El cuerpo como capital productivo

La salud física no es una cuestión estética ni un lujo aspiracional: es un activo económico clave. Un cuerpo en forma —fuerte, móvil y funcional— reduce gastos futuros, aumenta la autonomía y protege el patrimonio personal. Exactamente como una buena decisión financiera. Lo que hoy parece tiempo invertido, mañana se traduce en libertad y margen de maniobra.

 

Invertimos tiempo y dinero en proteger los ahorros, pero a menudo descuidamos el activo que lo sostiene todo: el cuerpo. La mala forma física no solo pasa factura a la salud; también erosiona ingresos, multiplica gastos y limita oportunidades. Estar en forma es una inversión silenciosa, poco visible a corto plazo, pero decisiva cuando llegan los imprevistos.

Bajas laborales recurrentes, fatiga crónica, menor productividad y un uso creciente de fármacos forman parte de la factura invisible de un cuerpo descuidado. A esto se añaden patologías a menudo evitables —lumbalgias, artrosis, diabetes tipo 2— que acaban convirtiéndose en gasto estructural, tanto personal como público. Según la Organización Mundial de la Salud, una gran parte de las enfermedades crónicas está asociada a hábitos de vida modificables. Dicho de otra manera: no cuidar el cuerpo es asumir una hipoteca de gasto futuro que se paga a plazos, pero con intereses crecientes.

La lectura económica es clara. La energía física condiciona la capacidad de trabajo; la movilidad garantiza autonomía cotidiana; el dolor crónico, en cambio, roba foco, tiempo y rendimiento. Un cuerpo descuidado es un activo que se deprecia con rapidez. Un cuerpo cuidado, en cambio, mantiene valor con el paso del tiempo, exactamente igual que una inversión bien gestionada.

 

Fuerza, autonomía y futuro: la rentabilidad de un cuerpo activo

La fuerza muscular y la movilidad son, probablemente, el seguro más barato que existe. Entrenar el cuerpo no es una cuestión estética ni deportiva, sino profundamente preventiva. Reducir el riesgo de caídas, proteger las articulaciones, fortalecer huesos y preservar la capacidad funcional es clave, sobre todo a partir de los 40 o 50 años. En el caso de las mujeres, mantener la fuerza es también una herramienta esencial contra la osteoporosis y la pérdida de autonomía futura.

La investigación médica es clara: no se trata de hacer deporte, sino de poder hacer vida. Caminar sin dolor, levantar pesos cotidianos, mantener el equilibrio y moverse con seguridad. La fuerza no es exhibición; es autonomía acumulada. Cada músculo trabajado hoy es una limitación menos mañana, un gasto evitado y una libertad preservada.

La dependencia no llega de golpe. Se construye con los años, a menudo de manera silenciosa. Un envejecimiento pasivo lleva asociados costes familiares elevados, pérdida de dignidad personal y una presión creciente sobre los sistemas públicos. En cambio, un envejecimiento activo permite conservar autonomía, reducir gasto sanitario y mantener calidad de vida. Los datos de Eurostat muestran un envejecimiento acelerado de la población europea, mientras que informes del Banco de España alertan de la tensión creciente sobre el gasto sanitario. La salud física, en este contexto, es también un bien colectivo.

Y todo esto no es una cuestión de tiempo ni de dinero, sino de prioridades. Estar en forma no requiere gimnasio ni grandes recursos: movimiento cotidiano, fuerza básica y constancia. Caminar más, sentarse menos, entrenar los músculos esenciales. Desde la mirada de 11Onze, la lógica es la misma que con el ahorro: no hace falta hacerlo perfecto, hace falta hacerlo sostenido. La constancia, no el heroísmo, es la que genera rendimiento… también cuando hablamos del cuerpo.

 

El cuerpo también es patrimonio

El cuerpo también es patrimonio. Cuidarlo es una de las decisiones más rentables que se pueden tomar a lo largo de la vida. No cotiza en bolsa ni genera titulares, pero condiciona todas las otras inversiones: el tiempo que podemos dedicar, el dinero que podemos ganar o ahorrar, la libertad para decidir y la calidad de vida que podemos sostener con los años.

Igual que los ahorros, el cuerpo necesita atención, criterio y constancia. No admite soluciones milagrosas ni rendimientos inmediatos, pero responde con fiabilidad a las decisiones sostenidas. Porque, al final, es el capital personal que lo sostiene todo: sin salud, ningún otro patrimonio es plenamente utilizable.

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A pesar de que la educación financiera es una competencia necesaria esencial en el día a día de la ciudadanía, solo uno de cada tres ciudadanos adultos europeos tiene conocimientos financieros mínimos. Te explicamos los pasos a seguir para optimizar tus finanzas.

 

Tener las finanzas bajo control, es decir, el bienestar financiero, es esencial para nuestra tranquilidad y un pilar básico para lograr nuestros objetivos personales. Conocer los conceptos básicos de la economía familiar y las finanzas personales te ayudará a optimizar el dinero y a ser más eficiente con tus gastos.

