Neobancos: ¿Qué ofrecen?
Un neobanco es un banco basado en tecnología financiera (financial technology) que opera solo digitalmente o a través de una aplicación móvil, puede ofrecer la mayoría de los productos y servicios que un banco convencional, menos las subdivisiones físicas. Se trata de compañías relativamente jóvenes, la denominación de neobanco data del 2017.
Las estructuras bancarias, así como las necesidades de la población, han cambiado exponencialmente durante los últimos años. Si antes era recurrente ir al banco personalmente para hacer gestiones, ahora podemos llevar a cabo las mismas operaciones desde el sofá de casa. Atendiendo al nuevo contexto tecnológico, los bancos tradicionales, los de toda la vida, se pusieron manos a la obra para poner a disposición del público un modelo bancario digital que permitiera hacer un número considerable de operaciones bancarias desde cualquier lugar.
Gracias a esta adaptación, surgieron bancos digitales preparados para afrontar las nuevas inquietudes de la sociedad. Pero a pesar de suponer una agilización de algunos trámites bancarios, los bancos digitales actúan como filiales de otros más grandes que ya disponen de una trayectoria concreta. Es justamente aquí cuando nacen los neobancs; una estructura bancaria que empieza de cero y que, además, tiene como pilar fundamental el uso de la tecnología Fintech para dar servicio a sus clientes.
Durante los últimos años en Europa ya hemos empezado a trabajar con neobancos aprovechando la tecnología del mercado. Pero, ¿que ofrecen exactamente los neobancos? ¿Cuáles son las diferencias entre la banca tradicional y un neobanco?
Productos y servicios más ágiles
Todos sabemos qué operaciones puede efectuar un banco tradicional y qué gestiones se pueden llevar a cabo. El gran reto para ellos, de hecho, fue intentar trasladar al mundo virtual todos los trámites que, habitualmente, se llevaban a cabo en las oficinas y lo consiguieron parcialmente. Todavía hay operaciones que requieren una visita al banco porque no se pueden realizar desde una tableta o móvil. Abrir una nueva cuenta, es uno de ellos.
Los neobancos en cambio, cuentan con una estructura mucho más simplificada respecto a la banca tradicional. Esto implica que no ofrecen todos los productos o posibilidades de entidades más veteranas, pero si han conseguido aglutinar un buen puñado de servicios con procesos más sencillos. En otras palabras, ofrecen un abanico de productos más reducido pero a la vez, más resolutivo. Abrir una cuenta corriente, transferencias de dinero, gestión de tarjetas o solicitar un crédito son solo algunos de los trámites a los cuales los clientes tienen acceso en cualquier momento. Es por eso que actualmente, el modelo de los neobancos gana adeptos entre pequeñas o medianas empresas y jóvenes; prefieren efectividad y rapidez en sus operaciones por encima de la cantidad.
Cero comisiones o casi cero
Seguramente más de una vez habéis oído quejarse a alguien a causa de las comisiones que pedían los bancos para gestionar los trámites. Estos gastos son presentes por parte de la banca tradicional porque necesitan ponerle un coste a la gestión de sus agentes, mantener sus sucursales y el mismo banco. Es aquí precisamente donde encontramos uno de los rasgos diferenciales más relevantes. A diferencia de estos, los neobancos suponen una reducción considerable de las comisiones, puesto que el uso de la tecnología supone la eliminación de los gastos que tienen que afrontar las grandes entidades bancarias.
Todo ello ha provocado que los bancos más veteranos intentaran reducir también sus gastos para poder ofrecer unos precios más competitivos, pero no han conseguido equiparar su coste cero en cuanto a las gestiones ni sus elevadas tarifas de ahorro. Es por eso que actualmente, modelo del neobanco ganar adeptos.
La autonomía del cliente
Este es, sin duda, uno de los factores más diferenciales entre la banca tradicional y los neobancos. Mientras que los primeros se caracterizan por tener poca autonomía y, en consecuencia, trabajan cada día para mejorar sus servicios digitales y así ganar más independencia; los neobancos ofrecen desde un principio la libertad absoluta a través de herramientas tecnológicas muy avanzadas que ayudan a los clientes a controlar el dinero.
Pero la desventaja de esto es que en muchas ocasiones los neobancos no cuentan con un servicio de comunicación interpersonal entre el cliente y el mismo banco. Las interacciones son limitadas y muy enfocadas a los servicios de atención al cliente detrás de las cuales pueden haber máquinas. En este sentido, los bancos tradicionales sí que tienen la capacidad de construir relaciones más sólidas entre clientes y los agentes. En cuanto a sus filiales digitales, a pesar de no disponer de una persona física, cuentan con franjas horarias de servicios de atención al cliente para poder solucionar cualquier duda o problema de forma personalizada.
11Onze desde el 15 de marzo del 2021 está formando a sus primeros 50 agentes para que den un servicio personalizado a los futuros clientes, ofreciendo todas las ventajas de un neobanco con un trato de persona a persona.
Últimamente oímos expresiones como “producto Km 0”, “digitalización” y “sostenibilidad”. Pero, ¿qué tienen que ver con la economía catalana? ¿Cómo pueden las empresas poner en marcha estrategias sostenibles que ayuden a los consumidores a escoger mejor los productos que compran?
El Departament de Medi Ambient define los productos “km 0”, o “de proximidad”, como aquellos que se han producido a menos de 100 kilómetros de distancia, que son de temporada, ecológicos (no usan productos químicos ni tampoco tóxicos en su elaboración) y protegen el medio ambiente. Como ya hemos experimentado, la pandemia de la Covid-19 ha ayudado a poner en marcha o acelerar diferentes iniciativas para ayudar a los pequeños productores agroalimentarios locales. La Generalitat lo ha hecho gracias al proyecto Prodeca, una web promotora de alimentos catalanes.
