El cuerpo como capital productivo

La salud física no es una cuestión estética ni un lujo aspiracional: es un activo económico clave. Un cuerpo en forma —fuerte, móvil y funcional— reduce gastos futuros, aumenta la autonomía y protege el patrimonio personal. Exactamente como una buena decisión financiera. Lo que hoy parece tiempo invertido, mañana se traduce en libertad y margen de maniobra.

 

Invertimos tiempo y dinero en proteger los ahorros, pero a menudo descuidamos el activo que lo sostiene todo: el cuerpo. La mala forma física no solo pasa factura a la salud; también erosiona ingresos, multiplica gastos y limita oportunidades. Estar en forma es una inversión silenciosa, poco visible a corto plazo, pero decisiva cuando llegan los imprevistos.

Bajas laborales recurrentes, fatiga crónica, menor productividad y un uso creciente de fármacos forman parte de la factura invisible de un cuerpo descuidado. A esto se añaden patologías a menudo evitables —lumbalgias, artrosis, diabetes tipo 2— que acaban convirtiéndose en gasto estructural, tanto personal como público. Según la Organización Mundial de la Salud, una gran parte de las enfermedades crónicas está asociada a hábitos de vida modificables. Dicho de otra manera: no cuidar el cuerpo es asumir una hipoteca de gasto futuro que se paga a plazos, pero con intereses crecientes.

La lectura económica es clara. La energía física condiciona la capacidad de trabajo; la movilidad garantiza autonomía cotidiana; el dolor crónico, en cambio, roba foco, tiempo y rendimiento. Un cuerpo descuidado es un activo que se deprecia con rapidez. Un cuerpo cuidado, en cambio, mantiene valor con el paso del tiempo, exactamente igual que una inversión bien gestionada.

 

Fuerza, autonomía y futuro: la rentabilidad de un cuerpo activo

La fuerza muscular y la movilidad son, probablemente, el seguro más barato que existe. Entrenar el cuerpo no es una cuestión estética ni deportiva, sino profundamente preventiva. Reducir el riesgo de caídas, proteger las articulaciones, fortalecer huesos y preservar la capacidad funcional es clave, sobre todo a partir de los 40 o 50 años. En el caso de las mujeres, mantener la fuerza es también una herramienta esencial contra la osteoporosis y la pérdida de autonomía futura.

La investigación médica es clara: no se trata de hacer deporte, sino de poder hacer vida. Caminar sin dolor, levantar pesos cotidianos, mantener el equilibrio y moverse con seguridad. La fuerza no es exhibición; es autonomía acumulada. Cada músculo trabajado hoy es una limitación menos mañana, un gasto evitado y una libertad preservada.

La dependencia no llega de golpe. Se construye con los años, a menudo de manera silenciosa. Un envejecimiento pasivo lleva asociados costes familiares elevados, pérdida de dignidad personal y una presión creciente sobre los sistemas públicos. En cambio, un envejecimiento activo permite conservar autonomía, reducir gasto sanitario y mantener calidad de vida. Los datos de Eurostat muestran un envejecimiento acelerado de la población europea, mientras que informes del Banco de España alertan de la tensión creciente sobre el gasto sanitario. La salud física, en este contexto, es también un bien colectivo.

Y todo esto no es una cuestión de tiempo ni de dinero, sino de prioridades. Estar en forma no requiere gimnasio ni grandes recursos: movimiento cotidiano, fuerza básica y constancia. Caminar más, sentarse menos, entrenar los músculos esenciales. Desde la mirada de 11Onze, la lógica es la misma que con el ahorro: no hace falta hacerlo perfecto, hace falta hacerlo sostenido. La constancia, no el heroísmo, es la que genera rendimiento… también cuando hablamos del cuerpo.

 

El cuerpo también es patrimonio

El cuerpo también es patrimonio. Cuidarlo es una de las decisiones más rentables que se pueden tomar a lo largo de la vida. No cotiza en bolsa ni genera titulares, pero condiciona todas las otras inversiones: el tiempo que podemos dedicar, el dinero que podemos ganar o ahorrar, la libertad para decidir y la calidad de vida que podemos sostener con los años.