Establecer objetivos financieros

Define claramente tus objetivos financieros a corto, medio y largo plazo, estableciendo metas realistas y alcanzables. Tanto si quieres ahorrar para una emergencia, comprar una casa o pagar la educación de tus hijos, dividir tus objetivos financieros en pasos más pequeños y a tu alcance te permitirá celebrar los logros a medida que avanzas.

Crear un presupuesto

Apunta cuánto dinero ingresas cada mes y cuánto gastas en una hoja de Excel, una agenda o en una aplicación de finanzas personales para crear un presupuesto ajustado a tu situación personal. Este presupuesto tiene que incluir ingresos como nóminas, inversiones, ayudas estatales y gastos fijos como el alquiler/hipoteca, créditos, alimentación y otros gastos no esenciales como comer fuera, vacaciones y ahorros.

Paga las facturas puntualmente

Asegúrate que estás en el día en el pago de facturas haciendo una domiciliación de los pagos, es decir, autorizando tu banco para que cargue automáticamente cierta cantidad a tu cuenta corriente de manera periódica y recurrente de los servicios que utilizas: agua, luz, gas, teléfono móvil, etc. También puedes utilizar aplicaciones de pago de facturas y establecer recordatorios de pago por correo electrónico o SMS.

Prioriza el pago de deudas

Menos deudas significa más fondos disponibles para gastos imprevistos y más bienestar emocional. Prioriza el pago de las deudas con tasas de interés más altas y considera una posible consolidación de la deuda para reducir los intereses.

Ahorrar regularmente

Establece una rutina de ahorro automático con una estrategia de presupuesto inverso, que consiste en elegir un objetivo de ahorro, como pagar unos estudios, decidir cuánto quieres aportar cada mes y reservar esta cantidad antes de repartir el resto de tus gastos. Evidentemente, no hay que establecer un objetivo, pero tener un propósito siempre nos puede motivar a hacer el esfuerzo cuando menos para un fondo de emergencia.

11Onze siempre a tu lado

Empoderar a la ciudadanía a través de la educación financiera ha estado en el corazón de 11Onze desde sus inicios. Ampliar los conocimientos sobre economía y finanzas de nuestra comunidad, poniendo a su alcance todas las herramientas necesarias, es uno de los pilares fundacionales de la primera fintech comunitaria de Cataluña.

Desde el lanzamiento de 11Onze Escola, un proyecto que ofrece sesiones formativas sobre el mundo de las fintechs para que centros educativos, empresas y colegios profesionales de todo el país puedan formar a sus alumnos en materia económica y financiera, disponemos de una plataforma única que permite complementar el currículum escolar educando a los jóvenes en cuestiones monetarias y que pone a su alcance herramientas para la creación de riqueza.

Con el mismo propósito de formar a nuestra comunidad, se impulsan las lecciones de la sección Aprender, que ofrece contenidos como la serie El Diner, las Formacions 11Onze hechas por los mismos trabajadores o nuestros Cursos cortos. Además, en el apartado Descobreix de 11Onze TV también encontraréis piezas de nuestros agentes sobre temas de interés para nuestro día a día. Porque desde un buen principio teníamos claro que sin una buena formación financiera difícilmente seremos una sociedad libre que pueda decidir su futuro.

 

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La Navidad nos encanta… hasta que nos pasa por encima. Comidas que no se acaban, agendas imposibles, compras obligadas y una presión ambiental que no perdona. Cada año prometemos vivirla “con calma”, pero acabamos atrapados en la misma rueda. La pregunta es simple: ¿cómo podemos disfrutar de las fiestas sin terminar exhaustos, arruinados o emocionalmente abrumados?

 

La Navidad llega cada año envuelta en una postal de perfección con mesas impecables, familias idílicas y una felicidad que parece obligatoria. Pero la realidad va por otro lado. Las fiestas concentran presiones familiares, sociales y económicas en pocos días, y todo el mundo intenta estar a la altura mientras el ritmo se acelera. Nos movemos de una comida a otra, de una visita a un encuentro, a menudo sin tiempo ni para respirar. Decir que no se percibe como una falta, y eso nos lleva a encadenar obligaciones que nos dejan exhaustos.

Estas exigencias chocan con el espejismo permanente de las redes sociales, donde todo parece luminoso, perfecto y amable. Pero si tu familia es complicada, si hay tensiones, o simplemente arrastras cansancio emocional, ese escaparate puede hacerte sentir que tu experiencia navideña “no es lo bastante buena”. Las expectativas se multiplican y la realidad, a menudo imperfecta, pesa. Cuando los días pasan entre prisas, agendas imposibles y conversaciones que preferiríamos evitar, el desgaste emocional es inevitable.

La saturación suele llegar en silencio. Se manifiesta en forma de insomnio, irritabilidad, problemas digestivos o la sensación de funcionar en piloto automático. Son avisos claros que no deben ignorarse, porque el cuerpo pide una pausa. Y aquí es donde hay que recordar la idea esencial de que la Navidad no debe sobrevivirse, debe poder vivirse. Poner límites, ajustar expectativas y aceptar que no existen Navidades perfectas es lo que realmente nos permite disfrutar de estas fiestas de una manera más sana y humana.