Sin embargo, la producción de proximidad no es la única manera de ayudar a los consumidores. También puede contribuir a ello que la empresa comience un proceso de digitalización, Según datos de 2020, el 35% de las empresas catalanas se transformó digitalmente durante la pandemia. Los principales sectores que lo hicieron fueron los de servicios, comercio e industria. La digitalización ha ayudado a estas empresas a mejorar en ahorro, eficiencia y productividad.
Aun así, la economía sostenible va más allá de consumir productos de proximidad y de digitalizar las empresas. Por un lado, ayuda a la concienciación, con campañas sociales que interpelan a la ciudadanía, que incitan a comprar marcas respetuosas con el medio ambiente y apostar por el reciclaje y por el comercio justo y de segunda mano. La economía sostenible también impulsa cambios en la economía familiar, como por ejemplo el ahorro de los hogares y la reducción del consumo de la energía. De hecho, los pequeños cambios individuales contribuyen a menudo mucho más que los grandes cambios.
¿Una entidad financiera puede contribuir al cambio?
Así es como la economía sostenible se expande en muchos sectores diferentes, desde el vitivinícola hasta la construcción. La apuesta genera modelos de negocio que incorporan la economía circular, para reducir al máximo el derroche de recursos. En 11Onze también queremos contribuir al cambio. Pero, ¿cómo puede hacerlo una entidad financiera como la nuestra?
En 11Onze queremos fomentar una economía sostenible a partir de las necesidades reales y específicas de cada persona que vive en la comunidad. Por eso, 11Onze puede ayudar a crear sostenibilidad social. Muchas empresas parten de una economía sostenible sin pensar en los clientes, pero es importante incorporar la vertiente social de la comunidad para completar el concepto de economía sostenible.
Nuestros clientes son el centro de toda la propuesta y, por lo tanto, es necesario que lo que les ofrezcamos ayude a sus finanzas, a escoger mejor sus opciones, en definitiva, a mejorar financiera y económicamente. Así, nos proponemos ayudar a nuestros clientes a elegir opciones más sostenibles y a enseñar cómo la economía de la abundancia deja participar a todo el mundo, desde la responsabilidad. Lo hacemos con transparencia y sencillez. Al final, hace falta que la sostenibilidad tenga sentido desde la eficiencia económica, desde la responsabilidad individual y colectiva y desde la conciencia que los recursos naturales hay que protegerlos y valorarlos.
Todas estas acciones, por pequeñas que parezcan, tienen mucho impacto. De hecho, cada vez más nos damos cuenta de la importancia del compartir. El hecho de compartir, alquilar, reutilizar, reparar y reciclar alarga el ciclo de vida de los productos. Usar más que poseer es la máxima de todos estos movimientos y tendencias hacia una economía más sostenible.
11Onze se está convirtiendo en un fenómeno como primera comunidad fintech de Cataluña. Ahora, lanza la primera versión de El Canut, la super app de 11Onze, para Android y Apple. Desde El Canut se puede abrir la primera cuenta universal en el territorio catalán.
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La apuesta por la compra de proximidad es la primera pieza para contribuir a un desarrollo sostenible, y esta es la apuesta que han hecho los catalanes a raíz de la pandemia. Un cambio de tendencia en el consumo marcado por la preferencia hacia los productos locales, las empresas de proximidad y la conciencia social.
La crisis del coronavirus ha sacudido al mundo entero, y uno de los sectores que se ha mantenido al pie del cañón ha sido el de la alimentación, que en pocos meses ha visto cómo los clientes cambiaban de tendencia en cuanto a productos, frecuencia de compra o, incluso, establecimientos. Aunque todos estemos escuchando siempre la frase que nada volverá a ser el mismo después de la pandemia, el que realmente es cierto, es que la tendencia ya comenzada hacia un consumo responsable, hay que tener claro si se mantendrá después de la crisis, o solo se trata de una respuesta motivada por la excepcionalidad del momento.
Tendencia hacia un consumo sostenible
Estudios como el del grupo de investigación UPC-IRTA o el FHOM de la Universidad Rovira i Virgili constatan que en un tiempo récord se ha producido un este de hábitos que los consumidores han adoptado. Según el primer estudio, motivado por el departamento de Agricultura de la Generalitat, el 19,6% de los catalanes ha aumentado su interés por los productos locales, por lo tanto, el comercio de proximidad toma bastante respecto a las grandes superficies. Una de las motivaciones de los usuarios es la reducción de la interacción social para evitar aglomeraciones, tal como se produce en hipermercados. Una decisión que, más allá de la razón sanitaria, también contiene una apuesta personal de apoyar al pequeño comercio, una visión que cada vez interiorizan más clientes. La conciencia social y la preocupación económica hacen que se priorice un sistema de consumo que pueda beneficiar a los otros más allá de uno mismo, y si esta tendencia se mantiene más allá de la pandemia, será una de las principales lecturas positivas que se puede hacer.
En cuanto a la dieta, los catalanes han optado por un estilo de vida más saludable aumentando el consumo de fruta y verdura en un 19% y priorizando los alimentos frescos. Un cambio que puede ser motivado por varias causas, entre las cuales encontramos, la creciente preocupación por la salud tanto propia como de la familia, el hecho de estar más horas a casa y, por lo tanto, poder dedicarse a la cocina con más facilidad; o bien por la frecuencia en que se va a hacer la compra. Según el estudio, el 77% de la población opta por ir a comprar una vez en la semana, y en la mayoría de los casos es una persona de la familia quien hace la compra principal. Unos hábitos, sin duda, muy marcados por el teletrabajo y las reducciones de movilidad y que, por lo tanto, pueden seguir evolucionando una vez se normalice todo otra vez.
