El feminismo conservador de Francesca Bonnemaison

Acusada por haberse comido una manzana. Estigmatizada por el pecado del hombre. Controlada por los confesores. Purificada a través del fuego redentor. Atacada por la misoginia. La historia de la mujer plantea un panorama poco esperanzador, dado que ha tenido que acatar una realidad impuesta por el género masculino. Emprendemos un recorrido por la historia con el primero de seis artículos sobre la lucha de la mujer contemporánea para lograr la plena igualdad de la mano de Oriol Garcia i Farré, agente 11Onze e historiador.

 

A principios del siglo XX, Cataluña hizo el salto definitivo hacia la modernidad. La generación del 1900 trabajó intensamente para modernizar la sociedad catalana hasta conseguir transformar todos los ámbitos de la vida cotidiana. Desde la cultura hasta la política serán redefinidas y, aun hoy, perduran intensamente todos aquellos cambios tan profundos dentro de nuestra memoria colectiva.

La modernidad anhelaba cambiar los esquemas anteriores por medio de la cultura, la ciencia y la educación, y fue en este último ámbito donde topó con la Iglesia, la cual ostentaba -desde hacía siglos- el monopolio de la educación. Entonces, el debate se articuló sobre sí para ser modernos había que transitar absolutamente hacia una sociedad plenamente laica o existía otra opción.

La sociedad catalana conservadora de la época esperaba que la esposa de una de las personalidades más relevantes del panorama político del momento -como era el abogado y miembro fundador de la Liga Regionalista, Narcís Verdaguer y Callís- se mantendría al margen de toda la efervescencia social y cultural del país.

El modelo social de entonces entendía que la mujer -con suficientes recursos económicos- tenía que tener una actividad limitada a las funciones de ama de casa y a actas sociales que incluían obras de caridad en el ámbito parroquial. Por lo tanto, cuanto más blanca era su piel, más importante era su estatus social.

La realidad fue otra, cuando Francesca Bonnemaison y Farriols (1872-1949) -de profundas convicciones religiosas, transmitidas por línea materna- inició un proyecto revolucionario que lo cambiaría todo. Sin darse cuenta, haría tambalear los cimientos más conservadores de la sociedad catalana.

 

Democratizando el acceso en la educación

Reunidas alrededor de la parroquia de Santa Anna de Barcelona, las conocidas como ‘damas cooperadoras’ se reunieron un viernes de mayo del 1909 en las dependencias de la vicaría. Lejos quedaban las acaloradas discusiones de cuál era la opción más idónea para constituir la nueva entidad dentro de la parroquia: o bien se creaba una obra social para la juventud femenina adinerada, o bien se fundaba un círculo literario exclusivo para mujeres del alta sociedad. Pero nada de esto sucedió.

Con el aval de en padre Gatell, se impuso la opción sugerida por la señora Bonnemaison. A partir de aquel viernes 28 de mayo de 1909 se ponía en marcha la primera biblioteca pública para mujeres de Barcelona. Sí, para todas las mujeres de la ciudad y abierta, tanto a mujeres acomodadas como mujeres trabajadoras.

De este modo, se ponía en práctica el ideario renacentista que defendía Francesca Bonnemaison, el cual creía imprescindible acercar la cultura a la mujer, la regeneración social y el desarrollo económico del país. Un año más tarde se fundaba lo lnstitut de Cultura de la Dona y de este modo se ponían las bases para formar mujeres de todas las capas sociales, que caminaran hacia su liberación personal, el reconocimiento de algunos derechos básicos y la igualdad de oportunidades laborales.

El ideario que desplegó la nueva institución -tan revolucionaria en su tiempo- se fundamentaba en tres pilares esenciales: El primero se articulaba en el fomento de la lectura y la práctica sensata de la doctrina cristiana. El segundo entendía que el aprendizaje intelectual adquirido por la mujer -a través de la educación- era necesario para ayudar al hombre y no para competir con él. Y el tercero pivotaba sobre el entendimiento que la mujer tenía que ser una buena gestora doméstica que pudiera colaborar en el sostenimiento económico familiar y en la transmisión de conocimientos a los hijos.

La puesta en marcha del lnstitut de Cultura y la Biblioteca Popular de la Dona fue un éxito sin precedentes, como constatan los libros de registros de lectoras que se reunían cada domingo después de misa y el fuerte incremento de la demanda docente. Rápidamente, tuvieron que abandonar la parroquia para instalarse primero en la calle Elisabets y después en la actual calle Sant Pere Més Baix de Barcelona. Está documentado que hasta julio del 1936, la biblioteca disponía de un fondo con más de 23.000 volúmenes y el Instituto impartía docencia a unas 6.200 alumnas.

