Buy, Borrow, Die: el secreto de las grandes fortunas

Cuando en 2021 una investigación de ProPublica reveló datos fiscales de algunos de los hombres más ricos de Estados Unidos, millones de personas se hicieron la misma pregunta. ¿Cómo era posible que fortunas como las de Jeff Bezos, Elon Musk o Warren Buffett hubieran crecido en decenas de miles de millones de dólares mientras su factura fiscal aparentemente era muy inferior al ritmo de ese enriquecimiento?

 

La polémica fue inmediata. Algunos lo interpretaron como la prueba de que el sistema fiscal favorece a los más ricos. Otros argumentaron que simplemente ponía de manifiesto una realidad que la mayoría de la población desconoce: las grandes fortunas no funcionan igual que las economías familiares.

La respuesta a esta aparente contradicción se resume en una expresión muy conocida en Wall Street: Buy, Borrow, Die. Comprar, endeudarse y morir. Tres palabras que describen una de las estrategias patrimoniales más eficientes para preservar la riqueza durante generaciones.

No se trata de un mecanismo ilegal ni de una laguna oculta. Es una consecuencia directa de la manera en que funcionan los activos, el crédito y la fiscalidad en las economías modernas.

 

Las fortunas no viven del dinero, sino de los activos

Cuando pensamos en una persona multimillonaria solemos imaginar grandes cantidades de dinero disponibles en cuentas bancarias. Pero la realidad es muy diferente. La mayor parte de las grandes fortunas no está formada por efectivo, sino por activos.

Jeff Bezos construyó su fortuna gracias al valor de las acciones de Amazon. Elon Musk concentra buena parte de su patrimonio en sus participaciones en Tesla y SpaceX. Warren Buffett ha acumulado su riqueza a través de Berkshire Hathaway. En todos estos casos, la riqueza no consiste principalmente en dinero líquido, sino en activos que aumentan de valor con el tiempo.

Esta diferencia es fundamental porque los activos reciben un tratamiento fiscal distinto al de los salarios. Cuando una persona cobra una nómina, genera una renta que tributa prácticamente de manera inmediata. En cambio, cuando una acción, una empresa o un inmueble se revalorizan, ese incremento de valor no suele generar impuestos hasta que se produce una venta.

Es aquí donde empieza a entenderse la lógica del Buy, Borrow, Die. Las grandes fortunas no necesitan vender constantemente sus activos para sentirse ricas. Precisamente porque estos activos siguen aumentando de valor, venderlos suele ser la opción menos atractiva.

 

Por qué vender es la última opción

Imaginemos a un fundador que posee acciones valoradas en mil millones de euros. Si esas acciones han multiplicado su valor durante años, vender una parte implica activar impuestos sobre las ganancias acumuladas.

Para la mayoría de las personas esto es perfectamente normal. Pero para una gran fortuna, vender tiene un doble coste. Por un lado, genera una importante factura fiscal. Por otro, reduce el patrimonio que sigue produciendo riqueza.

Por este motivo, muchos grandes patrimonios intentan evitar las ventas siempre que sea posible. Su objetivo no es solo conservar la riqueza acumulada, sino seguir beneficiándose de la revalorización futura de sus activos.

La pregunta es inevitable: si no venden, ¿cómo obtienen el dinero necesario para invertir, comprar propiedades o mantener un nivel de vida extraordinariamente elevado?La respuesta se encuentra en la segunda palabra de la fórmula.

 

Cuando la deuda se convierte en una herramienta

Para muchas familias, endeudarse es una necesidad. Se solicitan préstamos porque no se dispone de los recursos suficientes para adquirir una vivienda, un vehículo o afrontar un gasto importante. Para las grandes fortunas, en cambio, la deuda puede convertirse en una herramienta estratégica.

Los bancos están dispuestos a prestar enormes cantidades de dinero a personas que controlan patrimonios valorados en cientos o miles de millones de euros. Las acciones de una empresa, una cartera financiera u otros activos pueden servir como garantía de estos préstamos.Esto permite obtener liquidez sin vender nada.

El multimillonario sigue siendo propietario de sus acciones, continúa beneficiándose de su revalorización y, al mismo tiempo, dispone del dinero necesario para financiar nuevas inversiones o gastos personales.