 

Consejos alimentarios con sentido

Comer bien durante las fiestas no significa renunciar a nada, sino saber compensar. El problema no es la comida de Navidad en sí, sino convertir cada encuentro, cada sobremesa y cada aperitivo en un banquete absoluto. Por eso, servirse raciones pequeñas y repetir solo si realmente hay hambre es una estrategia sencilla que ahorra cientos de calorías sin renunciar al placer. Comer con conciencia y no por compromiso es la primera clave de una Navidad más ligera.

Otro pilar fundamental es cuidar lo que solemos olvidar: la hidratación y el descanso. El alcohol deshidrata, altera el sueño e intensifica el cansancio acumulado, de modo que alternar cada copa con un vaso de agua marca una diferencia real al día siguiente. Dormir entre siete y ocho horas es un protector infalible que regula la digestión, mejora el estado de ánimo y evita que los excesos se conviertan en malestar prolongado. Cuando el cuerpo descansa, la mente también lo hace.

Finalmente, pequeños gestos cotidianos pueden transformar la manera de vivir las fiestas. Un paseo después de una comida pesada acelera la digestión y activa el cuerpo; evitar el azúcar oculto de salsas preparadas, refrescos y pastelería industrial reduce el exceso calórico sin que lo notemos; y equilibrar un día muy cargado con verduras, sopas o fruta ayuda a recuperar el ritmo natural. El cuerpo también celebra la Navidad, pero no necesita un festival gastronómico permanente para hacerlo.

 

Bienestar emocional para sobrevivir las fiestas

La Navidad es, paradójicamente, un momento en que la salud mental queda a menudo en segundo plano. Todo el mundo quiere que las fiestas salgan bien, que haya armonía, que las tensiones no aparezcan y que la ilusión no se resquebraje. Pero esta presión puede pasar por encima de lo que realmente sentimos. Las emociones incómodas —tristeza, cansancio, estrés— se esconden bajo la alfombra porque “no tocan”, y eso solo intensifica el malestar.

Por eso es esencial reivindicar el derecho a decir “no”. No hace falta dar explicaciones largas ni justificaciones elaboradas, ya que con un “necesito descansar” o “este año prefiero una Navidad más tranquila” debe ser suficiente. Poner límites es una forma de autocuidado y, a la vez, una manera de prevenir conflictos en encuentros familiares complicados. Ajustar horarios, optar por espacios neutros o pactar temas prohibidos—como la política o cuestiones personales—puede transformar una comida tensa en un encuentro soportable.

También hay quien vive la Navidad con soledad, un sentimiento que las postales, la publicidad y las redes suelen amplificar. Desactivar esta idea de la “Navidad perfecta” es profundamente liberador, porque no es necesario estar radiante ni tener planes cargados de eventos. Actividades sencillas como hacer voluntariado, ir al cine, dedicar tiempo a la lectura o quedar con alguien que comparta la misma calma pueden convertir las fiestas en un espacio amable. La Navidad no es una competición de alegría, es una oportunidad para sostenernos, cuidarnos y darnos permiso para ser humanos.

Consumo responsable: la clave de una Navidad más sana (también mentalmente)
El consumo navideño no solo afecta al bolsillo, sino que también modela nuestra autoestima y la manera en que interpretamos las fiestas. La presión por acertar los regalos, por comprar más de lo necesario o por estar a la altura de un ideal publicitario puede convertir un acto afectuoso en una fuente de tensión. Reducir el número de regalos o pactar límites claros es una manera de liberar tiempo, dinero y, sobre todo, la sensación de no llegar nunca a todo.

Cortando el ciclo del consumo impulsivo, la Navidad se vuelve más respirable. Comprar “porque toca”, “porque el otro lo espera” o “para no quedar mal” genera ansiedad y culpa, y a menudo nos deja con una sensación de vacío cuando las fiestas ya han pasado. Decidir de antemano qué queremos regalar y qué presupuesto tenemos es una herramienta potente para evitar compras precipitadas. De esta forma, el regalo recupera su sentido original: un detalle, no una obligación. El consumo vuelve a estar al servicio de las personas, y no al revés.

Las alternativas son muchas y, a menudo, más significativas. Una comida compartida, una excursión o una actividad generan más memoria que un objeto. Ofrecer tiempo—cuidar niños, ayudar en una mudanza, preparar una comida—es un regalo emocionalmente potente. Y las manualidades o detalles personalizados dan sentido sin necesidad de gastar en exceso. Un consumo moderado es también un consumo más consciente, y esta conciencia es la base de una Navidad más sana, más simple y mucho más amable.

Por este motivo, disfrutar de la Navidad no depende de lo que compras, sino de lo que vives. El descanso, los límites, la alimentación equilibrada y el consumo responsable no son concesiones, sino formas de preservar la salud física, emocional y financiera en uno de los momentos más intensos del año. Cuando cuidas tu ritmo, la Navidad deja de empujarte y empieza a acompañarte. Es entonces cuando puedes celebrarla de verdad.

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La precariedad no es un accidente del sistema, es su nueva estructura. Nos conecta a todos a través de la incertidumbre, la dependencia y la deuda. Y solo entendiéndolo podremos romper el círculo y recuperar la soberanía sobre nuestras vidas.

