El establecimiento del feudalismo

Va ser a finals del segle XI quan el feudalisme finalment s’imposaria. Els senyors feudals, nobles o membres de l’Església, obligarien els camperols a entregar un excedent sobre la seva feina, castrant les seves llibertats i forçant l’endeutament d’una gran part de la població. Oriol Garcia Farré, agent d’11Onze i historiador, ens ho explica.

 

Es tractava d’un sistema polític, econòmic, jurídic i social establert durant l’Edat Mitjana per tot el continent Europeu. Els regnes es dividien en petits territoris que tenien certa independència, els quals eren administrats pels nous senyors feudals, laics i eclesiàstics, que proporcionaven ‘protecció’ als camperols adscrits a la terra, a canvi de tributs i treball.

Almenys aquesta era la retòrica oficial, com explica Garcia, “la majoria de la documentació existent sobre el procés de feudalització només explica el que als senyors o als eclesiàstics els interessà documentar”, i continua, “tingueu present que en aquesta documentació quedaran al marge amplis sectors de la societat, com per exemple els pagesos”.

Obligatorietat de generar un excedent

Amb la imposició del feudalisme, la producció agrícola i ramadera va convertir-se en el pilar de l’economia. L’explotació sistemàtica dels pagesos a través del cobrament de tributs, sense els quals “no hauria estat mai possible la construcció de castells, torres, monestirs o les portalades romàniques”, apunta Garcia, donarà pas a la necessitat de “demandar i lligar noves terres de conreu”.

Així doncs, es va produir una intensificació de l’agricultura esperonada per la coerció dels senyors feudals exercida sobre les comunitats de pagesos lliures, “que durant tot aquest procés de feudalització van estar empeses a abandonar la seva economia de subsistència, amb l’única finalitat de generar un excedent”, afirma Garcia.

 

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La igualdad entre mujeres y hombres no solo se logra con el derecho de sufragio universal. La plena igualdad radica en cambiar las estructuras más profundas de la sociedad patriarcal. Se debe trabajar por una sociedad que refleje una verdadera relación entre iguales. Seguimos con el ejercicio histórico sobre grandes personajes femeninos de nuestra historia contemporánea.

 

A principios del siglo XIX Cataluña emprendió el camino hacia la modernidad por medio del proceso de industrialización. La mecanización de la industria textil y la vertebración del territorio, con la construcción de la red ferroviaria y de carreteras, posibilitaron que el país se convirtiera en una de las economías más dinámicas de Europa.

El capitalismo surgido de aquel proceso generó grandes beneficios para pocos a expensas de grandes desajustes sociales. Inevitablemente, apareció el movimiento obrero, que obligó a las clases más acomodadas a reflexionar sobre si era lícito obtener unos beneficios constantes sin efectuar un reparto equitativo de la riqueza. Entonces apareció la pregunta clave: ¿es inevitable la lucha de clases?

La Historia ha visto como en los últimos siglos infinidad de teóricos han abordado la cuestión. Muchos han teorizado y legitimado voluntades obreras contra la explotación laboral burguesa. E infinitud de movimientos sindicales han trabajado para liberar al obrero de la opresión del patrón.

 

Intereses contrapuestos

La lucha de clases ha llevado a los obreros a utilizar el derecho de huelga y, como última opción, el enfrentamiento físico para lograr sus reivindicaciones. Y a los burgueses, apoyados por la potencia de la plusvalía, les ha permitido presionar a instituciones públicas para contrarrestar las legítimas reclamaciones de los trabajadores. Cuando este entendimiento ha sido imposible, han aparecido la guerra y los campos de concentración.

La dialéctica sobre las estrategias revolucionarias a seguir para la abolición del capitalismo y los procesos para lograr una sociedad igualitaria —que también significaría el final de la opresión hacia las mujeres— se convirtió en el caballo de batalla del feminismo radical de la primera parte del siglo XX.

Muchas han creído que, para eliminar la desigualdad de género, primero había que luchar para acabar con las clases sociales, el patriarcado y la Iglesia. Después de todo esto, se conseguirá la emancipación real de la mujer. El sufragio universal femenino no sería suficiente, solo una ilusión progresista para controlar su voz. Por lo tanto, para las anarco-feministas había que ir mucho más allá. ¿Sería la dictadura del proletariado la que traería la plena igualdad de ambos géneros? En este proceso, ¿sería necesario también destruir el Estado, símbolo de control burgués?

Una líder libertaria

Nadie hubiera imaginado nunca que una líder anarquista como Frederica Montseny i Mañé (1905-1994) llegara tan lejos. Hija única de un matrimonio que militaba en las incipientes ideas libertarias, forjaría su carácter revolucionario ya desde muy pequeña. La adquisición de conocimiento, efectuado por línea materna, la impregnaría de un fuerte sentimiento de libertad, el cual modelaría su carácter como mujer.

Frederica Montseny entendía que la lucha de clases era el camino necesario para lograr la plena libertad individual, el poder de decisión y la elección de la forma de vida. Todo ello configuraría la esencia del individuo dentro de la sociedad. Y, en este proceso de liberación, tanto para mujeres como para hombres, sería de vital importancia la adquisición de conocimiento.

Esta líder anarquista entiende que las mujeres tienen que vivir en absoluta libertad y que debe haber un equilibrio perfecto entre mujeres y hombres. Por lo tanto, su marco mental está muy lejos del yo femenino como complemento de tú masculino que imperaba en su época, lo cual la llevaría al exilio a partir de enero de 1939.

Muy prontodestacó por su facilidad para la escritura, así que empezó a colaborar en la prensa anarquista y finalmente se afilió a la Confederación Sindical de los Trabajadores (CNT). Tanto ‘La Revista Blanca’, órgano teórico del anarquismo español, como el diario ‘El luchador’, de carácter más satírico, se convertirían en unos inmejorables altavoces para divulgar su pensamiento anarquista: entre 1923 y 1936 Frederica Montseny escribió más de seiscientos artículos.

 

Una anarquista en el Gobierno

La Historia le tenía preparado un reto enorme, de esos que te sitúan ante un dilema existencial importante. Pocos meses después de empezar la Guerra Civil, el sindicalista Francisco Largo Caballero constituyó un gobierno de unidad nacional, donde tenían que estar representadas todas las fuerzas progresistas y revolucionarias que configuraban el panorama político del Estado. Su gobierno incluiría republicanos, liberales y miembros del PSOE, el PCE, el POUM y también la CNT.

