quieren proteger sus ahorros y para los inversores que quieren diversificar sus carteras en momentos de incertidumbre económica.
Pero más allá de su popularidad como activo refugio y de su uso en el sector de la joyería, las propiedades físicas del oro, como su alta conductividad eléctrica y resistencia a la corrosión, hacen que sea ideal para ser utilizado en varias aplicaciones industriales.
Desde el mundo de la medicina donde se utiliza en prótesis y dispositivos médicos implantables, gracias al hecho que no es reactivo ni tóxico, hasta la electrónica aplicada a las industrias automovilística y aeroespacial. Se calcula que unas 300 toneladas de oro al año se usan por componentes electrónicos y que el 7% del oro mundial se encuentra en este tipo de dispositivos.
La IA impulsa la demanda de oro
Aunque la demanda de oro utilizado en electrónica logró su máximo el 2010 con 328 toneladas, cayendo hasta las 249 toneladas el 2023, en los últimos trimestres, este sector ha experimentado una modesta recuperación y, según un informe del Consejo Mundial del Oro (WGC), las aplicaciones de la IA reforzarán esta demanda a corto plazo.
Y es que la adopción de la IA está impulsando la necesidad de dispositivos tecnológicos avanzados que utilizan oro. Las empresas tecnológicas están invirtiendo grandes cantidades de dinero en la creación de nuevos modelos y algoritmos de inteligencia artificial multimodal que pueden aprender, razonar y tomar decisiones de manera autónoma después de recopilar y analizar datos. Con la expansión de las aplicaciones de IA en campos como la salud, la seguridad y las finanzas, se espera que esta tendencia continúe al alza.
A pesar de que con la evolución de las nuevas tecnologías, algunos de los usos tradicionales del oro pueden ir desapareciendo —como se está viendo la producción de luces LED sin componentes que contengan oro— a medida que las empresas invierten en centros de datos, chips y sensores especializados. Se espera que la demanda de oro para usos industriales siga experimentando un crecimiento sostenido, consolidándolo como un activo indispensable tanto en la industria como en los mercados financieros.
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El reglamento sobre la identidad digital recientemente aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea da la luz verde a que los ciudadanos de la UE dispongan de un monedero virtual vinculado a su identidad. Permitirá guardar documentos oficiales digitalmente y hacer trámites con un alto grado de seguridad.
El Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea han llegado a un acuerdo para la creación de un monedero de identidad digital que tendrá validez legal y operativa en cualquier país de la Unión Europea. Esta identificación electrónica tendría que posibilitar que los ciudadanos puedan hacer trámites en servicios en línea, públicos y privados, de una manera fiable y segura que garantice la protección de sus datos personales.
Se trata de aplicaciones que permitirán a los ciudadanos almacenar y gestionar sus datos de identidad y documentos oficiales en formato digital. Documentos como el DNI, un carnet de conducir, la firma electrónica o certificados de estudios podrán ser guardados de manera virtual en una aplicación en el móvil, para ser usados directamente y sin la necesidad de compartir datos con terceras partes.
De este modo se agilizarían muchos trámites burocráticos en nuestro país y cuando viajamos por otros estados miembros de la UE. Se facilitaría el proceso de registrarse como residente, abrir una cuenta bancaria, pedir un préstamo, una hipoteca o pagar desde un monedero digital. Además, supondría una alternativa al monopolio tecnológico que tienen las empresas de los Estados Unidos y de China, el dominio del cual preocupa a la Unión Europea y ha sido uno de los detonantes de esta iniciativa.
¿Para cuándo estará disponible?
Para el 2024, todos los estados miembros de la UE tendrán que poner un monedero de identidad digital a disposición de todos los ciudadanos que lo deseen. Una tarea que no será fácil si tenemos en cuenta que, actualmente, solo el 14% de los principales servicios públicos de todos los estados miembros de la UE permiten la autenticación transfronteriza con identificación electrónica.
En este contexto, los reguladores de la UE tienen la intención de convocar a 140 entidades públicas y privadas de 19 estados de la Unión Europea para resolver cuestiones técnicas, empresariales y normativas en torno a la provisión de una identidad digital.
Las pruebas piloto en 25 estados miembros de cuatro proyectos a gran escala se pusieron en marcha el 1 de abril de 2023, con el fin de explorar la practicidad de las carteras de identidad digital en escenarios de la vida real que alcanzan a diferentes sectores. El objetivo es que al menos el 80% de los ciudadanos de los estados miembros tengan acceso a una identidad digital inter-operable de aquí a 2030.