 

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman captó como pocos la esencia de nuestro tiempo. Lo que él llamaba modernidad líquida es hoy una realidad palpable: todo lo que antes era sólido —el trabajo, las relaciones, la seguridad económica— se ha vuelto frágil y efímero. El trabajador que podía planificar una vida, hacer una hipoteca o criar hijos con cierta tranquilidad, ha sido sustituido por un individuo que encadena empleos temporales, subsidios y deudas. Esta inestabilidad no es solo económica: es emocional, psicológica y cívica. Un ciudadano que vive con miedo es más fácil de gobernar, pero también mucho menos libre.

 

La inseguridad como instrumento de control

Las crisis —financiera, sanitaria, energética, climática— se han convertido en una constante. La incertidumbre ya no es una excepción, sino una condición estructural. Cada nueva ola de dificultades justifica un nuevo paquete de medidas “temporales” que, con el tiempo, se vuelven permanentes. Mientras tanto, la población se acostumbra a vivir con el agua al cuello: salarios que no alcanzan para cubrir el costo de la vida, inflación que erosiona el ahorro, alquileres que devoran sueldos y una fiscalidad creciente que asfixia a las clases medias.

Esta precariedad generalizada crea dependencia. Los gobiernos la gestionan con subsidios y ayudas puntuales, mientras la banca y las grandes corporaciones ofrecen crédito fácil para mantener el consumo. Es un círculo vicioso que transforma los derechos sociales en favores y al trabajador en deudor perpetuo. El miedo a perder el ingreso o la vivienda se convierte en una poderosa herramienta de sumisión.

El resultado es una sociedad que vive pendiente del próximo rebrote económico o del próximo índice del IPC, y que acaba confundiendo la supervivencia con el progreso. Como advertía Bauman, “la libertad sin seguridad es una condena, pero la seguridad sin libertad es una prisión invisible”.

 

Del trabajo estable al trabajo frágil

En pocos años, el concepto de empleo se ha transformado radicalmente. La flexibilidad —palabra aparentemente positiva— se ha convertido en sinónimo de temporalidad, subcontratación e inseguridad. Los contratos cortos y el trabajo parcial se han normalizado hasta el punto de que ya no sorprenden. En cambio, un contrato indefinido o una jornada de cuarenta horas parece casi un privilegio.

Según el INE, más del 25% de los trabajadores jóvenes en España tienen contratos temporales. En Cataluña, el salario medio real ha perdido más de un 7% de poder adquisitivo en los últimos cinco años, mientras el coste de la vivienda ha aumentado un 30%. La desigualdad entre salarios y precios es ya estructural: trabajar no garantiza vivir dignamente.

Este modelo laboral fragmentado genera una población permanentemente disponible y fácil de sustituir. El trabajador no puede proyectar futuro ni acumular patrimonio. Cuando el trabajo deja de ser una fuente de estabilidad y pasa a ser una lucha diaria por la subsistencia, el contrato social se rompe.

La precariedad laboral también es precariedad cívica. Un ciudadano sin horizonte no participa, no protesta, no exige. Simplemente, sobrevive. Y esa es, quizá, la nueva victoria del sistema: transformar al trabajador en un consumidor obediente y agotado.

 

La pérdida de libertad y la necesidad de soberanía económica

La inseguridad económica erosiona silenciosamente la libertad. Cuando todo depende del salario del mes o del crédito concedido, la autonomía personal se desvanece. Vivimos en sociedades aparentemente libres, pero sometidas a mecanismos de control sutiles: deuda, dependencia tecnológica y desinformación constante.

El reto es volver a construir soberanía. En el ámbito colectivo, esto significa recuperar el control sobre los recursos básicos —energía, vivienda, finanzas— y fomentar economías locales resilientes. En el ámbito individual, significa reaprender hábitos de autogestión: ahorrar, invertir con criterio, huir de la deuda innecesaria y apostar por la formación financiera como herramienta de liberación.

La educación económica es la clave para transformar el miedo en poder. Cuando entendemos cómo funciona el sistema, dejamos de someternos ciegamente a él. En 11Onze hace tiempo que lo defendemos: el ahorro es soberanía, la información es libertad y la comunidad es fuerza.

El camino hacia una sociedad menos precaria no depende de esperar soluciones externas, sino de construir seguridad desde abajo, desde la cooperación y la conciencia.  Quizá Bauman tenía razón: la precariedad es el nuevo vínculo social. Pero aún estamos a tiempo de convertir ese vínculo en una red de solidaridad, no de sumisión.

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La producción de alimentos genera un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, aun así, es insuficiente para millones de personas que sufren inseguridad alimentaria y nutricional. Algunos estudios proponen un cambio de enfoque hacia un sistema más sostenible, centrándose tanto en el bienestar humano como en el medioambiental.

 

Un informe elaborado por la comunidad de las Nuevas Fronteras de la Nutrición del Foro Económico Mundial, en colaboración con Accenture, aboga por un cambio significativo en la estrategia de transformación del sistema alimentario mundial que esté basado en la salud humana y planetaria. Una vía hacia un sistema alimentario sostenible que permitiría a las personas llevar una vida más feliz, saludable y productiva.