De este modo, Frederica Montseny se convirtió en la primera mujer en la historia de España que ocupaba un cargo ministerial, como fue la cartera de Sanidad y Asistencia Social. La decisión no había sido nada fácil por su ideología y la presión del sector más purista del anarquismo, que le reclamaba la renuncia al cargo.

La terquedad y la oportunidad de la situación llevaron a Montseny a impulsar el primer decreto de legalización del aborto. De este modo, se avanzaba cincuenta años al derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

 

Exilio forzado

Sin embargo, todo se interrumpió a raíz del triunfo del fascismo en España. En el exilio francés se toparía con el fascismo nazi, que estuvo a punto de acabar con su vida. Permaneció en Francia hasta 1977, cuando volvió para reconstruir el sindicato anarquista y proseguir con la tarea interrumpida en 1939. Sin embargo, el mundo había cambiado y la revolución había quedado relegada por el estado de bienestar.

Frederica Montseny fue una de las primeras voces que estableció una correlación directa entre la liberación de las mujeres y las ideas libertarias. No se consideró nunca feminista, a pesar de que sus tesis han acabado formando parte del cuerpo ideológico del feminismo contemporáneo.

 

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Y el día siguiente, nada volvió a ser igual. El estado catalán desapareció ‘ipso facto’ con la abolición de la Generalitat, la desmembración municipal y la anulación de las constituciones catalanas a raíz de la pérdida de la guerra de Sucesión (1701 -1714). Después de esto, la única administración que restó activa en Cataluña fue el ejército de ocupación, que manteniendo unos 25.000 soldados permanentes dentro del Principado, consolidó el objetivo borbónico a base de una dura represión que se prolongaría hasta mediados de siglo XVIII. Pero no todo el mundo salió mal parado…

 

A raíz de la victoria, se instalará en Cataluña de manera permanente la élite del ejército borbónico: las Reales Guardias Castellanas y las Reales Guardias Valonas, reforzadas con otros contingentes especiales de ocupación militar. El total de tropas desplegadas por todo el territorio catalán fue de un 47% respecto al resto de la península Ibérica. Y si le sumamos las desplegadas por el resto de los territorios de los Países Catalanes -València, Mallorca y Aragón- la cosa se ensarta hasta el 65%. Una invasión en toda regla.

La redacción del Decreto de Nueva Planta convertirá Cataluña en una provincia más de una nueva monarquía centralizada que gobernará para toda la península Ibérica sin diferencias legales. Por lo tanto, el sueño de una monarquía hispánica fundamentada en la existencia de diferentes reinos y realidades culturales peninsulares se desmenuzará, pero no desaparecerá. A partir de entonces solo existirán unas únicas Cortes, las de Castilla, que representarán el conjunto de los territorios peninsulares, pero se enfocarán hacia una nueva construcción política vertebrada alrededor de identificar Castilla con el nuevo Estado.

La Cataluña del siglo XVIII será un territorio gobernado únicamente por militares. El jefe supremo de la administración de Cataluña será el Capitán General. La administración territorial -los corregimientos- estarán en manos de los ‘corregidores’, que siempre serán militares. El orden público -en primera instancia- estará siempre a cargo del ejército y de las famosas “Escuadras de Veciana”. Esta institución fue fundada el 1719 por Pere Anton Veciana Rabassa, un desertor de la causa austracista que a principios del 1713 decidió ponerse al servicio del rey Borbón y crear una organización paramilitar y policial que trabajaría al servicio del Capitán General -Francisco Pío de Saboya y Moura-, con la misión de continuar reprimiendo la resistencia borbónica interna.

Veciana pondrá en marcha un sistema de fichas criminales -conocidas como ‘sumarias’- que permitirán al cuerpo sistematizar la información policial. También creará una red de confidentes por el territorio y organizará los primeros agentes infiltrados dentro de la resistencia. En 1735, Veciana tendrá que renunciar al cargo por motivos de edad y será entonces cuando el Capitán General traspasará las responsabilidades del cuerpo a su hijo, Pere Màrtir Veciana. Desde entonces, el mando del cuerpo recaerá hereditariamente en la familia Veciana durante cinco generaciones, hasta el 1836.

“Pere Anton Veciana y Rabassa, un desertor de la causa austracista que a principios del 1713 decidió ponerse al servicio del rey Borbón y crear una organización paramilitar y policial que trabajaría al servicio del Capitán General -Francisco Pío de Saboya y Moura-.”

Represión y terrorismo de Estado

Durante once años, Cataluña será un país sometido a una durísima represión militar, la cual se prolongará hasta el 1725, cuando intermediando el Tratado de Viena celebrado entre los representantes de Felipe V de Castilla y Carlos VI de Austria, ambas partes se reconocerán mutuamente los derechos sucesorios y se pondrá fin al pleito dinástico.

Y ¿qué pasó con los partidarios que lucharon a favor de la opción del archiduque de Austria? Durante la guerra, a medida que los ejércitos borbónicos fueron ocupando el Principado, se aplicó un tipo de ‘terrorismo militar’ que consistía en perseguir a la población local, independientemente del grado de vinculación que se hubiera tenido con la causa austracista, con el objetivo de minar la moral. Después de la caída de Barcelona, se persiguió indiscriminadamente a los principales mandos militares que no habían podido huir hacia Austria -como por ejemplo Antoni de Villarroel- y serán enviados a prisiones diseminadas por la geografía ibérica. La mayoría acabarán muriendo sin recuperar nunca la libertad u otros serán enviados a galeras.

La larga posguerra permitirá mantener la represión contra todos los elementos armados que todavía luchaban contra el nuevo ordenamiento jurídico, como por ejemplo los conocidos ‘carrasclets’. Pero también se perseguirá a todas aquellas familias que tenían miembros exiliados en Austria, y a las cuales se les prohibirá mantener cualquier relación epistolar. A los perdedores de la guerra se les embargarán propiedades y se les anularán todos sus derechos. Incluso, se les prohibirá la participación en todos los concursos públicos o la solicitud de ayudas del Estado.

El establecimiento de contingentes permanentes en Cataluña supondrá un aumento importante de la demanda militar derivada del necesario abastecimiento de las tropas reales. Según se desprende de los Manuales Generales de la Intendencia de Cataluña -institución creada para gestionar la posguerra– entre el 1714 y el 1735 se encuentran recogidos un total de 271 ‘asientos’ o contratos directamente relacionados con el abastecimiento de materiales al ejército y a la armada: pólvora, armas, trenes de artillería, uniformes, comida, herrajes por los caballos. 

