¿Por qué los bancos no quieren nuestros depósitos?

Ahora mismo tener dinero en la cuenta corriente se ha convertido en un problema, un problema para los bancos y un problema para los clientes. El nivel de comisiones bancarias que se impone al dinero depositado en las cuentas corrientes es desmesurado. Nos están cobrando por tener el dinero depositado y la única manera de ahorrarnos esta comisión es invertir en alguno de sus productos financieros: un fondo de inversión, un producto para la jubilación… Esto está pasando en la mayoría de bancos de toda Europa. ¿Volveremos a guardar el dinero bajo las baldosas o el colchón?

 

Por qué los bancos cobran por los depósitos

La respuesta es porque los tipos de interés negativos están perjudicando la cuenta de resultados de los bancos. Por lo tanto, que los clientes depositen su dinero en el banco genera un coste y ningún beneficio. 

Supongamos que depositamos 10.000 € en nuestra cuenta corriente del banco. Este dinero, el banco lo tiene que guardar y tenerlo disponible para cuando queramos disponer de él. Si hay 100 personas que depositan 10.000 €, el banco tendrá en sus manos 1.000.000 €. Con esta cantidad de dinero el banco puede hacer dos cosas: o prestarlos o mantenerlos en efectivo. Prestarlos comporta un riesgo, y mantenerlos en efectivo comporta una serie de costes, ya sea por la necesidad de contar con un almacenamiento de alta seguridad o por la opción de hacer un depósito en el Banco Central Europeo.

¿Por qué los depósitos del BCE tienen un coste?

El depósito en el Banco Central Europeo tiene un coste de -0.50% por las entidades bancarias. Esto quiere decir, que para depositar el millón de euros del ejemplo, la entidad financiera tendría que pagar aproximadamente unos 5.000 € de coste.

El objetivo del Banco Central Europeo de mantener los intereses negativos es ayudar a las instituciones financieras a incrementar los préstamos a empresas y consumidores y, de este modo, reactivar la economía del consumo. Así mismo, el Banco Central Europeo ha optado por penalizar el ahorro con el objetivo de que el dinero se mueva, se invierta y se gaste. La idea es dinamizar la economía y paliar las escasas perspectivas macroeconómicas del continente.

Ahora bien, a causa de la incidencia de la COVID-19, los ahorros de las familias han aumentado y, por lo tanto, ha habido un aumento de la liquidez y el valor de los depósitos ha ido en aumento. Así pues, a causa de los intereses negativos, los bancos han tenido que pagar grandes cantidades de dinero para depositar toda esta liquidez al Banco Central Europeo. 

Debido a que los bancos obtienen rentabilidades negativas por la liquidez ya no quieren captar más dinero y han dejado de ofrecer depósitos a plazo fijo y remuneración en sus cuentas. Lejos de nuestro alcance queda el recuerdo financiero del año 2008, cuando el Euríbor estaba por encima del 5% y existían depósitos que te bonificaban con un 10% o un 11% TAE en un mes. U otros que daban un 7,5% TAE en tres meses, o depósitos al 5% o 6% a medio – largo plazo. Si algún día volvemos a tener depósitos de este tipo será porque el Euríbor habrá vuelto a subir.

¿Vuelven las baldosas o el colchón?

Ahora bien, la solución tampoco es guardar el dinero debajo del colchón o bajo las baldosas, puesto que la pérdida del valor del dinero, a causa de la inflación, también nos hace menguar el poder adquisitivo. Ahora mismo, la solución a todo este problema es una ecuación bastante complicada sobre qué quiero hacer con el dinero ahorrado y cuánto tiempo lo quiero tener parado. Estas y otras cuestiones nos pueden orientar sobre qué podemos hacer con nuestros ahorros. Pero eso ya es harina de otro costal.

 

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Desde el 10 de abril de 2021 están disponibles las ayudas del Plan MOVES III (o Plan Moves 2021), que se extenderá hasta el año 2023. Este plan de ayuda a la compra de vehículos electrificados cuenta con un presupuesto inicial de 400 millones de euros, ampliables hasta 800 millones, si la demanda lo justifica.

 

El presupuesto de las ayudas se dividirá por comunidades autónomas, en función de su población. Teniendo esto en cuenta, Andalucía sería la más beneficiada con 71,35 M €; seguida de Cataluña, con 65,79 M €; Comunidad de Madrid, con 57,15 M €; y Comunidad Valenciana, con 42,63 M €. Eso sí: no es posible presentar solicitudes hasta que las comunidades autónomas activen sus planes

Hay dos tipos de ayuda:

  • Para la compra de vehículos eléctricos e híbridos enchufables.
  • Para la instalación y desarrollo de puntos de recarga en todo el territorio —según la población, se puede obtener hasta el 80 % del coste total de la instalación.