Se trata de una iniciativa que integra a los sectores públicos, privados y comunitarios, centrándose a aumentar la disponibilidad, el acceso y la adopción de opciones alimentarias nutritivas, sin dejar de lado los objetivos de sostenibilidad. Subraya la necesidad de una colaboración intersectorial para transformar los sistemas y las políticas alimentarias con el objetivo final de conseguir un panorama alimentario más equitativo y sostenible con mejores resultados para la salud mundial.

La iniciativa detalla los pasos a seguir para lograr dietas más sanas, haciendo hincapié en los alimentos ricos en nutrientes, mínimamente procesados y predominantemente vegetales. Entre las principales sugerencias figuran incentivar la producción de alimentos orgánicos que sean asequibles y accesibles, mientras se refuerza el vínculo entre alimentación y salud en la conciencia de los consumidores.

Así mismo, propone facilitar un entorno de venta al por menor que haga de las opciones nutritivas la opción por defecto. Porque, a pesar de que la mayoría de los indicadores que hacen referencia a las dietas inadecuadas que afectan los sectores de la sociedad más vulnerables se centran en la desnutrición, la malnutrición también se define por la falta de vitaminas, minerales, fibra y otros micronutrientes clave.

 

Una oportunidad económica en la transformación de los sistemas alimentarios

Las conclusiones del Foro Económico Mundial coinciden con otro informe mundial elaborado por destacados economistas y científicos de la Food System Economics Commission (FSEC), que constata que los sistemas alimentarios existentes destruyen más valor del que crean, especialmente a causa de los costes medioambientales y sanitarios.

Y es que la mala alimentación también está relacionada con un mayor riesgo de sufrir enfermedades mentales comunes. Solo la depresión, tiene un coste de un billón de dólares al año para la economía mundial en pérdidas de productividad laboral.

De hecho, un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) calcula que los costes medioambientales, sociales y sanitarios ocultos de los sistemas agroalimentarios actuales ascendieron además de 11 billones de euros en 2020.

En este sentido, el cambio hacia un sistema alimentario mundial más sostenible podría generar hasta 7,9 billones de euros de beneficios al año, además de mejorar nuestra salud y aliviar la crisis climática. Por lo tanto, el coste de la transformación sería mucho menor que los potenciales dividendos, proporcionando una vida mejor a centenares de millones de personas.

El estudio propone desviar las subvenciones y los incentivos fiscales de los monocultivos a gran escala que son destructivos y que dependen de los fertilizantes, los pesticidas y la tala de bosques, a los pequeños y medianos productores. Cuando menos como una alternativa al sistema actual que empuja a los agricultores a gestionar grandes explotaciones intensivamente industrializadas.

No obstante, el principal reto de una transición hacia este nuevo modelo agroalimentario es el aumento de los costes de los alimentos. Un cambio de paradigma que requiere no solo una concienciación del consumidor, sino tener en cuenta la situación económica actual, salvo que queramos pasar de las protestas de los agricultores a una revuelta popular globalizada.

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Si no acabas de entender por qué, a pesar de vivir en una supuesta meritocracia, tu esfuerzo no se ve recompensado, no sufras, un modelo informático sobre la creación de riqueza tumba la noción que el éxito económico está ligado al talento y al esfuerzo individual, llegando a la conclusión que la suerte juega un papel mucho más importante.

 

La lotería de las oportunidades se reparte desde nuestro nacimiento, pero tenemos pocas posibilidades que nos toque. Esto parece ser la conclusión de la tesis que defienden un grupo de científicos dirigidos por Alessandro Pluchino, profesor de física teórica, métodos y modelos matemáticos de la Universidad de Catania.

Pluchino y su equipo desarrollaron un modelo informático que a través de simulaciones analiza la distribución de la riqueza y el éxito en una población hipotética, con el objetivo de comprobar hasta qué punto intervienen factores como el talento humano y la suerte.

Se trataba diseccionar hasta qué punto el papel del azar influye en el paradigma meritocrático ampliamente dominante en las culturas occidentales, que se basa en la noción que el éxito se debe principalmente, si no exclusivamente, a cualidades personales como el talento, la inteligencia, las habilidades, el esfuerzo o la asunción de riesgos.

 

¿Cómo funciona el modelo informático?

El equipo introdujo en el simulador los datos de una población hipotética de personas dotadas de la distribución media de talento e inteligencia. A continuación, el modelo informático generó una simulación equivalente a una vida laboral de 40 años, introduciendo acontecimientos afortunados y desafortunados a lo largo del tiempo, que equivalen a oportunidades para aumentar o disminuir la riqueza.

Siguiendo este método, los investigadores descubrieron que, la mayoría de las veces, la riqueza está más vinculada a la suerte que al propio talento: “Nuestro modelo muestra que si bien es cierto que se necesita cierto grado de talento para tener éxito en la vida, casi nunca las personas más talentosas logran las cumbres más altas, siendo superadas por individuos medianamente talentosos, pero sensiblemente más afortunados.”