Los ‘asientos’ también servían para la construcción o el abastecimiento de cuarteles, como la Ciutadella, y para producir todo lo necesario para las posteriores campañas militares borbónicas, como las de Italia. Y este abastecimiento se dará gracias a la existencia de una considerable estructura productiva, comercial y financiera que se había mantenido inalterada a pesar de la guerra, y que será capaz de producir de manera solvente los ‘asientos’ que la monarquía necesitará durante las siguientes décadas.

“A los perdedores de la guerra se les embargarán propiedades y se les anularán todos sus derechos. Incluso, se les prohibirá la participación en todos los concursos públicos o la solicitud de ayudas en el Estado.”

Colaboracionismo catalán

Entonces, la pregunta a formularnos es clara: ¿cómo fue posible mantener una estructura productiva catalana dentro del contexto bélico de principios del XVIII? ¿Cómo se pudo abastecer el ejército borbónico durante la invasión de Cataluña y el asedio de Barcelona en un territorio que desconocía completamente? Pues con la ayuda de personajes locales que abastecieron, prestaron o ayudaron al ejército de ocupación borbónico con víveres, dinero y logísticas durante todo aquel convulso periodo. Se trata de un grupo de comerciantes que cambiaron de bando -igual que Pere Anton de Veciana- a la busca de una situación personal más favorable y aprovechando las circunstancias para mejorar su posición social y económica.

Nombres como los Milans de Arenys, los Mates y los Lapeira de Mataró o los Massiques de Vilassar y muchos otros serán grandes alcurnias familiares que fundamentarán su prestigio a lo largo del siglo XVIII por haber obtenido importantes privilegios como agradecimiento por los servicios prestados durante la ocupación del Principado. Muchos de estos “ilustres” personajes serán colocados en instituciones claves para el despliegue y ejecución del Decreto de Nueva Planta, porque de otro modo no habría sido posible.

El nuevo régimen pasaría “un algodón desinfectante por encima Cataluña”, para construir posteriormente una nueva red de fidelidades locales que lo consolidara dentro del territorio. Por este motivo, colocaron al frente de instituciones claves, como por ejemplo el Tesoro General (la fiscalidad de Cataluña), la Intendencia General (abastecimiento y logística de Cataluña), las Confiscaciones de Cataluña (embargo de propiedades) o la Mesa de cambio (Banco comunal), un sector minoritario, pero nutrido, de la población del Principado que, por diferentes razones, se posicionaron al lado de la propuesta borbónica. De este modo, la monarquía combinará el principio de autoridad, representado por las leyes desplegadas al Decreto de Nueva Planta, con una gran burocracia institucional y una flexibilidad con ciertos sectores sociales locales, principalmente los maestros artesanos y mercaderes, con suficientes recursos económicos para dinamizar la economía.

La vinculación interesada de estos sectores de la sociedad catalana hacia el nuevo estado Borbón les comportó el acceso a nuevas fuentes de renta derivadas directamente de las nuevas políticas del absolutismo borbónico. La fidelización les permitirá acceder a grandes contratos públicos, lo cual les llevará a una corrupción generalizada en todos los niveles de la gestión pública.

Hasta finales de la década del 1740, Cataluña vivirá un periodo doloroso de adaptación en la nueva condición de nación vencida, siempre sospechosa de desafección. A partir de entonces, las decisiones en materia de política económica ya no se tomarán en Barcelona, sino en la Corte borbónica, siguiendo unos criterios basados en los sueños de grandeza de la nueva monarquía reinante, independientemente de las necesidades de sus súbditos.

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

Benet Oliva y Ricós:Els proveïdors catalans de l’exèrcit borbònic durant el setge de Barcelona de 1713/1714, Universitat de Barcelona, Barcelona, 2014.

David Ferré Gispets: Los efectos del “Contractor State” borbónico en la Cataluña de inicios del siglo XVIII, Universitat Autònoma de Barcelona, Bellaterra, 2019.

Josep Maria Delgado Ribas: ‘Barcelona i el model econòmic de l’absolutisme borbònic: un tret per la culata’, Barcelona Cuadernos de Historia, 23 (2016), pág. 225-242.

Josep Juan Vidal: Les conseqüències de la guerra de Successió: nous imposts a la Corona d’Aragó, una penalització o un futur impuls per al creixement econòmic?’, Universitat de les Illes Balears, Palma de Mallorca, 2013.

 

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Durant la Diada els catalans ens deixem endur pel romanticisme i els ídols de la resistència que van intentar preservar les llibertats. Casanova, Villarroel, Moragues, Carrasclet… però les guerres són una qüestió de diners i cal mirar-les amb fredor i autocrítica. Hi ha una colla de catalans que van optar per fer negoci amb l’invasor, essent així decisius per a la seva victòria.

 

Toni Mata. Director de continguts i mitjans d’11Onze.

 

Que les guerres les guanyen els diners és una cosa que se sap des de fa més de 2.400 anys. Ja ho va deixar escrit Tucídides parlant de les guerres del Peloponès. Però quan s’acosta l’11 de setembre els catalans tendim a treure la llista de greuges en lloc de posar-nos a pensar on la vam cagar. El cap del general Moragues exposat durant dotze anys en una gàbia, la brutalitat de la repressió, la resistència de Villarroel, la persistència de Carrasclet, el poble enterrant els traïdors fora muralles perquè “al Fossar de les Moreres no s’hi enterra cap traïdor”… Tot això està molt bé. Però qualsevol país que pretengui ser-ho s’ha de prendre una mica més seriosament a si mateix i deixar-se de romanços. Si l’any 1714 Catalunya va caure va ser perquè es va perdre una guerra i, si es va perdre va ser per molts factors. Un dels que va ser clau és el col·laboracionisme.

 

Qui es va fer ric amb la victòria de Felip V?

L’avenç de Felip V per Catalunya no hauria estat possible sense que una sèrie de catalans hi contribuïssin prioritzant el benefici econòmic individual per davant del país. Potser aquells ciutadans no tenien consciència de país, però qui sí que la tenia era l’exèrcit borbònic que, tal com explica l’historiador d’11Onze Oriol Garcia en aquest article, va mantenir el 65% de les seves tropes als Països Catalans durant anys per consolidar la invasió.