Además de turismos, también se apoya la compra de furgonetas, motos y cuatriciclos. Al contrario que con el plan anterior, MOVES II, quedan fuera de este plan actual camiones y autobuses, coches de gas o bicicletas eléctricas.

Ayudas para particulares

Para los turismos, las ayudas pueden llegar hasta los 7.000 €, siempre que, a cambio, se entregue un coche para el desguace con una antigüedad superior a los siete años.

 

Los tipos de vehículos que se pueden beneficiar del Plan son: 

  • Turismos 100% eléctricos (EV o BEV) con autonomía eléctrica superior a 90 kilómetros. Para estos, el importe máximo puede llegar a los 7.000 €. Los requisitos son:
    • Entregar un coche con más de siete años de antigüedad para desguazar. De lo contrario, el importe se reduce a 4.500 €.
    • El importe (sin IVA) de compra del nuevo coche eléctrico no podrá superar los 45.000 €, o 53.000 € si es de 8 o 9 plazas.
    • Estas mismas condiciones se aplican a híbridos enchufables (PHEV) con más de 90 kilómetros de autonomía homologados (muy pocos los consiguen).
  • Turismos híbridos enchufables (PHEV) con autonomía eléctrica de entre 30 y 90 kilómetros.
  • Turismos con tecnología de pila de combustible (FCV o FCHV). Los requisitos son:
    • La subvención máxima es de 5.000 €, a cambio de un coche con más de siete años de antigüedad para desguazar. De lo contrario, la ayuda será la mitad, 2.500 €.
    • El precio de compra no puede superar los 45.000 € (sin IVA).

 

Síntesis del Plan para particulares, autónomos y administraciones públicas

Los turismos y SUV son de la categoría M1. El N1 incluye vehículos de mercancías de peso inferior a 3,5 toneladas. Los L6e y L7e, cuatriciclos y los L3e, L4e y L5e son motocicletas y triciclos.

 

Síntesis del Plan para PYMES

Síntesis del Plan para grandes empresas

Para evitar que las ciudades concentren el grueso de las ayudas, el Gobierno ofrece ayudas más grandes a municipios con menos de 5.000 habitantes y a sus vecinos. En estos casos, es un 10 % más del que se indica a las tablas superiores. Eso sí, se debe mantener el empadronamiento en este mismo municipio durante algunos años.

También se establece un incremento del 10 % de la ayuda para servicios de VTC, taxis y para titulares con discapacidad.

El gobierno español espera que, con estas ayudas, el 2023 haya, al menos, 250.000 vehículos eléctricos en circulación. También un mínimo de 100.000 puntos de recarga (tanto públicos como privados).

En el apartado económico, los cálculos gubernamentales prevén que el Plan Moves III supondrá una aportación extra de 2.900 millones de euros al PIB español y que genere cerca de 40.000 puestos de trabajo a lo largo de toda la cadena de valor.

 

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Cada año hay millones de personas en todo el mundo que sufren los efectos de las estafas en línea. La digitalización ha acelerado este tipo de crimen digital que cada vez es más frecuente, pero ¿cómo podemos prevenir y evitar los graves efectos que se derivan de ello?

  • Estafas físicas o digitales: ¿qué las diferencia?

Las estafas han estado siempre presentes en la vida diaria de todos nosotros. ¿Quién no se ha sentido estafado al descubrir que un producto no era lo que esperaba? ¿O quién no se ha visto con la necesidad de vigilar bien sus pertenencias mientras mira un espectáculo callejero en lugares concurridos como las Ramblas de Barcelona? Las estafas en línea simplemente son estos acontecimientos, pero centrados en el ámbito digital, con lo que implican el robo de nuestra identidad o de nuestro dinero mediante varias triquiñuelas, igual que en la vida real.

La razón fundamental por la cual están en auge es que en el mundo presencial tenemos mucha más experiencia en evitarlas, lo llevamos haciendo toda la vida, mientras que los fraudes en línea son un acontecimiento nuevo para la mayoría de nosotros y se nos hacen mucho más pesados de evitar, especialmente para aquellos que todavía no están del todo habituados al ámbito digital. ¿Cómo nos podemos proteger?

  • La información es poder

La palabra clave es prevenir. Ya lo dice el dicho: más vale prevenir que curar, frase que al mundo digital le va como anillo al dedo. A diferencia de lo que ocurre en muchas estafas físicas, con el fraude en línea es muy difícil identificar a quien lo está llevando a cabo, siendo por tanto complicado perseguirlo y hacer que devuelva lo que ha robado. Así pues, la mejor opción es tomar suficientes precauciones para que no pase.