Al final, el equipo comprobó si la distribución de la riqueza resultante coincidía con la del mundo real, donde el 80% de la población posee el 20% de la riqueza. Y así fue, una y otra vez. Dicho de otra manera, los resultados confirmaron que, a pesar de las diferencias en talento y esfuerzo, el azar juega un papel crucial en determinar quién llega a ser extremadamente rico. Esto significa que muchas personas con talento y trabajadoras no serán ricas simplemente porque no han tenido la misma suerte que otras.

Por otro lado, las simulaciones también demostraron que las oportunidades son distribuidas de manera desigual. La gente que ya tiene ciertas ventajas, como un buen nivel educativo o una buena red de contactos, tiene más probabilidades de encontrarse con oportunidades que pueden llevar a grandes ganancias económicas, mientras que aquellas que empiezan desde una posición menos privilegiada a menudo lo tienen más difícil para acceder a las mismas oportunidades.

 

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La tornada a la rutina després d’unes vacances sempre ha estat una mica feixuga. Però en els darrers anys, el fenomen conegut com a “síndrome postvacacional” s’ha convertit en una realitat força comuna per a moltes persones. 

 

Malgrat que no es tracta d’una malaltia reconeguda, ni tampoc d’un trastorn clínic com la depressió, els seus efectes poden ser prou intensos per alterar el benestar emocional i la capacitat de concentració durant els primers dies —o setmanes— de retorn a la feina.

Aquest malestar s’expressa de formes molt diverses

  • Algunes persones senten una sensació difusa de desgana
  • Altres noten cansament físic sense causa aparent, dificultat per dormir, poca motivació o una irritabilitat persistent. 
  • Hi ha qui se sorprèn de no reconèixer-se, de no tenir ganes de reprendre la feina ni les activitats habituals, ni tan sols les que normalment li agraden. 

En el fons, el cos i la ment estan fent un esforç d’adaptació a un canvi brusc de ritme. I aquest procés, lluny de ser immediat, pot trigar dies a resoldre’s.

 

Per què ens passa?

Les vacances suposen una alteració substancial de les nostres rutines. El rellotge s’atura, els horaris s’alliberen, la ment es desconnecta del soroll constant del dia a dia i recuperem una mica de control sobre el nostre temps. Aquesta sensació de llibertat, de respir, és precisament el que s’esvaeix quan arriba l’hora de tornar. I no tothom ho encara igual.

La situació actual tampoc hi ajuda. Vivim en un context marcat per la incertesa econòmica, la precarietat laboral i una exigència constant que sovint ens manté en estat d’alerta. Si a tot això hi sumem una tornada abrupta al món laboral —de vegades amb agendes plenes des del primer dia—, no és estrany que el cos i la ment protestin.

 

Prevenir el xoc de tornada

Aquest malestar, però, no és inevitable. De fet, es pot prevenir o, com a mínim, alleugerir si es fa una tornada intel·ligent i progressiva. El primer consell que molts especialistes comparteixen és evitar tornar de vacances el dia abans de reincorporar-se a la feina. Reservar-se dos o tres dies de transició ajuda a posar ordre, descansar, preparar la logística familiar i planificar amb calma la setmana. És un marge que ens permet reconnectar a poc a poc amb la realitat quotidiana.

També és útil reprendre les rutines de descans uns dies abans. Recuperar uns horaris de son més regulars —anar a dormir i llevar-se a la mateixa hora cada dia— permet que el cos es vagi reajustant. Sovint oblidem que el nostre sistema nerviós necessita pautes estables per funcionar bé, i un dels factors clau és el descans reparador.

 

Trobar espais de benestar dins la rutina

Un altre element fonamental per fer més suportable la tornada és mantenir alguna activitat gratificant fora de la feina. Les vacances no haurien de ser l’únic espai de plaer de l’any. Fer esport, caminar, ballar, cuinar, veure amics… qualsevol d’aquestes activitats pot ajudar a contrarestar l’estrès i estimular la producció d’endorfines, les hormones naturals del benestar. En definitiva, es tracta de no passar d’un extrem a l’altre, sinó de conservar espais de qualitat dins de la rutina.

També pot ser molt útil fixar-se petits objectius motivadors a curt termini. No cal que siguin grans fites: una excursió el cap de setmana, un concert, començar un nou curs, reprendre una afició oblidada… Qualsevol estímul positiu ens pot ajudar a veure que la vida quotidiana no és només feina i responsabilitats. I, de retruc, ens ajuda a reconstruir una certa il·lusió de cara al futur immediat.

 

I si el malestar no desapareix?

Ara bé, cal estar alerta si els símptomes persisteixen més enllà de les dues o tres primeres setmanes. En aquest cas, potser no estem davant d’una simple síndrome postvacacional, sinó d’una insatisfacció més profunda amb la feina, d’un desgast emocional acumulat o, fins i tot, d’un trastorn de salut mental que requereix atenció. No podem normalitzar un malestar crònic ni resignar-nos a viure amb l’ànim per terra. Si cal, convé consultar amb un professional que pugui orientar-nos.

En el fons, la síndrome postvacacional ens fa una pregunta incòmoda: vivim al ritme adequat? Si la resposta és que no, potser és hora de revisar les nostres prioritats i d’explorar formes de viure més sostenibles, més humanes. Potser la tornada a la feina no hauria de ser un xoc, sinó una oportunitat per fer les coses una mica millor.