Efectivament, hi ha catalans que van decidir fer negoci amb els Borbons mentre aquests destruïen el país i les llibertats de tots. I es van fer rics! Es van fer rics subministrant aliments o tota mena de necessitats que tenia l’exèrcit invasor a mesura que avançava. Què hauria passat si aquests subministraments bàsics haguessin quedat tallats a la rereguarda? Felip V hauria pogut mantenir la contesa bèl·lica? Fa de mal dir, però és ben sabut que la flota naval austriacista (que comptava amb el suport català) era capaç de mantenir el subministrament de les seves tropes, però la borbònica no. Depenien del que poguessin comprar a terra ferma.

Per això, a 11Onze hem volgut demanar al nostre historiador que se submergís en els estudis sobre aquesta idea: quins catalans hi van guanyar amb la victòria de Felip V? És a dir, qui el va ajudar i se’n va beneficiar? I el resultat és espaordidor. Prop d’una trentena de famílies catalanes es van fer riques traint el seu propi país. Famílies que van obrir les portes a l’invasor i van ser convenientment recompensades amb contractes públics a partir de 1714. La nova elit catalana es va configurar durant la guerra de Successió. El poble intentava resistir, però alguns apostaven per intentar fer fortuna a costa d’entregar el país a l’enemic. Hem llistat els casos més rellevants, amb noms i cognoms, perquè més de 300 anys després siguem més conscients que mai que alguns catalans van tenir un paper clau en la derrota de Catalunya. 

 

Trencar la dependència

És el que en podríem anomenar, les paguetes de 1714, fent un símil amb la terminologia actual. La història és reiterativa i és imprescindible conèixer-la per detectar els errors que duen a les desgràcies. És possible defensar Catalunya i que el teu negoci o el de la teva família depengui directament dels ajuts espanyols de l’ICO? O el teu sou? La història diu que no. De la història sabem que és impossible parlar cara a cara o defensar-se d’algú de qui tens una dependència econòmica. I sabem que hi ha catalans capaços de vendre a Déu i a sa mare per un plat de llenties. La consciència nacional estava al segle XVIII (i potser ara?) en un segon terme, per a alguns.

En qualsevol cas, per començar a canviar les coses és ben clar que el primer que hem de fer és dir-nos la veritat. És un compromís que tenim a 11Onze. Per això hem volgut fer aquesta revisió històrica per poder-nos dir clarament: Catalunya no va ser derrotada el 1714 perquè fos abandonada pels anglesos. No tot és culpa d’algú altre. Catalunya va ser venuda per alguns catalans. 

Descobreix les famílies que es van enriquir amb la derrota de 1714 a 11Onze TV.

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Lo intentaron, pero no pudieron blanquear la Historia. La memoria del pasado tiene que perdurar para aprender de los errores y no caer en las mismas trampas. Los vencedores se emperraron a alterar la realidad histórica y mantener el ‘yo’ por encima del ‘tú’. Pero, vientos del norte ayudaron a cambiar la situación que, con voluntad, perseverancia y con la valentía de muchas mujeres, consiguieron poner las cosas en su lugar. Seguimos con el ejercicio histórico sobre la aproximación a la Historia de la Mujer contemporánea.

 

La implantación de la ultraconservadorismo dentro de la sociedad española —después de la Guerra Civil— solo supuso una efervescencia momentánea falta de soluciones reales. La legitimación internacional obtenida por el régimen, materializada a finales de los cuarenta y que había descolocado a la oposición, no aportó ninguna mejora sustancial respecto a la estabilidad económica, ni tampoco en cuanto a las mejoras estructurales que necesitaba España. En cambio, la represión sí que permitió lograr un estricto control sobre las reivindicaciones, en todos los ámbitos.

Pero, pasados veinticinco años desde el final de la Guerra Civil, al franquismo se le presentará una segunda oportunidad para transformarse. La potencia que le ofrecieron la entrada masiva de capitales extranjeros —con la supervisión del Fondo Monetario Internacional—, permitieron al régimen transitar desde la autarquía hacia un crecimiento económico sin precedentes. Fue a través de la implantación de los famosos planes de estabilización iniciados a finales de los cincuenta que España entró en el siglo XX.

Y para conmemorar aquella efeméride —el final de la guerra—, el franquismo lanzó una amplísima campaña propagandística con el sarcástico eslogan: “XXV Años de Paz”. El acontecimiento serviría para exaltar y legitimar internacionalmente el régimen como garante de la paz, el orden, el progreso y la estabilidad. Cegados por el “desarrollismo”, la dictadura franquista aprovechó para difundir su extraordinario oxímoron político: la democracia orgánica —actualmente evolucionada a monarquía parlamentaria— que le permitiría sobrevivir unas cuantas décadas más. ¡Muchas más!

Aun así, no dejaba de ser un lavado de cara de puertas afuera, dado que puertas adentro las mejoras sociales y políticas todavía estaban para venir. Entonces, sin saberlo —o sí—, el “milagro económico” favoreció la aparición de la sociedad de consumo que contribuiría a una mayor movilidad de la población, la cual le daría acceso a una diferente tipología de información. Todo ello desembocaría en una pérdida progresiva de influencia de la Iglesia —sobre todo en el ámbito doméstico— y la aparición de nuevos hábitos sociales y sexuales.

 

El modelo progresista europeo hace evolucionar el régimen

Las modas y costumbres —llegadas de Europa— produjeron un cambio significativo en la mentalidad de la generación de los años sesenta. A pesar de todo, el aperturismo —siguiendo los cánones europeos— obligará el régimen a aceptar el retorno de la mujer al mundo laboral que, conjuntamente con la llegada de las turistas extranjeras y el resurgimiento del feminismo, provocará que el modelo de mujer franquista —sumisa, doméstica y católica— se vaya desmenuzando progresivamente.

No obstante, el franquismo combatió esta injerencia social foránea hasta el final. Desde las ondas de radio, el régimen apoyó el programa radiofónico del ‘Consultorio de Elena Francis’, el cual aconteció un auténtico fenómeno sociológico durante décadas. Por lo tanto, la dictadura —a través de la ‘Sección Femenina’— utilizó este medio para continuar transmitiendo su ideología y moral ultraconservadora hacia la mujer.

El ‘Consultorio de Elena Francis’ recomendaba a las mujeres abnegación, resignación, mirar a otro lado, hacer la vista gorda, tener paciencia, esperar que las cosas cambiaran o sacrificarse por los hijos y la familia. Realmente, el trasfondo que escondía la cotidianidad femenina a través del formato radiofónico era otro: amas de casa solas, relegadas al hogar y a las tareas domésticas, una sexualidad ligada a la maternidad, una homosexualidad ignorada o rechazada, un matrimonio indisoluble y una culpabilidad siempre atribuible a la mujer. ¡Un drama!