El miedo hace crecer la compra digital
La pandemia ha supuesto un acelerador de tendencias de consumo que ya apuntaban hacia una preferencia sostenible y más consciente. Ahora bien, el miedo ha sido lo principal detonante hacia esta situación. El temor a infectarse ha llevado a los ciudadanos a hacer una compra más responsable, para saber concretamente qué tienen que comprar y dónde, sin perder tiempos y evitar aglomeraciones. Las restricciones de movilidad han llevado a quedarse más en casa y, por lo tanto, aumentar el consumo de productos y mejorar la calidad de la alimentación. El miedo a una crisis económica ha condicionado los gastos diarios y ha aumentado la conciencia social a favor de la solidaridad y la apuesta por el comercio local. Ayudarse mutuamente para intentar mitigar este miedo y aprender a gestionarlo, colectivamente, es importante por la incertidumbre que esta situación genera, por las consecuencias que todavía están para llegar.
El miedo, pero, también tiene otra lectura, y es que incita a lanzarse, a reinventarse o morir. Y más allá del apoyo vecinal, muchas empresas, independientemente de su dimensión, han optado por esta vía, reinventarse y acercarse al cliente de una manera diferente, alternativa. Hablamos de venta en línea, de servicio a domicilio, de preparación de encargos, y de otras muchas iniciativas. Y estas han afectado sobre todo a las empresas de alimentación. Estas las han llevado a cabo , y justamente es gracias a estas que el comercio de proximidad ha llegado a mucha más gente. Ya no hay que tener la tienda bajo casa, la tecnología abre un nuevo mundo de posibilidades a disposición del consumidor; todo está a un clic. Comprar productos de calidad, kilómetro cero, ecológicos y de proximidad está al alcance de cualquier cliente, y es este quien tiene la responsabilidad de interiorizar este modelo y mantenerlo. Eso sí, el último tramo de transporte es aquel que hará que las opciones sean más sostenibles y se tiene que reivindicar su lógica en términos de sentido común y favorecer al productor local.
De la globalización a la compra local
El periodo de globalización, iniciado desde hace décadas, ha llevado a muchas empresas del país a deslocalizar sus líneas de producción hacia países donde los costes sean más económicos. Una decisión que, en el mundo alimentario, supone una pérdida de calidad destacable, pero que los clientes han asumido en el momento en que los precios han pasado a ser más económicos. Durante años, ha pesado más la cantidad, entendimiento como todo el que podemos comprar con un importe concreto, por encima de la calidad. Este hecho no solo afectó la cesta de los clientes, también lo hizo, y de forma negativa, a los productores de proximidad o a empresas de distribución locales, entre otras. Son muchos los productores o negocios locales que año tras año, y crisis tras crisis, han cerrado las puertas ante una competencia feroz, tanto en precios como en recursos, por parte de grandes empresas multinacionales.
Una tendencia que parece que está cambiando, y que la pandemia, tal como se ha dicho, ha acelerado. Actualmente, Cataluña voz crecer cada año el número de productores que vuelven a apostar por el producto ecológico, por la producción sostenible y por los proyectos donde, más allá de la solvencia, prevalezca la ética, es decir, la responsabilidad. Una cuestión de responsabilidad colectiva que despacio parece que va volviendo a los orígenes donde va todo va empezar: del campo a la mesa.
Parece imposible predecir cuáles serán los futuros hábitos de consumo. Ahora bien, sí que nos encontramos ante una sociedad cada vez más concienciada y donde el comercio de proximidad forma parte de nuestra vida diaria. Son muchos los negocios locales y de proximidad que todavía se pueden salvar, y la responsabilidad social y la digitalización tendrán que ser sus aliados para conseguir este reto. Tal como ha demostrado la pandemia, nada es estático, y menos las tendencias de consumo que se ven altamente condicionadas por la situación de cada momento. Pero la lectura que se deriva de este cambio de rumbo es que la sociedad catalana apuesta por la proximidad y la sostenibilidad y que, por lo tanto, apuesta por el futuro de nuestras empresas.
Hay dos realidades que dan sentido al enunciado. Por un lado, la demanda del deporte organizado para encontrar patrocinio deportivo y de calidad. Por otro, una crisis económica que viene de lejos y que se ha agravado con la llegada de la pandemia.

“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a las personas de una manera que pocas cosas más hacen. Habla a los jóvenes en un idioma que entienden. El deporte puede crear esperanza allí donde antes solo había desesperación.”
Es precisamente este poder del deporte al que hacía referencia Mandela el que ha llevado a la sociedad a organizar su práctica para hacerla asequible a todo el mundo. Desde los gobiernos hasta las entidades más pequeñas. Y es este poder también, el factor que atrae a las empresas a vincular sus marcas. Ahora bien, también es cierto, que la crisis mundial que ha provocado la pandèmia ha restado temporalmente poder al deporte y ha obligado a un replanteamiento del interés y de la forma de vinculación de las empresas con el deporte.
Si definimos el patrocinio deportivo en clave técnica, diremos que nos referimos a dotaciones económicas, o de servicios personalizados, como pueden ser material publicitario o técnico, o bien recursos humanos, que hace la parte patrocinadora, generalmente una empresa, a cambio de derechos sobre el uso de imagen o sobre determinados servicios que pueda ofrecer el deportista o la entidad deportiva. Es una forma excelente, para una marca, para poder entrar en contacto con los consumidores potenciales, gracias a la visibilidad y al eco público que tiene aquel deportista o actividad deportiva.
Pero si queremos explicar el patrocinio como concepto, y buscamos las causas, tendremos que referirnos de nuevo a las palabras de Mandela, a la fuerza que tiene el deporte para unir a las personas como pocas cosas hacen. De inspirar. Y de hablar el mismo idioma.
Desde el primer acuerdo de patrocinio deportivo entre la marca Slazenger y los organizadores del torneo de Wimbledon en el año 1902, que se mantiene vivo y renovado aun, han pasado más de cien años de aprendizaje.
El patrocinio deportivo ya no es mecenazgo. De la misma manera que la alta competición deportiva tiene poco que ver, desde hace tiempo, con el deporte idealizado donde lo importante era participar. El deporte, o mejor dicho, el deporte organizado, que también es cultura y como toda ella inspira y forma, demanda, hoy todavía más, la necesidad de poder recibir un soporte económico para el cual ya hace tiempo que se vio que no hay suficiente con los mecenas y actualmente, también parece evidente que tampoco o a duras penas hay suficiente con los patrocinios.