Una de las más importantes es controlar la información que damos de nosotros mismos en la red. Y es que vale la pena recordar que muchos estafadores virtuales aprovechan la información que la gente haya podido dejar accesible en la nube para intentar hacerlos caer en una trampa: por ejemplo, recibir un mensaje de una supuesta empresa de mensajería el día que esperas un paquete puede ser el escenario perfecto para hacerte abrir un mensaje falso y caer en la trampa.

Lo mejor que podemos hacer, pues, es ponerles las cosas difíciles y no poner en Internet detalles que no queremos que la gente ajena a nosotros sepa. Esto puede suponer cambiar la configuración de privacidad de nuestras redes sociales, poniendo por ejemplo el perfil en privado, o restringiendo la información que puede ver la gente que no tengas agregada. 

Además, también deberíamos tener cuidado con la información que damos a terceras personas. Si en un correo, mensaje o llamada nos piden información personal o una contraseña, comprobar que realmente el emisor del mensaje es quien dice ser: por ejemplo, comparando el remitente del correo electrónico con el que figura a la página web oficial del emisor.

  • Proteger nuestra cuenta para protegernos a nosotros

El otro aspecto que no debemos descuidar es el nivel de protección de nuestras cuentas, ya sean las de nuestras redes sociales, el correo electrónico o la del aplicativo del banco. Es aconsejable tener una buena contraseña, incluyendo en ella, si puede ser, números, letras (en mayúscula y minúscula) y algún carácter especial, como por ejemplo un interrogante o unas comillas. 

Es también recomendable activar la autenticación en dos factores o pasos en las páginas en las que podamos activarla. Es una función de seguridad que activa dos procesos de identificación del usuario diferentes en lugar de uno, así que una persona externa necesitaría haber robado mucha más información personal para poder acceder a la cuenta.

  • Protegernos sin obsesionarnos

Cada vez se producen más delitos en línea, pero esto no significa que nos tengamos que obsesionar con las medidas de seguridad. Tal como pasa en la vida real, por mucho cuidado que tengamos, a veces es posible que te atraquen igualmente, y en el ámbito digital pasa el mismo: puedes haberte protegido a un alto nivel, pero en cualquier pequeño detalle hay la posibilidad de que una tercera persona lo vea y se aproveche de ello.

En definitiva, disfrutar de las redes sociales y navegar por Internet sin peligro es posible, y seguir estos consejos os servirá como medida de precaución. Eso sí, hay que recordar siempre que el riesgo existe, y, por tanto, no vale la pena ponernos paranoicos en este sentido, ya que los resultados pueden ser contraproducentes. Tener sentido común, evitar todas aquellas prácticas que creemos que no nos convienen y controlar nuestra privacidad serán claves en esta lucha contra el fraude en línea.

 

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La aceleración de la digitalización ha sido uno de los retos más importantes por las pymes durante la pandemia. Los datos dicen que un 70% de las empresas en España se han digitalizado durante la pandemia según la consultora IPG. Esto quiere decir que 7 de cada 10 han abierto una tienda en línea.

 

Si bien a muchas pymes ya hace años que la digitalización les ronda por la cabeza y era uno de los temas pendientes, la pandemia ha acelerado y ha hecho que en tiempo récord muchas empresas estén en línea y, gracias a ello, seguramente no han tenido que cerrar las puertas.  Se considera pyme una empresa de menos de 250 trabajadores y la facturación de la cual no supera los 5 millones de euros.

  • El coste de la digitalización 

Cuando una pyme busca por Internet la manera de digitalizarse, probablemente le saldrán muchas ofertas y a precios muy económicos de empresas que se dedican a este mundo. Incluso podrá comprar un dominio, lo que le supondrá un gasto menor, ya que por 10 € al año se puede tener uno. También podrá encontrar muchas páginas que le facilitarán plantillas y, si lo acompaña con imágenes, podrá llegar a hacer, por sí sola, una página web.

Pero, como dice el dicho: zapatero a tus zapatos.

Son muchos los elementos a tener en cuenta a la hora de hacer un comercio electrónico. Depende del negocio que se tenga, si se dispone de un catálogo extenso, si se trabaja en el ámbito internacional, o si se tienen novedades constantemente. Lo más aconsejable a la hora de digitalizar el negocio es contratar una agencia que ayude a poner en marcha este gran proyecto. Son muchas cosas las que se tienen que tener presentes, y disponer de un buen e-commerce, que funcione perfectamente y que no tenga errores, será la clave del éxito.