Igual que los ahorros, el cuerpo necesita atención, criterio y constancia. No admite soluciones milagrosas ni rendimientos inmediatos, pero responde con fiabilidad a las decisiones sostenidas. Porque, al final, es el capital personal que lo sostiene todo: sin salud, ningún otro patrimonio es plenamente utilizable.

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A pesar de que la educación financiera es una competencia necesaria esencial en el día a día de la ciudadanía, solo uno de cada tres ciudadanos adultos europeos tiene conocimientos financieros mínimos. Te explicamos los pasos a seguir para optimizar tus finanzas.

 

Tener las finanzas bajo control, es decir, el bienestar financiero, es esencial para nuestra tranquilidad y un pilar básico para lograr nuestros objetivos personales. Conocer los conceptos básicos de la economía familiar y las finanzas personales te ayudará a optimizar el dinero y a ser más eficiente con tus gastos.

Establecer objetivos financieros

Define claramente tus objetivos financieros a corto, medio y largo plazo, estableciendo metas realistas y alcanzables. Tanto si quieres ahorrar para una emergencia, comprar una casa o pagar la educación de tus hijos, dividir tus objetivos financieros en pasos más pequeños y a tu alcance te permitirá celebrar los logros a medida que avanzas.

Crear un presupuesto

Apunta cuánto dinero ingresas cada mes y cuánto gastas en una hoja de Excel, una agenda o en una aplicación de finanzas personales para crear un presupuesto ajustado a tu situación personal. Este presupuesto tiene que incluir ingresos como nóminas, inversiones, ayudas estatales y gastos fijos como el alquiler/hipoteca, créditos, alimentación y otros gastos no esenciales como comer fuera, vacaciones y ahorros.

Paga las facturas puntualmente

Asegúrate que estás en el día en el pago de facturas haciendo una domiciliación de los pagos, es decir, autorizando tu banco para que cargue automáticamente cierta cantidad a tu cuenta corriente de manera periódica y recurrente de los servicios que utilizas: agua, luz, gas, teléfono móvil, etc. También puedes utilizar aplicaciones de pago de facturas y establecer recordatorios de pago por correo electrónico o SMS.

Prioriza el pago de deudas

Menos deudas significa más fondos disponibles para gastos imprevistos y más bienestar emocional. Prioriza el pago de las deudas con tasas de interés más altas y considera una posible consolidación de la deuda para reducir los intereses.

Ahorrar regularmente

Establece una rutina de ahorro automático con una estrategia de presupuesto inverso, que consiste en elegir un objetivo de ahorro, como pagar unos estudios, decidir cuánto quieres aportar cada mes y reservar esta cantidad antes de repartir el resto de tus gastos. Evidentemente, no hay que establecer un objetivo, pero tener un propósito siempre nos puede motivar a hacer el esfuerzo cuando menos para un fondo de emergencia.

11Onze siempre a tu lado

Empoderar a la ciudadanía a través de la educación financiera ha estado en el corazón de 11Onze desde sus inicios. Ampliar los conocimientos sobre economía y finanzas de nuestra comunidad, poniendo a su alcance todas las herramientas necesarias, es uno de los pilares fundacionales de la primera fintech comunitaria de Cataluña.

Desde el lanzamiento de 11Onze Escola, un proyecto que ofrece sesiones formativas sobre el mundo de las fintechs para que centros educativos, empresas y colegios profesionales de todo el país puedan formar a sus alumnos en materia económica y financiera, disponemos de una plataforma única que permite complementar el currículum escolar educando a los jóvenes en cuestiones monetarias y que pone a su alcance herramientas para la creación de riqueza.

Con el mismo propósito de formar a nuestra comunidad, se impulsan las lecciones de la sección Aprender, que ofrece contenidos como la serie El Diner, las Formacions 11Onze hechas por los mismos trabajadores o nuestros Cursos cortos. Además, en el apartado Descobreix de 11Onze TV también encontraréis piezas de nuestros agentes sobre temas de interés para nuestro día a día. Porque desde un buen principio teníamos claro que sin una buena formación financiera difícilmente seremos una sociedad libre que pueda decidir su futuro.