El mecenazgo no desaparece, pero el aumento exponencial del nombre de practicantes del deporte organizado, de equipos, de clubes, de federaciones y de retos de todo tipo, ha superado con creces sus posibilidades. Y tampoco los que provienen del dinero público, muy orientado al fomento del deporte para todo el mundo y no competitivo, así como, contradictoriamente para algunas personas, a proporcionar el deporte en el nivel de máxima competición entre selecciones, a la búsqueda de rentabilidad política y afirmación nacional.
En pleno siglo XXI, los deportistas y empresas quieren ir siempre más lejos, en exigencia y en trascendencia. Y la exigencia pide preparación, y tiempo, y más tiempo, y esta dedicación pide compensaciones en un mundo donde el tiempo es oro y donde nadie vive exclusivamente dedicado a una sola actividad, ya sea de trabajo o de ocio. Por otro lado, la trascendencia exige un compromiso que tendrá que ir ligado a otra cosa más que interés comercial.
Actualmente, la experiencia en los patrocinios, muestra que hay hilos conductores, más allá de interés monetario o comercial. Se trata de la pasión, de la implicación, incluso emocional, en el proyecto del otro. Empresas atraídas por aquel deporte o deportista, o por sus valores de forma auténtica, y que necesitan a los deportistas, equipos, clubes o selecciones para que, en su turno, hagan suyos los productos y valores de la empresa.
Es por esta sencilla idea, la de la implicación con el sentimiento verdadero y auténtico, por las dos bandas, que a menudo se habla del win-win, un anglicismo muy extendido para decir eso tan propio del “que gane todo el mundo”. Y es que incluso en una final deportiva, el perdedor puede haber ganado también. Por el simple hecho de haber jugado, por impulso y la progresión que ha significado, por el estilo de juego, por su juego limpio o por haber superado una adversidad extrema durante el juego o durante el camino para llegar a la final. Todos los ejemplos que encontremos nos servirán, al final, para darnos cuenta que cuando se trata de deporte, encontrar el win-win es, a priori, muy sencillo.
Y es en esta idea donde se reformula permanentemente el patrocinio deportivo. En la idea de que gane todo el mundo.
Pero la pandemia y sus consecuencias están forzando a un nuevo planteamiento. El gran patrocinio deportivo está en cuestión. Y es fruto de este momento que, entre otras empresas, los nuevos bancos que son vistos, delante del hundimiento anunciado de la banca tradicional, están llamados a participar también en el patrocinio deportivo.
Un banco tiene por clientes tantas empresas como personas, y por lo tanto, un banco también tiene por clientes patrocinadores y deportistas. Un banco, pues, si tiene la voluntad de hacerlo posible, tiene los contactos y puede mediar para ayudar al patrocinio deportivo, o para llevarlo a cabo directamente o de forma combinada entre los dos modelos.
La nueva situación creada a raíz de la pandemia, diferenciando las dos fases más importantes, la que canceló toda la actividad deportiva al 100% y la actual, donde las competiciones han vuelto pero con restricciones que son más notables especialmente en las de ámbito internacional, han llevado el patrocinio deportivo a replantearse definitivamente.
Según un estudio de Nielsen Sports, una de las mayores empresas del mundo especializadas en el análisis de datos orientados al patrocinio deportivo, las marcas y los anunciantes, se muestra que sólo en Europa se gastan 35.000 millones de dólares al año en patrocinio deportivo. Según el mismo estudio, la crisis de la covid-19 ha acelerado, más que nunca, la importancia por parte de las empresas de ofrecer la máxima eficiencia con inversiones reducidas, así como medir el impacto y la eficacia de estas.
El estudio, realizado en Alemania, reveló, entre otras cosas, que el 69% de los encuestados considera que un rescate financiero a un club deportivo mejoraría la imagen y la simpatía hacia el patrocinador. A raíz de este estudio, algunos expertos coinciden en afirmar que esta crisis puede ser una gran ocasión para los patrocinadores para identificar nuevas oportunidades de negocio y ejercer un papel íntegro en la vida de los consumidores en un futuro próximo. El compromiso por parte del patrocinador en tiempos de crisis puede aumentar la notoriedad de su marca de forma muy positiva.
Es a partir de esto también que se puede pronosticar que, dado que los nuevos bancos deben su nacimiento al hecho de conjugar eficiencia y rendimiento con inversiones reducidas; en la medida que sepan medir bien la eficacia y el impacto de sus estrategias, pueden convertirse en el aliado perfecto del patrocinio deportivo hecho a medida.
Los nuevos bancos, con costes reducidos respecto a los tradicionales, encuentran en el deporte, sin duda, su negocio necesario. La visibilidad y la transversalidad del deporte son su aproximación más real a las personas y, con poco más que la apertura de cuentas de clientes particulares, y la fidelización de estos, el rendimiento del patrocinio queda justificado. Y para acabar de facilitarlo, proporcionar este regreso está al alcance de la mayor parte de organizadores de actividades deportivas necesitadas de patrocinio, especialmente aquellas de escala reducida, dirigidas de forma muy altruista y con el objetivo más auténtico que proponía Mandela. Es decir, las más directamente vinculadas a personas concretas, a personas cercanas, a personas de los entornos locales. Aquellos entornos donde precisamente la nueva banca ha centrado su interés en crecer.
En conclusión, la nueva banca apunta a ser la banca de proximidad a quienes pueden recorrer les personas y entidades deportivas locales para mayor beneficio de todas las partes y conseguir el tan preciado “que gane todo el mundo”.
El valor de las cosas se encuentra en el justo equilibrio entre dos extremos que normalmente se parecen más de lo que pensamos: la confianza y la desconfianza. Este hecho deviene muy importante en lo referido al primer término, la confianza, ya que es una calidad básica en las relaciones humanas. Teniendo en cuenta este tándem tan complicado de resolver, ¿en qué lugar se sitúa el empresario?
