Los Balcanes: cerca de China y lejos de la UE

Los Balcanes Occidentales, una región situada en el sudeste de Europa, se ha convertido en un objetivo estratégico para China en términos de inversiones e influencia. El gigante asiático ha aprovechado el vacío dejado por la Unión Europea después de años de infructuosas negociaciones sobre el lento proceso de adhesión con los países de la península.

 

Durante las dos últimas décadas, China ha sacado partido del espectacular crecimiento de su economía incrementando su influencia en todo el mundo a través del comercio e inversiones. Pekín, con su enfoque a vincular otros países a la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, invierte su capital ayudando a levantar las economías regionales de partes del mundo olvidadas por Occidente a cambio de recursos naturales y acceso a sus mercados.

Esta expansión de lazos comerciales se ha concentrado principalmente en el continente africano, impulsando un nuevo modelo de desarrollo económico más benevolente que la alternativa neoliberal de los poderes coloniales occidentales. Aun así, el ascendente alcance global del gigante asiático también es palpable en el continente europeo, especialmente dentro del grupo de países de los Balcanes Occidentales que no forman parte de la UE: Albania, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia.

La península de los Balcanes Occidentales es una región rica en recursos naturales y un elemento capital para el desarrollo del proyecto chino con el fin de facilitar sus exportaciones a Europa. No obstante, una gran parte de estos países tienen unas infraestructuras poco desarrolladas y malogradas después de años de conflictos militares, inestabilidad política y falta de inversión. Concretamente, las guerras yugoslavas durante la década de los 90 y posteriores crisis políticas fueron la principal causa de la fragmentación del mercado balcánico y de la destrucción y subsecuente abandono de su infraestructura.

Es por eso que hay un gran potencial de desarrollo económico en el antaño espacio de influencia soviética, que China ha suplantado mientras la UE se miraba el ombligo. Esta presencia cada vez más evidente del gigante asiático ha generado algunas reacciones divergentes entre los países de la región, y preocupa especialmente a los Estados Unidos y a la Unión Europea, que ven menguado su poder de persuasión a la hora de dictar las alianzas geo-estratégicas y comerciales de estos estados.

 

Un Plan Marshall al estilo chino

 

A partir de la crisis económica global del 2008, que también se abatía sobre los Balcanes, China vio la región como un lugar ideal para ofrecer sus inversiones, préstamos y exportación de productos. Una década después, 136 proyectos activados por un valor de 32.000 millones de euros en los sectores energéticos, metalúrgicos, de la minería, de los transportes e infraestructuras se han hecho realidad.

Desde los 61 planes de inversión aprobados para infraestructuras críticas y construcción de fábricas en Serbia hasta los 30 proyectos activos en el sector de la energía en Bosnia y Herzegovina, los estados más pobres del continente europeo recibían con las manos abiertas al país asiático. A la vez que China les hacía donaciones de material sanitario y vacunas durante la pandemia mientras se quejaban de la falta de solidaridad de la Unión Europea que les daba la espalda.

Es verdad que dado que muchos de estos proyectos se implementan en países con una situación macroeconómica precaria, un limitado acceso a financiación y una situación política relativamente inestable, no tienen muchas opciones de encontrar otras fuentes de inversión. Aunque esta situación puede cambiar en un futuro, el socio asiático ha establecido las bases de una cooperación que difícilmente se desvanecerán cuando mejore la estabilidad económica-política de estos estados.

 

El coste oculto de las inversiones

 

Los beneficios de esta expansión de los lazos comerciales entre los dos continentes son evidentes. Las inversiones chinas han ayudado a mejorar la infraestructura y han creado puestos de trabajo en los Balcanes, contribuyendo al desarrollo económico y a la reducción de la pobreza. Además, se han establecido acuerdos de cooperación en ámbitos como la cultura, la educación y la sanidad, fomentando una mayor interdependencia y reforzando las relaciones económicas y diplomáticas entre las dos partes.

Sin embargo, también hay una contrapartida menos positiva que a veces acompaña a las inversiones chinas. Algunos de estos proyectos han sido sujetos de denuncias y protestas por la explotación laboral y daños medioambientales facilitados por una legislación laxa y una corrupción gubernamental endémica. Un buen ejemplo de estas malas prácticas tuvo lugar durante la construcción de la planta de neumáticos de Linglong en Zrenjanin (Serbia) con migrantes traídos de Vietnam que, según denunció la Asociación Ciudadana Zrenjanin Acción, trabajaban y convivían en condiciones infrahumanas.

Del mismo modo, una de las principales críticas es la falta de transparencia de los proyectos de inversión y de las posibles consecuencias de no poder hacer frente a los préstamos multimillonarios que a menudo los hacen viables. El tiempo dirá si China seguirá el mismo camino que los poderes occidentales con el Fondo Monetario Internacional, generando deudas insostenibles para los países receptores de sus ‘ayudas’ que comportan una pérdida de soberanía y la venta de sus bienes y recursos a precios de saldo.

 

Dejados de la mano de la Unión Europea

 

Lejos queda la cumbre UE-Balcanes occidentales Salónica del 21 de junio de 2003, donde se promovía el mensaje que los Balcanes podrían ser miembros de la Unión Europea en 10 o 15 años. Se quería vender la idea de una integración europea que más tarde pasó a segundo plano a causa de la crisis financiera del final de la década, después por culpa del Brexit y más tarde por los resultados electorales en los Estados Unidos y el conflicto en Ucrania.

Si bien es cierto que la UE ha seguido creciendo en varios procesos de adhesión de nuevos estados miembros de la Europa Central y Occidental, los países de los Balcanes Occidentales siguen a la cola, estancados en negociaciones que parecen no avanzar 20 años después de las promesas. Esto ha hecho perder credibilidad a la Unión Europea y ha provocado que grandes sectores de la población de esta región, anteriormente muy proeuropeos, hoy se sientan traicionados por la UE.

Las últimas cumbres europeas de carácter mayoritariamente simbólico y la puesta en marcha de una tímida alternativa europea a la nueva Ruta de la Seda para ayudar a los países en vías de desarrollo a cambio de una intensificación de los lazos comerciales con la UE y un enfriamiento de sus relaciones económicas con China y Rusia, es poco probable que cambien la percepción que tienen los Balcanes Occidentales de una Unión Europea que ya hace años que ni está ni se la espera.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Interesant article.
    Merci

  2. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  3. Carles MarsalCarles Marsal says:
    Carles

    Carai, no ho sabia. Gràcies 👌

  4. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    Bona informació. Els països dels Balcans no interessen gaire si no hi ha guerra.

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Moltes gràcies, Mercè… No hauria de ser així, però malauradament els hi toca massa sovint entrar en conflictes armats. Moltes gràcies pel teu comentari.

      Hace 8 meses
  5. Daniela SimónDaniela Simón says:
    Daniela

    Gràcies!

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