El ejemplo de Islandia que España no quiso seguir

El rescate del sistema bancario español requirió la inyección de más de cien mil millones de euros, que no sirvieron para hacer despegar la economía. ¿Era posible otra fórmula? Lo cierto es que Islandia salió fortalecida de la gran crisis financiera que vivió entre 2007 y 2009.

 

Estos días se cumplen diez años de la decisión del Gobierno español de tomar el control de Bankia, en aquel momento la cuarta entidad financiera más grande del Estado. Lo hizo convirtiendo en acciones un préstamo de casi 4.500 millones de euros. La entidad acabó fusionándose en 2020 con CaixaBank, o siendo absorbida por esta última entidad, según como se quiera ver.

“Aquí no hay un coste para los contribuyentes españoles”, decía Luis de Guindos, ministro de Economía, durante los días de la intervención. Sin embargo, lo que en principio no iba a tener coste para el Estado ha acabado con una inyección de capital de más de 22.000 millones de euros, aunque quizás se acabe recuperando una parte algún día.

Bankia es una más de la lista de entidades financieras rescatadas por el Estado español a raíz de la crisis financiera de 2008, que también llevó a la intervención de Caja de Ahorros del Mediterráneo, Banco de Valencia, CatalunyaCaixa, NovaCaixaGalicia, Unnim, Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha, Cajasur, Banco Mare Nostrum, Banco CEISS, Banco Gallego, Banca Cívica, Grupo Cajatres, Liberbank y Caja Rural Mota del Cuervo.

En total, el Tribunal de Cuentas ha cuantificado en más de 122.000 millones los recursos destinados a la reestructuración de estas entidades, que han acabado absorbidas por los grandes bancos españoles. El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) comprometió más de 77.000 millones de euros; el Fondo de Garantía de Depósitos, más de 35.000 millones, y el Banco de España, casi 10.000 millones.

 

Dinero difícil de recuperar 

El Banco Central Europeo reconocía en un informe elaborado en 2015 que las inyecciones de capital a la banca se realizaron de forma que la devolución del dinero público era inviable. 

En realidad, se trató de una especie de regalo de miles de millones al ‘lobby’ bancario. Muchos títulos se adquirieron por un valor superior al real y era evidente que una parte importante de los activos traspasados a la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) generarían pérdidas millonarias al Estado. Según estimaciones del Banco de España, la fiesta acabará costando al contribuyente un mínimo de 60.600 millones de euros.

¿Es justificable ese desembolso público? Tras la experiencia de la Gran Depresión estadounidense por el crac de 1929, en la que la caída del sector financiero tuvo un efecto demoledor en el resto de la economía, muchos expertos han defendido la conveniencia de rescatar a los grandes bancos para evitar el colapso económico.

El argumento es que para los contribuyentes resulta menos gravoso el rescate que las consecuencias de la recesión. Sin embargo, no todos los países han seguido la ortodoxia académica.

 

La vía islandesa

En el año 2000 Islandia era un país de 300.000 habitantes cuyo PIB no alcanzaba los 10.000 millones de euros. Pero en pocos años su sector bancario se hipertrofió gracias a suculentos intereses que atrajeron gran cantidad de depósitos desde otros países.

El boom de sus entidades financieras hizo despegar al país, que más que dobló su PIB entre 2001 y 2007. El crédito fluía en la isla como si de un maná se tratara y la corona islandesa se disparó en el mercado de divisas.

Sin embargo, la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 pinchó la burbuja islandesa. En pocos días, las tres principales entidades financieras de la isla (Glitnir, Landsbanki y Kaupthing) declararon suspensión de pagos.

En lugar de inyectar miles de millones en estos bancos privados, Islandia los dejó caer y creó nuevas entidades para gestionar los restos del naufragio. Tras múltiples protestas, la dimisión de un Gobierno y varios referéndums, el país decidió salvaguardar los depósitos de los islandeses y rechazó hacerse cargo de la enorme cantidad de depósitos extranjeros.

Es cierto que esta vía no salió gratis a los contribuyentes, ya que Islandia destinó un 20 % del PIB a hacer limpieza en el sector, según estimaciones de la OCDE. Pero la economía se recuperó con energía en los años siguientes. Tras una caída de casi un 40 % entre 2007 y 2009, el PIB volvió a remontar y en 2017 ya superaba los niveles previos a la crisis. Por el contrario, España nunca ha vuelto a igualar los niveles de 2008.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Francesc Estafanell PujolFrancesc Estafanell Pujol says:
    Francesc de Borja

    Una lliçó del govern d’un país petit que va donar veu a la gent per veure com se n’havien de sortir

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Bé, que jo sàpiga, allà els polítics varen haver de sortir cames ajudeu-me… Això mateix hauria de passar aquí, que ens la foten cada dos per tres, i, clar, a més a més sempre mirant per ells, pel seu partit, per les empreses de l’Ibex 35, i pel poder fàctic. Moltes gràcies pel teu comentari, Francesc!!!

      Hace 5 meses
  2. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Molt bon article.
    Espanya mai defrauda.

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Tens tota la raó del món. i moltes gràcies pel teu comentari, Manel!!!

      Hace 5 meses
  3. Carles MarsalCarles Marsal says:
    Carles

    Moltes gràcies. Ara pregunto…. Ara que la caixa és la propietària de Bankia, pagarà dels beneficis d’aquest any una part al poble???

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Clar que no, diran que era cosa de Bankia i, per tant, que no és cosa seva… La qüestió és anar-nos fotent a tots nosaltres, al poble i la gent que no toca el poder, perquè ja saps, el poder sol ser corrupte. Moltes gràcies pel teu comentari, Carles!!!

      Hace 5 meses
  4. Mercè ComasMercè Comas says:
    Mercè

    Bona informació. A l’ideari popular, al menys el català hi ha quedat Bankia, però l’estafa va molt més enllà.
    El rescat es va fer amb l’argument del mal menor, que es converteix en xantatge quan s’aplica sovint, el perjudicat és el que no té ni vot ni veu en la possible solució i el guanyador és qui la posa sobre la taula.
    Em queda el dubte de si Islàndia se n’hagués sortit si fos un país gran, més difícil de gestionar.
    La qual cosa em referma amb la creença que el món aniria més bé sense els grans estats.

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Doncs sí, crec que estàs encertada en tot el que acabes de dir, Mercè… Moltes gràcies pel teu preuat comentari!!!

      Hace 5 meses

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