Empresarios desconfiados
Son aquellos que las teorías de dirección alimentan como un ser egoísta que solamente busca la propia ganancia personal. Normalmente, los empresarios que se han educado en esta tradición acaban pensando que los trabajadores tienen unos intereses opuestos a los suyos (trabajar lo menos posible), cuando ellos quieren que hagan justo lo contrario (trabajar al máximo, ya que con el mismo “coste” tendrán más dinero en su bolsillo). ¿Y qué piensa el trabajador? Para que gane el empresario, yo ya hago suficiente. Y se lo merece, por mal pensado. Y no sigo, todos tenemos claro cómo sigue la historia.
Llegados a este punto, el empresario se obsesiona en controlar el trabajador egoísta, y habiendo probado todos los sistemas de control posibles, acaba viendo que no hay ninguna que le garantice este control. Conclusión: el empresario inteligente acabará viendo que la teoría del control absoluto basada en la desconfianza es irracional. Y bastante inútil también. Porque no se fundamenta en cómo somos las personas.
Las personas necesitamos confiar y que nos hagan confianza. Y basar la confianza en cómo es el otro: en su competencia profesional, sus ganas de hacer las cosas bien (integridad) y su capacidad para actuar por intereses que no sean exclusivamente los suyos (a pesar de perder a corto plazo). Así pues, partir siempre desde la desconfianza demuestra una absoluta falta de criterio. Estamos dando por buena una teoría que no es válida ni práctica, y que es injusta con el trabajador y el empresario. El otro no es siempre como yo lo veo y tengo que aprender a verlo como es.
Empresarios confiados
Ahora vamos al otro extremo, empresarios confiados. Aquellos que quieren “un lugar mejor”. Padecen el síndrome de la confianza ciega, que justifican, de manera poco profunda, para ellos sentirse bien. Decir a los colaboradores lo que no nos gusta es difícil y el buen rollo superficial desvanece sin piedad. Pero aunque cueste decir lo que a uno no le parece bien, es la manera de conseguir que la relación acabe siendo real.
Es así como la confianza, tan necesaria para que las cosas funcionen, sea auténtica. Y solamente la confianza auténtica genera consecuencias positivas. En una persona manifiestamente incompetente no puedo confiar, y se lo tengo que decir. Así puede mejorar al tiempo que permito que aquellos que lo hacen bien reciban el trato de acuerdo con lo bien que lo hacen. No hay nada más insoportable que un jefe que trata a todos por igual, tanto si trata de hacer las cosas bien como si no. Tratar con un responsable así es una tortura que no deseo a nadie.
Tratar de manera diferente a cada uno
Por lo tanto, seguir una teoría que no funciona es no tener criterio. Choca con la realidad que indica que en las relaciones entre personas es necesaria la confianza. Necesitamos los demás (su experiencia, integridad y las buenas intenciones hacia nosotros). Ahora bien, confiar ciegamente en todo el mundo es no tener criterio al evaluar la relación: genera injusticia y hace que nadie mejore.
Las personas debemos tratar de manera diferente a cada uno, en función de qué hace y cómo lo hace. Los extremos se tocan porque generan consecuencias muy similares y se basan en nuestra renuncia como directivos a aprender a tener criterio: mojarnos (con la opción a equivocarnos y tener que rectificar) y no dejarnos llevar por nuestras reacciones a corto plazo (sea el buen rollo de “todo el mundo es bueno” o el mal rollo de “todo el mundo es un vago”). Tenemos que entrenar el criterio para huir de los extremos.
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Ya estamos otra vez. La pandemia derivada del Covid-19 ha generado una crisis económica (aún germinando) que aseguran que será peor que la que sufrimos en 2008. Pero tal vez todavía estamos a tiempo de disminuir este impacto y exigir a quien nos dirige que aporte otras soluciones. Tenemos que ser aún más participativos en lo que nos afecte, aunque no nos guste
Cuando miramos los medios de comunicación y nos explican las posibles salidas de la crisis, uno llega a la conclusión de que una gran mayoría de los mensajes se refieren a recortes y a la necesidad de austeridad. Se hace énfasis en los excesos que entre todos hemos hecho, en el endeudamiento que hemos generado, que se ve que ha sido desmesurado, como si el infierno se hubiera situado en la tierra y todos hubiéramos participado en la bacanal.
Entonces, inmersos en una culpabilidad desmedida, entre todos nos vamos creyendo que estamos castigados a pagar la fiesta y purgar tanto desenfreno. Hasta un punto es cierto que una cierta contención, revisar el gasto y ahorrar cuando no hay vacas flacas parece bastante racional y de sentido común. Ahora bien, quedarse solo aquí y pensar que no se puede hacer nada más, me hace pensar en otra cuestión fundamental: nos tranquiliza a corto plazo creer en soluciones unilaterales en lugar de intentar cuestionarlas y encontrar otras.
Problemas grandes, soluciones conjuntas
Si le digo a una persona que solo hay una manera de hacer un lazo en un paquete de regalo, seguramente me acusará ser poco creativa y me hará observar que hay muchísimas formas de hacerlo. Me comentará que se ha de innovar y que el arte de hacer paquetes bonitos ha evolucionado. Que ahora, aparte de los lazos, se hacen nudos con cordeles, se ponen dentro de bolsas de papel reciclado y debatiremos sobre las múltiples opciones de la paquetería moderna.
Pero volvamos a hablar de la situación actual, y el mismo lazo de la austeridad, las recorta y desenvuelve el paquete de la crisis. Entonces miramos los datos del paro y parece que suben incansablemente. Miramos el cierre de empresas en Cataluña el primer trimestre de 2012 y ya son más de 10.000 las que han bajado la persiana. Vemos que las clases medias van perdiendo poder adquisitivo y muchas familias ya tienen más de uno de sus miembros en paro. Suerte que pueden recordar, nostálgicos, aquella bacanal que se ve que celebraron un día.