Ofuscados al pivotar el discurso oficial hacia el “desarrollismo”, el bienestar y el progreso de España, el régimen buscaba incansablemente dejar atrás todos los ecos que llevaran a recuperar la memoria sobre la Guerra Civil. Por este motivo —y de manera intencionada—, durante décadas se van yendo silenciando las voces de miles de personas que habían tenido que atravesar la frontera en enero de 1939. Miles de exiliados habían sido rechazados de forma oficial por la Dictadura y forzados a convertirse en apátridas.

“Españoles, Franco ha muerto”

Después de la muerte del dictador, surgieron muchas preguntas inquietantes dentro de la sociedad española. Una de las primeras fue: ¿Qué había sido de los exiliados? Montserrat Roig y Fransitorra (1946-1991) la respondió.

La obra ‘Els catalans als camps nazis’ (1977) de Montserrat Roig, mostró una realidad escondida por el franquismo y desconocida por buena parte de las generaciones nacidas a partir de los años cuarenta. Puso cara y dio voz a toda aquella generación que tuvo que exiliarse por estar en las antípodas de los vencedores de la guerra. Roig consiguió deshacer el miedo que impedía hablar a muchos de los protagonistas del exilio y el holocausto. Recuperó del anonimato a mujeres tan impactantes y con una vida tan intensa como, por ejemplo, la de Neus Català la cual daría a conocer el relato de su vida de resistente en Francia y estancia en el campo de concentración nazi de Ravensbrück.

El eco de este documento de testimonio sobre la vida de los exiliados en los campos de concentración nazis fue tan inmenso, que aportó a Roig una gran notoriedad dentro de la sociedad de finales de los setenta. Pocos años más tarde, ampliaría la historia de los deportados en la tercera parte de su novela ‘L’hora violeta’ (1980). Antes de trabajar sobre el exilio olvidado, la autora -premio Sant Jordi por la novela ‘El temps de les cireres’ (1976)- le había buscado un sentido a la vida -desde la mirada femenina de Natàlia- en la Barcelona tardofranquista. Por todo ello, Montserrat Roig se convertiría en una de las escritoras más leídas y admiradas de la literatura catalana contemporánea. De hecho, ¡su áurea todavía perdura!

Pero, a partir de aquí, la narrativa de Montserrat Roig cambiará progresivamente, dado que ella experimentará un profundo desencanto con la nueva realidad política que se estaba construyendo. Por un lado, su mirada sobre el incipiente Estado democrático –aquello que han definido como la ‘Transición modélica’- la llevará a tener problemas serios de censuras y prohibiciones con el ente público que la había contratado para realizar una serie de entrevistas televisivas. El escándalo fue tan mayúsculo que incluso llegó al Congreso y al Senado español. Y por el otro, la imposición de la visión pujolista sobre cómo tenía que ser Cataluña -la cual no compartía-, la llevarán centrarse más en la literatura, en la investigación de su voz, única e intransferible. Poco antes de morir -por cierto, de cáncer de mama- se publicará una compilación de artículos con el sugerente título ‘Digues que m’estimes encara que sigui mentida’’, en el que reflexionará sobre su universo personal -de mujer y narradora-, y analizará la sociedad cultural en que se inscribe.

En el ensayo ‘Digues que m’estimes encara que sigui mentida’’, Montserrat Roig nos habla de la literatura como coartada para fijar el tiempo que huye inclemente. Nos habla de las manipulaciones de la memoria y de los medios de comunicación. Nos enseña a ver Barcelona a través de una ventana por donde se aboca la mirada de una mujer, autora, en un mundo dominado por los cánones de creación masculina. Y, por encima de todo, nos confiesa una serie de reflexiones que nos suenan terriblemente próximas, porque nos explican cosas de las geografías personales y las patrias colectivas que nos ha tocado compartir.

 

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Planear las vacaciones, hacer la maleta y coger un libro. El verano es sinónimo de desconexión y la lectura es la gran protagonista. Os traemos una recomendación de libros para que viajen con vosotros este verano.

 

Recientemente, un estudio constataba que leer nos hace ser más empáticos. Con la única condición de que sea literatura de calidad, los investigadores constataron que las personas que leen son capaces de reconocer el estado emocional de los personajes y mejoran la imaginación y la agilidad mental. 

Y no solo esto, también se dice popularmente que leer nos hace atractivos; de hecho, sería como la gimnasia cerebral: estimula la actividad mental, la concentración, nos desconecta de problemas y angustias, y nos permite viajar a nuevos mundos. Son muchos los beneficios de la lectura, y todos explican la importancia de fomentarla desde muy pequeños. Así que apunta los títulos que no te puedes perder este verano y ¡empieza a entrenar el cerebro!