 

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La Navidad nos encanta… hasta que nos pasa por encima. Comidas que no se acaban, agendas imposibles, compras obligadas y una presión ambiental que no perdona. Cada año prometemos vivirla “con calma”, pero acabamos atrapados en la misma rueda. La pregunta es simple: ¿cómo podemos disfrutar de las fiestas sin terminar exhaustos, arruinados o emocionalmente abrumados?

 

La Navidad llega cada año envuelta en una postal de perfección con mesas impecables, familias idílicas y una felicidad que parece obligatoria. Pero la realidad va por otro lado. Las fiestas concentran presiones familiares, sociales y económicas en pocos días, y todo el mundo intenta estar a la altura mientras el ritmo se acelera. Nos movemos de una comida a otra, de una visita a un encuentro, a menudo sin tiempo ni para respirar. Decir que no se percibe como una falta, y eso nos lleva a encadenar obligaciones que nos dejan exhaustos.

Estas exigencias chocan con el espejismo permanente de las redes sociales, donde todo parece luminoso, perfecto y amable. Pero si tu familia es complicada, si hay tensiones, o simplemente arrastras cansancio emocional, ese escaparate puede hacerte sentir que tu experiencia navideña “no es lo bastante buena”. Las expectativas se multiplican y la realidad, a menudo imperfecta, pesa. Cuando los días pasan entre prisas, agendas imposibles y conversaciones que preferiríamos evitar, el desgaste emocional es inevitable.

La saturación suele llegar en silencio. Se manifiesta en forma de insomnio, irritabilidad, problemas digestivos o la sensación de funcionar en piloto automático. Son avisos claros que no deben ignorarse, porque el cuerpo pide una pausa. Y aquí es donde hay que recordar la idea esencial de que la Navidad no debe sobrevivirse, debe poder vivirse. Poner límites, ajustar expectativas y aceptar que no existen Navidades perfectas es lo que realmente nos permite disfrutar de estas fiestas de una manera más sana y humana.

 

Consejos alimentarios con sentido

Comer bien durante las fiestas no significa renunciar a nada, sino saber compensar. El problema no es la comida de Navidad en sí, sino convertir cada encuentro, cada sobremesa y cada aperitivo en un banquete absoluto. Por eso, servirse raciones pequeñas y repetir solo si realmente hay hambre es una estrategia sencilla que ahorra cientos de calorías sin renunciar al placer. Comer con conciencia y no por compromiso es la primera clave de una Navidad más ligera.

Otro pilar fundamental es cuidar lo que solemos olvidar: la hidratación y el descanso. El alcohol deshidrata, altera el sueño e intensifica el cansancio acumulado, de modo que alternar cada copa con un vaso de agua marca una diferencia real al día siguiente. Dormir entre siete y ocho horas es un protector infalible que regula la digestión, mejora el estado de ánimo y evita que los excesos se conviertan en malestar prolongado. Cuando el cuerpo descansa, la mente también lo hace.

Finalmente, pequeños gestos cotidianos pueden transformar la manera de vivir las fiestas. Un paseo después de una comida pesada acelera la digestión y activa el cuerpo; evitar el azúcar oculto de salsas preparadas, refrescos y pastelería industrial reduce el exceso calórico sin que lo notemos; y equilibrar un día muy cargado con verduras, sopas o fruta ayuda a recuperar el ritmo natural. El cuerpo también celebra la Navidad, pero no necesita un festival gastronómico permanente para hacerlo.

 

Bienestar emocional para sobrevivir las fiestas

La Navidad es, paradójicamente, un momento en que la salud mental queda a menudo en segundo plano. Todo el mundo quiere que las fiestas salgan bien, que haya armonía, que las tensiones no aparezcan y que la ilusión no se resquebraje. Pero esta presión puede pasar por encima de lo que realmente sentimos. Las emociones incómodas —tristeza, cansancio, estrés— se esconden bajo la alfombra porque “no tocan”, y eso solo intensifica el malestar.