 

El exilio forzado y cambio de paradigma político

Francesca Bonnemaison creyó que la historia le ofrecía una segunda oportunidad para amplificar su ideal de mujer y empezó a hacer campañas después de la proclamación de la Segunda República. Por este motivo, constituyó -aconsejada por Francesc Cambó- la sección femenina de la conservadora Liga Regionalista. Desde entonces, trabajaría incansablemente para difundir su modelo de mujer, basado en la religión, el conocimiento y la familia.

Pero todo cambió a partir de julio de 1936. Después del fallido golpe de estado y el consiguiente estallido de la Guerra Civil, todo se polarizó. Miembros de la Liga Regionalista -recordémoslo, un partido conservador catalanista- serían colaboracionistas del fascismo a través del espionaje interno y de oficinas de prensa en el exterior -como la de París-, que se dedicarían a elaborar contenidos para explicar el nuevo relato franquista al mundo.

La “proletarización” llevada a cabo por la insurrección anarquista a principios del conflicto de la Biblioteca y del lnstitut de Cultura hizo entender a Bonnemaison que su vida corría peligro. Aquella inseguridad la llevó hasta París, donde fue la secretaria personal de en Francesc Cambó. En el extranjero trabajó incansablemente para difundir los ideales de los insurrectos, dado que confiaba que estos volverían a garantizar la orden y la estabilidad social, con los que su ideal de mujer encajaba perfectamente.

Al volver a Barcelona en 1941, se dio cuenta de que la dictadura franquista había articulado la sociedad a partir de la familia y siguiendo las pautas católicas, pero la mayoría de mujeres habían sido obligadas a abandonar sus trabajos para dedicarse exclusivamente a las tareas domésticas y familiares. De este modo, la mujer pasaba a ser considerada inferior al hombre y no tendría ningún tipo de autonomía.

Descubrir que los vencedores practicaban este sectarismo ideológico, sumado a una agresividad sin precedentes frente a todo aquello que fuera catalán, la hizo caer en una profunda depresión de la cual ya no se recuperó nunca. Y más aún cuando el lnstitut de Cultura y la Biblioteca de la Dona fueron controlados por la Falange y esta se dedicó a tergiversar completamente el espíritu fundacional de aquel viernes de 1909.

Si bien es cierto que el ideal de mujer de Francesca Bonnemaison era de inspiración conservadora y paternalista, no tenemos que olvidar nunca que dio alas a miles de barcelonesas con la creación de sus instituciones, y mucho antes de las míticas ‘Fawcett Library’ de Londres o la ‘Biblioteque Marguerite Durand’ de París. Francesca Bonnemaison fue una pionera en su tiempo, creando los elementos necesarios para empoderar a la mujer, paso primordial hacia la igualdad social.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Jordi MorenoJordi Moreno says:
    Jordi

    Quina lliçó d’historia! Bravo!👏👏👏

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Jordi per llegir-nos! Si t’agrada el tema tens un conjunt d’articles que en parlen. Seguim a La Plaça!

      Hace 3 meses
  2. Laura León AmatLaura León Amat says:
    Laura

    Fantàstic article!! Seguiré la sèrie de tots 6✊🏼✊🏼.

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Laura pel comentari! Desitgem que els trobis tots igual d’interessants. Ara ja ens tens més de disponibles per a la seva lectura. Seguim a La Plaça.

      Hace 3 meses
    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Celebrem que t’hagi agradat, Laura, i moltes gràcies pel teu comentari!!!

      Hace 4 meses
  3. Pere Maria EstremPere Maria Estrem says:
    Pere Maria

    Il•lustratiu.

  4. Carles MarsalCarles Marsal says:
    Carles

    M’agraden aquests articles 👌

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Celebro que t’agradin aquests tipus d’articles, Carles! Continuarem treballant per aportar coneixement a La Plaça. Ens veiem per La Plaça!

      Hace 6 meses
  5. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Molt interesant aquest article!!

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Moltes gràcies, Manel! A veure com veus els següents. Seguim a La Plaça!

      Hace 6 meses
  6. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    Cal etiquetar el feminisme?
    Cal etiquetar qualsevol moviment social que suposi un alliberament del subjecte?

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Mercè per l’aportació. Certament, no tot s’ha d’etiquetar, però aquest exercici només pretén facilitar als lectors l’anàlisi històric. Al final, d’alguna manera ho havíem de fer! Seguim a La Plaça.

      Hace 6 meses
  7. alicia Coiduras Charlesalicia Coiduras Charles says:
    alicia

    Una excellent informació del feminisme conservator,com diu l’article
    Es la trajectoria I l’origen el que m’ha sorprès

    • Oriol Garcia FarréOriol Garcia Farré says:
      Oriol

      Gràcies, Alícia! Perfecte que t’hagi aportat coneixement. Seguim a La Plaça!

      Hace 6 meses
    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Moltes gràcies pel teu comentari, Alícia!!!

      Hace 6 meses

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