Protección de datos y derecho al anonimato
La implantación generalizada de un nuevo sistema de identificación digital de la ciudadanía puede plantear problemas de seguridad y de anonimato. ¿Quién tendrá acceso a nuestros datos? ¿Qué uso se podrá hacer de estos datos?
En una declaración conjunta a propósito del nuevo reglamento de la UE sobre la identidad digital, científicos e investigadores de 39 países avisan que «La propuesta actual amplía radicalmente la capacidad de los gobiernos para vigilar tanto a sus propios ciudadanos como a los residentes en toda la UE, al proporcionarles los medios técnicos para interceptar el tráfico web cifrado, además de socavar los mecanismos de supervisión existentes en los cuales confían los ciudadanos europeos.
Por otro lado, las autoridades europeas afirman que esta herramienta respetará plenamente la elección del usuario de compartir o no datos personales -certificado de manera independiente- y que ofrecerá una mejor protección contra usos indebidos, rastreo o interceptaciones. Añadiendo que “la ley revisada preserva las actuales normas y estándares de seguridad muy establecidos en el sector”.
Con la privacidad como una de las principales preocupaciones en torno a la introducción de un euro digital, la aprobación de un nuevo reglamento sobre la identidad digital de la ciudadanía que, potencialmente, puede facilitar todavía más el control y la vigilancia masiva de la población por parte de los gobiernos, un debate entre todas las partes implicadas no solo es necesario sino imprescindible.
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Una iniciativa conjunta entre el BIS Innovation Hub de Londres, el Banc d’Anglaterra (BoE) i Quant Network, obre les portes a utilitzar interfícies de programació d’aplicacions (API) per als sistemes de moneda digital dels bancs centrals (CBDC).
El Projecte Rosalind, dirigit pel BIS Innovation Hub i el Banc d’Anglaterra (BoE), ha estat explorant com adaptar interfícies de programació d’aplicacions (API) per als sistemes de moneda digital dels bancs centrals (CBDC). El projecte tenia com a finalitat desenvolupar prototips d’API per a investigar com es podien facilitar els pagaments en el comerç al detall, maximitzant la interoperabilitat entre el sector públic i privat, de manera que es fomenti l’adopció d’aquestes monedes digitals.
La iniciativa també ha servit per demostrar que les API jugaran un paper clau en possibilitar que els sistemes de CBDC ofereixin una sèrie d’avantatges en termes de funcionalitat i seguretat dels pagaments, així com per estudiar la millor manera d’establir les bases per a construir un ecosistema sòlid i pràctic. En aquest sentit, s’han desenvolupat 33 funcionalitats d’API i s’han posat en pràctica més de 30 casos d’ús de CBDC en el comerç al detall.
Si bé algunes d’aquestes funcionalitats ja són possibles amb els sistemes de pagament existents, com les targetes i l’efectiu, el Projecte Rosalind s’ha centrat en la possible “programabilitat” de les monedes digitals, establint característiques similars als contractes intel·ligents emmagatzemats en una cadena de blocs.
Col·laboració amb Quant Network
Quant Network és una empresa de tecnologia de cadena de blocs que busca aconseguir la interoperabilitat universal entre cadenes de blocs utilitzant el seu sistema operatiu Overledger US. És a dir, permetre que els usuaris d’Overledger interactuïn amb diferents cadenes de blocs simultàniament.
Amb la seva participació en el Projecte Rosalind, Quant Network ha proporcionat la infraestructura subjacent, la plataforma de cadena de blocs, els contractes intel·ligents i la interoperabilitat entre els llibres de comptabilitat dels bancs centrals. En definitiva, una solució de gestió de claus a escala de banc central per a les transaccions de blockchain.
A més, el Quant Network té una criptomoneda (QNT) dins de la cadena de blocs d’Ethereum, que es fa servir per impulsar Overledger i que es pot comprar i vendre des de les principals plataformes d’intercanvi de criptomonedes, com ara Bitvavo que 11Onze Recomana.
Un pas més a prop del “Britcoin”?
Tot i la participació del Banc del Canadà, Barclays Bank, Amazon i Mastercard, el Projecte Rosalind s’ha centrat en la possible introducció d’una CBDC del banc central del Regne Unit. En aquest sentit, el projecte ha revivat la polèmica sobre les CBDC després del rebuig públic als plans del primer ministre Rishi Sunak per introduir el “Britcoin” com una alternativa virtual als diners en efectiu, i a les declaracions de Sir Jon Cunliffe, governador del Banc d’Anglaterra, afirmant que la creació d’una moneda digital del banc central del Regne Unit “és més probable que no”.