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Bioconstrucción o arquitectura sostenible son hashtags que acompañan a la arquitectura convencional para revolucionarla, desde los cimientos, con una premisa clave: dentro de las casas tienen que vivir seres humanos. Una idea tan evidente como desafiadora. Hablamos con la arquitecta experta en bioconstrucción Sonia Hernández-Montaño.

 

¿Te has planteado nunca con qué materiales se ha construido tu hogar? ¿Qué iluminación prevalece o como la distribución de los espacios está afectando tu estado de ánimo? Arquitectura sana es el nombre del proyecto, y también la filosofía, que el equipo de Sonia llevó a Cataluña el 2009 con el objetivo de hacer más habitables nuestros hogares desde el punto de vista humano y de salud.

La mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos dentro de espacios cerrados, pero en términos generales no somos conscientes de hasta qué punto estos espacios pueden incidir directamente en nuestra salud física y mental. En un nuevo episodio de Personas, Hernández-Montaño remarca todos los elementos y prácticas que tenemos que tener en cuenta para mejorar nuestra vida.

La salud que no se ve

La construcción evoluciona constantemente, y en las últimas décadas ha incorporado elementos tecnológicos y nuevos materiales. Hernández-Montaño señala, pero, que “en este camino nos hemos olvidado que hay personas dentro de los edificios, que los edificios no solo tienen que consumir menos energía y minimizar los recursos utilizados, sino que también tenemos que sostener la vida en el interior”. Defiende que todos somos arquitectos y todos podemos usar esta herramienta de salud para propiciar el bienestar de las personas.

Entre los aspectos más destacados, encontramos algunas acciones clave para mantener la calidad de vida dentro de los espacios, empezando por la ventilación, un punto clave si se lleva a cabo de la forma adecuada y que incluso puede reducir la contaminación que pueda venir del exterior. El segundo punto clave es la iluminación, la “directora de orquesta de nuestro reloj biológico” que tiene que ir cambiando según el momento del día para acompañar nuestro ritmo circadiano.

También es imprescindible tener en cuenta y reducir la presencia de contaminantes dentro de los espacios interiores, un objetivo que rae en la elección de materiales, tanto de construcción, como en muebles o productos de limpieza. Escucha la conversación entera para descubrir el resto de consejos que harán de tu casa un espacio de salud.

 

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Actualmente en el mundo existen más dispositivos móviles que personas. Los móviles han cambiado nuestra manera de vivir, de trabajar, de comunicarnos e incluso nuestra calidad de vida, el bienestar y la salud.

 

Una aplicación es un software autónomo hecho para cumplir una tarea determinada y que se optimiza para usarlo en smartphones, tablets o relojes inteligentes en función de las características disponibles. Cuando se trata de una aplicación de salud se denomina mobile Health (mHealth) y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es una “prestación de servicios e información sanitaria mediante tecnologías móviles”. 

 

¿Qué es una aplicación de salud?

Se integra dentro del campo de la eSalud, entendido como el uso de tecnologías de la comunicación e información aplicadas a los servicios de salud (ordenadores, teléfonos móviles, GPS, monitores de instrumental médico conectado, robots médicos, etc.). No dejan de ser programas informáticos que se utilizan en plataformas móviles y que a menudo están conectados a dispositivos médicos que nos indican cómo mejorar nuestra salud o prevenir riesgos. Además también existen aplicaciones de diagnóstico, para tratar a pacientes o comunicarnos con nuestro sistema de salud.

La Comisión Europea avala que la práctica médica y de salud pública es compatible con teléfonos móviles, dispositivos de monitorización de pacientes, asistentes digitales personales y otros dispositivos inalámbricos. Además, incluye en esta categoría aplicaciones relacionadas con la información sanitaria a la población, recordatorios de medicamentos enviados por SMS, telemedicina, sistemas de formación y orientación e incluso aplicaciones de estilo de vida y bienestar creadas con el objetivo de mantener o mejorar los hábitos saludables de la población mediante la práctica del deporte y del wellness.

 

¿Cómo se controlan y qué criterios de calidad se utilizan?

En Cataluña ya hace tiempo que se usa un método de evaluación de las aplicaciones móviles de salud mediante variables objetivas, denominado iSYScore.

Los criterios que utiliza iSYScore para seleccionar las apps móviles de salud más adecuadas a las necesidades se elaboran a partir de las opiniones de los usuarios, desarrolladores y profesionales de la sanidad, y se basan en tres criterios: la popularidad, la confianza y la utilidad.

 

¿Qué problemas tienen estas aplicaciones?

Básicamente, la poca fidelización. Hay pocas aplicaciones que hayan conseguido una estabilidad a largo plazo. Un estudio confirma que el 70% de enfermos crónicos que las han utilizado las dejan de usar al cabo de seis meses. Y el 80% de las aplicaciones se abandonan en tan solo dos semanas. Para mejorar estas cifras, sería recomendable una personalización a partir de diferentes perfiles. Cada persona es única y estas aplicaciones actúan de forma genérica.

Otro problema al que se deben afrontar es el de la propiedad y protección de datos, sumado al desprestigio que puede tener el producto si al primer usuario que lo prueba no le funciona.