Seguramente sí que ha habido excesos, pero la pregunta es, ¿de todos? Quizás sí que hay que mirar el gasto y adecuarlo a la realidad de los ingresos ordinarios en una primera etapa. Ahora bien, ¿hay que seguir así para siempre? Creo que aquellas cosas que nos afectan deberíamos ser más críticos y cuestionar las propuestas de solución que recibimos como inevitables. Querer conocer la realidad es clave en el proceso de dirigir. Y aún lo es más cuando se trata de tomar decisiones que no son placenteras para quien las toma. Pero, es que además, hay que tener muy claro que nuestro conocimiento de lo que pasa, se basa siempre en unas percepciones que hay que ir mejorando a través de la aceptación de los hechos, practicando la humildad. Nunca tenemos el conocimiento completo de lo que pasa y, por lo tanto, siempre se hace necesario escuchar opiniones diferentes a las nuestras para hacernos una composición más realista.
¿Y si buscamos nuevas soluciones?
Las recetas no son siempre sencillas ni inmediatas y menos en tiempos de crisis y dificultades. Pero querer conocer la realidad, querer hablar con personas que no opinan lo mismo que nosotros, buscar la mezcla entre el entusiasmo y el pragmatismo, nos llevará bien seguro a valorar la situación de manera mucho más realista. Por lo tanto, a encontrar soluciones que no cumpliendo nuestras expectativas, seguro que nos ayudan a aprender a dirigir mejor en el futuro.
Quizás las soluciones alternativas se deberían discutir a fondo. Ya se empiezan a sentir expertos en economía y empresa que hablan de otras opciones. El profesor Vicenç Navarro hablaba de que el problema no es el PIB, sino que el Estado debe encontrar maneras eficientes de recoger los ingresos que le corresponden de manera proporcional a las grandes fortunas, evitando que huyan a otros países (problema similar que también tiene Grecia). Otros expertos alertan de que si no se empieza a facilitar el acceso al crédito a las empresas, la crisis empeorará. Al menos alguien intenta buscar alternativas más creativas ante tanto recorte que últimamente tenemos que escuchar como un mantra pesado.
El mensaje clave es que las personas debemos desarrollar nuestro criterio para decidir si lo que nuestros gobernantes dicen tiene sentido o no y tenemos que empezar por pedir otras alternativas a la solución, demasiado sencilla, de recortar. El mantra pesado del recorte debe sustituirse por coral de mantras que nos dejen de hundir en la desesperación actual.
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Las tendencias de consumo toman un nuevo rumbo marcado por el regreso a los orígenes y la compra responsable, con la voluntad de valorar la calidad por encima de la cantidad y apostar por un producto natural y sostenible.
La conciencia social crece y, como consumidores, cada vez somos más conscientes de que los recursos naturales son finitos y que, por tanto, también debería ser finito su uso. Nos encontramos en un punto de no retorno, con altos índices de contaminación que acaban afectando, de forma directa o indirecta, a la producción y el consumo de alimentos. Ante este contexto, una parte creciente del tejido empresarial se desvía del camino de la industrialización para volver a los orígenes y apostar por la única vía con un futuro asegurado: la sostenibilidad.
- Venta de proximidad: del campo a la mesa
Venta ecológica, de proximidad, kilómetro cero … son conceptos que cada vez tenemos más interiorizados y que se refieren a la venta de productos, principalmente agroalimentarios, desde una perspectiva lo más respetuosa posible con el medio ambiente. Se busca que la venta sea directa al consumidor final o a través de un único intermediario, que el proceso de producción limite al máximo el uso de productos químicos y que en el sistema de distribución no se pierda ni la calidad, ni los valores. De hecho, la venta de proximidad es un concepto tan antiguo como la humanidad, pero actualmente son pocas, aunque cada vez son más, las empresas que apuestan por este tipo de comercio y se desmarcan de la línea de las grandes productoras, marcadas por un ritmo de competitividad cada vez más acelerado y deshumanizado.
Actualmente, en Cataluña el portal de la transparencia contabiliza más de 3.000 productores adheridos a la venta de proximidad, una cifra que ilustra la gran cantidad de oferta existente en todo el territorio y, por tanto, la demanda creciente por parte de la población , que cada vez prioriza más hacer una compra con valores por delante de una compra meramente industrializada.
- La Tavella, ejemplo de ecología, proximidad y compromiso social
La Tavella es un ejemplo de este cambio de tendencia. Sostenible y comprometida socialmente, la empresa nació en el año 2006 con una misión clara que se ha mantenido con el tiempo: crear puestos de trabajo para personas con discapacidad y trastornos mentales a través de la comercialización de productos agroalimentarios ecológicos. La Fundación Viver del Bell-lloc fue la promotora del proyecto, al que se sumó unos años más tarde la Asociación Santo Tomás – PARMO. Ambas entidades comparten la visión del proyecto y suman esfuerzos para hacerlo crecer año tras año.
Actualmente, quince años después de su creación, lo que pretendía ser un canal de venta de verduras ecológicas ha acabado siendo mucho más que eso, hasta el punto de que se puede encontrar casi cualquier tipo de productos básicos como carne, huevos, pan o leche, y todos con la certificación de producto ecológico. La fruta y la verdura siguen siendo el producto ecológico más vendido que, en su caso, supone un 80% de las ventas totales. En este sentido también influye positivamente sobre los clientes la transparencia en la información, ya que el cliente sabe en todo momento el origen de sus productos. Sin ir más lejos, el 40% de la producción proviene de las fincas que la empresa tiene distribuidas por toda Cataluña, mientras que el resto se gestiona a través de productores de confianza y también de proximidad. Un dato que muestra, una vez más, que los valores que la marca quiere transmitir no son a través de una etiqueta sino con hechos reales, trabajando y cuidando todos los procesos día a día para hacerlo posible.