Por eso es esencial reivindicar el derecho a decir “no”. No hace falta dar explicaciones largas ni justificaciones elaboradas, ya que con un “necesito descansar” o “este año prefiero una Navidad más tranquila” debe ser suficiente. Poner límites es una forma de autocuidado y, a la vez, una manera de prevenir conflictos en encuentros familiares complicados. Ajustar horarios, optar por espacios neutros o pactar temas prohibidos—como la política o cuestiones personales—puede transformar una comida tensa en un encuentro soportable.

También hay quien vive la Navidad con soledad, un sentimiento que las postales, la publicidad y las redes suelen amplificar. Desactivar esta idea de la “Navidad perfecta” es profundamente liberador, porque no es necesario estar radiante ni tener planes cargados de eventos. Actividades sencillas como hacer voluntariado, ir al cine, dedicar tiempo a la lectura o quedar con alguien que comparta la misma calma pueden convertir las fiestas en un espacio amable. La Navidad no es una competición de alegría, es una oportunidad para sostenernos, cuidarnos y darnos permiso para ser humanos.

Consumo responsable: la clave de una Navidad más sana (también mentalmente)
El consumo navideño no solo afecta al bolsillo, sino que también modela nuestra autoestima y la manera en que interpretamos las fiestas. La presión por acertar los regalos, por comprar más de lo necesario o por estar a la altura de un ideal publicitario puede convertir un acto afectuoso en una fuente de tensión. Reducir el número de regalos o pactar límites claros es una manera de liberar tiempo, dinero y, sobre todo, la sensación de no llegar nunca a todo.

Cortando el ciclo del consumo impulsivo, la Navidad se vuelve más respirable. Comprar “porque toca”, “porque el otro lo espera” o “para no quedar mal” genera ansiedad y culpa, y a menudo nos deja con una sensación de vacío cuando las fiestas ya han pasado. Decidir de antemano qué queremos regalar y qué presupuesto tenemos es una herramienta potente para evitar compras precipitadas. De esta forma, el regalo recupera su sentido original: un detalle, no una obligación. El consumo vuelve a estar al servicio de las personas, y no al revés.

Las alternativas son muchas y, a menudo, más significativas. Una comida compartida, una excursión o una actividad generan más memoria que un objeto. Ofrecer tiempo—cuidar niños, ayudar en una mudanza, preparar una comida—es un regalo emocionalmente potente. Y las manualidades o detalles personalizados dan sentido sin necesidad de gastar en exceso. Un consumo moderado es también un consumo más consciente, y esta conciencia es la base de una Navidad más sana, más simple y mucho más amable.

Por este motivo, disfrutar de la Navidad no depende de lo que compras, sino de lo que vives. El descanso, los límites, la alimentación equilibrada y el consumo responsable no son concesiones, sino formas de preservar la salud física, emocional y financiera en uno de los momentos más intensos del año. Cuando cuidas tu ritmo, la Navidad deja de empujarte y empieza a acompañarte. Es entonces cuando puedes celebrarla de verdad.

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La precariedad no es un accidente del sistema, es su nueva estructura. Nos conecta a todos a través de la incertidumbre, la dependencia y la deuda. Y solo entendiéndolo podremos romper el círculo y recuperar la soberanía sobre nuestras vidas.

 

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman captó como pocos la esencia de nuestro tiempo. Lo que él llamaba modernidad líquida es hoy una realidad palpable: todo lo que antes era sólido —el trabajo, las relaciones, la seguridad económica— se ha vuelto frágil y efímero. El trabajador que podía planificar una vida, hacer una hipoteca o criar hijos con cierta tranquilidad, ha sido sustituido por un individuo que encadena empleos temporales, subsidios y deudas. Esta inestabilidad no es solo económica: es emocional, psicológica y cívica. Un ciudadano que vive con miedo es más fácil de gobernar, pero también mucho menos libre.