  • Cosas a tener en cuenta

Antes de poner en marcha una tienda en línea, se debe tener en cuenta:

  1. Hacer un análisis de la competencia: navegar por Internet (mirar webs y redes sociales).
  2. Hacer un análisis de la misma empresa: identificar el propio e-commerce. Decidir si se puede hacer con la gente interna de la empresa o si se necesita ayuda externa, como es el caso de una agencia especializada en páginas web. 
  3. Tener en cuenta el tiempo estipulado necesario para hacer una página web, ya que siempre puede surgir algún imprevisto. Por ello, no hay que comunicar la fecha de salida del negocio en las redes hasta que no esté asegurado al 100%.
  4. Una vez que la página web ya esté en marcha, se tiene que actualizar constantemente.
  5. Hay que ser muy rápido: cuando un usuario pregunte sobre algún producto o servicio, se debe contestar lo antes posible porque, si no, existe el riesgo de que tal vez lo acabe comprando en otro lugar.

La pandemia ha cambiado los hábitos de consumo, y también ha dejado claro que, si se quiere mantener el negocio, se debe tener un sitio en línea para que los posibles clientes puedan encontrar y ver el que se ofrece.

Estamos en la era de la omnicanalidad, y hay que tener la capacidad de satisfacer tanto a un cliente que compra en la tienda física, como al que compra en línea, como al que lo hace a través de una llamada o a través de un correo electrónico, o, incluso, a través de las redes sociales del negocio.

  • El pasado 

Hace años, era impensable pensar que una empresa, por el hecho de tener una página web, podría conseguir clientes. Hasta entonces, la técnica para conseguir compradores, normalmente era exclusivamente mediante un equipo comercial que, junto con una estrategia de marketing, hacían el que se denomina “puerta fría”, es decir, vender el producto o servicio desde cero. Esta tarea comercial, en muchas ocasiones, podía durar semanas o meses. 

  • El presente  

Hoy en día, cuando se abre un negocio, aunque se ofrezcan servicios, hay que tener una página web donde los posibles clientes puedan ver qué se ofrece, que se ha hecho, el equipo que forma la empresa, y una cosa esencial, la filosofía de empresa que se tiene (la misión y la visión). Con solo esta información, el posible cliente puede hacerse una idea de quién se es.

Aparentemente, puede parecer mucho más fácil llegar al cliente a través de una página web que haciéndolo con un equipo comercial, pero no es exactamente así. Tener una página web no lo es todo. Las redes sociales son otra herramienta que se tiene que tener muy presente en la sociedad de hoy en día que está permanentemente conectada.

Durante la pandemia, las empresas han tenido que digitalizar sus negocios. Esta ha sido la única manera de obtener ingresos. Los datos nos dicen que 7 de cada 10 empresas que antes del confinamiento no tenían un e-commerce han tenido que subirse al carro de la digitalización si no querían cerrar el negocio. El sector de la alimentación, la moda, la electrónica, la belleza y los productos del hogar son los que más se han podido beneficiar de haber dado este paso.

 

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La pandemia de Covid-19 ha hecho mucho daño a las empresas catalanas. Por si fuera poco, las que más han recibido han sido las empresas más pequeñas. Las que no han tenido que cerrar han sufrido un descenso de ventas importante y, en muchos casos, se han visto obligadas a incluir trabajadores en un ERTE o, incluso, a despedirlos. Este primer trimestre de 2021, sin embargo, se vislumbra una cierta recuperación en la actividad económica.

 

Según el Idescat, el 1 de enero de 2020 había establecidas en Cataluña un total de 637.772 empresas (excluye la producción agraria y pesquera y los servicios domésticos). 

Si consideramos solo el criterio del número de asalariados, la suma de autónomos (empresas sin asalariados), microempresas (menos de 10 trabajadores) y pequeñas empresas (menos de 50 trabajadores) es de 629.332, más del 98% de todo el tejido empresarial catalán. De hecho, solo la suma de autónomos y microempresas ya supera el 94% del total en Cataluña.  

  • Cuanto más pequeña la empresa, más ha “recibido”

El tamaño de las empresas ha resultado estar fuertemente relacionado con su grado de vulnerabilidad ante la crisis económica y social derivada de la pandemia. 

A finales de febrero de este año, a la Encuesta del Banco de España sobre la actividad empresarial (EBAE), se leía que las pequeñas empresas fueron las que sufrieron con mayor intensidad los efectos de la crisis durante el 2020, dado que perdieron, de media, el 19% de su facturación, mientras que las grandes solo la redujeron un 12,4%.

La caída de las ventas se suavizaba a medida que crecía el tamaño de la empresa. Esta misma tendencia se ha observado en la ocupación efectiva —una vez descontados los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE). 