- Valores que marcan
Ser una empresa comprometida implica crear un tejido empresarial suficientemente sólido para que cualquiera de los agentes que intervengan pueda plasmar esta idea en cada una de sus acciones. Desde los trabajadores, a la producción, pasando por el sistema de ventas, la distribución o la comunicación. Una empresa sostenible debe serlo en todos y cada uno de los pasos y solo analizando la empresa de forma global es donde se demuestra que es, y sobre todo, para qué, y son los actos diarios los que validan esta idea o la negarán con sus ideales.
¿Pero apostar por la sostenibilidad en el mercado actual, compensa? Su caso demuestra que sí, y mucho. La empresa finaliza el año pasado con una facturación que sobrepasaba el millón de euros, un 4,17% más que el período anterior, según explicaba su responsable, Alfredo Resines. La apuesta por una compra responsable, sumada a la pandemia y el aumento de las ventas en línea, supuso un crecimiento para la empresa, que en un año triplicó el número de clientes. Conseguir esto implica conocer muy bien las necesidades de los clientes y, en la medida de lo posible, personalizar la experiencia. Un sistema cada vez más recurrente para conseguir un trato personalizado, pero rentable para la empresa es el sistema de suscripciones, un método que La Tavella también ha incorporado y que permite a los clientes elegir el tipo de cesta que quiere recibir cada mes. Comodidad y flexibilidad sin salir de casa, dos cualidades que caracterizan al consumidor actual, altamente influenciado por las nuevas tecnologías y con facilidad para comprar de forma digital.
- Redes sociales, el altavoz de los proyectos sociales
Para La Tavella, como tantos otros proyectos, contar con un canal de venta online ha supuesto un cambio estratégico considerable que les ha abierto las puertas a un mercado mucho más atractivo, pero también competitivo. La difusión es clave en estos casos, ya que la red se ha convertido en el escaparate más grande del mundo. Lo que no aparece en las redes, no existe. Y en el caso de La Tavella el reto era doble, por un lado vender los productos en sí, y por el otro, y más importante, vender los valores que hay detrás del proyecto, su razón de ser.
No hay duda de que en este caso esto se ha conseguido y el trabajo bien hecho, desde la honestidad y la sostenibilidad, ha dado sus frutos que el público ha sabido apreciar. Una vez más, se demuestra que en el mundo digital se necesitan palabras, pero también hechos. Es así como un pequeño proyecto marca tendencia en el ámbito social, demostrando que otra manera de trabajar y relacionarse con el entorno es posible y que la apuesta por la sostenibilidad es, sin duda, la estrategia más atractiva de cara al futuro.
Brava Fabrics es una empresa de proximidad que inició su andadura empresarial en 2015 en Barcelona. Desde entonces, la start-up de Iván Monells y Ramón Barbero no ha dejado de crecer hasta convertirse en un auténtico referente de la moda sostenible llegando hasta Alemania o el Reino Unido
¿Has visto alguna vez por la calle camisetas con estampados de bicicletas, sandías, patitos de goma o gambas? Si la respuesta es “sí”, es muy probable que hayas estado enfrente de una de las confecciones de Brava Fabrics. Sus fundadores, Iván Monells y Ramón Barbero decidieron unir sus conocimientos de economía e ingeniería informática e industrial para crear esta marca barcelonesa. Con una inversión de 25.000 euros y la ayuda de dos créditos pudieron crear su propia empresa. Un caso de economía textil de proximidad de éxito, porque ya desde sus inicios, consiguió más de 150.000 euros en ventas.
- La distinción como trazo identificador
Su voluntad desde un principio fue la de distinguirse de otras marcas de ropa. Lo consiguieron mediante estampados variados y fuera de la convencionalidad, orientado hacia un público más transgresor. Empezaron estampando en camisetas dibujos como cafeteras, ciervos e incluso, caras de perro El objetivo estaba claro: que el público distinguiese una camisa Brava de otra, y así fue. El impacto fue tal que, pronto, pasaron de crear solamente camisetas a extender la oferta innovando con piezas como corbatas, camisas, jerséis y pantalones. Unas piezas de ropa que llegaron a atravesar fronteras con las compras en línea llegando a otros países europeos donde también tuvieron una muy buena acogida. En concreto, y desde sus inicios, han conseguido cerca de 60.000 clientes y más de 4,5 millones de euros en ventas. Pero esto no acaba aquí, Monells y Barbero declararon al portas 1,2,3, Emprendre que tienen como objetivo llegar a los 23 millones en 2023..
- Una moda sostenible es posible
Un aspecto que tenían claro desde un principio es que querían que Brava Fabrics fuera una marca ética y ecológica. Para ello, determinaron que la materia prima con la que se confeccionan sus productos sería de proximidad como, por ejemplo, el algodón. Éste es 100% orgánico y certificado, es decir, que se cultiva sin el uso de productos químicos. Precisamente para excluir de la ecuación los componentes como fertilizantes, herbicidas o fungicidas artificiales, los procesos son más lentos respecto del método convencional y también más caros. Con todo ello, se aseguran que no están dañando el medio ambiente y que las condiciones de la gente que trabaja recogiéndolo son éticas.
- Talento + trabajo = éxito laboral
A pesar de empezar desde cero, el esfuerzo y las ideas innovadoras les han llevado a crear más de mil productos de diecinueve categorías de ropa distintas. Todo ello sin dejar de aportar su granito de arena en la sostenibilidad del planeta. De hecho, su trayectoria ha llamado la atención de inversores como ABAC Nest i Siesta Ventures (NYC) que, actualmente, apuestan por la marca barcelonesa. De tener solamente dos personas, han pasado a contar con 20 trabajadores que les ayudan a crear, diseñar y confeccionar piezas de ropa implantando la tecnología y marcando su propio estilo. De momento cuentan con dos tiendas físicas, una en Madrid y la otra en Barcelona a pesar de que el 97% de sus ventas provienen de la página web Brava Fabrics.