 

La inseguridad como instrumento de control

Las crisis —financiera, sanitaria, energética, climática— se han convertido en una constante. La incertidumbre ya no es una excepción, sino una condición estructural. Cada nueva ola de dificultades justifica un nuevo paquete de medidas “temporales” que, con el tiempo, se vuelven permanentes. Mientras tanto, la población se acostumbra a vivir con el agua al cuello: salarios que no alcanzan para cubrir el costo de la vida, inflación que erosiona el ahorro, alquileres que devoran sueldos y una fiscalidad creciente que asfixia a las clases medias.

Esta precariedad generalizada crea dependencia. Los gobiernos la gestionan con subsidios y ayudas puntuales, mientras la banca y las grandes corporaciones ofrecen crédito fácil para mantener el consumo. Es un círculo vicioso que transforma los derechos sociales en favores y al trabajador en deudor perpetuo. El miedo a perder el ingreso o la vivienda se convierte en una poderosa herramienta de sumisión.

El resultado es una sociedad que vive pendiente del próximo rebrote económico o del próximo índice del IPC, y que acaba confundiendo la supervivencia con el progreso. Como advertía Bauman, “la libertad sin seguridad es una condena, pero la seguridad sin libertad es una prisión invisible”.

 

Del trabajo estable al trabajo frágil

En pocos años, el concepto de empleo se ha transformado radicalmente. La flexibilidad —palabra aparentemente positiva— se ha convertido en sinónimo de temporalidad, subcontratación e inseguridad. Los contratos cortos y el trabajo parcial se han normalizado hasta el punto de que ya no sorprenden. En cambio, un contrato indefinido o una jornada de cuarenta horas parece casi un privilegio.

Según el INE, más del 25% de los trabajadores jóvenes en España tienen contratos temporales. En Cataluña, el salario medio real ha perdido más de un 7% de poder adquisitivo en los últimos cinco años, mientras el coste de la vivienda ha aumentado un 30%. La desigualdad entre salarios y precios es ya estructural: trabajar no garantiza vivir dignamente.

Este modelo laboral fragmentado genera una población permanentemente disponible y fácil de sustituir. El trabajador no puede proyectar futuro ni acumular patrimonio. Cuando el trabajo deja de ser una fuente de estabilidad y pasa a ser una lucha diaria por la subsistencia, el contrato social se rompe.

La precariedad laboral también es precariedad cívica. Un ciudadano sin horizonte no participa, no protesta, no exige. Simplemente, sobrevive. Y esa es, quizá, la nueva victoria del sistema: transformar al trabajador en un consumidor obediente y agotado.

 

La pérdida de libertad y la necesidad de soberanía económica

La inseguridad económica erosiona silenciosamente la libertad. Cuando todo depende del salario del mes o del crédito concedido, la autonomía personal se desvanece. Vivimos en sociedades aparentemente libres, pero sometidas a mecanismos de control sutiles: deuda, dependencia tecnológica y desinformación constante.

El reto es volver a construir soberanía. En el ámbito colectivo, esto significa recuperar el control sobre los recursos básicos —energía, vivienda, finanzas— y fomentar economías locales resilientes. En el ámbito individual, significa reaprender hábitos de autogestión: ahorrar, invertir con criterio, huir de la deuda innecesaria y apostar por la formación financiera como herramienta de liberación.

La educación económica es la clave para transformar el miedo en poder. Cuando entendemos cómo funciona el sistema, dejamos de someternos ciegamente a él. En 11Onze hace tiempo que lo defendemos: el ahorro es soberanía, la información es libertad y la comunidad es fuerza.

El camino hacia una sociedad menos precaria no depende de esperar soluciones externas, sino de construir seguridad desde abajo, desde la cooperación y la conciencia.  Quizá Bauman tenía razón: la precariedad es el nuevo vínculo social. Pero aún estamos a tiempo de convertir ese vínculo en una red de solidaridad, no de sumisión.

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Bioconstrucción o arquitectura sostenible son hashtags que acompañan a la arquitectura convencional para revolucionarla, desde los cimientos, con una premisa clave: dentro de las casas tienen que vivir seres humanos. Una idea tan evidente como desafiadora. Hablamos con la arquitecta experta en bioconstrucción Sonia Hernández-Montaño.