Un grup de treball governamental ha estat estudiant la possibilitat de crear una moneda digital que pugui utilitzar-se al marge de l’efectiu i les targetes per a les transaccions quotidianes, com a part dels esforços per a digitalitzar l’economia. D’aquesta manera el departament del Tresor i el Banc d’Anglaterra examinaven la viabilitat d’una «lliura digital» per a empreses i particulars per impulsar la innovació del sector financer britànic després del Brexit.
Les conclusions del Projecte Rosalind que una CBDC podria abaratir i fer més eficients els pagaments entre particulars, al mateix temps que permetria a les empreses crear nous productes financers destinats a reduir l’activitat financera fraudulenta, es podrien entendre com un pas més a favor del llançament del “Britcoin”.
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Es probable que, más pronto que tarde, la banca tradicional acabe desapareciendo. Y las herramientas de seguridad, como la biométrica o la criptografía, nos ayudarán a protegernos de los fraudes.
El mundo de las finanzas está cambiando muy deprisa. Las fintech están desbancando a las entidades financieras tradicionales, sobre todo, porque han apostado para combinar tecnología y atención al cliente. Todo con el objetivo de que los nuevos adelantos tecnológicos permitan operaciones cada vez más sencillas, pero más seguras. ¡Lo vemos!
- Los servicios, en la nube. Cada vez más, las entidades financieras organizarán sus servicios a través de internet. Por eso, las aplicaciones financieras no dejan de innovar: buscan que cada vez más operaciones se puedan hacer desde la nube.
- La inteligencia artificial, una herramienta imprescindible. Esta tecnología es mucho más sofisticada e influye de manera capital en el internet de las cosas, en la gestión del ‘big data’, en el reconocimiento facial y óptico y en el ‘blockchain’, que es la estructura con la cual trabajarán las nuevas entidades financieras.
- Las finanzas en el móvil, más sencillas. El sistema de la llamada ‘banca móvil’ no es nuevo, pero será cada vez más fácil de usar: dará más accesibilidad e incorporará pagos con un solo clic de cliente a cliente. Además, el sistema de ‘banca digital’ de cliente a empresa ya no dependerá de las contraseñas.
- Más ‘blockchain’. Los comerciantes de software de ‘blockchain’ atraerán el interés de las organizaciones que quieren acelerar sus prestaciones. Con el ‘blockchain’ conseguirán operaciones más rentables.
- Cajeros automáticos de última generación. Se espera que, en un futuro no muy lejano, operemos con los cajeros automáticos sin tener que usar ninguna tarjeta, directamente con el móvil. Algunos cajeros automáticos del mundo, de hecho, ya incorporan la autenticación biométrica o el reconocimiento del iris.
- Seguridad, seguridad, seguridad. Es una preocupación constante de las entidades financieras, que buscarán como incluir nuevos servicios de protección para sus clientes. Para acceder a los datos financieros será habitual usar la biométrica.
- Vínculos entre entidades financieras. Los expertos se han dado cuenta de que las entidades financieras pueden reducir costes y facilitar los servicios a los clientes si se asocian entre ellas. Trabajar colectivamente hace que la innovación progrese y se establezca una cooperación más sana.
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El mercado de las criptomonedas no deja de crecer a pesar de su extrema volatilidad. Tras años de explosiones especulativas y caídas repentinas, los gobiernos del mundo han puesto su regulación en el centro del debate. Unos la presentan como una protección necesaria para los pequeños inversores; otros como una estrategia para proteger el sistema financiero tradicional de un competidor incómodo.
Tras más de una década de existencia, las criptodivisas han demostrado su potencial disruptivo sobre la política monetaria y el control estatal del dinero. Gracias a la tecnología blockchain, ofrecen un sistema más transparente, descentralizado y resistente a la inflación, puesto que la mayoría limitan la emisión de nuevas unidades. Sin embargo, su gran talón de Aquiles sigue siendo la volatilidad: un obstáculo que dificulta que los tokens sirvan como medio de intercambio estable.
Hoy en día, los criptoactivos ya no son un producto marginal. Se han convertido en instrumentos de inversión, en coberturas contra monedas débiles y, en algunos países, incluso en monedas de curso legal, como el bitcoin en El Salvador o el USDT en países emergentes. Sin embargo, esta expansión también ha abierto la puerta al fraude, la manipulación y el blanqueo, lo que ha acelerado la respuesta de los reguladores.