  • 21 lecciones para el siglo XXI (2018) de Yuval Noah Harari. En esta nueva entrega, el autor de Sapiens (2014) y Homo Deus (2016) nos describe las lecciones fundamentales para vivir en este siglo. Con sus teorías nos invita a la reflexión, dibujando escenarios que describen los principales retos actuales. Repasa cuestiones sociales, políticas y existenciales, y alerta de los peligros tecnológicos, desde un punto de vista cotidiano que define el impacto de todo esto en nuestra vida, presente y futura.
  •  Fake You: Fake news y desinformación (2018) de Simona Levi. El fenómeno de las noticias falsas cuestiona la salud informativa de medios, partidos políticos, gobiernos o empresas. A menudo, controlarlo pasa para recortar libertad de expresión y de información a los ciudadanos. Simona Levi cuestiona esta legislación, basada en romper derechos fundamentales, en una obra que se convierte en un arma para luchar contra la manipulación, la mentira y la falsificación.
  •  La vegetariana (2017) de Han Kang. No trata el vegetarianismo, aunque la historia comienza cuando la protagonista deja de comer carne. Una decisión individual que se convierte en un reto social, un símbolo de rebeldía contra lo que es convencional. Abandonar la sumisión y hacer frente al sistema. Un relato conmovedor e incómodo para describir qué ocurre cuando cuestionas lo que está aceptado y te saltas las normas, y hasta dónde llega la capacidad humana para llevarlo a cabo hasta las últimas consecuencias.
  • Las uvas de la ira (1939) de John Steinbeck. Narra el derrumbe del sueño americano a raíz de la Gran Depresión. Un contexto de crisis económica y financiera que aboca la familia protagonista a emigrar e iniciar una investigación vital para asegurarse el trabajo, la dignidad y el futuro. Un relato más actual que nunca donde se confronta el poder, la igualdad y la justicia en los Estados Unidos.
  • El hambre (2014) de Martín Caparrós. Desperdiciar comida y pasar hambre son los principales conceptos que repasa Caparrós en este libro que lo ha llevado a viajar por países de todo el mundo donde el hambre es la gran protagonista. Un libro que repasa la comida desde todos los puntos de vista, desde los que especulan hasta los que la necesitan, para explicar y denunciar una problemática mundial en la que todos estamos implicados.
  • El cuento de la sirvienta (1985) de Margaret Atwood. Una inquietante distopía que ha vuelto a ser de actualidad. En una sociedad totalitaria y teocrática, las mujeres se han reducido a meros instrumentos de reproducción. Atwood alerta del peligro real que supone la pérdida de derechos conquistados. La lectura es dura pero necesaria.
  • El orden del día (2017) de Éric Vuillard. Ganadora del premio Goncourt, esta breve, pero incisiva obra narra las entrañas del poder económico y político en la víspera del nazismo. Con un estilo irónico y lúcido, Vuillard retrata cómo los grandes acontecimientos históricos se entrelazan con la mediocridad de quienes deciden.
  • Las invisibles (2020) de Toni Morrison. Una elección personal: cualquier obra de Toni Morrison vale la pena, pero Les invisibles destaca por su profundidad y sensibilidad. La historia de mujeres afroamericanas que luchan por encontrar voz, identidad y libertad en un mundo que las ignora. Poético y sobrecogedor.

Hay libros que distraen, otros que conmueven, y algunos que te cambian la forma de ver las cosas. Sea cual sea tu ritmo estival, escoge uno y déjate llevar. Quizás este verano no cambiarás el mundo, pero quizás un buen libro te haga verlo con otros ojos.

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Aida Roca, filòloga i creadora de contingut digital, és la responsable de La Filòloga de Guàrdia, un canal per a difondre continguts en català i sobre el català. Més de 30.000 seguidors segueixen els seus trucs, amens i fàcilment aplicables, per aprendre a parlar un català genuí en qualsevol context i a qualsevol edat.

 

Tot just havia acabat la quarantena quan l’Aida Roca es va llençar a crear un canal de YouTube que va batejar com a La Filòloga de Guàrdia. Explica que va començar a crear el tipus de contingut que ella trobava a faltar a les xarxes: contingut d’entreteniment, en català i amb la llengua catalana com a temàtica. Així naixia La Filòloga de Guàrdia, el canal de YouTube, amb presència també en altres xarxes socials com Instagram, Twitter o TikTok, que ja acumulen més de 30.000 seguidors. 

El català pateix, des de fa dècades, una influència de la llengua castellana que es fa palesa en gairebé tots els àmbits: en els mitjans de comunicació, en la producció audiovisual, en l’oci i fins i tot a l’hora del pati, on els nens i nenes sovint aposten pel castellà, en lloc del català, per a relacionar-se amb altres infants. L’Aida, des del seu canal, i tal com ens explica en aquest nou episodi de Persones, defensa que el català és prou ric per a parlar-lo en qualsevol àmbit, només ens falta utilitzar-lo.

A la (falsa) recerca del català correcte

Roca remarca que no podem parlar de català correcte o incorrecte, perquè aquesta diferenciació rau en el context en el qual ens trobem. Així doncs, una expressió com “natros”, que es fa servir en moltes comarques de Catalunya, seria correcta en un context col·loquial, però deixaria de ser-ho si la fem servir per a un discurs institucional, per exemple. En aquest cas, com en tants d’altres, ens hem de referir a aquest tipus de paraules o expressions com a català genuí, autèntic, i segons el context serà correcte o no.

Però, més enllà del dialecte que parlem o el context on ens trobem, la jove Aida Roca planteja que la principal preocupació és si realment es fa servir el català entre els joves com a principal llengua, i ens apropa la clau per a capgirar aquesta situació. Roca també ens comparteix el seu punt de vista sobre la polèmica aplicació del 25% d’hores en castellà a les aules i l’estat de salut de la nostra llengua. Escolta la conversa sencera per apropar-te, una mica més, al català genuí.

 

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El turismo es una de las industrias que mueve más capital en todo el mundo. Según el informe de la Organización Mundial del Turismo (UNWTO), en el año 2019 se registraron 1.400 millones de turistas internacionales y se contabilizan entre 100 y 120 millones de puestos de trabajo vinculados.

 

Es un sector, por lo tanto, con un peso innegable en la economía mundial y, más particularmente, con una afectación directa a prácticamente todos los habitantes del planeta, ya sea de forma activa como viajeros o pasiva como locales.

 

El sector turístico pide regulación y responsabilidad

Dada su importancia, desde hace años son cada vez más los organismos, empresas y colectivos que piden un sistema de turismo sostenible que sea capaz de mantenerse en el tiempo y favorecer a la población. Todo apunta a que la industria seguirá creciendo en los próximos años y, si no cambia el modelo, aumentará al mismo ritmo el impacto negativo que genera. Actualmente todos estamos familiarizados con el concepto de sostenibilidad e incluso hemos adoptado ciertas conductas diarias que contribuyen a respetar el medio ambiente. Una actitud que cambia en mayor o menor medida cuando viajamos: dejar luces encendidas, reciclar, cuidar el espacio público, utilizar métodos de transporte más ecológicos, gastar el agua necesaria, utilizar menos plástico… Acciones que nos pueden pasar por alto cuando estamos de vacaciones y que, por sí solas, no generan impacto, pero que pueden suponer una gran problemática cuando las multiplicamos por 1.400 millones de personas.

En este contexto, y con la urgencia de cambiar el modelo turístico hacia una perspectiva más responsable, aparece el concepto de turismo sostenible, entendido como aquel que «satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades», como se describe en el informe Brundtland. Se tratará, pues, de minimizar el impacto negativo que genera el sector actualmente y maximizar los beneficios, principalmente desde tres grandes pilares: medioambiental, sociocultural y económico.