 

¿Te has planteado nunca con qué materiales se ha construido tu hogar? ¿Qué iluminación prevalece o como la distribución de los espacios está afectando tu estado de ánimo? Arquitectura sana es el nombre del proyecto, y también la filosofía, que el equipo de Sonia llevó a Cataluña el 2009 con el objetivo de hacer más habitables nuestros hogares desde el punto de vista humano y de salud.

La mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos dentro de espacios cerrados, pero en términos generales no somos conscientes de hasta qué punto estos espacios pueden incidir directamente en nuestra salud física y mental. En un nuevo episodio de Personas, Hernández-Montaño remarca todos los elementos y prácticas que tenemos que tener en cuenta para mejorar nuestra vida.

La salud que no se ve

La construcción evoluciona constantemente, y en las últimas décadas ha incorporado elementos tecnológicos y nuevos materiales. Hernández-Montaño señala, pero, que “en este camino nos hemos olvidado que hay personas dentro de los edificios, que los edificios no solo tienen que consumir menos energía y minimizar los recursos utilizados, sino que también tenemos que sostener la vida en el interior”. Defiende que todos somos arquitectos y todos podemos usar esta herramienta de salud para propiciar el bienestar de las personas.

Entre los aspectos más destacados, encontramos algunas acciones clave para mantener la calidad de vida dentro de los espacios, empezando por la ventilación, un punto clave si se lleva a cabo de la forma adecuada y que incluso puede reducir la contaminación que pueda venir del exterior. El segundo punto clave es la iluminación, la “directora de orquesta de nuestro reloj biológico” que tiene que ir cambiando según el momento del día para acompañar nuestro ritmo circadiano.

También es imprescindible tener en cuenta y reducir la presencia de contaminantes dentro de los espacios interiores, un objetivo que rae en la elección de materiales, tanto de construcción, como en muebles o productos de limpieza. Escucha la conversación entera para descubrir el resto de consejos que harán de tu casa un espacio de salud.

 

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La app MyRealFood nació hace dos años y ya ha superado los dos millones de usuarios. Escanea todo lo que comemos para saber si es saludable, y nos recomienda recetas sencillas para cocinar con más conciencia. Con una sola aplicación, se defienden los derechos de los consumidores y, a la vez, se impulsan nuevos hábitos alimentarios. Nos lo explica Sofia Belenguer, cofundadora del proyecto, en un nuevo episodio de Personas.

 

Más allá de escanear todos de productos que se encuentran en los supermercados y a las grandes superficies, Belenguer detalla que MyRealFood reúne más de 130.000 recetas, muchas de ellas creadas por los mismos usuarios, que conforman una comunidad activa donde se intercambian comidas preferidas, se recomiendan productos y, incluso, se pueden inscribir en planes nutricionales por suscripción. “La app trabaja para la comunidad y para que puedas llevar una vida más saludable”, resume la CEO.

El proyecto nació por las inquietudes alimentarias de un grupo de jóvenes de diferentes ámbitos: la misma Sofia Belenguer, el nutricionista Carlos Ríos, el actual CTO David Vicente y Toni Mancha. Belenguer, que es abogada de formación, se empezó a preguntar por qué como consumidora era incapaz de saber, con la etiqueta del producto, si lo que compraba era suficientemente sano. Y se percató de que a sus compañeros y amigos les pasaba lo mismo.

“Me di cuenta de que me faltaba mucha formación nutricional y que me tenía que formar”, recuerda. Y así es como el proyecto fue expandiéndose. Belenguer argumenta que, por un lado, no hay suficiente educación nutricional; y, por otra, la publicidad alimentaria tampoco ayuda. La combinación entre una cosa y la otra genera un caldo de cultivo que nos impide conocer qué comemos y cómo mejorar nuestra dieta.

 

La tabla nutricional, pero sobre todo los ingredientes

¿Y qué es importante analizar cuando compramos un producto? “Es crucial mirar qué ingredientes lleva el producto, y en qué cantidades, una información que encontramos en la tabla nutricional”, responde Belenguer. En este punto es donde la app nos es de mucha ayuda: “Mediante un algoritmo propio, que marca del 0 al 100, de menos a más saludable, podemos saber si un producto es saludable o no”, resume la CEO. 