  • Todos los sectores se han visto más o menos afectados

En Cataluña, el 74% del PIB corresponde al sector servicios, una actividad económica muy dependiente del turismo. Así, el presidente del Gremio de Restauradores de Barcelona, Roger Pallarols —aunque sin datos precisos todavía—, cree que en Cataluña la proporción de negocios que han cerrado para no volver a abrir nunca más puede llegar al 25%

Otros sectores, como el comercio y la industria, también han sufrido un impacto relevante. Según el estudio de PIMEC Evolución de la pyme industrial catalana en 2020 y perspectivas para el 2021, el 54% de las pymes industriales catalanas han cerrado el año de la Covid-19 con resultados por debajo de los alcanzados en 2019. Hasta un 29% han destruido empleo, mientras que solo el 22% ha aumentado la plantilla.

Esta fuerte relación entre la “salud” de las empresas y los niveles de empleo acaba teniendo un impacto directo en el bienestar de las personas.

  • Las perspectivas: una brizna de esperanza

Estos primeros meses de 2021 comienzan, sin embargo, a enviarnos un mensaje de esperanza. 

Según datos del Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya en su Boletín de coyuntura laboral y sectores productivos. 1.º trim. 2021, el 1.º trimestre de 2021 se está produciendo una recuperación notable de la actividad económica y esto se refleja en la evolución del mercado laboral. El mes de mayo de 2021 muestra un descenso del paro registrado en -3,1%. El número de personas afiliadas a la Seguridad Social ha subido +1,1% respecto del mes anterior, y la contratación ha crecido un 11%

Otro motivo de esperanza se puede encontrar en el primer Scanner Startups Ecosystem, elaborado por Barcelona Tech City y Closa Investment Bankers a partir de las operaciones cerradas el 2020. En él se señala que el año pasado las tecnológicas españolas rozaron los 2.100 M€ en financiación, un incremento del 4,3% —a pesar de que el PIB de España retrocedió el 11% por el impacto de la Covid-19— y que en los primeros cuatro meses del 2021 el sector ya ha recaudado cerca de 1.800 M€, casi tanto como en todo el año pasado. Un 41% de los encuestados manifiesta que ha incrementado la plantilla en el último año, frente al 31% que la ha recortado. El estudio vuelve a confirmar que Barcelona es el foco de la inversión en empresas emergentes en el Estado. 

Otro dato positivo es que la digitalización de las empresas —que hasta la pandemia podía ser más o menos opcional—, se ha vuelto casi obligatoria. M. Rosa Agustí, presidenta de la Associació Gironina d’Empresàries (AGE), lo explica así: “la pandemia ha provocado que un 90% de las empresas de Girona gestionadas por mujeres se hayan digitalizado y vendan a través de Internet”.

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Solo un 13% de los clientes reciben asesoramiento financiero de productos ajustados a sus necesidades y a su situación. Una cifra alarmante que alerta de la vulnerabilidad en que se encuentran muchos consumidores en todo el mundo.

 

Ir al banco es sinónimo de discursos complejos donde nunca sabes a ciencia cierta si te están vendiendo un buen producto o simplemente te están explicando las características positivas. La falta de información y de transparencia favorece, en muchos clientes, la sensación de sentirse engañados. Según el estudio de Finance Watch, un 87% de los clientes se encuentra en esta situación, y solo el 13% restante contrata productos que comprende y se adaptan a sus requerimientos. A continuación os daremos las claves para reconocer si estáis recibiendo el asesoramiento adecuado.

  • Primer paso: informar o asesorar

Lo primero que hay que tener claro cuando hablamos de asesoramiento financiero es que la normativa europea MIFID II (2017), creada para proteger al inversor, diferencia claramente las funciones de informar y asesorar. 

Informar lo puede hacer cualquier trabajador del banco, y consiste en presentar al cliente información de los productos de forma clara, precisa y detallada. Cuanta más información tenga el cliente, más capacidad para tomar una buena decisión. Pero remarcamos: solo se limita a presentar información, sin recomendaciones ni opiniones personales.

Asesorar, por otro lado, requiere valorar la situación del cliente y sus necesidades para aconsejarle el producto más adecuado. El asesoramiento sí que influye en la decisión final del cliente, y por tanto solo lo pueden hacer las personas autorizadas y certificadas para esta tarea.

  • Requerir información precontractual

Tal como especifica el artículo 7 de la Ley 22/2007, cualquier contratación que realizamos en una entidad bancaria conlleva, obligatoriamente, proporcionar al cliente la información precontractual. Se detallará el coste de la contratación de manera clara, las condiciones y los riesgos del contrato que se firmará. Sin esto se considera que el cliente no tiene toda la información a su disposición y, por lo tanto, la contratación puede no ser adecuada. 

