
−96 € en la nómina: qué te retienen y por qué
Cuando recibes la nómina y ves que te han recortado casi cien euros cada mes, es normal preguntarse: ¿a dónde va ese dinero y por qué aumenta si no han subido los impuestos?
La respuesta es menos visible de lo que parece. Se llama “progresividad en frío”, y es la subida silenciosa que el Estado aplica cuando no actualiza los tramos del IRPF con la inflación.
La retención del IRPF es la parte de tu salario que la empresa paga directamente a Hacienda en tu nombre. No es un impuesto nuevo, sino un pago a cuenta de lo que acabarás declarando en la renta. Es decir, cada mes adelantas dinero al Estado que después, según tu situación personal, te puede devolver o no. Ese dinero no se destina específicamente a las pensiones ni a ningún servicio concreto: va a la caja general del Estado, desde donde se reparte para financiar todos los gastos públicos —incluidas, entre muchas otras partidas, las pensiones.
Todo correcto hasta aquí. El problema llega cuando tu sueldo sube para compensar la inflación —por ejemplo, un 4 %— y, de golpe, tu retención también aumenta. No es que seas más rico: es que el sistema fiscal no está ajustado a la realidad de los precios.
IRPF: un impuesto progresivo… congelado en el tiempo
El IRPF es progresivo, sí: cuanto más cobras, mayor porcentaje pagas. Pero esa progresividad se distorsiona cuando los tramos no se actualizan con la inflación. Así, un aumento nominal del sueldo —sin ganar poder adquisitivo— te hace saltar de tramo y pagar más por cobrar lo mismo o incluso menos.
Según la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), no ajustar los tramos del IRPF a la inflación cuesta 736 € anuales a una familia media. Y la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) calcula que la mitad del aumento recaudatorio del IRPF entre 2019 y 2023 proviene de este efecto de la inflación sobre salarios que, en términos reales, no han mejorado. En otras palabras: tu sueldo sube un 4 %, los precios un 4 %, pero tú pagas un 6 % más a Hacienda. La trampa perfecta.
La inflación, la aliada silenciosa de Hacienda
Cuando los precios suben, también lo hacen los ingresos fiscales. El IVA, por ejemplo, se aplica sobre precios más altos: si una compra pasa de 100 € a 110 €, el IVA del 21 % también aumenta. Y eso ocurre con millones de transacciones cada día.
Según datos de la Agencia Tributaria, en 2022 la recaudación total batió récords con 255.463 millones de euros, un 14 % más que el año anterior. Sin nuevos impuestos, sin subidas de tipos, solo con la inflación. Es lo que algunos economistas llaman “impuesto invisible de la inflación”: un mecanismo que recauda más sin que nadie apruebe nada en el Congreso.
Salario real vs. salario nominal: la pérdida de poder adquisitivo
Muchos trabajadores han visto cómo sus sueldos subían un 3 % o 4 %, pero si la inflación es del 5 %, el resultado real es negativo. Cobras más, pero puedes comprar menos.
Según el INE, el poder adquisitivo medio en España ha caído un 6,7 % desde 2020, mientras que la recaudación por IRPF ha crecido más de un 20 %. En otras palabras: tu sueldo sube un 4 %, los precios un 4 %, pero tú pagas un 6 % más a Hacienda.
Esta combinación es devastadora, porque demuestra que los españoles tienen menos capacidad de compra, más impuestos y menos ahorro familiar. Una fórmula que castiga especialmente a las clases medias y trabajadoras.
En La Plaça d’11Onze ya explicamos que un salario mínimo digno en el área de Barcelona debería ser de unos 1.322 € mensuales, muy por encima del SMI estatal. Esta brecha salarial explica por qué la inflación golpea con más fuerza a los hogares trabajadores y reduce drásticamente su capacidad de ahorro.
Europa: tres modelos, tres resultados
En Europa hay tres enfoques distintos:
- Francia y Austria ajustan automáticamente los tramos a la inflación: los contribuyentes no pierden poder adquisitivo fiscal.
- Portugal lo hace parcialmente, revisando mínimos y deducciones cada año.
- España no lo hace desde 2008, pese a una inflación acumulada del 26 % en quince años.
El resultado, según Eurostat, es claro: España tiene una presión fiscal del 42,2 % del PIB, la más alta de su historia y superior a la media europea (41,4 %). Pero, paradójicamente, los servicios públicos no reflejan este incremento.
¿Quién paga más? Siempre la clase media
Los grandes patrimonios encuentran vías legales para optimizar; las rentas más bajas reciben ayudas y bonificaciones. Pero las rentas entre 20.000 € y 40.000 € anuales soportan el grueso de la carga fiscal. Es el corazón de la “progresividad en frío”: un sistema que se vuelve regresivo con la inflación.
Los expertos coinciden:
- Hay que indexar tramos y mínimos del IRPF a la inflación.
- Reducir retenciones para rentas inferiores a 30.000 €.
- Revisar deducciones familiares y de dependencia.
- Hacer más transparente la información sobre la retención real.
Estas medidas preservarían la verdadera progresividad sin reducir la recaudación estructural.
Ningún gobierno anuncia esta subida. No aparece en los presupuestos ni en las ruedas de prensa, pero cada año que no se ajustan los tramos fiscales, el Estado recauda más y los trabajadores cobran menos. La inflación es inevitable. El abuso fiscal, no. Entender qué te retienen es el primer paso para defender tu salario real.
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