¿Quieres saber cómo MyRealFood se ha convertido en una app de referencia para los consumidores, pero también para las empresas alimentarias? ¿Quieres aprender a tener unos hábitos más saludables? ¡Escucha toda la conversación!

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Todos los ciudadanos de nuestro país tienen derecho a acceder a la sanidad pública, que todo y las carencias, es considerada como una de las más eficientes del mundo. Aun así, el colapso en la atención primaria ha provocado que el número de usuarios de servicios de salud privados aumente año tras año. Iu Alemany, director de ‘Back Office’ y atención al cliente de 11Onze, nos plantea algunos conceptos para continuar un debate recurrente.

 

Según un estudio realizado el 2022 por la fundación IDIS, el sector sanitario privado supone el 29,4% del gasto sanitario total del Estado. Un dato que ha ido aumentando hasta llegar a los 33.398 millones de euros, lo cual representa el 2,7% del PIB, que sumado a la colaboración pública-privada suma un total del 3,36 del PIB.

Un mayor poder adquisitivo de la población y las largas listas de espera han puesto de manifiesto las ventajas de la sanidad privada. Aun así, el colapso de la sanidad pública y la gran cantidad de personas que se hacen seguros de sanidad privada de bajo precio, solo para tener acceso a pruebas diagnósticas, o para especialidades como la dermatología, ginecología o neumología, también está poniendo presión al sector privado. Cómo explica Alemany, “en la sanidad privada tienes acceso directo al especialista, pero las citas ya son menos inmediatas, cada vez tiene más listas de espera”.

La sanidad privada como complemento de la pública

Aunque los recortes presupuestarios y la falta de inversión han puesto de manifiesto las limitaciones de la sanidad pública, la pandemia ha acentuado la importancia de esta. Como apunta Alemany, “¿qué hubiera pasado si lo hubiera gestionado única y exclusivamente la sanidad privada? A mí me da miedo pensarlo”.

La calidad de la atención sanitaria y la mayor inversión en equipación médica del sector público, hace que disponga de mejores medios y especialistas para tratar las enfermedades más graves. Esto comporta que, en caso de complicaciones, incluso de los seguros privados deriven a sus pacientes a la pública.

Por otro lado, el modelo de negocio de la sanidad privada se basa en el beneficio y la rentabilidad económica, dejando de lado los principios de solidaridad de la sanidad pública. Sin embargo, en el contexto actual es evidente que la colaboración entre los dos modelos es necesaria para garantizar la viabilidad del sistema sanitario, al menos hasta que la sanidad pública tenga la financiación que se merece.

 

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Emporarom, Aromes de l’Empordà, es una empresa productora de plantas aromáticas y medicinales, cultivadas en diferentes terrenos situados en el Ampurdán. En un nuevo pódcast de Personas, Pere Coll, uno de los socios fundadores, nos habla del proyecto y de los diferentes productos que elaboran con estas plantas.

 

De la unión de las palabras Empordà y Aromáticas nace el nombre Emporarom, unos productores ampurdaneses de plantas aromáticas, culinarias y medicinales que se asocian para desarrollar y comercializar varios productos, recuperando el conocimiento popular sobre las plantas de su entorno natural.

Aromes de l’Empordà cultiva muchas de las plantas que encontramos en estado silvestre o al jardín de casa: romero, tomillo, albahaca, orégano, menta, hinojo … Todas ellas cultivadas de manera ecológica en pequeños terrenos a la orilla del mar, donde todo el proceso de producción se hace de forma artesanal, respetando los recursos naturales y preservando el medio ambiente.

Una experiencia sensorial

Las infusiones son la punta de lanza del trabajo que hacen para poder ofrecer nuevos productos que sorprendan al consumidor. Cinco variedades con carácter propio que se basan en la mitología griega, “las hemos dedicado a manantiales y diosas griegas, con mezclas de plantas que se ajusten a sus características”, apunta Coll.

