Los secretos que esconde la Feria de Santa Llúcia

Nos tenemos que remontar a 1736 para tener constancia por primera vez de la existencia de la Feria de Santa Llúcia. Ni una calamidad como la terrible epidemia de fiebre amarilla que sufrió Barcelona en 1860 nunca ha estropeado el acontecimiento.

 

Detalles curiosos sobre el mercado hay un montón. Antiguamente, por ejemplo, a la Feria de Santa Llúcia se la conocía como “la feria de las chicas”, porque iban muchas mujeres solteras y se creía que era un buen lugar para concertar un matrimonio. Las chicas de los pueblos aledaños, acompañadas por sus madres, iban muy bien vestidas y con joyas a hacerse ver y conseguir pretendientes.

Tal como recuerda el historiador Joan Amades, en el siglo XIX el mercado se organizaba en solo tres días y en espacios diferentes del núcleo histórico de la ciudad: para la Purísima y para Santa Llúcia, en la plaza de la Catedral; y para San Tomás, en la plaza del Pi, en la plaza de Sant Josep Oriol y en la plaza del Born. En estas ferias se vendían figuras, casetas y otras construcciones para el pesebre, como fuentes, pozos o molinos. En cambio, los elementos naturales, como el musgo o el corcho, se vendían en la conocida como Feria del Verde, que estaba situada en las escaleras de la catedral. La pasión por el pesebre hizo que ambas crecieran tanto que se acabaran fusionando.

La Feria de Santa Llúcia, que se celebra entre el 25 de noviembre y el 23 de diciembre, ha cambiado mucho su fisonomía y hoy en día reúne cerca de 270 paradas. Sin embargo, a causa de la pandemia, el número se ha tenido que reducir en la mitad. Años atrás, las paradas se instalaban sobre una tarima de madera con dos estanterías y un pequeño entoldado. Ahora, son todas construcciones de madera mucho más equipadas. Sin duda, la Feria de Santa Llúcia es una de las tradiciones más arraigadas en la ciudad.

La gran afición de los pesebres en Cataluña ha dado un buen número de artesanos de renombre, algunas obras de los cuales se muestran al Museo de Historia de Barcelona y al Museo de Olot. Otras figuras las encontramos en colecciones privadas o han desaparecido con el paso del tiempo y de las guerras. En este tipo de ferias, es habitual que las familias compren una figura o un elemento natural o de paisaje cada año y, poco a poco, van completando su particular pesebre.

 

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Equip Editorial Equip Editorial
  1. Joaquin Lopez ArandaJoaquin Lopez Aranda says:
    Joaquin

    Molt bona explicació de l’origen i trajectòria d’aquesta fira tan important per a Barcelona.

    • Jordi CollJordi Coll says:
      Jordi

      Celebrem que t’hagi agradat, Joaquim. Moltes gràcies pel teu comentari!!!

      Hace 3 años
  2. alicia Coiduras Charlesalicia Coiduras Charles says:
    Alicia

    Molt bé Beth,saber de les nostres tradicions es conèixer el nostre país

    • Elisabet Porqueras Garcia says:

      Gràcies, Alícia pel teu comentari, les tradicions són importants per mantenir viva la nostra cultura!

      Hace 3 años
  3. Josep RuaixJosep Ruaix says:
  4. Francesc Estafanell PujolFrancesc Estafanell Pujol says:
    Francesc de Borja

    Saber més del país ens fa millors. Gràcies

  5. Manuel Bullich BuenoManuel Bullich Bueno says:
    Manel

    Gràcies per fer-nos coneixedors de la història d’aquesta fira.

  6. Joan Santacruz CarlúsJoan Santacruz Carlús says:

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