La gran diferencia es que un préstamo no se considera un ingreso. Es deuda. Y esta distinción es clave desde el punto de vista fiscal. Mientras el patrimonio siga aumentando de valor a un ritmo superior al coste de los intereses, la estrategia funciona. Es una lógica que puede parecer contraintuitiva para muchas personas, pero que explica por qué la deuda no tiene el mismo significado para una familia que para una gran fortuna.

 

La tercera pieza: la herencia

La parte más desconocida de la estrategia llega al final del proceso. En Estados Unidos existe un mecanismo fiscal conocido como step-up in basis. Sin entrar en excesivos tecnicismos, este sistema permite que los activos heredados actualicen su valor fiscal en el momento de la transmisión.

En la práctica, esto significa que una parte importante de las plusvalías acumuladas durante la vida del propietario puede no tributar de la misma manera que lo haría si los activos hubieran sido vendidos en vida.

Es aquí donde el modelo Buy, Borrow, Die adquiere toda su fuerza. Primero se acumulan activos. Después se utilizan como garantía para obtener liquidez. Finalmente, estos activos pasan a la siguiente generación bajo unas condiciones fiscales que pueden resultar mucho más favorables que una venta tradicional.

No es casualidad que esta estrategia se asocie con frecuencia a grandes fortunas familiares, fundadores de empresas tecnológicas, inversores de Wall Street o estructuras patrimoniales diseñadas para preservar la riqueza durante décadas.

 

Un debate que divide a economistas y políticos

Como era de esperar, el Buy, Borrow, Die genera un intenso debate.

Sus defensores argumentan que no se pueden gravar ganancias que todavía no se han materializado y que estas prácticas son una consecuencia lógica del funcionamiento de los mercados financieros. También recuerdan que los préstamos garantizados por activos son herramientas perfectamente legales que utilizan empresas e inversores de todo el mundo.

Sus críticos, en cambio, consideran que este modelo permite que las grandes fortunas tributen proporcionalmente menos que muchas personas que dependen exclusivamente de los ingresos de su trabajo. Desde su punto de vista, el sistema favorece la concentración de la riqueza y facilita que grandes patrimonios pasen de una generación a otra con una carga fiscal relativamente reducida.

Más allá de la ideología de cada uno, el debate pone sobre la mesa una realidad incómoda: el dinero no se comporta igual cuando proviene del trabajo que cuando proviene del patrimonio.

 

Lo que nos enseña sobre el dinero

Lo más interesante del Buy, Borrow, Die no es que exista. Lo más interesante es que la mayoría de las personas nunca haya oído hablar de él. Durante décadas, la educación financiera se ha centrado principalmente en conceptos como el ahorro, los préstamos o los presupuestos familiares. Todo ello es importante, pero explica solo una parte del sistema.

Para entender cómo se construyen y se preservan las grandes fortunas también es necesario comprender el papel de los activos, las plusvalías, el crédito garantizado y la transmisión patrimonial. Es en este terreno donde a menudo se generan las mayores diferencias entre quien simplemente trabaja por el dinero y quien consigue que el dinero trabaje para él. La gran lección del Buy, Borrow, Die no es que exista una fórmula mágica para hacerse rico. La gran lección es que las reglas que gobiernan el dinero son mucho más complejas de lo que solemos pensar.

 

El conocimiento financiero es libertad

El Buy, Borrow, Die no es una fórmula que la mayoría de los ciudadanos pueda aplicar de la misma manera que un multimillonario. Pero entenderla es importante porque revela cómo funciona realmente el sistema financiero cuando se opera desde el patrimonio y no solo desde el salario.

La gran lección de esta estrategia no es que exista una manera de pagar menos impuestos o de preservar grandes fortunas. La gran lección es que las reglas que gobiernan el dinero suelen ser mucho más complejas de lo que nos han explicado. Y que, mientras una parte de la sociedad aprende a utilizar estas reglas a su favor, la mayoría de las personas ni siquiera sabe que existen.

De esta manera, la educación financiera debe formar parte de la cultura general de cualquier ciudadano. No para convertirnos en multimillonarios ni para replicar las estrategias de los grandes patrimonios, sino porque comprender conceptos como la deuda, los activos, la fiscalidad, la inflación o la creación monetaria nos ayuda a interpretar mejor el mundo económico que nos rodea y a tomar decisiones más informadas sobre nuestro futuro. Porque, al fin y al cabo, la libertad económica no comienza con el patrimonio, sino que más bien comienza con el conocimiento. Y solo cuando entendemos las reglas del juego podemos aspirar a tomar decisiones verdaderamente libres.

 

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