Así mismo, una extensa oferta de condimentos culinarios se complementan con visitas sensoriales donde se elaboran bebidas aromatizadas y se hacen talleres culinarios con plantas y flores autóctonas. Cómo explica Coll, “hacemos talleres donde la gente puede identificar, oler y tocar plantas, mientras toma un vermut, gin-tonic o una ratafía”.

 

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Twinapp es una red social que facilita las interacciones entre personas interesadas en practicar deporte haciendo rutas por la naturaleza de nuestro territorio, sin dejar de lado el compromiso con la conservación del medio ambiente. Hablamos sobre el proyecto con, Teresa Ferrés, socia fundadora.

 

Sensibilizar a la sociedad de los problemas medioambientales y hacer que la gente se involucre en la conservación del entorno natural no siempre es fácil. Teresa Ferrés fundó el proyecto de Twinapp pensando en esta premisa. ¿Por qué no combinar el deporte con la conciencia ambiental?

La aplicación te permite contactar con personas aficionadas a hacer rutas por la naturaleza, organizando y dinamizando salidas alrededor de nuestro territorio. Es una herramienta que genera comunidad a través de grupos de gente interesada a correr o andar por la montaña. Cómo explica Ferrés, “a veces te cuesta de encontrar alguien para salir a hacer deporte, y de este modo estás en una comunidad a la que se puede sumar todo el mundo”.

Incentivando el ‘plogging’

El ‘plogging’, fusión de los términos ‘plocka upp’, recoger en sueco, y ‘jogging’, del inglés para correr, se originó en Suecia. Es una práctica deportiva que combina la actividad de hacer ruta con la recogida de basura que nos encontramos por el camino. Desde la aplicación programan salidas periódicas relacionadas con esta práctica, incluso “impulsando una campaña que se llama ‘Mou-te pel mar’, y que durante el 2019 organizó cuatro salidas por la Costa Brava”, apunta Ferrés.

Teniendo en cuenta que un 70% de los residuos que se tiran al litoral acaban en el fondo del mar, el éxito de estas salidas, que combinan la práctica del deporte con la recogida de desechos, son un ejemplo perfecto de como el espíritu emprendedor y comunitario representado desde Twinapp, aprovecha las posibilidades de cooperación que ofrecen las redes sociales y las nuevas tecnologías.

 

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La relación entre lo que comemos y nuestra salud está más que establecida, pero ¿sabemos cómo afecta nuestra dieta al planeta? Marifé Fariñas, Customer Care Lead de 11Onze, nos habla de como muchas veces no somos conscientes de hasta qué punto nuestra alimentación repercute en el entorno natural.

 

El consenso social hacia el respecto al medio ambiente y el uso que hacemos de los recursos naturales ha espoleado la compra de proximidad y del comercio de barrio. Concienciarnos de la importancia que nuestros hábitos alimentarios tienen en muchos ámbitos sociales y en la naturaleza, también repercute indirectamente en nuestra salud.

Cómo explica Fariñas, “Comer lo que tenemos cerca de nosotros, ayudará a mantener los cultivos y a evitar que desaparezcan. Es necesario que, como consumidores, tomemos conciencia de la importancia de la sostenibilidad alimentaría, y de los pequeños gestos con los cuales podemos contribuir en nuestro día a día”.

El exceso del consumo de carne y productos de origen animal, hasta ahora una característica de la dieta de países occidentales, está previsto que se duplique gracias a la incorporación al mercado de la carne de una gran parte de la población de países como China e India. El desarrollo económico comporta un mayor poder adquisitivo de la población, que a menudo se traduce en una dieta más rica en productos de origen animal.

“El crecimiento exponencial de la población mundial, y los cambios en nuestros patrones alimentarios, están aumentando el efecto invernadero y la deforestación de la Tierra.” Y añade: “El aumento de CO₂ en el aire afecta a la calidad de los cultivos. La concentración de minerales y proteínas es más baja, y los alimentos son más vulnerables en condiciones climáticas extremas”.

El modelo actual no es sostenible, y la repercusión de las decisiones individuales para cambiar nuestros hábitos alimentarios van mucho más allá de nuestra salud. Para saber más, mirad el video que hay a continuación.

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