Un mercado difícil de controlar
Supervisar el mundo cripto es, sencillamente, un reto colosal. El término criptoactivo engloba a miles de proyectos, tokens y protocolos con usos muy diferentes: desde sistemas de pago hasta aplicaciones descentralizadas, stablecoins o NFT. La mayoría opera en entornos globales, sin fronteras claras y con actores anónimos o descentralizados.
Para los reguladores, esto supone vigilar un ecosistema global sin sede central, en el que mineros, desarrolladores e intermediarios escapan a menudo de la regulación financiera tradicional. Mientras países como Suiza o Japón ya tienen marcos legales específicos, otros, como Estados Unidos o la Unión Europea, siguen debatiendo qué límites imponer sin ahogar la innovación.
El marco legal europeo y catalán
En Europa, el gran paso adelante ha sido la aprobación del Reglamento MiCA (Markets in Crypto-Assets), en vigor desde junio de 2023, que establece por primera vez un marco legal único para los criptoactivos dentro de la UE. MiCA exige que todos los proveedores de servicios —intercambios, custodios o emisores de tokens— obtengan una licencia regulada y ofrezcan información transparente a los clientes.
En España, su implementación está coordinando con el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Paralelamente, la Ley 11/2021 de prevención del fraude fiscal obliga ya a las plataformas a informar a la Agencia Tributaria sobre las operaciones de sus clientes, y el Real Decreto 7/2021 establece un registro oficial para proveedores de servicios de cambio y custodia.
Estas medidas marcan el camino, pero también despiertan dudas: ¿hasta qué punto protegen al inversor o refuerzan el control estatal sobre el dinero digital?
Riesgos para los pequeños inversores
A pesar de la creciente popularidad, las criptomonedas siguen siendo una inversión de alto riesgo. La volatilidad del mercado, la complejidad tecnológica y la carencia de transparencia de algunos proyectos han generado pérdidas millonarias. Además, muchas plataformas operan desde paraísos fiscales o jurisdicciones sin garantías legales, lo que dificulta la protección de los usuarios frente a estafas o pérdidas de acceso a las carteras digitales.
Clasificar las criptomonedas como productos de inversión sometidos a normas de protección al consumidor —como propone la CNMV— podría aportar mayor seguridad. Pero también podría limitar el acceso y la naturaleza descentralizada que ha hecho del mundo cripto a un laboratorio de libertad financiera.
Regulaciones dispares y efectos colaterales
El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que las prioridades reguladoras divergen según los países: mientras algunos ponen el acento en la protección de los inversores, otros lo hacen en la integridad del sistema financiero. China, por ejemplo, ha prohibido directamente el minaje y las transacciones con criptomonedas, mientras que países como Singapur o Emiratos Árabes Unidos buscan atraer capital con normativas favorables.
Estas diferencias provocan lo que los expertos llaman regulatory arbitrage: empresas y plataformas que migran allá donde las leyes son más laxas, manteniendo igualmente un alcance global gracias a Internet. ¿El resultado? Una competencia desigual y un riesgo constante de deslocalización tecnológica a nivel mundial.
¿Hacia un marco global?
Ante esta fragmentación, el FMI y el Banco de Pagos Internacionales (BIS) piden una regulación coordinada a nivel global, que garantice seguridad jurídica sin eliminar la innovación. El objetivo: establecer límites claros y normas comunes para prevenir abusos, pero sin desvirtuar la naturaleza abierta y descentralizada de la tecnología blockchain.
Sin embargo, muchos expertos advierten que una regulación demasiado estricta podría convertir a las criptomonedas en una extensión del sistema financiero que pretendían desafiar, transformando una herramienta de libertad económica en un instrumento más de vigilancia y control monetario.
Entre el control y la libertad
La gran pregunta es si la regulación servirá para empoderar a los ciudadanos o para limitar su soberanía financiera. En un momento en el que los bancos centrales preparan sus propias monedas digitales (CBDC), la línea entre protección y control es más fina que nunca.
Las criptomonedas nacieron para desafiar a un sistema que concentra el poder del dinero. Regularlos puede aportar seguridad y confianza, pero también puede borrar su espíritu original. Como siempre, la clave no es si es necesario regularlas, sino cómo: con criterios de transparencia y responsabilidad, o con el deseo de controlar lo que no se puede detener.
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