La brecha entre ricos y pobres se ensancha

No es una percepción, sino una realidad: con la globalización, los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres. Desde mediados de los años noventa, el 10 % más acaudalado de la población mundial ha acumulado más de tres cuartos de toda la riqueza generada, mientras que la mitad más pobre solo consiguió el 2 %.

 

Después de tres décadas de globalización comercial y financiera, las desigualdades en el mundo siguen siendo extremadamente pronunciadas. Se puede decir que son tan grandes hoy como en el momento álgido del imperialismo occidental. Además, la pandemia de covid ha acentuado aún más las diferencias de ingresos.

Los datos del informe “World Inequality Report 2022” muestran que el 10 % de la población más rica del planeta ha acumulado desde mediados de los años noventa nada menos que el 76 % de la riqueza generada. De hecho, el 38 % se concentró en las manos del 1 % de la población mundial. Y la mitad de la población más pobre se ha tenido que conformar con las migajas: apenas el 2 % de la riqueza generada durante estas últimas décadas. Y esta brecha se ha agrandado durante la pandemia.

La gran diferencia respecto a la época de la colonización es que estas desigualdades no son tanto una cuestión de países ricos frente a países pobres como de diferencias individuales dentro de los Estados. En este sentido, Europa es la región con diferencias menos acentuadas, mientras que la distribución de renta más desigual se da en el Norte de África y Oriente Medio. Además, las diferencias entre géneros también siguen siendo considerables.

 

Un problema global

Un informe previo de la ONU, el “World Social Report 2020”, también indicaba que la desigualdad de ingresos ha aumentado dentro de la mayoría de los países desarrollados y en algunos países de renta media, incluida China, que tiene la economía de más rápido crecimiento del mundo.

Si bien es cierto que la diferencia de ingresos medios entre países se está reduciendo, sigue habiendo grandes diferencias entre las regiones más ricas y las más pobres: la renta media en Norteamérica, por ejemplo, es 16 veces superior a la de los habitantes del África subsahariana.

 

Un freno para el desarrollo

La desigualdad creciente entre individuos agrava los riesgos de división y obstaculiza el desarrollo económico y social. “Las disparidades de ingresos y la falta de oportunidades están creando un círculo vicioso de desigualdad, frustración y descontento entre generaciones”, indica el secretario general de la ONU, António Guterres, en el prólogo del informe de esta organización, lo cual provoca protestas masivas tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo.

Una de las consecuencias de la desigualdad es la ralentización del crecimiento económico. En las sociedades desiguales, con grandes disparidades en ámbitos como la atención sanitaria y la educación, las personas tienen más probabilidades de permanecer atrapadas en la pobreza a lo largo de varias generaciones.

 

La influencia de la innovación

No podemos pasar por alto que los rápidos avances en áreas como la biología y la genética, así como la robótica y la inteligencia artificial, están transformando las sociedades a un ritmo vertiginoso.

Aunque la innovación tecnológica puede acelerar el crecimiento económico, ofreciendo nuevas posibilidades en campos como la atención sanitaria, la educación, la comunicación y la productividad, también está eliminando categorías enteras de puestos de trabajo y provocando un aumento de la desigualdad salarial.

Si bien los trabajadores altamente cualificados están cosechando los beneficios de la llamada «cuarta revolución industrial», los trabajadores poco y medianamente cualificados, que se dedican a tareas manuales y cognitivas rutinarias, están viendo cómo se reducen sus oportunidades.

 

La losa del cambio climático

Con la crisis climática, las poblaciones vulnerables están soportando el mayor peso de la degradación medioambiental y los fenómenos meteorológicos extremos. De hecho, el cambio climático está agravando la situación de los países más pobres del mundo y podría revertir los progresos realizados en la reducción de la desigualdad entre naciones.

Si las medidas para hacer frente a la crisis climática avanzan como se espera, se perderán puestos de trabajo en los sectores contaminantes, como la industria del carbón, pero la nueva economía “verde” podría dar lugar a ganancias netas de empleo.

 

La tragedia de la emigración forzada

Como señala la ONU, “la migración es un poderoso símbolo de la desigualdad mundial”. De todas formas, a pesar de lo que se suele pensar, emigran más al extranjero los habitantes de los países de renta media que los de renta baja. La causa probablemente sea la falta de posibilidades materiales para hacerlo en los lugares más pobres.

En general, se considera que la migración internacional beneficia tanto a los migrantes como a sus países de origen, ya que envían dinero a casa.También se ven beneficiados los países de acogida. En algunos casos, cuando los inmigrantes compiten por un trabajo poco cualificado, los salarios pueden verse presionados a la baja, aumentando la desigualdad. Pero si ofrecen cualificaciones que escasean o aceptan trabajos que otros no están dispuestos a hacer, tienen un efecto positivo sobre el desempleo.

Estas migraciones están haciendo que, por primera vez en la historia, haya más personas que viven en zonas urbanas que en zonas rurales, una tendencia que se espera que continúe en los próximos años. Y no hay que olvidar que, aunque las ciudades impulsan el crecimiento económico, son más desiguales que las zonas rurales.

 

El poder de las políticas públicas

La reducción de las desigualdades debe tener un papel central en las políticas públicas. Esto se traduce en tomar medidas para garantizar que las nuevas tecnologías se utilicen para reducir la pobreza y crear puestos de trabajo; que las personas vulnerables sean más resistentes a los efectos del cambio climático; que las ciudades sean más inclusivas; y que la migración se produzca de forma segura, ordenada y regular.

Para que los países sean más igualitarios, es necesario impulsar una igualdad real de oportunidades, con medidas como el acceso universal a la educación; políticas fiscales que contemplen el apartado social; y una legislación que aborde los prejuicios y la discriminación, al tiempo que promueva una mayor participación de los grupos desfavorecidos.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:
  2. alicia Coiduras Charlesalicia Coiduras Charles says:
    alicia

    En les desigualtats certament te molt a veure el poder adquisitiu,»els diners»,però tb es de gran importància les polítiques socials que els governs apliquen

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Cert, ambdues coses són prou importants… Moltes gràcies pel teu comentari, Alícia!!!

      Hace 2 meses
  3. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Molt bon article.

  4. Jordi MorenoJordi Moreno says:
    Jordi

    No s’enten que en èpoques de crisi els rics siguin més rics els pobres més pobres, això respón a una mla Educació financera o com a mínim a una Educació financera manipulada! Prou d’injusticies! Volem Coneixements financiers!

    • Xavier Vinolas EscodaXavier Vinolas Escoda says:
      Xavier

      Efectivament, les èpoques de crisi són oportunitats per fer més diners per la gent que té coneixements financers i calés per invertir. Evidentment, hi ha més factors en joc, i la corrupció governamental, precarietat laboral i manca d’ajudes socials aguditzen el problema de la desigualtat, per això Espanya es manté a la cua d’Europa pel que fa a pobresa i desigualtat. Trist.

      Hace 2 meses

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