Brava Fabrics ha puesto de manifiesto que la creación de una marca propia y de proximidad no implica perder de vista la sostenibilidad y la eticidad de sus procesos de trabajo. Con esfuerzo y mucho trabajo, emprender y triunfar es posible.
A partir del 1 de enero de 2021 ha pasado a hacerse efectiva la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El popularmente llamado Brexit tiene muchas implicaciones en aspectos de la vida diaria de los europeos y una de las más importantes tiene que ver con los cambios que se llevan a cabo en la compra de productos con origen o destino en el Reino Unido. ¿En qué medida nos afecta este hecho, y cuáles son las consecuencias para el mercado europeo?
- El Reino Unido: uno de los mercados online más importantes de Europa
Desde su entrada en la Unión Europea a principios de los años setenta, el Reino Unido se ha convertido en uno de los mercados principales de Europa y durante el siglo XXI ha ido cogiendo liderazgo en el comercio electrónico del continente: el 82% de los británicos ha realizado compras online durante el último año, gastando aproximadamente 1.660 € por consumidor. La mitad han sido compras de productos no británicos siendo el europeo uno de los mercados predilectos.
Aunque el Reino Unido dejó de ser formalmente un estado miembro de la Unión desde el 31 de enero de 2020, durante este último año el comercio y la circulación de personas se han seguido rigiendo por las normativas anteriores, ya que ha habido un periodo de transición durante el cual, el país se ha mantenido dentro del acuerdo aduanero y del mercado único, permitiendo así la libre circulación de personas y mercancías entre los países miembros. Por tanto, el comercio no se había resentido especialmente.
Con el acuerdo de salida del Reino Unido de enero 2021, sin embargo, se vislumbra una situación muy diferente para los consumidores.
- Pero, ¿cómo cambia exactamente la situación para los consumidores de productos británicos?
Para empezar, hay que entender que las normativas que rigen el comercio electrónico y online son las mismas que las del comercio tradicional: todo producto comprado en el extranjero (fuera de la Unión Europea, que ahora ya incluye el Reino Unido) será considerado una importación, se haya producido la transacción desde una tienda física o desde un canal online. Y, como importación, estará sujeto a la aplicación del IVA y de los aranceles correspondientes.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que dependiendo de la valoración del producto los cargos aplicados serán unos u otros. Principalmente, se deben dividir los productos extranjeros en 3 categorías diferentes: productos de menos de 22 euros, productos entre 22 y 150 euros, y productos de más de 150 euros.
Los de menos de 22 euros tienen la exención de no pagar IVA, vengan de donde vengan. A partir de este precio, el resto de productos deberán pagarlo, pero el importe final dependerá también de los aranceles: los productos de menos de 150 euros no pagarán aranceles ni necesitaremos realizar trámites aduaneros, mientras que los de 150 euros o más, sí.
Los productos del Reino Unido pero, gracias al acuerdo firmado a finales de 2020, gozan de la exención de no pagar aranceles incluso con los productos de más de 150 euros aunque como país extranjero, deben realizar los trámites aduaneros igualmente. Unos trámites por los que se debe pagar un porcentaje a los agentes de las aduanas y una comisión de gestión.
En definitiva, a pesar de las exenciones aplicadas gracias a los acuerdos alcanzados, en los últimos meses, los productos británicos se han encarecido una media de un 10-15%, según el caso. Esto ha provocado una caída de hasta el 40% en la compra de productos británicos en la Unión Europea y ha tenido un efecto similar con la compra de los productos europeos desde el Reino Unido.
- ¿Qué pasa con Irlanda del Norte?
Sin embargo, una de las excepciones de estos cambios de política ha sido Irlanda del Norte. A pesar de formar parte del Reino Unido y por lo tanto, de su territorio aduanero, todavía arrastra la problemática de la separación de la isla de Irlanda en dos estados diferenciados: Irlanda del Norte o Ulster (dentro del Reino Unido), y la República de Irlanda o Irlanda del Sur (dentro de la Unión Europea).
Debido a esta traumática separación y su conflicto, tanto los gobiernos del Reino Unido como los de los países de la Unión Europea, han decidido mantener una política diferente con respecto a la frontera con Irlanda del Norte: Ulster continuará aplicando la normativa aduanera de la UE.
Esto significa que no habrá una «frontera dura» entre Irlanda del Norte y del Sur: se actuará como si fueran un mismo territorio y, por tanto, un producto comprado online en una tienda de Irlanda del Norte no debe tener ningún sobrecoste para un consumidor europeo: se considerará un movimiento intracomunitario.
- En julio 2021 la cosa vuelve a cambiar
La situación, sin embargo, no se mantiene estable y debido a una actualización de la normativa europea, las condiciones volverán a cambiar durante la segunda mitad del 2021. El próximo 30 de junio, la exención de no pagar IVA por los productos de menos de 22€ desaparecerá, lo cual significará que se deberá pagar el impuesto para todos los productos extranjeros, provengan de donde provengan (con la excepción ya comentada del Norte de Irlanda).
Además se cambiará el funcionamiento de la gestión de los trámites aduaneros para los productos de menos de 150€. Hasta ahora era obligación del consumidor encargarse de la gestión, por lo tanto más allá del precio del producto que aparecía en la web, el consumidor debía pagar más adelante el IVA, comisiones de gestión aduaneras, etc., con lo cual era complicado muchas veces saber el precio exacto que acabaría pagando por un producto o servicio extranjero.
A partir de julio de 2021, los productos de menos de 150€ será obligación de las tiendas situadas en el extranjero el hecho de cobrar el IVA e ingresarlo en las haciendas de los países de la UE. Por tanto, ya incluirán automáticamente el IVA dentro del precio estipulado en sus páginas web. Los consumidores estarán mejor informados de qué precio final acabarán pagando.
Como vemos, la relación comercial entre el Reino Unido y la Unión Europea sigue en constante evolución y es recomendable para los consumidores actualizar periódicamente nuestro conocimiento sobre la situación con el fin de poder sacar el máximo provecho.