En España, la mayoría de entidades se han convertido en bancos comerciales, y ha tomado protagonismo la venta cruzada o la venta reactiva, donde se aprovecha la presencia del cliente en la oficina —o incluso por teléfono— para promocionar ciertos productos del banco. Un proceso de venta en que la información escrita pasa a un segundo clave y el asesoramiento, según las cifras del estudio, parece que va más enfocado a los intereses del banco que a las necesidades del cliente.

  • Entender todo lo que firmamos

En este nuevo escenario, el proceso de contratación suele ser rápido y basándose en recomendaciones. La información precontractual pierde protagonismo y a menudo se pasa directamente a la contratación. Solo un 40% de los clientes consideran que pueden escoger con conocimiento de causa; el resto no comprenden completamente la información que reciben. 

Además, los sistemas de firma digital son una dificultad añadida para los clientes, que a menudo firman en una pantalla sin ni siquiera haber accedido al documento precontractual. Es justamente en este punto, en la comprensión de los productos, donde hay que prestar más atención como consumidores y, como recomendaría cualquier jurista, no firmar ningún producto del que no conozcamos y entendamos todas las características.

  • Asesoramiento en línea, una dificultad añadida

Encontrar asesoramiento personalizado en línea es prácticamente imposible, ya que muchos bancos simplemente ofrecen una plataforma que facilita las contrataciones por parte de los clientes. No hay asesoramiento, pero sí que se orienta la decisión del cliente a partir de acciones tan simples como la presentación de la información. 

De entrada, se presenta la información básica, muy concisa, que contribuye a la venta irracional. Se destacan aquellos datos clave que nos harán hacer clic para tener, por ejemplo, un préstamo instantáneo a unas condiciones irresistibles. Una vez captado el interés, aparece la información precontractual y contractual, en un documento largo y denso donde se explican las condiciones reales de aquel producto y la implicación del consumidor. 

La diferencia es evidente: cuatro datos para tomar la decisión y múltiples páginas para detallar el contrato que llevan al consumidor a firmar sin leerlo, quedándose con los datos iniciales, y con el riesgo que ello supone. 

La falta de asesoramiento financiero, o la falta de independencia de este, pueden ser consideradas malas prácticas si condicionan la decisión final del cliente. Conocer esta información será la base para identificar estas posibles situaciones y comprender que, en cualquier contratación, la última palabra la tiene que tener el cliente.

 

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Buscar financiación ya no es sinónimo de ir al banco. Actualmente, existen otras opciones muy diversas que pueden ser una alternativa y que hay que conocer.

 

Porque el desconocimiento sobre la existencia de proveedores de crédito diferentes de los bancos todavía es el principal obstáculo: solo una de cada tres empresas conoce la existencia de Fintech o de plataformas digitales de financiación, y solo un 20% manifiestan haber usado. Son datos que se extraen del barómetro empresarial de fintech y financiación alternativa, creado por el Institut d’Estudis Financers (IEF) con colaboración con Altria Corpo y presentado el pasado 2 de febrero.

Según la misma encuesta, el 40% de las empresas consideran que el acceso al crédito bancario se ha endurecido en los últimos 12 meses y, aun así, el 50% cree que necesitarán tener acceso en los próximos 12. Se hace evidente por qué la financiación alternativa va en aumento. Uno de sus motores y atractivos es pues, la accesibilidad más sencilla que en el caso de los bancos. Sus costes son igualmente realistas: los intereses con los cuales nos encontraremos suelen estar ajustados al mercado, para poder ser competitivos, a la vez que permiten no temer sorpresas o grandes alzas inesperadas.

Ahora bien; ¿cuáles son estas “otras formas de financiación”?

Las empresas que ya las están usando optan principalmente por el factoraje, el renting y el leasing (representan el 25% del total). Otras opciones como el crowdlending o el micromecenazgo son más comunes en el mundo de las start-ups. Pero conozcamos que hay detrás de estos anglicismos:

  • El factoraje (o factoring) sirve a las empresas para avanzar los cobros: tan simple como que el proveedor de este servicio nos pagará en efectivo la factura que tenemos pendiente con un cliente (a crédito) y se encargará de la gestión posterior. Estaremos sujetos a un interés y, posiblemente, a comisión por los gastos. Existen varias modalidades, según la asunción del riesgo de impago. También hay que hablar del confirming, la opción inversa, donde el proveedor nos asumirá el pago de facturas y nos las convertirá en crédito.
  • El renting permite el alquiler de bienes muebles, como vehículos, equipaciones ofimáticas o informáticas, por periodos superiores a un año. Se establecerán unas cuotas fijas como pago, que a menudo incluyen el mantenimiento, seguros, etc. Disfrutaremos de un bien mueble nuevo y en perfecto estado, sin tener que hacer un gasto inicial importante. La diferencia primordial con el leasing es que, en este caso, incorpora una opción de compra cuando se acaba el contrato.
  • El crowdlending es una modalidad de préstamo por parte de inversores, con un retorno bajo intereses, sin la necesidad de ir al banco. Podemos encontrar proveedores como Ecrowd!, dedicada especialmente a proyectos tecnológicos, que ofrecen esta opción de financiación.
  • El micromecenazgo (crowdfunding), ampliamente extendido en las start-ups, se fundamenta en obtener el interés de otras personas en nuestro proyecto y captar fondos a cambio de ofrecer una ventaja o privilegio posterior; muy orientado al lanzamiento de productos, la preferencia o el descuento en la compra podría ser un ejemplo de contraprestación. Nos será bastante sencillo encontrar muchas plataformas de micromecenazgo para empezar.
  • Inversiones de carácter más profesional son conocidas como crowdinvesting o business angels, donde la financiación se recibe de empresas o actores del sector y que normalmente pedirán a cambio un porcentaje de los futuros beneficios.

Cómo hemos visto, la orientación de la financiación alternativa a los bancos suele ser hacia la inversión en proyectos de negocio más que de particulares, a pesar de que opciones como el renting o el leasing pueden ser útiles en este último caso, si pensamos por ejemplo en el caso de un comercial que quiere disfrutar de un vehículo sin los altos costes del desgaste y la compra de uno nuevo cada cierto periodo. En ambos casos, no tenemos que olvidar ni descartar la financiación pública por medio de subvenciones o ayudas, como las que ofrecen la Generalitat, los ayuntamientos, como el de Barcelona, o las Cámaras. Muchas de estas ayudas se han creado o aumentado específicamente para paliar los efectos negativos de la pandemia y solo hay que estar atentos a las diferentes convocatorias.

 

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La nueva factura de la luz entra en vigor a partir del 1 de junio. Se aplicarán cambios en los tramos horarios de consumo y se introduce la posibilidad de contratar dos potencias de suministro diferentes por un mismo día.

 

Esta nueva factura «fomentará el ahorro energético, la eficiencia, el autoconsumo, y el despliegue del vehículo eléctrico». O al menos esto nos dicen desde El Ministerio para la Transición Ecológica y lo Reto Demográfico.

Está pensada para modificar nuestros hábitos de consumo y aplicará diferentes precios basados en tres tramos horarios y en función de si se trata de días laborables, fin de semana o festivos. Eso sí, solo afectará a los consumidores domésticos y pequeños negocios del mercado regulado, el llamado Precio Voluntario al Pequeño Consumidor (PVPC), y que tengan una potencia contratada inferior a los 15 kW.

Tres franjas de consumo

Se establecen tres franjas horarias con diferentes peajes y cargos. El coste de la luz en el tramo Valle será hasta un 95% más barata que en el tramo Punta, y es por eso que se recomienda intentar concentrar la mayor parte de nuestro consumo eléctrico en esta franja horaria entre la medianoche y las 8:00 de la mañana.

  • Punta, la más cara. Días laborables de las 10 h a las 14 h y de las 18 h a las 22 h.
  • Plana, la de precio mediano. Días laborables de las 8 h a las 10 h, de las 14 h a las 18 h y de las 22 h a medianoche.
  • Valle, la más barata. Días laborables desde medianoche hasta las 8.00 y también todos los fines de semana y festivos estatales.

Dos potencias diferentes

Hasta ahora solo podíamos contratar una potencia, pero con la nueva tarifa podemos contratar dos diferentes, a pesar de que si no especificamos lo contrario serán de la misma potencia.

Un cambio interesante para los consumidores que tengan un coche eléctrico con punto de carga a casa, y que podrán contratar la potencia más alta en el tramo más barato y así aprovechar para cargar las baterías a un precio casi simbólico de 1,42 € por kW contratado (OCU). De igual manera, los consumidores que tienen calefacción por acumuladores de calor, y que se beneficiarán de la posibilidad de cargar las reservas de calor en el periodo de potencia más alta con la tarifa más baja.

¿Quiere esto decir qué pagaré más, o menos?

Pues dependerá de cada hogar y de la distribución del consumo que haga. Si ya teníamos contratada una discriminación horaria que incluía horas de la mañana, nos tendremos que adaptar a las nuevas franjas si no queremos que aumente el recibo de la luz, puesto que una buena parte de estas horas, que hasta ahora tenían la tarifa más barata, pasan a tener la más cara.

