Los cajeros automáticos, una realidad en proceso de extinción

El sector bancario sigue con voluntad de transformación. El cierre de oficinas y la digitalización de las relaciones con los clientes dibuja un nuevo escenario donde los cajeros automáticos pierden fuerza progresivamente.

Si hace unos años se ponía en duda el futuro de la atención en ventanilla a causa de la aparición de cajeros automáticos, ahora es el turno de los mismos cajeros. El entorno digital pone al alcance de los consumidores una operativa prácticamente íntegra a través de sus dispositivos móviles. Lo único que no se permite hacer, por ahora, es retirar efectivo, pero desde el punto de vista del nuevo cliente digital, ¿para qué necesitamos el efectivo? O si lo necesitamos, ¿necesitamos cajeros?

España y el boom de los cajeros 

El primer cajero automático del mundo aparecía en Londres en 1967, pero no fue hasta el 1974 que llegó a España. Concretamente en la ciudad de Toledo, impulsada por el Banco Popular de Toledo. Desde entonces todas las entidades los incorporaron a su red de oficinas que cada vez era más amplia alrededor de todo el territorio. Como popularmente se decía, había una oficina en cada esquina, y por lo tanto, un cajero. 

El año 2015 España se situaba como el segundo país de la Unión Europea con más cajeros, con una cifra de 1,14 terminales por cada 1.000 habitantes. Solo lo superaba Portugal con un 1,22. Actualmente, y lejos de los 61.714 terminales que se habían llegado a registrar el año 2008, se cuenta con una red de poco más de 49.000 cajeros 1, un número que podría ser inferior si no fuese porque otras empresas no bancarias han empezado a prestar este tipo de servicios.

El efectivo inicia el camino de la desaparición

La guerra al efectivo está servida desde hace años, y desde las instituciones ya se ha mostrado la voluntad de reducirlo gradualmente pero de forma significativa. Como en muchas otras cuestiones, la crisis del coronavirus ha mostrado claramente en nuestra sociedad, altamente usuaria del dinero en metálico, que otra manera de relacionarnos con el dinero es posible.  Para hacernos una idea del cambio de mentalidad que esto ha supuesto en un tiempo récord, solo en el último trimestre del 2020 las operaciones a través de TPV, es decir, pagar a los comercios directamente con la tarjeta de débito o crédito, aumentó un 16% respecto al mismo periodo del año anterior. Estas cifras corresponden a un estudio realizado por el Banco de España donde, entre otros datos relevantes, demuestran que la retirada de efectivo en cajeros disminuyó un 26% en el verano del 2020. I de la misma manera lo hizo el volumen de los importes a retirar, que cayó un 14%.2 

Ya no encontramos un cajero en cada esquina, puede ser que ni tan solo encontremos una sucursal de nuestra entidad bancaria en la zona donde vivimos, pero por contra sí que encontramos un TPV en cada establecimiento. Y unos dispositivos móviles capaces de transferir dinero, gestionar pagos, domiciliaciones y un largo etcétera. Todo esto ya es una realidad y cualquier cliente digital dispone de muchos servicios tradicionalmente, “de ventanilla”, a su alcance, con unos cuantos clics. 

Este cambio de mentalidad lo apuntaba John Shepherd-Barron, el inventor del primer cajero, cuando pronosticaba que más allá del efectivo, el futuro de los pagos pasaría por el teléfono móvil. En este caso, pero, mantenía la existencia del cajero para hacer otras operaciones, un hecho que ahora por ahora más allá de reafirmarse, se difumina. 

El incremento de los clientes digitales marca el futuro de la banca

En el sector bancario, como en tantos otros, la tendencia pasa por la digitalización de procesos y la reducción de todos aquellos costes ahora considerados innecesarios. Ya hace años que las sucursales bancarias eliminan el servicio de ventanilla y reducen los gastos por lo que a la oficina se refiere. Mantenerlas supone un alto coste, pero eliminarlas antes de hora puede tener un efecto todavía más negativo. La transformación digital, tanto por parte de las entidades como por parte de los clientes, es un proceso gradual que requiere una gran dedicación por parte de las primeras, así como un tiempo de adaptación por lo que a los clientes se refiere. No habrá evolución digital si las herramientas que se proporcionan no son las adecuadas en términos de agilidad, utilidad y seguridad. Y es en este punto donde tendrán que invertir todas las entidades que quieran posicionarse en el mercado con una cierta ventaja competitiva. La alternativa será hacerlo cuando ya sea una realidad, como reacción a las que ya lo estén haciendo. 

Sin ir más lejos, las principales entidades bancarias españolas ya han marcado, dentro de su estrategia de captación de clientes, el acceso prioritario a los clientes digitales. Entendidos como aquellos que desde el primer día utilizan la aplicación móvil y el autoservicio como principal vía de contacto con la entidad. Clientes, por lo tanto, que suponen un coste muy bajo y que cada vez son una parte más atractiva del mercado. Es el concepto de cliente que compra productos, más que el cliente al cual se le venden productos.