 

Reducir el impacto medioambiental para preservar el futuro

El turismo depende de la calidad del medio ambiente para sobrevivir y evolucionar, pero paradójicamente, es una de las principales actividades que lo perjudica. Construcción de infraestructuras como aeropuertos y carreteras, sistemas de transporte altamente contaminantes por tierra, mar y aire, creación de equipamientos y complejos turísticos como restaurantes, tiendas, campos de golf o zonas deportivas son ejemplo del impacto negativo que supone para cualquier región. Todo esto también pone en peligro la fauna y flora de la zona y en los últimos años ha agravado la situación de cientos de especies, especialmente marinas, que no han soportado los cambios que la contaminación humana ha provocado en su hábitat natural.

Paralelamente, ha sido gracias al turismo que algunas zonas naturales se han convertido en espacios protegidos o bien se tiene un cuidado especial orientado a la preservación del espacio para el futuro. Este es el impacto positivo por el que debe apostar el turismo sostenible, conseguir el mantenimiento y cuidado de los espacios, tanto naturales como urbanos, por parte de los organismos gobernantes y favorecer así tanto a los ciudadanos locales como a los futuros visitantes.

 

Controlar el impacto sociocultural y apostar por la riqueza de la diversidad

La voluntad de viajar a menudo viene motivada por la inquietud de conocer otros países, con todo lo que ello implica: cultura, lengua, comida y costumbres. Se busca la diversidad dentro de la globalidad, y esto impulsa el respeto, la tolerancia y el conocimiento por ambas partes, pero especialmente desde el punto de vista visitante. Para el turismo sostenible es indispensable esta preservación cultural, pero sobre todo lo es el respeto por esta. Garantizar una experiencia de valor, en este sentido, debe suponer garantizar la riqueza sociocultural.

Un turismo no planificado, más allá de ser una molestia para los habitantes locales, puede provocar consecuencias nefastas en su vida y calidad de vida, un hecho que algunas zonas de Cataluña ya han vivido de primera mano en términos de gentrificación, es decir, un aumento desmesurado de los precios de las viviendas y terrenos que obligan a los ciudadanos a buscar alternativas más económicas, dejando paso a aquellos que pueden invertir. Un hecho que en algunas ocasiones puede no tener relación directa con el turismo, pero que sin duda ha agravado la situación.

El aumento de los precios de los productos en zonas turísticas es otra de las causas que desestabiliza a los locales, obligándolos a asumir unos precios muy por encima de los estándares que podrían encontrar en cualquier otra calle de la ciudad no transitada por turistas. En el caso de Barcelona, ​​la crisis del coronavirus obligó a muchos restaurantes de zonas turísticas a rebajar los precios hasta equipararse a los del resto de la ciudad, mostrando así la guerra de precios que supone la industria del turismo. Evitar esto a través de políticas reguladoras no solo protegería a los ciudadanos locales, sino que también aseguraría a los turistas que se está pagando el precio justo por el producto.

 

Impacto económico positivo: invertir en las personas

Desde un punto de vista económico, es lógico que, como industria, el turismo debe proporcionar beneficios a la zona en cuestión, pero el reto es hacerlo de forma equitativa y sostenible. De nada servirá mejorar la facturación si esto no crea un impacto positivo en la zona de acogida. Es decir, para que tenga un beneficio real, debe suponer una ventaja para todas las partes implicadas, y si se gestiona de forma eficiente y controlada, el turismo puede tener el gran poder de enriquecer a la población a través de la creación y mantenimiento de puestos de trabajo, sean directos o indirectos.

Contrariamente, algunas multinacionales, lejos de aplicar un sistema de turismo sostenible optan por hacer todo lo contrario, la llamada «fuga». Son modelos de negocio donde el dinero generado no se queda en el país de acogida ni suponen un beneficio para este, por ejemplo en el caso de hoteles con un régimen de todo incluido, en el que los clientes no se mueven del recinto, con lo cual no generan impacto positivo en la economía de la zona. Sí que generan impacto, sin embargo, de carácter negativo en cuanto a impuestos, ya que las infraestructuras necesarias para acoger el turismo a menudo se financian a través de esta vía. Habrá, pues, que poner en la balanza el impacto que genera el turismo en la zona y el coste que supone para la población. Si no existe este equilibrio, seguramente nos encontramos ante un sistema poco sostenible y que, por tanto, habrá que remodelar.

El turismo, al fin y al cabo, es responsabilidad de todos, ya que todos en algún momento hemos estado implicados. Hay acciones que dependen únicamente de la responsabilidad y el compromiso individual de apostar por un modelo de vida sostenible, también cuando viajamos. La otra parte de la gestión, y la de más impacto, corresponde a las organizaciones privadas y organismos públicos que deberán planificar el turismo de los próximos años con una premisa clara: una apuesta por la sostenibilidad será una apuesta por el futuro.

 

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En una cara de la moneda, están los propietarios que quieren sacar rendimiento de su vivienda cuando no la utilizan. En otra, el alquiler turístico es percibido como un factor de especulación, que favorece el turismo low cost y tensiona el mercado del alquiler tradicional.

 

Para intentar poner orden en una práctica que no ha parado de crecer, las administraciones locales, autonómicas y estatales han desplegado una serie de normativas más estrictas. El objetivo: garantizar una competencia justa, evitar la turistificación de barrios enteros y preservar el acceso a la vivienda habitual por parte de la población local. En Barcelona, por ejemplo, ya se ha anunciado la futura eliminación de todas las licencias turísticas antes del 2029.

Uno de los actores clave en este escenario es Airbnb, que nació como una plataforma colaborativa para aprovechar pisos vacíos y que ahora opera en 191 países. Pero… ¿Es legal hoy en día anunciar nuestro piso como alojamiento turístico? La respuesta es sí, pero con muchos requisitos más que hace unos años.

 

¿Qué requisitos se deben cumplir?

En Cataluña, la actividad de alquiler turístico es legal, siempre que se cumpla la normativa. A través del Decreto 75/2020 de la Generalidad de Cataluña se define el alquiler como la cesión de una vivienda entera (no habitaciones individuales), por un período máximo de 31 días, con disponibilidad inmediata y a cambio de contraprestación económica.

Ahora bien, desde julio de 2025, se han añadido nuevos requisitos:

  • Inscripción obligatoria en el Registro de Turismo de Cataluña (RTC) y obtener el número de inscripción (NIRTC).
  • También debe estar inscripto en el Registro estatal (NRA) a través de la Ventanilla Única Digital.
  • La vivienda debe estar adaptada a la movilidad, en condiciones óptimas de higiene, y adaptada al número de plazas que conste en la cédula de habitabilidad.
  • Es obligatorio ofrecer una habitación privada por usuario y no se pueden reconvertir salas comunes en dormitorios.
  • Es necesario facilitar un teléfono de atención inmediata 24 h y comunicar la estancia a la Dirección General de la Policía.
  • Se recomienda seguir buenas prácticas de seguridad, protocolos de limpieza e información por emergencias.