 

Consejos para escoger una aplicación fiable

  1. Informarnos: Buscar y comparar aplicaciones en buscadores como Google. 
  2. Reseñas: Buscar en foros la opinión de los usuarios. 
  3. Listado de opciones: Elegir entre 4 o 5 aplicaciones.
  4. Fiabilidad: Asegurarnos de que tengan una evidencia científica y un buen lugar para hacerlo es buscar las referencias en PubMed (National Center for Biotechnology Information).
  5. Testear: Sería aconsejable testear (probar) la aplicación con algún amigo. Si por ejemplo sufres de insomnio, es importante que tu amigo no lo sufra y así podéis poner en común cómo ha ido.
  6. ¿Quién hay detrás? Para ser una aplicación de calidad (fiable), es importante que en su proceso hayan participado técnicos, profesionales de la salud (que serán diferentes en función del objetivo del producto) y expertos en legislación y gestión de datos. 
  7. Obsolescencia: Los estudios clínicos requieren tiempos y en el mundo de las nuevas tecnologías es algo que pasa muy rápidamente y que, por lo tanto, hay que tener en cuenta.

Seguir estos simples pasos te asegurará que las aplicaciones que utilices sean del todo fiables.

 

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La inteligencia artificial genera admiración y rechazo a partes iguales. Las ventajas de un mundo digitalizado chocan con el anhelo de no perder prácticas tradicionales. El miedo, principalmente, es perder la parte humana, pero ¿y si la tecnología nos ayudara a potenciarla?

 

En los últimos años, la investigación en ámbitos científicos se ha visto reforzada gracias a la incorporación de la IA, la inteligencia artificial. Universidades, empresas y proyectos unen esfuerzos para avanzar y mejorar tanto en diagnóstico de enfermedades como en tratamiento, poniendo especial énfasis en mejorar la calidad de vida de los pacientes, tan física como psicológicamente.

La inteligencia artificial llega al ámbito de la salud mental y se sitúa en esta cruzada, entre terapeutas y pacientes, para agilizar el proceso de diagnóstico, facilitar su reconocimiento y mejorar la precisión de cada tratamiento.

Algoritmos para prevenir enfermedades

En todo lo que afecta a la salud mental, el factor de la prevención es clave. Por eso, entidades, empresas y organizaciones unen esfuerzos -cada vez más sofisticados- para poner al alcance de la población herramientas que faciliten el proceso de pedir ayuda. De este primer paso dependerá el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación.

Países como los Estados Unidos han puesto manos a la obra y cada vez más centros de investigación se orientan hacia la IA. encontramos proyectos como The Trevor Project, que a través de IA ha creado un espacio seguro para el colectivo LGBTIQ+, especialmente como apoyo para los más jóvenes. La razón es tan sencilla como preocupante: calculan que solo en los Estados Unidos, 1,8 millones de jóvenes se plantean el suicidio cada año, y al menos un joven intenta suicidarse cada 45 segundos. Si ampliamos estas cifras, calculadas solo en relación con el colectivo LGBTIQ+, entre el total de la población, las cifras aumentan considerablemente.

En Cataluña también se han desarrollado proyectos de investigación y empresas orientados a la IA para la salud mental. Por ejemplo, el Proyecto STOP, liderado desde la Universitat Pompeu Fabra, está orientado a detectar la depresión y prevenir el suicidio y los desórdenes alimentarios. Lo hacen gracias a un algoritmo que actúa enfocado en las redes sociales, un espacio donde los usuarios son especialmente vulnerables. Gracias a las últimas campañas llevadas a cabo, el proyecto ha conseguido aumentar un 60% las llamadas al Telèfon de l’Esperança, una fundación que acompaña a todas aquellas personas que se sienten solas o pueden necesitar ayuda.

Las palabras adecuadas pueden salvar vidas

La IA ha permitido dar un paso adelante, y empresas de diferentes ámbitos están creando algoritmos para contribuir. La primera ventaja que suponen las herramientas digitales es la accesibilidad, que permite tener a mano recursos terapéuticos desde cualquier lugar y en cualquier momento. Una ventaja clave, a pesar de que puede minimizar su efecto en perfiles de personas poco tecnológicas o sin recursos.

La sofisticación de los sistemas de IA es tal que son capaces de analizar el comportamiento del paciente, las expresiones faciales, el tono de voz o el lenguaje que utiliza. Con todos estos datos, la radiografía de un paciente puede ser mucho más realista, y el diagnóstico más esmerado. Dos factores claves en salud mental, y más si tenemos en cuenta que la mitad de los pacientes recibe diagnósticos erróneos, según ha calculado Aimentia, una empresa catalana que desarrolla herramientas digitales para los profesionales del ámbito de la salud mental.

Otros algoritmos van más allá y analizan las conversaciones entre pacientes y terapeutas con el objetivo de proporcionar a los profesionales un enfoque más preciso a la hora de comunicarse con el paciente. La meta de todos estos proyectos está clara: conseguir que los problemas de salud mental, que según la OMS afectan una de cada cuatro personas, lleguen a tratarse y curarse.

 

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