El año de la pandemia, el 2020, BBVA captaba 7,3 millones de clientes, de los cuales 2,4 eran nuevos clientes digitales. La entidad hizo un gran salto cuantitativo superando un 56% los clientes digitales captados el año anterior. Respecto al Banco Santander, pone el objetivo en conseguir un 50% de ventas a través de canales digitales, una cifra que ahora por ahora ya se sitúa en un 44%. Caixabank, por su lado, cuenta con un 67,6% de clientes digitales, liderando así el sector de la banca digital.

 

El reto del futuro: conseguir una digitalización generalizada

El uso de efectivo se encuentra en recesión, pero sigue influenciado por el peso que tuvo en el pasado. Con la creciente existencia de tarjetas físicas y digitales, esta cifra disminuye año tras año. Sin ir más lejos, el 2019 sólo el 53% de ciudadanos utilizaba el efectivo como principal método de pago. Estas cifras, publicadas por el Banco de España, son todavía más significativas si ponemos el punto de comparación el 2014, cuando el uso de efectivo era la opción preferente por un 80% de la población.3

En este proceso de cambio sigue siendo una problemática abierta la presencia del sector bancario  en zonas rurales de alrededor del país. Poblaciones sin oficinas y sin cajeros, donde el efectivo es la única vía de intercambio, pero al mismo tiempo, es inaccesible. Las entidades tendrán el reto de seguir un proceso de digitalización generalizado sin dejarse a nadie. 

Equip Editorial
  1. J.Carles Planas says:

    A poc a poc i el diner de paper fora

    • Lels says:

      Gràcies pel teu comentari J. Carles, aquesta sembla ser la tendència, cada vegada s’utilitza menys els diners de paper. Benvingut a la Plaça!

      Hace 3 semanas
  2. alicia Coiduras Charles says:

    Es cert que cada cop més, i el COVIDho ha accelerat, s’utilutza poc els diners però cal anar en compte en no deixar fora persones amb dificultats per utilitzar el mon digital perquè fora fàcil caure en l’exclusió digital per raons de dificultat o d’accés

    • Elisabet Porqueras Garcia says:

      Gràcies pel teu comentari Alícia. Per això cal fer-ho de manera senzilla, perquè tothom hi tingui accés

      Hace 3 semanas
  3. Ester Rovira says:

    La desaparició del diner físic la veig lluny, penseu que hi ha mercats (evidentment no molt legals) que treballen només amb diner físic. I en aquests mercats hi ha gent força influent per no dir molt. Però tant de bo aquest mercat pugui desaparèixer

    • David López says:

      Correcte Ester, els diners físic, encara s’utilitza i molt. Sí que és cert que la tendència indica una desaparició futura d’aquests. Estarem atents a com evolucionen els mercats. 😉

      Hace 3 meses
  4. Joan Josep Martínez says:

    I jo diria que fins i tot el diner físic

  5. Miquel Rosell Fieschi says:

    Penso que l’extinció de l’efectiu pot tenir efectes secundaris indesitjats que cal ponderar bé abans de fer el pas definitiu. No és, avui en dia, una mesura integradora. Obliga a tothom a disposar de mitjans de pagament (mòbils i targetes) als que la franja més pobra de la població sovint no té accés…

    • Miquel Àngel Burgos Fradeja says:

      Gràcies per la teva opinió, Miquel. Passi el que passi amb l’efectiu, 11Onze serà al costat de la gent sempre.

      Hace 3 meses
  6. Jordi Coll Planas says:

    Molt cert, però la transició s’haurà de fer mica en mica. La majoria de les persones que tenen entre 75 i 100 anys tenen moltes dificultats en l’entorn digital, i això no vol pas dir que no es pugui anar avançant en aquesta línia, però encara ens falta una mica… El tema de gaudir d’un internet gratuït…, doncs no se pas si serà possible. Desaparició del diner negre? Probablement, però la pregunta és… Com sobreviuran les persones que no tenen ingressos en blanc? La societat haurà d’evolucionar obligatòriament cap a una total integració de les persones en l’àmbit en el qual viuen. La societat del segle XXI ha de ser per les persones i amb tothom ben integrat a la mateixa…

    • Jordi Sánchez Romero says:

      Hola Jordi tens tota la raó quan esmentes la gent gran. Gent gran que treu cales dels caixers amb algú que els ajuda, ja siguin familiars, amics o veïns. Ja no parlem de smartphones o ordinadors i que necessiten que li expliquin les coses perquè el seu nivell de comprensió amb aquestes edats no es el nostre. Estaria bé comptar amb la gent gran i que digitalització no els deixi de costat.

      Hace 3 meses
  7. Carles Catalan says:

    Dos peits comentaros al respecte, un es que certamen el futur serà sense efectiu, i digitalitzat, però haurem d’ensenyar com fer-ho servir i facilitar que tothom i tingui accès a les xarxes, i fins que no sigui Internet gratuït, sera dificil si més no a un curt termini. I l’altre comentari que volia fer es que si s’arriva a conseguir la total digitalització per fer qualsevol transacció, per fí el diner dit negre o “B” no existiria. Salut

    • laura bunyol says:

      Molt cert!! Carles! Internet ha nascut per ser lliure! i nosaltres també!

      Hace 3 meses

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