 

¿Se necesitan permisos?

Para poner en marcha un alquiler turístico, es necesario obtener varios permisos, y la normativa es cada vez más exigente. El primer paso es consultar tanto la ordenanza municipal como los estatutos de la comunidad de vecinos. Desde abril de 2025, la comunidad puede prohibir o limitar esta actividad, siendo imprescindible contar con la autorización previa de 3/5 partes de los propietarios, tanto por el número como por la cuota de participación.

Si la normativa municipal lo permite y la comunidad no se opone, el propietario deberá comunicar formalmente el inicio de la actividad en el ayuntamiento, inscribirse en el Registro de Turismo de Cataluña (RTC) y obtener el número de inscripción (NIRTC).

Cualquier actividad que no siga este circuito será considerada ilegal, pudiendo comportar sanciones que oscilan entre los 3.000 € y los 600.000 €, en función de la gravedad de la infracción.

 

¿Hay que declarar a Hacienda?

Por lo que respecta al ámbito fiscal, la Dirección General de Tributos establece criterios diferentes según los servicios que se ofrezcan. Si el alojamiento incluye servicios propios de la industria hotelera— limpieza recurrente, recepción, atención al cliente o restauración—, la actividad estará sujeta al IVA. En cambio, si solo se cede el uso de la vivienda, sin servicios adicionales, no es necesario aplicar IVA, pero sí tributar por el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales Onerosas (TPO), según la normativa propia de cada comunidad autónoma.

El alquiler turístico sigue siendo legal en Cataluña, pero está altamente regulado. Si tienes intención de ofrecer tu piso a turistas, es necesario cumplir escrupulosamente la normativa municipal, nacional y estatal, pedir los permisos correspondientes, registrar la actividad y tributar correctamente.

Más que nunca, es necesario estar bien informado y asesorado para no cometer infracciones que pueden salir muy caras.

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La desigualdad económica se manifiesta de diversas formas, y una de las más notorias es la disparidad en los costos de vida entre diferentes estratos sociales. Uno de los enfoques que arroja luz sobre esta disparidad es el Índice de Vimes, creado por la activista Jack Monroe a partir de la Teoría de las Botas de Vimes.

 

A veces los escritores y los pensadores son los que aportan una mirada más lúcida sobre la sociedad. Es el caso del escritor británico Sir Terry Pratchet, que una de sus novelas desarrolla una herramienta conceptual para comprender por qué es más caro ser pobre. En las novelas de la serie Mundodisco, el inspector Samuel Vimes, desarrolla la Teoría de las Botas de Vimes. En resumen viene a decir que si una persona tiene un sueldo bajo comprará botas baratas, en vez de caras. Pero que la mala calidad de las botas baratas le obligará a comprar botas más a menudo, de modo que a medio plazo habrá gastado más dinero en botas que alguien que tenga suficiente dinero como para comprar unas buenas botas que no se rompan. 

Este ejemplo, llevado a todo tipo de productos, produce la paradoja de que, por el hecho de tener poca liquidez, uno se ve obligado a gastar más y, por lo tanto, a seguir siendo pobre. La idea detrás del Índice de Vimes es simple, pero poderosa: sugiere que ser pobre no solo implica tener menos dinero, sino que también conlleva una serie de costos adicionales y barreras que perpetúan el ciclo de la pobreza. Este concepto ha sido ampliamente adoptado por economistas y activistas como una forma de entender y abordar la desigualdad económica desde una perspectiva más holística.

 

¿Por qué es más caro ser pobre?

Además del ejemplo propuesto por la Teoría de Vimes (extrapolable a ropa, vehículos, informática o cualquier otro producto) hay otras variables que hacen que la vida de la gente con pocos recursos pueda resultar más cara. Por ejemplo, al tener bajos sueldos o poco patrimonio, es muy habitual que estas personas carezcan de acceso a buenos préstamos y servicios financieros. De este modo, muchos acaban recurriendo a prestamistas de alto interés o a caer en las tarjetas revolving. Todo esto puede generar una espiral de deuda y aumentar los costos a largo plazo.

También acaban siendo mayores los costes de salud y bienestar, porque las personas con bajos ingresos no acostumbran a tener acceso a la medicina preventiva. A menudo tampoco tienen una alimentación adecuada, porque no pueden consumir alimentos de la máxima calidad. Todo junto redunda en una mayor incidencia de enfermedades crónicas y lesiones, lo que a su vez genera costos adicionales en forma de tratamientos médicos y pérdida de productividad laboral.

 

Jack Monroe, la desigualdad cotidiana

Esta es la visión de la activista económica Jack Monroe, que pidió permiso a la familia Pratchett para crear el Índice de Vimes. Lo que apunta Monroe es que no tiene ningún sentido que la inflación se calcule teniendo en cuenta todo tipo de productos, porque la gente con bajos ingresos no consume productos caros. Y estos productos caros son los que acostumbran a tener menores incrementos y atenúan la media inflacionaria. Si el arroz ha subido un 300% y el champán un 2%, las trufas un 1% y el caviar otro 1%, la estadística va a decir que los precios han subido un 76%, pero en realidad el esfuerzo del pobre se ha triplicado.

La propuesta del Índice de Vimes es calcular la inflación solamente con productos de primera necesidad.

La activista Jack Monroe explica el Índice de Vimes en la Feria del Libro de Edimburgo de 2022.

 

Una cesta de la compra representativa

El Índice de Vimes ofrece una lente valiosa para comprender por qué ser pobre resulta más costoso en la sociedad moderna. Al reconocer los múltiples factores que contribuyen a esta dinámica, desde el acceso limitado a productos asequibles hasta los costos adicionales asociados con la pobreza, podemos avanzar hacia soluciones más efectivas que aborden la desigualdad económica de manera integral.

La perspectiva de activistas como Jack Monroe nos recuerda que las luchas económicas se juegan en la vida cotidiana de las personas y que las soluciones deben ser tanto estructurales como prácticas. Al incluir una variedad de productos y servicios en la cesta de compra representativa, podemos obtener una imagen más precisa de los desafíos que enfrentan las personas de bajos ingresos y trabajar hacia un futuro donde todos tengan acceso a una vida digna y próspera.

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