
El estrecho de Ormuz: petróleo y poder
La crisis entre Israel e Irán ha vuelto a situar el estrecho de Ormuz en el centro de la actualidad. Pero, para entender por qué los mercados reaccionan con tanta preocupación ante cualquier amenaza en esta región, es necesario ir mucho más allá de los titulares y descubrir la historia de uno de los puntos más estratégicos del planeta.
Cuando estalla una crisis en Oriente Medio, hay un nombre que suele aparecer inmediatamente en los titulares económicos: el estrecho de Ormuz. Los analistas alertan sobre posibles interrupciones del tráfico marítimo, los precios del petróleo reaccionan y las grandes potencias siguen los acontecimientos con una atención casi obsesiva.
Para muchas personas, esta preocupación puede parecer exagerada. Al fin y al cabo, se trata simplemente de un paso marítimo situado entre Irán y Omán. Pero esta percepción cambia cuando se entiende una de las grandes lecciones de la geopolítica: la geografía sigue determinando buena parte de la economía mundial.
El estrecho de Ormuz es una estrecha vía de navegación que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Desde un punto de vista geográfico es relativamente pequeño, pero su ubicación lo ha convertido, durante siglos, en una pieza fundamental del comercio internacional. Mucho antes de que existiera el petróleo, estas aguas ya eran transitadas por mercaderes que transportaban especias, seda, metales preciosos y otros productos entre Oriente y Occidente. Persas, árabes, portugueses y británicos compitieron por su control porque entendían una realidad muy simple: quien domina las grandes rutas comerciales acumula riqueza e influencia.
Los portugueses fueron los primeros europeos en darse cuenta de su importancia estratégica cuando ocuparon la isla de Ormuz en el siglo XVI. Más tarde, el Imperio Británico convertiría el golfo Pérsico en una de sus principales zonas de influencia para proteger las comunicaciones con la India. Durante siglos, el valor de este corredor marítimo estuvo asociado al comercio. Pero todo cambiaría con la llegada del petróleo.
El descubrimiento de los grandes yacimientos de petróleo de Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Irak y los Emiratos Árabes Unidos transformó completamente la región durante el siglo XX. Aquel paso marítimo que había servido para transportar mercancías se convertía ahora en la principal puerta de salida de una de las materias primas más importantes del mundo. Desde entonces, el estrecho de Ormuz ha pasado a ser una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
Actualmente, cerca de una quinta parte del petróleo consumido en el mundo atraviesa estas aguas. También circula por ellas una parte significativa del comercio mundial de gas natural licuado. Países como China, India, Japón o Corea del Sur dependen enormemente de la seguridad de esta ruta marítima para alimentar sus economías. Esto explica por qué cualquier incidente genera inquietud. Si el flujo de petróleo se viera alterado de manera significativa, los efectos se notarían rápidamente en los mercados energéticos. El precio del petróleo aumentaría, el transporte se encarecería y la inflación podría volver a presionar a las economías de todo el mundo. Sin embargo, la importancia de Ormuz va todavía más allá de la energía: cuando el petróleo se convirtió en poder monetario.
El final del vínculo con el oro
En 1971, el presidente estadounidense Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar en oro, cerrando definitivamente la etapa iniciada con los Acuerdos de Bretton Woods después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese momento, Estados Unidos necesitaba reforzar la confianza internacional en su moneda. La respuesta llegaría pocos años después con los acuerdos establecidos con Arabia Saudí y otros productores de petróleo.
El mecanismo era sencillo pero extraordinariamente efectivo: el petróleo se comercializaría principalmente en dólares. Esto significaba que cualquier país que quisiera comprar energía necesitaba disponer previamente de moneda estadounidense.
De este modo nacía el sistema conocido como petrodólar. El control de las grandes rutas energéticas quedaba estrechamente vinculado a la hegemonía financiera de Estados Unidos.A medida que el petróleo se convertía en el motor de la economía mundial, la seguridad del golfo Pérsico se transformaba en una cuestión estratégica para Washington. Esta realidad quedó formalmente plasmada en enero de 1980, cuando el presidente Jimmy Carter pronunció el discurso que daría origen a la conocida Doctrina Carter.
En plena Guerra Fría, después de la Revolución Islámica de Irán y de la invasión soviética de Afganistán, Carter advirtió que cualquier intento de una potencia extranjera de controlar la región del golfo Pérsico sería considerado una amenaza directa para los intereses vitales de Estados Unidos y sería rechazado utilizando todos los medios necesarios, incluida la fuerza militar.
La Doctrina Carter convertía la protección del golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz en un objetivo permanente de la política exterior estadounidense, evidenciando hasta qué punto el control de los flujos energéticos era considerado esencial para preservar el orden económico internacional liderado por Estados Unidos. Durante décadas, esta arquitectura energética y financiera contribuyó a consolidar la posición dominante del dólar y a reforzar la influencia global estadounidense.
El proceso de desdolarización actual
La crisis actual entre Israel e Irán llega en un momento especialmente delicado. El mundo está experimentando profundas transformaciones geopolíticas. China gana peso económico, Rusia intenta reducir su dependencia del sistema financiero occidental y los BRICS exploran alternativas para incrementar el uso de sus propias monedas en el comercio internacional.
Irán participa activamente en esta tendencia. De hecho, su incorporación a los BRICS simboliza la voluntad de construir un orden económico menos dependiente del dólar. Por ello, cuando los inversores observan las tensiones en el estrecho de Ormuz, no solo ven una posible alteración del suministro energético. También ven uno de los escenarios donde se manifiesta la competencia entre diferentes visiones del orden mundial.
Esto no significa que el dólar esté a punto de perder su papel dominante. Sigue siendo, con diferencia, la principal moneda internacional. Pero sí indica que la desdolarización se ha convertido en una de las grandes tendencias geopolíticas del siglo XXI.
El estrecho de Ormuz nos recuerda una realidad a menudo olvidada: detrás de los grandes movimientos de la economía mundial existen factores geográficos, energéticos y políticos que siguen condicionando nuestra vida cotidiana. Cuando hablamos de petróleo, inflación o tipos de interés, también estamos hablando de geopolítica. Por eso es tan importante entender qué ocurre en puntos estratégicos como Ormuz. Porque el mundo es cada vez más global, pero las consecuencias de sus crisis siguen llegando hasta nuestro bolsillo.
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