Por otro lado, si ajustamos la potencia contratada y cogemos la costumbre de poner lavadoras y secadoras el fin de semana o durante la noche, nos compensará con facturas anuales más reducidas.

Entonces, ¿estos cambios no afectan los consumidores que estén al mercado libre?

Indirectamente posiblemente sí, puesto que independientemente del contrato que hayamos firmado, es habitual que las comercializadoras se reserven el derecho de trasladar a los clientes cualquier cambio legislativo en referencia a peajes o cargos, y por eso hay que estar atento a cualquier carta que recibamos por parte de nuestra comercializadora indicando cambios en el contrato.

Una factura más simplificada, o no

A pesar de que será más corta, solo dos hojas, tendrá más información, como las dos nuevas potencias y las tres franjas de energía. Y también se incluye un código QR con el cual podremos acceder al comparador de ofertas disponibles de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Evidentemente, ninguno de estos cambios afectan al oligopolio que las grandes eléctricas todavía tienen en nuestro mercado nacional, todo y la relativa fragmentación de las comercializadoras alternativas, y que garantiza que una bajada significativa de los precios de la luz siga siendo, desgraciadamente, una utopía. Pero en cualquier caso ya tenemos deberes pendientes, cuando menos, para evitar que nos aumente el recibo de la luz.

 

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Sea por afición o para intentar ahorrar un dinero, cada día son más las personas que se suman a reformar su casa ellas mismas. Mucha gente aprovecha unas vacaciones, otros unos días que tienen de descanso e incluso hay algunos que sacaron provecho del confinamiento para poner aquel parqué, pintar la habitación, o, los más valientes, reformar el baño o la cocina.

 

Lo que está claro es que las cosas se tienen que hacer bien, así que si sois de los que estáis decididos a hacer un pequeño o gran cambio en vuestra casa, 11Onze os quiere dar unos consejos para que vuestra reforma sea de lo más planificada y libre de dolores de cabeza. Hemos encontrado una guía para ayudaros en esta aventura en la web de la OCU.

 

El primer consejo que nos dan es que no improvisemos. Si, por ejemplo, tenemos pensado reformar el baño, quizás sería bueno revisar la instalación eléctrica y las cañerías viejas antes de empezar. Otro consejo es sobre quien hará esta reforma; ¿la haremos nosotros? ¿Nos ayudará algún amigo o familiar o quizás necesitaremos también la ayuda de un carpintero o de un electricista? La web de OCU nos recuerda con claridad que también hace falta una planificación muy detallada de todo el proceso de trabajo, tomar bien las medidas de todo, y sobre todo; asegurarse de que los elementos estructurales no se puedan ver afectados por las obras. Y no olvidaremos nunca consultar si por las obras que haremos en casa hace falta alguna autorización por parte del ayuntamiento de nuestro pueblo o ciudad, y es recomendable avisar a nuestra comunidad de vecinos en caso de ser necesario. Y tanto o más importante: Disponer del material necesario y de todas las herramientas que necesitaremos para realizar las reformas. En este sentido, es bueno recordar que siempre tenemos la opción de alquilar el material, sobre todo cuando es muy específico.

¿Qué os parece esto de hacer obras en casa? ¿No son una buena manera también de hacer unas vacaciones de km 0, de lo más económicas al mismo tiempo que hacéis las reformas necesarias para vuestra casa o restauráis aquel mueble pendiente de la abuela? Pues no os perdáis el video de nuestro agente 11Onze Francesc Serra, que quizás os puede acabar de convencer, la decisión, como siempre, es vuestra.

 

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Estamos en plena campaña de la Renta 2020, en un ejercicio que estará marcado por los ERTE que han impactado en la economía de los contribuyentes. Para tenerlo todo a punto, te ofrecemos una guía rápida para hacer la declaración de la renta.

 

Por otro lado, la Agencia Tributaria ofrece el servicio Le Llamamos, para aquellas personas que no pueden hacer la tramitación telemática o que no pueden o no quieren ir físicamente a hacer la renta. Como que la pandemia todavía colea la Agencia Tributaria ha reforzado su servicio telefónico para todos aquellos contribuyentes que quieran hacer la renta de manera no presencial. Se pide cita, y un trabajador de hacienda se pondrá en contacto con el contribuyente para hacer la declaración de la renta. Se puede pedir cita de manera telefónica llamando al 901 22 33 44 o al 91 553 00 71 de lunes a viernes de 09 a 19 h antes del 29 de junio.

Cómo en cada ejercicio, un caso aparte es el de los autónomos. El agente Oriol Garcia analiza las trabas más habituales entre los autónomos y como esquivarlas.

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